Creepypasta: alma fría y corazón latente.
Capítulo 1: Tengo tu grupo entero entre dos pares de llantas.
Son las 19:30, es un horario extendido proporcionado por la empresa. En circunstancias normales esta cita fingida hubiera ido mejor, pero ahora Sumi esta sola y unos chicos la están molestando en la bolera.
- Disculpar, ella viene conmigo, ¿Podríais dejarla en paz?
Dice una voz masculina, un adolescente se acerca, debe rondar los 18 años, cuerpo atlético, camiseta blanca y chándal azul, es suficiente para intimidar al grupo de matones que se retiran luego de ofrecer una disculpa a Sumi.
- Últimamente la gente no tiene modales - dice el chico con una sonrisa de confianza.
Sumi lo mira bien, metro ochenta, cabello corto y castaño, ojos claros y sonrisa perfecta, se queda embobada y no puede contestar.
- ¿Qué haces aquí sola? - Pregunta él, fingiendo una preocupación que ella reconoce.
A Sumi no le salen las palabras de la boca y sonrojada solo atina a señalar al baño masculino.
- ¿El chico con el que estabas se ha ido al baño?
Ella afirma con la cabeza y el otro pone una cara de disgusto.
- No creo que valla a volver, acabo de estar allí y no había nadie, seguro que te ha dejado sola cuando ha visto el peligro.
Sumi se sorprende y entristece, baja la cabeza mientras unas cuantas gotas salen de su lagrimal. Lo había hecho de nuevo, otro cliente se había escapado sin pagar porque ella no había sabido fingir ser una buena novia.
- ey, no te preocupes - dice con confianza el chico poniendo la mano en el hombro de Sumi - tal vez solo ha ido a otra parte y luego vuelve, me llamo Riota, ¿Quieres que te invite a comer algo antes de que vuelva? Seguro que puedes mandarle un mensaje para decir dónde estás.
Sumi no podía hacer eso, la política de la empresa prohíbe cambiar números con los clientes.
- Es, bueno, está bien - dice ella con temblores entre sus palabras.
Ya han transcurrido treinta minutos, Sumi y Riota están sentados el uno frente a otro en una mesa de plástico de la hamburguesería, Riota ya ha pedido dos hamburguesas mientras que Sumi solo a pedido un batido, prácticamente obligada porque el chico insistió. Pese a la amabilidad inicial ahora Riota no está intercambiando palabras, casi parece que solo están ahí para que pase el tiempo.
Han transcurrido otros cinco minutos, Sumi pone el dinero de lo que ha costado su bebida sobre la mesa y sonrojada se despide con una reverencia de Riota, luego echa a correr a un paso no muy rápido. Riota también se levanta de su asiento, corre detrás de la muchacha y la sujeta del brazo con fuerza.
- ¡Hey, espera! - Dice Riota entre jadeos por la repentina carrera - ¿Dónde crees que vas? ¿No te has dado cuenta que es peligroso ir sola por estos lugares?
Sumi mira al suelo muy avergonzada, pese a su edad, parece una niña pequeña a la cual regañan por haber tirado algo.
- Esta bien, no te preocupes, no quería ser duro contigo, acompáñame, te llevaré a tu casa en coche - dice Riota, con una firme sonrisa en su rostro.
Sumi solo asiente y le sigue. El auto está impecable, parece que ha sido limpiado hace poco y huele muy bien. Los asientos son de forro de cuero y los cristales tintados tienen un filtro oscuro para poder mirar sin ser mirado. El interior es frío, casi como la noche de finales de verano en la que están.
- Sube delante, sin miedo - dice Riota con confianza.
Esta vez Sumi no se sonroja, trata de ser valiente y frunce el ceño con confianza. Al entrar nota como Riota sube el volumen de la radio, se escuchan las noticias, hablan sobre cómo los ataques de bandas han disminuido, Riota cambia la emisora y pone algo de música pop.
Ya ha empezado el viaje, pero Sumi no le ha dicho la dirección de su casa, tal vez la lleva al edificio de la empresa. Riota a tomado el camino hacia el bosque de las afueras. Ahora Sumi se abrocha el cinturón de seguridad y lo aprieta con algo de fuerza. El chaval parece estar escribiendo en el móvil mientras sostiene el volante con una mano.
- No, no deberías conducir mientras escribes en el móvil - susurra ella, pero sus palabras no se escuchan, son tapadas por la radio.
Riota la mira y nota la preocupación en su rostro.
- Estoy hablando con unos amigos, los veremos y esto acabará rápido - dice él.
Riota apoya su mano en la palanca de cambios mientras con la mano del móvil también sujeta el volante. La luz del móvil le da en los ojos a Sumi que molesta toca con su mano derecha a la mano que Riota apoya en la palanca.
- Venga no te pongas ner... - no puede acabar la frase.
Sumi a hecho presión y la mano de Riota ha atravesado la palanca, rompiendo piel y hueso. Él no grita pues Sumi hunde su hombro derecho en su mandíbula y Riota sangra de manera inevitable. Sumi libera la mano mientras Riota trata de frenar el sangrado de su boca con su otra mano, su móvil ha caído al suelo. Sumi agarra la cabeza del muchacho con una mano y la estrella a través de uno de los huecos del volante, la encaja en el mismo, luego lo gira. El coche sale de la carretera, se tambalea por el terreno y da vueltas de campana.
Riota sale arrastrándose del coche, no siente nada de cintura para abajo. Sumi derriba la puerta del copiloto y se incorpora sin un solo rasguño en su piel, apenas se ha desgarrado la ropa. Riota se gira para ver a la muchacha, está de pie a unos tres metros de él, le juzga con la mirada, ambos saben que es culpable.
Estúpido Riota, hasta tus compañeros te avisaron de que no escribieras en el coche, pero tú lo tenías todo bajo control porque los cristales estaban tintados y nadie vería la conversación. Los ojos de Sumi vieron los mensajes, todos y cada uno de ellos.
Sumi camina a paso lento hacia Riota mientras este clava sus uñas en la tierra e intenta hacer fuerza para moverse. La muchacha puede llegar a él en un parpadeo, pero quiere alargar su dolor. Sumi le pisa una pierna, el fémur se parte. Riota no puede gritar, ni siquiera llega aire a sus pulmones cuando Sumi introduce su mano a través de su espalda hasta llegar donde debería estar su corazón, extrayendo una esfera de plomo similar a una bola de bolos en peso y tamaño.
Dentro del bosque, los dos amigos de Riota lo esperan.
- ¿Seguro que esta vez funcionará? - dice uno de ellos.
- Hubiera funcionado a la primera de no ser porque pronuncias fatal el latín - contesta el otro.
Ofendido, el primero busca dar una réplica, pero a una velocidad imperceptible para sus ojos una bola de plomo surca el aire y le separa la cabeza del cuello. El otro compañero sin darse cuenta de nada es embestido por un coche, reventando su cuerpo en un árbol cercano.
Sumi camina por el lugar, levanta el cuerpo de Riota con una mano y se asegura de que su sangre no se marque por el suelo. Ella remueve los cuerpos y los sitúa de manera que aparenta un accidente de auto. También mira el dinar romano del suelo, está manchado de sangre. Sumi puede analizar de una mirada como mínimo cuatro tipos de sangre diferentes se mezclan en la superficie de la moneda. Es lo último que hace, se va del lugar con algo de tristeza.
Capítulo 2: No voy a caer ahora que estoy arriba.
Era una cita fingida, Sarashina Ruka trabajaba de eso. Un trabajo sencillo, pero por lo general no le gustaba, irónicamente eso la generó fama, una novia "tsundere" la llamaban.
Ese día había quedado con uno de esos chicos que babean cuando le das la mano. Habían tenido dos o tres citas antes pero esta vez era diferente, el chico parecía mucho más serio y Ruka lo notó, ¿Qué podría haber pasado? Sea como fuere, ese no era su asunto.
La cita había sido reservada con un mes de antelación, Ruka y su acompañante iban a un lugar donde se practicaba escalada. Un deportivo de dieciocho metros con grandes paredes complementadas por salientes de plástico duro de diversos colores para practicar escalando con un buen arnés.
- ¿Quieres ir tú primera?
Pregunta él.
- ¿Para que me veas el culo mejor?
Responde Ruka sin si quiera mirarlo. Él trata de esconder una sonrisa.
- Está bien, yo iré primero.
- No te creas que quiero ver tú culo.
Dice Ruka sin alzar mucho el tono de voz. Su ceño fruncido marca unas venas en su cara.
- Se captar una indirecta, jeje.
Dice él con una media sonrisa y un brillo peculiar en las gafas. Él se ajusta mejor el arnés.
- ¿Quieres que enganche mi arnés al tuyo por si te caes?
- Buff.
Ruka refunfuñando desvía la mirada, pero no ha dicho que no, así que él lo engancha y lo ajusta de todas formas.
Empiezan a escalar sin más comentarios. A mitad de la cima Ruka ya se siente cansada, sus brazos resienten su peso, una extraña presión se le genera en él pecho, ¿Por qué había venido aquí? ¿Qué esperaba encontrar? ¿Al amor de su vida?
"Odio este trabajo".
Es lo último que pasa por sus pensamientos, sin querer pisa mal uno de los salientes de manera que resbala poniendo todo su peso en la caída. Gira sobre sí misma y su cabeza se golpea con la pared. Su peso cae tensando la cuerda del arnés, el tirón retumba en sus costillas y su corazón se para.
¿Qué pasó después? Ruka solo recuerda oscuridad.
Capítulo 3: Mira hacia el cielo, los astros no giran.
- Lo creas o no, esta es la primera vez en mi vida que voy a exhumar un cadáver.
Dijo la mujer de pelo largo rosa.
- Yo no he dicho nada.
Contestó la mujer de pelo rosa corto, con grapas en los brazos y rodillas.
- Pero lo has pensado, ¿A que si?
La otra no lo negó.
Ambas mujeres se encontraban en el funeral de Sarashina Ruka. Estaban situadas al fondo y aunque no habían sido invitadas al entierro se las habían apañado para entrar sobornando a ciertas personas.
La vista engaña, pues de las dos, la mujer alta con pelo rosa y corto era la menor. Apenas y tenía dieciocho años. Aunque tenía las piernas y los brazos cosidos los había tapado con una camiseta de manga larga hecha de seda negra y una falda negra que le llegaba hasta los tobillos.
La otra mujer en cambio tenía un pelo largo y rosado que le llegaba hasta los hombros, reposando en los mismos con dos coletas atadas con lazos rojos. También llevaba un vestido negro pero lo había complementado con unos tacones plateados que le sumaban siete centímetros a su metro sesenta y tres, así como un sombrero de ala ancha decorado con una flor negra de tela.
Era un domingo por la tarde, el funeral se estaba realizando en un cementerio a cielo abierto, Ruka había sido enterrada por la mañana. Los padres de Sarashina Ruka estaban al frente de otras diez personas, la madre conservaba una rigidez estoica mientras miraba la lápida, el padre se había desbordado en lágrimas que apenas frenaba con un pañuelo.
Al funeral solo habían ido familiares y conocidos, Ruka no había hecho ningún amigo, a lo mucho tenía clientes frecuentes. No se había presentado ninguno, menos mal, de haberlo hecho no habría habido fuerza en la tierra que frenara la ira de la madre de Ruka.
Si, su madre estaba muy enfadada, en especial con ella misma por haber permitido que Ruka se fuera, por haber dejado que su pequeña con problemas de corazón se convirtiera en una malcriada rebelde. Una lágrima se escurrió por su rostro, ella no quería estar enfadada, quería a su hija, pero ni toda su rabia podría devolvérsela.
Fueron unos 20 minutos de charlas y recuerdos, nadie parecía prestar atención a las dos mujeres de pelo rosa. Serían las 7:20 de la tarde cuando todos se fueron. Ya que era verano, solo el cielo ambarino fue testigo de cómo ambas desenterraban el cuerpo de Sarashina Ruka.
- ¿No te parece raro que nadie haya preguntado por nosotras?
Comenta la chica pelirrosa del pelo corto.
- Soy la jodida Mika Fujilino, yo hago las preguntas aquí.
Contestó la mujer de pelo largo con una buena sonrisa en la cara.
Efectivamente, Mika Fujilino, criminal de guerra como pocas, la mafiosa más buscada en setenta países occidentales y siete de Oriente Medio.
- Independientemente de eso, éramos muy pocos, los padres ni siquiera se han extrañado cuando les he dado el pésame.
- No te estreses, fuimos educadas, dentro de poco hablarán entre ellos y solo nos recordarán por un "pensé que la habías invitado tú".
Mika respondió todo esto sin quitar la vista del cielo.
- ¿Así que... Como vas a poner el clon exactamente?
- Esta al caer.
La chica de extremidades cosidas dejó de hacer preguntas. Era difícil hablar con alguien como Mika, si no te amenazaba de muerte estaba contando chistes de humor negro, y por supuesto, rara vez respondía a una pregunta de forma clara.
- Mira, ahí llega.
Dijo Mika mientras extendía los brazos a lo largo para luego juntarlos y atrapar una caja de madera que había caído del cielo.
- ¿Pero de dónde ha salido esto?
Mika no contestó, se limitó a desvalijar la caja con una mano mientras señalaba al cielo con la otra. La mujer de extremidades cosidas entrecerró los ojos, agudizando la vista para ver a un pequeño avión comercial en los cielos.
- ¿Enserio? ¿Has contratado a un avión solo para que te entregue el paquete aquí?
- Corrección, he robado un avión para que mis agentes me tiren un paquete en estas coordenadas.
- ¿No era más fácil traer la caja en un camión a las puertas del cementerio cuando todos se hubieran ido?
- Más fácil tal vez, más divertido no. Ese es el punto de todo esto.
Mika había arrancado las tablas de madera tirando de los clavos. Había abierto un pequeño hueco entre tres tablones que ya permitían ver el cuerpo del interior. Una joven comprimida en posición fetal, con unos ojos vacíos y ninguna expresión en el rostro, ataviada con un traje funerario genérico. Un clon sin alma, solo carne y hueso.
Mika se echó el cuerpo al hombro, luego puso el tacón izquierdo en la losa de la tumba, empujó levemente, partiendo un poco la piedra y retirándola lo suficiente para que la mujer de extremidades cosidas la arrastrase.
El ataúd de Ruka se encontraba poco excavado en la tierra. Debido a lo repentino de su muerte sus padres se habían tenido que conformar con una excavación a medio hacer.
La mujer de extremidades cosidas lanzó ha ambos extremos del lateral izquierdo dos agujas del tamaño de un meñique y el grosor de una hoja de papel. El ojo de la aguja estaba enlazado directamente a las costuras de sus brazos por unos hilos de grafeno, lo que le permitió hacer fuerza y abrir la tapa del ataúd de caoba partiendo un pequeño seguro que lo sellaba para que no entrara tierra o gusanos.
La mujer atrajo hacia si las agujas, las volvió a lanzar perforando los hombros del cuerpo de Ruka, tiró de ellos con algo de fuerza y Ruka salió disparada hacia arriba, directamente a los brazos de la mujer con extremidades cosidas.
Mika tiró el cuerpo clonado de cualquier forma, lo que dio en el fondo del ataúd con un golpe sordo y generó un pequeño temblor que conmovió la tapa y la cerró. Seguidamente ella misma volvió a poner la losa de la tumba en su sitio.
- ¿Cómo tienes pensado sacar el cuerpo ahora?
Preguntó con genuina curiosidad la mujer con extremidades cosidas.
Mika le devolvió una sonrisa pícara mientras guardaba el cadáver en la caja y volvía a clavar las tablas empujando los clavos con sus puños.
- La parte de abajo de la caja tiene un revestimiento metálico, cariño.
Levantó el ancho de la caja con los brazos.
- ¿Lo escuchas?
Muy tenue desde el cielo sonaba un motor de avión. Mika lanzó la caja unos centímetros por encima de su cara, seguidamente asestó una patada con la punta del pie derecho en el revestimiento metálico causando que la caja fuera disparada por el aire, similar a como un futbolista chuta con todas sus fuerzas para marcar gol en los últimos segundos del partido. La caja entró en el lateral abierto del avión como una pelota en la portería.
- Nunca dejas de sorprenderme.
Comentó tranquilamente la mujer con extremidades cosidas.
Sin nada más que decir, ambas abandonaron el lugar.
Capítulo 4: gajes del oficio.
En un habitáculo perdido en mitad de un bosque más perdido aún, Mika se dirige a una habitación con un hacha en la mano. Tras abrir la puerta encuentra a dos mujeres de pelo largo y morado que contrastan con las cuatro paredes de ladrillos grises unidas con hormigón armado.
En el centro de la habitación hay una mesa de hierro que se sostiene firmemente por cuatro patas clavadas al suelo. La única luz de la habitación es una bombilla que cuelga del techo. Las dos mujeres están sentadas en el lateral ancho de la mesa, justo en frente de la entrada por la cual Mika acaba de pasar.
La primera de las dos mujeres es una adolescente de 16 años, aunque su cuerpo está demasiado desarrollado para su edad, así como su altura ya que mide dos metros con veinte centímetros. Viste un uniforme escolar azul con una minifalda roja que apenas la tapa. Sus piernas largas y fuertes están totalmente al descubierto y terminan en unas zapatillas blancas de punta roja.
La segunda mujer es una réplica casi exacta de la primera, pero su rostro está completamente cubierto por sombras a excepción de una fila de tres ojos inyectados en sangre y su metro sesenta y nueve.
Mika avanza hasta ellas y deja caer su hacha en la mesa, clavándolo. Ella no se sienta, las dos únicas sillas de la sala las tienen ésas mujeres.
- Se que os preguntaréis porque os he hecho venir sin previa antelación. Es simple, nuestras investigaciones han dado sus frutos, al final ha resultado ser cierto, todos los caminos llevan a Roma.
Mika hizo una pausa para matizar este punto.
- Eso quiere decir que el gran poder al alcance de cualquiera puede ser usado por mí, pero también en mi contra.
Las dos muchachas se miran entre si, luego dirigen una mirada a Mika.
- Se lo que estáis pensando, que quiero que os manchéis las manos por mi otra vez. Pero esta vez no quiero llegar a eso. Puesto que cualquiera puede usar el poder, cualquiera puede traicionarme. Claro que nadie en esta fundación lo haría, excepto tal vez aquellas dos jóvenes que aparecieron de la nada y me propusieron un plan para rasgar el universo.
Se cruzan las miradas, todas saben lo que pasará a continuación.
- No es nada personal, son solo negocios.
Mika asesta una patada a la mesa elevándola, los tornillos que no se parten salen disparados en todas direcciones. Las chicas reaccionan rápido, se empujan hacia atrás en sus sillas y ruedan por el suelo manteniendo una distancia prudencial.
Primer ataque.
Mika empuja la mesa con la mano izquierda, con la derecha toma el hacha. El empujón lanza la mesa en dirección a las jóvenes que saltan con las piernas recogidas, sus cabezas por poco tocan el techo. La mesa se incrusta en la pared, dos de sus patas se retraen y ahora parece una lámina gris clavada a un metro del suelo sobre la cual aquellas dos chicas se posan.
Contra ataque.
Ambas se lanzan en diagonal hacia la pared contraria a su posición, Mika lanza su hacha con las dos manos de forma lateral apuntando a la cabeza de la alta. Las chicas rebotan en las paredes, impulsándose en las mismas se lanzan con las piernas estiradas para asestar una patada. Mika gira en el aire con una voltereta en horizontal, evade a las dos que pasan debajo de ella. Aprovechando la confusión del giro Mika estrella su puño derecho en la nuca de la mas alta y la usa de apoyo para recolocarse tras ella, tomar su brazo y girar, la chica alta es lanzada contra la pared, agrietando todos los ladrillos y pulverizando el hormigón.
"Divide y vencerás" piensa Mika, eso la distrae y la chica de tres ojos logra asestarle un puñetazo en la cabeza. Un pequeño hilo de sangre se escurre por la frente de Mika pero se cierra tan rápido como se produce.
Mika mira a las piernas de la chica antes de lanzar una patada con la diestra que la otra contrarresta con su izquierda. Ambas tibias chocan con una fuerza suficiente para partirle los huesos a un caballo, pero ninguna cede hasta que un objeto choca directamente con la cabeza de la mujer.
El aturdimiento y fervor del combate ha hecho que no viera como el hacha de Mika daba con el contrafilo en el muro, volviendo así como si de un bumerán se tratara.
Mika atrapa el hacha en el aire con un pequeño salto para coger inercia, seguidamente clava el filo en la hilera de ojos inyectados en sangre de su oponente.
Un grito atronador inunda la sala, pero Mika inmutable responde con una patada en el estómago que manda a la muchacha arrastras rodando por el suelo hasta quedar tumbada y aparentemente inconsciente en la otra pared.
Mika ve por el rabillo del ojo el proyectíl que le viene por la espalda, girando a tiempo para interceptarlo con la cabeza del hacha.
- Supuse que alguna de las dos escupiría veneno.
Dice Mika viendo el líquido blanco y viscoso que impregna ahora parte de su arma.
- Un momento, esto no es veneno.
Mika ha agudizado su olfato y reconoce con repulsión el olor de ese espeso líquido blanco. La otra mujer ya incorporada sonríe e introduce sus dedos anulares en la boca, sacando de ella dos hilos de saliva y ese mejunje blanco que dispara como dos cuerdas en dirección a Mika.
Mika con la agilidad que la caracteriza esta a tiempo de girar, ambas cuerdas pasan casi rozando su pecho y espalda. Se pegan al muro, la mujer alta tira de ellas desencajando un bloque de dos metros de pared que se dirige a Mika con una velocidad abismal. Mika lo parte de una patada generando una grieta a lo alto pero algo frena su pie y evita que lo retire. La mano de la chica cubierta en sombras la sostiene y aprieta su pie partiendo algunos dedos al mismo tiempo que la atrae hacia si para de un puñetazo en el estómago lanzarla girando.
La muchacha alta la atrapa de frente por la cabeza, el agarre de su mano abarca toda la cara. Sus dedos se clavan en el cráneo a la par que su palma aplasta y destroza el tabique nasal de Mika.
En un grito de rabia Mika muerde a la mujer alta. Abarca la muñeca y perfora la membrana sinovial. Mika apoya sus dos pies en los pechos de la muchacha y se impulsa en los mismos, hundiéndolos a la par que la clava en la pared casi sin aire. El crujir de sus costillas ha tapado el sonido de desgarre al arrancar todos los tendones y venas de la mano.
Con el impulso Mika sale despedida hacia atrás y da con la espalda a la chica de rostro ensombrecido haciéndola chocar con el lateral izquierdo del agujero en el muro. Mika toma impulso con el puño y lo estrella en la herida de los ojos. Tal como si de una piedra lanzada contra un castillo de naipes se tratara, la chica es impulsada por la hilera de ladrillos, tirando la pared y siendo sepultada bajo estos.
Mika recoge un ladrillo, lo sopesa y conforme con él lo arroja contra la cabeza de la mujer alta que de cuclillas aún trata de tomar aire. El ladrillo impacta rebotando un poco, Mika lo intercepta en el aire y al estrellarlo de nuevo contra la cabeza de la mujer por fin la pone de rodillas. Con el ladrillo reducido a polvo en su mano escupe en él la sangre que a tragado una vez salía de su tabique. Ese mejunje viscoso lo tira a los ojos de la mujer alta. Cegada, desorientada y de rodillas, Mika la toma de la cabeza con una velocidad abismal y la arrastra hasta hacer que atraviese el pico derecho de la mesa. Perforando desde su ojo izquierdo hasta sobresalir por su lóbulo parietal.
- Joder que buena mesa.
Una sombra se desplaza ligeramente hasta Mika, trata de dar un golpe a traición. Ahí donde otros hubieran visto apenas un borrón, Mika ve un puño débil a cámara lenta. Con tiempo de sobra arranca la mandíbula de la mujer alta con la mano derecha y la pone en la trayectoria del puño. El maxilar estalla en sangre y semen, pegándose a la piel de la muchacha con sombras.
- Ya no das el pego.
Dice Mika con la mano atrapando la piel de la cara.
- Deja de vestirte como una joven asiática cachonda.
Dice Mika mientras desgarra aquél conjunto de sombras que resulta ser solo una máscara de un material similar al látex pero mucho más resistente.
La mujer de sombras ha revelado la mitad de su cara, una de rasgos masculinos.
- ¿Por qué?
Pregunta el hombre entre jadeos.
- ¿Qué pasó con Nagimi? ¿Qué pasó con nuestro plan?
- Hagamos como que eso jamás existió.
Dice Mika antes de dejar inconsciente a su adversario de una patada en la boca, tumbando aquel tipo en un charco de saliva y sangre. Aún está vivo, lo necesita vivo, pero no consciente.
Mika chasquea los dedos y la puerta de la sala se abre. La mujer de extremidades cosidas se acerca al cuerpo inconsciente, cose sus ojos y boca, eleva sus brazos sobre la cabeza y los cose al cráneo, entrelazando los tendones cómo si de seda se tratara, como si su anatomía siempre hubiera sido así. Esto no lo matará, pero lo dejará tonto, sin la capacidad de razonar.
Mika recoge su hacha del suelo, lo toma por el mango y de dos golpes rápidos le arranca las piernas a aquel sujeto. La mujer de extremidades cosidas empieza a trabajar con sus agujas especiales, entretejiendo los nervios y cortando el sangrado.
- Es suficiente, así servirá.
Concluye Mika, tomando ese cuerpo deforme del pelo, levantándolo con una mano y llevándoselo a un lugar seguro hasta que llegue la noche.
Capítulo 5: el precio de un alma es seguir con vida.
La luz de la luna iluminaba tenuemente la verja plateada del cementerio. Un muro blanco con ladrillos colorados en la parte superior daban lugar a tejas entre cruzadas que simulaban un techo.
Mika y la mujer con extremidades cosidas llegaron a eso de las 21:00. La mujer de extremidades cosidas llevaba una camisa blanca muy ajustada y una falda verde. Complementaba este vestuario con unos mocasines negros y calcetines blancos.
Mika por su parte cargaba una caja de madera en equilibrio con la cabeza. Su largo pelo rosado reposaba en los hombros de un vestido negro de manga corta con un lazo rojo que se desmarcaba en el medio. Ella llevaba deportivas blancas con calcetines negros. En la mano derecha cargaba el cuerpo amorfo de antes.
Mika asintió con la cabeza, la mujer de extremidades cosidas tiró una moneda al suelo. Mika estiró la mano y puso el cuerpo encima de la moneda, luego con su mano libre degolló el cuello con las uñas. La sangre goteó a un ritmo antinatural sobre la moneda. Después de siete gotas Mika empezó a pronunciar unas palabras en latín.
"Tú que eres el final de todos los caminos.
Tú que estás ahí donde todo acaba.
Rememora a tus dioses caídos.
Que está sangre virgen sea quien los guiara".
Hubo un temblor apenas imperceptible y las puertas del cementerio se abrieron solas. Mika tiró el cuerpo a un lado y avanzó junto a la mujer de extremidades cosidas.
Al entrar fueron recibidas por un sonido sibilante y ecos a la lejanía de una vieja canción de guerra cubana. Aquel lugar era un cementerio abierto, pero muy diferente al que ya habían visitado, a izquierda y derecha se podía ver limitado por una tapia en ruinas de unos dos metros que se iba ensanchando progresivamente conforme avanzaba. Mirar por encima solo mostraría nubes y las raíces de los cipreses que lo mantenían en el cielo.
Las leyendas llaman a estos lugares "las lágrimas del cielo". Cementerios donde los cuerpos muertos se reaniman, les daban una segunda vida limitada a esa extensión kilométrica de terreno fúnebre decorada con lápidas, olmos y coches en desguace de todas aquellas personas que habían muerto en accidentes de tráfico.
Era más fácil llegar a uno de estos lugares por accidente que por gusto, la única regla conocida para terminar aquí era morir durante un conflicto bélico, seas inocente o culpable, eso se decidiría cuando pasaras las puertas de salida.
Naturalmente, esta era una de las muchas condiciones específicas que te podían llevar a ese lugar, pero era la única que Mika conocía sin contar el ritual que ella misma había realizado. Este último lo había encontrado en internet, parecía una de las tantas cadenas mágicas y maldiciones falsas que circulaban por la red. En circunstancias normales Mika hubiera ignorado el mensaje pero este se escuchaba tan específico que parecía real, si nos ceñimos a los hechos, no se puede decir que Mika se equivocara.
- De todos los posibles gusanos asquerosos que habitan este cementerio eras el último al que quería ver.
Dijo una voz excesivamente grabe dirigiéndose a la mujer de pelo largo.
Mika no se sorprendió, había cometido muchos crímenes de guerra en el pasado, por pura estadística alguna de sus víctimas tendría que ir a verla en ese lugar.
- ¿Nos conocemos?
Dijo Mika sin dirigir la mirada a la voz, dejando cuidadosamente la caja de su cabeza en el suelo.
- Mika Fujilino, ¿Te suena el 25 de abril de 1898?
- No.
Dijo Mika mientras pateaba una lápida y esparcía los restos de piedra por el suelo.
- Mataste a mi pelotón entero, cincuenta personas asesinadas por ti.
Dijo la voz avanzando a paso lento hacia ella.
- Pero a mi no me llegaste a matar del todo y con mi último aliento apreté el gatillo de mi revolver...
Mika no hacía el más mínimo caso, la mujer de extremidades cosidas miraba al hombre avanzar hacia ellas, no estaba nerviosa porque su compañera no lo estaba. Ella simplemente cavaba en la tierra usando sus manos, en medio segundo ya había hecho un bonito agujero de metro y medio.
- Te volé el dedo meñique, aún lo guardo como premio de guerra.
Dijo el hombre a los pies del agujero mientras Mika lanzaba por los aires el ataúd que había ocupado ese lugar. Por suerte estaba vacío.
- Mira, me halaga muchísimo que toda tú segunda vida haya girado entorno a volver a verme, pero no estoy aquí por ti soldadito genérico, así que deja de forzar la voz y vuelve a la tumba en la que te dejé.
La situación era casi ridícula, Mika, cubierta de tierra luego de salir del agujero y su metro sesenta y tres mirando a los ojos a aquel hombre de metro ochenta y cinco. Más ridículo era saber que él era él que se sentía intimidado.
Mientras, la mujer con extremidades cosidas ya había abierto la caja, había sacado el cuerpo de Ruka de dentro y lo había puesto en el ataúd.
- ¿A quien sirves ahora marione...
La frase quedó inacabada cuando el puño de Mika se frenó a milímetros de chocar con una extraña mano de madera.
- ¿Este era tú maravilloso plan? ¿Tratar de provocarme para que esta cosa me matara?
Entre el hombre y Mika había aparecido una figura sobrenatural, con casi tres metros de alto y una túnica verde encapuchada, parecía generar silencio allí donde se posaba. Su rostro estaba tapado por la sombra de la capucha y sus manos, pese a tener una apariencia normal, eran completamente de madera.
Mika no se veía para nada asustada, el soldado en cambio tenía que esforzarse para no temblar.
- Bueno jefe, ¿Te vas a quedar mucho tiempo aquí?
El hombre retrocedió y se fue cabizbajo a paso ligero, como un niño que regresaba a casa luego de que el profesor lo regañara delante de sus padres. El apóstol encapuchado ya se había ido.
- ¿Cierro ya el ataúd?
Gritó la mujer con extremidades cosidas desde dentro del agujero.
- Si, ya estamos a solas.
Se escuchó el fuerte estruendo de la tapa al cerrarse. Mika extendió la mano y agarró a la mujer, subiéndola con fuerza.
- Despacio, le vas a hacer daño a Nino.
Mika hizo girar los ojos hacia el cielo.
- Magia, apóstoles, zombis y muertos que reviven, este día va a tener de todo.
Dijo Mika mientras tapaba con tierra el hoyo.
- Bueno, ahora solo falta esperar.
- Si, eso veo...
Ambas miraron el sitio, un terreno excavado a mano mal tapado con tierra removida. No era el mejor lugar para revivir. Mika siempre decía que hay que apreciar la vida porque no sabes cuándo le tocará matarte, pero nunca se había puesto a pensar en apreciar la muerte. "La muerte solo llega y luego no hay nada, así que a quien le importa lo que haga en esta vida", eso solía decirlo también, pero esta noche había cambiado esa creencia para siempre.
- Aún no me creo que pueda haber vida después de la muerte.
Dijo Mika sin quitar la vista de la tumba.
- Pero si yo te mostré mis...
- Ya lo sé, pero no me refiero a ese tipo de fantasmas. Esto es más real.
- ¿Llamarías a esto vida? Esto está desierto, prácticamente no se puede escapar de estás hectáreas.
- No lo sobrepienses tanto, era solo un comentario.
- Solo quería completar tu punto.
Dijo la mujer de las cicatrices mientras suspiraba y negaba con la cabeza.
- No se tú, pero yo prefiero mil veces morir de un paro cardíaco que quedarme aquí.
- Pues espero que nuestra amiga no piense igual.
En ese momento la tierra tembló. Se escuchó al ataúd crujir desde dentro. La tapa se había partido de un golpe, algo estaba saliendo arrastras.
- ¿Te imaginas que la vuelvo a echar a bajo de una patada cuando salga?
Dijo Mika con una sonrisa mientras una mano trataba de salir de la tierra.
- Siempre tienes que pensar en violencia.
Dijo la mujer de extremidades cosidas echándole una mirada baja.
Salieron dos manos que buscaron rápido un punto de apoyo en los extremos de la tumba.
El cuerpo salió impulsándose, moviéndose en todas direcciones y sacudiéndose para quitarse la tierra de los oídos, pelo, nariz, orejas, ropa y ojos.
La muchacha giró buscando algo, sus ojos confusos miraron en todas direcciones antes de mirar su vestimenta.
Llevaba un jersey de lana blanco complementado con una falda azul. Su pelo también tenía un lazo azul. Sus zapatos era mocasines marrones con calcetines blancos.
- ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy vestida así?
- ¿No te gusta?
Preguntó la mujer de extremidades cosidas algo decepcionada. Ella la había vestido personalmente luego de deshacerse del traje lúgubre con el que la enterraron, incluso le había puesto un lazo como hacía su hermana, era muy bonito.
- ¿Dónde estoy?
Repitió la muchacha evadiendo la pregunta.
- ¿No te acuerdas de nada?
Preguntó Mika con una disimulada sonrisa.
- No mucho, recuerdo una caída, algo de un trabajo, creo que, ¿mi nombre?
Se notaba el nerviosismo en sus palabras. Mika ya lo había visto antes, era el paso previo a tratar de luchar o huir.
- No te asustes, soy... Tu madre espacial y ella es tu herman...
- No le mientas.
Dijo la mujer de extremidades cosidas asestando una cachetada en el cuello de Mika.
- Auch, ¿Oye que te pasa?
Mika estaba fingiendo, quería parecer débil. Ella no había sentido nada y para la mujer había sido como abofetear un trozo de mármol.
La muchacha se calmó un poco. No sabía que estaba pasando, pero poco a poco empezaba a recordar, solo sentía un mareo muy fuerte como si se hubiera despertado por un estruendo de trompeta a las tres de la mañana. Mika se fijó en esto y sonrió, con una audiencia feliz ya podía empezar el teatro.
- Sarashina Ruka, ese es tu nombre.
Exclamó Mika con calma.
- Tú estás muerta, o mejor dicho, para este mundo has muerto.
Ruka miró extrañada, como si la estuvieran hablando en otro idioma.
- No te sientas mal, ¿Acaso hay vida antes de la muerte? ¿Cuándo toda tu existencia se basa en vivir lo justo para no estresarte? ¿Cuándo no puedes ni dar una carrera sin consultar un regulador? ¿Realmente estás viviendo o simplemente estás retrasando tu muerte?
Ruka se tocó el pecho. No sentía estrés, su corazón latía con normalidad.
- Querida amiga, tú eres un punto medio, una incógnita que debe ser aprovechada, ¿Qué te ofrezco? Eso es algo que no te puedo revelar todavía, pero si confías en mí yo te sacaré de este lugar.
Mika extendió la mano hacia Ruka para que la estrechara pero ella se rehusó.
- No me habéis dicho donde estoy.
- En tu nuevo hogar como no me desde la mano.
Mika se cansó de teatros, Ruka parecía caprichosa. ¿Quién se creía que era para pedirle explicaciones?
Ruka miró a su alrededor, luego frunció el ceño e infló un poco los cachetes.
- Pues lo que yo veo es que dos extrañas me necesitan para algo y no me iré de aquí hasta que sepa lo que quieren.
Ruka terminó con los brazos en jarras. Su voz aguda no iba acorde con su cara de enfado.
- Menuda pérdida de tiempo, vámonos Miku.
Dijo Mika mientras se giraba y se retiraba de vuelta a la salida del cementerio. La mujer de extremidades cosidas no dio ni una réplica, ni siquiera la importó que pronunciara un nombre que no era el suyo.
Ruka se quedó sola. Desde su posición ya no podía ver a esas dos mujeres, pero podía escuchar todo mucho mejor. Oía las extrañas canciones a lo lejos en un idioma que no entendía. Escuchaba a extraños animales arrastrarse por el suelo. Escuchaba también el crepitar de las ramas. Pero lo más importante era que escuchaba su corazón, latía tranquilo a un ritmo lento y monótono. Esas mujeres le habían hecho algo y si se quedaba aquí jamás lo averiguaría.
Antes de que pudiera pensarlo dos veces ya estaba corriendo en la misma dirección en la cual había visto irse a las mujeres. No habían pasado ni cuatro segundos, pero ella sentía que había recorrido veinte metros o más, entonces tropezó. Rodó por el suelo y su cabeza dio a parar de bruces contra la piedra de la tapia de la entrada.
- Mira por donde vas.
Dijo la voz de Mika delante de ella.
Por primera vez en todo este tiempo Ruka miró al cielo antes de observar a las mujeres. Las estrellas estaban quietas, mas que de costumbre.
- Ya lo entiendes, ¿no?
Dijo Mika con ambas cejas alzadas.
- La verdad es que no entiendo nada. Pero quiero salir de aquí, por favor.
Dijo Ruka con lágrimas en sus ojos.
- Sientes miedo.
Dijo la mujer de extremidades cosidas.
- Es normal, incluso en tres segundos el cuerpo humano puede sentir múltiples emociones. Entendemos que no confíes en nosotras, pero deberías hacerlo.
Mika se limitó a asentir con la cabeza. En realidad habían estado esperando a que Ruka las siguiera, porque si no lo hubiera hecho Mika por si misma la habría sacado a rastras de los pelos.
Cuando todas abandonaron el cementerio los cantos bélicos cesaron.
Capítulo 6: nadie se ríe, pero todos aplauden.
A pocos pasos de la salida del cementerio, cerca de un cruce, se encontraba un vocho verde. El coche de incógnito de Mika. Contaba con tres asientos y poco espacio, perfecto para pasar desapercibido en cualquier país menos en Japón. A Mika no podía importarle menos, nadie se atrevería a pasarse de listo con ella.
Con Mika al volante, la mujer de las extremidades cosidas en el copiloto y Ruka atrás, emprendieron rumbo a alguna parte.
Ruka no hizo ninguna pregunta, sus muslos rozaban en el sillón trasero hecho de un material similar al algodón. Estaba incómoda, aún tenía restos de polvo y tierra en su cuerpo aunque sentía que sacudirse aquí la traería mínimo una regañina, incluso algo peor.
En unos minutos que no llegarían a la media hora se estacionaron en las puertas de un motel.
- Bien, aquí te bajas.
Comentó Mika haciendo un ademán con la mano.
- Tú entras y dices que Mika te manda, te darán una habitación y todos los gastos pagados.
Ruka ni siquiera pensó en soltar una réplica. Salió con su cabeza casi rozando el techo y se quedó de pie en frente de la puerta del motel antes de que el coche arrancara y se fuera.
La puerta del motel era de vidrio con manillares de falso oro. La fachada parecía sacada de un cuento de Disney. Un fuerte color azul con luces de neón en los dos balcones que se repartían en los quince metros de altura del edificio.
En recepción fue recibida con una alfombra de terciopelo y un pasillo ancho que llevaba directamente a la mesa negra dónde el encargado tecleaba sin ganas en un ordenador del siglo pasado.
- Perdone, quiero una habitación.
Dijo Ruka con escasa confianza.
- ¿Para que? ¿No traes a nadie?
Responde el empleado con cara de pocos amigos.
- Mika me envía, dice que tengo todos los gastos pagados.
El empleado palidece de golpe, su cara de payaso experimenta un terror absoluto y con manos temblorosas entrega una llave a Ruka.
Las llaves contaban con un llavero y su número de habitación, así que Ruka se dirigió al lugar caminando por pasillos azules de paredes de ladrillos con escayola.
La habitación que la recibió fue bastante agradable pese a contar solo con dos estancias. Un cuarto de baño a la derecha, una habitación con una cama para dos, una mesita de noche circular hecha de vidrio y una televisión (el mando sobre la mesa). También contaba con una puerta corrediza que daba a una terraza a unos seis metros de altura que mostraba las intimidantes sombras de los edificios más altos.
"Supongo que me daré una ducha", pensó Ruka. Eso hubiera hecho de no ser porque aquel lugar no tenía armarios ni nada de donde sacar ropa de repuesto, ¿Por qué Mika la había dado una habitación así? Suponiendo que Mika siguiese formando parte de todo esto, ella nunca aclaró que la habitación le perteneciera, solo dijo que tenía los gastos pagados.
Un suspiro de Ruka recorre la habitación mientras ella se sienta en la cama. Mira su reflejo en la pantalla del televisor y trata de recordar quién es. La verdad es que no recuerda mucho, no sabe cómo es la cara de su madre o de su padre, recuerda un poco lo que estudió pero no recuerda que se dedica, sabe que la pasó algo que le hizo perder el conocimiento y luego solo recuerda estar dando golpes contra una tabla de madera para salir de un ataúd.
Un momento, ¿Cómo había hecho eso? Aunque no conservaba todos los recuerdos de su vida creía recordar que no era tan fuerte, ni siquiera se veía capaz de someter a un adolescente de su edad. Simplemente sintió que algo dentro de ella la pedía golpear, la pedía escapar de ese sitio. Podía reconocer ese sexto sentido porque lo estaba sintiendo ahora mismo.
A Ruka no le gustaba para nada este sentimiento, quizás todo estaba en su cabeza, estaría tratando de imaginarse cosas, quizás solo se dio un golpe muy fuerte y todo esto era parte de su imaginación. Ruka se acerca lentamente hacia los cristales de vidrio, abre la puerta de la terraza y se asoma al balcón. La luz de la noche es preciosa, fría y solitaria. La Luna está cubierta por las nubes pero algunos de sus rayos de luz rebota en las cristaleras de algunos edificios cercanos, de repente esas sombras ya no son tan intimidantes.
Ruka mira todas las ventanas una por una, pensando en todas las historias que puede haber detrás de cada cristal, gente que no quiere levantarse para trabajar temprano, adolescentes que tienen que ir a estudiar algo que no les gusta, una niña llorando porque su madre le quita la videoconsola y le dice que no puede jugar cosas tan estresantes debido a sus problemas de corazón.
Un momento.
Entonces Ruka recuerda, perdida en sus pensamientos da un pequeño traspié hacia atrás. Su vista se ve redirigida a una de las ventanas de un edificio lejano. Algo llama poderosamente su atención, el cristal está emitiendo otro reflejo desde dentro, un reflejo circular similar a un prismático, pero solo uno. Es una mirilla. La distancia entre el cristal y el reflejo interno es demasiada, centra mejor la vista y logra ver el cañón del arma que la está apuntando directamente.
Ruka se tira de espaldas al suelo, un borrón pasa delante de ella, el proyectil va parar directamente contra la puerta. El resonar de la bala se mezcla con los gritos de una mujer al otro lado, gritos que quieren tapar el tintineo de un objeto metálico contra el suelo.
Ruka tirada en el suelo logra ver por debajo de la rendija de la puerta, efectivamente alguien ha tirado un cuchillo. Empiezan a sonar golpes de patadas en la puerta, golpes directos contra la cerradura. Ruka no lleva bien la cuenta, después de unos tres o cuatro la puerta cede.
Ruka se ha puesto de pie de un salto con una agilidad que ella desconocía tener. Mira como una mujer vestida de paisano se retuerce en el suelo con un disparo en la cadera mientras dos hombres vestidos de etiqueta entran en la habitación.
No hay tiempo para preguntas cuando uno de ellos, el más adelantado, desenfunda un arma.
- Por favor no dispa...
Las palabras de Ruka quedan incompletas cuando él presiona el gatillo. Entonces toda la percepción de Ruka se acelera. Observa la bala como un borrón que corre a por ella, pero no es tan rápido como debería. Como un ciervo alertado por los faros de un coche, Ruka reacciona por instinto presa del pánico y desvía la cabeza hacia la izquierda. La bala pasa cerca de su oído rasgando su mejilla.
Ese en verdad fue un buen disparo, si no se hubiera movido habría perforado desde el ojo hasta el cerebro. No era tiempo para impresionarse, Ruka presa de un frenesí que no controla, salta por encima de la cama, toma el mando de la televisión y en cuestión de medio segundo lo lanza contra aquel hombre trajeado, atravesando su cráneo de lado a lado, incrusta el mando en la pared luego de atravesar también el televisor.
"¿Como he hecho eso?"
Piensa Ruka en un vaivén de ideas. Entonces por el rabillo del ojo ve como se acerca un destello a su cabeza. Esquiva el cuchillo del otro hombre trajeado de un salto que la hace chocar con la pared.
Una puñalada directa a la altura del cuello. Este hombre sabe perfectamente lo que está haciendo.
Segundo intento, Ruka evade el corte apartándose hacia la derecha. Como si se moviera sola, su mano busca y agarra la mesita de noche, la alza y golpea directamente la cabeza de su atacante. El cristal se parte en mil pedazos, mientras el hombre cae desnucado bocarriba sobre la cama, muerto y empapado en sangre y cristales.
"Ahora debo huir".
Piensa Ruka entre un gran alboroto de ideas.
"No, aún no".
Ruka toma el cuchillo de las manos aún cálidas del cadáver. Sale hasta el balcón y con una puntería que desconocía lanza el cuchillo desde la empuñadura directo hacia aquella ventana del francotirador. Cuando el centelleante metal cruza el aire no pierde fuerzas al momento de atravesar de lado a lado el cristal de la ventana.
Ruka se lleva la mano al pecho. Su cuerpo es preso de una adrenalina que desconocía. Su corazón en cambio late a un ritmo tranquilo.
"La mujer que vestía informal".
Piensa en un fugaz destello. Desde el balcón hecha una mirada a la puerta que ahora está cerrada. La madera de caoba le devuelve la expresión, como si alguien estuviera detrás de la cerradura.
Ruka se agacha y mira debajo de la puerta, aún hay un charco de sangre, no obstante ya no ve el cuchillo.
Ruka corre hacia la puerta, la abre de un tirón y la recibe una fuerza que desconocía. Una palma robusta y obesa estrella sus cinco dedos en la cara de la muchacha. El tabique de su nariz se parte mientras su cuerpo es despedido hacia atrás, dejando grietas en las paredes laterales y cayendo tumbada de cara al suelo junto al hombre con traje al cual Ruka había atravesado con un mando de televisión. La pistola caída cerca de él. Ruka la toma con manos temblorosas y apunta a la sombra de la puerta.
La poca luz del pasillo es tapada con un ser amorfo, sus brazos casi tan largos y rechonchos como su cuerpo de metro ochenta. Una bola de grasa sudorosa con pocos pelos en la cabeza y una piel marrón semejante a la de un cerdo ibérico. Para colmo de males, estaba desnudo.
- Mi jefa dijo que la recompensa por matarte era lo que yo quisiera.
Escupió el gordo bastardo.
- Te quiero a ti.
Sonrió mostrando cuatro dientes mal contados que apenas se distinguían entre sus labios carnosos.
A Ruka no le tembló el pulso cuando apretó el gatillo. No hubo efecto, la recamara estaba vacía.
"¿Una sola bala? ¿Vinieron a matarme con una sola bala?"
Piensa Ruka mirando el arma, sudando mientras una sombra enorme se abalanza sobre ella.
El hombre de inhumana velocidad la mete una palmada con el revés de la mano, elevándola contra los muros de nuevo. Toma su pierna, tal cual si fuera una muñeca de trapo, la estrella contra la cama que cede y se parte en sus cuatro soportes.
La levanta sujetando su cuerpo frente a él. Abre la boca para escupir palabras cuando Ruka en un rápido movimiento estrella la culata del arma en su ojo izquierdo. La incrusta más allá de la retina y con la pierna libre patea el arma, librándose del agarre con una voltereta hacia atrás.
- Hija de puta.
Grita el gordo agitando la cabeza para soltarse el arma, da una palmada de nuevo.
Ruka la evade, asesta un golpe directo a la mandíbula. El gordo retrocede un paso. Ruka lanza otro golpe directo al estómago pero su puño se hunde, como si lo hubiera introducido en queso fundido.
Ruka no puede esquivar la doble palmada que le llega de frente a los ojos. Ella pesa demasiado poco, el empujón de gran potencia la empuja arrastrándola por el aire. Su cuerpo destruye la cristalera del balcón. Su espalda reposa con dolores que desconocía sobre los barrotes. Sus manos apoyadas en la barandilla tratan de hacer que se levante. Sus codos flexionados hacen fuerza para que levante las rodillas que no dejan de temblar.
La bola de grasa se acerca corriendo.
"¿Por qué es tan ágil? ¿Por qué es tan fuerte? ¿Por qué?... ¿Por qué estoy tan emocionada?"
Ruka gira a la izquierda evitando la embestida. Su cuerpo deja caer su peso en la esquina. Sus brazos se llenan de fuerza, la elevan lo suficiente, cuando el gordo arremete los pies de Ruka ya están a la altura de su cara y se estrellan en la misma empujándolo de espaldas contra la otra esquina del balcón doblando el hierro.
Ruka sale corriendo, llega a la puerta y tira del manillar. La puerta no se abre.
"¿Por qué ahora no se abre? Pero si estaba rota".
- No puedes huir, jom jom jom.
Ríe el gordo gruñendo como los cerdos.
- Bien, porque tampoco quería.
El gordo corre a por ella. Ruka corre a por él. Él extiende las palmas, como un luchador de sumo. Ella retira los hombros hacia atrás para tomar inercia.
Impacto en mitad de la sala.
Sangre mancha el suelo en cantidades desproporcionadas. Ruka con los puños hundidos en el estómago del gordo bastardo lo atrapa por los intestinos y lo levanta sobre su cabeza. Luego lo lanza contra la puerta tirando a bajo el cantón y las bisagras.
El gordo trata de ponerse en pie. Ruka se acerca a velocidades inimaginables y asesta otro gancho al estómago. La fuerza causa que el cuerpo tiemble como una gelatina y por pura fuerza de choque la columna sale por su espalda. Su cuerpo cede ante su propio peso. Se acabó el problema.
Ruka se da la vuelta, vuelve hacia la cama para arrancar un trozo de sábana.
- Tienes que tener cuidado, si no hubiera quitado a Iris la hubieras aplastado con la puerta, ¿Qué haces?
Pregunta una voz femenina desde la puerta. Una voz que Ruka identifica rápidamente.
- Contesta hija de perra.
Ladra una voz que Ruka no reconoce y gira por la sorpresa.
La mujer vestida de paisano apoya su peso en Mika, con su brazo extendido en sus hombros.
- Venga, venga, no seas así. La culpa es de Charls, debió calcular mejor la velocidad de la bala en relación a la gravedad y la altura.
Mika mira a Ruka por encima del hombro. Pierde su mirada en los edificios lejanos.
- ¿Puedes verlo?
Pregunta Ruka presa del desconcierto.
- Tú puedes. Bien, Iris vete a buscar a Yotsuba apoyándote en las paredes.
- Pero ella arregla tejidos, no huesos.
- No la subestimes, tira.
Mika ayuda a que Iris apoye su mano delicadamente en las paredes y la mira un rato cojeando para asegurarse de que este bien.
- ¿Y tú que haces?
Dice Mika redirigiendo su mirada a Ruka otra vez.
- ¿Tú que crees? Usaré esta tela para limpiarme la sangre.
- ¿Qué sangre?
"¿Se está burlando? ¿Acaso no ve mi tabique roto y mi mejilla cortada".
Piensa Ruka sin contestar.
Cuando se lleva la sábana a la cara no nota nada. De hecho ni siquiera siente problemas respiratorios. Su nariz también está bien. La única sangre que hay en su cuerpo es el líquido pegajoso que empapa sus manos.
- ¿Notas eso?
Pregunta Mika todavía en el umbral de la puerta.
- ¿El que?
- Escucha a tu corazón Ruka.
En el silencio retumbaron unos latidos tranquilos. Un ritmo tamborileando con una pacífica melodía.
- Adrenalina pura, pero no estás estresada.
Ruka se sentía muy bien.
- Arrancamos tú antiguo corazón defectuoso y pusimos uno funcional de una chica más capaz.
- ¿De quien?
- No es muy importante, una mujer a la cual le atravesé la cabeza con él pico de una mesa.
Ruka analizó detenidamente cada palabra. Podía y debía ser mentira, un corazón normal no la permitiría hacer todas las cosas increíbles que hizo.
- Ahora tenemos que trabajar en tu técnica. Para empezar, muy descuidado por tu parte luchar físicamente con alguien que te quintuplica el peso pero usar objetos para matar a humanos ordinarios.
- Tú eres la jefa de la que habló el gordo. Tú has mandado a toda esta gente a matarme.
- No y si, yo no soy su jefa, esa es una organizadora de peleas ilegales de hombres y caballos. Pero si, yo les pedí matarte. Necesito que seas fuerte si trabajas para mí.
- ¿Trabajar para ti?
Gritó Ruka fuera de sus casillas.
- Tienes la opción de negarte, pero tendrás que luchar por tu libertad.
Mika puso su zapato sobre el cráneo del gordo tirado en el suelo.
- Pero si te enfrentas a la mejor, no falles el tiro.
El pie de Mika hace un mínimo de presión a la par que los sesos del gordo salen disparados. Como una naranja mustia contra un martillazo.
Entre la pausa que generó el final de sus palabras Ruka y Mika compartieron miradas. Dentro de Ruka algo se sentía diferente, había perdido el miedo pero no la razón. Este nuevo corazón la incitaba a actuar como si no tuviera miedo de aplastar a alguien en posición fetal pero siendo lo suficientemente precavida como para irse antes de una explosión.
- Esto ya tiene que ser una broma.
Las emociones de Ruka estallan y su boca dice todo lo que está pensando.
- Apenas recuerdo que me pasó, primero me dices que estoy muerta, luego que me has revivido, después que no me necesitas, mandas sicarios a por mí y ahora me dices que trabaje para ti o me matas. Por si no fuera poco me amenazas con una frase de Ligof leyen, ¿Qué demonios quieres de mí?
Mika pestañeó varias veces incrédula por ese lapsus de rebeldía.
- En realidad la frase está sacada de Rango, la dice víbora Jake.
- No, no es verdad. La dice Sett.
- ¿Tú como sabes eso?
- Puede que jugara LOL a escondidas para sentir algo, pero búscalo si no me crees.
- Por supuesto que lo haré.
Mika metió la mano en un bolsillo que tenía a la altura de la rodilla y se camuflaba bien con el vestido.
Tardó poco en sacar un móvil y empezar a teclear algo en la pantalla digital. Con la mirada fija en la pantalla Ruka vio una oportunidad de oro.
Sin pensar en las posibles consecuencias la joven dirige un gancho derecho a la altura de los ojos de Mika. Al terminar la trayectoria del golpe que debería haber acabado entre las cejas de la pelirrosa, Ruka encuentra el aire como único receptor.
- Vale, vale, lo admito, esa ha sido buena.
Sin percibirlo, Mika ya se había puesto detrás de ella.
- Tú... ¿Tú puedes teletransportarte?
- Que va chica, es pura velocidad, como esto.
Mika alza un puño atrapando algo en el aire. Un pequeño proyectil que aplasta y tira al suelo. Tres segundos después resuena a lo lejos un disparo.
- Interceptar balas es más fácil de lo que parece, con práctica puedo enseñarte a hacerlo.
- Yo... Yo ya puedo interceptar balas.
Dice la joven.
"Entonces te llevo ventaja"
piensa Ruka con cierto regocijo.
- No, tú puedes evadir balas que apenas llegan a los 120 m/s.
Dice Mika mientras señala con los ojos el arma que hay tirada en el suelo.
- Y no, tirarte al suelo antes del disparo no cuenta como esquivar una bala de francotirador. Además tu puntería es malísima, solo atravesaste el hombro de Charls.
Ruka empezaba a relajarse un poco. Mika tenía un extraño carisma, podía regañarte sin molestarte así como hablar con tranquilidad y alterar todos tus nervios.
- Toma esta tarjeta, es tu verdadera habitación, prometo que no habrá más intentos de asesinato por esta noche. Es posible que recuerdes varias cosas de tu vida pasada, pero no hagas ninguna locura, no quisiera tener que visitar personalmente a tus padres para decirles que su hija se está portando mal. Es todo, nos vemos mañana.
Mika tiró la tarjeta al suelo y se fue con los brazos cruzados a la espalda, canturreando algo.
Esa noche Ruka se cambió de habitación, pero no pudo dormir nada.


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