Mi mejor amiga es un agente americano - parte 2.
Capítulo 16: San Valentín para tí y para mí.
Al acabar las clases, "Sara" fue un rato a la biblioteca antes de ir a pasarse por el hospital. Pese a todo, la situación de Misel no era tan mala y tenía el horario de visitas abierto de cuatro a seis de la tarde, el resto del tiempo era comer y reposo por lo que le había contado su madre.
"Sara" entra a la biblioteca y pasa por el mostrador saludando a Sayori con un tono bajo. Sayori quita sus ojos del libro sobre espadas medievales que estaba leyendo y le devuelve el saludo con un "buenos días" sonriente.
"Sara" se sienta en una mesa verde entre dos estanterías de cuatro sillas. Pone su portátil HP en la mesa, la carcasa principal tapada con pegatinas de los cuadros del Greco, la batería está baja y necesita poner su portátil a cargar en uno de los enchufes de las paredes.
El portátil enfrente de ella y "Sara" a cierta distancia mirando la pantalla encorvada con las manos cruzadas en el regazo, de vez en cuando mueve su cabeza adelante y atrás como si estuviera en una mecedora.
Está leyendo varios poemas del siglo XVI, tanto nacionales como del exterior, en especial los del exterior, aún le parece increíble la facilidad con la que algunos poetas escriben sonetos.
"Estoy haciendo algo que no debería estar haciendo", se martirizaba en su mente por pasar el rato en lugar de estudiar. "También tengo que buscar a alguien que tenga apuntes de otros años", piensa mientras se rasca una oreja y nota como poco a poco se cierra su agujero para pendientes "¡Por las nubes victoriosas! Está más cerrado que la última vez", no solía llevar ni pendientes ni anillos pero le aterrorizaba la idea de tener que perforarse las orejas otra vez, ella no era de esas macarras que se perforan las orejas por gusto para ponerse piercing.
Llegada su hora, "Sara" recoge y se despide de la bibliotecaria con un movimiento de mano que ella responde con un "vuelva pronto" y una leve inclinación de cabeza.
"Qué agradable es esa chica, la próxima vez que juguemos a las cartas la ganaré", piensa Sayori.
"Sara" llega al hospital sobre las 16:05, se escuchan voces dentro de la habitación de Misel, piensa que tal vez son las enfermeras y decide esperar a ver qué escucha.
- Si es que eres una chica demasiado intensa - comentan.
"Sara" reconoce de inmediato la voz, es Filenis, la mejor amiga de Misel.
- Vino el burro a hablar de orejas - le responde Misel.
- Pues no me ha hecho gracia, incluso llegué a pensar seriamente en fumar crack para desahogarme un poco - dice Filenis en un tono que roza la delgada línea entre seriedad y sarcasmo.
- Ni puta gracia me hace - arremete Misel. - Lo último que necesito de tí es una recaída, o que pierdas otra pierna.
- Vale, ¡Era broma! No alces tanto la voz, la gente lo sacará de contexto.
"Sara" intuye que este es el momento perfecto para intervenir fingiendo que no ha escuchado nada, gira el manillar y pasa a la sala.
- Buenos días, ¿Interrumpo algo? - dice "Sara".
El cuarto era bastante espacioso y bien iluminado con una serie de tres ventanas en una fila horizontal. Había tres camas en fila separadas con cortinas y todo olía a medicina, los tonos verde menta de las baldosas del suelo, las cortinas, las sábanas y hasta la ropa de Misel daban esa sensación inconfundible de hospital.
Misel estaba sentada, apoyada en la cabeza y a su lado estaba la figura imponente de buena musculatura y metro ochenta y cinco que se hacía llamar Filenis.
Quizás el único detalle que le llamó la atención a "Sara" era el racimo de rosas puesto en un compartimento de los pies de la cama. "Con amor y cariño, espero que te recuperes", ponía en una etiqueta que colgaba de un hilo.
- Buenas tardes pequeñaja - le dice Filenis. - Aquí la deportista de élite y yo estábamos teniendo una charla sobre drogas.
La cara de sorpresa de "Sara" no se compara con la de Misel que le suelta un puñetazo amistoso en el estómago a Filenis.
- Auch - dice. - Oye, contrólate.
- Cuida tu boca delante de mí hermana - le reprende Misel con severidad.
- Lo siento, "Sara" - dice Filenis con la cabeza gacha.
- Es altísima majestad "Sara" para ti - dice Misel que exagera el movimiento de muñeca y apunta al suelo. - Ahora arrodíllate y pídela perdón.
- Por favor, no hagas eso - le dice "Sara" dejando su bolso en la primera silla que ve libre. - Veo que el sentido del humor no le has perdido.
- La que se va a perder un rato soy yo - dice Filenis. - Voy con hora a un lugar importante, ¿Qué hora es? - le pregunta a "Sara" buscando su muñeca.
- A ver - "Sara" mete su mano en el bolsillo, saca el teléfono y ve que son las 16:07. - Casi y diez a falta de tres minutos.
- ¿No tenías tú un reloj de pulsera siempre contigo? - dice Filenis rascándose la parte posterior del cuello confusa.
- Lo perdí en... - la mente de "Sara" busca una escusa a la velocidad de la luz. - Natación sincronizada.
- Puf - a Misel casi se le sale el aire del cuerpo conteniendo una risa que convierte en tos. - Perdón, espasmos de cólicos - dice a modo de escusa.
- Bueno, pues os dejo familia - dice Filenis alzando una mano a modo de despedida.
- Adiós - dicen las hermanas al unísono.
Cuando Filenis cierra la puerta los ojos de "Sara" poco a poco se desvían hacia las rosas de nuevo.
- ¿Son de Matías? - pregunta.
- ¿Enserio "Sara"? - pregunta su hermana con un tono cansado. - ¿De verdad te molestaría que mi novio me hubiera traído flores?
- No, no, solo preguntaba.
- Empiezo a pensar que tú piensas más en él que yo, lo cual es raro porque solo le ves como una vez cada tres meses.
- Ini viz cadi tris mises - remeda "Sara". - Solo me molesta que haya tenido el detalle antes que yo, me iba a pasar a comprarlas pero están caras y no tenía tanto dinero encima.
- Jejeje - Misel se ríe un poco más disimuladamente. - No son de Matías, me las ha traído Filenis, ¿Te gustan?
- Son un bonito gesto de amistad - dice "Sara" asintiendo. - ¿Te ha dejado mamá que se lo dijeras? A mí me ha dicho que no se lo cuente ni a los abuelos.
- Verás, he usado ese truco llamado - Misel chasquea dos veces los dedos y se lleva dos nudillos a la cabeza como si pensara. - A si, ser una adulta responsable y comunicarle mis problemas a quien yo considere.
- Esa respuesta a estado muy fea - dice "Sara" poniendo su brazo izquierdo en jarras.
- ¡Ay! Perdón, son cambios de humor por culpa de todo esto - Misel pasa su mano por la tripa. - Empiezo a creer que me estoy hinchando como un globo.
"Sara" miró el estómago de su hermana de refilón, ya notaba el alma haciéndole cosquillas en los talones antes de caerse de nuevo. "Está solo en tu cabeza", pensó, "ella está y se pondrá bien".
- Es solo porque le das muchas vueltas, ¿No está la enfermera del otro día para preguntarle? - dice "Sara" mirando hacia los laterales. - La que se rascaba tanto el cuello.
- No, su turno acaba de cuatro a seis, luego vuelve o eso me dijo.
- En cierto modo creo que mejor, me entraban picores por todo el cuerpo viendo como se rascaba, era como, ya sabes demasiado incómodo y además...
- "Sara" - le corta su hermana remojandose los labios y mirando a la pared de enfrente. - ¿Crees que iré al infierno por interrumpir mi embarazo?
Ese silencio típico de los hospitales se esparció derrepente, como una gota en un papiro, inundando y cambiando ideas.
- Misel, no digas eso - le replicó con un tono quebrado que buscaba ser serio.
- Pero tú siempre dices que el aborto es un pecado - Misel la mira.
- Lo es cuando es un embarazo de verdad, pero tú no estás embarazada, solo creés que lo estás - "Sara" se acerca más y le agarra una mano a su hermana. - Escúchame, no hay pecado demasiado grande para que Dios no lo perdone, y esto no es un pecado, simplemente es estrés que has acumulado y ha salido por un sitio - dice "Sara" sin tener la seguridad de estar diciendo las palabras correctas. "Aunque es el peor sitio posible para salir", remata en sus pensamientos.
- Lo sé - la pupila de Misel tiembla antes de que su lagrimal empiece a expulsar su contenido. - Es solo que realmente pensé que no sería para tanto y ahora estoy pagando un precio muy alto... De verdad que quiero ser perdonada pero no sé con seguridad si me arrepiento.
- ¿Cómo te vas a arrepentir de jugar un partido? - le dice su hermana sujetando mejor la mano. - Lo diste todo defendiendo la pasión que más amas, es una locura que haya terminado así, pero Dios está contigo, conmigo y con todo aquel que lo busca y para el ningún problema es demasiado grande.
- Lo sé - vuelve a repetir su hermana entre balbuceos. - Yo lo sé, es solo que... ¿Rezarias conmigo?
- Nada me haría más ilusión.
"Sara" se pone de rodillas con sus codos apoyados en el colchón de la cama, Misel sin dejar de llorar junta las manos y susurra "por favor empieza".
- Padre nuestro que estás en los cielos - empieza a decir "Sara" en un tono medio.
Ella reza en alto, pero Misel solo parece estar rezando con la cabeza gacha, los ojos cerrados y los dedos entrelazados. Cuando terminan, siguen hablando de cómo les ha ido el día, así una hora más hasta que "Sara" tiene que irse.
Capítulo 17: negro sobre azul.
La parada de autobús estaba a unos diez minutos de la casa de Abraham, el autobús había llegado un poco más tarde y "Sara" escribió a su amigo para decirle que llegaría con unos minutos de retraso.
Abraham vivía en la parte alta del pueblo por lo que el paseo incluía dos bonitas cuestas de hormigón y pasar por un parque para niños lleno de arena.
El aire mañanero era de una temperatura templada tirando a frío, por eso "Sara" llevaba un jersey el doble de grande que ella que había heredado de Misel. También llevaba un chándal con cremalleras a la altura del tobillo por si necesitara ser más aerodinámica.
Estando ya en la puerta de Abraham y a punto de tocar el timbre, llama su atención unos jadeos de lo que parece un chico de unos 23 años que viene corriendo en su dirección. Pasa de largo pero se detiene a unos cuatro pasos de ella, se gira en un movimiento que parece una toma dramática de una película.
- Oye tú, ¿Quién eres? - le dice a ella.
"Sara" le mira, no sabe que le parece más extraño, el pelo morado de corte tazón, el pircing en el labio inferior, los ojos con lentillas rojas o el hecho de que estaba corriendo con una camiseta de Naruto que apestaba a sudor.
- Eeee - "Sara" vaciló un momento y miró a ambos lados. - ¿Me estás diciendo a mí?
- Evidentemente - le remeda con inconfundible prepotencia. - ¿Qué haces tan temprano en la casa de Abraham?
- Yo... - "Sara" pestañea dos veces por la confusión que toda esta situación le produce. - Yo soy su abogada y le estoy defendiendo en un caso importante, así que aíre jovencito que me estoy gastando la vida.
"Sara" le hizo un gesto de "fu fu" con las manos, como si tratara de echar a un gato fuera de un armario. Normalmente era más amable, pero era muy temprano y le había saltado la vena sarcástica.
- ¿Por qué necesita él una abogada? - pregunta el chaval de pelo morado.
- ¿Tú que crees? - dice "Sara" poniendo los ojos en blanco.
Aunque es casi imperceptible, a "Sara" le parece ver como el chaval palidece limitándose a girar y seguir su camino.
"Los vecinos de Abraham son casi tan raros como él", piensa mientras llama al timbre.
- ¿Quién es? - contesta una voz femenina desde dentro.
- Soy "Sara", vengo a ver a Abraham.
- A claro, adelante.
El mecanismo de la puerta suena y al ser recibida de nuevo por el empedrado rojo esta vez se encuentra en la puerta principal a una chica de metro setenta y cinco aproximadamente, algo bronceada y con una cabellera castaña recogida en una coleta. Estaba vestida con una camiseta de hombreras azul y un chándal deportivo que terminaba en las rodillas.
"Se debe estar muriendo de frío", pensó "Sara".
- Soy Marí, un placer - dice desde la distancia saludando con una mano. - Abraham está ya abajo así que vamos tirando - concluye su frase con una palmada para que la siga.
El sótano estaba prácticamente igual que el otro día, pero con menos polvo y tres sillas de cocina con un par de toallas que "Sara" dio por hecho que serían para limpiarse el sudor por lo que hoy prometía ser un día duro.
Abraham está en el centro de la habitación, ajustándose el guante derecho a la mano libre.
- Hola Abraham - dice "Sara".
- Buenas - dice Abraham con un tono quizás muy formal.
- ¿Así que ya está todo listo, no? - pregunta Marí.
- Si - Abraham afirma con un movimiento de barbilla. - Pillar un par de cintas de la mesa, os voy a enseñar como se pone el vendaje.
Marí llega a la mesa en dos zancadas, pilla un par de vendas y se las pasa a "Sara". Ella lo agradece con un movimiento de cabeza.
- Muy bien, mirar - dice extendiendo su palma en vertical. - En deportes como las artes marciales mixtas se deja libre el pulgar porque se necesita para los agarres, pero aquí como el guante tapa la mano, hacemos esto - Abraham da dos vueltas con el vendaje sobre su muñeca, luego la pasa por el puente entre el índice y el pulgar. - Habéis visto, pues ese proceso se repite dos veces más.
Marí parece ya tener prácticas con esto ya que en dos segundos está lista. A "Sara" le cuesta un poco y se pone más nerviosa con la mirada de los dos hermanos.
- Bien, una vez hecho, parte importante, damos tres vueltas encima de los nudillos - Abraham acelera más y "Sara" casi no lo alcanza. - Y aquí como en la cocina, por cada dos vueltas en los nudillos una en la muñeca, para que esté firme y no se dañe.
Cuando Marí había terminado su mano estaba totalmente cubierta a excepción de los dedos y sobre sus nudillos se había formado una especie de colcha para amortiguar los golpes. Abraham estaba con las manos a la espalda esperando a que "Sara" terminase y esta se estaba poniendo nerviosa porque ya se le había extendido mucho la tela y no sabía si lo estaba haciendo bien.
- Estoy haciendo un estropicio - dice entre dientes.
- Es normal las primeras veces, no pasa nada - dice Abraham. - Marí ayúdala tú.
"Sara" ya estaba esperando algún comentario tipo "es que yo no puedo porque ahora hasta tocar a una mujer es acoso", pero en lugar de eso Abraham simplemente esperó mirando al suelo y le dio una patadita al polvo.
- Creo que te has encerrado sin querer el meñique - le dice Marí retirando la cinta. - Yo estuve ayer practicando toda la noche para hoy hacerlo bien a la primera - dice sin poder ocultar la emoción.
- ¿No la habías enseñado antes? - le pregunta "Sara" a Abraham.
- No, practicar solo he practicado con Meriem, y no mucho a decir verdad - dice Abraham algo rápido, como si no quisiera hablar del tema.
- Yo también tengo experiencia con las cintas porque en judo nos obligaban a cubrirnos los dedos - dice Marí moviendo la mano libre como si rascara el aire. - Pero eso fue cuando tenía 12 años, no pocos mundiales se han jugado desde entonces.
- ¿Enserio? Yo soy campeona amateur de Jujitsu brasileño.
- Ala, ¿En que consiste eso?
- Pues... - "Sara" empieza a hablar mirando a Abraham de refilón, esperando algún comentario. - Es como el Jujitsu normal pero con un centro de gravedad más bajo, el estilo de combate busca mucho más el suelo y el dominio de las piernas.
- Eso es fascinante, supongo que eres cinturón negro en esa disciplina.
- Así es, ¿Tú hasta que cinturón llegaste?
- Me quedé en el azul, me retiré temprano porque yo pensaba que el judo era más tipo karate.
- Ese es de los más complicados, los cinturones blancos buscan derribarte y los marrones te ven como un peligro potencial.
- Bueno ya está - dice Marí soltándole la mano. - Muñeca totalmente vendada y protegida, ¿Creés que vas a poder hacer la otra tú sola?
- Si, supongo.
"Sara" se termina de ajustar las cintas a la otra mano y no recibe ni una sola queja o comentarios sarcástico por parte de Abraham que está sentado en una silla mirando al techo.
"Menudo descarado, se está comportando bien porque le está viendo su hermana", piensa "Sara".
Razón no la falta, esta vez practican un rato la guardia y los rectos, pero pasados 20 minutos Abraham considera que pueden empezar a practicar los golpes al saco.
- Hoy empezamos antes con la práctica de los golpes, ¿No? - pregunta "Sara".
- Si, no le veo mucho sentido a seguir practicando la guardia con golpes al aire, entrenaremos los golpes básicos y si os da tiempo podéis hacer un sparrin - dice Abraham.
- ¿Tú no quieres hacer sparrin con lo que te gustan los golpes? - le pregunta Marí con una ceja alzada.
- Es peligroso, no tenéis práctica y peso mucho más que vosotras.
"Sara" contiene con toda la voluntad de su ser las ganas de decirle; "pues el otro día no te importó tanto cuando me golpeaste en el hígado". No lo hace, a ella no le gustaría que alguien sacara sus trapos sucios delante de Misel.
- Bien, lo mejor es empezar con un crochet - dice en guardia frente al saco. - Para lanzar este golpe debes buscar siempre ser preciso con el ángulo y la trayectoria...
- Espera - le interrumpe Marí. - ¿Un crochet y un gancho es lo mismo?
- Pues a ver, técnicamente si, pero el crochet suele ir dirigido a la cabeza y el gancho a cualquier parte del cuerpo - dice Abraham dando un golpe en ángulo para matizar. - Aunque vamos, que si lo llamas igual no pasa nada.
- Amms, claro.
- Bien, los pies y la guardia es importante - dice Abraham retrasando el pie izquierdo y adelantando el derecho con las rodillas flexionadas. - El golpe no tiene que salir solo de cuerpo, no puedo doblar el codo y golpear como un pájaro de estos de juguete que beben agua, tiene que ser un golpe que incluya un giro de cadera para tomar inercia a la par que el brazo toma fuerza en ángulo y sale así - Abraham toma fuerza y con los movimientos descritos asesta un puñetazo al saco de 20 kilos que suena como el disparo de una escopeta.
- ¡Por las nubes victoriosas! Menudo golpe - dice "Sara".
- Gracias, pero no es para tanto, estos sacos están hechos para ser seguros incluso si les pegas sin guantes y aquí es un lugar cerrado por lo que hay mucho eco - explica Abraham mientras detiene el saco sujetándolo por los laterales con los guantes puestos.
- Vamos que lo está haciendo para impresionar y no es para tanto - le susurra Marí a "Sara" tapándose la boca con un guante.
- Te he oído - le replica Abraham. - Ven a darle tú a ver si sabes tanto.
- Habrá que probar - dice Marí acercándose con una sonrisa en el rostro.
Si buscases en el diccionario "gancho" te saldría como su antónimo el golpe que dio Marí. Su mano derecha con el puño cerrado por dentro del guante lanzó el golpe en un ángulo de noventa grados, al hacer impacto toda la fuerza se agravó en el bíceps y se resintió en el codo. El golpe tenía una potencia sonora similar a la de Abraham pero una cosa no quitaba la otra, había sido un golpe malo y de haber sido un saco más pesado posiblemente se hubiera lesionado.
- Eso a sido un golpe malísimo - dice Abraham deteniéndo el saco con una mano.
- ¡Venga! - dice Marí vacilando un poco. - No ha sido tan malo, ha estado casi perfecto.
- Muy bien, "Sara" - dice Abraham girando en medio ángulo para llamar su atención. - ¿Puedes decirme que ha hecho mal mi hermana?
- Yo creo que le ha pegado bien - dice encogiéndose de hombros.
- ¡Ay madre! - dice Abraham palmeándose la frente. - Para empezar ha soltado un golpe en un ángulo donde el hombro no trabaja bien, no se ha puesto en la postura correcta y ha golpeado el saco con todas sus fuerzas cuando estamos empezando.
"Sara" juntó los labios en una mueca con un "jumm" pensativo que lo acompañaba. Ella esperaba una respuesta más tipo, "Chica es la primera ley de Newton, todo objeto que se mueve es porque lo empujas, luego la fuerza que ejerces se te devuelve en parte. Fue poco listo el notas este al decir que si no mueves un objeto el objeto no se mueve".
- A ver, prueba tú - le dice Abraham con un gesto de "acércate".
"Sara" recuerda lo practicado, establece una guardia alta de boxeo ortodoxo, agacha bien el mentón y lo protege con una de sus manos, entonces suelta un golpe en unos 100 grados, bastante mejor que Marí.
- Muy buena esa - le aplaude Marí, lo cual no es muy eficaz con los guantes puestos pero agradece el gesto.
- Si, buen golpe - afirma Abraham. - Pero el bíceps lo tienes muy tenso y no has tomado inercia con la cadera, prueba otra vez.
- Oye, me toca a mi - dice Marí.
- Si, que lo haga ella, no me importa - dice "Sara".
- Va, pero con cuidado, que si te rompes algo me la cargo yo - dice Abraham, eso último con un tono más bajito por si acaso.
Su hermana pone los ojos en blanco, se acerca intentando desde otra guardia y esta vez da un golpe más decente. "Sara" la aplaude y Marí la sonríe agradecida.
- Bien, pues eso que habéis hecho, en veinte repeticiones seguidas y tratar de incluir un balanceo de cadera, así - Abraham intenta hacer algo pero más que la guardia de Taison parece un perreo mal hecho. "Sara" hace su máximo esfuerzo por no reírse.
Ya pasada media hora de prácticas hacen un descanso, sentado cada uno en una silla, "Sara" empieza a extrañar el frío mañanero de fuera.
- Tal vez deberías quitarte el jersey, "Sara" - le dice Abraham. - Ahora vamos a entrar más en calor y tampoco es bueno sudar de más.
- Mi hermano tiene razón, la sudoración excesiva puede ser un signo de una afección grave al que acompañan dolores de cabeza y mareos - dice Marí.
- No creo que haga falta - dice "Sara" pasándose la toalla por la frente que siempre es la parte que más le suda.
- No me digas que no tienes nada debajo - dice Marí incorporando su tren superior. - Porque voy ahora mismo a mi cuarto a por ropa.
- No, no, no hace falta - dice "Sara" moviendo sus manos frenéticamente mientras Abraham pierde su mirada en el techo fingiendo no haber escuchado nada. - Tengo una camiseta de manga corta debajo, lo que pasa es que este jersey es de mi hermana y es de estos de los futbolistas de élite, preparados para los entrenamientos de invierno.
Había sido sutil pero entre golpe al saco y golpe al saco, "Sara" se había desabrochado las cremalleras de los tobillos para refrescarse más.
- ¿Y por qué tiene tu hermana uno de esos? - pregunta Marí con genuina curiosidad. - ¿Es jugadora de fútbol profesional?
- De hecho si - dice "Sara". - Pero fue hospitalizada hace poco y no quiero hablar del tema.
- ¡Ay! Lo siento mucho, no quería molestar, es que yo no sé mucho de fútbol femenino.
- No, no pasa nada, es algo que le ocurre al 97% del país al parecer - "Sara" traga saliva, quizás esa respuesta ha sido demasiado borde.
Abraham aplaude para romper un silencio incómodo, dice "al lío de nuevo" y se pone a practicar boxeo de sombras durante un minuto hasta que "Sara" y su hermana se reincorporan.
- Bien, vais a practicar un sparrin - dice Abraham - pero como no tenemos cascos para la cabeza y además...
- ¿Por qué no? - le interrumpe Marí.
- Porque no los hemos comprado.
- Me lo hubieras dicho cuando fui por las cintas - dice Marí en un tono de queja.
- Pero si fuiste a la farmacia, no venden cascos de boxeo en la farmaci... Mira, olvídalo - dice Abraham con un movimiento de mano como si cortara el aire con una catana. - Será un sparrin sin golpes a la cabeza y evidentemente sin golpes por debajo del cinturón.
- Entendido - dice "Sara" ajustándose los guantes.
- Otra cosa, no seáis muy bestias, que no es plan llenarse el cuerpo de moretones - dice Abraham mirando disimuladamente a "Sara" con una mirada que dice "si golpeas a mi hermana con un gancho al hígado te mato".
"No te preocupes, se leer entre líneas", piensa ella mirándolo de vuelta.
- Y también quiero que aprendáis a esquivar los rectos y ganchos al cuerpo, muchas veces los boxeadores...
- Y las boxeadoras - añade Marí.
- Eso, los boxeadores y las boxeadoras se concentran en esquivar con la cabeza y se exponen demasiado a golpes más bajos que los desgastan - dice Abraham mientras finge retroceder haciendo una guardia. - También recordar que es ilegal bloquear los golpes con los codos o alejar al rival a cabezazos, ¿Entendido?
- Perfectamente - responde "Sara" poniendose en guardia.
- Lo mismo digo - dice Marí imitando su posición.
El sparrin duró tres minutos, como un asalto de boxeo profesional.
"Quizás ha sido demasiado de golpe", piensa Abraham viendo como ambas chicas están a tres golpes de ponerse a hiperventilar.
- Vale, que alguien tire de mis mangas, me estoy cociendo - dice "Sara".
- Voy yo - dice Marí quitándose un guante.
La hermana de Abraham agarra una manga y tira de ella hacia atrás mientras "Sara" mete su cabeza y su mata de pelo rubio por el agujero del jersey. El agujero de la manga es bastante pequeño y no puede sacarlo con el guante puesto.
- Será mejor que te quites los guantes jeje, no cabe - dice Marí.
- Ayúdame con eso también, creo que se me ha atascado la cabeza - dice "Sara".
Al final Abraham y Marí tienen que tirar de los guantes y el jersey a la vez. "Sara" estuvo a punto de salir rodando hacia atrás dando vueltas.
- Vale - dice ella ajustándose la camiseta arrugada. - Eso ha sido una experiencia.
- Valla, tienes las manos muy lisas - dice Marí revisando hasta las uñas.
- Gracias - dice "Sara" casi entonandolo como una duda.
- No lo digo a malas, pero lo normal es que si prácticas mucho deporte de contacto donde el agarre prioriza se te pueden torcer los dedos - dice Marí surcando la línea de su propio índice con la uña.
- Por si no te has dado cuenta, a Marí le flipa la biología - dice Abraham.
- No es eso, tonto - dice Marí dándole un guantazo a Abraham en el hombro. - Investigué los daños que puede causar el judo a largo plazo mientras lo practicaba.
- El jujitsu brasileño es mucho más práctico en el suelo, juego más a una altura media baja, por eso los agarres con las manos no lo priorizo - dice "Sara" mientras se acerca a por la toalla y deja su jersey en la silla. - ¿Quieres que te muestre como lo hago?
- ¿Quieres una pelea contra mí? - pregunta Marí. La cara de Abraham fija sus ojos en "Sara", tan abiertos como si hubiera visto un vampiro.
- No lo llamaría pelea - dice "Sara". - Es más bien una síntesis de técnicas, considéralo otro tipo de sparrin.
- Bueno, aquí hemos venido a practicar boxeo, no abrazos - dice Abraham.
- Oye, no menosprecies un deporte solo por ser diferente - le dice Marí frunciendo el ceño. - Si, "Sara", me encantaría tener un asalto de práctica contigo.
"Sara" y Marí se ponen en lo que vendría siendo el centro del habitáculo. Miden un poco las distancias pero a Marí le cuesta ya que "Sara" baja su punto de gravedad y está casi de cuclillas con los brazos extendidos y avanzando a pasos cortos, como si fuera un ninja caminando por un suelo anti robos.
Marí en cambio está retrocediendo y alejando las piernas lo más que puede, lo que busca es finalizar la pelea con un único derribo pero la posición de "Sara" es rara y sus prendas cortas no le dan mucho juego para agarrar algo.
Decidida, extiende su mano en un único tirón con una acometida hacia delante, agarrando a "Sara" por su manga derecha. "Sara" ve en esto una oportunidad de oro, avanza en un paso, dejando su cabeza justo en el estómago de Marí mientras empuja. Marí trata de hacer fuerza con las piernas en el suelo para mantenerse firme pero cae de lleno en la trampa de "Sara" que inmediatamente se aferra a la pierna de Marí, haciendo presión en la rodilla y empujando con la cabeza pone a Marí a la pata coja, la cual no acostumbrada a este movimiento cae totalmente de espaldas dejando la pierna totalmente expuesta a una llave de talón que "Sara" la realiza dejándose caer en el suelo.
- Vale, me rindo - dice ella tapeando el suelo. - Eso ha sido demasiado rápido.
- Son años de práctica - dice "Sara" soltando la llave y extendiendo una mano a Marí para ayudarla a levantarse. - Tú también has estado bien.
- No mientas solo por compromiso - le dice Marí con una sonrisa. - Aún así te digo que estaré entrenando, no tendrás tanta suerte la próxima - dice luego de aceptar su ayuda y cerrar el pacto con un apretón de manos.
- ¿Algo que agregar señor experto en el tema? - le pregunta "Sara" a Abraham que las estaba mirando con los brazos cruzados.
- El resultado era predecible - dice él. - Pero si me permites un par de apuntes, veo varios errores en tu estilo, para empezar dependes demasiado del terreno, si esto fuera asfalto podrías haberle roto la nuca a mi hermana, también te perjudica a ti, al tirarte al suelo dependes totalmente de que esté limpio o si no te clavarás piedras y cristales. Además, dejas muy expuesta su cabeza al agarrar su tobillo, Marí tardaría menos en patearte la cabeza de lo que tú tardarías en romperla el tobillo, además estabas demasiado cerca al embestir, podrías haberte llevado un rodillazo o Marí podría haberse subido a tu espalda, sin contar que...
- Bueno, vale - le interrumpe Marí. - Estábamos practicando judo, no una escena de pelea de Brus Lee.
- Yo solo daba mí opinión - Abraham se encoje de hombros. - ¿Bueno, qué? ¿Otro sparrin? - le pregunta a ambas.
- Dame cinco minutos y entro - dice "Sara".
- Digo lo mismo, voy arriba a por agua - dice Marí.
- Que no sea fría - le dice Abraham. - Eso solo te dará más fatiga.
Realizaron dos sparrin más de minuto y medio cada uno con un descanso de dos entre ambos, con eso dieron por concluida la sesión.
- Bien, creo que esperaré a calmarme y me iré yendo - dice "Sara".
- ¿Tan temprano? - pregunta Marí.
- Tengo que tomar un autobús para ir a mi pueblo.
- Si quieres puedes quedarte un poco más, Merri tiene carnet de conducir, te puede acercar a tu casa en un momento - le propone Marí.
- No, gracias - dice "Sara" mientras sube los pies para sentarse en el asiento de la silla. - Creo que ya han sido suficientes emociones por hoy.
- En eso tiene razón - dice Abraham. - Lo mejor es no esforzarse de más, es solo el segundo día, ya para el próximo compramos cascos y más cosas.
- Bueno, como tú veas - concluye Marí.
El frió de la calle acompaña a "Sara" hasta la parada del autobús, empieza a entender porque a Misel le gustaba tanto ese jersey, era demasiado cómodo.
En el momento en el cual vuelve a su casa, observa como por el camino de la izquierda llega una chica con cascos escuchando música en su MP3. Parece fingir sorpresa cuando ve a "Sara", pero ella ya no se siente engañada por Martín, por más convincentes que sean los gestos de Claridad.
- Que coincidencia encontrarte aquí, en la puerta de mi casa - dice "Sara" como si acariciara el aire en dirrección a su puerta.
- Coincidencia ninguna, te estoy espiando - dice Clara con una sonrisa y guiñándole un ojo, todo sin dejar de caminar. - Ahora enserio, quiero hablar contigo.
- ¿Me vas a secuestrar en una furgoneta blindada o puedo cambiarme de ropa y comer primero?
- Volveré aquí dentro de una hora - dice Clara pasando de largo. - No faltes.
Capítulo 18: operación imprimir lazos de amistad.
Viernes 14 de febrero, 2:00 de la noche.
Una joven de unos aparentes 20 años camina por los techos de un supermercado, tiene un pinganillo en la oreja y su pelo se encuentra recogido dentro de un casco militar que porta también una linterna de visión nocturna e infrarrojos. También va atabiada con un chaleco anti-balas, guantes con fibra de kevlar y botas militares, su pantalón de camuflaje tiene en el cinturón un cuchillo de guerra y una pistola reglamentaría. Visto desde más de 15 metros de distancia, te sería imposible distinguir su figura del resto de la noche.
Desde el pinganillo de su oreja tiene comunicación directa con Reichel, se informan mutuamente de la situación.
- Águila al nido, estoy justo encima de la rejilla de aire acondicionado - dice Claridad.
- Jejeje - se ríe en bajito la voz del otro lado.
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Lo siento Águila, me cuesta mucho tomarme esto seriamente con esa voz de niña - dice Reichel que de tanto contener la risa casi está llorando por un ojo. - Me recuerdas mucho a mí hija cuando jugaba a ser espía.
- Como el nido no se empiece a tomar esto en serio, voy a dar por concluida esta misión tirándome por el tejado - dice Claridad con un distinguido enfado en su voz.
- jeje, lo se, lo siento - dice Reichel quitándose la lágrima de un ojo con el dedo. - Bien, quita la rejilla de ventilación, cuando lo hagas dame la señal, tendrás exactamente media hora mientras yo dejo las cámaras de seguridad en bucle y las silencio, ¿Estás tú preparado?
- Preparado - dice Claridad mientras su mano se vuelve más fornida y se aferra al metal. - ¡Ya!
Claridad con el brazo de Martín arranca la rejilla de cuajo y se deja caer en el conducto de ventilación.
"Maldita sea, me duele la mano, desencajar tornillos por la fuerza no es tarea fácil. Maldición, de pronto echo de menos los explosivos plásticos, en especial los que tenían forma de mariposa", piensa Claridad antes de abofetearse a si misma. "Concéntrate Walker, te necesito activo, el mapa decía, tres metros derecha, cuatro izquierda y luego recto hasta el cuarto de impresoras".
Claridad gateaba dentro de los conductos de ventilación, arrastrando su cuerpo con los codos y las rodillas, como un militar en una trinchera de la segunda mundial.
Los conductos de ventilación en circunstancias normales no eran tan anchos, pero Elcoka no era una ciudad especialmente modernizada y si algo no estaba roto tampoco hacía mucha falta arreglarlo. Esa fue la razón de que Walker mostrara especial interés en el sitio, el único lugar donde habían reforzado la seguridad tecnológica eran los cajeros, de resto, todo parecía de inicios de los noventa, las cámaras de seguridad incluso eran en blanco y negro.
Claridad termina de arrastrarse hasta el lugar indicado, su traje de licra y refuerzos militares es lo suficientemente impermeable como para que el frio del conducto no le afecte.
"No entiendo cómo es que Brus Willys no sentía claustrofobia en estos lugares cuando rodaba "Difícil de matar"", piensa mientras echa su mano al cinto y toma su cuchillo, que a modo de palanca usa en la rendija adecuada hasta que la desencaja.
Baja por ella sacando primero las piernas, sujetándose de los bordes con los guantes para no cortarse y cayendo ya transformado completamente en Martín Walker.
Se ajusta las gafas a la cara, el lugar es un cuarto de impresoras normales y corrientes, con cubículos de plástico separando ordenadores y escritorios, algunos aún tienen papeles desparramados y uno incluso se ha dejado el café a medio terminar.
La habitación está acompañada de un constante tic tac del reloj de pared, uno circular de borde plateado con las tres agujas características, dos negras y una más fina roja.
"Me gusta ese reloj, me recuerda a la infancia que nunca tuve", piensa Martín.
Llega hasta la impresora, uno de los ordenadores se enciende solo, en la pantalla se abre un word en el que pone, "7 minutos, nuevo récord" con dos puntos y un paréntesis que simulan una carita feliz.
"pieza de pastel", piensa él mientras introduce un pendrive indetectable con varios archivos PDF que manda imprimir.
Martín tira de espaldas su cuchillo en una parábola oblicua ascendente de tal precisión que el mango cae en el botón de encendido de la impresora, luego atrapa el mismo en su primer rebote antes de que toque el suelo.
"A ver, los PDF son unas 12 hojas los dos, no creo que lo noten teniendo 240 folios en general", piensa mientras cuenta los paquetes de folios de repuesto que hay cerca de la impresora.
Cuando el cacharro termina su sonido y con él su tarea, Martín toma una carpeta vacía de un cajón que parece importante, mete en ella todos los papeles que necesitaba y luego se lo guarda bajo el brazo.
En el word del ordenador pone "todos los datos borrados, eres libre para irte". Martín asiente para si mismo satisfecho, saca el pendrive del ordenador, lo aplasta hasta dejarlo hecho micro plásticos del tamaño de gravilla y abandona el lugar en el mismo momento que se apaga el ordenador.
Son las 4:00 de la noche cuando regresa a su casa, no fue la mejor idea recorrer la distancia andando, pero era eso o robar un coche y estaba aquí para no llamar la atención.
Martín cambia su cuerpo al de Claridad y se deja caer a plomo en la cama con la carpeta en la mano, luego se revuelca en la misma hasta tomar una posición más cómoda.
- Bueno, veamos que tiene la señorita Quejido Talavera que mostrarnos - le dice a las paredes de su cabaña.
Apenas termina de leer la segunda cara de la hoja, se levanta y guarda la carpeta en el cajón de su mesa.
- Joder, este texto es aburridísimo - dice. - Que le den, iré a preguntarla personalmente, mañana - dice antes de dar un salto hacia atrás y desplomarse sobre su cama.
Walker usa una vieja técnica del ejército para conciliar el sueño, mirando al techo quita la tensión de sus hombros y estira el cuello en un punto medio para no hacerse daño. Relaja los brazos y se centra en el sueño cerrando los ojos, sus brazos se empiezan a sentir suabes y muy largos.
Respira, deja que sus pulmones se inchen y luego suelta el aire por la boca, este proceso lo repite en intervalos de tres segundos al principio y luego en tiempos más largos, un ritmo lento y profundo que le quita la presión del pecho, ya casi ni siente el casco o el chaleco anti-balas.
Martín se duerme y su reloj interno lo despierta junto a los primeros rayos del medio día. Se despierta de una voltereta horizontal, abre el cajón de su mesita y tira dentro el casco, las gafas y el chaleco anti-balas.
Procede con unos estiramientos, 40 abdominales y 20 flexiones, solo con intención de vacilar termina haciendo un mortal hacia atrás.
La piel de Martín se estira a tiras que se entrelazan con los tejidos de la ropa y le permite modificar su piel como si cambiara la vestimenta de un personaje personalizable de videojuegos.
Pelo rubio oscuro, como la crin de un caballo, hasta pasada un poco la altura de los hombros, ojos más marrones que verdes, pero sin perder el toque y vestimenta de falda con chaqueta.
"Claridad Walker se presenta al servicio", piensa mientras hace un saludo militar.
Son las 12 de la mañana o de la tarde, según se mire, se encuentra con "Sara" en la puerta de su casa y le dice que volverá en una hora.
"Sara" sale de su casa a la una en punto, Claridad la está esperando al final del camino de la entrada con una sonrisa y los dedos entrelazados en la espalda, sus manos están tapando algo.
- Bien, acércate - le dice Clara.
"Sara" se acerca sin decir una sola palabra, aunque su rostro no denota seriedad sus acciones sí, y se está preparando para soltar un gancho si es necesario.
- Estira las manos y cierra los ojos - le dice Clara. - Por favor - complementa al ver que duda.
"Sara" reniega un poco pero termina accediendo, entonces Claridad deja caer un objeto algo pesado entre sus dedos, es metálico y se nota rasposo.
- Ya puedes abrir los ojos - le dice Clara.
"Sara" no solo abre los ojos, de plano sube tanto los párpados que por poco se le salen por la frente. El susto es tal que casi aparta las manos de golpe como si hubiera visto una araña, casi dejando caer la pistola reglamentaria con estampado de camuflaje militar que acababan de darle.
- ¿Qué es...? ¿Por qué me das esto? - dice "Sara" tapando el grito entre dientes.
- Es una Beretta M18, es el nuevo arma reglamentaría del ejército - le dice Clara sin alterarse. - No te preocupes, tiene el seguro puesto, se quita tocando aquí.
- ¿Qué haces? - "Sara" aparta rápidamente el arma y sugetándola del cañón con las dos manos, la pone a la altura de su cabeza. - No le quites el seguro en una zona de civiles, ¿Acaso está cargada?
- Por supuesto que está cargada - Dice Claridad elevándose sobre sus punteras y luego dejandose caer en sus talones. - Quiero que me acompañes al bosque, sola, iremos a la que es seguramente la parte más profunda, ese arma es para que puedas defenderte.
- ¿De que voy a tener que defenderme en el bosque con un arma militar? - pregunta "Sara" tratando de disimular su estado atónito.
- De mi, evidentemente - dice Clara. - Bueno, suponiendo que verdaderamente seas una espía, pensé que esto te haría sentir mejor y más segura para confiar en mí.
- ¿Así es como reparte seguridad Estados Unidos? ¿Dando armas de fuego a civiles?
Claridad simplemente pestañea.
- Vale, no contestes - dice "Sara" alzando una palma. - Has sido prudente al suponer que no confiaría completamente en tí, pero tampoco creo que necesite una pistola para defenderme - "Sara" maneja y revisa el arma con la mano izquierda. - Espera, ¿Mis huellas dactilares se quedan registradas en esta?
Claridad no contesta, solo gira sobre sus talones y empieza a caminar en dirrección al bosque, como un autómata que sirve comida en un restaurante.
- Que barbaridad, ¡Pero no me ignores! - dice "Sara" mientras la sigue.
Claridad condujo con cuidado a "Sara" hasta su cabaña, aunque eso sí, dieron una vuelta tres veces más larga de lo necesario, solo para asegurarse de que "Sara" no memorizase el camino, nada personal.
- Abrazos gratis - es lo primero que lee "Sara" alzando una ceja. - ¿Lo dices enserio?
- Si - responde Claridad sin mirarla. - Se le llama psicología inversa, si pusiera algo así como "no entrar" entonces más gente podría verse interesada.
Claridad extiende sus brazos en una reverencia hacia la puerta y "Sara" aún con el arma, pasa por el umbral de la puerta con cautela esperando, tal vez, una base secreta llena de armas y mapas con chinchetas, pero no, solo ve una cama, un escritorio y una silla.
- Hogar, dulce hogar - dice Claridad tomando la silla y dándole la vuelta para sentarse con el espaldar delante. - Siéntate donde quieras.
"Sara" analiza el lugar sobre su eje, no tiene intención de sentarse en el suelo, no le gustaba la moqueta de su casa menos la iba a gustar la tierra. Considera también la cama, pero lo ve tal vez un gesto descortés, así que se dirige a sentarse encima de la mesa.
- No, ahí no - dice Clara. - Ya me costó hacer las patas estables como para que te sientes, mejor usa la cama.
- ¿Antes puedo deshacerme ya de la pistola? - le dice.
- Si, tírala dentro del cajón junto al resto de armas - le dice Clara.
"Sara" abre el cajón, dentro solo ve un chaleco, guantes y algunos repuestos de ropa militar. Tira el arma dejándola caer de su agarre de dos dedos y se retira sin quitar la vista, como si estuviera esperando a que explotara.
- ¿Asustada? - le pregunta Clara mientras ella se sienta en la cama.
- El disparo de fogueo con ese mismo arma dejó el listón muy alto - dice "Sara". - Esto es para mí como un paseo por el bosque, nunca mejor dicho.
- Entendible - responde Clara.
- ¿Qué? ¿No te esperabas que me diera cuenta de que era el mismo arma que la otra vez?
- No lo era - dice Clara. - Verdaderamente te he dado un arma capaz de atravesar cristales blindados, la de fogueo es esta - Clara saca un arma igual pero más liviana y la tira dentro del cajón.
"¡Por las nubes victoriosas!", piensa "Sara". "He tenido un arma real entre mis manos". Los dedos de "Sara" empezaron a temblarle subconscientemente.
En realidad la situación no era tan tétrica como podía parecer, era un clima típico de febrero por la tarde, el Sol no resplandecía en el horizonte pero tampoco había un cielo gris. Era una tarde despejada, los árboles también habían empezado a cambiar las hojas de camino a la primavera y en general la casa de Martín podía hasta llegar a resultar cómoda.
- Bueno, me alegro, así podremos ir directamente al punto - dice Martín mientras los pelos de su piel se encrespan y su carne toma un tono más azulado. - ¿Quieres saber cuál es mi misión, "Sara"? ¿Saber por qué Estados Unidos va detrás de lo que llamamos la marca del polvo?
"¿Pues para eso estoy aquí, no?" Quiso decir "Sara".
- ¿Si me lo dices, vas a tener que matarme? - pregunta ella tratando de congeniar con el tono serio de Martín.
- Si todo sale bien, no - dice él. - Pero sepas, que una vez inicias no hay vuelta atrás.
- Bien - "Sara" traga saliva. - Quiero saberlo, ¿Qué es la marca del polvo?
- A principios de enero de este año se encontraron cuatro cadáveres sin identificar en una zona remota de la frontera de Texas y las Palmas de Santa Catalina - empieza a comentar Martín con voz de locutor. - Si buscas la noticia saldrá que fue un pacto acordado, un suicidio múltiple, pero eso es solo una verdad a medias.
- ¿También fueron 3 varones y una mujer? - pregunta "Sara".
- No, fueron tres mujeres y un hombre, como rasgo más destacable te diré que al chico lo encontraron con un disparo en la nuca, había caído encima de la escopeta que había usado para dispararse, ¡Bang! - Martín finge dispararse por debajo de la mandíbula con la mano. - Quizás no menos curioso era el estado del lugar, una casa llena de barro y agua.
- Igual que el edificio de Elcoka - reflexiona "Sara" mientras cruza sus piernas encima de la cama.
- Quítate los zapatos - le dice Martín sacándola de su trance.
- ¿E? ¿Por qué?
- Porque me vas a manchar el edredón de barro - dice poniendo los ojos en blanco.
- A, cierto, perdón - dice "Sara" descalzándose con los pies.
- Retomando lo dicho - prosigue Martín. - ¿Has visto la nueva noticia sobre el caso?
- No salieron actualizaciones de la noticia en internet - dice "Sara" mientras mece un pie pensativa. - Lo último que contaron es que murieron asfixiados.
- Si que publicaron la investigación del caso - dice Martín poniendo la espalda mucho más recta. - Simplemente no salió en titulares, ¿Sabes lo que dicen que pasó? Qué esos jóvenes de alguna forma rompieron dos tubos internos, uno de gas tóxico y otro de una cañería de aguas fecales, ¿Te parece a ti que estando el lugar como estaba todo podía ser atribuido a gas y popó?
- No, la verdad es que no - "Sara" trata de mantener la misma serenidad que Martín, pero ver su cara y escucharle decir popó la descuadra un poco. - Había demasiada humedad y agujeros profundos como para que lo hubiera hecho una sola cañería rota.
- Hay otro detalle que te estoy ocultando, las mujeres estaban todas tumbadas boca arriba giradas un poco y con los ojos desorbitados, como si hubieran muerto en un estado de shock, lo más curioso es que todas estaban tumbadas sobre montones de calcio en polvo y con una extraña marca aquí - Martín alza un poco la barbilla y toca con dos dedos la mitad del esternocleidomastoideo. - Esa marca era algo así como una serpiente mordiéndose su propia cola, en la alquimia llaman a esa figura Uróboros, ¿Alguna pregunta hasta aquí?
"Sara" se agazapó un poco más, casi meciendo su cuerpo y miró al suelo pensativa. La figura de Martín contrastaba demasiado con su posición y la verdad estaba intimidada y confundida, se sentía como si fuera una niña de primaria que estaba siendo regañada por evadir impuestos.
- Supongo que sí tengo una duda - dijo "Sara" mirando a Martín a sus ojos, perdiéndose unos instantes en su pelo castaño con pliegues hacia arriba. - ¿Por qué tú piel es azul?
"Sara" sacó sus encías superiores a relucir, era la única cosa que se le había ocurrido para romper el hielo, pero a Martín no parecía haberle hecho ni pizca de gracia.
- Bieeen - dice Martín con un profundo suspiro. - Supongo que era necesario señalar el elefante en la habitación tarde o temprano.
- No quería ser racista - dice "Sara" extendiendo y agitando las manos. - Es solo que no puedo pensar en otra cosa cuando te miro, y ahora con el Sol en la cumbre la luz me demuestra que efectivamente eres azul.
- No soy humano, "Sara" - dice Martín mientras se pone en pie. - Mi estructura muscular se asemeja a la tuya, pero no estamos ni cerca de ser el mismo ser vivo - estira ambos brazos hacia el frente y uno de ellos empieza a volverse más femenino. - Soy lo que vosotros llamáis un "piel caminante" o cambia formas si prefieres.
- ¡Por las nubes victoriosas! No es tecnología, tú realmente estás modificando tus músculos como si fuera pelo - dice "Sara" sin dejar de prestar atención al brazo que ha pasado de militar a chica de secundaria. - ¿Y la ropa también es pelo?
- No - responde Martín concentrándose en formar una manga a la altura de sus venas. - Separo los ligamentos de mi piel y los entrelazo tapando lo que hay debajo, para que nos entendamos, es como si metiera una moneda bajo mis uñas.
- ¡Auch! - "Sara" hace una mueca de dolor de solo pensarlo. - ¿Cuantos pares de ropa llevas dentro de tu piel?
- Siete faldas, cinco camisas, dos chaquetas y el uniforme militar - dice Martín volviendo a formar su brazo masculino. - Eso sin contar los calcetines, los comunicadores y otras cosas que llevo por si acaso.
- ¿No te duele?
- Son años de práctica - dice volviendo a sentarse de la forma en la que estaba. - Pero si, casi siempre duele, es como golpearte en el hueso de la risa, un estímulo que afecta a todo el sistema nervioso aunque diré que mucho peor, ¿Sabes lo difícil que es configurar los cromosomas en menos de dos segundos para tener la forma y el A D N correcto? - Martín se encoge de hombros. - Por suerte para mí los seres humanos solo os fijáis en la superficie, por eso no pierdo el tiempo formando genitales o dos riñones.
- Eso no necesitaba saberlo - dice "Sara" con cara de poker. - Mejor volvemos a lo de la marca.
- No hay más que te pueda decir, la llamamos así porque el polvo tapaba la marca por completo.
- Está bien, pero eso no explica por qué se ha dado un caso similar en este país - dice "Sara" con una mueca de disconformidad. - De hecho, ni siquiera explica que haces en este país... Además tú llegaste dos días antes de que eso sucediera.
- En realidad llegué casi un meses antes de que eso sucediera aquí, ¿O creés que esto se ha construido solo? - dice Martín con un movimiento que alude a la casa.
- Espera, espera, espera - dice "Sara" con movimientos de sus manos, como si empujara el aire. - ¿Exactamente, por qué?
- Es lo que estoy esperando a que descubras - dice Martín echándose hacia delante. - Demuéstrame que merece la pena que te involucre en esto.
- Pues a ver - "Sara" junta sus manos en los labios como si rezara. - Los casos son similares en cantidad de personas, pero los géneros se invierten, por lo que dices solo las mujeres llevan la marca pero, ¿La chica del segundo caso también estaba tumbada sobre calcio en polvo?
- ¿Tú que crees?
- Creo que no, me pareció que te oí sacarla del agua.
- Agua estancada - la rectifica Martín. - Mayormente barro.
- ¿Entre ese barro se encontraba una escopeta?
- Ninguno de los muertos del segundo caso presentó heridas de bala.
- ¿Pero si asfixia? - pregunta "Sara" alzando una ceja.
- Afirmativo.
- A mí esto me suena a un suicidio orquestado, quizás y solo quizás, un ritual sectario - dice "Sara" frunciendo el ceño. - ¿La marca del polvo es como un tatuaje?
- No, es más como una estría. El símil más óptimo que se me ocurre es la piel irritada al contacto con una alergia - dice Martín sin moverse, aún con esa pose firme, como si hablara con una estatua de bronce.
"Sara" reflexiona un rato más en silencio, trata de establecer una relación entre Texas y esta zona del país, intenta recordar algún caso de una secta pero solo conoce un grupo de religiosidad cuestionable que esté relacionado con escopetas.
- ¿Esto tiene algo que ver con el culto que se da a el ángel de la recortada en este país? - pregunta alzando la cabeza.
- Eso es lo que estoy apunto de averiguar - responde Martín con una media sonrisa. - Ciertamente no puedo darte más respuestas de las que has deducido, pero vas bien encaminada, ¿Por qué elegí este pueblo? Por qué es el más fronterizo con las montañas, igual que lo ocurrido en Texas, ¿Por qué voy a Elcoka? Por qué es la ciudad con la iglesia más antigua dedicada a el ángel de la recortada.
- ¿Pero por qué la necesidad de cambiar tu apariencia? - pregunta "Sara".
- Ya lo dije en su momento, soy agente de las fuerzas especiales, un soldado de campo, no de espionaje, pero ciertamente mis cambios de apariencia - en lo que dura un pestañeo de "Sara", Martín ya está a medio transformar. - Hacen que sea más difícil de seguir que un marine - dice la dulce voz de Clara.
- ¿Entonces todo es una misión secreta? ¿El gobierno de este país lo sabe?
- Evidentemente no - responde Claridad con la voz gruesa de Martín. - ¿Si tú fueras gobernadora de este país dejarías que Estados Unidos enviara un espía para buscar un culto del que no tiene ni pruebas?
- Si yo fuera gobernadora no dejaría que Estados Unidos interfiriera en mi país a secas - dice "Sara" volviendo a tomar la pose reflexiva. - Luego del "plan cóndor" me cuesta creer en vuestras políticas de "América para los americanos".
- No sé de qué me estás hablando - dice Martín desviando la mirada. - Lo que si tengo claro es que Elcoka es su centro de operaciones, es la ciudad donde hay más devotos hacia ese culto, el ritual y los espías me han confirmado todo.
- ¿Espías? - pregunta "Sara" alzando las cejas. - ¿Te están espiando?
- No se si espías es la palabra correcta, tal vez solo son caza recompensas, pero hay varios sujetos sospechosos que no están disimulando en absoluto que me siguen la pista - Martín cruza los brazos encima del respaldar y tumba la barbilla. - Lo que no entiendo es como han podido reconocerme aún siendo Clara.
- Vale, detente ahí - dice Sara con cierto nerviosismo en la voz. - Esa gente que te sigue, ¿Cómo es?
- Tengo una larga lista de sospechosos, para empezar el profesor Camino se preocupó mucho por mi mano y le oí decir que no soñaba, eso es raro. El camarero que se parecía a Elvis también era sospechoso, estaba el latino con cresta punk en el autobús, también había una chica de pelo verde que olía a tubería oxidada, el rapero medieval con túnica me miró de muy mala manera y no se si lo viste pero cuando caminábamos hacia la estación vi a un tipo con túnica negra y sombrero rebuscando en la basura.
"Sara" pestañeo dos veces y se puso más recta, estirando sus brazos mientras se apoyaba en sus piernas y transformaba sus labios en una linea fina.
- Vamos a ver - dice "Sara". - Acabas de describir a alguien con problemas de insomnio, una persona con tupé, un fan del metal, una niña que no se ducha, un cantante haciendo una performance y un vagabundo, de la peor forma posible solo para decir que vienen por ti.
- Pues ese es el estándar de esta misión - dice Martín de hombros encogidos y palmas extendidas. - ¿Aún te interesa?
- No se, se escucha peligroso, ¿Qué haría alguien como yo si un encapuchado me ataca con un palo? - dice "Sara" sin disimular el sarcasmo en lo más mínimo. - O peor, imagínate que tengo que enfrentarme al profesor y como represalia me suspende el examen.
- Camino fue cinturón negro de judo cuando era joven.
- ¿Cómo sabes eso?
- Mi agente le sacó hasta la dirección de su casa - dice Martín con un gesto que trata de restar importancia. - Ignorando ese detalle y si no te parece peligroso, me gustaría pedirte tu ayuda para una misión.
- ¿Cuando?
- Este miércoles.
- No puedo - responde "Sara" de inmediato.
- Consistía en... Espera, ¿Por qué no?
- Es mi cumpleaños... Ya sabes, el día más importante que conmemora la vez en que nací, a lo mejor quedamos mis amigos y yo- dice "Sara" mientras los cuenta con los dedos.
- Está bien, ese plan es mejor, Clara también irá.
- ¿Pero quién te has creído que eres, el marqués de Salamanca? - dice "Sara" poniendo uno de sus brazos en jarras. - Tendré que ser yo quien decida si te invita.
- ¿Lo harás? - dice Martín con los ojos lastimeros de Clara.
- ¡Ay! No hagas eso, es chantaje emocional - "Sara" suspira. - Pero no se yo, un ataque de mercenarios en mi fiesta es lo último que necesito.
- No atacarán con testigos delante, de hecho, seguramente ni si quiera ataquen en conjunto, si saben que soy un "piel caminante" no querrán compartir la recompensa - dice Martín volviendo a poner sus ojos de marine. - Eso servirá para demostrar que no me equivoco.
- Bueno, no estoy yo muy segura.
- Te puedo dejar la pistola si quieres.
- Que pesao, que no voy a llevar un arma ilegal encima.
- ¿Entonces que, tenemos un trato? - dice extendiendo su mano.
- Tenemos un trato - dice "Sara" no muy convencida pero estrechando su mano igual.
Cuando "Sara" regresó a su casa después de que Martín la sacara del bosque, supo que su vida había cambiado para siempre y muy dentro de si trataba de convencerse de que algún día se acordaría de esto y se reiría. Tubo que rezar siete veces para dormir bien esa noche.
Capítulo 19: ¡Feliz cumpleaños!
- Te estaba esperando - es lo primero que le dice Clara a "Sara" nada más verla en la parada.
- Podrías seguir saludando como una persona normal, llevamos tres días sin vernos - le responde "Sara".
- Bueno, ya no es necesario actuar con tanto cuidado para tener amigas normales y que nadie sospeche.
- Clara, tú nunca has actuado normal - dice "Sara" poniendo los ojos en blanco.
- ¿Cómo que no? Lo hago todo el tiempo.
- ¿Cómo ahora? ¿Hablando abiertamente del tema en una parada de autobús rodeada de gente? - susurra "Sara" señalando todo el lugar con un giro de muñeca.
Claridad en lugar de responder desvía la mirada al frente y saca el MP3 de algún bolsillo de su falda.
"¿Cómo es que no pasa frío llevando falda siempre?" Piensa"Sara". "¿Llevará un brasero dentro de las piernas también?"
Así que llegan a la misma mesa de siempre.
- Espera - le dice "Sara" a Clara. - Hoy no te sientes en frente de mi, siéntate al lado, será gracioso.
- No entiendo porque - replica Clara.
- Es una orden - dice "Sara" con voz firme.
Claridad deja de hacer preguntas en ese mismo momento y se sienta a la izquierda de "Sara" mientras esta deja el bolso en la mesa y saca el móvil. Claridad hace lo mismo, pensando que tal vez usar el MP3 pueda resultar sospechoso.
- ¡Por las nubes victoriosas! - dice "Sara" cuando ve la pantalla de Clara de reojo. - ¿Cuantas pestañas tienes abiertas en el buscador?
- Es un viejo truco de espionaje - dice Clara con media sonrisa. - Nadie encuentra a la ardilla si hay demasiados árboles en el bosque.
- Pero si un ataque de un hacker sería como un incendio forestal.
- Mis arboles son de agua - dice Clara llevándose el móvil más a la cara para que "Sara" no mire.
Cuando llega Abraham y hace su típico ritual con la mochila se sienta justo enfrente de "Sara" con un "buenas", se sienta como si la silla sirviera para estirar la espalda.
- ¡Ey! - le dice "Sara" con un grito a medio tono que incluso pone a Clara en guardia.
- ¿Qué? ¿Qué pasa que he hecho? - dice Abraham mirando a todos lados.
- Es mi cumpleaños, felicitame - dice "Sara" tratando de seguir con un tono de enfado que tape su risa.
- Joder, que exagerada - dice Abraham volviendo a su pose de antes. - Felicidades.
"Sara" mira a Clara girando la cabeza hasta que la tumba en el hombro y Claridad solo la mira con una expresión muerta que a todas luces dice "¿Esa era la parte graciosa?".
- He traído pastas caseras - dice "Sara" rebuscando en su bolso y sacando una caja de bordes dorados con un plástico trasparente. - Coge si quieres.
"Sara" abre la caja encima de la mesa, efectivamente son pastas que se asemejan a las de pastelería, intercala entre galletas regionales y otras que parecen artesanas traidas directamente de Israel o Arabia.
Claridad tenía más cerca las de origen oriental y estiró la mano todo lo que pudo para tomar la que más se parecía a una galleta oreo, mientras tanto Abraham estaba mirando al techo disimulando las ganas de tomar una.
- ¡Uy! ¿Y eso? - dice Susi llegando por el pasillo. - puedo pillar - dice cerrando sus dedos mientras camina como tenazas que se abren y cierran.
- Sírvete - le dice "Sara".
- Perfecto - dice tomando la primera que alcanza mientras se coloca al lado de Abraham. - Bua tía, buenísima, ¿Qué celebramos?
- Mi cumpleaños - dice "Sara" encogiéndose de hombros.
- Pero - Susi se lleva una mano a la boca e infla sus cachetes, casi se atraganta. - Pero tía haberlo dicho por el grupo, feliz cumpleaños.
- No hace falta ir dando notorios de todo - dice "Sara" con un ademán para restar importancia.
- No tía, pero de esto sí, es tu día especial, estás más cerca de la muerte - dice Susi alzando ambas palmas al cielo como si tirase un puñado de confeti. - A todo esto, tú no estás en el grupo - dice apuntando a Clara con una uña.
- Soy tímida - responde Clara en automático. - Y casi no me junto con vosotros, ahora solo necesito venir los miércoles.
- Pues con más razón, nunca viene mal otro miembro a esta maravillosa familia disfuncional.
- Ya sabes lo que dicen, quien tiene vergüenza ni cemo ni almuerza - añade Abraham.
- ¿Y tú eres muy extrovertido? - pregunta Clara alzando una ceja.
- Yo soy 70% timidez y 30% obesidad morbida - dice Abraham pellizcandose una lorza.
- ¡Abraham! - dice "Sara" abriendo los ojos como platos.
- Joder, tú siempre te pasas - dice Susi con unos aspavientos.
- Vale, pero no me pegues - dice él fingiendo que se aparta de un salto.
Llegando ya el que faltaba, Carlos trae el portátil en su bolso de mano como si fuera un arma arrojadiza.
- ¡Ey! - le dice Susi. - Es el cumple de "Sara", felicítala.
- ¿Y esta pava? - dice poniendo la mano como un cuenco. - Felicidades, ya tienes otro año levantando el país.
- Gracias - dice "Sara" acercando la caja. - Puedes tomar una si quieres, son caseras.
- ¿Cuantos cumples? - dice acercándose más a la mesa.
- Ala, tío - dice Abraham. - A una mujer nunca se le pregunta su edad.
- ¡Santo cielo! - dice "Sara". - Ya estaba tardando, tengo 23.
- Ala, que mayor - dice Carlos con una voz tonta, como si hablara con un bebé. - ¿Pues esto hay que celebrarlo no? Vamos hoy a comer al buffet libre.
- No puedo - responde Abraham en automático.
- Tú nunca puedes nada - le replica Susi. - Yo creo que lo que no quieres es gastar.
- ¿Yo? - dice Abraham llevándose una mano al plexo solar. - Yo nunca, es más yo tengo el puño más cerrado que Earnie Shavers.
- ¿Y ese quién es?
- El boxeador afroamericano con la supuesta pegada más fuerte de la historia, Cassius Clay dijo que era el hombre que más duro golpeaba - responde Clara con los ojos muy abiertos y de carrerilla, casi a la defensiva.
- Si... - Abraham se lo piensa un poco. - Justo ese, yo le recuerdo más bien porque noqueó a Sergio Barrulo, el mejor boxeador peso pesado de este país, en el segundo asalto, le metió una hostia tal que le partió los paletos aún con el protector bucal puesto.
- No jodas - dice Carlos. - Pero si Sergio era una puta máquina.
- Era la mejor promesa del país pero tras eso no fue el mismo, se suicidó un año después cuando también quebró su economía familiar.
- Bueno ya - dice Susi dando una suave palmada en la mesa. - Basta de noticias tristes, ¿Vamos luego a comer, ¿Si o no?
- Bueno a ver - interviene "Sara". - Que yo soy la cumpleañera y prácticamente se está decidiendo por mí.
- Yo creo que es una buena idea - dice Clara. - Así podría conoceros mejor.
- Pues no sé hable más - dice Carlos llevando la voz cantante. - Después de clase todo el mundo al buffet libre de "La Cream de la Mía Mama".
- ¿Ese no era un restaurante? - pregunta Abraham.
- Lo era, pero tubo que cambiar sus servicios luego de la mala fama que le dio un incidente con la policía - dice "Sara" tomando una de las pastas árabes de su caja. - Yo por mí bien, pero tenemos que acabar antes de que sean las 18:30 que es el último autobús que tengo.
- Digo lo mismo - le completa Clara. - Sería muy duro volver a caminar horas y horas desde aquí hasta el pueblo.
- ¿Volver? - dice Susi con la cara arrugada de una rana. - ¿Es que lo has hecho antes?
- Pues como cualquier joven de bien un viernes noche, ¿A que si? - le dice Carlos.
- Algo así - dice Clara con una sonrisa nerviosa mal disimulada.
"¡Por las nubes victoriosas!, Si no le hubiera descubierto seguro que se delataba solo", piensa"Sara".
Dicho y hecho, llegaron al lugar sobre las 13:15, tenía mesa libre porque la gente no suele ir allí entre semana.
- ¡Wow! No hay chinos aquí - dice Clara por lo bajito.
Carlos se descojona, Abraham no se entera, Susi se extraña y "Sara" trata de tapar el inicio de una sonrisa.
- No todos los buffet libres son asiáticos - responde "Sara".
Se sientan en una mesa rectangular, las tres chicas en un lateral, los dos chicos en otro. Dejan las mochilas y bolsos bajo la mesa y mientras dos esperan, los otros van por sus platos.
Los platos estaban debajo de unos mostradores largos y metálicos donde estaban bandejas encajadas con la comida caliente. Había cuatro mostradores, el primero era de comida más estadounidense (patatas, pollo frito, nuggets, etc), el segundo era principalmente marisco, el tercero comida tradicional asiática (desde rollitos de primavera a pan que eran bolas de masa) y finalmente uno de postres.
Cuando se remodeló el lugar para convertirse en un bufete libre se abrió parte de la cocina, eso daba lugar a un corredor extra más grande donde se iban poniendo pizzas.
Abraham llegó con su primer plato, solo carne y patatas. Susi había seguido parte de ese plan pero había traído pescado también. "Sara" había empezado con un entrante de sushi que contrastaba enormemente con el plato de Claridad a su lado lleno hasta los topes de patatas fritas y nuggets.
Aún así, ninguno pudo superar a Carlos que se coronaba con 9 platos a su alrededor, desde arroz con gambas hasta varios trozos de pizza con salchichas de carnicería.
- Tú eres un saco sin fondo - le dice Susi llevándose una mano a la frente.
- Es que estoy en volumen - responde él.
- ¿Enserio? - pregunta Clara genuinamente sorprendida. - ¿Eres un bodybuilder o algo así?
- ¿Un qué? - pregunta él.
- Un culturista.
- A sí, un míster Olimpia de esos - dice flexionando los bíceps.
- Si, ya - dice Abraham poniendo los ojos en blanco. - Y yo soy un strongman, no te jode.
- Se está quedando contigo - le dice Susi. - Este solo es futbolista, y ni siquiera a tiempo completo.
- Los futbolistas también hacen eso - Carlos gira la cabeza buscando a "Sara". - Díselo.
- ¿Tú crees que yo sé cómo funcionan los entrenamientos de mi hermana? - responde con los ojos entrecerrados.
- ¿No me hablaste de eso el otro día? - le dice Abraham medio confuso.
- Va, no me interesa hablar de eso - dice "Sara" mirando su plato.
Un pobre trozo de sushi sufre la ira del tenedor de "Sara", mientras los demás cambian sus puntos de vista hacia ángulos muertos.
- ¡Ostias! - dice Susi señalando a una camarera de espaldas. - Una chica con el pelo rosa, ¿Creéis que será natural?
- Que dices, eso es teñido - responde Carlos con voz de cuñao.
- Podría ser natural, Las Palmas de Santa Catalina es el único país donde son más frecuentes que la media los colores rosa y derivados en el pelo - responde Clara como si fuera wikipedia. - Es algo así como los pelirrojos en Irlanda o el color lila en los ojos frecuente en algunos países asiáticos.
- Si, algo de eso he leído - dice "Sara" usando el tenedor como una batuta. - Es como un gen recesivo en hombres, aunque es más frecuente en mujeres.
- Efectivamente, si madre y padre tienen el pelo rosa, un hijo tiene un 15% de tener el pelo rosa pero una hija tiene un 85% - concluye Clara orgullosa.
- ¿Entonces creéis que es natural o no? - pregunta Susi medio aburrida.
- Pues ve y pregúntaselo - dice Carlos.
- Voy yo si queréis - dice Clara retirándose de la mesa.
- Siéntate, por favor - le dice "Sara" negando con la cabeza. - Si estos son tontisimos y a todo le sacan punta.
- ¿Cómo que estos? - dice Carlos con un contoneo de cabeza al más puro estilo pijo de los ochenta. - Tú siempre hablas de terceros con "este" o "esta", las personas tienen nombre.
- Las insignificantes no - dice "Sara" cruzándose de brazos, estirando la espalda en la silla y con media sonrisa.
Carlos mira a Abraham y este le devuelve la mirada con la boca llena.
- Le habrá hecho gracia a ella - responde Abraham.
Los dos chavales empiezan a reírse como si ese fuera el mejor chiste del planeta, Claridad no ha entendido nada y busca alguna explicación en Susi o "Sara" que tienen los ojos en blanco.
- Ignóralos - dice Susi. - Son hombres, comparten neurona - se lleva el índice a la cabeza y finge que se atornilla una tuerca.
La mesa no tardó en dividirse en dos vandos, las chicas que hablan de un desfile de estrellas famosas con disfraces o algo así y los tíos, que estaban hablando sobre artes marciales mixtas.
Pese a lo que podía parecer, Claridad era muy buena siguiendo conversaciones. Susi sacó el tema de que película se habían visto últimamente y Claridad empezó a hablarle sobre "Tres carteles a las afueras" mientras la relacionaba con "El cielo sobre Berlín".
- Joder, tú si que sabes mucho de cine - dice Susi admirada.
- En realidad, simplemente me he visto muchas películas y lo bueno de hacer eso es que la gente asume que ya eres experta en cine, pero lo cierto es que ni siquiera me he visto clásicos como Blade Runners - responde Clara con una sonrisa. - Si no me equivoco, hoy echaban Predator en el cine de "Las tres luces de las palmas", a lo mejor me paso.
- ¿Predator la primera? - pregunta Abraham uniéndose a la conversación.
- Si, la de Arnold, ¿Te apuntas?
- No puedo, mi autobús sale a las 19:00 como muy tarde.
- Pero no te he dicho la hora.
- No le hagas planes de última hora a Abraham - comenta "Sara" mientras abre una botella de naranja de marca blanca. - Ya suficiente extraño me parece que haya aceptado estar aquí.
- ¿A sí? - comenta Abraham que se está picando. - A mí me parece extraño que sea tú cumpleaños y nadie te haya cantado cumpleaños feliz en condiciones.
- ¡Ey! Eso es verdad - dice Carlos soltando su quinto plato ya terminado en la mesa. - Menudo pecado por nuestra parte.
- Ni se os ocurra - dice "Sara" frunciendo tanto el ceño que parece que se le va a juntar con la nariz. - Uno nunca sabe que cara poner cuando eso ocurre.
- Dato divertido - empieza a decir Clara. - Disney tiene los derechos de esa canción, cantarla es ilegal.
- Ajam - dice Susi afirmando con la cabeza de forma exagerada. - Está clarísimo que tú eres una chica de ley.
- ¿Cómo es debido, no?
- Pues si, pero mucha policía poca diversión, es ley de vida básica.
- Yo... - Clara piensa rápido, quizás ser tan respetuosa es algo raro para su edad. - Una vez hice brownies especiales.
La mesa queda parcialmente en silencio y solo los comentarios de otras mesas y los gritos de niños en la piscina de bolas cuatro mesas detrás de donde están sentados les hace de contraste.
- A ver "Sara", los especiales no quiere decir que estén hechos con amor - empieza a explicar Carlos.
- Venga hombre - "Sara" chasquea la lengua y echa su cabeza hacia atrás. - Ya lo sé.
- A bueno, como eres tan puritana - dice Carlos alzando ambas palmas en señal de disculpa.
- Eres una cosa...
- Ves - dice Carlos señalandola de canto con la mano. - Ni siquiera dices palabrotas, nunca te he visto decir una.
- Es que las chicas que dicen palabras feas no se casan ni van al cielo - contesta burlescamente Susi desde atrás.
- ¡Susana!
- ¿Quieres casarte tan joven? - pregunta Clara medio sarcástica medio enserio.
- Por supuesto que no - dice "Sara" tajante. - No descarto la posibilidad en un futuro, pero mis estudios son primero.
- Si hombre, hay que encontrar al adecuado - dice Carlos cruzándose de brazos y asintiendo seguro de si mismo. - No todo el mundo puede ser Messi, hay que esperar.
- Pero siempre por bienes separados, que en la boda es todo arroz y en el divorcio "to pa-ella" - remata Abraham alzando la mano y Carlos la choca riéndose.
- Y son así de normal - le dice Susi a las chicas. - Imaginatelós borrachos.
- Ni borrachos ni nada - dice Abraham. - Aquí el chaval más virgen que el aceite virgen extra os dice que ser soltero es lo mejor y si luego surge algo más, pues eso que te llevas.
- Pues claro, a ver, qué no todos podemos ser como el chaval ese de metro noventa que viene a filosofía - complementa Carlos.
- ¿Hablas de Martín? - pregunta Clara con unos ojos que reflejan firmeza, tal vez agresividad.
- Ese mismo - dice Carlos con un ademán para restar importancia. - Tiene cara de tener 5 hijos no reconocidos en cada barrio.
- De verdad que lo siento por la pobre que termine con alguno de vosotros - comenta "Sara" mientras va a por el último trozo de sushi de piña y pescado del plato.
- ¿Pobre por qué? - dice Carlos más motivado que nunca. - Para ella seré la mejor experiencia de su vida y para mi será un viernes noche.
- Mucho ego veo por tú parte - Clara trata de disimular los humos que parece que le salen por la cabeza. - Apuesto a que yo he visto muchos más coños que tú.
- ¡Claridad! - Abraham toma la palabra con un tono grave y firme, como un juez que dicta sentencia. - Tal vez nadie te lo ha dicho pero la promiscuidad no es una virtud digna de alabanza, no puedes ir presumiendo de actos pecaminosos disfrazados de amor en el furor momentáneo que busca el placer de la carne, ¿Es que no escuchas al demiurgo reírse como un desquiciado con sus doce bocas cada vez que alguien dice la palabra sexo? ¿Tan podrida está nuestra sociedad que consideramos un acto efímero e insignificante de placer un logro que compartir en una mesa?
Hasta Carlos se había quedado callado ante tal discurso que parecía que en cualquier momento acabaría con un puñetazo en la mesa seguido de un "¡Alzaros con mi voz hermanos y juntos conquistemos tierra santa!".
- Bastante dramático, ¿No creés? - dice Clara.
- Era una broma - dice Abraham cabizbajo derrepente.
- ¡A! Perdón, no soy buena detectando el sarcasmo.
- Bueno, tampoco estaría de más que lo aclarases de vez en cuando - dice "Sara". - Vaya discurso acabas de echar, parecías un rubio mestizo liderando a un pueblo contra la nobleza.
- Buena referencia - dice Abraham.
- Así me gusta, coño - dice Carlos siguiéndole el juego. - Un discurso más patriota que el palo de la bandera.
- Volviendo al tema - dice Clara. - Lamento si me he expresado mal, ¿Pero tú has tenido novia?
- ¿Este? - dice Abraham mirando a Carlos de medio lado. - El día que este tenga novia, ella escala montañas.
- Ya estamos con los refranes raros - dice Susi echando la cabeza tan atrás que parece un péndulo colgando del cuello. - ¿Qué quiere decir este?
- Pues que ella usa arnés.
- Ostia, ojo que esa es buena - le dice Carlos.
Con el inicio de otra conversación, Carlos consigue escurrir el bulto y no responde la pregunta, ocurría lo mismo si le preguntabas a quien votaba o de lo contrario te decía que no había ido a votar.
A falta de veinte minutos para que el lugar cerrase su primer turno, todos ya habían tomado postre, incluido Carlos que pese a tener aún medio plato de arroz estaba atracando el contenido de un yogurt.
- Si no te comes ese plato, tienes que pagar 50 cantos más - le dice Susi con una sonrisa burlona.
- A ver - Carlos deja el yogurt como si fuera un martillazo. - Me vas a dejar comer a mi ritmo.
- ¿Esto es lo normal que suele comer? - pregunta Clara.
- Para sus estándares, esto es un entrante - le dice "Sara" sentada a su lado.
- ¿Y cómo es que estás tan en forma? - dice Clara aún más extrañada.
- Por qué gano volumen y hago mucho ejercicio, si ya lo he dicho y no me creéis - dice Carlos moviendo su dedo como si fuera una bara al viento.
- Yo creo que tiene un desorden alimenticio - susurra Susi en dirección a Clara tapándose la boca. - Por qué yo no podría acostumbrarme a comer tanto.
- Pero acostumbrarse a no comer es normal en su pueblo - dice Abraham un poco para todos.
- ¡Abraham! - le regaña "Sara" sacando a relucir sus encías.
- La confianza da asco - dice Susi. - Pero mira, ya no me siento mal por la patada del otro día.
- A ver, haya paz - dice "Sara". - Aún me queda una hora y media antes de ir por el autobús, ¿Os apetece un café en la cafetería de la estación?
Con un "está bien" casi unísono, recogen sus cosas y se van a una de las paradas para tomar un bus urbano.
La cafetería cercana a la estación está encajonada en un área de 5 metros cuadrados como mucho, dentro solamente hay un mostrador, dos mesas y un cuarto de baño.
El quinteto decide mejor quedarse en la terraza de fuera, dentro de una carpa de plástico con cuatro mesas prepara parada aislar del viento y el sol. Ahí cada uno hace su pedido, menos Abraham que dice estar lleno pero lo cierto es que no quiere tomar nada para no acelerar sus ganas de ir al servicio.
Mientras hablaban de algo, "Sara" da un sorbo al café y se le queda algo de restos en los labios.
- Toma - dice Clara arrastrandole una servilleta por la mesa. - Te servirá para limpiarte.
- Gracias - dice "Sara".
Claridad la mira seriamente mientras los otros tres hablan, a "Sara" la extraña ese gesto hasta que sube la servilleta y lee un mensaje en su reverso.
"Sospechoso del tupé a las ocho menos cuarto", ponía en una letra casi cursiva, con bolígrafo azul. "No me digas que tiene un boli bic dentro del cuerpo", piensa fugazmente.
- Es una dirección, como un reloj de aguja - dice Clara entre dientes, procurando no subir la voz.
"Sara" aún no lo tiene muy claro, pero se imagina a sí misma en el centro de un reloj, mira hacia donde marcarían las agujas solo por el rabillo del ojo y para su sorpresa nota un flamante tupé que sobresale frente a una fila de colegas que están celebrando con cerveza en la otra mesa.
- ¿Qué pasa? ¿A que viene esa cara? - le pregunta Susi notando su ensimismamiento.
- Tengo que ir al servicio - dice "Sara" retirando la silla con los pies mientras se limpia con la servilleta. - Un apretón de último momento.
- ¿Quieres pañuelos? - dice Susi camino a echar mano de su mochila.
- No, no es para tanto - le dice mientras gira la cabeza y se retira.
En el momento en que se gira hace fuerza con su pelo, como si fuera la cortina corrediza de un telón, ve entre sus cabellos antes de que caigan, a la persona de la otra mesa, no hay duda, es el tipo del otro día, el que se parecía a Elvis. No solo eso, ver su perfil entero le hizo recordar al tipo que vio en la parada de autobús, si, era él, Mister platanito.
Cuando "Sara" regresa del baño lo primero que escucha es a Abraham decir "yo solo cambio de línea cuando me drogo", lo cual la obliga a tornar los ojos en automático.
- Bueno, ya está aquí la chica del año - dice Carlos cuando "Sara" se sienta. - Venga, a la de tres.
- ¿De que hablas? - pregunta "Sara" entrecerrando los ojos.
- ¡Cumpleaños feliz! - empieza a cantar Carlos junto a Abraham mientras Clara y Susi aplauden al ritmo.
- Venga chica, sonríe - dice Susi descontrolandose con movimientos de baile en la silla.
La sonrisa incómoda de "Sara" busca ocultarse en las palmas de sus manos cuando el grupo de colegas borrachos de la otra mesa empiezan a cantarle cumpleaños feliz también. Luego todos aplauden por un minuto, con los disturbios propios de un carnaval en Río de Janeiro.
- Jajaja, esa ha sido buenísima - dice Susi.
- Voy a mataros - las palabras salen con rabia entre los dientes de "Sara".
- Muy bien, pero luego limpias, que me da asco dejar el suelo sucio - dice Susi mirándola con una sonrisa que mezclaba jugueteo y desafío. - En fin - dice estirándose mientras se levanta. - Voy a pagar a la barra y me voy a mi casa que ya es tarde, que os lo paséis bien.
Susi está a punto de empezar a empujar la silla hacia la mesa y la cara de Claridad cambia a una mueca amenazante por una décima de segundo antes de volver a sonreír. "Sara" no entiende el porqué de esa expresión facial hasta que escucha un "espera, no retires que quiero hablar yo".
La cabeza de "Sara" gira con la lenta rotación de una tuerca a presión, sentándose en una diagonal perfecta a ella y justo enfrente de Claridad, el Elvis Presley de cinco migajas la mira con una sonrisa que hace brillar un colmillo y apoya los codos en la mesa.
- Ayyyy - dice con ambos pulgares hacia arriba y con un tono calmado, una referencia que solo Claridad parece entender. - ¿Quién es la afortunada? ¿De quién es el cumpleaños?
- Es mío - dice "Sara" levantando la mano.
- ¿Y cuántos caen? - pregunta ampliando más la sonrisa.
La situación es tan surrealista e incómoda que Abraham se está esforzando por mirar para otro lado y Carlos está tapando la sonrisa de su cara de incrédulo con las dos manos. Claridad en cambio trata de guardar las formas pero si vieran debajo de la mesa la encontrarían deslizando los dedos a punto de sacar un cuchillo táctico oso negro.
- Son 23 ya - "Sara" mira a Clara de reojo. - Es una edad temprana y todavía hay que actuar normal.
- Si, se ve que podrías conservarte así mucho tiempo más - el tono de ligoteo ya roza lo ridículo. - ¿Qué edad creés que tengo yo?
- De cuarenta no bajas - dice Susi detrás de él, que aún no se había ido.
- Si hombre, 85 - responde sarcástico.
- A ver, yo creo - empieza a decir Carlos.
- ¿Tú crees que? - responde el tío mirando con un movimiento brusco.
- Pues no sé, ¿Treinta y tres o por ahí?
- Os quedaréis con la duda - tamborilea con sus manos en la mesa y se va.
Todos se quedan mirando a "Sara" y su incómoda sonrisa, aún no saben si es el momento de reír o preocuparse.
- Mira que yo soy malo con las indirectas, pero ese te ha tirado más fichas que el casino - dice Abraham.
- Y tanto - complementa Carlos. - Cómprale un parchís nuevo que se ha dejado aquí las fichas de todos los colores.
- Ja, y por poco me lo pierdo si me voy - dice Susi.
- Bueno ya - "Sara" hace un gesto tajante de basta ya con ambas manos. - Termino el café y me voy, ¿Clara tú también te bajas no?
- Si, ya mismo si es posible.
- Pues venga - "Sara" se echa todo el café al gaznate.
No pasó mucho más tiempo tras eso, se fue a pagar. Camino a la estación y ya a solas con Claridad simplemente comenta.
- Puede que tengas razón, no es la primera vez que veo a este flipado, también estaba un día en la estación haciendo un grafiti.
- ¿Ese nuevo que hay de la revolución? - pregunta Clara.
- Si, ese.
- Mister platanito, jum, hoy será noche de investigaciones.
- ¿Te has fijado en la firma también?
- Me fijo en todo, es como si tuviera ojos en la nuca. - Clara lo piensa medio segundo. - De hecho podría tener ojos en la nuca.
- Eso es repulsivo - comenta "Sara" mirando al suelo. - Oye, ¿Ese no va a fijarse en mí, verdad?
- No pienso eso, lo estaba haciendo para probar mi paciencia, cuanto puede provocarme en público sin que ataque.
- No se si sentirme segura con tan poca información ahora que más o menos se confirma lo de los caza recompensas.
- Si quieres te puedo dejar...
- No voy a coger una maldita pistola - dice "Sara" matizando las sílabas al ritmo de sus pasos.
- Yo iba a decir un cuchillo táctico.
- Pues tampoco.
- Bueno, tal vez esto si te interese - Clara saca de alguna parte de su ropa un par de guantes de cuero y nylon. - Guantes tácticos, el refuerzo es ergonómico de la palma en Amara y en los nudillos trae granos de silicona.
- ¡Increíble! - "Sara" se detiene un momento para tocarlos y notar que efectivamente el exterior es duro pero el interior se siente suave. - Parecen como guantes de boxeo con espacio para los dedos - los ojos de "Sara" reflejan su deseo caprichoso inconsciente - ¿No los tendrás en dorado?
- Puedo buscarlos, ¿Te gustaría?
- Si, sería un buen regalo de cumpleaños - dice sonriendo de encías hacia arriba.
Con esa promesa se dio por concluido el cumpleaños más extraño que registró hasta la fecha.
Capítulo 20: verdades como crochets 2.
"¡Ay! Otro maravilloso día de entrenamiento", pensó "Sara" mientras se peinaba. "Lo bueno es que esta vez sí tengo guantes tanto dentro como fuera del ring jejeje".
"Sara" estuvo riéndose para sus adentros un rato largo, casi tanto rato como el que se pasó ayer por la noche revisando los guantes tácticos para asegurarse de que no tuvieran cámaras dentro.
"Son geniales, se siente como el algodón y pueden romper cerámica, lo tienen todo".
"Sara" estaba tan emocionada haciendo boxeo de sombras en su cuarto con ellos que por poco se le olvida quitárselos antes de salir.
Ya era su tercer fin de semana en Chozas, el pueblo de Abraham, ese pueblito de carretera que podrías saltarte si fueras en línea recta, la acogía como un bosque abandonado acogería a un conejo. Un lugar bonito, con edificios y recursos pero de poco actividad en las calles, lo máximo que puedes aspirar a ver son jubilados en bicicleta o personas fumando en la puerta de un bar.
Había pocas actividades comunes en el pueblo, pero "Sara" estaba perfectamente segura de que el espionaje no era una de ellas, por lo que ver la cabeza asomada del otaku del otro día, al final de la calle y apoyado en un muro como si no sobresaliera el 25% de su cuerpo, causó una mezcla de repudio y vergüenza ajena que no era capaz de explicarse.
Prefirió ignorar eso y llamar al timbre, este efecto en cadena causó que una voz femenina gritase "¡Abraham, te están llamando!". Esta vez "Sara" simplemente suspiró y esperó a que la puerta se abriera.
- Supongo que ya has escuchado a la pastora - es lo primero que le dice Abraham cuando le abre la puerta.
- No soy de juzgar a la gente que grita en su casa - dice "Sara" una vez está dentro.
La casa está más limpia que la última vez, han fregado hace poco y el olor a limpiador de baldosas impregna el ambiente con un toque urbano difícil de igualar. Mariam está justo en el sofá de enfrente, brazos estirados con una tablet encima, aparentemente leyendo algo.
- Deberías aprender un poco de ella - dice Marian que estaba tumbada boca arriba en el sofá. - Eso te haría un buen hermano.
- Una buena hermana acompañaría a Meriem al conservatorio - le responde Abraham.
- ¿Yo que culpa tengo de que se levante a las 6 de la mañana y aún esté durmiendo? Qué se saque el carnet como hice yo.
Abraham solo se limita a poner los ojos en blanco y a abrir la puerta hacia el sótano. "Sara" sigue la rutina del martes pasado y se prepara poniéndose las cintas ella sola.
- Ya le has tomado sultura por lo que veo - le comenta Abraham que ya tenía las cintas puestas de antes. - Ahora te enseñaré a abrócharte esto - dice señalando a dos cascos de boxeo que había en una estantería - cascos olímpicos de segunda mano porque tampoco estoy para tirar el dinero al mar.
- ¿Cómo sabes que es de mi talla? - pregunta "Sara" adjuntándose un guante.
- Pues me sirve a mí y soy como tres veces más cabezón que tú - dice Abraham ajustándose un casco rojo a la cabeza. - Eso sí, el protector bucal vas a tener que comprarlo tú porque no es algo que se pueda compartir.
- Amigo, ya podrías decir todo lo que hay que comprar de una - dice poniendo sus brazos en jarras. - Siempre que vengo falta algo para tener un entrenamiento al 100%.
- Es que no daba yo por hecho que estarías tan interesada - le dice acercandose. - Pero vamos que lo del bucal es fácil, lo desinfectas con agua hirviendo, lo dejas enfriar, le das un bocao para que se marquen bien tus dientes y luego en agua fría con hielo lo dejas reposar hasta que fijes la forma.
- Bueno, ¿Y cuanto cuesta eso?
- Si es de marca unos 12 cantos con 50 migas.
- No está muy caro, valen menos que unos tacos de fútbol.
Abraham le ofrece a "Sara" el otro casco que tenía en la mano, poliuretano y poliéster dados forma en una envoltura azul.
- Yo quiero el rojo - dice "Sara".
- Que más da, si son iguales.
- Pues dame el rojo si te da lo mismo.
- No, el rojo es mío - dice Abraham ajustándose más el casco a la cara. - Para gustos colores, pero el rojo es el mejor de todos.
- Ja, lo sé - dice "Sara" tomando el casco. - Solo te estaba vacilando.
- Me parto, en fin, te voy a tratar de enseñar como dar un gancho a la mandíbula y luego practicamos un sparrin, pero flojito - Abraham matiza la última palabra con un movimiento contundente de mano. - Lo último que necesitamos es que nos vuelen un par de dientes.
Empezaron con 10 minutos de calentamiento golpeando al saco, cinco de descanso sin llegar a enfriarse con el sudor, otra serie de golpes al saco, esta vez dejándolo oscilar para esquivar con movimientos de piernas y caderas, descanso otra vez y por fin el tan ansiado sparrin.
"Al fin, después de tanto tiempo, finalmente vamos con los golpes a la mandíbula", pensó "Sara" satisfecha.
- Vale a ver, un par de instrucciones básicas - dice Abraham. - primero el golpe siempre tiene que buscar un ángulo muerto, así que lo mejor es pivotar hasta encontrar una apertura en la guardia. Segundo, el golpe siempre tiene que ir a inicios del maxilar, si lo das muy atrás será un golpe en el cuello y te restan puntos, además es peligroso porque puedes dejar al rival sin aire. Tercero, la mandíbula no se hace más fuerte - Abraham acompaña estás últimas cinco palabras con palmadas en los guantes, matizando. - No te dejes engañar, los golpes a la mandíbula solo se resisten bloqueandolos o moviendo la cabeza mientras el golpe llega para que pierda inercia, pero eso último no lo sé hacer, así que siempre bloquealó.
- ¿Cuánta fuerza se necesita para dejar a alguien fuera con un solo golpe de ésos? - pregunta "Sara".
- Cualquier golpe bien dado siempre que no haya gran diferencia será eficaz - Abraham lo piensa un poco con el puño en la mandíbula. - Por ejemplo, Henrry Cooper, boxeador británico, tumbó a Mohamed Alí gracias a la superioridad de su gancho izquierdo en la mandíbula y eso que Alí era más alto y pesaba 10 kilos mas.
- ¿Un británico le ganó?
- Que va, Alí lo vapuleó en el resto de asaltos y al final le dieron la victoria por kao técnico, pero eso no importa, lo que importa es que un buen ángulo y golpe te garantizan tumbar al rival mínimo 8 segundos, ¿Provamos?
- ¿Golpes serios a la mandíbula? ¿No has dicho que esto era pura práctica? - dice "Sara" preparando su guardia alta.
- Y lo es, pero así sale más motivante, vamos hasta que uno de los dos caiga.
La práctica empezó relativamente bien, "Sara" hacia uso de un buen juego de piernas y la larga distancia buscando la cara de Abraham mientras este se piboteaba y movía las caderas. Había mucho juego de cabeceo, se agachaba y avanzaba pero no trataba de golpear a "Sara" la cual estaba tratando de buscar un ángulo muerto.
Abraham pasó a la defensiva repentinamente, lanzó un recto a media velocidad que "Sara" pudo esquivar con una finta, siguió con varios crochet, todos con la diestra y en un mismo ángulo, como si fueran jab cortos.
Con la concentración en la derecha, "Sara" se creyó un amago de Abraham que rápidamente cambió su juego de piernas y lanzó una bolea con total inercia con la mano izquierda. "Sara" muy a penas pudo bloquearla flexionando el brazo, todo el bíceps trató de amortiguar la potencia sin mucho éxito, otro de esos y estaba fuera.
La diferencia de peso era demasiada, pero eso también le jugaba en contra a Abraham, su baja forma estaba haciendo que se cansara más rápido mientras "Sara" esquivaba, tras cinco minutos uno de sus rectos lo dejó totalmente expuesto, "Sara" aprovechó eso para adelantarse y ya dentro de su guardia lanzar un gancho muy eficiente al mentón que hizo que Abraham trastabilleara.
- Vale, vale - dice Abraham jadeando. - tiempo muerto - pone lo que parece una T con un puño recto y el otro tumbado encima.
- Venga, pero si ha sido un golpe de nada - dice "Sara" aún con buenos ánimos.
- Si "Sara", pero tú no tienes sobrepeso - Abraham se retira y desploma sobre una silla. - Tengo que ponerme en forma pero ya o nunca encontraré el amor.
- ¿Ya vas a empezar con eso?
- Para ti es fácil decirlo, tú eres rubia y fuerte, cualquier hombre mataría por ti, yo en cambio hasta uso gafas, solo un 45% de la población de este país usa gafas y yo soy uno de ellos, aaa - dice Abraham con lo que parece el quejido de una morsa.
- Pues no sé, de dos días que he venido aquí yo diría que a alguien le interesas - dice "Sara" dispuesta a tomar una silla. - Ya me he topado dos veces con un chaval de pelo como morado y cortado a tazón que parece espiarme cada que llego a tu casa.
- ¡No jodas! - Abraham se incorpora de pronto, como por resorte. - ¿Te has encontrado con Carmen?
- ¿Era mujer?
- No lo se, ¿Llevaba una sudadera de Naruto?
- Creo que sí, era algo regordeta.
- Si, entonces era ella, vive al final de esta calle - Abraham se pasa una mano por el pelo. - Y no se te ocurra llamarla Carmen, ahora se llama Víctor y se creé un tío o se hormona para serlo o lo que sea.
- ¡Ey! Si ahora se identifica como hombre deberías respetar eso - dice "Sara" cruzando una pierna en su rodilla con algo de curiosidad. - ¿Y por qué le interesas?
- Es una larga historia, antes nos hablábamos, ya sabes en esa época donde los otakus se apoyaban entre sí porque el resto les hacían bullying - dice Abraham casi sonriendo. - Me resulta gracioso recordarlo pero es algo bastante triste.
- No dejes que la nostalgia te confunda - le matiza "Sara".
- Pues eso, nos llevábamos bien hasta que un día nos empezamos a distanciar porque ella se estaba tomando hormonas y tenía cambios de humor, además sus padres se separaron y su padre la dijo que no la quería y entonces se volvió muy heterofóbica.
- ¿Hetero... Qué? - pregunta "Sara" con una mueca.
- Pues que odia a la gente normal, vamos.
- Abraham que basto eres para lo que quieres.
- Es que no hay otra forma de decirlo - vacila él. - Pero eso ni siquiera es lo que importa, nos encontramos en la fiesta de fin de curso y tuvimos una discusión muy tonta y yo le dije "cállate" y Victor me dijo "cállame" y le solté un gancho en los dientes.
- ¿Qué hiciste qué? - "Sara" abre los ojos como platos.
- Si, luego me explicaron que era una indirecta, pero a ver, ¿Si una chica te dice cállame, tú que crees que quiere, un beso o un puñetazo a 120 kilómetros hora?
- ¿Por qué demonios querría un beso?
- Exactamente, el puñetazo tenía más sentido - expresa Abraham con una palma enguantada a la altura de su cabeza.
- No, a ver, Abraham - "Sara" se lleva una mano a la frente y cierra los ojos buscando serenarse. - ¿Por qué creés que alguien que le caes mal querría un beso?
- Porque me han dicho que esa réplica las mujeres solo la dan cuando buscan que les cierres la boca con un beso.
- ¿Quién te ha dicho esa barbaridad?
- Lo vi en internet.
- Sabes que, olvídalo - dice "Sara" haciendo un gesto de despejar con las manos. - ¿Esa es la razón por la que dejaste de boxear? ¿Te quitaron la licencia por estar federado?
- Que va, nunca llegué a federarme, ese título solo te lo dan si superas tu primera pelea amateur, a mí me reventaron como 6 veces y lo dejé.
- Trabajo y constancia, ¿E? - le pregunta "Sara" alzando una ceja.
- Mi abuela dijo que no le gustaba verme boxear porque no era un deporte fácil y Meriem... - Abraham guarda dos segundos de silencio. - Ella hacia sparrin conmigo hasta que se cansó, así que yo lo dejé igual.
- Vaya, eso es un poco triste, ¿Y Víctor no te demandó?
- Lo intentó pero su madre no tenía forma de pagar un abogado porque en el divorcio había perdido mucho, así que mis padres llegaron a un acuerdo económico.
- Valla, supongo que es mal momento para comentarte que le dije sarcásticamente que era tu abogada, seguro que por eso estaba esperándome hoy - "Sara" pone una cara de poker, quizas algo preocupada.
- ¿Pues que tonto, no?
- ¿No te importa?
- Tengo cosas más importantes de las que preocuparme, ¿Le damos un rato más al saco y ya vamos al último sparrin?
- Por mi bien - responde "Sara" encogiéndose de hombros.
"Sara" hoy se sentía más segura que nunca y menos mal, porque este miércoles tendría que hablar con Martín a ver si eso relacionado con una supuesta misión al final se realizaba o no.
Capítulo 21: las cosas naturales.
La iglesia del ángel de la recortada está tranquila este martes 25 de febrero a las 21:00 de la noche. Las estatuas pétreas de rostros antropomórficos parecen mirar las dos únicas velas que iluminan esta noche sin estrellas.
Un hombre de jersey amarillo y flamante tupé camina por la cámara central, sus mocasines resuenan en el mármol del suelo y agacha la cabeza cuando se dirige a la cristalera del altar con ambas manos dentro de un bolsillo único con dos aperturas en el centro del pecho.
En el centro del altar, de espaldas al atril y escuchando como el escaso viento del lugar mecía las llamas, estaba Florencio, mirando a la nada y pensando en todo.
- Lo he soñado, es seguro, vendrá aquí mañana - dice Mister platanito haciendo una reverencia. - No le fallaré mi coronel.
- Eso espero - responde Florencio moviendo su túnica y tomando sus manos al final de la espalda.
- No se preocupe mi coronel - dice Mister platanito que con un desliz saca un par de nuchakus de su bolsillo. - Que yo le hago un waya, palla, pilla y le dejo sin dientes - dice mientras gira el instrumento por sus pulgares y palma delizando su correa de cobre hasta dejar uno de los extremos bajo su brazo.
Unos dedos de uñas largas se asoman de uno en uno por las sombras de uno de los pilares con frisos. Una lengua bífida mucho más grande de lo que recordaba se asomó también junto a unos ojos centelleantes.
- Yo también espero que lo hagas bien - dice Lilith con una sonrisa casi coqueta. - Si haces sentir orgullosa a mamá, te llevaré a escalar de nuevo.
- Cla-claro - dice Mister platanito abergonzandose y escondiendo su arma de nuevo en su bolsillo. - Quizás esta vez yo pueda estar arri...
Lilith no respondió, simplemente apretó mucho más su mano en el pilar, agrietando la pilastra adosada, sus uñas se clavan con la rabia de un cuchillo en mantequilla dura. El mensaje era claro, "conoce tú lugar".
- Si, que tonto de mi parte - dice Míster platanito tratando de ocultar el sudor de su frente para no estropearse el pelo.
Mister volvió a hacer una reverencia y se fue por donde había venido. No se escuchó la única puerta de entrada abrirse pero pasado un minuto solo Lilith y Florencio estaban en aquel lugar.
- Y bien - Lilith se dirige a una de las velas y apaga la llama con las llemas de los dedos. - ¿Qué pasa cariño? Tú me trajiste aquí, ¿Por qué ya no me hablas?
- No te hagas la víctima - es lo único que le dice Florencio antes de echar a andar.
- No te hagas el difícil - dice Lilith con una sonrisa mientras apaga la otra vela. - Te abriste un agujero en la nuca para traerme hasta aquí, no voy a creerme que lo hiciste con intención de no usarme.
Aún que el lugar había quedado totalmente a oscuras, Florencio no necesitaba tantear para recorrer el camino hacia la sacristía, solo marchaba con disciplina militar hacia el frente aún con las manos en la espalda.
Lilith no le perdía de vista ni uno solo de los enfermos segundos, veía perfectamente su cuerpo en la oscuridad, se desplazaba tras él lenta pero incesante con la mirada fija de un vampiro que sale de caza un 31 de octubre.
Florencio abre la vieja puerta de madera de la sacristía, dentro un habitáculo de escasamente dos metros cúbicos donde un cuarto del lugar lo ocupa la cama y medio tercio de eso la bombilla que se enciende tirando de una manivela.
- ¿Aquí es donde vas a hacerme mujer? - le pregunta Lilith con un tono seductor. - ¿Aquí cerraremos nuestro trato?
- Preguntas lo mismo todas las noches - dice Florencio quitándose la sotana y poniéndola en un perchero donde solo hay una bufanda. - ¿Por qué no llamas a nuestro trato por lo que es?
- ¿Y que es? - dice Lilith ampliando más la sonrisa.
- Una alianza, hasta que uno de los dos averigüe cómo traicionar al otro y salir beneficiado - de la ropa de Florencio solo le quedan puestos los calzoncillos.
- Eso no es una alianza, es un matrimonio - la sonrisa de Lilith se amplia más hasta tener su cara cubierta de pelo rojizo enmarañado a centímetros de el rostro mustio de Florencio. - Sonríe un poco, venga, hazlo por mí.
- Soy un hombre de fé - dice Florencio con una sutil expresión de rechazo. - Tuve fé en todo aquello que supe que no podría entender pero que debía ser bueno, como aquel poema escrito a mano que vio mi padre de niño mientras una mujer lloraba y decía que un ángel se lo había dado.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Que yo también creo en mis sueños, Lilith - Florencio da una vuelta de 180 grados. - No solo sueño, entiendo y trato de aprender. Si, soy un hombre de fé, pero también soy un hombre de ciencias, la naturaleza demuestra que la testosterona hace al hombre irracional e impulsivo. La mujer en cambio, afectada por sus estrógenos se vuelve emocional y lujuriosa.
- Son dos virtudes que apreciais de las putas, pero que reprimís por valores que no seguís - Lilith se inclina más, la figura casi escualida y desnuda de Florencio se refleja de forma simétrica en su pupila vertical.
- No lo estás entendiendo, lo que digo es que el hombre es malo por naturaleza y la mujer por gusto - Florencio se da la vuelta dando por terminada la conversación.
Su cabeza es repentinamente Atrapada entre finas uñas, las garras de Lilith envuelven su cabeza como si fuera la jaula de un canario, atrapando al cura como un halcón atrapa a una rata.
- Escúchame, que seas difícil de remplazar no te hace irremplazable, eres otro primogénito recién nacido ante mis ojos - le susurra Lilith al oído, seseando con su lengua bífida cerca de lamerle. - No tientes a la suerte hombrecito, la madre de los demonios también es madre de los ángeles caídos.
- Lo sé, no hay otra razón para que estés aquí - contesta Florencio sin permitirse entrar en pánico.
Lilith suelta su presa y abandona el lugar dejando la puerta abierta, perdiéndose en la oscuridad y arrastrándose en el frío mármol.
- Buenas noches - le dice Florencio a las estatuas antes de cerrar la puerta.
Capítulo 22: operación plátano.
"Sara" se ha puesto una camiseta de manga corta y una rebeca de algodón negro encima, con eso conserva el calor por la mañana y si tiene frío luego se lo quita.
Se ha puesto un vaquero que la da movilidad, pensó incluso en ir con chándal pero eso en la universidad no sería estético, de hecho podría ser hasta sospechoso. Eso sí, las deportivas new balance negras de suela amortiguada se quedan donde están, en sus pies cómodos y seguros.
La distancia hasta la parada de le hizo corta, allí se encontró a Claridad en la zona más alejada. "Sara" se acerca con paso decidido hasta su lado.
- ¿Hay noticias del cazarrecompensas? - pregunta.
- Vendrá - responde Clara monótonamente.
- ¿Por qué?
- Es lo suyo.
- ¿Por qué?
- Es un caza recompensas.
Miran con sus ojos a ambos lados y asienten confiadas, como si se movieran al ritmo de una música dramática.
No hay muchos incidentes universitarios hoy, el mayor problema fue un mensaje que Susi la envió; "Por favor, cuando acaben las clases pásame los apuntes, me he despertado con un dolor de muelas muy malo y no podré ir". "Sara" le envío un Word compartido para ayudar, eso fue suficiente.
Tras las clases y estando Claridad esperando fuera, "Sara" se acerca con los ojos rasgado y adelantando su mentón, como si mascara tabaco.
- ¿Y donde vas a obligarme a morir? - le pregunta a Clara.
- Pues - Clara abre los ojos como un lagarto. - Pues en ningún lado, si no quieres ir no vayas.
- Clara, amiga, estaba siendo dramática para matizar - dice "Sara" chasqueando la lengua y mirando hacia la izquierda.
- Sabes que soy pésima captando esas cosas, ¿Por qué lo haces?
- No importa - dice Sara con una leve negación de cabeza. - ¿Donde tienes pensado ir?
- Vamos a poner la cabeza en la boca del león - Clara cambia sus cuerdas vocales por la voz firme de Martín. - Vamos a ir a la Iglesia del Ángel de la Recortada.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Porque tengo sospechas muy sólidas de que ellos están detrás de todo esto como dijimos el otro día.
- Ya pero, uff - "Sara" da un suspiro pesado. - Es que eso de ir a cultos paganos no lo llevo muy bien.
- Tendrás tiempo para asumirlo en el camino - dice Clara empezando a andar.
- ¿No sería mejor tomar el autobús y ahorrar tiempo?
- No, de ninguna manera, eso nos hace localizables y predecibles, ¿Cómo librarías tú una pelea en un autobús? Poco espacio, ninguna salida accesible, incluso si ganas corres el riesgo de que lo estrellen y morir en el impacto.
- A ver, eso también lo podrían hacer ahora por la calle si te acorralan en un callejón - dice "Sara" marchando un poco más rápido para alcanzar a Claridad.
- Por eso estás aquí, tú que te sabes el mapa de memoria, guíame hasta la falsa iglesia - dice Clara alzando un dedo al cielo cual si fuera una plegaria.
- ¿No tienes un GPS incorporado o algo? - dice "Sara" bajando un poco la voz cuando pasan cerca de un grupo de turistas.
- Si, seguro que no es nada sospechoso ver a una niña con armamento militar por la calle - dice Clara, también susurrando, ya con su tono femenino.
- ¿Y que hacemos si hay francotiradores apuntando desde alguna ventana?
- Si ese fuera el caso ya los habrían usado - dice Clara con total seguridad. - No son un equipo para militar, no creo que tengan dinero para un francotirador, un arma de esas de calibre decente vale más que la dinamita. Ni siquiera tienen la certeza de poder acabar conmigo en público, por eso no me atacaron en tu cumpleaños, aunque a su favor tienen que yo tampoco iniciaré una pelea con público.
- ¿Eso lo averiguaste de Mister platanito? ¿Encontraste más datos sobre él? - "Sara" se junta con Claridad en una de las paredes para dejar paso a una furgoneta.
- Nop, mi agente solo pudo encontrar la página donde se alquilan sus servicios y pone que está ocupado - Clara hace sonar sus labios. - Parece bueno en lo que hace, su tasa de aciertos es de un 100% de los 26 casos que tiene a su nombre, o eso pone en su descripción.
- A bueno, dicho así me quedo más tranquila - dice "Sara" llevando sus manos al cielo en un arco sarcástico.
- Me alegro, porque los nervios pueden hacerte mucho mal - Clara mira a "Sara" y ve sus ojos entrecerrados. - ¿Era sarcasmo?
- ¿Tú que creés?
- Bueno, no hay problema, solo quiero que vayas para supervisar, si piensan que somos dos amigas yendo a ver el templo quizás bajen la guardia y pueda averiguar algo.
- Más te vale no estar equivocado, pero solo por si acaso - "Sara" mete sus manos en los bolsillos y los saca enguantados. - Traje mi regalo de cumpleaños para estar seguros.
- Esa es la actitud.
Después de casi 20 minutos de caminata por fin llegan a la única puerta de entrada de la iglesia. Era un pórtico grande, una imitación decente de el Pórtico de la Gloria, era hasta cierto punto admirable ya que fue hecho por seguidores poco experimentados del culto.
La gran nave central se dividía en otras dos naves donde se situaban columnas y bancos para escuchar la misa. Bancos de madera, los propios que te esperarías encontrar en una iglesia aunque sin almohadillado en los pies para arrodillarse y rezar.
- Yo iré por la derecha - susurra Clara. - Veré si encuentro algo en los cuadros o patrones en las paredes, o lo que sea.
- Yo me quedaré por aquí fingiendo que rezo o que miro la arquitectura - responde "Sara" en una voz aún más baja.
Aunque el sitio era pequeño, "Sara" calculaba que no medía más de 15 metros de largo, no había prácticamente eco. "Sara" se desplazó por la planta centralizada que conformaba el lugar, caminando en pasos amortiguados por la goma de las deportivas, entre pilares y bancos.
Su vista fue a parar en la primera fila y un gorro amarillo de orejas puntiagudas captó la atención de sus ojos.
"No puede ser, ¿Esa es Yonaka?", pensaba "Sara" mientras se acercaba disimuladamente. "¿Cómo es que está aquí? Habrá venido en autobús porque nosotros salimos de clase primero".
Yonaka estaba arrodillada a los pies de un banco y susurraba una oración que "Sara" no conocía.
"No creo que aquí se sepan los salmos tradicionales", piensa "Sara" mientras finge interés en una de las estatuas del altar. "Qué raro, esas estatuas parecen simétricas pero una tiene un arma y la otra no".
- ¿Talavera-san, eres tú?
La voz inocente delante de ella saca a "Sara" a la fuerza de su ensimismamiento y trata de controlar sus impulsos para no hacer aspavientos.
- Oh, ey, hola Yonaka, ¿Cómo tú por aquí? - pregunta "Sara" tratando de ser natural.
- Yo... - la muchacha se sonroja un poco.
- Perdón, De la Hoya-san - dice "Sara" subiendo su tono. - Tomo confianza muy rápido.
- No, no, no pasa nada - dice Yonaka perdiendo el rubor. - No creí que me encontraría con nadie de clase aquí.
- Si, bueno, yo había venido aquí por si necesitamos analizar este edificio en arte - "Sara" baja el tono. - No es que crea en esta doctrina realmente - dice perdiendo su vista en las estatuas.
- Oh, ya veo - Yonaka parece entristecer su rostro. - Últimamente a la gente le falta fe.
- Yo no diría eso, el 87% del país es de conversión católica - dice "Sara" acercándose a un banco para sentarse. - y el resto son en parte protestantes o de alguna rama cristiana.
- Eso dicen, pero poco demuestran - la vista de Yonaka se pierde en el suelo. - Aquí nadie me juzga por mi apariencia, en otras iglesias se ríen de mi altura o de mi gorro.
"Es de mala educación entrar cubierto en una iglesia", pensó "Sara" sin llegar a pronunciarse.
- ¿Aprecias mucho ese gorro? Últimamente siempre te veo con él - comenta "Sara".
- Es un regalo de mi hermano, costó mucho conseguirlo - responde Yonaka aún con la vista perdida. - Vengo aquí porque es el único lugar donde siento que me escucha.
- ¿Querías mucho a tu hermano?
- Más de lo que te imaginas, más de lo que cualquiera pueda imaginarse. Él fue todo en mi vida, mi modelo a seguir, mi única compañía cuando nadie más me hablaba... - Yonaka deja que el silencio contraste con su discurso. - A veces le rezo hasta a la última de las deidades sin nombre solo para asegurarme de que me perdone, cuando lo vi con el cuchillo en el suelo tuve tanto miedo y lo saqué, y traté de frenar el flujo con un trapo - Yonaka solloza.
"¿Cómo demonios es que no sabía que no puedes retirar un cuchillo de una herida abierta? Se desangra más rápido, es conocimiento médico básico", piensa "Sara" sin decir nada.
- Te entiendo Yonaka, el pánico puede ser peligroso, emociones fuertes nos hacen ser irracionales - dice "Sara" tratando de calmarla. - No creo que tu hermano te guarde rencor desde el otro lado.
- Si, ya - Yonaka oculta sus sollozos. - Perdón, no quería hacer que te sintieras incómoda Talavera-san.
- No, perdóname a mí si te he interrumpido en algo - "Sara" le pone una sonrisa cálida.
- No, no es nada, perdón de nuevo Talavera-san - Yonaka se quita una lagrimilla con el pulgar.
- Puedes llamarme "Sara", mejor - dice asintiendo con la cabeza. - Es un poco raro que seas tan formal conmigo. Pero por favor continúa, no te interrumpiré más.
- No, yo en realidad ya me iba - Yonaka mira en dirección a la puerta antes de mirar a "Sara" otra vez. - Tenía una duda más, ¿Quedaremos esta semana para el trabajo de movimientos?
- No creo, Susi tiene problemas médicos a dicho que solo es un dolor de muelas, pero la conozco y se que se toma las cosas a la ligera, así que será grave, pero no te preocupes, esta tarde haré el grupo para que nos organicemos.
- Perfecto, muchas gracias - dice Yonaka con una reverencia. - Hasta pronto, "Sara".
Yonaka se despide y se va por la puerta principal, ahora solo están ella y Claridad en ese edificio.
"Pero que tonta que soy a veces, ahora es "esta tarde". Por las nubes victoriosas, Susi ni siquiera podrá conectarse seguramente", piensa "Sara".
- Bueno, vámonos de aquí - dice la voz de Martín sacando a "Sara" de su trance.
- ¿Pero que haces? ¿Por qué cambias de cuerpo? - dice "Sara" que por poco le da un ataque al corazón.
- Porque creí que me estarían vigilando, que podría llamar su atención, pero aquí no hay nadie - hace un gesto de reverencia con sus brazos en dirección a la salida. - Las damas primero.
- Pues nada, habrá que irse, pero nos vamos en autobús que no me apetece andar otros 20 minutos.
- No tengo mucho dinero encima, solo para el autobús de regreso.
- No importa, yo pago - dice "Sara" haciendo un gesto de "bah" con la mano.
- ¿Enserio? ¿Harías eso por mí?
- No es para tanto - dice "Sara" que se para justo en la puerta de la entrada. - Espera que cojo el dinero del bolso.
"Sara" aparta un poco su portátil y busca el monedero entre la baraja de cartas y el móvil.
- Aquí está - dice sacando el monedero con la mano enguantada.
Martín alza la cabeza en un movimiento de gacela, en lo que dura un parpadeo su brazo rodea a "Sara" por la cintura y tira de ella consigo hacia atrás, poniendo su cuerpo como barrera entre su bolso ella y el suelo.
Después de eso... ¡Bum!
Una explosión desde fuera empuja ambas puertas, tirándolas hacia dentro. Martín trata de frenar una con el brazo mientras se echa hacia atrás pero son mínimo dos toneladas de metal, aunque es su perficial y el golpe no lo aplasta, poco le falta para que le rompa el hueso.
- Corre - dice Martín mientras trata de ajustarse el brazo. - Escóndete detrás de los pilares, fuera de su alcance.
"Sara" no puede salir de su estado de shock y Martín la toma de los hombros. No escucha prácticamente nada, la están pitando los oídos como si tuviera dos altavoces a máximo volumen en las orejas.
- ¡Qué te muevas! - Martín la grita y empuja tratando de ser lo más cuidadoso posible.
"Sara" medio asustada y con las piernas temblando solo puede salir corriendo, casi tropezándose con piedras y escombros, hasta ponerse a cubierto detrás de un pilar.
- ¡Aaa, maldita sea! - grita una voz que viene entrando. - Era el puto plan perfecto.
En la contra luz de la entrada parece destellar un jersey con cremallera de pechera amarilla y mangas blancas. Un tono muy infantil que rompe con el tupé ochentero y la cara de mala ostia que Mister platanito carga consigo.
- Tendrá que ser a la antigua usanza - dice sacando un par de nuchakus. - ¡Woooow!
La distancia que separa a Martín de Mister platanito no llega ni a los tres metros, Martín sabe que no va a tener tiempo de desenfundar su arma y opta por sacar su cuchillo desde un cinturón en su pecho. Tomándolo como si fuera una espada ropera, trata de dar una estocada contra el pecho de Mister que viene corriendo por él. Mister reacciona rápido, pone sus pies en lateral y se desliza por el suelo, el cuchillo y brazo recto pasan a varios centímetros de su pecho.
Platanito da un golpe descendente con sus Nunchukus, atrapando la muñeca de Martín y enrrollandole en su cadena de cobre. Toma los Nunchukus desde su área media y lo lleva directamente contra su rodilla ya alzada y estirada, como un profesional de muay thai. El golpe del impacto sumado al cobre obliga a Martín a abrir la mano y tirar el cuchillo.
- ¡Fuck! - grita Martín.
El agente americano hace uso de su ventaja de peso y altura tirando con todas sus fuerzas de su mano hacia atrás, tirando el nunchuku por encima de su espalda hasta un pilar de su izquierda, justo el lado opuesto al refugio de "Sara".
Usando la energía cinética como impulso, cual zarpazo de un oso, Martín deja descender su puño en una diagonal perfecta, sus nudillos rasgan la piel de Mister platanito que muy apenas logra girar la cabeza para disminuir el impulso. Martín lanza un gancho en polea con su otra mano, pero Mister platanito logra agarrarse a la ropa y lo usa como punto de apoyo buscando dominar la espalda.
Martín cambia a su forma azul, aumenta ligeramente su musculatura y logra separarse de Mister platanito para asestarle otro puñetazo en el maxilar. Este si conecta, pero Mister platanito gira con la fuerza añadida y da una patada recta con la pierna contraria a media altura, busca las costillas pero encuentra algo mejor, el brazo herido de Martín.
- ¡Aah! Ahora eres azul, que miedo - dice Mister platanito fingiendo estar aterrado.
Antes de terminar la frase Mister platanito ya está lanzando una patada alta, buscando que su tibia y la cabeza de Martín choquen. El marine sube el brazo, flexionando la totalidad del mismo hacia atrás y dejando que la fuerza del impacto se reparta entre su codo y su antebrazo.
Cómo si fuera un luchador grecorromano, Martín embiste hacia la cintura mientras mister platanito intenta estabilizar su pierna en el aire. Martín consigue abrazar a Mister platanito por la cintura, solo a podido atrapar uno de sus brazos, lo levanta y empuja mientras corre hacia el pilar rectangular de la izquierda.
- ¡Serás cabrón! - dice Mister platanito cuando su espalda choca con el mármol.
Usando su codo libre como un pico lo clava en uno de los homoplatos de Martín, al mismo tiempo que el americano se agacha por el dolor, Mister sube una de sus rodillas flexionadas, dando un golpe certero que corta parte de la frente de Martín.
Martín con ese impulso que lo deja a altura media, abalanza su cabeza como un ariete golpeando los orificios nasales y labios de Mister, el cual a subido la cabeza lo suficiente para que dicho contacto no le parta la nariz.
Mister saborea su propia sangre y eso le frustra, ya no se contiene, da una patada baja justo en el final de la tibia, por poco le tuerce un talón a Martín. Mientras el americano trata de no perder el equilibrio separando las piernas, Mister platanito le golpea en la rotula con una pierna cruzada.
Mister lanza un recto para tratar de quitarse a Martín de encima pero este rota desde sus caderas y lo esquiva, lanzando un contra golpe hacia el plexo solar. El impacto deja a Mister brevemente sin aire al mismo tiempo que causa que sus vértebras acaricien bruscamente el mármol.
El tiempo que Mister platanito emplea en recuperar el aliento, Martín consigue dar otro gancho en la cabeza que lo gira, lo agarra de la nuca y lo impulsa de frente hasta que la nariz de Mister se parte contra el pilar de mármol.
El Elvis de pantomima aún no se rinde, se impulsa con las palmas en el lateral del mármol y consigue girar causando que la punta de su codo se incruste en el cráneo de Martín tan cerca del ojo que cerca está de fracturar la parte más frágil del hueso.
En el mismo momento que Mister platanito le da una patada frontal en el centro del pecho, Martín consigue darle un puñetazo recto en la parte que une la boca y el mentón, suerte tiene de aún conservar los dientes.
Martín sabe ahora que alejarse es lo que más le beneficia, igual que los acróbatas de la lucha libre, se impulsa hacia atrás con dos volteretas hasta quedar entre el sol y sombra de la entrada.
Míster platanito se agacha a toda velocidad para tomar sus nunchukus mientras Martín se reincorpora en su más de metro noventa de altura, ahora carga algo más en la mano.
- ¡Ey ninja de Mississippi! - le dice mientras le apunta, sin perder las formas pese a la sangre de su frente que le escurre por el ojo. - Nunca lleves unos nunchakus a un duelo de pistolas.
- No lo he hecho - dice Míster platanito.
En el mismo momento en el cual los dedos de Martín aprietan el gatillo, Mister platanito ya ha saltado hacia atrás por su izquierda, lanzando su arma con una sola mano en vertical, como si de una estrella ninja se tratara.
La bala de la beretta m18 pasa por el mismo centro de las cadenas de bronce, son 120 metros por segundo de un proyectil que parte y enciende dicho metal hasta atravesar 30 centímetros de la columna de mármol.
El nunchuku partido cae a los pies de Martín y solo cuando escucha el seseo de una mecha prendida y consumiéndose entiende que efectivamente, no eran nuchacus, eran dos cartuchos de dinamita unidos con una cadena.
"Hijo de perra", piensa Martín agarrando uno y lanzándolo hasta el techo. Pensando rápido casi patea el otro hasta que recuerda que "Sara" está justo en el pilar de enfrente, deja su pierna a medio vuelo y avanza a zancadas intentando correr fuera del rango de la explosión.
¡Kabum!
No consigue huir del rango del fuego y una pierna termina parcialmente calcinada. La dinamita que estaba a la altura del techo causa que gran parte de la estructura le caiga en cima, los escombros de piedra, madera y barras de aluminio golpean a Martín. Un trozo de tres barras sobresalientes, dos arriba y una abajo, le atraviesan el antebrazo y se lo clavan al suelo por lo que su mano suelta la pistola que se resbala unos centímetros por el suelo hasta que unos zapatos negros que parecen de claqué la pisan.
- Punto, set y partido - le dice Mister platanito mientras se agacha y toma el arma. - No entiendo porque está pintada de camuflaje de barro y jungla, solo usáis esta cosa para robar petróleo a pueblos del desierto, ¿No? - pregunta revisando ambos lados del arma.
Martín ni siquiera puede gemir de dolor, todo su cuerpo está hecho pedazos, no necesita un botiquín para curarse, necesita un milagro.
- Cuando llegues al infierno, dile a mi abuelo que también iré por el cuando llegue - comenta Mister platanito apuntando a la cabeza de Martín.
"¿Cómo se enterará Reichel de que le he fallado?", es lo poco que puede pensar Martín.
El agente americano a penas tiene fuerzas para mover el cuello. Los dolores que siente se opacan en el mismo momento que "Sara" sale de detrás del pilar, con ambos guantes puestos.
"Vamos", piensa mirando hacia el suelo. "Tus zapatillas no resuenan en el suelo, corre por el y dale con una roca en la nuca o algo".
- En fin, por mucho que me deleita tu olor a carne a la parrilla, acabaré con esto ya - Mister pone una expresión bravucona. - No te preocupes, perder contra el mejor sigue siendo un logro.
- Eso diría un cobarde - dice "Sara" antes de que Mister apriete el gatillo.
Mister platanito da un saltito por la sorpresa, se había olvidado por completo de ella. Martín mira a "Sara" con su único ojo que no está tapado por su sangre y piensa, "¿Qué diablos estás diciendo?".
- Disculpa, ¿Qué? - es la respuesta de platanito.
- "Cobardes, quien quiera revolución que tire la primera piedra", ¿Esa frase es tuya, no? - pregunta casi gritando, pues aún le pitan los oídos. - ¿O acaso es solo una cita anarquista genérica para quedar bien?
- Esa frase es mía al 100% - replica Mister platanito enfadado sin dejar de apuntar el arma.
- ¿Y te parece valiente vencer a un solo soldado estadounidense usando dinamita y una pistola?
- ¿Me-me estás vacilando? - dice Mister platanito indignado. - Le he dado una paliza y ahora tengo un puto arma que voy a descargar en su cabeza, eso es muy valiente.
- "Is mui valinte" - le remeda "Sara". - Ya, poner dinamita en una puerta y acabar con el enemigo a disparos a corta distancia sale como signo de valentía en todos los cantares de gesta.
- Oye, oye, oye, ¿Qué es esto, psicología inversa? Tú ni siquiera deberías estar aquí - le dice Mister platanito apuntandola con los cinco dedos de la palma libre. - No deberías meterte con el tipo que tiene un puto revolver y está a un disparo de hacerse muchillones por apretar un gatillo.
- No es un revolver, es una berreta, y no me estoy metiendo contigo, solo digo que no entiendo porque dices ser revolucionario que va de frente y luego recurres a trucos sucios para un solo miembro del gobierno.
- Trucos suci... ¡Oye! Me estás tocando mucho la moral y ni siquiera tiene sentido, podría ahora mismo matarle a él y matarte a tí - dice apuntando a "Sara" con el arma antes de volver a apuntar a Martín - y te aseguro que nadie en el planeta encontraría vuestros cuerpos.
- Esta bien, pues hazlo - dice "Sara" dándose la vuelta. - Dispárame por la espalda y demuestra que tengo razón, cobarde.
- ¿Tú-tú realmente? Ho jojojo, no, ni hablar - dice Mister platanito negando con un dedo. - No me vas a hacer perder dinero fácil.
- dijo el cobarde - le reclama "Sara" canturreando.
"El orgullo no te va a pagar nada", piensa Mister platanito. "Por otra parte", mira a Martín que está agonizando para mantenerse consciente y está casi tan atónito como él. "Venga, ella es una cría, de una patada la tumbo... Aj, malditos impulsos personales".
- Muy bien rubia, date la vuelta - dice Mister platanito tirando el arma por el suelo. - Te voy a dar la paliza de tu vida y luego voy a coser a tiros a tu amigo.
- Eso es lo que intentarás - dice "Sara" girando casi torpemente para despistar. - En guardia.
- Claro niña - Mister platanito aplasta la mano de Martín más cercana al arma. - Solo por si acaso.
Martín grita y "Sara" finge asustarse, luego ambos empiezan a avanzar hasta llegar al centro de sus pasos. Reflejados por sol y sombra, los guantes de "Sara" de repente le parecen más pesados y Mister platanito, de vez en cuando tose más fuerte de lo habitual.
"¡Por las nubes victoriosas! ¿Cómo se me ocurre? No pensaré más de 62 kilos y este debe rondar los 75, puede que 80", una gota de sudor se resbala. "Necesito acabar con esto lo antes posible".
Míster platanito da los primeros golpes, avanza rápido con patadas que buscan doblar los talones de "Sara", ella usa el poco juego de piernas que sabe para moverse con una especie de baile hacia atrás, buscando distancia en todo momento.
El Elvis mal hecho decide pasar a la ofensiva con un ataque de mayor rango y dirige una patada hacia la pelvis de "Sara". En respuesta ella pivotea, gira las caderas y usa su brazo flexionado para parar el tibiazo. De no ser porque sabe que es imposible, diría que esa patada le ha roto los huesos.
"Mala idea, mala idea, su pie ha tomado demasiado impulso, piensa...", Cuando está a punto de regañarse mentalmente con su propio nombre cae en la cuenta. "Eso es, solo necesito que no gane impulso con el giro de cadera".
"Sara" recula, intenta buscar una mejor posición con jab largos para mantener distancias, buscando la mandíbula sin éxito ya Mister platanito simplemente inclina su cuerpo hacia atrás, manteniendo la barbilla lejos.
Míster platanito cambia la guardia y da un paso, busca acabar todo con una última patada, de nuevo buscando la pelvis.
"¡Ahora!", se anima "Sara" a si misma.
Avanza con un movimiento que está cerca de ser una voltereta, al acortar distancia el golpe que Mister platanito da en el brazo es con el muslo, más amortiguado a comparación de la tibia. "Sara" tapa todo su brazo con el cuerpo y cuando Mister lo percibe ya es demasiado tarde, la rubia da un gancho en 45 grados, un golpe en ángulo muerto directamente contra el hígado de Elvis. El guante reforzado golpea con la dureza de una piedra, la diferencia en relación al tamaño fuerza hace que Mister trastabille, por ese descuido "Sara" no muestra piedad, un recto al plexo solar, un cruzado a la nariz mientras tose y termina con un golpe en picada diagonal en la parte más sensible del mentón.
Ese último golpe adelanta demasiado su cuerpo y la deja al alcance de uno de los puños de Mister platanito, "Sara" trata de evadir hacia la derecha con un contoneo pero el golpe era un señuelo y Mister lanza un cruzado a plena potencia con el puño opuesto que "Sara" no puede esquivar. El golpe acierta en su oreja cuando ha alcanzado su pico de velocidad.
"Sara" retrocede tambaleándose y por poco se va al suelo, su oído le pita y está muy cerca de pensar que tiene el tímpano dañado. Se agacha y busca cubrirse, pensando que Mister se lanzará por ella pero él está ocupado tosiendo sangre.
- ¡Serás hija de la gran puta! - grita Mister platanito mientras intenta estabilizar sus piernas. - Que dolor, me piernan las tiemblan. Uff, ya no se ni hablar.
"Sara" no dice nada, no tiene el cuerpo para bromas, seguramente no pueda resistir otro golpe así.
"Si seguimos así, voy a terminar en el suelo cuando apenas me roce", "Sara" mira el mármol, no está tan sucio en esta zona y pensándolo bien tampoco le parece tan frío. "¿Cuando me he alejado tanto?" Piensa viendo como está como a dos pasos del pilar otra vez.
- ¡Ag maldita sea! - dice Mister platanito gritando para ver lo lejos que dejó la pistola. - Soy tontisimo cuando me lo propongo.
- ¡Ey! ¡Mírame! - le dice "Sara" poniendose recta y apuntándole con un dedo. - ¡Aún no he escuchado la campana!
"Sara" avanza corriendo hacia él. Míster platanito aún aturdido aclara sus ideas con un rápido desliz de cabeza y detiene a "Sara" justo por los hombros en plena acometida, agarrándose a ellos, tira de su cuerpo hacia delante y clava su rodilla justo en la boca del estómago.
"Sara" contiene las ganas de vomitar y en lugar de retroceder se acerca más, agarrando la pierna de Mister platanito que aún no toca suelo. "Sara" le da un cabezazo al mismo tiempo que emplea todo su peso en el agarre, Mister platanito, sin experiencia en este tipo de derribos y con una pierna que cogea no puede oponer resistencia, "Sara" lo tira de espaldas y el golpe resuena en todas sus vértebras.
"No hay tiempo que perder", piensa "Sara" en el mismo momento que retuerce su cuerpo y gira sobre su espalda atrapando el tobillo de Mister platanito. Él intenta librarse pateando a "Sara" pero su columna está muy dañada y sus piernas no reaccionan correctamente.
"Sara" usa toda la fuerza que tiene, protege su cabeza con un brazo mientras gira con el otro el pie y entonces...
No hay sonido, solo dolor, los talones son mayormente músculos y por lo mismo casi no suenan al romperse. "Sara" no le da a Mister platanito ni siquiera tiempo para que se lo piense, se tira a su otra pierna y procede a hacerle lo mismo, Mister rabia de dolor mientras "Sara" trepa por él como las tarántulas, deshace una mala guardia que tenía y lo deja viendo estrellas con un último golpe en la mandíbula.
- Se acabó - deja escapar "Sara" en un aliento de alivio. - Supongo que me quedaré sin saber su edad por el momento. ¡Por las nubes victoriosas! Martín, más te vale sobrevivir porque voy a necesitar una buena tapadera para esto.
Martín se estaba retorciendo entre los escombros, tratando de quitarse piedras, así como la sangre y polvo de la cara.
- ¿Necesitas ayuda? - le pregunta "Sara".
- ¿Te parece un buen momento para ser sarcástica? - le replica Martín.
- Estaba hablando enserio - le responde "Sara" frunciendo el ceño.
- A, me disculpo, ya me cuesta entender el sarcasmo en situaciones normales, esto me supera - Martín mira al brazo que tiene clavado al suelo. - ¿Podrías quitarme eso?
- Claro - dice "Sara". - En realidad, este es el segundo trozo de escombro que levanto - dice "Sara" casi con una sonrisa nostálgica. - La primera vez fue cuando te engañé en aquella casa, ¿Te acuerdas? Creíste que se cayó el techo.
- Si, eso, recuérdale al agente mal herido lo inútil que ha sido - Martín la mira y finge una mala sonrisa. - Ahora me siento mucho mejor.
- Solo trataba de cambiar de tema - "Sara" agarra el trozo de escombro por la parte más ancha y lo saca sintiéndose como el rey Arturo cuando empuñó a Escalibur. - Era una varilla de construcción, se ha clavado más por inercia que por filo.
- Bueno es saberlo - le dice Martín arrastrándose con los codos fuera de debajo de los escombros. - Si quieres tápate los oídos, voy a recolocar y reunir ligamentos, esto va a sonar.
"Sara" se limpia el polvo de los guantes tácticos antes de meterse los dedos en los oídos. Efectivamente, Martín se recolocó las partes mal heridas lo mejor que pudo.
- Vale, así servirá - aunque Martín se pone de pie todavía cogea de una pierna y sigue teniendo un brazo medio dislocado. - No tenías que preocuparte por la beretta - comenta Martín mientras a duras penas se acerca hasta el arma. - La puse el seguro antes de caer, eso te hubiera dado tiempo, tendrías que haber ido y golpearle en la nuca, hay personas más cobardes que orgullosas.
- Se muy bien con que espadas voy a la guerra - réplica "Sara" con los ojos entrecerrados, desafiante.
- ¿Entonces lo has matado? - pregunta Martín viendo que Mister platanito no se mueve.
- No, yo no sería capaz de eso - dice "Sara" ruborizada. - Solo le hice un "ámbar" de piernas, dos veces, bueno más bien le fracturé los talones y luego lo dormí de un golpe a la mandíbula.
- ¿Qué le hiciste un "que" en las piernas? - pregunta Martín alzando una ceja.
- Un "ámbar", es un movimiento de Jujitsu, se usa para inmovilizar extremidades con una llave - dice "Sara" fingiendo que enlaza y somete a alguien invisible.
- Tienes que estar de broma - dice Martín llevándose una mano a la cara para limpiarse otro hilillo de sangre de la frente y para tapar una sonrisa. - Eso es un "armbar", literalmente traducido como "barra de brazo", no le puedes aplicar una llave de brazos a una pierna, por definición no tiene sentido.
- Mira, el día es muy largo y mi B1 de inglés da para lo que da, no te pases.
Míster platanito se revuelca en el suelo, con el cuerpo adolorido y la percepción de la realidad alterada, lo único que ve es a "Sara" de espaldas. Preso de un efecto túnel se levanta como puede y se tira por ella.
Martín se da cuenta en el mismo momento que Mister da un paso. - ¡Cuerpo a tierra! - le grita apuntando bajo.
"Sara" se tira al suelo cubriéndose con los brazos, Martín dispara apuntando a la pierna pero Mister platanito, que iba tambaleándose como los zombies en las películas, se mueve demasiado y el disparo le atraviesa la entrepierna, quemando ropa y piel.
- ¡Ay coño! - grita Mister cayendo de rodillas. - Decirle a mi abuela que la quiero.
Al final las heridas acumuladas, los hematomas y las contusiones son demasiada adrenalina para el corazón de Mister platanito. El paro cardíaco es prácticamente inevitable, cae boca abajo partiéndose las narices contra el suelo. "Sara" se levanta pero se queda de espaldas, Martín en cambio se acerca para tomarle el pulso.
- ¿Está muerto? - pregunta "Sara" casi temblando entre las palabras.
- Si - dice Martín arrodillado con dos dedos en el cuello de Mister. - No tiene pulso.
- ¡Ay, no! Qué asco - dice "Sara" casi conteniendo una arcada.
- Esto no me lo esperaba - comenta Martín casi fascinado.
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- No creo que te guste oírlo - dice él pensando bien sus palabras.
- Trataré de ser fuerte si es importante, ¿Qué es?
- Eeems, el disparo tenía tanta fricción que ha rajado su pantalón en el area baja de delante hasta atrás, su piel se ha fundido y expuesto, incluso hay partes que se han unido a la tela...
- Tienes razón - dice "Sara" apretando los puños y cerrando los ojos. - No quiero saberlo, ¿Qué vas a hacer con su cuerpo exactamente?
- No desaprovecharlo, tiene unos ligamentos bastante intactos a comparación de los míos.
- ¿Te lo vas a comer o algo así? - dice "Sara" tan sorprendida que casi se voltea.
- No, me llamo "piel caminante", evidentemente me alimento de croquetas para recuperarme, ¿Tú que crees?
- ¿Y ahora que te ha dado para que seas tan sarcástico? - dice "Sara" poniendo uno de sus brazos en jarras.
- Lo siento - dice Martín aferrándose a la piel de Mister platanito y desplazando sus músculos. - Es la primera vez que me humillan en una misión importante, tendría que haber ganado esta pelea.
- No seas tan duro contigo mismo - dice "Sara" cambiando a un gesto más compresivo. - Si no le hubieras dejado así yo no podría haberle ganado.
- Bien, ya está, estoy listo - dijo la voz de Martín en el cuerpo de claridad. - He reducido mi forma para minimizar el daño hasta que me recupere.
- ¿Y que haremos con él? Alguien habrá escuchado la explosión, vendrá gente tarde o temprano.
- He cambiado mis partes, ahora él tiene una pierna quemada y moretones, la gente creerá que se murió aplastado por los escombros - comenta Clara llegando a la altura de "Sara". - Nosotras deberíamos irnos de aquí como si nos siguiera el infierno, los edificios más cercanos están lejos, no creo que nos hayan visto.
- ¡Ay cielos! - grita "Sara" al ver a Clara hablar con la voz de Martín mientras la ofrece su bolso con el brazo estirado. - No hagas eso, ajusta tu voz a tu cuerpo, así es raro.
- Venga "Sara", no es lo más raro que has visto hoy - Clara intenta andar pero todavía cogea.
"No ha podido cambiar al completo las piernas", piensa "Sara". "Es lógico, a Elvis le rompí los talones".
- Espera Clara - le dice "Sara". - ¿De verdad estás bien andando así?
- No podemos esperar a que me recupere, llevará mínimo 20 minutos.
- ¿Quieres que te cargue como a una princesita? - dice "Sara" extendiendo sus brazos.
- ¿Lo estás diciendo enserio?
- Totalmente - dice "Sara" ocultando una sonrisa con todas sus fuerzas. - Me duele verte así, si alguien pregunta decimos que te torciste con unos tacones.
Claridad la mira, se sonroja un poco y mirando al suelo extiende sus brazos como si pidiera un abrazo. "Sara" sonríe por inercia, la situación es ridícula, toma a Claridad por las piernas y la espalda hasta agarrarse a su hombro, Claridad se abraza a sus hombros y cuello como si fuera un perezoso en una rama.
- Valla, pesas bastante poco - dice "Sara".
- ¿Me estás llamando gorda?
- No, es que... Ya sabes, pensé que pesarías más con todo lo que llevas.
- Me estoy dejando cargar, ahora mismo tengo los huesos huecos y he reducido casi al mínimo la grasa corporal.
- Bueno es saberlo - dice "Sara" caminando hacia la parada más cercana.
Al llegar a la parada que estaba a 10 minutos de la iglesia, "Sara" apoya a Claridad en el banco de hierro que hay dentro de una parada hecha de plástico duro y cristal.
- Para ser un culto tan popular en el país no hay casi gente aquí - dice Clara mientras redistribuye el volumen de su cuerpo.
- Es un día de diario por la tarde, es normal - dice "Sara" viendo que la gente pasaba de largo siguiendo su vida. - Oye, ¿Creés que vendrán a por mí? Quiero decir, Mister me ha dicho que yo no tendría que estar ahí, creo que si te hubiera, bueno, ya sabes, no hubiera ido por mí.
- Este no es un buen lugar para hablar de eso - comenta Clara calmadamente. - Pero te recomiendo que no te preocupes, de querer hacerte algo ya lo hubieran hecho. Insisto, tú no eres de su interés - Clara deja que una pareja de ancianas que iban haciendo futin pase a sus espaldas antes de seguir. - Ten esto en cuenta, lo que está ocurriendo no es una pelea de bandas, no llevas dinamita y sicarios para evitar que la policía cierre tu culto, esto es una guerra y cualquier acto atroz que pueda hacerse ya se ha hecho - Clara suspira y su tonalidad se vuelve más gruesa. - Créeme, te está hablando la voz de la experiencia.
"Sara" decide que lo mejor será no hacer más preguntas, se cruza de brazos y ajusta mejor su bolso a su brazo.
- Supongo que el autobús vendrá dentro de poco, Yonaka ya no está por aquí y ella se había ido en autobús, creo - dice tratando de cambiar de tema.
- A lo mejor se ha ido a su casa, ¿Vive por aquí cerca?
- La verdad es que no se dónde vive.
- Ya veo - los pies de Clara empiezan a crugir con el sonido del fuego crepitando. - Perdón por eso.
- No, no es nada - dice "Sara" ocultando una cara de repelús.
- Va a volver a sonar, ¿Quieres que te deje mis auriculares?
- Te lo agradecería - dice "Sara".
- Siéntate - dice Clara dando golpecitos en el banco. - Disculpa si no me levanto.
- Si, lo entiendo.
"Sara" se sienta al lado y toma el MP3 que Claridad saca de su falda. "Sara" mira los cascos antes de ponérselos.
"Están muy limpios", piensa, "Supongo que Martín no necesita crear cera de oídos".
"Sara" pone la primera canción que le resulta interesante, "I am blue" del grupo Eiffel 65. Esa es la banda sonora que también las acompaña cuando van juntas en el autobús de vuelta a su casa compartiendo cascos.
Capítulo 23: se cancela la excursión a la montaña.
Florencio sale por un lugar que no está conectado a la puerta de la entrada hasta el pasillo principal de la iglesia, ya no escucha ruidos en la superficie pero tampoco ha aparecido nadie a reclamarle dinero. Dos hombres más salen detrás de él, uno con una cresta roja, otro encapuchado con un cayado de madera que hace eco de sus pasos y detrás de los tres, una figura que no se aleja de la ahora escasa oscuridad del lugar.
- Tendremos como mucho 10 minutos antes de que llegue la policía - comenta Baltasarin. - ¿Qué haremos con su cuerpo?
- Traerlo hasssta mí - dice la voz seseante de Lilith.
Ambos hombres miran a Florencio y este les asiente. Su rostro sereno que parece tallado en piedra parece tener inscrito, "sed cautelosos, pero haced lo que os dice".
Baltasarin y Sebastián de los Amores Hermosos se acercan hasta el cuerpo de Mister platanito, antes de tomarlo, Baltasarin saca un pañuelo de su bolsillo, lo enrolla y ata en la cara de Mister, al rededor de la nariz y la boca para que su sangre no valla dejando rastro. Sebastián toma un frasco con disolvente de manchas y lo tira sobre el charco de sangre, de aquí a cinco minutos quedará irreconocible.
Ambos hombres toman el cuerpo de las muñecas, agarrando fuertemente las mangas de la ropa y de ellas tiran arrastrándola hasta el lugar sombrío donde Lilith se refugia.
- Acercarlo más, aún le da demasiado Sol ahí - reclama Lilith amenazante, como una serpiente del desierto.
Baltasarin arrima más el cuerpo de Mister platanito a las sombras empujandole con el extremo de su cayado. Ninguno de los presentes sabe que pretende hacer Lilith con el cuerpo y lo último que quieren es dejar registro de sus huellas.
- O ternurita - comenta Lilith casi sollozante levantando el cuerpo de Mister platanito a la altura de su cara con un abrazo. - Hiciste lo mejor que pudiste, no tienes la culpa de nada - Lilith apoya su cabeza contra el pecho de Mister, frotando sus pelirrojos cabellos en el jersey. - Ahora podrás ser parte de mi propósito, tu misión no será un fracaso.
Dichas estas palabras, Lilith empezó a abrir su mandíbula con tanta extensión que podría haber engullido a un bebé recién nacido de un bocado. Lilith procedió a engullir la cabeza de Mister platanito, clavando sus dientes a través de sus homoplatos para sostenerlo mientras empujaba con los músculos de su cuello y abdomen el resto de su cuerpo por su estómago.
Florencio era el único que miraba sin inmutarse, Baltasarin y Sebastián se giraron y se retiraron un par de pasos.
- ¿Viste eso? - pregunta Sebastián con un acento venezolano.
- Si, se le llama enguir, les permite a las serpientes comerse hasta presas seis veces más grandes que ellas - comenta Baltasarin de carrerilla. - Lo hacen porque no pueden masticar. En donde yo vivo es muy común encontrarse culebras que hacen algo parecido.
- No me refería a eso cabrón - responde Sebastián con los ojos en blanco. - A ese carnal le dispararon en las pelotas, literalmente el gringo le voló los huevos.
- ¿Eso quiere decir que reconsiderarás mi oferta de ir los dos en equipo a por él? - pregunta Baltasarin.
- No - responde Sebastián secamente con un acento neutro. - Eso quiere decir que cuando lo mate tendré mucho más merito ya que me enfrento con alguien que no le teme a jugar sucio.
- Estás suponiendo que el gringo, como tu dices, lo hizo a drede, y lo cierto es que no sabemos nada - dice Baltasarin mirando hacia la puerta destruida. - Tal vez solo le salieron mal las cosas y se pudo disparar solo, no tenemos forma de saberlo, no se escuchaba nada desde las catacumbas.
- Tonterías perro - dice Sebastián con un ademán despectivo. - Y bien coronel, ¿Quién es el próximo que va a por el gringo? - pregunta mientras se gira sobre sus talones.
- Tú - es la única respuesta.
Sebastián se va por donde ha venido, Baltasarin mira un rato como de Mister platanito ya solo quedan las piernas pues Lilith se lo ha tragado como a un ratón, con ropa y todo. Luego procede a refugiarse en la oscuridad de la que salió, Lilith hizo igual. Florencio en cambio se retira a la sacristía, su plan es cerrar la puerta con llave y esconderse debajo de la cama hasta que lleguen los policías, puede que hasta se orine encima para hacer la escena más creíble.
Interludio cuarto: no puedes detener un camión con las piernas.
Si me preguntas porque lo hicimos, te diré que porque éramos estúpidas, éramos prácticamente la élite de la lucha greco romana femenina con solo 22 años, el ego y el alcohol era algo que iba de la mano entre nosotras.
Francisca llegó un día diciendo que había conocido un lugar donde se celebraban peleas clandestinas, sin necesidad de pago, el máximo precio parecía ser escribir un poema para la chica que estaba a cargo de todo. "Que de puta madre", pensamos. Básicamente la oportunidad perfecta para demostrar que el wrestling no era solamente lo que se hacía en la W W E, nos demostrariamos a nosotras mismas que la lucha libre olímpica era perfectamente útil en una pelea callejera.
Entramos tres chicas del equipo de lucha greco romana la primera semana, para la segunda ya éramos 17 y para inicios de la tercera semana el equipo de 23 chicas casi profesionales se había unido al club de peleas clandestinas que la gente llamaba "El club de literatura".
No se cuántas veces luché, no se cuántas veces perdí, es que joder, daba igual. Tú ibas, te pegabas un rato con cintas recubiertas de yeso y luego al llegar a tu casa todos los problemas parecían solucionarse con hielo y maquillaje, era como si esa simple combinación pudiera resolver todos tus problemas. Pero ya sabes lo que dicen, el esfuerzo es inútil si el objetivo te sobrepasa, o dicho como lo diría mi padre, "no te motives, que no puedes detener un camión con los ojos".
Era una noche como cualquier otra, había un círculo de chicas a nuestro alrededor, era la última pelea de la noche y lucharía contra una chica nueva. Cabello blanquecino, metro ochenta, y una inconfundible guardia de cangrejo, era su primera noche en el club, pero no era su primera pelea.
"Una boxeadora, ¿Eh? Esto será fácil", pensé.
Empecé poniéndome en una clase pose de wrestling, cuerpo agachado y brazos extendidos, tanteando las distancias. Empezamos a movernos en círculos, ella se desplazaba con zancadas largas, eso era buena señal, sin un buen juego de piernas sería mala evadiendo mis acometidas.
Empezó ella, lanzó dos puños simples con su mano derecha que esquivé sin mucho inconveniente, intentó avanzar para hacerme un "uno dos", pero la empujé desde los hombros hacia atrás. La mejor forma que tenía de ganarla era evitar sus ataques a la cabeza y buscar someterla con un lanzamiento, yo era 5 cm más alta e iba a sacarle partido.
La cosa empezó a ponerse chunga muy rápido, empezó a pivotar y hacer fintas, estaba avanzando de manera rápida buscando en todo momento mis ángulos muertos. Desafortunadamente para ella antes de ser luchadora grecorromana entrené boxeo con mi padre, no me iba a dejar acorralar, yo evadía hacia atrás y empujaba continuamente, quería cansarla.
Finalmente hizo un movimiento en falso, avanzó adelantando su pierna derecha, buscando golpear mi cuello, pero yo me agaché completamente y me tiré a por su cintura, estaba segura de que llegaría, pero ella también dobló su cuerpo poniendo una guardia aún más baja y me llevé un cabezazo.
Joder, como dolió ese cabezazo, me desconcentró y no pude agarrarla, me vi forzada a retroceder pero no fui rápida y me llevé un buen golpe en la boca, mis dientes temblaron tanto que creí que perdería alguno. Todo mi cuerpo se dobló del tronco hacia atrás, como un fino árbol azotado por el viento, no perdí el tiempo y gracias a la corta distancia amarré sus dos brazos con los mios, estaba haciendo toda mi fuerza con la espalda obligándola a doblarse para evitar posibles rodillazos al estómago.
Roté al rededor de ella y le agarré bien de la parte derecha de su cintura. Estando yo en el lado izquierdo, giré sobre mis caderas hacia atrás, levantando todo su cuerpo y tirándolo, hay quien hubiera llamado a esto un buen lanzamiento karelim, mucho me extrañó no abrirle la cabeza.
Ella solo se levantó, su cara estaba tapada por su flequillo y su media melena, pero veía una sonrisa sádica que solo se contempla en aquellas personas que luchan dispuestas a morir.
Esta vez chocamos de frente, intente hacer otra acometida pero no tenía forma de acercarme sin llevarme un cabezazo incluso cuando traté de realizar un avance sorpresivo de forma más rápida doblando mi rodilla e impulsándome al unísono.
Ni siquiera habían pasado tres minutos y ya estaba sudando, ella estaba tan fresca como al principio. Empezó a atacarme sin un patrón, solo quería cansarme, constantes golpes a la cabeza y el pecho que me obligaban a retroceder o a poner los brazos, todo hasta que avanzó con la pierna izquierda y cuando me moví, el golpe vino en picada hacia mi rótula con su brazo contrario. El yeso se clavó en mi piel con tanta fuerza que al tirar se veía como si me hubiera desollado la pierna contra el asfalto.
Caí de culo, en un estado semi inconsciente. La chica de media melena se sentó de rodillas sobre mi pierna sin herida para asegurarse de que no pudiera levantarme y entonces volvió a descargar otro golpe sobre mi rótula, y otro, y otro, y otro, y entonces un crujido me saca de mi ensimismamiento. Grité, no sé si queriendo decir me rindo o pedir ayuda, solo quiero que esto pare.
- Es suficiente - gritó alguien más. No fue un gran grito, pero bastó para detener la pelea.
La salvación llegó a mi en forma de una estudiante de uniforme, era la chica de siempre, la que parecía la líder, todo el mundo conocía su alías, "Monika", pero en ese momento la forma correcta de referirte a ella era "mi señora".
Lo único que recuerdo después es desmayarme, tal vez escuchar algún susurro de Monika rodeada de otras tres chicas que parecían veteranas. La verdad sea dicha, no se cómo siguió la historia, solo se que desperté en un hospital con una pierna escayolada y unos diagnósticos que demostraban que estaba así porque me había atropellado un camión.
Solo una persona vino a verme ese día, pelo castaño, uniforme de instituto y unos ojos verdes que parecían entender el infinito. No sabía si sentirme agradecida o asustada, solo esperé en silencio a que hablase.
Monika miró mi pierna escayolada un rato largo, en silencio, con las manos entrelazadas a la espalda, luego se giró muy lentamente hasta que nuestros ojos compartieron miradas.
- Espero que este pequeño incidente no afecte a nuestro club - dijo ella con una sonrisa fina.
- ¿Tú? - tragué saliva. - ¿Tú tienes miedo de que te denuncie?
- ¿Por qué harías eso? - pregunta sin cambiar su expresión. - Te atropelló un camión cuando ibas caminando distraída de noche, suerte tuviste de no romperte la pierna al por completo, no hay operación posible para una rótula partida.
- Mi señora - dije en un tono dubitativo. - La gente no se creerá eso, si un camión me hubiera pasado por encima me hubiera partido toda la pierna, no solo el hueso de...
- No, no me repliques - dijo Monika señalándome con el índice e inclinándose 45 grados. - Se muy bien lo que digo, si no hubiera estado allí ahora mismo toda tú pierna estaría rota, ¿Te imaginas eso? Todo de un solo golpe más - Monika lanzó un gancho descendente hacia mi pierna que hizo que todo mi cuerpo se estremeciera pero se detuvo estando solo a milímetros de tocarme. - El dolor esta en tu mente, esto se curará en dos días como mucho - dijo volviendo a entrelazar sus manos a la espalda y moviéndose en dirección al pasillo. - Aún podría no estarlo, entonces tendré que volver y decírtelo de otra forma - me dijo mirándome de perfil, no me había sentido tan intimidada en mi vida.
Y ya está, esa fue la única vez que hablé personalmente con Monika, todo pasó por mi ego y no regresé jamás al club por cobardía. Francisca y yo dejamos de hablarnos luego de eso y el resto de la historia ya te lo sabes, Misel.
Capítulo 24: pequeñaja pero matona.
Al final de cuentas, Martín tuvo razón, nadie fue a buscar a "Sara", ni fueron a por su familia, ni siquiera notó cambios en su rutina del jueves o del viernes. "Sara" manejó toda la situación con mínimo estrés, eso quería decir que rezaba 6 veces al día en lugar de 3 como acostumbraba.
Luego de las clases del viernes volvió a pasarse por la biblioteca de Sayori, estuvo revisando un par de trabajos y buscando un PDF para varios libros que habían mandado en historia actual, estuvo bastante tiempo buscando pero solo los encontró en formato EPUB así que también tuvo que gastar tiempo convirtiéndolos. Cómo le habían mandado capítulos específicos los juntó todos en un solo PDF.
Cuando quiere darse cuenta ya eran casi las 15:30, recoge todo el material que ha desplegado y se va despidiéndose de la bibliotecaria.
Llega allí sobre las 16:18, hoy se ha pasado por una tienda de libros y ha comprado un pequeño libro de 200 páginas sobre demonios de la cultura mediterránea, uno de esos temas que le interesan a su hermana.
***
Se detiene en la puerta de la habitación, escucha a Filenis medio gritando, que para su línea de corte era como hablar normal.
- Y yo le pregunté, "¿Mamá por qué tenemos un florete en el garaje?", ¿Sabes lo que me dijo?
- ¿Qué te dijo? - pregunta Misel.
- Que se lo regalaron por la comunión, a mí me regalaron una réplica sin filo y a ella le dieron un arma medieval, ¿Te lo puedes creer? Antes todo era mejor, te lo digo yo - el tono de Filenis suena a veterano de guerra.
"Sara" llama a la puerta por educación y Filenis termina su diálogo en seco para que Misel le diga "adelante".
La escena está como se la espera, Misel apoyada en el espaldar de la cama y Filenis con los brazos en jarras a su lado. Hay rosas nuevas a los pies de la cama.
"Hice bien en comprar el libro, es más original", piensa "Sara".
- Deberíais hablar más bajo, se os escucha a la perfección desde el pasillo - comenta "Sara" mientras entra y cierra la puerta.
- Perdón pequeñaja, mi tono de voz promedio son los 150 decibelios - dice Filenis sonriendo con toda su reluciente hilera de dientes. - ¿Qué te cuentas?
- Ay Filenis - Misel se lleva la palma a la cara. - Al menos dile buenos días primero.
- A, eso, hola, ¿Qué te cuentas? - dice Filenis volviendo a sonreír y saludando con una palma abierta a la altura de la cabeza.
- No hacía falta eso - dice "Sara" dejando su bolso en una silla disponible. - Es más, ¿Qué os pasa últimamente? El otro día la pediste que me hiciera una reverencia - le comenta a su hermana.
- Le estoy enseñando modales - dice Misel, estirada en el espaldar de brazos cruzados. - Tal vez tenga el cuerpo de un oso pero eso no le da derecho a tener el comportamiento de uno.
"Sara" giró la cabeza para que no la viera reírse, Filenis se giró hacia Misel frunciendo el ceño y Misel también se estaba riendo.
Lo cierto es que Filenis estaba bastante lejos de parecer un oso, parecía más una jugadora de baloncesto que se dedicaba a levantar pesas por las mañanas y a cantar canciones de pop en un club nocturno por las noches, su pelo castaño largo, lacio y sedoso lo mantenía siempre en perfecto estado.
- Ja ja - dice Filenis sarcásticamente. - Eso es, reíros de la chica federada que no puede defenderse - dice cruzándose de brazos.
- Los números se igualan porque "Sara" también está federada - dice Misel señalando a su hermana con la cabeza.
- A, cierto, ¿Practicabas judo, no?
- Jujitsu Brasileño - responde "Sara". - Es un deporte más centrado en sumisiones y combate de suelo.
- Ya veo, algo así como el sambo ruso- dice Filenis tirando dos puñetazos al aire. - Que busca la sumisión pero también permite puñetazos y cabezazos y cosas así.
- Supongo, en nuestro estilo no se permiten golpes, quizás patadas si es para derribar, como digo, se centra mucho en el juego de suelo.
- Creo que hay una modalidad de lucha libre profesional que se parece a lo que dices - Filenis se encoge de hombros. - Bueno familia, me voy a ir yendo que llego tarde.
- ¿Donde vas? - pregunta "Sara".
- Ya lo dije el otro día, ¿No? - Filenis mira a "Sara" y luego a Misel, esta última le niega con la cabeza.
- Solo dijiste que era algo importante, creo - dice "Sara" encogiéndose de hombros.
- A, si, bueno - Filenis se pone un poco nerviosa. - Son las clases de esgrima, ahora hago eso.
- Te hablé de eso, ¿Te acuerdas? - le dice su hermana.
- Si, algo me suena - dice "Sara". - ¿Llegas tarde, te noto nerviosa?
- No, no es eso, es que tenía una duda y es algo vergonzosa - dice Filenis rascándose detrás de la cabeza. - ¿Quién crees que ganaría entre mi lucha grecorromana y tu Judo brasileño?
- Filenis de un empujón me tumbas - dice "Sara" sonriendo. - Tengo confianza en mi misma, pero no me hago falsas esperanzas.
- Si, eres una chica muy determinada - dice Filenis asintiendo mientras avanza. - Se nota que puedes entender dilemas complejos que implican la lucha y la unión de dos personas, ¿Verdad?
- ¿Su-supongo? - dice Sara lentamente, no sabe si está preguntando o afirmando.
- Ese es el espíritu - Filenis acaricia a "Sara" de lo alto de la cabeza y agita la mano. - Pues lo dicho, adiós.
Filenis se va sin dar explicaciones dejando a "Sara" con los pelos revueltos y los ojos abiertos.
- Te lo he dicho, es como un oso - dice ella encogiéndose de hombros y extendiendo las palmas.
- Eso no le da derecho a acariciarme como un perro - dice "Sara" recolocándose el pelo, peinándose con las uñas.
- Como a un golden terrier - dice Misel sonriente.
- Muy gracioso - dice "Sara" con indiferencia. - Además, valla forma más rara de describir el wrestling en general, es la segunda definición más rara que he escuchado.
- ¿Cuál es la primera?
- La que dijo Abraham - "Sara" hace rodar sus ojos en una expresión de "como no". - dijo que el jujitsu era dar abrazos hasta someter al rival o algo así.
- Jaja esa es buena, enserio que algún día tienes que presentármelo - dice Misel.
- Bien, podemos añadir también delirio a tus síntomas - dice "Sara" fingiendo que escribe en el aire. - Ya enserio, ¿Qué tal lo llevas?
Misel se quitó las manos de la tripa, ya empezaba a notarse un poco hinchada y "Sara" se quería negar a verlo pero también notaba como los pechos le habían crecido, cualquiera que la viera diría que lleva mínimo 3 meses con eso.
"Sara" desvía la mirada de inmediato, se centra en las flores de los pies de la cama.
- ¿Quién te las ha traído esta vez? - pregunta señalándolas.
- ¿Lo estás preguntando solo para asegurarte de que no son de Matías, verdad? No valla a ser que digas algo bonito de él - Misel vacila un poco.
- No, que va, son muy bonitas.
- Pues si, son de Matías.
- Pero... - "Sara" se relame pensando como seguir. - Las del otro día eran más bonitas.
- Ay, por favor - Misel suspira.
- No, a ver, lo digo porque la otra tenía una nota y creo que era más grande, era más, ems - "Sara" piensa rápido como arreglarlo. - ¿Romántica, tal vez?
- Ems, si, claro, será eso - Misel cambia el gesto, casi parece preocupada.
- Vale, mejor cambio de tema - "Sara" se dirige a su bolso. - Te he traído algo que se que te encantará.
- ¡Ay va! ¿Qué celebramos?
- Ni que tuviera que ser un día especial para que te regale algo - "Sara" envuelve el libro entre sus brazos y se pone algo farruca.
- Está bien, perdón, ¿Qué me ha traído la hermana pequeña a la que tanto quiero? - Misel la sonríe resaltando sus mofletes y dos pestañeos inocentes.
- ¡Aahf! No puedo contigo Misel - le dice Sara extendiendo sus brazos para darle el libro. - Es sobre las diferentes mitologías que se dieron al rededor del Mar Mediterráneo, se centra especialmente en sus demonios.
- ¡Vaya! - dice Misel con ojos relucientes. - ¡Muchas gracias!
- No hay de que - dice "Sara" con un ademán. - ¿Te dejarán quedártelo, no?
- Si, no te preocupes, ¿Ves ese pequeño armario de dos cajones junto a la silla? - Misel señala a una parte de la habitación cerca de la entrada. - Tiene ruedas, traelo, ahí guardo mi teléfono y las revistas que me gustan.
- Ya veo - "Sara" va y arrastra el armario hasta Misel. - ¿Por qué lo tenías tan lejos?
- La enfermera que me cuida es un poco maniática, no le gusta que el armario esté aquí porque no es simétrico, jeje - se ríe Misel.
- Que barbaridad - susurra "Sara". - Yo lo preguntaba porque no veía las flores del otro día, pensaba que a lo mejor se las llevaban a otro lugar con más de tus pertenencias.
- No, que va, las tuve aquí hasta el viernes pasado en un florero de cristal, se las regalé a la enfermera cuando empezaron a necesitar más cuidado - Misel centra su atención en el índice del libro.
- A cierto, el viernes pasado no vine porque me centré en la memoria de prácticas y un par de trabajos.
- No te preocupes, tampoco te te tienes que pasar la tarde aquí solo para ver mi careto - dice Misel sonriéndole sin quitar la vista del libro. - Al parecer mi enfermera quería las plantas porque colecciona injertos de flores en su jardín.
- Que interesante - concluye "Sara".
- No tanto como este libro - dice Misel pasando rápido las páginas. - ¿Cuanto te ha costado?
- No me lo vas a pagar, Misel.
- Eso dices ahora - su hermana vuelve a sonreír. - Pero enserio, lo agradezco, no tengo mucho que hacer por aquí, ni siquiera tengo compañeros de cuarto - ambas hermanas miran a las otras dos camas vacías, lo único que tengo son mis podcast, mis chequeos médicos y mis duchas... Y están empezando a ver si van a ser necesarias las duchas asistidas, mi tripa va demasiado rápido.
- Pero al menos te dan de comer bien y tienes visitas - replica "Sara" tratando de ser optimista.
- Es una forma de verlo, varias chicas del equipo se han pasado a preguntar, agradezco su buena fé... Pero no hablemos de eso, ¿Algún capítulo que me recomiendes? - dice Misel dándole el libro para que lea el índice.
- Pues el capítulo que se centra en el daimon de Sócrates parece interesante, las furias del hades y tal vez el de ammyt - dice "Sara" devolviendo el libro a su propietaria. - Por lo que veo el resto son más criaturas relacionadas, como Tifón, que yo no le llamaría un demonio, pero bueno.
- Que conveniente que hayas ignorado los capítulos de Lilith y el Satán - dice Misel con una sonrisa burlesca y unos párpados superiores caídos.
- Satán ni siquiera tendría que estar en el libro, es religión, no mitología - "Sara" se cruza de brazos. - Y Lilith.... Juumm, no me tires de la lengua.
- No, no, adelante - Misel hace una reverencia como si le pidiera pasar a alguien. - Tus comentarios antisemitas siempre son divertidos.
- ¡No son antisemitas! - dice "Sara" en un tono alto del que enseguida se arrepiente. - Simplemente no veo bien que por culpa de la demagogia judía y sus sectas ahora haya gente que crea que Lilith existió en el canon bíblico.
- Su historia es interesante cuanto menos - Misel abre el libro por la página adecuada. - Si hombre y mujer son iguales, ¿Por qué ella debía ser sumisa?
- El problema de Lilith no fue "querer igualdad" - "Sara" hace el signo de comillas con las manos. - Su problema era que quería estar encima durante el sexo, como si eso fuera lo importante, de hecho el mensaje de mujer que se libra de la opresión que quieren darle ni siquiera tiene sentido, cuando ella se va Adán no trata de forzarla a quedarse, los ángeles enviados tratan de convencerla con palabras y ella pronuncia el nombre prohibido, ¿Todo para que? Para poder follar con cuanto demonio encuentre, ¡Qué barbaridad! ¿Cómo es que hay gente que llama a eso empoderamiento femenino?
Misel baja el libro y mira a su hermana a los ojos, tal vez ruborizada por las fuertes palabras que ha usado, tal vez molesta porque ha vuelto a subir el tono.
- Yo no he dicho nada de eso, pero gracias por el spoiler - dice su hermana con el mismo gesto de antes.
- Perdón, sabes que estas cosas me intensifican - "Sara" mira al suelo y da un pequeño punta pie a un montón de polvo imaginario. - Aunque si lees bien verás que esa no es la única versión del personaje, esta la versión vampira, la lamia, la que se inspira en la diosa Istar, etcétera.
- Ya veo, es como en los mitos griegos, no hay una sola versión de los hechos - dice Misel pasando una hoja. - Y bueno, ¿Algo interesante que quieras contarme?
- Diría que no, porque ha estas alturas ya te habrás enterado del atentado en la iglesia de la recortada - dice "Sara" imitando un gesto de explosión con la mano.
- Si, ayer papá vino bastante enfadado por el tema y me lo estuvo explicando. Imagínate su dolor, él es seguidor y arquitecto.
- Tampoco es la primera vez que ocurre algo así, ¿Te acuerdas con los eco-terroristas del centro comercial de hace 5 años? Eso sí fue una tragedia.
- Tenemos un país lleno de tragedias - concluye Misel mirándose el estómago. - Si no empezamos a ser responsables de nuestros actos solo iremos a peor.
- Este país necesita tener más respeto a sus cimientos católicos - comenta "Sara".
- Más tolerancia en general - responde finalmente Misel.
Capítulo 25: entre lo que sabemos y lo que debemos saber.
Viernes 28 de febrero, Martín se despierta luego de una siesta de dos días, sus tejidos musculares ya han terminado de unirse, él está extremadamente agotado aún y como de costumbre, no ha soñado con nada.
"Joder, me siento como si hubiera hecho siete veces seguidas la semana del infierno", dice tumbado totalmente rígido mirando al techo.
Se gira con un movimiento bien calculado y abre el cajón, de ahí toma su móvil que tiene una grieta nueva fruto de un escombro que le golpeó la pantorrilla.
Al encender la pantalla por poco se le funden los ojos y tiene que bajar el brillo, 175 llamadas perdidas, todas del mismo teléfono anónimo.
"Ufff, esto va a ser difícil de explicar", piensa mientras empieza a marcar.
- ¿Cuál es tú puto problema? - es lo primero que grita por los altavoces la inconfundible voz de Reichel. - Creí que estabas muerto, has desactivado y destruido el comunicador directo que tenías.
"Eso explica por qué ayer solo escuchaba estática, creí que también era culpa de los golpes", piensa Martín.
- Maldita sea, ¿Tú sabes lo preocupada que estaba? - Reichel le sigue increpando. - Ya están planeando mandar a otro agente a sustituirte.
- Yo también me alegro de escucharte, Reichel - dice Martín quitándose las legañas.
- ¡A no, no, no, mi nombre en clave es "nido", dilo a si no vaya a ser que nos descubran! - Reichel no está por la labor de calmarse.
- ¿Cómo mínimo deberías dejar que me explique, no?
- Tienes un minuto.
- Casi me mata un caza recompensas.
- A ja, ¿Y? - a través del móvil se escucha como Reichel toma y mueve un manojo de llaves.
- Oye, un momento, ¿Donde estas?
- Estoy entrando a mi apartamento, ¿Por qué?
- Pensé que estaba llamándote a la oficina, ¿Qué haces allí a las 4 de la mañana?
- Son las seis, burro, hay dos horas de diferencia horaria.
- ¡Ooohh! - dice Martín enternecido. - ¿Me estás atendiendo después del trabajo? ¿Tanto te preocupas por mí?
- Voy a colgar - dice Reichel acompañada de la apertura de la puerta.
- No, no, ya paro - dice Martín mientras retira la silla y se sienta. - Fui a explorar la iglesia del ángel de la recortada, buscaba algún pasadizo secreto o algo que mínimamente indicara actividades sospechosas, no encontré nada. Lo único que parecía estar fuera de lugar era una estatua a la que le faltaba un decorado.
- ¡Aaah! Interesante - Reichel da un suspiro de alivio al quitarse los tacones. - Gastamos casi 5 millones para que llegaras allí, y tú te vas a mirar piedras.
- Si, gracias por el apoyo - Martín pone los ojos en blanco. - Como sea, eso no es lo importante, me tendieron una emboscada en la entrada con dinamita, por poco me aplastan tirándome una puerta encima.
- ¡Oh mi...! - Reichel no termina la frase pero se preocupa.
- Eso no es todo, me tiraron otros dos cartuchos, eso me jodió una pierna y además cayeron escombros, me sepultaron.
- ¿Cuantas personas te emboscaron? ¿Cómo saliste?
- Solo fue uno, Mister platanito, el que buscaste el otro día.
- A, si, "Mister little banana" - Reichel se ríe entre dientes. - No esperaba que fuera peligroso con un nombre tan ridículo.
- Yo tampoco, por eso me sometió por sorpresa - Martín traga saliva antes de seguir. - Menos mal que no estaba solo.
- ¡Espera! - la voz de Reichel se vuelve severa. - No me digas que llevaste a...
- Si - Martín la interrumpe antes de que diga el nombre de "Sara". - Estuve un poco ocupado protegiéndola de las explosiones, por eso me sacó ventaja.
- ¡Maldita sea, Martín! - la voz de reprimenda maternal de Reichel es inconfundible. - Te dije que no involucraras civiles.
- Espera, tengo más información, no pude atrapar vivo al cazarrecompensas, murió de un infarto pero tengo su piel - Martín mira a ambos lados como si no estuviera solo en el bosque. - Y también sus marcas.
- Corta ahí - le ordena Reichel. - No sigas hablando, esta conversación se puede registrar.
- ¿Por qué alguien registraría una llamada como esta?
- Porque es lo que hacen siempre, pierdes el 100% de las llamadas que no grabas - se escucha como el cuerpo de Reichel cae sobre una cama. - Dame una semana más o menos, iré a tu posición y lo analizaré en persona.
- ¿No es un poco exagerado?
- No, se lo que hago.
- Está bien - dice Martín mirando su casa. - ¿Pero dónde vas a vivir?
- Contigo, evidentemente.
- Pero si yo solo tengo una cama, ni siquiera tengo comida o baño.
- Pues ya sabes, o consigues otro colchón o duermes en el suelo - dice Reichel sin una pizca de sarcasmo en sus palabras. - Corto y cambio.
- ¡Espera! - le dice Martín. - Una cosa más, tráete un par de guantes tácticos dorados cuando vengas.
Capítulo 26: azul sobre negro.
Era su cuarta semana por aquí pero "Sara" ya estaba empezando a tomarle algo de cariño al pueblo de Abraham. Esa extraña pero reconfortante sensación que te deja un pueblo de carretera, tener todo tan cerca y a la vez tan lejos es algo que no se puede describir con palabras. Podría acostumbrarse a todo menos a la cabeza de Víctor en la otra punta de la calle mirando como llamaba a la casa de Abraham.
"¿Quién me manda a mí a ser sarcástica con quien no conozco?", es lo único que puede pensar.
- ¿"Sara", eres tú? - le pregunta una voz femenina desde dentro de la casa.
- Si, soy yo - responde.
- Perfecto.
La puerta exterior se abre, "Sara" se encuentra con Marí que tenía un dedo en el interruptor de apertura.
- Perdón por no abrir antes, se ha roto un poco el telefonillo y vamos a tener que repararlo - le dice ella. - Pasa, Abraham ya está abajo.
Cuando "Sara" va entrando, echa un vistazo al salón de reojo y ve a Mariam sentada en una mesa circular, escribiendo en un portátil.
- Buenos días - dice "Sara".
- Buenas - dice Mariam girando la cabeza y alzando una mano. - ¿Otro sábado de entrenamiento?
- Si, así es - "Sara" afirma con la cabeza.
- Fascinante, no había visto a Abraham tan fascinado con el deporte desde... Bueno, desde hace bastante - dice Mariam rascándose la cabeza.
- Yo también estoy ahí - dice Marí apoyando un brazo en su cintura. - Además, estuvo esa vez que se puso con la bicicleta eléctrica que tú, supuestamente, ibas a usar, ¿Recuerdas?
- No te oigo - dice Mariam volviendo a centrarse en su trabajo. - Estoy muy ocupada con este trabajo sobre diatomeas.
- No tienes remedio - dice Marí con una sonrisa mientras baja las escaleras del sótano.
"Así que ella también estudia biología", piensa "Sara" mientras la sigue. "Tres hermanas biólogas, una música y otra que estudia en el extranjero, es un buen pack".
Al bajar hasta la habitación acolchada, se encuentran con Abraham dándolo todo contra el saco, se empieza a mover como un pato mareado y suda más que un hipopótamo rojo. Está totalmente arremangado y lleva un trapo enroscado como diadema.
- Ya estamos aquí - le comenta Marí.
Abraham frena el saco y jadea con una sonrisa. Quiere hablar pero en lugar de eso empieza a toser y termina con un "¡Ay! Que me da algo".
- Me gusta tu nuevo estilo - dice"Sara" señalándose la frente. - ¿Es de colección?
Marí se ríe con un simple "ja, muy buena", Abraham solo niega con la cabeza y sigue tomando aire para tranquilizarse, está a punto de dejarse caer sobre sus rodillas.
- Que sepas, que así es como entrenan los luchadores de muay thai - dice Abraham quitándose el paño de la frente.
- ¡Ala! ¿Enserio? - le pregunta Marí.
- No - dice Abraham tirando el trapo sobre la mesa. - Pero sonaba interesante y durante el segundo que te lo has creído a sido espectacular.
"Un día, eso es todo lo que tarda Abraham en guardar las apariencias delante de su hermana", piensa Sara.
- Bueno, yo ya estoy - dice Abraham quitándose los guantes. - Me he levantado a entrenar una hora antes para que vosotras dos os pongáis al día juntas mientras os instruyo.
"Que mentiroso, seguro que solo lo ha hecho para que no le gane en un sparrin con su hermana presente", piensa Sara sin decir nada. Marí también está prestando bastante atención. "Se lo ha creído".
- ¿Has traído tu propio protector bucal? - le pregunta él a "Sara".
- ¡Ay, no! Se me olvidó completamente ir a comprarlo - dice dándose una palmada en la frente.
"La verdad es que si me acordé, pero el libro para Misel era prioridad, no quería quedarme en un "debería haberlo hecho", otra vez, como me pasó con las flores", se dice en su voz interna.
- No te preocupes - le dice Marí con un gesto para restar importancia. - Yo pedí el mío por internet y aún no ha llegado.
- Vaya un equipo profesional que tengo - dice Abraham fingiendo una falsa desesperación. - Van a la guerra sin casco y se quejan de que llueven flechas.
- No nos estamos quejando, señor dramático - dice Marí acercándose a la estantería para tomar los cascos y las cintas. - Así que venga, ponte serio que hemos venido a aprender - le dice de espaldas mientras le da las cintas a "Sara".
Esta vez es "Sara" quien tarda menos en envolverse las manos que Marí.
- Aprendes rápido - dice Marí felicitándola con un movimiento de cabeza.
- Gracias, no es la única mejora que verás hoy - dice "Sara" con una sonrisa que despliega confianza.
- Ese es el espíritu, yea - dice Abraham espatarrado en una silla mientras alza el puño al aire. - Yo creo que hoy podéis practicar un rato con el saco y ya luego al sparring.
- ¿Piedra, papel o tijera para ver quién empieza con el saco? - le pregunta Marí a "Sara".
- Pero... - "Sara" se mira las manos. - ¿Cómo lo hacemos con los guantes puestos?
- A, cierto - dice Marí mirándose los puños como si hubiera descubierto que tenía dedos extra. - Creo que solo por esa propuesta tan tonta, deberías empezar tú, jeje.
"Si, no cabe duda de que es hermana de Abraham", es lo que piensa "Sara" antes de agradecer y empezar a lanzar combinaciones contra el saco.
No duraron más tiempo de lo habitual entre golpeo y descanso, así que después de un rato a Marí ya le empezó a parecer aburrido y muy similar a la rutina del otro día.
- ¿Esto es todo lo que vamos a hacer? - le pregunta a su hermano.
- Pues si - responde él encogiendo los hombros. - Esto y el sparrin es todo lo que puedo enseñaros, no soy entrenador profesional.
"Sara" dio un último golpe al saco y lo detuvo cuando una idea cruzó su mente, aunque prefirió no decir nada.
- Venga Abraham, habrá algo que podamos hacer a parte de golpearnos tontamente el cuerpo mientras tú te quedas despatarrado en una silla - asevera Marí.
- Oye, oye, no desprecies el sparring al cuerpo, sirve para saber cómo defender zonas bajas, combinar movimientos de pies con los cambios en el centro de gravedad, medir el alcance... - Abraham rota su cabeza alrededor de su cuello mientras habla mirando al techo, como si repitiera de memoria la lista de la compra. - Todo eso es útil en boxeo, y no podemos practicar con golpes a la cara porque alguien - Abraham mira de soslayo a "Sara" - no tiene protector bucal y lo último que quiero es que pierda un diente.
- Bueno, vale, pero es que solo hacemos esto, yo he visto a boxeadores saltar a la comba y salir a correr.
- Haríamos eso de no ser porque no nos estamos entrenando para un campeonato, solo os enseño lo poco que sé de boxeo.
- Bueno, ya - sigue insistiendo su hermana. - Pero es que solo hacemos esto, pegar al saco y pelear.
- No es una pelea, no te equivoques - Abraham ajusta más su cara para tener el gesto de un reportero informando. - En un sparring no se gana ni se pierde, solo se aprende.
- Y es verdad porque rima - dice Marí, dejando caer su cabeza del cuello en un gesto de derrota. - Está bien, hoy seguimos con esto, pero en dos semanas, cuando vuelva, vamos a salir a correr y vamos a saltar a la comba - dice Marí decidida con los brazos en jarras.
- ¿A ti te parece bien, "Sara"? - dice Abraham inclinando la cabeza para verla. Marí se gira con una mirada que parece hasta suplicante.
- Supongo - dice ella encogiéndose de hombros. - Yo vine para entrenar movimientos, tampoco pretendo tener una carrera profesional de esto.
- Bueno pues decidido - dice Marí ajustándose el casco. - Ya discutiremos detalles el próximo día, hagamos sparring.
"Esta hermana mía cambia más de tema que un "Diyei"", piensa Abraham para si mismo mientras niega.
El sparring al cuerpo fue normalito, aunque Marí parecía estar más centrada en el juego de piernas de "Sara" que en su forma de pelear, si lanzó 70 golpes, los 70 fallaron.
El descanso a "Sara" le pareció bastante innecesario, no se había esforzado mucho y notaba a Marí muy distraída. Abraham en cambio se había limitado a mirar y soltar comentarios de vez en cuando, casi siempre criticando los golpes de "Sara".
- ¿Marí, te encuentras bien? - le pregunta "Sara" mientras se quita el casco. - Te noto, no se, algo baja de forma en relación al otro día.
- Pues ya que lo dices - dice ella quitándose el casco, sin mostrar rastro alguno de cansancio o sudor. - No te parece que mi hermano está muy sobre protector.
- ¿Eee? - Abraham alzó de pronto la cabeza, como una gaviota que ve comida.
- Medio lo noté el otro día pero es que hoy no me ha criticado en nada - dice ella mirando a su hermano con los ojos entrecerrados. - Es como si no quisiera enseñarme bien.
- No digas tonterías - responde Abraham. - Soy muy severo con las dos, simplemente contigo soy más permisivo porque sabes poco.
- Pues estoy aquí para aprender y no me enseñas - dice Marí con los brazos en jarras.
- Es solo tu segundo día.
- Meriem me dijo que cuando entrenabas con ella siempre querías practicar sparring, incluso sin protector bucal.
- Era un crio de 16 sin miedo al peligro - réplica Abraham inclinado en las patas delanteras de la silla. - Además, tal como dices, eso era con Meriem, con ella practicaba 4 veces a la semana hasta que... - Abraham vuelve a poner la silla en su sitio. - Hasta que empezó a estudiar para ser veterinaria y ya no tubo tiempo y yo no tuve ganas - la mirada de Abraham parece perderse en las esquinas del cuarto. - Yo que se, no estoy hecho para ser constante, supongo.
- Perdón por intervenir - dice "Sara" tratando de quitar hierro al asunto. Los dos hermanos la miran. - ¿Meriem además de trabajar en el conservatorio es veterinaria?
- No - dice Marí en una negación rápida. - No dio la nota de corte para ser veterinaria, por eso se fue al conservatorio, trabaja allí con temas de música, el coro, a veces arregla pianos, ya sabes.
- Si, me puedo hacer una idea - dice "Sara", luego mira al techo sin saber cómo continuar.
Y allí se quedaron, prácticamente cada uno en una esquina, como si fuera el minuto de silencio de un funeral. "Sara" tratando de organizar sus ideas puso su cerebro en modo automático y se quitó el guante mientras tenía el otro puesto, no fue fácil.
- ¿No quieres seguir entrenando? - le preguntó Marí.
- ¿Qué? - dice "Sara" siendo repentinamente consciente de sus actos. - O, si, claro, es solo que voy a mirar la hora primero en mi móvil.
- Son casi las once en punto - le dice Abraham.
- Bien, bien, pues asunto resuelto - dice "Sara" poniendo lo que parece una mueca y una sonrisa.
- ¿Tienes prisa por ir a algún lado? - le pregunta Marí.
- No, que va, el bus sale a las 12, era más bien para organizarme, tengo que hacer cosas por la tarde, estudios, temas de familia - "Sara" hace girar uno de sus dedos como si pasara un listado invisible.
- Es cierto, tendrás cosas importantes que hacer, ¿Alguna tiene que ver con tu hermana? - preguntó Marí en una tonalidad casi inocente. Abraham la miró como si hubiera pronunciado una palabra prohibida.
- ¿Cómo dices? - pregunta "Sara" en un tono difícil de definir.
- Dijiste que estaba hospitalizada, ¿Está ya mejor? ¿Irás a verla? - dice Marí tratando de estructurar su pregunta. - Perdón si te molesta que te cuestione, no quería ser irrespetuosa.
- A, no, no pasa nada - "Sara" se pasa una mano por la frente que evite los nervios que se reflejan en su mirada. - Ella está mejor, su equipo va a verla regularmente y yo voy los viernes, ella necesita reposo.
- Estuve viendo sus partidos, se nota la dedicación - dice Marí con una sonrisa sincera. - Se ve que es alguien que se toma enserio lo que hace.
- Demasiado enserio diría yo - dice "Sara" con una mueca entre dientes. - Pero eso no es malo, es solo dedicación, como me pasa a mí con el J J B.
La sala retoma el silencio de golpe y tanto Marí como su hermano se miran mutuamente extrañados, luego vuelven a mirar a "Sara" que no entiende el porqué de esa reacción.
- J J B son las siglas de Jujitsu brasileño - dice ella más despacio.
- ¡A coño!, creí que te referías al alcohol - dice Abraham.
- ¡Abraham! Esa boca por favor - le reprende enseguida su hermana haciendo que se acongoje.
"Por eso modera el lenguaje aquí", piensa "Sara" viendo como su amigo se esconde entre sus hombros.
- En fin, como aquí mi hermano no está por la labor de colaborar - dice Marí mirando de reojo amenazadoramente. - Y puesto que ya tienes un guante fuera, ¿Te apetece un asalto de judo?
"Creo que solo quería una escusa para tener un asalto conmigo", piensa "Sara" en un brote de confianza.
- ¿Has estado practicando últimamente? - dice con media sonrisa mientras se quita el otro guante.
- Puede ser - responde Marí sonriendo de vuelta. - Luego le preguntas a Merry como está su brazo.
Marí se quita los guantes con ayuda de Abraham que trata una vez, y solo una vez, de convencer a su hermana de que no luche.
- No te preocupes, esta vez vengo preparada - es su única respuesta.
"Sara" y Marí llegan al epicentro, mismo suelo acolchado, mismas luces fluorescentes. Ahora "Sara" tiene la desventaja de tener una camiseta de manga larga, pero su estrategia es buscar rápidamente el dominio de la espalda y sumisión por mataleón. Marí en cambio está pensando cual podrá ser el movimiento más eficaz para hacer que "Sara" suba los hombros y ponga recta la espalda.
"Sara" piensa muy seriamente si tirarse directamente al suelo y subvertir sus expectativas, pero puesto que su rival era casi novata en judo sería muy grosero llevarla a terrenos que desconoce solo para presumir.
Entonces Marí ataca, sus manos buscan rápidamente las mangas de "Sara", la cual responde con lo mismo. Ahora es cuestión de empuje. Ambas empiezan a moverse en círculos, Marí avanza un paso buscando un barrido, demasiado cerca pero "Sara" quita el pie y sube para recolocarse, evitando un posible golpe a la cabeza con el cuerpo.
Entonces pasa.
La cara de "Sara" se vuelve más blanca que la de la monarquía europea en el siglo XVI cuando ve como los dos pies de Marí se separan del suelo a la vez y su tronco gira en el aire.
"¿No se atreverá a hacerlo, no?", piensa mientras busca recolocarse bien en caso de que no sea una falsa alarma.
Marí gira la manga de "Sara" mientras da una voltereta que pone sus pies delante y su cabeza mirando al suelo. El brazo de "Sara" queda totalmente atrapado en un triángulo de piernas. Ella solo puede hacer una mueca de dolor mientras se pone de rodillas a la mínima velocidad que puede, que es demasiada en este caso, y está a muy poco de hacer que la frente de Marí choque contra el suelo.
"Sara" palmea lo más rápido que puede y Marí la suelta, cayendo con los lumbares al suelo mientras en el giro "Sara" casi cae de boca.
- Jooo... Petas escopetas - dice Abraham para tapar una palabra más gorda mientras se lleva las manos a la cabeza. - Eso es nuevo.
- ¿Impresionante verdad? - dice Marí orgullosa. - Merry me enseñó, ella hacia gimnasia rítmica de pequeña y sus volteretas las sumamos con un vídeo de YouTube.
- ¡¿Es que quieres morir o que demonios te pasa?! - "Sara" grita, su pelo revuelto tapando su cara, ojos llenos de ira se ven entre su dorado cabello, como los ojos de un león en la maleza. - ¡Podrías haberte roto la cabeza o las cervicales!
Los hermanos la miran sin dar crédito a lo que ven, Marí aún parece estar manteniendo una guardia y Abraham con la boca a medio abrir parece estar a punto de ponerse de pie. En cambio, "Sara" está de rodillas y apoyada en el codo derecho mientras con la otra mano empuja para incorporarse.
Respira profundamente una vez, exhala, así tres veces más hasta que se pone de pie y parece quitarse el polvo de los pantalones, escusa perfecta para no mirarlos, se ha arrepentido de gritar.
- Lo siento mucho - dice enseguida volviendo a restablecer el contacto visual. - No deberia haber gritado, fue un acto reflejo.
- No... No... - Marí perdida y atónita mira a Abraham que se encoge de hombros simbólicamente ya que sigue patidifuso. - No creí que fuera para tanto, he practicado muy bien.
- Os ruego que me disculpéis, no debería haber gritado así - "Sara" estaba a punto de tirarse al suelo y hacer una reverencia.
- Vale, lo entendemos - dice Abraham volviendo a acomodarse. - No hace falta que te pongas modo medieval a pedir misericordia.
- Digo lo mismo - testifica Marí. - Pero, ¿Qué pasa? ¿Qué he hecho mal?
- No has hecho nada mal - dice Sara colocándose el pelo de nuevo. - Pero todo podría haber salido muy mal, lo primero que te enseñan en Jujitsu brasileño es a tener mucho cuidado con los giros y los saltos a la hora de abordar brazos y espalda. Yo también se hacer esa clase de llaves, pero tienen que hacerse mirando hacia arriba y de hecho, no deberían hacerse, en ciertos torneos es un movimiento ilegal que pueden romperte mandíbulas o peor, romperte el cuello - "Sara" se mira el brazo recordando la posición. - Si yo me hubiera asustado y hubiera acometido hacia delante o hacia el suelo, puede que ya no estuvieras aquí.
La pronunciación de "Sara" es lenta y fría, como si recitara una carta de despedida en un velatorio. A Marí le recorre un escalofrío por la espina dorsal y Abraham guarda total silencio.
- Bueno, pero todo a salido bien - dice "Sara" tratando de animar el ambiente. - A demás, es increíble lo rápido que has aprendido el movimiento en solo dos semanas.
- Si, jeje - dice Marí tratando también de recuperar el ánimo. - Estuvimos usando la cama como base para amortiguar, por eso mi percepción estaba alterada.
- Vale, voy a ser yo quien corte el rollo - dice Abraham. - Claramente hoy es un día raro, ¿Queréis comer algo y ya discutimos más cosas otro día?
- Creo que estoy de acuerdo - dice Marí. - Pero nada de comer, volveré a subir a estudiar.
- Yo estoy bien, gracias - dice "Sara" extendiendo una palma para matizar. - Pero si, mejor será dejarlo.
Las negociaciones no fueron a ningún lado y en poco más de cinco minutos, "Sara" ya se estaba despidiendo de Abraham en la puerta.
- Puedes quedarte aquí un rato si quieres hasta que sea más tu hora - le dice Abraham.
- No te preocupes, tengo mi móvil y un PDF que estoy terminando - dice moviendo el aparato en su bolsillo. - Por cierto, así entre nosotros, creo que me preocupa un poco Víctor, hoy también lo he visto espiando.
- ¿Ese flipade de pelo morado? - dice Abraham arqueando una ceja. - Lo peor que puede hacer es hablarte sobre sus pronombres.
- Abraham eres muy payaso cuando quieres - dice ella totalmente seria.
- Perdón - responde su amigo de mala gana.
- Lo que sea, ¿No crees que te estará espiando para denunciarte por dar clases de boxeo sin título, no?
- ¡Ostias! - Abraham abre los ojos exageradamente. - No puede ser, todo encaja, estoy jodido, seguro que trabaja para Estados Unidos también - el tono sarcástico acompañado con unas manos que buscan clemencia en el cielo hacen que "Sara" ponga los ojos en blanco.
- Que barbaridad, hablar contigo es como cantarle a las paredes para que duerman.
- Pues no digas cosas tan raras - le dice con un contoneo y fijando los ojos. - No necesito licencia para enseñarte a boxear, solo sería ilegal si te cobrara. Es como si me dices que alguien quiere denunciar a Michel Phelps por enseñar a su vecino a nadar en la piscina de su casa.
- ¿Acabas de compararte con un profesional olímpico?
- Lo sé, muy modesto por mi parte - dice él llevándose una mano al pecho. - Michael no me ganaría en una pelea.
- En fin, como sea - dice Sara en un suspiro que contiene una risa. - Como el próximo sábado esté, le voy a llamar la atención.
- Como tú veas, bueno, adiós.
- Chao.
"Sara" pensaba que su sábado seguiría normal, algo de repaso, quizás empezar un trabajo, muy posiblemente leer un libro... Pero no, todas sus ideas se enrevesaron cuando vio a Claridad caminando en dirección a su casa.
- Buenos días amiga mía - dice Clara en un saludo que está a muy poco de ser una reverencia. - ¿Podemos hablar?
- Claro, pasa - dice Sara con total naturalidad mientras cruza de largo y se dirige a la puerta de su casa.
- Espera, ¿Qué? - dice Clara girando sorprendida. - ¿Quieres que pase a tu casa?
- Clara, somos "amigas del mismo pueblo" - dice Sara haciendo el gesto de comillas con las manos. - No va a ser sospechoso.
"Y no me apetece otra excursión por el bosque", concluye en su mente. "la última vez estaba tan embobada que me llené el pelo de hojas".
- Bueno, dicho así - Clara tampoco ve muchas más opciones. - Con su permiso - dice antes de cruzar el umbral de la puerta.
Capítulo 27: cosas de chicas y agentes.
- Mamá, ya he llegado - dice "Sara" mientras cierra la puerta.
- Vale hija - respondió su madre desde la cocina. - Esto estará listo en media hora para que vengas a comer.
- Perfecto - "Sara" hizo un rápido gesto de adelante a Claridad. - He venido con una amiga, estamos en mi cuarto.
- ¿Cómo? - se escuchó mientras un cucharón se apoyaba en la repisa. - Mínimo espera que la vea.
Claridad miró a "Sara" con cierta confusión difícil de expresar, su amiga en cambio soltó una queja en forma de un bufido.
- ¡Vaya, vaya! - dijo la madre de "Sara" cuando llegó al pasillo, frotándose las manos en un delantal que tenía puesto. - ¿Y tú quién eres, corazón?
La madre de "Sara" era prácticamente igual que su hija, solo que más bajita, con pelo más largo y arrugas fruto de la edad. Su pelo rubio además se estaba empezando a volver canoso, perdiendo ese chispazo natural.
- Ella es Claridad, mi nueva amiga de la universidad, ¿Ya te hablé de ella, no? - dice Sara mientras apunta a su amiga con 4 dedos.
- No, no lo hiciste, hace mucho que no me hablas sobre tus amistades - dice su madre medio refunfuñando.
- Buenos días, me llamo Claridad, pero me dicen Clara - dice casi a punto de hacer una reverencia. - Es un placer conocerla.
- El placer es mío, corazón - dice ella con una sonrisa. - ¿De donde eres?
- Mamá de verdad, tú nunca pierdes el tiempo - dice "Sara" con unos ojos que están a nada de hacer una voltereta.
- Si ya me hubieras dicho esto no tendría que ejercer mi control maternal para informarme - dice mirándola con las manos en las caderas.
- Vengo de Nueva York, pero de momento estudio en Elcoka, en la universidad fue donde conocí a "Sara" - dice Clara con una sonrisa de cortesía.
- Jaja, me alegro, eso le hace falta a este país, más gente culta - dice la madre matizando con movimientos de manos. - Bueno, pues aprovechar el tiempo aquí - dice mientras mira a "Sara" que parece tener inscrito "mamá, para, que vamos tarde", en los ojos.
- Muchas gracias, me esforzaré - dice Clara asintiendo con la cabeza.
- Pues lo que te he dicho mamá, nos vamos a mi cuarto - dice Sara mientras sube dos peldaños de escalera. - No creo que tardemos mucho así que en breve bajaré a comer.
- Si quieres, tu amiga puede quedarse a comer - dice su madre.
- Pues como Clara vea - "Sara" hace una pequeña pausa antes de volver a subir peldaños.
- No se preocupe, tengo que volver rápido a mis asuntos personales y tampoco quisiera ser una molestia - Clara se gira mientras sube.
- Molestia ninguna, corazón - dice la madre de "Sara" con un ademán. - Como si quieres quedarte hasta la cena, en esta casa siempre hay espacio para uno más, sea hombre o mujer, el cariño no está restringido.
- De acuerdo, gracias - Clara le vuelve a sonreír mientras sigue a "Sara" que ya está arriba.
"Sara" da la espalda en el pasillo, a punto de tirar del manillar para abrir la puerta de su cuarto.
- Tu madre es muy guapa - le dice Clara.
- ¿Cómo? - "Sara" se detiene en ese mismo momento y le mira de refilón. - ¿Cómo has dicho?
- Era solo un cumplido genérico.
- A, ya, gracias. No te lo tomes a mal, es un cumplido que aceptaría con gusto de cualquiera, pero es raro que lo digas tú siendo un militar de unos 50 años.
- Eso son prejuicios - dice el cuerpo de Claridad y la voz de Martín. - Pero si, tu madre es una mujer hermosa, tu belleza debe ser fruto de ella.
"Sara" abre la puerta de un empujón con una mano mientras la otra sale a propulsión y toma a Claridad del cuello de la camiseta. La aferra bien y luego la tira dentro del cuarto. Clara solo puede murmurar un "Ay, lo siento", mientras es arrastrada. Luego "Sara" cierra.
- No hagas eso - dice casi sonrojada. - En esta casa hasta las paredes escuchan.
Clara iba a decir "¿Por qué dices eso?" Pero sus labios se traban cuando ve la habitación de "Sara". Un cuarto no muy grande, con una buena cama, un escritorio, una estantería de tres repisas y unas paredes decoradas como si una asesina compulsiva se estuviera dedicando a tapizar las paredes con estampas de santos y monarcas europeos. Claridad quedó tan atónita que miró fijamente la única ventana como una salida posible.
- Wow, y yo pensaba que tu portátil estaba muy decorado - dice Clara girando sobre sus talones. - ¿Pero esto no te da miedo?
- ¿Por qué debería? - "Sara" pone un gesto extraño.
- Parecen las paredes de un asesino en serie, colgando fotos de sus víctimas, solo he visto cosas así en Afganistán - dice Claridad con la voz de Martín.
- ¿Afgani... Qué? ¿Cuantos años tienes?
- Eso es información clasificada, joven - dice Clara volviendo a tomar su voz. - Pero si, estas caras pintadas al oleo que simulan ser humanas activan muy fuerte mi instinto de luchar o huir.
- Que barbaridad - "Sara" cierra la puerta.
- Si encuentro alguna con los ojos tachados con dos cruces rojas, salto por la ventana - Clara señala el cristal.
- Vale, es suficiente - "Sara" pone las manos en las caderas. - Has venido a hablar o a criticar mi cuarto.
Claridad hace como la otra vez, ignora la pregunta y camina por la habitación. Encuentra algo que le interesa en la estantería, libros gordos de mínimo 500 páginas y más, en todos sobresalen diferentes posit combinados en tres colores, verde, amarillo y rojo. Algunos de los libros no tienen los salientes rojos.
- Puedes dejar de mirar mis libros como si tratases de descifrar un código oculto - "Sara" agrega un contoneo de cabeza mientras retira la silla del escritorio y se la ofrece. - ¿Ves algo que te guste?
- Estoy tratando de desencriptar estos posits - Clara se lleva el pulgar al mentón, mientras lo rodea con el índice. - El amarillo y el verde se repiten pero el rojo solo aparece en dos o tres libros que parecen estar relacionados a la saga de Acotar.
- Podrías simplemente abrir los libros y mirar las anotaciones - "Sara" deja caer sus posaderas en la cama. - No me voy a enfadar, tampoco soy de esa gente que conserva las colecciones en su plástico original.
- Bueno, especular es más divertido - Clara se retira hacia la silla. - Con una simple vista superficial, viendo que el amarillo se repite casi 7 veces más que el verde y hasta 10 veces más que el rojo... - Clara se sienta del revés en la silla, piernas abiertas y estómago con brazos en el espaldar. - Voy a decir que los amarillos son los momentos importantes, los verdes los que te gusta re-leer y los rojos las partes que odias.
- Eres bueno - dice Sara con una mini sacudida de cabeza. - Pero te equivocas en algo, los rojos marcan el principio y el fin de las escenas de sexo, los pongo para saltarme esa parte.
- ¡Wow! - Clara pestañea y alza las cejas. - Que directa, ni siquiera te sonrojas.
- ¿Por qué debería? El sexo consentido no debería ser un tema tabú, hay que respetarlo por lo que es - "Sara" se deja medio caer y se apoya en sus brazos para mirar al techo. - Un acto de amor con intenciones reproductivas para traer más vida a este mundo. Que nuestra sociedad lo haya degenerado a actos que prefiero ignorar es otro asunto.
"Ni pornografía, ni literatura erótica, ni sexo por placer... Esta chica está forjada en hierro viejo", piensa Clara sin cambiar de expresión para no levantar sospechas.
- Así que, ¿Qué querías decirme? - pregunta "Sara" incorporándose un poco mejor, quitándose las zapatillas para sentarse en el edredón.
- Bueno, antes de entrar en materia, ¿Has visto algo relevante respecto al "atentado" en las noticias? - Clara hace un gesto de comillas con las manos para que se la entienda.
- Solo fue titular el jueves, unas 10 líneas en portada, de resto nada - responde Sara encogiéndose de hombros.
- Extraño, ¿No te parece? - Clara se cruza de brazos en lo alto del espaldar. - Tampoco cubrieron adecuadamente la segunda noticia sobre el incidente de los chicos.
- Que no te parezca tan extraño, la prensa en este país no es la más centrada en su trabajo - "Sara" se detiene unos segundos para hacer memoria. - Recuerdo que hace cinco años hubo un atentado en un centro comercial donde solo se reportó un herido y al día siguiente ya nadie hablaba del tema, es que ni una mísera entrevista al superviviente o a la familia... De hecho, estuve un tiempo obsesionada con Monika y sus pasos antes de que la atraparan, por más que busqué noticias de sus posibles antecedentes solo encontré notas muy básicas, la prensa en este país va de la mano con lo que cobran, salario mínimo esfuerzo mínimo.
- Pues... - Clara se relame un labio con algo de frustración. - Yo creí que todo apuntaba a que la prensa estaba encubriendo algo, pero si lo dices así...
- ¿No investigaste sobre noticieros y reportes? - pregunta "Sara" casi cerrando un ojo.
- No, yo con las tecnologías funciono bastante mal, es mi agente de información asignada quien me lleva las cuentas - Clara deja caer su cabeza en sus brazos y mira por la ventana. - Yo soy más de vivir mi vida sola en el bosque y luego cargar mi móvil en enchufes públicos.
- Lo suponía - murmura "Sara". - Eso explica tus ciento y pico páginas abiertas en tu teléfono.
- Me atrapaste - dice Clara con una sonrisa pronunciada. - Aunque tampoco me estaba ocultando muy bien, ¿Verdad?
- Eso me temo.
- Bueno, ya sabes, esto es la vida - Clara da un bufido. - Para sincerarme contigo, creo que no tengo ningún tema concreto del que hablar, llevo prácticamente desde el miércoles durmiendo, me he despertado hace escasas horas.
- ¡Vaya! ¿Puedes hacer eso sin comer ni dormir?
- Si, es más como un proto estado de hibernación - Clara dice eso con los ojos cerrados, meciendo la cabeza en el horizonte de sus brazos. - A los militares se nos entrena para eso, así dormimos enterrados en las arenas del desierto ya que el terreno arenoso que está bajo la primera capa es más fresco.
- ¡Pero eso es peligrosísimo, imagina que sale un escorpión! - dice Sara con un tono que no puede disimular la sorpresa.
- Mejor, comida rápida - Clara se relame y "Sara" finge que detiene un arcada. - Muy bien, volviendo al tema, lo de Mister platanito fue bastante duro, tú sabes, así que Reichel me ha dicho que vendrá aquí, ya sabes, por cosas de negocios y así.
- Un momento - "Sara" levanta una mano que implica pausa. - ¿Quién es Reichel?
- ¿No te he hablado de ella? - Clara ladea la cabeza como un chihuahua confundido.
- No, creo que es la primera vez que te escucho mencionar ese nombre.
- Bueno, tu no le hablaste de mi a tu madre, así que estamos empatadas- "Sara" miró a Clara con cara de circunstancias así que rectificó. - Ella es mi agente de información asignada, tal vez no conozcas su nombre pero seguro que te acuerdas de ella y su magnífica voz gritándote por el telecomunicador - Clara finge que tiene un móvil en la mano y se lo lleva a la oreja como si le gritaran. - Básicamente, ella es la mujer que preguntó si te había matado.
- A, ya, aún tengo atrapados los ecos de sus gritos - dice Sara rascándose un canal auditivo como si tratara de sacarse el sonido. - Más que una agente especial parecía tu madre regañándote por un trabajo mal hecho.
- Si - Clara suspira de forma reflexiva mientras vuelve a la posición de antes. - Ella en realidad es muy profesional y una hacker de temer, pero conmigo es muy estricta porque soy su mejor hombre a cargo.
- Entonces es una actitud comprensible - "Sara" subió más los pies y los guardó bajo sus rodillas. - ¿Y qué sucede por el hecho de que venga aquí? ¿Te mudas o algo parecido?
- No, nada de eso, vendrá a mi bonita casa del bosque, peeeero... - Clara alargó mucho la "e" adrede. - Resulta que voy a necesitar comprar otro colchón para hacer una cama y bueno, vine aquí con el dinero justo para pagar el autobús, y robar está mal...
- ¿Me estás pidiendo dinero? - dijo "Sara" levantando ambas cejas.
- No, no lo llames así, pero si pudieras pagarme el colchón estoy seguro de que Reichel luego entendería la situación y te daría el dinero de vuelta - Clara puso ojitos de cordero. - Te pagaría en dólares que valen más que tu moneda local.
- ¿Y por qué no le pides a ella que te lo compre directamente? ¿O que te haga una inversión con una app como bizum?
- Yo... De dinero por internet tampoco entiendo, y si ella viene el primer día no va a querer comprar un colchón, tendré que dormir hasta el siguiente martes sobre el suelo, tú has visto mi casa, pasaré frío y me llenaré de tierra - Clara hace un puchero.
- No pongas esa cara, es raro mirarte de forma inocente sabiendo que eres un marine estadounidense de 50 y pico años - "Sara" tapa de su vista el rostro de su amiga con la mano. - Además, esa escusa es muy mala, si eso es lo que te preocupa dile que me haga una transferencia por teléfono a mí y yo con ese dinero pago el colchón aquí.
- No se yo si te conviene tener tu teléfono vinculado a una transferencia económica de una persona que trabaja para el gobierno. Incluso si lo mandara desde otro teléfono prácticamente anónimo, iría contra el protocolo prestar dinero a nivel internacional con funciones desconocidas y si decimos que es para ti... - Clara lo piensa y a "Sara" le da un escalofrío. - Prácticamente te pondremos en la mira de los servicios secretos de la CIA y el pentágono.
- ¿De-de verdad? - "Sara" está un poco atónita y hasta le tiemblan un poco las piernas. - ¿Tan importante es esta misión que haces?
- Pues si, podríamos estar detrás de una secta terrorista o una red de cazarrecompensas - Clara nota el temor en su amiga, así que decide cambiar el curso de la conversación. - Pero claro, eso es sin mencionar que me lo debes porque es tu culpa que yo tenga menos dinero del que debería.
- ¿Perdona? - Sara se lleva una mano al pecho con modestia.
- Pues si, ¿Quién fue la que me llevó a comer tres veces para que yo pagara mi parte? Y dos de esas en tu cumpleaños, ahí deberías haberme invitado por mera cortesía.
- En los cumpleaños solo se invita si traes regalo - réplica "Sara" con pura intuición.
- Te di unos guantes tácticos que valen más que tu matrícula universitaria - dice Clara acercando la cabeza y sonriendo triunfal, ante esto no hay réplica. - Es más, le he pedido a Reichel que te traiga unos guantes dorados de esos que querías, doble regalo, ¿El colchón no te parece ahora tan exagerado, verdad?
- ¡Por las nubes victoriosas! - exclama "Sara" en un suspiro. - Que persistente puedes llegar a ser.
- Solo hago mi trabajo - dice Clara mientras realiza una pose de saludo a la bandera. - Y por mi patria y mi honor que por mi trabajo hago lo que sea necesario... Lo que sea - esa última afirmación la dice en un tono tan frío que podría haber acabado con el calentamiento global.
- Vale, tampoco hace falta que te pongas en plan sicario patriota - "Sara" pone unos ojos en blanco que tratan de disimular el miedo. - Entonces que, ¿Cuando quieres ir a comprar el colchón?
- Este miércoles.
- Sabía que dirías eso - "Sara" se lleva una palma a la cara mientras niega. - Así que resulta que la razón por la que vas a clase solo un día a la semana es por falta de dinero y no por clases partidas, ¿E? - "Sara" se aparta unos dedos de la cara y sonríe.
- El salario de un agente como yo es poco porque no podemos quejarnos.
- ¿Por qué no?
- ¿A quien me voy a quejar? ¿Al gobierno? ¡Pero si son mis jefes! - Clara alza sus manos al techo como si suplicara. - Además, no tengo ni siquiera forma de chantajearlos y si empezara a soltar información por ahí solo sería otro loco de la conspiración.
- Podrías presentarte en un programa en vivo y empezar a cambiar de forma - dice "Sara" encogiéndose de hombros.
- Eso lo único que lograría es una histeria colectiva y desastres que no van a ninguna parte. Además, no estoy totalmente seguro de no tener ahora mismo un chip irrastreable en mi organismo que les permita saber en todo momento donde estoy - Clara se rasca el brazo y "Sara" no puede evitar sentir picores. - Pero bueno, no solo he venido a eso, vengo a proponerte otra misión.
- Un momento, antes de que cambies de tema, si compras el colchón el miércoles, ¿Exactamente como te lo vas a traer? No te van a dejar meterlo en el autobús - pregunta "Sara" mientras retrae más las piernas en una especie de yoga raro que solo ella entiende.
- Me lo voy a traer andando - dice Clara sin pestañear.
- Ja ja - la risa sarcástica de "Sara" sale sin fuerza. - Ya enserio, ¿Qué tienes pensado?
Claridad no contesta, solo continúa mirando a "Sara", cambiando su enfoque de sus ojos a su frente. "Sara" siente incomodidad de inmediato, y piensa muy seriamente si tirarle algo para que pare, pero lo único que tiene a su alcance es el reloj de la mesita o el almohadon.
"Seguro que lo esquiva", piensa antes de estirar la mano.
- Un momento, ¿Por qué necesitas otro colchón? Antes has dicho que dormías directamente en la tierra.
- No lo hacía por gusto, si no por el bien de una misión.
- ¡Pero si ahora también estás en una misión! - "Sara" le increpa con un dedo.
- ¡Shh! - Clara la manda callar su pequeño grito con un dedo en sus propios labios. - Para, que en esta casa las paredes escuchan - Clara sonríe sin quitarse el dedo. - Volviendo a lo importante, tengo una misión para ti, este lunes, si puedes, me gustaría que tuvieras una tutoría con el profesor Caminos y trates de averiguar algo sospechoso de él, para saber si es cazarecompensas como sospecho.
- ¿Qué? ¿Y tengo que ir sola?
- Bueno, estuve reflexionando sobre lo que dijiste de Mister platanito y que estés aquí intacta es la prueba de que no les interesas, eres la alianza menos sospechosa que tengo.
"Sara" se guardó sus pensamientos sobre ese argumento para ir directamente a lo importante. - Vamos a ver - se llevó una mano a la frente y cerró los ojos para pensar. - ¿Cuando?
- Este lunes.
- No puedo.
- ¿Cómo que no puedes? Le pides una tutoría después de clases y miras su comportamiento, es simple - Clara gesticula con los brazos abiertos.
- No, no lo es porque los lunes tengo que tomar temprano el autobús y no me voy a estar hasta las seis porque tú quieras.
- Coloréame sorprendida - dice Clara en un tono lento. - Eso es exactamente lo que haces la mayoría de los días.
- Pues si, pero no voy a desperdiciar uno solo para una sospecha infundada tuya, para eso vas a una tutoría tú y te vuelves andando.
- ¿Y si resulta que si es un cazarrecompensas y me tiende una trampa a solas en su despacho?
- Pues habla con él en la entrada - "Sara" hace un movimiento de reproche. - Solo estás poniendo escusas para no moverte.
- Podría tener los huesos dolidos y tal vez no terminen de sanar hasta el jueves - dice Clara señalándose una pierna.
- ¿Entonces por qué quieres ir a comprar un colchón el miércoles? Vas a tener que cargar con él de regreso con huesos que aún no se han curado - "Sara" acerca la cabeza aún más acusativa y con un ojo a medio cerrar.
- ¡Maldita sea! - dice Clara inclinándose hacia atrás derrotada. - ¿Es que tú tienes que cuestionarlo todo?
- Si tú me das malas escusas, yo atacaré con buenas respuestas - Sara se cruza de brazos orgullosa.
- Bueno, bien, pues ya sabes mis intenciones, ¿Qué propuesta tienes para ayudar?
- Mmmm - "Sara" piensa un poco mirándose a los pies. - Para empezar, vamos a ir a una tutoría los dos, y digo "los" porque tú irás siendo Martín, si de verdad es un caza recompensas eso le pondrá más nervioso. Segundo - dice Sara levantando la mano con dos dedos alzados - vamos el viernes, es el día que mejor me viene, normalmente estoy en la biblioteca cuando acaban las clases, así que en lugar de eso iremos a la tutoría y a ti te viene bien porque ya estarás totalmente curado.
- Bien, pero entonces el miércoles no voy que tengo que ahorrar dinero.
- De acuerdo, tercero - "Sara" levanta otro dedo. - Vamos a comprar el colchón pero tú regresas andando solo, porque yo tengo que ir a ver a mi hermana y prefiero regresar en autobús.
- Totalmente de acuerdo - Clara asiente. - Supongo que también querrás que compre el colchón más barato.
- Hombre - "Sara" hace un pequeño bailecito de cabeza. - Sería lo suyo, no está bien sacarle dinero a alguien por un favor.
- Correcto, correcto - Clara asiente mientras se levanta de la silla. - Pues con esto se finaliza nuestra conversación.
- Oye, una cosa más, ¿He pasado la prueba?
Claridad la mira por el rabillo del ojo y sonríe en un prominente lateral. "Sara" toma eso como respuesta, una señal que dice "bien hecho, sigues dentro".
De camino hacia su casa en el bosque Martín solo puede pensar, "mierda, espero por el querido paraíso que los colchones de siete pies sigan siendo baratos".
Capítulo 28: ¿Por qué los osos no ven el cepo?
Jueves 27 de febrero, 11 de la mañana.
Un cura y un jefe de obras hablan a la entrada de una iglesia pagana, el jefe es un hombre de familia con dos hijos, de buen comer y creyente, aunque no practicante. El cura es Florencio, mira con completa calma al hombre a su lado que está haciendo cálculos de cabeza, con una libreta y un bolígrafo retráctil.
- Pues no sé, hombre - dice el jefe de obras dándose dos toques con el boli en el casco, a ese acto le acompaña un "click, click" propio del bolígrafo. - No es que quiera darle un precio alto solo para molestar pero esta reparación no va a ser precisamente barata.
- Sea directo - es lo único que dice Florencio.
- Pues verá, es complicado - "click click" dice el bolígrafo en el casco. - Veo que tubo permiso para construir aquí pero es una institución privada, no recibirá apoyo del estado - click click - aparte los pilares de carga están muy gastados, se pueden caer en las remodelaciones, sinceramente padre, le sale más rentable vender el terreno para que lo destruyan que pagar para que reconstruyan la parte rota.
- Escúcheme - dice Florencio con un timbre frío. - ¿Creé que si tan siquiera tuviera la idea de vender este terreno le hubiera llamado? Haga bien su trabajo y deme un presupuesto.
- Padre no se enfade - click click - solo trato de ser realista con usted, si quisiera mentirle diría que hay solución y que cuesta 30 millones de cantos, pero como soy hombre de bien, padre...
Florencio atrapa la muñeca del jefe de obras antes de que la mueva y vuelva a hacer ese molesto sonido con el bolígrafo.
- ¿Me he follado acaso a tu madre para que puedas llamarme padre? - dice Florencio con una pasividad que esconde violencia.
- ¡Oiga! - el jefe de obras da un manotazo y se libra del agarre. - Trataba de ser respetuoso - frunce el ceño y aprieta el puño contrario.
- El término correcto es coronel, estando en mi templo se hace lo que yo diga - dice Florencio, ocultando sus manos en las mangas de su sotana.
El jefe mira al rostro de Florencio, de pocas arrugas pese a rondar los cincuenta, serio, como si toda su vida transcurriera en un funeral. Aprieta a un más el puño, pero es de impotencia, extrañamente percibe que el agarre de antes no era ni una fracción de la fuerza que podía llegar a tener este hombre.
- ¿Pero, pero quién se ha creído que es? Ser dirigente de una secta no le da ninguna potestad sobre mí - le responde el jefe con los resquicios de valentía que encuentra.
- "Potestad", que palabra más culta para alguien como tú - Florencio se pone recto y estira el cuello. - ¿Tendría que ser a caso una pizza familiar para que me hicieras caso? ¿O quizás seis paquetes de cerveza para que las palabras que transmito si sean de su interés?
Estas frases, que en cualquier otro contexto serían cómicas, denotan una extraña perseverancia en el fluir que las hace más hirientes que sarcásticas.
- Dígame cuánto quiere robarme, no tengo todo el día - insiste Florencio.
- Se-serían 53 mil cantos al contado, aunque también puede pagar por partes en un plazo de tres meses que es más o menos lo que tardaremos en arreglar todo y reforzar los pilares de carga - dice el jefe perdiendo sus ojos en la acera.
- Vuelva mañana con su equipo y le pagaré todo de una - son las últimas declaraciones de Florencio.
El jefe de obras ni siquiera piensa en replicar cuando Florencio le da la espalda y se encamina hacia su sacristía.
"Este país nunca debió ser laico, permitir la libertad de culto a estos majaderos, donde vamos a parar", piensa el jefe de obras. "Ojalá le caiga el techo encima y lo mate" se dice mientras se dirige a su coche para dejar atrás ese templo pagano lo antes posible.
Los zapatos de Florencio rechinan sobre la gigantesca placa de metal que un día fue la puerta de su casa, las piedras aún están desparramadas pero el polvo tapó los restos de sangre, solo hay manchas que pueden ser confundidas con humedad.
"¿Qué pasó aquí mi coronel?" Eso le preguntó un agente de policía.
"No lo sé, solo estaba aquí con mis lecturas cuando alguien derribó la puerta con lo que pareció dinamita", les respondió casi llorando.
"Nunca llores delante de una mujer, no muestres tus sentimientos delante de una mujer, ellas dicen que puedes abrirte pero es mentira, solo quieren saber tus puntos vulnerables para hacerte daño después. Yo nunca lloré delante de tu madre y por eso tuvimos 17 hermosos hijos, una pena que muriera en el parto del 18", eso es lo que siempre le decía su padre.
"¿Pero tú no lloraste la muerte de mamá?" Le preguntaba Florencio.
"Muchísimo hijo, pero solo delante de los médicos, todos hombres, porque solo los buenos hombres que trabajan al servicio de este país merecen ver tus lágrimas", entonces su padre recargaba una flema y escupía. "Pero ten cuidado hijo, porque también habrá malos hombres que trabajen al servicio de este país y que usarán tu llanto para aprovecharse de tí, esos son los peores, perores que las malas mujeres incluso".
Florencio terminó de recordar y miró a la estatua del ángel, la que aún tenía la escopeta. Con la entrada abierta y la cúpula recibiendo la luz de lo que casi era un medio día, Florencio solo podía deleitarse viendo el negro azabache que formaba el cañón del arma.
"Recuerda hijo, las escopetas no son ni buenas ni malas, son solo herramientas, no culpes al arma sino a quién la empuña", eso también recordaba habérselo oído a su padre.
Cuanto silencio lo acogía, demasiado.
- ¿Estás ahí, Lilith? - gritó sin eco. - Se ha ido... ¿En pleno día?
Florencio no sabía que Lilith podía hacer eso, desde que la invocaron se había comportado como el estereotipo de los vampiros, de sangre fría, seductora y muy persuasiva.
- Ese libre albedrío es peligroso - pensó de ella mientras miraba la marca profunda de uñas que dejó en la pilastra. - Marcas de garras, como las de un oso.
Otro recuerdo pasó por la mente de Florencio, cuando tenía 14 fue a cazar con su padre a un bosque y este colocó un cepo para osos en medio de un terreno con árboles marcados.
- ¿Por qué haces eso papá? - preguntó Florencio cuando vio a su padre restregar una camiseta sudada en un árbol.
- Porque este es territorio de osos hijo y todo olor que no sea suyo los atrae, ¿No lo ves? - dijo señalando con un dedo las marcas verticales de un árbol. - Los osos generalmente no marcan árboles a no ser que estén bien asentados en un territorio, es una forma de decir "esto es mío y esto es lo que muestro".
- ¿Y por qué pones el cepo en el suelo papá?
- Hijo mío - dijo su padre poniéndole una mano en el brazo. - Ni tú ni yo podemos ganar a un oso a corta distancia, corremos el riesgo de fallar si solo llevamos nuestra escopeta. Que te quede claro, el oso es un animal muy listo, más listo que cualquiera de los idiotas del pueblo y desde luego más listo que los mercaderes que pagan tanto por su piel, pues si no lo fuera los cazarían ellos y no nosotros.
- ¿Y entonces por qué caen en una trampa tan grande y obvia?
- Porque así como el oso es poderoso, es confiado, siempre mira al frente para destrozar lo que se le ponga por delante, pero no mira arriba ya que no aspira a más y no mira a bajo nada más que para comer, por eso no ve todo aquello que pasa por debajo de él a no ser que le interese.
- ¿Y una trampa mortal no le interesa?
- No tanto como marcar su territorio y demostrar quien manda, eso lo deja vulnerable a mí trampa y mi herramienta favorita - dijo mientras se echaba su escopeta al hombro.
Florencio sale de sus recuerdos y se dirige a los bancos de primera fila. - Eras un hombre sabio, papá - le confiesa a la iglesia vacía. - Que razón tuviste al decirme que en este mundo solo estás seguro siendo cura o millonario, la ciencia no me hizo millonario, pero la fé en la verdad tras ese poema me hará libre a mí y a todo el que la comparta - Florencio junta sus manos en señal de penitencia y eleva una plegaria en silencio.
Después de esto se levantó, siguió el camino de la alfombra y dio un punta pie a la parte final, una madera a punto de astillarse le respondió con un rechinar propio del óxido, la levantó y se adentró en la oscuridad.
Nada, caminó por los túneles de aquella vieja catacumba sin ninguna luz y sin más ruido que el de sus pasos. Lilith definitivamente no estaba allí.
- Entonces será cierto, las leyendas se adaptan a los tiempos que corren - pasó dos dedos de su mano derecha por el logotipo bordado de plata de su sotana. - Solo la verdad prevalece inalterable.
Florencio dejó los túneles y volvió en dirección a la sacristía, se pasaría el resto del día leyendo sobre civilizaciones perdidas y las verdades ocultas tras estos acontecimientos.
Capítulo 29: que sueñes con los angelitos.
Las nubes te hablan desde lo alto de las montañas, su brillo blanco y victorioso me transmite un mensaje. Te dice: "No tengas miedo".
Veo como surgen pequeños destellos de oro, giran en la órbita de una rueda prendida fuego y pestañean.
No son brillos, son pupilas.
Atónito, escuchas otra voz que te llama, es una voz que no escuchabas desde hace 17 años, una voz que día tras día buscas en otras mujeres.
"Pues yo creo que a tí si te quedaría bien una cresta punk", te dice Oricia.
Y tú, cómo el tonto enamorado que eres la sonríes y dices: "antes preferiría que San Sebastián me dejara sus flechas para yo mismo clabarlas en mi corazón con las manos".
"No hay quien pueda contigo, ¿Verdad?" Te comenta mientras se ríe en la mano.
"Je, a ti si que te quedaría bien, así, medio calva", dices mientras le pasas una mano por sus dulces cabellos castaños y acaricias su piel de mulata. "Pero bueno, tú te verías bien hasta con un saco de patatas en la cabeza", le sonríes y ella aprecia tu cumplido.
Luego os besais, ella te besa con todo el amor que tiene y tú la correspondes como si fuera la última vez que la besaras, sin saber aún que efectivamente será la última vez que la beses, pero no será la última vez que la besen esa noche.
"Qué historia de amor más bonita", te dice Lilith.
Entonces tu cabeza parece tener visiones, ves a un ángel albino de zapatos rojos maldecir a una puerta abierta, escuchas el cielo abrirse junto a unas trompetas que resuenan desde todas las esquinas del mundo y ves a un ángel con un arma de fuego derribar aviones a disparos.
- ¡Aaa! ¡Por la puta madre! - grita Sebastián de los Amores Hermosos despertándose de golpe. Su corazón va a 10.000 kilómetros por hora y está tan sudado que parece que se haya metido a la cama sin secarse después de una ducha.
En una de las cuatro esquinas de su habitación hay alguien que no debería estar allí, es una mujer de piel escamosa, melena de fuego larga y viste solo con un jersey amarillo rasgado por la fuerza de sus músculos.
- ¿Qué tal has dormido, mi vida? - pregunta Lilith contemplándose en el reflejo de una ventana.
- ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es? - dice Sebastián tapándose con las sábanas.
- Son las doce de la mañana, si que tienes un sueño profundo, ¿No, cielo? - Lilith ve con curiosidad su reflejo facial.
- ¿Cómo es que puedes estar aquí? ¿Porque te reflejas? - pregunta Sebastián mirando hacia todos los lugares.
- La única razón por la cual los vampiros no se reflejaban en los espejos es porque eran de plata - Lilith gira su cara para solo mostrar un lateral con ojos de fuego. - Respecto a que hago aquí, es simple, mami no podía aguantar tantos días estando lejos de su polluelo.
Sebastián acostumbraba a dormir de la misma forma que vino al mundo, así que se tapó hasta lo alto del pecho con la sábana cuando Lilith empezó a avanzar hacia él. Todavía no se había arreglado, tenía el pelo suelto en una suerte de mojón rojo que se desparramaba por ambos lados de su cara y se sacudían mientras parecía estar mirando hacia los lados.
- ¿Buscas esto? - Lilith sacó un guante de cetrería del bolsillo de su jersey. - O tal vez, buscas, ajam, ajam - empezó a sufrir arcadas antes de vomitar 5 puntas de flechas en la cama de Sebastián junto a restos de sangre y fluido intestinal.
- Joder, carajo - Sebastián salió de la cama de un salto, tapando su intimidad en todo momento con la mano izquierda. - Eso me lo vas a limpiar - le dice en una voz que no suena tan amenazante como esperaba.
- Eso que has visto en tu sueño - dice Lilith ignorándolo. - Eso que considerarás una simple pesadilla, es lo que Florencio esta buscando, no te está pagando para que te encargues de un yanki...
- No me está pagando en absoluto - respondió Sebastián cortante.
Lilith lo miró, buscaba mentiras en él, no encontró nada. Sebastián al ver a la mujer serpiente congelarse empezó a moverse en zancadas como un cangrejo para abrir su armario empotrado y pillar un par de calzoncillos que parecían bermudas.
- No lo entiendo - dice Lilith al fin. - Creí que yo entendía de tratos, ¿Por qué arriesgar tu vida contra el cambia formas si no te va a pagar nada?
- Me va a pagar cuando le mate, sino, yo le mataré a él - dice Sebastián sacando dos perchas con camisetas colgando. - Normalmente exijo la mitad del precio por adelantado, pero Florencio no es tonto, sabe que si me da la mitad de todo lo que me ha prometido, hago las maletas y me voy, es una cantidad muy grande.
- ¿Y como sabes que puede pagartela? - Lilith mira todas las camisetas de Sebastián. - Usa la camiseta azul, realza tus ojos.
- Si, eso pensaba - Sebastián deja una en el perchero y analizando la otra como si se tratara de un problema de trigonometría. - Respondiendo a tu pregunta, digamos que me ha dado pruebas, que tal vez todo el presupuesto privado que se destina a la iglesia del ángel no se usa en la iglesia del ángel.
Sebastián tira la camiseta al aire quitando la percha y se la coloca introduciendo los dos brazos desde abajo mientras cae.
- Impresionante - dice Lilith tanto por la maniobra de vestir como por la respuesta de Sebastián. - ¿Así que solo lo haces por el amor al dinero? - Lilith se relame la boca con su lengua bífida.
- Saliste por su cabeza, deberías saberlo - Sebastián ahora busca un adecuado par de pantalones.
- Yo solo se de él lo que él cree saber de mí - dice Lilith avanzando hasta Sebastián. - También se lo que tú opinas de mí.
Lilith aprieta una nalga de Sebastián y este salta cómicamente hacia un lado con un vaquero en la mano, como si fuera un gato de caricatura que se ha pinchado al sentarse en una chincheta.
- No hagas eso - dice Sebastián más avergonzado que enojado.
- ¿No te gustó cabalgar conmigo? - dice Lilith con una sonrisa coqueta.
- Lo hice por poder y en menor medida por dinero, jotadas las justas conmigo - Sebastián se rasca donde había sido mancillado.
- Dinero y poder... Que interesante - Lilith vuelve a relamerse los labios. - Cuando yo reinaba en la tierra solo había dos leyes, sexo y guerra, nadie necesitaba más que eso.
- Poder, sexo y ley, es lo único que rige el mundo, y tengo mis dudas sobre la tercera - dice Sebastián ajustándose el cinturón. - Por eso hago lo que hago.
- ¿Y has pensado en ir a terapia? - pregunta Lilith con una sonrisa juguetona.
- La terapia no paga las facturas, solo me dice lo que quiero oír y luego me cobra - ya vestido Sebastián está por salir del cuarto. - Y eso - dice señalando a la mancha de vómito - más te vale que esté limpio para cuando vuelva. Son sábanas de diseño.
Lilith se ríe, sabe perfectamente que no es verdad, aunque le gusta esa actitud ruda pero condescendiente.
Sebastián vivía en un departamento bien amueblado del rascacielos más grande de Elcoka, llevaba tres años viviendo allí y solo tenía que abandonarlo cuando lo llamaban de algún lado. Cobraba una media de 70.000 dólares estadounidenses por su oficio, lo cual al cambio de moneda era una burrada de dinero de la cual no declaraba ni la mitad.
Su vivienda solo tenía tres habitaciones principales, el dormitorio, el salón y la cocina, el cuarto de baño estaba en un cubículo diminuto al lado de su habitación.
Camina descalzo por la moqueta de falsa madera y bosteza aunque el frió le quita el sueño. Lilith lo segue, a pesar de tener pies, se desplaza rectando detrás de él de una forma que la física no puede explicar.
Lo acompañó hasta la cocina, allí Sebastián abre un estante donde solo guardaba cereales ante la atenta pupila vertical de Lilith que no le quita el ojo de encima. Sebastián toma una caja de Cereales Flips, ya estaba abierta y los cereales estaban dentro de la caja literalmente, los había sacado de la bolsa de plástico y los había puesto directamente en el cartón.
- Eso no me parece sano - Lilith ve como Sebastián se lleva un puñado a la boca.
- Es la mejor forma, si no los micro plásticos te joden el sistema digestivo - dijo después de masticar. - En fin, puesto que ya veo tu nula intención de limpiarme la cama, explícame exactamente que quieres.
- Un trato - Lilith lanza una mirada mordaz. - Lo que viste en tu sueño es una fisura, una pequeña abertura entre tu mente, tu cuerpo y el más allá - gesticula como si agarrase un pelo diminuto. - Hay hombres que pagarían cantidades inimaginables por un miserable fragmento de lo que tú has visto hoy, pocos hombres son capaces de mantener la cordura mirando a esas ruedas celestiales.
- ¿Eso te incluye a ti? - preguntó Sebastián arqueando una ceja.
- Yo no soy un hombre - respondió Lilith con un tono que casi parecía de enfado. - Yo fui la primera mujer en abandonar el paraíso. Yo fui la primera que miró sus espadas de fuego y se rió de ellas, ¿Por qué ser otra madre de los hombres cuando podía ser la madre de los demonios?
- ¿Y se lo montan bien? - dice Sebastián llevándose otro puñado a la boca.
- Horas largas y semen frío, ¿Te suena?
- Estoy comiendo - dice Sebastián dejando la caja en la encimera. - Bueno, deja de darle vueltas, ¿Eso es lo que me ofreces? ¿Visiones lúcidas de ruedas con ojos?
- ¿Y si te ofreciera algo que no se puede pagar con dinero?
- ¿El qué? ¿Tu cuerpo serpentino? - dice Sebastián mirando de arriba a bajo. - No me interesan las posibles E T S que porten unas curvas tan recorridas.
Los ojos de Sebastián ni siquiera vieron como la uña de Lilith salía de sus manos, apoyándose en su vena aorta como una daga en el cuello de una dama en apuros. - Otra broma desprestigiándome por mi vida sexual y puedes ir despidiéndote de tu vena yugular interna - las palabras de Lilith eran duras pese a no perder la sonrisa.
"Esas son palabras muy específicas para un demonio cananeo", piensa Sebastián con unos ojos temblorosos.
- Vale, pará wacha, era broma - Sebastián traga saliva mientras pone las manos en alto.
Lilith se ríe de buena gana y baja la mano, le hace mucha gracia como el acento de Sebastián cambia a gusto para sonar convincente.
- No obstante, no me estoy refiriendo a mi cuerpo, ¿Qué darías para volver a estar con ella?
Sebastián no responde, mira a Lilith y como la misma se desliza a su alrededor hasta poner sus manos en sus hombros. Una gota de sudor frío recorre el cuello de Sebastián y Lilith la lame mientras resbala.
Sebastián se aparta en un movimiento que parece sacado de un baile de flamenco, no empuja a Lilith porque aún le funciona medio cerebro, no por falta de ganas.
- No vas a engañarme chamaca - dice mientras gesticula como si apartase el aire de un manotazo. - Tú no puedes hacer milagros, no puedes revivir personas, Florencio ya nos dijo que no tienes más poder sobre nosotros del que nosotros te otorgamos.
- O, Sebastián - dice Lilith desplazando su índice por su labio. - Pero tú ya me has ofrecido mucho - aprieta su mano vacía, como si tratara de romper el aire.
- Aggg, joder, carajo - Sebastián cae de inmediato de rodillas, le falta el aire y nota como si toda su pelvis fuera golpeada con una barra de hierro.
- Esto es lo que vamos a hacer - dice Lilith poniendose de cuclillas. - Tú y tu actitud de galán me vais a conseguirme un par de mujerzuelas, jóvenes, no aceptaré nada que tenga más de 35 años... No quiero nada forzado, tiene que ser natural y cuando las traigas aquí...
- ¿Qué? ¿Las morderas y las absorberás la belleza? - dice Sebastián alzando el cuello todo lo que puede.
- Has visto demasiadas películas - dice Lilith tomándolo del mentón con el pulgar y el índice. - Lo único que necesito de ellas es su pasión, saldrán de aquí igual de felices que como entraron, el resto de partes del trato ya las irás descubriendo.
Lilith se incorpora mientras Sebastián jadea, el dolor a terminado pero su cuerpo siente cierta resaca. Aún no puede ponerse de pie y apoya todo su peso en una rodilla.
- Y si digo que no acepto el trato - dice Sebastián entre dientes. - Y si te mando a tomar por culo ahora mismo, ¿Qué? ¿Me matarás?
- No vas a hacerlo, porque te conozco Sebastián, eres un hombre superficial - mientras él se levanta Lilith no deja de mirarlo a los ojos. - Eres esa clase de hombre que prefiere vivir una bonita mentira antes que una cruel realidad, ¿O me equivoco?
Sebastián trató de ser firme, trasmitir confianza en una mirada intimidante, pero no lograba nada. Lilith estaba tan tranquila como una avispa en primavera.
- ¿Me equivoco? - volvió a preguntar.
- No... - dice Sebastián en un suspiro.
Capítulo 30: hay filosofía debajo de mi cama. Parte 1.
Este si sería un viernes excepcional, o al menos, menos común que el resto de viernes.
Aún no había empezado el calor fuerte por lo que "Sara" siguió llevando su jersey fino y su diadema de tela junto a un pantalón vaquero y deportivas.
Claridad estaba en la parada, con la misma camiseta que el sábado pero con una falda nueva, era lila. Estar más pendiente de su ropa hizo que "Sara" se preguntara si Claridad la limpiaba, o como hacía para no llenarla de sangre cuando la guardaba dentro de ella.
- Buenos días, mejor amiga - dice "Sara" guiñándole un ojo.
- Buenos días, mejor amiga - responde Clara con una sonrisa. - ¿Cómo ha estado tu semana?
- El lunes te contaré, todavía no ha acabado - dice "Sara" devolviéndole la sonrisa.
La conversación no llega a más pues prácticamente un minuto después llega el autobús, hoy parece que ha llegado antes.
Cuando van subiendo, "Sara" pasa primero. - Buenos días, a Elcoka, por favor - dice enseñando las tarjetas correspondientes.
- Buenos días - dice el conductor sin mirarla mientras le cobra.
Con Claridad se repite una situación parecida. Cuanto se sientan en los asientos de tercera fila, Claridad no le quita los ojos de encima con una mirada entre cerrada.
- ¿Qué pasa, también sospechas de él? - dice Sara mirando de reojo al conductor.
No era un hombre muy destacable, metros setenta y poco, camisa de cuadros, calva con cortinilla. "Sara" calcula que en unos 5 años se jubila.
- No me ha dirigido la mirada mientras cobraba y ahora que el autobús arranca está mirando el teléfono de vez en cuando - Clara afina a un más la vista. - Eso es sospechoso.
- No es sospechoso, es Rufino - "Sara" empuja suavemente el hombro y susurra. - Y deberías parar, la que levanta sospechas ahora eres tú diciendo eso en alto.
Clara alzó las cejas y miró lo más disimuladamente que pudo de delante a atrás del autobús. Nadie le había prestado atención, pero si que había tres cabezas giradas, dos viejas chismosas y un chaval de ojos rojos que iba oliendo a bosque, si sabes a qué me refiero. Claridad rectificó y se acomodó en su asiento lo más recta que pudo.
- Sigue siendo un comportamiento raro - susurró. - En carretera no puedes manejar con el teléfono en la mano.
- Va, eso pasa siempre, yo lo llamo "la paradoja del conductor con el móvil", porque todos los conductores lo hacen pero cuando se denuncia alguno lo único que se consigue son más accidentes ya que en lugar de dejar de usar el móvil lo miran más veces mientras miran la carretera y la vista se les distrae, por eso chocan - explicó "Sara".
"Solo le faltan unas gafas nerd y unos dientes de castor", pensó Clara.
Después de 10 minutos de viaje "Sara" se durmió sobre el cristal y Claridad ya tenía puestos los auriculares.
Llegaron tres minutos antes de lo previsto a la estación.
- Despierta bella durmiente - dice Clara empujando con suavidad el brazo de "Sara".
- Emms - "Sara" medio risueña abre los ojos para contemplar la ventana del autobús con la que había estado a poco de estampar los labios.
Con la mirada medio borrosa, lo primero que ve nada más abrir los ojos es a una pareja dándose el lote en la estación, parecen dos chicas jóvenes, una bajita y regordeta y la otra más alta con el pelo rosa. - Euj - "Sara" pone una mueca de asco mientras se despereza.
- ¿Qué pasa, porque esa cara? - dice Clara mirando sobre su hombro para ver la escena antes de que las dos chicas de fuera se despidan. - ¿Te molesta eso?
- ¿Qué? - dice Sara volviendo en si. - Por supuesto que no.
- ¿Y por qué la cara de asco?
- ¿De qué estás...? - Algunas personas que pasaban por el pasillo la miraron de reojo. - Solo me estaba despertando, no digas tonterías.
- Está bien, nadie te está increpando - dice Clara mientras se levanta con una sonrisa.
- Ya, pero estás dando a entender de mí cosas que no son - dice "Sara" mientras la sigue por el pasillo hasta salir del autobús.
- Yo solo hago preguntas, para eso me pagan.
- A ver, pero no hagas preguntas tan raras tampoco.
- ¿Por qué? ¿Qué te ha molestado de mi pregunta? - dice Clara mientras anda por delante en las escaleras de la estación.
- Nada, es solo que ha sido repentina y has sacado conclusiones erróneas - dice "Sara" mientras le alcanza el paso. - Pero ya no importa.
- ¿Entonces por qué sigues hablando de ello si no importa?
- Solo lo estoy aclarando - matiza "Sara" como si cortara madera en su palma.
- ¿Por qué aclarar algo que no importa? - sigue Clara sin girarse aún.
- Pues precisamente por eso, para que no haya malentendidos por algo que no es importante. Así que dejemos el tema.
- Eres tú quien sigue - Clara canturrea acentuando su sonrisa.
- Por qué tú sigues preguntando.
- Si, es un juego psicológico y una muestra básica de cómo obtener confesiones - dice Clara girándose de repente. - Y no es lo único, mira dónde estás.
"Sara" pone una cara que representa extrañeza, ¿Cómo que donde estaba? Estaba en Elcoka, camino a la universidad, rodeada de casas de dos plantas y suelo empedrado.
- O, valla... - murmura mirando el suelo.
Estaban al principio de lo que era el camino largo para llegar a la universidad, el que se alejaba un poco más y te llevaba por el casco antiguo. Ese que Claridad usó el primer día.
- La gente está más predispuesta a seguirte si te presta más atención a ti que a sus pasos - dice Clara echando a andar hacia delante para tomar el camino más corto.
- Pues eso ha sido, ems - "Sara" trató de buscar las palabras adecuadas. - Bueno, simplemente ha sido raro, ¿De que sirve eso? O mejor, ¿A que viene esto?
Ambas tomaron recompostura y empezaron a ir por el camino corto. Claridad iba delante y mucho más lento de lo que acostumbraba, iba a dar cátedra a su amiga.
- Bueno, no es que te vaya a ser muy útil en una batalla campal, naturalmente - confesó Clara mientras "Sara" se ponía a su altura. - Pero son trucos básicos que te enseñan para evitar emboscadas, cuando tengas una conversación con alguien, incluso si crees que tienes su confianza, lo mejor es quedarse quietos en un lugar. Te sorprendería la cantidad de puntos ciegos que tiene la gente mientras camina, a veces no ven ni lo que tienen delante.
- Si, me lo creo - "Sara" muestra un poco de sus encías en la sonrisa cuando recuerda el clásico video de un hombre que por ir ablando se choca con una farola.
- Es importante que sepas cómo interrogar, no todos los interrogatorios se pueden realizar en una sala cerrada que favorezca tu posición - Clara fue bajando su volumen de voz conforme se acercaban a personas que pasaban por ahí. - Quizás esto no te lo debería decir en mitad de la calle.
- ¡Nooo! ¿Tú crees? - pregunta "Sara" sarcásticamente.
- Si, es bastante imprudente de mi parte pero es que el autobús tampoco me parecía buen lugar. Yo no contaba con que los viernes hubiera tanta gente en la calle.
- Clara, estoy siendo sarcástica - "Sara" pone los ojos en blanco. - Pero tampoco creo yo que hoy haya más gente que en cualquier otro día, quizás cuando más fallan son los sábados.
- Como sea, a lo que me refiero es que dejes que Martín lleve la voz principal para las preguntas importantes en la tutoría de hoy.
- ¿Entonces yo solo voy como escudo humano? - aunque "Sara" lo susurra, se nota cierto toque de indignación.
- No lo digas así, tú vas para sacar un buen tema y que no ataque, yo hago las preguntas adecuadas para sacar la información - Clara se para y le extiende una mano a "Sara". - ¿Hay trato?
"Sara" se gira un poco avergonzada, detecta como una señora mayor que estaba regando las plantas de su balcón es testigo de todo.
- Vale, vale - "Sara" le estrecha la mano de vuelta. - Válgame el cielo, que dramático eres cuando quieres.
Una vez llegaron a la universidad se pusieron en su mesa de siempre y Abraham no tardó mucho en llegar, se sentó a la izquierda de "Sara" para no variar.
- Vaya Claridad, que raro verte por aquí - es lo primero que dice Abraham.
- Llámame Clara - interrumpe de inmediato.
- Eso, perdón, soy malo con los nombres - Abraham rectifica. - ¿Qué haces por aquí? Pensé que los viernes no venías.
- Estoy interesada en una tutoría con el profesor de filosofía para el curso que viene, me iré a la segunda hora.
- Si - dice Sara uniéndose a la conversación. - Yo también tengo una tutoría con él luego de que acabemos.
- ¿Para que? - pregunta Abraham más perdido que Pinocho el día de la madre.
- Para el trabajo de resumen de la asignatura, ¿No te acuerdas?
- Claro que me acuerdo - dice Abraham rascándose una ceja. - Pero si me lo recordarais tampoco me quejaría.
- Es un trabajo sobre los tres primeros temas, si lo apruebas no caen en el examen - dice "Sara" con la cabeza apoyada en un hombro para mirarle. - De esos temas tienes que elegir uno y relacionarlo con otro tema aparte que te puede dar él, o que puedes proponer tú.
- A si, era eso - dice Abraham como si supiera, aunque se acaba de enterar. - ¿Y ya habéis elegido el tema?
- Como no me preocupa para este año aún no lo he decidido - dice Clara ocultándose en sus hombros encogidos. - ¿Y tú?
- Supongo que tiraré por algo relacionado a la ley y la moral, ¿Y tu "Sara"?
- Aún no me decido, veré que opciones me da en la tutoría - dice relajándose y subiendo los pies a la silla.
A solo cinco minutos de que la clase vaya a empezar, llega Carlos por el pasillo meciendo en arcos suave su ordenador dentro de su funda.
- Míralo - dice "Sara" con una media sonrisa. - Viene como Caperucita con su cesta sabiendo que si el ordenador se golpea es más probable que se rompa la pared.
Abraham y Claridad miran al inicio del pasillo mientras Carlos se detiene en seco y finge sorpresa al mismo tiempo que frunce el ceño.
- ¿Y esta pava? - pregunta con un intento poco ensayado de indignación. - Aunque poca broma porque puede ser verdad.
Carlos camina hacia el lado de Claridad, esta se arrima un poco más a la mesa para que él pase y pueda sentarse mientras deja su ordenador en la mesa.
- ¿Ahora tienes un nuevo corte de barba? - le pregunta Clara mirando más cerca de lo que debería a Carlos, está a solo una palma de tocarlo. - Ha cambiado desde el miércoles pasado.
- Si, bueno, déjame respirar - dice Carlos echando la cabeza un poco hacia atrás.
- Perdón - Clara se retira a su pose anterior. - Estoy sorprendida, se ve muy profesional.
- Pues más le vale, 120 que me sacaron por esto, aunque con el corte de pelo incluido.
Lo cierto es que Carlos era más lampiño que la media, eso no lo hacía muy destacable a los ojos de la mayoría, pero en ese momento se realzaba si lo comparabas con Abraham, que aunque tenía el pelo corto, parecía un casco por la enorme cantidad acumulada, además tenía la barba como si estuviera en proceso de ser un rabino.
- ¿Corte? - pregunta "Sara" con una ceja arqueada. - Más bien segado, parece que te hayan pasado un cortacésped por la cabeza.
- Anda mírala, la modelo de Victoria Secret más amigable del catálogo - dice Carlos mientras sonríe de medio lado. - Perdona a este pobre mortal que no trae la peluca de Hanna Montana de serie, pero con este calor soy yo quien sale ganando estando así.
- ¿Calor? - Sara alza la otra ceja. - Si aún hace frío de enero.
- No "Sara", la verdad es que no - Abraham entra de pronto en la conversación. - Lo que pasa es que las mujeres sois más frías.
Claridad y "Sara" giran su cabeza a la vez para clavar su vista en Abraham, como si fueran águilas frente a un ratón que acaba de revelar su posición con un silbido.
- Zasca, la primera en la frente - dice Carlos en un balanceo que termina en un aplauso. - Eso en mi barrio es denuncia por acoso.
- No lo digo por eso, alelao - dice Abraham poniendo los ojos en blanco para contener una risa. - Es biología pura, las mujeres queman grasas corporales un 23% más despacio que los hombres y por eso son más frías.
- Eso es verdad - afirma Clara con un movimiento de cabeza.
"¿Quién mejor que tú para saberlo, que vives con esos dos diseños de manera casi simultánea?", piensa "Sara".
- Bueno, vale - dice Carlos dándose por vencido. - Pero mínimo admitir que un jersey es exagerado.
- Que va - suelta Sara con un ademán agresivo.
- Si, "Sara" lo es un poco bastante - dice Abraham con un pequeño gesto de afirmación mientras piensa, "y eso que este no la ha visto entrenar con jerseys deportivos puesto, me daba agobio hasta a mí".
- Yo creo que te ves muy "cute" - dice Clara cuando llega su turno de palabra. - Quiero decir, bonita.
Es una afirmación que no lleva ningún mal, pero "Sara" no está acostumbrada a los alagos por su apariencia, la única que dice esas cosas es Susi y lo suele rematar con un; "en el 2010 hubieras sido una sensación". De repente las mejillas de "Sara" se pusieron rojas en contra de su voluntad y se subió el cuello del jersey hasta el inicio de su frente mientras se aferraba a su rodillas.
- Vale, ¿Ya es suficiente no? - dice desde dentro de su caparazón cálido.
- Es que ojo chicos - dice Carlos con una voz burlona. - ¿No sabéis que a "Sara" solo le gustan los cumplidos después de que le canten cumpleaños feliz?
- ¡Ay, cállate! - "Sara" estaba todavía más avergonzada y se tapó los oídos, solo por si a Carlos o a Abraham se les ocurría empezar a cantar.
Claridad contuvo una risa con la palma de la mano y rápidamente cambió de tema, le preguntó a Abraham si había visto algo nuevo de boxeo y la conversación entre Carlos, Abraham y ella tomó un rumbo similar al de la última vez hasta que llegó el profesor de movimientos sociales y "Sara" tubo que desenvolverse en su armadura de tela para meterse en clase.
Lo cierto es que la razón por la que "Sara" se había recluido en su jersey era porque le habían recordado a Mister platanito, ese estúpido, chulo y engreído que por poco la mata, y que aún con todo la había marcado.
"Sara" supo nada más empezar la clase que con esas ideas rondando en su mente no iba a poder concentrarse en la charla sobre los movimientos hippies y su influencia en este país, así que encendió la grabadora del portátil y pensó que ya tomaría notas en su casa.
"Decirle a mi abuela que la quiero", esas fueron las últimas palabras de Mister platanito. También recordaba lo que dijo ella cuando él murió, "!Ay, no! Qué asco!", ¿Así de insensible era con la muerte?
"Para ser justos, no le vi morir propiamente dicho, ni siquiera vi su cuerpo tras el disparo", pensó agachando la cabeza y fingiendo que escribía. "Ha pasado una semana y dos días, no creo que vaya a desarrollar un trauma con esto, pero, ¿Por qué no? ¿A caso soy insensible a la muerte?".
"Sara" se vio tentada a abrir otro archivo y escribirse una carta hacia el futuro, pero se contuvo. Miró sobre su pantalla, exceptuando a Abraham y al gymbro de pelo blanco, toda la clase estaba con el ordenador, aunque no todos estaban tomando notas, una de las chicas de delante estaba jugando al mahjong. No destacaría mucho si empezaba a escribir pero de nuevo se reafirmó en la negativa.
"Siempre creí que mi primera experiencia cercana con la muerte sería con la muerte de alguno de mis abuelos", volvió a bajar los ojos. "Quiero decir, ni siquiera vi su cadáver y fue en legítima defensa, además, Martín dice que tenía varias muertes a sus espaldas. Se dice en la Reina-Valera: "Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán"... Y aún así, eso no cambia el hecho de que matamos a una persona".
"Quién ha hierro mata, a hierro muere".
***
Así pasaron las dos horas, con "Sara" prestando atención a medias mientras tenía remordimientos tardíos por no sentir arrepentimiento de la muerte de un cazarrecompensas punk karateca con nunchakus de dinamita que por poco la mata. Era tan frustrante, casi no había pensado en él en una semana, solo pensar en la descripción de Mister platanito, o tan siquiera su nombre, hacía que el asunto perdiera seriedad, no obstante, seguía rondando por su cabeza.
"Creo que luego trataré de convencer a Martín de que localicemos a su abuela y le mandemos una carta, quizás solo era cazarrecompensas por necesidad".
Cuando terminaron las dos horas de clase de arte, "Sara" empezó a recoger con brío, quería acabar con esto de la tutoría lo antes posible.
- Hola otra vez, Talavera-san - dice una voz detrás de ella.
"Sara" reconoce la voz sin girarse, sabe que es Yonaka y por su tono, y porque es la única que la llama de esa manera. Entonces, "Sara" contiene con mucha fuerza de voluntad las ganas de abofetearse a si misma en la cara, se le había olvidado hacer el grupo que le prometió.
- Oh, ey, hola Yonaka - dice mientras gira con una mueca rota que enmascara su vergüenza. - Te dije que podías llamarme "Sara", no hace falta que seas tan formal.
Tiene que bajar un poco la cabeza para mirar a su compañera uniformada de menor estatura. De nuevo, lo primero que ven sus ojos son las puntiagudas orejas de su sombrero gatuno amarillo.
- Cierto, perdón, "Sara" - Yonaka hace una reverencia de 15 grados que solo consigue que "Sara" se sienta peor, parece como si le estuviera dando órdenes a una niña. - Quería preguntarte sobre el estado de Susana-san, supongo que será grave ya que no vino en toda la semana y no hiciste el grupo.
- Cierto, ruego tu perdón por eso - "Sara" hace una reverencia de 25 grados que aprendió en el jujitsu. - Lo cierto es que si, el estado de Susana ha empeorado, estará en cama mínimo otras dos semanas, tiene Anemia, me lo comentó el lunes.
- ¡Oh cielos! - Yonaka queda pálida y congelada en el sitio con unos ojos enormes. - Eso es muy grabe, y yo aquí pidiendo explicaciones, soy una vergüenza.
- No, no, no digas eso por favor - dice "Sara" gesticulando rápido con las manos. - Soy yo quien se siente avergonzada, debí crear el grupo a tiempo o cuanto mínimo procurar pasarte el móvil de Susi para que tu pudieras crear el grupo. De hecho, basta de excusas, voy a crear el grupo ahora mismo.
Durante unos segundos "Sara" sintió que estaba viviendo en una película, que desde la perspectiva de Yonaka, ella era la típica chica rubia popular con un pretexto narcisista para no juntarse con alguien como ella. Creó el grupo en "cero coma" e inmediatamente agregó tanto a Susi como a Yonaka, luego envío un mensaje etiquetando a Susi para ponerla al día del contexto.
- Perfecto - Yonaka sonríe con la cabeza alta - Iré a la "Biblioteca de La Fortaleza" para buscar bibliografía, muchas gracias "Sara".
La joven rubia hizo un esfuerzo para no reírse de la cara que Yonaka puso para callar el "-san" final que le iba a salir por instinto. Con un simple, "No hay de que", dio por terminada la conversación. Se ajustó el bolso a un brazo y salió del sitio en dirección al despacho del profesor de filosofía.
***
Enfrente del despacho había dos pequeños y ondulados bancos de madera que parecían más incómodos de lo que eran realmente. Martín estaba sentado en uno de ellos, le sacaba casi 30 centímetros al espaldar de lo alto que era y estaba encorvado para no darse con la pared. Naturalmente tenía sus auriculares puestos y si "Sara" hubiera tenido que apostar diría que estaba escuchando la canción de "i'm blue", otra vez, por como movía sutilmente la cabeza y uno de los pies que tenía en su pierna cruzada.
"Muy sutil", pensó "Sara". "No parece, para nada, un chico que busca problemas".
- Ya estoy aquí - dice "Sara" en un tono medio para que Martín la escuche.
- A, al fin llegas - Martín se pone de pie.
"Sara" pone una mueca disimulada. Está tan acostumbrada a la voz de Clara o a la voz más grave de Martín azul que el acento español que Martín humano imita a la perfección suena extraño. Era como ver una serie con un personaje interpretado por el mismo actor pero con un reparto de voz distinto al de la temporada anterior. "Sara" prefiere no pensar mucho en eso, no es que sean tres personalidades, es solo el mismo actor con distinto vestuario.
Sin entablar más conversación, Martín llama al despacho y el profesor Camino desde dentro les dice que pueden pasar. Martín caballerosamente abre la puerta y deja que sea "Sara" quien pase primero saludando al profesor.
El despacho del profesor Camino no era muy ambicioso que digamos, tenía un escritorio con dos sillas (una en la que estaba sentado él y otra delante), un par de cajones y dos estanterías de libros con títulos tan interesantes como "Waldem dos", o "La justicia: ¿Hacemos lo que debemos?". El escritorio ni siquiera tenía ordenador incorporado, era el portátil del maestro lo que estaba sobre la mesa, abierto en la página web que la universidad le asignaba.
"Sara" se sentó en la única silla disponible, Martín dijo que estaba bien, que se quedaría de pie porque estaba cansado luego de haber estado sentado todo el día.
- Bueno, no me esperaba yo una doble tutoría hoy - dice el profesor de buena gana.
- Si hay algún problema podría salir y esperar - dice "Sara".
- No, no, en absoluto, simplemente me resulta algo desconcertante tener dos tutorías a la vez. Pero por favor, adelante, comentarme vuestras preocupaciones respecto al trabajo.
"Vale, Martín también le ha avisado de que venía", piensa "Sara". "Es algo lógico, vi su nombre registrado en el campus, tiene que tener un correo de la universidad, pero conociendole no me hubiera extrañado que se presentara aquí buscando el factor sorpresa".
- Así que díganme, chicos, ¿Cuáles son sus dudas? - pregunta el profesor.
- Empiezo yo, si no te importa - dice Martín con una amabilidad bien actuada.
- Sin problema, adelante - le indica "Sara".
- Bien, profesor, le seré completamente sincero - dice Martín sacando pecho y metiendo sus manos en los bolsillos. - Quiero tocar un tema bastante controversial.
- Mientras no quieras defender el racismo o algo similar.
- ¿Cómo? - pregunta "Sara".
- Eso no está permitido, ¿Sabíais que hace un año un alumno lo intentó? - dice el profesor Camino mirando primero a Martín y luego a "Sara". - Afortunadamente logramos convencerle de que escogiera otro tema.
- Bueno, yo espero que mi tema no se considere tan controversial - dice Martín.
- No te preocupes, he desarrollado una teoría con el pasar de los años, cuanto más caminas en el margen de la moral, más interesante es la filosofía - dice Camino con una sonrisa a la que "Sara" asiente. - Pero disculpame por interrumpir con otro tema, ¿Exactamente de que quieres hacer el trabajo?
- Quiero hablar sobre Monika, la mayor terrorista del país - dice Martín totalmente decidido.
"Sara" abre tanto los ojos que las cejas por poco la tocan el inicio flequillo. El profesor también parece estar atónito, pero menos, seguramente no es la ocurrencia más loca que ha escuchado.
- Monika, ¿Eh? - el profesor pone la mano en su mentón, reflexionando. - jummm, han pasado 5 años desde eso y todavía no sabemos mucho, y cinco años es un buen... ¿Cómo enfocarías el tema?
- Quiero analizar lo poco que sabemos de su mente desde un punto de vista filosófico, quiero decir, creo que es bastante evidente la filosofía nihilista que Monika practicaba, ¿Verdad?
- Si - dice "Sara". - Algunas de las chicas que lo vieron y se han atrevido a hablar han dicho que Monika les hablaba en entornos cerrados, les convencía de que la vida no tenía valor pero al mismo tiempo las motivaba a sentirse especiales en el fragor de la pelea, una frase que solía decir mucho es "cuando todo esto termine, no se habrá cambiado nada, así que hagamos que este momento merezca la pena", o algo parecido a eso.
- Pues si, lo que mi compañera ha dicho es cierto - dice Martín. - Pero yo también lo querría enfocar, tal vez, desde un punto de vista que analice ese comportamiento sectario, ¿Sabría usted algo sobre sectas o relacionados?
Martín, y "Sara" en menor medida, analiza cada milímetro de la cara del profesor. Camino no muestra ningún cambio sustancial en su expresión.
- Pues realmente no tengo mucho que aportar en este caso, pero - el profesor toma el portátil y empieza a escribir. - ¿Os suena el escritor "Chuck Palahniuk"?
- No creo - dice Martín.
- Fue el escritor de "El club de la lucha", ¿Os suena más esa historia?
- No, no lo conozco de nada - dice "Sara".
- Yo si, pero porqué me vi la película, no sabía que tenía un libro - dice Martín.
- Pues si, efectivamente lo tiene, son unas 120 páginas y contiene un par de reflexiones interesantes, además no podemos dejar pasar el hecho de que claramente Monika se inspiró en gran medida en su obra para su "club de literatura" - dice el profesor girando el portátil para que vean la portada del libro. - También te puedes leer otro, se llama "Humanidad e inhumanidad" de Jonathan Glover, aunque te advierto que este es muy crudo, pero es el ejemplo perfecto de las torturas que se pueden realizar en tiempos de guerra cuando actúan como mente colmena.
- Interesante - dice Martín mirando la pantalla cuando el profesor la pone en su dirección. - No tengo más preguntas entonces.
- Eso sí, te recomiendo que tengas cuidado, podrías enfocar tu tema demasiado en la psicología por error - es lo último que agrega el maestro. - ¿Y tú cómo querías enfocar tu trabajo...?
Cuando el profesor va a decir su nombre "Sara" se incorpora y ajusta mejor al asiento para parecer más interesada.
- Tenía intención de hablar sobre la importancia de los sueños en la filosofía, desde el mundo casi onírico que se propone en el Mundo de las ideas hasta los sueños de Descartes y las revelaciones que le dieron - "Sara" fija la vista en su profesor, quizás para buscar algún cambio, quizás para que Martín lo analice mejor, ni siquiera ella está muy segura de porque lo hace.
- Ese si que es un tema interesante - dice Camino con una amplia sonrisa de señor mayor. - ¿Pero por qué tengo la sensación de que vosotros dos estáis más interesados en la psique humana que en la filosofía?
- No, no es eso - dice "Sara". - Simplemente creo que el subconsciente también influye en nuestra visión del mundo, ¿Usted nunca ha tenido un momento de reflexión sobre su vida después de un sueño?
- A mí me pasa todos los días - dice Martín. - Si me despierto rápido me quedo media hora perdido en las nubes mientras miro una zapatilla.
- Jaja, esa es buena - dice el profesor. - Sin embargo no puedo deciros que os entiendo, dejé de soñar hace bastante tiempo, tuve un sueño tan traumático que mi cerebro desactivó mi imaginación como mecanismo de defensa.
- ¿Enserio? - pregunta "Sara" con una cara de total asombro.
- No del todo, lo cierto es que es algo que puede pasarle a algunos adultos, perder la capacidad de imaginar figuras, "afantasía" que lo llaman - dice el profesor encogiéndose de hombros. - Pero como ves, eso no ha hecho que disminuya mi interés por la filosofía.
- Fascinante.
- De todas formas, no quiero que descartes tu idea aún, creo que se de un libro... - el profesor empieza a teclear algo. - Aquí está, "Trece teorías de la naturaleza humana", aquí te hablan de Freud y el subconsciente, tal vez te sirva.
- A, vaya - "Sara" realiza por un microsegundo una expresión de disgusto que enseguida cambia a una feliz. - Pués muchas gracias por su ayuda, eso era todo.
La charla no se alarga mucho más, un par de agradecimientos y finalmente, una despedida.
En cuanto están a solas en el pasillo, "Sara" mira a Martín y este la sonríe.
- ¿Y bien? - pregunta "Sara". - ¿Por qué esa sonrisa?
- Es que aún no me acostumbro a que seas tan bajita - le dice.
- ¿Perdona? - "Sara" se detiene y se cruza de brazos.
- Es broma - dice Martín aún más risueño. - Fuera de eso y respecto a nuestra investigación, no creo que sea caza recompensas, y si lo es, desde luego sabe disimular muy bien. Pero por el momento no es ni de lejos una potencial amenaza.
- Tal como dije - se reafirma "Sara".
- Si, muy bien "Sara", eres la mejor y lo has hecho todo tu sola - Martín se inclina sobre sus rodillas y dobla su cuerpo para mirar a "Sara" directamente a los ojos, como si hablara con una niña de 6 años. - ¿Vas a ser ahora una niña grande y fuerte para ayudarme a comprar el colchón?
- Ay, de verdad - "Sara" chasquea la lengua y desvía su mirada hacia la izquierda. - Mejor vámonos ya antes de que te diga algo de lo que me arrepienta.

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