Último remake de la sombra del crepúsculo.

 

Artista: Nightglowfan.

Historia original: https://m.fanfiction.net/s/10845439/11/

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¿Que hay? Vengo a terminar lo que empecé.


Tres horas antes.

Twilight abre los ojos con dificultad, sus párpados se sienten tan pesados como las rocas de un molino y su cabeza zumba. Por instinto trata de prender su cuerno, pero solo consigue que el dolor se intensifique. Lo único que nota es el suelo, tierra y roca oscura, catacumbas alejadas de las alas de Celestia. Se palpa mientras trata de recordar. Ese lobo, esa alicornio, esa magia que anuló sus poderes... Se detiene cuando su pezuña nota unos cristales al rededor de su cuerno.

— ¿Pero qué es esto?

Cristales en la cabeza, seguramente afilados y neutralizadores de magia, como aquellos que una vez su hermano tuvo tras un ataque del Rey Sombra.

— Magia prohibida — se le escapa entre los dientes.

Unos cascos galopan en el sitio acompañados de unas risas crueles. Twilight, con unos ojos que aún no se adaptan, mira a través de unos barrotes de hierro demasiado nuevos para lo antiguo que era el resto del sitio. Una bandeja vacía es lanzada entre los mismos, y con trote sarcástico una cara nueva avanza hasta ser visible.

— Tendría que haber despertado antes su altísima alteza de la mágica magia de la amistad — dice la desconocida. — Le había traído la comida.

Twilight mira la bandeja vacía.

— Había, tiempo pasado — remarca su captora. — ¿Tanto te duele la cabeza para no razonar algo tan básico?

Twilight miraba su reflejo en la lámina de metal limpio. Tal como supuso, picos compactos y oscuros que parecían alternar entre líneas rojas y crepusculares, como si fueran venas palpitando. Mira de nuevo a la yegua que no se extraña en absoluto. Era nueva. Cuerpo azul cielo, crin amarilla desgastada y ojos verdes que empiezan a mostrar arrugas que resaltarían si no fueran más impresionantes sus marcas profundas de arañazos y quemaduras.

— ¿Quién eres tú? - pregunta Twilight.

— Yo soy una agente del caos, devoradora de toda esperanza y esparcidora... ¿Esa palabra existe?

— Si — responde Twilight con desgana.

— Pues eso, esparcidora de la única verdad igual para todos, mi diosa, la muerte — sonrie de oreja a oreja. — Apropiadamente me llamo Death Smiles.

— Déjame salir de aquí — ordena Twilight.

— Claro, tengo la llave en algún lado. — Death Smiles se da media vuelta dramáticamente antes de volver a sonreír a la princesa de la amistad. — Estoy bromeando, por supuesto, así que no hace falta que sigas con esa cara. Siendo tú, lo que no entiendo es porque no te estás haciendo preguntas más obvias, como porque sigues con vida o por qué necesitamos tu magia si tenemos alguien de Skyrus en nuestras filas.

Ese nombre evocó sentimientos en Twilight, el ataque de aquella alicornio le golpeó los recuerdos. Ella sabía poco de aquel lugar, era probable que las demás princesas tampoco supieran mucho. Habían pasado 3.000 lunas desde la última vez que las dos hermanas cabalgaron por allí. Skyrus, la mítica tierra de los alicornios. Su ubicación era un misterio para cualquiera.

— Oooo, que carita, ¿Celestia no te dijo lo que pasó en esa tierra? — la pony sonrie. — Claro que no, la incompetencia y el secretismo son los pilares firmes sobre los que gobierna. Apuesto a qué ni siquiera puedes reconocerme.

Twilight analiza más de cerca a esa "muerte sonrisa". Iba con capucha y armadura. La pechera de plata tenía los mismos grabados que los guardias de Canterlot, y un lateral de su cara tenía restos de quemaduras de tercer grado cicatrizadas hace décadas.

— No, no te conozco — Twilight se pone firme. — Pero si eres una traidora por algo que Celestia te dijo...

— Ja, que me dijo — se da con un casco en la cara. — De lo que hizo.

— Celestia nunca te haría nada.

— Exacto — una pezuña señaló a Twilight. — Ella nunca hace nada en primer lugar.

— Eso no es cierto.

— ¿A no? ¿Te ha mandado alguna vez a qué enfrentes a un dragón tú sola? — Mientras Death Smiles juzgaba Twilight desvío la mirada. — Dos veces si no recuerdo mal, para no saberlo, en unos años saldrás en los libros de historia. ¿Pero a mí quien me reconoce? ¿Quién se acuerda del E.N.D? 

La princesa recuerda súbitamente, escuchó de ese equipo cuando era una potranca, echaban a los dragones fuera de los volcanes que ponían en peligro a los ponis. El Escuadrón Neutralizador de Dragones, se disolvió cuando los dragones encontraron su propio lugar donde habitar fuera de los dominios de Equestria.

— Ella puede mover el Sol, pero no le pidas que mueva a un lagarto, mejor poner en riesgo a soldados para eso.

— Esas quemaduras... — murmura la prisionera.

— Si — Death Smiles entrecierra los ojos. — Estar en el bando de Celestia te deja marcas, pronto lo entenderás. Vaya que si lo entenderás.

La yegua azul se voltea sin decir más palabras. Twilight traga saliva entendiendo lo que está pasando. No la habían capturado porque necesitaran su magia, la iban a usar para mandar un mensaje. Un atentado que podría diezmar el gobierno de Celestia y del imperio de cristal al mismo tiempo.

Jo tío, que maldad.

****

Shining no pudo dejar de mirar aquellos cristales compactos que parecían protuberancias rígidas y amenazantes. Su hermana dedujo sin problemas lo que debía estar pensando, así que solo asintió cabizbaja con un "ya sé".

— Twilight, tranquila, soy Shining — expresó su hermano consciente de que el pánico sería inútil. — He venido a sacarte de aquí, hay una salida tapada con escombros, pero seguro que ya han encontrado forma de abrirla.

Twilight lo miró serena sin dar ni un paso. — ¿Como se que eres quien dices ser?

Su hermano se detuvo y casi sonrió, esa astucia tan genuina solo podía ser de su hermana. — Mi primer hechizo fue uno de telequinesis a los 6 años, rompí un tarro de galletas que iba a comerme a escondidas y tú llegaste para decirle a mamá y papá que había sido idea tuya. Tuvimos que cortar el césped como castigo.

A Twilight se le llenaron los ojos de alegría y se tiró a su hermano para abrazarle. Él correspondió el gesto. — Solo mi hermano podría acordarse de eso.

— Y solo mi hermana se alegraría tanto de verme. ¿Puedes caminar, o volar, o moverte?

— Creo que puedo correr, pero no mucho, la cosa esta en mi cuerno impide que lance mis hechizos — Twilight estiró las patas y suspiró. — Vámonos, había una carcelera por aquí, y he oído aullidos de bestias en los túneles.

— No se hable más, te explicaré lo ocurrido por el camino.

Mientras galopaban con el cuerno de Shining como único foco de luz guía, el hermano no tardó mucho en explicar todo. Twilight no quiso apresurarse a sacar conjeturas, pero si Celestia y Luna estaban al caer, entonces los planes de aquellos ponis malvados estaban saliendo demasiado bien.

— Creo que esto es una trampa, Shining.

— Seguramente lo sea, fui guiado hasta ti por unas voces en mi cabeza — Twilight dirigió una mirada de pánico a su hermano. — No te preocupes, tengo los ojos bien abiertos.

Giraron en una esquina y llegaron a la zona de los escombros. Para Twilight solo otro pasillo sin salida, pero para Shining fue preocupante ver qué no había ni rastro de sus soldados.

— ¿Qué pasa, hermano?

— Creo que me he equivocado de camino... Pero es imposible.

No había sangre, o huesos, o a cualquier rastro perceptible. Él giró la cabeza antes que Twilight, pasos más silenciosos que las sombras los acompañaban.

— ¿Os vais sin despediros? Eso es de mala educación.

Twilight frunció el ceño, era Death Smile quien había aparecido de la nada con su cuerno brillando como ascuas en una hoguera. Shining solo apretó la mandíbula y se colocó en posición de ataque, inspeccionando el terreno de forma rápida por si pudiese usar algo como arma.

— Siiiis — Death Smile silbó y las pupilas de Shining se dilataron. — Chucho malo, no puedes amenazar a tu ama.

Twilight notó la herida en la pata de su hermano, su color rojo incrementaba como cobre fundido. — Shining, ¿Estás bien?

Aquella cabeza que le devolvió la mirada ya no tenía la mirada protectora de su hermano. Ojos a punto de reventar por la adrenalina, dientes apretados que empezaban a formar colmillos, y pelos herizandose.

— ¿Qué estás haciendo?

— Este es el poder de un likoi — la sonrisa de la yegua era desproporcionalmente amplia. — Rómpela algunos huesos, pero no la mates.

Twilight iba a cubrirse cuando vio el casco de su hermano moverse, pero este excavó en el suelo y lanzó un trozo de piedra en dirección de la pony agresora. Death Smile apenas agitó el cuello para lanzar un hechizo energético que pulverizó la piedra, iluminando su rostro suficiente para ver qué su sonrisa era menos pronunciada. 

— No atacaré a mi hermana — gruñó Shining salivando espuma. — Si tengo que saciar mi sed de sangre con alguien, ¡Será contigo!

Shining se abalanzó sobre Death Smile más rápido que un pony de carreras. Death Smile fintó evadiendo los cascos y le dio una coz en las costillas. Shining se clavó al suelo y disparó desde su cuerno un hechizo que Death Smile no pudo evadir completamente. La magia se estampó contra la armadura y envío a la yegua a través del pasillo.

Death Smile se levantó sin capucha, toda la pechera al descubierto, mostrando un pecho que latía sin corazón. Solo había una masa negra y Espinosa en lugar de venas y arterias. Twilight no daba crédito a lo que veía, y Shining solo pensaba en la manera de eliminarla.

— Espinas sin rosa, sombra sin luz, ven porque yo te reclamo — conjuró antes de que un segundo rayo de Shining la tocara.

Estaban solos otra vez, Death Smile se esfumó en el aire. Twilight estaba demasiado sorprendida por todo como para hablar, hasta el dolor en su cuerno había pasado a un segundo plano.

— ¿Hueles eso?

Sin tiempo de respuesta, Shining ya se había movido cuando la tierra se estremeció. Un levantamiento de rocas, y de él un enorme lobo de tres cabezas hecho de espinas y enredaderas putrefactas. La ira del jefe de la guardia real se avivó con rienda suelta al oler la sangre entre sus fauces.

— ¡Tú! ¡Tú me encerraste aquí! ¡Tú mataste a mis hombres! — Pelo más erizado, colmillos más filosos y ojos más iracundos.

— ¡Hermano relaja... — frente a Twilight se levantó un muro de piedra solida que conectaba suelo con techo.

— Mantente ahí a salvo, Twilight, haré esto rápido — su cuerno encendido. Circulando frente al lobo, los dos esperando un ataque.

La criatura arremete en un aullido, Shining recibe un fuerte zarpazo que la armadura no puede frenar. Se reposiciona de inmediato con sus fuertes cuartos traseros. Un ardor más grande en pecho y piernas, corriendo a la carga de nuevo. Para su epifanía, la bestia no podía evitarlo, tres lobos en uno y Shining era igual de rápido. Salió de la línea de alcance de unas puas que le lanzó, derrapó en una esquina y se cubrió de otra oleada con una puerta que reforzó con telequinesis. De un salto largo llegó al hocico de la criatura y descargó la placa de metal contra él.

— ¡Shining razona, escapa! ¡Ni Cadence podría con una criatura así! — Twilight gritaba sin ser escuchada. Sus cascos débiles y su cuerpo sin magia intentando empujar cantos que no se movían.

La bestia sacudió la cabeza por el golpe. Lanzó una dentellada que Shining evitó sin problemas y de inmediato lanzó un rayo de luz a la cabeza del centro que se deshizo a milímetros de tocar las espinas. Que descuido más tonto olvidar que la criatura era anti-magia.

La cabeza de la izquierda le alcanzó en la pata herida, y cuando la cabeza central fue a morderlo, Shining bloqueó su mandíbula con sus dos patas delanteras. El poni estaba haciendo tanta fuerza que se le marcaron todas las venas del cuerpo. Sin pensarlo ni un mísero segundo, mordió de vuelta el maxilar inferior y tiró tan brutalmente que la cabeza central del lobo salió despedida contra las paredes derribando dos celdas. Mientras las dos restantes experimentaban confusión, Shining asestó un golpe con sus cascos delanteros para zafarse del agarre, impulsándose hacia el suelo con un golpe en el paladar. Nunca se podría decir mejor que aquel cánido de dos cabezas jadeaba como un animal herido mientras regeneraba la herida central y unia sus dos rostros en uno más grande y salvaje. Shining se anteponía a él con la placa de metal como su único arma.

— ¡Si quieren pasar sobre mi reino tendrán que eliminarme primero! — la severidad con la que gritaba era insólita en él. 

El lobo dio un golpe contra el suelo, cosa que el príncipe del imperio no entendió, pensando que sería un movimiento de impotencia. Nada más lejos de la realidad, raíces finas y silenciosas emergieron tan rápido que a poco estuvieron de abrirle en dos las costillas. Más de esas salieron en oleadas mientras Shining las sobrevolaba con su puerta como única barrera que lo separaba de un agonizante final.

— Un árbol, ¡Eres un maldito árbol! — rugió con los sentidos embotados.

Shining tomó la placa de metal, y arremetió contra la bestia de espinas. Esta inmediatamente se quitó de su camino. El pony blanco saltó contra el techo, y se colgó para luego caerle encima a la bestia, usando la placa para golpear el cénit de la cabeza. La bestia cayó al suelo de súbito, pero no tardó en levantarse de nuevo. Él usó la placa para detener una metralla de agujas milimétricas. Sintiendo su pecho al rojo vivo recordó algo fundamental.

— Esto arde fácil.

Shining efectuó un hechizo de fuego contra el hierro. La transferencia inhibió la magia y el calor consiguió su efecto, la magia se alimentó del metal y el metal de las enredaderas. En un desliz de cabeza lanzó su arma ardiente como un disco olímpico, tan rápido, que ni la barrera anti-magia natural de la criatura sirvió. Se efectuó un impacto contra el núcleo de su pecho y todo estalló una vez más. 

Shining Armor dejó su mirada fija en la explosión. El lobo se había ido sin un gruñido final, sin una súplica de misericordia. Un instinto sádico dominó los pensamientos de Shining que, expectante por si la criatura retomaba su forma, ignoró las súplicas de su hermana tras el muro de piedra hasta pasados diez segundos.

— ¡Shining¡ ¡He escuchado la explosión! ¿Estás bien? ¡Responde!

— Eh, ¿hermana?

Mimetizados con las sombras de las cuevas, cuatro espectadores sacaban conclusiones mientras el capitán de la guardia de Canterlot, lleno de heridas, bajaba el muro que él mismo había creado.

— Su mente ya no razona — dice una de las voces.

— ¿Como sabes?

— Podría haber usado ese hechizo para deshacer el muro y lo ha usado para encerrar a su hermana.

— Uy, bien notado. Si que está perdiendo los estribos. 

— Pues no seré yo quien encare a ese medio chucho de nuevo, me arden las costillas etéreas por su golpe. 

— No os preocupéis, jajaja — comentó la voz con risa de alicornio. — Las próximas en poner a prueba su fuerza serán las seis principales. Ahí vienen sus amiguitas, prepararos para entrar.

Mientras Twilight intentaba razonar con un hermano consumido por la rabia, la pared tras ellos se disolvió por una magia nocturna que reconoció al instante: el patrón de noche y estrellas. El muro se deshizo, revelando a las cinco portadoras de los elementos restantes junto a Luna y su séquito de guerreros de la noche. Su hermano seguía con la mirada perdida.

— ¡Twilight! — gritaron todas sus amigas al unísono.

Se abrazaron a ella sin percatarse de los cristales inhibidores en su cuerno, ver a su amiga respirando era mejor que cualquier maldición que pudiera caerles. Shining, sin embargo, avanzó posando fuerte, ganándose más rápida mirada de desconfianza por parte de la princesa presente. 

— ¿¡Por qué habéis tardado tanto?! Mi hermana podría estar muerta.

Luna no respondió de inmediato, algunos soldados tras ella levantaron sus alas y movieron las lanzas.

— Estos laberintos están malditos, soldado — habló Luna tajante. — Cambian de forma y aspecto si no tienes el conjuro adecuado para ordenarlos.

Shining mostraba los dientes y ojos desorbitados.

— ¿Por todos los establos, amiga, que te pasó? — Apple Jack señaló en cuerno.

— ¿Te duele? — preguntó Fluttershay mientras Dash sobrevolaba el perímetro hasta casi dar con el techo. Nunca se estaba lo suficientemente alerta. 

— No os preocupéis, es solo una maldición para neutralizar mi magia. No me cansa ningún dolor, solo estoy cansado — Le hicieron entrega de su elemento a Twilight.

— Estos rufianes no tienen sentido de la estética. Esos cristales amenazantes no combinan con tu pelo — habló Rarity para intentar calmar las aguas. 

— Desagámonos de ellos de inmediato — Pinkie frotó el cristal de la corona que Twilight ahora llevaba puesta. 

— Bien dicho, no quiero permanecer ni un segundo más en este lugar tan deprimente — agregó Rainbow mientras su cristal brillaba.

Luna rompió la armonía de la reunión de amigas con un fuerte golpe de casco en el suelo mientras apuntaba de frente con su cuerno cargado. — ¡Como reina de la noche y de Ecuestria, os ordenó revelaros!

Las sombras tomaron forma mostrando a la alicornio y el resto de ponis maleantes de la pasada noche. Los guardias hicieron formación sin necesidad de una orden. Las amigas rodearon a Twilight. Shining junto a Luna quedaron delante de todos.

— Tres princesas en menos de 24 horas, es todo un honor — comentó sarcástico uno de los encapuchados.

Solo Death Smile y la alicornio iban a rostro descubierto. La primera aún con notable dolor en el cuerpo, aunque las partes que deberían estar heridas habían sanado y solo quedaba sangre seca en esos lugares.

— Hola, Luna, ¿Te acuerdas de mi? — preguntó la alicornio a la cabeza.

— ¿Debería? — contracuestionó Luna.

— Yo soy el monstruo tras el cristal que de potra te contaban. Puedes llamarme Sudden Death.

— ¡Basta de palabrerías! — Shining salió a toda carrera por ella, más rápido de lo que cualquiera de los presentes pudo procesar. Se tiró por el cuello de la más alta amenaza con dientes filosos y nulo razonamiento.

— Deja de respirar — dijo la alicornio.

Shining dio de bruces contra el suelo, manchando de aún más sangre el terreno pedregoso que había sufrido de quemaduras y espinas a partes iguales.

— ¡Hermano! — gritó Twilight, que fue retenida por sus amigas para que no se lanzase a hacer una locura también. 

— ¡Querida, esa no es la forma, acabarás igual! — dijo Rarity con un matiz dramático que no se sentía impropio de la situación.

— Es cierto — Twilight suspiró y concentró magia. — ¡Elementos, ahora!

Todas asintieron mientras el escudo propio de su magia las rodeaba. Luna disparó un rayo para ganar tiempo. La tensión en su estómago se multiplicó por cincuenta cuando desapareció a un metro de hacer contacto con los villanos.

— Nada de eso les servirá, la magia de la amistad no puede frenar la muerte — exclamó la alicornio con una sonrisa petulante. — Ahora contemplen a un likoi en su máxima...

¡Crash!

Mientras la magia se agrupaba entorno a las main six y los ojos de Twilight brillaban hasta el punto de quedar blancos, un tercio de los cristales de su cuerno se partieron. Las líneas de Sudden Death ahora parecían genéricas y borrosas. Tal parece su capacidad de anulación no estaba al nivel que ella pensaba. 

— ¡Despierta y masacra! — ordenó. No para sus secuaces, se lo dijo al cuerpo escuálido de Shining, que se levantó súbitamente y empezó a deformarse.

Twilight se desconcentró al ver a su hermano retorcerse. La columna se dislocaba y extendía, el hocico se afinaba, y el pelo aumentaba su grosor. Cuando su hermano empezó aullar, ya ni si quiera estaban flotando. Fluttershay se cubrió la cara con las alas, mientras el resto de amigas intentaba que la princesa de la amistad entrase en razón.

— ¡Twilight, no te distraigas, es lo que buscan! — vociferó Luna con la voz real de Canterlot. Pero era tarde, el elemento de la magia ya no razonaba.

— ¡Retirada! — gritó.

Inmediatamente teletransportó a todos fuera de aquel lugar, de nuevo a la entrada con Celestia, quien seguía en trance.

— ¡Espera, no podemos dejar a Shining ahí! — dijo Twilight.

— ¡Hermana, sal! — Luna agitó a Celestia que rompió su trance y por ende selló la única apertura.

— Todos arriba, rápido — Luna apuntó a la cima de las escaleras, y sin tiempo para dar más sugerencias, fue Celestia la que los subió hasta la sala del trono en una rápida teletransportación.

***

En la sala del trono, Cadence estaba tomando notas junto a Flash Sentry, su comandante en jefe, y solo se alteró cuando la luz de Celestia llenó el habitáculo. También voló directa hacia Twilight sin pensarlo en cuanto la vio. Pero la princesa morada encaró a Luna antes de que llegara.

— ¿Como se te ocurre hacer eso? — su ceño estaba fruncido y su cuello estirado. 

— Tiene una explicación Twilight — la cara de templanza que acompañaba esa respuesta ocultaba temor.

Cadence cambió sus planes de iniciar saludos y empezó a preocuparse por no ver a Shining. Luna hizo una señal con su ala, los soldados lo captaron rápido y empezó el ajetreo de marchas y cumplimiento de normas, que ya era constante en este vaivén de sucesos. Las portadoras prefirieron no decir ni una palabra, aunque Pinkie ya intuía que la fiesta de victoria iba a tener que retrasarse.

— Princesa Luna, princesa Celestia, tal vez no tenga el rango para exigir nada, pero quiero saber que está pasando aquí — la duda empezó a sembrarse en Twilight, ¿Y si Death Smile tenía razón y sus monarcas no eran tan perfectas como ella creía? — ¿Por qué hemos abandonado a mi hermano allí dentro?

Cadence se llevó un casco a su boca sorprendida. Luna asintió permitiéndose revelar algo de preocupación, volteando para ver a Celestia.

— Hermana, ya se lo que son, ¿Recuerdas esa nana que nos cantaban de pequeñas sobre la alicornio de las sombras que se llevaba a los potros malos por las noches? — Celestia le sostuvo una mirada que poco a poco ensanchaba sus pupilas.

— Sudden Death... — murmuró.

— ¿Quién? — preguntaron todas.

"Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo atrás, antes del rey sombra y de que el imperio fuera imperio, existió una malvada raza de ponis primigenios conocidos como los ponis sombra. No sabemos mucho de ellos, pero sabemos que tenían un culto a una entidad que iba más allá de los planos de este mundo. Desconocemos su nombre, su propósito, todo lo que rodea su enigmática figura. El único registro que nos queda es una vaga mención de Star Swirl y una nana para dormir.

Se decía de esta entidad que era cruel, y creó a los ponis de las sombras para deleitarse con cada gota de sangre derramada en su nombre. Muchos han sido los que la buscaron, pero nadie encontró nada. Nadie, excepto una alicornio que odiaba a su propia especie. Una que se perdió en los páramos del fin del mundo tratando de hallar poder. Se dice que lo consiguió y pasó a llamarse "Muerte Súbita". Pero como todo gran poder, tenía un alto precio. Las leyendas decían que no lo pudo pagar y por ello desapareció".

— Si ella está aquí es porque pudo pagar ese precio — concluyó Celestia.

— ¿Así termina la leyenda? — preguntó Cadence.

— No. Se dice que la gema en la cual se encerraron los ponis de las sombras sigue perdida, que tiene el don de anular cualquier magia y que te dará dominio sobre todas las bestias — cada palabra encajaba con todo lo que Sudden Death había demostrado. — Eso no es lo peor, si la gema encuentra a otro huésped que tenga la suficiente magia, formará una criatura tan poderosa que devastará hasta el último fragmento de la realidad. 

Todas tragaron saliva casi al unisono.

— Tal y como me temía — dijo Twilight. — Eso quiere decir que todo este tiempo esto fue una trampa, están buscando al huésped para la gema, sólo nos atacan para saber quién es el más adecuado, ¿Cierto?

— Si — dijo Luna. — Y viendo lo que le han hecho a tu hermano, creo que lo han elegido a él. 

¡Bum!

Una erosión sacudió todo el castillo. Raíces kilométricas empezaron a cubrir todo el área de punta a punta, sorprendiendo a gobernantes y gobernados por igual. 

— ¡Oh no! Son las raíces de antes, se transformarán en lobos malvados — exclamó Rainbow Dash junto a Apple Jack.

Las dos hermanas se miraron, y sin mediar palabra, elevaron sus cuernos mientras se llevaban sus cuerpos. La magia envolvió todo el castillo del Imperio, y lo arrancó de sus cimientos hasta elevarlo más allá de las nubes. Cordilleras enteras del paisaje se vaporizaron y sus rocas se reconstruyeron alrededor del castillo, hicieron una fortaleza impenetrable de la cual no podría salir ningún enemigo por más fuerte que su anti-magia fuera.

— Espera, ¿Ellas podían haber hecho eso todo este tiempo? — Preguntó Rainbow.

— ¿De que hubiera servido hacerlo antes, Dashi? — preguntó Pinkie con la cabeza girada.

Cadence llamó la atención de todas con un grito. — No importa, usen los elementos, rápido, seguro su magia puede neutralizar esta invasión.

Desde lo más profundo de la prisión se escuchó el aullido de un lobo que rompía sus cadenas, y al mismo tiempo, Death Smile, a lomos de Shining transformado, echaba la puerta a bajo para su presentación.

— ¿Qué hay Celestia, te acuerdas de esta sonrisa muerta? — preguntó la recien llegada que se desilusionó al verla suspendida en lo que parecía el coma más poderoso de la historia. — Bienvenidos al principio del fin.

***

¿Conoces ese sentimiento de que algo está a punto de estallar y solo puedes mirar la mecha? Las mein six lo conocían de sobra.

Twilight siempre recordaba cómo se descontroló en su primer hechizo, un torrente de magia que transformó a sus padres en plantas y a Spike en un bebé del tamaño de una habitación. 

Rainbow Dash siempre recordaba cómo se aplastó el ala cuando hizo una carrera para elegir mascota. 

Fluttershay recordaba cómo el poder de su mirada la transformaba poco a poco en un monstruo. 

Pinkie Pie recordaba la fallida atracción con la que intentó unir a su hermana y sus amigas.

Apple Jack y Rarity solían pensar en cómo arruinaron una bonita fiesta de pijamas. 

Pero todo eso acabó bien, siempre había una moraleja, eso fue lo que impidió que sus patas temblaran cuando vieron un imponente lobo de 3 metros hasta la cruz. ¿Agobiadas? Más que nunca. ¿Rendirse? Esa palabra no salía en sus diccionarios.

La magia de las dos hermanas no sólo elevó el castillo, cubrió con poder el cuerpo de sus aliados desde la cabeza hasta los cascos. Todo el lugar se había vuelto un vórtice de magia primigenia, nada podría entrar ni salir. Lastimosamente, sus enemigos, querían quedarse. El batir de alas y el galope hacia la batalla no se hizo esperar. Ponis de la noche, el día y de cristal, tomaban lanzas y encaraban fieras, llamensé licois, arboles embrujados, o desertores inmortales. Las fuerzas contrarias atacaban con la ferocidad de una manada, hacían cuellos de botella en los pasillos y acribillaban a los soldados con espinas que diluían sus defensas mágicas. Eran 2.000 tropas contra 600 invasores, y la mayoría estaba en desventaja, pero no aterrada.

En la sala central, los guerreros de la noche no esperaron una orden directa. Al ver la magnitud de la amenaza y el estado de sus soberanas, se replegaron en un choque de armaduras plateadas, dispersándose por los pasillos adyacentes para contener el avance de las raíces que ya reptaban por las paredes del trono.

Death Smiles acarició la melena erizada del monstruo que una vez fue el Capitán de la Guardia. Su risa resonó seca contra paredes que perdían su brillo. Que enorme era esa sala y que vacía se había quedado.

— ¿Donde escondes a los demás? — se atrevió a decir Rainbow con un paso al frente.

— Mis aliados no están aquí porque no hacen falta —presumió con arrogancia, acomodándose sobre el lomo de Shining—. Ya está todo bajo control. Vuestro imperio no será más que un ataúd de cristal.

Fluttershay y Rarity movieron grutas atrás hacia la protección de Cadence y Apple Jack. Twilight miraba los ojos caninos de lo que una vez fue su hermano.

— ¡Mientes! — gritó Rainbow Dash —. ¡Suelta a Shining ahora mismo o te juro que...!

— ¿Shining? —Cadence miró con ojos de negación absoluta—. No... eso no es él. Mi esposo no es un animal. — Buscó miradas de respaldo, más hasta Pinkie tenía cara de haberse quedado sin chistes. — Esa cosa es... es otra de tus creaciones de madera y espinas.

Death Smiles arqueó una ceja, disfrutando del dolor de la princesa del amor. — Oh, dulce ignorancia. ¿Acaso no reconoces su aroma? ¿No sientes el vínculo que os une?, "altecisima". No es madera. Es carne, es sangre y es puro odio. ¡Vamos, cachorro, enséñale a tu esposa lo que aprendiste en las sombras!

Cadence, rota por la provocación, arremetió más rápido que cualquier advertencia. Su cuerno brilló con un rosa intenso, disparando una ráfaga de magia directa al corazón de la villana. Shining, con antinatural movimiento, leyó la intención en la mente de su esposa antes de que el hechizo dejara su cuerpo. Esquivó el ataque con agilidad, de un salto, se plantó frente a ella. Un lobo de tal magnitud, con una voz mental que le susurró a su esposa "estoy aquí", la dejó indefensa antes de que cualquiera de las seis principales corrieran en su ayuda. El zarpazo que Shining le dio la dejó rodando hasta la otra esquina del cuarto.

— ¡Cadence, noo! — Gritó Twilight mientras el resto no daba crédito.

La princesa se arrastró como pudo. El lobo maniobró entre zancadas para ensañarse, pero un escudo de hierro reforzado se interpuso. Flash Sentry interceptó los colmillos con su escudo, pero fue rápidamente lanzado a lo largo de un pasillo con un simple movimiento de cuello.

— ¡Tenemos que irnos! —Twilight, sintiendo cómo los Elementos vibraban tratando de purificar los cristales malditos, concentró su menguante energía. En un parpadeo de luces crepusculares, el grupo desapareció del salón del trono.

***

Reaparecieron en los aposentos que Twilight había usado en la noche, el único lugar tranquilo que se le ocurrió. Spike estaba allí en la cama, su trasero al descubierto de lo rápido que se había metido buscando un escondite.

— ¿Tu-Twilight? —Spike asomó la cabeza, temblando de miedo—. He oído los gritos... el castillo se está moviendo...

Twilight no pudo responder; cayó como perro atropellado por carreta, jadeando. La teletransportación, el cuerno dañado, el cansancio, el hambre, todo pasando factura. Mientras Rarity y Fluttershy atendían a una aturdida Cadence, las demás la levantaron, Pinkie ofreciendo leche y galletas salidas de alguna parte.

— Cadence, tienes que liderar a los guardias —dijo Applejack con firmeza—. Has oído las cadenas romperse igual que nosotras, hay otro lobo suelto, uno que no es Shining ni está hecho de madera. Tus hombres necesitan a su princesa.

Cadence se llevó un casco al vientre, un gesto casi imperceptible que nadie notó por ayudar a Twilight a estar estable. 

— Despliega las alas y vatelas como las olas — explicó Rainbow Dash. — Eso siempre me a liviana después de un entrenamiento. 

— Te puedo dar un masaje — ofreció Fluttershay para no pensar en los gritos de ahí fuera.

El riesgo de perderlo todo estaba a un solo galope de distancia. Pero el deber gritaba más fuerte.

— Estaré bien — Twilight se paró firme. — Usemos el poder de los elementos ya para romper estos cristales de mi cabeza, solo eso puede romperlos ahora que el poder de las princesas está manteniendo esto a flote.

De pronto, la puerta de la habitación estalló en mil astillas. Los lobos de madera, atraídos por el rastro de magia, invadieron el cuarto. Los metros cuadrados se hicieron más pequeños de lo que ya eran. Caos inmediato; entre el humo y los gruñidos. Espinas que repelían magia obligándolas a separarse para no usar su don combinado. Princesa y portadoras con Spike a cuestas salieron de esa habitación cada una en una dirección.

***

En el salón del trono, Death Smiles gruñía de frustración. Había intentado golpear los cuerpos suspendidos de Luna y Celestia, pero una barrera de luz y siluetas rechazaba cualquier ataque fuera de la índole que fuera. Tampoco podía escapar; la muralla de montañas que rodeaba el castillo flotante atraía hacia allí cualquier cosa mágica incluso si se teletransportaba.

— Si no puedo matarlas, las veré caer a cascos de lo que más aman —masculló la yegua azul—. Corromperemos los Elementos. Usaremos la Amistad para descuartizar el sol y la luna.

Espoleó a Shining y salieron al galope por los pasillos, siguiendo el rastro de las portadoras, viendo a través de los ojos e instintos de los lobos de madera.

***

El castillo se había convertido en un campo de batalla, por cada diez lanzas, una cabeza canida que rompía veinte. En el ala este, Flash Sentry volaba entre pasillos estrechos, usando la inercia para clavar su lanza en el pecho de los lobos de madera. Había destruido tres pero no por ello estaba intacto, sus alas sangraban y algunas zonas estaban a pocos golpes de empezar a mostrar más hueso que músculo. En la planta baja, un unicornio que pegaba como poni de tierra al que obligaban a pagar impuestos, demostraba qué no había pasado las pruebas de la guardia jugando a la cuerda. Su nombre era Bast, y pulverizaba las mandíbulas de las bestias, manteniendo el puente de acceso firme mientras los escombros volaban a su alrededor.

Bajo las elegantes bóvedas de crucería del ala oeste, joyas de la ingeniería pony, cedían ante el peso de las raíces negras que se retorcían como serpientes, desplomándose en una lluvia de piedra y polvo que sepultaba los pasillos, rompía lámparas y enterraba efectivos de caballería. 

En el exterior, las aceras pulidas en las que antes podías reflejarte, ahora eran devoradas por raíces como lenguas que llegaban a los tres metros mientras se afilaban como si vomitasen cuchillas. Entre esa maleza putrefacta, yacían guardias de las tres razas, demostrando que ya ni el cielo era seguro. El corazón de cristal, en su centro bajo el palacio, mantenía su brillo como único latido del Imperio. Las raíces incapaces de destruirlo, lo habían envuelto, impidiendo que su luz transmitiera la seguridad que tanto caracterizaba a este gobierno.

En la galería que llevaba hasta el cuartel de la guardia, tres lobos de raíces galopaban como ramas secas tras un grupo de soldados en retirada. Ya no había lámpara que iluminase en ese corredor.

— ¡SORPRESA! —el grito de Pinkie Pie resonó con una alegría histérica desde ningún lugar visible.

Cuando el cuerpo de seguridad dobló la esquina, las paredes estallaron con purpurina y pólvora de 50 bits. Los animales no dieron ni un paso atrás, pero se desorientaron, y sus ojos les ardían. Fue el momento en que un destello cián cruzó la estancia. Rainbow Dash se lanzó sobre el armero del cuartel, asiendo tres lanzas de acero con una velocidad que desafiaba la física. Un giro violento de imbuida potencia. 

Una "reimplosión sónica".

El estallido de color arcoíris comprimió el aire y empaló a los tres lobos contra la pared de falso diamante con tal fuerza que sus núcleos se pulverizaron ipso facto.

Rainbow aterrizó derrapando, con las alas temblando violentamente. — Maldición... —sintió sus músculos como si tuviera plomo derretido en las venas—. Tres veces en menos de 24 horas... Esto va a doler mañana.

Más ojos brillantes emergieron de la penumbra del pasillo. Los guardias supervivientes formaron un muro de escudos, haciendo retroceder a la jauría con una lluvia de flechas mientras Pinkie Pie tironeaba de las axilas de Rainbow para sacarla de la zona de impacto.

En la Galería Principal, Rarity, con el pelaje manchado de polvo y el rostro desencajado, arrancaba cristales decorativos de las paredes con su telequinesis, lanzándolos como proyectiles serrados contra los lobos que intentaban flanquearlas. Agotada, la unicornio buscó refugio en su sillón de terciopelo favorito, pero antes de que pudiera caer dramáticamente, una coz brutal de Applejack partió el mueble en dos. Los restos de madera volaron hacia delante, atizando a un par de bestias que se preparaban para saltar.

— ¡Mi sillón de seda fina! —chilló Rarity.

— ¡Hay cosas más importantes que tus posaderas! —rugió Applejack, empujándola justo a tiempo para que ambas esquivaran una andanada de espinas que atravesó las vidrieras, rompiendo escudos defensivos y huesos. El castillo se estaba quedando sin puntos ciegos. Los muros caían y la arquitectura se desmoronaba, dejando a las defensoras expuestas.

En el scriptorium, el silencio de los libros fue roto por la llegada de Cadence y Fluttershy en esa trinchera improvisada que había sido sobrepasada. Al ver las mesas de estudio cubiertas de soldados con los cuerpos rotos y las alas desgarradas, algo en la naturaleza pacífica de la pegaso se hizo añicos. Fluttershy inhaló aire, y cuando exhaló, lo hizo con una orden de jefe amaestrador. Su Mirada se liberó con una intensidad tal que los lobos de raíces negras se congelaron. Incluso Death Smiles, que observaba a través de los ojos de sus cánidos, sintió un sudor frío recorrerle la nuca.

— ¡Ahora! —ordenó Cadence.

La princesa del amor usó su magia para derribar las pesadas estanterías de roble sobre los inmóviles, abriendo brechas en sus pechos espinados. Los guardias heridos, inspirados por la furia de princesa y la portadora, se alzaron por última vez para clavar sus lanzas en los núcleos vulnerables, deshaciendo a los monstruos en astillas.

En las cocinas del palacio, el ambiente era asfixiante. Twilight Sparkle protegía a Spike contra su pecho, sintiendo el calor de los hornos apagados. De repente, una pared de piedra estalló. No era un lobo de madera; era el pegaso metamórfico de la primera noche, una aberración de carne y sombra que buscaba terminar su trabajo. Spike reaccionó con el instinto de un superviviente. Tomó una jarra de vino añejo y la estampó contra el pecho del monstruo, empapándolo en alcohol. Acto seguido, exhaló una llamarada de fuego verde que convirtió al pegaso en una antorcha viviente. Mientras el lobo aullaba de agonía, Twilight concentró lo último de su voluntad. Su cuerno chisporroteó con un dolor, era como si afilasen obsidiana en sus huesos, levantó un pilar pesado de mármol de las paredes y lo dejó caer sobre la criatura, aplastándola bajo toneladas.

— Tenemos que... movernos —susurró Twilight, pero su voz sonaba extraña.

Se llevó los cascos a la cabeza, apretando los dientes. Una presión insoportable nacía desde la base de su cuerno, donde los cristales oscuros aún palpitaban. No era solo dolor físico; era una ira ajena, una sed de sangre que no le pertenecía y que empezaba a empujar sus pensamientos hacia un abismo oscuro. 

El caos en las cocinas se volvió absoluto cuando la ayuda llegó. Los soldados de la guardia, con sus armaduras melladas y lanzas partidas, recurrieron al ingenio de la desesperación. Sacos de harina estallaron en el aire, creando una densa cortina blanca que cegó al lobo mientras este intentaba zafarse del peso del pilar. Entre la neblina de polvo, los guardias cargaron con cuchillos de carnicero y pesados calderos de hierro, golpeando el cuerpo de la bestia de la forma más contundente que pudieron. Bast irrumpió como elefante en tienda de vidrio. Antes de que el lobo pudiera incorporarse, le pegó un leñazo de cascos traseros que lo lanzó a través de la pared, sacándolo de escena. Flash Sentry, liderando la escolta, aprovechó el hueco para cubrir a Twilight y Spike, guiándolos a través de los pasillos asediados hasta el Solar Real.

***

El Solar era un oasis de calidez herida. Antes era la estancia privada donde Cadence y Shining solían compartir gestiones en calma; una sala amplia, decorada con tapices suaves y grandes ventanales que ahora mostraban el vacío del cielo. Ahora olía a ozono y a la magia sanadora de Cadence, que trabajaba sin descanso sobre los cuerpos de casi cincuenta soldados. Twilight sintió un nudo en la garganta al mirar a su alrededor. Vio alas arrancadas, patas rotas y ojos que ya solo podían soltar la energía residual que les habían dejado princesas. Sus amigas también estaban allí, corrieron hacia ella, rodeándola en un abrazo colectivo. Se necesitaban más que nunca.

— ¡Twilight, gracias a Celestia! —exclamó Rarity, acariciando con cuidado el rostro de su amiga—. Es hora. Usemos los Elementos. Tenemos que romper esos cristales horribles de una vez por todas.

Twilight asintió con gravedad. Las seis cerraron los ojos y el brillo de la armonía llenó la sala. Otro tercio de los cristales oscuros estalló, liberando una presión inmensa, pero Twilight, al abrir los ojos y ver el dolor de los soldados que la rodeaban, desvió el flujo de energía. En lugar de liberarse a sí misma, canalizó la magia hacia los heridos. En una oleada de luz crepuscular, los huesos se soldaron, las alas recuperaron su fuerza y los soldados se pusieron en pie con un rugido de gratitud.

— Siempre tan estúpidamente noble —la voz de Death Smiles cayó como un hacha desde el techo.

El cristal de la cúpula estalló. Ella y el Shining-bestia cayeron como meteoros, aplastando a Cadence contra el suelo antes de que pudiera reaccionar. La formación defensiva se hizo pedazos: Bast fue lanzado por la puerta con la fuerza sobrenatural de un lobo que suelta su agarre, impactando contra Flash Sentry, quien a su vez chocó contra las portadoras, dejándolas aturdidas. La cabeza de Twilight golpeó contra la pared con un crujido seco. Su corona rodó por el suelo y el mundo se apagó.

***

Oscuridad.

Vacío absoluto. 

Sonido de Spike y sus amigas llamándola.

Parecía venir de otra galaxia.

— ¿Por qué? —una voz, vibrante y profunda la habló desde la otra punta del infinito. Parecía ser su propia voz, pero despojada de duda. Su subconsciente—. ¿Por qué salvar a esos soldados y no a ti misma?

— Porque... porque ellos se arriesgaron por mí —respondió Twilight, mente firme—. Porque tenían igual o más miedo que yo, y aun así esperaban a que su princesa los curara para saltar de nuevo a la batalla.

— No es una respuesta satisfactoria. Por no ser egoísta, los has condenado a todos. El sacrificio sin victoria es solo un desperdicio.

— Proteger a los demás nunca será un desperdicio.

— ¿Por qué?

— Porque es lo que hacen los amigos —declaró ella, y la oscuridad pareció vibrar como la cuerda de un piano. — Esa es la magia de la amistad.

— ¿Y si tu ego salvase a tus amigos... lo usarías?

Twilight sintió el peso de la proposición. No era una consulta, era un pacto. Una rendición al poder que siempre había contenido por miedo a perderse a sí misma.

— Sí.

***

Twilight abrió los ojos en el Solar, pero ya no era la pony que los había cerrado. Se levantó con una elegancia depredadora, más alta, más envuelta en claros y oscuros, con una musculatura imbuida en un poder que hacía vibrar el aire. Los últimos cristales en su cuerno crujieron, a punto de ceder ante la presión de un aura alternada. Había despertado su forma Braker, un poder primigenio que solo existía en leyendas como Nightmare Moon y Sun Breaker, las leyendas dicen que es un poder más antiguo que la muerte misma.

— ¿Qué se supone... — Twilight lanzó un rayo de energía que estalló la cabeza de Death Smile antes de que concluyera la frase. 

Usó su cuerpo como ariete improvisado y golpeó la espalda de Shining hundiéndole tres pisos hacia abajo. Mientras todos en la sala estaban atónitos, el primer lobo entró con las fauces listas, pero cuando las fue a cerrar, Twilight detuvo el efecto palanca con un escudo que la envolvió como una esfera. Los ojos del lobo eran de película. Era magia, y había detenido sus poderosos dientes antimagia. Twilight hizo otro esfuerzo arriesgado, y lo tiró por la apertura en el cristal. El poder dentro de ella era más del que podía controlar, y sus amigas lo notaron. 

— ¡Twilight, si sigues ahí, no sucumbas al lado oscuro de la fuerza! — Gritó Pinkie.

— ¡De qué establos estás hablando, Pinkie! — la regañó Apple Jack. 

Un rayo de magia púrpura chocó contra el pobre Spike que parecía no tener nada que ver. Este empezó a moverse como si se electrocutara, y como efecto de alarma, los guardias rodearon a Cadence en el suelo levantando lanzas y escudos. 

— ¡Pequeño Spike! ¿¡Twilight, tesoro, es que ya no distingues entre enemigos y aliados!? — preguntó Rarity.

Todos se envolvieron en la luz crepuscular de inmediato, y aunque esperaban lo peor, fueron mandados a la sala de tronos sin ninguna herida. Hasta Cadence volvió a ponerse en pie con los huesos intactos. La sala empezó a llenarse de guardias que aparecían en destellos púrpuras; soldados que hace segundos estaban al borde de la muerte ahora mostraban armaduras impolutas y heridas cerradas. Flash Sentry y Bast sintieron una oleada de vigor recorriendo sus extremidades, sus músculos hasta se hincharon. Sin embargo, el poder de Twilight era ciego. Junto a los vivos, empezaron a aparecer los cadáveres de los caídos, transportados con la misma eficiencia fría. La magia podía reconstruir la carne, pero no existía fuerza que pudiera contra la muerte. 

— Spike... sigue temblando —susurró Rarity, viendo cómo el dragón se retorcía en el suelo.

En ese momento, las puertas estallaron. Death Smiles entró en la sala, con la cabeza regenerada pero cubierta de una máscara de sangre seca y frescuras. Sus ojos ardían de rabia. — Cinco elementos me bastan para romper este reino —rugió, mientras tras ella surgían lobos de espinas negras, más grandes y letales que nunca.

La energía que fluía en Spike alcanzó un punto crítico, igual que con el primer hechizo hace tantas lunas, igual que con el egoísmo en su regalo de cumpleaños. El pequeño dragón soltó un rugido que hizo vibrar los cimientos del castillo. Sus escamas se expandieron, su cuello se alargó y, en una explosión de calor volcánico, Spike se convirtió en un dragón colosal de diez metros. Los lobos de espinas negras saltaron, confiados en su naturaleza antimagia, pero Spike los barrió con una bocanada de fuego puro. No era magia convencional; calor alimentado por el torrente de Twilight. Al mismo tiempo, el lobo negro no entendía cuando rendirse entró en picada por el techo, reposicionándose por el lanzamiento. Pudo rasgar un brazo de Spike con sus garras, pero en respuesta, Spike le asestó una patada en pleno vuelo que lo mandó de bruces con varios huesos partidos que no iban a sanar de un momento a otro.

— ¡Están retrocediendo! ¡Es nuestra oportunidad! — gritó Apple Jack mientras era seguida por guardias armados hasta los dientes.

Death Smiles retrocedió, su sonrisa finalmente borrada. — Maldita sea... —masculló, dándose la vuelta para huir por los pasillos—. Realmente es un ataúd de cristal.

***

El aire en el ala sur era pesado, saturado con el olor a madera quemada, plantas pútridas y el almizcle salvaje de la bestia. Twilight recorría las estancias con eficiencia, sus alas la llevaban donde quería, dos faros de energía púrpura. Los guardias bajo techos rotos que mostraban el molino de montañas ahí fuera, estaban viviendo una pesadilla. El Likoi no era un animal estúpido, trepaba por las cornisas y se agazapaba fundiéndose con las sombras de los techos altos. Gracias a su lectura de mentes, Shining sabía exactamente cuándo un guardia parpadeaba o dudaba, cayendo sobre los más descuidados antes de desaparecer de nuevo entre siluetas.

Cuando Twilight finalmente lo ubicó, la escena era un caos de jaurías. Los lobos de madera estaban ganando terreno, y Shining lideraba el asalto como un alfa. Su hermana ni dudó. Con un destello cegador que iluminó todo el pasillo, teletransportó a cada guardia directamente a la seguridad de la Sala del Trono. Al mismo tiempo, expulsó a todos los lobos de madera fuera de la esfera de protección de las princesas. Las bestias vegetales fueron succionadas por el remolino de montañas pulverizadas, triturados al instante.

Twilight se materializó tras la silueta de su hermano, pero Shining fue más rápido. Sin siquiera girarse, usó su cola para lanzar un escombro masivo. Era una piedra erizada de espinas antimagia. Por pura inercia y la lectura de su movimiento, el proyectil impactó de lleno en el ala de Twilight. El dolor fue un latigazo pero no causó daños mayores. Desde las sombras, los lobos negros de espinas empezaron a emerger, saltando en un zigzag frenético que confundía los sentidos. Twilight lograba destruirlos con ráfagas de energía, pero por cada uno que caía, tres más ocupaban su lugar, logrando herirla en los flancos.

— ¡POR EL IMPERIO! —el grito de guerra de Flash Sentry rompió la presión.

Él y sus hombres entraron en una carga de caballería pesada, con las armaduras brillando con el vigor que Twilight les había insuflado. Eran titanes de metal que arrollaron a los lobos de espinas, destrozándo sus núcleos bajo sus cascos. Twilight sonrió, pero la distracción fue breve. Disparó un rayo directo a Shining, pero el lobo ya se había movido antes de que el hechizo dejara su cuerno.

"Está en mi cabeza", recordó ella con amargura. "Sabe lo que voy a hacer igual que yo".

Los guardias intentaron flanquear al Likoi, pero Shining soltó un aullido que hizo vibrar el aire hasta volverlo sólido. Una onda expansiva de energía cinética estalló desde su garganta, mandando a volar a los soldados como hojas secas. Solo Twilight permaneció firme, sintiendo cómo la estructura del edificio crujía; otra onda como eso podría fragmentar una cuadra. Era evidente: Shining, con ese poder, era el recipiente perfecto para la gema de los ponis sombra.

Entendiendo que no podía contenerse más, Twilight expulsó a los guardias restantes de la estancia y se lanzó contra él. Shining fintó, esquivando sus cascos reforzados por la magia. Lanzó un zarpazo que buscaba su garganta, pero Twilight lo bloqueó con un escudo esférico. El impacto creó una onda de choque que reventó todas las vidrieras restantes del pasillo, separándolos violentamente.

Mientras tanto, en la Sala del Trono, la batalla contra el lobo negro llegaba a su fin. Spike, en su forma colosal, atrapó a la criatura entre sus manos con un "aplauso". El lobo logró morder la palma del dragón y saltar hacia el dorso para intentar atacar la muñeca.

— ¡Pinkie, ahora! —gritó Rainbow Dash.

Pinkie Pie activó su cañón de confeti a máxima potencia, disparando a Rainbow como un proyectil vivo. La pegaso ejecutó una patada giratoria con la fuerza de un tren bala. Simultáneamente, Rarity y Cadence proyectaron un escudo de diamantes para encerrar al animal. El lobo rompió el escudo con sus dientes en cuestión de décimas, pero esa fracción de segundo fue su perdición. Fluttershy cayó desde lo alto, golpeando un punto flaco en las costillas del animal. — ¡Déjalo... EN PAZ! —gritó la pegaso, dejando a la criatura sin aliento.

Applejack lanzó su lazo, enredando la mandíbula del lobo y anclándolo al suelo. Antes de que la bestia pudiera recuperarse, la sombra de un pie gigantesco lo cubrió todo. Spike bajó su pata con un peso definitivo, terminando con el lobo negro de una vez por todas.

***

El ambiente en el ala sur se volvió asfixiante. La magia de Twilight ya no solo brillaba, sino que rugía como una tormenta eléctrica contenida en un cuerpo demasiado pequeño. Shining, en su forma de Likoi, era un borrón blanco y gris que esquivaba ráfagas de energía. Saltó sobre su hermana pero Twilight se deslizó bajo él con un aleteo. En pleno aire, lo sujetó de una pata trasera y lo estampó de espaldas contra el suelo. El impacto fue tan brutal que los últimos lobos de madera que quedaban en la estancia fueron borrados bajo el cuerpo del príncipe, esparciendo sus espinas como perdigones.

Shining respondió con un zarpazo desesperado. Sus garras, imbuidas en la energía de los ponis sombra, atravesaron el escudo de Twilight como si fuera seda y le abrieron un tajo profundo en la pata. Twilight ni parpadeó. Respondió con un puño de energía forjada desde el suelo que impactó bajo la mandíbula de su hermano, cerrándosela con un estallido óseo que le arrancó varios dientes. Antes de que él pudiera reaccionar, esa misma energía se transformó en tentáculos de luz sólida que lo rodearon, inmovilizándolo contra el mármol agrietado.

“Shining, sé que estás ahí dentro”, proyectó Twilight con una intensidad mental que hizo vibrar las paredes.

Las pupilas del lobo se dilataron. Por un segundo, el brillo salvaje flaqueó, pero la rabia que lo controlaba lo obligó a intentar morder el aire.

“Sé que eres tú”, insistió ella.

“¿Pero acaso tú sigues siendo tú? ¿O hay algo más contigo?”, respondió la voz de Shining en su mente. "No hueles igual".

El lobo sonrió, una mueca llena de sangre y odio. Twilight se distrajo un nanosegundo al notar una perturbación en el aire. Esquivó por puro instinto, sintiendo el silbido de una enorme espina antimagia que pasó a centímetros de su rostro. Al fallar el blanco, el proyectil se hundió con un sonido sordo y húmedo directamente en el corazón de Shining.

— ¡SHINING! —el grito de Twilight desgarró la estancia mientras su magia lo soltaba en el suelo.

Retiró la estaca con una telequinesis temblorosa y vertió un hechizo de curación de nivel superior, pero la magia resbalaba sobre la herida. El color del pelaje de su hermano empezó a palidecer, volviéndose blanco mientras la transformación de Likoi retrocedía. Parecía estar muriendo.

Death Smiles rió desde algún punto muerto. Se encontraba en su forma de sombra, oculta en una dimensión compactada que debería ser inaccesible. Estaba preparando una segunda estaca cuando notó algo imposible: Twilight la estaba mirando directamente a los ojos. La princesa se paró sobre sus cuatro patas, con una calma aterradora.

— Estaba pensando... que tú me has dicho quién eres, pero yo no me he presentado.

Death Smiles lanzó la segunda estaca. Twilight levantó un casco y el proyectil se pulverizó en cenizas antes de tocarla. La villana intentó moverse, pero descubrió que su dimensión compactada estaba siendo invadida por una marea de magia crepuscular que la mantenía clavada en el sitio.

— Me llamo Twilight Sparkle, alumna de Celestia, Elemento de la Magia y Princesa de la Amistad. Como hermana del príncipe Shining y amiga de su esposa Cadence, te declaro persona no grata en este imperio.

Una lágrima solitaria recorrió la mejilla de Twilight mientras sus ojos se encendían en blanco.

— ¡No se permite tu presencia en mis dominios!

Twilight arremetió. El golpe de sus cascos fue tan potente que convirtió el cuerpo físico de Death Smiles en un charco de sangre contra la pared. La villana intentó regenerarse, pero Twilight no le dio respiro. Mediante telequinesis, empezó a estrellar los restos de la sombra contra cada superficie, cada muro y cada columna, hasta lanzarla con una potencia inaudita hasta llegar el subsuelo profundo bajo el trono. Twilight envolvió su propio cuerpo en un escudo de energía pura y se lanzó en picada tras ella, convertida en un meteorito violeta. Death Smiles, apenas recuperando la consciencia en el fondo del foso, vio venir el final. 

Tubo miedo. 

Tuvo más miedo que cuando enfrentaba dragones, porque al menos su fuego no se ensaña con el alma.

A tan solo dos metros de chocar, el último fragmento de cristal que quedaba en el cuerno de Twilight se hizo añicos, liberando el 100% de su poder latente.

El tiempo se detuvo. 

Solo Death Smiles permaneció consciente, respirando de forma pesada. En ese espacio muerto, entre un latido de corazón y el siguiente, surgió una figura que no pertenecía a la realidad de los ponis. Era una mujer de aspecto humano, envuelta en una seda negra tan oscura que parecía absorber la luz. Su cabello, lacio y azabache, caía sobre un rostro de una palidez cadavérica, ocultando unos ojos que no eran ojos, sino dos cuencas infinitas. Era la Muerte, la entidad primigenia a la que Death Smiles había jurado lealtad.

— Impresionante —su voz era el susurro que vibraba en los huesos—. Ha roto la gema sangrienta que ponía a prueba su poder. Ha liberado algo que está más allá de este mundo pensando que ayudaba.

La diosa giró su gélida mirada hacia Death Smiles, quien permanecía congelada en su gesto de terror.

— Lo habéis conseguido —continuó la Muerte con una indiferencia cruel—. Habéis movido los peones de forma correcta. Hemos ganado esta partida.

Death Smiles, a pesar del pavor, inclinó la cabeza en una reverencia. Sin embargo, al levantar la vista, vio que el meteorito violeta que era Twilight seguía suspendido a escasa distancia. En cuanto el tiempo se reanudara, la princesa la aniquilaría.

— Su magnificencia... —balbuceó la yegua azul—. ¿No va a hacer nada más con ella?

La Muerte chasqueó los dedos. Un pulso invisible recorrió el cuerpo de Twilight. En un parpadeo, su forma física cambió: regresó exactamente al estado en el que estaba veinticuatro horas atrás. Sus alas estaban sanas, su pelaje impoluto y, lo más importante, no quedaba ni rastro de los cristales inhibidores en su cuerno. Pero el escudo de energía y la inercia del ataque seguían allí, intactos.

— Lograr liberar la forma Breaker de una alicornio es un mérito impresionante —sentenció la diosa mientras empezaba a desvanecerse en una bruma negra—. Tu equipo lo ha hecho increíble.

— ¡Pero mi señora! —gritó Death Smiles, viendo cómo la figura se disolvía—. ¡Ella va a matarme!

La mujer de ojos huecos se detuvo un segundo, lanzando una última mirada de un sarcasmo gélido.

— ¿Acaso no servías a la muerte? Llévate esa lealtad a la tumba.

La diosa desapareció y, con ella, la pausa temporal.

¡BOOM!

Twilight impactó contra Death Smiles con la potencia de una supernova. El cuerpo de la yegua azul se pulverizó bajo la presión, un calor que dejaría de ella menos que cicatrices de guerra; un grito que desgarró el subsuelo. La materia orgánica, la sangre y el odio de Death Smiles se transmutaron, cristalizándose bajo la magia de Twilight hasta convertirse en una réplica exacta del mismo cristal mágico oscuro que antes sellaba el cuerno de la princesa. Quedó de pie en el centro del cráter, envuelta en vapores violetas. Frente a ella, el cristal negro palpitaba con una luz débil, bajo ella, algo más.


Epílogo.

La calma que se asentó sobre el Imperio de Cristal. Las portadoras de los elementos aparecieron en el lugar, rodeando el cráter con rostros marcados por el hollín y el asombro. Sintiendo que el nudo de oscuridad se había desatado, Celestia y Luna despertaron de su trance; con un movimiento coordinado de sus cuernos, disiparon el remolino de montañas pulverizadas y, en un descenso majestuoso, devolvieron el castillo a sus cimientos originales. Ya no quedaban raíces afiladas en los jardines, ni lobos acechando en los pasillos, ni metamorfos ocultos en las sombras. El mal se había esfumado, dejando tras de sí un imperio que ahora debía enfrentarse a la tarea más amarga: llorar a sus muertos. Tragar una victoria que no supo a gloria.

Cadence corrió por los pasillos con el corazón latiéndole en la garganta, buscando desesperada el cuerpo de su marido entre los escombros del ala sur. Pero allí no había rastro de carne ni de sangre. Lo único que encontró, grabado con garras profundas en el mármol de la sala donde Twilight y él se habían enfrentado, fue un gigantesco: "LO SIENTO".

La batalla había terminado, pero la guerra apenas mostraba sus colmillos. El bando de los ponis seguía en una ignorancia peligrosa; no sabían nada de la alicornio Sudden Death, mucho menos de sus aliados o su alcance. Tendrían que ocuparse de reconstruir el reino. Tendrían que ocuparse del embarazo de Cadence, quien ahora se enfrentaba a la soledad de criar a una hija cuyo padre vagaba por bosques olvidados, convertido en una bestia de leyendas que aúlla a la luna, lamentando en su fuero interno las muertes que causó cuando su voluntad no era suya.

Habría demasiadas heridas abiertas que atender, pero la que más perturbaba a Twilight estaba justo enfrente de sus ojos. En el centro exacto del cráter cristalino, donde el impacto debería haber dejado menos que cenizas, descansaba una pequeña potra. Tenía la piel blanca como la nieve y una crin que brillaba con el matiz taciturno. Parecía una criatura nacida de las flores, con el nombre de "Lúthien" escrito en la profundidad de sus ojos.

Pero esta historia no continuará. Hay leyendas que, por voluntad del destino o del olvido, no pasarán a la posteridad. Hay relatos que se cortan de forma súbita, dejando preguntas sin respuesta y caminos sin recorrer, incluso cuando con dicha travesía compartes lazos de sangre.

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