Creepypasta: la agonía de Eloy (remake).
Mientras Eloy empuña su espada piensa en como a llegado hasta aquí. Los gritos aún le persiguen por las noches y sus tripas siguen revueltas. Hace cinco años nunca hubiera pensado que la mente humana era tan compleja.
A Eloy la gente siempre le había considerado un imbécil, y la verdad sea dicha, era difícil no pensar eso de él. Casi siempre suspendía los exámenes, siempre vestía con sudadera gris incluso en verano, tenía un cuerpo flaco poco trabajado y tampoco es que tuviera muchos amigos. Además de esto, Eloy siempre se centraba en sacar temas asquerosos, como "¿Cual es la cosa más guarra que os pone más cachondos?". Naturalmente él era el único que respondía sus propias preguntas, la respuesta a la anterior es Maléfica, la versión clásica.
Ante todo, Eloy tenía un secreto, una habilidad que lo diferenciaba del resto de personas. Eloy podía ver a los muertos, llevaba viendo muertos desde los 9 años.
Los muertos que Eloy veía no eran como en las películas, más que personas eran entidades blanquecinas, cuerpos compuestos de luz de los cuales solo se podían ver las caras.
En ocasiones muy raras, Eloy se encontraba con entidades con un gran dominio del poder espiritual, el más extraño que había encontrado era un indio apache del cuál se había hecho amigo.
Eloy asintió de nuevo.
- Chico tú verdaderamente eres estúpido, no te estás cuestionando nada - dijo el ser.
- No le metas presión, tiene la cabeza echa mierda - dijo Joven Ingenioso mientras se reía.
- ¿No vale si desvalijo a este pendejo? - dijo Eloy señalando a Joven Ingenioso.
- No te dan los huevos - dijo Joven Ingenioso mientras sacaba de su manga derecha una espada.
- Suelta eso - dijo el ser de manera calmada - ahora.
La expresión de Joven Ingenioso cambió y dejó que la espada resbalara de sus dedos. Cayó a la superficie de roca lunar hundiéndose hasta la empuñadura, cuando esta hizo contacto con el suelo todo el diámetro del satélite se fragmentó en ocho en grietas que alcanzaban profundidades kilométricas.
Eloy abrió los ojos de par en par, para el ser eso era cosa de todos los martes.
- Párale, párale - dijo Eloy. - ¿Ese tal gato de la tierra también tendrá un poder así?
- No - dijo el ser. Hubo cierto atisbo de calma en la expresión de Eloy, que se disipó cuando el ser dijo. - Tendrá más.
- Yo no puedo enfrentar una cosa así, me matará.
- Pues tendrías que habértelo pensado, ya no se admiten cambios.
Eloy miró con gran terror en sus ojos al ser. Este le devolvió una mirada de medio lado.
- Esta bien, podrás llevarte esta espada para realizar tu tarea - dijo el ser apuntando con el bastón al mango que sobresalía.
- Pero yo no sé usar una espada - dijo Eloy.
El ser le dio un toque con el bastón en la cabeza.
- Ahora ya sí.
Lo cierto es que Eloy se sintió más confiado, avanzó a zancadas hasta la empuñadura hundida y le echó una sonrisa arrogante a Joven Ingenioso para que se apartara.
Cuando Eloy puso las palmas sobre el metal sintió un corte profundo y las retiró con un alarido.
- ¿Qué? - dijo Joven Ingenioso. - Básicamente vas a apropiarte de mi mente y de mi alma, ¿No esperarías enserio que te fuera a salir gratis?
Eloy se miró las manos, estaban sangrando como si se las hubiera cortado horizontalmente con una navaja. Tomó aire y volvió a poner sus manos en la empuñadura. Empujó con todas sus fuerzas y la espada poco a poco empezó a salir conforme se adaptaba a su cuerpo.
Primero tomó una forma más legendaria, con un fuerte color azul en el centro y fuego en los filos. Luego se volvió más roja y concentró el poder en el centro, la empuñadura se extendió hasta más adentrada la espada y se hizo más asequible para sostenerla a dos manos.
Cuando el proceso terminó Joven Ingenioso ya no estaba con ellos. El ser asintió y apuntando a Eloy con su cetro lo hizo levitar tres palmos del suelo.
- Llegarás a Detroid en veinte segundos, prepárate.
- ¿Como dices?
El ser hizo un movimiento en medio arco con el bastón a la par que Eloy salía disparado hacia el planeta, como si fuera el anzuelo de una caña de pescar.
La cabeza de Eloy atravesó siete pisos de concreto y se enterró a lo largo de dos metros de suelo por los que fue arrastrado dejando un surco.
Cuando Eloy levantó la cabeza y se incorporó con la mayor dignidad posible se encontró a un felino antropomórfico sentado con las piernas cruzadas mientras fumaba hierva de gato en una cachimba.
- ¿Qué estás haciendo en mi ático? - dijo el felino con una voz cómicamente intimidante.
- Esto... Esto es un sótano.
- Es un ático invertido mono estúpido.
Eloy miró a través del agujero por el que había caído, si solo hubiera sido lanzado diez segundos más despacio podría haber reaccionado bien.
Eloy se encontraba en lo que a todas luces era la planta menos dos de un garaje privado. El suelo era de baldosas grises y el techo tenía unas finísimas lámparas incorporadas que contribuían al brillo casi metálico del lugar.
Eloy tragó saliva y con la voz más intimidante que pudo poner dijo - Azkabal, me envían a matarte. Eloy subió la espada hasta que la punta apuntaba a los ojos del felino en la distancia de tres metros a la que se encontraban separados el uno del otro.
Azkabal se incorporó, de pie y puesto a dos patas llegaba casi a los dos metros. Su cuerpo estaba ataviado con una reluciente armadura de bronce y oro. De su cara de gato sobresalían bigotes de fino oro y sus ojos antes marrones como el desierto ahora destacaban en un rojo algo intenso, seguramente efecto de la hierva.
- Quiero que me lo repitas - dijo Azkabal mientras presionaba los laterales de su cabeza y formaba un casco más cerrado que daba mayor resplandor a sus ojos.
- Me atrapaste wey, no quiero hacer esto - dijo Eloy bajando la espada.
- ¿Entonces que haces aquí? - Me dijeron que tu misión era trasmitir la estupidez pero que lo haces mal, tengo que matarte y recuperaré mi libertad.
- ¿Qué transmito mal la estupidez? Le doy drogas a menores, eso los deja idiotas y meten a más en el negocio. Si alguno apuñala a alguien o algo ya no es problema mío.
- A... Claro - dijo Eloy mientras pensaba "¿Cómo es que habla tan bien español? ¿Será obra de su casco mágico?".
- En fin, solucionado ese asunto, págame el agujero en el techo o te mato.
Eloy volvió en sí de inmediato.
- ¿Qué? Pero yo no tengo dinero.
- Huy, que mal por ti. Al menos tus riñones sanos valdrán algo.
La garra enguantada de Azkabal surcó la distancia que los separaba en microsegundos. Eloy la esquivó por un nuevo instinto que despertó en él, dejó que pasara la garra entre su cabeza y su hombro mientras empujaba su espada a través de una abertura en las hombreras de su atacante.
La espada pasó a través de la carne y el hueso, luego se encendió pero casi no causó daño ya que Azkabal dio un rápido revés que hundió la boca a Eloy y le hizo tragar un par de dientes.
Eloy escupió sangre en el suelo junto a sus encías. Se puso de rodillas, con los codos apoyados en el suelo, la espada no se había soltado de su diestra ni siquiera con la palma abierta, es más, parecía estar unida directamente con las aberturas de su mano.
Azkabal en cambio se estaba sujetando el hombro, no sangraba pero parecía que su brazo se movía erráticamente.
- ¡Tú! - gritó. - ¿Tienes idea de lo que has hecho?
Azkabal saltó contra una de las paredes del lugar, clavó las garras y arrancó un trozo de cemento de grosor considerable. Lo lanzó contra Eloy a indescriptible velocidad pero este se puso en pie con una fuerza que desconocía y dio un corte de noventa grados con su espada hacia arriba, separando los escombros a los lados lejos de él.
Fueron menos que milisegundos, pero lo vio perfectamente, las hojas de su espada se hacían intangibles mientras el centro ardía, lo que permitía un corte fino y de precisión.
"¿Qué fue lo que dijo Joven Ingenioso? ¿Algo de que esto era su mente y su alma? Claro, por eso su brazo le falla, he cortado a través de su mente y ya no lo maneja bien" pensó Eloy gesticulando la mueca de una sonrisa.
Azkabal saltó a delante, lanzando dos zarpazos que Eloy evadió para descargar su espada al pecho del felino como lo haría el martillo de un herrero contra un yunque. La armadura se agrietó un poco pero no lo suficiente, la espada no pudo pasar a través de ella.
"Claro es mágica" pensó.
Azkabal dio un gancho al rostro del muchacho que lo separó del suelo y con su mano errática se clavó en el pecho, para su mala suerte no tenía firmeza suficiente y aunque desgarró el pecho de Eloy no lo pudo sostener mucho tiempo y lo lanzó hacia atrás.
Eloy se incorporó de nuevo presa de la adrenalina, Azkabal ya estaba delante de él dispuesto a alzar una garra desde el suelo para llevarse su cara. Eloy puso la espada en diagonal en un ángulo de setenta grados con la punta hacia el suelo, obligando a la garra a redirigirse y pasar peligrosamente cerca de su cara. Entonces Eloy bajó aún más la espada y la clavó en una de las aberturas de la rodilla flexionada de su oponente. Traspasó hasta el final del bíceps femoral, los ojos de Azkabal reflejaban el dolor del fuego y la incredulidad de cómo perdía el control de su pierna.
Su rodilla giró en un ángulo imposible y directamente se partió lo que obligó a Azkabal a agacharse y su cabeza fue a encontrarse con el pomo afilado del sable atacante. Eloy introdujo el pico de su arma por el ojo de Azkabal sin titubear.
AAA.
Un rugido de dolor salió del felino y Eloy en su confianza no vio como los colmillos de Azkabal se impulsaban para aferrarse a su brazo.
¡Cras!
Sus huesos no solamente se partieron, de plano todo su brazo fue arrancado mientras Azkabal alzaba la cabeza su brazo se aferró al cuello de Eloy, lo alzó aún cuando solo podía incorporarse con un pie y luego lo lanzó con todas sus fuerzas contra la pared más alejada.
La espalda de Eloy produjo un sonido de fisura cervical impropio del cuerpo humano. El dolor que el muchacho estaba acumulando ya tendría que haberlo dejado paralítico, pero Eloy volvió a ponerse en pie.
"¿Por qué no me ha matado? Me tenía a tiro" pensó Eloy.
Volviendo a mirar a Azkabal lo encontró saltando a la pata coja, mientras hacía la ola con los brazos. Eloy lo miró fijamente a los ojos y vio como uno sangraba.
"Eso es, clavarle el pomo ha afectado directamente a su cerebro, ya no está pensando con claridad" pensó Eloy antes de ver cómo Azkabal le lanzaba una mirada fulminante. "Bueno, casi".
Azkabal recargó todo su peso en una pierna, Eloy en cambio tomó la espada por la parte del filo con la mano desnuda a modo de martillo.
- Eres imbécil muchacho - rugió el felino.
- Más de lo que parezco - reafirmó el chato.
Eloy se lanzó hacia Azkabal con más velocidad de la que había experimentado en su vida, el felino lo imitó. A mitad del encuentro Eloy hizo una parábola desde el suelo hasta el deltoides posterior de Azkabal aún dañado en su brazo errático. Clavó hasta el mango de la espada.
Azkabal lo tomó del hombro con su brazo bueno y lo empujó a modo de abrazo de forma que la espada de Eloy ya encajada en el brazo perforó el pecho del muchacho y lo atravesó hasta la empuñadura.
Eloy notaba como se le acababa el aliento, pero aún no se dio por vencido. Con un triste movimiento de mano, aferró sus uñas a las grietas del pecho de Azkabal. Se aferró a ellas y se empujó haciendo fuerza para que su cráneo fuera a parar al ojo dañado del gato.
La espada desgarró con su calor desde el pecho hasta la entrepierna y cuando el cráneo de Eloy impactó con el globo ocular, el muchacho fue succionado hacia el interior de Azkabal como una hoja de papel en un sumidero.
Eloy sintió su cuerpo caer y chocar de espaldas contra una masa de agua incolora en un fondo negro.
"Estoy... Estoy nadando en su alma" pensó.
El dolor recorrió todo el cuerpo de Eloy, se estaba desangrando, la caída le había roto los pocos huesos que le quedaban intactos y tenía la cabeza revuelta, tanto que terminó vomitando en aquel agua.
Luego Eloy cerró los ojos y con sus últimas fuerzas dijo: "Menuda estupidez".
Eloy despertó tiempo después a causa de unas carcajadas. Cuando miró a su alrededor notó que se encontraban de nuevo en el paraje de la luna. El ser delante de él se había llevado la mano a la cara y estaba riendo a pleno pulmón.
- Chico, jajajaja, chico lo que has hecho no tiene precedentes. He oído lo de estar con la mierda hasta el cuello pero tú literalmente te cagaste en su alma - el ser continuó riendo sin parar.
"¿Mierda?" Pensó Eloy.
Recapacitando en sus acciones recordó que su capacidad de expulsar excremento por la boca nunca había sido solucionada, por ende cuando vomitó en Azkabal...
- Vale, vale, ya paro - dijo el ser frotándose las lágrimas de alegría de los ojos. - Wow, hagamos un intercambio, te responderé tres preguntas si tú me dices como averiguaste la forma de entrar en su alma.
Eloy tomó aíre aunque no lo necesitaba y suspiró.
- Está bien, pero yo empiezo.
El ser se encogió de hombros.
- ¿Por qué estoy aquí de nuevo?
- Te he traído y he reconstruido tu alma, cuando te introdujiste dentro de Azkabal y luego hiciste lo tuyo, le generaste una cantidad insana de arcadas. Básicamente regurgitó sus intestinos y los tiró por el suelo. Te toca.
- Averigüé esa habilidad por intuición, cuando conseguí el arma Joven Ingenioso desapareció, tras ver cómo funcionaba deduje que con un control pleno de la mente y el alma puedes hacer que se traspasen a algo. Así cuando fuí atravesado por mi propio arma y vi que seguía consciente, decidí transmitir mi cuerpo, mente y espíritu al alma de Azkabal, básicamente lo mismo que hice para meterme en la mente de aquel loco cuando llegué aquí.
El ser asintió con la cabeza, era una buena respuesta.
- Me toca preguntar otra vez - dijo Eloy. - ¿Qué eres realmente?
- Mi verdadero nombre es Antecorotocrigonosut, mis amigos me llaman Ante. Soy una entidad que propaga la estupidez en el mundo y antes de que gastes tu última pregunta, te diré que lo hago porque es necesario. La estupidez en su justa medida trasmite felicidad, el recuerdo de una caída, una experiencia graciosa por dormir poco, una respuesta rápida... Todo eso es estúpido, pero no hace daño y hace feliz a la gente.
» Azkabal en cambio vendía droga a menores, los volvía dependientes y el ganaba dinero que a su vez gastaba en su propia hierba. Confundió estupidez con irresponsabilidad, no podía permitir eso.
- Bien, bien, última pregunta, ¿Por qué yo? Podría haber destruido toda la ciudad, hundido Míchigan, hubiera sido más fácil que fueras tú a detener a Azkabal.
- No podías causar nada de eso, tú daño era térmico y concentrado, no como el de Joven Ingenioso que era poder bruto sin más. Así mismo, Azkabal también tenía su poder concentrado en la armadura, no podía destruir nada fuera del alcance de sus puños.
Eloy asintió y luego se quedó expectante.
- ¿Hay algo más que quieras preguntar? - dijo Ante arqueando una ceja.
- ¿Por qué la mente de ese hombre estaba conectada con este lugar?
- ¿Nunca has escuchado la expresión, "tienes la cabeza en la luna"?
- A, con razón.
Ante sonrió ampliamente, casi comprensivo. Señaló a Eloy con su ya icónico bastón.
- Te mandaré a tu casa, pero recuerda que llevas tres días desaparecido, las cosas cambian.
Eloy se desprendió del suelo con forme Ante lo señalaba.
- Espera, ¿Cómo de cambiadas están?
- Demasiado tarde, no más preguntas, llegas en 10 segundos.
Ante lo regresó a la Tierra en el tiempo prometido con un movimiento de su bastón.
Eloy está vez fue detenido ya a unos cuantos metros del suelo y bajado con delicadeza cerca de un callejón donde nadie lo vio descender.
"Bien, se acabó" pensó.
Caminó unas cuantas cuadras hasta el barrio donde estaba su casa y cuando estaba por llegar, fue tomado por la espalda del cuello de la camisa y arrastrado hasta un callejón tan velozmente que apenas tuvo tiempo de soltar un "auch" cuando fue tirado al suelo.
- ¿Pero que de...
Eloy casi enmudeció cuando vio a quien tenía delante.
Con una sudadera roja y camiseta blanca, pantalones vaqueros y deportivas, una piel algo más oscura que el bronceado natural y unos ojos prácticamente muertos que complementaban el cabello corto marrón y en punta.
- John... ¿Eres tú?
Eloy estaba tan confuso y emocionado que por poco se le olvidó que podía ver muertos. ¿Sería John alguien de gran poder espiritual como Toro de luna?
- Hola Eloy - dijo John con cierto toque de melancolía.
- John, amigo, ¿Qué pasó? ¿Cómo te volviste así?
- Estás muerto Eloy.
Eloy pestañeó varias veces incrédulo.
- ¿Cómo dices? Eres tú el que murió, hace cuatro años...
- No Eloy, tú estás muerto.
Esa última frase la dijo una voz femenina a la espalda del muchacho.
Eloy giró con total descaro la cabeza para encontrarse con Mika Fujilino, su profesora de historia.
- Piensa rápido - le dijo ella tirándole un periódico.
El periódico dio a Eloy en toda la cara y cayó justo entre sus brazos. Cuando se estabilizó leyó el primer titular "Se encuentra cuerpo sin vida de niño ahorcado desde lo alto del manicomio", el artículo iba acompañado con una fotografía sin censura de Eloy colgando con un cinto al cuello desde la ventana más alta.
- Im... Imposible, un periódico jamás mostraría imágenes de esto.
- Si lo harían si les sobornas lo suficiente - contestó Mika.
- Pero, pero yo no estoy muerto.
- Eso no es lo que cree la gente - dijo John. - Nunca se esfuerzan mucho en verificarlo.
- Es un clon - dijo Eloy pausadamente, le aterraba esa idea.
- Más o menos.
- Eso fue lo que te hicieron, el camión atropelló a un clon tuyo.
- Correcto - dijo Mika alzando las manos, palmas arriba, como si tirara confeti invisible. - O Eloy, pobre y confuso Eloy, esta nariz que tengo puede encontrar todo en ocho kilómetros a la redonda, estos ojitos localizan lo que sea y estás orejas pueden escuchar como hablas solo en clase.
» Susurras en frecuencias muy bajas, como si hablaras con fantasmas y no quisieras que nadie lo viera.
» ¿Te acuerdas de ese examen de historia con esa pregunta de puntos extra? Esa que decía "Sabrías escribir una frase en algún idioma nativo norteamericano. Te escuché susurrar, te vi haciendo gestos mínimos con la boca y la cabeza. A no ser que esperes que me crea que el imbécil de Eloy no sabe hablar inglés pero si el idioma de los apaches que ni siquiera sabían escribirlo.
Eloy guardó silencio, consternado ante tanta información.
- Eloy... - dijo John. - Por favor, dile que es mentira, dile que no puedes ver muertos y acabemos con esta tontería.
- Mira - dijo Mika. - Tu amigo aún no se lo cree, y eso que ni siquiera te ha extrañado verlo con vida, como si ya de ante mano pudieras ver muertos.
La distancia entre Mika y Eloy se acortó de golpe, ella ya estaba a su lado susurrándole al oído.
- Te tengo agarrado de los huevos cabrón, confiesa.
Eloy retrocedió hasta tener la espalda pegada a la pared, estaba hiperventilando.
- S... I, si si, yo puedo ver muertos - dijo Eloy.
- Perfecto, vámonos que tenemos trabajo - dijo Mika.
John se acercó a su amigo y lo levantó tomándolo por el hombro con su propio brazo.
- Hey, yo no quiero ir con voso...
Antes de que pudiera acabar el puño de Mika se hundió en la pared de concreto que tenían a la derecha. Mika atravesó la pared con la mano y llegó hasta el codo.
- No te estaba dando otra opción - dijo Mika. - A demás, lo pasarás bien, si te comportas como es debido quizás hasta te haga un clon de Maléfica solo para tí.
La sonrisa de medio lado de Mika se grabó a fuego en la mente de Eloy. Ya había visto esa sonrisa antes, en la de los muertos que habían cometido actos atroces y aún como almas en pena no se arrepentían.
Que estúpido, la oscuridad de la mente humana siempre le quedó grande, ese fue el comienzo de la agonía de Eloy.







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