Doki Doki Figth Club - parte final.

 

Fuente.

Capítulo 46: Cracker Jacker.

Cuatro de la mañana, una chica llama a nuestra puerta, en cinco minutos más morirá. 

Cuatro y seis de la mañana, Monika abre mi puerta de una patada y me tira varias cinta recubiertas de yeso a los pies de la cama.

- Kotonoha nos ha traicionado - me dice. - a secuestrado a MC y va a matarlo.

Cuatro y siete de la mañana, el cadáver de la puerta es el cuerpo de Cristina, le falta un ojo, tiene varios agujeros en la piel y muchas partes desgarradas. Por eso las luchadoras promedio no luchan con gente como la camionera.

Cuatro y diez de la mañana, hemos dejado la puerta abierta con un cadáver en medio, tengo bien ajustadas las cintas y tanto Monika como yo llevamos el uniforme del instituto. Sabemos hacia donde corremos porque Cristina sabía dónde se encontraba el lugar donde Kotonoha, su novio y las tres veteranas pretendían empezar su movimiento en nuestra contra.

- Esta guerra ha empezado por un lío de faldas - me dice Monika. - de calzoncillos en este caso, como la guerra de Troya, pero sin dioses ni destino - Monika lo dice demasiado feliz.

Resulta que la enfermera pensó que MC era mi novio, las integrantes del proyecto Troyano no pueden tener ningún tipo de relación afectiva, la enfermera conocía a una veterana que conocía a la otra, que conocía a la otra, que conocía al novio de Kotonoha que se lo dijo. A ella no le pareció justo que yo pudiera tener novio y seguir en relación con Monika mientras que ella fue expulsada. Ahora Kotonoha hará justicia por su mano.

Ojo por ojo, diente por diente.

Monika patea el manillar y empuja la puerta hacia delante, al abrirse la madera cruje.

La casa en cuestión es una baratija, las paredes carcomidas y la madera mojada hacen que puedas romperla a cachos cuando quieras. El recibidor solo tiene una puerta para el sótano, un salón a la derecha y una cocina a la izquierda. En la cocina un joven y en el salón las tres veteranas, puedo suponer que se quién está en el sótano.

- Joder, ¿Estoy viendo doble? - dice el novio, viendo el pinchazo en sus venas y la cuchara que ha puesto a calentar, no me extrañaría.

"Mike Tyson luchaba mejor cuando estaba drogado".

Monika extiende su brazo en dirección a la cocina mientras ella corre a por las tres veteranas. Así que yo me lanzo en dirección a él. Al verlo incorporarse puedo notar que tiene dos nudillos americanos en cada mano, esto no va a ser fácil.

Mantengo distancia entre ambos pero el no tiene nada que temer, mide un metro ochenta y seis, fácilmente pesa entre 85 y 90 kilos.

Acorto la distancia con un barrido y un jab directo al pecho que ni lo siente, prosigo con una seguidilla de tres golpes de los que se ríe. A un adulto normal esto le hubiera resentido las costillas, pero bajo efectos de estupefacientes es normal que ni lo note.

Cuando trato de aplicar un gancho directo a la mandíbula lo evade, y contesta con el puño izquierdo hacia mi rostro, es rápido, no me da de lleno pero me corta encima de la ceja. No puedo esquivar el siguiente que me impacta en la frente, mi cabeza sangra, para colmo de males me ha abierto las heridas.

Aún con la cabeza nublada no pierdo las formas y le golpeo en el costado, estoy buscando su hígado. Mi puño se hunde en su piel que baila como gelatina y con el siguiente golpe que me asesta en la boca me es imposible no retroceder escupiendo un diente para luego recibir una patada alta en el mismo lado. Me tambaleo a tres golpes de la muerte.

- ¡Jacker Cracker in da hause, bich! - grita.

Me da tiempo a tomar una bocanada, respirar es casi un castigo, yo que aguante 30 asaltos de Monika apalizándome voy a caer a manos de un hombre drogadicto que se llama... Un momento.

La realidad cae sobre mí con el peso de un satélite, porque hasta los satélites tienen debilidades específicas las cuales no puedes usar con un bocadillo de chope. 

Está seguro de su victoria y va a conseguirla con un último golpe, una patada alta que está a punto de llegar a mi cabeza cuando me agacho, mi puño izquierdo sale totalmente recto, con la potencia de un profesional para impactar en sus pelotas, huevos, testículos, cojones. No uses eufemismos, no importa lo drogado que vayas, un puñetazo en los cojones es doloroso si o si. Mientras Jack trata de abrir la boca para gritar mi mano izquierda ya está subiendo, mi puño en su pico más alto de velocidad impacta por debajo del mentón, no solo le daño la tráquea, de plano rasgo su nuez de Adán para que en mi siguiente cruzado prácticamente se la hunda.

Jack me aparta con una patada frontal en el estómago que me manda hasta la otra punta de la mesa. Viene por mí cuando junto ambos puños, de un golpe seco levanto la mesa, la daleo contra él. Alza los codos para protegerse, mi puño ya está en su cara encantado de hacer contacto con sus mejillas. La carne se queda pegada al yeso y le desgarro como a un poyo mientras su cabeza atraviesa la mesa de mala madera que clava astillas en su cara.

Tira las manos hacia atrás y agarra una silla, me giro y paro el golpe con la espalda. Mala idea, mi abuela siempre decía "nunca sabes lo fuerte que eres hasta que te golpean con una silla en los riñones", en verdad ella decía piedras, no silla y creo que se refería a otra cosa, como sea. 

La silla que era de madera y hace un rato soportaba el peso de ese animal, ahora esparce parte de sus astillas por todo mi cuerpo, y duele, valla que sí duele.

Entonces Jack me embiste y me levanta al aire por la cintura, tonto de él vuelve a dejar sus huevos al alcance de mis pies y le doy otra patada, a la que sumo un cabezazo. Duele, duele porque este tipo tiene la cabeza insensible, porque mi cerebro está sintiendo directamente el dolor y porque la sangre de su tabique roto en mi cara deja un olor a metal que me molesta.

Entonces ambos caemos, más bien él se tira encima de mí, él trata de incorporarse y yo trato de defenderme. Ojalá Honoka me hubiera enseñado a luchar en el suelo, pero no puede porque está muerta y seguramente yo lo estaré después de esto, con cada pestañeo veo al ángel albino esperando pacientemente que mi alma llegue.

Ya no se que es real y que no.

Se incorpora de cintura para arriba y yo evito que inmovilice mis brazos, entonces ambos empezamos a golpearnos, golpe tras golpe en las costillas hasta que uno de los dos deje de respirar.

Crack crack crack.

El último de sus golpes tarda medio segundo más que el anterior, la nuez hundida le está dejando sin aire más rápido. Lanzo un golpe a sus ojos y luego otro, hasta que el deja de incrustarme su metal en mis tripas, uno más y hago que se desplome, por fin me lo quito de encima.

Pienso lo fácil que sería pisarle los pulmones y lo hago, esta pelea a durado suficiente pero no para mí, golpe tras golpe, mi yeso en su rostro hasta dejarle una cara nueva, pero el cabrón aún respira.

- ¿Quieres parar de una puta vez? - giro para ver a Monika enfadada. 

Una patada con la suficiente potencia destroza la puerta del sótano junto a sus dos seguros oxidados. Mi vista se desvía hacia el salón y encuentro lo que esperaba, tres cuerpos jóvenes totalmente destrozados a punta de golpes, te puedo asegurar que ellas no respiran.

La escalera hace esquina con otro tramo, llegamos a él y vemos el lugar, un suelo y paredes de hormigón con siete goteras por centímetro cuadrado. En el centro MC amarrado en una silla con los ojos cerrados, Kotonoha lo amenaza con un cuchillo que eleva sobre su cabeza para darle fin, podría haberlo matado en cualquier momento pero ha estado esperando para que lo viéramos.

Bang. 

Del filo del cuchillo salen chispas y en toda la sala retruena el estallido de un disparo. Monika ha sacado su pistola y a desarmado a Kotonoha. ¿De donde demonios ha sacado eso? Un arma así no cabe en los bolsillos del uniforme escolar.

- Desátalo, yo me encargo.

Monika salta el tramo de escalera, cuando sus rodillas amortiguan la caída descarga su puño vendado en la boca de la camionera.

Ya estoy llegando a MC para desatarlo cuando me quedo asombrada viendo a Monika pelear.

Los huesos crujen.

No llamarías a esto una pelea, no es una pelea de la misma manera que un león comiéndose a un cazador no es una cacería exitosa, estrictamente si lo es, pero prácticamente no. No es una pelea de la misma manera que no es una carrera si ganas el tour de Francia con un Toyota. Hablando mal y pronto podríamos decir que el combate estaba igualado hasta que empezó.

Monika lanzó un volado que parecía fácil de defender pero cobró velocidad en el último medio segundo y se aferró a la parte posterior del cuello, al mismo tiempo la tiró de los pelos obligándola a abrir la boca. Monika le metió el puño izquierdo hasta la campanilla, no literalmente, y la obligó a tragar un par de dientes mientras la sacaba el cuero cabelludo.

La empujó tirándola de las mangas, empujando su pecho con la pierna le quitó la camiseta.

La camionera experimentó el miedo por primera vez en su vida. Monika pasó a través de su guardia de cangrejo solo estirando la mano y de un tirón desgarró el sujetador y partió el broche trasero que lo unía.

- ¡Me rindo, me rindo para por favor! - gritó la camionera mientras trataba de tapar sus pechos.

Monika separó sus brazos tomándolos de las muñecas, antes de que a Kotonoha le diera tiempo a cubrirse de nuevo Monika aferró las palmas de sus manos a sus pechos, clavó las uñas y desgarró sus pezones para luego empujarla con el codo y hacer que callera de culo.

Monika alzó el pie, lo alzó y pisoteó repetidas veces la vagina de Kotonoha de la misma manera que pisoteó los testículos del padre de Natsuki. Siguió así hasta que Kotonoha tubo un orgasmo, luego la partió el cuello de una patada.

"El 70% de las mujeres tienen un orgasmo cuando las violan".

La masacre a sido tan intensa que recién ahora caigo en que tengo que desatar a MC.

- Déjame - Monika se acerca y le toma el pulso. - Está vivo.

Monika le abrie la boca y le huele el aliento. - cloroformo - susurra, ahora que lo dice, huele muy bien.

Monika le quita la venda de los ojos y yo desato sus manos y pies.

- Iros de aquí - dice Monika. - Voy a llamar a un par de chicas y reduciremos esto a cenizas.

- ¿Qué? - le digo. - ¿Es que no has aprendido nada? 

- Lo siento - me dice. - No quería involucrar a terceros en esto tan temprano.

- ¡Tan temprano! - estoy gritando.

- Planeo el colapso de este sistema hipócrita, os afectará, pero me lo agradeceréis.

- Permíteme dudarlo - digo cruzando los brazos. - Monika esto es una locura, no puedes arrasar con la sociedad con atentados terroristas y peleas callejeras, incluso si pudieras solo afectaras a gente inocente, esfuerzo, sudor y lágrimas que se irá a la porra porque tú crees que sabes que es lo mejor para ellos.

- ¿No estás un poco grande para seguir creyendo en la meritocracia? - pregunta sin ningún atisbo de inseguridad. - Si hubiéramos llegado un solo segundo tarde MC hubiera muerto, sus logros y esfuerzos serían olvidados como la ciudad de amarna, no le sirvió a Ozymandias y no nos servirá a nosotros.

- No empieces con las metáforas y los algoritmos - le digo.

- Tienes razón, no tengo que darte explicaciones - acto seguido Monika golpea mi pierna con un calmante y me fuerza a caer de rodillas. - Cuando tocas fondo tienes dos opciones, tratar de subir o arrastar al resto contigo. Yo no tengo intención de escalar, ya me lo agradecerás. 

Así fue como Monika se fue y no la he visto desde entonces. Para abandonar la casa tuve que hacerlo cogeando y soportando el peso de MC sobre uno de mis hombros. Revisé el lugar, efectivamente las tres veteranas estaban muertas, Monika había roto sus cuellos a puñetazos en el minuto y veinte que yo estuve peleando con Jack. El cuerpo de Jack no estaba donde lo dejé.

MC recuperó la conciencia a mitad de camino en dirección a su casa, afortunadamente no recordaba nada y le dije que unos tipos le habían asaltado y le habían dejado inconsciente, yo estaba como estaba porque fui a ayudarlo. Extrañamente MC no insistió para que fuéramos a un hospital.

Ese día me fui a dormir al club de literatura, abrí una de las ventanas y me tiré al suelo, frío y solitario durante las tres horas que quedaban de noche. El armario de Monika también seguía ahí.

Capítulo 47: de estación a estación.

Soy el corazón inerte de Sayori.

Mis padres se fueron, Honoka se fue, Monika también se ha ido y yo abandoné a mis amigas. Estoy totalmente sola, si no he tocado fondo, poco me falta.

Que le den, no le voy a dar a Monika el gusto de verme caer, necesito serenarme, iré a casa a por mis cosas y le abriré los dientes a quien trate de impedírmelo.

Al llegar a mi casa ya no hay un cadáver en la puerta y la entrada está limpia. Me odio a mí misma por haber salido sin las llaves pero la puerta está abierta. En la sala hay dos hombres y una mujer, se están cortando el pelo, las hijas de viuda a cargo no tienen expresión en el rostro, como si no hubiera pasado nada, ¿Qué hora es?

Subo a mi cuarto esperando tener la suerte de no encontrarme con nadie o que como mínimo mi caja siga en su sitio. Ahí está, mi caja sigue cerrada, menos mal.

La abro y tomo lo indispensable, mi mochila, mi peluche de la señora vaca, mi móvil, un puñado de billetes y tres cajas de tampones, no creo que vaya a estar fuera mucho tiempo pero a Natsuki una vez le bajó tres veces seguidas, mejor prevenir que curar.

Antes de irme estoy pensando en pasar por el sótano, pero una femfatal me detiene tocándome el hombro.

- Todo va según el plan mi señora, no se preocupe.

No tengo tiempo de iniciar una pelea, simplemente me voy.

Odio los autobuses, generalmente voy andando a todos lados por lo mismo. Mi madre también odiaba los autobuses pero tenía que tomarlos para ir a trabajar.

"Muévanse todos", "suban rápido", "ya no hay sitio, esperesé otra hora", "no tengo cambio de tanto". Odio los autobuses porque sus asientos son más pequeños que una persona promedio, pensándolo bien creo que mi madre solo me obligaba a subir a los autobuses para tener una oportunidad legal de empujarme.

¿Se habrá unido mi madre al club de literatura? Volvería a meterme a la pista solo para golpearla.

Las estaciones de autobuses no están distribuidas apropiadamente, según la ley su distribución es en base a distancia/dinero; osea se, a más distancia más dinero paga la empresa por poner una parada. La distribución correcta debería ser distancia/accesibilidad, por eso no importa como lo hagas la parada de autobús siempre estará lo más alejada posible del punto al que quieras llegar. Pero no te preocupes que para eso están los autobuses urbanos, el doble de anchos y con la mitad de asientos, agárrate bien a las barras del techo o los laterales mientras todo el vehículo pasa por los lugares peor asfaltados siguiendo una ruta predefinida son hacer preguntas.

Los autobuses son solo latas de sardinas con ruedas, si se rompieran los frenos daríamos vueltas de campana hasta morir y nadie podría hacer nada al respecto.

Llego a la primera ciudad importante y tengo que caminar treinta minutos a pie hasta el instituto más cercano, es ahí cuando caigo en la cuenta de una cosa, el club de literatura solo abre de cinco a seis una vez al día por lo que solo voy a poder visitar clubes abiertos uno por día. Tendría que haber traído más dinero.

Así mi rutina es la siguiente, me despierto en algún autobús después de haber echo un trayecto de 4 horas a una ciudad importante, lleno mi mochila con refrescos y bocadillos de la primera máquina expendedora que encuentro, compro los suficientes para asegurarme de que durarán otros tres días porque es posible que no haya máquina expendedora en mi próximo destino. Llego a algún instituto importante, tal vez hago alguna parada por la cafetería, tal vez no. Me encuentro a un grupo de 10 alumnas que se estén pegando, me fijo en quien es la encargada de dictar las reglas (por lo general siempre es la chica con mejor maquillaje y más mala ostia), le digo que también soy parte del club de literatura, que vengo en nombre de Monika o cualquier otra estupidez por el estilo. "¿Conoces a Monika?" Me dicen, luego me preguntan si pueden estrechar mi mano. De vez en cuando alguna me dice "no se de que me habla, mi señora" y me guiña un ojo. Sí sabe de que hablo pero no me dará información, es como un NPC.

"No son humanos, solo siluetas inexpresivas".

Siempre me hacen las mismas preguntas.

¿Es verdad que Monika nació en una secta? Si.

¿Es verdad que Monika puede cambiar su rostro? No.

¿Es verdad que Monika mató a su padre? No.

¿Es verdad que Monika no perdona a los traidores? Si.

¿Es verdad que Monika golpeó a una embarazada tan fuerte que la hizo abortar? No.

No se dónde estoy, mi vida va a pestañeos de una estación a otra, con el dinero que tengo a penas me alcanza para tres viajes más sin contar el que tengo que hacer de regreso. Creo que llevo fuera dos semanas durmiendo una media de 5 horas cada dos días.

Primer y último instituto del día, por alguna extraña razón este instituto me resulta familiar. Nada más entrar por la puerta principal noto el olor a sudor y medicinas, no es que sea un olor tan exagerado, es que la falta de sueño ha agudizado mis otros sentidos. Además este es un instituto para gente con capacidades especiales y hay una enfermería cada diez pasos.

"Premios de atletismo" dice un cartel encima de una vidriera. Veo un gran trofeo de oro y al lado una foto de Émili, "en honor a Émili Ibarazaki, la mejor atleta", viene adjunta la fecha de hace dos años. Estoy en el antiguo instituto de Émili, aquí es donde conoció a su novio con problemas de corazón.

El lugar es impresionantemente grande, el suelo de baldosas grises de vez en cuando combina alguna de color beis. Las paredes están decoradas con algunos cuadros que parecen subrealistas y la iluminación no es muy buena, parece más un hospital psiquiátrico que un instituto.

Los pasillos de los dormitorios de estudiantes son todavía peores, pasillos donde apenas cabe una persona con paredes amarillas, lamparas de esfera con luz a medio apagar cada dos pasos y cuartos de cómo mucho tres metros cúbicos.

Me voy moviendo de un lugar a otro, en todo momento parece que se a donde voy y no llamo la atención ni de los profesores, ni de los enfermeros. No puedo evitar notar que todos los hombres adultos que dan clase en este lugar tienen ojos irritados u ojeras, debe ser esa la razón por la cual no destaco aquí, soy igual que ellos.

Cinco de la tarde, no se ha formado ningun grupo en el patio, pero no me doy por vencida. ¿Si yo fuera un conjunto ilegal de adolescentes pegándose en un lugar con vigilancia en cada esquina del suelo donde me reuniría? En el cielo. Efectivamente estaban en la azotea.

Cuando subo arriba del todo veo a una chica pelirroja de cabello corto sin brazos que con dos nudos en las mangas va dando órdenes. El primer combate del club es entre una rubia ciega y una muda cuyo cabello es un negro tan claro que parece azul... O a lo mejor es azul a secas. La niña ciega golpea demasiado bien a pesar de que literalmente no ve a su oponente, la muda en cambio recibe todo el rato los comentarios de apoyo de una chica de pelo rosa que no se calla, no parece tener ninguna disfuncionalidad física así que supongo que simplemente será hiperactiva. Entre las personas del público veo a una chica de pelo morado con una cuarta parte de la piel quemada, si no me equivoco a ella la vi una vez en el hospital cuando visité a Natsuki. 

El mundo es un pañuelo.

Cuando las peleas acaban me acerco a la chica sin brazos.

- Mucho gusto, puedo hablar contigo un momento - le digo.

- No - me examina de pies a cabeza con ojos de muerta. - Creo que no tengo nada que decirte.

Se da la vuelta y yo por instinto trato de detenerla agarrándola el codo pero no tengo codo al que agarrarme y solo me quedo ahí, quieta, sosteniendo el aire.

Esto es una pérdida de tiempo, no importa como lo haga Monika siempre va un paso por delante.

Estoy en la biblioteca, es el único lugar donde puedo ir a ahogar mis penas mientras espero mi hora para tomar el autobús. He tenido suficiente, me iré de este lugar y dejaré que la selección natural haga su trabajo, si Monika realmente quiere causar un colapso sin precedentes en la civilización, adelante, ese no es mi problema.

La biblioteca cuenta con dos grandes hileras de estanterías y una moqueta que parece de madera. La primera estantería se extiende y difurca por pasillos, la segunda igual pero está sobre un pequeño podio. Aunque hay sillas y mesas, no puedo evitar fijarme en los sillones esfera verdes que son literalmente cojines redondos para sentarse. Tomo el primer libro que me llama la atención, se llama "los cultos mistéricos de Marte: el significado de la pantera". 

- Quiero que sepa que me parece admirable lo que hace, mi señora - me está hablando una mujer de veinti pocos, metros sesenta, gafas de culo de baso, pelo largo marrón, ojos verdes y cara redonda.

Lo más destacable de su figura a parte de su vestido de parte súper negra por encima del pecho y lila debajo, es el collarín cervical que la mantiene erguida.

- ¿Qué pasó? - digo señalando su cuello.

- No se burle de mi así mi señora, lo volveré a intentar y esta vez sí pasaré la prueba. 

- Disculpa, ¿Me conoces? - trato de disimular el tono de confusión.

- ¿Es esto alguna clase de prueba mi señora?

- No, hablo totalmente enserio.

- Cierto, perdóneme - se inclina para hacer una reverencia. - Se que no podíamos hablarle de usted a nadie pero en verdad quería agradecerle tanto que me ayudara a superar mis miedos. Por fin pude plantarle cara a mi ex.

- ¿Qué demonios le hiciste? - trato de mantenerme tan serena como Monika pero me está costando.

- Nada, nada mi señora, simplemente al fin pude contestarle para que dejara de gritarme.

- Bien - asiento como si me resultara satisfactorio. - Puedo verlo - señalo su cuello - si no es mucha molestia, claro.

- En absoluto - ella se quita los velcros que unen el collarín y al retirarla prenda acolchada presto especial atención a la región suprahioidea y región infrahioidea de su cuello, puedo notar de inmediato las marcas que deja una soga, las parte más inflamadas y los cortes poco profundos que forman los hilos al rasparse con la piel.

- Santo cielo, ¿Quién te hizo eso?

- Fue usted, mi señora - dice poniéndose el collarín de nuevo. - Lo hizo en la puerta de la entrada, era el pase para todas las que quisiéramos ser nuevas integrantes del proyecto Troyano. 

- ¿Quién demonios te crees que soy? - mi cara de sueño y duda debe ser un espectáculo digno de admirar.

- Es usted Monika, mi señora, yo solo soy una de las tantas hijas bastardas del destino dispuesta a seguirla.

"Se han roto los frenos, voy a empezar a dar vueltas de campana".

Capítulo 48: si me vienes a matar te irás conmigo.

Regresé a casa en cuanto tuve oportunidad, esta vez ni siquiera pude dormir en el trayecto de 6 horas de autobús.

Un pestañeo y estoy en la puerta de mi casa.

Un pestañeo más y estoy revisando el sótano, veo varias gráficas y tanques de gasolina.

¿Qué día es hoy? 27 de julio, la última semana de exámenes finales.

Un pestañeo más y estoy llamando por teléfono.

- Dígame.

- ¡Hola, soy una llamada anónima, van a quemar el instituto por completo!

- No se preocupe mi señora, hemos asegurado todo.

Me cuelgan, por supuesto, Monika se ha asegurado de poner a sus discipulas más leales a cargo de las llamadas, no más traiciones.

Monika, ¿Por qué aquella bibliotecaria me confundió con Monika? ¿Tendría problemas de la vista tal vez? Mi voz y la de Monika se parecen bastante. Sí, sería eso. Sin embargo, yo sé que hay algo que es de Monika, algo que demostrará su existencia.

Son las 7:00 de la mañana, en el primero de mis parpadeos ya estoy en el aula del club de literatura. Imponente frente a mí se encuentra un armario, hecho de madera de pino y con dos puertas que se abren con el crujir puro otorgado a él por el paso del tiempo. El armario de Monika, el santuario a todo lo prohibido, el único vestigio de Ozymandias que queda en el desierto.

Abro la puerta de par en par, lo único que encuentro es un vestido colgado en una percha que tiene el relieve de una mano bordado con hilo rojo, un portátil sobre la repisa inferior, un botiquín de primeros auxilios que pillan las notas de una partitura, un pico de construcción, un pintalabios y un craneo de hombre adulto perfectamente limpio.

¿Qué es todo esto? ¿Dónde está el uniforme de Monika? ¿No dijo que aquí guardaba sus cosas personales? 

Mis manos se mueven hacia mis bolsillos, tengo que hacer una llamada urgente. Es el primer teléfono que marco, un número que tengo registrado desde navidad, desde antes incluso, un móvil que me dieron para estar en contacto pese a la distancia de distintos institutos y que nunca usé.

- Sí, ¿Dígame? - responde una voz masculina.

- MC, ¿¡Tú y yo nos hemos besado alguna vez!? - le pregunto de la forma más frenética posible.

- ¿A qué viene esa pregunta tan ridícula?

- ¿Es ridícula porque la respuesta es si o porque la respuesta es no? 

- Ay por favor, ¿Qué es esto, otra indirecta? ¿Quieres saber si lo que tuvimos fue un beso de amor o un juego? 

- Solo quiero saber si nos besamos o no, responde la maldita pregunta.

- Si, si me morreaste, ¿Es eso lo que quieres oír? Me ayudas, me desprecias, me ignoras, me besas, me desprecias otra vez y luego actúas como si nada, para tiempo después meterte en uno de los problemas más graves que ha tenido el instituto en décadas, ¿Es así como quieres definir nuestra relación Monika? - MC lo ha gritado todo, se está desahogando.

- ¿Cómo me has llamado?

- Monika, te he llamado Monika, fue lo que me dijiste, "deberías llamarme Monika, así nos dejamos de interacciones baratas".

- ¡No que va, yo no dije eso!

- Mira, no voy a iniciar una pelea a estas horas de la mañana, háblame cuando estés dispuesta a tomarte las cosas con calma - cuelga el teléfono.

¿Qué está pasando? Por favor, si hay alguien ahí que me diga que está pasando.

- Teníamos una regla de oro - me dicen.

Giro bruscamente para mirar a mi espalda. Monika está sentada en el pupitre, sus brazos flexionados y la barbilla apoyada en las palmas. Solo hay una silla, aunque tal y como se están desarrollando los hechos puede que fuera la única que ha habido siempre.

- ¿Cómo demonios has entrado? - ni la puerta, ni la ventana se han abierto.

- En realidad teníamos dos reglas, pero puestos a batir records las has roto las dos a la vez - las pupilas de Monika se fijan en mí. - No les hables de mí si no preguntan y no abras mi armario, era muy sencillo.

- ¿Por qué la gente cree que soy tú?

- Pensándolo había una más, que te mantuvieras fuera de esto - Monika niega con la cabeza. - Bien dicen que lo peor de una traición es que no viene de un enemigo.

- Monika, ¿ Por qué la gente cree que somos la misma persona?

- Venga, eres una chica lista, ya lo sabes.

- No, no, tú y yo no podemos...

Indago en mis recuerdos, ¿Cuándo fue la última vez que Monika y yo hablamos juntas en algún momento con alguien más presente? Cuando interrogamos a Natsuki pero esa vez me ignoró totalmente. Todos ignoraron a Monika el primer día en el club de costura y teníamos la misma mochila. Mis ojos vuelven hacia su armario, esa mochila no está, siempre se trató de la mía.

- No, no puede ser en tu cita con MC... - empiezo a decir.

- Querrás decir tu cita con MC, ¿No recuerdas nada de esa noche, verdad? Dejaste a tus amigas y te fuiste a verle para luego volver.

- No, no es posible, dejé mi móvil aquí, tú lo tomaste y contestaste.

- ¿Enserio, así lo recuerdas? Él te hizo la llamada antes de salir y escuchaste el contestador, por eso dejaste tu móvil, para no sentirte culpable - Monika niega con la cabeza. - Tu capacidad de auto engaño es admirable.

- Pero tu armario, tu ropa, tu pico y tú capacidad de hackear - los nervios me pueden, me tiemblan las piernas.

- El armario era parte del club al que tu entraste por la fuerza en uno de tus días de insomnio, la ropa la compraste tú en secreto porque tus padres apenas te compraban y el pico... Ya ves, no era yo la de los brazos cansados - Monika se encoge de hombros. - Además tú sabes hackear, practicabas en tus tiempos libres aunque puede que no lo recuerdes porque tu vida funciona en base a parpadeos entre el consciente y el inconsciente. ¿Acaso recuerdas algo de lo que hiciste esperando en el aeropuerto? 

- Pero tu trabajo de camarera...

- Tienes un trabajo a medio tiempo que te quita energía, por eso siempre estás cansada aunque no tengas problemas de insomnio diagnosticados.

Ahora todo parece cobrar sentido, las palizas que me daba, no ganaba porque no puedo ganarme a mi misma. Monika nunca se cansa, nunca necesita comprar ropa pero siempre está ahí.

- ¿Lo entiendes ya? - me dice. - A veces me imaginas como una tercera persona, a veces yo soy tu pero te imaginas viéndome desde fuera - me dice mientras recuerdo en primera persona como le hundía los dientes al padre de Natsuki y como daba discursos en sótanos en los cuales yo no estaba pero Monika sí.

El día que le di una paliza a Yuri estaba ahí, lejos de las otras ocho chicas, porque ella no pelea, no necesita pelear porque no está rompiendo las reglas, para el resto de los presentes solo éramos diez personas. Nunca fuimos 25 chicas dispuestas a pegarse, éramos 24, 24 aficionadas con guantes de principiantes.

- Un momento - mis ojos brillan. - ¿Dónde están los guantes y el suelo falsos?

- Los compraste en una...

- No Monika, ¿Dónde están?

- Te deshiciste de ellos cuando aprendiste a usar cintas.

- No recuerdo eso, ¿Pero sabes lo que si recuerdo? A Natsuki quitándomelos de las manos a gran velocidad para pelear contigo, ¿Cómo hizo eso sí tú eras el cuerpo dominante? - me doy el lujo de poner un índice acusativo. - Es más, el día antes de ir a por Estefanía todas me miraron entrar por la puerta usando las llaves pero desde ese día la puerta se abre sola, ¿Qué pasa amiga, pequeños errores en el mapa? 

Un recuerdo pasa por mi mente, "¿Es verdad que Monika puede cambiar su rostro?".

- Eso lo estás imaginando me dice, te auto engañas como mecanismo de defensa - responde.

- Si, tal vez estoy muy confundida, quizás tanto o más que Jack cuando dijo que veía doble.

- Por favor estaba drogado, ni siquiera desataste a MC mientras yo apalizaba a la camionera porque no eres real.

- ¿Ahora yo soy la personalidad inventada? ¿Sabes lo que si era real Monika? La masacre que hiciste con las tres veteranas, ¿Cómo podría yo haber echo eso sí estaba acabando con Jack? 

En la sala se propaga un silencio tan nefasto como el de los hospitales, es un sonido que se apreciar muy bien.

- Eres real Monika, no sé cómo haces para cambiar tu rostro, o para ocultarte del mundo pero no me engañarás, se que no estoy loca.

- Eres demasiado perfecta - susurra, luego alza su mano y en ella se materializa un cuchillo que clava en su otra mano, atravesando la madera del pupitre. - ¿Pero sabes que? Tienes razón - Monika se incorpora y tira de la mano desgarrando hueso y cartílago. - Soy tan real como la muerte - en un movimiento de mano el pupitre y la silla desaparecen.

Monika da dos pasos al frente y en un parpadeo, el pupitre, la silla y el cuchillo clavado se reconstruyen.

- Mírame - dice Monika enseñando su palma que ya no tiene ninguna herida. - Tendrías que haberte callado, ser mi segunda personalidad era lo mejor a lo que podías aspirar, hablo como desearías, toco el piano como no te imaginas y lucho todavía mejor. Soy la tú que ha sabido tocar fondo, he hecho de la autodestrucción un arte, pero lo malo del arte es que no todos lo aprecian.

Monika arrastra su dedo en el aire y la realidad misma parece fragmentarse, como si estuviera destrozando el espacio para separarse del ángel, como si estuviera rompiendo el mapa.

Capítulo 49: verdades y virtudes.

Así que ahí estaba yo, después de haber sido abandonada por todo el mundo, el mundo me lanzaba a su destructora para que me batiera en duelo con ella.

- ¿Por qué yo? - pregunto sin saber si Monika si quiera se dignará a contestarme.

- Estábamos unidas, el hilo rojo del destino recuerdas - dice señalando el vestido. - Somos sus hijas bastardas reencontrándose por fin. Ya te lo dije, eres una persona muy especial para mí como la protagonista de un libro, demasiado real para algunos, ficción insignificante para otros.

- Eso mismo le dijiste a MC.

- Si, él también es especial, es como si el destino quisiera forzarlo a estar involucrado en todo esto - Monika se encoge de hombros. - No importa, voy a reducir a esta sociedad a pedazos, borraré todas las imperfecciones borrando a todas las personas imperfectas.

- Eso es ridículo, suenas como una anarquista sin propósito - saco pecho y fuerzas de flaqueza. - Fuiste la primera en decir que al carajo el mundo, la ley y sus opiniones, pero también eres la primera en dictar reglas y en decir quien tiene valor y quien no. No eres una revolucionaria Monika, eres una niñata con un berrinche patético, seguramente todas lo seamos, pero al menos yo lo admito.

Veo la cara de Monika agrietarse, le he dado en una fibra sensible.

- ¿Mi problema es que no me acepto? Con que cara lo dices tú, Felicia. 

- ¿Cómo lo...? - Si, evidentemente Monika sabe mi verdadero nombre.

- ¿Prefieres que diga tu nombre completo? - Monika se inclina con la cara más arrogante que tiene. - Felicia María Camila de los Santos Cipriano, ¿Un nombre demasiado largo no?

- No lo digas.

- ¿El que? ¿Lo que ya sabes? ¿Qué tu padre te puso ese nombre borracho porque le parecía que era el más horroroso que le permitían de forma legal? - la sonrisa de Monika se amplia. - Pero no te refieres a eso, ¿Verdad? Querida amiga FMC.

El nombre de MC no está perdido en el tiempo, es una abreviatura porque se llama Marcus, Marc, Mac, MC. A él le encantaba esa abreviatura, pero a mí me llamaban FMC para burlarse, porque "tu nombre es muy complicado", "tu nombre parece salido de una telenovela", "seguro tus padres te llamaron así porque te odiaban, te estoy haciendo un favor". MC era mi único amigo de la infancia, porque era el único que no se burlaba de mí.

- Dijiste que no erais una secta, ¿Pero como llamarías a esto que haces?

- Cumplir una promesa, prometí que no quemaría la ciudad hasta que volvieras.

- Gente puede morir por esto, ¿En que momento te pareció bien que el club de literatura empezara a matar gente? Lo cerramos después de la muerte del padre de Natsuki por lo mismo.

- Bueno, más o menos todo empezó el día que mataste a aquel drogadicto, ¿Te acuerdas?

- Eso, eso fue un sueño - mentirosa.

- No admites la realidad porque sabes que esa es la razón por la que Honoka se unió al club, la razón por la cual ahora está cinco metros bajo tierra.

- Tú - estoy temblando demasiado y he empezado a hiperventilar. - Tú me obligaste a hacer eso.

- Que va, yo solo te di un empujón de adrenalina, como cuando quisiste mantener tu invicto intacto contra esa argentina - Monika sonríe. - No me culpes a mí de lo que tus instintos tenían tantas ganas de hacer. - Monika con una pose más serena avanza dos pasos. - Pero no te lo echo en cara, eso me dio la motivación necesaria y me enseñó una lección, si alguien te molesta siempre puedes encontrarlo y destruirlo, borrarlo, hacer que lo olviden.

- Austin - digo. - Tú lo mataste esa noche.

- Así es, estrellé su cabeza cuatro veces contra la impresora hasta hacerle un rostro nuevo - Monika se relame los labios. - Ñami, que rico es comer plástico. Para Reichel solo tuve que estar segura de que te habías ido, intentó escapar de dos hijas de viuda que trabajaban de enfermeras y en su paranoia atacó a un doctor. La borré junto a unas prendas de ropa para no levantar sospechas, y si, lo de las cámaras fue un montaje. - Monika hace chasquear la lengua. - Pero parece que siempre quedan cabos sueltos, Nacho y esa bibliotecaria creían que podían salvarse, una quería ayudar, el otro evitar que su novia ganara moretones nuevos - Monika se aparta de la puerta lo suficiente para que pueda dirigirme a ella sin peligro. - Ya sabes lo que le pasó a él pero si quieres saber qué le pasó a ella abre esa puerta gentilmente.

Esprinto en dirección a la puerta y la abro de un tirón.

- He dicho gentilmente.

No puedo pasar porque un cuerpo colgando la bloquea. La soga de Sayori cuelga de una grieta en la realidad. Su cuerpo a perdido color y sus ropas son de dormir, la mataron por la noche cuando estaba cansada, la forma más cobarde de matar a alguien.

- En fin - Monika está detrás de mí y me sostiene el brazo, ha aparecido derrepente. - Suficiente.

Soy apartada de la puerta mientras Monika la cierra con el pie. Tengo miedo, me siento como Reveca contemplando la violencia por primera vez, o como Estefanía sintiendola en su cuarto.

"Soy la camionera obligada a tragar sus dientes".

"Soy la soga de la que cuelga Sayori por fin".

"Soy el miedo de Felicia María Camila de los Santos Cipriano".

"Soy Monika, la poderosa, la invencible".

"Nadie es invencible, toda racha muere tarde o temprano".

Me aparto de un barrido hacia atrás, nos separa una distancia de diez pasos.

- Puños en alto - le digo. 

- Por favor, ¿Me vas a obligar a esto? - dice llevándose una mano al pecho con modestia.

- Hablas mucho - le digo mientras manifiesto una guardia alta. - La gente se mueve por la acción, deberías saberlo, ¿Pero que nos impulsa a actuar Monika?

Alza una ceja con cara de "sorprendeme".

- Las ganas de cambiar el mundo y cambiar junto a él - sonrió, estoy "nerbosia" y a punto de mearme encima, pero sonrió. - ¿Sabes que veo en tus ojos Monika? A una niña desgraciada, cada golpe que lanzas lo haces con la intención de alcanzar algo más allá de tu alcance, con intención de golpear a tu padre por haberte usado como un producto, una niña maldita para un recipiente que rompe la realidad o cualquier gilipollez que hagan los sectarios - desvío la mirada al craneo del armario. - Por eso lo mataste, y si tengo que apostar diré que lo mataste el mismo día que me enfrenté a Rumina, porque te dio la motivación el ver cómo yo no me rindo ni aún con todo en contra.

- No seas ridícula, lo maté porque volvió a encontrarme - Monika niega con la cabeza.

- ¿Y guardas su cráneo por los buenos recuerdos, no? ¿O lo haces porque aún lo necesitas? Cómo recordatorio de que él fue quien te enseñó todo lo que sabes, alguien especial a fin de cuentas - me señalo el pecho. - A mí no me borras porque no puedes, porque yo he estado en el infierno contigo, nuestros destinos están ligados. ¿No puedes matarme sin matarte en el proceso, verdad? Por eso quieres que sea tu segunda personalidad - mentiría si digo que se de que estoy hablando.

- Siempre hay alguien que aprovecha que no hay reglas para ponerlas - Monika estrecha los labios en una mueca de asco. - Tal vez no pueda acabar contigo, pero tampoco voy a dejar que ese cuerpo se eche a perder - Monika sonríe de oreja a oreja. - No te preocupes, seré gentil por ser tu primera vez.

En realidad, solo un 5% de las mujeres tienen un orgasmo mientras son violadas, pero la gran mayoría si gimen de placer en contra de su voluntad.

Capítulo 50: a ostias se entiende la gente.

Mi padre siempre decía "pero esta niña tiene que ser maga o algo, puede contestar preguntas que nadie le ha hecho".

Se que Monika podría aparecer detrás de mí y clavarme un cuchillo o algo por lo que si no lo ha hecho es porque algo se lo impide, debo usar eso a mi favor de alguna manera.

Nunca empieces una pelea con el mismo movimiento que en la anterior, te hace previsible.

Monika llega a mí a la velocidad de un pestañeo, su puño busca mi estómago pero lo esquivo girando a la derecha. Trato de asestar una patada en el pecho pero también la esquiva.

Ambas nos conocemos muy bien, somos previsibles.

Monika da una patada baja cuando mi pierna aún esta en el aire lo que me hace caer de espaldas. Va a lanzarsd a mí pero mis rodillas se flexionan como un resorte y mis dos zapatos se clavan en las costillas de Monika. Ruedo hacia atrás y consigo incorporarme. 

Monika simplemente finge que se quita el polvo del lugar donde recibió el golpe. Para mí pesar, a mis costillas casi fracturadas no les ha hecho mucha gracia esa voltereta.

Monika intenta una patada con su diestra mientras levanto mi rodilla para bloquearla, planta el pie a medio vuelo. Bajo la muñeca para proteger mi otra rodilla de la patada que se aproxima, la sonrisa de Monika ante la posibilidad de partirme la muñeca se va cuando flexiono la rodilla a tiempo.

Los huesos chocan y se resienten, pero ella vuelve a plantar el pie como si nada. Monika pesa ocho kilos más que yo y es siete centímetros más alta. No puedo ganarle en largo alcance pero mis ataques en corto alcance tampoco parecen eficaces.

Ahora soy yo quien reduce la distancia, ambas estrellamos nuestras puños contra la cara de la otra. Monika me agarra del pelo y tira con fuerza, yo aprovecho el impulso momentáneo y estrello mi cabeza contra su nariz. 

Duele, joder.

Eso como mínimo le ha roto el tabique, pero esta falta de cuero cabelludo no me la va a reparar nadie de aquí. Monika, como si fuera agena al dolor, simplemente se vuelve a colocar el tabique en su sitio.

Se regenera, bueno, más bien se reconstruye. Bueno es saberlo. Voy a terminar la pelea en este último intercambio de golpes.

Lanzo un gancho directamente al mentón, mi cuerpo se agacha por inercia y me encuentro con la rodilla de Monika directamente en mi ceja partida, su hueso se desplaza y corta mi piel con gusto mientras yo caigo hacia atrás de culo.

- Muy bien - digo protegiéndome la cabeza con las manos. - Me rindo.

- No, no lo hagas así - me dice sonriendo. - Trata de resistirte, lo hará más divertido. Los niveles de serotonina de tú organismo se alterarán y...

Cero coma tres segundos.

Monika parpadea y empieza a mover su brazo para alzar el índice.

Cero coma tres segundos es lo que tardo en incorporarme y lanzarme a su pecho en el momento exacto en el que cierra los ojos.

Alzo a Monika, cargo todo su peso en mi hombro y la levanto como a un saco de patatas. Monika da un golpe descendente con el codo directo a mi boca, mis labios y encías sangran, pero ya sabes lo que dicen; "puedes tragar medio litro de sangre antes de quedar inconsciente".

No importa lo fuerte que seas, el suelo siempre será más duro, pero más duro es aún el borde de un pupitre. Dejo caer el cuerpo de Monika a gran velocidad hasta que escucho como se desnuca. Su cuerpo reposando, casi como si estuviera sentada, es demasiado peligroso. Quito el cuchillo que estaba clavado en la madera, lo elevo sobre mi cabeza y veo los ojos de Monika brillar por última vez cuando lo clavo en el cenit de su cabeza, lo uso de palanca de apoyo y al darle una patada su cuello se parte.

El cuerpo de Monika se balancea y cae, toda su estructura se rompe como si su cuerpo fueran fichas de dominó.

Pixeles.

No puedo respirar tranquila, aún noto su voz en mi cabeza, su destino influyendo en mis emociones.

Guardo el cuchillo bajo mi manga, para tenerlo lo más a mano posible. Abro la puerta, el cuerpo de Sayori ya no está allí, el pasillo me responde con un bonito olor a gasolina. Acabo de acordarme de que se supone que iba a ocurrir aquí.

Miro la máquina expendedora del final del pasillo, tiene tres agujeros y puedo ver la pólvora negra que se derrama de ellos. Es una bomba de tiempo, todo el lugar huele a gas, no se han conformado con la gasolina. Esto parece hecho por alguien que ha sacado las instrucciones de una película y no ha sabido seguir los pasos.

Entonces corro hacia la ventana, la abro y salto a través de ella. Cuando ya estoy a quince minutos del instituto escucho la explosión. Mis oídos no sangran de puro milagro.

Lo único que puedo hacer es arrastrar mi cuerpo hasta la parada de bus más cercana, necesito alejarme y luego ir llamando a la gente. Pero primero me pasaré por la comisaría, diré que escapé del proyecto Troyano y lo que propone, entonces será su problema, ¿Seguro que funcionaría así? Yo que se.

Finalmente llega el autobús urbano, las puertas se abren y yo subo, mis oídos aún pitan. Pongo el dinero en momedas llenas de sangre.

- ¿A donde va... ? - Me pregunta la conductora, no escucho bien la última parte de la pregunta.

- A la estación de policías más cercana por favor - le digo.

Dejo caer mi cuerpo sobre el primer asiento libre y veo en el espejo de la parte superior que no estoy sola, hay otras seis mujeres más aquí y una niña de pelo verde en la esquina final que está jugando con una tubería, tendrá seis años como mucho.

El autobús no avanza, es solo en ese momento cuando recuerdo un dato importante, los autobuses urbanos no te preguntan dónde vas, solo siguen su ruta.

Las seis mujeres se incorporan y agrupan en el autobús, todas adultas, todas hermosas, una de ellas fuma, otra porta un bisturí.

"Monika siempre va un paso por delante".

Capítulo 51: valentía.

- Es usted muy valiente mi señora - me dice la conductora. - Exponerse a si misma contra el peligro como sacrificio final.

Me pongo de pie en el inicio del pasillo, no puedo luchar así, no con la cara sangrando y las costillas en las últimas.

- En verdad es admirable - la mujer con el bisturí da un paso al frente. - Nos dijo que si alguien trataba de denunciar al club de literatura debíamos cortarla el clítoris y sellarla los labios con la marca de un cigarrillo.

Solo para aclarar, no se refiere a los labios de mi boca.

- Nos dijo que no perdonáramos a nadie - dice la mujer del cigarro. - Ni siquiera a usted.

- Creo que os equivocáis, yo no me llamo Monika, me llamo Felicia - trato de fingir emociones, aún me acuerdo de cómo se hacía.

- Nos dijo que diría eso.

- Está bien, me habéis pillado si soy Monika - me cruzo de brazos y alzo la cabeza. - Bien hecho.

- También nos dijo que diría eso.

- No es por meteros prisa - dice la conductora. - Pero ya han pasado dos minutos, la policía vendrá a este lugar.

- No se resista mi señora - dice la del bisturí. - Por ser usted, seremos rápidas.

Pensándolo bien, no hay mucho que pueda hacer. No servirá golpear a la conductora, no puedo vencer a seis adultas a la vez iniciar una pelea con varios adversarios que te igualan o superan en peso es un suicidio y definitivamente no voy a poder abrir las puertas del autobús por la fuerza.

Doy dos pasos al frente con las palmas extendidas a los costados, rota, vulnerable. La mujer del bisturí se acerca a mí, entonces giro a la izquierda dejando caer todo el peso en la palma de mi mano mientras asesto una patada giratoria en su mentón. Adrenalina pura, todo el peso de mi cuerpo distribuido en una patada en la boca, la mujer cae redonda y tira el bisturí mientras yo me abalanzo hacia el resto.

Noto como un puño se incrusta en mis costillas mientras mi codo deja sin aire una garganta. Recibo una patada en el hígado luego de que mi rodilla haga saltar un par de dientes. Más patadas que me obligan a retroceder, estás chicas han echo bien su tarea y sus tacones me están rasgando cada músculo de la piel.

La mujer del cigarro se adelanta más de la cuenta, la tengo a tiro, la tomo del cuello y estrello su boca contra uno de los asientos, de un golpe en la cabeza se va fuera.

Dos de seis.

Esquivo un gancho y lo tomo de la muñeca, tiro hacia mí y golpeo en el reverso del codo con todas mis fuerzas. El brazo se parte, hago que el grito de dolor se calle con un puñetazo izquierdo en los ojos.

Tres de seis.

Ya no retrocedo, mientras resisto los puños y patadas en mi cara dejo que mi cuerpo ataque con lo que tiene, muerdo, escupo y araño, el honor se fue de vacaciones. Para cuando todo termina aún estoy en pie, lo único que me sorprende es tener la mandíbula en su sitio.

"Soy los planes fallidos de Monika".

Monika dijo que era la yo que había tocado fondo, no somos tan diferentes, yo también he caminado por los pasillos del infierno. También conozco esos trucos, miro mis heridas, noto mis piernas a punto de ceder, mi respiración cansada y pienso en repararlo, estoy mejor, me convenzo de que es el caso, pero no es verdad, no estoy bien, necesito ayuda.

Dejo un mensaje a MC.

- Yo hice explotar el instituto - le digo. - Nos vemos en "Dorsan" dentro de una hora, necesito tú ayuda.

He tocado fondo, pero sigo respirando, mis heridas ya no duelen, no están.

Rastreo el autobús de arriba a bajo, veo a la niña pequeña que se aferra a su tubería con miedo.

- Niña, no hagas esto en casa - le digo.

Me acerco a la conductora que se ha quedado quieta en su asiento.

- Tú.

- ¿Si, mi señora?

- Informa al equipo, estas han hecho mal su misión, para el próximo simulacro quiero gente más preparada y abre la puerta de una vez - ordeno.

- Si, mi señora.

- Niña, te bajas aquí, vendrá otro pronto.

Yo y la niña nos bajamos de nuevo del bus, ella utiliza su tubería como bastón, tiene el pelo verde y parece enferma.

- Toma - le digo dejando un billete de cinco en la palma de su mano y unas monedas llenas de sangre. - con esto llegarás donde quieras.

"Soy la mente fragmentada de Felicia".

Mi primer objetivo es la casa de Natsuki. Conforme me dirijo allí me voy adentrando en la mente de Monika, desgraciadamente es algo recíproco, ¿Cuánto podré controlar de Monika antes de que ella me controle a mí? 

Estoy recordando la noche que murió Nacho, fue la misma noche que murió Sayori, lo se porque Monika lo sabe.

Monika tubo una pelea con Nacho, la misma terminó cuando Monika aplastó su pierna y posteriormente pisoteó su cabeza. En ese momento Sayori todavía estaba viva, Nacho estaba tratando de protegerla. El edificio desde el cual Nacho fue arrojado era el apartamento de Sayori.

Monika sospechó de Sayori desde el primer día porque nunca pasó por el club de literatura, Sayori tenía problemas pero ella no quería solucionarlos a golpes y no quería tampoco suicidarse, por eso escribía sobre sus problemas de manera terapéutica.

Sayori creía que sus historias podían ayudar a la gente, sacar valor a las cosas complejas que parecen simples como el lagrimal, las emociones y la muerte.

Sayori se enteró del club de literatura porque todas las chicas sabían del club de literatura a pesar de que se suponía que no se debía hablar de ello, supongo que así se acercó más a Nacho para solucionar el problema, después de todo iban a la misma clase, pero solo tenían suposiciones.

"Con suposiciones y sin pruebas no puedes demostrar nada".

Diego se unió a la investigación porque Reichel quería contar al mundo lo que sabía pero no tenía como.

Monika hizo un trato con Sayori después de entrenar por la fuerza a su piso donde vivía sola, si sobrevivía a la prueba para unirse al proyecto Troyano la dejarían vivir. Sayori no pudo romper la soga, Sayori murió tras dos minutos de agonía, lo sé porque Monika lo sabe. 

Monika lo sabía porque siguió a MC el día que discutí con él, el día que trató de darme el libro que Sayori escribió para mí. Ese libro tenía una dedicatoria donde me pedía por favor que fuera ha hablar con ella, que sabía lo del club y quería arreglarlo pacíficamente. Monika se presentó en su casa con las tres veteranas y la mataron. Esa es la razón por la cual las veteranas traicionaron a Monika, vieron al monstruo y lucharon para no volverse uno.

Solo ahora me doy cuenta de lo insignificante que soy y de toda la importancia que eso tiene. El mundo siguió girando sin mí, pero mis puñetazos le dieron impulso, eso creo, yo que sé. Me estoy quedando sin frases filosóficas.

Rompo el cristal de un dispensador de periódicos de un puñetazo y tomo un periódico. Me concentro lo suficiente, cuando vuelvo a mirar el cristal está intacto y mi mano curada de los cortes. Ahora corro con más ganas o no llegaré a tiempo.

Llego a la casa de Natsuki, la encuentro en su puerta a punto de salir, está a punto de meter las llaves en la moto.

- No tan rápido amiga - le digo parándome en su entrada.

- ey, ¿Qué haces tú aquí? 

Sin llegar a contestar le tiro el periódico envuelto en una soga y Natsuki lo atrapa al vuelo.

"¡Extra! ¡Extra! Instituto local ha sido volado en pedazos esta mañana por una fuga de gas".

- La noticia es de hoy, pero el evento es de hace escasamente veinte minutos - le digo. - Esto es parte del proyecto Troyano me temo, ya sabían que lo harían y como lo harían. Prepararon periódicos para la ocasión.

- ¿Eso quiere decir que estoy aprobada? - pregunta Natsuki.

- Eso quiere decir que estamos jodidas mi estimada - me cruzo de brazos. - Tenías razón, el club de literatura se ha vuelto una secta y esa secta se llama proyecto Troyano.

- ¡Oh vaya! - Natsuki finge sorpresa. - Déjame adivinar, se te ha ido de las manos y quieren matarte.

- No exactamente pero casi, te veo muy tranquila al respecto.

- Pues es que ya me has hecho pasar por algo similar - Natsuki se mira el costado con la cicatriz.

- Y te salvé, ¿Verdad? Recuerdas cómo fue ese día, tú y yo en la entrada y de repente un dolor inaudito en el costado.

- Si, si, te lo agradezco pero esa no es razón para andar de terrorista.

- Yo no estuve ese día en la salida contigo.

Natsuki hace una mueca y suspira - ¿Es esto una broma de cámara oculta?

- ¿Recuerdas nuestra primera pelea?

- Si, tuvimos una pelea verbal, te di una paliza y luego me noqueaste de un golpe, ¿Qué me quieres decir con eso? 

- ¿Cómo te pude dar un golpe desde la espalda si estaba discutiendo de frente contigo? Es más, ¿De donde tomaste los guantes si yo ya los tenía puestos? 

Natsuki se queda pensando, abre la boca pero no dice ninguna palabra.

- ¿Cómo me llamo? - le pregunto.

- Monika - dice dudando un poco. - Te llamas así, así estás registrada en las listas de clase.

- ¿Me llamaba así el año pasado? - Natsuki se lleva el índice y el pulgar al mentón para pensar. 

El año pasado Natsuki y yo tampoco íbamos a la misma clase, solo nos veíamos en el club. Monika puede cambiar lo que sea hackeando tecnología y yo llevo meses sin tener acceso a internet, si cambió mi nombre en los registros para que saliera Monika en todos lados no puedo saberlo, pero estoy segura de que no puede alterar los recuerdos del año pasado.

- No me lo dijiste - dice Natsuki. - Creo que nunca me has dicho tu nombre.

- Me llamo Felicia María Camila de los Santos Cipriano - le extiendo la mano. - Un placer.

Natsuki mira mis ojos decididos, ella está confundida pero también me estrecha la mano y entonces el universo entero se revela tal y como es. Monika influye en su mente lo justo y necesario, recuerda quién es y que le hizo.

- ¿Dónde está esa zorra? - me pregunta.

- Muerta - digo yo sin poder evitar una mueca. - Al menos de momento, tenemos que avisar a las demás.

- Sube - me señala la moto de un movimiento de cabeza. - Yo conduzco.

Capítulo 52: de aquí para allá.

Y sucede en un parpadeo, de repente estoy en casa de Émili explicándole el sin sentido que supone que yo estuviera en el club el día que se fracturó la espalda.

- Pero no te vi esa noche - me dice. - Éramos como ocho personas sin contarme.

- ¿Y no se te hace raro? Tanta gente queriendo luchar y faltaba un hueco.

- No lo se, no me acuerdo.

- Pero te acuerdas del discurso que te di en el hospital, ¿Por qué querría hacer eso después de no evitar que te rompieran la espalda? 

- Un poco rebuscado todo esto, ¿No? - concluye.

- Confía en mí una vez más y lo entenderás.

Cuando le estrecho la mano Émili es consciente de todo, entonces ella también odia a Monika por dejar que acabara así y por usar sus traumas como combustible.

Monika no obligó a nadie a pegarse, pero si nos incentivaba, era la forma fácil de desahogarse, liberar todo en base a puñetazos, ¿Sabías que si te estás ahogando cuanto más te muevas más rápido te hundes? Pues eso.

Parpadeo otra vez, estamos en casa de Yuri, a ella no hace falta tratar de convencerla. Yuri suponía que tenía doble personalidad desde que fingía estar preocupada pero luego me excitaba conforme me contaba cómo se hacía los cortes.

- No me excitaba - digo ruborizada. - Esa es la cara que ponía cuando sabía que iba a dormir bien.

Nadie se lo cree, como sea hoy ya es de por si un día de locos.

La casa de Rumina está a 10 minutos de la de Yuri, lo se porque Émili lo sabe por aquél día que vinieron juntas a preparar mate. Conforme nos acercamos a la casa de Rumina trato de pensar muy bien las palabras que voy a usar, no puedo simplemente llegar y decirle, "¿Te acuerdas de la muerte de tu novio? Fue una persona idéntica a mí pero no soy yo". Émili y Yuri se han ofrecido como voluntarias para explicar todo, pero no, tengo que hacerlo yo. Yo empecé esto y yo voy a terminarlo.

Llamo a la puerta, "ya voy" dicen con acento argentino. Rumina abre la puerta y nos encuentra a todas en una formación casi de pirámide. Desde su perspectiva esto tiene que ser como el inicio de un vídeo musical.

- Creo que puedo saber por qué no están en el instituto - dice Rumina. 

- No voy a ocultarme ni a fingir que no se de que hablas, pero si dejas que me explique todo cobrará sentido.

- Dale.

- ¿Recuerdas el día de nuestra pelea? 

- Como si hubiera pasado ayer - me dice Rumina mirando mis cicatrices.

- ¿Recuerdas cómo acabó? 

- Me lanzaste contra el suelo y me mandaste al hospital.

- Un momento - le digo indicando pausa. - ¿Me recuerdas a mí diciendo "mandarla a un hospital"? 

- Si - Rumina se cruza de brazos y se apoya en la puerta. - ¿Qué tiene? 

Era evidente que Monika también podría copiar el tono de mi voz pero quería estar segura, ya decía yo que era muy parecido.

- Desde ese día Nacho se empezó a preocupar por ti, por tu salud física - suspiro pero Rumina no cambia su expresión. - Es largo de explicar pero Nacho y la bibliotecaria querían cerrar el club de literatura.

- Por eso los mataste - ataja ella.

- Yo no los maté. 

- A claro wacha, seguro fueron tus amiguitas, ¿No? Esa pandilla de mal nacidas más peinadas que una Barbie de mil pesos, ¿Es eso lo que me querés decir? ¿Qué lo sentís y no volverá a pasar? - Rumina no ha cambiado de pose, su temple es impresionante.

- Rumina, no fui yo quien lo mató, fue Monika.

Es suficiente, he colapsado el vaso, Rumina me asesta un puñetazo en la ceja y duele, duele como no tienes idea. Cuando me va a dar el segundo la detengo de las muñecas.

"Nunca hagáis esto en una pelea".

Dejo que Monika influya en ella y le muestre la verdad. Émili me empuja hacia atrás mientras Yuri y Natsuki sujetan a Rumina que se tambalea. Es un shock muy fuerte de emociones supongo, no todos los días ves tus recuerdos olvidados.

Miro la hora en mi móvil.

- Tengo que irme, tengo una cita importante en el centro de la ciudad y debo ir sola - digo.

- ¿Por qué? - me pregunta Émili.

- No hay tiempo para explicaciones, de verdad que lo siento - ya estoy echando a correr entre callejones.

Yo nunca he estado aquí, pero de repente conozco el mapa a la perfección, lo sé porque Monika lo sabe. No puedes romper algo de buena manera sin conocer sus partes primero.

MC está ahí, está en la mesa del fondo, la más alejada de la salida, hace gestos raros con el brazo, como si le doliera. Entro al local aparentando no tener ninguna prisa.

- Buenos días mi señora - dice una camarera de metro setenta con un ojo morado cubierto de maquillaje.

- Hablaré con él, que nadie interrumpa.

- Como usted desee mi señora.

Me pregunto si las hijas de viuda estarán triangulando mi posición, tal vez tienen un mapa de la ciudad en mi casa lleno de tachuelas y cuerdas para saber que estoy haciendo y con quien me junto, esa es la única razón valida por la cual le hubieran dado un sitio a solas a MC en uno de los restaurantes más prestigiosos sin reserva previa.

MC nunca ha estado en el club de literatura, para él no hay diferencia entre Monika y yo. MC no tiene líneas de tiempo que nos unan y cabe la posibilidad de que él esté enamorado de Monika, lo cual hará que entienda todavía menos la situación.

Retiro una silla y me siento delante de él.

- Tengo miedo - es lo primero que me dice. Me limito a a sentir con la cabeza. - Antes de venir aquí me pasé por tu casa, había una reunión de casi dos docenas de mujeres y una me ha echado golpeándome con una escoba.

- Si - digo casi meditando. - Ellas hacen eso aveces.

Una camarera con la mandíbula casi dislocada pero una cara bonita se acerca a nosotros.

- ¿Va a desear algo mi señora? Todo lo que ustedes dos pidan será gratis - nos dice.

- ¿Por qué será gratis? - pregunta MC, pero no obtiene respuesta.

- Yo no quiero nada, ¿Y tú? - miro a MC con toda la seriedad que puedo.

- Una sopa de marisco y una hamburguesa - dice MC mirando los ojos muertos de la camarera.

- Traerlo limpio, por favor - digo yo.

- Entonces le recomiendo que no tome la sopa de marisco, mi señora - dice la camarera.

- Pues que sean dos hamburguesas - respondo con un ademán.

- Así será, mi señora - hace una reverencia perfecta y se va.

- ¿De que iba todo eso? - me dice MC.

- Creen que soy Monika.

- Bien - dice MC cruzándose de brazos. - Vas a tener que empezar a explicarte.

- ¿Te acuerdas de la noche anterior al día en el que desapareció Sayori? - le pregunto de forma tranquila. - ¿Me puedes decir que pasó? 

- Tú estabas ahí, deberías acordarte de que hiciste - me responde él. 

- Recuerdo que te observé en la puerta de mi casa desde la ventana de mi cuarto, que esperé a que te fueras y que luego me tumbé mirando el techo hasta la mañana siguiente porque apenas pude dormir.

- ¿Y ya? ¿Eso es todo lo que recuerdas?.

- Eso es todo lo que pasó - respondo sin ningún atisbo de duda.

- Que raro - MC se echa adelante y se apoya en la mesa. - Yo recuerdo perfectamente que después de estar quince minutos esperando pasando frío para darte un libro me miraste por la ventana, me ignoraste y cuando me marché saliste corriendo de tu casa, me abrazaste y me dijiste que lo sentías mucho, luego te pusiste a llorar en mi pecho por diez minutos hasta que te entregué el libro que Sayori me dio - MC alza una ceja, quiere saber si entiendo lo que dice.

Empiezo a recordar, yo no, Monika empieza a recordar por mí. Se aseguró de que MC estuviera lo más lejos posible para que no la viera por la ventana, luego fue corriendo a él para saber que tenía de importante ese libro y cuando se lo dio se abrazó a él y le dio un beso, pero MC la aparto delicadamente, "no me parece que sea buen momento para eso" la dijo. Monika volvió a casa enfadada y dispuesta a terminar con todo con la paciencia de un cocodrilo.

- ¿La mataste verdad? - me acusa.

- No fui yo, fue Monika - respondo. - Monika y yo tenemos la misma cara pero eso es difícil de demostrar ante la ley.

- Y una mierda - dice MC. - Estoy cansado de tus tonterías, no me importa si te gusta darte palizas con mujeres maquilladas pero lo que estás haciendo está mal.

- No lo estoy haciendo yo, lo está haciendo Monika - extiendo mi mano. - Si me dejas que te lo muestre...

- ¡No me toques! - MC grita y retira la silla. Dos de las camareras del lugar se giran de inmediato.

- Está bien - MC está en todo su derecho para creer que soy Monika, tiene pruebas de sobra. - Solo toma esto - sobre la mesa pongo un billete de cincuenta, el que lo comenzó todo, un gesto sincero. - Toma el dinero y ve a la parada de autobús más cercana, solo súbete en el autobús si lo conduce un hombre y si no hay mujeres a bordo - esto último lo digo susurrando. - Tendrás que ir al antiguo instituto de Émili, no me acuerdo de como se llama pero es un lugar seguro, solo busca en la biblioteca a una mujer de pelo castaño con gafas y di que vienes de mi parte, te tratarán bien.

- Ajá, ¿Y tú dónde irás? - me pregunta.

- Voy a terminar con este club de una vez por todas.

- Espero que puedas hacerlo desde prisión entonces, porque he llamado a la policía, les he enseñado tu mensaje de voz y ya están aquí.

La puerta se abre, entran tres oficiales de policía, reconozco a dos, el mundo es un pañuelo. Son los dos policías que estaban el día que embargaron mi casa, el día que casi toco fondo, el día que dejé que Monika influyera en mí. No voy a ser capaz de controlar mis emociones.

- Señorita, usted queda detenida bajo sospecha de cómplice de terrorismo - se acerca a mí el policía que una vez se rió de mí situación. - Tiene derecho a permanecer en silencio y a un abogado, todo lo que diga podrá ser usado en su contra.

No puedo controlarme, las emociones me van a 200 por hora. Veo como las camareras se acercan a dos de los policías mientras el más grande se acerca a mí.

- No te culpo - le digo a MC. - pero quiero que sepas que pase lo que pase hoy soy inocente, aunque no sea capaz de probar nada.

- Eso díselo al juez - contesta el policía a punto de ponerme una mano en el hombro.

Todo sucede en un pestañeo, mi puño va directo a la quijada del policía obligándolo a retroceder mientras las dos femfatal se abananzan por la espalda de los policías restantes.

Nunca hables de más delante de un policía si no estás arrestado, ellos legalmente pueden mentirte.

Capítulo 53: di mi nombre.

El promedio de las personas no sabe pelear, el promedio de los policías sabe un mínimo sobre pelear pero seguramente nunca lo ha puesto en práctica, por eso los policías se retiran de las calles a los sesenta años y los boxeadores se retiran del rin en torno a los treinta y seis.

Os podéis imaginar como de grande es mi suerte por estar enfrentándome a un policía de 32 años aproximadamente y de 94 kilos con entrenamiento básico en lo que parecía boxeo. Básicamente era Sony Liston al principio de su carrera, yo solo tenía la experiencia de mi lado y tampoco apostaría mucho.

Parece que todos en esta ciudad saben un mínimo de pegar puñetazos pero lo más probable es que aprendiera para defenderse de la ola de peleas callejeras que se habían reportado últimamente. De nuevo, Monika un paso por delante.

El primer golpe sirvió para aturdirlo, pero sabía que mis puños no podrían dañarle el pecho o las costillas así que me centré en los dientes. Mi gancho de izquierda salió volando y se impactó correctamente, lo suficiente para hacerlo retroceder y obligarle a cubrirse con una guardia alta.

Me puse en su línea de alcance y lanza un cruzado que evado en un ángulo de 45 grados, me da tiempo a impactar su mandíbula otra vez, mis nudillos han de resonar en su cerebro, desgraciadamente no puedo evitar el siguiente golpe que impacta en mi cabeza, haciendo una brecha gemela a la que ya tenía.

Un boxeador promedio golpea con una fuerza de seis kilos a 33 kilómetros hora y puede levantar a una persona 8 milímetros del suelo.

Intento darle una patada en los testículos pero se protege a tiempo con su rodilla, resiente el daño en el tobillo que por poco no se rompe.

Otro puñetazo más, este a los ojos y me hace ver estrellas, mi adrenalina se incrementa, necesito seguir, necesito moverme. Evado un jab convencional y a base de zancadas me pongo al alcance de su hígado, hundiendo mi codo con un golpe en horizontal. Me da tiempo a agarrar su porra también, tengo manos ágiles. 

Miro a las hijas de viuda las cuales ya prácticamente han sometido a los otros dos policías, MC está apartado detrás de una columna. Salgo corriendo hacia la entrada, el policía me sigue, entonces me giro sorpresivamente y lanzo la porra. Tal como si fuera una lanzadora de hachas profesional el mango de la misma se incrusta en su ojo dejándolo ciego del ojo izquierdo, levanto la pierna y lo noqueo con una patada en el lóbulo contrario.

Las hijas de viuda aplauden con los policías abatidos a sus pies.

MC aprovecha toda la confusión del momento para salir corriendo por otra de las puertas de salida de emergencia, una que da directamente a la calle. Lo sigo, MC es rápido pero yo lo soy más, aún con las piernas dañadas, aún con cansancio encima, yo soy más rápida. Estoy por alcanzarlo cuando nos adentramos a la boca de un callejón, lo tomo del cuello de la camisa, le hago una zancadilla y lo tiro contra el suelo mientras giro, el lateral de mi cuerpo se raspa y absorbo gran parte del impacto. 

Tengo abrazado a MC, totalmente sometido, mientras giramos y nos revolcamos en polvo consigo subirme sobre él, sus brazos debajo de mis rodillas y mis manos en sus hombros.

- ¡Lo sabía, lo sabía! - grita. - ¡Estás loca, ahora vas a matarme!

- No MC, no voy a matarte, solo quiero hablar - le digo tratando de distribuir mi peso para no hacerle daño. 

- Yo no quiero hablar contigo, solo quiero que mi vida sea tan monótona como lo era antes - MC está a punto de llorar. - Suéltame, ya basta Monika.

- No... - mi cara se fragmenta. - Yo no soy Monika - estoy llorando. - Somos amigos de la infancia, deberías saber cómo me llamo, ¡Debes de saberlo!.

Me pongo de pie y me retiro, no tengo derecho a exigirle nada. 

No tengo derecho a exigirle nada a nadie.

MC también se pone de pie, tiene una cara de circunstancias. Esto es ridículo, él es quien ha sido agredido y la que se enfada soy yo.

- Está bien Felicia - me dice MC. - Llorar es sano.

Me llevo las muñecas a los ojos, no puedo dejar de llorar. Mis heridas se están sanando y yo no puedo dejar de llorar.

- Abrázame, por favor - le digo a MC.

Dejo que MC me cubra con sus brazos, de hombro a hombro.

- La verdad es que dejé el club de anime porque quería estar contigo - me dice MC. - Siempre me has parecido una gran persona, no entiendo a qué te refieres con tú o Monika, o lo que sea, pero no puedo estar a tu lado ahora, no te puedo ayudar si sigues siendo peligrosa.

- Hacés bien - le digo envolviendolo con mis brazos. - Soy peligrosa, viví ocultando mis emociones mucho tiempo, Monika solo fue el detonante, un grito de libertad. He matado a personas y he deformado a varias, yo solita, yo consciente.

- Lo sé, he visto lo que le has hecho a ese policía.

Aún no nos separamos cuando vemos llegar a Natsuki, Émili, Yuri y Rumina, las cuatro en la misma moto.

- Honoka debe estar sonriendo en alguna parte del cielo - dice Rumina.

- Iros a un hotel - dice Émili.

MC y yo nos separamos.

- Bien, ¿Ahora que? - pregunta Rumina. 

- Iros - le digo. - Subiros al primer bus que no conduzca una mujer e iros al instituto de Émili, si preguntas a la bibliotecaria ella os dará protección si vais en mi nombre, estoy segura.

- ¿Conoces a Yuuko? - dice Émili.

- Ya no responde a ese nombre.

- ¿Y que harás tú? - pregunta Yuri.

- Acabar lo que empecé.

- No te vamos a dejar sola idiota - dice Natsuki.

- No podréis con ellas.

- Chica, tú tranquila que estas rompen asfalto sí hace falta - dice Émili dándose un toque en las piernas.

- No, esta vez no os pondré en peligro.

Me concentro en el tejado que esta lejos, me imagino allí y estoy allí. Todos los demás se sorprenden por ver cómo he desaparecido. 

"Soy las emociones rotas de Monika".

Capítulo 54: protagonista.

Llego a la parte posterior de las gradas del instituto, esta zona no ha sido afectada por la explosión pero está llena de restos de polvo y fragmentos de techo, aún se pueden ver las marcas de sangre que dejamos. En la zona no hay ni policías ni bomberos, ni siquiera hay periodistas o alguien que pase por curiosidad, el proyecto Troyano ha conseguido despejar la totalidad de esta zona como una vez despejaron un pasillo.

Es un pasillo, una pasarela que me lleva hasta las afueras del instituto donde todavía se pueden distinguir en el asfalto las marcas de frenado de una camioneta. Yo situada encima de ellas puede ver a un grupo de 20 mujeres reunidas, esperándome.

Por supuesto que me esperan, soy Monika, la grande, la invencible, la calma de Napoleón y la ira de César.

- Soy Monika - digo. - Soy Monika y todas vosotras os podéis ir a tomar por culo.

Sus caras no cambian la expresión, la verdad es que dudo que tengan emociones, lo único que destaca de su rostro perfecto y seductor es la marca de soga bajo sus cuellos.

- ¡Os reto a todas a pelear conmigo, un asalto por persona, las peleas duran lo suficiente, así serán los 20 asaltos contra las veinte personas! - grito.

- Has contado mal - dice una voz en mi cabeza. - ¿Quién sufre ahora síndrome de protagonista?

- Aaaa - me tiro al suelo al sentir un ardor inhumano en el cuello.

La marca de Monika, su pacto de unión con el infierno, su esencia, su poder. No todas las seguidoras de Monika tenían la marca, solo aquellas en las que más confiaba. He mandado a mis amigos al matadero.

Monika quería que la matara, solo muertos tocamos fondo dejando de respirar.

Monika reconstruye la totalidad de su cuerpo, se manifiesta detrás de su séquito. Monika es invencible, no puedes matarla de un disparo a la cabeza y podría con 7 personas como ella a la vez. Humillaria a un profesional de M M A sin despeinarse.

"Soy Ozymandias, rey de reyes y he tocado fondo".

Combate número 1.

Me siento débil, toda la influencia que Monika tenía sobre mí se ha ido, heridas nuevas y viejas reaparecen en mi piel.

Número uno me clava su tacón en el páncreas.

"Las hijas de viuda no tienen nombre".

El combate continúa con ella dándome golpes en la cabeza hasta que llego a un muro y estrella mi cabeza contra él.

Esta vez no recupero las fuerzas, cuando estoy por caer número uno levanta mi cuerpo apoyándome en su hombro, luego me estrella contra el suelo y pisa mis pulmones.

"La tercera regla del club de literatura es que las peleas duran lo suficiente".

Número dos tiene ganas de desahogarse. Me dan quince segundos para que me ponga de pie y luego da una patada giratoria, su talón resuena en mi mandíbula mientras escupo mis muelas.

Habían puesto a Gilgamesh a desahogarse contra Héctor.

Número dos pisa mis costillas haciendo que se partan y luego pisa repetidamente mi cuello.

Quería quemar troya con Eneas y Ulises dentro.

Número dos me toma de la mano y me arrastra por el suelo desgarrando mi ropa y mi piel.

Quería que Don Quijote se rompiera la cabeza desde lo alto de un molino.

Quería que el Principito muriera en el desierto sucumbiendo entre arena y veneno.

Número dos pisa mi cuello hasta darse por satisfecha y me rompe los dientes que me quedan.

Ya habían colgado a Sayori y yo seguis sin ser feliz de una puta vez.

Número tres no tiene piedad, aún con mi cuerpo en el suelo me golpea hasta partir mi pierna, luego gira mi cuerpo y pone su rodilla sobre mis cervicales, tira de mis brazos comprimiendo mis pulmones y partiendo mi clavícula.

Nadie es invencible, toda racha muere tarde o temprano.

Se escucha un motor rugiendo en la lejanía, las llantas se desgastan en el asfalto cuando derrapa la moto.

Una patada en la boca de número tres la tumba y me deja respirar otra vez.

- Ups - dice Émili. - Creo que mi invitación se perdió en el correo, ¿Es así como se juega a esto no?.

Rumina gira mi cuerpo y lo arrastra fuera del área de peligro mientras Yuri y Natsuki me protegen.

No estoy sola, nunca lo he estado. Cuantos quisieran ayudarme con mis problemas.

- ¡No las matéis! - grito mientras escupo sangre. - Están poseídas.

Estaban poseídas, poseídas por Monika. Monika la chica capaz de destruir la realidad, la chica capaz de borrarnos a todos, ¿Qué está haciendo Monika?

Mirándola en el epicentro de nuevo veo como aún no se a reconstruido, pero está en proceso. Monika tiene limitantes, como un arma, tan destructiva como inútil.

MC solo está mirando y se asusta cuando una mujer viene por él, mujer que Yuri noquea con un gancho de izquierda.

- ¿Pero que haces? - le dice.

- Es que a mí no me gusta pegar mujeres - le dice. - Es mi regla personal.

Eso está bien - Yuri se sonroja un poco. - Pero en este momento tienes que elegir, ayudar a Felicia o tus reglas personales.

Soy Felicia, la niña de nombre horrible.

Soy Felicia la niña repudiada por sus padres.

Soy Felicia la niña que nació por accidente, la hija bastarda del destino.

Soy aquella que creía que sus desgracias eran pequeñas y que solo le importaban a ella.

Los demonios no están en el infierno.

Soy mi propio infierno y en el infierno no hay reglas.

Lo malo de que no haya reglas es que siempre hay alguien que intenta ponerlas.

Rumina le saca los dientes a una femfatal que intentaba llegar a mí.

- Che - dice Felicia. - ¿Quién de todas estas es Monika? - me pregunta.

No la ven, pero yo tengo muy claro quién es y por fin la he alcanzado.

- Es suficiente - grito.

Mi cuerpo se incorpora, la realidad se restaura, las hijas de viuda caen cuando Monika recupera su cuerpo y aparece levitando en el epicentro. Mis amigos bajan la guardia cuando ven a todas las hijas de viuda perder el conocimiento.

- No deberías tener tu poder de vuelta - me dice, pero solo yo la veo y escucho.

- ¿Sabes cuál es tu problema Monika? - pregunto mientras mis pies se separan del suelo. - ¿Sabes que es lo peor? La peor parte es que tienes razón y el mundo demostrará que te equivocas.

Capítulo 55: latidos del club de lucha.

- No me hagas reír - dice Monika en total seriedad. - Nunca has podido ganarme, solo me venciste cuando me dejé ¿Y ahora vienes a retarme en mi terreno?

- Si, porque nadie me dijo que sería fácil tener un final feliz, pero me enseñaron que merecía la pena luchar por él - estoy convencida de cada una de mis palabras.

- ¡No va ha haber final feliz para nadie! - Monika apunta con sus palmas hacia el suelo, el terreno se fragmenta y la ciudad tiembla con la fuerza de un terremoto de magnitud 6.

- ¡Me vas a quitar el final feliz de mis frías manos muertas! - me impulso a por ella y mi puño se estrella contra su estómago, lanzando a Monika más allá de las nubes.

Mis amigos miran atónitos como he ascendido, no puedo fallarlos, no me importa si es cliché, no me importa si tengo razón, tengo un propósito y voy a cumplirlo, Monika puedes ir diciendo adiós a tus dientes.

En verdad tengo que darle las gracias a Monika, gracias a ella he ganado valor, experiencia y si todo sale bien una cadena perpetua porque pienso confesar todo lo que esta a hecho y pagar por los crímenes cometidos. Monika hunde su pie en mi estómago y yo le golpeo en el cuello, ambas generamos una onda de choque que disipa las nubes circundantes.

Antes de esta pelea ni siquiera sabía cómo de grande era mi ciudad y ahora aprecio mejor sus 60.400 hectáreas mientras Monika me abolla la frente con un rodillazo.

Los nudillos de Monika se desgastan contra mi nuca y salgo disparada hasta el suelo. Mi cuerpo choca y está a punto de derribar el único rascacielos de la ciudad, afortunadamente ya domino esto, más o menos, y allá por donde paso el edificio se reconstruye. 

Antes de ser perceptible para cualquier ojo llego hasta la cima de un edificio, aquí me encuentro a una chavala de pelo corto de cómo mucho cinco años bebiendo de una botella de alcohol.

- Oye deja eso - tomo el cuello de la botella y se lo quito de las manos, reviento la botella con un toque de mis dedos y la reconstruyo para que sea un cuchillo. - Debería darte vergüenza, no tienes edad para esto - le digo a la niña antes de salir disparada entre los edificios a la velocidad de una explosión de gas, sin exagerar.

Los impactos que tengo con Monika no suenan porque nos movemos más rápido que el sonido.

Usando mi daga improvisada repotenciada con la energía que rompe el mundo apuñalo tres veces el brazo derecho de Monika. Esta me toma del cuello de la camisa y ambas giramos hasta que me da un uppercut que me manda a la otra punta de la ciudad.

A pesar de la kilométrica distancia que nos separa lanzo mi cuchillo que en medio segundo está a punto de tocar la pupila esmeralda de Monika, pero ella lo borra sin ninguna dificultad.

Volvemos a chocar, puedo notar como mis brazos y los de Monika se fragmentan, somos dos fuerzas imparables luchando por ver quién cede primero.

Luchar en el aire es como luchar bajo el agua de una piscina, supongo, nunca he estado en una piscina, mi madre odiaba esos lugares y mi padre nunca quería pasar tiempo conmigo. Evito un puñetazo de Monika y golpeo con todas mis fuerzas bajo su axila, tendría que haber echo esto con el cuchillo, podría haber arrancado su extremidad y mientras pienso esto en mi puño se forma un cuchillo que separa el hombro de Monika del resto de su cuerpo.

- Ja ja, ¿Qué te parece eso? 

Monika materializa una pistola y me vuela la mitad de la cabeza con una bala que iba a mach 20, luego junta sus puños y a modo de martillo me golpea la columna, mandándome hasta el ya de por si destruido instituto, reviento la parte más intacta del techo y caigo boca arriba dejando un boquete en el suelo en el que cabría una ballena azul.

Cero coma cero cero cero tres segundos, eso es lo que tardo en reconstruirme. Podría reconstruir cualquier parte de mi cuerpo, pero el dolor de los golpes no se va tan fácil.

- ja ja - dice Monika sarcásticamente. - ¿Un cuchillo? Eso es lo mejor que tienes.

Aunque trato de  incorporarme mis rodillas no aguantarán mucho más, puedo reconstruirme pero no tengo inmunidad al cansancio. Hoy ha sido un día muy largo y eso que solo son las ocho de la mañana.

- No eres tan fuerte Monika - le digo. 

- Soy lo suficientemente fuerte para destruirte a tí junto a esta ciudad - me dice. - No es por presumir pero en verdad es muy sencillo de hacer, basta con rasgar la realidad en un rango de 40 kilómetros y esta ciudad desaparecerá como una gota de agua en el desierto.

- Santo cielo cállate - le digo. - ¿De verdad no te das cuenta de todo lo que hablas? Tienes un exceso de confianza enorme.

Monika pone los ojos en blanco. - Sabes eso ha sido muy grosero, incluso viniendo de ti.

- ¿Sí? Pues no pestañees porque esto te va a encantar.

Monika dalea la cabeza para ver cómo por la puerta chamuscada y medio inestable Émili entra dando una patada, le siguen MC y todas las demás.

- ¿Qué me van a hacer ellos, darme sermones de superación hasta que me muera? - me dice arrogante.

Levanto mi manga y de ella arranco un cuchillo, el cuchillo que Monika creó, el cuchillo que pudo matarla una vez.

Estocada.

Lo clavo en mi corazón, Monika se desploma desde las alturas, como un rayo cae en tierra, con una herida de puñal en el pecho.

- ¿Qué demonios? - dice Monika.

- ¿Felicia que haces? - grita MC.

- ¡Atrás! - les grito yo. - No eres real para ellos porque te has fundido con mi mente, ¿Verdad Monika? - empiezo a toser sangre, cualquier puñalada en el pecho que sobrepase los 20 centímetros es prácticamente mortal.

- ¿Qué tiene eso que ver? - me dice mientras se retuerce de dolor.

- Eso quiere decir que dependes totalmente de mí para existir, pero no es solo eso, dependes de mis ganas de vivir, si yo muriera luchando tú usarías esas emociones para mantenerte viva, invencible. Por eso no te importaba borrarme en combate, por eso no te importó morir una vez porque yo seguía creyendo que volverías - vuelvo a elevar el cuchillo y a clavarlo en mi pecho. - Pero ya no, ¡No tienes control sobre mí, no eres invencible!

- Para por favor - grita Monika mientras se desangra. - No quiero morir, no hay nada al otro lado.

- Que mala suerte, porque yo creo que cuando esta vida acabe cada quien recibirá lo que merece - me doy una serie frenética de puñaladas, cada vez menos profundas, cada vez con menos fuerza. - No hay nada que puedas hacer al respecto para cambiar mis creencias, si es que hay, y yo se que hay, nos veremos en el infierno.

Monika deja de moverse, yo caigo de espaldas, el puñal resbala de mi mano y se escurre entre mi propia sangre perdiéndose por el suelo.

- Estáis viendo eso - dice Natsuki viendo como el cuerpo de Monika se materializa.

- Esa es... - Yuri iba a decir algo, pero ya no la escucho.

"Quién luche con monstruos cuide de no volverse uno".

Capítulo 56: el hombre de la casa lila.

He estado en el purgatorio, me he encontrado con Honoka allí.

- Valla, ¿Cómo tú por aquí? - me preguntó.

No pude evitar notar que todavía tenía el agujero de bala en la cabeza. Yo también tenía mi pecho lleno de puñaladas, había hecho de mi uniforme escolar un estropicio.

- Bueno, ya sabes, la vida tarde o temprano termina, al final todos morimos- le digo encogiéndome de hombros.

- Si, odio cuando me pasa eso - ambas nos reímos.

- ¿Hay sitio para una más? - Sayori viene hacia nosotras planeando con sus alas, rodeada de un séquito de querubines, seres de cuerpo humano y alas con cuatro cabezas.

- Por supuesto - le digo. - Aquí no pasa el tiempo, así que hay tiempo para lo que sea, suponiendo que esto sea real claro.

- Depende de lo que entiendas por real - dice Sayori.

- Oye, tu cuello está bien otra vez - le digo. - Eso no es justo, yo tengo mi ropa hecha un desastre.

- Eso es porque has aceptado tu destino - me dice Sayori. - Cada uno puede hacer lo que pueda con lo que tenga, somos dueños de nuestras acciones.

- ay por favor, ¿Puedes dejar de hablar como si cada una de tus frases fuera a ser escrita en una pared y firmada con un grafiti que diga "acción poética"? - le digo.

- Todavía tienes la esencia de Monika, tontita - me dice. - puedes usar parte de tu poder post-morten como ella hizo.

- Pues haber empezado por ahí, se me acaba el tiempo - le replico.

- Aquí no hay de eso - dice Honoka. 

Bien, como sea, no puedo engañarme a mí misma, no otra vez.

Todo sucede en un pestañeo, noto el escaso poder de Monika fluyendo por mis venas, de un chasquido quito su influencia en las emociones de todas y cada una de las mujeres afectadas por el proyecto Troyano y el club de literatura.

Otro pestañeo, el cuerpo de Sayori, ya sin la influencia de Monika se manifiesta a pocos pasos de mí. Retiro la influencia de Monika en su muerte, doy fuerza y esencia, el corazón de Sayori vuelve a latir, para ella esto ha sido como un sueño.

Pestañeo otra vez, estoy en los brazos de Rumina, rodeada de la gente que quiero.

- llevarme a un puto hospital - es lo único que puedo balbucear.

Ir semi-inconsciente como copiloto en una moto a más de 100 por hora es una experiencia que no recomiendo.

Encontraron el cuerpo de Reichel en el hospital, simplemente reapareció totalmente intacto pero inerte.

Capítulo 57: hola.

Y aquí sigo, 14 años después de declararme culpable de todos los cargos posibles más el echo de que golpeé a un juez por ponerme a una mujer de abogada, han hecho que hoy día este condenada a 4 cadenas perpetuas. 

La hora que no estoy desayunando, comiendo o cenando me dedico a entrenar boxeo de sombras en mi celda o a leer. Me he leído un libro de 1996 llamado "El club de la lucha" de un tal Chuck Palahniuk, me ha gustado bastante, me identifico mucho con el protagonista.

Tengo derecho a una hora de visita al mes y no concedo entrevistas a periodistas. Las visitas las realizan mis antiguas amistades y me cuentan que tal les va.

Empecemos hablando de Rumina, es psicóloga y boxeadora de peso pluma a tiempo parcial. También ha realizado varias visitas al extranjero como parte de una campaña de ayuda humanitaria y concienciación.

Émili ha abierto un gimnasio para entrenar boxeo y kick boxing, es un ejemplo de superación, por ese mundillo la conocen como Émili "piernas de hierro", me pregunto por qué.

Yuri trabaja en un anticuario, estudia espadas y cuchillos, ha escrito sobre eso y tengo algún que otro libro suyo.

Natsuki nunca le confesó la verdad a su madre, al final se convirtió en piloto de moto profesional y con lo que gana se está pagando una carrera universitaria.

MC es profesor de guardería y se casó con Sayori, la cual trabaja en una biblioteca. MC y Sayori empezaron a salir poco después de la muerte de Monika, al parecer a MC le preocupaba que Monika pudiera regresar o manifestarse en Sayori, pero no ha pasado nada desde entonces.

Cada pocos meses aparece una nueva propuesta para reexaminar mi caso, al parecer extrañas abogadas muy atractivas quieren hablar conmigo y determinar si digo la verdad o estoy incubriendo a alguien, no se creen que todo lo del proyecto Troyano lo hiciera yo sola con 20 mujeres que a día de hoy siguen en el anonimato.

Hay una razón por la cual no voy a dar más declaraciones, de vez en cuando, mientras entreno en mi celda pasa una señora de la limpieza con un ojo morado y me dice "no se preocupe mi señora, todo va según el plan". A veces mientras estoy comiendo alguna reclusa comenta, "Admiro su determinación mi señora". Pero nadie se sienta a mi lado, estoy sola y extrañamente, se que tengo al alcance de mi mano a la mejor compañía.

No le desearía mis problemas a nadie.

Capítulo 58: Hasta luego.

Se llamaba Felicia María Camila de los Santos Cipriano y tenía 18 años cuando fue ingresada en prisión después de que sus amigos la salvaran de su intento de suicidio.

Felicia usaba el alías de "Monika" y se dedicaba a organizar peleas clandestinas gratuitas entre mujeres. También formó su propio escuadrón terrorista con 20 mujeres, originalmente eran 24 pero ella mató a las 4 que la traicionaron. Cómo testimonio de este hecho tenemos al único superviviente, un delincuente llamado Cracker Jacker.

Felicia se declaró a si misma culpable de 3 cargos más:

- Asesinato, mató a:

> Un drogadicto sin nombre al que colgó en un callejón.

> Un padre de familia abusivo al que aplastó la cabeza.

> El delegado de su curso. Enterró su cuerpo en la parte trasera del instituto.

> Una adolescente embarazada. Aún hoy día se desconoce como lo hizo pero previamente le dio una paliza hasta hacer que abortara, luego metió su cuerpo en un coche que estrelló. La adolescente sobrevivió pero tubo que ser hospitalizada.

> Un estudiante. Intentó vengar a la joven embarazada y Felicia le abrió la cabeza con una taquilla.

> 4 de sus acólitas. Las siguió hasta su casa y les rompió varios huesos, es muy probable que abusara sexualmente de una de ellas mientras la golpeaba.

> Otro adolescente. Era un boxeador amateur llamado Nacho "puños sin sombra", lo tiró de lo alto de un edificio contra una verja con púas.

Aparte se la acasusa de causar desorden público, destruir instituciones con fugas de gas, traumatizar a investigadores privados, etcétera.

La chica deja de leer en ese punto, cierra la página del ordenador en la que lo estaba mirando y sale de su estado de flow.

"Que página más sensacionalista", piensa mientras se rasca su cabellera verde. " Ni siquiera puso el incidente del autobús, que rabia".

En otra parte de la ciudad una niña que lleva meses sin probar una gota de alcohol también cierra la página desde su móvil y piensa "joder, si era una persona real".

En un instituto de otra ciudad una bibliotecaria cierra la página y piensa "no me puedo creer que fuera así, parecía tan simpática".

Sayori lee esa página en el ordenador de su trabajo de la biblioteca, ella piensa "si supieran la verdad les haría daño".

Mientras tanto Felicia a sus 32 años permanece en prisión, condenada a cuatro cadenas perpetuas por cargos de asesinato, acoso, agresión sexual y terrorismo premeditado. "Y que feliz se vive", piensa ella.

Capítulo 59: aquella que regresó del olvido.

- Se escapó - dice el ángel.

- ¿Cómo lo hizo? - pregunta ella.

- Se dio cuenta de mi ausencia cuando perseguía a alguien que entró aquí - responde el ángel.

- Tú persigues a alguien aquí todos los días, por eso eres el guardián del infierno - responde ella.

- Esta era distinta, rompió las reglas - dijo el ángel.

- Mmmm qué curioso, eso no había pasado desde que estuvo aquí la hija de Dan, ¿Cómo se llamaba? - preguntó ella.

- Monika, se llamaba Monika, la chica que vino también estaba vinculada a ella - dijo el ángel.

- Ya veo, hizo lo mismo que su padre. Je, si es que al final la cabra siempre tira al monte - dijo ella.

Entonces ella, la deidad sin nombre, la del nombre maldito, la diosa olvidada se levantó y aquel vacío infinito tembló por ello. None había regresado.

- ¿Cres que esto sea obra del destino? - preguntó el ángel.

- Yo no creo en esas tonterías - respondió ella.

Capítulo 60: Diario de sueños.

Abrió la puerta a las tres de la mañana, ataviada con unos zapatos rojos, una falda a juego y una camiseta blanca, la niña de pelo largo y castaño salió de su habitación. 

Detrás de la puerta no había ningún ángel.

Fuente.

Eso fue hace 14 años, hoy esa niña, ya hecha una adulta joven de 20 años camina entre los restos quemados de un instituto que jamás se reconstruyó. Sin pausa pero sin prisa llega hasta una habitación donde una puerta de hierro está caída y dentro hay un cráter impresionante que todavía tiene marcas de sangre seca en el epicentro. Del epicentro y de la sangre resbala un cuchillo, un arma punzante y peligrosa que parece ser que nadie más ve, pero ella si la ve, sabe donde está porque lo vio en un sueño.

Se mueve entre los pasillos llenos de polvo, ceniza y el paso del tiempo. Ha soñado con todas las habitaciones, aquí había una máquina expendedora de zumo de manzana que no aceptaba billetes, aquí había una sala de repostería, aquí había un cuarto con una impresora y aquí está el club de literatura.

Sabía que era el club de literatura porque era la zona con las paredes más gruesas, la sala más insonorizada posible para que no las molestaran mientras leían. El club de literatura fue la sala más afectada por la explosión, de las dos puertas solo quedaban astillas, el suelo se había levantado y las dos ventanas no tenían ni marco ni cristales.

Cuando despertó el armario seguía ahí.

Imponente, intacto, maldito, como si una telépata lo hubiera restaurado astilla por astilla. De lo que había dentro solo le interesó tomar el cráneo que rápidamente tiró al suelo y pisoteó, y el hilo rojo bordado en el vestido que le parecía perfecto para un uniforme.

Buenas noches y dulces sueños.

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