Guion de Misterios Antiguos: Corpus Hermeticum (No es IA)
Fuente: https://youtu.be/NrfRIL47G8U?si=zpfHsZB1wfP4AvLK
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1. Introducción
Hola, bienvenidos a Revelando el Velo. Hoy vamos a retomar una temática que hace rato que no tratamos y que yo sé que a muchos de ustedes les encanta: y es la historia del esoterismo occidental. Más precisamente, vamos a hablar sobre el Corpus Hermético, la fusión de la filosofía y los cultos mistéricos griegos con las antiguas tradiciones egipcias que, junto a otros factores, dio lugar a la alquimia y al gnosticismo.
Tuvieron más consecuencias, una de las cuales ejerció una influencia inmensa en la historia del esoterismo occidental: esta fue la colección de escritos llamada Corpus Hermético, compuesto por el Poimandres y otros 17 tratados cortos. Supuestamente escritos por un sabio egipcio llamado Hermes Trismegisto en tiempos remotos, realmente eran el producto de una escuela de sabios místicos que apareció en Alejandría entre los siglos primero y tercero, y que lo firmaron con el nombre del legendario fundador de su escuela.
2. Clasificación y Doctrina Fundamental
Fue escrito en forma de diálogos platónicos que se pueden clasificar en dos clases principales: el hermetismo, a veces llamado popular, que se ocupa de la astrología y otras ciencias ocultas; y hermética, atribuida a Trismegisto, que se ocupa de la espiritualidad y la filosofía.
Al igual que los gnósticos, aquellos seguidores de Hermes Trismegisto creían que la humanidad descendió al mundo de la materia desde un reino más elevado, y que solo podía salvarse elevándose más allá de lo material. Sin embargo, rechazaban la afirmación gnóstica de que el universo era la creación de un Dios malvado. Básicamente, predicaban el autocontrol, la filosofía natural, la alquimia, la astrología y la magia; todo esto con la intención de que los iniciados reconectaran con el reino espiritual y la realidad divina.
Copias del Corpus Hermético, junto con muchos otros escritos similares, se difundieron por todo el Imperio Romano durante los últimos siglos de paganismo y jugaron un papel fundamental en la espiritualidad esotérica de aquella época.
3. El Impacto en el Renacimiento Italiano
Pero el mayor impacto del Corpus Hermético se daría recién mil años después. Una copia sobrevivió a los siglos de persecución por parte del cristianismo romano y retornó desde Oriente hasta la Italia renacentista. Al ser traducido, la visión de una espiritualidad centrada en el esoterismo cayó como una bomba sobre una Europa que pedía cambios a gritos, y marcó el comienzo de tradiciones ocultas que siguen vivas actualmente.
A finales del siglo XV, la vanguardia humanista de las ciudades-estado del norte de Italia estudiaba intensamente el legado del mundo clásico: esto era la filosofía platónica y pitagórica, las alegorías mitológicas, los misterios caldeos y egipcios, y la teurgia o magia gnóstica. Muchos estudiosos de la cultura renacentista también conocieron la cábala y la consideraron como un nuevo campo de estudio y, como habían hecho con las tradiciones de la antigüedad, también la armonizaron con su muy poco ortodoxa visión del cristianismo.
Partiendo del análisis del mensaje de esta cábala cristiana, el legado del mundo clásico también incorporó nuevos conceptos y contenidos espirituales que, para su sorpresa, combinaban perfectamente. Para muchos eruditos de la época, las antiguas tradiciones no eran un contrapeso, sino el instrumento para confirmar su fe e invocar el don divino. ¿Qué era el don divino? Ya vamos a llegar a eso.
Ahora bien, el descubrimiento de los textos de Hermes Trismegisto debe imaginarse bajo estas influencias y circunstancias. A pesar de que no podían profesarlo libremente por razones obvias, estos particulares filósofos cristianos creían que el origen de la sabiduría divina no podía estar separado de algún tipo de filiación con Cristo o, mejor dicho, con lo que ellos esotéricamente interpretaban como Cristo.
Entre los diversos escritos neoplatónicos que los eruditos bizantinos conservaron de la cultura helénica cuando esta fue perseguida por la iglesia romana, se destacó el famoso manuscrito del Corpus Hermético, hasta entonces desconocido en Occidente. Como hemos relatado en otros informes, cuando la invasión turca puso fin al imperio bizantino, el Corpus fue liberado o, mejor dicho, vendido a un coleccionista privado en Europa. Este coleccionista no era otro que el magnate que gobernaba Florencia: Cosimo de Medici.
El Corpus Hermético llegó a Florencia en 1460 y rápidamente fue traducido, porque se creyó haber encontrado un documento que permitiría vincular la sabiduría clásica con una historia sagrada mucho más antigua. Esto proporcionó un ímpetu seminal en el desarrollo del pensamiento y la cultura del Renacimiento, ya que tuvo un profundo impacto en filósofos como Pico de la Mirándola, Giordano Bruno, Francesco Patricio, Robert Fludd y muchos más.
4. La "Prisca Theologia" y la Relación Directa con Dios
En el Corpus, los académicos florentinos encontraron el testimonio que estaban buscando: la famosa prisca teología, que supuestamente los hombres de la antigüedad conocieron y practicaron, y que se basaba en una relación directa entre Dios y el individuo, sin intermediarios. Para el que desconoce la prisca teología o teología antigua, es una doctrina que afirma que existe una teología única y verdadera que atraviesa a todas las religiones y que, antiguamente, fue dada a los humanos por el mismo Dios.
Además, el Corpus Hermético permitía aventurar varias hipótesis respecto a cómo recuperar esa relación directa con lo divino, o lo que ellos llamaban la presencia efectiva del verbo divino, incluso en aquellas tradiciones y mitos antiguos que tanto amaban. Esta necesidad de actualización de la revelación divina fue lo que motivó las muchas especulaciones acerca de la prisca teología.
La representación de Hermes Trismegisto en el piso del mosaico de la catedral de Siena de finales del siglo XV muestra perfectamente el sentimiento que movía a los humanistas de la época y también hasta qué estratos llegaba. En el centro de un cuadrado aparece, sin ningún tipo de velo, la figura de Hermes Trismegisto y, a sus pies, una leyenda que reza: "Hermes Mercurio Trismegisto, contemporáneo de Moisés". La mano izquierda se apoya sobre una inscripción y la derecha sostiene un libro que recibe de un personaje de menor estatura, supuestamente el propio Moisés, detrás del cual se encuentra la representación de un personaje difícil de identificar, aunque por época y contexto es posible que se trate de una anciana sibila.
En el texto sostenido por dos esfinges, y que simboliza la filosofía de los sacerdotes alejandrinos, está escrito un fragmento de Asclepio —la única parte del Corpus Hermético que ya se conocía durante la Edad Media— y que dice así: "El señor y hacedor de todas las cosas, al que correctamente llamamos Dios, creó a partir de sí mismo un segundo Dios visible y sensible. Cuando hubo creado este Dios, el primero nacido de él y el segundo tras él, le pareció hermoso, puesto que estaba completamente lleno de bondad". En la inscripción del mosaico se añade que este hijo es el verbo santo y se lo identifica exotéricamente con Cristo. En el libro que Hermes Trismegisto recibe del supuesto Moisés se lee: "Dedíquense a las letras y a las leyes egipcias".
El erudito Marsilio Ficino tradujo el Corpus Hermético para Cosimo de Medici y lo hizo extremadamente rápido, porque Cosme estaba enfermo y quería leer los textos de Hermes antes de morir; por eso Ficino tuvo que demorar la traducción de las obras de Platón, a quien consideraba como máximo guía de su pensamiento. La irrupción del Corpus Hermético en este ambiente cultural e intelectual que estamos relatando reafirmó los conceptos de prisca teología y filosofía perenne, y se creyó identificar al eslabón perdido: Hermes Trismegisto.
5. Simbolismo, Jeroglíficos y el "Don Divino"
Ahora bien, ¿Cuál era el don divino que perseguían estos humanistas, hermetistas, cabalistas, cristianos renacentistas?
Vamos a explicarlo de forma práctica. Pocos años después, y como consecuencia, apareció un libro muy especial, un tesoro para los buscadores, titulado Hypnerotomachia Poliphili, pero conocido con un título más tranquilo: El sueño de Polífilo, y cuyo autor se supone que fue Francesco Colonna.
Este es un texto intrigante y complejo. Está lleno de grabados que ocupan un lugar preeminente en la historia del arte porque son la primera muestra renacentista del uso de jeroglíficos para transmitir conocimientos esotéricos. No se trata de jeroglíficos egipcios, sino de imágenes críticas a la manera egipcia: una escritura secreta que aseguraba descifrar la esencia del universo emulando los alfabetos de los magos. Su objetivo no era la arqueología ni la filología, sino un intento de actualización de los misterios que conocían los antiguos hierofantes egipcios, y donde se narra una alegoría en la que Polífilo persigue el amor de Polia a través de paisajes y escenas de ensueño para, al final, reconciliarse con ella por gracia de la Fuente de Venus.
Así relatada, la alegoría principal resulta bastante comprensible, pero en los detalles del libro se encuentran distintas capas de lectura. En esta tendencia hacia los jeroglíficos, hacia los símbolos, también tuvo un papel muy importante el descubrimiento a principios del siglo XV de un papiro firmado por un tal Orápolo —una mezcla de Horus y Apolo— llamado Hieroglyphica, porque se creyó encontrar un documento original de la época faraónica por el cual se podía reconstruir la antigua relación entre la creación divina y el lenguaje, es decir, el código oculto.
Marsilio Ficino lo describió con estas palabras: "Los sacerdotes egipcios, al querer introducir misterios divinos, no utilizaban los pequeños signos del alfabeto, sino figuras completas de plantas, de árboles, de animales; ya que Dios no posee el conocimiento total de las cosas como un discurso que se refiera a ellas, sino como una cosa simple y estable". Por ejemplo, su abordaje del tiempo era múltiple y variable, diciendo que es rápido y que, como una suerte de ciclo, une el fin con el comienzo, lo que enseña la prudencia con la que se deben producir y anular las cosas. El egipcio sencillamente resumía todo este discurso en una única figura al pintar una serpiente alada que introduce la cola en su boca, y lo mismo puede decirse de las demás figuras que describe Orápolo.
Entonces, para los hermetistas del Renacimiento, los jeroglíficos y la simbología en sí eran el resultado de un proceso que iba desde la diversidad de las formas creadas hasta la unidad central a la que llamaban Dios. Según aquellos amantes de la hermética, Dios solo se podía conocer por medio de su creación, y los jeroglíficos y los símbolos deletreaban dicha creación, haciendo emanar su sentido más puro y oculto. La impresión veneciana de El sueño de Polífilo estuvo directamente relacionada con el deseo de Pico de la Mirándola y de la élite intelectual en editar las obras de la antigüedad clásica, en un momento en que la Academia Florentina había dejado de existir por motivos políticos y religiosos.
6. La Figura de Atenea (Minerva) y el Intelecto
Polífilo representa un visionario que sigue los pasos del viaje del héroe y cuyos arquetipos se hallan en todos los mitos antiguos. La historia fue ilustrada con grabados de diversos artistas; dichas imágenes, en realidad, eran jeroglíficos que representaban los mitos y los misterios herméticos.
Polífilo busca a su amada Polia, que parece aludir la imagen simbólica de la Sofía de los gnósticos o la Palas Atenea de la antigua Grecia. Así, el don amoroso de Polia era una bendición que iluminaba con sabiduría, y ese era el don divino: el objeto de la búsqueda espiritual de los humanistas renacentistas, la sabiduría que guía al amor en su camino hacia la fuente.
Por ejemplo, cuando [Pico] de la Mirándola investigó los signos órficos y encontró referencias a la bendición divina de la sabiduría —que en los mitos griegos está representada por Palas Atenea—, estableció una relación con la palabra hebrea bíblica muy utilizada en la cábala; esto renovó el interés en la hija de Zeus llamada Minerva en latín. Se puede decir que, en general, el acceso a textos helenísticos que no habían pasado por los sincretismos romanos hizo más precisa la comprensión y la recuperación del uso simbólico de los hijos de Zeus como cualidades o atributos de una inteligencia suprema que ellos aseguraban regía el orden del universo. En este caso, Atenea-Minerva representaba claramente la sabiduría otorgada a los hombres.
Minerva, ahora desempolvada, se convirtió en un móvil muy común en el pensamiento y el arte renacentista. Atenea, Minerva, Sofía... eran precisamente Polia. Según el mito, Atenea nació de la frente de Zeus completamente armada y emitiendo un grito de guerra. Los poetas griegos decían que Zeus respiró profunda y placenteramente y miró a su hija orgulloso, mientras que una lluvia de oro caía del cielo estrellado.
Ahora bien, si los poetas antiguos inventaron este nacimiento tan intencionalmente llamativo fue para simbolizar en la diosa Atenea la sabiduría de Dios, pues la cabeza puede tomarse como una referencia simbólica de la sabiduría y, si es la cabeza de Zeus, es la sabiduría de Dios. Según la creencia de los sabios renacentistas, la capacidad de pensar, el poder mental que los humanos poseen, era de origen divino y aseguraban que había sido concedida al género humano para que pudiese entender y expresar el conocimiento del mundo.
Respecto a esta idea, François [Foix de Candale], un autor de un comentario sobre el Poimandres —que es el primer tratado del Corpus Hermético—, escribió la siguiente reflexión que retrata muy bien el punto de vista de los hermetistas en aquel momento:
"El pensamiento es una esencia divina que nos ha sido dada para conducirla a la gloria, servicio y obediencia de Dios. El hombre separado de Dios puede ser astuto y maquinador, pero su pensamiento sólo tiene acceso al conocimiento de las cortezas de la creación. Aun siendo apreciada por sus semejantes, la inteligencia del que no cree en nada no posee ningún brillo y permanece atrapada en intereses sórdidos; al no haber un destino, tampoco puede haber un camino y, por lo tanto, no sabe ni puede armonizarse con el devenir del universo. Pero el que recibe el don de la sabiduría, en vez de conocer muchas cosas, conocerá la cosa única que contiene a todas las demás".
En el cuarto tratado del Corpus Hermético, Hermes instruye a Tat acerca de por qué Dios no hizo partícipes a los hombres caídos del don del intelecto o el Nous, y la razón de que deba recibirse por medio de un bautismo o iniciación. Tal bautismo consiste en recibir la ayuda de Atenea; aquellos que comprendieron la proclama y se sumergieron en el pensamiento o Nous, participaron del conocimiento y se perfeccionaron. Son los que, guiados por Atenea, emprenden el camino de retorno a su origen divino.
7. Mitología y Sabiduría Oculta
Emmanuel d'Hooghvorst, un filósofo y alquimista del siglo XX, también comentó algo muy interesante al respecto; dijo lo siguiente: "Nadie puede ser introducido en la escuela alquímica sin su protección, sin estar bajo su égida. Su ayuda es todopoderosa; ella es quien conduce la obra desde el comienzo hasta el fin, aconseja, instruye y reconforta al discípulo".
En la mitología clásica, Atenea es quien transmite sabiduría divina a héroes como Heracles o Perseo. Por ejemplo, en un pasaje de La Ilíada, se cuenta cómo Aquiles y Agamenón discuten acaloradamente sobre la conveniencia de atacar a las tropas troyanas; en un momento de la disputa, Aquiles, poseído por la cólera, se prepara para desenvainar su espada contra Agamenón, pero entonces Atenea aparece para disuadirlo, ofreciéndole la sabiduría que antes no poseía.
Este cambio en Aquiles gracias a la razón es lo que en los poemas homéricos, con toda justicia, se identifica con Atenea. Casi puede decirse que la diosa no es sino una denominación de la inteligencia, del poder mental, del Nous: alguien que escudriña el todo con los ojos penetrantes del pensamiento. Por eso también en su mito se la presenta virgen, que es una metáfora de que el intelecto debe conservarse puro; y de ahí también la conjetura de que nació de la cabeza de Zeus. La sabiduría de los hombres no es la sabiduría de Dios, ya que una mira lo de afuera mientras la otra considera lo de adentro.
En las leyendas se enseña el misterio de la sabiduría oculta por medio del mito de la virginidad de Atenea; la virginidad representa el secreto de Zeus, Dios inaccesible al conocimiento humano. Al respecto, Porfirio escribió lo siguiente: "Hablaré a quienes está destinado, pues develo nociones de una sabiduría teológica; y es Dios y las potencias de Dios lo que los hombres han de revelar mediante estas nociones".
Las nociones a las que se refería Porfirio son el contenido oculto en la mitología, también llamado filosofía oculta. Cuando los antiguos poetas invocaban a Atenea, no lo hacían para embellecer su canto y obtener la gloria, sino porque verdaderamente creían que, gracias a la presencia de la hija de Zeus, hombres y mujeres podían alcanzar la inmortalidad; porque la poesía inspirada por Atenea daba alas a los artistas para remontar al cielo de donde cayeron. Sin embargo, y en este retorno, no era suficiente la ayuda de Atenea: también debía estar presente la influencia de Hermes y de Venus, pero eso lo vamos a dejar para otro momento.
Así que miren ustedes todo lo que se produjo y todo lo que se redescubrió gracias a la aparición del Corpus Hermeticum.
Queridos amigos, les doy las gracias a los que me acompañaron hasta acá. Que tengan un buen día donde quiera que estén, y miren con cuidado qué hay en la punta de sus tenedores. No se olviden de suscribirse y activar la campanita para recibir contenido nuevo; y si hoy aprendieron algo, déjenme un saludo en los comentarios. Hasta la próxima.
Fin
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