Doki Doki Fight Club: Parte 1.

 

Capítulo 1: ¿Soy una mala persona?

"Que haya desgracias más grandes no quiere decir que mi desgracia no importa".

Ese es el mantra que me repito en mi cabeza día si, día también. Soy una persona muy infeliz pero ya me he acostumbrado a ello y cuando el dolor se vuelve rutina pasa de ser una molestia a una monotonía.

Tengo diecisiete años pero cumplo dieciocho la semana que viene, solo mis padres lo saben y no creo que les importe.

Todavía estoy en las vacaciones de verano, cuando entre al nuevo curso a principios de septiembre tendré dieciocho años y a nadie le importa. Aunque eso no es verdad, supongo que al gobierno le interesa que este en edad de trabajar para que empiece a pagar impuestos cuanto antes, así podré seguir manteniendo a los profesores que idiotizan a los alumnos con cosas como los clubes escolares.

Odio los clubes escolares, pero gracias a ellos duermo mejor por las noches. Estoy inscrita a tres, cuando voy a uno de estos clubes tres veces por semana me pongo mi mascara de actitud alegre y distraída para acercarme a alguien con problemas y dejo que se desahogue conmigo. Tengo tres personas para ello, Natsuki del club de repostería, Yuri del club de costura y Émili del club de atletismo.

Todas tienen problemas e inseguridades, pero me he relacionado tan bien con ellas que son como un libro abierto para mí. La primera semana que estuve en el club de repostería por ejemplo, me di cuenta de que Natsuki estaba reticente a acercarse a los demás, su actitud era grosera y cortante pero tenía mucha dedicación en lo que hacía. Me acerqué a ella con una bandeja de galletas que había quemado aposta y le pregunté si me ayudaría a cocinarlas bien.

Si hay algo que le gusta a la gente grosera es decirte como tienes que hacer las cosas, yo las hacía mal a propósito pero con la maña suficiente para que pareciera un accidente y para asegurarme de que Natsuki no perdía la paciencia.

Tardé unas dos semanas en ganarme su confianza, pero al final la pregunté porque era tan grosera, costó un poco pero al final se desplomó y me contó sus problemas familiares, la abracé y lloró durante dos minutos en mi pecho. La hubiera dado un hombro sobre el que llorar pero ella no mide más de metro sesenta.

Que bien dormí esa noche sabiendo que hay alguien con peor situación que yo y que no tengo razones para quejarme.

"¿Cuantos quisieran tener tus problemas?" Es una frase que me dijo mi madre a los nueve años cuando la pregunté porque no pasaba tiempo conmigo.

¿Soy una mala persona por sentirme mejor con el sufrimiento de los demás? Es probable, pero ya no tengo intención de cambiarlo.

Capítulo 2: ojeras.

Toma medio litro de jugo de limón exprimido a mano y mézclalo con canela. Guárdalo en el congelador por diez minutos o los necesarios hasta que se congele, luego pica ese hielo hasta volverlo polvo. Con un pincel para ojos y una cantidad diminuta de pegamento frótate el mejunje por la zona más afectada por las ojeras, el frio bajará la hinchazón y el pegamento lo dejará en su sitio, la canela le dará el color de tu piel y el limón huele bastante bien. Así tienes un remedio casero para disimular las ojeras.

Nadie en el instituto sabe que solo duermo tres horas al día los días que no tengo algún club y nadie me cuenta sus desgracias.

He intentado dormir conociendo los desastres que pasan en las noticias, pero ciertamente me cuesta preocuparme por la vida de los que me rodean, aún más de la gente que no conozco. ¿Soy una mala persona por eso? Probablemente no, seguramente a todos les pasa.

Émili está llorando sobre mi hombro, ella es la líder del equipo de atletismo. Para ganarme su confianza simplemente la tuve que pedir que me diera un par de clases extra porque era incapaz de correr diez minutos seguidos.

"¿Tienes problemas de corazón?" Me preguntó.

Émili en su anterior escuela estuvo saliendo con un chico que tenía problemas de corazón, eso me dejó un frente abierto y con un par de preguntas ya la tenía llorando en mis brazos.

Émili no tiene piernas, las perdió en un accidente de tráfico cuando era pequeña, también perdió a su padre en este accidente, pero esa información es de dominio público. Lo que no todos saben es que el chico con el que salió fue su primera vez por la puerta de atrás. Eso era información que yo tampoco quería saber.

Émili es buena persona y su discapacidad no le ha impedido nada ya que tiene las prótesis más firmes y caras que su madre la pudo conseguir.

Émili es buena persona, mejor persona que yo, gracias a ella estoy en forma y tengo dolores musculares en músculos que desconocía.

Algo dentro de mi se rompe cada vez que ella y yo tenemos una conversación y poco a poco la desvío para que termine hablando de su padre y su ex-novio, lo disimula con dureza, pero eso la rompe por dentro. 

¿Hago que una minusválida llore solo para poder dormir bien por las noches? No siempre, solo en muy puntuales ocasiones, como hoy que es el día de inauguración del tercer y último curso.

- No llores Émili, todo está bien, tu padre se sentiría orgulloso de verte competir en una carrera para demostrar la importancia del atletismo en esta institución - le digo yo mientras lloro de alegría sabiendo lo bien que dormiré esta noche.

Cuando paso un día en el club de atletismo y no tengo el valor de hacer llorar a Émili duermo solo una hora porque el dolor de mis músculos es demasiado.

No me gusta el club de atletismo, solo me gusta pasar el rato con Émili. No me gusta hacer llorar a Émili, pero lo necesito para dormir bien. No me gusta usar mi maquillaje especial para ojeras, pero lo necesito para que la profesora no me llame la atención sobre mi aspecto físico. 

No me gusta ser como soy, ¿Soy una mala persona?

Capítulo 3: Inseguridades.

Yuri se corta, utiliza la cuchilla de afeitar de su padre y realiza cortes irregulares para que parezcan marcas de la piel.

Descubrí que Yuri se corta en el club de costura. Me acerqué a ella porque parecía tímida y solitaria, esas son las personas con las historias más tristes.

"Que haya desgracias más grandes en el mundo no quiere decir que la mía no importa".

Al principio me costó averiguar cual era su problema, habla poco y generalmente solo sobre libros de misterio. Mi faceta alegre parecía incomodarla pero en cierto modo la divertía también.

Yuri se corta solo los lunes porque las heridas poco profundas que se hace tardan unos siete días en cicatrizar y mientras se están cicatrizando pueden abrirse y manchar las mangas de su uniforme escolar.

Descubrí las cicatrices de Yuri un día mientras trabajábamos en un jersey tejido a máquina, ella tubo que arremangarse y entonces lo vi. Al principio lo confundí con una estría pero estaba a demasiada distancia de la muñeca.

Yuri no es una persona que se distraiga fácilmente pero también es una persona a la cual le cuesta prestar atención a más de dos cosas a la vez. Recuerdo que saqué un trozo de chocolate que me había llevado para desayunar y le ofrecí una onza a Yuri. Ella que estaba centrada cosiendo y básicamente estaba en piloto automático aceptó. Cuando la supuse ensimismada en el desplazamiento de la tela por la máquina hice la pregunta.

- ¿Cómo te hiciste el corte del antebrazo?

- Me corto yo misma - dijo ella.

Yuri se detuvo unos segundos, se ruborizó como se ruboriza un niño después de llamar puta a su madre. La cabeza de Yuri parecía un periscopio de submarino mirando en todas direcciones, asegurándose de que nadie más la hubiera oído.

- ¿Por qué? - pregunté de la forma más inocente que pude.

Yuri empezó a divagar, que si solo lo había hecho una vez, que si estaba de moda hace tiempo y otros mil disparates que no me importan. Al final no necesité insistir mucho para romperla, Yuri se corta por culpa de un amor no correspondido, para conocer el verdadero dolor. Al menos duermo más tranquila sabiendo que la gente sufre por amor y a mí jamás me pasará eso, es el único punto positivo de que nadie te quiera.

Capítulo 4: Soy Ozymandias.

- Hola, ¿Cómo estás? - le digo a MC.

Él es "mi amigo de la infancia", aunque siento que en general me considera molesta, el sentimiento es recíproco pero yo finjo muy bien.

MC me mira con unos ojos casi inexpresivos tapados por su pelo castaño.

MC no es su verdadero nombre, pero todos le llamamos así por una razón que está tan perdida en el tiempo como el reinado de Ramsés III.

MC me habla con desgana acerca del porqué le han transferido a este instituto. Yo no he preguntado, pero gracias a su sufrimiento creo que dormiré mejor hoy, ¿Soy una mala persona?

- ¿Y a que club te vas a unir? - pregunto con una sonrisa y una genuina curiosidad.

- Supongo que al de anime, se escucha interesante - me dice.

Nuestro instituto tiene club de anime porque su modelo de enseñanza se inspira en el modelo japonés. Se inspira en el modelo japonés porque nuestro director creé que la supremacía oriental sobre occidente está declarada desde que los mangas venden más copias que los cómic en Estados Unidos.

Llegamos al instituto y cada uno se dirige a salones distintos.

Han terminado las clases, empiezan los clubs. Hoy tengo que ir al club de repostería, mientras entro a la habitación veo a las doce personas que forman el club, pero mi mirada se centra sobre todo en Natsuki.

Natsuki está en la esquina al lado de la ventana, tiene la cabeza girada y apoyada en una mano flexionada sobre la mesa. Natsuki se está haciendo la interesante como los protagonistas solitarios de los mangas románticos que lee.

- Llegas tarde - Me dice.

- Me detuve a pensar en que galletas podríamos cocinar hoy - respondo.

- Podrías empezar por preparar unas que no se te quemen - dice ella cruzándose de brazos.

- ¿Qué le ha pasado a tú dedo? - pregunto.

El dedo indice de su mano derecha tiene vendaje. Si tengo que apostar diré que se lo ha hecho su padre, seguro que le señaló en alguna pelea y el se lo torció.

Natsuki se ruboriza y sonroja, casi puedo notar las lagrimas abultándose en sus ojos. Entonces alguien más abre la puerta.

El rugido de un león macho alfa puede escucharse hasta a ocho kilómetros de distancia.

MC entra por la puerta, no se que está haciendo él aquí pero tampoco quiero saberlo. Toda la clase gira para mirarlo a él, como si fuera una estatua de oro en el desierto.

MC me mira y me saluda, soy la única persona que conoce en este aula. MC se acerca a nosotras con torpeza y me pregunta que si tiene que unirse a un grupo o algo.

- Llegas una semana tarde chico listo - dice Natsuki.

- Perdón - dice MC cabizbajo.

- Da igual, puedes unirte a nuestro grupo si quieres, no creo que puedas hacerlo peor que la quema galletas tres mil.

Un virus troyano recibe su nombre de la estrategia que realizaron los griegos para entrar en Troya durante los relatos de la Hiliada. Aunque todo eso es una gran mentira, en los relatos escritos que conservamos del siglo VIII antes de Cristo no encontramos el relato del caballo de madera en ninguna parte de la Hiliada, solo sabemos que pasó porque se menciona al principio de la Odisea y otros relatos sueltos. Así mismo no tiene mucho sentido que el virus se llame troyano, fueron los troyanos los que fueron engañados y recibieron el ataque. Los virus troyano son los peores porque vienen a infectar aquello que quieres en segundos.

Si algún día tuviera un virus troyano lo llamaría MC.

Natsuki se enamoró de él a primera vista, le empezaron a sudar las manos y se sonrojaba más rápido que de costumbre y yo pasé a un segundo plano.

"Esta semana no voy a dormir" es lo único que puedo pensar.

Capítulo 5: dos semanas de insomnio.

MC también se ha unido a los clubes de costura y atletismo. Se ha propuesto quitarme todo lo que tengo.

Nos encontramos en el camino hacia el instituto.

- Veo que te has unido a los mismos clubes que yo, ¿No es maravilloso, vamos a estar juntos todo el tiempo? - se lo estoy diciendo con evidente resentimiento, pero el Don Juan no se da por aludido.

- No saques conclusiones equivocadas - me dice. - Quería unirme al club de anime pero solo había hombres y no hablaban de nada que me interesase, no podría aguantar ahí todas las semanas, así que pregunté en la dirección de profesores y me sugirieron que probara actividades variadas, ¿Cuál es tú razón para estar en tres?

- Pues divertirme - digo con la sonrisa que mejor he fingido en mi vida. - ¿Qué otra razón necesitas? 

- Los puntos extra por participar en actividades extraescolares - contesta.

El instituto en el que estudio tiene un sistema de créditos partidos, en el cómputo general de las asignaturas entre voluntarias y optativas debe salir un mínimo de veinticuatro créditos, sin embargo con las asignaturas que se deben tomar por obligación no se suman los créditos debidos, por ende el instituto por ley debe hacer una de dos cosas, o despedir profesores de materias poco relevantes o otorgar créditos extra con actividades extraescolares. En teoría la ley solo permite unirse a dos clubs pero de esa forma no se consiguen los créditos necesarios así que el instituto fomenta participar en un mínimo de tres o en uno solo ocho horas a la semana.

Esta información no te viene en las cajas de cereales y prácticamente nadie la conoce, si preguntas a cualquier profesor lo negará, pero está en la ley y eso es algo que no pueden manipular. Aunque siendo justos tampoco es algo que la gente investigue. Yo lo investigué en una noche de insomnio y lo recuerdo de milagro.

MC ha enamorado a Yuri y a Émili, él ni siquiera se ha dado cuenta de ello.

Émili en persona vino a preguntarme si MC tenía novia. También dijo que le recuerda mucho a lo mejor que tenía su ex "parecen escritos con el mismo arquetipo" me dijo.

Llevo dos semanas sin dormir, voy a matar a alguien.

Émili ya no quiere pasar tiempo conmigo, dice que tengo "demasiado entrenamiento encima", por eso prefiere pasar las horas de mi entrenamiento extra con MC, que tiene poco rendimiento.

Solo estuve presente en la primera sesión de entrenamiento extra con MC, él no podía seguirnos el ritmo así que le tomé de la mano y lo empujé mientras corríamos. Émili se enfado demasiado por eso, supuestamente no le dejo un buen ritmo a MC y podría haberle causado un ataque. Era lo que quería, aunque sea uno pequeño, ahora solo quiero dormir pero llevo dos semanas sin pegar ojo.

Capítulo 6: ¿Por qué lo hago?

"Que haya desgracias más grandes no quiere decir que la mía no importa".

Ya han pasado cinco semanas y MC sigue aquí.

Las cicatrices en los brazos de Yuri no se han curado pero las ha tapado con maquillaje y si puedo notarlas es solo porque se donde mirar.

Antes de aplicar maquillaje sobre una herida abierta tienes que poner una fina capa de hielo que la limpie y tienes que desinfectarla adecuadamente. Hay más bacterias dañinas en los productos de maquillaje que en la tapa de un inodoro.

No estoy haciendo equipo con Yuri, ella se ha puesto con MC y está haciendo un jersey con un gatito bordado. MC trata de concentrarse en desplazar adecuadamente la costura por la máquina y Yuri lo ayuda sujetando sus manos. Yuri tiene una cara de concentración muy grande, es la misma que tenía cuando le pregunté por sus cicatrices, me pregunto si funcionará otra vez, ¿Podría ir y decirle "Yuri, ya explicaste a MC como te hiciste esas cicatrices en los brazos"? Tal vez esta tan distraída que cuenta la historia completa.

Decido dejar de mirarlos, mi atención se dirige a las demás mesas, entonces la veo. Medio distraída del mundo, medio prestando atención a todo lo que la rodea, en el pupitre más alejado de la sala está una chica de cabello marrón largo recogido en una coleta hecha con un lazo blanco.

Me hacerco a ella casi como si se tratará de un personaje señalado con flechas y brillos en un videojuego. Antes de mirar sus ojos más verdes y claros que las esmeraldas, miro lo que está leyendo, se trata de la guía de pasos a seguir en el simulacro de incendios de la semana que viene.

- Mira la redacción de estas reglas, "en caso de que el humo sea muy denso puede situarte bajo una mesa, cubrirte la cara con un paño húmedo y arrastrarte hacia la salida más cercana" - me dice parafraseando las instrucciones. - mira esos dibujos, ni siquiera son humanos, son siluetas inexpresivas, solo NPCs, ¿Me explico? - Ella me mira y yo no sé que responder.

- ¿Puedo ayudarte en algo? - pregunto evadiendo la pregunta y mirando su máquina de coser que todavía no se ha encendido.

- ¿Lo dices por cortesía o para sentirte mejor? - pregunta ella.

La pregunta me agarra con la guardia baja, mi cerebro trata de poner en proceso una respuesta pero solo me quedo con la boca levemente abierta tratando de formular palabras.

- Ves, sienta mal cuando te responden una pregunta con otra, ven - ella da unas palmaditas en la segunda silla que tiene al lado del pupitre. - Siéntate conmigo y te explico lo que estoy haciendo.

Me siento a su lado aún tratando de pensar que decir y ella saca una mochila de debajo de la mesa.

- Tenemos la misma mochila - digo tratando de sonar natural, como si no fuera el mismo modelo de mochila barata que compran los padres a sus hijos para no romperse la cabeza buscando.

Ella me mira y me sonríe, luego abre la mochila y de ella saca dos elementos, un vestido de seda blanco doblado en tres y un hilo rojo con una aguja.

- Quiero que cosas la silueta de mi mano en este vestido, lo haría yo pero coser con una sola mano es difícil - me dice.

- ¿Por qué? - pregunto.

- No tengo mucha ropa, de hecho solo tengo este uniforme, este vestido ni siquiera es mío - echo una ojeada a la tela y veo que no tiene etiqueta. - Si grabo mi mano con un hilo rojo quedará perfecto, y unido a mi para siempre.

Hay una leyenda asiática, creo que china o japonesa, que dice que estás atado a una persona con un hilo rojo invisible. Ese hilo es vuestro destino y os unirá para siempre. 

Cuando le pregunté a mi padre porque se casó con mi madre dijo que fue por mi culpa.

No soy buena cosiendo, pero estar junto a ella me tranquiliza de alguna manera. No pierde la sonrisa, parece ser muy consciente de que es y que le rodea, es todo lo que quería ser.

- Gracias - dice retirando la mano y dando las últimas punzadas para cerrar la zona de la muñeca.

- ¿Quién eres? - pregunto.

Ella se ríe tapándose la boca con la mano, que delicada. Saca una tarjeta de su mochila, es un carnet de estudiante, su nombre es Monika y tiene 18 años.

- Nunca te había visto por aquí - le digo.

- No soy de aquí, yo estoy en el club de piano, pero ya no queda gente en ese club - me dice bajando un poco la mirada. - Solo vine para arreglar el vestido, pero si quieres volver a hablar búscame por ahí.

Monika recoge y se despide, mientras se va por la puerta veo como nadie la mira, supongo que sí son NPCs.

Capítulo 7: regalo de Zeus.

Cuando tenía 6 años le pregunté a mi padre que era lo más importante de la vida, me dijo que era estudiar.

Cuando tenía 12 años empecé a estudiar y le pregunté a mi padre que si eso era todo, me dijo que cuando tuviera 18 años lo entendería.

Ahora que tengo 18 le he preguntado que cual era el sentido de la vida, me ha dicho que seguir adelante sin cometer los mismos errores que él, luego me miró un rato largo, se captar indirectas.

Nunca me he llevado demasiado bien con mis padres, se que me tuvieron por accidente y se que ahora que tengo dieciocho años están deseando más que nunca que me valla a estudiar lejos de casa, de preferencia a un lugar donde no pueda contactarlos.

- No tenemos club de piano - me dice la maestra de latín. - Tenemos un piano de cola en el club de literatura, pero ese club lleva dos años cerrado.

Le agradezco y salgo de clase ahora que ya hemos terminado. ¿El club de piano sería un mensaje subliminal? ¿Por qué Monika parece hablar en mensaje cifrado?

Me acerco al club de literatura y por pura curiosidad toco la puerta, pero nadie contesta. Supongo que la puerta está cerrada, así que simplemente procedo a dar media vuelta para irme.

- ¿Quién anda ahí? - dice la voz de Monika desde el otro lado de la puerta.

- Soy yo, la chica del otro día, la del club de costura - digo.

- A sí, pasa.

Monika abre la puerta desde dentro y me recibe una habitación prácticamente vacía. La luz naranja de la tarde entraba por las ventanas, una tenía las dos persianas corridas y la otra solo una, lo cual genera en el lugar cierta penumbra. La moqueta era de madera marrón y su color contrastaba con las paredes vainilla y las baldosas grises del techo.

- He llamado, pero no has contestado - empecé a decir.

- Nunca respondo al primer toque - me dice, no elabora más sus razones.

Entro en la habitación, mis pasos resuenan levemente en la sala, todo se siente muy extraño. Me doy la vuelta para ver la parte de la habitación que estaba a mi espalda, hay un armario, un piano con la tapa cerrada y encima de la misma un portátil.

- ¿Cómo entraste aquí? La profesora me dijo que este club llevaba dos años cerrado.

- Nunca devuelvo las llaves - me dice Monika con una sonrisa pícara.

Monika se dirige al pupitre del centro de la habitación, juraría que no vi ninguna silla cuando entré pero ahora hay dos. Monika me hace un ademán para que me siente.

Monika clava sus codos en el pupitre, entrelaza los dedos de las manos y me mira, es como si viera dentro de mi a pesar de que sus pupilas parecen perderse hacia un lateral.

- ¿Y que te trae por aquí? - pregunta.

- No lo se, la conversación que tuvimos ayer me dejó intranquila - respondo sinceramente.

- Elabora mejor ese argumento - me dice.

- Bueno, pues... Ya sabes, llegaste en plan misterioso y nunca antes te había visto y luego me hiciste esa pregunta - ciertamente, ni yo sé que estoy diciendo.

- ¿Te molestó mi pregunta?

- No, no, no es eso es solo que... ¿Por qué me preguntaste eso? - necesito respuestas.

- Tienes ojeras y cara de cadáver con coloretes. - me dice ni corta ni perezosa.

Me quedo en silencio con esa respuesta, ¿Ella a notado mis ojeras?

- ¿Sabes que es una derivada? - pregunta.

- Es una... - medito un poco la respuesta. - Es una función matemática, el cambio que varía dicha función... Creo.

- Dudas.

- Bueno, nunca fui muy buena en matemáticas, yo dedico mis horas de estudio a otras cosas.

- Ahí te doy la razón - dice Monika inclinando delicadamente la cabeza. - ¿Por qué dos estudiantes de letras como nosotras tenemos que saber que es una derivada, un coseno o una raíz cuadrada?

- Espera - digo mientras alzo las palmas de mis manos. - ¿Tienes permiso para estar sola en este aula? - digo siendo repentinamente consciente de mi situación.

- No, entré aquí el año pasado usando una sierra eléctrica y como nadie revisa este aula, aquí sigo. - Monika me mira sin pestañear, con el cuerpo en la misma posición casi estática de antes.

- ¿Es broma, no? - digo casi temblando.

- ¿Por qué estás tan nerviosa? Creí que querías hablar pero solo te preocupas por lo que los demás piensan o puedan pensar de ti - me dice Monika, aún con calma.

- Yo... - pienso detenidamente mis palabras.

- ¿Cómo andas con el tema de la filosofía? - me interrumpe - ¿Conoces en cinismo de Diógenes?

Afirmo con la cabeza.

- Pues haz igual, desde que sigo mi propio camino estoy saturada de emociones. Con todo respeto, pero al carajo tú, tus estudios, tus talleres y tus padres. Solo empezarás a vivir cuando dejes de pensar en tu desgracia como único foco de tu vida.

- ¿Por qué mis padres? - pregunto.

- ¿Me vas a decir que as elegido esto voluntariamente? Despierta, te tratan como un personaje con un destino predeterminado, yo digo; "al carajo el guion principal, los fallos por salirse del mapa son más divertidos".

Afirmo nuevamente mientras pienso, "esta chica está como una regadera". ¿Por qué vine aquí? ¿Monika tiene razón? ¿Verdaderamente me importaba lo que pensara de mí?

- Valla que tarde es - digo mientras finjo mirar un reloj en mi muñeca. - Me tengo que ir, ha sido un placer hablar contigo y tal. - Me levanto haciendo tanto ruido como un elefante en una tienda de porcelana, no es intencional pero estoy extrañamente nerviosa.

Monika sigue casi estática mientras me sigue con la vista, yo solo me voy lo más rápido que puedo. No puedo evitar notar los restos de metal cortado y rasgado en el manillar de la puerta.

Capítulo 8: mi desgracia.

Cinco de la tarde, llego a mi casa y lo primero que veo es la cinta amarilla de la policía y letras en mayúsculas que dicen "EMBARGO". Me restriego los ojos para asegurarme de que no estoy soñando, la cinta sigue en su sitio y dos oficiales se acercan a mi.

- Disculpa joven, tiene que despejar la zona, vamos a empezar a sacar cosas y tal - me dice el que parece más joven de los dos.

- Pero esta es mi casa - le digo aún con los ojos abiertos de par en par.

Los oficiales se miran entre si y luego me miran.

- Imposible, estuvimos con los dueños hace apenas unas horas, entendieron la situación y se fueron en su coche - los oficiales me miran, él que no me está hablando no puede disimular su sonrisa.

Digo los nombres de mis padres, sus fechas de nacimiento y los describo lo mejor que puedo, les comento su horario de trabajo y como ellos suelen venir a comer cuando yo aún estoy en el instituto, prácticamente no nos vemos.

El oficial toma las notas que tiene, aunque no confirma toda la información conoce lo suficiente para saber que no estoy mintiendo.

- Jaja - el otro oficial se ríe. - Tus padres te abandonaron porque embargaron la casa, es la cosa más ridícula que he escuchado.

- ¿Tío que coño te pasa? - el oficial que me habla le empuja el pecho. - Esto no es gracioso, vete a mirar la casa y no molestes aquí.

- ¿Se han llevado todo? - pregunto.

- La casa está prácticamente vacía, si... - a esa afirmación le sigue un silencio incómodo. - ¿Cuántos años tienes?

- 18.

- Ufff - ambos pensamos lo mismo. - Aún los puedes denunciar por negligencia paternal.

- ¿Me va a pagar usted al abogado y los gastos del juicio? - el poco buen humor que tenía, que no era mucho, se esfuma como una gota en el desierto. - ¿Creé usted que si quiera voy a poder encontrar a mis padres? ¿Tan si quiera creé que voy a tener dinero para sobrevivir hasta entonces? - si, estoy exagerando.

El hombre me mira, trata de disimular una sonrisa pero ninguno de los dos tiene ganas de fingir que esto se podrá solucionar.

- espera toma - el oficial echa mano a su cartera y me da un billete de cincuenta. - Di que tienes 17 y pásate por el refugio para gente sin techo de las afueras, te atenderán bien.

"Que haya desgracias más grandes no quiere decir que la mía no importa".

Esta noche no duermo, pero lloro más de lo que he llorado en mi vida hasta que un adicto al crack con el que comparto habitación me tira un zapato y me dice que me calle.

Capítulo 9: ¿Cómo mueren las ballenas?

"Que haya desgracias más grandes no quiere decir que la mía no importa".

Trato de fingir que me lo creo.

Puedes desarrollar cáncer de pulmón por ser fumador pasivo. Una vez conocí a un camarero que desarrolló cancer de pulmón sin haber fumado en su vida, simplemente pasaba demasiado tiempo trabajando en un bar donde se permitía fumar y diez años después... Pues eso. Que bien dormí esa noche.

Mi padre decía que cuando trabajes de prácticas siempre debes dar un 50%, si trabajas cobrando da un 75% y si empiezan a despedir gente da un 100%. Pero nunca me dijo que hacer si era el quién se despedía de mi junto a mi madre, mi ropa y el único lugar donde dormía.

Voy de camino a al instituto, no hay otro lugar donde pueda ir, ¿Se habrá echo ya popular la noticia del embargo de mi casa?

- Buenos días - dice MC.

- Ey - respondo, cabizbaja sin ganas de fingir.

- Me enteré de lo de tus padres y la casa - me dice y se pausa ahí.

- No te preocupes - levanto la cabeza y sonrio. - Mis padres no me abandonaron, me han dejado aquí porque ya tengo 18 y soy responsable, tengo que acabar mis estudios con mis buenos amigos, mira - saco del bolsillo de mi falda el billete de cincuenta que me dio el oficial. - Me mandan dinero y nos mantenemos en contacto.

- ¿Y donde duermes? - pregunta MC.

- En un albergue a las afueras, pilla un poco lejos pero no es nada que no se pueda solucionar con una buena actitud - pongo mi espalda recta y la sonrisa más convincente que soy capaz de mostrar.

- Entiendo - dice él, su tono menos preocupado. - Solo quería decirte que si algún día necesitas dormir en mi casa o algo, ya sabes dónde estoy.

- Pero tú no tienes cuarto de invitados - frunzo un poco el ceño y lo miro a los ojos. - ¿Quieres que duerma contigo? 

- Qué... No no, yo... - le descubro sonrojándose. - Yo dormiría en el sofá o algo así.

Eso sirve para hacer que cambie de tema, lo último que necesito es la ayuda de MC, ese sería el escalón más bajo que estoy dispuesta a pisar.

Siempre pon un cartón entre tú y el suelo a la hora de dormir, tiene que ser un material medianamente duro que absorba el frío. Sobre todo trata de proteger la garganta, el pecho y los lumbares.

Estoy sentada en las escaleras de la entrada, todos se han ido y yo debería ir al club de atletismo, pero hoy no me apetece sudar, hoy no me apetece nada.

- ¿Sabes cómo mueren las ballenas azules? - me dice Monika mientras me sorprendo y giro para verla. - Las ballenas azules no tienen un depredador natural, normalmente mueren de viejas, cuando no tienen fuerza para subir a la superficie y respirar, su propio peso las arrastra hasta las profundidades del océano y allí se mueren ahogadas. Así que las pobres ballenas azules que no mueran varadas en la playa o por la pesca ilegal, están condenadas a hundirse en las profundidades abisales.

Pestañeo dos veces para asegurarme de que no se está quedando conmigo y ella sonríe.

- Es metafórico - me dice y se inclina en un ángulo perfecto de 75 grados. - Si sigues respirando es que todavía no has tocado fondo.

- Hoy no estoy para metáforas - le digo, ella me empuja suavemente con sus caderas y se sienta a mi lado. - ¿Querías algo?

- Tal vez pasar el rato contigo, a veces creo que tú y yo somos las únicas personas reales aquí. - Monika me mira fijamente, yo arqueo una ceja. - Toma, te traje esto. - Monika me da una botella de plástico que llevaba en la mano, la misma está rellena de jugo de manzana, es una de estas bebidas frías que dan las máquinas expendedoras del instituto, aunque ya estamos a principios de octubre y se empieza a notar el frio, algo dentro de mi agradece su buena voluntad y me quedo mirando la botella un rato.

- Si no la quieres me lo quedo.

- Oh no, dámelo, no he tomado nada en todo el día - Monika me lo pasa, dejo que el frío se traspase un poco a las yemas de mis dedos, no siento nada.

- ¿Y como es eso? - me pregunta. - Lo de que no has tomado nada en el día, ¿Tus padres no te han dado dinero para el almuerzo?

Abro mucho los ojos y la miro, casi quiero soltar una escusa pero siento que Monika no se la va a creer, casi siento que tratar de engañarla sería como engañarme a mi misma, aunque me crea no lograría nada.

- Mis padres ya no me van a apoyar en nada, me han abandonado. Ayer cuando regresé a casa solo me encontré con un lugar embargado, un policía que se rió de mí y otro que me ofreció un billete de cincuenta.

- Gástalo en comida, agua y compresas - me interrumpe Monika. 

- ¿Qué? - le digo con las ideas algo descuadradas.

- Es lo más importante, si alguna vez el mundo se acabara por un apocalipsis zoombie o algo similar, yo tengo claro que los recursos más importantes son, comida, agua y compresas. - Monika me sonríe otra vez, pero que sonrisa más tranquilizadora tiene esta muchacha, casi parece diseñada a detalle para tranquilizarme.

Después empezamos a hablar de cosas sin mucho sentido, Monika me habla de los videojuegos que ha aprendido a piratear, menciona que ya le esta tomando el ritmo al Smash Bros Melee y luego se cuestiona porque está cambiando de tema tan rápido, pero yo la digo que no pasa nada, hablo de los juegos que jugué yo en la DS que tenía hasta que un día me desapareció el cargador y luego mis padres nunca tuvieron tiempo ni para buscarlo ni para comprar otro.

Son las 19:30, le digo a Monika que tengo que irme al "refugio para gente sin hogar" pero ella solo me mira con ese verde infinito.

- Pídemelo - dice.

- ¿Disculpa? - digo.

- Pídeme que te deje dormir en mi casa - me dice ella.

- Pero Monika, yo apenas te conozco - digo y ella se lleva una mano a la boca para tapar una risita.

- Por favor, solo te estoy ofreciendo un lugar donde dormir, no te estoy pidiendo matrimonio.

Pienso detenidamente en la opción de seguir negándome, pero yo realmente no quiero volver a dormir rodeada de gente sin techo, por una vez, solo por una vez, voy a confiar en alguien más.

Capítulo 10: sentidos.

El cerebro es una máquina construida para sobrevivir, si tratas de contener la respiración hasta morir te causará un desmayo y luego se pondrá en piloto automático para respirar sin tu permiso.

Monika se quita su lazo de la coleta y me lo da, es una suave cinta de seda blanca.

- Póntelo en los ojos - me dice. - Si quieres ir a donde vivo, te exijo plena fe ciega en mí.

Así que esas son mis dos opciones, taparme los ojos o dormir junto a otro adicto al crack. Me ajusto bien la cinta a la cara y dejo que Monika tome mi mano y me guíe.

Cuanto menos tenga el cerebro, más se esforzará por mantenerse estable, en dicho caso imagina de lo que sería capaz un cerebro en un frasco en mitad del espacio, una superconciencia que buscando su estabilidad se convence a si mismo de que toda la realidad existe.

¿Qué pruebas tienes de que no eres la simulación de un cerebro perdido en el espacio?

- ¡Tachán! - dice Monika mientras me quita la venda de los ojos y me deja ver el lugar.

- Monika - digo, pensando muy bien mis palabras. - ¿Qué estamos haciendo en el aula del club de literatura?

- Pues este es mi hogar - me dice mientras levanta la mano y extiende el dedo meñique, como una azafata que te presenta el menú. - Hay un par de reglas, el piano solo se puede tocar de seis a siete de la tarde, a cualquier otra hora puede llamar la atención. No toques el armario, dentro guardo mis uniformes, mi ropa interior y demás cosas que me pertenecen. No puedes dormir encima del piano, puedes partir la tapa con tu peso y...

- Monika - la interrumpo. - ¿No lo dices enserio verdad?

- Completamente, no es que estés gorda, es solo que la tapa no soporta más de treinta kilos.

- Monika - le grito. - No podemos dormir en el aula de literatura, es propiedad del instituto, además aquí hay cámaras y estoy segura que... 

Monika simplemente me ignora y se dirige al portátil que hay sobre el piano. Dejo de hablar para mirarla y ella simplemente se sienta en el pupitre que hay en medio de la habitación.

- Acércate, mira - me dice mientras hace un ademán con la mano.

Miro la pantalla de su portátil, se ven los pasillos del instituto, los lugares que muestran son exactamente los mismos que donde están las cámaras, al menos las que yo conozco.

- Me conecté el primer día que llegué, también he insonorizado algunas - dice Monika mientras baja con el ratón por la pantalla para mostrar todas las cámaras y sus puntos ciegos. - tal y como ves, apartir de las 18:00 solo muestran pasillos vacíos, nunca nos encontrarán.

- ¿Tú eres informática? - pregunto tratando de disimular mi sorpresa.

- Es más una cuestión de hackeo, si te sabes los códigos, los cortafuegos y tienes un enlace directo con la fuente de wifi... Pues eso.

- Entonces nadie puede oírnos, ni vernos.

- Mediante el uso de las cámaras no.

- Increíble.

Desvío mi mirada hacia el reloj del ordenador, ya es tarde pero como es costumbre no tengo sueño.

- La verdad es que esto no me termina de convencer - comento con toda la seguridad que puedo encontrar en mi. - ¿Qué diremos si un profesor nos encuentra aquí? 

- ¿Y que dirás el curso que viene si tienes que pagar algo y tus padres no están? ¿Qué dirás si la institución se entera que estás viviendo sola en un refugio para gente sin techo? - Monika da un golpe con sus dos palmas sobre la mesa. - ¿Aún no lo entiendes verdad? Deja de plantear tu vida, no tienes que seguir el guion todo el rato, solo destroza el mapa y diviértete - hay un silencio incómodo, no se que responder. - Ahora vamos a dormir, tenemos que despertarnos a las seis porque a las siete abren y tienen que vernos entrar por la puerta para no levantar sospechas.

En estos momentos, realmente me gustaría ser un cerebro en el espacio.

Estoy tumbada en el suelo de la sala de música sobre un cuadro de goma espuma que Monika no me ha querido decir de dónde sacó, solo se que lo desdobló de su armario. No puedo dormir, me giro un poco y me encuentro el rostro de Monika a centímetros de mi cara.

- ¿Te he dicho alguna vez que tienes unos ojos muy bonitos? - me dice.

- Suficiente - yergo mi espalda y me levanto casi de un salto, Émili estaría orgullosa de mi excelente condición física pese a llevar todo el día sin comer. - Esto no es para mí, no funcionará, además tengo insomnio.

- Creo que ya se cuál es el problema - Monika se pone de pie, separada poco más de un metro de mí. - Todavía no me he ganado tu confianza.

- No Monika, no es eso - en parte si es eso. - Lo que pasa es que esto son sensaciones demasiado nuevas.

- Pégame un puñetazo - dice sin vacilaciones.

- ¿Cómo?

- Como tú quieras, adelante, sorpréndeme.

- Monika, no voy a darte un puñetazo.

- Hazlo, solo las personas en las que más confías serían capaces de pedirte algo así.

Ya me importa poco su confianza, trato de hacerla cambiar de parecer, pero me dice que también es algo que la interesa, que sería aburrido crecer sin cicatrices, que nunca ha tenido una pelea igualada y creo que cita alguna frase estoica. Ese es el detonante, en cierto modo yo también quiero pegarle un puñetazo, esa constante necesidad de hacer metáforas, esa forma de hablar casi poética.

Suelto aire en un suspiro.

Cierro mi puño dejando el pulgar fuera para evitar lesiones.

Trato de lanzar lo que pienso que más se parece a un gancho de boxeo desde arriba, pero mi puño describe una extraña parábola y mis nudillos se incrustan en el cuello de Monika lo que la hace retroceder con una fuerte tos.

- Demonios, por poco me dislocas el cuello, ¿Qué rayos fue eso? - dice con el ceño muy fruncido y los brazos bajados.

- Perdón, es que jamás he estado en una pelea, ese no vale volveré a intentarlo.

- ¿Qué volverás a qué? - casi a la velocidad de un parpadeo, Monika ya está frente a mi y su puño se hunde en mi estómago, lo que me hace retroceder aguantando una arcada.

- Serás hija de... - presa de una adrenalina que no comprendo lanzo otro intento de gancho, pero Monika lo bloquea con el brazo y me da un puño en el hombro que me empuja hacia atrás pero antes de caer le incrusto el talón en mitad del pecho y también la tiro.

- ¿Dónde has ganado tanta fuerza en las piernas? - me pregunta.

- Entrenando, ¿Y tú dónde has ganado tanta fuerza en los puños?

- Jajaja no me lo vas a creer - dice mientras se parte de risa. - Entrenando.

Me empiezo a reír con ella y las penas se van cuando llegan los dolores. Acompaño a Monika por el pasillo a oscuras, vamos por unos refrescos fríos de la máquina. Por suerte Monika paga, la máquina dichosa no tiene cambio para billetes y tampoco me apetece gastar mi reserva de cincuenta.

Miro a Monika mientras me paso un bote medianamente frío en la zona poco morada del estómago.

- Esto tenemos que repetirlo, ha sido corto pero me siento bien - digo.

- La próxima vez usaremos guantes y te enseñaré un par de cosas. - me dice. - El dolor sienta bien, pero tampoco estamos para dejarnos sangrando.

Esa noche dormí bastante mejor de lo que estoy dispuesta a reconocer.

"Hay desgracias mayores, cuantos quisieran tener mi dolor".

Capítulo 11: las reglas.

Después del primer día Monika y yo estuvimos mejorando nuestra técnica. Resulta que el suelo acolchado donde dormía era una lona para entrenar boxeo y Monika también tenía dos pares de guantes que había comprado por internet.

Tuve que hacer la inevitable pregunta, "¿De donde sacas el dinero Monika?". Respuesta corta, Monika sabe hackear cajeros automáticos, domina los horarios de todos los cajeros de la zona, sabe donde y cuando ir para conseguir dinero.

Nuestra rutina consistía en levantarse a las seis de la mañana, salir a correr hasta las siete y luego una hora de descanso hasta que empezaran las clases. Solemos pasar la hora de descanso en la biblioteca. Me he viciado a unas novelas de una escritora independiente que se auto-publica, se llama "la depresión de Sayori" y cuenta en primera persona como las emociones y cuerpo de Sayori reaccionan a cada situación. Algo dentro de mi se identifica con ella.

Soy la inseguridad de Sayori cuando no puedo cumplir sus promesas.

Soy las manos de Sayori en lazando las partes de una soga mientras piensa "hoy no, tal vez mañana".

He perdido la noción del tiempo, pero hoy veo a MC dirigirse al club de repostería, supongo que ya será noviembre.

Me aseguro de que nadie me vea y me dirijo hacia el aula del club de literatura. Allí Monika me espera practicando boxeo de sombras.

- Llegas tarde al té - me dice.

- Estaba tratando de pasar desapercibida - respondo.

Ella se decepciona un poco y niega con la cabeza - Aún no aprendes, te sigue importando la opinión de los demás. - Monika pone uno de sus brazos en jarras y su ya mítico dedo índice acusador. - En fin, hoy he pensado que dado que golpeas como un chimpancé con párkinson, sin intención de ofender a los chimpancés - dice y no puedo evitar fruncir un poco el ceño. - Lo mejor será practicar kick boxing y mejorar tu juego de piernas.

- Bueno, ya que... - digo mientras me desplazo por el lugar, tomo los guantes y me los ajusto.

- Un momento - Monika entonces comienza a mirar en varias direcciones. - ¿Dónde he dejado mi ordenador?

Empiezo a mirar con ella pero la habitación no es muy grande y es evidente que ahí no está.

- Creo que lo dejé en la sala de informática, dame cinco minutos y vuelvo - Monika deja el lugar medio tranquila medio corriendo.

Soy la decepción de Sayori que sabe que los demás saben que no importa.

"Ay va claro, puede que esté aquí" digo mientras me acerco al armario de Monika. Me detengo a segundos de tocar la puerta "Monika me dijo que no lo abriera".

La puerta se abre.

- Estaba ahí tu portátil - digo a quien creó que es Monika, pero no lo es.

La cara que me recibe en el alféizar de la puerta es la de Natsuki. Aunque al principio me recibió el pasillo porque miré demasiado arriba y ella mide como un metro sesenta, pero su pelo rosa es inconfundible.

- ¿Se puede saber que estás haciendo? - me dice mientras me analiza, prestando especial atención a mis guantes.

- Se supone que kick boxing - digo, estoy empezando a sonar como Monika.

- No tonta - dice ella bastante enfadada (nunca la ha gustado el sarcasmo). - Me refiero a que estás haciendo aquí, te he estado buscando, últimamente has faltado mucho al club de repostería.

- Sabes que no voy a ese club todas las semanas - le digo tratando de calmarla.

- Tampoco vas a los otros, MC me ha dicho que ya no te ve, ni siquiera tomas tu camino de siempre para venir a clases.

"Ese maldito chivato" pienso y luego me sorprendo de golpe.

- ¿Te ha dicho él que estoy aquí? - elevo mi tono más de lo deseado, además me acerco bruscamente.

- No no - Natsuki retrocede un poco acongojada, pero luego retoma rápido la compostura. - Me dijo que te vio dirigirte hacia algún lugar por este pasillo y este es el único aula que he visto abierta.

- A bueno - me desabrocho un poco los guantes, no los necesito para hablar con Natsuki. - ¿Y de que querías hablar?

Mi tranquilidad la resulta anómala, lo noto en su cara, pero también la veo un poco más cabizbaja a la hora de tomar aire y buscar las palabras. La veo mirar hacia bajo y a la altura de su rodilla noto un cardenal.

- Tu padre supongo - le digo mientras lo miro.

- Si - dice y solloza un poco. - Encontró mi colección de mangas y me regañó por supuestamente, gastar mi dinero en propaganda china. Le dije que era japonés y me empezó a tirar los volúmenes de portada dura, uno me dio en la pierna.

Me pongo de cuclillas y la reviso la zona dañada, no se diferencia mucho al morado que Monika me dejó en el hombro en nuestro primer combate.

- Va, no es para tanto, se curará en dos días - aplaudo aún con los guantes puestos. - Pues si eso era todo, ya te puedes ir.

Natsuki me devuelve la mirada sorprendida, en el lagrimal de sus ojos abiertos como platos empiezo a ver formarse un par de gotas. Su pena se transforma en rabia, cruza los brazos, aprieta los dientes y frunce el entrecejo.

- ¿Eso es todo? - dice en un grito que podría despertar a un oso. - ¿Para eso te cuento mis penas?

Soy el lagrimal de Sayori, furioso y mojado porque nadie me entiende.

- Natsuki no soy tu terapia personal - le digo, y enseguida comprendo la situación, yo dependía tanto de ella como ella de mí, supongo que no era tan mala persona. - Si tanto quieres consuelo díselo a tu querido MC - no debí decir eso, pero algo dentro de mi me está impulsando a decir todo lo que pienso.

- ¿Qué tiene que ver él en esto? - Natsuki alza los brazos por el estrés y los baja con los puños cerrados, eso no disimula ni un poquito que se está sonrojando.

- Me dejaste por él, babeando y deseosa de su atención, cielos Natsuki, parecía que era el primer hombre que veías en tu vida.

Entre tanto griterío no me doy cuenta de que Monika ya ha entrado en la sala y tiene los guantes puestos. Mi mirada deja de ver la rabieta de Natsuki y la mira a ella.

Natsuki ve que no la estoy prestando atención, entonces se gira para encontrarse el puño acolchado de Monika chocando contra su frente.

- ¡Ay! - Natsuki chilló como el silbido de un hámster. - ¿Qué estás haciendo?

- Te voy a ayudar a tocar fondo - dijo Monika mientras le daba otro golpe en la cara.

- Para - grita Natsuki intentando dar un empujón que Monika evade para darle otro guantazo.

- ¿Tan poco aguantas? - dice Monika algo decepcionada, sus labios en una fina línea. - Estos son guantes para practicar con prescolares. - de otro gancho Monika le hace girar la cabeza junto al resto del cuerpo.

- Dame eso - dice Natsuki impulsiva y prácticamente me arranca los guantes de las manos.

Natsuki empieza a lanzar golpes sin ton ni son, pero Monika se deja golpear por la mayoría.

Uno de los principales métodos de entrenamiento de Mohamed Alí consistía en dejar que su sparring le golpeara con todas sus fuerzas mientras él estaba contra las cuerdas para redirigir la fuerza del impacto.

Los niveles de Monika y Natsuki no estaban en la misma liga, ni siquiera estaban en el mismo código postal, pero aún así Natsuki parecía divertirse mientras Monika aguantaba estoicamente todos los golpes en el estómago, cuello o cara. 

- ¿Lo entiendes ya? - dijo recibiendo un golpe en las costillas. - Solo estamos tú y yo en este baile, no importa la opinión del mundo, tus problemas o el resto de objetivos. Cuando esto acabe no se habrá solucionado nada, mínimo hagamos que merezca la pena.

El combate duró hasta que Monika quiso, cuando lo consideró tumbó a Natsuki de un golpe sordo.

- ¿Te sientes mejor? - preguntó Monika a una Natsuki que estaba panza arriba.

- Eso creo - dijo. 

Monika se quitó los guantes y la ofreció una mano para levantarla. Natsuki se puso en pie y se sacudió el polvo de la falda, aunque prácticamente no tenía.

- Eso no ha estado mal del todo - dijo tratando de ocultar la sonrisa.

- Si quieres puedes traerte tus mangas y guardarlos aquí - le dijo Monika. - después de todo esto es un club de literatura.

- ¿Eso no molestará a los profesores? - preguntó.

- ¿A quien le importa? - Respondió Monika.

Al final Natsuki se retiró y volvió al club de repostería, yo tomé los guantes que se había quitado. - Vale, me toca. - dije, pero Monika me dio una negativa.

- Creo que por este día he tenido suficiente con este combate, dejarse moler a palos es agotador - dice.

- ¿Estás de broma no? - le digo. - Tú y yo hemos llegado hasta los veinte asaltos en una tarde.

- Corrección, yo te he apalizado durante veinte asaltos, no es lo mismo que dejarse golpear y más sabiendo que ella no domina de estas cosas - Monika me mira con una sonrisa burlona. - Ahí, hoy no me apetece cariño, me duele la cabeza - como ve que no me río me dice - ¿No estarás celosa?

- Claro que lo estoy, este es mi remedio para dormir bien y Natsuki me lo ha quitado.

- Que egoísta de tu parte pensar así, deberías alégrarte por ella, pensaba que erais amigas - Monika me mira con ojos acusativos. - Ahora deberías apartarte, el portátil no estaba en la sala de informática, supongo que estará en mi armario y SOLO YO puedo abrirlo.

Soy el puño de Sayori sacándole los dientes a un drogadicto.

Soy los pulgares de Sayori aplastándole la nuez de Adán.

Soy las manos de Sayori levantando con una polea un cuerpo muerto y dejándolo colgado del cuello en un callejón donde se que tardarán en encontrarlo.

Capítulo 12: tus muertos.

Pues no dormí mal, de hecho últimamente no he tenido problemas para conciliar el sueño.

Nunca te bañes en duchas públicas sin calzado, hacerlo es la forma más sencilla de conseguir hongos.

Monika y yo nos bañamos en las duchas del gimnasio, aunque sería más práctico decir que yo me ducho primero y luego se ducha Monika, soy muy pudorosa para esas cosas y no quiero que me vea desnuda ni cambiandome de ropa, a cambio yo nunca hago preguntas a Monika sobre el hecho de que nunca la he visto con otra ropa que no sea el uniforme escolar. Me avergüenza un poco decir que he tenido que pedirle dinero para comprar otra ropa pero ella no viene a comprar conmigo.

Soy los pulmones de Sayori repudiando el humo del tabaco.

Monika y yo regresamos juntas al club de literatura, estamos hablando de cómo empezar con el kick boxing. Hay un giro de 180 grados cuando en la entrada encontramos a Natsuki y Emili, deduzco que esperándonos.

- Tal como te lo cuento, la estaba dando una paliza pero ella aguantó muy bien - Natsuki termina su relato de golpe cuando nos ve llegar.

- Hola - dice Émili con una sonrisa.

- ¿Qué haces aquí? - respondo más bruscamente de lo que debía.

- Le pregunté a MC por ti, me dijo que Natsuki sabía y aquí estamos - Émili no pierde la sonrisa mientras habla. - Tenía miedo de que hubieras dejado tu entrenamiento o algo, pero Natsuki ya me ha contado que estás en forma practicando otros deportes.

Miro a Émili por encima del hombro para ver a Natsuki que lleva tres volúmenes de mangas en las manos entre cruzadas.

- Pues si, estoy bien, gracias por preocuparte - .

Monika se abre paso y abre la puerta, paso yo y Natsuki me sigue, Émili también quiere pasar pero la detengo con una mirada.

- ¿Querías algo más? - pregunto.

- ¿Qué vais a practicar hoy?

- Kick boxing, espero.

- ¿Podría unirme a vosotras? - dice, aprieta los puños, se inclina un poco y se emociona.

- No - le digo secamente y su rostro se rompe.

- ¿Pero porque? 

- Émili, tus piernas son de hierro.

Émili mira sus piernas y de repente es consciente de su condición.

- Podría practicar boxeo conmigo - dice Natsuki desde mi espalda.

Giro mi cabeza extrañada para ver a Natsuki algo sonrojada.

- Me encantaría - dice Émili.

Me giro para mirar a Monika, pero ella se encoge de hombros y me pasa dos pares de guantes, yo los reparto y enseño a Émili como debe amarrarselos, entonces miro a Natsuki y caigo en la cuenta.

- Un momento, ¿Cómo es que sabes ajustarte unos guantes de boxeo? - pregunto.

- He leído mangas de deporte - responde sin mayor importancia, como si eso explicara todo.

Cuando empiezan a pelear Natsuki está muy confiada, seguramente piensa que tendrá ventaja porque ayer le acertó bastantes golpes a Monika, pero sus reflejos son malos y por cada golpe que acierta Émili le da dos. Émili en cambio se mantiene quieta en el epicentro, ella no se va a cansar por estar depie en un sitio.

Natsuki trata de girar en torno a Émili pero ella no necesita avanzar, da giros rápidos mientras evade los golpes a la cabeza y los devuelve con fuerza hacia los riñones de Natsuki.

Émili es atleta, está acostumbrada al desgaste físico, sabe cuáles son las partes más sensibles luego de mucho esfuerzo y aunque no a practicado boxeo, conoce bien la anatomía.

En la mirada de Émili se ve como desde niña ha observado radiografías donde la explicaban cuales eran sus zonas más sensibles luego del accidente, donde debe y no debe aplicar peso. Informes enteros que su madre la leía para que supiera cuales eran sus peores contracturas.

Natsuki en cambio no ha tenido una pelea en su vida, no sabe cómo golpear y lo poco que conoce de violencia son sus propios moretones, sabe que parte del cuerpo la duele cuando su padre la golpea y creé erróneamente que los mangas de acción que lee la han preparado para un combate. Natsuki creé que podría levantarse con la nariz rota y sin un ojo, creé que sería capaz de golpear con tal fuerza que podría romper unas costillas y si la hubieras preguntado antes del combate, hubiera dicho que sería capaz de aguantar hasta quince asaltos.

Natsuki lucha contra las ganas de golpear a su padre y Émili lucha contra los traumas del accidente que se llevó a su padre.

"Cuando esto acabe tus problemas no se habrán solucionado, mínimo hagamos que este momento merezca la pena".

Con tres palmadas de mi parte indico que termina el primer asalto.

Natsuki se lleva las manos a las rodillas y deja descansar su peso inclinada. Émili empieza a hacer estiramientos para despertar sus músculos y distribuir el dolor. Esto es malo, Natsuki está interpretando que Émili se burla de ella, su sonrisa triunfante no ayuda, parece haber un mensaje implícito; "no me sirves ni como calentamiento".

Segundo asalto.

Ahora Natsuki guarda las distancias, demasiado, los puños de Émili no la alcanzan y la está obligando a moverse. Las prótesis de Émili no son unas piernas que pueden flexionarse, son más bien unos hierros casi doblados que mantienen su cuerpo erguido, ahora que es ella quien se ve forzada a moverse las cosas le están saliendo peor.

Natsuki analiza cada paso y bloquea los golpes mientras los devuelve con fuerza, lanza golpes casi por debajo de la cintura, se está concentrando en moler a golpes los músculos conectados a los muñones que Émili tiene por piernas para que el peso adicional del hierro entorpezca sus movimientos.

"Es increíble" es todo lo que puedo pensar.

Cuando Émili trata de dar un mal logrado gancho derecho, Natsuki gira entre sus brazos casi como una bailarina en el lago de los cisnes. Dentro de su rango Émili quiere asestar un gancho izquierdo, pero Natsuki que es más bajita que la estatura media, puede agacharse y escabullirse. Entonces llega el momento, Natsuki conecta un uppercut que parece hasta ensayado, directo a la mandíbula de Émili, esto provoca que su peso recaiga en su espalda, sin tener un buen punto de apoyo, Émili cae de culo contra el suelo.

Fin del segundo asalto.

Las separo y les digo que cada una valla a una esquina del falso cuadrilátero, Natsuki está hiperventilando, ahora sí se siente como la protagonista de su propio anime, la típica que gana el último asalto cuando todo está en su contra porque recuerda el poder de la amistad. Émili esta furiosa, se masajea la mandíbula aún con los guantes puestos. Ella ha sido la primera en darse cuenta de la debilidad que supone su falta de movimiento y ya no puede hacer de su desesperación virtud.

Tercer asalto. 

Natsuki vuelve a tratar de poner distancia, pero esta vez Émili lo ve venir, se adelanta con una zancada y su prótesis metálica aplasta el pulgar de Natsuki. En lo que ella tarda en abrir la boca para gritar Émili le introduce el guante en los morros y la tira de espaldas. La cara de Émili se convierte en una sonrisa triunfante mientras Natsuki cae contra el suelo.

Natsuki se levanta a medias, su cuerpo acostado pero ella con los brazos rígidos como a media flexión.

- ¡Me cago en tu padre muerto! - dice en un grito ensordecedor. - Pisar es hacer trampa, Robocop.

Natsuki ha dicho exactamente lo que quería decir, ella tiene una lengua más afilada que un sable seguramente herencia de su padre. La expresión de Émili se ensombrece y echa su puño atrás. Atrapo la muñeca de Émili a medio centímetro de la nariz de Natsuki y las separo.

- ¿Qué crees que estás haciendo? - le digo a Émili mientras la señalo con un índice acusador.

- Se ha burlado de mi padre - me dice muy enfadada.

- ¿Y golpearla a traición va ha hacer que reviva? - No se muy bien que estoy diciendo.

- ¿Perdona?

- Me has oído perfectamente Émili, tu padre está muerto y va siendo hora de que lo asimiles, sigues llorando y dependiendo de lo que los otros dicen, ¿Crees que tu padre se sentiría orgulloso de verte emocionalmente dependiente de lo que digan los demás? - Émili se queda quieta, me mira con los ojos entrecerrados, no sabe si la estoy atacando o tratando de ayudarla.

Giro mi cabeza para ver a Monika de brazos cruzados y asintiendo con la cabeza.

- Y tú - ahora miro directamente a Natsuki. - Que tu padre te insulte y te menosprecie por tus defectos no te da derecho a meterte con la gente y mucho menos con su familia.

Natsuki también se ofende, su ceño se frunce furioso, su boca está apunto de rugir con más fuerza que los dragones de los cuentos fantásticos. Emili también está a punto de reaccionar.

- Ni una palabra - me sorprendo incluso a mi misma por mi capacidad de mantener la autoridad. - Tú no tienes piernas y a ti te pega tu padre, ¿Ya va siendo hora de que lo aceptéis no? - quieren replicar, pero no las dejo. - ¿Creéis que podéis quejaros? Al final del día las dos tenéis un hogar al que regresar, yo no, mis padres me abandonaron.

De pronto mi voz se quiebra, mi garganta se resiente un poco por los gritos y me sorprendo llorando. Ellas se han quedado en silencio.

- Yo no - matizo esas palabras. - Hace semanas, cuando regresé a mi casa me recibió un lugar embargado y una pareja policial que se rió de mí, ¿Sabéis cómo dormí ese día? No pude, tuve la suerte de perder la conciencia cuando un drogadicto me golpeó con un zapato, joder. - Me seco las lagrimas con los puños pero no puedo parar de llorar. - Llevo años, años, jurándome a mi misma que pese a que hubiera gente más desgraciada mi desgracia importaba, pero no la compartía con nadie - las miro a los ojos, pero ellas desvían la vista, no saben que decir. - Yo era vuestro hombro donde llorar, pero ya no. No podemos cambiar el mundo a puñetazos, no podemos cambiar el mundo centrándonos en nuestras penas, no podemos cambiar el mundo porque nos centramos en lo que los demás dicen de nosotros, de nuestros defectos, hacemos que nuestras inseguridades escriban el guion de nuestras vidas, pero ya no sigo ningún guion, solo estoy rompiendo el mapa... Porque puedo y vasta. Mis desgracias me importan a mí, y solo mi opinión sobre ellas importa. Si no podéis entender algo así de básico, ya sabéis dónde está la puerta.

Hay silencio, dejo que se establezca y se propague. Miro a Monika y ella solo finge aplaudir sin juntar las manos mientras hace gestos de aprobación con la cabeza.

- Siento haberte pisado con mi prótesis - dice Émili.

- Lamento haberme aprovechado de tu discapacidad física para golpearte - dice Natsuki.

- También has faltado el respeto a mi padre.

- Lo sé, perdón por todo.

- También me has llamado Robocop.

- ¡He dicho que perdón por todo! - Natsuki pone una cara un poco de rabieta, pero se calma cuando me a Émili sonreír y estirar gentilmente una mano enguantada hacia ella.

- ¿Amigas? - pregunta Emili.

- Como sea - dice Natsuki. - Tenemos que tener una revancha justa - Natsuki estrecha su mano lo mejor que puede aún ambas con los guantes puestos.

Emili me mira a los ojos - ¿Eso que has dicho es cierto?

- He dicho muchas cosas, solo me estaba dejando llevar - respondo encogiéndome de hombros.

- ¿De verdad tus padres te han abandonado? - pregunta con algo de lástima.

- Si - respondo secamente.

- En mi casa sobra una cama, si quieres puedes venir.

- No te preocupes - miro a Monika que arquea una ceja. - Me las apaño bien.

Miro a Natsuki para ver si ella tiene algo que aportar.

- No te voy a invitar a mi casa - dice. - Incluso a mí me cuesta vivir ahí.

Me sorprendo a mi misma con una carcajada genuina, Émili y Natsuki se unen a mis risas, al final cambiamos de tema y media hora después las despido.

- Felicidades - dice Monika de repente y yo me asusto sin querer. - Ya estás más cerca de tocar fondo.

- Cielos, hoy si que has estado callada para tus costumbres.

- No tenía nada que decir - Monika se ajusta un guante a su mano. - Bueno que, ¿Practicamos? 

- Ahí le has dado.

El kick boxing no se me da del todo mal, pero aún así perdí ocho de los ocho asaltos que tuvimos.

"Mi desgracia me importa aunque haya desgracias más grandes".

Capítulo 13: épico.

Monika y yo estamos en la biblioteca, yo estoy repasando un par de datos sobre representar funciones en un gráfico y ella está leyendo una revista sobre ordenadores.

- ¿Crees que la pelea de ayer fue épica? - me pregunta.

- Me diste una paliza por ocho asaltos, así que diré que no - respondo.

- La nuestra no, la de Natsuki y Émili, ¿Te pareció épica? - insiste forzando más las palabras pero aún en un tono bajo.

- Para ser novatas lo hicieron muy bien.

- ¿Cuánto crees que tiene que durar una pelea para que sea épica? - Monika baja su revista de ordenadores y clava sus ojos en mí.

- No se - me encojo de hombros. - ¿Entre cinco y diez minutos? Tal vez, depende mucho del contexto, ¿Para ti cuanto dura una pelea épica?

- Lo suficiente - dice sin ningún atisbo de duda en sus palabras. - Mira si no Héctor contra Aquiles, apenas se narran dos espadazos, solo se dice que lucharon y Aquiles ganó porque Héctor salió corriendo y luego fue distraído por Atenea. Es más, mira la primera pelea que tenemos registrada, Gilgamesh contra Énkidu, un impacto que hace temblar la ciudad y luego Gilgamesh somete a la bestia.

- ¿Y a que quieres llegar con todo esto?

- Simple, hemos destruido la esencia de las peleas con la comercialización - pone su ya mítica pose con el índice. - Quince asaltos en boxeo, veinte y pico en esgrima, lo de ayer si fue una pelea en condiciones, dos combatientes luchando por un motivo y por cualquier medio, como debe ser, no le demuestran nada a nadie, no hay más valor en sus golpes del que ellas le otorgan y su pelea duró lo suficiente - Monika concluye orgullosa de si misma.

- Creo que lo estás sobre analizando - le digo.

- Fuiste tú quien dio un discurso melodramático - comenta con una sonrisa burlona.

- Eso es tu culpa - digo casi frunciendo el ceño y poniendo morros de pato. - Eres una mala influencia - ambas nos reímos hasta que la bibliotecaria nos manda callar.

Mike Tyson luchaba mejor y con más euforia cuando subía drogado al rin.

Las actividades deportivas del club de literatura se salieron de control, al parecer nadie había dicho nada, pero de un día para otro teníamos varias chicas interesadas en el boxeo amateur, así que Monika y yo empezamos a poner un par de reglas.

La primera regla del club de literatura es que no se habla de literatura.

El aula se nos quedó pequeña y empezamos a luchar en el patio.

La segunda regla del club de literatura es que no se habla del club.

Empezamos a aburrirnos de trasportar el falso suelo acolchado, así que para principios de diciembre ya estábamos luchando sobre asfalto.

La tercera regla es que las peleas duran lo suficiente.

Monika empezó a notar como la cantidad de gente no dejaba de aumentar, una vez llegamos a ser hasta veinticinco, por lo que se declaró que solo habría diez personas por sesión.

La cuarta regla del club de literatura es que solo se permite un combate por persona.

Monika siempre iba a las peleas del club, pero no siempre luchaba, era más como un árbitro imparcial, a Monika se le da bien controlar las cosas.

La quinta regla del club de literatura es que solo se permiten peleas cuerpo a cuerpo sin armas.

Todas usábamos guantes de boxeo, aunque las patadas también estaban permitidas, la mayoría no sabía luchar, así que era más sencillo solo usar los puños.

La sexta regla del club de literatura es que si es tu primer día en el club tienes que pelear.

También teníamos reglas no escritas, por ejemplo, en el club de literatura no se permiten ni hombres ni menores de diecisiete años.

Si un profesor o alumno no relacionado con el club pregunta por alguna de las luchadoras en un momento en el cual se encuentra en el club, el resto de miembros tiene la obligación de cubrirle las espaldas.

Soy el último atisbo de esperanza de Sayori.

Hoy no estoy bien, mi periodo a bajado con fuerza, mi propio cuerpo me castiga por no haber aprovechado mi etapa de fertilidad. Normalmente cuando a alguna le baja el periodo no dejamos que luche porque su cuerpo es más sensible al dolor, pero cuando llegué y vi a Yuri, se me cruzaron los cables.

Yuri, la chica linda de pelo morado, teñido con tinte tan falso como la piel lisa bajo sus mangas. Era su primer día y tenía que luchar.

Le hago una señal, seremos la primera pelea del día.

Yuri era demasiado pura para este lugar, me puedo imaginar porque tardó tanto en venir aquí;

Primero porque le tiene miedo al dolor, se conforma con cortes superficiales que casi no sangran por eso llora a lágrima viva cuando se lo echas en cara.

Segundo por que cuanto más chicas faltaban más tiempo podía pasar con MC.

Decir que Yuri me duró un segundo, sería ser generosos. Mis puños salieron con rabia y ella no tuvo como defenderse. Golpes directos al pecho, desde el estómago hasta el esternón, no había parte de su cuerpo que no fuera alcanzada por mis puños.

Habían puesto a Gilgamesh a desahogarse contra Héctor.

Quería que todas las tragedias se hicieran realidad, la gente más inocente era la que merecía más dolor.

Quería quemar troya con Eneas y Ulises dentro.

Quería que Don Quijote se rompiera la cabeza desde lo alto de un molino.

Quería que el cuerpo del principito se pudriera en el desierto, deshecho entre veneno y arena.

Quería que Sayori se colgara de una vez.

Quería... Quería ser feliz de una puta vez por todas, esto no lo estaba consiguiendo.

Yuri está tirada en el suelo, sus débiles labios entumecidos por los golpes quieren decir "me rindo" pero no puede. Me quito los guantes y los tiro cerca de ella.

- Levántate - le ordeno - levántate, aún no he acabado contigo.

El corro de ocho chicas a mi alrededor empieza a decir cosas, pero no las escucho. Mi mirada busca a Monika, ella está junto a Natsuki observando de brazos cruzados como se desarrolla la escena.

- ¡Levántate! - tomo a Yuri de un brazo y la incorporo. - ¿Qué has sentido?

Yuri está de pie, pero la tiemblan las piernas. La sigo sujetando del brazo con fuerza, se que si la suelto se caerá.

- Así funciona el dolor - la subo una manga y elevo su brazo para que todas lo vean. - Esto de aquí, no es dolor - las cicatrices de Yuri están muy cerradas, seguramente lleva un mes sin cortarse y creo saber el motivo.

Las chicas que nos rodean dan instintivamente un paso atrás, puedo entenderlo, yo también me sorprendí la primera vez que vi sus muñecas cortadas.

- Estos cortes superficiales son una vergüenza - retomo la palabra. - mira a tu alrededor, ¿Qué derecho tienes para quejarte? Aquí solo juegan ficha las que perdimos la fe en el destino, a nosotras nos ha maltratado la vida, nos maltrata nuestro propio cuerpo. Nosotras estamos rotas, todas aquí hemos tocado fondo, estamos cansadas de escuchar que todo lo que estudiamos es importante y necesario, estamos cansadas de los problemas y sobre todo estamos cansadas de la opinión de terceros. Tú no entiendes nada de eso, este no es tu lugar.

Suelto a Yuri, ella tiembla como las gelatinas y deja caer su cuerpo sobre las posaderas. Aún está atónita, aún me está mirando.

- Yo también sufro - dice.

- ¿Disculpa? - la sigo mirando a los ojos.

- He dicho - Yuri se quita los guantes con violencia - que yo también sufro.

Yuri se incorpora, ella me saca una cabeza y ahora con el ceño fruncido, no negaré que se puede sentir un aura amenazante, pero no retrocedo.

- Demuéstralo - es la única palabra que sale de mis labios.

El puño desguantado de Yuri se estampa contra mis labios, eso ha sido un buen golpe pero los he recibido peores, no me hace retroceder ni un milímetro.

- Ahora empiezas a entenderlo - es lo único que digo. - Esta pelea ya ha durado suficiente.

Me retiro del círculo en dirección a los baños, paso firme y mirada estoica, solo Monika me sigue, el resto de chicas están hablando entre ellas, seguramente no quieren seguir luchando luego de esto. Se que alguna se irá a casa a reflexionar sobre lo sucedido, se que habrá quien quiera empezar a luchar sin guantes, pero sobre todo se que hoy todas se irán a dormir con una lección aprendida.

El club de literatura solo abre de cinco a seis de la tarde, luego de eso es como si no existiera.

Me estoy lavando la boca con el agua del lavabo. Monika está detrás de mí, cruzada de brazos y apoyada en la pared. Veo su reflejo en el espejo del baño.

- ¿Por qué? - cuestiona casi sin ganas.

- Me apetecía destrozar algo hermoso, pero luego no le encontré sentido - es mi única respuesta, Monika no insiste, solo me mira con los brazos caídos y el cuerpo relajado.

"Cuantos quisieran tener mis problemas".

Yuri y Natsuki me esperan a la salida del baño, Yuri está sonrojada y juega un poco con las extensiones de su pelo entre los dedos, las miro por encima del hombro, tal como suponía todas se han ido. Son las 17:15.

- Vamos, dile lo que me has dicho - Dice Natsuki empujando suavemente la espalda de Yuri.

- Yo... - Empieza, pero gira la cabeza y se sonroja. - Siento haberte pegado un puñetazo en la boca - me dice, y su mirada se pierde en el suelo con la cabeza gacha. - Se que no encajo aquí, así que no molestaré más, me iré y...

- No te preocupes - la corto - que haya desgracias más grandes que la tuya no quiere decir que la tuya no importe - me avergüenza un poco decir el mantra en voz alta ya que creo que es ridículo, pero se que ella lo necesita oír. - Además creo que me he ganado ese puñetazo, hoy me ha bajado la regla y buscaba desahogarme con el mundo, te he retado porque sabía que no podías negarte.

Yuri asiente, no parece que me guarde rencor. - Ha sido un poco divertido - dice. - Me sorprendí cuando mi golpe ni te movió, creo que sí me hubieras atacado me hubiera orinado encima - a ese comentario le sigue una sonrisa nerviosa.

- ¿Se sintió bien golpear sin guantes? - pregunta Natsuki.

- Un poco, te desahoga - dijo Yuri.

- Es peligroso - le digo. - te puedes desgarrar los nudillos, o romper los tendones, además dejas tus muñecas más expuestas.

Natsuki mira de reojo las muñecas de Yuri tras eso y Yuri se ruboriza, se tapa mejor con sus mangas, pero solo un momento luego le da igual.

- ¿Qué es lo que te hace sufrir Yuri? - le pregunto.

- Mi madre me descubrió ayer justo cuando estaba a punto de cortarme, montó en cólera y me regañó mucho - me dice y se sonroja. - Ella me confiscó mi colección de cuchillos y me ha anotado a un psicólogo.

- ¿Coleccionabas cuchillos? - le pregunto con genuina curiosidad.

- Si - dice. - No es para cortarme ni nada, verdaderamente me gustan los cuchillos, tengo de sierra, lisos, de media luna...

Mantengo la vista en ella y pienso en lo poco que se de ella. Realmente no recuerdo que tuviera problemas con sus padres, simplemente no suelen coincidir en casa.

- Realmente es una estupidez lo que he hecho - confiesa Yuri. - Es que escuché que aquí venían a desahogarse y quise probar, pero creo que no estoy hecha para las peleas.

- Yo tampoco - le digo y me acerco para ponerle una mano en el hombro. - Deberías hacer caso a tu madre, ve a un psicólogo y si alguna vez quieres practicar búscame - me río un poco. - Nunca pensé que diría eso, pero mira después de lo de hoy seguramente el club se volverá más duro, no hay ningún problema pequeño y todos deben ser tratados pero no puedes cambiar el mundo a puñetazos y menos por algo tan simple como una colección de cuchillos.

Yuri asiente con la cabeza y se lleva las manos al pecho.

- Gracias por la lección de hoy - me dice y sonríe.

No me creo el 60% de las palabras que le dije a Yuri, pero a veces uno necesita decir lo que le hubiera gustado escuchar y no lo que realmente opina.

Capítulo 14: ¿Con quién?

Estamos a dos semanas de los exámenes finales, estamos en las mesas de la biblioteca, mientras Monika está en su portátil mirando algo, yo estoy estudiando lo mejor que puedo.

Monika solo se estudia el 75% de las asignaturas que le interesan, para las otras no hace nada hasta los días que se mandan las notas, entonces entra en los sistemas del instituto y cambia las notas para que a las juntas les salga que está aprobada donde está suspensa y al resto de gente no le importa.

"Si robas menos del 25% nadie se dará cuenta".

El club de literatura también ha cambiado, no nos hemos atrevido a luchar a puño limpio pero hemos dejado los guantes de box, ahora usamos guantes de látex parecidos a los que se usan en las M.M.A. También somos un poco más libres en el estilo de combate, ahora permitimos prácticamente todo menos mordiscos y eso no lo hacemos por pura moral porque nada en las reglas lo impide.

He visto a muchachas tumbar adversarias que pesaban 10 kilos más que ellas, las he visto levantarse luego de que les pisaran la cabeza, las narices sangrando y labios rotos están a la orden del día, pero los consejos de maquillaje para ocultar todo esto también. Por suerte para el club, las luchadoras suelen venir una vez cada tres semanas, la frecuencia no es suficiente para llamar la atención.

Más que un club somos una hermandad, hace unos días a Émili se le rompió una prótesis durante una pelea, eso no fue problema porque ella se aferró al cuello de la rival hasta dejarla fuera. Al día siguiente entre todas la compramos una prótesis nueva, mejor y si se puede decir así, con más flexibilidad.

- ¡Ey reacciona! - me dice Monika.

- e? - atino a responder.

- Estabas mirando al infinito - Monika pone los ojos en blanco. - Otra vez.

- Perdón, ya sabes que a veces se me va, ¿Qué decías?

- Si pudieras, ¿Con quién te gustaría tener una pelea? De entre todas las personas del planeta.

Pienso detenidamente mi respuesta, incluso me llevo una mano a la barbilla y pongo labios de pato para hacerme la interesante - Me gustaría pegarme con Taylor Swift, ¿Y tú con quién te pegarias?

- Con mi padre.

La respuesta me toma con la guardia baja y cambio mi postura a una más serena. Monika no suele hablar de su familia, ni de su pasado en general.

- ¿Por qué? - digo. - No tienes que contestar si no quieres - los nervios me ganan y acabo haciendo gestos con las manos, como si fuera un italiano pidiendo perdón.

- Porqué me abandonó - continua. - Dos veces además.

- Valla.

- Nunca conocí a mi madre - Monika me miró con ambos brazos bajados y cara preocupada. - Creo que era una concubina de una secta o algo, mi padre le rezaba a None.

- ¿Quién?

- ¿Sabes algo de los cultos mistéricos de Demeter? - Monika me susurra la pregunta mientras se inclina hacia mi.

- Un poco.

- En ese culto había tres diosas, Demeter, Persefone y una diosa sin nombre. En el culto que rendía mi padre la llamaban None, que es una abreviatura para "No Name" - Monika hace el efecto de comillas con los dedos. - Este culto barra secta se extendió desde Europa por Asia menor hasta Japón y de Japón llegó a América tras la ocupación en la segunda mundial.

Monika hace una pausa, mira hacia ambos lados como para asegurarse de que nadie escucha. Yo trago saliva, no entiendo el motivo pero hay tanta tensión concentrada que se podría cortar con un cuchillo.

- ¿Tú no has visto a la niña Albina de zapatos rojos, verdad? - me pregunta y yo niego con la cabeza. - A, perfecto entonces - Monika se echa para atrás en su asiento y se estira.

- ¿A que ha venido eso? - le cuestiono algo molesta.

- Dicen que es como un ángel malvado o algo y si te hablo de None después de que la hayas visto vendrá a matarte.

- ¿Y no tendrías que haberme preguntado antes enton...? 

- Shhhhh

Una onomatopeya de silencio llega hasta nosotras, es la bibliotecaria mandándonos callar. La bibliotecaria en realidad es una alumna en prácticas, también tiene 18 años como nosotras y de lo poco que he hablado con ella es bastante amigable. Ella nos da cierto grado de libertad para hablar porque normalmente somos las únicas y no molestamos a nadie pero no la gusta que gritemos, ella y su gran lazo rojo se toman muy a pecho el tema del ruido.

- Mi padre - dice Monika retomando el tema. - me cuidó hasta los quince años, luego me abandonó el día del festival escolar, simplemente jamás se presentó para recogerme.

- ¿Y que hiciste? 

- Acepté el desafío - dice con su ya mítico dedo. - Desde que tenía diez me enseñó sobre programación, claramente quería saber si con mi conocimiento podría valerme por mi misma.

Monika me mira alzando una ceja como si esperase que yo terminara de sacar conclusiones.

- Estableció un guion para tu vida - susurro.

- Correcto - se cruza de hombros y asiente. - Dependía enteramente de su valoración para saber si sería capaz de sobrevivir y lo hice, estuve tres años viviendo en ese instituto sin que nadie lo notara. Entonces regreso, nos cambiamos de ciudad, estuve en otro instituto el año pasado y esta vez me escapé yo, así que estoy sola otra vez.

- Un momento, un momento -  le digo. - ¿Regresó y tú hiciste las paces con él después de tres años sin verlo?

- Pues si, ¿Qué querías que hiciera? ¿Seguir viviendo sola en un instituto?

Quería decirla que ese era básicamente su destino ahora, pero no me atreví. - Tienes una vida que da para un libro - es todo lo que me atrevo a comentar. - Deberías escribir sobre ella.

- Ya se está haciendo - me dice.

Los ojos de Monika me miran como lo hicieron la primera vez en el aula de Literatura, esa mirada casi mística que parece mirar tu alma a través de las dimensiones.

La primera regla del club de literatura es que no se habla de literatura.

He aprobado todos mis exámenes menos latín, aunque creo que la profesora de latín me tiene manía. Literalmente me suspendió un trabajo porque "estaba muy bien redactado y no parecía mío". Hoy necesito desahogarme.

La segunda regla del club de literatura es que no se habla del club.

Rumina, es argentina, tiene 19 años recién cumplidos, mide un metro ochenta y pesa 50 kilos. Las personas de su calaña luchan sin guantes y predominan en el combate a puñetazos, raramente las verás haciendo una finta o una patada alta, pero son buenas atacando las costillas y la mandíbula.

Desde que gané a Yuri con tanta facilidad me he ganado el sobre nombre de "la imbatible" y ya son varias las que quieren poner eso a prueba. Rumina es especialmente peligrosa porque su novio practica boxeo y ella sabe perfectamente lo que hace.

Rumina empieza con un cross, un golpe con la izquierda en ángulo cruzado que evado sin ningún problema. Lanza otro golpe a la altura de la cabeza y lo evado desplazándome hacia atrás.

Se debe evitar en todo momento agacharse para esquivar, eso te deja expuesta a un golpe de rodilla.

Estoy retrocediendo, necesito que se confíe, que piense que estoy huyendo de ella. Las personas confiadas dejan aperturas en su defensa, pero Rumina no es así, ella adelanta el cuerpo, se protege con los brazos y mantiene sus pies lo más atrás posible para evitar patadas o que la tire de un agarre.

Un boxeador de pesos pesados puede pesar 110 kilos, golpear a 32 kilómetros por hora y levantar a un hombre adulto ocho milímetros del suelo de un golpe.

Tocará improvisar, desgasto mis nudillos en sus brazos mientras esquivo lo mejor que puedo, Rumina trata de asestar un golpe cruzado hacia mi mejilla pero bloqueo su codo con mi codo obligándola a levantar el brazo. Lanzo un fulminante golpe debajo de su axila y la obligo a retroceder mientras sostiene un brazo que tiembla.

Los nervios axiliares son los más sensibles del cuerpo, un corte profundo puede causar la pérdida total de movilidad del brazo.

Giro tras ella en dos zancadas, Rumina depende totalmente de sus golpes, si la obligo a girar... No hay tiempo, Rumina cambia el total de mis perspectivas con una patada lanzada hacia atrás a la altura de mi páncreas, casi parece la coz de una yegua raviosa. Desconcentrada y aturdida dejo que arrastre mi cuerpo a base de puñetazos a la cabeza hasta que me pone frente al muro de las pistas de atletismo. Un golpe certero empuja mi cráneo y hace que rebote contra la pared, causando una herida a la altura de mi ceja que me trae de vuelta a la realidad. Rumina quiere acabar esto con un golpe certero, pero lo esquivo a milisegundos de impactar, la muñeca de Rumina se resiste cuando su puño choca contra los ladrillos. Sin darle tiempo a que piense en el dolor, la embisto hundiendo mi cabeza en su estómago, me muevo y dejo que su peso se recargue en mi hombro, la levanto del suelo con ambos brazos y la tiro con todas mis fuerzas.

¡Crash!

Su nuca hace un ruido que no debería hacer una nuca al chocar contra el suelo, su cuerpo está pasando por una etapa de shock, inala y exala con violencia y su columna vertebral no responde como debería. Lo único que puedo pensar es lo fácil que sería pisarla los pulmones, pero no lo hago, esta pelea a durado lo suficiente.

- ¿Qué estáis mirando? Llevarla a un puto hospital - dice Monika en alguna parte de la multitud.

No importa lo fuerte que seas, el suelo siempre será más duro.

Me estoy limpiando la cara en el baño otra vez, esta grieta no se va a sanar con una tirita. Monika está detrás de mí, apoyada en la pared de brazos cruzados.

- Esa chica podría estar muerta, ¿Lo sabes no? - dice.

- No - contesto. - He calculado la fuerza del impacto, de aquí a dos días no notará nada, tenía mucho pelo para amortiguar el golpe y la mayoría de la fuerza de ha recaído en sus hombros, no hay mucha diferencia entre mi golpe y caerse de la vici con casco.

No me giro para mirar a Monika, solo la veo en el reflejo del espejo, a veces creo que somos de dos mundos distintos, la frialdad que muestran sus palabras se anteponen totalmente a su rostro.

- Estoy decepcionada - confieso. - Cuando he recibido esa ostia contra la pared he pensado "Hasta aquí llegó mi racha de invicta", pero luego he recordado que nunca he podido vencerte, nunca he sido invencible y no dejaría que ella se llevara ese mérito.

- ¿Voy a tener que decirlo, verdad? - me cuestiona Monika alzando una ceja.

- ¿El que? - me giro repentinamente hacia ella. - ¿Qué no he tocado fondo? Eso es lo único que sabes decir.

- Eres demasiado perfecta - esa respuesta me quita el aire.

Miro con rabia a Monika, quiero replicar pero no me salen las palabras, no estoy acostumbrada a que sea tan directa pero a su vez también estoy cansada de sus metáforas. Ante la falta de respuesta solo tomo la poca dignidad que me queda y me voy dando un portazo.

Capítulo 15: feliz navidad.

Hoy es 25 de diciembre, el instituto está cerrado para todo el mundo pero no para nosotras, sigo sin entender cómo es que Monika consiguió una llave maestra pero estar aquí me protege del frío así que prefiero no hacer preguntas que se que no responderá.

Monika está tocando el piano, creo que reconozco la melodía, tal vez sea "La cabalgata de las valquirias", no lo sé.

- Oye - le digo y ella para de tocar. - Las chicas y yo vamos a comer barra cenar en el restaurante ese que han abierto en el centro para celebrar el fin de año, ¿Quieres venir? 

- ¿No es un poco pronto para celebrar el fin de año? - dice Monika mientras me mira con una sonrisa perspicaz.

- Va, quedan cinco días y seguramente esa fiesta la celebren con su familia - le digo.

- Menos Natsuki - matiza Monika. - No creo que ella valla a celebrar el echo de que su padre se emborrache.

- Bueno, mejor no hablemos de eso, ¿Vas a venir o no?

- No creo, me quedaré aquí para matizar mis notas musicales - me dice y extiende una mano por todas las teclas del piano, haciendolas sonar de carrerilla. - Estoy tratando de tocar esta canción en "d menor" que es básicamente una fórmula mágica para hacer que una canción se vuelva deprimente.

- Como veas, ¿Quieres que les diga eso a las chicas?

- Va, ni las preocupes, solo informalés si preguntan por mí, ¿Okey?

Tomo mi mochila y la lleno de las cosas importantes que necesitaré. Somos yo y mi mochila contra el mundo, ella, mi material escolar y mi móvil es lo único que me queda del día en el que me abandonaron. Aunque eso no es del todo cierto, aún me queda el billete de cincuenta, casi no he pensado en él ya que es Monika quién me suele prestar dinero, esta noche no es la excepción, ella me lo da porque prácticamente no lo usa, también está en contra del consumismo.

Soy la escasa felicidad de Sayori antes de enfrentar sus problemas.

Me he dejado el móvil en el instituto, nadie me llama de todas formas y las chicas me han citado en un lugar en el cual ya estaban cuando llegué.

Vamos a ir a comer a un restaurante nuevo, "Dorsan" creo que se llama, es de estos restaurantes para repipis en los cuales tienes que pedir cita con un mes de antelación pero si digo que la comida que sirven es mala estaría mintiendo.

Somos las cuatro idiotas de siempre, Natsuki, Yuri, Emili y yo, Rumina también va a venir pero tardará un poco porque primero va a pasar la tarde con su novio.

No puedo evitar analizar el lugar, desde que estoy en el club de literatura me mantengo alerta frente a todos los peligros y movimientos. El lugar tiene tres salidas de emergencia, nosotras nos sentamos en la esquina más alejada de las tres, eso me pone intranquila. La pared está dividida en dos por una falsa madera en la parte inferior y un color granate en la superior. La decoración principal son cuadros religiosos y familiares, así como alguna que otra bandera del país. En el centro de todo el lugar hay una cabeza de toro disecada.

Son las 19:00 de la tarde y hemos empezado a comer. El primer plato es una sopa de mariscos, no tengo debilidad por el marisco pero no está mal.

- ¿Qué haréis para fin de año? - dice Émili.

- Tengo una cena familiar - dice Yuri. - Que en realidad es como cualquier otra cena porque mis padres son hijos únicos los dos y mis abuelos están muertos.

- Jo va, que forma más fría de decirlo - dice Émili con una cara de póker. 

- Perdón - dice Yuri y se sonroja.

- Oh no, no quería molestarte, solo que... 

- No te preocupes por eso - interrumpe Natsuki. - Yuri se sonroja por todo cuando no tiene confianza.

- ¿Qué tal el sicólogo? - pregunto sin pensarlo mucho, ya que Yuri no ha estado asistiendo al club por ese motivo tampoco forma parte de nuestra "hermandad" más cerrada.

- Sicóloga - señala ella - y no se, es demasiado feliz.

- Esas son las peores - asegura Émili - te lo digo yo que fui a terapia, solo te dicen lo que quieres o necesitas oír.

- Si solucionara tus problemas de verdad se quedaría sin trabajo - digo. - Los sicólogos son los mafiosos de nuestra época, nos dicen como queremos pensar y solo sabemos seguir guiones.

Todas me miran medio extrañadas medio pensando que tengo razón. Monika yo te maldigo.

- O eso creo yo - concluyo. - ¿Y tú Natsuki, que vas a hacer? 

- Esconderme en el baño para evitar a mi padre borracho.

"Monika tenía razón" pienso.

- Es verdad, tu padre te pegaba - dice Émili, si esto fuera una caricatura le hubiera salido una bombilla en la cabeza.

- Si, es lo único que hace bien - dice ella. - Antes tenía la excusa de mis mangas, pero desde que los dejo en el club solo busca cualquier mínimo detalle para gritar, que si hablo muy alto, que si gasto mucho en comida, ayer me criticó porque tenía demasiado maquillaje... - Natsuki pone los ojos en blanco - es ridículo.

- En algo tiene razón - acota Émili. - Últimamente gastamos mucho en maquillaje para tapar los moretones.

Aunque es sutil todas me miran la tirita sobre la ceja tapada perfectamente con pegamento y polvos.

- Porque sois muy bestias - afirmo - tenemos guantes pero vosotras queréis la experiencia completa.

- Gracias a la experiencia tengo piernas nuevas - Émili se da una cachetada en los muslos metálicos.

- ¿Cómo se lo tomó tu madre? - pregunta Yuri.

- Pues le dije que me caí entrenando cuando iba en sprin y se cagó en todo lo alto - dice Émili riéndose un poco. - Pero cuando le enseñé las nuevas se sorprendió tanto que llegó a creer que las había robado. Realmente creé que esto lo hicisteis en mi honor.

- En cierto modo es verdad - dice Natsuki. - Es en tu honor por ahorcar casi hasta la muerte a una adolescente en una pelea amateur.

- Y a mucha honra - dice Émili dándose un golpe en el pecho.

La cosa deriva en una combersación banal. Son las 19:30, Yuri sorbe la poca sopa de su plato, la miramos y se avergüenza, luego me mira a mí, como si pudiera leer mi mente; "te importa demasiado lo que opinan los demás", sorbe con más fuerza y deja el plato con la delicadeza de una princesa.

- ¿Algún problema? 

Todas reímos.

La segunda regla del club de literatura es que no hablamos del club.

- Hola - son las 19:45 y Rumina llega a nuestra mesa a tiempo para el segundo plato. Tiene el brazo de su novio colgando en sus hombros. - Este es mi novio, Nacho.

- ¿Qué hay? - dice el con un movimiento de cabeza. Puedo ver como su vista nos analiza a todas, tiene un instinto de lucha como el nuestro.

La parejita feliz se da un besito de despedida y Rumina se sienta enfrente de mi.

- Muy majo tu novio - le digo.

- Ya no los hacen así - me dice con cierto orgullo.

- Me ha mirado los pechos para asegurarse de que soy mujer - le digo con cara de póker.

- ¿Qué? 

- ¿Quién empieza una combersación así? - dice Natsuki. - Se acaba de sentar.

- Son solo detalles - digo mientras levanto las palmas fingiendo que me asusto. - Bromas aparte, ¿Qué tal estás?

- Aún tengo la espalda para el arrastre - dice mirándose la espalda con un leve movimiento de cabeza. - fue difícil convencer al hospital de que me torcí el tobillo y me caí porque eso no explicaba el golpe en la axila.

- ¿Eso te dolió mucho? - pregunta Yuri.

- Me las he visto en peores - dice Rumina encogiéndose de hombros.

- Una vez me dijeron que en la axila se concentran todos los nervios importantes - dice Yuri con una mirada seria. - Si te clavaran un cuchillo ahí no podrías volver a mover el brazo jamás.

- Yuri - grita Natsuki. - No empieces con tus fetiches de cuchillos aquí.

- Eso me recuerda - interrumpo. - ¿Te devolvieron tu colección de cuchillos? 

- Si, convencí a mi madre de que todo fue una fase y de que no lo volveré a hacer.

- Que suerte tienes - dice Émili. - Si mi madre me hubiera atrapado cortándome jamás me hubiera dejado volver a acercarme a algo con filo.

- Mi madre me hubiera encerrado personalmente en un cuarto acolchado si me viera haciendo eso - dice Rumina. - Seguramente también lo haría si se entera de lo que hacemos en el club.

- No deberíamos seguir hablando de eso - dice Yuri ruborizándose un poquito. - la segunda regla del club...

- No te preocupes - le digo. - mientras no nos vean no importa, dudo mucho que alguien en este restaurante de sofisticados nos escuche o entienda.

- Y que nos critiquen si nos ven también me parece ridículo - dice Rumina. - Mi novio práctica boxeo profesional con sus amigos en un parque a vista de todos y nadie se queja.

- El contexto es diferente - aseguro. - Si dos hombres se pelean en un parque solo están practicando deporte, pero si lo hacen dos mujeres más de uno pensará "se están peleando por un chico" o algo así.

Hay un silencio un poco incómodo por mi afirmación, creo que ninguna tiene ganas de hablar de roles de género.

- Si mi madre me viera cortándome le daría igual - dice Natsuki.

- ¿También tienes problemas con tu madre? - pregunta Emili.

- No, ella me quiere mucho, pero quiere más a mi padre - Natsuki hace chasquear la lengua y mira a un lateral enfadada. - ¿Por qué te crees que no lo denuncio?

- ¿Por qué? - pregunta Rumina que es un poco lenta para estas cosas.

- Mi padre no le pone una mano encima a mi madre ni aunque le obligues, cuando ellos discuten y discuten poco, ella siempre tiene razón - Natsuki pone los ojos en blanco. - pero cuando de mí se trata, siempre estoy en su punto de mira, hasta por lo más insignificante. Nunca me ha golpeado delante de mi madre y ella está tan cegada por su amor que cuando le enseñaba los golpes creía que había sido porque me lo merecía o porque exageraba.

- Déjame adivinar - le digo - tú estás aquí porque tu madre quería una hija y tu padre no, por eso él te detesta y ella te ama.

- Bingo - responde.

- Lo entiendo, soy una hija no deseada, pero en mi caso fue por parte de ambos.

- Un momento, un momento - responde Émili y mira a Natsuki. - ¿Cómo puedes decir que tu madre te quiere? Si permite que te pasen estás cosas también es cómplice, si yo fuera tu los denunciaría a los dos.

Émili no lo entendía y no hubiera podido entenderlo ni aunque se lo explicaramos ochenta veces, ella se crío en una familia que la daba afecto incondicional, pero Natsuki no conoce otra clase de relación familiar. Aunque sabe que no está bien polarizar las relaciones con un padre que te odia y una madre que te ama, para ella tiene hasta sentido esta clase de comportamiento porque es lo único que conoce. Somos una generación criada para normalizar la inestabilidad familiar.

- No hables como si esto fuera tan sencillo - dice Natsuki cerrando los puños y frunciendo el ceño. - ¿Si los denuncio a los dos donde voy a vivir? ¿Quién se pondrá de mi parte? Joder, como pagaría el juicio - Natsuki da un suspiro profundo. - Además yo quiero mucho a mi madre y viceversa aunque sea extricta y ciega, la partiría el corazón si hiciera algo así.

- ¿Y si tu padre muriera? - digo con total naturalidad mientras poco a poco todas me miran.

- Yo también lo he pensado - dice Natsuki bajando un poco la mirada - no creo que mi madre me abandonara o algo, pero tal vez cae en depresión, es complicado.

- Si, demasiado, cambiemos de tema - dice Émili y mira a Rumina. - ¿Lo has traído?

- Ya rugiste - dice. Rumina abre su bolso de cuero negro con estampados de la mala de Hello Kitty y saca una caja no más grande que un estuche.

- ¡Feliz cumpleaños! - dicen las cuatro al mismo tiempo y me lo dan.

- Chicas, hoy no es mi cumpleaños - digo extrañada pero aún así tomo la caja.

- Que raro, MC nos dijo que hoy cumplías años - dice Yuri.

Claro, MC tenía que ser. Cuando era pequeña mis padres no celebraban mi cumpleaños así que no sabía cuando había nacido por eso le dije a MC que nací el 25 de diciembre igual que Cristo, que tampoco sabían cuando nació.

Abro la caja y por el asombro abro los ojos más de lo que debería, casi dejo caer la caja cuando me llevo una mano a la boca por el asombro. Dentro de la caja hay un peluche de la Señora Vaca, una caricatura que veía de niña, tenía un peluche tamaño gigante de ella en mi habitación que no he vuelto a ver desde aquella mañana en la que salí para nunca volver por culpa de un embargo y unos padres negligentes.

- ¿Cómo? - pregunto entre sollozos de alegría y balbuceos.

- MC nos dijo que cuando eras pequeña siempre llevabas uno de estos a todos lados - dice Yuri.

- Gracias - abrazo a ese peluche como si fuera la cosa más importante en la tierra.

Me costará recordar que pasó después, la euforia y alegría pueden nublar el juicio tanto como el alcohol.

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