El panteón de las causas perdidas.
Miro detenidamente esta pila de papeles, cada fibra es una línea de tiempo y cada pliegue una cantidad que se expande sin fin, plegados pues los folios uno encima de otro, hasta el infinito.
¿Qué importancia tiene esto? Mi mente se reitera en ese pensamiento, una vida aquí es tan insignificante.
Veo a diosas sentadas en tronos formados bajo la pila de cuerpos de sus hermanas.
Veo heroínas que se inyectan en las venas de los impacientes, jurando que todo es suyo mientras desafían a un poder que no controlan.
Veo como la caída más grande de la historia es solo una excusa, buitres carroñeros dejando que tiren una nación entera para luego proclamarlo el evento más trágico conocido y la diferencia entre dos eras.
Debajo de este suelo que piso hay un dragón escarlata de ojos carmesí que defiende un mar de lamentaciones. Alguien ha detenido la rueda, y su fuego que podría evaporar hasta la última gota de ese mar está más interesado en llegar hacia aquí. Demonio, ni varón ni mujer, solo total ausencia.
Todo esto lo veo en ningún momento medible y solo puedo sentir indiferencia, la realidad y la ficción se han unido para formar un panteón de causas perdidas y en cierto modo me da igual, solo son hojas de un guion inacabado, y el demonio que mueve la pluma ya está aquí para acabar conmigo. Aquello que podría romper en cualquier momento, ese chiste sería aún menos gracioso que yo. Nerón rompe el suelo, cual zombie que sale de donde está enterrado en una película de terror.
Me pregunto que habrá sido del ñu de dos cabezas y el pato sin barbilla, eso sí hubiera sido interesante.

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