El último profeta 2.
Capítulo 19: Pilares morados en un fondo negro.
Llegamos a un lugar oscuro como culo de burra, en el suelo múltiples figuras de dioses aztecas girando, y entorno al círculo que forman, muchísimas más puertas parecidas a la puerta por la que acabamos de entrar.
Marcus: viste, por acá no pasa la gorra, pero habrá que suponer que las demás puertas no están cerradas.
Mary: dejame probar una cosa.
Crea una fuerte ventisca, y en un estallido de viento, todas las puertas se mueven, ninguna otra está cerrada.
Marcus: si ya ha empezado la revolución allá fuera, y tienen un ejército acá, no habrán puesto personal que vigile estas puertas.
Mary: cuanta confianza.
Marcus: si, los neo cruzados son mucho de comerse la peli.
Miro la sangre del suelo, aún fresca. Unto dos dedos en la misma y me subo el casco para lamerla, es parecida a la mía, seguro es de mi hermana.
Mary: ¡Eug! Pará boludo, ¿Qué hacés?
Marcus: tranca, es la sangre de mi hermana.
Mary: ¿Cómo sabés?
Marcus: mi organismo reconoce los tipos de sangre para poder rastrear gente que conozco.
Mary: dale, no podes tener todos los poderes.
Me encojo de hombros con una sonrisa arrogante tras mi casco.
Marcus: soy groso, ya te dije. Ahora pasemos este calendario maya hacia allá. (Señalo una puerta morada que es donde termina el rastro de sangre).
Mary: me parece que son figuras incas.
Marcus: la misma mierda.
Mary: ¿Cómo podés decir eso? Sos argentino, deberías saber, hasta tenés un sol inca en la bandera.
Marcus: disculpáme, estaba muy ocupado con la guerra presente como para estudiar historia.
Antes de una posible réplica más, llego a la puerta de dos saltos y la abro un poco. Hay dos hombres de espaldas guardándolas; casco de templario, capas y espadas. Por suerte están solos, así que seré rápido.
Le digo a Mary que se acerque con un gesto, ella pone el yari en posición y yo le indico un 2 con las manos, nada más. Asiente, pateo la puerta y entramos.
El caballero de la izquierda es golpeado por la puerta y mi codo le da en la boca a través del casco mientras mi pie con blindaje sale recto y da en el hígado del guardián a la derecha.
Mary sale por mi izquierda, su yari cae en picada sobre la apertura en la rodilla flexionada del tipo a la derecha. El de la izquierda iba a tomar el mango de su espada, pero yo le agarro de los broches de su capa y le doy un cabezazo tan fuerte que mi frente le entierra su propio casco en el cráneo y le dejo como un cubo que ha recibido un martillazo.
Lanzo mi martillo hacia atrás, atravesando a mí intangible compañera y golpeando en la frente al que queda.
¡Crack! Cuello partido.
Mary: ¡Marcus!
Marcus: (pongo los ojos en blanco) ¿Qué pasó?
Mary: lo mataste, necesitábamos información.
Marcus: creeme que no, sus cascos están preparados para aplastareles la cabeza hasta dejarles como uba si rompen su voto de silencio. Te dije, fanáticos idiotas.
Mary mira los cuerpos de rostro hundido, mira a través de las aperturas en sus cascos para ver los ojos sin vida.
Mary: son nuevos estos.
Marcus: si, son "marchantes blancos", armaduras anti balas y espadas de alto voltaje. También muy callados como viste. Se necesita una fuerza de casi 0'8 megajulios para dañarles significativamente o matarlos.
Mary solo los mira con el ceño fruncido, pero luego levanta la cabeza más a lo alto, a una estructura de madera gigante y fina para su tamaño. Miro con ella, esperando francotiradores, pero no, solo hay un sombrero y una bufanda flotando en la oscuridad.
(A no, pará, no te dije). En este lugar todo estaba oscuro y las únicas estructuras eran grandes cuadros de madera, o piedras cuadradas, azules y moradas, que daban formas de cubos y arcos.
Pestañeo, y la bufanda con sombrero desaparece.
Mary: ¿Viste? Era una niña de Sofía.
Asiento.
Marcus: subamos allá, no solo por la niña, ganaremos posición para que nadie nos caiga de cualquier lado.
Escalo la estructura morada clavando los dedos y pies en ella. Mary sube volando como espectro. Arriba todo se ve mejor, solo hay 6 kilómetros de mundo antes de que se empiece a repetir el bucle. Desde acá arriba se ven muchas cosas, dos cuartos de baño portátiles, una alcantarilla abierta y el ejército de los neo cruzados reunido a unos 3 kilómetros de nosotros, pero nada se ve de la bufanda y el sombrero.
Marcus: mierda, se fue.
Mary: ella no... No se decirte, pero es como que está acá aunque no esté.
Marcus: la puta madre es un fantasma (niego con la cabeza). No importa, mira eso allá (señalo al ejército enemigo). Solo con lo que veo cuento, al verdugo sin la pelotuda de mi hermana, de seguro la mandó a ponerse curitas el cabrón, 40 caminantes blancos, 100 espectros con varios cerdos y, como no, los 3 demonios de fuego sperando como perros con bozal.
Mary: ¿Podés con alguno?
Marcus: si tuviera mi arma, tres disparos y estaba fiambre cualquiera. Con este fierro les puedes hacer un masaje, pero no les vas a chamullar un choto.
Mary: ¿Vos pensás que pueda con alguno? La yukiona...
Marcus: le tomó horas matar solo a uno, y tuvo que esquivar todo, y sabes que no es por faltar pero mi hermana casi te mata, un combate de cara no te conviene.
Mary: tenés razón, al menos no tienen cibors.
Marcus: cierto (recuerdo entonces los cuerpos metálicos destrozados en la nieve, tanto por la fantasma como por el demonio... La puta que me parió, acabo de recordar). ¡El sello!
Miro a Mary que tiene cara de estar pasándola mal por no poder ayudar mucho, por supuesto, no me lo dirá. Veo que no me entendió, así que le explico.
Marcus: ¿Recordás lo que dijo mi hermana del demonio que se escapó? Si logramos romperlo otra vez se matarán entre ellos.
Mary: Marcus sos un groso, es una idea bellísima.
Marcus: ya se.
Mary: ¿Y cómo le hacemos?
Marcus: no sé.
Mary se cruza de brazos, menos mal que mi casco de calavera tapa mi sonrisa, porque no es el mejor momento. Tengo un plan, no más falta unir las piezas.
Marcus: ¿Cómo ves caerles con una ventisca?
Mary: no se va a poder, acá no hay nieve, la tendría que generar desde 0, y enserio que me jode, pero no puedo hacer nada más que un viento fuerte si no hay mucho tiempo.
Lo pienso, vuelvo a mirar al pelotón enemigo, no creo que una corriente de aire fuerte baste para romper los sellos de los demonios, pero tal vez si armo un quilombo logre que se ataquen y se destruyan entre si.
Marcus: tengo un plan, es una boludez a la que no he dado mucha bola, pero puede funcionar. Bueno, al menos eso creo.
Mary: decime.
Marcus: Les caigo desde arriba, ataco en el perímetro, y vos, de una corriente de aire atacás bebes de Belcebú y demonios por igual, cuando los chanchos los toques estallan, y el quilombo se forma.
Mary: posta que tenés unas ideas bien temerarias. (Mira mi cara, solo se centra en los ojos que ve dentro del casco). Tendré que luchar con el verdugo, ¿Cierto?
Asiento, mierda, este es ese momento de silencio que luego se rompe con los ruidos de la guerra.
Marcus: Si no podés...
Mary me estira sus brazos, sonríe con esa sonrisa que siempre me recordará a ella, y yo tomo sus manos frías como un fiambre. Al carajo, lo dije una vez y lo repito, donde hay sangre soy feliz.
Marcus: será una misión difícil.
Mary: habrá que armarla.
Tomo las manos de Mary, y un estallido de viento generado por ella nos empuja hasta todos esos espectros y marchantes blancos, que levantan sus armas como si sus disparos de mierda le fuesen a hacer algo a mi armadura.
Marcus: ¡Lanzame ya!
Mary se transforma en una ráfaga de viento frío como el carajo, las balas pasan por ella sin dañarla y se hacen bosta contra mi armadura mientras caigo a 140 kilómetros hora sobre el primer pelotudo con cara de que quería que lo matasen.
Aplastado hasta las tripas, primera muerte.
No paso desapercibido por nadie ni lo pretendo, miro mi martillo y me pide sangre. Una figura salta, su hacha cargado desde la espalda para dar un golpe hacia mi cabeza con un balanceo de brazos. Pongo el mango de mi martillo horizontal, dejan de llover disparos, y ambas armas las trabamos. Los ojos de sodio del verdugo mirando los míos tras el casco, mi pulso más fuerte que nunca por mi armadura.
Verdugo: le dije a tu hermana que esa puerta no te detendría, en realidad no me importa como llegaste aquí. Marcus, de verdad, muchas gracias por ayudarme, el odio a gente como tú es lo que me inspira a no arrebatarme la vida yo mismo.
Si espera que ese discurso todo choto me importe una mierda, no puede estar en mayor error. Desliza el filo de su hoja buscando mis dedos, pero quito rápidamente mi mano y el filo de una estocada contra la parte baja de la cabeza del martillo. Dejo caer mi arma a mis pies, y avanzo hacia un agarre al unísono que retiene sus dos brazos.
El verdugo echa su cabeza atrás, va a darme un cabezazo que le dolerá más a él porque mi cráneo está blindado. Desgraciadamente sospecha, y enseguida voltea atrás, a la nube de aire frío que se forma, y un puto pelotudo mastica porongas de su ejército grita.
Voz anónima: mirá, se está formando otra vez.
Piso un pie del cabrón, pero sus botas de hierro le protegen en gran medida mientras intenta deslizarse lejos del alcance de Mary, pero esta se forma a tiempo y clava la espada de mi hermana (es buen momento para decir que cuando Mary se vuelve una corriente de viento vuelve corriente de viento también todo objeto inorgánico que carga), pasa a través del omóplato izquierdo del verdugo. Le doy un cabezazo abriendo un corte en su frente, al mismo tiempo que voy pa atrás. El verdugo hace una barrida pero ya estoy lejos del rango del hacha, e inmediatamente Mary los saca volando al carajo con una explosión de ventisca. Lo sigue volando mientras yo tomo mi martillo de guerra y le separó la cabeza de los hombros al primer intento de caballero que está a dos pasos de mí.
Decapitado por intentar tocarme las bolas, segunda muerte.
Me toco el lateral del casco y unos cristales protectores salen para cubrirme los ojos, hora de ser groso. Saco el fierro y disparo contra todos los espectros que portan armas de repetición de largo alcance, como la AK-47 o la AKM. Los caballeros anti-balas intentan abrirse paso hacia mí, pero sus cerdos no entienden de compañerismo y los bebés de Belcebú tampoco. Disparo lejos del perímetro mientras corro y ruedo por el suelo, pocas balas me dan, y cuando pasa se fragmentan.
Tres caballeros se adelantan y me cortan el paso. Descargo mi martillo contra la pierna de uno, pero es protegido por el escudo del soldado a su izquierda. Voy a dormir a ese de un puñete en la boca, pero el del medio y la derecha me dan dos estocadas en el costillar, no hay perforación, pero no puedo ganar a estos hijos de puta.
Ruedo hacia atrás cuando miro que me llega un pilar de fuego mas potente que un lanzallamas, (que honor, tienen que llamar a un demonio si quieren hacerme fiambre). Pateo una granada que me llega y cae cerca de varios cerdos, que explotan con una reacción en cadena que mata cerdos y funde caballeros dentro de sus propias armaduras.
Voz anónima: pelotudos, dejen de gastar munición que no le hacen un choto.
Voz anónima: calláte, te hacés el que sabe y trajiste espadas a un tiroteo.
El propio ejército enemigo empieza a matarse entre si, los chanchos atacando a sus aliados, las moscas siendo acribilladas, caminantes blancos cortando cabezas de los pelotuditos que se ponen delante de ellos y no les dejan avanzar. He tenido viajes de hachís psicodélico menos enfermos que esta mierda. Pero como dice el viejo ruso borracho comunista cristiano ortodoxo de Dimitri, "Si tu enemigo se equivoca, no lo corrijas".
Miro a Mary, lo está haciendo, pone todas las fuerzas de su ventisca en golpear al verdugo hacia el cielo, no le está haciendo un choto, pero él no tiene donde aferrarse, así que como distracción funciona.
Marcus: Bien, Mary, voy por ti cuando acabe acá.
Ruedo por el suelo y mis dos pies terminan en la boca de un cagón que iba a tomar la metralleta que estoy tomando yo. El espectro empuja a un compañero y este gira para meterle tres tiros en el pecho. Ese chavón y yo somos un equipazo. Me pongo de rodillas y le reviento la cabeza con una ráfaga de tiros que terminan en el demonio del medio de los tres que hay. El plomo no le hace ni cosquillas, pero al levantar la mano para que deje de darle en los ojos le mete una piña al demonio de su lado por error. El demonio, alto compañero también, le mete un puño que le tira la mandíbula al piso, y el cagón sin mandíbula le vomitaba hasta las tripas en la cara, tropieza y le da al demonio que faltaba.
El quilombo ya está armado, los tres demonios empiezan a matarse entre si, y se llevan de corbata a cuanto pelotudo hay cerca. Los caminantes blancos con la percepción de la realidad bien alterada, intentan poner orden y son todos quemados, mientras yo recojo varios cartuchos de monición y vuelvo a mirar a Mary.
La puta que me parió, esto es malo. La última ráfaga que Mary lanzaba perdió fuerza y el verdugo logra maniobrar hasta clavar su espada hacha y pies de hierro en una estructura morada. Se impulsa en un rápido contra golpe, aunque Mary se agacha, recibe el golpe del arma como si fuera una pala, y sale despedida hacia atrás. Vuelvo a mirar a los demonios, solo queda uno, arrastra una pierna y le falta un brazo, pero sigue matando caminantes blancos y espectros como moscas. A bueno, también mata las moscas de los chanchos y todos corren en círculos sin un orden. El demonio de fuego tiene más interés en matar a los pelotuditos que lo encerraron, que en mí.
Voy corriendo hacia donde está Mary, pero es demasiado lejos. La puta madre que ironia, queríamos al verdugo lejos y ahora estoy en problemas porque el verdugo está lejos, con los planes es siempre la misma mierda.
Mary lanza varios yaris, el verdugo maniobra, pisa uno y los trozos de la lanza se fragmentan, uno bien enorme le atraviesa el brazo a Mary. Apunto con el fierro, estamos a 50 metros, le puedo dar al verdugo en la cabeza.
Tengo que rodar hacia la derecha cuando los niveles de calor en mi traje se disparan, el demonio me lanza una pila de fuego que evado con un backflip.
Salta hacia mí, intento retirarme pero me engancha en su crater al caer, piedra negra como noche me da en el traje y casi me saca un hombro. Me retiro hasta llegar a esas estructuras, esta parece una escalera azul formada como piezas de un efecto dominó. No la pienso y salto sobre la primera, después la segunda y así hasta la última, quedo a 10 metros del demonio que me mira como si le debiera plata.
Lanza su fuego y yo me tiro cuerpo a tierra, viendo a través de sus llamas como Mary está arrinconada y sin fuerzas para volar. Intenta dar un golpe con el sable, pero al chocar con el hacha del verdugo, este aplica más fuerza y rompe la hoja, dejando apenas cinco centímetros de arma a parte de la empuñadura. Mary se la tira y el la cacha al vuelo, con esa distracción Mary genera una explosión de aire contra el suelo con todas sus fuerzas mientras tira también muchos yaris que brotan desde el suelo, todos se rompen contra las putas botas del chavón ese, de seguro es del mismo material que mi armadura. Mary termina en lo alto de una estructura morada que parece un acueducto romano, y tiene una cama al final, como la de la nieve.
Marcus piensa: la parte buena es que hemos encontrado otra cama de las niñas de Sofía, la parte mala es que no viviremos para contarlo.
La estructura donde estoy tiembla, el demonio clava las garras de su único brazo en ella y empieza a subir con saltos torpes. (Piensa, Marcus, la puta madre, piensa). Veo muchos cerdos debajo y tengo un plan, se me llamará pajero, pero no cobarde.
Miro de nuevo al verdugo, usa sus putas botas blindadas para caminar por las paredes y subir esa especie de arco romano. Yo tomo mi mazo de guerra, me tiró en picada contra el demonio cuando está por dar el último salto que llegará a mi. En un golpe en arco le pegó un piñazo en el cráneo, las heridas de batalla ganadas contra sus congéneres hace que mi golpe le duela, consigo que caiga hacia atrás justo encima de los hijos de Belcebú que no pueden verlo (recuerden que los cerdos no pueden mirar al cielo, ya tomé nota, esa es otra que le debo a Mary). El demonio cae, los cerdos se inflaman, todo explota y yo que iba hacia allá, salgo volando por la onda expansiva.
¡Ay, Mary, cuantos problemas me das, pero con esta salvada, ya solo te dejo a deber una!
Capítulo 20: otra niña otra solución, quizás.
El verdugo tomaba a Mary de la perforación en el brazo y la estrellaba al suelo. Con la espada de mí hermana en otra mano la apuntaba al cuello. En un último movimiento desesperado Mary intenta volverse aire y atacar a la cabeza, pero apenas le congela levemente los tímpanos cuando el verdugo hunde más el trozo de hielo, y el hombro de Mary se parte.
Verdugo: te pareces a mi madre. Odiaba a mi madre, me abandonó en un casino cuando era pequeño. No sabes lo que disfruté encontrarla ya de grande y sacarle los ojos, y se me presenta la oportunidad de volver a hacerlo, esta vez con una espada. Dicen que te pareces a lo que más apreciamos, pero solo eres un fraude, y yo voy a firmar con sangre, tu sangre, la bula que lo demuestra.
Cuando acerca la punta del sable al ojo de Mary, una bufanda le cae sobre la mano, es totalmente inofensiva y el verdugo mira al frente. Es la nena de gorro y bufanda que Mary vio.
Verdugo: ¿Una cría de Sofía? ¿No me digas que no quieres que mate a tu amiga?
El gorro para la nieve se mueve de arriba a abajo, como si afirmase con la cabeza.
Verdugo: ¿Y por qué carajos apareces ahora? Puta cría invisible, te hemos estado buscando mucho tiempo, ¿No me jodas que tenéis un orden de aparición?
Me trae las pelotas al plato las deducciones del verdugo, le caí impulsado por la onda de choque, y con un rodillazo en la boca que hizo que diese tres pasos atrás. Sus ojos de sodio me miraron, y por eso no se dio cuenta que estaba pisando la bufanda de la segunda niña de Sofía. La pibita tiró de la misma, y el verdugo resbaló hacia atrás, dándose un trompazo que hizo crujir su espalda hasta escucharse en donde estaba parado. Eso no lo ha matado ni en pedo, pero dejará de joder por un rato.
Marcus: jodeme, la niña invisible tiene barrio.
Mary: ¿Marcus? ¿Como llegaste hasta acá?
Marcus: ¿Qué no escuchaste la explosión? No importa, ¿Puedes pararte?
Mary: Si, solo tengo el brazo completamente roto.
No me la van a creer, pero la niña de bufanda y gorro da con toda la mano en la sangre del suelo y como si fuese pintura, con la palma bien pringada, dibuja un muñeco de nieve y luego lo señala varias veces con el dedo.
Marcus: no rompas la pija, ¿De donde vamos a sacar nieve?
La piba era invisible pero me miraba como si fuera un pajero diciendo boludeces. Mary tose en el puño para llamar la atención, o claro, ella podía crear nieve.
Mary: ¿Me ayudas a ponerme en pie?
Me acerco a ella y dejo que pase su brazo herido por mi espalda, levanta la mano y se que tiene poca fuerza, pero crea una pequeña ventisca para formar una bola de nieve del tamaño de una pelota y otra encima más pequeña. La nena invisible pone su gorro encima y su bufanda entre las dos. Si no fuese por la mancha roja en su mano, no había manera de ver donde estaba la nena, que nos señala la cara, como si le faltase algo.
Marcus: Ya se, no tiene rostro. Dame una punta de lanza.
Mary me entrega un pico de su yari que lo clavo en el centro de la bola para que sea una nariz y le pongo dos balas de la recamara como ojos. La nena, que es más como una oscuridad, negra, absoluta y omnipresente en esta boludez psicodélica, parece más feliz que Abdel el día que descubrió la nicotina a los 8 años. Debería estar preocupándome porque el verdugo no se ponga de pie y escalé hasta acá arriba, pero bueno, quinta regla del juego, aprovecha cualquier descanso sin bajar la guardia.
Mary se acerca a la pibita, usa el mango de su yari sin una punta como bastón y se pone inclinada en una rodilla.
Mary: Es hora de descansar, ¿Me darías tu poder?
Creo que la respuesta fue un si, que se yo si no la veía. La mano con sangre fue hasta la cama, retiró las sábanas y durmió. Mary camina hasta ella, le da un beso de buenas noches en la frente y la nena toma forma. Cabello marrón de flequillo largo que le tapa los ojos y jersey azul. Sonríe y desaparece como ya le pasó a la otra.
Mary: siento algo nuevo.
Marcus: decime el que.
Mary entonces se vuelve normal otra vez (ya saben, con ese aspecto que se parece a ella), estira su brazo roto y lo vuelve una sombra, todo es invisible en ella, ropa y mochila aplastada incluida. Puta madre, ahora recuerdo, por pelear con el verdugo todo se hizo bosta. Bueno, ya que, tenemos solo 39 horas para hacer algo, no tenemos mucho tiempo para preocuparnos.
Mary vuelve a dejar su brazo normal, al tomar su forma se recuperó toda y ya no tiene huesos rotos ni cortes, como si las sombras le hubieran unido de nuevo.
Mary: me siento chévere, pero parece que no puedo combinar mis dos poderes.
(Mierda, adiós a la estrategia de Yuki ona sombra invisible).
Marcus: no hay pedo, ya van dos de cuatro niñas y solo tardamos 20 minutos, salgamos de acá por patas antes de que traigan refuerzos, ¿Algún plan?
Mary mirá el horizonte y asiente.
Mary: dame la mano.
Acedo y ella se vuelve y me vuelve totalmente sombras, hasta que retomamos forma frente a una gran puerta que parece un monolito negro que grita con una boca en forma de rombo.
Marcus: ¿Qué pedo? ¿Y esto que es?
Mary: ¿Viste? No soy solo una sombra invisible, también me puedo teleportar. Al verdugo antes se le escapó decir que las niñas de Sofía tienen un orden, mi cuerpo me indica que acá es nuestra próxima parada.
Marcus: y bueno, que se yo, si las sombras de tu cabeza te dicen que este es el camino, lo será.
Mary me sonríe con los ojos entrecerrados. Que bueno que ya entiende las jodas. Vayamos donde vayamos, que bueno que estamos juntos para protegernos.
Capítulo 21: desiertos de arena blanca y otras pelotudeces.
Ya fue, ganamos al verdugo, salvamos otra niña de Sofía y vamos camino a la tercera, no hay que tentar a la suerte, pero posta que siento confianza con esto.
***
Tras cruzar la puerta salimos de la boca de un monstruo con cara de retardado y cuerpo de Bob Esponja, sus dos manos se abrían y cerraban a los lados como si quisiera aplaudir con solo chocar los dedos en sus palmas, el resto de su cuerpo estaba bajo tierra.
Mari suspiró como si le hiciese gracia el monstruo, a mí solo me daba algo de asco, pero no mucho. Era lo único interesante, de resto solo nos esperaba mucha arena blanca, kilómetros y kilómetros en bucle, la misma mierda de siempre. Nuestro camino también parecía marcado por dos gruesas vayas naturales de roca blanca y cuadrada, y el suelo solo cambiaba cuando había algún captus, levantamiento de tierra, o grandes cajas de tierra compactas con caminos que parecían hacer círculos.
Las barandas esas son como de 60 centímetros, y Mary las mira con el ceño fruncido.
Mary: hay algo tras esas paredes.
Mira hacia delante, todo parece un laberinto en espiral, guardará un secreto en el centro y no gastaré tiempo en boludeces.
¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!
Cuatro paredes echadas abajo con mi mazo más tarde llegamos a una extraña caja. Mide como 4 metros cuadrados y sobre ella tiene un grabado de un ojo mirando al cielo.
Marcus: habrá que echarle gotitas o se quemará la retina mirando al sol.
Mary: dale, un poco de seriedad, ¿No te parece que ese ojo se parece al de Marte-san?
Marcus: Ahora que lo decís, si, si que se parece.
Mary invoca un yari, y lo tira contra el ojo, salpica sangre pero no nos pasa nada.
Marcus: ¿Concreto que sangra?
Mary no responde, pero se asusta dando un paso atrás.
Marcus: ¿Qué sucede?
Mary: cuando el yari le dio escuché una risa, ¿Vos escuchaste algo?
Marcus: No, ¿Pero es una risa desquiciada?
Mary: sí.
Marcus: de seguro es la misma que yo escuché cuando crucé el portal del mar pastel, ¿Recordás?
Mary: un poco.
Miramos la caja del ojo que menstrua y ambos tenemos la misma idea.
Mary: de seguro es un portal, y por lo que siento, puede que tras él esté la siguiente niña de Sofía, ¿Qué decís?
Marcus: que no estoy acá para jugar adivinanzas, me traen las pelotas al plato. No es una trampa, la nueva inquisición aún no llega, y tu intuición no nos ha fallado hasta ahora. A laburar.
Ella extiende su mano, yo la mía, y cuando tocamos la sangre todo cambia. Todo negro como fondo de peli, y solo un bloque brilla blanco.
Marcus: ¿Qué carajos?
Mary: mirá atrás.
Me giro y veo muchos hombres sin cabeza, solo un ojo gigante, igual para todos, andando en linea recta como si fueran cuerpos que no pueden aspirar al sueño eterno.
Marcus: creo que caimos en cana, pero de espíritus.
Mary: si parece como que son espíritus...
Dejo de escucharla, miro fijamente a dos figuras que se detienen en la multitud, dos ojos blancos que vuelan. La puta madre, yo conozco esos ojos. Miro a Mary, no hay duda, son iguales.
Marcus: parale (se calla y yo señalo las figuras). Ese ojo, le conozco, es el de ella... Puede que no recuerde su nombre, pero jamás olvidaría esa mirada. Al lado, es el ojo de mi madre. Te lo juro por Cerati.
Mary mira la multitud que se mueve en una marea blanca como borregos, es como si ella buscara alguien también, quizá los ojos de sus padres, pero niega y luego se transforma con su bufanda y gorro.
Marcus: ¿Qué hacés?
Mary: Todo este lugar es oscuridad, me uniré a ella y veré qué nos oculta.
Marcus: dale, parece bueno el plan.
Mary se volvió totalmente oscura, una sombra de fabulosas piernas a cabeza, pero no mucho, la oscuridad fue arrancada de ella como quitar un mantel de una mesa. Ella cayó vomitando y cuando me agaché en su ayuda, vomitó la muñeca de la primera niña de Sofía.
Marcus: ¡Carajo! ¿Qué pasó?
Mary no responde, solo mira al frente, y yo hago igual. La oscuridad se hace una bola y la muñeca levita al lado. Sobre toda la gente y el paisaje escarpado de mierda oscura sale una figura con capucha, rostro de constelaciones y dos manos, una de hombre y otra de mujer, y en cada palma dos ojos que directamente ven mi inconsciente.
Voz anonima (anónima mis pelotas, era el hombre túnica): Giovanni Crosse y Mary Tsuki Donovan, finalmente me ven, soy la sombra que el consciente rechaza, el ángel sombra del subconsciente. Pueden llamarme Psique.
Mary me miró, luego a nuestro alrededor.
Marcus: si, Giovanni Crosse es mi verdadero nombre, larga historia.
Psique: no la ocultes.
Mary: no tenés que contarla si no querés, Marcus.
(Palabras valientes, pero inútiles, ni con mi armadura podría con ese ángel. Mis ojos de vidrio me muestran que las estrellas de su cabeza se han comprimido hasta tener el tamaño de la cabeza de un alfiler, pero son tan letales como 7 bombas de hidrógeno).
Marcus: mi nombre de ahora me lo puse tras unirme al ejército, ya no quería tener nada que ver con mi pasado, odiaba al padre que nunca conocí, mi madre que murió y mi hermana que me abandonó.
Psique: es correcto, solo se lo revelaste a una persona, ¿Recuerdas quién?
Marcus: (tragué saliva y apreté el esfínter anal) si... Su nombre era... Su nombre era... July Shepherd.
De pronto estaba llorando, recordaba todo con claridad, el dolor en el corazón que no tenía me hizo ponerme de rodillas en el piso, y por algo que no sé, me sentía muy bien, como si hubiera ascendido.
Marcus: gracias, no entendí nada, pero gracias.
Psique: señorita Donovan, usted rescató estás dos niñas, se podría decir que salvó a mis dos hermanas, y le estoy agradecido por ello.
Sus antebrazos salieron de su piel con un crujido. Mary no se asustó, ni siquiera tembló levemente como en el pasado, había curiosidad en sus ojos, pero también valor para dar un paso más. Las nuevas palmas que se formaron unidas a los huesos tenían una luz roja y una verde.
Mary: ¿No me revelarás nada sobre mis padres? ¿Sobre como llegué aquí? ¿O sobre porqué soy la única que parece poder hablar con las niñas de Sofía sin necesidad de un ejército?
Psique: No es el momento, solo le contaré una historia.
» Una ventana caminaba en la noche por una carretera, no tenía temor, no tenía valentía, y no era una ventana. Encontró un cadáver, ella, que entendía la belleza de la vida y la liberación de la muerte, se transformó en un semáforo, porque mirando al cielo vio a las personas que, encima de un acantilado miraban las estrellas.
» Ese hombre saltó, subió para bajar, y entendió que lidiar con las consecuencias implica estar seguro de las causas. La curiosidad mató al gato negro que esperaba a la bruja en lo alto del centro comercial, pero murió sabiendo.
» ¿Entiende, señorita Donovan? Hay quien se rompe los huesos por un deseo y quien solo mira las grietas.
Mary tenía cara de que no había entendido un choto, pero asintió igual.
Psique entonces se fue, y todos los ojos con él, almas ascendiendo a un lugar mejor fuera de esta mierda. La oscuridad volvió a Mary. En su pecho se formó una ventana con dos luces de semáforo, roja y verde. La sangre del cubo con el ojo resbaló hasta nuestros pies, y volvimos a estar en las arenas del desierto.
Marcus: ¿Qué carajos acaba de pasar?
Mary se mira el pecho confundida, pero no dice nada porque llaman al teléfono. Mierda, la cosa tenía que ir muy mal para llamen. Mary lo toma, pues lo traía en su falda.
Dimitri: ¡Marcus, joder, por fin respondes! ¿Donde carajos estabas?
Marcus: ¿Qué andáis diciendo? Dimitri, ¿Tan mal va la cosa?
Dimitri: ¿Tan mal? Llevas 34 horas sin dar señales de vida, te dábamos por muerto, hijo.
Mary y yo alzamos la cabeza a la vez, ¿34 horas? Imposible, no habíamos estado ni 5 minutos con el ángel.
Dimitri: mira, no te voy a joder...
Zoe: pero yo si (su cara de zorra enfadada ocupa toda la pantalla). Puto de mierda, ¿Donde carajos andabas? ¿No te llega la sangre al cerebro? El 97% de las tropas ha caído, han traído putos demonios de fuego acá, y vos allá con esa forra, ¿Qué no pensás en nadie? Esteban está muerto, un marchante blanco lo partió en dos mientras usaba su última granada para derrumbar los muros que conducían hasta acá.
Marcus: ¿Quién chotas es Esteban?
Zoe: mi ex, pelotudo, un hombre de verdad y no un pajero como vos, debí clavarte el cuerno con él en lugar de pensar que lo nuestro funcionaría.
Marcus: vos sos la que cortó conmigo.
Dimitri empujó a Zoe fuera de la pantalla, lo que me permitió ver a Víctor llorando en posición fetal en una esquina.
Dimitri: hijo, lo que Zoe ha dicho es bastante cierto, trajimos un generador y nos atrincheramos en este cuarto y su único pasillo, pero no podremos mantener el contacto más tiempo, ya ni sé dónde están Abdel o Smiler, tienen órdenes autoimpuestas de no dar un paso atrás, solo dime, por favor, ¿Lo que haces está cerca de salvarnos?
Miré a Mary, y ella avanzó.
Mary: general, coronel, no se su rango, disculpe. Sepa que estamos en camino para salvarles, aguante cuanto pueda, porfavor.
Dimitri: ¿Su testimonio es fiable?
Marcus: más que el de cualquiera que conozca, incluyendo a July.
Dimitri abrió los ojos, asintió: pues entonces mucha suerte, hijo, lucharé hasta perder el otro brazo si es necesario.
Capítulo 22: problemas otra vez, me cago en los muertos del culto.
Miré a Mary sin lágrimas en los ojos.
Marcus: vamos.
Mary: Pará, Marcus, ¿Donde?
Marcus: ¿Qué se yo? ¿Tu sentido no te dice donde está la próxima nena?
Mary: sabés que no funciona así.
Marcus: puta madre, ya sé, pero debemos darnos prisa, los neo cruzados no llegaron hasta acá porque seguramente hicieron una retirada al mundo real para atacar a mis compañeros. Ese ángel hijo de mil nos quitó más de un día de ventaja, ¿Por qué nos jode? Somos los buenos.
Mary: ¿En verdad creés que lo somos, Marcus?
La miré sin expresión, Freud y su pensamiento de reyes que cogen con su madre no tenían lugar aquí si era lo que Mary quería intentar. Me di la vuelta.
Mary: escuchame, por favor.
Marcus: Te cedo que no somos hermanitas de la caridad, pero no podemos dejar que todo el mundo se haga mierda porque preferimos discutir sobre que somos en lugar de hacer algo, dale Mary, no vamos a decirnos nada nuevo.
Mary: quieto.
Solo vi la luz de su pecho ponerse roja, y lo próximo que vi fue a ella frente a mi, a 8 pasos, con la luz verde, mirándose como si no se la creyera.
Mary: ¿Viste?
Marcus: ¿Qué cosa? Ya sabíamos que te teletransportabas.
Mary: no, Marcus, el tiempo, paré el tiempo cuando esto se puso rojo.
Marcus: jodeme.
Mary: si, boludo. Lo tengo, rastrearé el lugar con esto y cuando sepa dónde está la niña de Sofía regreso a buscarte.
Marcus: dale.
***
No se que pasó, pero ya andaba corriendo con Mary a una cueva toda chota de un solo camino. El calor me empezaba a hacer mal, y la armadura pesaba, pero no me quitaría el casco, juro que vi una duna desplazarse y un captus temblar, pero podrían ser espejismos.
En el túnel estrecho como sobaco de camello, una niña en blanco y negro, como de manga, caminaba adelante y atrás.
Marcus: esto si está zarpado, andá hablar con ella.
Mary: no puedo.
Marcus: (la miro como si me hubiera golpeado las pelotas). ¿Cómo no podés?
Mary: no habla, y cuando detengo el tiempo, le salen brazos de los brazos hasta tener cuatro y una mano de la cabeza. No se que hacer con ella.
Marcus: ¿Y que querés que haga yo? ¿La cago a tiros?
Mary me mira con cara de que se ríe más en un funeral. Luego la mira, me mira de vuelta.
Mary: tal vez tu pensamiento violento si sea necesario.
Marcus: explicate.
Mary: no creo que podés entenderlo, pero el estar junto al ángel aumentó mi percepción de este mundo, su energía (me mira a los ojos). Marcus, tenés que romperme los brazos.
Marcus: ¿Cómo así?
Mary: ¿Recordás lo que dijo Psique?
Marcus: acá entre nos, no entendí un choto.
Mary: hay que romperse los huesos por lo que deseamos (la mira de vuelta). Deseo comunicarme con ella, y si debo ser como ella, necesito tener los brazos rotos.
Marcus: ¿Pero te podés curar con el quilombo de las sombras, no?
Mary asiente. Siento que está mintiendo, ¿Pero que otra opción hay? Esto me va a doler más a mí que ha ella, veo a July aunque se que ya no está, la tomo del antebrazo con mis brazos recubiertos por la armadura.
Marcus: ¿No hay de otra?
Mary: no hay de otra, rompeme el derecho desde el brazo, el otro partilo en dos en horizontal.
Pienso en Dimitri, Smile y hasta el cabrón de Abdel, si no hago esto, por nada será su esfuerzo.
Marcus: dale, lo hago, te va a doler hasta después de muerta.
Mary: dale.
Cierro los ojos, y con una velocidad que hasta a mí me asusta...
¡Crack! ¡Crack!
El tiempo se detiene y puedo abrir los ojos. No puedo hablar, no puedo moverme, solo puedo ver a Mary. No es la Mary que siempre veo, la que se parece a July y trae tremendas piernas. Es una mina de cara chata, pelo despeinado y recogido en una coleta tan ordenada como una tumba después de un bombardeo, y camina con ambos brazos partidos hacia una chica de 5 brazos que flota como si la gravedad fuese una opción a la que no diese bola.
Mary: hola, buenos días.
La nena se para, se mueve y sacude sus dos coletas como las alas de una gallina decapitada. Es inofensiva, y se acerca a Mary como si fuesen amigas de siempre.
Ella le extiende una mano, un acto un poco mongólico, porque Mari tiene los dos brazos rotos y no puede apretar las manos, pero igual le da su brazo que no está en dos mitades para que la nena le salude energéticamente.
(Puta madre, no se cómo Mary no grita, duele solo verlo, me recuerda a mis piernas cuando me las rompieron por segunda vez).
Mary: es un placer conocerte, me llamo Mary Tsuki Donovan, ¿Cuál es tu nombre?
La niña de Sofía la mira con la boca hecha un triángulo, no entiendo un choto, ¿Cómo puede hacer eso? Se señala a si misma con sus 4 manos y dice: "Monoko".
¿Ese es su nombre? Se escucha como un nombre de perro.
Mary: mucho gusto Monoko (suspira). No quiero asustarte, pero allá fuera hay gente muy mala que quiere hacerte daño, y yo puedo protegerte. Necesito que confíes en mí, que te unas conmigo y me ayudes a salvar el mundo.
Monoko: Soy la niña que perdió su identidad.
(Silencio incómodo de biblioteca).
Mary: puedo ayudarte a recuperarla, haré lo que sea.
Monoko: ¿Decapitarias a tus padres por mí?
(Carajo, ¿Qué acaba de decir).
Mary: ¿Cómo decis?
Monoko: Quiero a mí hermana de vuelta, la niña que perdió sus pensamientos, la joven monocromática con sonrisa ambigua. Ella solo saldrá en la oscuridad de los recuerdos de quien es capaz de matar.
(Abre los ojos cuál loca de manicomio hasta que una córnea se le derrite).
Monoko: confiaré en ti cuando confíes en mí, mata al hombre de ahí fuera y tráeme a mi hermana.
Mary: yo... Yo no puedo hacer lo que me pides, ¡Tiene que haber otra manera!
La nena no contesta, se pone a flotar alante y atrás, y da giros a su propia bola. Mary se gira y me mira, de alguna manera se que sabe que la escucho. Su semáforo vuelve al verde, la nena vuelve al suelo y camina normal, ojos grandes y boca de triángulo, le importa un carajo el mundo.
Mary: ¿Oíste lo que dijo?
Asiento. Salimos del túnel por el otro lado, hay un hombre allá, es una cabeza gigante con manos y pies, como si no tuviera pecho.
Mary: ¿Ves los fuegos fatuos que le señalan?
Marcus: no veo nada.
Mary: hay que... Hay que.
Marcus: cerrá los ojos, yo lo hago solo.
Mary: no, Marcus, no servirá. Es mi última prueba.
Marcus: ¿Cómo sabés?
Lanza esa mirada que me pudre, la mirada de quien sabe que matar no está bien, pero no hay otra manera.
Marcus: no será al pedo, creeme.
Ella gira y mira a ese hombre deforme mientras toma la forma del fantasma ponja y crea una lanza. El hombre retrocede caminando hacia atrás, se creé Michael Jackson el tipo. Noto la mano de Mari temblar como espejismo del desierto, como las dunas y los captus.
Mary da el golpe, atraviesa a ese hombre de manera letal y cae al suelo muerto. Yo no la pienso y disparo, tres balas pasan sobre la cabeza de mi compañera y chocan con un captus, partiéndose en miles de trozos.
Mary: ¿Pero qué haces, Marcus?
Marcus: sistema de camuflaje, ejecutores de platino.
Voz anonima: jajaja, sabes identificar alucinaciones por el sol de reflejos artificiales como un profesional.
La puta madre, como odio esa voz, nunca nos dejaremos de él. Es el verdugo.
El cactus se parte desde dentro y sale un tiempo con 10 armas y tres lazos eléctricos en cada mano, fumando un cigarro y el torso al descubierto. Un cuerpo inmortal marcado por cicatrices y heridas de bala. Posta que sería un sicario de la mafia en vida, ahora es un ejecutor que trabaja para el mejor postor en el infierno, y como él dos más que se quitan el polvo con el que se camuflaban.
De un salto, una figura de botas de hierro nos apunta a Mary y a mí con la punta de su hacha. Esos ojos de sodio los voy a sacar de su cabeza, ya me tiene hasta las pelotas. Pero veo como se pone recto y su clavícula suena como la de un robot. ¡Oh no!
Verdugo: jojo, ¿Cómo lo dirías tú? O si, ¿Viste Marcus? Yo también traigo mejoras biónicas para matarte. Esto titúlalo "Marcus bajada de humos: la historia del suicida que se transformó en verdugo".
Capítulo 23: Guerrilla desierta.
Marcus: ¡Mary, anda a meterte en la cueva, ya!
En las sombras estaría a salvo, podría terminar de curarse los brazos que tenía bailando tango. Intento seguirla, pero un chorro de fuego líquido me corta el paso. Normalmente me pasaría la llama del lanzallamas por los huevos, pero entre el sol de este desierto de mierda y que mi armadura ya pedía la jubilación por invalidez, sentí que el metal se me iba a soldar a la piel. Los tres ejecutores se mueven coordinados. En un parpadeo, me tenían encerrado en un triángulo de fuego.
Miro a Mary que rápido le aparece un gorro y bufanda y desaparece como sombra en la cueva. El verdugo le llega como resorte y se mete en la cueva también. Me giré, pero el primer ejecutor ya me estaba apuntando. Saco el fierro y le vacio medio cargador. El tipo no era ningún boludo; se deslizó por la arena blanca esquivando el plomo. Aprovecharon mi distracción. Los otros dos empezaron a acribillarme. Metal chocando contra mi casco.
*¡Pum! ¡Clanc! ¡Crack!*
Las balas buscaban mis ojos, la visera, las juntas del cuello. El blindaje aguantaba, pero sentía que el cerebro se me estaba haciendo puré de tanto rebote. Si no salía de ahí, moriría en corto.
Marcus: ¿Quieren jugar sucio? Jugamos todo.
Pateo el suelo todo lo fuerte que puedo. Levanté una cortina de arena blanca espesa. Los ejecutores, muy finos ellos, se cubrieron con el ala de sus sombreros y siguieron exhibiendo sus heridas abiertas en su torso descubierto.
Ahí me lanzo bien enojado. Embestí al que tenía más cerca, lo levanté mientras las costillas crujían contra mi hombro y corrí hasta hundirlo de cabeza en una duna. Iba a terminar el trabajo. Levanté el martillo, pero el tipo fue más rápido. Me mete una patada en las muñecas que me entumece hasta los codos. El martillo voló a la mierda, perdiéndose en la arena. Al mismo tiempo, sentí un calor insoportable en la cadera: un disparo de plasma me había dado de lleno en la cartuchera, fundiéndome la pistola contra la cintura.
Marcus: ¡La reconcha de tu madre!
Sin armas y con el traje ardiendo, lo agarro de las solapas. El tipo intenta zafarse, pero lo usé de escudo humano justo cuando sus compañeros cambiaron el calibre. Ahora las balas eran perforantes. Imaginate, sentí el primer pinchazo atravesándome el costado, pasando por el cuerpo del ejecutor. Estaba contra las cuerdas, pero si me iba al infierno, no me iba a ir solo. Vi que el tipo llevaba las cargas explosivas de repuesto en los brazos. Cerré el puño y golpeé directamente los detonadores.
¡Bumba!
La explosión fue una cosa pa verse, fuego y arena. La duna entera voló a la mierda, levantando una tormenta que tapó el sol.
Activo el visor térmico antes de que mis pulmones terminen de escupir la arena. Entre el ruido estático y el filtro naranja, veo al verdugo hacer tonteras en la cueva. Me calmo porque no encuentra nada.
No llego a dar un paso. Un látigo eléctrico, amarillo como víbora de neón, corta la niebla de polvo y se me enrosca en el cuello. La descarga me hace saltar hasta los empastes de las muelas. El ejecutor tira con la fuerza de un cabrestante y me estampa contra una de las paredes naturales del desierto. Mi espalda cruje contra sólido. Caliche. Cal dura y quebradiza del desierto.
Marcus: ¡Ya me estás soltando, pelotudo!
Un segundo látigo se clava donde estaba mi oreja un segundo antes, hundiéndose en la cal. El ejecutor usa el cable como punto de anclaje y se lanza hacia mí como un péndulo. El otro, el que todavía me tiene agarrado de la garganta, me tira de boca contra el suelo para que no pueda zafarme. El tipo cae con todo su peso sobre mi cadera. El metal cede y siento un pinchazo de mis propias placas de armadura dobladas que se me clavan directo en las pelotas. Que grito me eché. Le suelto un aplauso brutal sobre el tobillo. Siento el hueso romperse bajo mis guanteletes. El tipo está que se desmaya un milisegundo, y no le doy más. Arranco un trozo afilado de pared, usándolo como puñal prehistórico, le mando un tajo ascendente desde la clavícula hasta la garganta. Pero el cabron no se va solo. Vacía toda la metralla de su brazo en mi pecho a quemarropa. El impacto destroza el látigo con el 35% de mi armadura.
Me arrastro como puedo, tirando todo mi peso contra el muro para usarlo de cobertura. Jadeo, escuchando los avisos de error de mi traje en mis tímpanos. Creo que tengo todo controlado... Jodeme que eso es un cactus que vuela. El ejecutor que queda lo ha lanzado y le dispara en el aire. La planta explota en una lluvia de pinchos ardiendo que se me cuela por las grietas de la armadura y las partes expuestas, perforándome la piel al rojo vivo.
Marcus: ¿Como no me di cuenta? (Pienso). "Regla sexta del juego: en una situación de vida o muerte, todo es un arma".
Me toco el muslo, justo bajo la placa abollada, y siento el relieve de mi paquete de cigarrillos de reserva. Una mezcla psicodélica que Abdel me ha pasó "por si la noche se ponía fría".
Sonrio. Me arranco la placa de la clavícula, ignorando el dolor del metal desprendiéndose de los remaches. Meto el paquete de cigarrillos del hueco de la pieza y les prendo fuego con una chispa de mi guantelete dañado. Empieza a soltar un humo denso, una imitación perfecta de una granada de humo que lanzo sobre el muro.
Marcus: ¡Ahí te cayó una granada, culo roto!
El ejecutor no la piensa bien, compra la farsa. Pega un salto hacia la dirección contraria, alejándose del "humo" y regalándome espacio. No la pienso. Salto desde lo alto del muro, hundo mis manos en la arena hasta que siento el frío mango de mi mazo. Lo saco, giro sobre mi eje y lo lanzo en una parábola perfecta. El ejecutor intenta recalcular la trayectoria de sus balas al vuelo, pero el hierro de mi martillo le hunde el pecho, la sangre manchando el paisaje monocromático.
Ni en esta victoria hay paz. La sangre empieza a llenarme lo que queda de casco y la visión se me pone borrosa. El Verdugo está ahí, su lanza hacha me perfora a la altura del exófago. Con sus nuevas mejoras biónicas mueve su arma pa partirme en dos desde la cintura.
Verdugo: tu amiga es muy escurridiza, pero con el cebo adecuado todos pican.
Como si fuera una bolsa de basura, me agarra de lo que queda de mi torso y me lanza de cabeza hacia la oscuridad de la cueva. No veo un choto, todo es oscuridad y el reflejo de un hacha que sabe donde encontrar sangre.
Capítulo 24: Ahora si, parece que ya empiezo a entender.
La oscuridad de esta cueva es profunda, sin paredes ni dimensión. Estoy tirado en lo que sea que hay bajo mi torso, y siento cómo la vida se me escapa por la cintura. He fallado. La muerte es lo único que queda. El Verdugo camina con sus botas metálicas hacia mí.
Verdugo: Marcus, no nos hicimos con este poder capaz de encerrar espíritus en cerdos solo por una explicación que trascienda la ciencia. Lo que pasa es que nuestras armas atacan a lo más esencial: golpean el alma independientemente de donde esté el cuerpo. Tu amiga podrá pensar que es simple oscuridad, pero se preocupa por vos y va a intentar ayudarte. Lo que quiero decir es que tal vez su cuerpo sea omnipresente... ¡pero su conciencia está aquí! . .
¡Zas!
El hacha le pega al vacío y, de la nada, el cuerpo de Mary se manifiesta a medias cerca de mí. La hoja la atraviesa el hombro, bajando por los pulmones hasta golpear el centro del pecho. Veo un destello rojo, el efecto semáforo. Mary lo activa, el tiempo se congela. El Verdugo se queda petrificado con el brazo extendido. Mary no grita porque el aire ya no circula, pero sus ojos están fríos. La herida es mortal. Mirá vos, justicia poética: el tiempo se detiene para siempre, nada continúa, nadie gana.
Cierren el estadio, finalizó el partido. .
Desde el fondo de la cueva aparece una niña. Tiene el pelo largo, ojos chinos y una sonrisa dibujada. Algo me dice que es la última nena que faltaba.
Mary, con flaco esfuerzo, estira la mano hacia ella. Intenta pedir ayuda, pero sus pulmones están inundados de sangre. Miro a la niña. Ella nos observa un segundo y desaparece. Ya fue, estamos sin última oportunidad.
Mary: Marcus... estaba pensando una cosa... ¿Te acordás de lo que dijo la otra? Que era la que había perdido sus pensamientos... y había que encontrar a la niña que perdió su identidad. Estoy teniendo un sexto sentido... ¿Acaso no estoy perdiendo mis pensamientos al morir? ¿Acaso mi identidad no estuvo perdida todo el tiempo que llevo acá? Nadie me veía como era... ni siquiera vos. Esta nena es una ilusión... La niña que falta, la niña que perdió su identidad... soy yo.
Que quilombo, con la cabeza así no entiendo nada. Ahora reaparecen las dos niñas manga a la vez.
Monoko: No, te equivocas. Esta niña sí es mi hermana, y sí es la cuarta niña de Sofía. Se llama Monoe.
Las dos se acercan a Mary, la levantan del suelo como si no pesara nada. Miran la herida en el pecho, y asienten al mismo tiempo.
Monoe: Lo lograste, Mary Tsuki Donovan. Nos reuniste a las cuatro. Ahora, por fin, puedes saber quién eres.
¿Pero que mierda?
Solo puedo ser espectador, ya no tengo cuerpo. Ella flota, convertida en luz blanca. Frente a ella, dos figuras de la misma luminiscencia.
Mary: ¿Mamá? ¿Papá? ¿Son ustedes?
No hay mística, no hay profecías ancestrales, nada más vemos el pasado. Lo que hoy llamamos la Nueva Inquisición no era más que un grupo de locos esotéricos, científicos del espíritu que querían mapear el subconsciente humano.
Descubrieron una red, un tejido oculto donde todas las mentes coinciden. Un punto de anclaje que conecta nuestro mundo con el infierno y con esferas de potencia que nadie debería tocar. Los padres de Mary eran los mejores en eso. Buscaban una entrada pacífica, pero el precio era alto: para que la conciencia cruzara, el cuerpo físico debía quedar anclado a máquinas, entiéndase, lo que me hicieron.
Hace cinco años, el culto forzó la cerradura. Intentaron ascender usando ese poder, pero imaginate, si Sofía no pudo, ellos menos. Rompieron la realidad y desataron el infierno. Pero no se detuvieron ahí. Con un dominio limitado sobre las potencias que tocaron, chamuyaron el teatro más grande de la historia: deformaron la mente colectiva. Nos hicieron creer que siempre hubo una guerra, que siempre existieron los Neocruzados y la Mano Carmesí. Todo un guion escrito con sangre para mantenernos ocupados mientras ellos jugaban a ser dioses.
Hace cuatro años, los padres de Mary encontraron la forma de entrar físicamente al mundo de los sueños. El culto entró en pánico. Si descifraban eso, que loco sería si encontraran la verdad de las Potencias, el teatro se caía. Así fueron a dormirlos.
Veo la última escena de Mary. Un laboratorio bajo asedio. Alarmas rojas, olor a guerra. Su madre y su padre están atrincherados, escriben en una computadora o qué sé yo. Mary los mira, cree que van a escapar juntos. La mandan al edificio seguro, el mismo lugar donde yo la encontré.
Mary ascendida ve lo que su yo del pasado no pudo. Sus padres nunca planearon ir con ella. Se abrazan. Se dan un beso lento. Su madre explica a su padre que a Mary no la considerarán una amenaza; le han borrado la memoria y la identidad. Si no sabe quién es, el culto la ignorará, pensando que es solo otro residuo del subconsciente.
Segundos después, el laboratorio vuela en mil pedazos. No quedan registros. No quedan testigos. Todo al pedo, porque el culto no olvida, y años después me mandaron a mi a laburar en esta mierda cuando descifraron cómo hacerlo.
Volvemos al nexo de los demonios incas y esta vez solo hay una puerta. Marte san también está acá, pero se deforma y se vuelve Psique (jodeme, ¿Eran el mismo o esto es metafórico?). Mary se queda ahí en pie. Las lágrimas le bajan por las mejillas, brillando como energía pura antes de evaporarse. No se que pasará ahora, y tampoco sé si quiero saber.
Capítulo 25: El señor de las pesadillas.
Psique se yergue frente a nosotros, su túnica una marea de constelaciones.
Psique: Me presento formalmente para vosotros, soy el Señor de las Pesadillas. Siempre lo he sido. Este lugar no es más que el super yo del que Froid hablaba, pero más compacto en una super estructura de múltiples conciencias conectadas. Las pruebas, el dolor, los brazos rotos... todo fue necesario. Somos los cirujanos del subconsciente; hay que enfrentar el temor y despejar la mente para que la verdad pueda ascender entre las Potencias.
Mary se queda viendo.
Mary: Ya cumplí mi tarea, ¿Para qué es esa puerta?
Psique: Es el último paso para la liberación. Para moverse más allá del cuerpo y de la mente. Ir más allá de las contradicciones.
Mary: Una ventana que no es una ventana. Una puerta que no es una puerta.
(No se que carajos andan diciendo).
Mary: No voy a cruzar para escapar. Voy a romper el límite. Si el consciente y el inconsciente se neutralizan, la brecha que abrió el culto se va a cerrar para siempre.
Psique inclina la cabeza.
Psique: Eres una extensión de esa Potencia, Mary. Si cierras la brecha, te cierras a ti misma. Si neutralizas el portal, mueres con él.
Mary, mírate, cuando te conocí le tenías miedo a caerte de la bici, y ahora no temblás para decir que darás la vida por nosotros. Sos lo más grande que tiene este mundo de sueños.
Mary: Acepto el precio.
Camina hacia la puerta y la cruza.
El tiempo se reanuda. El Verdugo sigue ahí, con el hacha en las costillas de Mary. Pero algo cambia. Mary trae 5 brazos como Monoko. Con dos le frena las muñecas al Verdugo. Con otros dos lo clava al sitio.
Mary: Ya me cansé de vos.
El brazo que tiene sobre la cabeza aplasta el cráneo del Verdugo y deja su cuerpo hecho fiambre. Al fin, papá, otro idiota que deja de joder.
Mary empieza a regenerarse, recuperando su forma humana mientras se acerca a mi torso. Me mira con cara de "tenías que ser vos, no había otra". Un poder me rodea, una evolución. Siento que me crecen alas pesadas en la espalda. Mis pies se transforman en garras. Mi mano izquierda se ensancha hasta convertirse en un escudo de carne y hueso tan duro como el acero templado. Y en la derecha tengo una espada cuya empuñadura integra dos rifles de asalto.
Me pongo en pie, sintiendo la potencia de mis nuevos tres metros de altura. Pruebo el peso de mi arma y rio. Ahora si que me siento vivo.
Mary me devuelve la sonrisa. Agitando los dedos forma un portal.
Mary: Agarrate, Marcus. La venganza recién arranca.
Capítulo 26: entre choques de infiernos ningún pecador es inocente.
Cruzo el portal y no me paro a pensarla. Me impulso con las alas y le caigo a tres demonios de fuego. Mi espada los atraviesa como manteca, clavándolos de un solo golpe contra la puerta principal. Aprieto el gatillo de los rifles integrados: la munición pesada vaporiza a los demonios en una explosión de plasma que vuela toda la base del edificio. El bloque entero se cae sepultando a medio ejército enemigo.
Salgo de ahí sacudiendo el polvo. Dimitri me mira tan asombrado como yo mismo.
Dimitri: Marcus... no puede ser. Estás vivo.
Marcus: Soy groso. Ya lo dije un millón de veces y no me la creen.
Víctor se queda tieso, mirando mi forma angelical y luego mirando mi otro cuerpo conectado al generador, mientras Zoe se pellizca el brazo con fuerza, convencida de que debe ser todo un sueño.
Víctor: Detrás de esa puerta estaba Arphas.
Marcus: Pues que arda ese tragapijas, ya no merece ni que lo nombremos.
Víctor: No entendés, Marcus. Nos estaba diciendo que el culto planea terminar de sacar el infierno a la tierra hoy mismo. Que si nos rendíamos, nos perdonaban. Muy linda tu transformación y todo, pero no podés frenar el infierno vos solo.
Marcus: Suerte que no vine solo.
Mary sale del portal y asciende encima de los edificios en ruinas hasta tocar las nubes, contemplando el desastre: las calles son un hervidero de sicarios, espectros y demonios. El silencio total de los inocentes; en poco más de un día, el culto ha pasado a cuchillo a cada ciudadano.
Mary: Asesinos. No merecen piedad. Ya me mostraron su infierno... ahora yo les voy a mostrar el mío.
Mary extiende sus brazos y una onda de luz purísima estalla desde su pecho, barriendo las nubes grises y radiactivas. Por primera vez en años, el sol golpea el asfalto, acompañado de una nieve que cae del cielo como en el lugar donde descansa la primera niña. Del suelo brotan cientos de clones de Marte-san, armados con la verdad del subconsciente. Espíritus de Yuki-onna emergen de los callejones congelando a los demonios, y múltiples versiones de las niñas de Sofía corretean entre las filas enemigas sembrando el caos. Los soldados que habían sido forzados a servir al culto sienten el cambio; sus cuerpos mutan, tomando formas demoníacas similares a la mía, rebelándose contra sus amos. Incluso nuestros aliados caídos sienten la llamada. Abdel y Smile los lideran, surgen de entre los restos de la trinchera, revitalizados, con alas brotando de sus espaldas y armaduras pesadas que tienen cañones montados sobre más cañones.
La balanza se rompe. Ya no es una resistencia al pedo; es la guerra, y te juro por Cerati que esta la ganamos.
Despliego mis alas y me elevo hasta alcanzar la posición de Mary. Desde acá arriba, el panorama parece fácil. Nuestras tropas avanzan como una marea imparable. Abdel, ese hijo de la gran flauta, se mueve como torbellino con dos sables que destrozan enemigos por decenas. Dimitri no se queda atrás, su nuevo brazo biónico es tres veces más potente y revienta cuanto bicho le llega.
Mary: Mirá allá.
Tres tipos en bata, tres científicos truchos, están lanzando un hechizo alrededor de un sello gigante que palpita en el suelo. Los miembros del culto. Los arquitectos de toda esta mentira.
Un rayo de energía oscura se libera desde su posición. Una figura sale disparada hacia nosotros con una velocidad de caza de combate. Es una minita de tres metros, con alas mecánicas y cuerpo reconstruido recubierto de placas de platino. Además, tengo la desgracia de compartir sangre con ella.
Marcus: hay peleas familiares hasta en los peores momentos.
Mary: hay que poner todos los huevos en la canasta, Marcus. Esto no acaba hasta que el sello se haya roto y ellos estén muertos. Necesito cero distracciones. Encargate de tu hermana y yo me encargo del culto.
Marcus: Qué quilombo, pero donde hay sangre soy feliz.
Me pliego sobre mí mismo y caigo en picada, rompiendo la barrera del sonido para chocar de manos contra mi hermana en el aire. Mientras descendemos como dos cometas en colisión, veo a Mary desatar su poder: lanza un rayo desde la mismísima luna que parte la realidad al medio. El impacto choca de frente contra la descarga que el culto manda desde su posición, creando una cúpula de energía que empieza a calcinar todo lo que hay alrededor.
Marcus: ¿Qué onda, Lerena? ¿No aprendiste nada y venís por más?
Lerena: Ay, hermano, tu inútil lucha va a terminar cuando te mate. Y cuando eso ocurra, estaré feliz de saber que no te vas a reunir con mamá.
No le doy tiempo a seguir hablando. Le asesto un golpe con mi escudo que la hace retroceder. Ella lanza una patada con esas piernas mecánicas que parecen tijeras. Bloqueo, desvío el golpe hacia arriba y le mando un corte de espada. Lerena aprovecha una corriente ascendente y sube. Se envuelve en sus alas mecánicas como un capullo blindado. Aprieto el gatillo; el disparo impacta en su cobertura, impulsándola a ella más arriba y a mí hacia atrás por el retroceso.
El cuerpo de mi hermana es estilizado. Sus alas son cuchillas; vuela gracias a un orbe gigante de energía en su pecho. Ese es mi objetivo.
Siento el esfuerzo. Mis alas son biológicas, y si este tango se prolonga, el oxígeno me va a empezar a faltar. Me impulso en una corriente de aire frío como hacía Mary y le encajo un rodillazo en toda la cara. Ella responde cortando con sus garras; bloqueo con el escudo, pero entonces me envuelve con un ala y los picos de metal me atraviesan la espalda. El dolor me enciende. Podrido, vuelo haciendo un medio bucle hacia abajo y la dejo justo al alcance de las garras de mis pies.
Caigo con toda mi inercia y mis tres metros de peso. La hundo contra el suelo, justo en el centro del núcleo de su armada, abriendo una brecha que mis tropas aprovechan para avanzar gritando entre los escombros. Saco la espada y le disparo a la cabeza a quemarropa. Lerena lo resiste, me patea la entrepierna desde abajo y me acerca para darme un cabezazo que me hace ver flases. Se pone en vuelo otra vez y me estrella contra mis propias tropas; mis alas se llenan de sangre y restos de metal ajeno. Me lanza contra un edificio y se aparta justo cuando la fachada se hace mierda. Reacciono a tiempo, cubriéndome con el escudo mientras el cemento me abraza.
Salgo de los escombros, finto hacia la izquierda evadiendo una patada, pero su pierna cierra los dedos en una garra que me atraviesa el costado. Lanzo un corte en arco con la espada y le arranco la pierna, pero al mismo tiempo ella alza la otra y, en un tirón salvaje, me arranca un ala.
Me voy a rajar a la conchetumare, pero de un gancho al mentón me manda directo a las nubes bajas. Subo verticalmente, perdiendo velocidad, casi entrando en pérdida. Ella me sigue, convencida de que huyo. Justo antes de caer, uso mi única ala para un aletazo asimétrico, pivoto sobre mi eje y caigo en picado. Lanzo mi espada como un yari y atravieso la esfera de su pecho. Lerena absorbe el daño, frena en seco y me atrapa en plena caída. Me aprieta con fuerza hidráulica y me clava la empuñadura de mi propia arma. Con mi mano libre, le abro el pecho a puro músculo, mientras ella me abre el mío con sus garras de cuchilla.
Caemos los dos, debilitados, estrellándonos en los restos de lo que fue la Torre de Babel. Mi hermana se levanta primero. Arranca un trozo de hierro de sus alas destrozadas y lo levanta sobre su cabeza, apuntando directo a mi cuello. Entonces, el sonido de una descarga de fusil rompe todo. Zoe sale de detrás de una columna, con la cara podrida de pólvora y los ojos inyectados en sangre. Le vuela la cabeza a Lerena antes de que pueda bajar el brazo, vaciando el cargador entero hasta que solo queda chatarra.
Miro hacia arriba. Mary termina de despejar el cielo. La luz blanca, pura y absoluta, cae sobre la ciudad y destroza al culto en un estallido de verdad que lo borra todo. Que bueno, ganamos y mi esfínter anal sigue intacto, pero ahora tengo bosta de sueño.
Capítulo 27: cierren este teatro.
Lugar: La Tumba de Todos los Tiempos.
Clima: Cielo despejado; ventiscas de menos 37 grados en la periferia.
El avance comenzó bajo un frío antinatural. Las Yuki Ona desataron una ventisca que selló las rutas de escape en la periferia de la ciudad. El acero de los vehículos enemigos se volvía inútil, atrapado en bancos de nieve que crecían metros en segundos. La hipotermia masiva diezmó la retaguardia del culto y las posibles vías de ayuda.
Las tropas aliadas se desplegaron en una formación de media luna. En el corazón del semicírculo, los clones de las niñas de Sofía. El enemigo disparaba al aire, a la nada: las Monoe y las niñas de bufanda parpadeaban dentro y fuera de la realidad, convirtiendo el campo de batalla en un juego de reflejos. Debido a la caída de la Torre, cada bloque de piedra proyectaba sombra, y en cada sombra las nenas invisibles se movían permitiendo que las tropas de Mary golpearan desde el subconsciente, haciendo también invisibles a sus aliados.
En los flancos extremos, Monoko lideraba a las almas. Sus fuegos fatuos no quemaban la carne, sino el espíritu; los cuerpos de los "marchantes blancos" se desplomaban intactos, con los ojos vacíos. Otros, menos afortunados, perdían el anclaje con la tierra, levitando sin control hacia el cielo despejado hasta desaparecer de la vista. Miles de Marte-san partían cuerpos sin tocarlos, sean de simples soldados o de demonios con sellos poco resistentes.
La disciplina de los ciborgs enemigos se desintegró frente a lo sobrenatural. Justo cuando el Culto intentaba reagruparse, la caballería de Dimitri y Abdel entró. Los demonios similares a Marcus flanquearon a los demonios de fuego descontrolados con minigun de alta potencia en cada mano, forzando un cuerpo a cuerpo tan frenético que los Hijos de Belcebú empezaron a masacrarse entre ellos en un intento desesperado por hallar una salida.
El bombardeo de Smile fue el golpe de gracia. La onda expansiva rompió la última pizca de concentración del Culto. Sin sus protecciones místicas, quedaron expuestos. Fue entonces cuando Mary impuso su luz, una claridad absoluta que devoró las sombras y sus acólitos.
Estado actual: Guerra finalizada. El Culto ha sido erradicado de la Tumba de Todos los Tiempos. El infierno será sellado en consecuencia.
Capítulo 28: Nunca he sido bueno en las despedidas.
Abrí los ojos en el nexo ese con la puerta, pero había dos puertas y Mary también estaba ahí.
Marcus: Aj, carajo, ¿Donde estoy ahora?
Mary: me temo que moriste, Marcus, la herida que te hizo tú hermana fue demasiado profunda.
Marcus: nah, pues tremendo quilombo, ¿Donde voy ahora?
Mary me sonríe.
Mary: dale, Marcus, ¿Así te tomás tu muerte? Hacete el sorprendido aunque sea.
Marcus: uno ya nace listo para estas cosas cuando ve guerra todo el día todos los días, además, no soy sentimental, no tengo corazón.
Ambos nos reímos y recordamos. Mary me señala una puerta.
Mary: esa puerta de allá te llevará al descanso eterno, si eso es un lugar bueno o malo no lo sé. Esa otra te llevará de vuelta a tu mundo, y retomarás tu cuerpo de la máquina en la que estabas. ¿Donde querés ir?
Marcus: la muerte se escucha demasiado aburrida para alguien tan groso como yo. (Suspiro y me río).
Mary: ¿Qué pasó?
Marcus: es que no recuerdo las que te debo o las que me debes, y no quiero dejar pendiente la deuda.
Mary: no vas a cambiar nunca. ¿Querés que haga algo para que quedemos a mano?
Marcus: (contemplo su forma tan alejada de la que estoy acostumbrado). Sabés, es la primera vez que alguien me ofrece algo así y no pienso en sexo.
Mary: ya lo arruinaste, boludo.
Marcus: (rio tranquilo) tenés razón, hay que disfrutar nuestro último encuentro, ¿Qué harás ahora?
Mary: crearé una bicicleta y me iré a explorar el resto de potencias, siempre pasandola bien y nunca tratando de irme de más. Aprendí de Sofía.
Marcus: hacés bien. Yo creo que conseguiré un martillo nuevo y entrenaré a novatos, se meda bien la tarea de ayudar y proteger después de todo.
Le estrecho la mano y la miro, tengo un choripán en ella.
Mary: tómalo como pago. Me tengo que despedir, los mundos ya se han cerrado. Adiós.
Con esa última palabra su cuerpo se hace cenizas de brillitos y desaparece. Me como mi choripán mágico y abro la puerta. Entonces despierto de la muerte.
Epílogo.
Hola Mary, ¿Cómo andas? Acá nos va bien, ahora, 30 años después de tu trabajo bien hecho, soy presidente de lo que fue la Torre de Babel. ¿Te podés creer que voy a misa los domingos? Digo, después de todo lo que vivimos tiene que haber algo allá arriba, seguro.
Nuestra organización logró la paz, ya quisiera que fuera mundial, pero no alcanza a tanto. Como toda magia se fue cuando cerraste los mundos, mucho del armamento del culto ya no sirve, pero el que si, lo hemos usado en nuestro beneficio; limpiar campos, ciudades y otros laburos.
Te escribo esta carta por si puede llegarte de alguna manera, a ti y a Dimitri, que en paz descanse, porque hoy se nos fue. A veces pienso que yo podría estar con él, que si hubiera tomado la otra puerta podría estar con Juli, mi madre, o hasta con mi hermana, que a lo mejor después de hacerla fiambre reflexionaba. Que se yo.
A todos nos va bien, creo. Abdel tiene un negocio controlado de marihuana, Smiler ahora se dedica a dibujar y Victor es feliz casado con la mujer de Arphas, creo que hasta tienen dos hijos. No se.
Ya no me llamo Marcus, andé al psicólogo y ahora me gusta el nombre de Giovanni. Pero no todo es bueno. Intenté volver con Zoe, pero no funcionó, ahora ella está en Argentina, creo que trabaja como hermana de la caridad, espero y le vaya bien, igual que a ti. Si algún día te pasas por la Tierra, te enseñaré el monumento que te hicimos, se parece a ti, posta te prometo que es una fotocopia de tu identidad.
Con cariño, Giovanni Crosse.
***
En alguna Potencia perdida entre planos metafísicos una chica en bicicleta siente en su subconsciente que están hablando de ella. Materializa una carta que la menciona y sonríe antes de decir. "Realmente ese tipo es un groso".
***
***
Notas que hice mientras escribía:
- trabaja para "La Mano Carmesí" (en la "Torre de Babel" que está en Italia) y se enfrenta a la Nueva inquisición y los Neo Cruzados.
- El mundo real es un "escarpado paisaje de mierda", América, África y Oceanía son desiertos nucleares llenos de demonios, Eurasia (tierra de nadie mayoritariamente gobernada por católicos), Italia y Oriente Medio terreno sin católicos.
- No todos están contentos, hay manifestaciones.
- La cicatriz: la tiene por una traición de una mujer (este pecado me seguirá toda la vida).
- Buenos Aires fue destruido hace 3 años que fue cuando Marcus dejó su apartamento (cuando los demonios surgieron hace 5).
- Están en la cabeza de Marcus (canal 67): "la memoria del consciente" // En realidad es el mundo creado por Sofía.
- Todos se entienden por la pastilla que cuando hablas sin pensar todos te entienden.
- Mandan a los soldados en cuerpo completo con la "mente muerta".
- Trabaja en el proyecto de Babel para el culto para dominar el "poder divino" y ser un "Ángel": están buscando a Sofía y llegarán a ella a través del ángel del inconsciente.
- Arphas quería que el demonio matara a Marcus y protegiera a Mary de la Yuki Onna (por eso no avisó, para que fuera agresiva), Marcus solo iba para asegurarse de que la pastilla anti muerte funcionaba, y a Mary solo la quiere porque captura.
Narración: "tan esto como esto", "de lo fácil", "no sé, digo...", "no le di mucha bola", "no me toques las pelotas", "para loco", "al pedo", "me lo paso por el forro", "estoy podrido de...", "5 minutos después", // Laburo - minitas - groso - huevón - che - rajar a la conchesumare - Pinta un sueñito - piso - gil // hacelo - podés - mandarme de una... - Zafarse
Onomatopeyas: "riing" // "bum" // "Puff" // "glup" // "Clash" // "Cranch" ///// Spraff, Spatras (plasma), ¡Bius! (aire), ¡Split! (Cortes),
Marcus Angelo (Giovanni Crosse): 16 años // 1'87 y 82 kg // "Está enfermo", No tiene corazón (solo una cicatriz en su lugar), tiene una columna de metal, puede reconocer las cosas chupando la sangre, tiene un paquete de cigarros, // sabe hablar español, inglés, italiano y japonés, su hermana está muerta (la mató Dimitri), su padre lo abandonó y lucha contra demonios y los neo cruzados // su martillo es reflectante y tiene una navaja mariposa // "Hmmm", "Bueno, al menos...", "primera regla del juego...", "me tienes las bolas cuadradas", "otras mierdas", "mis pelotas", "¿Pero que mierda?", "¿Donde carajos es esto?", "no le di mucha bola", "hijo de mil p...", "posta que...",
//// Vivió de la caridad católica hasta los 11, a los 14 la conoció a ella, a finales de los 15 mata a su hermana y ahora está a finales de sus 16 // "dos veces no me lo hacés", "en esas estamos", "¿Cómo así?", "diré lo que se me canten las pelotas", "dejá de comerte la peli", "jodeme que lo está diciendo enserio", // "zarpado", "flashear",
Mary Tsuki Donovan: tiene unos 23 años, curiosidad por la muerte, perdida de memoria, una bici, un raspón en la pierna, se paraliza con el cuchillo, le gustan los baños de inmersión, // "Podrías...", "¿Y cómo lo sabes?", "dale", "obviamente que no", "creeme, eso...", "pasa que...",
//// 19, y no solo por sus piernas, su cintura era fina, su cara joven y su pelo marrón le llega hasta los hombros, aunque tiene algunas greñas y polvo, herida en la pierna y marca en la boca, // fue mandada a ese mundo por su padre para librarla de la realidad, ya no tiembla y llora, // Madre católica y padre protestante, tiene una "conexión con el lugar" que no puede explicar, "es una anomalía y la estáis viendo como vuestro cerebro cree que es", // "enserio que me jode", "anda a saber", // "posta", "viste", "bellísima",
Víctor: científico, // "Arpan no puede hacer una tarea simple", "por lo absurdo que suena",
Arphas: jefe enfadado, lo perdonarán si sale bien, abre la puerta de los sueños, deja una nota en la habitación de Mary, // "no es necesario pero si muy divertido", "fui obligado a traicionarte",
Secundarios: Dimitri (76 años, un brazo de metal, bozca), Abdel (hachís), Zoe (ex-novia),
Lerena: 23 años, 1'83, pelo largo y negro, tiene un agujero de bala en la cabeza (hecho por Dimitri), abandonó a Marcus a los 10 años, // trabaja para ser redimida // sable turco //
Verdugo: producto de un aborto fallido, intentó suicidarse (después de perder todo en el juego) pero le gustó más ser verdugo // Su arma es una espada de 70cm que termina el la cabeza de un hacha y punta de flecha - ojos de sodio // "bueno", "malandro", "mojón", "pero hazlo", "mejor preocúpate", "por cierto", "pero claro", "me da penica", "vas de cabra loca", "la naturaleza es sabía, por eso tú eres tan ignorante", "eres más gracioso que el entierro de mi madre", "acomplejado", "eres un puto subido que no le importa a nadie", "¿Te crees un gánster noventero?",
Ángel Sombra del Subconsciente: creado para trascender el consciente universal, se manifiesta como un ojo burlón en una pantalla, una risa en el charco,
Cuidadores de "demonios domésticos": llevaban a los "bebés de Belcebú" (cerdos domésticos que tienen demonios dentro y controlan moscas), siempre hay 3 más que el número de cerdos, traen rifles de asalto, pistolas de mano y collares eléctricos, son jóvenes (europeos) que trabajan en un matadero,
Marchantes blancos: armaduras que aguantan lo que sea, cascos que les aplastan el cráneo si intentan delatar, 0'8 megajulios //
Reglas:
- Primera regla del juego: no se le da la espalda al enemigo.
- Segunda regla del juego: nunca sabes cuándo podes ser atacada.
- Tercera regla del juego: nunca te quedes quieto si tu rival anda hacia ti.
- Cuarta regla del juego: nunca luches en un terreno que no puedas poner a tu favor.
- Quinta regla del juego: aprovecha cualquier descanso sin bajar la guardia.

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