Creepypasta: La chica bajo el semáforo ilumina a sus fieles.
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"Aquellos que son iluminados una vez, no serán iluminados tres veces".
Con esa frase empieza uno de los manuscritos esotéricos más extraños de los tiempos modernos, un escrito que nos pide saltar a ciegas entre capas de la realidad que escalan peldaños más altos que las matemáticas, la metafísica y la filosofía.
No se preocupen si se pierden en estos parajes, la chica bajo el semáforo siempre estará iluminando a sus fieles.
El 4 de septiembre de 2004, Carlos Guzmán Colorado (un hombre de 28 años en ese momento) estaba cocinando en la cocina de su casa, en el número 43 de la calle Real, en la localidad de Coria del Río, Sevilla, España. De repente, escuchó un fuerte ruido sobre su cabeza y supuso que algo se había caído en el piso de arriba, que era su habitación. Al subir descubrió que una ráfaga de viento había abierto la ventana, y la misma tiró la maceta decorativa que tenía en su cuarto. Mientras recogía el suelo, levantó algunas maderas ya que la tierra se había metido debajo. Tras una de ellas encontró un extraño manuscrito. Se trataba de un libro de tapa dura en el que se veía un grabado de un adolescente bajo un semáforo en una calle oscura. Tenía de título, "La chica bajo el semáforo ilumina a sus fieles".
En su interior encontró lo que describió como 42 páginas de papel amarillento, lleno de puntizones y que no parecía contener texto con sentido. Carlos pensó que se trataba de un libro que habría escondido un antiguo dueño, porque no contenía ningún ISBN o indicadores de alguna institución nacional. Esa tarde lo presentó en la biblioteca, y el libro fue analizado por su extraño contenido, ya que situarlo en algún punto cronológico concreto no fue una tarea tan sencilla como parecía.
Pero por más duro que parece el camino, buscar siempre dar resultados, recuerden que la chica bajo el semáforo siempre iluminó a sus fieles.
Sebastián Nadal León, dueño de la biblioteca y coleccionista empedernido, estudió el libro en su momento y fue quien lo dio a conocer a nivel nacional. Aunque la fama de esta obra permanece en un nicho pequeño, ha despertado el interés de varios por su formato y el estilo de escritura que emplea.
Medidas: 12,5 por 19 cm.
Materiales:
- Tapas: cuero prensado.
- Letras de la portada: papel de oro.
- Material de las hojas: trapos de lino y algodón.
- Grabado: realizado mediante xilografía.
- Tinta: bolígrafo pilot.
Este último detalle es el que hace arquear la ceja a más de uno. La mayoría de materiales que componen el libro parecen ser del siglo XIX, pero la tinta con la que están escritas las palabras es de un bolígrafo del siglo XXI. O por lo menos, eso parece indicar un análisis superficial, Sebastián intentó que se realizase la prueba del carbono catorce en el manuscrito, pero no consiguió la financiación (1200€, ajustado a la inflación actual).
La teoría más plausible que se ha puesto sobre la mesa es que el autor encontró un libro del siglo XIX carente de letras y lo rellenó con su propia información. No obstante, esta teoría no parece cuadrar del todo, ya que el semáforo moderno que se representa en la portada es de finales del siglo XX.
El creador de esta obra también es un tema debatido. El libro no está firmado, ni se menciona a ningún autor responsable en los textos que contiene. Por su forma de escribir se intuye que era diestro, que tenía formación y buen pulso (ya que escribe en constantes líneas rectas), y que hablaba tanto español como japonés, ya que el texto intercala entre ambos idiomas. Por este motivo también se supone que el autor es autóctono de Coria del Río, ya que el municipio tiene una larga tradición japonesa, y más de setecientas personas se apellidan "Japón" allí.
Respecto al contenido que alberga, me limitaré a mostrarles este párrafo que se encuentra en la tercera página.
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Como ven, parece una secuencia de números aleatoria, interrumpida brevemente por una frase en español sin contexto ("hay una niña durmiendo en la nieve"), que finaliza con otra frase en japonés. Esa frase en concreto se pronuncia "yuki no naka de neru", y se puede traducir como "durmiendo en la nieve". Aunque las frases se complementan, no parecen contar una historia en concreto, pero te dejan pensando.
El resto del libro no es muy diferente, páginas enteras de números que parecen no tener sentido, interrumpidos de vez en cuando para contar pequeñas historias. Hay un total de nueve historias largas (de más de 9 párrafos), nueve historias cortas, nueve historias de 4 líneas y nueve historias de una linea.
Sé que parece no tener sentido, pero no se preocupen, la chica bajo el semáforo siempre está iluminando a sus fieles.
Las teorías que se proponen para dar explicación a esta obra son:
Primera, es un experimento de narrativa no continua: esta teoría propone que el libro son relatos sin conexión entre ellos hechos con fines experimentales. El autor no sería el primero en hacer algo de este estilo, hay otros escritores como el llamado Mr. Jagger que en su libro, "Volver a tragarse los pájaros", hace algo similar, escribir varias cantidades de números y textos sin sentido hasta llegar a una pequeña historia. Les dejo aquí una página del libro mencionado para que comparen.
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Me inclino a descartar esta teoría porque las historias sí parecen conectar unas con otras, aunque sea de manera superficial, como varios sueños producidos por la misma mente en una sola noche.
Segunda, todo es un engaño mediático orquestado por Carlos Guzmán y Sebastián Nadal para conseguir fama: la teoría propone que Carlos encontró un libro vacío en su casa, lo escribió, dejó pasar el tiempo y luego se lo presentó a Sebastián para hacerlo pasar como una reliquia misteriosa.
Esta teoría también queda descartada porque Carlos no gana nada publicando el libro, y Sebastián hizo público y gratuito el PDF que lo contiene entero. Legalmente, la historia está registrada de tal manera que carece de derechos de autor. Sebastián Nadal no consigue nada con esto, ni siquiera pudo financiar un estudio para el datado de carbono. Si en verdad quisiera fama le saldría más rentable desvelar que todo es falso y como lo hizo, para conseguir algo más de atención y dinero.
Además, Carlos no puede ser el escritor porque él es zurdo, y el libro está escrito con la mano derecha. Su interpretación personal es que pudo ser escrito y escondido por algún otro dueño de la casa, pero todos los anteriores dueños vivos niegan tener relación con el libro.
Tercera, el libro no tiene sentido, sin más. Se compara este caso con el del Manuscrito Voynich, libro del siglo XV que tiene texto e ilustraciones, pero carece completamente de lenguaje legible o estructura lógica.
También descarto esta teoría porque aunque oculto, el libro de la chica del semáforo sí tiene cierto sentido. Por ejemplo, recapitulemos la página que os he mostrado. El primer número que vemos es el cuatro, la única secuencia de números que vemos repetida es el grupo de tres nueves que se repite cuatro veces. Esto no parece tener significado hasta que escuchas su pronunciación en japonés.
4 se pronuncia "Shi", igual que "muerte".
3 se pronuncia "San", que acompañado con el cuatro se pronuncia como "muerte fetal".
9 se pronuncia "Kiu", que se puede traducir como "sufrimiento" con la pronunciación adecuada.
Sumado a la frase "Hay una niña durmiendo en la nieve", parece hablarnos de una chica que sufre y muere en la nieve. Pero no lo dice directamente, por eso termina en japonés diciendo "durmiendo en la nieve".
Como digo, el libro si tiene sentido, pero está oculto, cosa que no me preocupa porque la chica bajo el semáforo iluminó siempre a sus fieles.
No tengo el tiempo ni los recursos para hablaros de todas las historias, así que me centraré en las cuatro más importantes de cada formato.
Primera.
"Ha habido un accidente en Marte. Están llorando en rojo y verde".
Segunda.
- 3 mujeres pájaro están bailando en el desierto.
- Tienen sus jerseys puestos y no tienen calor.
- Tienen sus mantas de picnic llenas de comida y bebida.
- Bailan ahora. Bailan para siempre. La vida se hace alma y la luz mente.
Esta historia termina con un texto en japonés que dice:
Hako o waruttara, mō hoshi o minai midori no shisha ga shita ni iru yo.
Traducción: "Si rómpes la caja habrá un muerto verde debajo que ya no mira las estrellas".
Esa última parte tiene que ser una metáfora de los hombres verdes que a veces hay en los semáforos de peatones, y aunque tengo dudas no estoy preocupado, porque la chica bajo el semáforo iluminará a sus fieles.
Tercera.
Hay un feto en el suelo y el feto es un graffiti. El fondo es negro, las criaturas de este mundo extrañas, y no se si es de día o de noche todavía. Cuando tengo el cuchillo en mi mano hasta los fantasmas huyen de mi. Cuando tengo el cuchillo en mi mano el temor por apagar la luz desaparece.
Hay un feto en el suelo y el feto es un conjunto de caliche. Cal dura. Una hermana te juzgará con la sonrisa. Otra hermana solo responderá a la luz. Su cuerpo es deforme, irreconocible, como los restos de un siniestro. Su ojo no está llorando. Su ojo no está llorando. Los fuegos fatuos iluminarán nuestros sueños.
No hay fetos en estas mujeres sin cabeza. En su pecho un enorme ojo. En su estómago una enorme sonrisa. El resto son huellas. Ellas no te juzgan, no estás leyendo, solo estás interpretando. Estás leyendo, estás malinterpretando. Sufrimiento, sufrimiento, sufrimiento. En el paisaje blanco flotan las cabezas de tus padres. Pero te escondes para no ver eso. No mereces estar encerrada. No quieres estar encerrada.
Espera. Es solo un sueño. Ahora lo entiendo todo. No quiero acabar esto. Lo que podría haber sido este diario está siendo solo una tortura para mí. Sufrimiento, sufrimiento, sufrimiento. El rey me espera detrás de la puerta y tú solo puedes pensar en falos. El significado se pierde cuando creés haberlo encontrado.
Hay un feto en un armario. No está llorando, creo que solo está dormido. He visto su fantasma en el infierno. Tengo miedo, se parece demasiado a mi. No tiene sonrisa y aún así puede juzgar. Es lo único que espera sin necesidad de una puerta. Merezco estar aquí. . .
No te formes una idea todavía, la última historia aún no ha sido contada. Hasta ahora sólo hemos visto galimatías y frases críticas, pero los fragmentos largos tienen la peculiaridad de estar escritos en segunda persona y ser más directos, mira.
Cuarta.
El día que naciste fue el más feliz de mi vida. Tenerte entre mis brazos y sentir que eras una delicada extensión de mí que había venido a este mundo para acompañarme, no tiene precio que se pueda pagar.
"Está lloviendo". Esas fueron tus primeras palabras. No las entendí. Me hubiera gustado entenderlas. Me hubiera gustado entenderte. Pero no eres una extensión de mí. No estoy en tu cabeza. No estoy en tus sueños. No estaba preparada para ser madre. No estaba preparada para que te fueras una segunda vez.
"Está lloviendo". Si, estaba lloviendo. No te podías dormir, y yo estaba a tu lado tratando de entretenerte con ese peluche de los ojos desviados que tanto te gusta. Ese que toca el piano cuando lo aprietas.
"Está lloviendo". Te vi a los ojos y tú cerraste los tuyos. Tenías 18 meses. Empezaste a hablar algo tarde para una niña de tu edad. Pero dijiste dos palabras juntas y con sentido. Llegué a pensar que estaba soñando. Llegué a pensar que había sido una imaginación mía. Pero lo repetiste.
"Está lloviendo". Si, estaba lloviendo. No sé por qué tuve la estúpida idea de abrir un paraguas dentro y colocarlo al lado de tu cuna para que no te mojaras. Como si las gotas fueran a pasar entre los átomos para caer en tu cabecita descubierta. No podría dormir tranquila si eso pasara. Traje mi futón y me tumbé a tu lado.
"Está lloviendo". Si, estaba lloviendo. Lo vi por la ventana. Se suponía que hoy se podría ver Marte en el cielo, pero las nubes lo habían tapado. Sólo podíamos distinguir relámpagos, como si algún oni se estuviera riendo de mí. Como si en cualquier momento las nubes fueran a romperse y los relámpagos se transformaran en cuernos. Como si la realidad misma empezase a llenarse de errores y aquello que se esconde tras el velo de la realidad clabase sus retinas en mí.
Menuda estupidez, esas criaturas pueden ver sin necesidad de ojos.
Esa noche tuve un sueño.
Lo malo es que todavía no he conseguido despertar de él.
Estabas al lado de un semáforo y tenías un cuchillo. Me dan miedo los cuchillos y di un paso hacia atrás instintivamente. Mis ojos azules se desviaron porque no quería verte sosteniendo esa herramienta de cocina. Ese arma blanca. Ese peligroso instrumento en las manos equivocadas.
Costillas.
Riñones.
Cabeza.
Moriría si lo clavases en cualquiera de esas partes. Mi sangre saldría de mi cuerpo aunque yo presionase para que se quedara allí.
Me dabas miedo.
Tú no estabas sonriendo.
Tampoco parecías estar feliz.
Tenías un cuchillo, estabas al lado de un semáforo en rojo, y estaba lloviendo.
Caí sobre mis rodillas. Arena blanca entre mis dedos. Un desierto blanco para todas las edades. Barro. Barro blanco porque estaba lloviendo. Tú seguías en tu semáforo mientras una niña pequeña con aspecto de tebeo japonés se acercaba a ti. Le salió un brazo de la cabeza y otros dos brazos de los antebrazos. Uno de sus ojos estaba derretido y parecía echarte la culpa a ti por un accidente.
Lo parecía.
Solo lo parecía.
No estaba entendiendo nada, solo estaba interpretando.
Empezaste a alejarte y todavía tenías el cuchillo entre tus manos. No me acerqué a ti. Me dabas mucho miedo. Pero tendría que haberlo hecho, porque ahora estás lejos. Estás tan lejos de mí, que rómpes hasta los axiomas de elección. Nuestra distancia sobrepasa cualquier Cardinal Reinhardt. Y yo, que también estoy sobre todo y todos, ni siquiera puedo rozarte con la llema de los dedos.
No he podido despertar desde entonces. No sé donde estoy, y no sé porque todos pueden hablar mi idioma pero nadie me entiende. Tarde o temprano despertaré, pero no sé si la gente de este mundo creerá que sólo estaba durmiendo. Desapareceré, como una gota de lluvia en el desierto. Pero no me preocupa, he dejado esto por escrito en este diario, la verdad que entenderán cuando puedan despertar. Siempre estarán protegidos ahora que lo conocen. Ya no se sienten solos porque la chica del semáforo ilumina a sus fieles.



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