Manguruyá sin pulpo.
---- Cómo se suele decir, era una cantina en medio de ninguna parte. Demasiado lejos del mar, demasiado lejos de las minas, demasiado cerca de los clientes habituales. Los dos soles estaban en su punto más alto, y estarían así las próximas tres horas, así que Inconmensurable y Criosismo tomarían un trago aquí antes de seguir su travesía hacia el Lago Fragmentaria. — Habrá que guardar las apariencias — dijo ella. Criosismo le enseñó las muñecas a la misma velocidad a la que bajaba la cabeza. "Rutina de siempre", decían sus gestos, y ella sintió pena mientras formada las cadenas con sus brazales. Abrieron la puerta, que era una de estas que van con baiben. A Inconmensurable le llegaban por las caderas y a Criosismo había que sujetarle la puerta o le golpearía en la cara. Entre la barra y las letrinas de dentro había un pasador de hierro Zonicó minado hace tres vidas. El único esclavo que había parecía ser de la dueña del lugar, ella se estaba abanicándo con un periódico. — En...