Creepypasta: las armas en el suelo y a puños la ley del patio.
El silencio era el factor clave en esa habitación, el policía levantó la carpeta sobre sus hombros y la estrelló con fuerza contra la mesa de metal, del otro lado una adolescente con esposas, y cara de haber llorado mucho tiempo esperaba un veredicto, su largo cabello se confundía con las sombras del lugar y te sería imposible determinar si era negro o morado, sus ojos aún se mantenían entre cerrados, no quería mirar a su compañero de cuarto, porque sabía que dijera lo que dijera, nadie la iba a creer, bueno, suponiendo que aún pudiera decir alguna palabra, tenía problemas de comunicación, los había estado tratando de solucionar por tres años, pero luego de los incidentes no lo estaba pasando tan bien.
- lo diré otra vez, y está vez, más te vale dar una respuesta, ¿Como llegó el cadáver de Osana Najimi de la morgue a tú habitación?
Ella no dio ninguna respuesta, esa sala de interrogatorio guardaba el mismo silencio que hace diez segundos.
Mientras, del otro lado del doble cristal, dos hombres miraban atentos el interrogatorio, si es que se le podía llamar así, porque nadie estaba respondiendo nada.
- Por si no te acuerdas, 4 de tus compañeros de clase han muerto, y tú hermano está desaparecido, no sabemos si eres inocente o culpable, y tú, solo te limitas a estar ahí, parada y en silencio, tus padres dicen que tienes problemas de comunicación, pero tampoco aceptaste escribir en una libreta, no has opuesto resistencia a ninguna prueba y los análisis de tu sangre no muestran ninguna sustancia legalmente cuestionable en tú organismo, ¿Que demonios te pasa?- Esas palabras del policía resonaron en un eco que murió en segundos.
Komi-san miró levemente a algunas imágenes que salieron disparadas luego del choque de la carpeta, eran 4 fotos, en la primera un cuerpo colgado de una cuerda. En la segunda, un cuerpo calcinado, aún se distinguían rasgos faciales. En la tercera un cuerpo totalmente descompuesto fruto de múltiples machetazos, apenas se distinguían restos de cabello rubio y piel morena. Dejó de mirar en ese punto.
Dirigió la mirada a sus esposas, acero, duro y compacto, volvió a dirigir la mirada a la foto del cuerpo quemado y sus impulsos primarios se impusieron a sus nervios, vomitó en el sitio, su cerebro no procesaba ver a su novio en ese estado.
Miró de nuevo al guardia, y este se acercó más.
- Mírate, una persona como tú no aguantará ni dos días en la cárcel, pero alguien así de hermosa no tiene porqué ir a prisión. - El policía pasó la mano por la cara de Komi-san para apartarla un par de mechones, y luego la acarició la cabeza. Miró a sus compañeros tras el cristal, y luego escuchó un pequeño chasquido, tras eso, el cuarto quedó parcialmente a oscuras, más de lo que ya estaba.
- Valla, parece que ha saltado un diferencial de la luz, ahora nadie podrá vernos, ni oírnos, mira piénsalo, será rápido, nadie tiene porqué enterarse, si cooperas diré que tú vomito sirvió de prueba, que tú no podrías haberlo hecho, pero si no cooperas, bueno, se de gente capaz de imitar letras, haré que falsifiquen tú confesión en una hoja, y dejaremos que las presas se diviertan contigo. - El guardia sonrió, como ríe aquel que está a un solo paso de cumplir su objetivo.
Komi-san, le miró, temblando se levantó y se acercó a decirle algo al oído.
- Ellos no van a ayudarte, trabajan para mí.
El guardia palideció, antes de poder reaccionar los dientes de Komi-san ya se habían aferrado a su oreja, tiró con fuerza, su oído se taponó con su propia sangre. Komi-san pisó su pie derecho y empujó la cadena de las esposas directo al cuello del oficial con un rápido movimiento se puso detrás y la presión poco a poco le arrebataba el aliento. Komi-san aceleró el proceso, con su mano izquierda sujeto la cabeza del sujeto y la estrelló con fuerza contra la mesa, su tabique nasal se partió en el impacto, repitió el movimiento, está vez empezó a tragar y atragantarse con su propia sangre. Sus fuerzas poco a poco se iban, Komi-san no cedía. Tardó 40 segundos en dejarlo inconsciente, su cuerpo cayó al suelo y Komi-san pisó su cuello múltiples veces hasta que se hubo asegurado de que su atacante había perdido la vida.
El silencio volvió a reinar el lugar, que hermoso silencio, su único compañero durante gran parte de su vida, eso iba a cambiar.
Luego miró a la pared a su espalda, ¿Esa grieta siempre había estado ahí?
| artista. |
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