La gema 2.

 

Shinin despertó, toda su cabeza daba vueltas y el techo de cristal le reflejaba con una cara de malestar que no sentía desde los hechizos de crisalis. ¿Qué había pasado? Recordaba un lobo, recordaba un mordisco y luego... Nada más.

— ¡Cariño, estás despierto!

Los ojos del unicornio recorrieron la enfermería, Cadence estaba al lado de la cama, también una enfermera tomando notas y el resto del lugar tenía camas con soldados tan heridos que una respiración profunda revelaría el olor a sangre de heridas que no cicatrizaban ni con hechizos de curación.

— Cadence... — murmuró Shinin sin fuerzas. — ¿Donde está mi hermana?

Su mujer guardó silencio, se limitó a mirar al suelo con pesar. — Llevas 12 horas inconsciente, cariño, lo hablaremos con calma cuando estés mejor.

— ¡No, estoy bien! — dijo intentando moverse, ponerse de pie con una acrobacia que no le hubiera costado nada en otro tiempo, pero al mover su pata trasera su piel ardió, y cayó contra la camilla a penas hizo un movimiento. — ¡Aah! — Sollozó.

— Príncipe Armor, será mejor que se recueste — dijo la enfermera. — Necesita descansar 2 horas más, o no podrá volver a mover esa pata jamás.

Cadence miró sorprendida a esa enfermera con gesto de hierro. ¿Una mentira? Tal vez, pero tipos duros como Shinin solo entienden el peligro cuando hay riesgo de que el daño sea permanente.

El semental suspiró. — ¡No puedo quedarme aquí mientras todo corre peligro!

— Cariño, no puedes ayudar a nadie en ese estado — Cadence le acercó un vaso de agua con pastillas disueltas. — Escucha, todo saldrá bien, Celestia llegó aquí hace 6 horas, deja esto en nuestros cascos hasta que podamos solucionarlo, ¿De acuerdo?

Shinin no dijo nada, sólo puso una mueca de dolor por la rabia ardiente que le subía por la pata, tomando las pastillas de inmediato. — Está bien, cariño, pero me uniré en cuanto pueda moverme.

Cadence le sonrió y juntaron los cuernos de sus frentes, magia del amor que, aunque no podía repararlos, les daba fuerzas a ambos.

***

Tres horas después, Celestia en persona abrió la puerta, llegó acompañada de las portadoras y Cadence. El corazón de Shinin por poco se le sale del cuerpo cuando no vio a su hermana entre el grupo de recién llegados. 

Celestia miraba a la ancha sala con pesar, guardias moribundos, platos de comida dejados a medias por la falta de fuerzas para masticar, y paredes con luces tintineantes que solo iluminaban caras que seguramente ya no recuperarían sus fuerzas. Había que tener un buen estómago para caminar por ese lugar, por eso no le extrañaba que Fluttershy tapase su cara con sus alas o que Pinkie no tuviera ningún chiste que decir.

— Buenos días, Shinin — dice Celestia.

— Majestad — correspondió con una reverencia.

— Lamento que no haya tiempo para extender las ceremonias, ¿Recuerdas lo que ocurrió anoche?

Todos los presentes en la sala se extrañaron, en especial las portadoras, un carácter tan serio y directo por parte de Celestia solo podía explicarse si la situación era extremadamente seria.

— Había ponis misteriosos, y un lobo me atacó — Shinin movió la pata por debajo de la sábana. — No recuerdo más.

— Tú hermana fue secuestrada por ese grupo, y peor aún, no sabemos dónde está — dijo Celestia con toda la serenidad mientras se volvía el centro de todas las miradas. — He mandado rastear la zona, tanto dentro del castillo como todos sus alrededores. Spike está a la cabeza de la investigación, ha jurado no descansar hasta traer a Twilight de regreso.

Se formó un denso silencio que ni Cadence, la segunda pony con más autoridad en esa habitación, se atrevía a romper. Apple Jack puso una cara de "por todos los establos, se lo ha dicho", y Rarity deseaba tener un sofá sobre el que caer dramáticamente.

— ¿Entonces a qué estamos esperando? — Shinin Armor rodó de la camilla y se incorporó con energía renovada, un vendaje firme en su pata lastimada.

— Te estábamos esperando a ti, cariño — dijo Cadence.

Celestia asintió. — El lobo que te atacó, en realidad era un pony, se transformó en cuanto fue derrotado.

— ¿Cómo?

— Si, todo era como esas leyendas del licanequino o el pony sin cabeza — dijo Rainbow Dash, que sabía de esas historias por sus días de acampadas nocturnas.

— Así es — afirmó Celestia. — Se tratan de magias muy antiguas, más incluso que las magias de Star Swirl El Barbado. 

— ¡Pudieron traspasar la magia del corazón de cristal, y eso que lo habíamos pulido! — añadió Pinkie.

— Exactamente. Así que si ellos nos sacan ventaja en conocimiento mágico, nosotros tenemos que sacarles ventaja en información sobre Twilight, y nadie aquí la conoce mejor que tú — Celestia le extendió un casco al corazón para darle confianza. — ¿Puedes cumplir esa tarea, soldado?

Shinin notó todos los ojos de confianza puestos en él, capitán de la guardia, hermano de la princesa de la amistad, príncipe del Imperio de cristal. — Traigan mi armadura — solicitó decidido.

***

Caminaban por pasillos de cristales azules y morados, relucientes y con brillo pastel. Pero para Shinin Armor, las tinieblas de su mente, pensando que sería de su hermana, oscurecían el pasillo. Celestia caminaba regía, y no se permitía expresar emoción alguna que no fuese seguridad, si ella perdía los nervios, todos lo harían.

Shinin no pudo evitar notar que los guardias de siempre habían cambiado, que muchos efectivos de la guardia de reserva estaban ahora como guardia principal, y se preguntó; "¿Cuántas tropas fueron abatidas y cuantas han sido enviadas para buscar a Twilight?".

Finalmente llegaros a la zona más baja de los calabozos, los cristales se acabaron y las paredes y techos empezaron a componerse de piedra compacta salida del tártaro. En este lugar las celdas eran de metales irrompibles, y la iluminación era con antorchas. Aquí no se encerraban ladrones de costuras o estafadores de manzanas, este era un lugar para asesinos y monstruos de poder inmenso. En tiempos del Rey Sombra eran un calabozo para todo aquel que le llevase la contraria, en fechas recientes había estado vacío, hasta ahora.

Shinin Armor y Celestia entraron solos en ese lugar, demasiado peligroso para cualquier otro pony. En caso de emergencia, la salida se sellaría con magia y la única vía de escape sería el teletransporte. 

Con esa soledad como compañera, Celestia habló. — Vinieron exclusivamente a por Twilight y a causar daños.

Shinin la miró con los dientes apretados y ojos filosos. — Si la trajeron hasta aquí con una carta falsa es porque, fuera lo que fuese que querían, solo se encuentra en este lugar, ¿Pero que podría ser, su magia alicornio?

— No creo — Celestia se detuvo, estaban ya demasiado cerca de la celda del prisionero, y no quería ser escuchada. — Cadence ha confirmado que un alicornio los acompañaba, y si hubiesen querido el poder de una princesa habrían atacado a Cadence, su vínculo con el corazón de cristal la hace una fuente de poder más elevada. 

Shinin tragó saliva, Celestia daba miedo, y más miedo dio cuando señaló imperantemente la puerta tras la que se encontraba encadenado el prisionero, el pegaso que podía volverse lobo. Abrió la misma con magia, revelando una prisión sin ventanas, donde el prisionero, encadenado por el cuello y con las cuatro patas vendadas, esperaba sentado su llegada.

— Por fin algo de comida decente — dijo con una sonrisa canina cuando los vio entrar. Contemplando la armadura de Shinin también comentó. — O bueno, también han traído carne enlatada. 

Tenía a los pies una bandeja con alfalfa y un vaso de agua que no había tocado, un trato más digno del que Shinin pensaba que merecía.

— Muestra más respeto ante tu princesa — exigió Shinin.

— ¿Mi princesa? No lo creo, solo respeto la autoridad de una diosa, y no usaría esas fachas — el pegaso expresó eso con una seriedad que contrastaba demasiado con su inicial tono burlón.

Celestia respiró con calma, su pelo arcoiris ondeando más lento que de costumbre, era la única luz que no venía de las antorchas que pasaban los barrotes. — Faltarme al respeto no hará que pierda los nervios. Dime dónde está Twilight Sparkle.

— ¿Cómo voy a saberlo? No estaba allí cuando se la llevaron.

— Si lo estabas — le acusó Shinin con severidad. — Tú y tu equipo de maleantes...

— Asesinos — interrumpió el pegaso, sus ojos abiertos e inyectados en sangre, sus dientes filosos como los de un canino. — Somos asesinos, basura. Mientras tú te arrodillas y sigues las leyes de esta princesita, nosotros sabemos la verdad, y la verdad nos hace libres. ¿Estás acaso preparado para enfrentar algo así?

— He sobrevivido a Crisalis, la reina de los cambiantes. He sobrevivido a Tirek, el prófugo más peligroso del Tartaro. ¡No me asusta una gallina que se transforma en perro! — Shinin se descubrió apretando la mandíbula y mostrando los dientes, el ardor en su pata dañada aumentando.

— ¡Soldado, cálmese! — ordenó Celestia.

— Si, agacha la cabeza, perrito, tu reina lo exige — le remedó el pegaso empezando a reír. — Jajaja, venga, obedece, ¿Quién te creés que eres? ¿Crisalis, Tirek? Enemigos de parvulario, ¿Cuantos cuerpos tienen en su contador? — se relamió las encias y después escupió sangre seca. — Yo 14, y en una sola noche.

Celestia observó la sangre, había restos de piel ahí, ese monstruo había estado regurgitando parte de un cuerpo solo para este momento. No había visto nada similar a esto desde hacía cientos de lunas, recuerdos de guerras que desearía nunca haber librado.

— Princesa Celestia, déjeme a solas con él — pidió Shinin.

— Denegado, aún en un estado tan débil es peligroso, no sabemos de qué es capaz.

— Princesa, por favor — Shinin la observó con ojos suplicantes, mientras el pegaso miraba con una media sonrisa burlesca.

— Esperaré fuera — susurró antes de cerrar la puerta.

Shinin miró entonces al pegaso más decidido. Amistad y respeto, esa era su relación con la princesa, se entendían como iguales y confíaban para ayudarse con un fin común.

"Ahora tengo que saber cómo interrogar a este tipo conteniendo mis ganas de golpearle la cabeza", pensó Shinin de espaldas a él, mirando la puerta que acababa de cerrarse.

— Te sugiero que no empieces por la cabeza, las víctimas quedan confusas, no sienten el siguiente golpe — dijo el prisionero.

Shinin giró en redondo, sus ojos clavados en el pegaso. — ¿Quién ha dicho nada de cabezas?

El pegaso tragó saliva, parece que tenía más secuelas de las que pensaba. — ¿Cabezas? ¿Quién ha dicho nada de golpear una cabeza?

Shinin se enfureció repentinamente, tomó el vaso de agua telequineticamente, pensando en echárselo al pony en su lado derecho. El pegaso se movió hacia la izquierda, y el contenido le dio de lleno, empapando su crin y haciendo que se pegase a su cabeza.

— Oye soldadito de hierro, eso que haces es tortura y un crimen de guerra — dijo el pegaso con seriedad.

— ¿Donde está mi hermana? — Shinin tiró el vaso violentamente, quebrándolo contra una pared. 

— Pues dependiendo del día puede estar en una parte o en varias — responde el pegaso vacilón.

— ¿Qué dices?

— Jajaja, es solo una broma, deberías ver tu cara.

El príncipe empezó a sentir una ira que no era propia de él, no reconocía la magia pero sí reconocía el sentimiento, se sentía limitado como con los cristales del Rey Sombra, y sentía que su mente no era suya como le pasó con Crisalis.

— Lo sientes, ¿Verdad? No somos tan diferentes, somos iguales; ambos correspondemos a una entidad superior, ambos no somos más que marionetas guiada por hilos, pero te diré algo, no importa que tan devoto seas con ellas, al final morirás por ellas si continuas así. ¿Creés que él sol es grande? ¿Creés que el universo lo es más? El poder de mi diosa empieza donde el infinito acaba. Iniciar una guerra contra nosotros solo garantiza un agónico final para tu esposa Cadance... O para tu hija.

— ¿Cómo dices?

— Se que lo hueles, oh si — el pegaso olfateó el aire — ese aroma que solo viene de una yegua embarazada.

Los iris de Shinin reflejaban todo menos misericordia, golpeó el suelo fracturando una roca, y le dio la espalda al encadenado. — No responderé a provocaciones. Si no hablas, no perderé el tiempo contigo.

El pegaso entonces se levantó sobre unos cascos sin fuerza y con todas las alas de potencia, se abalanzó sobre Armor a toda velocidad. El capitán de la guardia reaccionó sin problemas, golpeando con una coz en su quijada que le tumbó un par de dientes. El pegaso apenas pudo aferrarse a su pierna herida, pero aplicó la fuerza suficiente para desgarrar los vendajes y dejar la marca al descubierto.

— Jeje, si que me lucí con eso — se incorporó sin fuerza, con toda la comida revolcada en su cara por haber caído sobre ella.

— No importa lo fuerte que ataquéis, o si lo hacéis por la espalda como cobardes, no venceréis — dijo Shinin Armor decidido.

— ¿Cómo que no? Ni siquiera nos encuentras estando escondiendo a tu hermana bajo tus narices.

El unicornio frenó en seco — ¿Twilight está aquí? 

— Upps, ¿Eso lo he dicho en alto o lo he pensado? — actuó el pegaso frotando sus sienes. — Que importa, no la encontrarás.

Empezó a reírse con una boca mellada, mientras Shinin cerraba la puerta de golpe y corría hacia Celestia que estaba solo a 20 pasos de la puerta.

— ¿Lo ha escuchado todo, princesa? 

— Cada palabra — dijo antes de que su cuerno brillase y los teletransportase.

***

En la sala del trono se encontraban Cadence junto a las portadoras y Spike. Apple Jack, Rainbow y Pinkie trazaban puntos en un plano, marcando las zonas donde ya habían buscado a Twilight. Cadence y Rarity leían antiguos manuales de hechizos, mientras Fluttershy escudriñaba enciclopedias sobre criaturas legendarias o extintas. Cada una miraba en el área en el cual era experta, buscando una solución que se escapaba entre sus cascos. Toda esta organización se fue al traste con un destello abrasador y concentrado que manifestó a Celestia y Shinin en el centro de la habitación.

— ¡Princesa Celestia! — Exclamó Rarity con el drama que acostumbraba. — Díganos que tiene pistas, no queda ni un solo rincón en este reino en el que buscar, y Twilight no aparece.

— Tenemos noticias, Twilight está aquí — expresó.

— ¿Cómo? — preguntaron todas a la vez.

— El pegaso me reveló que la tienen encerrada en algún pasadizo de este castillo, solo tenemos que averiguar dónde — dijo Shinin Armor.

— Imposible — Pinkie interrumpió negando con la cabeza, siendo ahora ella el centro de miradas.

— ¿Imposible, porque, Pinkie Pie? — preguntó Rainbow que ya había tomado una pose para recorrer el castillo a toda velocidad. 

— Porque cuando llegamos aquí el primer día revisé en cada rincón y recoveco, ya sabéis, para tener un buen lugar donde esconder cañones de fiesta para el cumpleaños de Shinin — Pinkie suspiró con tristeza. — Aunque hay muchos túneles y secretos, todos están conectados para llegar a lugares como la cocina o el comedor más rápido, pero cualquier sitio accesible para mi no lleva a algún lugar donde se pueda esconder a alguien como Twilight.

Todos miraron a Cadence buscando confirmación, ¿Quien mejor que la dueña del palacio para confirmar dicha información? La princesa asintió con pesar y todos quedaron pensativos. Entonces Spike chasqueó los dedos.

— Espera, lo tengo — exclamó. — Pinkie, has dicho que has revisado todo sitio accesible para ti, pero se de un lugar que podría ser una prisión y no es accesible para ti — Spike entonces señaló un enorme diamante rectangular que parecía sobresalir del trono. — Justo allí, recuerdo que Twilight lanzó un hechizo contra ese cristal y abrió un pasadizo a las profundidades del oscuro sector secreto del Rey Sombra, sin duda alguna estos nuevos enemigos y su magia podrían haber hecho algo similar.

Todos se sorprendieron, y Cadence saltó al centro. — Eso podría ser cierto, por eso habrían encerrado a Twilight en la sala del trono con sus muros de sombras, aquí podría estar el portal.

— Entonces no hay tiempo que perder — exclamó Shinin Armor. — Chicas, Spike, ir a buscar a un buen pelotón de tropas. Princesa Celestia, cariño, quedaros, tenemos que resolver esto de los hechizos y planificar una estrategia.

Todos asintieron, y cuando en la sala solo quedaron ellos tres, Shinin fue corriendo hacia su esposa, sus ojos se llenaron de lágrimas sin él quererlo. — Cadence.

— Oh, no te preocupes cariño, encontraremos a tu hermana sana y salva, ya lo verás.

— No, no es eso cariño... Es verdad, ¿Es verdad que estás embarazada?

Celestia se limitó a asentir en silencio para que solo Cadence la viera. Por supuesto que lo sabía, era lo primero que le había dicho cuando llegó, estaba muy preocupada por si el uso de su magia o esta situación de estrés al estar bajo ataque podría afectarla. Por eso mandaron a Spike al frente de las tropas, ella no estaría en condiciones de pelear por mucho tiempo.

— ¿Cómo lo has sabido? — preguntó Cadence apoyando su cabeza en el cuello de su marido. Ella también tenía ganas de llorar.

— Ese pegaso lo dijo, yo... Yo creo que el puede leer mentes — comentó Shinin forzandose a terminar sus lágrimas. 

— ¿Como dices? — preguntaron ambas princesas al unísono. 

— Si, cuando pensé que tenía que contenerme para no golpearle la cabeza él lo supo. Y cuando pensé en echarle algo de agua hacia su lado derecho para engañarlo, cayó en mi trampa y movió la cabeza hacia la izquierda. Además... — tragó saliva. — Solo estar con él en esa habitación hacía que mis emociones se alterasen, como si quisiera darle un golpe en la quijada o extrangularlo con sus cadenas.

— ¿Magia telepática, dices? — Celestia se inclinó hacia adelante preocupada. — ¿Y ejercida por un pegaso?

— Imposible, incluso la magia emocional que yo manejo requiere de años de experiencia — Empezó a decir Cadence. — un pegaso común...

— Es que no enfrentamos un pegaso común — interrumpió Celestia. — Metamorfosis, telepatía, aguante insano del dolor, canibalismo... Ecuestria se puede enfrentar a una crisis sin precedentes si hay más como él.

— Lo siento tanto Cadence — Shinin abrazó a su mujer y ella correspondió. — Este debería ser un momento maravilloso, me llena tanto de orgullo que vayamos a ser padres, y sin embargo, no puedo expresar nada porque no dejo de pensar que esos malditos nos han atacado solo porque tu embarazo te hace más vulnerable.

— Peor aún... Si tiene telepatía, se podría comunicar incluso estando encerrado — murmuró Celestia. — De ser el caso, vamos de cabeza a una trampa.

— Ese pegaso no era estúpido, nos dijo que Twilight estaba aquí sabiendo que encontraríamos su guarida. Hay que ir lo más preparados posible, porque seguramente sabrán todo lo que estamos planeando — Shinin se apartó de su mujer y golpeó el suelo decidido. — Necesitamos todo el poder que puedan darnos los elementos de la armonía.

Celestia asintió — dame 5 minutos. — se teletransportó.

Cadence y él quedaron solos, aguantaron las lágrimas sabiendo que ahora su estatus era lo único que daba seguridad, sentían en sus grutas el mismo peso que sentía Celestia.

— Salvaremos a este reino otra vez, y nuestra hija vivirá en un lugar seguro — comentó Cadence.

— Si, cariño, eso haremos.

***

Veinte minutos después, sesenta guardias en formación estaban parados frente a la enorme grieta en el suelo que revelaba unas escaleras en espiral que bajaba hasta las profundidades de la tierra. Toda la información había sido puesta sobre la mesa, y muchos respiraban tensos sabiendo que la posibilidad de no regresar superaba el 60 %. Las portadoras tenían sus elementos en el cuello, aunque carentes de la totalidad de su poder a falta de Twilight, seguían siendo elementos peligrosos en los cascos adecuados. Spike intentaba mantener la calma al lado de Shinin y Cadence mientras Celestia daba órdenes con la voz real de Canterlot.

— Princesa, no es que quiera cuestionar sus métodos, pero estos me parecen muy pocos efectivos — dijo Rainbow cuando terminó de hablar, intentando no sonar arrogante. — Si ahí abajo realmente hay un ejército de licanequinos que pueden leer la mente, llevamos muy poco arsenal.

— Entiendo tu preocupación Rainbow Dash, pero si ese ejército nos ataca, no se quedará en las profundidades, y en caso de que salgan, necesitamos más unidades aquí protegiendo a la gente inocente — respondió Celestia.

Rainbow se cruzó de Cascos, pero sabía que las palabras de la princesa eran ciertas.

— No te preocupes, Rainbow, esta vez traje un lazo más fuerte — dijo Apple Jack a su lado.

— Ams, princesa Celestia, ¿Quienes se quedan defendiendo este lugar?  — preguntó Fluttershy que no podía disimular el temblor de sus patas ni la rigidez de sus alas.

Celestia sonrió cálidamente para tranquilizarla. — Fluttershy, Rarity y Pinkie Pie, ustedes se quedarán con Cadence y Spike, serán la primera linea de defensa. No teman, he llamado a Luna y más tropas de Canterlot, llegarán en 10 minutos y ayudarán si esto sale mal, ¿Están preparados?

— Cuenta con ello tía — Cadence hizo un saludo regio, y las otras ponis lo intentaron también. Spike solo tragó saliva.

— Apple Jack, Rainbow Dash y Shinin Armor, ustedes bajan conmigo y las tropas, serán nuestra fuerza de carga, su experiencia los respalda.

Los tres asintieron.

***

El final de las escaleras dejó a Celestia sin palabras, su cara de terror hizo que algunos guardias retrocediesen unos pasos inintencionadamente.

— ¿Sucede algo, princesa Celestia? — preguntó Apple Jack, preparandose para lanzar su lazo en cualquier momento. 

La reina solar estaba detenida frente a una puerta clavada en la pared. Su cuerno y el de algún que otro soldado unicornio era lo único que iluminaba esa estancia de roca azul.

— Han pensado en todo — murmuró con rabia y se volteó hacia Shinin y las tropas. — Esta puerta tiene una maldición de los ponis de las sombras, la puedo neutralizar por horas...

— ¿Pero? — preguntó Shinin Armor.

— Porque siempre tiene que haber un pero — refunfuñó Rainbow Dash.

— Pero mientras lo haga no podré moverme del sitio, necesitaré la máxima concentración para mantener el portal estable, o podría condenaros a un infierno de escaleras infinitas, catacumbas infinitas, o cualquier otro lugar horrible.

Quedaron tan en silencio al escuchar esas palabras que se podían oír las paredes crujir por la humedad. Celestia, la fuerza que mantenía el sol en la cumbre, totalmente indefensa y sin poder ayudar... Estos invasores habían pensado en todo.

— Si nos esperamos diez minutos a que llegue Luna...

— ¡No tenemos diez minutos, mi hermana está ahí dentro! — dijo Shinin Armor, sorprendiendo a todos antes de llevarse un casco a la cabeza por un repentino dolor. Cuando notó que todos le miraban por haber alzado la voz contra Celestia reculó. — Lo... Lo siento, no se que me ha pasado.

Apple Jack lo miró con pesar, teniendo dos hermanos también reaccionaría así si uno fuese secuestrado. Rainbow miró con desdén, ella había perdido a su amiga, pero sabía mantener las formas.

— Princesa Celestia, creo que Shinin tiene razón — dijo Apple Jack dando un paso hacia delante. — No soy nueva en los rodeos, si nos han dado el mensaje es porque nos tenían estudiados y contaban con tenerla inutilizada, si Luna llega, iríamos en contra de su plan, y no sabemos lo que pueden hacerle a Twilight en ese caso.

A Rainbow ya le empezaba a doler la cabeza con tantas idas y vueltas, esto era más complejo que los giros de tuerca quedaban las historias de Daring Doo. Algunos soldados empezaron cuchicheos que se confundían por el eco, y Shinin intentaba mantenerse firme para esperar la respuesta.

— Está bien — dijo finalmente Celestia. — No hay tiempo que perder, pero esto aumenta el peligro, ¿Sois conscientes?

Shinin giró grutas mirando a los guardias, su pata ardía y su cabeza dolía. — ¡Aquí no obligamos a ningún soldado a dar un paso al frente, quien no quiera venir está a tiempo de retirarse!

Algunos dudaron, pero hubo uno con un vendaje en la pata que avanzó. — Twilight nos salvó del lobo cuando nos atacó, de no ser por su hechizo habría perdido más que una pata, yo voy.

Otro soldado suspiró. — Tengo miedo, pero seguro que Twilight también lo tuvo cuando salvó a mi hermano de aquel lobo, y ella ha puesto muchas veces su vida en peligro por este imperio. Yo también voy.

Unos a otros los guardias se fueron convenciendo, y las tropas no perdieron ni un solo militante. Rainbow voló más decidida y en posición. — Si, trabajo en equipo, esto lo hace un veinte por ciento más genial.

— Todo queda dicho — sonrió Celestia. — Traigan a mi mejor alumna de vuelta, confío en todos ustedes.

Sin más, su cuerno empezó a emitir brillos morados y verdes, sus cuencas brillaron como fosforito reflejado por el Sol y un rayo dio en la parte superior de la puerta. Todo estaba listo, un pasadizo de roca y tinieblas se abrió, Shinin saltó de cabeza a él al grito de "seguirme, iluminaré el camino". Apple Jack y Rainbow Dash lo acompañaron, sus elementos brillando junto a él.

***

La estancia era fría, sonidos huecos solo rotos por todos ellos cabalgando. Gigantescos pasillos y zonas laberínticas, los únicos huecos en las paredes albergaban celdas, en su mayoría vacías salvo por aquellas que contenían huesos que ya ni siquiera servían de alimento para los gusanos. 

Todos frenaron de golpe, el camino se bifurcaba en cinco ramas. — ¡Maldición! — dijo Shinin. Tiró varios rayos de luz para despejar el terreno, pero todo era rocas, celdas y muertos.

— ¿Y ahora que? — preguntó Rainbow Dash. — ¿Nos separamos?

— Ni por todas las manzanas del campo — replicó Apple Jack. — Separados seremos más vulnerables, seguramente es lo que quieren. Tú que opinas capitán.

Shinin sintió que le hervía la sangre, el dolor en su pata se incrementaba cuanto más tiempo pasaba en esta cueva. Apretaba la mandíbula y arrugaba la nariz, empezaba a sentir que se cocía dentro de su propia armadura.

"Es el segundo empezando por la derecha", susurró una voz en su mente. 

— ¿Quién ha dicho eso? — preguntó él pony a las paredes, llevándose miradas de subita confusión.

— ¿Quién ha dicho que? — le preguntó Apple Jack.

— ¿No habéis oído a alguien susurrar "segundo empezando por la derecha"? — pregunta él.

— Pues como no lo hayan dicho los hierros o las enredaderas de las paredes, aquí nadie ha hablado — respondió Rainbow Dash.

Apple Jack alzó la cabeza y varios guardias se pusieron en posición también. — ¿Enredaderas, aquí? ¿A tanta profundidad y sin fuentes de luz o agua?

— Oh oh.

Los muros estallaron de pronto, guardias unicornios desplegaron escudos de energía y frenaron cascotes. De las paredes tumbadas salieron criaturas hechas de magia, aparentaban ser madera podrida y compactada, como gigantescos lobos de madera formados de rosales quemados. Eran mínimo 6, y cada uno tan grande como dos carretas apiladas. Los soldados entraron en formación, cabian seis a lo largo del pasillo, Shinin, Rainbow y Apple Jack se abrieron paso hacia el frente. El capitán atacó con un rayo de magia, pero se deshizo antes de tocar a las bestias de madera. 

— Son anti magia, como el lobo — dijo Shinin.

— Pues habrá que improvisar — Rainbow tomó impulso con una pirueta hacia atrás y embistió con una patada en la frente de un lobo, empujando a dos de colateral.

Las criaturas no afectadas por el ataque se reubicaron, clavaron sus garras y empezaron a escalar por las paredes lanzando múltiples púas de su cuerpo. Los soldados las desviaron con el uso de sus lanzas, o se apartaron dejando que estas se clavasen en la tierra. Shinin dio órdenes de inmediato. — Tomad una posición evasiva, rodearlos y atravesar sus puntos vulnerables entre las espinas.

Apple Jack desenfundó su lazo, atrapando una pua al vuelo para devolverla, golpeando a un lobo en la cabeza, formando una grieta superficial. — Ya han escuchado al capitán, vamos, vamos.

El aviso no sirvió de mucho, los lobos saltaron en picada al mismo tiempo y rompieron filas, su tamaño ocupaba el pasillo entero, y dividieron el pasillo en dos, con 40 guardias a un lado y 20 en otro, Shinin entre ellos.

El capitán lanzó un hechizo de fuego contra el techo, explotó lanzando piedras en llamas, atacando a enemigos y aliados por igual. Un movimiento muy imprudente, pero Shinin no podía oír las quejas con los aullidos de los lobos, y las tinieblas de rabia cubriendo su mente.

Applejack galopó hacia un grupo de guardias acorralados por dos lobos. Con un movimiento rápido, lanzó su lazo alrededor de una viga de oxido rota que sobresalía del techo y tiró con fuerza, haciendo caer escombros sobre las bestias. Las criaturas retrocedieron, aplastadas momentáneamente, pero las púas de sus cuerpos comenzaron a vibrar, liberando una nube de polvo negro que irritaba los ojos. 

—¡Cuidado, todos atrás! —ordenó Shining, cubriéndose la boca con un casco. 

Los guardias formaron un semicírculo, blandiendo lanzas y escudos físicos, conscientes de que la magia era inútil. Shining notó un brillo entre las grietas de un lobo: un núcleo pulsante, como un corazón de savia oscura. —¡Ahí está su debilidad! —gritó, señalando—. ¡Apuntad al centro!

La batalla se intensificó cuando los lobos coordinaron un ataque, moviéndose como una manada en Zigzag, levantando raíces del suelo. Uno saltó desde la pared, intentando atrapar a Rainbow Dash, pero ella lo esquivó con un giro aéreo, gritando: —¡Demasiado lento! 

Sin embargo, otro lobo aprovechó la maniobra para disparar una ráfaga de púas. Un guardia levantó su escudo justo a tiempo, pero el impacto lo derribó contra siete compañeros, huesos crujiendo contra las paredes. Applejack corrió a su lado, usando su lazo para cerrar una mandíbula mientras guardias alados arremetían con lanzas.

Shining, con una lanza improvisada de 4 barrotes elevados con magia, cargó contra el lobo más cercano, apuntando al núcleo que había visto. La lanza se clavó con un crujido, y la criatura se estremeció, su cuerpo desmoronándose en astillas ardientes. —¡Uno menos! —gritó, pero la victoria fue breve: una explosión de magia lo empujó a el junto a doce soldados más hacia uno de los 5 pasillos.

— ¡Shinin! — gritaron las portadoras a la vez.

Todos los lobos restantes se coordinaron en un único ataque, múltiples raíces tiraron las paredes y sepultaron el camino donde estaba el capitán de la guardia. Espinas y rocas por todo el lugar, y con un gruñido de manada arremetieron a todo trapo contra los guardias, Rainbow y Apple Jack se apartaron bien, pero muchos no corrieron esa suerte. Aun así el plan de los lobos parecía cumplido con todos los pasadizos derribados, y tras las heridas y bajas causadas a la armada, se fueron por donde habían venido. 

***

Shinin se levantó al cabo de dos minutos, su rozón latía acelerado, y sus oídos pitaban por un silencio eterno que no se callaba. Sus fosas nasales tomaban aíre con pesadez, y en ese aire encontró un aroma que lo disgustó. Cerró los ojos y se negó a prender su cuerno, sabía que estaba rodeado de cuerpos sin vida, había perdido más soldados por un ataque imprudente contra un lobo.

— Quizás... Quizás ese pegaso tenía razón, esta amenaza me supera.

"Si, tenía razón, pero no solo en eso". Shinin se lleva un casco a la cabeza, pudo sentir una voz hablándole. "Eres igual a nosotros, cachorro, eres un likoi, y vas a empezar a actuar como tal".

— ¡Son unos malditos, sal de mi cabeza! — gritó Shinin sin ser escuchado por nadie. 

"¿De que te sorprendes? ¿No notas tus nuevas capacidades? ¿No hueles nada?".

Shinin volvió a tomar una respiración profunda, más por un instinto nuevo que porque realmente tuviese ganas. Entonces notó un olor familiar. — ¿Twilight? — antes de ser consciente ya estaba corriendo a toda carrera en la dirección, girando en un pasillo específico como si conociera el lugar de toda la vida. Ignoraba los cubículos con barrotes y los cadáveres centenarios. Llegó hasta una celda con una doble placa de metal y la arrancó de sus bisagras con los cascos. Shining hizo brillar su cuerno, y disparó un hechizo de luz, divisando una figura morada recostada en una cama de roca, que giró en cuanto detectó otra presencia con ella.

— Serás tú... ¿Twilight? — Shinin quedó en silencio, cuando la luz terminó de iluminar el cuarto.

— Shinin... ¿Eres tú?

La figura se acercó más a la luz con patas tambaleantes. Su crin caía desaliñada, sus alas entumecidas no podrían levantar su peso, y su cara revelaba el gran desgaste físico en unas ojeras pronunciadas. Si, era Twilight, maltrecha y derrotada pero era ella. Aún así, había brillo dónde antes no, su cuerno tenía una hilera de cristales compactos en una sola pieza azabache y roja, como si llevase puesta una corona formada con una gema sangrienta hecha con la sombra del crepúsculo.

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