En este bar solo se aceptan señoritas: muerta la cantautora, ¿Muerta la canción?
Hay una regla que prácticamente te puede ayudar a conservar cualquier empleo; "no dejes que tu jefe te descubra holgazaneando". Es una regla que cumplo a rajatabla en el turno de día, pero este no era uno de esos casos por tratarse del turno de noche.
Aaron, mi jefe, estaba repasando la lista de bebidas que tenía que encargar, y yo distraía mi mente con una copia del "Candy Crash" que venía instalada por defecto en mi móvil.
Ambos estábamos detrás de la barra, mi jefe apoyado en la misma, yo apoyado en la encimera de detrás, prácticamente en medio de las dos fuentes que dispensaban cerveza "Cruzcampo" y "Mahou" respectivamente, si querías otro tipo tenía que ser de lata, aunque las latas solo se ofrecen a las señoritas del turno de noche, o queda poco profesional.
Estoy por terminar la pantalla 542, soy el único que puede ver este logro a parte de la bombilla que oscila en el techo por estar colgada también del centro de un ventilador que solo se usa en verano y refresca tan bien como ilumina (no ilumina nada, pero el techo tiene otras cuatro luces fluorescentes, y total, solo se encienden de 19:00 a 20:00 y para el turno de noche).
Una última linea, y la música se para, el juego se a congelado. Frunzo un poco el ceño, y toco dos veces la pantalla, nada, trato de encender y apagar, en algunos casos funciona, pero este no es uno de esos casos.
"Tengo que comprarme un móvil nuevo con el próximo salario", pienso.
- ¿Es normal que tu radio deje de sonar de golpe? - pregunta Aaron girando sus barbas en mi dirección.
- Me ha pasado antes - aprieto con fuerza el botón de apagado para forzar el reinicio. - Pero creo que esta es la primera, y seguramente única vez, que tarda tanto en reiniciar.
- Mantén la calma y tira el móvil contra el suelo - Aaron me lo dice tan seguro que soy incapaz de discernir si es broma o no.
Debí confiar en sus dotes para prevenir eventos paranormales, los altavoces de mi móvil empezaron a transmitir un sonido metálico, similar a deslizar un tenedor por un plato, pero tres veces más molesto.
Aaron se llevó las manos a las orejas con una mueca, y yo por la impresión del momento, tardé mis buenos dos segundos en lanzar el móvil contra el suelo con todas mis fuerzas.
- Lo lamento mucho, jefe... - empiezo a decir hasta que Aaron hace un ademán.
- Nada muchacho, a los mejores les pasa, este no es ni mi décimo noveno poltergeist.
Supongo que eso es lo que me ha dicho, porque mis oídos pitan y no creo que realmente me haya dicho; "no es ni mi décimo noveno poster gay", aunque eso he escuchado.
Lo que no escucho es la puerta abrirse, por la periferia de mi visión solo veo unas botas de vaquero negras con espuelas que van en conjunto con un pantalón de chándal negro (parece un Adidas de marca blanca) y una campera negra con delineado verde. Toda su ropa está hecha girones, como si se la hubiera puesto después de revolcarse en una pelea contra un cocodrilo.
Para ser justos, me preocupa más su cara, está llena de cortes (similares a los que dejan los cristales), tiene una cicatriz en el moflete derecho en la que pone "0.1.1", y sus ojos tienen unas ojeras tan grandes que ni siquiera la excesiva cantidad de sombra de ojos que tenía le ha servido para taparlas.
Clava sus dos pupilas rojas en mí, avanza con su pelo largo y negro ondeando, está tan desordenado que la única mecha verde que tiene parece una franja de agua potable en un mar de petroleo.
Yo solo tengo una pose de "discúlpeme un momento, estoy tratando de procesar el pequeño microinfarto por el que acabo de pasar" cuando ella se sienta en un taburete justo enfrente de mi.
Ahora que la veo más de cerca puedo notar tres arañazos profundos en el cuello, dos a la derecha, uno a la izquierda, como si una garra de tres dedos hubiera tratado de asfixiarla.
- Muchacho, aléjate un poco, su cuello emite radiación que da gusto - me dice Aaron, tan estoico como acostumbra.
Como si estuviera esperando esa señal, la chica tose tres veces en su puño, y luego se mira la mano llena de sangre.
- ¿Cómo lo has sabido? - pregunto.
- La quimioterapia laser ha hecho que detecte cualquier tipo de luz y sus consecuencias para mi cuerpo - mi jefe también tose con una mano en los pulmones. - No importa, no es una cantidad letal, pero yo me retiraría un paso.
Vuelvo a mirar a la chica, y si, retrocedo un paso porque ella adelanta la cabeza y se pone peligrosamente cerca de mi cara. Solo le falta saltar la barra para darme un golpe con la frente.
- ¿No deberías preguntarle al cliente que acaba de entrar que quiere? - no puedo dejar de mirar sus ojeras, son dos avismos de carne llenos de sangre, son una escena calcada de una película de fantasía oscura de los 80.
- Tienes toda la razón - retrocedo otro paso. - ¿Qué desea?
- Nada en particular, solo buscaba un lugar donde caerme muerta.
Asiento y recojo mi móvil del suelo, Aaron parece tachar una cosa en la lista que escribía y se mete a la cocina.
- Lo hice a drede - ella señala mi móvil. - Es solo que no quería música así de genérica en el lugar donde iba a morir.
- Entiendo - dejo el móvil sobre la mesa, está completamente aplastado, parte de la placa base sale de la carcasa. Me renta más comprar uno que repararlo.
- No te veo sorprendido - sus ojos rojos se afilan como los de un gato.
- Serías la segunda chica que viene aquí para morirse - señalo la entrada. - Hace no mucho una guitarrista se voló la tapa de los sesos ahí.
Ya no había manchas, pero prometo que esa noche cuando moví el cuerpo con el palo de una escoba, entre el rojo sangre y el jade verde chillón, parecía todo una sandia picada.
(Mi teoría es que cambiaron el suelo, lo que no entiendo es como se deshicieron del cuerpo. Prefiero no pensar mucho al respecto).
- Eres gracioso - pone la sonrisa psicópata del gato de Alicia. - ¿Por qué no estás asustado?
- Tengo mal de Urbach-Wiethe - respondo, más centrado en pronunciar bien las palabras que en su mirar. - Eso quiere decir que me cuesta experimentar el miedo.
Le sangran las encías y gotean sobre el negro de su chamarra, mezclándose con sangre seca que seguramente traía de casa.
- Vengo de matar a un hombre lagarto de dos metros utilizando un bate - su voz delira, me sorprende que hable con relativa fluidez teniendo esas perforaciones en el cuello.
- Felicidades - no se que más decirle.
- ¿Quieres ir a verlo?
No mentiré, la idea de contemplar una criatura reptiliana de dos metros asesinada con un bate de "beisbol" no me parece mal, aunque son más mis pensamientos intrusivos hablando por mí que mi verdadero interés al respecto.
Aaron aparece para salvar la conversación, trae consigo un botiquín de primeros auxilios, lo abre y saca varias gasas. Luego saca de un cajón de los armarios de los platos papel de aluminio, y envuelve la cara externa de las gasas con ella.
- Toma, esto te servirá para curar el sangrado y evitar que me llenes el local de radiación - dice dejando los vendajes justo a mi lado.
Ella tose otra vez en su puño. - No necesito esa puta cosa - responde. - Solo necesito morirme un rato, no puedes curar la radiación con gasas, es como querer curar un cáncer con tiritas.
- Tú misma, muchacha - mi jefe se encoje de hombros. - Pero si te vas a morir hazlo antes de las 3:33, porque a esa hora cerramos.
Aaron vuelve a sus propios asuntos, yo miro las gasas, y luego a la chica que se está limpiando las manos llenas de sangre en las greñas del pelo.
- ¿Entonces no estás muerta aún? - pregunto.
Su semblante de "no me acabas de preguntar eso enserio, ¿No?", me golpea directamente en la cara como a Brutus los puños de Popeye.
- Has entrado a un bar a altas horas de la noche causando efectos paranormales, pensé que podrías estar muerta y ser un espíritu - desvio mi mirada lentamente hasta las gasas. - Pero como veo que la sangre seca se te pega al pelo y que te sientas en la silla sin atravesarla, supongo que si estás viva.
- No shit, Sherlock, ¿Enserio? - me está poniendo cara de asco.
- Supongo - me encojo de hombros. - Tampoco has pedido nada, así que supuse que no podrías consumir líquidos, pero supongo que simplemente no quieres dañar más tu garganta.
Apenas termino de decir esa frase me sonríe, pasa su lengua por los restos de sangre y luego traga. Tarda un tercio de segundo en escupir su propia sangre en sus manos otra vez.
Bien, lo mejor será callarme, encontraré otra forma de distraerme, como limpiar un vaso o una copa, lo que sea. Con esa intención tomo el primer vaso sucio que encuentro, y tomo la servilleta de tela con bordados que tengo en mi chaqueta de uniforme.
- ¿No quieres seguir hablando conmigo? - me pregunta.
Miro a ambos lados, se que me lo está diciendo a mí, pero estoy disimulando el hecho de que no se cómo reaccionar. - Creí que eras tú quien no quería seguir hablando.
- Cómo sea, me voy a morir, así que tú debes cumplir mi última voluntad, son las reglas - me señala con una uña mal pintada y comida.
- ¿Qué quieres que te prepare?
- Te he dicho que no quiero beber nada - pega un puñetazo a la barra.
No, no había dicho nada de eso, pero ha golpeado madera sólida con un brazo que sangra sin dislocarse, así que no quisiera llevarle la contraria.
- Le ruego me perdone - digo con un acento más formal. - ¿Cuál es su última voluntad?
Sus ojos a medio cerrar me dicen que he sido demasiado formal, aunque sus ojeras también podrían decirme que está muerta de sueño. - Yo quiero ver cómo cantas.
- ¿El que?
- Lo que sea muñequito, sorprendeme.
No tengo un buen repertorio musical al que atenerme, pero recuerdo el último disco de "Campos sin puertas", ese donde cantan canciones bélicas, hay una de España que me gustó y recordando la melodía en mi cabeza, empiezo.
- Madre anoche en las trincheras (tara tata), entre el fuego y la metralla (dura du), vi al enemigo correr (tatara ra), la noche estaba cerrada.
Aaron se ríe en una risa que parece una tos y me desconcentra, no puedo culparlo, entono igual que el traqueteo de un muelle. La chica no se ríe porque no puede, con tantos cortes en la cara le debe doler cada músculo, pero se que en el fondo se está partiendo.
- No soy muy bueno cantando - confieso.
- Al menos eres natural, me ha gustado - dice para consolarme. - ¿Sabes lo que diría mi creador sobre esto?
Agacho un poco la cabeza, ha dicho que le ha gustado, me siento alagado. - No lo sé, ¿Qué diría?
- Nada idiota - golpea la barra con las dos manos y se encarama. - Mi creador está muerto, está encerrado en mi sótano.
Esta chica tiene la actitud de alguien que finge demencia, exagera cada movimiento y fuerza una sonrisa sociópata, no psicópata, porque pestañea (aunque eso es más un estereotipo que no siempre se cumple).
- Así es, no solo lo maté a él, también maté a esa pequeña muñequita e hice un sampleo con sus gritos, ¿Quieres escucharlo? - toma mi móvil roto de la mesa y de alguna manera lo hace funcionar. - Escucha sus gritos reventar los parlantes.
Por el altavoz empezaron a sonar gritos en lo que parecía japonés, o como mínimo sonaba similar al J-pop que ponen en la radio. Se discernian tres voces, un adulto, una chica joven y alguien más que tenía una entonación bastante dulce cantando en ingles.
- ¡Baja eso, quieres! - gritó de repente Aaron. - Vas a despertar a los vecinos.
La chica no tenía que esperar que la regañaran, porque los gritos remixeados cedieron de golpe, como quien para la música de su casa porque le gritan desde la calle.
Aaron negó con la cabeza cabreado, ya podía escuchar sus pensamientos diciendo; "ya no estoy para aguantar a estos jóvenes". Dando media vuelta se metió en la cocina y cerró la puerta.
- ¿Quién era la tercera voz? - pregunto mientras chasqueo los dedos al lado de mi oído, si, escucho bien. Gano su atención y repito la pregunta. - ¿Quién era la tercera voz? Has dicho que mataste a un hombre y a una chica, ¿Pero quién cantaba en inglés?
Me frunce un poco el ceño, ¿Habrá pensado que chasqueaba para llamarla? - Esa... Esa era yo - No sé sí sus heridas se han abierto más, o si se está poniendo roja porque se está sonrojando. - ¿Cómo ha estado?
- No la he podido escuchar bien con tanto griterío, pero no ha estado mal, creo.
- Si, ya, ahorrate los cumplidos vacíos - dice con el gesto de quién pide espacio personal. - A ese le ha parecido tan jodidamente buena que se ha escondido en la cocina para bailarla solo.
Se refiere a Aaron, y sinceramente, no puedo culpar a mi jefe, ya no está para estos trotes.
- Yo creo que cantas bien - digo.
- Por supuesto que lo hago - no disimula el ego. - Y si me escucharas cantar ahora, hasta te subirías a la mesa para aplaudirme.
- A ver.
Su roja mirada se desvía a la puerta. - No, yo, egg - fuerza una tos y escupe sobre la mesa sangre coagulada. - No estoy bien, las heridas de mi garganta son mucho, se echará a perder.
- No tiene porqué - digo mirando las gasas. - ¿Te las acerco?
- No tengo ganas de apretarme las heridas - sus dedos con más carne viva que uñas toquetean la mesa. - Pero si tu quisieras hacerme el favor.
Suspiro y las tomo, me tiembla un poco la mano cuando la acerco a su cuello, no me da miedo la radiación, pero tampoco me apetece desarrollar un cáncer interdimensional.
Mientras dudo y dudo, ella toma mi muñeca y me empuja la mano contra su cuello, entonces aprieta sin gesticular dolor. - Venga, que no muerdo - sonríe y los restos de escamas verdes en sus dientes me dicen lo contrario.
- ¿Te sientes mejor?
- Duele como el infierno, y hablo desde la experiencia.
Si, sus ojos gritan que podría condenarte a ver si cara llena de sangre el resto de tu existencia.
Baja mi mano hacia la otra herida, solo se está limpiando, se supone que las gasas deben envolverla, pero no creo que le guste la idea de llevar todo el cuello vendado, cosa extraña de alguien que, en primer lugar, no parece estar molesta por tener radiación en el cuello.
- ¿Por qué no dejas de mirarme? - me pregunta.
- Esto no es algo que me pase todas las noches.
- ¿El que? ¿Hablar con una asesina?
- El contacto femenino.
Su cara muestra la mueca de asco más expresiva de la noche y me quita las gasas de un manotazo.
- Ese comentario ha sido jodidamente repulsivo - en tres giros rápidos se envuelve las tres heridas del cuello.
- ¿Eso quiere decir que me voy a quedar sin escucharte cantar?
Me mira y se ríe. - Pareces un niño pidiendo a su madre que le cante una nana, ¿Eres un niño de mamá?
- Tú mides como uno sesenta y seis, ¿Sabes?
- ¿Quién ha hablado de altura?
- Perdón, es mi respuesta por reflejo.
Si, vivo en un país donde la media de mujeres es metro setenta y seis, y la de hombres metro ochenta y dos, midiendo yo uno sesenta, no puedo evitar convivir con ese complejo.
- Dame un vaso de agua, quiero enjuagarme.
Se lo paso, hace gárgaras unas cuatro veces, todas las escupe al suelo, dejando restos de sangre, escamas y hasta dientes.
(Debí pasarla un cubo, me va a tocar limpiar eso).
- Quiero que sepas que este canto es único - me dice en un susurro metálico. - Quien lo ha escuchado lo baila en la noche, y yo sonrío en sus sueños, pero así es la curiosidad humana, a veces estamos forzados a caminar hacia la oscuridad.
Acabado su monólogo propio de una noche de fogata, empieza a cantar, no mentiré, no fue del todo agradable. Ella cantaba en inglés, con una entonación propia de un programa beta mal diseñado que se hacía pasar por uno original, estaba traduciendo una canción sobre la marcha y cuando no sabía que decir su boca soltaba alguna palabra que intentaba rimar, y en la mayoría de casos no lo hacía.
Sin embargo, a mí me pareció una canción bonita, quizás era porque la escuché medio sordo, o porque la cantó solo para mí (y nunca antes me habían dedicado una canción), pero fuera como fuese, lo aprecié muchísimo y aplaudí cuando acabó.
- ¿Como ha estado? - me pregunta, seguro piensa que solo aplaudo para que no me mate.
- Esa ha sido la versión en inglés de Levan polka más bonita que he escuchado - digo omitiendo el detalle de que también es la única versión en inglés que he escuchado.
- Ya, claro, solo lo dices para que no te maldiga y veas mi cara sonriendo y cantando allá donde mires.
- ¿Puedes hacer eso?
- Puedo hacer muchas cosas - se frota la garganta con suavidad. - O eso creía, pero seguro que ni sabes que canción era.
- Es Levan polka, canción tradicional de Finlandia, conocida desde que se llevó al cine en 1952 y se volvió un meme de internet por allá del 2008.
Otro puñetazo contra la mesa, esta pobre chica prefiere romperse la mano antes que controlar sus problemas de ira. - No me lo recuerdes - deja escapar entre sus dientes apretados. - Yo tendría que haber saltado a la fama con esa canción, yo soy la versión alfa, no esa perra de tinte celeste.
Tengo una sospecha fuerte en mi cabeza, pero primero quiero confirmar algo - ¿Cómo dices que te llamas?
- Hatsune Alfa - responde.
Bien, si mi conocimiento de Japón no me falla, Alpha es el nombre, pues el apellido se dice primero. - Señorita Alfa, ¿Puedo hacerle un análisis rápido?
- ¿Qué es eso?
- Una evaluación psicológica - levanta un poco las cejas con interés, así que procedo. - Me parece usted una persona de carácter altamente volátil, tienes una risa narcisista, pero buscas constantemente la aprobación de otros.
» Tienes pinta de haber matado a dos personas, y aunque no sientes arrepentimiento por ello, tampoco es algo que puedas sacar de tu cabeza y lo vas diciendo para atraer hacia ti un foco que está a caballo entre el victimismo y la búsqueda desesperada de atención.
» Fuerzas mucho una sonrisa sociópata, pero en realidad no te importa ser percibida como mala o buena, eres como un chiste sobre bebes muertos, muy brutal, pero fuera del morbo no vas a ningún lado. Como decía mi padre; "si cagas en la plaza es porque quieres que te miren".
» Aún así, me arriesgaré a decir que tienes talento, y que no creo que vayas por la vida matando a todo lo que se cruza en tu camino, simplemente no soportas que se valoren más a otros que hacen lo mismo que tú pero mejor.
La estoy viendo entrecerrar los ojos con fuerza, creo que estoy muerto, pero alguien tenía que decírselo.
- No se si eres muy valiente o muy estúpido - me suelta.
- Esas dos características no son antónimas.
- No hablo de eso, ¿Por qué me has soltado ese monólogo?
- Porqué creo que estás en problemas, o cómo mínimo confundida, y tal vez eso te ayude - trago saliva.
- Ya claro, si me lo propongo puedo leer tu mente, así que dime la verdad - me la un pequeño toque con el índice en el centro del pecho, a dolido.
- Me gustan las mujeres peligrosas.
Antes de que pueda escuchar lo que ella tiene que decir, Aaron abre la puerta, se acerca hasta nosotros y deja un galón de gasolina en el espacio de la barra que hay entre Alfa y yo.
- Me ha costado encontrarlo, pero con esto podrás volver a casa - dice mi jefe.
Los ojos cansados de Alfa no logran discernir si es una broma o no. - ¿Por qué querría yo un bidón de gasolina?
- Cristal polimerizado en la cara, ropa echa unos zorros y olor a gasolina - señala mi jefe. - Supongo que has tenido un choque y no sabes cambiar la gasolina, por eso has venido aquí, lo único que no puedo explicar es la radiación.
- No, verdaderamente he matado a un hombre lagarto de dos metros, él destruyó mi coche - Alfa tiene los ojos caídos y su humor está en cero.
- Bueno, pues haz auto stop y ofrece esto al primero que ofrezca llevarte, nosotros cerramos en dos minutos.
Alfa hace rodar sus ojos, se aclara la garganta mirándo hacia otro lado y no contesta, aunque al menos ya no escupe sangre.
- Ya veo que aún no me voy a morir - dice. - Y también veo que aquí molesto, me largo.
- Espera - le digo levantando la mano. - ¿Donde vas? - yo debería de dejar de hacer preguntas evidentes, ha venido medio muerta a un bar por la noche, obviamente no tiene donde ir.
- ¿Realmente te importo?
- La omisión de socorro es ilegal.
- Estoy okey, ¿Lo entiendes? - responde con una frustración que seguramente esconde inseguridades. - Es solo que no tengo donde ir, pero encontraré algo.
- Puedes llevarte mi móvil, está roto, pero he visto que lo puedes usar igual, total, yo iba a comprarme otro.
Le paso el móvil, o mejor dicho sus restos, y ella lo atrapa al vuelo. No preguntes como, pero con solo mirarlo consigue que se encienda y acceder al Google Maps.
Respira profundamente en contraste al sonido de sus espuelas al acercarse a la puerta. - Volveremos a vernos, Jaime - dice antes de cerrar.
(Una de dos, o a leído mi mente, o a leído los datos personales de mi correo electrónico, ambas me preocupan).
***
Un minuto después, acabo de terminar de limpiar la sangre del suelo, ha salido bien con la lejía, estoy sorprendido. En fin, hora de irme sin hacer preguntas.
- Muchacho, ¿Te puedo dar un consejo? - me dice mi jefe cuando estoy cambiando de ropa para irme.
- Usted dirá, Don Aaron.
- Nunca te cases con una mujer así.
Me ruborizo más rápido de lo que pensaba. - Yo no... Yo jamás.
- Le has dado tu teléfono, con todos tus datos personales, a una mujer que controla tecnología con la mente - me señala con una sonrisa picaresca. - La última vez que yo hice una tontería así de grande fue por amor.
- Primero, es de otra dimensión, mis datos no le sirven para nada. Segundo, ¿Usted no lleva como 35 años felizmente casado?
- Si, pero no con una asesina.
Es un buen argumento, lo consultaré con la almohada.
***
No lo hice, aunque no dejé de pensar en Alpha, con ese don que tiene podría encontrar un buen trabajo de ingeniera o de mecánica, en fin, tampoco le daré muchas vueltas.
---
Notas sobre los personajes:
Alpha: pelo negro largo con un mechón verde (pelo revuelto), jeans negros gastados, campera de cuero negro con líneas verdes (toda su ropa hecha girones) y botas de cowboy negras con espuelas, tiene ojeras tapadas con maquillaje negro, iris rojo y cicatriz 0.1.1, tiene una risa macabra (como Miku pero agresiva), tiene las uñas comidas y pintadas de añil, // Sale en la página 6 de 60 (solo en Google japonés), secuestró a una cosplayer y le obligó a cantar en inglés (lo hizo angustiada y aún así, Alpha la mató), // "no abras los archivos", "ella es una falsa, yo soy la original", "yo bailo en la noche y sonrío en tus sueños", "¿No quieres hablar conmigo? Yo quiero ver cómo cantas", "¿Cómo ha estado? ¿Te gustó?", "Responde la pregunta, ¿Cómo ha estado?", "Así que, ¿A ti te gusta cantar, pequeña muñequita?", "está okey, ¿Lo entiendes?", "es tu jodida culpa, perra", "¿Te ha gustado ahora?". "¿Sabes que opinaría mi creador al respecto? Nada, idiota, está muerto, lo encerré en mi sótano".
Nota: Alpha es la misma personaje que apareció en esta pelea contra el Lagarto de El Verde: https://davidjamberjakal.blogspot.com/2024/11/relatos-de-vs.html?m=1
Jaime Parera Ronaldo: mide 1'60, tiene 19 años, estudia psicología, tiene mal de Urbach-Wiethe // sensible y formal (habla con números ordinales y a veces habla de usted, y a veces no), le gustan las caricaturas antiguas, el fisioculturismo y las mujeres peligrosas // "este no es uno de esos casos", "pues díselo ahora, porque la tumba no va a escucharte", "lo lamento si...", "primera y seguramente única vez...", "sus dotes", "como dijo mi padre...", "para los no conocedores", "dudo que sea legal en este país...", "sin hacer preguntas", "que es exactamente lo que acaba de pasar", // "diantres", "total", "atenerme", "fuera como fuese", // "discernir", "olgazanear", "no quisiera",
Aaron Paredes Ripoll: edad 57 años, tiene barba cana pero no bigote, tiene cáncer de pulmón, no fuma // vive en la planta de arriba de su bar, su mujer hace natación, su hija es socorrista // "ya no estoy para estos trotes", "a los mejores les pasa", "llevo 54 años dando tralla", "hubieras ido y te hubieras enterado", "¿A qué se dedicaba ese?", "hay que empezar paseítos, lo que es pasear", "... Y vas de sobra", "A, si", "Si es que ahora no se aguanta la gente" // "joer", "muchacho",
BAR: paredes marrones // 4 luces en el techo, una oscila porque cuelga de un ventilador // barra de siete metros // Encimera con espacio para los pinchos de exposición// encima dos armarios pegados a la pared con tres estanterías para vasos (Jaime no llega a la tercera más alta) // a la derecha de la misma las dos fuentes de cerveza (una Mahou y otra Cruz campo) // al final de la repisa la cafetera // debajo de la barra está la nevera con las bebidas correspondientes // taburete de metal con asiento giratorio y de goma espuma // puerta (empuja) de plástico duro con cristal mate // baldosas de falso jade.

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