Creepypasta: la agonía de Eloy (remake).

 

Mientras Eloy empuña su espada piensa en como a llegado hasta aquí. Los gritos aún le persiguen por las noches y sus tripas siguen revueltas. Hace cinco años nunca hubiera pensado que la mente humana era tan compleja.

A Eloy la gente siempre le había considerado un imbécil, y la verdad sea dicha, era difícil no pensar eso de él. Casi siempre suspendía los exámenes, siempre vestía con sudadera gris incluso en verano, tenía un cuerpo flaco poco trabajado y tampoco es que tuviera muchos amigos. Además de esto, Eloy siempre se centraba en sacar temas asquerosos, como "¿Cual es la cosa más guarra que os pone más cachondos?". Naturalmente él era el único que respondía sus propias preguntas, la respuesta a la anterior es Maléfica, la versión clásica.

Ante todo, Eloy tenía un secreto, una habilidad que lo diferenciaba del resto de personas. Eloy podía ver a los muertos, llevaba viendo muertos desde los 9 años.

Los muertos que Eloy veía no eran como en las películas, más que personas eran entidades blanquecinas, cuerpos compuestos de luz de los cuales solo se podían ver las caras.

En ocasiones muy raras, Eloy se encontraba con entidades con un gran dominio del poder espiritual, el más extraño que había encontrado era un indio apache del cuál se había hecho amigo.

El indio decía ser el dios de los animales atropellados. Según su historia, él había muerto atropellado por el primer ferrocarril de Estados Unidos mientras preparaba un hechizo que le permitiría observar a través de la mente humana, lo llamaba el "Detailense" y había guardado la energía del hechizo dentro de unas gafas especiales.
Este indio que se hacía llamar "Toro de luna" sabía comunicarse en 75 idiomas y cuando no estaba traumatizando cazadores furtivos le gustaba hablar con Eloy. Para Eloy, él era como un amigo del más allá, para Toro, Eloy solo era un imbécil con mucha suerte, ya que Eloy era mestizo y descendiente de apaches y los primeros colonos españoles que exploraron Norteamérica. Razón por la cual Eloy tenía cierta conexión espiritual avanzada.
La vida de Eloy dio un vuelco de ciento ochenta grados un fatídico día 2 de noviembre de 2012.
A las seis A.M de ese día recibió un mensaje de su amigo John diciendo que por favor lo fueran a ver a las ocho en la plaza, necesitaba hablar luego del reciente suicidio de su madre.
Para las siete A.M Eloy ya había hablado con los otros tres amigos de su grupo, todos habían recibido el mismo mensaje y se habían puesto de acuerdo sobre que decir para ayudar a John.
Cuando el grupo de cuatro amigos se reunió en la plaza John no se presentó ni a las ocho, ni a las ocho y media.
- Que raro, John nunca se suele retrasar y definitivamente no lo haría con algo tan importante - dijo uno de los amigos.
- Tal vez se ha torcido un pie de camino aquí, deberíamos ir a ver - dijo Eloy.
- No seas imbécil Eloy, claramente se ha sentido tan mal por esta situación que no tendrá fuerzas para venir - dijo otro amigo.
- Eso suena todavía más estúpido - Eloy se levantó para encarar al chaval que le había llevado la contraria.
- Ya cálmense pendejos - dijo el primero. - John está pasando por algo muy duro, si al final no puede venir no se lo vamos a echar en cara. Si no se presenta aquí a las nueve lo mejor será ir a clase.
El grupo de cuatro amigos asintió y esperó hasta las nueve, pero John no apareció. Así que, asumiendo que habría explicaciones más tarde, se pusieron en marcha al instituto.
Cuando el grupo de niños llegó se vio sorprendido por varios coches patrulla en la entrada. ¿Habrían atrapado a alguien fumando? A veces pasaba eso y ciertos profesores eran algo dramáticos.
Eloy y sus amigos no pudieron pasar de la entrada, un grupo de policías los preguntaron su edad y su clase, tras eso los llevaron por separado a la comisaría para un rápido interrogatorio.
La explicación no tardó en llegar pero para Eloy fue preocupante. John, su mejor amigo, se había vuelto loco y había asesinado a toda la clase para luego suicidarse.
Asumir esta lluvia de información fue difícil, más aún por la nula delicadeza con la cual la policía tocaba el tema, y porque Eloy estuvo los dos siguientes meses de su vida viendo los fantasmas de sus compañeros rondar por los pasillos.
Eloy jamás se atrevió ha hablar con ellos, si pasaba por su lado actuaba como si no los viera, pero aún así los escuchaba. Les oía llorar, algunos maldecían a John, otros intentaban golpear a la gente pero sus cuerpos espirituales pasaban por ellos sin dañarlos. En general, todos levitaban como almas en pena melancólicas.
Pasaron cuatro años tras eso, ya con 18 Eloy se había distanciado de sus viejos amigos, de todos menos uno, Toro de luna aparecía de vez en cuando y platicaba con él las formas que se le habían ocurrido para joder a los cazadores furtivos.
En general, Eloy no se quejaba de su vida, había decidido estudiar psicología para poder entender la mente humana, cosa que un sábado por la mañana le comentó a Toro.
- Me parece una idiotez - dijo Toro de luna.
- ¿Eso por qué? Es una buena idea - dijo Eloy.
- Lo parece, pero no me creo que tú quieras hacer eso por opción, menos por gusto. No soportas a las personas normales, menos soportaras estudiar locos.
- Los psicólogos no "estudian locos" - dijo Eloy remedándolo. - Estudian los comportamientos humanos y sus causas.
- Pero tú quieres estudiar locos - insistió él.
- ¿Qué te hace pensar eso? - dijo Eloy frunciendo el ceño.
- Que aún no superas el incidente de tu amigo, que quieres estudiar la locura solo porque quieres evitar que esa situación se repita.
Eloy guardó silencio un momento.
- ¿Y que si es así? ¿Mejor no? Si aprendo a identificar a un loco podría evitar masacres.
Toro le miró alzando una ceja.
- Tú eres imbécil Eloy, tú no quieres ayudar, tú quieres evitar volver a ver fantasmas. Si tratas a la mente humana con egoísmo te terminarás haciendo daño.
Eloy se puso en pie sobresaltado, su metro sesenta y cinco no era nada para la altura de Toro pero de todas formas intentó intimidarlo.
- A claro, el tipo que no pudo ni evitar un ferrocarril que iba a 50 kilómetros hora me va a dar lecciones sobre inteligencia.
- Yo veo la mente humana, la comprendo lo poco que puedo.
- ¿Cómo haces eso? ¿Con un aparato que ni usas? Eres un supersticioso - Eloy elevó la voz. - La mente humana solo se forma por descargas eléctricas entre neuronas, no hay ni complejidad, ni magia, ni nada de eso.
El indio se encogió de hombros y negó con la cabeza. - Tú mismo chico. - dijo con desdén.
- ¿Te atreves a negarlo? Dame ese invento, voy a desmontar esa patraña de cuento que tienes.
- Tu soberbia habla por ti, no seas imbécil y...
- Deja de llamarme eso - gritó Eloy apretando los puños. - No creo nada de lo que dices, es más, seguramente ni seas real. Eso es, seguro que eres producto de mi imaginación y no quieres que estudie para que no lo descubra.
Eloy ni entendía ni se creía lo que acababa de decir. Toro de luna puso los ojos en blanco.
- Tú mismo, yo te advertí.
Toro de luna puso un extraño aparato sobre la mesita de noche de Eloy.
- He aquí el Detailense, mira lo más profundo de la mente humana. Si te atreves.
Eloy lo tomó sin que le temblara el pulso, miró a Toro a la cara. - Suenas como un comercial de teletienda, que lo sepas -.
Eloy salió a la calle, iba a encontrar a alguien loco para demostrar su teoría de que la mente humana no era tan compleja y que Toro solo exageraba. 
Caminando con determinación llegó hasta el manicomio de su ciudad, allí encontró en el tejado a tres médicos que trataban de tranquilizar a un paciente. El hombre tenía una bata blanca rasgada sin nada debajo y empuñaba un bisturí con manos temblorosas.
Antes de que Eloy pudiera comprender mejor la situación el hombre saltó al vacío. Eloy tomó el Detailense y se lo puso en la cabeza a la altura de los ojos segundos antes de que el hombre tocara el suelo.
De pronto todo se volvió oscuro.
Eloy volvió abrir los ojos en medio de una espesa niebla de carbón, tal como si estuviera dentro de una nube negra. Tosió fuertemente y se llevó la mano a la cara, tapando nariz y boca para respirar lo menos posible.
Ese lugar olía a huevos podridos y carne en descomposición, se podía sentir cierto toque ácido en los labios.
No había prácticamente ruido salvo voces a la lejanía que no se podían entender.
Conforme Eloy se fue tranquilizando se dio cuenta de que no necesitaba respirar en aquel lugar y aun así ese fuerte olor putrefacto se había impregnado en sus fosas nasales y podía sentirlo.
Eloy empezó a caminar por el lugar, pese a la escasez de luz pudo notar como el suelo era rocoso y de un color grisáceo extraño que parecía sacado de otro mundo.
Eloy caminó a tientas por la oscuridad hasta que sus manos tocaron la espalda de alguien.
- ¿Qué vergas me tocas pendejo? - dijo una voz joven que sobresaltó a Eloy y lo hizo retroceder un paso.
- Perdón carnal - dijo Eloy lo más rápido que pudo. - Es que me he perdido y no se donde chota estoy.
- ¿Esa es tu escusa para manosearme? - pregunta increpante la voz. - Dime quién eres pero en fa y mientras me pienso el si partirte la madre o no.
El portador de la voz se dio la vuelta y se acercó más a Eloy. Este pudo distinguir varios rasgos humanos. Delante de él estaba un joven de no más de quince años, tenía una cara de subnormal que no podía con ella, su piel era pálida (casi parecía sacado de un anuncio de leche de Irlanda) y su pelo negro estaba despeinado en puntas y se confundía con el fondo de polvo negro. Iba vestido con una chamarra verde oscuro que le cubría hasta los pies y apenas dejaba visible el pico de su camisa, que era negra con letras estampadas de My chemical romance.
- Me llamo Eloy, terminé aquí luego de intentar ver la mente de un loco con unas gafas mágicas -. Eloy dijo esto sin titubear pero enseguida se dio cuenta de lo estúpido que sonaba, aunque claro, todo en esta situación lo era.
El chaval se quedó sopesando esa información mientras frotaba su lampiña barbilla.
- Tiene sentido, me llamo Joven Ingenioso y estoy aquí desde que el sol es sol - contestó.
Eloy pestañeó tres veces seguidas, como si no dara crédito a lo que acababa de oír.
- Claro, como no - respondió. - Al chile que bueno, ¿Sabes alguna forma de salir de...
Eloy paró en seco de hablar al darse cuenta de que estaba solo. ¿Cómo era posible? Si Joven Ingenioso estaba delante de él y no le había quitado la vista de encima.
"Será por la niebla" pensó Eloy, así continuó su camino hacia ninguna parte.
Eloy terminó por perder la noción del tiempo, prácticamente se volvió loco, corría en círculos hacia ninguna parte, gritaba y a veces golpeaba el suelo solo para sentir que aún tenía cuerpo. Llevaba lo menos tres días caminando, su olfato ya se había acostumbrado y prácticamente no olía nada, su cerebro había asimilado los gritos como ruido blanco y los ojos se le habían adaptado mejor a la oscuridad. Con este panorama no cabía en su gozo cuando por fin vio algo diferente, la nube negra se acababa para mostrar un poco de luz a ras del suelo.
Eloy corrió como no lo había hecho antes en su vida, pisó esa luz y se revolcó en ella, se tumbó de cara al cielo y lo miró, era hermoso ver algo más que humo. Observó las estrellas, buscaba las constelaciones pero encontró algo más, encontró un punto azul, marrón, verde y blanco en el espacio.
El planeta tierra.
Miró mejor la superficie sobre la cual estaba tirado, reconoció el color del polvo y los cráteres, estaba en la luna.
- Su puta madre... - apenas alcanzó a susurrar.
- ¿Qué te pasa cabrón? Parece que hallas visto un fantasma.
Eloy se incorporó sobresaltado solo para ver a Joven Ingenioso con su cara de subnormal aún más acentuada que antes y una sonrisa que abarcaba la comisura de sus labios más de lo que debía.
- Ya me llegó mi hora, ahora viene la tuya - dijo Joven Ingenioso y desapareció de su vista.
Eloy quedó perplejo ante esto unos seis segundos antes de ver salir de la nube negra un espeso humo blanco traído ahí por una entidad más grande que una casa y más indescriptible que las profundidades marinas.
La niebla empezó a girar en su epicentro, su formación tomó rasgos más humanos hasta volverse uno. Se convirtió en un adulto de veintitantos, su cara más bien rectangular y su pelo marrón que parecía mojado le dio vibras a Eloy, como si fuera un actor que no reconocía. Llevaba una chaqueta de cuero y dentro un smoking blanco con bufanda negra. En la cintura llevaba un faldellín romano y ceñido al mismo con correas de cuero cargaba un bastón del siglo XIX cuya empuñadura eran signos de fuego. Lo más destacado eran sus manos anchas, la derecha con un anillo y la izquierda con dos.
- Hola... - dijo despacio Eloy, como para asegurarse de que entendía su idioma.
De un rápido movimiento imposible de captar para los ojos de Eloy, aquel ser introdujo la empuñadura de su bastón por el recto del muchacho.
Dolor.
Aunque Eloy quiso, no pudo gritar, el bastón genero un calor abrumador que fundió desde sus intestinos hasta su boca. Eloy sentía como se deshacían sus órganos internos y aún así, seguía vivo.
El ser soltó una sonora carcajada mientras sacaba el bastón. El interior de Eloy siendo ahora una pasta sin forma empezó a reconstruirse, conectando su intestino con su cabeza y con su boca. Eloy tosió con todas sus fuerzas expulsando heces y bilis mientras el ser no detenía su risa.
- Ahora haz solo una pregunta - dijo el ser.
- ¿Cómo puedo salir de aquí? - dijo Eloy por automático.
- Buena pregunta.
El ser chasqueó los dedos y toda la superficie lunar antes cubierta por la nube negra se desvaneció. Entre los restos de humareda disuelta estaba Joven Ingenioso, solo estaba ahí de pie, mirando con genuina curiosidad.
- Él es uno de mis paiotoki , su función es trasmitir la estupidez por el mundo, ¿Lo entiendes?.
Eloy asintió.
- Si quieres salir de aquí tienes dos opciones, puedes volverte mi paiotoki, tendrás que hacer todo lo que yo te diga en todo momento, es posible que eso incluya hacer daño a un par de personas, como él loco ese al que intentaste leer la mente, algo así.
Eloy pensó en esas palabras a la par que recordaba lo que dijo Toro de luna sobre la complejidad de la mente humana.
- Otra opción es ganarte tu libertad, para ello tendrás que matar a un paiotoki. Con eso demostrarás que mereces ser algo más que eso.
"¿Matar a un paiotoki? Básicamente me está pidiendo matar a alguien tonto" pensó Eloy mientras miraba a aquel ser y luego desviaba un poco la mirada a Joven Ingenioso. "Si todos son como ese creo que sí podría" pensó Eloy, no se ruborizó ni un poco ante la idea de matar a alguien.
- Entonces ¿Qué opción escoges? - preguntó el ser.
- La opción número dos - dijo Eloy determinado.
- Perfecto - dijo el ser. - ¿Has oído hablar de Míchigan? Es junto a Florida de mis estados favoritos, allí hasta el tiempo es estúpido.
Eloy asintió con la cabeza.
- Vale, pues te voy a mandar a Detroid, directamente al refugio de Azkabal, él era un gato tonto que me servía pero desde que encontró un casco de dragón mágico se ha vuelto muy poderoso y ahora no hace bien su trabajo y es una amenaza que no atiende a razones.

Eloy asintió de nuevo.

- Chico tú verdaderamente eres estúpido, no te estás cuestionando nada - dijo el ser.

- No le metas presión, tiene la cabeza echa mierda - dijo Joven Ingenioso mientras se reía.

- ¿No vale si desvalijo a este pendejo? - dijo Eloy señalando a Joven Ingenioso.

- No te dan los huevos - dijo Joven Ingenioso mientras sacaba de su manga derecha una espada.

- Suelta eso - dijo el ser de manera calmada - ahora.

La expresión de Joven Ingenioso cambió y dejó que la espada resbalara de sus dedos. Cayó a la superficie de roca lunar hundiéndose hasta la empuñadura, cuando esta hizo contacto con el suelo todo el diámetro del satélite se fragmentó en ocho en grietas que alcanzaban profundidades kilométricas.

Eloy abrió los ojos de par en par, para el ser eso era cosa de todos los martes.

- Párale, párale - dijo Eloy. - ¿Ese tal gato de la tierra también tendrá un poder así?

- No - dijo el ser. Hubo cierto atisbo de calma en la expresión de Eloy, que se disipó cuando el ser dijo. - Tendrá más.

- Yo no puedo enfrentar una cosa así, me matará.

- Pues tendrías que habértelo pensado, ya no se admiten cambios.

Eloy miró con gran terror en sus ojos al ser. Este le devolvió una mirada de medio lado.

- Esta bien, podrás llevarte esta espada para realizar tu tarea - dijo el ser apuntando con el bastón al mango que sobresalía.

- Pero yo no sé usar una espada - dijo Eloy.

El ser le dio un toque con el bastón en la cabeza.

- Ahora ya sí.

Lo cierto es que Eloy se sintió más confiado, avanzó a zancadas hasta la empuñadura hundida y le echó una sonrisa arrogante a Joven Ingenioso para que se apartara.

Cuando Eloy puso las palmas sobre el metal sintió un corte profundo y las retiró con un alarido.

- ¿Qué? - dijo Joven Ingenioso. - Básicamente vas a apropiarte de mi mente y de mi alma, ¿No esperarías enserio que te fuera a salir gratis?

Eloy se miró las manos, estaban sangrando como si se las hubiera cortado horizontalmente con una navaja. Tomó aire y volvió a poner sus manos en la empuñadura. Empujó con todas sus fuerzas y la espada poco a poco empezó a salir conforme se adaptaba a su cuerpo.

Primero tomó una forma más legendaria, con un fuerte color azul en el centro y fuego en los filos. Luego se volvió más roja y concentró el poder en el centro, la empuñadura se extendió hasta más adentrada la espada y se hizo más asequible para sostenerla a dos manos.

Cuando el proceso terminó Joven Ingenioso ya no estaba con ellos. El ser asintió y apuntando a Eloy con su cetro lo hizo levitar tres palmos del suelo.

- Llegarás a Detroid en veinte segundos, prepárate.

- ¿Como dices?

El ser hizo un movimiento en medio arco con el bastón a la par que Eloy salía disparado hacia el planeta, como si fuera el anzuelo de una caña de pescar.

La cabeza de Eloy atravesó siete pisos de concreto y se enterró a lo largo de dos metros de suelo por los que fue arrastrado dejando un surco.

Cuando Eloy levantó la cabeza y se incorporó con la mayor dignidad posible se encontró a un felino antropomórfico sentado con las piernas cruzadas mientras fumaba hierva de gato en una cachimba.

- ¿Qué estás haciendo en mi ático? - dijo el felino con una voz cómicamente intimidante.

- Esto... Esto es un sótano.

- Es un ático invertido mono estúpido.

Eloy miró a través del agujero por el que había caído, si solo hubiera sido lanzado diez segundos más despacio podría haber reaccionado bien.

Eloy se encontraba en lo que a todas luces era la planta menos dos de un garaje privado. El suelo era de baldosas grises y el techo tenía unas finísimas lámparas incorporadas que contribuían al brillo casi metálico del lugar.

Eloy tragó saliva y con la voz más intimidante que pudo poner dijo - Azkabal, me envían a matarte. Eloy subió la espada hasta que la punta apuntaba a los ojos del felino en la distancia de tres metros a la que se encontraban separados el uno del otro.

Azkabal se incorporó, de pie y puesto a dos patas llegaba casi a los dos metros. Su cuerpo estaba ataviado con una reluciente armadura de bronce y oro. De su cara de gato sobresalían bigotes de fino oro y sus ojos antes marrones como el desierto ahora destacaban en un rojo algo intenso, seguramente efecto de la hierva.

- Quiero que me lo repitas - dijo Azkabal mientras presionaba los laterales de su cabeza y formaba un casco más cerrado que daba mayor resplandor a sus ojos.

- Me atrapaste wey, no quiero hacer esto - dijo Eloy bajando la espada.

- ¿Entonces que haces aquí? - Me dijeron que tu misión era trasmitir la estupidez pero que lo haces mal, tengo que matarte y recuperaré mi libertad.

- ¿Qué transmito mal la estupidez? Le doy drogas a menores, eso los deja idiotas y meten a más en el negocio. Si alguno apuñala a alguien o algo ya no es problema mío.

- A... Claro - dijo Eloy mientras pensaba "¿Cómo es que habla tan bien español? ¿Será obra de su casco mágico?".

- En fin, solucionado ese asunto, págame el agujero en el techo o te mato.

Eloy volvió en sí de inmediato.

- ¿Qué? Pero yo no tengo dinero.

- Huy, que mal por ti. Al menos tus riñones sanos valdrán algo.

La garra enguantada de Azkabal surcó la distancia que los separaba en microsegundos. Eloy la esquivó por un nuevo instinto que despertó en él, dejó que pasara la garra entre su cabeza y su hombro mientras empujaba su espada a través de una abertura en las hombreras de su atacante.

La espada pasó a través de la carne y el hueso, luego se encendió pero casi no causó daño ya que Azkabal dio un rápido revés que hundió la boca a Eloy y le hizo tragar un par de dientes.

Eloy escupió sangre en el suelo junto a sus encías. Se puso de rodillas, con los codos apoyados en el suelo, la espada no se había soltado de su diestra ni siquiera con la palma abierta, es más, parecía estar unida directamente con las aberturas de su mano.

Azkabal en cambio se estaba sujetando el hombro, no sangraba pero parecía que su brazo se movía erráticamente.

- ¡Tú! - gritó. - ¿Tienes idea de lo que has hecho? 

Azkabal saltó contra una de las paredes del lugar, clavó las garras y arrancó un trozo de cemento de grosor considerable. Lo lanzó contra Eloy a indescriptible velocidad pero este se puso en pie con una fuerza que desconocía y dio un corte de noventa grados con su espada hacia arriba, separando los escombros a los lados lejos de él.

Fueron menos que milisegundos, pero lo vio perfectamente, las hojas de su espada se hacían intangibles mientras el centro ardía, lo que permitía un corte fino y de precisión.

"¿Qué fue lo que dijo Joven Ingenioso? ¿Algo de que esto era su mente y su alma?  Claro, por eso su brazo le falla, he cortado a través de su mente y ya no lo maneja bien" pensó Eloy gesticulando la mueca de una sonrisa.

Azkabal saltó a delante, lanzando dos zarpazos que Eloy evadió para descargar su espada al pecho del felino como lo haría el martillo de un herrero contra un yunque. La armadura se agrietó un poco pero no lo suficiente, la espada no pudo pasar a través de ella.

"Claro es mágica" pensó.

Azkabal dio un gancho al rostro del muchacho que lo separó del suelo y con su mano errática se clavó en el pecho, para su mala suerte no tenía firmeza suficiente y aunque desgarró el pecho de Eloy no lo pudo sostener mucho tiempo y lo lanzó hacia atrás.

Eloy se incorporó de nuevo presa de la adrenalina, Azkabal ya estaba delante de él dispuesto a alzar una garra desde el suelo para llevarse su cara. Eloy puso la espada en diagonal en un ángulo de setenta grados con la punta hacia el suelo, obligando a la garra a redirigirse y pasar peligrosamente cerca de su cara. Entonces Eloy bajó aún más la espada y la clavó en una de las aberturas de la rodilla flexionada de su oponente. Traspasó hasta el final del bíceps femoral, los ojos de Azkabal reflejaban el dolor del fuego y la incredulidad de cómo perdía el control de su pierna.

Su rodilla giró en un ángulo imposible y directamente se partió lo que obligó a Azkabal a agacharse y su cabeza fue a encontrarse con el pomo afilado del sable atacante. Eloy introdujo el pico de su arma por el ojo de Azkabal sin titubear.

AAA.

Un rugido de dolor salió del felino y Eloy en su confianza no vio como los colmillos de Azkabal se impulsaban para aferrarse a su brazo.

¡Cras!

Sus huesos no solamente se partieron, de plano todo su brazo fue arrancado mientras Azkabal alzaba la cabeza su brazo se aferró al cuello de Eloy, lo alzó aún cuando solo podía incorporarse con un pie y luego lo lanzó con todas sus fuerzas contra la pared más alejada.

La espalda de Eloy produjo un sonido de fisura cervical impropio del cuerpo humano. El dolor que el muchacho estaba acumulando ya tendría que haberlo dejado paralítico, pero Eloy volvió a ponerse en pie.

"¿Por qué no me ha matado? Me tenía a tiro" pensó Eloy.

Volviendo a mirar a Azkabal lo encontró saltando a la pata coja, mientras hacía la ola con los brazos. Eloy lo miró fijamente a los ojos y vio como uno sangraba.

"Eso es, clavarle el pomo ha afectado directamente a su cerebro, ya no está pensando con claridad" pensó Eloy antes de ver cómo Azkabal le lanzaba una mirada fulminante. "Bueno, casi".

Azkabal recargó todo su peso en una pierna, Eloy en cambio tomó la espada por la parte del filo con la mano desnuda a modo de martillo.

- Eres imbécil muchacho - rugió el felino.

- Más de lo que parezco - reafirmó el chato.

Eloy se lanzó hacia Azkabal con más velocidad de la que había experimentado en su vida, el felino lo imitó. A mitad del encuentro Eloy hizo una parábola desde el suelo hasta el deltoides posterior de Azkabal aún dañado en su brazo errático. Clavó hasta el mango de la espada.

Azkabal lo tomó del hombro con su brazo bueno y lo empujó a modo de abrazo de forma que la espada de Eloy ya encajada en el brazo perforó el pecho del muchacho y lo atravesó hasta la empuñadura.

Eloy notaba como se le acababa el aliento, pero aún no se dio por vencido. Con un triste movimiento de mano, aferró sus uñas a las grietas del pecho de Azkabal. Se aferró a ellas y se empujó haciendo fuerza para que su cráneo fuera a parar al ojo dañado del gato.

La espada desgarró con su calor desde el pecho hasta la entrepierna y cuando el cráneo de Eloy impactó con el globo ocular, el muchacho fue succionado hacia el interior de Azkabal como una hoja de papel en un sumidero.

Eloy sintió su cuerpo caer y chocar de espaldas contra una masa de agua incolora en un fondo negro.

"Estoy... Estoy nadando en su alma" pensó.

El dolor recorrió todo el cuerpo de Eloy, se estaba desangrando, la caída le había roto los pocos huesos que le quedaban intactos y tenía la cabeza revuelta, tanto que terminó vomitando en aquel agua.

Luego Eloy cerró los ojos y con sus últimas fuerzas dijo: "Menuda estupidez".

Eloy despertó tiempo después a causa de unas carcajadas. Cuando miró a su alrededor notó que se encontraban de nuevo en el paraje de la luna. El ser delante de él se había llevado la mano a la cara y estaba riendo a pleno pulmón.

- Chico, jajajaja, chico lo que has hecho no tiene precedentes. He oído lo de estar con la mierda hasta el cuello pero tú literalmente te cagaste en su alma - el ser continuó riendo sin parar.

"¿Mierda?" Pensó Eloy.

Recapacitando en sus acciones recordó que su capacidad de expulsar excremento por la boca nunca había sido solucionada, por ende cuando vomitó en Azkabal...

- Vale, vale, ya paro - dijo el ser frotándose las lágrimas de alegría de los ojos. - Wow, hagamos un intercambio, te responderé tres preguntas si tú me dices como averiguaste la forma de entrar en su alma.

Eloy tomó aíre aunque no lo necesitaba y suspiró.

- Está bien, pero yo empiezo.

El ser se encogió de hombros.

- ¿Por qué estoy aquí de nuevo?

- Te he traído y he reconstruido tu alma, cuando te introdujiste dentro de Azkabal y luego hiciste lo tuyo, le generaste una cantidad insana de arcadas. Básicamente regurgitó sus intestinos y los tiró por el suelo. Te toca.

- Averigüé esa habilidad por intuición, cuando conseguí el arma Joven Ingenioso desapareció, tras ver cómo funcionaba deduje que con un control pleno de la mente y el alma puedes hacer que se traspasen a algo. Así cuando fuí atravesado por mi propio arma y vi que seguía consciente, decidí transmitir mi cuerpo, mente y espíritu al alma de Azkabal, básicamente lo mismo que hice para meterme en la mente de aquel loco cuando llegué aquí.

El ser asintió con la cabeza, era una buena respuesta.

- Me toca preguntar otra vez - dijo Eloy. - ¿Qué eres realmente?

- Mi verdadero nombre es Antecorotocrigonosut, mis amigos me llaman Ante. Soy una entidad que propaga la estupidez en el mundo y antes de que gastes tu última pregunta, te diré que lo hago porque es necesario. La estupidez en su justa medida trasmite felicidad, el recuerdo de una caída, una experiencia graciosa por dormir poco, una respuesta rápida... Todo eso es estúpido, pero no hace daño y hace feliz a la gente.

» Azkabal en cambio vendía droga a menores, los volvía dependientes y el ganaba dinero que a su vez gastaba en su propia hierba. Confundió estupidez con irresponsabilidad, no podía permitir eso.

- Bien, bien, última pregunta, ¿Por qué yo? Podría haber destruido toda la ciudad, hundido Míchigan, hubiera sido más fácil que fueras tú a detener a Azkabal.

- No podías causar nada de eso, tú daño era térmico y concentrado, no como el de Joven Ingenioso que era poder bruto sin más. Así mismo, Azkabal también tenía su poder concentrado en la armadura, no podía destruir nada fuera del alcance de sus puños.

Eloy asintió y luego se quedó expectante.

- ¿Hay algo más que quieras preguntar? - dijo Ante arqueando una ceja.

- ¿Por qué la mente de ese hombre estaba conectada con este lugar?

- ¿Nunca has escuchado la expresión, "tienes la cabeza en la luna"?

- A, con razón.

Ante sonrió ampliamente, casi comprensivo. Señaló a Eloy con su ya icónico bastón.

- Te mandaré a tu casa, pero recuerda que llevas tres días desaparecido, las cosas cambian.

Eloy se desprendió del suelo con forme Ante lo señalaba.

- Espera, ¿Cómo de cambiadas están?

- Demasiado tarde, no más preguntas, llegas en 10 segundos.

Ante lo regresó a la Tierra en el tiempo prometido con un movimiento de su bastón.

Eloy está vez fue detenido ya a unos cuantos metros del suelo y bajado con delicadeza cerca de un callejón donde nadie lo vio descender.

"Bien, se acabó" pensó.

Caminó unas cuantas cuadras hasta el barrio donde estaba su casa y cuando estaba por llegar, fue tomado por la espalda del cuello de la camisa y arrastrado hasta un callejón tan velozmente que apenas tuvo tiempo de soltar un "auch" cuando fue tirado al suelo.

- ¿Pero que de...

Eloy casi enmudeció cuando vio a quien tenía delante.

Con una sudadera roja y camiseta blanca, pantalones vaqueros y deportivas, una piel algo más oscura que el bronceado natural y unos ojos prácticamente muertos que complementaban el cabello corto marrón y en punta.

- John... ¿Eres tú?

Eloy estaba tan confuso y emocionado que por poco se le olvidó que podía ver muertos. ¿Sería John alguien de gran poder espiritual como Toro de luna?

- Hola Eloy - dijo John con cierto toque de melancolía.

- John, amigo, ¿Qué pasó? ¿Cómo te volviste así?

- Estás muerto Eloy.

Eloy pestañeó varias veces incrédulo.

- ¿Cómo dices? Eres tú el que murió, hace cuatro años...

- No Eloy, tú estás muerto.

Esa última frase la dijo una voz femenina a la espalda del muchacho.

Eloy giró con total descaro la cabeza para encontrarse con Mika Fujilino, su profesora de historia.

- Piensa rápido - le dijo ella tirándole un periódico.

El periódico dio a Eloy en toda la cara y cayó justo entre sus brazos. Cuando se estabilizó leyó el primer titular "Se encuentra cuerpo sin vida de niño ahorcado desde lo alto del manicomio", el artículo iba acompañado con una fotografía sin censura de Eloy colgando con un cinto al cuello desde la ventana más alta.

- Im... Imposible, un periódico jamás mostraría imágenes de esto.

- Si lo harían si les sobornas lo suficiente - contestó Mika.

- Pero, pero yo no estoy muerto.

- Eso no es lo que cree la gente - dijo John. - Nunca se esfuerzan mucho en verificarlo.

- Es un clon - dijo Eloy pausadamente, le aterraba esa idea.

- Más o menos.

- Eso fue lo que te hicieron, el camión atropelló a un clon tuyo.

- Correcto - dijo Mika alzando las manos, palmas arriba, como si tirara confeti invisible. - O Eloy, pobre y confuso Eloy, esta nariz que tengo puede encontrar todo en ocho kilómetros a la redonda, estos ojitos localizan lo que sea y estás orejas pueden escuchar como hablas solo en clase.

» Susurras en frecuencias muy bajas, como si hablaras con fantasmas y no quisieras que nadie lo viera.

» ¿Te acuerdas de ese examen de historia con esa pregunta de puntos extra? Esa que decía "Sabrías escribir una frase en algún idioma nativo norteamericano. Te escuché susurrar, te vi haciendo gestos mínimos con la boca y la cabeza. A no ser que esperes que me crea que el imbécil de Eloy no sabe hablar inglés pero si el idioma de los apaches que ni siquiera sabían escribirlo.

Eloy guardó silencio, consternado ante tanta información.

- Eloy... - dijo John. - Por favor, dile que es mentira, dile que no puedes ver muertos y acabemos con esta tontería.

- Mira - dijo Mika. - Tu amigo aún no se lo cree, y eso que ni siquiera te ha extrañado verlo con vida, como si ya de ante mano pudieras ver muertos.

La distancia entre Mika y Eloy se acortó de golpe, ella ya estaba a su lado susurrándole al oído.

- Te tengo agarrado de los huevos cabrón, confiesa.

Eloy retrocedió hasta tener la espalda pegada a la pared, estaba hiperventilando.

- S... I, si si, yo puedo ver muertos - dijo Eloy.

- Perfecto, vámonos que tenemos trabajo - dijo Mika.

John se acercó a su amigo y lo levantó tomándolo por el hombro con su propio brazo.

- Hey, yo no quiero ir con voso...

Antes de que pudiera acabar el puño de Mika se hundió en la pared de concreto que tenían a la derecha. Mika atravesó la pared con la mano y llegó hasta el codo.

- No te estaba dando otra opción - dijo Mika. - A demás, lo pasarás bien, si te comportas como es debido quizás hasta te haga un clon de Maléfica solo para tí.

La sonrisa de medio lado de Mika se grabó a fuego en la mente de Eloy. Ya había visto esa sonrisa antes, en la de los muertos que habían cometido actos atroces y aún como almas en pena no se arrepentían.

Que estúpido, la oscuridad de la mente humana siempre le quedó grande, ese fue el comienzo de la agonía de Eloy.

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