La melancolía de Suzumiya Haruki 2.
Capítulo 6.
Al día siguiente, después de clases. Me correspondía hacer la limpieza ese día, llegué al salón del club más tarde de lo normal, pasé cansada y saludando sin mucho interés, Nagato estaba con su libro, Haruki me miraba con media sonrisa, Asahina me hizo una reverencia vestido de maid y yo me dejé caer en mi poco confortable silla de. . Oye, espera un segundo.
— ¡Diablos! Tienes que decir la frase, si no no funciona — le alentó Haruki.
— ¡Good day, máster! — dijo Asahina en un chillido de Hamster.
Todo mi corazón se detuvo asombrado.
Asahina se sentó en una de las sillas metálicas. Después de mirarme con fingida felicidad, bajó la cabeza.
¡Era una mucama absolutamente impecable! Quiero decir, ¡Ho no, Haruki había vuelto a hacer de las suyas cuando no estaba!
— ¿Y bien? ¿No te parece que quedó muy bonito? — Dijo Haruki admirando el resultado de su trabajo, mientras acariciaba el pelo de Asahina.
No iba a opinar sin un abogado delante.
— ¿Este disfraz es genial, no?
— Una ternura — protestó Asahina tímidamente.
— ¿Por qué estás disfrazándole de mucama? — pregunté mientras empezaba a fruncir el ceño.
— ¡Porque los disfraces de mucama son muy sexys! Eso atrae a la gente — se encogió de hombros cuando vio que iba a preparar la réplica. — Yo le pregunté y él aceptó.
Como para llevarte la contraria, seguramente se lo hubieras puesto a la fuerza. Pero por la cara que me estaba poniendo, lo último que quería era empezar un griterío otra vez.
— Claro, que también podrías usarlo tú en su lugar, si tanto te molesta.
— Intenta que me ponga eso y olvídate de tener hijos. Te lo advierto.
— Supuse que dirías eso, también iba a proponérselo a la nueva, pero está tardando en venir y Mitsuru-kun llegó primero — le dio un golpe en el hombro y lo arrimó hacia si. — Imagina esto como una inversión, en cualquier historia que se desarrolla en una escuela, siempre tiene que haber un personaje adorable como Mitsuru-kun. En otras palabras, esta historia no podrá avanzar sin él, ¿entiendes? Ya es amable y el interés de varias, pero si no vestimos a la colegiala bonita y de buen cuerpo con un disfraz de mucama — frunció el ceño en mi dirección. — Y como ninguna colabora, no llamaremos la atención de la gente. Asi que aquí el niño bonito va a enamorar a cualquiera de ellas con su miradita, y bueno, siempre hay por ahí suelto algún curioso. ¡Pero lo importante es que la victoria será nuestra!
Lo más importante es la salud mental, y a ti eso te falla. Me dije a mi misma.
Mientras pensaba en cómo iba a responder a eso, Haruki sacó una cámara digital quién sabe de dónde, y comenzó a tomar fotografías. Asahina enrojeció de inmediato y sacudió su cabeza violentamente.
— ¡Ey, esto no era parte del trato!
Asahina-sempai, pierdes tu tiempo al pedirle misericordia a Haruki, incluso si te pones de rodillas, porque él es del tipo de personas que siguen haciendo lo que tienen en mente sin importar lo que suceda.
Como me lo esperaba, Haruki obligó a Asahina a adoptar todo tipo de poses para su sesión fotográfica.
— Así no, pies punteras, y dobla la cintura — él también hacía las poses al unísono, y le salían muy bien hay que decir. — Esa cintura no, la otra. ¡Sí, así se hace! ¡Sonríe un poco más!
Haruki daba órdenes sin parar a Asahina mientras presionaba el disparador de la cámara. Si le hubiera preguntado de dónde sacó esa cámara digital, seguramente me habría respondido que la "consiguió" de alguna parte. Lo que me hace suponer que es robada.
Durante el frenesí fotográfico de Haruki, Nagato Yuuki permaneció sentado en su silla como siempre. A pesar de nuestra confusa conversación de la noche anterior, por verlo con su frialdad habitual di un respiro de alivio.
Y Asahina seguía haciendo poses y corazoncitos, y seguía igual de lindo que siempre. Maldito sea, deshonrrenlo, quiero casarme con él.
— ¡Ey, Kyonko, piensa rápido!
Por andar en mis fantasías, Haruki me tiró la cama y la atrapé casi sin ser consciente.
— ¡Ahora viene el plato principal!
Haruki levantó la falta de Mitsuru-kun con todas sus ganas, dejando muy al descubierto sus indistinguibles atributos masculinos. Voy a defender hasta el día de mi muerte que el click en el botón de fotografías lo hice de manera innintencionada.
— ¡No, eso no lo subas!
Asahina-sempai se echó hacia delante, pero Haruki fue más rápido quitándome la cámara de entre las manos, mientras yo seguía totalmente roja por la vergüenza como si a quien hubiesen fotografiado hubiese sido a mí.
— No te agobies, quedará perfecto — Haruki empujó a Asahina de la cara con una mano mientras con la otra sostenía la cámara lejos de su alcance. — O, ya sé, Nagato, trae pa ca tus anteojos.
Nagato Yuuki levantó un poco la cabeza, y lentamente se quitó los anteojos, entregándoselos a Haruki, para después bajar la vista nuevamente hacia su libro. ¿Como puede seguir leyendo sin esos anteojos?
Haruki tomó los lentes y se los puso a Asahina. — Esos lentes se verán mejor si están un poco caídos. ¡Así, así está perfecto! ¡Sonríe a la cámara!
¿Para que quieres tantas fotos? Haría la pregunta en alto de no ser porque sabía que no sería respondida.
— ¡Mitsuru-kun, de ahora en adelante vas a usar este disfraz siempre que estemos en el club!
— ¿Cómo? — Asahina hizo su mejor intento por expresar su desacuerdo, pero Haruki la abrazó y comenzó a acariciarle.
— ¿Por qué tienes que ser tan bonito? ¡Ni siquiera un hombre como yo puede resistirse a hacerte esto!
Era solo un abrazo, pero siendo Haruki, seguramente se pasó de fuerza. Asahina gritó y trató de escapar, pero todo fue inútil, estaba a merced de las manos degeneradas de Haruki.
Quién pudiera tenerle así entre sus brazos. No, quiero decir, ¡Debería estar tratando de salvarle!
— ¡Muy bien, creo que ya es hora de que acabes con esto! — traté de atrapar a Mitsuru de un brazo, pero Haruki se giró y su espalda le tapaba a él por completo. — ¡Oye, déjale!
— Yo le vi primero.
— No es como que te quiera sustituir, idiota, quiero que dejes de acosarle.
— Si claro, mírame a los ojos y dime qué no quieres abrazarle tú.
En realidad no sonaba como una mala idea, pero al ver que el rostro de Asahina se volvía completamente blanco, preferí no decir nada.
— Jeje, ¿Qué hacen?
Al dar la vuelta, vi a Koizumi Itsuko parada en la entrada con su maleta escolar.
Se detuvo a mirar lo que hacía Haruki, cuyas manos se acercaban al pecho de Asahina mientras yo tiraba de su manga. Sacó una sonrisa al ver a Asahina en su disfraz de mucama, había empezado a temblar sin parar; y finalmente miró a Nagato, que seguía inalterable, leyendo pacíficamente su libro aún sin sus anteojos.
— ¿Esto es una actividad del club?
— Si, se llama separa al loco de la víctima — escupí sin pensarlo mucho. — Haruki es el loco y gana el que lo noquea primero.
— ¡Koizumi, llegas justo a tiempo! — se alegró Haruki. — ¿Quieres apapachar los cachetes de Asahina para que Kyonko se muera de envidia?
— ¡¿De qué diablos estás hablando?!
Koizumi Itsuko sonrió. Oh, por favor, si de verdad estás de acuerdo con lo que sugiere Haruki, entonces vamos a tener graves problemas.
— No gracias, creo que es demasiado para mí. — Koizumi dejó su maleta sobre la mesa, y desdobló una de las sillas contra la pared. — Pero puedo observar, no me hagan caso.
Se sentó con las piernas rectas y la falda recogida a la perfección, y me miró como si estuviera observando un desfile.
— ¡Oye, yo no soy la mala aquí! — el ser juzgada por ella me hizo sacar fuerzas que desconocía y, eventualmente, pude meterme entre Haruki y Asahina, separándolos solo porque Haruki me lo permitió. Me sorprendió lo liviano que era Asahina cuando lo llevé de vuelta a su asiento. Su disfraz de mucama estaba arrugado y desarreglado, y él se veía completamente agotado, pero para ser sincero, pienso que se veía absolutamente sensual.
— Como sea, igual ya habíamos tomado bastantes fotografías.
Asahina estaba tan cansado que simplemente cayó sobre la mesa de cara. Haruki le quitó los anteojos de su cabeza y se los devolvió a Nagato que recibió los anteojos y se los puso sin decir una sola palabra. Era como si su interminable discurso de la noche anterior nunca hubiera sucedido. ¿Él sólo me estaba tomando el pelo anoche, no es así?
— ¡Muy bien, vamos a comenzar con la primera reunión de la Brigada SOS! — Gritó Haruki, parado en la mesa del “comandante”. Repámpanos, gritaba como si estuviera en un concierto. — Antes que nada, ya hemos adelantado mucho trabajo, como distribuir los volantes y habilitar la página web. La reputación en la escuela de la Brigada SOS se ha elevado hasta las nubes, así que anuncio con placer que la fase 1 de nuestro plan ha sido todo un éxito.
Eso estaba al nivel de decir que la publicidad engañosa funcionaba porque todos habían hecho click cuando intentaban cerrar la pestaña.
— Pero nuestro buzón todavía no ha recibido ningún correo sobre eventos misteriosos, y nadie ha venido todavía a discutir con nosotros sus dudas sobre las experiencias paranormales que han vivido.
— Normal, ni siquiera estamos reconocidos como club.
— No interrumpa, vicepresidenta, o perderá el cargo — me dijo sin dirigirme la mirada. — Antes se solía decir que 'la paciencia es una virtud', pero ahora los tiempos son otros. Incluso si tenemos que hacer girar la tierra en la dirección opuesta, vamos a ir a buscarlos. ¡Muy bien todos, comencemos la búsqueda!
— ¿Exactamente qué vamos a buscar? — pregunté viendo que nadie se animaba.
— ¡Vamos a buscar todos los fenómenos misteriosos de este mundo! ¡Si nos esforzamos lo suficiente, incluso podremos encontrar uno o dos en este pueblo!
Yo dejé ver mi desacuerdo, Koizumi sólo sonrió de manera enigmática, Nagato permaneció impasible, mientras que Asahina parecía resignado a su suerte, muy cansado para decir nada.
Ignorando las reacciones de todos nosotros, Haruki saltó desde su escritorio hasta la puerta, no sé como no se dio con la cabeza contra el techo. Giró diciendo — ¡Este sábado, es decir, mañana, nos encontraremos frente a la estación Norte a las nueve de la mañana! ¡No lleguen tarde! ¡Los desertores serán ejecutados!
¿Otra vez con lo de la pena de muerte? ¿Y qué quería hacer Haruki con las fotos de Asahina? Bueno, por suerte mi audiencia imaginaria es bastante lista y ya habrá adivinado lo que planeaba. Quería subirlas a la página para atraer gente y que discutieran sobre ellas.
Cuando quedamos sólos él y yo, ya había acabado de subirlas todas en la página inicial como bienvenida para los visitantes. Incluso estaba anotando sus datos personales.
— ¡¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?! ¡Así vas a atraer a un montón de gente peligrosa!
Él me mantuvo a distancia poniendo una mano en mi cara mientras empujaba hacia atrás, mis manos no llegaban a él y mis brazos combinados eran equivalentes al dos porciento de su fuerza. Así que le mordí, y él gritó por la sorpresa, y yo le di un sermón sobre la privacidad y los derechos de imagen, y más cosas que no se cómo lograron convencerle, pero lo hicieron.
Asahina-sempai tenía mucha suerte de que alguien como yo se preocupase por él, si se hubiese enterado que sus fotos comprometedoras rondaban por internet a lo mejor le daba un ataque y moría de un colapso votando espuma por la boca, como un Chihuahua que se ha comido un jabón.
Al final todo quedó en un: "Va, como sea, tampoco tiene merito ganar toda la fama de golpe". Entonces, muy a su pesar, me dejó retirar las imágenes de la página. En ese momento, debí haber borrado todas las imágenes de Asahina, pero habría sido una lástima hacer eso. Por lo tanto, las guardé todas en una carpeta oculta del disco duro de la computadora, y las protegí con una contraseña. Porque una nunca sabe cuando necesitará ver a un hombre disfrazado de sirvienta. Vale, no era necesario, pero no era tan malo, y en última instancia, ¡Sólo yo puedo ver esas fotos!
Capítulo 7.
¡¿Qué clase de broma es esta?! ¡Reunirnos a las nueve de la mañana en un fin de semana! A pesar de eso, igual iba pedaleando en mi bicicleta rumbo a la estación, ropa ligera y una coleta larga, mi experiencia pedaleando hasta encontrar a Nagato había hecho que me diera cuenta de lo ineficiente que es el pelo largo en bici, se te pone frente a la cara, te tira el viento, sudado se te pega la piel, etc. ¡El caso es que no quería estar ahí y aún así iba! ¡Soy patética!
Ubicada en el centro de la ciudad, la estación Kitaguchi es un centro muy importante del sistema ferroviario, y todos los fines de semana la plazoleta frente a la estación se llena con una multitud de jóvenes que van a curiosear en las vitrinas. Aparte de ir a una ciudad más grande, no hay mucho para hacer en este lugar además de ir al centro comercial junto a la estación. Siempre me sorprendió ver cómo la gente podía llevar vidas normales en un pueblo con tan pocas cosas para hacer.
Estacioné mi bicicleta al azar junto a un banco, y salí corriendo hacia las registradoras a la entrada de la estación. Todavía faltaban cinco minutos para las nueve, pero todos los demás ya habían llegado.
Haruki giró su cabeza y me dijo.
— ¡Hasta que por fin llegas!
— Pero si todavía no son las nueve — dije mirando al suelo, ¿Alguien habrá visto mi pulmón por ahí?
— En fin, no te pondré multa por ser tu primera vez, pero la próxima vez que llegue es tarde habrá sanción y tendrás que invitarnos a todos a lo que sea.
— Tu sueñas despierto.
— Quien avisa no es un enemigo — dijo encogiéndose de hombros aunque me miró con un ojo abierto. — Nuevo look, ¿Eh? Me gusta la coleta.
Iba a replicar sobre que nunca se había establecido esa regla, pero el cumplido me descuadró, ¿De verdad le gustaba la coleta? No estaba acostumbrada a llevarla, pero era fácil de hacer y también creo que me queda un poco bien. Espera, no me estaba sonrojando, ¿De acuerdo? Ese no era el punto de todo esto.
Y ahí estábamos, Haruki hoy estaba vestido con una camiseta ajustada de manga larga y unos jeans desgastados. Su sonrisa de medio lado era más de conquistador de multitudes que de dictador de club.
—¡Oye, Mitsuru-kun! — chilló de repente. — Hoy invitas tú que has sido el antepenúltimo.
— ¿Qué? ¿Por qué?
Mitsuru, a mi lado, parecía sacado de un anuncio de ropa de verano. Llevaba una camisa blanca, sin mangas, que dejaba ver sus brazos delgados pero sorprendentemente definidos, y un chaleco azul claro que le daba un aire de chico bueno. Su cabello, corto y ondulado, se movía con gracia cada vez que giraba la cabeza, lo hacía parecer el hijo menor ideal que toda madre querría presumir. Hasta su mochila de deporte, colgada de un hombro, se veía bien. ¿Qué llevaría ahí a parte de su cartera?. Su sonrisa tímida, se había transformado en desánimo al escuchar la declaración.
— Porque Kyonko no se sabía la regla que me acabo de inventar.
— Yo tampoco la sabía.
Itsuko dio un paso adelante, traía camiseta de manga corta blanca y una falda corta de mezclilla. — En realidad yo llegué penúltima.
— Si, pero tu eres mujer, no está bien forzarte a nada. Tiene que ser un chico, así funciona la ley que me acabo de inventar. — Este tío no podía hablar enserio, ¿De dónde había sacado ahora los modales de caballero?
Mitsuru me miró con cara de lástima y, no se porque, algo me dijo que había salido con lo justo. Al final me compadecí de él porque soy buena persona y no porque quisiera impresionarlo. Me ofrecí a pagar yo y todos iríamos a una cafetería cercana.
Koizumi estaba a mi lado, feliz como ya la había descrito. Me duele reconocerlo pero tenía su gracia, su sonrisa era agradable y además, era más alta que yo, con un pelo mejor cuidado y uñas mejor pintadas de añil fosforito.
Nagato, para sorpresa de nadie, estaba de pie más atrás y todavía traía el uniforme reglamentario del instituto. Ya lo veíamos como un miembro más de la Brigada, técnicamente él nunca había abandonado el Club de Literatura, pero tampoco actuaba como si eso importase. No piensen que había olvidado eso de que decía ser un extraterrestre, su expresión fría todavía hacía que sintiera cosas que daban vibras de otro mundo. Si, eso me sorprendía más que el hecho de que siguiera usando el uniforme en fin de semana.
***
Salimos por la calle y caminamos hasta el café que quedaba a la vuelta de la esquina, nos sentamos alrededor de una mesa, y la mesera vino a tomar nuestras órdenes. Sólo Nagato estudió el menú con detenimiento – aunque, desde luego, sin expresar nada – tomándose un buen tiempo para decidir. ¡En realidad, el tiempo que se tomó para decidir lo que iba a tomar fue tanto, que si lo hubiera dedicado a organizar los nombres del personal por orden alfabético y fecha de cumpleaños, te hubiera sobrado tiempo!
— Té de almendras — Dijo al fin.
***
Haruki tuvo un plan:
Nos debíamos dividir en dos grupos. Si uno de los grupos encontraba algo que pareciera misterioso, debía contactar a los miembros del otro por celular, y luego nos reuniríamos para decidir qué hacer. Una vez que eso estuviera listo, tendría lugar una sesión de revisión y nos prepararíamos para futuras acciones.
Y ya. Pensándolo bien, el término "plan" le queda bastante grande.
— ¡Ahora, vamos a sortearlo!
Haruki tomó cinco palillos de dientes del dispensador, y usando una pluma que pidió prestada a uno de los camareros, marcó dos de los palillos. Luego agarró todos los palillos cubriéndolos casi del todo con sus manos, y ofreciéndonos las puntas para que eligiéramos uno.
Yo saqué uno de los marcados, y Asahina sacó el otro, y dijo mientras miraba su palillo,
— Jum, qué suerte, ¿no?
Por alguna razón Haruki nos miró fríamente a mí y a Asahina, y gritó: ¡Kyonko, escucha bien, esto no es una cita! Esto es en serio, ¿entiendes? Si os morreais detrás de un seto, lo voy a saber.
— ¡Ya, está bien!
¿Acaso se notó lo que estaba pensando? ¡De todos modos esto es grandioso! En mi interior estaba bailando el cancán, y aceleró su ritmo mientras veía a Asahina mirando su palillo y sonrojándose. ¡Sí!
— ¿Qué es exactamente lo que vamos a buscar? — preguntó Koizumi muy seria, mientras Nagato bebía su té rítmicamente.
Haruki, que acababa de terminar con las últimas gotas de su café helado, peinó con su mano su flequillo hacia arriba y enseñó sus dientes mentolados.
— Cualquier cosa que se vea sospechosa. Cualquier persona que se vea extraña. También estén atentos por si hay portales que puedan llevar a otras dimensiones, o extraterrestres disfrazados de humanos. Recuerden, no hay nórdicos en esta parte del mundo, ni hombres con actitudes de mantis.
No escupí el té de menta porque a estas alturas esto ya era rutina, pero... ¿Por qué Asahina tenía expresión de alarma? Por supuesto, Nagato seguía igual que todos los días.
— Ya veo. — Respondió Koizumi.
— ¿De verdad entiendes algo? — pregunté.
— Si, habla de los Pléyades y la gente insecto. Si que destacarían en nuestra sociedad.
¿Pleya qué? Aunque no entendí, Koizumi prefirió seguir hablando con Haruki.
— Entonces, lo único que tenemos que hacer es buscar extraterrestres, viajeros en el tiempo y gente con poderes sobrenaturales, y las huellas que dejan mientras están en la Tierra. Lo entiendo muy bien.
— ¡Correcto! ¡De verdad eres muy inteligente, Koizumi! ¡Es exactamente eso! — Haruki le dio una suave palmada en la espalda. — ¡Kyonko, aprende de ella o serás tú quien se convierta en subordinada tres, y ella en vicepresidenta!
¡Deja de alimentar su ego! Por mi como si la haces primera dama. Aunque no dije eso en alto, se dio a entender con la mueca que puse.
— ¡Muy bien, vamos! — Haruki me arrojó el recibo de la cuenta y salió de la cafetería dando grandes pasos.
Aunque ya había dicho esto muchas veces, todavía puedo decirlo más:
Repámpanos.
***
— ¡Recuerda que esto no es una cita! ¡Si me entero de que estás embarazada de él, te mato! — dijo Haruki mientras se alejaba con Koizumi y Nagato.
Mi cara se puso tan roja como la de Asahina-sempai, y no nos miramos mucho mientras nos dirigimos hacia el Este, aunque todavía no sabía qué se suponía que estábamos buscando.
— ¿Ahora qué hacemos?
Asahina me miró, mientras apretaba nerviosamente su cartera en su mochila. Yo quería irme a casa, pero sabía que no sería posible. Entonces, fingí que lo pensaba por un momento antes de decir; — Es inútil que nos quedemos aquí, caminemos un rato.
— Bueno. — Asahina estuvo de acuerdo, aunque no parecía muy cómodo por estar caminando justo a mi derecha, el lado de los coches. Cada vez que por accidente su hombro rozaba el mío, parecía retroceder alarmado. Se veía increíblemente inocente cuando hacía eso.
Caminamos por lo largo de un sendero a la orilla de un río, y nos dirigimos más o menos hacia el Norte. Si hubiésemos estado allí un mes antes, podríamos haber disfrutado de los cerezos en flor, pero ahora era sólo una caminata tranquila. Sep, no importaba lo que dijera Haruki, esto era una cita en toda regla.
Debido a que el sitio era muy frecuentado por los caminantes, había muchas familias y parejas en el lugar. Todos pensaron que éramos una joven pareja, y no parte de un grupo que buscaba fenómenos extraños.
Mirando hacia la orilla, Asahina murmuró suavemente, como para él mismo. — Esta es la primera vez que he salido a caminar así.
— ¿Qué quieres decir?
— Bueno, con una chica, los dos solos. ¿Tengo que invitarte a un helado o algo?
— Jeje, no hombre, no hace falta. Hoy ya he experimentado eso de que te obliguen a invitar por compromiso. No te voy a hacer lo mismo — me sonrió y otra pregunta me pasó por la mente. — ¿Entonces nunca antes habías salido con alguien?
— No.
Daleé la cabeza para mirar a Asahina, mi coleta colgando hacia un lado. Su cabello era movido levemente por el viento a pesar de ser corto, y le comenté lo más calmada que pude; — ¡Gou! Debe de haber un montón de chicas que te han pedido que seas su novio, ¿No?
— En realidad no — negó con suavidad mientras miraba al cielo. — Supongo que las chicas buscan alguien alto, fuerte, atlético... Más seguro de si mismo. — Despegó los ojos de una nube que tenía forma de gatito para mirarme. — Alguien como tú, pero en hombre, supongo.
— ¿Eh?
— Pero no importa — Asahina inclinó su cabeza tímidamente. — No puedo. No puedo involucrarme en una relación con nadie, al menos no aquí.
Se quedó callado sin dejar de andar. Solo pude seguirle mientras esperaba a que continuara hablando. Tres parejas pasaron a nuestro lado.
— Kyonko-chan. — Ya había empezado a contar las hojas que flotaban en el río, cuando Asahina dijo mi nombre.
Me estaba mirando con una expresión de duda, luego, un poco más seguro me dijo; — Tengo algo qué decirte. Algo que no vas a creer. Algo que debo decirte a solas.
Sus ojos redondos de ciervo mostraban una fuerte determinación.
Nos sentamos en unas sillas al lado de los árboles de cerezo. No había nadie cerca, y a mí me habían empezado a sudar las manos. Por un rato Asahina no dijo una palabra. Luego inclinó la cabeza y murmuró — ¿Por dónde debo comenzar? No soy bueno explicando estas cosas. Seguramente te resultarán tan creíbles como los alienígenas vikingos.
Finalmente levantó la cabeza, y comenzó a hablar con un tono de inseguridad. — No soy de este tiempo. En realidad vengo del futuro. No puedo decirte de que época vengo, o de cuál plano temporal. No podría hacerlo aún si quisiera. Suministrar cualquier tipo de información sobre el futuro a las personas del pasado, está estrictamente prohibido; y aún si lo contara con lujo de detalles, solo causariamos el efecto Hugh Everett, nunca llegaríamos a esa línea temporal en la que no lo expliqué. Así que, antes de abordar la máquina del tiempo, tuve que pasar por un estricto proceso de condicionamiento mental. Si tratara de decir algo que no puedo revelar, mis recuerdos estarían bloqueados respecto a eso.
Asahina respiró profundamente y continuó. — A diferencia del agua del río, que tiene una corriente continua, cada sector temporal está contenido entre dos planos dimensionales. Piensa en la teoría de cuerdas, postula dimensiones adicionales más allá de las cuatro espacio-temporales. Cada plano universal está entre dos, y con las soluciones matemáticas adecuadas estas dimensiones permiten "atajos" temporales, como bucles o conexiones entre diferentes puntos del tiempo. Aunque esta explicación es una simplificación.
— Me he perdido.
— Ya lo sé — se rascó la cabeza. — A ver qué tal así… trata de imaginártelo como una animación. Cuando vemos una animación, los personajes parecen moverse continuamente, pero de hecho, la animación está formada por una serie de imágenes fijas. De modo similar, el tiempo funciona así, es como una versión digital. Pero sigamos imaginándolo como una serie de imágenes para que lo entiendas mejor.
» Entre un sector temporal y otro, existen las llamadas líneas de falla temporal, aunque aquí se conocen más como "dimensiones compactadas". Aunque la frecuencia de esas líneas es casi cero, su existencia es un hecho; así que no existe una continuidad entre los distintos planos temporales. El viaje en el tiempo es como un intento de moverse en tres dimensiones a través de los planos bidimensionales. Mi llegada desde el futuro hasta este plano temporal es como si alguien dibujara un objeto adicional en una de las imágenes de la animación. Ya que no hay continuidad entre los distintos planos, incluso si intentara hacer un cambio en esta época, no cambiaría el futuro. Todo se resolvería y terminaría en este mismo plano temporal. Si añadimos un pequeño detalle en un recuadro de animación, entre miles de millones de recuadros, la historia al final no se verá afectada, ¿Me sigues?
Por un momento dudé si debía poner mi mano sobre mi frente, y al final lo hice. Planos temporales, versión digital, teoría de cuerdas. Esos términos no son tan importantes, pero ¿a qué diablos te refieres con lo de viajes en el tiempo?
Asahina miró hacia abajo por un momento, las sandalias dejaban ver los dedos de sus pies, luego dijo. — En realidad no importa si lo entiendes o no, los motivos de mi viaje temporal tienen otro propósito. — Me tomó las manos y me miró a la retina con esa pasión que solo se ve en las telenovelas. — Creo que eres una falla en el tiempo.
Joder, que forma de romper el hielo es esa.
— Hace tres años a partir de hoy, cuando Suzumiya-san acababa de entrar a la secundaria, se produjo un terremoto temporal sin precedentes conocidos. Era de magnitud 7 en la escala Tegmark. Para que te hagas una idea, la segunda guerra mundial, aún con todos sus conflictos y afluentes, solo produjo un terremoto de magnitud cero coma siete. Pero ya no hay forma de demostrarlo, cuando viajamos a investigar, nos asombró descubrir que ya no podíamos retroceder hacia el pasado más allá de esa fecha.
— ¿Cómo es que tú también sales con lo de los tres años? — dije sin poder callarme.
— ¿Yo también? — entrecerró los ojos.
— Nagato también...
— ¡No! — Asahina me tapó la boca con la mano. No se puede decir que me asustara, estaba cálido y olía bien. Pero se retiró de inmediato con otro movimiento brusco. — No se supone que deba saber eso. Mira, llegamos a la conclusión de que debía existir una enorme línea de falla temporal, pero no sabíamos por qué apareció únicamente antes de ese plano temporal específico. Pero descubrimos la razón con relativa facilidad.
— Déjame adivinar — dije con un bufido. — es cosa de Haruki.
— No exactamente — vaciló un poco antes de seguir. — Si, él está en el centro del terremoto temporal, pero ese terremoto ha formado grietas. O bueno, ha formado una grieta, y se une directamente contigo.
— ¿Qué? Pero si hace 3 años ni siquiera conocía a Haruki.
— No le has conocido hace tres años, aún — dice él sin soltarme las manos. — Yo solo tengo que asegurarme de que eso no pase. O, en el peor de los casos, documentar como ocurre. Por favor no me preguntes por qué, es información clasificada, así que no puedo decírtelo.
Cómo me gustaría que esto me lo hubiera dicho Koizumi, que a gusto me hubiera quedado gritándole a la cara que no me tragaba esta broma o lo que fuera. Pero no era ella, era solo el pobre Asahina-sempai y su carita de no haber roto un plato.
— Ams, vale, Asahina-sempai, la próxima vez que alguien me ofrezca viajar tres años al pasado le diré que prefiero seguir mi ruta caminando.
Asahina sonrió tranquilamente. Aún dudo de si entendió mi sarcasmo. Pero yo no entendí, ni creía, en como Haruki había alterado el espacio tiempo o algo así. Aún así, había algo que no podía dejar en el tintero.
— Dime una cosa, Nagato y Koizumi son... — no hizo falta que terminara la frase, su vista de caída respondió por él.
— Los dos están aquí por la misma razón que yo, pero Suzumiya-san no se ha dado cuenta que por él es que nos hemos reunido todos aquí y ahora.
— ¿Entonces tú sabes qué son ellos?
— Es información clasificada.
— ¿Qué pasaría si dejamos solo a Haruki?
— Información clasificada.
— ¿Vas a responder así a todo lo que te pregunte?
— No, sólo lo que sea información clasificada.
— ¿Y si me da por decirle algo de esto a Haruki?
— No te creerá.
— Puedo ser muy persistente.
— Si existiese la más remota posibilidad de que Suzumiya-san fuese consciente de su poder temporal, ya habría ocurrido y no estaríamos teniendo esta conversación.
Guardé silencio. Demasiado paradójico para mi gusto.
— Lo siento. No era mi intención asustarte — me soltó la mano y se puso en pie para efectuar una perfecta reverencia de 90 grados. Una pareja que pasaba a lo lejos con un niño nos vio, el hombre se rió junto a su mujer diciendo "seguramente ha olvidado que hoy es su aniversario".
— No, no pasa nada — dije incorporándome también. — En realidad creo que es bastante tranquilizador, porque eso quiere decir que si el mundo fuese a acabarse, ya lo habría hecho, ¿No?
Asahina-sempai sonrió. — Si, también me llena de esperanza.
Al final me terminó invitando a unos imagawayaki y nos sentamos cerca de la orilla del río a cumplir nuestra misión, uno nunca sabe cuándo puede despertar un plesiosaurio extraterrestre en estas zonas.
Entonces, dando un dulce mordisco evitando el papel me dio por preguntar. — A todo esto, ¿Cuántos años tienes en realidad?
Él me miró con picardía y, antes de dar un mordisco a su comida, dijo: "información clasificada".
Capítulo 8.
Después de nuestra conversación, y comer, nos levantamos, iríamos a caminar otro rato. Detuve A Asahina-sempai y le pasé un dedo por el labio inferior. Se perfectamente como suena eso cuando se dice en voz alta. Estoy bastante segura de que él puso la misma cara que os imagino poniendo ahora cuando tras eso me llevé el índice a la boca.
— ¿Por... Por qué has hecho eso?
— Tenías restos de imagawayaki en la boca. — Creo que en ese preciso momento los dos nos pusimos colorados a la vez. Hice tantos aspavientos con las manos que parecía que estaba apartando mosquitos. — Oh, es que, digo, ha sido instintivo. He pensado que sí Haruki te veía eso pensaría que estábamos teniendo una cita, y ya sabes, no lo estamos. Y como has dicho no se que de que podía destruir el universo, y y...
— Jiji, vale, vale — me devolvió una sonrisa tranquilizadora y me ofreció un pañuelo que sacó de su mochila de deporte. — Tienes razón, hay que ir con cuidado. Límpiate el lado derecho también, tienes un poco de dulce.
Lo hice sin mucha prisa. El pañuelo que me había dado olía a lavanda, y estaba muy suave. Él esperó a que estuviera lista antes de que reanudaramos la caminata hacia ninguna parte. A pesar de que Haruki había insistido en que no era una cita, llegados a este punto, no tenía intención de hacerle caso. Fuimos a mirar las vitrinas en el centro comercial, me invitó a un helado que no rechacé, y fuimos a curiosear en los kioscos de recuerdos al lado de la calle.
Para que engañarnos, le estaba proponiendo hacer las actividades típicas de una pareja cuando pasan el tiempo juntos. Habría sido perfecto si tan sólo nos hubiéramos tomado de la mano, pero cuando yo movía mis dedos hacia él, deliberadamente retiraba su mano y la metía en uno de sus bolsillos. ¿Es que no merezco cosas bonitas?
En ese momento, mi teléfono empezó a sonar. Era Haruki.
— Nos vemos a mediodía, en la estación de esta mañana.
Colgó después de decir eso. Miré mi reloj y vi que ya eran las once cincuenta y nueve. ¡No vamos a llegar a tiempo!
— ¿Era Suzumiya-san? ¿Qué te dijo?
— ¡Dijo que nos reuniríamos otra vez, a mediodía, así que tenemos que darnos prisa!
Sabiendo que no podríamos llegar a tiempo si no corríamos, tomé la mano de Asahina y empecé a correr hacia la estación. No soy de pensar mal de la gente, pero en retrospectiva creo que Haruki lo hizo a propósito para arruinar nuestra cita. ¡Pues le salió mal! Al fin pudimos tomarnos de la mano y disfruté cada momento. Me pregunto qué reacción habría tenido… supongo que se habría vuelto aún más loco.
***
— ¿Y bien, algún resultado? — Haruki nos interrogó.
Habíamos llegado diecinueve minutos tarde, y eso fue lo primero que Haruki dijo cuando nos vio. Parecía enojado de verdad, más que cuando golpeaba pupitres y esas cosas.
— ¿Encontraron algo?
— Obvio que no — dije con las manos en las rodillas y sudor en la cara. Mi teoría de la coleta aerodinámica era cierta.
— ¿Al menos buscaron algo? ¿No fueron por ahí a caminar nada más, verdad? ¿Qué dices tú, Mikuru-kun?
Asahina negó con la cabeza.
— ¿Y qué hay de ustedes, qué encontraron?
Haruki se quedó en silencio. Koizumi, parado detrás de él, se rascaba la cabeza, y Nagato permanecía inmóvil.
Después de un momento en el que nadie dijo nada, Haruki gruñó. — Vamos a comer algo primero, y luego podremos continuar.
— ¡¿Cómo es que aún quieres continuar con esto?!
Haruki suspiró. — Kyonko, nunca dije que fuera fácil encontrar eventos paranormales.
No sé cuántas veces lo he dicho, y no sé cuántas veces me faltan por decirlo, pero en verdad es admirable esta capacidad de Haruki para decir una locura y hacerte creer que el loco eres tú.
***
Mientras almorzábamos en un local de hamburguesas, Haruki dijo que era hora de sortear los grupos otra vez, y sacó unos palillos extra que había tomado de la cafetería en la mañana. Tenía todo preparado.
Koizumi sacó rápidamente un palillo.
— El mío está sin marcar.
¡Qué dientes tan blancos! ¡Qué pestañas tan bien cuidadas! ¡Y como hacía para mantener el maquillaje intacto! ¡Acabo de notar que esta tipa siempre está sonriendo!
— El mío también.
Asahina me mostró el palillo que acababa de sacar.
— ¿Qué hay del tuyo, Kyonko-chan?
— Desafortunadamente, el mío está marcado.
Haruki parecía más enojado con cada momento que pasaba, obligó a Nagato a sacar su palillo moviendo su mano por él. Al final Nagato sacó el otro palillo marcado.
— Mierda, me he equivocado — dijo Haruki entre dientes.
— ¿Cómo?
— No importa — gruñó. Pero si le importaba, nos miraba a mí y a Nagato como si le hubiéramos roto las piernas a su madre.
— ¿Necesitas algo de agua? Parece que vas a echar humo por la cabeza.
Esta situación a Nagato no podía importarle menos. Comía su hamburguesa con parsimonia.
— Nos reuniremos al frente de la estación a las cuatro. ¡Esta vez asegúrense de encontrar algo!
Terminó su bebida de un solo trago después de decir eso. Tendría que estar pensando en otra cosa porque dejó su dinero para la cuenta y se fue. Ya pensaba que haría que Asahina-sempai la pagase.
***
Esta vez fuimos hacia el Norte y el Sur, y nosotros estábamos a cargo del lado Sur. Antes de separarnos, Asahina se despidió de mí sacudiendo sus pequeñas manos. ¡Qué mono va este chico siempre!
Ahora sólo quedábamos Nagato y yo, de pie y sin hacer nada frente a la estación.
— ¿Qué hacemos?
Nagato no dijo nada.
— Vamos a caminar, mejor.
Comencé a andar, y me di cuenta de que él me seguía. Creo que ya me estoy acostumbrando a estar a su lado.
— Nagato, seré directa, ¿Lo del otro día iba enserio?
— Afirmativo.
— Estoy comenzando a creerte.
— No puedo distinguir por tu tono si lo dices de verdad.
— Sí. Lo digo de adeveras.
Y con el mismo silencio que empezó el día, continuamos caminando por la estación.
— ¿No tienes ropa casual?
No respondió.
— ¿Y qué hay de los festivos?
No respondió.
— ¿Estás feliz, justo ahora?
No respondió.
Después de la tercera me cansé de hacer preguntas, y como era inútil seguir caminando al azar, llevé a Nagato a una nueva biblioteca cerca de la plaza, construida cuando las autoridades habían comenzado a reconstruir la estación; claro que yo nunca había entrado allí, ya que casi nunca saco libros prestados. Pensé que quizá podría descansar un poco una vez adentro, pero descubrí que todos los asientos estaban ocupados. Esas personas seguramente no tenían a dónde ir en su tiempo libre.
Caminé por la biblioteca sin destino fijo mientras que Nagato salía rumbo hacia los anaqueles, como si estuviera moviéndose en piloto automático. ¡Pues que haga lo que se le antoje!
Antes solía leer mucho. Cuando estaba en la primaria, mi madre solía tomar prestados libros con ilustraciones de la sección infantil para que los leyera. Había todo tipo de libros, pero los que a mí me gustaban si parecían interesantes. Una lástima que ya no recuerdo el nombre de ninguno. ¿Cuando había dejado de leer? Tomé un libro al azar de uno de los anaqueles, y rápidamente ojeé algunas páginas antes de devolverlo a su sitio, para luego tomar otro.
Estaba en la sección de "Dark Romance", no sonaba algo que pudiera ser mi estilo, pero tal vez un nuevo enfoque en mis lecturas me cambiaba la perspectiva de lo que estoy haciendo con mi vida. Me tomaría una eternidad encontrar un libro interesante en aquel mar de hombres bestia que se casan con mujeres mágicas, pero era mejor que seguir al amigo sentimientos de robot.
***
Cuando fui a buscar a Nagato, Le encontré leyendo de pie frente a un estante lleno de gruesos libros de pasta dura. ¡En verdad le gustan los libros gruesos de pasta dura!
Finalmente, después de ver que un tipo que leía el periódico se puso de pie, fui a sentarme con una novela que había elegido al azar. Era sobre una princesa llamada Sofisis que era selecionada para enfrentarse a otras 16 en un batel royal o algo así. No se, es imposible leer un libro que no tienes intención de leer. Y para colmo no tenía dibujos. Me apoyé sobre la mesa un poquito y cerré los ojos hasta quedarme dormida. En ese momento, el bolsillo de mi falda comenzó a vibrar.
— ¡¿Hey?!
Di un salto de sorpresa. Cuando vi que todo el mundo me miraba enojado, recordé que estaba en una biblioteca. Limpiándome la saliva de las comisuras de mi boca, salí corriendo de allí para contestar el celular.
— ¡Se puede saber donde os habéis metido!
Un grito ensordecedor retumbó en mi oído. Gracias a él, terminé de despertar por completo.
— ¿Qué hora crees que es?
— ¡Acaso importa! ¡Estaba durmiendo!
— ¡Qué clase de vicepresidenta se duerme en el trabajo! ¡Eres una inútil!
— ¡Tú eres el menos calificado para llamarme así!
Miré mi reloj y vi que eran más de las cuatro y media. ¡Él había dicho que nos reuniríamos a las cuatro!
— ¡Si no vienes aquí de inmediato vas a invitarnos a comer lo que te resta de existencia! ¡Tienen treinta segundos!
— ¡Deja de exigir cosas que son imposibles de cumplir!
— ¡Pues haz las cosas posibles que te pido!
— ¡No me has pedido nada posible desde que te conozco!
Después de que Haruki colgó, guardé el teléfono en mi bolsillo. Por el bien de mi salud mental iba a ignorar a toda la gente que se había quedado mirándome en la calle. Volví corriendo a la biblioteca. Encontré a Nagato aún de pie, leyendo lo que parecía ser una enorme enciclopedia.
Lo que siguió fue bastante extraño. Me tomó un rato hacer que Nagato se moviera – parecía haber echado raíces en aquel lugar. Mover tan fácilmente a Ashagina había hecho que sobreestimase mi fuerza. Luego tuvimos que ir a la recepción y llenar un formulario para sacar prestado aquel libro. Durante todo ese tiempo tuve que ignorar todas las llamadas de Haruki.
Para cuando regresamos a la estación, con Nagato cargando un grueso libro de filosofía de un autor extranjero de nombre impronunciable como si fuera un gran tesoro, las tres personas que nos esperaban allí tuvieron reacciones muy distintas. Asahina, que se veía agotado, sonrió con expresión de alivio; Koizumi encogió los hombros como una idiota muy segura de si misma; y Haruki no gritó , solo me contempló con la mente fría.
— Quiero que lo sepas Kyonko, en la forja de la traición siempre cabe otro cuchillo.
— ¿A qué viene eso?
— Estoy muy decepcionado, y solo te perdonaré si pagas una multa.
— ¿Tengo que invitarlos a comer otra vez?
Si, tuve que invitarles a comer otra vez, y Haruki pidió lo más caro del menú.
Al final, la actividad de aquel día terminó siendo una total pérdida de nuestro tiempo y de mi dinero.
— ¡Estoy taaaaan cansado! Suzumiya-san iba de aquí allá sin agotarse, ¡Tengo los pies tan destrozados que parece que vengo de la guerra! Me cago en todo. — Me dijo Asahina mientras nos despedíamos. La palabrota me pilló por sorpresa, pero me sorprendió menos de lo que vino a continuación cuando dijo. — Aún así, gracias por creer lo que quería decirte. Me espera un gran futuro a tu lado, Kyonko.
Luego inclinó su cabeza y sonrió tímidamente. ¿Toda la gente del futuro tiene una sonrisa tan agradable?
— ¡Nos vemos! — Asahina se despidió con la mano y se fue.
Koizumi me miró con su cara de anuncio publicitario y dijo — ¡Me he divertido mucho hoy! ¿Cómo decirlo? Suzumiya-san es verdaderamente una experiencia. Es una lástima que no pudiera pasar un tiempo contigo hoy, quizá la próxima vez.
Después de que Koizumi se fue con paso de señorita educada, me di cuenta de que Nagato ya no estaba allí. Sólo quedaba Haruki, mirándome fijamente.
— ¿Qué estuviste haciendo todo el día? — me preguntó.
— ¿Cómo qué, "qué estuve haciendo todo el día"?
— No repitas lo que digo — Parecía estar decepcionado de verdad.
— Pues tengo un amigo que está majareta y le he estado ayudando a buscar fantasmas.
— ¿Amigo?
— No repitas lo que digo — puse mi mejor pose cruzando los brazos. — A todo esto, ¿Qué hay de ti? ¿Encontraste algo interesante?
Haruki agachó la mirada y se mordió un labio, más no dijo nada. La sensación de que iba a morderse hasta hacerse sangre parecía demasiado plausible si no decía algo.
— Ams, tú mismo lo dijiste, no es fácil encontrar eventos paranormales.
Al ver que trataba de bajar la tensión, Haruki miró en otra dirección. — Tendremos una reunión para analizar los resultados pasado mañana en la escuela.
— Que emoción — dije sin una pizca de emoción.
— No faltes — me señaló con un dedo, después se dio la vuelta y se perdió entre la multitud sin mirar atrás.
Pensando que por fin podría volver a casa, caminé hasta el banco, sólo para descubrir que mi bicicleta no estaba. En su lugar había un aviso pegado en el poste que decía, "Su bicicleta fue decomisada por aparcar en un área prohibida". Justo lo que necesitaba para cerrar el día con broche de oro.
Capítulo 9.
Llegó el lunes, y la humedad y el calor de la temporada de lluvias comenzaron a sentirse en la escuela, hasta el punto en que sudábamos por litros. Si algún político en campaña hubiese prometido que instalaría unas escaleras eléctricas en la colina, se habría asegurado mi voto aunque ni pueda votar.
Estaba sentada en el salón de clases, refrescándome el cuello con una libreta de notas que transformé en abanico, cuando sonó la campana y Haruki entró al salón. Mis radares se activaron en siete frecuencias. No era usual que llegase último.
Arrojando su maleta sobre el escritorio, dijo, "Abanícame, ¿Quieres?"
— ¡Abanícate tú mismo!
Asumió una expresión agria de frustración. Yo había empezado a pensar que sus gestos se habían vuelto más dulces, pero hoy había vuelto a ser el mismo narcisista de siempre.
— ey, Suzumiya. ¿Conoces la historia del ‘Pájaro Azul de la Felicidad’?
— ¿Eso que?
— Es por hablar de algo.
— Si me abanicas estaré muy interesado en escucharte.
Le dirigí una mueca y seguí en lo mío.
Okabe-sensei llegó, iniciando las clases.
Pude sentir la cara mustia de Haruki en mi espalda por todo el primer ciclo. Esto no era solo por el calor.
Nunca antes la campana al final del día había sonado tan reconfortante. Salí como un ratón huyendo de un incendio forestal, o de cabeza a él, porque corrí hacia el salón del club.
La imagen de Nagato leyendo era ya habitual, hasta el punto en que parecía parte de los trastos que trajo Haruki. Me di la vuelta y le dije a Koizumi Itsuko, que había entrado:
— ¡No me digas que tú también tienes algo que decirme sobre Suzumiya!
Sólo estábamos los tres en ese momento. A Haruki le correspondía el aseo del salón ese día.
— Las noticias vuelan — miró a Nagato, que seguía inmerso en su libro. Su tono de sabionda me molestó. — Hablemos mejor en otro sitio. Sería un gran problema sí Suzumiya-san nos escucha.
Koizumi y yo fuimos a la cafetería y nos sentamos en una de las mesas. En el camino, Koizumi había comprado una taza de café para mí. Parecíamos dos buenas amigas pasando la tarde y a punto de hablar sobre chicos. Algo más cercano a la realidad de lo que me gustaría.
— ¿Cuánto sabes? - preguntó.
— Más bien cuánto me han dicho, porque no me estoy enterando de nada.
— Con que sepas que él no es normal me facilitas las cosas.
— Mira, Koizumi, no te conozco, pero seguro que eres una chica muy ordenada y alegre — puse mis manos alrededor del recipiente de café. — Si me estáis gastando una broma, me gustaría que fueras tú quien me lo diga, porque los otros dos son más extraños que un pulpo en el Mercadona.
— No es una broma, Haruki no es humano.
El último rastro de incredulidad que quedaba en mi ser, el último clavo ardiendo al que me aferraba para no pensar que todos estaban locos, acababa de desaparecer para siempre.
— Muy bien, ¿Y que eres tú? — pensé en las revelaciones de los otros dos. — No, espera, puedo adivinarlo. Tú lanzas rayos láser por los ojos.
— No solo por los ojos — Koizumi agitó suavemente su taza.
Bebí mi café en silencio. Mmm, poco dulce, debería haberle puesto más azúcar.
— Hubiese preferido no transferirme a esta escuela tan pronto, pero hubo un cambio en las circunstancias. No pensé que ellos dos se acercarían tan pronto a Suzumiya Haruki. Tuve que renunciar a muchas entrevistas como modelo para venir aquí.
— No puede ser que solo eso te preocupe — solté con disgusto.
— No quiero sonar narcisista, ¡Vuestra compañía es apasionante, pero el trabajo es agotador! No basta con posar y sonreír, hay que estar muy pendientes de que Suzumiya-san no haga ninguna tontería. Nosotros queremos protegerle de cualquier peligro.
— ¿Dijiste ‘nosotros’? ¿Quieres decir que hay más gente con poderes como tú?
— Seguramente somos menos de los que piensas. Yo soy el peldaño más bajo de la pirámide. Nuestro único deber es informar a la "organización".
— ¡Genial, ahora tenemos reptilianos!
— No creo que sean hombres lagartos, pero nunca vemos a los altos cargos, así que tampoco descarto la posibilidad.
Suspiré resignada. — ¿Entonces este grupo secreto, esta 'Organización', qué es lo que hace?
Koizumi humedeció sus labios en el café frío. — Como ya supondrás, la 'Organización' fue fundada hace tres años, y nuestra prioridad es observar a Suzumiya-san. Para ser sincero, existimos únicamente con ese deber. Estoy segura de que ya lo entiendes. Si me matas, otro vendrá a sustituirme.
— ¿Quién ha hablado de matar?
— Estoy viendo la vena marcada en tu cabeza — su uña perfecta resaltó mi enfado. — Sin embargo, no puedo garantizarte que todos estén del lado de Suzumiya-san.
No estaba sorprendida, ¿Porque ese chico loco resaltaba tanto? Quiero decir, físicamente no está mal, ¿Pero gobiernos del futuro conspirando para su bienestar? Eso ya era mear fuera del tiesto.
— No sé qué fue lo que paso hace tres años. Todo lo que sé es que un día, hace tres años, desarrolle poderes con la misma naturalidad con la que crece el pelo. Al principio tenía tanto miedo que pensé en entregarme a la policía porque algo estaría mal en mi cabeza, pero la 'Organización' me acogió, y ahora protejo el mundo.
Yo creo que algo sí estaba mal con su cabeza, y sigue estando mal ahora.
— ¿Y qué excusa tienes tú para no decirle que tienes poderes super guays de la vida e ir a vivir aventuras en el espacio?
— Hemos contemplado esa opción, pero ambas sabemos que Haruki es un chico algo inestable, no podemos asegurar que el hecho de que sea consciente de sus poderes, o de los míos, deje el mundo tal y como está. Casi que podemos asegurar todo lo contrario.
Cuando terminé de dar otro sorbo al café y la sostuve la mirada, su expresión de gato apaciguado se desinfló un poco.
— No me crés, ¿Verdad?
— Ni una sola palabra.
— Deja que te lo planteé de otra forma. ¿Cuándo crees que este universo comenzó a existir?
La impactante pregunta surgió de repente. — Pues... ¿Con el Big Bang y todo eso?
— Si, la gente piensa eso, pero yo me jugaría la paga que me dan de aquí hasta la universidad a qué todo fue creado apenas hace tres años.
Me quedé mirando a Koizumi fijamente. Lo que estaba diciendo era demasiado absurdo hasta para ella.
— Yo recuerdo perfectamente lo que ocurrió hace más de tres años. Tengo una cicatriz de tres puntos desde que era niña, cuando estaba jugando me caí a una alcantarilla. ¿Y cómo explicas toda la basura que he tenido que memorizar de los libros de historia? No creo que lo escribieran por aburrimiento.
— ¿Como sabes que todo eso es real y no son recuerdos fabricados? — conectó sus pupilas con las mías. — Nada te garantiza que no hayamos sido creados hace tres años con esa evidencia para que pensemos que fue hace más tiempo. Hasta podríamos decir que toda la vida comenzó hace cinco minutos.
No tuvo respuesta por mi parte.
— Trata de imaginar un casting, tu cerebro como actriz principal. Todo lo que crees, percibes, y recuerdas, no es más que un papel que has asumido hace cinco minutos. Esto que llamamos nuestro mundo real es algo muy frágil.
— ¿Sabes que? Si, por qué no, ¿Qué es lo siguiente que me vas a decir, que ella es un Demiurgo caprichoso e irracional y dio origen a esta realidad soñando?
Me sonrió de vuelta.
— Ay, no...
La calma con la que se tomaba mis negativas hacía que su actitud se viera impresionantemente madura, a pesar de ser ella quien estaba diciendo disparates.
— Los humanos usan el término "dioses" para hablar de creadores.
Muy bien, lo que me faltaba por oír, ahora le van a rendir culto a Haruki.
— No te distancies tanto, tú también eres humana.
— Mis disculpas, solo sigo el protocolo de la 'Organización', y hay que tener mucho cuidado con las palabras y acciones. Si toda nuestra realidad es una ilusión, si no es más que una actuación de la cual Haruki creé formar parte, sería muy peligroso si decide corre del telón.
» Se que hay muchos conflictos sin resolver en el mundo, pero también hay personas muy buenas y razones para vivir. Es nuestro deber moral garantizar el orden correcto de este mundo.
Se me pasó por la cabeza preguntarles el por qué no iban y se lo decían Haruki, pero seguramente me volvería a explicar que eso haría estallar el planeta o algo por el estilo.
— ¿Cómo vais a conseguir eso?
— Por lo pronto, solo nos aseguraremos de que su vida sea pacífica y normal, le protegeremos de todo mal desde las sombras — reveló una mueca pícara que no me gustó un pelo. — Eso también incluye protegerte a ti.
— Yo se cuidarme sola, gracias.
— Amiga mía, hay cosas en las que no podrás cuidarte. Piénsalo, ¿Por qué existen chicos como Mikuru o Nagato? — me encogí de hombros. — Porque Haruki desea que existan, su problema es que no se lo creé, por eso no puede verlo con sus lindos ojitos.
Pasó fugaz por mi mente el monólogo que soltó el primer día de clase.
— Si lo llega a descubrir... Bueno, no creo que el poder metafísico del Big Bang sea seguro en las manos de un quinceañero. Sin embargo, aunque no lo utilice sigue fluyendo, no es casualidad que formase un club y nosotros nos uniéramos.
— ¿Y yo que pinto en todo esto?
— Para nosotros... — desconfío cada que esta muchacha dice la palabra "nosotros". — Tú eres una presencia misteriosa, pero muy útil, eres como el extra que se ve involucrado en las secuencias de acción.
— No me voy a sentir alagada por eso.
Koizumi terminó su café, se limpió la boca mientras yo envidiaba su manicura perfecta, y soltó una bomba que me dejó a cuadros.
— ¿Vas a seguir amándolo ahora que sabes la verdad?
— ¿Co-co-como dices? De ninguna manera, somos amigos, y hasta la palabra "amigo" le queda grande. El 50% del tiempo que paso con él lo detesto. Solo porque me junto con él, o porque sea algo guapo, y tenga buen físico, y a veces me sonroje cuando me dice cosas bonitas, no significa para nada que le quiero.
Todas esas palabras salieron como una locomotora a través de la barricada de madera que eran mis dientes intentando contenerme para no armar un espectáculo.
— Que una chica pase mucho tiempo con un chico no implica romance, es más, si tanto os interesa ese aspecto de él, ¿Por qué no mandáis a una chica como yo que le secuestre y mientras le tenéis anestesiado (si es que eso logra dejarle quieto un rato), le metéis algo en el cerebro para encontrar los secretos del universo?
Koizumi asintió con la cabeza y añadió. — Por supuesto que hay extremistas que han pensado en eso. Pero presionar en contra de fuerzas que desconocemos seguramente traiga más problemas negativos que positivos. No ganaríamos nada si ocurre un desastre.
Tomé aire, lo expulsé de mi cuerpo, mire su sonrisa. Repetí el proceso una vez más.
— ¿Entonces qué?
— Yo creo que haríais buena pareja.
Repetí el proceso una tercera vez.
— Sobre él, ya has visto como es, ¿Qué le va a pasar al mundo si se cae de un quinto piso de un momento a otro? Por ejemplo.
— Solo tenemos hipótesis, pero no sé si tu estado emocional actual es el adecuado para que te las cuente. Lo único que tengo claro es que me estás creyendo, y eso te lo agradezco.
Lo poco que quedaba de café en mi taza de papel se había enfriado. Lo aparté a un lado porque no me tomaría eso.
— ¿Dijiste que tenías poderes paranormales?
— Es más complejo.
— Calienta este café, entonces. Usa tu dulce voz de primavera, o tu mente, o tus rayos láser, y vuelve a calentar esta taza de café.
Koizumi sonrió cual anuncio de compresas. Era la primera vez que lo veía reír de verdad. Hasta se tapó con una elegante mano y recibió miradas de algunos compañeros.
— Así no funciona, pero es una idea muy creativa. Además, ¿Café recalentado? Eso es malo para el estómago.
— No juegues conmigo, por favor — hasta mi coleta ondeó ofendida.
— Mis disculpas. Sé que no es fácil creer en tu situación. Te mostraré mis poderes lo antes posible, te lo prometo. Lamento haber ocupado tu tiempo, creo que mejor me voy a casa. — Después de decir eso, Koizumi se fue sonriendo.
Observé a Koizumi mientras se alejaba hasta desaparecer, y luego se me ocurrió levantar la taza de papel.
Quité rápidamente los dedos, ¿Y si era un truco y lo había calentado mientras no miraba? Me hubiera encantado que eso pasara, pero cuando mis llemas hicieron contacto, seguía frío.
Capítulo 10.
Regresé al salón del club, y al abrir la puerta me encontré con Asahina de pie, en ropa interior. Solo en ropa interior. Tenía el disfraz de mucama en las manos. Se quedó allí con los ojos muy abiertos, observándome mientras yo permanecía congelada, con la mano aún en la perilla de la puerta. Delante de un abogado negaré que lo miré de arriba a abajo, en todos los ángulos que me fueron posibles.
— Excelentes pectorales — dejé a mis pensamientos impuros hablar.
— Gracias... Me cuido — se volvió completamente rojo en fracciones de segundo. — ¿Podrías esperar fuera mientras me cambio?
— Si.
Retrocedí el único paso que había dado para entrar y cerré.
— La próxima vez llamaré a la puerta, perdóname.
— No, no, culpa mía, la próxima vez cerraré con llave cuando me cambie.
Justo cuando estaba decidiendo si era correcto guardar su suave y claro cuerpo semidesnudo en mis áreas de memoria a largo plazo, un suave golpe sonó del otro lado de la puerta.
— Ya puedes entrar.
Asahina-sempai inclinó la cabeza mientras abría la puerta y se disculpaba. Se sonrojó y dijo:
— Bienvenida a casa, ama.
En realidad no me molestó para nada, pero creo que solté un discurso sobre porque las sumisión está mal y eso que debería decirse. ¡Es demasiado lindo!
Temí que si seguía mirando a Asahina-sempai de esa manera, la imagen que acababa de ver comenzaría a cobrar tintes obscenos. Haciendo uso de toda la voluntad que tenía para superar esos frustrantes deseos, me senté en el escritorio del comandante y encendí la computadora.
Al sentir que alguien me miraba, levanté la cabeza y, como cosa rara, vi a Nagato Yuuki observándome fijamente. Se acomodó ligeramente los lentes sobre la nariz, y luego siguió leyendo su libro. Sus movimientos eran bastante humanos para su costumbre.
Abrí el navegador y fui a la página web del club con la intención de editar alguna cosa en aquella estéril página, pero no sabía por dónde comenzar. Editar aquella página era una total pérdida de tiempo, así que cerré la ventana del navegador y suspiré. Estaba tan aburrida que empecé a contar las telarañas del techo, y ya también me había cansado de jugar Otelo, necesitaba que alguien llegara y me disparara allí mismo.
Mientras murmuraba algo allí con los brazos cruzados, alguien puso de pronto una taza de té caliente frente a mí. Levanté la cabeza y vi a Asahina-sempai sonriendo de pie con una bandeja entre las manos. De verdad parecía una mucama de estas que se entrenaban en la Inglaterra victoriana, no se le notaba ni la nuez de Adam.
"Gracias".
Koizumi me acababa de invitar una taza de café caliente, pero aun así acepté con gusto esta taza de té.
Asahina puso otra taza junto a Nagato, y luego se sentó a su lado, sirviendo una taza más para él.
Al final, Haruki no estaba, como no estaban las explicaciones que daría por haber faltado.
***
Lo primero que le dije al verlo al día siguiente fue.— ¿Por qué faltó ayer su magestad al club? ¿No querías analizar los resultados?
Con la rigidez de un pensador estoico me puso entre ceja y ceja. — ¡Ayer, yo solo, analicé lo que pasó!
De inmediato supe que había ido después de clases a visitar todos los lugares en los que habíamos estado el sábado.
— Me preocupa vuestra incompetencia, así que eché otro vistazo.
— ¿Y qué encontraste? A parte de nada.
— ¡Ahí es donde te equivocas!
Mientras volvíamos a ser blanco de miradas sin que ya me importase, sacó su teléfono y apuntó su pantalla en mi dirección. Ejecutó un vídeo que había grabado por la calle, fue un minuto de gente caminando por ahí. Alcé los ojos para verle a él que estaba orgulloso como un niño con un juguete nuevo.
— ¿Es un chiste?
— ¡No lo has visto!
Retrocedió el vídeo treinta segundos y tapó casi toda la pantalla con dos dedos dejando solo una franja por la que se veía las personas pasar por un paso de cebra. No vi nada.
— ¡Vamos, Kyonko, se supone que tú eres lista, si te lo digo perderá la emoción!
Me acercó el celular tan rápido que por poco me golpea. Pero antes de quejarme vi lo que quería que viera. Durante dos fotogramas exactos, una persona que cruzaba el paso de peatones, desapareció, como si de un freim a otro se volviera aire. Sí que me cortó la respiración un momento.
— Es solo... Es solo un error de la cámara.
— ¡Siempre buscando las explicaciones aburridas! No puede ser un error porque las dos personas que pasan delante de él no desaparecen, y el grupo de tres personas que pasan por mi lado tampoco. ¡Hay que ir a ver ese sitio de nuevo!
Era el cambio de estación de Junio, y ya sólo falta una semana para que termine Mayo. Tenía demasiado calor como para discutir sobre esto, y me conformaba pensando que era un fallo de la cámara.
— ¿Y tener una salida normal no te gusta?
Haruki incrustó una mirada de enfado en mí.
— ¿Una vida normal? ¿Qué tipo de vida sería esa?
— Podrías comenzar consiguiendo novia. Quizá hasta termines encontrando una extraterrestre por casualidad. Serían dos pájaros de un solo tiro, ¿no estaría tan mal, no?
— ¿Esa es la mejor indirecta que se te ha ocurrido?
Mi cara se descompuso. — ¿Qué?
— Cosas como estas son la razón por la que no tengo novia, sois muy poco claras con vuestros sentimientos. Yo soy sincero.
— Hablar sin empatía no es sinceridad.
— Si yo fuera mujer y tú hombre, no tendría ningún problema con que me embarazases.
Se me subieron los colores hasta el techo. Él colocaba esa sonrisa arrogante de haber ganado el juego, y menos mal que las clases empezaron, porque si no. .
Esa conversación era lo segundo más raro que me pasaba en el día, lo primero fue que alguien dejó una nota en mi casillero. Decía: "Después de clases, cuando todos se hayan ido, ven al salón 1-5".
Parecía una caligrafía masculina por los trazos gruesos y los espacios. De hecho, era sospechosamente similar a la de Nagato, con esos detalles que parecen imprenta, pero menos refinada, como si se esforzase en que fuera perfecta.
¿Podría ser Asahina-sempai? Lo dudo, parece que para los asuntos serios es más directo, y seguro que hubiera puesto una hora específica.
Lo que estaba claro es que Haruki no era, porque si hubiese querido decirme algo lo hubiera hecho directamente y sin ninguna vergüenza.
¿Y si era una carta de amor? No me relacionaba con ningún chico que me hablase tan directamente y a la vez tan encriptado. No, esto no parecía el escenario de una declaración secreta.
Como se descartaron todas las opciones masculinas, me resigné con un "que sea lo que tenga que ser". Nada descartaba que fuera una estúpida broma de Taniguchi.
Después de clase, Haruki dijo que volvería a ese paso de cebra a por más vídeos. Iría solo porque, sin prueba alguna, había determinado que nosotros espantábamos lo sobrenatural.
Decidí ir primero al salón del club. Habría sido una locura ir tan temprano al salón de clases para esperar a algún desconocido. Además, si después de un rato llegara Taniguchi y dijera, "¡Es una broma, tonta, ahí está la cámara!" no podría soportarlo. Primero iría a hacer algo de tiempo, luego iría a dar un vistazo al salón, y luego entraría cuando viera que no había nadie esperando para burlarse de mí.
Llegué caminando hasta el club. Esta vez llamé a la puerta primero.
— Entra, por favor.
Una vez que confirmé que era Asahina-sempai, abrí la puerta. Algo en mi corazón se hizo añicos cuando lo vi. Se había puesto un traje de mayordomo y no el de mucama. Digo, bien por él, pero no era lo mismo.
— Vaya, hoy te ves diferente.
— Vi a Haruki irse temprano y quise probar algo nuevo.
— Bueno, no tengas un espíritu tan independiente o puede traerte problemas.
Dejó de preparar té y me miró como si le hubiera amenazado con un palo.
— Oséa, no conmigo, es por Haruki, que no le gusta que la gente se revele, pero si algún día quieres vengarte...
— Yo no voy a hacer eso — un susurro tímido que no se creía del todo.
Nos sentamos frente a frente y bebimos el té mientras Nagato leía. No quería ser paranoica, pero sentía que me miraba por encima de sus gafas cuando yo no le miraba a él.
— ¿Koizumi todavía no ha llegado?
— Koizumi-chan vino más temprano, dijo que hoy tenía un trabajo muy urgente, y se fue.
— ¿Qué tiempo de trabajo podría tener alguien como ella?
Asahina-sempai me miró con su cara de información clasificada y deliberadamente movió la conversación hacia una partida de Otelo.
Gané dos partidas y perdí la última. Nagato cerró su libro cuando estaba por levantarme para navegar un rato en internet. Supongo que esa era la señal para decir que la actividad de hoy había terminado. Como si hubiese una actividad en primer lugar.
Salí la segunda, supongo que Asahina-sempai se quedaría en esa habitación cambiándose, y ver eso por segunda vez me mataría de vergüenza.
El reloj señalaba las cinco y media. Supongo que a esta hora ya no debería haber nadie en el salón de clase. Incluso si todo es una broma ya se habrían cansado de esperarme.
A pesar de eso, subí corriendo los dos tramos de escaleras que llevaban al piso superior, sólo para estar segura. Respiré profundamente contra los cristales de vidrio esmerilado que no me dejaban ver el interior. Sólo había una forma de acabar con esto. Abrí la puerta del salón 1-5 e incliné la cabeza a través del naranja del atardecer que iluminaba todo.
No me sorprendió ver a alguien esperándome en el salón, pero sí me asombró ver de quién se trataba. De pie frente al tablero, estaba la persona que menos me habría imaginado.
— Llegas tarde. - Asakura Ryou sonrió.
Su figura de hombros anchos se marcó contra el fondo taciturno mientras caminaba entre las filas de escritorios. Su estatura tapaba casi toda la luz en mi dirección, y los pantalones vaqueros sonaban fuerte cuando flexionaba sus rodillas. Parecía tenso cuando se detuvo en medio del salón.
— Por favor, pasa.
Su voz tenía el tono de amabilidad usual, y me llamó con su mano mientras sonreía.
Como si algo me estuviera arrastrando, cerré detrás de mí. — Entonces eras tú
— Si, era yo.
No se me ocurrió ninguna razón por la cual él quisiera hablar conmigo a solas, excepto claro, la más evidente.
— ¿Qué ha hecho Haruki esta vez?
Asakura relajó la sonrisa, el lado derecho de su cara iluminado con el rojo del sol poniente.
— Ja, ¿Qué no ha hecho? — dio dos palmaditas a una silla delante de él. — Pero no es exactamente por eso por lo que te llamo.
Avancé un poco, pero la situación era demasiado rara, así que no me senté.
Asakura volteó para mirarme con su rostro de piel clara. — ¿Si tuvieras la oportunidad de cambiar el mundo, lo harías?
— ¿En qué sentido?
— El absoluto. El no saber que vendrá después, solo saber que será diferente. Muy diferente.
No me lo podía creer, ¿Una clase de filosofía a estas horas? — No, creo que no, me gusta como está.
— Ya veo. - Su cara poco a poco fue cambiando a templanza.
— Es que, ¿Estás pensando en dejar el cargo?
Ignoró completamente mi pregunta. — ¿No creés que sería negligente esperar a que la bomba estalle en lugar de cortar todos los cables de una? Es más fácil hacer un cambio y preocuparse de las consecuencias después.
— Supongo.
Subió la vista. — Kyonko, ¿Estás enamorada de alguien?
Mis rodillas amenazaron con dejarme caer. ¿Esto sí era una declaración de amor?
— Cuando te veo en clase, solo eres la chica ordinaria perfecta, no molestas a nadie, haces tus tareas, y eres amable con una vena sarcástica.
Agaché un poco la cabeza. — Viene un "pero", ¿Verdad?
Asakura Ryou se me estaba declarando, el chico perfecto, la nota más alta en la escala de Taniguchi. ¡Oh, no, Taniguchi! Repámpanos, esto podría ser una broma.
Barrí con mi vista todo el lugar buscando alguna cámara oculta. Nada sobre la pizarra, nada en los percheros, lo único que no podía descartar era que hubiese una cámara bajo los pupitres.
Asakura se inclinó un poco hacia delante, como si le divirtiese mi inocencia. Como si se diera cuenta de que estaba pensando que algo así no debía pasarme a mí.
— No estas entendiendo ni tus propios sentimientos ahora mismo, ¿O me equivoco?
Asakura y yo... No, no veo eso posible. Es un chico atento, eso seguro, pero simplemente no nos conocemos lo suficiente, la última vez que me habló fue para regañarme por las actividades de la brigada. Es más, creo que hemos hablado solo cuatro veces en todo lo que llevamos de curso.
— No, la verdad es que no lo entiendo.
— Pues si no entiendes eso, ¿Como vas a entender los rápidos cambios de esta realidad? Tendré que hacer algo para que las cosas sigan fluyendo normalmente.
Miré a mi alrededor otra vez, ¿Qué clase de pregunta era esa? ¿De que estaba hablando?
— Ellos no entienden el milagro de la vida, solo lo estudian. Si leyeras toda tu vida libros sobre amor, eso no te enseñaría a ligar, ¿O me equivoco?
— ¿Me estás tirando los trastos o no? — me pasé de directa, pero ya no soportaba no entender nada.
— Si — respondió.
— A, bueno — respondí mientras mi corazón amenazaba con salirse del pecho. — Pero si es una broma que termine ya, ¿Si?
— Eres la cosa más interesante que puede encontrarse en este universo, y yo, que estoy en esta realidad para contemplarte, parezco ser el único que entiende tu importancia — Me deslizó suavemente una mano sobre la mejilla. Que vergüenza me dio el cosquilleo que me hizo. — ¿Cambiarías tu estatus quo por mi?
— No... No se que quieres decir con eso.
— Dime, ¿Si, o no?
Tragué saliva. — No. Creo que no estoy preparada para algo así todavía.
Suspiró, agotado y derrotado, al parecer. — Conste que intenté hacer esto por las buenas.
"Hacer esto por las buenas". Eso fue lo último que escuché antes de que todo cambiara.
Después vino el golpe.
La mano derecha de Asakura se cerró en un puño y golpeó mi lóbulo con tanta fuerza que fui a parar al suelo.
Solo fui consciente de eso. Segundos después mis oídos pitaban, mis ojos no enfocaban, y el suelo se inclinaba 45 grados. Creo que me arrastré hacia atrás, y no se cómo, estaba tan tensa que mordí mi cachete y la sangre me empapó algunas encías.
Asakura inclinó la cabeza con algo de sorpresa. — Te subestimé, no esperaba que siguieras consciente después de eso.
¿Esta era la broma? ¿Ilusionarme y luego darme un golpe para amenazarme de muerte? Creo que mi cuello había sufrido un latigazo o algo. Giré la cabeza en dirección a la puerta pero ya no había nada allí, sólo otra extensión de pared.
Matarme.
Quería matarme.
Ni siquiera pude balbucear "un porque estás haciendo esto", o algo más lógico como "¿Donde se había metido la puerta?". Supongo que leyó mi expresión.
Alzó el puño otra vez pero dudó un momento. — No, no hay salida, jugar con la materia es muy fácil. — Su mano no descendió. Yo empezaba a saborear el metal en mis encías. — Esto tendría que ser más sencillo, la muerte de vida orgánica no significa nada para mí.
No, no se estaba arrepintiendo, simplemente no quería gastar energía matándome a golpes. Abrió su mano como si empuñase el viento y en ella se formó una katana. Mango de encordado clásico, hoja curva y filo de sobra para pasarme de lado a lado.
— Por favor, para.
Estaba escupiendo sangre al hablar. Estaba escupiendo sangre al hablar y no me importaba. Estaba tan disociada del mundo que seguía pensando que en algún momento revelarían la cámara oculta.
— No puedo, tengo que saber qué le pasará al universo cuando no estés aquí, cuando Haruki se entere. ¿Cuál será su pensamiento? Podría ser el último pensamiento absoluto.
Así iba a acabar la historia.
Cuando no pude escuchar ni el silbido de su acero bajando, la katana de Asakura se detuvo en el aire, frenada por un muro de nada, y la inercia del golpe se desvió hacia un lado, partiendo un escritorio como papel.
Una mano firme se cerró sobre mi hombro. No era normal; sentí un escalofrío eléctrico recorrer mi ropa. El cuerpo de Nagato comenzó a manifestarse entre Asakura y yo, reconstruyéndose desde el aire en una cascada de píxeles. Me empujó hacia atrás con una fuerza calmada, sacándome de la trayectoria de muerte segura.
Nagato sólo alzó un brazo, y algo que no podía ver barrió el salón. Pupitre y sillas volaron, chocando contra Asakura y lo arrastraron varios metros hasta que cayó de espaldas.
Me llevé la mano a la cara, esperando encontrar el rastro pegajoso de la sangre, pero mi piel estaba seca. Limpia. Toqué mi lóbulo y no había herida, ni rastro del golpe. Sin embargo, el dolor... el dolor seguía ahí.
Asakura se echó a reír desde el suelo. Se levantó solo para limpiarse el polvo de los vaqueros.
— Oh, claro que vendrías — miró a Nagato con burla y fascinación—. Pero ya has consumido mucha energía rompiendo el seguro de este cuarto, ¿no es así? —Se miró las yemas de los dedos —. Uuuy, parece que mamá Inteligencia Superior te ha dado permiso para borrarme.
— Tus programas son muy sencillos —respondió Nagato. Su voz era el mismo desierto de siempre.
— No iniciaría esta clase de insurrección si supiera que solo tengo posibilidades de perder —Asakura sonrió, y fue la expresión más humana que puso en esa sala. - Treinta segundos. Acabaré contigo en menos de ese tiempo; después su muerte nos dará más datos.
Nagato no esperó a que terminara de hablar. Movió su mano en ascendente. Otra marea invisible de fuerza bruta sopló la habitación, lanzando los muebles restantes contra las ventanas. Esperaba el estallido de cristales, pero el sonido fue un choque metálico sordo. Las ventanas ni siquiera se agrietaron; parecían acero reforzado. Estábamos en una jaula.
Asakura hizo un tirabuzón saliendo del rango. Rebotó contra la pared y se lanzó directamente hacia mí, con la katana apuntando a mi pecho. Cerré los ojos, pero solo sentí una vibración en el aire. El escudo de Nagato me envolvía como una segunda piel, deteniendo la punta del arma a metro y medio de distancia.
Nagato lanzó una patada, pero Asakura se elevó en una voltereta lateral, pasando por encima. En el aire de espaldas, giró el torso para lanzar un tajo hacia el cuello de Nagato. Él interpuso un campo de fuerza. El impacto generó inercia. Aunque Nagato permaneció completamente recto, sus pies se hundieron en el suelo, abriendo surcos en el cemento bajo las baldosas.
Se quedaron quietos un instante. Máquinas tomando un respiro. Nagato recuperó la guardia, Asakura bajó el centro de gravedad, la katana vibrando en sus manos.
¿Saben lo que estaba pensando en ese momento? ¿Tal vez que solo habían pasado diez segundos? ¿Tal vez en lo increíble que se veía Nagato? No, lo cierto es que no pensaba en nada. Mi mente era un vacío palpitante que suplicaba por entender algo.
Nagato no esperó a que Asakura se estabilizara. Se lanzó al frente; sus pies golpeaban el aire y, con cada paso, un destello bajo sus suelas. Corría sobre peldaños invisibles ganando altura. Asakura intentó pivotar para salir de la diagonal de ataque, pero Nagato fue más rápido. Cayó sobre él descargando un golpe de tacón en la coronilla, hundiendo su cabeza contra el suelo con un estruendo que hizo vibrar las paredes del salón.
Asakura simplemente rodó sobre sí mismo, en el mismo movimiento, barrió los pies de Nagato. Antes de que este recuperara el equilibrio, Asakura utilizó el mango de su katana como palanca contra el suelo para impulsarse y le asestó un cabezazo en el pecho, logrando separarlo de él.
Asakura buscó el final. Lanzó una estocada directa al corazón de Nagato, un movimiento tan rápido que mis ojos apenas captaron algo. Nagato proyectó un campo de fuerza que interceptó la hoja, desviando la trayectoria unos treinta y seis grados hacia arriba. El acero silbando inofensivamente sobre su hombro. No desaprovechó la apertura. Hundió su puño en el abdomen de Asakura, sacándole el aire en un jadeo violento. Materializó una capa de energía sobre sus nudillos, una suerte de refuerzo azul transparente, y lanzó un derechazo a la frente de su oponente. Asakura salió disparado hacia atrás, directo contra uno de los muros invisibles que rodeaban la sala. Estaba a punto de ser aplastado por el impacto, pero flexionó el cuerpo y se deslizó sobre su propia espalda contra la barrera, dejando que el puño de seguimiento de Nagato golpeara el vacío.
— ¡Lento!
Asakura se impulsó para un tajo descendente definitivo. Nagato endureció su guardia, concentrando toda su energía frente a él. Sin embargo, justo antes del impacto, la katana de Asakura desapareció. Sus brazos pasaron de largo de la defensa de Nagato. El metal volvió a materializarse en sus manos justo por debajo del campo de fuerza, en el punto ciego del escudo. Asakura lanzó una estocada ascendente. Nagato reaccionó con un movimiento de cabeza puramente instintivo.
El arma no probó sangre, pero destrozó sus lentes. Los cristales estallaron en mil pedazos junto a la montura de las gafas. En un alarde de reflejos inhumanos, Nagato cerró su mano desnuda sobre el filo de la hoja, deteniéndola antes de que le atravesara el cráneo.
Asakura no pareció molesto por haber fallado el golpe. Al contrario, empezó a reírse mientras su figura comenzaba a parpadear.
Los treinta segundos se habían agotado.
Se lamió los labios, saboreando el momento, y me miró a través de lo que quedaba de su existencia física en ese salón.
Bien jugado, pusilánime miserable, bien jugado — Nagato lo miró con fuerza, como si quisiera que su boca desapareciera. Y Asakura me miró con fuerza a mí. — No creas que estas a salvo ahora, él solo sigue órdenes, será cuestión de tiempo para que descubran que tengo razón, y entonces le ordenarán matarte. Créeme, ni siquiera lo va a dudar.
Todo terminó tan súbitamente como había empezado. Nagato solo se quedó mirándome con la expresión que puso el día que me ofreció té.
Puede que el shock hablara por mí, pero decidí preguntar algo que no quería saber. — ¿Eso que ha dicho es verdad?
— Negativo.
Claro, ¿Qué otra cosa iba a decirme? ¿Qué otra cosa debería preguntarme yo? La persona más importante de mi clase había intentado matarme... Y ni siquiera había sido un mal intento.
— Como te dije.
— Si — grité histérica. — ¡Ahora te creo, los magos son reales, uno ha intentado matarme!
— Somos formas de vida que comúnmente llamáis extraterrestres.
Me llevé la mano a la cabeza, ¿Porque seguía doliendo? Intenté ponerme de pie como un recién nacido que aprende a caminar, pero no lo conseguí. Nagato me extendió la mano.
— No me toques.
Hice tres intentos más hasta que conseguí ponerme de pie y apoyarme en la pared.
— Sigues asustada.
— ¿Tú crees?
— Afirmativo.
— ¡Oh, para ya!
Miré la habitación. En una fracción de segundo todo havía vuelto a su sitio. Muebles en orden y relucientes, luz taciturna camino a la noche, y la puerta, la gloriosa salida abierta para mí.
— Sigues asustada. No lo entiendo.
Le miré de reojo con una mano en el pecho.
— Te he salvado, ya no hay peligro, deberías calmarte.
Mi pecho se inchaba y desinflaba como un fuelle al que presionan con más fuerza de la que aguanta. Creo que todavía tenía un pitido incesante en mi cabeza. Y a este chico, de sentimientos comparables a un ordenador, le extrañaba que no estuviera calmada.
— Podría haber muerto.
— Pero no estás muerta.
— ¡Pero podría estarlo! — volví a caer sobre la pared por moverme al gritar. ¿Mi cartera siempre había pesado tanto? — Si en lugar de un puñetazo en su primer golpe me hubiese partido con su katana, ¿Qué hubiera ocurrido? ¿Me hubieras podido revivir?
Nagato se lo pensó un momento. Ver su cara sin lentes me hizo darme cuenta que él estaba tan dañado como yo, simplemente no sabía expresarlo. A lo mejor ni siquiera podía.
— Nagato, te agradezco mucho que me hayas salvado la vida, pero entiéndeme, esto me supera — tragué saliva y me dolió la garganta. — Desde mi punto de vista me habéis encerrado en el ojo del huracán y yo... Yo no sé qué hacer. ¿Como es que tú estás bien después de esos golpes?
— La energía de procesamiento fue convertida en operaciones de datos, sólo retrocedí la interfaz de enlace un poco sanando mis heridas y las tuyas.
— ¿Y puedes ver sin gafas?
— Afirmativo.
— Te queda bien.
Tosí en mi puño. Debería haber sangre seca o algo, pero mi malestar era psicológico o algo.
— Me voy a mi casa.
Fue un camino largo, cansado, y desagradecido, y cuando llegué lo primero que encontré fue a mi hermano pequeño comiéndose una paleta. Se me abrieron los ojos, después de todo lo que había pasado hoy, no había tenido tiempo de acordarme de él. Sólo un pequeño muchacho y su caramelo.
— O, nene, hoy has tardado más, ¿Te estabas divirtiendo con tus amigos?
Podría estar muerta.
Podría.
Estar.
Muerta.
La presión ganó.
Me desplomé ahí mismo, en la entrada. Mi móvil y mi cartera se podrían haber roto por el golpe y me hubiera dado igual. Empecé a llorar. Extendí mis brazos y mi hermano corrió a abrazarme. Mi madre salió de la cocina en cuanto me escuchó llorando y trató de ayudar de una forma que no recuerdo y no me importa.
Muerta.
Podría haber muerto hoy. . .
Fin del primer acto.
Epílogo.
Haruki no llegó temprano, por eso le sorprendió ver el pupitre de Kyonko vacío. También notaba que le dirigían más miradas de lo habitual. Taniguchi y la otra chica que siempre estaba con Kyonko se levantaron, pero a él le importó poco. Dejó su cartera y escuchó pisadas fuertes en su dirección.
¡Zash!
Taniguchi le dio una bofetada con toda la mano abierta. Estaba roja de la rabia, y su amiga no podía frenarla.
— ¡Parad los dos! ¡Esto no arregla nada!
Kunikida consiguió empujarla a tiempo mientras Haruki alzaba su propia mano para devolverle el golpe.
— ¿Qué pare? Ha sido esta loca la que me ha atacado.
— ¡Y muy poco te he hecho! ¡Es tu culpa que hoy no esté aquí! — Gritó Taniguchi firme en su sitio.
— ¿De que hablas? — miró de reojo el pupitre de su vicepresidenta. — ¿Qué la ha pasado?
— Se lo dije... Se lo dije y no me hizo caso, el tonto este va a acabar matándola.
— ¿¡Qué ha pasado!? - esa segunda vez preguntó con menos paciencia.
— Nada, Kyonko está viva — Kunikida era muy poco muro de carne para lo que se estaba cabreando él. — Es solo que ayer la asaltaron de camino a casa, y hoy se ha quedado en su hogar, parece que le duele la cabeza. Lo sabemos porque nos lo ha dicho su madre para que después le llevemos la tarea.
Haruki se lo pensó dos segundos completos. — ¿Donde vive?
— A ti te lo voy a decir, vete a la mierda Suzumiya.
El profesor entró en ese instante, y cuando todos volvían a sus pupitres, Haruki tomó la puerta y se fue. Él tenía su propia forma de resolver los asuntos.
***
En algún rincón del instituto la gente se sorprendía por ver a Nagato sin gafas. En alguna parte del instituto Taniguchi tenía que responder llamadas importantes porque algo amenazaba el destino del universo. Y en algún lugar del instituto Asahina exclamó; "Carajo, ¿Es que esto solo puede ponerse peor?".

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