Creepypasta: El fin de sueño (Remake).
Zachari no era un niño muy popular, su madre murió cuando nació y su padre tres días después de eso. Vivió hasta los ocho años con su abuelo paterno en una granja, desgraciadamente esté también falleció pocos días después del octavo cumpleaños del muchacho, así que fue atendido por las autoridades competentes y mandado a un orfanato.
El orfanato al que fue le enseñó a ser desconfiado, aunque la comida no escaseaba, lo cierto es que había reglas muy estrictas en el comedor a la hora de repartir cantidades y con frecuencia se formaban pandillas de tres o cuatro personas que con intimidaciones conseguían lo que querían. Esa fue la primera regla que Zachari aprendió, muchas veces la intimidación era más efectiva que el daño físico, podían castigarte si golpeabas a otro niño, pero no había sanción si voluntariamente un niño solitario te da la mitad de su comida.
Zachari se hizo amigo de un muchacho y una muchacha, cuyos nombres han sido consumidos por los albores de su memoria. El muchacho era robusto y optimista, la muchacha era delicada y más hermosa que los parajes de ensueño.
Cuando Zachari tenía doce años ingresó en una secundaria asociada con el orfanato, su personalidad seguía siendo mayormente introvertida y fue blanco de bastantes burlas a las que nunca prestó atención. Desgraciadamente en una ocasión alguien destrozó el despacho del director mientras este estaba en el baño y el responsable de dicha acción apoyado en el falso testimonio de sus amigos culpó a Zachari, el niño rarito que no podía defenderse solo.
Este incidente lo marcó, aunque trató de defenderse nunca fue bueno tratando de convencer a nadie, intimidado y acorralado terminó confesando haber sido él quien rompió el despacho.
Esto le dio demasiada mala fama entre su grupo de amigos y poco a poco se fue distanciando de ellos, incluso de la muchacha por la cual llegó a sentir algo similar al amor, sentimiento que jamás confesó.
Cuando cumplió catorce años, Zachari era un emo anti social que alejaba a todos con su indiferencia, incluso a los matones. Comía solo, vivía solo rodeado de gente, escuchaba Rock con la capucha puesta y la cabeza entre los brazos, etc.
La siguiente lección de su vida la conoció ese año, cuando se dio el incidente de "John el Fetiche". En su secundaria, un chico de tercero A mató a toda su clase luego de que el día anterior se burlaran de él. Descuartizó sus cuerpos con un cuchillo de cocina y luego se suicidó saltando delante de un camión. Donde muchos vieron un loco homicida, Zachari vio un hombre decidido que no se dejó intimidar por la mayoría, desde ese día siempre que soñaba se imaginaba lastimando personas, gente molesta, pero nunca alguien en concreto.
Zachari no cambió su conducta y finalmente llegó a tener diecinueve años. Estudió en la primera universidad a la que pudo acceder y allí se vio obligado a hacer trabajos grupales.
Zachari fue emparejado con Javier y Margarina, dos estudiantes de 25 años, bastante empalagosos entre ellos y demasiado extrovertidos. Cualquier interacción que tuvieran Zachari la consideraba molesta, lo molestaba tanto que incluso asistía con frecuencia a un psiquiatra asociado a la universidad pero este último tampoco se tomaba los problemas de Zachari muy enserio.
Zachari también tenía un trabajo a tiempo parcial como cocinero donde conoció a Susana, una chica de secundaria que lo molestaba por ser bastante tímido y con la que compartía turno.
Susana era una persona muy feliz, demasiado feliz para ser una persona según Zachari. Siempre tenía esta actitud de "Tienes que abrirte al mundo", "nunca te rindas", "sigue tus sueños". Lo que molestaba especialmente a Zachari es que al final de los cambios de turno siempre lo retenía y le hacía preguntas muy personales que Zachari nunca contestaba, pero ella nunca dejaba de preguntar.
Zachari llegó a su tercera cita semanal con el psiquiatra.
- Buenas tardes - dijo.
- ¿Qué ahí Zachari? - le respondió.
- Hoy me ha pasado algo super humillante.
- Ajá, continua - dijo el psiquiatra tomando una agenda y un bolígrafo.
- Margarina, ¿Se acuerda de Margarina?
- Si, la mujer de veinticinco que te molesta.
- Si, esa, me ha dicho que si quería salir con ella, que estaba experimentando una relación abierta con su novio y quería empezar con la persona más fea que conocía.
El psiquiatra no apuntó nada, solo miró a Zachari y pestañeó.
- ¿No debería apuntar eso? Debería apuntar eso.
- Zachari, esas fueron sus palabras exactas.
- Si, por supuesto, si.
- ¿Qué te hizo sentir?
- Asco por supuesto, solo asco. Además estoy seguro de que vi a su novio riendo detrás de ella, todo era una broma para reírse de mí, quieren echarme del grupo, me molestan, me acosan, me gastan bromas, me hacen sufrir...
- Zachari, Zachari - dijo el psiquiatra estirando las palmas con movimientos suaves para que el muchacho se calmara. - De momento lo único que te han hecho es pedirte una cita y mostrar afecto delante de ti, ¿Seguro que te están acosando? Esa es una acusación muy grave para lo poco que me estás contando.
- Es suficiente - Zachari se levantó violentamente de la silla. - No se porque gasto mi dinero en gente como usted, nadie me entiende - abandonó la habitación dando un portazo.
Zachari fue caminando hasta su apartamento, pisando con furia, como si quisiera partir la calle. Llegó a su habitación y durmió hasta las diez a.m del día siguiente.
Tubo un sueño muy vívido ese día, soñó con una habitación en una casa de paredes azabache con baldosas marrones. Su psiquiatra estaba en lo que parecía el salón principal, hablando con una mujer rubia mientras una niña de pelo castaño claro dibujaba en una mesita de cristal.
Zachari permanecía quieto en el alféizar de la puerta, a su lado estaba un paragüero donde se guardaban tres paraguas formales, uno mas pequeño rosa de princesas y un bastón para caminar, seguramente una herencia familiar.
Él era invisible para la familia lo cual le permitió acercarse más. La niña estaba dibujando unos muñecos de palos en el típico prado verde y con un sol en la esquina, con gafas de sol como la ley manda. Los rasgos de la niña eran una mezcla del pelo del Psiquiatra y la cara de la mujer.
"Son sus padres" pensó Zachari. "Pero él no está casado".
La vista del chaval se dirigió a los dedos de su psiquiatra, no tenían anillos. Eso le trajo recuerdos de su abuelo, el guardaba y lustraba con frecuencia su anillo de compromiso.
La conversación que marido y mujer tenían era trivial para sus oídos hasta que escuchó "Ya no se que decir a ese muchacho, hoy quería que le ayudara porque una chica le pidió salir". Zachari fijó su mirada con los ojos abiertos de par en par, escuchando como sus problemas eran resumidos y ridiculizados por un disque profesional. Antes de si quiera ser consciente ya tenía el garrote en sus manos, lo alzó sobre su cabeza y lo descargó contra la nuca del psiquiatra que cayó de boca contra el suelo.
Tal como si viera una aparición, la mujer fue consciente por primera vez de la presencia de Zachari, pero sin darle tiempo de realizar cualquier acción, también descargó un golpe contra un lateral de su cabeza. Miró a la niña con una total inexpresividad en el rostro, la tomó de los sobacos y la alzó con fuerza para luego estrellarla contra la mesa de vidrio, haciendo que estallara en mil pedazos.
Zachari dio una patada a la niña y volcó su cuerpo contra el de su madre, volvió a alzar el garrote y empezó a golpear con efusiva furia, como un niño tratando de abrir una piñata.
El psiquiatra se levantó a espaldas de Zachari y recogió el trozo de cristal más afilado del suelo. Justo cuando estaba a centímetros de hundirlo en la parte inferior de la nuca de su agresor, Zachari se giró y de una mirada hizo desaparecer el cristal, luego empujó el pecho del psiquiatra con la palma, el golpe resonó y todo el entorno quedó vacío. Un blanco tan intenso que te dañaría los ojos.
El psiquiatra empezó a tener arcadas y poco a poco respirar era más pesado, sus costillas habían sido borradas de la existencia junto a todo lo demás menos el muchacho que lo atacaba, lo último que vio fue en el vacío su mirada.
Zachari se levantó muy feliz ese día, aunque se acordaba a medias de su sueño, era la primera vez que soñaba con una persona en particular y la usaba para descargar su ira.
Su día universitario hubiera sido como cualquier otro de no ser por un pequeño incidente. Cuando se pasó por la consulta de su psiquiatra para decirle que dejaría de asistir fue sorprendido por un ataque. Su psiquiatra encolerizado se lanzó por él con las manos extendidas y lo tomó del cuello estrellándole contra una estantería.
- ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? - repetía una y otra vez el adulto mientras sus pulgares aplastaban todo lo que podían el gaznate del muchacho.
Zachari tanteó los libros de la estantería, cuando encontró uno lo suficientemente grueso, lo agarró con toda la fuerza de su diestra y lo estampó contra la cara del psiquiatra. Todo esto en no más de veinte segundos.
Cuando el psiquiatra ya se encontraba tirado en el suelo comenzó a llorar, lloraba como lloran los recién nacidos, ver a un adulto haciendo eso era tan ruidoso como humillante.
No tardaron en llegar profesores que encontraron una escena difícil de creer. Zachari no era alguien intimidante, tenía un pelo castaño corto y sin peinar, no medía mas de metro sesenta y sus ojos tenían más ojeras que párpados, en cambio su psiquiatra le sacaba una cabeza y tenía un cuerpo de espalda ancha. Por lo que ver al más joven mirar impasible como un adulto lloraba en el suelo, era tan extraño como ver a un saltamontes feliz porque a tumbado a un gorila.
La hora subsiguiente Zachari la pasó en dirección explicando como se tuvo que defender cuando su psiquiatra lo atacó. Por su parte, el psiquiatra tuvo que explicar como un ataque de nervios a causa de una pesadilla le hizo atacar irracionalmente al muchacho. La explicación del adulto no resultó convincente, soñar que un alumno lo mataba a él junto a su mujer y su hija no es una razón justificada para el espectáculo que dio, fue suspendido de sus funciones como psiquiatra y obligado a evaluarse mentalmente antes de seguir ejerciendo su cargo.
Zachari no se creía lo bien que le había salido la jugada, siempre supo que sus sueños eran algo del otro mundo pero jamás pensó que sería capaz de entrar en los sueños de otros y generar traumas, eso le hizo sentirse poderoso.
Al día siguiente tubo que asistir a la casa de Javier y Margarina para avanzar en el trabajo grupal, era la típica casa ubicada en el centro que podrías esperar de un matrimonio con cinco años de casados.
Ese fue el peor día de Zachari con diferencia, no solo tenía que soportar a la parejita feliz y sus comentarios empalagosos, también tenía que aguantar a su hijo, un crío de cinco años (seguramente la razón de que se casaran tan jóvenes), que se llamaba Jarry y era muy hiperactivo, además no dejaba de preguntar a Zachari que porque olía tan mal.
Zachari memorizó hasta el último ápice de su cara y esa noche en sus sueños, le hizo una visita.
El sueño de Jarry no era nada del otro mundo, estaba soñando con un viaje de carretera que compartía con sus padres dentro de la furgoneta de Scooby Doo. Jarry iba en el asiento trasero, Margarina en el copiloto y Javier al volante. La radio estaba a todo volumen y sonaba una canción de One direction.
Zachari también compartía el asiento trasero con Jarry, pero tal como pasó antes, nadie podría verlo hasta que atacara directamente.
- ¡Oh no! - dijo Javier. - Se ha terminado el combustible - sacó la cabeza por la ventana y miró en varias direcciones. - No os preocupéis, ahí delante hay una gasolinería.
- Que bien cielo, tomaré unos caramelos de ahí - complementó Margarina.
"Si, porque falta te hacen, ¿Verdad puta gorda?" Pensó Zachari.
- Siiii caramelos - gritó Jarry.
La furgoneta fue aparcada a unos tres metros de la puerta principal.
- Iré a preguntar si está abierto el servicio - dijo Javier mientras bajaba.
- ¿De que vas a querer los caramelos Jarry? - preguntó Margarina.
Zachari dejó de escuchar en ese punto, no podía explicarlo pero esa trivialidad en la conversación le causaba repulsión. Esos comentarios clichés que parecían sacados de un cuento infantil le sacaban de quicio. Odiaba esos buenos sentimientos, odiaba esas sensaciones que no podía explicar y en el fondo odiaba no haber tenido una familia así.
Javier y Margarina entraron por la puerta del establecimiento y fueron recibidos por una gran oscuridad, se adentraron en ella, pero no salieron.
Pasaron cinco minutos, diez, veinte... Pero no salía nadie. Jarry se asustó y decidió salir a mirar por él mismo.
En el momento en el cual estaba a dos pasos de la puerta la misma se abrió empujada por una fuerza sobrenatural y de ella emergieron dos enormes uñas tan afiladas como cuchillas que se movieron con increíble bamboleo por el aire y se dejaron caer en la furgoneta cortándola como mantequilla. Las uñas se clavaron en el suelo y abrieron la tierra para formar un cráter de gran anchura que se tragó a Jarry.
Jarry en el fondo del agujero miraba atónito como los brazos se alzaban ahora acompañados por un cuerpo. Todo lo demás perdió su sentido y el fondo se volvió amarillo, la figura ensombrecida de unos diez metros de altura miró a Jarry con unos ojos más rojos que la sangre.
- Si vuelves a verme, correrás, huirás de mi hasta que se te rompan las piernas o si no - la figura extendió la palma de su mano y Jarry apenas pudo ver dos personas entre sus dedos.
- Mamá... Papá... - balbuceó.
La figura los hizo avanzar empujándolos con su mano libre hasta hacerlos saltar de la palma de su mano. Pero antes de que tocaran el suelo, unas cuerdas negras surgieron de la palma del monstruo. Cuerdas que a gran velocidad se aferraron al cuello de cada uno y con un sonoro "crack" el sueño llegó a su fin.
La semana de Zachari continuó con la escasez de su mala fortuna ya que Susana se había enfermado, de manera que no asistió al trabajo, así que Zachari estuvo trabajando sin nadie que lo molestara.
El lunes de la siguiente semana, Zachari tubo que quedarse un poco más de tiempo en la universidad, iba corto de dinero y no tenía como pagar la electricidad en su casa así que usaba el wifi universitario para los trabajos de investigación.
Serían las seis de la tarde cuando salió de la universidad, camino a su casa tubo la desdicha de encontrarse con Javier, Margarina y su hijo, estaban de espaldas a él en la puerta de un garaje. Javier estaba bastante alterado hablando con un mecánico, al parecer alguien le había robado la batería del coche.
Zachari se quedó unos tres segundos pensando si pasar delante de ellos o no, realmente no los soportaba, pero mientras él dudaba Jarry se dio la vuelta y lo miró directamente a los ojos. El niño palideció súbitamente como si hubiera visto un fantasma. Zachari se percató de su mirada pero no le apartó la vista.
- Ya te avisé... - dijo en un susurro. Luego se dio la vuelta y tiró por otra calle.
Siendo ya martes por la mañana, Zachari se enteró de que Javier y Margarina se tomarían varios días de ausencia, al parecer su hijo se había suicidado, se colgó del cuello usando un cinturón y la puerta de su habitación. No hubo nadie que pudiera dar una explicación a como alguien tan joven pudo hacer eso pero era un tema demasiado reciente y sensible como para hacer teorías en voz alta. Zachari en cambio tenía la respuesta, él mismo se apareció en los sueños de Jarry, le dijo que la única forma de evitar que matara a sus padres era que se suicidara.
"Tan valiente como estúpido" fue el primer pensamiento que se pasó por la cabeza de Zachari al enterarse de la muerte del infante.
Un miércoles ocurrió lo inevitable, Susana fue la gota que colmó el vaso. Mientras Zachari trabajaba la misma tropezó y tiro una sartén de aceite hirviendo sobre la espalda de Zachari. Ella estuvo con él mientras lo hospitalizaron, tratando de animarlo con frases como "podría haber sido peor" o "mira el lado bueno, al menos no te ha caído en la cara", por cada sílaba que salía de su boca el odio de Zachari crecía más y más, planeando minuciosamente como llevaría acabo su venganza esa misma noche.
Susana volvía a su edificio de residencia más muerta que viva, el cansancio le jugaba malas pasadas y casi que podía jurar que los peldaños eran cada vez más altos, entró en el apartamento y se fue directamente a la cama, se tumbó y calló rendida.
En un tiempo que no llegaría ni a los treinta segundos empezó a escuchar pequeños estallidos de burbujas, sonaban como el aceite hirviendo.
Unas manos se posaron a los pies de su cama y se estiró una figura demacrada de rostro irreconocible que gritaba a todo pulmón mientras su garganta hervía y sus ojos se prendían fuego desde dentro.
- Que feliz estoy - gritó el hombre.
Luego miró con esos ojos sin pupilas a Susana.
- ¿Tú no estás feliz?
Susana no podía responder, ni siquiera podía moverse por más que quería.
- Siempre hay que ser feliz, hay que ir a por ello, a por todo, ¿Es lo que decías no?
Susana asintió con la cabeza.
El ser clavó unas uñas como garras en la piel de Susana.
- Sonríe ahora - dijo el monstruo mientras la piel de Susana empezaba a quemarse desde dentro.
Jueves por la tarde, Zachari aún estaba en el hospital pero se enteró de que ya no podría presentar cargos contra Susana, sufrió de un golpe de calor mientras dormía y se murió.
A Zachari esa noticia lo tomó por sorpresa, sabía que tenía cierta influencia en el cuerpo ajeno, pero jamás imaginó que sería capaz de matar a alguien con dicho poder.
Desde ese día Zachari se volvió tan imparable como errático, causó un infarto a una anciana porque se chocó con ella en el supermercado y le tiró una manzana, causó el suicidio de una pintora que vivía en la planta baja de su edificio solo porque una vez lo miró de manera sospechosa y su acto más macabro se lo realizó a un indigente con el que chocó en un callejón. Recreó en el sueño el mismo escenario, se apareció ante él con un ejército de ochocientas mujeres hervidas en aceite y sosteniendo una vela con la mano le dijo "consúmete o quémate lentamente", el hombre tocó la vela con las yemas de los dedos y desde entonces no ha sido encontrado, literalmente su existencia fue reducida a cenizas.
Cuando empezó el segundo ciclo de universidad Zachari se llevó una sorpresa que hizo girar su vida ciento ochenta grados. Al nuevo curso se unieron los dos amigos que alguna vez tuvo en el orfanato, él ahora estaba más demacrado que nunca y se había dejado crecer la barba por lo que no le reconocieron, aparte ni siquiera compartían clases por lo que ningún profesor delataría su verdadera identidad.
Zachari pasó una semana planeando la venganza perfecta, estaba apunto de forzar su control de sueños un poco más de lo normal, meter a los dos en la misma pesadilla y luego obligarlos a matarse entre si, el último en quedar en pie podría salvarse. En caso de negarse, los mataría a los dos.
Ya con la idea en mente y con el escenario preparado, Zachari fue a una farmacia para comprar somníferos, necesitaría estar muy concentrado para unir dos sueños.
- No me jodas, ¿Ese es quien creo que es?
Zachari giró para encontrarse con una mujer que, aunque baja de estatura, le sacaba tres centímetros, tenía un pelo largo y rosado que reposaba en sus hombros y vestía con un vestido negro de cuello blanco y un lazo rojo.
- ¿Nos conocemos? No creo conocerla, no me hable.
- ¿Cómo que no? Pero si soy Mika, era tu profesora de historia cuando tenías 14 años.
- ¿Cómo así? Yo a ustede ni le topo señora, déjeme tranquilo - dijo Zachari haciendo un ademán con la mano.
- Es una verdadera lástima - dijo Mika encogiéndose de hombros. - Yo te recuerdo perfectamente, excepto por la barba y la falta de tripas, estas igual - Mika sonrió de oreja a oreja. - Incluso veo que sigues usando una sudadera extra grande, ¿Dime te sigues masturbando con música de Linkin Park cuando te aburres en clase?
Zachari abrió unos ojos como platos.
- A ver déjame comprobarlo.
Zachari dio un manotazo a la mano de Mika para apartarla de los bolsillos de su sudadera.
- Ay cabrón, te sigues masturbando así. No jodas wey, mínimo lávate.
Varías miradas de la tienda giraron para enterarse del chisme y Zachari, sonrojado, ocultó la cabeza con el gorro de su capucha y salió de la tienda corriendo.
- Ey, ey, ese ratero se lleva unos somníferos sin pagar.
Zachari tiró la caja hacia atrás por encima de su cabeza y abandonó la tienda corriendo.
Corrió y corrió sin mirar atrás, se dirigió lo antes que pudo hacia su apartamento. Se tiró de cabeza a su cama y se hundió entre los almohadones.
¿Quién se había creído esa para humillarlo así públicamente? ¿Cómo sabía su secreto? Es más, ¿Quién era?
Zachari se pasó varios minutos haciendo memoria, si, se acordaba de una tal Mika Fujilino, era la profesora de historia de tercero A, él estaba en tercero B. También recordaba que ella fue quien descubrió toda la escena de asesinatos que John el Fetiche hizo en su día.
"Lástima no te mató a tí, puta pelirrosa" pensó Zachari.
Esa noche hubo un total cambio de planes, se propuso matar primero a Mika antes de ir por sus dos amigos. Estaba tan frustrado por lo ocurrido en la farmacia que ni siquiera pensó en cómo lo haría, solo en hacerlo, y con ese pensamiento se quedó dormido.
Zachari estaba en un vacío blanco absoluto, era casi tan brillante como aquel vacío en el que estuvo cuando torturó a su psiquiatra. No estaba muy sorprendido por el lugar, ya había estado en sueños vacíos antes, hay gente que simplemente no tiene imaginación.
Avanzó tanteando las paredes con unos dedos transformados en garras, arañaba superficialmente y trataba de buscar un eco, como lo encontrarías en un cajón de doble fondo, en resumen, trataba de buscar la conciencia de Mika en aquella mente vacía.
"Chan".
De pronto un centímetro de pared sonó diferente, Zachari introdujo las garras y poco a poco se abrió paso entre los muros. Fuera lo que fuese lo que hubiera ahí, Mika lo tenía muy bien guardado.
Zachari clavó las garras en un grosor destacable y tiró del muro hacia atrás, la pared prácticamente explotó para revelar un pequeño habitáculo de no más de dos metros cúbicos donde una niña aparentemente árabe lloraba en posición fetal.
"¿Quién es esta? Se parece un poco a ella en la cara, ¿Es su hermana? ¿Por qué encierra un recuerdo de su hermana tan profundamente?" Pensó Zachari.
- Aléjate de la niña.
Zachari se sobresaltó y dio un pequeño salto atrás girando en el aire para identificar a quien hubiera hablado.
Mika Fujilino estaba delante de él y detrás suyo ocho capas de muros volvieron a cubrir el lugar de aquella pequeña.
"¿Ella acaba de crear muros? ¿Ella también tiene poderes aquí? Imposible" mientras Zachari pensaba esto el puño de Mika hizo contacto con su cabeza.
- Cámara pendejo, deprisa que tengo cosas que hacer.
Zachari tardó poco en recuperarse del puñetazo, pero no por ello salió de su asombro. Respondió a inhumana velocidad, sus garras buscando el estómago de la profesora, Mika lo apartó con una mano y enterró su puño en la quijada de Zachari. No se separó de él y continuó con una rápida lluvia de puñetazos en el estómago que terminó con un potente golpe directo al hígado.
Zachari retrocedió lo más que pudo, tres pasos antes de que su espalda tocara la pared. Contuvo la primera arcada, pero en el segundo impulso tubo que vomitar.
- Mírate - dijo Mika extendiendo los brazos y haciendo un ademán por toda su figura. - Patético antisocial deprimido, tú no sabes pelear, solo sabes abusar de gente más débil que tú - Mika puso los brazos en jarras y miró severamente. - Casi diría que me das pena, pero mataste a un niño de cinco años, así que en lo que a mi respecta, diré que estoy siendo muy blanda contigo.
Zachari estalló en un grito agonizante mientras trataba de llevar sus manos al cuello de Mika. Ella se limitó a atrapar ambos brazos bajo sus hombros y con Zachari tan cerca, soltó un cabezazo que lo hizo ponerse de nuevo contra la pared, finalmente el puño de Mika lo atravesó, no solo pasó a través de sus tripas, también pasó a través de varios centímetros de pared.
Mika sacó su brazo sin un solo rasguño mientras el cuerpo de Zachari cedía y terminaba en el suelo.
El mundo se oscureció para Zachari, el dolor que sentía era tal que su cerebro se había bloqueado, pero todavía podía escuchar a Mika hablando mientras caminaba y ponía un poco más de distancia entre ellos.
- Fuiste demasiado obvio, ¿Causarle traumas a tu psiquiatra? No está mal, pero luego mataste al crío de los que te molestaban, mataste a la tipa que te tiró aceite e incluso una de las personas que compartía piso contigo murió. Cerraste tanto el círculo que solo necesitaba que lo dejaras por escrito - Mika puso una sonrisa pícara. - Es por eso que traje de vuelta a tus amigos del orfanato, solo tuve que espiarte y ver como ponías tu plan por escrito para que te delataras solo.
El cuerpo de Zachari empezó a sufrir de espasmos.
- Por supuesto, me preparé mentalmente para este encuentro, simplemente necesitaba un día en el que estuvieras dispuesto a ir con todo, ese día es hoy.
El cuerpo de Zachari se incorporó como si unos hilos invisibles hubieran tirado de él, el agujero en su estómago se cerró con una masa de oscuridad.
- ¿Quieres seguir, enserio?
Zachari expresó un grito gutural, que más que un grito era como si estuviera tratando de decir la letra a mientras vomitaba. Todo su cuerpo se empapó de aquella composición oscura que le estaba arreglando el estómago. La masa que una vez formó una figura de 10 metros de largo, ahora se concentraba entorno al cuerpo de Zachari, lo rodeaba desde dentro hacia fuera, hacia más voluminosos sus brazos y piernas. La figura escuálida y casi raquítica de Zachari se transformó en una abominación de dos metros hipermusculados con la fuerza de trescientos cincuenta búfalos.
"Esto mejora por momentos" pensó Mika.
Del pecho de Zachari salieron dos cuerdas, Mika las atrapó dejando que dieran un giro en sus muñecas. Pronto las cuerdas empezaron a hervir a temperaturas de doscientos cincuenta grados, pero Mika lejos de retroceder, se clavó en el suelo y empezó a tirar de Zachari hacia si, como si se tratara de un tira y afloja. Zachari clavó su vista en ella, quería borrarla de la existencia, pero no estaba funcionando, es como si el pensara en hacerla desaparecer pero una fuerza contrapuesta la hiciera quedarse ahí.
Al final Zachari se dejó arrastrar de un tirón, Mika lo recibió con un puñetazo en el pecho, Zachari hizo que su masa corporal apresara el brazo de Mika y dirigió un aplauso hacia la cabeza de la profesora que esta esquivó abriendo levemente sus piernas. Las palmas al chocar generaron una onda de choque que hizo sangrar los oídos de Mika. La cual sin aturdirse lo más mínimo, soltó un upper cut a la mandíbula mientras sacaba su puño atrapado con quemaduras de tercer grado.
Zachari retrocedió dos pasos, examinó con sus ojos fundidos en rojo la piel de Mika y notó como cualquier rastro de haber sido quemada había desaparecido. Definitivamente esta no era una persona real, no podía serlo, tenía que tratarse de un avatar creado por la mente de Mika por eso tenía los mismos atributos que él. Bueno, casi, hasta ahora no la había visto modificar su cuerpo, tal vez no podía, eso le dio una idea.
Ambos lanzaron un gancho derecho al unísono, el choque hizo temblar la tierra y levantó el pavimento. Zachari estiró la mano a lo alto y mientras perdía volumen su brazo como si se desilachara, fue tomando altura para luego dejar caer un puño gigante con gran inercia.
Mika ya se esperaba el ataque, detuvo el puño con ambas palmas estiradas hacia arriba y el peso apenas le hizo flexionar las rodillas.
La mano de Zachari volvió a subir y a descender está vez con una palma que fácilmente abarcaba tres metros. El cuerpo de Mika no pudo detenerlo en su totalidad y la mano acabó sobreponiéndose.
La escasa alegría que Zachari pudiera tener se acabó cuando Mika salió como una exhalación a través de la mano, atravesando desde la palma hasta el reverso, casi todo su cuerpo y vestido estaban desechos.
Mika prácticamente a cuatro patas y con una risa de maníaca en el rostro corrió sobre el brazo estirado de Zachari. Impulsada con las piernas por delante buscaba atrapar el cuello de la amorfa figura con el codo. No obstante, Zachari retrajo su cabeza y cuello al interior de su pecho como lo haría una tortuga.
Mika pasó de largo y terminó a su espalda. Zachari formó un puño desde su zona dorsal y atrapó a Mika mientras giraba en el aire. El puño en forma de garra no solo se aferró desde las costillas hasta el intestino también se cerró, dejando el cuerpo de Mika totalmente mutilado.
Mika, lejos de estar desanimada, se aferró con ambos brazos a la muñeca, luego con sus piernas llegaba hasta el codo, como un koala en una rama. Ajena al dolor de sus tripas al descubierto y el calor hirviente, aplastó tanto la extremidad que la acabó separando del cuerpo de un tirón. La alzó sobre su cabeza con ambos brazos, mientras Zachari atónito trataba de redistribuir la falta de masa. Entonces Mika lo golpeó como si fuera una piñata. El golpe reverberó en toda la figura negra y Zachari fue expulsado de su interior.
Rodando por el suelo cubierto en sangre y casi sin el control de sus sentidos, Zachari miró a Mika, su piel se estaba regenerando pero su ropa no.
"Está débil" pensó.
Luego pensó en algo más, el ejército de mujeres de piel quemada que hizo aparecer una vez volvió, rodearon a Mika. Entonces, Zachari pestañeó y Mika volvía a estar en perfectas condiciones, rodeada de cuerpos desmenuzados.
- Si has podido tocarme es porque yo te lo permito, pero ya no tienes más trucos, ¿Verdad?
Mika se acercó calmadamente hasta Zachari, este último hizo aparecer una vela en su mano.
- Con con consúmete o que que que - balbuceó Zachari.
Mika apagó la vela de un soplido, luego tomó a Zachari de la cabellera.
- ¿Creés que eso es aterrador? O no, tiene una vela, que miedo - dijo Mika con voz de payaso. - El terror y el miedo nacen del dolor, pero tú de eso no sabes una mierda, asique permíteme ilustrarte.
Mika chasqueó los dedos y todo lo que una vez fue un escenario vacío se convirtió en paredes repletas de bocas, cada una más deforme que la anterior. Había bocas con labios cortados, partidos y sin ellos. Algunas tenían los dientes negros por el tabaco, otras no tenían y la mayoría los tenía rotos. Había bocas de casi todas las edades, de hombres, de mujeres y de ancianos. Era un espectáculo tan horrible como fascinante.
- Escucha con atención las puertas del infierno - dijo Mika.
Entonces las ciento seis bocas presentes empezaron a gritar, todas al unísono pero a un ritmo discordante, en tonos graves, agudos y de cualquier otra sintonía.
Zachari quiso llevarse las manos a los oídos pero Mika lo tomó de los hombros y los partió, obligándolo a Zachari a quedarse ahí tumbado y llorando en posición fetal hasta su último aliento.
Zachari no despertó al día siguiente y su cuerpo jamás fue encontrado, aunque eso no fue del todo culpa de Mika, ella lo quería vivo y de hecho se presentó en su apartamento a mitad de la noche echando la puerta abajo para hablar con él, pero ni siquiera ella fue capaz de encontrar el más mínimo rastro.
Cuando Zachari abrió los ojos se encontró en medio de un valle desierto, el cielo estaba cubierto por una niebla roja, había esqueletos sin restos de piel regados por todos lados y un insufrible olor a azufre.
Zachari miró hacia el horizonte y encontró algo que no lo dejó indiferente. Una criatura formada por los restos de humo negro que había en el lugar cobraba forma, parecía tan cercano como la luna que se refleja en el mar pero mucho más enorme, astronómicamente masivo. Sólo sus pupilas ya eran los dos agujeros negros más grandes alguna vez registrados.
El astronómico ente movió la mano y señaló el pecho de Zachari, pese a que la distancia que los separaba se podría medir en milenios luz, Zachari sintió como le oprimía el pecho.
Entonces no hicieron falta palabras, Zachari entendió que aquel ente era el origen de su poder, todo lo que hizo no era ni una infinitesimal parte de su poder y aún así no lo supo usar y murió.
El ente no se sentía decepcionado, tal emoción no se encontraba en su registro, no puedes aplicar emociones o estados mentales a algo que carece de los mismos, una pelota no se enfada si no encesta, aunque esa sea su misión.
Zachari entendió lo que estaba pasando y simplemente lo asumió, se dejó llevar. Un fuego brotó desde su interior y fue consumido, toda su existencia reducida a cenizas y con su muerte llegó el fin del sueño.

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