Creepypasta: Nina the Killer (Remake 2024).

 

Fuente: https://pin.it/3NNUVC1Zh

Creepypasta: Nina the Killer (Remake 2024).

Las cintas blancas retrataban a la perfección la silueta de la mujer asesinada, un cuerpo que se había desplomado después de que 15 cm de acero le atravesaran la vena aorta. Esto no era un asesinato cualquiera, era frío y calculado, la muerte debió llegar en 4 segundos como mucho.

Cuando el cuerpo chocó contra el suelo, la sangre habría empezado a brotar como un fino caudal solo cuando se había extraído el arma causante del asesinato, la sospecha más convincente apuntaba a que fue un cuchillo de cocina, más específicamente uno de carnicería usado para destazar.

David, el policía a cargo, contemplaba esa escena. Ya en el lugar de los hechos y con fotos como soporte, además de la inmensa mancha de sangre seca, el escenario de su imaginación no era tan descabellado. Mirando la escena con los brazos en jarras y la frente arrugada, esperó a que llegara su compañero para contrastar hipótesis.

- La escena de arriba es tan alarmante como la de aquí - dijo su compañero, entrando a la cocina. - Toda la cama está hecha un estropicio, hay tanta sangre que es casi un milagro que el niño no muriera. 12 horas desangrándose, ¿te imaginas eso?

David asintió como si diera el pésame, cuando vivías en Estados Unidos escuchabas casos brutales de asesinatos mínimo una vez al mes, pero nunca terminabas de acostumbrarte.

- ¿Sabemos si sobrevivirá? - preguntó.

- Fue atendido en circunstancias muy críticas, ¡Ah, santo cielo! Ese chico había sobrevivido a que lo atropellara un auto hace menos de una semana, ¿Cómo sería su propia hermana tan cruel de apuñalarlo así?

David suspiró, miró toda la cocina, el lavadero con la lejía, el cajón de cubiertos abierto, el paquete de cerillas tirado y las pequeñas gotas de sangre en la encimera que parecían el preludio de lo que fue el gran charco de sangre de bajo de la mujer.

- Mira esto - dijo David señalando la zona donde el marcador representaba un cuello. - ¿Creés que una niña de 16 años puede clavar un cuchillo con tanta profundidad y precisión? Subiré la apuesta, ¿Creés que esa misma chica luego no puede matar a su hermano de varías puñaladas?

- No parecen actos compatibles, la verdad - su compañero se cruzó de brazos. - Pero si no fue ella, ¿A quien propones? ¿Y donde está ella en primer lugar?

- No tengo respuesta a esas preguntas, pero quiero muestras de sangre de las heridas del niño, sus puñaladas parecen hechas con el mismo arma que dejó a su madre así - David se cruzó de brazos. - Si sus heridas están contaminadas con la sangre de su madre, quiere decir que el fue segundo, y si es el caso... - hizo una mueca. - puede que la niña también sea una víctima de todo esto.

- ¿Cómo así?

- Este asesinato es tan profesional, y el cuerpo del niño solo fue apuñalado en lugares aleatorios, ¿Y si obligaron a la niña a apuñalar a su hermano antes de secuestrarla?

- Una suposición atrevida - dijo su compañero con un carácter más serio en su voz. - Pero hay un detalle que falla, al niño no le apuñalaron aleatoriamente, fue en lugares blandos, perforaciones de 6 centímetros, no necesariamente mortal, pero si un proceso largo y doloroso, te recuerdo que él casi no se podía mover.

David se llevó las manos a los bolsillos e hizo otra mueca. - Como dices, es solo una teoría atrevida, nos será difícil saber que pasó en esta casa con las pocas pruebas que tenemos.

***

Dos meses antes en esa misma casa.

Una madre y su hija terminaban la mudanza, dejando los paquetes en la cocina para colocarlos más tarde.

- Y esta sería la última caja - expresó Nina, dejando la misma en una torre de tres. - ¿Algo más, mamá?

Su madre se voltea y sorprende al ver cómo su hija a podido con la caja más pesada prácticamente sola. - Nina, te dije que esa caja la íbamos a bajar entre las dos, podrías haberte hecho daño en la espalda por cargar tanto peso.

- No te preocupes mamá, yo puedo con esto, tengo energía de sobra - Nina lanzó dos puñetazos al aire y luego una patada alta mientras giraba.

- ¡Nina, aquí no! - le gritó su madre por la sorpresa. - Te puedes hacer daño si te das con un mueble.

- Perdón mamá - se lamentó ella avergonzada.

La cocina era amplia, cuatro metros de largo que traían ya equipados el horno, el fregadero, la nevera y la lavadora. A comparación de la cocina de la casa en la que Nina se crió era pequeña, pero solo por unos metros, así que no sería quisquillosa.

- Y bueno, ¿Qué te parece esta nueva casa de Chicago, hija? - preguntó su madre.

- Está bien - respondió Nina encogiéndose de hombros. - Dos pisos, dos baños, habitación propia, etcétera. Lo has hecho bien, mamá, no te preocupes.

- Es un alivio - su madre suspiró relajada. - Me alegra que al menos tú tengas edad para entender este divorcio.

- Mamá, Cris tiene 15 años y también va a entenderlo - Nina puso los ojos en blanco casi como acto reflejo.

- Él es muy pequeño todavía, Nina, esto le puede suponer un trauma que tu padre y yo hemos decidido evitarle - dijo su madre ladeando la cabeza disconforme.

- ¿De verdad creés que se ha creído eso de que papá está de vacaciones privadas en solitario? Él lo sabe.

- Tal vez si, tal vez no, sea como fuere, yo no quiero saber si el lo sabe, y tu padre tampoco, así que tú no le dirás nada, jovencita, de acuerdo - su madre la miró con ambas cejas arqueadas.

Nina dio un suspiro amplio y profundo. - De acuerdo mamá, te prometo no decirle nada al principito sobre el divorcio. - prosiguió su afirmación fingiendo que se cosía la boca con aguja e ilo.

Su madre se quedó más tranquila de inmediato. Lo cierto es que no estaba siendo un buen momento para nadie, a Nina le costó asimilar que su padre había estado dos años siéndole infiel a su madre, que todas esas horas extra en el trabajo no eran porque estuviera esforzándose en ganar más dinero, sino porque tenía largas cenas con una amante en la cual Nina no quería ni pensar.

Algo dentro de ella la invadía cuando eso ocurría, un sentimiento que le pedía llevar a cabo actos de los cuales se podría arrepentir. Pero eran solo eso, pensamientos intrusivos que jamás haría pues se podría arrepentir. Le afectarían a ella, a su madre y a su hermano, los amaba demasiado como para causarles más problemas.

Sea como fuere, Cris regresaba mañana de las “vacaciones” con su padre, así que tendrían que tener al menos el 50% de la casa en buenas condiciones para cuando llegara. Su madre ya había contratado los servicios de luz, electricidad, agua y gas. Ella solo tenía que encargarse de descargar ropa y electrodomésticos.

***

Ya en su cuarto, lo primero que sacó fue su mochila, empezaba en un nuevo instituto la semana próxima, Cris también iría con ella. Era una nueva oportunidad de empezar de cero y hacer amigos. Lo cierto es que Nina nunca había tenido una amistad duradera con nadie, desde hace bastante tiempo eran su hermano y ella contra el mundo.

“Eso tiene que cambiar”, pensó mientras miraba su mochila de Death Note. No se refería a la mochila, se refería a su actitud, Cris era bueno socializando, pero ella siempre prefería pasar el rato a solas viendo anime o escuchando J pop.

Nina no era una chica desagradable, tenía una buena musculatura para su edad, y un cuerpo acorde a su metro sesenta y cinco. No usaba mucho maquillaje, pero no lo necesitaba porque sus ojos claros siempre se ganaban la atención del personal, así como su piel pálida por su mala costumbre de no salir de su casa más que lo necesario. 

Su cabello era largo, sedoso y marrón, como el de su madre. Y en general, de su apariencia se podría decir que rara sería la ocasión en que no vistiera con una sudadera morada y unos jeans como los que llevaba puestos en ese momento.

***

Al día siguiente, por la mañana temprano, un Ford Mustang se detuvo en la entrada, Nina y su madre salieron a recibirlo. Del asiento del copiloto salió Cris y de la puerta del conductor salió su padre, que le acarició la cabeza antes de despedirlo con un “buena suerte en el nuevo curso, principito”.

“Principito” era el apodo de Cris, Nina lo bautizó así porque a su hermano le encantaban las historias de los cuentos de hadas donde el príncipe mata al dragón y rescataba a la princesa. Odiaba los finales triste y jamás se había atrevido a leer las versiones originales de los hermanos Green. En eso se diferenciaba mucho de su hermana, joven apasionada por los relatos de terror, ya fueran de novelistas o de usuarios de internet, cualquier escrito macabro que encontraba lo consumía.

Otra diferencia muy grande con Nina era su aspecto, Cris era un poco más bajito, lo cual no le había impedido ser bueno en los deportes, como el fútbol. Su piel estaba más bronceada y su pelo era más oscuro que el de Nina, en eso había salido a su padre.

Cris corrió hasta la entrada, abrazó a su madre con todas sus fuerzas y luego a su hermana. Empezó a contarles algo sobre las vacaciones y Nina se lo llevó dentro para que siguiera hablando de su vida mientras su madre iba a encarar a su padre.

Nina se sentó con Cris en el salón, mientras este desempaquetaba lo que traía en la mochila, ella miraba por una de las tres ventanas consecutivas que daba al patio de la entrada. Sus padres estaban hablando muy bajo, pero Nina podía ver sus labios moverse y más o menos entender la conversación.

“Espero que cumplas tu parte del trato y pagues lo que corresponde para la manutención”, dijo su madre.

“Si, si, para ti todo es dinero, lo entiendo”, dijo su padre con el ceño fruncido. “Pero tú también vas a cumplir tu parte, y en seis meses, Cris se vuelve conmigo”.

“No me puedo creer que tengas el descaro de separar a una madre de su hijo siendo tú quien arruinó este matrimonio”.

“Te guste o no, también es mi hijo, y lo quiero”, su padre se cruzó de brazos. “Puedes quedarte con Nina, es evidente que me odia, porque siempre consigues que se ponga de tu parte, pero si quieres la custodia completa de Cris no te la daré sin luchar”.

“Por esa actitud que tienes es que Nina se pone de mi lado…” en ese momento su madre se giró y Nina ya no pudo saber que decían.

- ¡Oh, aquí está! - exclamó Cris, sacando a Nina de su trance.

Ella miró a su hermano, estaba con las piernas cruzadas encima del sofá y su mochila en medio, había sacado de su interior un libro, de apenas 120 páginas, el título estaba en francés, ponía; “Le Petit Prince”, o “El principito” en español, un libro que calzaba a la perfección con los gustos de su hermano.

Nina corrió las cortinas para que Cris no viera a sus padres discutir y se acercó. - Deberías bajar los pies de las fundas, mamá te regañará si te ve así.

- O, cierto, perdón - su hermano se sentó correctamente. - Es que este libro es tan fino que pensé que me lo había dejado en casa de papá.

- ¿Qué es eso? ¿Ahora lees en otros idiomas? - preguntó Nina ladeando un poco la cabeza.

- Bueno, estoy aprendiendo francés, papá dice que dentro de seis meses me tendré que ir con él a Francia - Cris se encogió de hombros.

- Eso ya lo veremos - dejó salir Nina entre sus dientes mientras echaba una mirada de odio a las cortinas.

- ¿A qué te refieres? 

- No, nada, tonterías mías - Nina hizo un movimiento errático de mano para restar importancia al tema y se sentó junto a su hermano. - ¡Oye, esta historia yo ya te la he leído en castellano! - Nina señaló la portada.

- Lo sé, por eso se la pedí a papá, así tú y yo podremos aprender francés juntos con una historia que conozcamos.

- Si eso es lo que querías yo podría haber traducido una de mis historias para hacerlo más interesante.

- No vamos a leer “Jeff the Killer” en francés traducido con Google para dormir, Nina.

- No estaba pensando en eso - ella agitó la cabeza un poco vacilante, la habían atrapado, sí iba a ser esa. - Pero si hubiera sido no tendría nada de malo.

- Si tú lo dices - musitó Cris desviando la mirada.

- ¡Ay!, ¿Al pequeño príncipe le da miedo que Jeff sea real? - Nina amarró el cuello de su hermano con una mano y lo giró para que viera su sonrisa burlona. - ¡Si no vas a dormir temprano te ocurrirá como a Liu! - Nina le dio un toque en la nariz a su hermano.

- Jaja, para - Cris se zafó de su agarre. - Se que Jeff no es real, pero las noticias si, ¿Te enteraste de lo que pasó la semana pasada en un barrio no muy lejos de aquí? Un loco con un cuchillo entró en una casa por la noche y apuñaló en el hombro a un padre que trató de proteger a su hija y luego huyó. Vestía con sudadera blanca, jeans negros y tenía una cara demacrada.

- Cris, eso es un consumidor de fentanilo promedio - Nina dejó caer sus párpados. - No te asustes por tonterías, ¿Vale? Mamá no nos hubiera traído a este barrio si fuera peligroso, no necesita más problemas.

- ¿A qué te refieres? - Cris entrecerró un poco los ojos, su voz reflejaba ingenuidad.

“Por las llaves de San Pedro, este chico verdaderamente no se está enterando de nada de la situación”, pensó Nina antes de decir. - A nada en especial, ya sabes que empezamos en un instituto nuevo, habrá que lidiar con papeleo y todos esos asuntos, créeme, si Jeff te parece cruel es porque no conoces los impuestos y el precio de la vivienda.

- Si, me puedo hacer una idea - Cris procedió a contarle a Nina una historia sobre un problema que había tenido con el cambio de una máquina expendedora.

***

La semana pasó con tranquilidad, el domingo por la noche, Cris entró en el cuarto de Nina antes de que esta apagara las luces. 

El cuarto de Nina llevaba colocado desde el viernes, tenía una buena cama en la esquina superior derecha, un armario a los pies de la misma donde dejaba sus libros y sus demás cosas. Al lado de ese, empotrado en la pared que daba al pasillo, un armario para dejar su ropa, y justo enfrente del lateral derecho de su cama, una mesa de trabajo con ordenador incluido. Todo iluminado por una ventana a media altura en el día, y una bomba de casquillo gordo en la noche que ocupaba una mampara para no dejar ciego a nadie.

De momento era una decoración muy básica, pero Nina tenía pensado mejorarla en el futuro, empapelarla con pósters de anime y cosas por el estilo.

- ¿Pasa algo Cris? - preguntó Nina que ya estaba en su cama con el pijama puesto, escuchando una buena creepypasta con Loquendo en sus auriculares, antes de irse a dormir.

- Creo que estoy nervioso por las clases de mañana - dijo él mirando el suelo. - No creo que vaya a hacer amigos el primer día, así que, ¿Podría juntarme contigo en el recreo?

- Hasta la duda me ofende - dijo su hermana, quitándose un auricular para escuchar mejor. - Claro que podemos estar juntos, Cris. Vamos a tener el recreo al mismo tiempo, si quieres yo voy a buscarte.

- Si, eso me gustaría - respondió él, sus ojos brillaron como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

- ¿Hay algo más de lo que quieras hablar? - Nina se movió hasta sentarse en el borde de la cama.

- No, no, solo era eso.

- Cris, nos conocemos, sé que algo te preocupa - Nina dio varias palmaditas a su lado derecho del colchón para que su hermano fuera a sentarse. - Puedo tratar de ayudarte si me lo dices, porque si te lo guardas va a ser peor.

Su hermano fue y se sentó mirando al frente, como si le diera vergüenza hablar. Nina supuso que Cris ya había caído en la cuenta de la mala relación de sus padres, tendría que sentirse en medio de una cuerda floja que enrollaba sus brazos con ambos padres tirando hacia su lado.

- Papá dice que las cosas nuevas no siempre son seguras, que uno es feliz con aquello que conoce - dijo Cris cuando se animó a hablar. - He estado pensando que no se cómo será este nuevo lugar, o si podré hacer amigos.

Nina casi quiso golpearse a sí misma en la cara. Maravilloso, su padre había estado tratando de convencer a Cris de que no se fuera y se quedara con él.

- Cris, todo es cuestión de empezar, ¿Creés que yo no estoy pasando por lo mismo?

- Pero tú nunca tienes amigos, Nina - el reproche de Cris fue tan genuino que Nina se llevó una mano al pecho.

- Eso ha sido un golpe muy bajo - entrecerró los ojos tratando de relajar su cardiograma.

- No lo decía a malas - Cris enfocó su vista en el suelo mientras balanceaba sus pies. - Es solo que mis amigos, mis compañeros de fútbol, mis conocidos de clase… Tengo que cambiarlo todo.

- Si, tienes que hacerlo - Nina puso la frente en alto y no lo dudó. - Pero no solo ahora, esto te pasará el resto de tu vida - señaló al techo como si anunciara el futuro. - Crecemos, cambiamos y nos adaptamos a las situaciones difíciles. No somos personajes con un guión preestablecido, esto no es como las cuatro reglas de las creepypastas adolescentes.

- ¿Las cuatro reglas de… qué?

- “era un día normal”, “no le di importancia”, ocurre una trágica tragedia, la mayoría muere - Numeró Nina levantando sus dedos. - Es como su propio “camino del héroe”.

- No recuerdo que me contaras una historia que se asemeje a nada de lo que describes.

- Porque no tienes edad para ello, aún eres muy joven - dijo Nina negando con la cabeza.

- ¡Solo me llevas un año!

- Si, pero las mujeres maduramos antes.

- Eso no es cierto.

- Cris, el año pasado todavía creías que los unicornios existían.

- ¡Son el animal nacional de Escocia!

Nina se rió por eso y Cris la acompañó. - Mira, no te preocupes, pase lo que pase, yo voy a estar allí. Ahora, ve a dormir, principito.

Nina le dio una palmada en el hombro a su hermano para reconfortarle, y este agradeció el apoyo. Que mentira sería decir que Nina no quería a su hermano, haría cualquier cosa por él, y le haría cualquier cosa a quien le hiciera daño.

***

El primer día de instituto llegó, era un día normal, ni muy nublado ni muy despejado, por eso los hermanos Hopkins decidieron ir andando. Les hizo bien, despejó su mente y les permitió charlar, así se prepararon para un día lleno de presentaciones de profesores, propuestas de proyectos futuros y fechas de entrega.

El lugar daba ese ambiente de juventud y rebeldía que se plasma en los musicales de Hollywood. La construcción eran dos edificios que separaban las clases por edades, tras ellos había tres edificios complementarios que se habían dejado a medio construir media década atrás.

En el estacionamiento de la entrada se reunían viejos amigos, jóvenes de todos los marcos de edad hablando de cosas triviales. Una multitud que Nina miró con indiferencia, mientras que Cris buscaba chicos de su edad con la mirada para futuras amistades.

***

Serían las 12:30 cuando se dio el primer descanso para la hora del recreo, Nina fue a buscar a su hermano que estaba en otro salón de clases. Sonrió desde la puerta al ver que Cris ya había establecido un par de contactos, puede que no fueran amigos, pero ya había avanzado más socialmente que ella.

***

El recreo era un lugar amplio, tenía dos canchas, una de fútbol y otra de baloncesto, un par de gradas de piedra y dos caminos que conectaban las edificaciones donde se impartían clases. 

Fuera de las canchas, había un terreno de tierra con un par de árboles. Nina y Cris se fueron al rincón más alejado de ese lugar, cómo no conocían a nadie, pensaron que allí no molestarían. 

Se sentaron en el suelo, Cris de piernas cruzadas y Nina casi recostada. Ambos tenían su propio bocadillo, hecho por su madre; pan serrano, queso y embutido, no necesitaban nada más.

Cris dio el primer mordisco, y Nina lo empató con otro. Él empezó a hablar sobre la gente de su clase, sus primeras impresiones, ya había establecido cuál era su asignatura favorita y cuál le ayudaría el curso siguiente para determinar su futura carrera. Era un chaval aplicado, mientras hablaba, en la cabeza de Nina se escuchaba “Sweet dreams” de Marilyn Manson, un remix de Jeff the Killer que solo ella entendía.

Alguien pisó fuerte en su dirección, Nina levantó la cabeza primero y se puso de pie casi sin quererlo. Una chica se acercaba a ellos, cabello negro y ropa callejera. Le seguían un tipo alto tatuado, y otro más bajito con cara de querer problemas. Los tres parecían mayores, tendrían que ser del último curso.

- ¿Qué hacéis aquí? - dijo la chica que estaba a la cabeza.

- Almorzamos - dijo Nina, aún con la boca llena.

- Ja, debéis ser nuevos - la chica puso una sonrisa de arrogancia que sólo pronosticaba problemas. - me llamo Claudia Zambrano, soy la que corta el bacalao por aquí. - Señaló al alto y luego al otro. - Y estos son Jhonny y Malcolm, segundos al mando. - Señaló al árbol con un índice de uña afilada. - Este sitio es nuestro por derecho, así que gracias por guardarlo, pero ya podéis iros.

Cris se puso de pie, era inocente, pero sabía reconocer una amenaza. Nina dio un paso en lateral y se puso entre su hermano y los matones. Una pelea el primer día de clase era algo que no necesitaba, pero analizando ahora el lugar más fríamente, vio que el lugar no solo estaba alejado de la gente, de plano los alumnos lo rehuyen. Tampoco había profesores cerca, demonios, había arrollado todas las banderas rojas y ahora las tenía en la frente delante de un toro.

“Si nos achicamos ahora seremos el blanco de estos matones el resto del curso”, pensó Nina, más acuerde a la realidad de lo que le gustaría. “Pero causar problemas el primer día tampoco es una opinión”.

- ¿Tengo que decirlo más alto? - preguntó Claudia. - ¡Qué os vayáis de aquí!

- En este sitio no pone vuestro nombre por ningún lado - replicó Cris, adelantándose con más valor del que tenía.

- ¡Que te calles mocoso! - dijo Malcolm, dando un fuerte empujón en el pecho a Cris.

- ¡Ni lo toques! - Nina dio un empujón al agresor con todas sus fuerzas, pero a penas lo movió.

- ¡O si no, ¿Qué?! - fue Claudia ahora quién empujó a Nina mientras sus amigos reían.

La empujó con toda la fuerza de sus palmas, empujando su estómago con tanta fuerza que casi se había sentido como un puñetazo. Tal vez no lo hubiera hecho si supiera dos cosas de Nina; primero, su poca paciencia, y segundo, que tenía un cinturón negro de karate, sacado desde esa época en la cual aprender un arte marcial japonés era el sueño de todo infante.

La risa de Claudia se partió de golpe, junto al tabique de su nariz, cuando Nina liberó la fuerza de sus nudillos derechos. La más mayor tropezó de espaldas por la sorpresa del golpe y la escena dejó atónito a Malcolm.

Nina no le dio tiempo para que asimilara la situación, lanzó una patada con su pierna derecha, y su empeine se clavó en los riñones del tipo. Él se llevó las manos al costado, inclinado y dolido mientras soltaba aire.

Entonces una mano derecha salió de ninguna parte visible para Nina. Un perfecto gancho de derecha se enterró en su maxilar y la tumbó de frente contra el suelo junto a un sonido que una mandíbula no debería hacer. 

Fue Jhonny quien le dio ese golpe, hizo que perdiera 4 de sus 5 sentidos. Porque al menos pudo escuchar a su hermano gritar por la sorpresa y a un profesor decir; “¡Deténganse!, ¡Deténganse!, ¿Qué pasa allí?”.

***

Nina despertó de golpe, notaba algo suave en su cabeza y su cuerpo estaba tapado por sábanas blancas. Le venía una suave brisa de la ventana que habían abierto para ventilar ese sitio blanco como el calcio. Suspiró de alivio, ella y esa sombra de la esquina estaban en la enfermería.

“¿Qué?”, le dijo su mente.

Miró de nuevo a la esquina, no había nada, pero porque esa figura ahora estaba a los pies de su cama. Tenía una sonrisa podrida que había cicatrizado hace años, los ojos rojos por haber estado tanto tiempo sin pestañear y su piel era anormalmente pálida. Su cabeza estaba tapada en gran medida por una capucha de sudadera blanca, pero de ella despuntaban pelos largos que se notaba que solo eran cortados con un cuchillo muy de vez en cuando.

No cabía duda de que era un hombre, apestaba a muerte y alcohol, como si no se hubiera duchado desde hacía bastantes cumpleaños. Pero lo más inquietante era que no parecía real del todo, como si caminara en una fina línea que le separara de la ficción y la realidad.

“¡No me jodas!” Pensó Nina para su pesar, notando todos sus músculos tensos. “estoy teniendo una puta parálisis del sueño con Jeff the Killer”.

Cerró sus ojos, apretó sus párpados con tanta fuerza que todo su cuerpo tiembló, y lo próximo que escuchó después de unos 10 minutos fue un; “vaya, ya estás despierta”.

Nina ahora no se sobresaltó tanto cuando vio a una enfermera con el uniforme del instituto esperándola con su propia carpeta de mano donde tomaba anotaciones con papel y bolígrafo. - ¿Cómo te encuentras? - le preguntó.

Nina pareció volver a enchufar su toma de contacto con la realidad, notó un fuerte dolor en la mandíbula, y su único consuelo fue reparar en sus molares con la lengua y ver que estaban todos. - Yo, bien, todo lo bien que se puede estar - respondió.

- Se ve que tienes una mandíbula fuerte, un golpe así a cualquier otro le hubiera saltado los dientes - dijo la enfermera revisando sus notas.

Nina se irguió lo mejor que pudo, que no fue mucho, y al arrugar su frente, notó el parche que le habían puesto para cortar un corte superficial en la frente. “Perfecto, esto si que no podré ocultárselo a mamá”, se lamentó para sí.

- Supongo que aún recuerdas quién eres, pero solo para asegurarme, ¿Cómo se llama tu madre?

- Mónica Hopkins - respondió Nina sin pensarlo mucho.

- Supongo que ese es el principal, aquí te tengo con dos apellido - musitó la enfermera.

- A, si, Douglas es su apellido de soltera. Ella y mi padre han empezado un divorcio muy feo.

- ¡Oh! Siento que hayas tenido que recordar eso - la enfermera bajo un poco la cabeza.

- Vivo con ello - Nina sacó inconscientemente un tono de mala gana. - Disculpe, ¿Qué hora es?

Para sus cálculos, a lo mucho había pasado media hora, pero el sol que entraba por la ventana le hacía suponer un horario muy diferente.

- Las dos y media - dijo la enfermera mirando su reloj de muñeca.

- ¿Cómo dice? - Nina apartó la mirada para ver el Sol y luego a la enfermera. - ¿Llevo dos horas inconsciente?

- No te preocupes, es normal caer noqueada por un golpe en la mandíbula, más si viene de un chico de 18 que practica boxeo - la enfermera pasa unas hojas. - De hecho, el golpe contra el suelo te causó más daño que el puñetazo en si mismo, de todas formas, ya han informado a tu madre y tu hermano está esperando fuera.

- ¿Y esos chicos? - Nina trató de recordar sus nombres, pero no le vino nada. - ¿Qué les va a pasar?

- Eso no me corresponde decírtelo, lo tendrás que hablar con el director al salir de aquí - la enfermera hizo una mueca de disgusto. - Aunque, seguramente les expulsen una o dos semanas, desafortunadamente no eres la primera persona que viene aquí por su culpa.

Un brote de rabia surgió en Nina, lo trató de sellar apretando puños y dientes, pero tuvo que soltarlo contra la pobre enfermera que no tenía nada que ver. - ¿Y cómo dejan que una escoria así ande suelta por este instituto?

La enfermera solo tomó una anotación de eso, pero no respondió. - ¿Puedes caminar? - preguntó.

Nina frunció el ceño, se quitó las sábanas de encima como si moviera la manta polvorienta de un sarcófago y plantó los dos pies en el suelo. Tuvo un mareo de escasas tres décimas de segundo por el movimiento repentino, y se irguió llevándose las manos a los bolsillos.

- Bien, como no presentas problemas motrices, ve a al despacho del director antes de ir a casa, espero que allí puedas entender mejor la situación.

Nina salió de la sala de enfermería refunfuñando. Cris, que la esperaba sentado en una silla de plástico, se levantó de un salto y la abrazó en cuanto pudo. - Me alegro de que estés bien, hermanita, me alegro mucho.

A ella se le pasó un poco el cabreo, dio unas palmaditas en la cabeza a Cris. - No te preocupes, no te preocupes.

Su hermano se separó, tenía los ojos rojos y la nariz muy roja, cantaba a la vista que llevaba llorando una hora seguida. Su hermana suspiró y se encaminó al despacho con Cris de la mano, no le gustaba esta situación, pero si estaba envuelta en un problema, lo resolvería antes de la hora de cenar.

***

Ambos hermanos caminaron de regreso, a Nina le parecía que el cielo estaba más gris que por la mañana, aunque el clima no había cambiado nada. Pateaba una lata de cerveza vacía mientras Cris la seguía en silencio unos pasos más atrás.

"¡Una semana! Solo les han expulsado una semana, y yo tengo una falta grave que puede llevar a la expulsión en cualquier momento", pensó Nina antes de maldecir porque su patada falló a la lata. "No me estoy centrando en nada, joder".

- Siento que por mi culpa... - empezó a decir Cris.

- Por tu culpa nada - atajó su hermana sin mirarle. - Esos tres cabrones son reincidentes, a puesto que ese lugar ni siquiera era su sitio, solo fueron por nosotros por ser los más vulnerables. Buscaban pelea desde que nos hablaron.

Su hermano se paró y guardó silencio, hasta pareció dar unos pasos atrás. Se iba a girar a mirarlo pero el sonido de la lata se adelantó a su cuello y Nina miró un poco más adelante como rebotaba el cilindro. Sonrió levemente, su hermano la tenía a ella cuando fallara, y ella le tenía a él, podrían con esto.

***

Al fin llegaron a casa, Nina llamó con los nudillos, un poco temerosa de lo que pudiera pasar. Aún tenía el parche en la frente y el morado en la cara. Su hermano le puso una mano en el hombro para darle ánimos, funcionó un poco.

Su madre abrió la puerta, tenía el ceño fruncido, pero un labio le tembló al ver el rostro magullado de su hija.

- Hola mamá - dijo Nina mirando al suelo. - Me he peleado el primer día de clase y por poco muero.

- Lo hizo para protegerme - saltó Cris.

Su madre solo señaló hacia dentro, al salón que quedaba a mano izquierda. Ambos pasaron y se sentaron, mientras su madre miró que ningún vecino hubiera visto nada.

- El director me lo ha explicado todo, pero solo me he creído la mitad de la historia - dijo con los brazos en jarras. - Quiero que me contéis vuestra versión.

Nina era quien más sabía, así que fue ella la que habló mientras su hermano la contemplaba y su madre no cambiaba su pose ni su gesto.

- Así que eso fue todo - concluyó Nina tras dos minutos de relato.

- Está bien, hija, te creo - su madre asintió. - No te voy a reprochar que trataras de proteger a tu hermano, pero deberíais haber tratado de salir corriendo o de llamar a un profesor, no de luchar directamente.

- Mamá, Nina podría haber ganado, la atacaron por la espalda - espetó Cris.

- Eso no es escusa - negó su madre firmemente. - Supongamos que si, consigue ganar esa pelea, ¿Y luego qué? ¿Creés que los problemas acaban ahí? ¿Que esos bravucones no volverán por venganza? ¿Y si un día os arrinconan en un callejón con un par de palos, también vais a pelear?

No hubo respuesta de ninguno, solo miradas bajas y rechinar de dientes.

- Y suponiendo que los evitéis, son reincidentes, ¿Alargareis esto hasta que alguien muera? ¿Valdría la pena eso, Nina? ¿Matar o que te maten por un sitio en el recreo?

"Matar o que te maten", repitió la cabeza de Nina. "Matar", que verbo más aterrador. Hoy podrían haberla matado, y como recompensa por sobrevivir recibe una regañina de su madre.

- Bueno, ¡¿Entonces que tenía que hacer?! - Nina elevó la voz tanto como su figura. - ¿Qué te hace pensar que si nos hubiéramos ido y llamado a un profesor no hubieran buscado vengarse también? Dime mamá, ¿Qué teníamos que hacer?

Su madre se sorprendió por como Nina se había alterado, nunca la había visto así, pero no podía dejar que esto sirviera de precedente. Se cruzó de brazos y se puso seria.

- No lo sé, Nina - confesó. - Pero la violencia solo genera más violencia, y el precio siempre es alto. Piensa más en ello la próxima vez.

Hubo un silencioso pero intenso choque de miradas.

- ¡Ya basta! - dijo Cris, casi sollozando. - Era una situación fuera de nuestro control, Nina hizo lo que pudo.

Su madre miró a su hijo, luego a su hija que ya no parecía tan firme en su postura. Este dilema moral escapaba a su capacidad de manejar los hechos.

- Que no se vuelva a repetir - dijo. - Solo quiero lo que toda madre quiere, que no tengáis problemas y viváis tranquilos.

- Lo entendemos mamá - confesó Nina bajando la mirada. - Es solo que... - por su cabeza pasó la escena de su parálisis del sueño, tanto estrés y terror manifestado en una pesadilla, ¿O era algo más? - No lo sé, hoy ha sido un día muy raro. Lo siento, no quería gritarte.

- Disculpas aceptadas, mejor vamos a comer y tratemos este tema después con más calma.

Todos estuvieron de acuerdo, y la plática de la comida tocó todos los puntos de vista posibles. Se puso sobre la mesa la opción de denunciar, pero Nina dedujo que si eran reincidentes sus trucos tendrían para seguir por allí, así que no habría que precipitarse, después de todo podrían alegar defensa propia pues fue Nina quien más daño causó.

***

Nina se fue a la cama un poco más tranquila, pero sabía que su madre no estaba de acuerdo con sus acciones, no podía culparla, el trabajo de una buena madre era ver los peores escenarios futuros y evitarlos para sus hijos, y su madre era la mejor.

Con las sábanas hasta el cuello y las luces apagadas, su vista se dirigió sola hasta la esquina y su mente se encargó de recrear al hombre que vio en el hospital.

"Su perra madre", pensó frustrada. Ese susto le iba a durar unas cuantas noches.

Encendió la luz, cerró la puerta para no alertar a nadie en el pasillo, y seguidamente abrió su armario. En el mismo tenía una pequeña colección de cuadernos, posters y chapas de las cosas que le gustaban, buscó en uno de los cajones y encontró un peluche de Jeff que había comprado en una convención de anime un año atrás.

"Jeff, ¿Tú me haces esto?", pensó mientras miraba sus ojos saltones. "¿Qué tonterías estoy diciendo? Jeff no es real, no te permitirían vender peluches de un asesino en serie si fuera el caso, sería... Sería como tener peluches de Ted Bundy, es ridículo, hasta su historia es imposible".

Tiró el peluche dentro del cajón y lo cerró junto al armario. Tomó su móvil de la mesa e hizo una rápida búsqueda en Google, "¿Se puede vivir sin parpadear?", la respuesta fue simple, si se podía, pero llevaría a una severa ceguera por la sequía en los ojos. Si Jeff fuera real, estaría ciego, o tendría que ir por ahí robando colirio y ya le abrían atrapado. Todo suponiendo que algún ser humano pudiera sobrevivir al desangrado que provocaría cortarse los ojos y la cara, y eso también parecía imposible, según Google.

***

Al día siguiente Nina se preparó bien, planeó como sería su semana, iba a iniciar una exhausta rutina de alimentación y ejercicio, la próxima vez que los problemas la encontraran, estaría preparada.

De nuevo fueron caminando, pero ni ella ni su hermano hablaron por el camino. Nadie los estuvo esperando en la entrada, tampoco les amenazaron por el recreo o en los pasillos, aunque Nina si escuchaba a la gente susurrar; "es ella", "mira, tiene la marca".

"Pues que hablen", renegó sin darle importancia.

Nina llegó a su casillero, ayer no lo usó por ser solo la presentación, pero hoy tenía que dejar un par de libros. Arrugó un poco la frente y tomó una extraña nota de papel que había dentro.

"Me gustó lo que hiciste, te estaré observando porque espero más de tu parte", eso tenía escrito.

Nina pensó que esa nota no podía ser para ella, no había forma de que alguien supiera cuál era su taquilla. Sea como sea, decidió pasar, asique la arrugó, la tiró e hizo lo que había venido a hacer.

***

Las tres primeras horas de clase fueron un suplicio para Nina, en especial porque notaba cómo todos miraban el morado de su cara. Quién más la molestaba era una chica dos filas por delante de ella, que se giraba cada dos o tres minutos para verla, por esto, Nina se pasó toda la tercera hora con la mandíbula apoyada en la mano para tapar el golpe.

"¿Y si ha sido ella la de la nota?", pensó Nina.

***

Cuando sonó el timbre para el primer descanso todos se levantaron como si fuera una procesión, Nina fue encontra corriente de sus compañeros y se plantó enfrente del pupitre de la chica que la había estado dirigiendo la mirada.

Esa chica tenía el cabello largo y negro, recogido en una cola de caballo, y con una mecha roja en horizontal en el lado izquierdo de su flequillo.

Había venido con pantalones cortos, una camiseta roja y una chamarra negra con la que cubrirse. En general, no parecía una persona problemática, solo muy metida en su mundo, como una escritora que se proyecta en sus escritos.

- ¿Puedo ayudarte en algo? - preguntó Nina.

La chica se había quedado en silencio, sentada tan quieta que podría sostener una pelota en equilibrio, era como si no se creyera que Nina verdaderamente le estuviera dirigiendo la palabra. - Yo, ams - se mordió el labio y perdió la mirada en su mesa.

- ¿Si?

- Es, esto - la chica hizo acopio de fuerzas y cruzó miradas. - ¿Es verdad que mandaste a Claudia al hospital?

Sus ojos celestes ahora se clavaron expectantes, ¿Ella estaba emocionada por eso? 

Nina no pudo evitar arquear una ceja. - No lo sé, ¿Lo hice?

- ¿No te peleaste con ella ayer? - la chica deliberadamente miró su moretón.

- Si, pero no sé puede decir que ganara - Nina giró la cabeza para que no la mirara.

Se habían quedado solas en clase, ya estaban corriendo los primeros minutos de recreo y esta conversación no estaba tomando el rumbo que Nina quería.

- Varios dicen que salió de aquí con la cabeza alta, pero luego la vieron con puntos saliendo del hospital - la chica asintió como si respondiera su propia pregunta. - Incluso dicen que Malcolm está en tratamiento, pero creo que eso es mentira, ¿Tú sabes algo?

- No lo sé, y no me interesa, esa clase de fama no me favorece - masculló Nina. "Genial, famosa y con heridas de guerra, este puto curso va a ser un infierno", maldijo para si.

- ¿Tú eres Nina Hopkins, verdad? - preguntó la chica, llevándose una mueca por respuesta. - Vale, muy tarde para hacer esa pregunta, lo sé, yo me llamo Alexa Twelve.

- ¿Te apellidas "12"?

- Si, lo se, poco común - se encogió de hombros. - Mira, lamento muchísimo si mirarte tanto tiempo en clase te ha molestado, es solo que aún no me creo que alguien hiciera frente a Claudia y a esos bravucones, cuando ayer mi hermano llegó a decírmelo, quería verlo con mis propios ojos.

- ¿Tu hermano? - Nina hizo otra mueca. Esta chica iba tan directa a los puntos que solo tiraba datos a lo loco.

- O si, perdón, mi hermano se llama Cristian, el va a la misma clase que el tuyo, lo se por vuestros apellidos y porque ayer se hicieron amigos. El caso es que cuando tu hermano regresó a clase después del incidente en el recreo mi hermano me lo contó y ya hoy quería verlo, y si, eso pasó.

Nina tenía los ojos abiertos, una expresión incrédula y la cabeza dando vueltas por tanta información consecutiva.

- ¿E hablado demasiado? - preguntó Alexa temerosa.

- Un poco - Nina negó con la cabeza. - Mira, no importa, ya tengo que irme.

Alexa no pudo evitar ver como Nina giró para no exponer el morado de su cara. Eso le hizo sentir horrible, a su forma de ver las cosas, le había causado una inseguridad a la única chica que había hecho algo útil para limpiar la instalación de escoria.

- ¡Espera, una cosa más! - espetó poniéndose de pie y rebuscando rápidamente en su mochila.

- ¿Qué quieres? - Nina meneó la cabeza con desgana mientras la miraba.

- Esto, enseñarte esto - Alexa le puso en primer plano un estuche de maquillaje, no parecía barato. - ¿Tu hermano y tú no tienen un lugar en el recreo, no? Podríais uniros a nosotros.

- ¿Adonde quieres llegar exactamente? - Nina rasgó sus ojos, su tono caminaba en la fina línea que separa la paciencia y el enojo.

Alexa suspiró, retomó la compostura y miró firmemente los ojos de Nina. - Lamento si alguno de mis comentarios te han molestado, a veces no mido mis palabras, con mi maquillaje podría tapar el moratón de tu cara, y no estoy diciendo que eso solucione nada o que deberías maquillar tus heridas, solo creo que es lo mínimo que puedo hacer por ti, aunque supongo que sí no te lo has tapado tú es porque no quieres, yo... No se, solo quiero ayudar.

Nina volvió a mirar a esa chica de arriba a bajo, ¿De verdad la había considerado una amenaza? Solo parecía una chica reservada, con gustos por la moda estancados en 2010 y en mayor o menor medida una fuente fiable de información.

"No es que esté aquí para hacer amigos, pero si quiero entrenar y estar preparada para proteger a Cris la próxima vez necesito información", pensó Nina.

Con más pros que contras en el planteamiento aceptó la compañía de su compañera durante el recreo.

***

Nina no se arrepintió de eso, Alexa fue una excelente compañía y su encuentro no se quedó en una anécdota de 25 minutos en el recreo. Entablaron rápidamente una amistad, este vínculo se fortaleció porque sus dos hermanos también se hicieron buenos amigos. Así que todo apuntaba a que la vida por fin estaba siendo algo amable con Nina, no es que la sonriera, y ella no bajó la guardia, pero podía dormir más tranquila.

Estuvo un mes entero quedando con Alexa por las tardes después de entrenar, hablaban sobre moda y anime, ella entendía mucho de esto y tuvo gestos que a Nina le agradaron, como hacerla una mecha morada en el flequillo. También tenía gestos que no eran tan agradables, como mostrarle sus fanfics de ella x Sasuke (personaje de Naruto).

Pero lo que más útil le resultó, fue la información sobre Claudia, chica problemática desde hace dos años, por tirar una bola baja. Hija de un ex-militar y una alcohólica, en su casa todos hacen lo que les da la gana y reina quien más grita, eso se puede comprobar cualquier día de la semana pasando cerca de la casa.

Solo se juntaba con Malcolm y Jhonny, dos primos que también venían de familias disfuncionales y que eran expulsados de todos los gimnasios por los que pasaban. 

Nadie entendía cuándo o porque formaron esa pandilla, pero había teorías. Unos decían que Claudia les conseguía droga, otros que les prestaba el coche que a veces conducía borracha, la teoría personal de Alexa es que Claudia les hacía un dos por uno en los baños de la escuela, porque más allá de una vagina arrugada y dos tetas, no tenía más que ofrecer a este mundo.

***

Un sábado por la mañana, Nina encontró a su madre en la mesa de la cocina. Tenía la mirada ausente frente a un cuaderno de cuentas y pagos, con una taza de café muy caliente que sostenía a la altura de los labios con una mano temblorosa.

- ¿Te encuentras bien, mamá? - preguntó Nina.

Su madre levantó la vista al mismo tiempo que cerraba el cuaderno de un fuerte golpe. - ¡Nina, qué susto me has dado! - gritó su madre, giró tan frenéticamente que algo de su café saltó de su taza a la mesa.

- Lo siento - dijo Nina, levantando las manos algo amargada.

- ¿Qué haces tan despierta por la mañana? - su madre quitó rápidamente el cuaderno del sitio y actuó como si no lo hubiera estado mirando en primer lugar. - Son solo las siete y media, tu hermano seguro que sigue durmiendo, y yo me voy a trabajar en media hora.

Nina fingió que no notaba el cansancio en la voz de su madre, o que no veía como escondía el cuaderno de cuentas porque iban a tener problemas para llegar a fin de mes. - Voy a salir a correr ahora que no hay mucha gente ni tráfico - optó por decir la hija.

- A, está bien, no te vayas lejos - su madre se metió el cuaderno bajo el brazo. Con la taza en la mano, se fue a su cuarto en la planta de arriba después de darle un beso en la frente a Nina.

Ella la miró subir las escaleras con una sonrisa falsa. "Mamá, si tenemos problemas económicos me lo puedes decir", pensó sin atreverse a pronunciarlo en alto.

***

Nina salía a correr 5 kilómetros todos los fines de semana después de desayunar, recorría la fila de casas en las que vivía sin molestar a nadie, solo a algunos perros. Lo bueno de vivir en un país tan masivo e industrializado es que las cuadras eran enormes, y si la gente tenía que desplazarse lo hacía en coche, por lo que nadie la interrumpía caminando por la acera.

Nina salía a correr sin música, los primeros días si traía, pero lo dejó al ver que los auriculares se llenaban de sudor, y con su respiración como contrarritmo no se escuchaban bien las letras.

Este método de ejercitar le resultó producente, descubrió sus límites cardíacos, los límites de su barrio, y la rutina de algunos vecinos lejanos con los que se encontraba. También descubrió cosas que no quería, como la casa de Claudia, era la única en la que se escuchaban gritos y amenazas de muerte a 100 metros de distancia, nunca se acercó a ella.

"Supongo que es normal que no viva muy lejos del instituto, porque si viviera en la otra punta de la ciudad, no habría forma de obligarla a que fuera", pensó.

Se dio media vuelta y caminó de regreso maldiciendo su suerte, que injusto era el mundo, su madre tenía que trabajar en una gasolinera, ahorrando dinero para llegar bien a fin de mes, iba a estar bastante tiempo teniendo que reutilizar su ropa de años anteriores porque no estaba la situación como para despilfarrar en camisetas; y Claudia en cambio tenía que vivir de lujo con la pensión de militar de su padre, y aunque a su familia le importara poco, mínimo le pagaban los estudios en uno de los mejores institutos de la zona, todo para que ella solo fuera a causar problemas.

Nina no había vuelto a tener incidentes con ella, aunque eso no quería decir que se portara bien, cuando se cruzaban en los pasillos, Claudia se llevaba una mano a un lateral de la mandíbula y decía en un tono burlón; "añi mi uela", luego la miraba y se reía.

Nina nunca la contestaba, porque Claudia nunca estaba sola, siempre iba con Malcolm y Jhonny, y aún no se sentía fuerte para enfrentarlos.

"No puedo perder ni un solo segundo de entrenamiento", pensó en un sprint final a medio kilómetro de su casa. "Cris me dijo que a él también se le quedaban mirando de lejos y se ríen. Me importa un coño lo que puedan decir de mí, pero si se atreven a tocar a mi hermano juro que salgo en los telediarios".

En fin, eso no pasaría en corto plazo, al menos, les habían vuelto a expulsar por obligar a los niños de 14 años a pagar si querían usar el baño de la escuela. Estaban a dos semanas de llegar a fin de mes, cuando se daría el importante evento de hacer la primera foto escolar, y ni siquiera así podían intentar tener buena reputación.

"Esa clase de escoria problemática tendría que tener una expulsión permanente", se dijo.

"Pero de la vida", dijeron por ella sus pensamientos intrusivos.

Nina se detuvo en seco mientras se secaba el sudor con las mangas, ¿De verdad acaba de pensar eso? Tanto anime gore y creepypastas le estaban afectando.

***

A las cuatro de la tarde, aprovechando un temporal que no era ni frío ni cálido, Nina entrenaba algo de golpe al saco en el patio de su casa. El saco en cuestión era uno de 20 kilos que le regalaron cuando se tituló como cinturón negro, lo tenía colgado de la rama de un manzano en su patio, que en esta época del año ya se estaba quedando más seco, preparándose para el invierno.

Alguien llamó a la puerta de su casa, Nina detuvo el oscilamiento del saco y miró a la puerta del patio como si fuera la de la entrada.

"Aún quedan dos horas para que mamá venga, y hoy no espero a nadie", pensó.

- ¡Ya voy yo! - gritó Cris desde dentro de la casa.

"Va, serán amigos suyos", pensó antes de reanudar su tarea otros 30 segundos hasta que la puerta del patio se abrió.

- La gente normal suele tener un neumático colgado en un árbol para balancearse, no un saco de boxeo - la voz de Alexa asaltó sus oídos.

Nina giró, quitándose el sudor de la frente y una cara extraña que expresaba un; "¿Qué haces tú aquí?".

Alexa se dio por aludida rápido. - He venido a traer a mi hermano, e preguntado al tuyo por ti, y me ha dicho que estabas entrenando en el patio.

Nina y Alexa eran tan parecidas como el sol y la luna, mientras que Nina se había puesto ropa deportiva y sudaba lo que no está escrito, Alexa se había soltado el pelo, tenía una mecha azul nueva y aparte de su chándal, llevaba una sudadera que mostraba a unos labios sacando la lengua.

- Así que, ¿Entrenando para futuros problemas? - preguntó Alexa.

- entrenando para evitar futuros problemas - matizó Nina. - Claudia y sus amiguitos a veces me echan miradas por los pasillos.

- Va, no te estreses, amiga, toda tu historia no puede girar en torno a ellos - Alexa hizo un ademán para restar importancia. - Les gusta molestar a la gente, pero no volverán a tocarte, ya lo verás.

- Más les vale, pero si lo intentaran, haré esto.

Nina giró con toda la fuerza de su pié y asestó un golpe con la tibia en el saco, que por poco da un giro completo en el árbol.

Alexa aplaudió - Impresionante la verdad, ¿Qué más tienes?

Motivada, Nina hizo gala de ganchos y patadas, así como de algunas katas, sabía que era más impresionante que útil, pero se dejó llevar.

***

Al acabar, invitó a su amiga a la cocina a tomar algo, no abrió mucho la nevera, apenas tenía dos botellas de Coca-cola y tres de agua, el resto era carne congelada, no mucha, y diversas frutas y verduras dentro de un cajón.

"Habrá quien lo pase peor", pensó mordiéndose un labio algo frustrada.

Le ofreció un vaso a Alexa, lo aceptó, sirvió, pero Nina no tomó nada con la escusa de que no le sentaría bien después de entrenar. Su amiga se dio por satisfecha con esa respuesta.

- Leí la historia que me recomendaste - empezó a decir Alexa cuando Nina tomó asiento.

- ¿Cuál de todas?

- La de el pintor sangriento, quiero decir.

- A, Bloody Painter, ¿Que te pareció?

- Pues él está bueno, pero la historia no tanto.

Nina hizo rodar sus ojos, pelo negro, ojos azules y carácter antisocial, por supuesto que iba a ser el tipo de chico que le gusta a Alexa. - Yo creo que su historia está bien, es sencilla pero funciona.

- Admitirás que es un poco la historia de siempre, niño al que hace bullying y se venga matando a todos - Alexa meditó un poco. - Hasta en eso falla, ¿Cómo es posible que un chaval por debajo del promedio mate a todos los que le hacían bullying en una sola hora de fiesta? No tiene sentido.

- Tenía un cuchillo.

- Eso no es suficiente, de un golpe en la cabeza lo apartas.

- ¿Tú le ganarías a un hombre con un cuchillo? - Nina alzó las cejas y casi puso una sonrisa de seguridad.

Alexa bufó, era una buena réplica. - Bueno, tal vez yo no, pero tú por ejemplo si podrías. Tú no harías nada más que soltar un golpe limpio en la cara del pintor tumbándole al suelo, rápidamente te abalanzarías a él tomando el cuchillo y clavándolo en el hombro del pintor. Luego le patearías la entrepierna y seguirías...

- Bien, vale, espera - dijo Nina pidiendo calma con una mano. - ¿No te das cuenta de que me clavaría el cuchillo cuando esté frente a él?

- Seguro que podrías esquivarlo.

- Muy arriesgado, contra alguien con un arma siempre es mejor salir corriendo.

- ¿Y si no pudieras? Imagínate que el pintor ¿Amenazara a tu hermano, saldrías corriendo con él? - Alexa torció la cabeza tratando de dar retórica a su argumento.

Nina frunció el ceño, su amiga cambió rápido a una expresión más achantada. El inconsciente de Nina empezó a trabajar, vio una sombra con cuchillo tirarse a Cris y se sintió impotente, ¿Si no podía con un bravucón, como podría con un asesino?

- No metas a mi hermano en esto - espetó sin mirar a su amiga a los ojos.

- Lo siento, no quería, yo... - Alexa, más nerviosa, empezó a dar toques a la mesa con las uñas.

Eso fue lo único que sonó por tres segundos mientras Nina sacaba esas imágenes de su cabeza, definitivamente tenía que dejar su obsesión con la violencia gratuita.

- Mira, no importa, es solo que mi familia no está en su mejor momento y prefiero no pensar en qué esto terminará pronto, no en que tengo que volver a mirar a Jeff the Killer a los ojos - dijo Nina en un suspiro de honestidad.

Alexa asintió con dos cabezadas y luego observó a Nina con una mueca inexplicable. - ¿Has dicho volver a mirar? ¿Ósea, otra vez?

- A, si, bueno, yo, eee - Nina buscó una explicación que no le hiciera parecer esquizofrénica. - Hace un tiempo tuve una parálisis del sueño donde Jeff se apareció frente a mi.

Alexa la miraba fijamente, como si estuviera midiendo su nivel de salud mental. Nina vaciló un poco y volvió a desviar la mirada. - ¿Y estaba candente? - preguntó por alguna razón.

- ¿Quién? ¿Yo?

- No, Jeff, ¿Estaba tan ardiente como en los fan art?

- No, por supuesto que no - dijo Nina con algo de enfado. - Era una parálisis, no un sueño húmedo.

- Vah, que decepción - Alexa se dejó caer hacia atrás en la silla mirando al techo.

- No serás de esas que se enamoran de tipos como Ted Bundy o Jeffrey Dahmer, ¿No?

Alexa no respondió, esquivó la pregunta lo mejor que pudo y propuso a Nina ir a probar nuevo maquillaje, quizás incluso cambiarle su mecha morada. Eso no pasó, Nina ya consideraba ese mechón de pelo parte de su personalidad.

***

Para el viernes de la siguiente semana, la cosa no estaba yendo mucho mejor para Nina. Su madre llegaba más tarde a casa, había empezado a echar horas extras pagadas en el trabajo, Cris empezaba a hacer preguntas respecto a la falta de recursos en su casa y a ella se le estaban terminando las buenas escusas.

Con estos pensamientos, tras finalizar el recreo, recogió las cosas de la taquilla. El mundo pasaba a su alrededor, ya no tiene la fama que tenía, y la única compañía es Alexa, que la espera para ir juntas a clase.

- No te ves muy feliz, amiga - le dice.

- No, no estoy en un buen momento - dice tomando su mochila de un solo asa y echándosela al hombro.

- ¿Algo muy personal?

- No le des importancia - Nina negó de inmediato.

Alexa quería callarse, pero no podía con su amiga así. Nina no era especialmente habladora, pero si era orgullosa, siempre con la espalda recta y la cabeza en alto, verla ahora encorvada y demolida también le dolía a ella, ¿Qué podría hacerla feliz?

- Y ya tienes ropa para el día de la foto - preguntó mientras caminaban.

- Ams, si - la mente de Nina pensó de inmediato en el modelo que había estado guardando para ese día. - Traeré una falda de cote, medias negras con medias de rayas color tinto y, quizás, un lazo rojo.

- Con un lazo te verías muy Kawaii - Alexa puso un acento infantil en esa última palabra.

- Si, un día es un día, supongo que todos iremos con nuestro mejor aspecto.

- No todos, seguro que Claudia y el resto vienen oliendo a hierva y con ropa de calle solo para molestar. Estoy segura de que nosotras nos veríamos mejor que ellas hasta usando bolsas de basura - ambas rieron imaginando eso.

Nina miró a su amiga, detenidas ambas a la entrada de la clase. - No creo que Claudia vaya con la nariz muy alta el día de la foto, se le pueden abrir los puntos.

Alexa cerró la boca de inmediato, eso preocupó a Nina, ¿Tan mal remate había sido?

- ¿¡Qué has dicho niñata de mierda!? - le gritó una voz a pocos pasos de ella.

Nina no quería girarse, porque supo lo que se encontraría en cuanto notó todos los pasos de tenerse excepto los de tres personas.

- Ahora te vas a girar y me lo vas a repetir a la cara - dijo la inconfundible voz arrogante de Claudia.

Nina se dio la vuelta, Claudia en el centro, Malcolm a la derecha y Jhonny a la izquierda. Apretó los puños y no le quitó la vista a ninguno, ni ella, ni el resto del pasillo.

- Yo-yo he empezado - dijo Alexa alzando la mano.

- Calla - ordenó Claudia sin mirarla.

"Valiente gesto amiga", pensó Nina, pero no pudo quedarse ahí. Con la semana de mierda que llevaba, lo último que necesitaba ahora era agachar la cabeza y besarle los pies a Claudia. Esos pensamientos intrusivos ahora le decían que con más espacio, si podría con estos tres. 

- He dicho que... - la puerta se abrió y Nina no pudo terminar de hablar. 

Un profesor salió de la clase y preguntó que qué estaba pasando, todos se hicieron los tontos y Claudia se fue por donde había venido, pero es atisbo de rebeldía que había impulsado a Nina hablar no se había quedado tranquilo. 

***

Esperó encontrársela a la salida, pero Claudia no estaba allí.

Tal vez aparecería de camino a su casa, sujetó la mano de Crist todo el trayecto por si necesitaba protégerlo, pero no apareció.

Más tranquila y ya a las seis de la tarde, pensó que nada malo podría suceder. Sentada en el sofá del salón, escuchando algo de pop japonés en sus auriculares, la música perdió su ritmo cuando vio por la ventana como un coche atropellaba a Cris, que regresaba de jugar con unos amigos.

Nina abrió los ojos de par en par, salió a la calle para tomar el cuerpo de su hermano que había rodado por encima del chasis, el techo y el maletero. Cris tenía la frente sangrando y problemas para respirar, y Nina tenía tal conmoción que no pudo memorizar la matrícula del coche o ver quién lo conducía.

Con una mano temblando, llorando para sacar todo lo que tenía dentro, y una voz que apenas pronunciaba palabras, llamó a una ambulancia desde su teléfono móvil.

***

Fue un fin de semana horrible, tuvo que llamar a su madre desde el hospital, y permanecer toda la noche en vela con ella en la sala de espera hasta que confirmaron que Cris no tenía daños graves ni permanentes.

Solo pudo estar el sábado en tratamiento, porque a partir del domingo el precio de la factura del hospital incrementaba y Mónica no podría pagarlo.

El domingo por la noche Cris ya volvía a hablar de manera fluida, pero tenía que tomar bastante medicación que lo haría estar en cama. 

Nina fue a visitarlo a las 8 de la noche, asegurándose de que durmiera antes de que llegara su madre, Nina sabía que se encerraría en la cocina y contaría los ahorros entre lágrimas mientras esperaba el próximo pago, no quería que su hermano escuchara eso.

- ¿Ya te vas a dormir principito? - dijo Nina sentándose en una esquina de la cama.

- Si el dolor de cuello me lo permite, si - respondió su hermano mirando al techo.

Era todo lo que hacía, completamente incapaz de realizar movimientos bruscos, de todas formas Cris no recibía visitas, le traían la comida y solo tenía que moverse para ir al baño, cosa que afortunadamente, si podía hacer solo.

- ¿Quieres que te traiga otro Paracetamol? - preguntó Nina.

- No, estoy bien, gracias - su hermano forzó una pequeña sonrisa. - Oye Nina.

- ¿Si?

- ¿Tú viste algo del coche?

- Cris, no pienses en eso.

Aunque Nina trató de cambiar de tema, en realidad si recordaba difusamente el modelo del coche, con las descripciones, internet le arrojó que probablemente era un Seat Ibiza amarillo de 2005. Pero sin matrícula, ni dinero para denunciar, no iría a ninguna parte.

- Creo que lo conducía una mujer, no lo sé, fue todo tan rápido - murmuró Cris.

- Ey, principito, no le des muchas vueltas, mamá ya ha puesto la denuncia para buscar al responsable - mintió su hermana. - Cuando esto termine solo tendrás un par de moretones y cicatrices, pero se curaran, ya lo verás.

- ¿Y saldré con ellos en la foto escolar? 

Nina guardó silencio, su expresión atrapada en un aliento que no cobraba forma de palabra hasta que cerró los labios.

- No voy a poder ir a la foto, ¿Cierto?

- Es este miércoles, no creo que estés curado para entonces - dijo Nina apenada. - Pero no importa, yo tampoco iré, que luego nos pongan con Photoshop.

- Eso no Nina - su hermano giró poco a poco el cuello para verla. - Quiero que tú si vayas.

- ¿Por qué?

- Porque es un momento importante que recordar con tus amigos, y este año es la primera vez que tienes amigos - Nina puso los ojos en blanco pero Cris no cedió en su postura. - No lo digo para molestarte, soy sincero, y tienes que ir.

- Bueno, lo que digas.

- Promételo - insistió Cris.

- Lo prometo - dijo Nina con pocas ganas.

- Llamaré a mis amigos y me aseguraré que me digan que te han visto.

- También voy a estar en el anuario, Cris, vas a tener medios de sobra para comprobarlo. 

- Pues más te vale ir guapa, o yo podré burlarme de lo fea que sales y tú no tendrás con que responder - su hermano puso una sonrisa de victoria.

- Tú, pequeño granuja, siempre con un as bajo la manga - Nina se levantó y le echó una sonrisa de buenas noches. - Mejor ve a dormir, principito.

***

El lunes, Nina encontró una nota en su casillero que decía; "Aún espero más de tu parte". La letra era parecida a la de la otra vez, pero lejos de fijarse en eso, arrugó y rompió la nota para luego tirarla, esta puta broma había ido muy lejos.

***

El miércoles, Nina caminaba sola hacia la escuela, pelo suelto, mecha morada, deportivas claras, sudadera purpura y el resto de prendas que había prometido llevar. Antes de entrar al instituto, se quedó en los aparcamientos, tirando de las dos asas de su mochila un rato largo.

"Cris dijo que tenía que ser el día más feliz, pero no estoy feliz en lo absoluto", se confesó a si misma.

Miró a la gente que pasaba; amigos que se habían vestido igual para la ocasión, chicas comentando sus modelitos, Claudia bajando de un Seat Ibiza amarillo con su ropa de siempre, un chico de sudadera blan... Espera.

Nina volvió a centrar la mirada en el coche que estaba en la parte más alejada del parking, si, era el mismo puto coche que atropelló a Cris, y Claudia estaba sentada en el asiento del piloto comiéndose un chicle mientras escribía por teléfono.

Nina apretó tanto los puños que sus uñas por poco atraviesan su palma. Fue caminando hacia Claudia, dispuesta a dejar que sus puños hablaran por ella, pero se detuvo cuando la bravucona la miró con sus dientes amarillos y reventó una pompa de chicle.

Malcolm y Jhonny salieron cada uno de una puerta, y enseguida rodearon a Claudia, mientras esta se ponía de pie con las manos en los bolsillos.

- ¿Se te ha perdido algo niñata? - preguntó Claudia emprendiendo el paso hacia ella.

Nina notó su lenguaje corporal, venía demasiado confiada, un paso muy seguro y con cierto regocijo en contoneos sincronizados. Ella estaba a solo tres pasos, mirándola desde arriba y apretando algo en sus bolsillos, ¿Una navaja tal vez? No importaba, era algo malo si le daba tanta seguridad contra alguien que días atrás le partió el tabique.

- Fuisteis vosotros, verdad, vosotros atropellasteis a mí hermano - les increpó Nina.

- Yo no recuerdo eso - dijo Malcolm. - ¿Tú recuerdas algo de eso, Jhonny?

- ¿Yo? Pero si yo ni siquiera tengo carnet de conducir, ¿Y tú Claudia?

- No lo sé, a veces voy tan ciega manejando - miró a Nina con una sonrisa arrogante, y cuando esta avanzó un paso, Claudia desenfundó un arma de su bolsillo y la apuntó directamente a la frente. - No te hagas la valiente niñata, les vas a arruinar el día a todos.

Nina no retrocedió, pero no era por valentía, era más bien por quedarse en shock. Era la primera vez que veía un arma real, y también la primera vez que le apuntaban con una.

- Wooo, ¿De donde has sacado eso? - preguntó Malcolm.

- De la armería de mi padre, y si, está cargada, ¿Quieres comprobarlo, niñata? - Claudia dio otro paso, Nina notó el cañón del arma apretando su frente, no tenía palabras.

- Claudia, anda, guarda eso, como lo vea un profesor te van a mandar a un correccional o algo peor - dijo Jhonny.

- Cállate - ni siquiera lo miró para responder, estaba muy concentrada en degustar la sensación de miedo que Nina tenía y no demostraba. 

Como le dolía esto a la más joven, la niña privilegiada iba a salirse con la suya. Claudia era la persona al otro lado del arma, no era un asesino psicópata ni un niño vengándose del bullying, solo una chica malcriada con más poder que el resto. La rabia que sentía Nina, no podía describirse con palabras.

- Qué pasa niñata, ¿Ya no vienes por aquí con la nariz en alto? Supongo que tu hermano tampoco.

Nina sopesó sus opciones, tenía la opción de retirarse, irse con el rabo entre las piernas, volver a juntarse con Alexa y no hablar de esto con nadie para que Claudia no buscara venganza. ¿Pero realmente serviría de algo? No, más bien marcaría un precedente, "búrlate todo lo que quieras y lo aguantaré sufriendo en silencio". Nina sería igual que su madre, guardando sus penas y llorando en la noche mientras en el día finge su mejor sonrisa.

¿Cuanto tiempo duraría esto? ¿Seguiría siendo la niña insignificante que creía o Claudia volvería a joderla? ¿Y que haría cuando la volviera a chantajear? No podría ser jamás la chica del otro lado del arma... ¿Pero cuando había necesitado ella armas para defenderse?

Nina soltó un recto y contundente puño en la cara de Claudia. Salió con toda la fuerza de su derecha al mismo tiempo que rotando las caderas echaba a correr en dirrección contraria.

El golpe no solo tomó desprevenida a Claudia, que tambaleó y cayó sobre Malcolm, también a los otros dos, que se fijaron más en la sangre que brotó del puente de la nariz de la chica, que de la agresora que salía corriendo y escalando las vallas del estacionamiento.

Nina tiró su mochila mientras aceleraba, pensando solamente en que se podría cubrir mejor en los edificios abandonados que entre los coches.

- Claudia, ¿Estás bien? - preguntó Malcolm. 

- Su puta cabeza, ¡Quiero su puta cabeza! - gritó ella mientras se incorporaba.

Nina había salido corriendo hasta uno de los edificios abandonados que había detrás del instituto. 

¡Bang!

Un tiro casi le alcanzó en el tobillo mientras giraba y se metía por la entrada sin puerta de la construcción que era puro hormigón. Con el corazón en el puño, empezó a subir escalones. El lugar era grande, tres plantas con unas 4 habitaciones cada una, tenía que esconderse ahí antes de que el trío la encontrara.

"Que estupidez, que estupidez, no tendría que haber echo eso", pensó Nina maldiciendo su falta de paciencia. "De todas formas, en el instituto habrán escuchado el disparo, si, la policía vendrá pronto".

- ¡Da la puta cara! - gritó Claudia en la planta baja.

Nina empezó a estresarse, tuvo que irse a una esquina alejada, pasando entre escombros y hierros sin hacer ruido, para que no le delatara su hiperventilación. Lo único que había en ese lugar más allá de una ventana sin cristal ni marco, era otra puerta que daba al pasillo donde se escuchaban los pasos.

- Vamos a ir cada uno a una planta a buscarla - vociferó Claudia.

- ¡Claudia, has disparado cerca de un instituto, tendremos a la policía aquí en cinco minutos! - le dijo Malcolm.

- ¡No importa, nadie me ha visto! - chilló Claudia, solo con escucharla parecía que escupía espuma por la boca. - Esa zorra me ha roto los puntos, me voy a quedar con la nariz deforme para siempre.

- ¿Y que coño vas a hacer? ¿Matarla e ir a la cárcel por ello? - ahora era Jhonny quien hablaba.

- No, me conformo con dejarla paralítica, igual que a su hermano.

Acabadas las voces, empezaron a escucharse sus pisadas rebuscando en la planta baja. Nina miró temerosa al pasillo, pero más le sorprendió ver la habitación de enfrente.

Tapado su rostro con una capucha blanca llena de sangre de la que solo salían los pelos negros y la sonrisa sin labios, ese demonio que parecía Jeff the Killer la miraba desde la habitación contigua.

- Aún espero más de tu parte - dijo ese supuesto Jeff con una voz ronca y gastada, como si hubiera sobrevivido a base de alcohol y tabaco.

"Coño, el estrés me está haciendo ver cosas", pensó más desesperada. - Tú no eres real - le dijo.

Jeff apuntó con un dedo al suelo, sus ojos inyectados salieron más a la luz. - Ellos lo son, ¿Sabes lo que yo les haría? - sacó un cuchillo de carnicero del bolsillo de su sudadera, dio varios tajos al aire y luego se ocultó en un punto no visible de su habitación.

"Matarlos, ¿Quiere que los mate?", pensó Nina. "Mi subconsciente, no, yo de verdad quiero eso, ¿Lo quiero?", se preguntó.

- No la veo - dijo el eco de Claudia.

- No puede haber ido muy lejos, no he escuchado nada moverse arriba - dijo Jhonny.

- Vale, pues yo que voy con un arma buscaré arriba, vosotros dos juntos abarcareis mejor la segunda planta, andando.

- Espera, ¿Qué lógica es esa? - preguntó ahora Malcolm.

- La mía y punto, cállate.

***

Nina analizó toda la sala como loca, tendría que haber algo con lo que poder defenderse. Estaba en la segunda habitación a mano derecha, no tardarían en encontrarla.

Miró un trozo de concreto con dos barras que salían de él, no sería más grande que una pelota de baloncesto, si lo tomaba con las dos manos podría usarlo como un arma contundente.

Malcolm y Jhonny empezaron a revisar cuando Claudia ya estaba arriba. 

- Amigo, no quiero hacer esta tontería - confesó Malcolm en voz baja.

- ¿Te da miedo una niña de 16? - preguntó Jhonny incrédulo.

- Me dan miedo mis riñones, me pegó tan fuerte que tengo una inflamación severa, otro así y no lo cuento.

Jhonny revisó la primera habitación a su izquierda, estaba vacía. - Venga, dude, si la otra vez la tumbé de una trompada. Ahora la duermo de una pegada, la loca le pega un tiro en la columna, y todos nos vamos felices a casa.

- Cabrón, ¿Y si la matas? Yo no voy a ir a la cárcel por su culpa, una de sus mamadas no merece tanto la pena - susurró Malcolm con más fuerza mientras revisaba la habitación de la derecha.

Jhonny puso los ojos en blanco, para él era una razón totalmente justificable. - Pues eso no te importó cuando diste la idea de atropellar al hermano.

- Estaba bien grifo ese día - Malcolm se gira y encara a Jhonny, justo a dos pasos de mirar la segunda habitación.

- Pues tonto de ti, lo hiciste y ahora soportas.

- Un momento, eso es, ¿Y si mejor vamos a la casa de la niña esta y disparamos a su hermano?

Jhonny puso una cara de circunstancias, no por la gilipollez que Malcolm había soltado por su boca, sino por la sombra que salió de un punto ciego con una contundente maza de hormigón armado.

- Ve a dormir, hijo de puta - dijo Nina en el momento en el cual descargó todo el peso de su arma contra la nuca de Malcolm.

El cráneo salpicó sangre, el cuerpo calló muerto, y Nina supo que ya no había vuelta atrás. De las 100 mil emociones que pasaron por su cabeza, ninguna se aclaró hasta que Jhonny le pegó un puñetazo en la frente, logrando que tirase la maza por la sorpresa, y abriendo la herida del primer día.

Nina vuelve en sí a tiempo para esquivar el gancho a la mandíbula con una finta, mueve rápido los pies, tomando distancia en diagonal para evitar ser arrinconada.

Jhonny tendrá técnica, pero no práctica suficiente contra rivales más pequeños. Al pisar mal resbala sin quererlo con una piedra, adelanta su rodilla y Nina le da una patada perfecta en la rótula. Las deportivas dan buena protección y un daño extra que daña la articulación.

Con un bufido que le sale solo, Nina lo acompaña con un puñetazo en 45 grados que efectúa contra la nuez de Adán de Jhonny, ahogando uno de sus gritos para que no alerte a Claudia.

- ¡Hija de...! - exclama Jhonny en un grito incompleto.

Su mano izquierda sale todo lo larga que es, consigue enterrarse en el hígado de Nina antes de que retroceda y por el dolor repentino, conecta un uppercut perfecto en su mentón.

Nina vuelve a retroceder, ve estrellas y le extraña estar consciente todavía. 20 kilos más y seguramente más peleás a su espalda, Jhonny era una bestia con la que no podía confiarse, y con la que no podía jugar limpio.

Nina amaga con una patada alta de la diestra, Jhonny pivota para esquivar y Nina alza la pierna contraria. La arena de la planta de su pie salta a los ojos del muchacho y este retrocede con un "¡Aaj!".

Nina entra en su guardia, esquiva una patada mal dada al ponerse en ángulo y su puño sale con un gancho de 45 grados, directamente contra el ojo izquierdo del agresor. Los nudillos de Nina se clavan y perforan el ojo, fragmentando córnea e iris. 

- ¡Ay, joder! - dice Jhonny con un sollozo.

Nina marca la pelvis y riñones del tipo con su tibia, obligando a Jhonny a retroceder y bajar la guardia. Clavando su codo en el estómago, empuja a Jhonny hasta que su columna choca con el alféizar de la ventana.

Él lanza tres volados, son sus ultimas fuerzas. Nina esquiva cabeceando hacia atrás, y ya con la distancia bien medida contragolpea con una patada frontal y alta, directamente contra el hombro, lo aplasta contra la pared y el crujido es hasta satisfactorio.

Jhonny está en proceso de caída, Nina lanza una última patada, recta y hacia el mentón. El cuello del tipo se echa hacia atrás con violencia, y lo único que lo amortigua son los duros salientes de la ventana.

¡Crack!

Jhonny terminó boquiabierto, con la nuca reposando y mirando al cielo como si sufriera la tortura de la gota. Nina solo lo contempla respirando, su corazón a mil por hora y saliendo poco a poco del efecto túnel.

"Claudia no va a tardar en bajar", pensó Nina mientras cambiaba a la habitación contigua.

Jeff no estaba allí, solo había una fina tuviera de un metro veinte de largo y 3 centímetros de radio, con un centro hueco, seguramente una herramienta descartada pero que ahora le venía de perlas a Nina.

"Se habrá ido mientras peleaba", pensó Nina tontamente, mirando los cuerpos de Malcolm y Jhonny. "No pienses tonterías, no era real, ni siquiera están sus huellas".

- ¡Santa mierda!, ¿Pero qué...? - exclamó Claudia al ver el cuerpo de Malcolm desangrándose en el pasillo.

Nina interrumpió sus pensamientos y se ocultó en la sombra de la pared. Mientras Claudia tuviera una pistola, era más peligrosa que los otros dos juntos. Y la chica la sostenía con fuerza a media altura, tan tensa que sus venas se marcaban. Pasa el cadáver de Malcolm para ver luego el de Jhonny y soltar un gemido de terror, como una rata en un cepo, es tan extrañamente satisfactorio.

- Ey, Claudia - dice Nina desde la otra habitación.

La chica de la pistola se gira y apunta, desde donde está no puede ver a quien le habla. 

- Ya no te importan tanto los puntos, ¿Verdad?

- Eres estúpida - dice Claudia mientras delira. - ¡Ahora cuando te mate, será en defensa propia! Luego buscaré al desvalido de tu hermano y le meteré 4 tiros también.

- No, no lo harás - la calma con la que Nina hablaba era admirable.

Claudia entonces salió al pasillo, miró a Nina desde el umbral de la puerta, esta arremetiendo hacia ella sin emociones en el rostro, con un palo de hierro casi tan grande como ella.

Nina hizo una finta al mismo tiempo que Claudia apuntaba, y cuando presionó el gatillo, Nina ya no estaba en el lugar del objetivo. 

Se había movido como una hoja impulsada en el viento, tan centrada en su objetivo que ni notó el fuerte resonar del disparo en sus oídos, solo movió la bara entre sus dedos y clavó un extremo en el ojo de Claudia que la atravesó hasta el cerebro. Empujó con fuerza, como si la cabeza de la muchacha fuera la plataforma de una jabalina, y la tiró boca arriba contra el suelo. 

El arma salió de sus manos mientras daba sus últimas constantes vitales, Nina la tomó del suelo, le abrió la boca a Claudia, y asegurándose de que no le perdiera la mirada, disparó.

¡Bang!

Los sesos de Claudia tiñeron el suelo de rojo, su mirada muerta clavada en ella, y Nina sin emociones aparentes, ni siquiera una pizca de satisfacción.

Recargó el arma, dejó caer el casquillo, y cuando pensó en volver a recargar, comprendió lo inútil que sería vaciarle un cargador entero a esta desgraciada. Sería mejor simplemente irse a casa antes de que la policía llegue y la encuentre en la escena del crimen, tres disparos en menos de 5 minutos ya habrían llamado demasiado la atención.

***

Nina llegó a su casa, entró sin hacer ruido, posiblemente Cris estaría durmiendo. Solo eran las 9:00 de la mañana y no sabía que hacer.

El palo lo había dejado clavado en Claudia, pero el arma se lo había traído, tendría sus huellas por todas partes, no podía simplemente tirarla.

Se metió en la ducha, ni siquiera estaba pensando con claridad. Estuvo 10 minutos bañándose para quitarse el polvo, la mugre y la sangre. Luego se cambió de ropa y se quedó en posición fetal en su cama hasta caer dormida, que le despertara la policía cuando viniesen por ella.

***

Cuando volvió a abrir los ojos ya era de noche y seguía igual. Tubo miedo de mirar la hora en el teléfono y encontrar en su pantalla una notificación relacionada a las muertes que había causado.

"¿Y si todo ha sido un sueño?", pensó ignorando las magulladuras de su cuerpo.

Se levantó y fue al baño para mirarse en el espejo, la herida que Jhonny había abierto en su frente con sus nudillos seguía allí. Esa era su cara, el rostro de una asesina.

"Joder, joder, si ha pasado de verdad, he matado a esos cabrones", Nina no se sentía bien, pero extrañamente, tampoco se sentía mal. Estaba en un punto muerto entre ambos polos.

"Vendrán a por mí, la policía sabrá que no estuve en la foto, verán mi mochila en el parking, sabrán que yo fui quien más altercados tuvo con Claudia, y entonces vendrán por mi.

» Cris todavía no se ha despertado, y mamá está haciendo horas extra, creo que tengo que huir".

Nina bajó las escaleras con sigilo, se metió en la cocina, tanteando en la oscuridad hasta llegar a la nevera, y luego se sintió estúpida por pensar en robarle parte de la poca comida que tenían a su madre y hermano.

”¿Qué pensarán de mí? Jamás podré explicárselo, yo...", los nervios finalmente la atraparon, metió su cabeza en el lavadero y vomitó.

Dio con agua a presión para que todo se fuera, al final la única mugre que parecía quedar en la superficie reflectante, era ella.

- Esa es la cara que están buscando - dijo la voz de Jeff en el umbral de la puerta. - No tiene por qué ser la cara que les muestres.

Nina ya sabía lo que se iba a encontrar antes de girar, lo que no esperaba es que ese demonio de sus sueños le estuviera ofreciendo lejía y un paquete de cerillos.

- Tú... ¿Tú eres real? - preguntó Nina.

- ¿Quién crees que se ha pasado todo el día dejando pistas falsas a la policía? - habló Jeff con su voz de borracho y su sonrisa pareció aumentar junto a la oscuridad de la sala. - De hecho, ¿Quién crees que te dejaba esas notas en el casillero?

- Pero busqué tu caso, tú no...

- Jajaja - Jeff rió desquiciadamente, pero muy bajito. - No creas todo lo que ves en internet, pero tampoco pienses que todo es mentira.

Nina no podía creerlo, ¿Y si estaba alucinando? Todo era parte de su mente retorcida, que ahora se proyectaba como su creepypasta favorito y le ofrecía la solución.

- Por qué yo... - susurró al fin.

- Niña antisocial, de padres divorciados, algo conflictiva, motivos para matar - Jeff respiró hondo. - Eres el campo de cultivo perfecto, o tal vez solo estoy en tu cabeza, igual que otros pensamientos que te pedían sangre. No lo sé, solo soy un asesino hermoso, no un psicólogo.

Con eso dicho, Jeff dio media vuelta y se marchó, a Nina le pareció escuchar la puerta abrirse. "Claro, no la he cerrado al volver, pero si lo he imaginado hablándome, puedo imaginarme el sonido de una puerta", pensó mientras no dejaba de mirar la lejía y los cerillos.

- Como sea, hagámoslo - se dijo al fin.

Nina abrió el cajón de los cubiertos y tomó un cuchillo de 15 centímetros. Se dio un buen tajo en la comisura de los labios, una bonita sonrisa para no volver a preocuparse por los problemas.

Se tapó con una mano, aunque algunas gotas cayeron en la encimera. Tomó la lejía, derramó un poco en el fregadero y luego la untó en sus dedos para llevarlo a su cara, así lo untó en la zona afectada.

Dolía, dolía como si se hubiera echado sal en una quemadura de hielo, pero lo resistió mientras apretaba los dientes para forzarse a sonreír.

Prendió entonces un cerillo, y prendió fuego a la lejía. Todo dolía como el infierno, graciosamente pensó que la carne quemada olía a pollo, no a cerdo como muchos decían.

Tras dos minutos, volvió a dejar correr el agua, y apagó la obra de arte abstracto que era su cara ahora, así como limpió el filo del cuchillo para verse reflejada en él. La piel de los cachetes levantada y ennegrecida, sus ojos al borde de la sicosis y su mechón morado contrastando con la oscuridad.

"No se cómo Alexa pudo pensar en cambiarlo, me queda muy bien este color", fue lo único que pensó hasta que alguien encendió la luz de la cocina.

Sus pupilas hicieron zigzag hasta mirar a su madre que aún iba con el uniforme de la gasolinería.

- Nina, ¿Qué te ha pasado? - dijo llevándose una mano a la boca.

Su hija suspiró, el aire también salió por sus nuevas aperturas. - ¿Te has enterado de lo que ha pasado en mi instituto, mamá?

- Si, los tres chicos que te molestaron la otra vez están muertos, la policía busca culpables, me enteré escuchando la radio de camino a casa, en el trabajo no tenía donde informarme - Su madre se acercó a ella, mirando sus heridas. - ¿Ellos te hicieron eso?

- ¿Te preocupa, mamá? ¿Te preocupa que te de problemas? - Nina no bajó la cabeza y se mantuvo en calma, totalmente antónima a su madre.

- Hija, tú jamás me darás problemas - dijo acercándose más, no muy segura de si abrazarla o no. - ¿Por qué la pregunta? ¿Quieres poner una denuncia a alguien? ¿Al instituto mismo?

- No llegaremos a fin de mes, mamá.

- Que le den a eso, tú eres primero Nina, ya pensaremos en otros problemas después.

- No, no lo haremos - dijo Nina con una calma mortal.

Cambió el cuchillo de la derecha a la izquierda, y con una habilidad ambidiestra, clavó el filo hasta la empuñadura en el cuello de su madre. Cortó con la precisión de un matarife la vena aorta y su madre ni siquiera lo vio llegar.

Cayó de frente, golpeando el suelo mientras empezaba a formarse un charco de sangre. Nina retiro el cuchillo, lo limpió en su propio pelo y pensó; "En esta casa ya no habrá problemas para nadie".

***

Se escucha el gemido de la puerta al abrirse, Cris abre un poco los ojos y solo ve la silueta de su hermana.

- A, Nina, estás despierta - dijo con una sonrisa. - ¿Qué tal la foto?

- Has estado durmiendo todo el día - dijo su hermana, sonriendo también.

- Si, las medicinas me cansan, pero es el precio para recuperarse. No he hablado con nadie esperando que tu me cuentes todo, pero cuando me he levantado al baño estabas dormida. Pero bueno, ¿Que tal?

Nina se acercó más, aún en la periferia de Cris para que no viera su cara. - Creo que estoy mejor de lo que nunca he estado, ¿Aún te duele el cuello? - Nina tiró con delicadeza de la almohada y Cris se incorporó un poco, incómodo porque no le habían dejado responder.

- Bueno, gracias, pero tampoco es necesario, creo que de aquí a una semana ya no causaré problemas.

Nina entonces se acercó más, ahora la escasa luz de la noche si permitió que los ojos de Cris definieran los cortes en su cara. 

- No hará falta esperar - susurró Nina.

- ¡Nina! ¿Qué te ha pasado?

- Ve a dormir, mi pequeño príncipe.

La mano de Nina con la almohada se tiró contra la cara de Cris. Empezó a apretar con todas sus fuerzas mientras su hermano se revolcaba, pero con las heridas, no podía hacer gran cosa. En veinte segundos dejó de gemir y hacer fuerza.

Nina veía que su pecho aún respiraba, pero sus manos le temblaban sosteniendo el cuchillo. - Es por tu bien - cerró los ojos y dio varias puñaladas en todo el cuerpo de su hermano.

Terminada la escena ni siquiera se dignó a mirar.

- Ya se porque Jeff también se cortó los párpados - dijo mientras huía de su casa con lágrimas en los ojos.


Fin.

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