Doki Doki Figth Club parte 2.
Capítulo 16: ¿Qué estás haciendo aquí?
Son las ocho de la mañana y voy camino al instituto mientras tapo un bostezo con mi mano. He pasado la noche en la casa de Émili, la fiesta entre amigas terminó sobre las 2:00 a.m y no me dejaron irme a "casa" sola, o eso creo, mi cabeza está revuelta, solo se que he despertado y desayunado en casa de Émili pues ella se levanta a las 7:00 a.m para salir a correr ahora que no tiene clases.
Hay alguien de pie en la puerta del instituto, reconocería ese pelo de espaldas en cualquier parte, es MC.
- Oh valla, ya estás despierta - me dice. - ¿Qué tal?
- ¿Qué estás haciendo aquí? - le respondo secamente.
MC me mira, casi puedo ver su rostro romperse.
- Una tontería supongo - suspira y se va.
Soy la cabeza revuelta de Sayori luego de una sobredosis.
Llamo tres veces a la ventana, no hay respuesta.
- Monika abre, soy yo - la ventana se abre hacia fuera. - Esta manía tuya de no contestar es bastante molesta - digo mientras me apoyo en el alféizar y subo para pasar.
- Si tú abres a cualquiera que toca tu ventana por la mañana no es mi problema - dice ella con una sonrisa radiante, es demasiado feliz.
Me dirijo a la parte de la habitación donde guardo mi ropa, que es literalmente una caja muy grande en una esquina, me quito la mochila y de ella saco el monedero y el peluche que guardo en la caja asegurándome de que Monika no lo vea, no creo que diga nada pero por si acaso. Es nuestra regla de oro, yo no abro su armario y ella no mira mi caja.
- Tienes unos amigos muy locos - suelta Monika de pronto.
- ¿A qué te refieres? - pregunto.
- A MC, ¿A quién si no? - me dice haciendo un gesto de "acaso no es obvio" con la mano.
- No me digas que tú eres la razón por la que estaba ahí fuera.
- ¿Ha venido a verme? Que guai, voy a saludarle.
- Ni te esfuerces - digo poniendo los ojos en blanco - ya se ha ido - entonces un hecho insólito me golpea como un ladrillazo en la cabeza - ¿Le has dicho que vivíamos aquí?
- Le he dicho que vivo aquí, pero ha sido entre risas, no creí que se lo fuera a tomar enserio - me dice Monika, y su mirada dice "que divertido es este muchacho". - Ya lo conocía sabes, fui delegada de clase en su curso el año pasado, antes de escapar de mi padre, claro.
- Okey, okey - digo con rápidos movimientos de mis palmas abiertas. - ¿Qué está pasando aquí?
Monika niega con la cabeza - a veces eres tan lenta para cosas tan obvias, él y yo tuvimos una cita anoche.
No puedo evitar ruborizarme al escuchar eso, ¿Monika y MC juntos? Son literalmente dos polos opuestos.
- ¿Estás celosa? - me dice con una sonrisa y un cuerpo inclinado 75 grados.
- Para nada - digo cruzándome de brazos. - Él y yo solo somos amigos.
- ¿Te lo has follado? - pregunta Monika con los ojos muy abiertos.
- ¿Qué?
- ¿Te lo has follado? - repite.
- Monika te he oído, ¿Qué clase de pregunta es esa? Solo tengo 18 años.
- chics - Monika hace chasquear su lengua. - Si supieras lo que algunas hacen con 16 - no puedo evitar pensar en Émili.
- Un momento, ¿Tú sí?
- ¿Yo si, qué?
- ¿Tú si has llegado a cuarta base con él?
- Cielos que puritana eres, di follar a secas, nadie te lo va a echar en cara - Monika y su mágico dedo, su increíble necesidad de corregirme.
- Muy bien, suficiente, recapitula, ¿Qué pasó ayer?
Monika me cuenta la historia.
Ayer sobre las 19:45 de la noche, MC llamó a mi teléfono, supongo que aún conserva mi número de cuando éramos amigos más cercanos. Monika, por supuesto, no contestó así que saltó el contestador.
- Hola ¿Qué hay? Soy yo, he pensado que ya ha pasado bastante tiempo desde que no hacemos nada juntos y ya no te veo en los clubs. Émili me ha dicho que estás muy ocupada, Yuri también y Natsuki me dijo que no es asunto mío lo que hagas - suspiró. - Supongo que eso es verdad, intenté quedar con ellas para ir todos juntos a celebrar tu cumpleaños pero parece que ya tienen planes, así que si quieres podríamos pasar un rato juntos por los viejos tiempos, supongo que tú no harás nada especial porque tus padres no están y tal - un silencio incómodo. - Ostias, no quería decir eso así, yo... - otro suspiro. - Supongo que ya no se ni que digo, estoy en la plaza del centro, si te apetece venir estaré aquí esperando unos quince minutos, no contestes este mensaje si no quieres, gracias por escuchar - se cuelga.
No se porque a la cabeza de Monika le pareció buena idea ir a visitar a MC para que no estuviera solo, pero lo hizo. Naturalmente solo se puso su uniforme escolar, ni siquiera se abrochó la camisa y fue corriendo a buscarlo.
Se encontró a MC sentado en un banco de hielo, su cara estaba colorada, seguro que tenía frío y quería comprobar si era cierto ese viejo mito que decía que el alcohol te hace entrar en calor. La suposición se reafirmó cuando vio lo que parecía una petaca en su mano.
- ¿Cuántos tragos llevas de eso? - preguntó Monika.
MC se sorprendió dé repente cuando vio que le hablaban - esto es solo agua oficial - dijo mirando hacia todos lados.
Monika no pudo evitar llevarse una mano a la boca y tapar una risita. Entonces MC la vio mejor.
- ¿Te he llamado? - su voz sonaba rara, no era la de un borracho, era más la de alguien cansado de estar en el frío. Monika entonces entendió que MC había estado en el punto más visible de la plaza, debajo de una farola decorada de navidad, esperándome por mínimo quince minutos.
- Deberías tener cuidado de donde te sientas - dijo Monika acercándose a él y mirando más detenidamente la decoración.
Las luces de la farola estaban adornadas con muérdagos de plástico.
- No creo que eso sea una amenaza para ti - le dijo MC.
- Me dejará cuentas pendientes - dijo Monika y se sentó junto a él.
- ¿No tienes frío? - dijo MC al ver que Monika solo llevaba la falda corta del uniforme.
- Deberías llamarme Monika - dijo ella - con confianza, así nos dejamos de introducciones baladí.
Monika y MC hablaron de los viejos tiempos y al final terminaron caminando hasta un restaurante que estaba casi en la otra punta de la ciudad.
MC se ofreció a pagar hasta que vio como Monika pedía los platos más caros, luego se rio con cierta malicia y le enseñó su cartera. Ella pagaría su parte, no le gusta dejar cuentas pendientes.
- Se que lo del cumpleaños es mentira - confesó MC. - Pero era feliz así que fingí que me lo creía.
Monika miró a MC como me miró a mí, los codos apoyados en la mesa, esa mirada que te ve hasta el alma del que estás hecho y su barbilla sobre sus dedos entrelazados.
- Eres demasiado bueno, casi no pareces real - le dijo. - Más bien eres demasiado real para serlo, ¿Lo pillas?
- No... - respondió MC.
- Yo tampoco - dijo Monika con una sonrisa - supongo que necesito mejores frases para cortejar - MC se sonrojó bastante.
Al acabar la cena, ambos estaban por despedirse, entonces Monika lo tomó del brazo con suavidad y cuanto MC giró la cabeza Monika adelantó la suya, se dieron un beso que parecía sacado de una comedia romántica. Ahora MC tenía que hacer gestos con sus brazos y disculparse y se pasarían quince capítulos preguntándose si eso fue un beso legítimo, pero eso no pasó.
- Nada de cuentas pendientes - dijo Monika, y le guiñó un ojo.
- Es... ¿Es esto real? - dice MC.
- No lo se, tal vez solo soy un milagro navideño, pásate por el instituto y descúbrelo - dijo Monika y se alejó caminando.
"¿Qué pruebas tienes de que no eres un cerebro en el espacio?".
- ¿Le diste un beso? - Pregunto incrédula.
- ¿Celos o curiosidad? - dice arqueando una ceja.
- Asco - digo fingiendo una arcada. - A mí no me van esas cosas.
- ¿Ahms? ¿Me detendrías si quisiera darte un besito? - me dice de forma pícara.
- Te partiría la boca si lo intentas.
- Quizás no lo he preguntado bien, ¿Crees que podrías detenerme si intentara besarte? - Monika de repente se pone totalmente seria y soy consciente de mí posición, estamos solas, en un lugar donde no hay gente y lo comparto con alguien mucho más hábil que yo. Una gota fría escurre por mi frente mientras pienso "si Monika quisiera violarme no podría hacer nada para detenerla".
- Venga era solo una broma - dice y se parte de risa. - jajaja, tendrías que haber visto tu cara.
- Eso no ha sido gracioso - me adelanto hacia ella. - Además, devuélveme el móvil.
- Sigue ahí - dice Monika señalando tras su espalda con el pulgar. Efectivamente, el móvil sigue encima del piano y parece que nadie lo ha tocado, solo lo recojo y trato de pensar en otra cosa.
- Una cosa más - me dice Monika deteniéndome con una mano. - No le hables de mí a no ser que pregunte, ¿Vale?
- ¿A qué viene eso?
- Es solo por si acaso, sabes que no me gusta hablar de mi vida y si me hace muchas preguntas puede averiguar cosas que no quiero que sepa, capichi?
- Oye - digo frunciendo el ceño - fuiste tú quien le dijo que vivías aquí.
- Un error lo comete cualquiera - dice encogiéndose de hombros. - Pero ni uno más, ¿Vale? - cuando Monika usa su dedo acusador sabes que esa pregunta retórica marca el final de la conversación.
Capítulo 17: una patada en la boca.
Es uno de enero, Monika y yo nos hemos pasado la noche viendo películas de artes marciales brasileñas en su portátil para celebrarlo. Monika se durmió sobre mi hombro roncando y soltando baba, la tía duerme como un ordenador apagado y no hay quien la despierte.
No me convence mucho el capoeira, más que un estilo de combate parece un baile, pero hay un movimiento que me llamó la atención, consiste en sostener todo tu peso apoyado en una mano mientras levantas tu cuerpo en lateral para que en un giro tu talón se estrelle contra la mandíbula del rival. Es un movimiento tan beneficioso como arriesgado, si fallas dejarás tu cuerpo de espaldas totalmente expuesto, si tu rival patea tu mano a tiempo todo tu peso caerá sobre tus costillas. Estoy segura de que el movimiento ni siquiera es del capoeira tradicional, pero esto es como cuando en las películas de Hollywood llaman "karate" a cualquier estilo de lucha asiático.
Si una persona queda inconsciente más de quince segundos luego de recibir un fuerte golpe en la cabeza seguramente tenga un traumatismo craneal o esta muerta.
7 de enero, hoy han vuelto a empezar las clases y hemos vuelto a abrir el club de literatura. Naturalmente yo abriré la sesión para impresionar a las nuevas, porque se que a más de una se le habrá ido la boca en las cenas de navidad entre amigas. Si, me estoy proyectando.
Aunque todas creíamos saberlo, nadie decía nada, pero seguramente Honoka era un tío. Media un metro noventa, pesaba 87 kilos y lo que más nos hacía sospechar era que no la gustaba hablar de problemas menstruales y nunca parecía tenerlos. Además era de familia pudiente por lo que había estado desde pequeña inscrita en deportes; equitación, esgrima, jujitsu y seguramente sabía algo de boxeo y artes marciales mixtas. Básicamente era un jodido mastodonte.
Se unió al club de literatura a finales de diciembre pero se hizo leyenda en poco tiempo ya que sus peleas no duraban más de un golpe. Ella sería mi rival de hoy.
"La tercera regla del club de literatura es que los combates duran lo suficiente".
La esperaba con los brazos abiertos, todas miraban, ¿Qué pensarían? "Se está riendo, esa no es una pose defensiva", tal vez "es una estrategia seguro, ahora hará algo increíble", la verdad es que no podría importarme menos. Honoka se adelantó con un paso al frente, agachó el cuerpo un poco para lanzar un gancho directo a mis pulmones, quería dejarme sin aire pero no contó con un detalle, a la hora de asestar un golpe hacia delante los reflejos te fuerzan a agacharte y protegerte la cara con el golpe para evitar un posible contraataque.
Niños, no hagan esto en casa.
Giré hacía mi derecha dejando mi peso en una sola mano, puse mi cuerpo recto mientras dejaba que mi pierna hiciera un barrido por el aire, una parábola bien dirigida que chocó directamente con la muñeca de Honoka y resonó en su mandíbula, el golpe la desequilibró, tropezó y todo su cuerpo cayó de frente hacia delante.
Las peleas que Honoka libraba solo duraban un golpe.
Me acerqué a ella, aunque el golpe la había aturdido había tenido tiempo suficiente para cubrirse con la mano, su cuerpo tenía solo raspones superficiales pero ella no se iba a levantar tan temprano.
- ¿Puedes moverte? - le pregunto.
- No siento los dientes - me responde y se ríe un poco.
- Eso ha sido impresionante - dice una voz detrás de mí. Excepto por Monika, ninguna de las otras ocho chicas me conoce.
- Así nos las gastamos por aquí - digo mientras le ofrezco una mano a Honoka. Me he pasado de condecorosa, cuando hace fuerza para levantarse por poco me tira, pero me agarro bien con los pies al suelo y la pongo de pie.
- Aún estoy procesando esto - me dice.
- Venga, tomemos el aire en un lugar mejor - le digo mientras dejo pasar su brazo por mi hombro para que se apoye - el resto ya sabéis cómo funciona esto - les digo a las 8 chicas restantes.
"Solo estamos tú y yo en este baile, no importa la opinión del mundo".
Honoka me ha invitado a un jugo de manzana y ambas estamos sentadas en las escaleras de la entrada. Es inevitable para mí recordar que así conocí a Monika.
- No creí que pudieras derrotarme - dice ella. - De hecho, creí que me echarían por ser imbatible.
- Nadie es invencible, toda racha muere tarde o temprano - le digo. No nos estamos mirando entre nosotras, ambas miramos a la puerta de la entrada como si pudiéramos ver el final del horizonte.
Sobre este hermoso paisaje de atardecer se me ocurren nuevos dichos, miro de reojo a Honoka, su pelo es un fucsia tan claro que parece blanco y sus ojos son lilas, ambas cosas son completamente naturales.
- Tú aún tienes tu racha intacta - me dice y puedo notar sus ojos en mi nuca.
- Que va - le digo. - las primeras veces que intenté esto me dieron una paliza.
- ¿Pero no has vuelto a perder desde esas primeras veces, a que no?
- ¿Qué importa eso? - le digo, nos estamos mirando cara a cara y por alguna razón ver como entre cierra sus ya de por si casi cerrados ojos asiáticos me hace soltar una risita.
- ¿De que te ríes? - me dice, e infla un poco los cachetes en su enfado.
- Nada, es solo que me has recordado a un manga que leí hace poco - pasa por mi mente el dibujo de la estudiante japonesa con cara de pera enfadada que vi en la portada de uno de los mangas que Natsuki dejo en el club y empiezo a reír más fuerte, realmente se parecen mucho.
- ¡Te estás riendo de mí! - no se si lo pregunta o lo afirma pero entiendo que puede ser molesto y paro poco a poco.
- No deberías enfadarte por mi opinión, de hecho, no deberías enfadarte por la opinión de nadie - le digo ya más calmada. - Sea bueno o malo, solo tus pensamientos sobre tu persona deben marcar tu vida. Esa es mi filosofía, por eso empezamos el club - vuelvo a mirar al falso horizonte.
- ¿Y que pasa cuando las opiniones de terceros te afectan físicamente? - me dice.
- Entonces eso no son opiniones, son actos malvados - le digo.
- ¿Sabes por qué tengo este cuerpo? - me pregunta.
- Creo que es un tema delicado que prefiero no tocar.
- No soy hombre - me confiesa en un suspiro. - Ni siquiera estoy en transición o algo así. Se que habrás oído que nunca paso por mi periodo pero eso es porque tengo las trompas de Falopio atrofiadas.
Pensar en eso me hace tener un escalofrío, supongo que es lo mismo que sienten los hombres cuando les hablas de golpearse en los testículos.
- No entiendo que tiene esto que ver con nada - le digo sinceramente.
- ¿Sabes la situación económica de mis padres? - pregunta.
- Sois como muy ricos, ¿No?
- ¿Tú crees que si fuera muy rica estaría en este instituto?
Miro a la puerta del instituto y luego recuerdo sus condiciones y sistemas en general.
- No, supongo que no.
- Mi familia anda bien de dinero gracias a mí, desde pequeña me daban unos esteroides indetectables para los concursos en los que participaba. Cuerpo más desarrollado, músculos más firmes y rígidos, arrasaba en todos los torneos y disciplinas, nos llovía el dinero. Eso fue hasta que empezaron a llegar los problemas de desarrollo, mis pechos no crecían con naturalidad, mi garganta se volvía más gruesa y mi vagina sufría contracciones tan fuertes que se deformó - ella suspira pero no llora, no es por falta de ganas, simplemente ya lo ha aceptado. - Ahora estoy en proceso de desintoxicación y mis padres lo están pagando, ellos realmente se arrepienten mucho de esto, o eso dicen, a veces creo que no les importo, solo intentan "curarme" - hace un gesto de comillas con las manos - porque ya tienen mala imagen y pueden acabar peor.
- Por eso vienes al club de literatura, porque las opiniones de tus padres sobre ti te afectaron - le digo.
- Así es - afirma con la cabeza. - Escuché sobre el club cuando unas chicas mencionaron que Émili había ganado una pelea sin una pierna o algo así y luego la vi con sus nuevas prótesis así que le pregunté sobre que había pasado y ella me dijo "la segunda regla de ese sitio es que no puedo hablar de él, pero si me siguieras sin que me enterara, eso sería otra historia".
- jaja esa Émili es todo un mundo - digo yo.
- Las peleas que tuve antes no me hicieron sentir mejor - me confiesa. - pero escuché de ti y como habías dado una paliza a Yuri - Honoka me mira directamente a los ojos - me parecías una matona de poca monta.
- Valla, gracias - digo sin darle ninguna importancia.
- Pensé que solo te habías aprovechado de una chica vulnerable para sentirte superior, "tumbar a alguien en menos de un segundo", por favor, en entornos profesionales los luchadores callejeros tienen suerte de durar una décima de segundo.
- Aja - abro el zumo y doy un gran trago.
- Pero lo de hoy creo que me ha ayudado a tocar fondo - dice ella abriendo el zumo también. - Te he visto tan confiada, resuelta y luego ese golpe...
- Llevo siete días practicándolo - le digo.
- ¿Solo? - suena más sorprendida de lo que esperaba.
- Creo que tus padres te quieren - me echo medio bote al gaznate. - Mis padres me abandonaron así que no sabría decirte que es una buena relación familiar, pero creo que si tus padres te están ayudando a desintoxicarte no son tan malos, pero no te preocupes, unirte al club de literatura por una familia disfuncional es cosa de todos los días - digo con una voz más resuelta de lo que debería.
- Esa no es la razón por la que me uní - responde.
- No me digas que querías quitarme la racha de invicta - digo con una sonrisa mientras me dispongo para beber otro trago.
- Me uní para alivianar presión, la policía me está investigando porque creé que he cometido un asesinato - en ese momento dejo de beber y la miro con los ojos muy abiertos por la sorpresa. - Hace poco más de tres semanas encontraron el cuerpo de un adicto al crack colgado de una soga en el barrio en el que vivo, le habían sacado los dientes de un puñetazo y le habían hundido el cuello, su cuerpo no mostraba signos de defensa personal.
- ¿Y la gente creé que fuiste tú? - trago mi zumo con dureza, esto es muy turbio.
- Así es, tuve un altercado con él una vez porque me llamó "mujombre", aparte soy la única de la zona que tendría fuerza para hacer eso - me doy cuenta de que aunque lo ha abierto, Honoka no ha tocado su zumo. - Su cuerpo estaba muy bien escondido, parecía planificado, por eso sospechan de mí - no quería invitarme a beber, quería confesarse, quería tocar fondo.
Capítulo 18: mente abierta.
Dale a un pobre un pez y lo alimentarás un día, pégale un tiro en la cabeza y no tendrás que alimentarlo más.
Desde que Honoka me dijo lo que le pasó a aquel drogadicto no he podido evitar pensar que me suena de algo pero no sé el que. He estado mirando las noticias últimamente en el periódico digital, Monika me ha dejado su portátil para eso y hasta me ha dicho como meterme en la página sin pagar para ver la noticia completa.
"Pantera se escapa de circo local y asusta a los habitantes de un pueblo".
"Ataque terrorista en el centro comercial, solo un herido".
"Nace un nuevo hipopótamo en el zoo local", la noticia está acompañada con la foto de un rinoceronte, alguien perderá su trabajo por esto.
Las noticias así no son suficientes, hay una chica en el club de literatura que se llama Reichel, quiere estudiar periodismo y se informa bastante de éstas cosas, le pediré que me mantenga al día por si ve algo.
Hoy nos a tocado elegir al delegado de clase, no a querido salir nadie voluntario así que lo hemos elegido por votación de la mayoría.
Cuando votas a un delegado siempre tienes que votar a quien peor te caiga para que se aguante y tenga que soportar esa responsabilidad. En teoría no está obligado a serlo pero si renuncias te pones en el punto de mira de los profesores por rebelde.
Delegados de la clase, Austin y yo.
Austin es un chaval detestable, recuerdo que casi le parten la boca por gritar en el comedor para que le hicieran caso. Solo existen dos clases de personas, los que odian a Austin y los que no le conocen.
Yo soy subdelegada, porque así tendré menos responsabilidades y se que si algún día necesito ayuda el club me respaldará. En clase somos más chicas que chicos, así que hemos funcionado a modo de mente colmena, cuando nos hemos asegurado de que Austin sería delegado han empezado a votar por mí.
"Hay reglas no escritas en el club de literatura, una de ellas dice: "si un profesor o alumno no relacionado con el club pregunta por alguna de las luchadoras en un momento en el cual se encuentra en el club, el resto de miembros tiene la obligación de cubrirle las espaldas"".
Voy caminando por el pasillo, ya han terminado las clases y el club de literatura no empieza hasta dentro de una hora.
- Así que al final has decidido apuntarte - me dice Émili. - ¿Sabes que no me hubiera importado ser subdelegada a mí, verdad?
- Emili ya lo hablaremos, no es ninguna molestia y tú ya tienes mucho trabajo con el club de atletismo - le digo mientras me dirijo a la máquina expendedora.
- Lo sé, no me enfado, es solo que creo que te esfuerzas mucho - me dice y pone los brazos en jarras.
- Émili, por favor - le digo con una sonrisa - sabes que esto me viene bien, ya hay gente que se ha dado cuenta de que falto todas las semanas a los club, la hermandad no podrá ocultar eso.
- ¿Ahora te interesan los puntos extra? - me pregunta, parece una reprimenda pero en verdad está sorprendida.
- ¿Me lo dices tú que te vas a apuntar a la olimpiada matemática? - le contesto mientras arqueo una ceja y meto una moneda en la máquina.
- Touché - responde - Rumina me ha estado ayudando últimamente con eso, las matemáticas no se diferencian mucho del atletismo, también son una gimnasia mental - dice orgullosa inflando el pecho.
- Creo que no sabes lo que significa gimnasia mental - abro el jugo de manzana.
- ¿Últimamente bebes mucho de esos no? - me pregunta. ¿Cómo explicarle que mi cuerpo se ha vuelto dependiente de ello porque me paso el 70% de mi vida aquí?
- Nah, que va - le digo quitándole importancia - bueno, te mantendré al día con las noticias sobre las olimpiadas, cuando se abra el plazo avisarán a los delegados los primeros.
- oki doki - me dice con una gran sonrisa.
"Noticia de última hora, alguien ha estado robando baterías de coches, se sospecha de un extraño hombre que solo viste de negro con gabardina y sombrero".
Faltan treinta minutos para que empiece el club.
- ¡Ey morena! - grita Austin a mi espalda para llamarme.
- Si me vuelves a llamar así te abro la cabeza - le respondo sin mirarle para verlo.
- ¡Ui que agresiva! Me gusta - dice con su repulsiva sonrisa de dientes desiguales y me rodea para que le mire a los ojos. - Este es el programa para la próxima fiesta de la institución, hay que escribir poemas y esas cursiladas - Austin me entrega un folleto amarillo con letras amarillas en el cual se ha agregado una foto mal retocada de una imagen de Palas Atenea.
- ¿Por qué has puesto a Atenea aquí? - le pregunto forzando la vista para ver lo que esta escrito.
- Es Minerva mi querida inculta - dice y pongo los ojos en blanco por instinto. - está porque es la diosa de los poetas y la guerra, eso nos representa a ambos, tú poeta y yo potencia.
No hice una réplica, no gastaría aliento para explicar porque Minerva y Atenea eran prácticamente lo mismo, tampoco le iba a explicar porque Atenea no era la diosa de los poetas, esas eran las musas.
- ¿Por qué eres así? - es lo único que digo. - No has dado un puñetazo en tu vida, ¿Por qué esa necesidad de creer que puedes romper el mundo?
- ay pobre de ti - dice encogiéndose de hombros con una media sonrisa de "es difícil ser tan bueno". - la clase me eligió porque saben que soy el único que puede hacerse cargo de esto, de hecho vi como tus amigas hablaban para que salieras de subdelegada, así que tampoco tienes porqué hacerte la difícil.
- A ver - digo cerrando el puño, preparando un golpe que no daré - esto lo hacemos por y para la clase Austin, no te hagas ilusiones - quiero llamarle imbécil y estrellar su cabeza contra un bordillo, pero me conviene fingir que me cae bien - además, mantenme al tanto de las noticias, esto de entregar un boceto pocos días antes puede ser un problema, y yo tengo que estar al tanto de cuando se anuncie la olimpiada matemática.
- No son bocetos - me dice frunciendo el ceño - es el diseño final, no te las he podido dar antes porque las acabo de imprimir.
- Un momento - digo para no reírme en su cara de la mierda de diseño que ha hecho - ¿Cómo lo has podido imprimir si el cuarto de impresoras está cerrado a estas horas?
- Me ha abierto el conserje - responde demasiado rápido, está mintiendo.
- A, claro - le digo y dejo que se vaya.
No hay conserje a estás horas, lo sé porque Monika lo sabe, ella controla todos los horarios de los trabajadores.
"Se suspende partido de fútbol por acumulación de niebla, el portero no se entera hasta quince minutos después".
Hoy es un día especial para el club de literatura, estamos reunidos Honoka, Emili, Rumina, Natsuki, Yuri, Monika y yo como plato principal, mientras que han venido otras tres chicas veteranas para hacer esto a la antigua usanza.
También hemos cambiado de lugar, ahora estamos en la parte posterior de las pistas de atletismo. Era algo arriesgado que podría distraer a los nuevos, además estuvimos pensando en cambiar para evitar más golpes contra las paredes, se estaban empezando a llenar de sangre, aunque se seca rápido y parecen más manchas de pintura que otra cosa, podría levantar sospechas. Ahora estamos peleando en la parte trasera de las pistas de atletismo, detrás nuestro tenemos un descampado y una zona en obras que jamás se terminó. Nadie usa estás carreteras porque también es un lugar donde los jóvenes hacen fiestas, se emborrachan y otras locuras por lo que el asfalto está descuidado y lleno de cristales.
"La primera regla del club de literatura es que no se habla de literatura en el club".
El primer combate será entre Natsuki y Yuri, ambas lucharán sin guantes porque ya de perdidos al río con las nuevas experiencias.
Natsuki juega con su movilidad, pero Yuri tiene mejor aguante al dolor, aparte la diferencia de altura es de considerar, Yuri tiene los brazos más largos y evade mejor los ataques a la cabeza. Natsuki tiene que centrarse en dar golpes a las costillas y estómago para buscar dejar sin aire a Yuri. Golpear la mandíbula también suele ser buena opción pero no llega. En cambio, Yuri aunque con movimientos más torpes, se defiende bien de los puñetazos, se ve que ha estado practicando durante todo el tiempo que no ha estado aquí.
El juego de piernas de Natsuki es admirable, pero no puede usar patadas o similares, Yuri también tiene piernas largas y si Natsuki no golpea rápido dejará una de sus piernas expuestas a un golpe que la tire y una vez en el suelo poco podría hacer.
"La segunda regla del club de literatura es que no se habla del club".
Unos neumáticos queman rueda en el asfalto tras nosotras, chirrían como chirría el cuchillo del asesino en las paredes de una película de terror. Una furgoneta blanca típica de la gente que vende melocotones se detiene apresuradamente en la acera frente a nosotras y todas ya le estábamos prestando atención, de hecho nos detuvimos en cuanto escuchamos rugir el motor a la lejanía.
El jodido Trebor de G.T.A sale de la furgoneta gritando y cegándose en todo. Lo analizo de una sola mirada, metro ochenta, cabeza con coronilla al aire libre y una cortinilla de pelos rosas que la cubre. Barba de siete días y un bigote mal afeitado que dice a gritos "si no me afeita el barbero no se como se hace". Estimo que pesa 70 kilos y que tiene un mínimo de conocimiento de lucha por sus nudillos marcados, seguramente se pelea con otros borrachos, o peor, él inicia peleas con borrachos para sentirse mejor. Creo que lo que más me llama la atención de él es la rapidez con la que sale del vehículo dando un portazo para que no se vea como en el asiento del copiloto tiene ocho cartones de cerveza sin abrir.
- Natsuki, ¿Qué coño estás haciendo? - grita.
"Así que el pelo rosa es natural" es lo único que puedo pensar cuando veo al padre de Natsuki gritando como una fiera en dirección a su hija que aún tiene los puños en alto para seguir pegándose con Yuri.
- ¿Se puede saber que es esto? - dice él. Está a 5 pasos de su hija, a 10 de mí y de Monika. - ¿Estáis organizando peleas clandestinas?
Nadie contesta.
Miro detenidamente el vestuario del padre, camisa blanca sin mangas, deportivas negras y pantalones vaqueros, de uno de sus bolsillos sobresale una tarjeta de registro de Natsuki.
- ¿Se os ha comido la lengua el gato? ¿Habéis metido a mi hija en esto? - lo dice como si le importara y no puedo negar que su actuación es convincente. - ¿Cobráis por esto? - quiere un soborno.
- Todo es gratis amigo - Monika da un paso al frente - Creo que no nos han presentado, soy Monika, la presidenta del club de literatura, ¿Usted es?
- ¿No es evidente? Soy el padre de Natsuki, ¿Sabéis lo que estabais haciendo? ¡Esto es ilegal! - grita.
- Falsificar la edad en un documento oficial también - dice Monika avanzando tres pasos - pero supongo que no le importa mucho si lleva ahí un carnet que dice que su hija tiene 21.
"Joder que buen ojo" pienso, efectivamente se ve apenas la circunferencia del cero en su bolsillo pero se diferencia mucho de la circunferencia superior de un ocho.
- ¡Escucha estúpida niña! - dice el padre de Natsuki acercándose tres pasos y señalando a la mandíbula de Monika. El truquito del índice no servirá con ella.
- eh, no alces la voz, que no estás borracho en tu casa - le dice Monika, creo que la sorpresa nos golpea a todas por igual. - Aquí hay reglas que tienes que seguir - Monika se acerca los tres pasos que faltan, están frente a frente. - Únete al club si quieres.
- ¿Acabas de llamarme borracho? - dice.
- No conozco tu nombre, ¿Cómo te gustaría? ¿Dadsuki está bien? ¿Tal vez payaso miserable? - Monika alza una ceja y se cruza de brazos - tú elijes.
El padre de Natsuki hace chasquear la lengua y mira hacia otro lado. Regla básica de las peleas de bar, si la persona con la que estás discutiendo mira a otro lado, no le sigas con la vista, es una distracción, te va a pegar un puñetazo. Yo lo sé y Monika lo sabe, pero le sigue el juego, cuando hace el amago de girar su cabeza Dadsuki le estampa los cinco nudillos en el estómago.
- Aléjate de mi hija - dice gruñendo entre dientes, aún piensa que está rodeado de jóvenes que no le conocen. - ¿Te queda claro?
- No - Monika casi ni se tambalea, escasamente se ha movido medio paso - no me ha quedado claro Dadsuki.
Los cinco nudillos le parten el tabique y Monika retrocede un paso que parece más una zancada.
- Venga hombre, golpee con más cojones - Monika se está riendo a pleno pulmón, el resto solo miramos - imagínese que soy su hija.
Se escucha el crujir sordo del hueso vómer al partirse contra los cuatro nudillos. Monika cae al suelo, su tabique sangrando y ella riendo como una descosida. Me acerco un paso, pero Monika alza la mano, su expresión es totalmente seria, ya nadie ríe, nadie se acerca.
El padre de Natsuki clava la punta de sus deportivas en las costillas de Monika, dañando hasta el hígado y la pone panza arriba. Monika se esfuerza en seguir riendo, pero el aire difícilmente sale de sus fosas nasales. Todas estamos estupefactas, incluso Honoka y Rumina están algo asustadas, es la primera vez que ven a alguien tocar fondo.
- ¿Alguien más tiene algo que decir? - el padre de Natsuki se da la vuelta y alza los brazos, está de espaldas a mí pero se que está sonriendo, confiado como un gorila que creé haber vencido al alfa.
Me corrijo, no han visto a alguien tocar fondo, lo van a ver rasgarse las uñas tratando de escapar mientras lo arrastran.
- ¡Está pelea no ha durado suficiente! - dice Monika gritando y levantándose de golpe.
Dadsuki se sorprende cuando un puño joven le descoloca la mandíbula y le hace temblar la cabeza como uno de esos muñequitos cabezones que venden en Hawaii.
Intenta responder con algo que trata de ser un gancho pero Monika lo aparta de un golpe en el codo y con la mano libre asesta un puñetazo directo al cuello que le podría haber hundido la nuez de Adán hasta el esófago. Dadsuki cae de espaldas inevitablemente y trata de defenderse a patadas, pero Monika le atrapa el pie con el brazo y lo aferra bien entre su codo y cintura. Monika pisa la otra rodilla con el pie izquierdo, levanta el pie y pisa con fuerza en la entrepierna.
Tortilla.
El padre de Natsuki grita y su mente va a diez mil revoluciones por minuto.
- ¡No sabes nada de mi historia Dadsuki! - dice Monika mientras retuerce su pie. - ¡No sabes dónde he estado!
Gira la cabeza y vomita, mi cabeza gira también para ver cómo Natsuki se lleva la mano al estómago pero su mejunje intestinal se escapa entre sus dedos, Émili y Yuri van a ver que tal está, el resto solo observamos el espectáculo.
- ¡No le dirás esto a nadie, nos vas a dejar seguir aquí! - grita Monika. - ¡Porque si no lo haces te encontraré, voy a localizar cada puto pixel del mapa y voy a eliminarte, te queda claro!
- sisisi si - dice el padre de Natsuki entre compulsiones.
- Bien - Monika respira profundamente y se coloca la nariz. - Ahh, hablando se entiende la gente, gracias tipo duro.
Monika se da la vuelta, Dadsuki respira con dificultad y alguien grita, una voz estridente y chirriante cargada de rabia. Algo choca fracturando un cráneo y empapando la escena de trozos de sesos sanguinolentos. Natsuki acaba de aplastar la cabeza de su padre con un trozo de escombro que ha tomado de las obras, el mismo tenía una barra de construcción que ha perforado el ojo y llenado la cavidad craneal de sangre. Está muerto.
"Pandilleros aplastan a un cabeza de familia con una roca después de darle una paliza y obligarlo a comer su propio vómito, aún no han sido encontrados".
Capítulo 19: culpables.
Antes de darme cuenta ya me he tirado a los hombros de Natsuki - ¿!Qué coño has hecho¡? - le digo mientras la agito y ella me aparta, desvía la mirada y rompe a llorar cayendo sobre sus rodillas.
- Se lo merecía - susurra con una voz rota. - se lo merecía - repite.
Mientras todas miramos atónitas, con menos expresión que un puñado de piedras, Monika hace crujir su nariz cuando se coloca el tabique en su sitio. Todas miran sin hacer nada cuando Monika, sin quitar el trozo de escombro de su cabeza, arrastra la cara del padre de Natsuki sobre su propio vómito y le registra los bolsillos.
- ¿Ya sabéis que ha pasado aquí no? - dice mirándonos a todas, una a una. - Esto ha sido la banda de los reyes gitanos, ¿Todas habéis oído hablar de ellos, verdad?
Sin contar el llanto de Natsuki, el silencio es lo único que Monika recibe hasta que una de las tres veteranas avanza.
- Si, yo si, dicen que son traficantes de cocaína - traga saliva antes de seguir. - son capaces de obligarte a comer tu propio excremento si los descubres.
- Yo he oído - dice otra - son tan peligrosos que la policía ni siquiera sabe de ellos, ya que acaban con cualquiera que intente chivarse.
- Natsuki - dice Rumina sin moverse del sitio - tu padre ha sido muy valiente si a tratado de llamar su atención.
Natsuki sigue llorando y se sorve la nariz ajena al mundo.
- Será mejor que os vayáis - dice Monika - Natsuki y yo tenemos que estudiar.
Monika chasquea los dedos para que las demás se retiren mientras ella levanta a Natsuki de una axila y la arrastra hasta la sala del club de literatura.
"La última regla del club de literatura es que si es tu primer día en el club tienes que pelear".
Natsuki está en medio de la habitación, ya no llora pero tiene la cabeza gacha, Monika da vueltas a su alrededor con los dedos pulgar y anular en el puente de la nariz con los ojos cerrados, pensando. Yo estoy apoyada en la puerta, no creo que venga nadie pero por si acaso.
- ¿Tu padre te violaba? - pregunta Monika sin miramientos.
- ¿Qué? - Natsuki alza la cabeza sorprendida.
- ¿Te violó tu padre alguna vez?
- ¿Qué clase de pregunta es esa? - dice frunciendo el ceño.
- Si o no, joder, no es tan difícil - dice Monika con una mirada que grita "si pudiera te abandonaba en el desierto y me olvidaba de esto".
- No - dice Natsuki, asustada como una niña pequeña - solo me pegaba de manera frecuente, generalmente bofetadas con sus anillos o me tiraba cosas.
- Quiero verlo - dice Monika - Quítate la falda y bájate las bragas.
- ¡Yo no voy a hacer eso! - grita Natsuki - tú no puedes obligarme.
- No - dice Monika, calmada pero acusativa. - Lo que no puedo hacer es obligarte a que te desnudes voluntariamente, pero si tengo que hacerlo por la fuerza... - Monika no acaba la frase, solo hace crujir sus nudillos al apretar sus puños.
Natsuki se asusta, eleva ambos brazos a la altura del pecho y su boca está abierta por el miedo. Comparten una mirada, el lagrimal de Natsuki vuelve a llenarse pero Monika solo la observa y lentamente empieza a fruncir el ceño.
Monika da un paso hacia ella, Natsuki aterrada lleva las manos a su cintura, se baja la falda y la ropa interior, todo parece estar en orden, ni cardenales, ni marcas, nada.
- Monika esto es ridículo - le digo. - No puedes saber si alguien ha pasado por algo así solo mirando su vagina.
Monika no me mira y Natsuki me ignora.
- Parece que está todo en orden - dice Monika y vuelve a alzar la mirada. - Vístete bien.
- ¿Qué haremos? - pregunta Natsuki lo mejor que puede.
- Ya lo sabes - dice Monika como si tal cosa - tú y yo estábamos en el club de repostería, estabas esperando a que tu padre viniera a recogerte y cuando saliste lo viste muerto por eso hay un charco de tu vómito en la escena del crimen, ¿Los responsables? Puede que una pandilla de gitanos, yo que se.
- ¿Pero y si hay más preguntas? ¿Y si alguien del club de repostería dice que no estábamos? - Natsuki se está desesperando, hiperventila - Dame más detalles por favor, estamos en el mismo barco.
- Jajaja - Monika se empieza a reír - no querida, tú estás en un barco que se hunde, yo estoy en el abismo más profundo esperando a ver quién es el siguiente que toca fondo - Monika se inclina y se lleva una mano al pecho con modestia. - Todas somos partes del mismo agua putrefacta, pero yo tengo la decencia de admitirlo.
Natsuki ya no va a seguir llorando, puedo ver su cara está a segundos de tocar fondo.
- No me mires así - dice Monika - yo le di una paliza pero tu le mataste.
- No puedes lavarte las manos - grita Natsuki - también hay pruebas de que estuviste ahí, está la sangre de tu nariz por el suelo.
- ¿Qué te crees que la vida es como las películas? - Monika hace un ademán hacia la parte baja de su nariz. - casi toda la sangre me la he tragado, el ser humano puede tragar hasta medio litro de sangre sin desmayarse - Monika sonríe mostrando sus encías sucias - además, la sangre del suelo está contaminada, eso no va a poder rastrearse y yo fui muy prudente, no dejé que mi sangre se quedara en sus manos - Monika inclina la cabeza hacia arriba inflando el pecho con seguridad. - ¿Tú en que pensabas cuando lo mataste?
- En que se lo merecía joder - dice Natsuki, se a puesto colorada. - Alguien tenía que darle su merecido, estoy harta de sus gritos, sus golpes y de comprarle alcohol para que grite y golpee.
- ¿Eso es todo? ¿Alcohol y golpes? - dice Monika, los brazos en jarras.
- No te atrevas a minimizarlo - dice Natsuki alzando ambas manos de rabia - tú no has tenido que ir a comprar cervezas obligada, con un carnet falso sabiendo que si te atrapaban tu padre iba a abandonarte para luego decirle a tu madre "si ya sabía yo que esta niña estaba loca", sí, alcohol, gritos y golpes, prácticamente todos los putos días, ¿Quién te crees que eres para opinar?
- Supongo que nadie - dice Monika encogiéndose de hombros, luego mira en uno de los bolsillos de su chaqueta y saca una tarjeta. - Solo quiero saber que opinará tu madre de esto - le entrega a Natsuki el carnet falso que le había quitado a su padre.
Natsuki lo toma y lo mira, pero ya no llora, puede que no le queden lágrimas, puede que le de igual, puede que pasen muchas cosas por su cabeza ahora mismo pero no va a decir nada.
- Será mejor que practiques tu voz desgarrada - le dice Monika poniéndole una mano en el hombro - vas a tener que llamar a tu madre y decirle que tu padre está muerto.
Una vez dije que nunca sufriría por amor, pero me equivoqué, ver a Natsuki llorar a lágrima viva mientras le dice a su madre que una pandilla a matado a su padre me está rompiendo por dentro, Natsuki no solo está soportando el peso de su culpa, va a tener que soportar el sufrimiento de su madre y va a tener que ser el pilar central de la familia para que su madre no entre en depresión o algo peor.
¿Es Natsuki una mala persona? Seguramente sea mejor persona que yo.
Capítulo 20: tres días después.
"El padre de una estudiante de tercer año ha sido encontrado muerto a las afueras del instituto local, la institución ha concedido una semana libre a la joven para que pueda afrontar este duelo junto a su madre. Las estudiantes aseguran que los responsables de esto han sido una pandilla que se hace llamar "los reyes gitanos", la hipótesis que se maneja es que el padre los encontró vendiendo cocaína y ellos lo rodearon y asesinaron tumbandole y aplastando su cabeza con un trozo de escombro". Eso es lo primero que he leído en el periódico.
Monika y yo estamos en la biblioteca, son las siete de la mañana y hoy no tenemos clase. Tengo el periódico entre mis manos, pese a que han pasado tres días la noticia sigue como titular. Monika en cambio está escribiendo un poema dadaísta, abre una página al azar del diccionario y la escribe. Hoy no tenemos instituto, es una fiesta local o algo.
- Creo que me iré a casa - dice Monika alzando la cabeza para que le preste atención.
- No tenemos casa - digo, para mirarla doblo el periódico como hacen los abuelos en las películas.
- Tú me entiendes - dice Monika, se levanta y se estira. - Supongo que iré a desayunar algo, tú deberías hacer lo mismo - toma sus cosas y se va.
"Desayuno", hace tanto que no desayuno que ahora me suena rara esa palabra. Monika y yo solo comemos y cenamos en locales que tengan un menú de precio fijo, tomamos las comidas con más calorías y lo que no ganemos ahí lo sustentamos con comida del supermercado, yo suelo comer galletas con chispas de chocolate y Monika compra muffins. No es una alimentación equilibrada, pero así no gano ni pierdo peso. Sigo con mi metro setenta y tres, y mis 52 kilos.
Cuando Monika se va me quedo sola entre las dos estanterías de libros, una es novela negra y enfrente novela de romance. Estoy en una mesa verde de bordes negros y patas metálicas que acaban en una goma negra que chirría si se mueve. Estoy a exactamente quince pasos de la salida más cercana, tengo detrás de mi y al alcance de mi mano si la estiro un libro de 547 páginas que puedo usar para golpear en caso de problemas y estoy preparada para echar la silla atrás y combatir en cualquier dirección.
Justo cuando estoy en mi paranoia de cómo me defendería en caso de que apareciera un tigre, una sombra se acerca por los pasillos. Lo primero que puedo reconocer es el lazo rojo.
- Buenos días - dice la bibliotecaria.
- Hola - respondo. - Ahora no he hecho ruido, lo juro - digo mientras doblo el periódico en cuatro y lo dejo sobre la mesa.
- Quería, si no es mucha molestia saber tú opinión - me dice y se sonroja un poco - sobre esto - señala el libro de recopilaciones sobre los poemas de "La depresión de Sayori".
- ¿Tú también vas al día con esto? - le pregunto tomando el libro y mostrando la portada.
- Si, veo que sueles venir a tomar las nuevas ediciones cuando las traigo cada vez.
- Gracias, solo llevo tres meses haciendo esto pero está entretenido - le hago un ademán con la mano indicando el sitio donde estaba Monika - por favor, siéntate.
Ella retira la silla con delicadeza, en general parece una persona frágil con una sonrisa sincera. Normalmente viste con el uniforme escolar, pero hoy lleva una camiseta rosa con un conejito blanco y unos pantalones vaqueros azul marino hasta la rodilla.
- Que te parece Sayori - pregunta con cierto entusiasmo.
- ¿Quieres que te sea sincera? - pregunto arqueando una ceja. - Debió haberse colgado hace mucho.
- Ahí va - la bibliotecaria pestañea varías veces, incrédula.
- Entiendo que no lo hace porque sino la trama se acaba - me estiro y apoyo en el espaldar de la silla. - Es algo así como cuándo en el viaje de Jason y los argonautas escrito por Heuripides, Medea no se muere solo para que cause problemas y la trama siga adelante.
- No creo que sea el caso - me dice ella con los labios muy juntos, tiene cara de "esta no ha entendido ni el título" - Sayori, sus órganos y emociones, todos están luchando por vivir aún y cuando el mundo lucha en su contra, eso es una fuerza de voluntad admirable.
- Es fácil hablar de los problemas si no los vives - le digo moviendo la mano con un "bah" - no creo que la autora sepa lo que es pasar por depresión, dice cosas como "soy la tristeza de Sayori y existo porque sufro", ¿Eso que? Una persona que sufre depresión no tendría ganas de decir eso.
- Tal vez por eso es necesario - me dice. - hablar por los que no pueden.
- Pero es diferente, no puedes hablar de depresión si no la has vivido.
- ¿Cómo sabes que no la ha vivido? - me cuestiona.
- Usa mucha floritura - digo y frunzo el ceño. - Una depresión seria no te hace hablar así.
- Que haya unas depresiones peores que otras no quiere decir que las más leves no puedan ser expresadas.
Me quedo en silencio, eso me ha tomado con la guardia baja.
- Creo que en el fondo todos buscamos un final feliz, incluso en nuestras peores situaciones - concluye. - Es admirable pues que hasta el lagrimal de Sayori se cuestione por qué llora.
- Okey - me incorporo y acerco un poco más - pero la autoinserción del autor no hay quien se la quite, ¿Podemos estar de acuerdo en eso?
- Si - dice sonriendo - las mejores historias siempre cuentan algo de nosotros.
"Soy las ganas de vivir de Sayori y no tengo intención de desaparecer".
Ya son las ocho, es increíble lo rápido que pasa el tiempo hablando con esa chica. Voy de camino al instituto y en un cruce de tres calles veo a MC pasar delante de mí, está caminando ensimismado y pasa sin verme, yo en cambio no puedo evitar mirar la marca de pintalabios rojo en su boca, es muy parecido al mío... Un momento.
Soy la rabia contenida de Sayori, al fin libre de sus cadenas.
- ¡Monika! - he abierto la ventana de un tirón hacia fuera y he entrado de un salto que hasta a mí me cuesta creerme.
- ¿Qué pasa? - Monika está practicando en el piano, aunque está de espaldas a mi ha girado lo suficiente como para que vea el potente rojo de sus labios.
Monika no compra ropa, siempre lleva el uniforme escolar, bajo la misma lógica nunca compra ni maquillaje ni perfume.
- ¿Me has robado el pintalabios? - Digo acercándome a ella, quizás con un tono demasiado elevado.
Monika simplemente señala a mi caja en la esquina de la habitación, sigue donde la dejé, no hay cambios incluso tiene la mochila encima tapándola.
- Yo respeto las reglas - me dice. - Yo no toco tu caja, tú no tocas mi armario.
- ¿Y como se que no has recolocado todo después de abrir mi caja? - tengo los brazos en jarras.
- No puedes saberlo, pero puedes preguntar a MC de donde ha salido el pintalabios si quieres - me dice con una sonrisa y una cara bobalicona que no descifro.
- Explícate - le exijo, aunque estoy algo más calmada. Enfadarse con Monika ya es difícil de por si, ella es un alma libre que no entiende a razones y si la molestas mucho simplemente te ignora o te saca los dientes.
- MC y yo hemos tenido otra cita sorpresa - dice cada palabra con orgullo.
Empiezo a pensar que Monika y MC son la misma persona, nunca los he visto juntos, aunque bueno, a mí no me verás junto a Brad Pit y eso no quiere decir que seamos la misma persona.
Serían las siete y cuarto cuando Monika llegó a las puertas del instituto, allí estaba MC como un pasmarote, dejando que el planeta girase a su alrededor.
- ¿Cómo tú por aquí? - preguntó Monika con una sonrisa.
- ¡Ah! - se asustó MC.
- Ya es la segunda vez que te asusto, debes ser más atento - Monika se acercó más a él.
- A si bueno, es que se me olvidó que hoy no había clase - MC se rasca detrás de la cabeza - además creo que alguien me ha cambiado el despertador ponía que ya eran las 8:00.
- El lado bueno es que no has llegado tarde - le dijo Monika con una sonrisa burlesca.
- Algo es algo - MC se encogió de hombros - ¿Tú que haces aquí?
- Vivo aquí.
- Lo digo enserio - insistió MC.
- Pasaba de camino a desayunar, ¿Te apuntas?
MC se apuntó y fueron juntos tomados de la manita por un camino de rosas y arcoiris hasta el centro comercial del centro de la ciudad que tenía una cafetería relativamente barata.
Monika pidió un café y una tostada de atún con mayonesa, MC pidió leche con Cacao. Ambos pagaron lo suyo.
- ¿Quieres oír un chiste? - dijo Monika cuando se sentaron.
- Vale - dijo MC.
- Esto va un hombre a ver a su mujer a un manicomio, hablan durante una hora pero el reloj de la sala parece avanzar sin seguir el compás, "¿Ése reloj va bien?" Preguntó el marido, "Si fuera el caso, yo no estaría aquí" - Monika terminó partiéndose de risa pero MC no.
- No lo entiendo - dijo MC.
- Porque todo en el lugar va mal, si las cosas funcionaran bien ella no estaría ahí - dice Monika apoyando la cabeza en las manos.
- Pero entonces él tampoco tendría que estar ahí, ¿No? - dice MC.
- Supongo que todos estamos locos, pero pocos lo entienden - dijo Monika, mirando al vacío - Nietzsche decía "quien luche con monstruos, cuide de no volverse uno".
- No me gusta mucho la filosofía de Nietzsche - dijo MC juntando los labios - era tipo "la moral es subjetiva pero si no piensas como yo eres un miserable que no sabe vivir".
- Es un pensamiento un poco simplista - dijo Monika sin cambiar la expresión - yo tengo una duda mejor, ¿Cuando Nietzsche dijo eso era ya un monstruo? ¿Cómo podemos reconocer a los monstruos?
- Creo que eso era metafórico - dijo MC, si esto fuera un anime le hubiera salido una gota de sudor gigante en la cabeza.
- ¿Soy un monstruo para ti? - Dice Monika completamente seria.
- Si fuera el caso, yo no estaría aquí - contesta MC.
Monika lo pensó un poco, pero la comisura de sus labios perdió la expresión seria y su sonrisa se volvió una risita que pudo tapar con la mano. MC se sonrojó un poco y se rascó la cabeza.
- Eres una persona única - dijo Monika.
Luego de ese desayuno estuvieron dando vueltas por el centro comercial y fueron a comprar pintalabios, ahí fue donde Monika consiguió uno parecido al mío. Ya al salir de la tienda y a punto de despedirse Monika se puso el pintalabios, ni siquiera necesitó un espejo.
- Sabe a fresa - dijo Monika - ¿Quieres probar? - preguntó mirando a MC.
- No gracias, nunca me pongo pintalabios - respondió él, totalmente enserio.
Monika no pudo evitar reírse - te estaba pidiendo un beso chico listo -.
- ¿Qué? O yo...
- Aún no has perdido la oportunidad - Monika se inclinó hacia él y MC solo cerró los ojos y se quedó quieto, casi temblando.
- Eres malísimo para esto - dijo Monika y le acercó la cabeza con delicadeza y le dio un morreo, no hay otra forma de decirlo porque eso explicaría la marca irregular en la cara de MC, también porque estaba tan atontado y ni me vio.
"Quién luche con monstruos cuide de no volverse uno".
Me quedo mirando a Monika después de que me lo cuente todo y ella solo me devuelve la mirada.
- No hubo lengua, no te preocupes - dice Monika, noto algo de decepción en sus palabras.
- Deberías tener cuidado - le digo yo. - MC es un chaval más simple que el asa un cubo, pero Natsuki, Yuri y Émili estaban coladitas por él.
- Tú lo has dicho, estaban - me dice Monika con un ademán - ¿Las has visto mencionarlo ahora?
Derrepente parece que el mundo se choca conmigo, desde que vamos al club de literatura prácticamente no las he visto hablar de él.
- Tal vez lo he hecho aposta - dice Monika con una sonrisa pícara - Lo tengo todo planeado, ¡buuu! - Monika hace el sonido de los fantasmas de caricatura.
- No seas así - le digo.
- Estás celosita - dice Monika - ¿Quieres un abrazo de consolación?
- Monika no seas así - le digo con los ojos en blanco.
- Vamos, no te hagas la difícil - Monika se acerca a mí con los brazos abiertos.
No recuerdo la última vez que recibí un abrazo. El cuerpo de Monika es bastante cálido, como un ordenador sobrecalentado. Dejo que la presión me gane y yo también la rodeo con mis brazos. Es un poco raro abrazar a Monika porque es más alta que yo, su metro ochenta apoya su cabeza sobre uno de mis hombros y yo me apoyo en su cuello.
Sus manos frotan mi espalda y yo le doy unas palmaditas, entonces Monika desabrocha mi sujetador de un movimiento y yo por instinto la empujo.
- ¿Qué coño haces? - le digo, aunque estoy sorprendida de cómo me ha desabrochado a través de la chaqueta.
- Perdón, pensé que estábamos en la misma linea.
- Mira Monika - le digo alejándome unos pasos - me caes bien, la mayoría del tiempo, pero no soy así, no hagas esto incómodo.
- Está bien - me dice ella - los goles se meten con portero.
Aveces dudo que Monika me haga caso cuando le hablo, es como si creyera que puede ver más allá de mí.
Capítulo 21: esa deidad sin nombre.
Monika es una persona tan rara que cuando la última semana de enero se levantó a las 5 a.m y dijo "me voy ejercitar los músculos", lo que menos me cuestioné fue "¿De donde ha sacado ese pico de construcción?". Tal cual, un día pilló un pico que sacó de su armario y se fue a picar al final de la calle incompleta de detrás del instituto. Solo verla hace que se me cansen los brazos, literalmente.
Hemos cerrado temporalmente el club de literatura y yo he vuelto a tener problemas para dormir, ni siquiera puedo quejarme, Natsuki está mucho peor, ayer su madre intentó suicidarse con una sobredosis de pastillas otra vez.
"Que haya desgracias más grandes que la mía no quiere decir que la mía no importa".
- Che, ¿Podemos hablar? - Rumina me intercepta en mi hora de descanso.
- ¿"Che"? - pregunto ajena al significado de esa expresión.
- Es una expresión de mi país, quiere decir cómo "ey" - dice Rumina que últimamente está diciendo más gentilicios, supongo que ya no le importa lo que piensen al respecto... Si es que alguna vez lo hizo - Lo que te quería contar era sobre la olimpiada matemática, ¿Aún no pasan la solicitud por tu aula? Émili me preguntó y es un quilombo porque en la mía lo pasaron la semana pasada.
- Pues no lo sé - digo con sinceridad - Austin no me ha dicho nada y el es a quien informan primero.
- De ese culo roto yo no me fiaría un carajo, ¿Te conté de cuando su novio se quiso pelear con el mío en una fiesta? - me dice Rumina.
- Espera, ¿Qué? - le interrumpo.
- ¿Te sorprende que Austin tenga novio?
- Me sorprende que alguien le aguante - confieso - y además me sorprende que esté en una relación porque le tira trastos a cualquiera.
- Mira, a lo que voy es que ese tipo no es de fiar y se que estás pasando por una etapa difícil luego de "eso" - Rumina hace comillas con las manos pero ambas entendemos a que se refiere. - No quiero que por el pelotudo de Austin te metas en un problema si es que no ha hecho bien su trabajo -.
- Iré a ver - digo finalizando la combersación.
"Cuantos quisieran tener mis problemas".
- ¡Ey Austin! - grito desde el final del pasillo para que él se gire.
- ¡Ey baby! - me responde.
El pasillo está compuesto de baldosas de granito, en las paredes hay azulejos que combinan el azul y el blanco en las partes que no tienen taquillas de puertas granates. Puedo matar a Austin de siete formas diferentes.
- ¿Vas de compras o porque esas bolsas en los ojos? - dice él. Es el tópico más básico del manipulador, tapar las críticas a tus inseguridades con comedia.
- Mira, no estoy de buenas - me acerco lo suficiente para tener su cabeza al alcance de mis puños, pero estoy lejos de su aliento. - ¿Cuando vas a pasar la inscripción de la olimpiada matemática por clase?
- ¿Pasarla? - se lleva una mano al pecho.
- Siii - le contesto imitando su voz de idiota.
- Pero si no había que pasarla, tontita - dice Austin - si querías inscribirte tenías que hablar conmigo y yo te anotaba.
- ¿Perdona? - hago crujir mis nudillos por instinto.
- Pues si, soy el único de clase que se ha inscrito - dice encogiéndose de hombros.
"Desgraciado hijo de puta" pienso, "Sabía que iba por nota y que bajo esa lógica él era la última opción".
- Oye, nadie me dijo que tenía que anunciarlo en clase - pone ojos de cachorrito.
- Porque lo daban por echo, zopenco - estoy controlando mi voz, lo más calmada que puedo.
- Así es la vida, el plazo terminó ayer - dice Austin con aires de victoria - ¿Qué harías tú en mi lugar?
- Tendría mucho cuidado sobre con quién hablo de esto - mi voz se vuelve fría y doy un paso al frente. - Me aseguraría de no acercarme mucho a la chica introvertida con problemas mentales porque puede que mis actos sean la última gota que derrame el vaso - prácticamente dejo que Monika hable por mí. - Entonces le rezaría hasta a la más desconocida de las deidades sin nombre por la protección del ángel albino de zapatos rojos para que esa desquiciada no memorice mis orarios y me acorrale en un lugar donde no se escuchen mis gritos - yo solía fingir que era amable. - Y quiera la fuerza que rige el mundo que la muy desgraciada no porte con sigo unos guantes de látex cubiertos de pegamento, porque entonces cuando sus manos se aferren a mi cuello impidiendo mis gritos ni siquiera tendría que hacer fuerza para mantener el agarre, solo apretar más y más en el centro de mi cuello. Lo peor vendría cuando soltara sus manos, pues lo haría con tal fuerza que la piel adherida a sus guantes se desprendería dejando irreconocible las marcas de las manos y cualquier rastro de huella dactilar.
Dejo que trague saliva mientras me retiro súbitamente de él.
- No vas a intimidarme con eso - dice tratando de reafirmar su posición.
- Una cosa más - le digo mientras le doy la espalda - esto es ilegal - enseño su manojo de llaves y entonces esprinto.
Pobre Austin, estaba tan impresionado de que al fin alguien le plantara cara que no notó como le quitaba las llaves del bolsillo. Llaves que por otra parte no debería tener, entre horario escolar y después de terminar las clases, las réplicas de las llaves de la fotocopiadora deben ser dejadas en dirección.
Mientras corro por los pasillos escucho los pasos de Austin tratando de alcanzarme, me imagino su careto cuando se ha tocado los bolsillos y ha visto que le faltaban las llaves. Estoy segura de que son una réplica porque ni el sería tan tonto de robarse las originales.
Delegación está en la planta baja y mientras llego a las escaleras pienso en lo mucho que me duelen las piernas, pese a correr todas las mañanas la falta de sueño me ha tensado los músculos a causa de los movimientos repentinos.
Salto por encima de un tramo de escaleras, ocho peldaños bajo mis pies, por mi, por Émili y por cualquiera del club. Caigo con gracia y distribuyo lo mejor que puedo el dolor de mis músculos resentidos. Austin viene perdiendo aceite y a medio gas, mientras yo ya estoy hablando con la profesora a cargo de tutelar nuestra clase, Rebeca, la profesora de latín. No hay fuerza en la tierra que pueda salvar a Austin ahora.
"Si aún respiras es que no has tocado fondo".
- ¿Saltaste un tramo de escalera solo por mí? - dice Émili juntando ambas manos en el pecho.
- De nada - le digo y me echo el pelo atrás como en las películas, como si no fuera importante.
Le he contado todo lo ocurrido a Émili, debido a sus actos, Austin va a ser expulsado tres días, se va a suspender su papel como delegado de la clase y su participación en la olimpiada matemática, por lo que he hecho público el mensaje en clase y Émili se ha podido apuntar.
Ahora mismo estamos las dos descansando en las gradas de la pista de atletismo, ella aún sigue muy emocionada.
- Primero me enseñas a boxear, me arreglas las piernas, das tu vida por mí...
- También me enfrenté a un alce, ya que quieres exagerar.
Ambas nos reímos.
- Enserio, muchas gracias - dice Émili - creo que está es mi oportunidad de demostrar que soy mucho más que una deportista.
- Yo solo espero que te vaya bien - suspiro - y también espero que Austin aprenda la lección.
- Que le den - dice y se pone de pie de un salto - alguien tenía que poner a ese idiota en su lugar, ay enserio, estoy tan feliz que siento que podría ganar a Mike Tyson yo sola.
Entonces ocurre, Émili se avalanza a mi sorpresivamente y me abraza, llevaba sus manos a mi espalda y yo grito y la apato por instinto.
- ¡No hagas eso! - le digo.
- Perdón - Émili se asusta y retrocede.
Mi cabeza se vuelve fría enseguida, me doy cuenta de lo que hago y donde estoy.
- Lo - trago saliva - lo siento, hace poco tuve una mala experiencia con un abrazo.
¿Qué diablos acabo de hacer? Tiene que ser la falta de sueño, mis emociones van a mil por hora en microsegundos.
- ¿Qué te pasó? - Émili pone una cara de preocupación demasiado deprisa - ¿Fue un hombre?
- ¿Qué? No no no, fue una chica - digo y veo como se relaja. - Ella pensaba que sentía algo por ella y trató de llegar más lejos, pero no pasó nada, la detuve a tiempo.
- A bueno - dice - si era una chica.
No puedo evitar poner los ojos en blanco.
- Quiero decir, sigue siendo grave, pero si solo fue un malentendido...
Si, solo un malentendido.
"Una vez fui Ozymandias, y de esta arena formaré mi reino para que jamás vuelva a caer".
Capítulo 22: poetas y circunstancias.
Ya estamos en febrero, ahora soy la delegada de la clase y Émili mi subdelegada.
El club de literatura sigue cerrado pero para mantener la imaginación activa hemos empezado a escribir poemas. Yo escribo poemas muy simples, mezclo palabras y hago que rimen, pero Yuri opina que tengo un estilo de escritura bastante bonito y Honoka ha dicho que le gustaría ser como yo.
Natsuki escribe poemas muy bestias, gente muriendo por causa de la depresión y derivados. El último que me enseñó decía:
- "Los demonios no están en el infierno.
- Abordan nuestra mente y problemas internos.
- Un bote de pastillas no será el remedio.
- Pero cien de una te dará el descanso eterno".
Reichel es una persona extrovertida y feliz, quizás demasiado, siempre te habla motivada y con una sonrisa como si tratase de venderte un barco, te empujaba o te acariciaba el pelo sin avisar. Ella trata de acercarse a todo el mundo y cuando se enteró de que Austin estaba solo y volvía de ser expulsado tardó cero coma en acercarse a él.
Recuerdo que cuando le pedí a Reichel que me mantuviera al día con las noticias su respuesta fue "por supuesto cariño".
Me gustaría decir que confío en Reichel y que se que no le contará nada a Austin sobre el club, pero la verdad es que no me fío ni de mi sombra. Aún así nadie le dará la razón, no lo hubieran echo antes, menos ahora que las relacionarían indirectamente con un asesinato.
"Hombre precavido vale por dos".
Estoy empezando a pensar que todo es un sueño, duermo como tres horas al día y cada vez menos. Mis brazos duelen como si me pasara horas cortando leña. En cambio Monika se ve cada día mejor.
A todo esto, ¿Qué día es? Ni siquiera se si ya estamos por llegar a marzo y tengo que prepararme los exámenes.
En estos momentos verdaderamente me gustaría ser un cerebro flotando en el espacio.
- Creo que voy a tener que cerrarte el grifo - me dice Monika mientras cenamos en un restaurante barato.
- ¿Qué? ¿Tanto agua gasto? - hace tiempo que no me cambio de ropa, sigo el ejemplo de Monika y solo uso mi uniforme escolar, incluso después de ducharme.
- No, es una expresión - me dice Monika muy seria - nos estamos quedando sin dinero.
- ¿Nos estamos quedando sin dinero? - repito incrédula con los ojos entrecerrados, como si no estuviera entendiendo las palabras.
- Sí.
- Pero... - giro la cabeza mirando a mi alrededor, asegurándome de que nadie nos escucha. - Pero si tú lo robas de los cajeros, ¿Cómo que te estás quedando sin ello?
- Han cambiado los formatos, ya no puedo entrar - Monika se cruza de brazos y apoya su espalda en el respaldo - tal vez podría entrar desde dentro, si tuviera acceso a los archivos principales... - Monika niega con la cabeza. - Olvídalo, es una locura.
- ¿Y que vamos a hacer? - pregunto con preocupación.
- Creo que me voy a buscar un trabajo de medio tiempo, tal vez uno de camarera que no exija mucho - dice más tranquila de lo que debería.
- Supongo que yo podría buscar...
- No te esfuerces - me corta Monika - entre tu insomnio y tus estudios no vas a dar a basto.
- Bueno - pongo una mano en la mesa y la otra me la llevo a la frente. - Siempre hay tiempos difíciles.
Monika me toma y envuelve mi mano con las suyas - saldremos adelante cariño - me dice.
No puedo evitar quitar mi mano de golpe - no empieces por favor - le digo.
"Cuantos quisieran tener mis problemas".
- Tal como te digo, ¿Tú lo ves posible? - me dice Rumina, no se de qué está hablando.
- No estaba prestando atención, ¿Qué pasa? - estamos en mitad del pasillo, creo que es jueves.
- Reichel creé que somos amigas, ayer estaba con Honoka hablando de nuestras cosas y me dio una nalgada - noto la indignación en cada una de sus palabras. - ¿Qué harías tú en un caso así?
- Creo que la mataría, no me gusta que me toquen - digo sin pensarlo mucho.
"Soy el corazón de Sayori deseando detenerme".
Monika lleva una semana trabajando de camarera nocturna en un restaurante para gente acomodada, son de éstas personas que están tan centradas en sus lujos que ni siquiera prestan atención a lo que comen y mucho menos se fijan en el detalle de que Monika es la única persona en todo el lugar que lleva un uniforme escolar en lugar del traje de camarero.
Hoy Monika ha llegado a las 3:00 a.m, la estaba esperando despierta y ambas nos hemos mirado con la misma expresión muerta.
- Necesito que el club de literatura regrese - me dice. - ¡Tengo estrés de sobra para matar a un caballo! - grita.
- No chilles - le digo - tengo la cabeza que parece que me hayan golpeado con un martillo.
Ambas nos miramos con los mismos ojos agotados, Monika se acerca a su armario y luego gira la cabeza para mirarme.
- ¿Te importa? - me gruñe, yo desvío la mirada.
Monika arrastra los pies hasta el centro de la sala donde esta el pupitre y las dos sillas, ya me había olvidado de él. Sobre él deja una hoja de papel y un bolígrafo, luego con una delicadeza contraria a su cansancio escribe en cursiva las reglas del club de literatura. Me da el papel y yo lo tomo, leyendo por curiosidad y asegurándome de que no ha puesto faltas.
- Mañana cuando acaben las clases vas y fotocopias un par de éstas - me dice.
- ¿Qué? ¿Cómo esperas que haga eso? - replico molesta.
Monika sostiene delante de mis narices su réplica de todas las llaves del instituto.
- Enserio alguien me tiene que explicar de dónde sacáis estás réplicas - le digo.
- Joder mira que llegas a ser ignorante - me dice con el ceño fruncido - tomas la llave, la metes en plastilina o algo que replique su forma y luego echas metal fundido en el envase.
- Carai - digo con genuina sorpresa - yo pensaba que se las dejabas a un profesional y las replicaba una por una en un tramo de dos semanas.
- Piensas demasiado - me dice Monika.
Eso legítimamente me cabrea y ahora que la veo tan cansada tengo una idea.
- Oye, que tal si tú y yo peleamos, un asalto por los viejos tiempos - le digo disimulando mi sonrisa pícara.
- Bueno - Monika se encoge de hombros y se acerca al suelo acolchado que usamos como cama.
Voy a disfrutar esto, es la primera vez que veo a Monika cansada, pero yo llevo toda mi vida así. Estamos en el centro del cuadrilátero, cierro mi puño preparando un gancho, hago un amago de un golpe con la izquierda y Monika se intenta apartar.
"Te tengo" pienso mientras llevo un gancho derecho hacia su rostro.
Los ojos de Monika se abren y centellean en la oscuridad, atrapa mi muñeca con una mano y me suelta un golpe a la mandíbula que me hace caer de espaldas sin fuerzas para levantarme.
- Buenas noches - es lo último que escucho antes de quedar inconsciente, o dormida, yo que se. Monika verdaderamente tiene unos brazos más fuertes.
Capítulo 23: Poetas y costillas.
Desde que empezó a trabajar Monika ya no entrena brazos, pero el hoyo que hizo sigue ahí.
Estamos en la biblioteca centradas en nuestras cosas.
- Esto no va a funcionar Monika - le digo leyendo de nuevo las reglas del club. - ¿Cuantas chicas crees que quieren pegarse con gente que no conocen?
- Las suficientes - dice Monika.
- Por favor - pongo mis ojos en blanco. - Además ¿Por donde vamos a entregar esto?
- Mira es sencillo - me dice Monika con su mítico dedo que parece decir "escucha niña, yo te explico". - Todas tenemos ganas de golpear a alguien, todas nos enfadamos, estamos cansadas de que nos miren y nos juzguen en silencio. Aún que no nos engañemos, lo hacemos entre nosotras mismas, el mayor enemigo de una mujer es otra mujer, somos una generación de mujeres criadas bajo los estándares masculinos. Pero parece que la violencia entre nosotras no está bien vista a pesar de lo mucho que la deseamos.
Finjo que no me creo ninguna de sus palabras.
- Dame unas dieciséis copias - me dice Monika con sus ojitos de cielo. - por favor.
"Todos somos parte del mismo agua putrefacta, pero al menos yo lo admito".
Austin y Reichel están saliendo, al parecer Austin tiene una relación abierta solo que su novio no lo sabe. Todo esto lo sé porque Reichel me lo está contando como si yo la hubiera preguntado.
"Soy la decepción de Sayori frente a otro día monótono".
Estoy en mi primer descanso frente al cuarto de la impresora analizando cuanto tiempo tardaré en hacer un mínimo de quince copias esperando que nadie me descubra.
Alguien me abraza desde atrás y sus manos terminan en mis pechos.
- ¡Sorpresa! - empieza a decir una voz antes de quedar sin aliento cuando mi codo se encaja entre su pelvis y cadera.
Me giro para ver la cara sorprendida de Reichel tratando de recuperar el aire y aunque podría parar, dejo que mi puño se estrelle en su nariz y me llene los nudillos y parte del pecho con su sangre.
Antes de que caiga al suelo la tomo de la pechera y la estrello contra la pared, bloqueando su nariz con mis manos para que no sangre.
- Ahí perdón Reichel - la digo soltándola a tiempo para que ella se tape. - Menudo susto me has dado.
Reichel se mira la mano y luego me mira a mí.
- ¿¡Qué coño has hecho!? - Me grita.
- Ha sido puro instinto - le pongo la mano en el codo. - Ven te acompaño al baño a limpiarte.
Cuando acabe con ella no quedará ni una sola marca de mis golpes, sin pruebas y con su reputación de exagerada no habrá quien la crea.
"Nunca llueve a gusto de todos".
Se han acabado las clases pero Austin me ha estado siguiendo desde lejos, lo puedo ver por el rabillo del ojo. Estoy segura de que creé que no lo veo, y también estoy segura de que me sigue porque Reichel le habrá contado sobre nuestro encuentro. Desgraciadamente el testimonio de Austin puede ser un problema, así que habrá que mantenerlo ocupado y solo se de una persona con nervios de acero que podría hacerme un favor.
Honoka está justo donde supuse que estaría, está escribiendo un poema épico sobre el Japón feudal, le encantan esas cosas. Solo necesito una mirada y un movimiento de cabeza, ella me entiende perfectamente y se acerca a hablar con Austin mientras yo me escabullo.
Doly Parton dijo una vez "si quieres el arcoiris tienes que soportar la lluvia".
He echo las copias que Monika me ha pedido y he cerrado a la perfección. Estaba pensando en pillar algo para Honoka de la máquina por el favor que me ha hecho, pero desde que Monika trabaja no tengo suelto y la máquina sigue sin aceptar billetes, además, dudo que alguien por aquí tenga cambio de cincuenta.
Pestañeo y cuando vuelvo a abrir los ojos ya es de noche, hoy está lloviendo más que de costumbre para estas fechas. Le he dado a Monika las fotocopias y esta se ha ido al trabajo, ahora solo quiero dormir.
¿Sabías que las impresoras tienen un registro de todas las horas a las que han sido usadas? Yo no lo sabía pero Austin si, por eso usaba la impresora a deshora sin miedo, porque también sabía borrarlo.
Austin si no fueras tan impertinente podrías haber sido una gran persona, pero tú siempre quieres tener razón, por eso te metiste al instituto por la noche para buscar el registro y tener pruebas.
Ay Austin, si hubieras sido inteligente no hubieras venido de noche un día de lluvia, eso solo tapará tus gritos y dificultará reconocer tus huellas.
Ay Austin, si hubieras prestado algo de atención hubieras visto como la puerta del club de literatura se abría para seguirte cuando subías las escaleras.
Me cago en tus muertos Austin, tenías una réplica de la réplica de las llaves del instituto.
Si hubieras sido más perspicaz hubieras visto que había dos sombras cuando el relámpago iluminó la habitación. Cuando el trueno llegó al lugar solo había una respirando.
Si Austin se hubiera metido en sus asuntos ahora tendríamos impresora.
Capítulo 24: poetas y navajas.
Hoy he dormido muy bien.
Monika ha tapado el hoyo que hizo, fui a verlo por curiosidad hoy que me levanté temprano pero la zona estaba totalmente tapada, de hecho ni siquiera se con seguridad donde estaba, simplemente se que ya no hay hoyo.
"Adolescente de 18 años desaparece sin dejar rastro, sus padres solicitan cualquier tipo de ayuda para encontrarlo. Según las declaraciones de su padre "no se porque se escaparía por la noche, no se porque haría eso sí estaba lloviendo"".
Natsuki me ha pedido que le devuelva sus mangas, debido a que su padre no está ya no necesita dejarlos en el club, sin embargo dejó bastantes por lo que no le han cavido todos en la mochila, así que se ha guardado uno más entre la camiseta y la chaqueta cerrada.
Le he preguntado por su madre, lleva una semana en rehabilitación y parece que ha dejado las pastillas, me alegro por ella.
Estamos a mediados de marzo si no me equivoco y hoy se va a reabrir el club de literatura, como siempre de cinco a seis, así que he pensado en hablar con Honoka para ver si quiere una revancha, hoy voy a necesitar un combate duro.
Honoka está en la clase C igual que Rumina, Natsuki y Yuri son del A, y Émili y yo somos del B. No se a que clase va Monika, nunca la he preguntado.
"Cuando todo esto acabe tus problemas no se habrán resuelto, mínimo hagamos que esto merezca la pena".
Estoy apoyada en el alféizar de la puerta, Honoka está hablando con MC y son los últimos que quedan en la clase durante el descanso. Honoka me mira y entonces me señala, levanta su mochila con una mano y desaparece por la puerta dándome una palmada antes de que le diga que me espere porque quiero hablar con ella.
- Hola - me dice MC.
- ¿Qué hay? - le respondo.
- Puedo mostrarte algo, es personal - me dice él sonrojándose un poco.
- Bueno - en circunstancias normales no querría pero si Honoka me ha dejado a solas con él es porque quiere que me ocupe yo, tengo que hacerlo porque le debo una por haberse ocupado de Austin.
- Vale, pero no te asustes - me dice MC dándose la vuelta, entonces escucho como se desabrocha los botones de la camiseta.
MC está de espaldas a mí en un foco en el cual la clara luz de las doce de la mañana realza su perfil y su pelo, así que cuando la chaqueta se escurre de sus hombros y la apoya sobre una mesa lo único que pienso es; "Como me diga que es un vampiro que brilla a la luz del sol le voy a creer".
- ¿Qué te parece? - MC se da la vuelta con el pecho descubierto.
- ¡No me jodas! - grito sin querer - ¿Eso es un tumor?
- ¡No! - dice MC y mira alarmado a la puerta.
- Ay, perdón - entro dentro del aula y cierro la puerta.
MC tiene un gran punto morado en el pecho del tamaño de un puño.
- ¿Puedo tocarlo? - le digo mientras lo miro de cerca.
- Bueno, pero no aprietes - me dice.
Le paso la mano por la superficie, está caliente. MC tiene un pecho bien trabajado, no es que tenga el físico de Brus Lee pero se nota que está en forma. El morado lo tiene entre los pectorales, tiene una marca oscura en el centro y los laterales poco a poco se van aclarando.
- Parece una gran mancha de mermelada en un trozo de pan - le digo mientras examino.
- Gracias - dice él.
- ¿Te han golpeado con un palo de golf o algo así?
- ¿Qué? No - dice MC - cuando me desperté esta noche ya lo tenía y no me había pasado antes.
- ¿Por qué no has ido a la enfermería? - digo mientras me retiro.
- He ido y me ha dicho que no ve nada raro - me dice encogiéndose de hombros. - Por eso quería hablar con Honoka, he oído que ella entiende de golpes porque fue boxeadora, pero ella me ha dicho que tu sabes más al respecto.
- Si, yo diría que es solo una marca superficial, es como si hubieras dormido clavándote los codos - le digo con una sonrisa pícara. - Ya puedes abrocharte la camiseta.
- A a claro - dice mientras se viste con rapidez. - ¿Así que practicas boxeo?
- Kick boxing - le digo encogiéndome de hombros.
- ¿No es lo mismo pero con patadas? - me pregunta con ingenuidad.
- Madre del cielo, no digas eso donde te oigan - digo mientras me cruzo de brazos.
- ¡Oh! No me malentiendas, tiene que ser genial saber pelear - MC termina su frase como si lanzara un jab.
- jajaja - digo riéndome y llevándome la mano al puente de la nariz y tapándome la boca con la palma - ¿Pero que ha sido eso?
- Se supone que un gancho - dice el con cara de "pues para mí no ha estado tan mal".
MC retrocede un segundo tarde cuando mi puño frena a tres centímetros de su cara.
- Eso sí es un gancho - digo orgullosa y guardando rápido mi mano en los bolsillos de la chaqueta.
- Wow - dice MC - ni lo he visto.
- 16 kilómetros por hora - digo flexionando el brazo para mostrar músculo. - No me gusta presumir, pero esto está trabajado.
- ¿Me enseñarías? - me pregunta y cuando le miro traga saliva.
- Tal vez podría enseñarte lo básico - digo sin pensarlo mucho - pero ya otro día, ¿Vale?
- Claro, claro - dice MC rascándose detrás de la cabeza - no es como que esté deseando pegarme con alguien.
- Pues nada, chao - le hago un saludo desde la frente con dos dedos y me voy.
Honoka está colocando las cosas en su taquilla, puedo ver qué la puerta está medio rota, es demasiado fuerte, creo que podría romperla de tres tirones.
- Pues ya me debes dos, ¿No? - me dice con una sonrisa en la cara.
- ¿Perdona? Esto salda nuestra deuda - le digo con los brazos en jarras.
- Te he dejado a solas con el chico que te gusta, eso es un punto a mi favor - me dice ella con una media sonrisa que dice "te he atrapado, te toca admitirlo".
- Perdona - digo arqueando una ceja - MC no me gusta, solo somos amigos de la infancia.
- Ya claro, eso dicen todas.
- Es verdad - el tono cortante de mi voz alerta a Honoka.
- Valla - Honoka hace de la comisura de sus labios una fina línea. - Rumina me dijo que estabas muy enamorada de él, tanto que lloraste cuando te dieron un regalo que te recordaba a él en navidad.
- Santo cielo - digo llevándome la palma a la cara - Me emocioné porque era un regalo que me recordó a mi infancia, ¿Tú no tenías un juguete especial de pequeña?
- No - ahora el tono cortante lo tiene ella. - Era difícil tener tiempo para jugar entre la escuela, las clases de equitación y los entrenamientos de judo.
- A si, lo olvidaba - desvío mi mirada al suelo.
- No pasa nada - dice ella. - Tampoco me apetecía mirar el pecho desnudo de un compañero, que vergüenza.
- Ja - no puedo evitar soltar una risa en un suspiro. - Asique golpearse hasta el cansancio y revolcarse en combates de artes marciales mixtas no es problema, pero por favor no le enseñen unos pectorales que se vuelve un tomate.
- ¡Oye! - me da un toque amistoso en el hombro - no lo digas así.
Al final ambas nos reímos y prometemos ajustar cuentas en el club de literatura.
"No puedes cambiar el mundo a puñetazos".
Estoy en el aula de literatura esperando a Monika para ir a comer, últimamente hemos estado yendo a comer en lugares más baratos, ayer incluso solo comimos unos burritos en un puesto de la calle, estaban buenos.
Monika entra abriendo la puerta de golpe y corre a su armario buscando algo, antes de que pueda preguntar dice una sola afirmación que me hiela hasta los huesos.
- Han apuñalado a Natsuki en la entrada - toma un botiquín del armario y corre sin mirar atrás cerrando el mismo de un portazo.
Yo la sigo corriendo después de cerrar la puerta del club.
- ¿Qué ha pasado? - pregunto sin saber si puede oírme.
Ya estamos en la salida, efectivamente Natsuki está en el suelo con un costado sangrando. No muy lejos de ella hay un cuerpo inconsciente, es un motorista con un casco roto y una navaja en el suelo cerca de él.
- ¡Llama a una ambulancia, joder! - me grita Monika mientras ella abre el botiquín.
Exceptuandonos, la salida está vacía, supongo que serán las 14:45, quince minutos después de la salida. A esta hora la gente se ha ido a comer o a estudiar a la biblioteca, antes de tener que regresar a los club.
- ¡Qué llames! - los gritos de Monika me devuelven a la realidad y empiezo a marcar el número de emergencia, responde rápido y doy la dirección.
- ¡Ven aquí! - Monika me llama y me acerco al cuerpo de Natsuki, aún respira pero está en shock y no habla.
Miro detenidamente al motorista, viendo mejor su figura puedo notar que se trata de una mujer.
- ¿Quién es ella? - pregunto a Monika mientras le quito la chaqueta a Natsuki para facilitarme el hacer presión.
- No lo se - me responde rápidamente - yo estaba hablando con Natsuki, quería convencerla de que viniera hoy al club y derrepente esta se ha aparcado, se ha bajado de la moto y la ha apuñalado, cuando lo ha intentado conmigo la he roto la muñeca con la rodilla y la he noqueado.
- ¿Está muerta? - digo conocedora de la fuerza de Monika y viendo que no se mueve.
- No creo, no me importa - dice Monika.
Le estoy desabrochando la camiseta a Natsuki hasta la altura del ombligo, la puñalada ha sido en el lado derecho del abdomen.
- Por el nombre maldito de None - dice Monika.
Ambas estamos viendo como la puñalada a perdido fuerza debido a que justo se ha clavado en el manga que Natsuki llevaba dentro de la ropa.
- Esto iba a matar - digo mientras retiro el manga.
Efectivamente la puñalada a sido profunda, si era una navaja de 15 cm, ha tenido que atravesar hasta la empuñadura, lo ha atravesado de lado a lado y se ha clavado 7 centímetros en la piel.
Tengo las manos llenas de sangre, Monika me pasa vendas para que haga presión y evitar una hemorragia.
Soy consciente de que tengo las manos llenas de sangre por primera vez en mi vida.
La motorista misteriosa se levanta, su casco se ha roto y aunque solo veo parte de su cara se perfectamente quien es. Sin dar explicaciones se monta en su moto. Estoy a punto de levantarme a por ella y tumbarla pero Monika me da un golpe en el brazo.
- Céntrate - me dice. - Ya nos encargaremos de ella luego.
Tras diez minutos de agonía y espera, por fin llega la ambulancia.
Capítulo 25: hospitales y hospitalarios.
Han pasado seis horas, estoy en la sala de espera del hospital, escuchando a la madre de Natsuki llorando y pidiendo perdón a su hija por algo.
Monika me dejó sola ante el peligro, cuando escuchó la sirena de la ambulancia me dijo "luego te lo explicaré" y se fue. Estoy bastante segura de que se fue para no dar declaraciones a la policía o hubiera tenido que explicar quién es y dónde vivía o que se yo, la mente de Monika es un enigma.
Naturalmente yo si tuve que dar declaraciones, me sentí tan falsa como cuando tenía 17 años, llorando y pidiendo que no llamaran a mis padres porque no quería preocuparlos. Ni yo sé porque funcionó eso.
El hospital tiene una hilera de sillas de plástico azules adosadas a la pared, los azulejos son azules, el techo blanco y el suelo de baldosas amarillas como en el mago de Oz. Hay pocas ventanas en el lugar y la mayoría de iluminación es artificial ahora que es casi de noche. No hay cámaras de seguridad.
Rumina viene andando por el pasillo, seguramente su novio la ha traído hasta aquí pues se que tiene carnet de conducir. Viene a verme porque todas las chicas del club se han enterado de la noticia y cada hora viene una para preguntar por Natsuki, yo me he quedado esperando por no tener otra cosa que hacer.
- ¿Cómo andá la cosa? - pregunta ella sentándose a mí lado.
- A estas alturas tenemos que conformarnos con que simplemente anden - suelto en un suspiro.
- ¿Creés que esto haya sido obra de los reyes gitanos? - me dice Rumina acercándose a mi oído, como si temiera que alguien en este hospital vacío la escuchara.
Hace un rato vi a dos doctores cargando a una niña con la mitad de la cara quemada en una camilla y presa de una camisa de fuerza.
- Rumina, los reyes gitanos no existen - le digo con una mano en la sien.
- ¿Pero no te parece a vos esto un ajuste de cuentas? - dice ella. - Capaz que escucharon que les acusaron de matar al padre y también se querían adjudicar a la hija.
- No me chamuyes Rumi - le digo con un ademán de mano.
- ¿Cómo? - pregunta Rumina con cara de póker.
- ¿No es lo que dicen en tu país para "no molestes"?
- Algo así, ¿Pero que onda con ese comentario ahora?
- No lo se - digo frotándome los dedos en la sien. - Estoy cansada, ¿Vale? Ya he tenido que explicar la historia muchas veces hoy.
Mentirosa.
Rumina me mira en silencio unos segundos - ¿Qué sucedió? - pregunta al fin.
- Aaj - me quejo. - Mira, yo solo salí del instituto y vi a Natsuki desangrándose en el suelo, a su lado había una chica en moto que se había caído y tenía su navaja en el suelo, yo solo llamé a una ambulancia y traté de frenar la hemorragia de Natsuki con un botiquín de emergencias de primeros auxilios. Cuando salí de nuevo con el botiquín la motorista ya no estaba.
Rumina me está mirando muy seriamente, creo que busca leer mis expresiones, agradezco que se preocupe por mí pero esto ya es medio raro.
- ¿Segura que es todo? - pregunta.
- Si - le miento.
La verdad es que me falta un detalle, que yo estaba ahí cuando la motorista se levantó y reconocí su mirada. Habría reconocido esa mirada de terror y confusión en cualquier parte, era la misma mirada que puso cuando la estrellé contra la pared.
Reichel lo hizo, pero no tengo pruebas, sin pruebas solo son suposiciones.
Se creé que Jack el destripador era cirujano por la forma tan precisa en la cual asesinaba a sus víctimas. Pero sin pruebas, solo son suposiciones y Jack jamás fue atrapado.
- Dale, te creo, no te preocupes - Rumina me acaricia la cabeza como si fuera un perro y se la aparto de un manotazo.
- Oye - le digo - no te tomes tantas confianzas.
Rumina se ríe y yo aún no quiero, termino ofreciendo una sonrisa.
- Dale no te enojes - me dice.
- No estoy enojada - le digo negando con la cabeza. - Simplemente no me gusta que me toquen.
- Huy pero eso es terrible - dice Rumina exagerando su preocupación, llevándose las manos a la cara como la figura del grito. - ¿Cómo le harás cuando tengas pareja?
- Moriré sola y feliz rodeada de gatos, entonces mi cuerpo caerá a la tierra, de ella saldrán flores y yo viviré en ellas para siempre - pongo la cabeza en alto con una sonrisa de satisfacción.
- No seas así - me dice empujándome un hombro. - El amor es algo maravilloso.
De verdad que no puedo evitar reírme de cómo Rumina pronuncia "maravishoso".
- Jaja ay Rumina - le digo - tú no eres objetiva porque tienes novio, pero yo que llevo sola toda mi vida se apreciar sus virtudes.
- Escuchá - me dice más seria. - ¿Sabes cómo conocí a Nacho?
- Pues no, nunca me lo has contado.
- Mira, todo empezó hace cuatro años en una discoteca, estábamos las pibas y yo bailando, pero me dio un quilombo re fuerte en la cabeza viste y en eso que me echo a un lado y veo a un pibito gritándole a otro, se ve que buscaba armarla.
» Pasa y resulta que yo conozco al tipo al que estaban bardeando, era el hijo de mi vecina, un chico retímido y reservado, así que salto yo frente a él y empiezo a gritar al otro boludo, le digo "no que muy machito, dale atrévete conmigo".
- ¿Ese chaval que buscaba pelea era el novio de Austin? - pregunto.
- Si, el Dieguito era ese ¿Ya te comenté esto? - me dice.
- Fuiste muy superficial.
- Pues tal cual te digo - dice Rumina encogiéndose de hombros. - Luego retiré a Nacho de la pista y ya más lejos le pregunté porque no se defendía - Rumina hace una pausa para reírse un poco, es una risa honesta. - me dijo, "Piba soy boxeador federado, si lo toco lo hago boleta", ahí fue cuando nos conocimos, me sorprendió que él también fuera argentino, hay pocos migrantes argentinos en este país.
"La persona adecuada en el lugar incorrecto puede cambiar el mundo".
- ¿Entonces eso fue lo que te interesó de él? ¿Qué era argentino y que boxeaba? - pregunto.
- Si - contesta sin pensarlo mucho. - Luego está lo que pasó cuando reprobé, él estuvo ahí para ayudarme con las materias, tras eso le pedí salir.
- ¿Te lo has follado? - juro que es Monika la que mueve mis labios.
Rumina me mira, pestañea dos veces para asegurarse de haber escuchado bien pero yo solo la miro con cara de "no tienes que contestar si no quieres, pero me interesa".
- ¿Follar es como coger, no? - pregunta.
- Si, básicamente - respondo.
- Entonces no, ambos somos muy tímidos - Rumina se sonroja un poco. - Nachin se moriría de vergüenza si tuviera que ir a comprar preservativos.
- Amor puro e inocente - reflexiono en voz alta. - Queda poco de eso hoy día.
- Bueno, no soy tan inocente - Rumina se empieza a levantar la blusa, se que quiere mostrarme una de sus cicatrices pero yo tomo su blusa y rápidamente la empujo hacia abajo y clavo la mirada más allá de ella.
- Muy buenas Nacho - digo mientras el novio de Rumina gira la esquina del pasillo.
- Hola - dice alzando una mano. - ¿Qué hacíais?
- Nada, Rumi me dejaba tocar el suave material de su blusa - le miento.
- A sí, es la nueva, la que te deja que no sientes ni frío ni calor - miente Rumina.
- ¿Qué tal tu muñeca? - pregunta Nacho a Rumina.
- Hace semanas que está bien.
- No, quería decir, ¿Qué tal tú, muñeca? - Nacho le guiña un ojo.
Rumina da un saltito y se pone de pie para besar a su novio.
- No seas bobo, ¿A que viene eso? - dice Rumina atontada por los efectos de cupido.
- Lo acabo de escuchar en la radio.
- puag contacto físico - finjo una arcada y me incorporo. - iré al baño a vomitar.
Mientras paso cerca de ellos en dirección al pasillo escucho a Rumina decir, "no te asustes, es típico de ella".
Capítulo 26: hechos y desechos.
Ya ha pasado una semana desde que Natsuki fue apuñalada, estamos a mitad de marzo y en el instituto no se habla de otra cosa.
Natsuki está bien, su madre se ha unido mucho más a ella tras esto, en palabras de Natsuki: "al casi morirme se dio cuenta de que si me deja sola en este mundo no estaré segura". No estoy muy convencida de que así funcione el amor maternal pero yo nunca he tenido de eso, así que prefiero no opinar.
El club de literatura se expande, Monika consiguió unir a sus compañeras del trabajo y estas unieron a sus demás amigas, de un momento a otro había un club de literatura en cada punta de la ciudad. Monika dice que si todo sale bien habrá uno en cada provincia del país.
La primera regla del club de literatura es que no se habla de literatura.
Monika ha cambiado el viejo método de combate, ahora las peleas se realizan solo usando cinta para proteger los nudillos y brazos, como hacían los púgiles romanos.
La segunda regla del club de literatura es que no se habla del club.
Hace tiempo que no voy al club de literatura, después de lo de Reichel estoy empezando a pensar que tal vez me pasé, que estamos desatando una violencia que no controlamos, ¿Y si Reichel atacó a Natsuki porque sabría que no podría conmigo?
"Madre asesina a sus hijos y se suicida luego de que su marido le pidiera el divorcio por atraparla siendo infiel".
- ¿No irás hoy al club? - me pregunta Honoka.
Estoy en mi hora de descanso, me estoy comiendo un bocadillo que Monika me trajo de una máquina o algo. Natsuki también está con nosotras. Estamos las tres en el patio principal disfrutando de nuestra escasa media hora de descanso.
- Aún no - le respondo.
- ¿Qué pasa? ¿Te da miedo? - me interroga Natsuki sarcásticamente.
- Pero si tú tampoco vas - le respondo.
- Ya, pero yo tengo puntos, en cuanto me cicatrice estaré de vuelta - responde alzando la cabeza con orgullo.
- Venga anímate - me dice Honoka empujándome suavemente el hombro. - Las otras chicas no me aguantan más de un golpe.
- Mira Honoka - le digo tajante. - Simplemente no tengo ganas.
- ¿Es porque te ha bajado?
- ¿A que viene eso? - le pregunto con más dudas yo que ella.
- Se que no habláis de esas cosas cuando estoy yo, siempre evitáis el tema.
- Si es eso menuda estupidez - dice Natsuki. - Yo he llegado a pelear un día que me bajó tres veces seguidas.
- No jodas, ¿Eso pasa? - pregunta Honoka.
- Si, porque a veces la pastilla lo desajusta y luego viene todo junto.
- Chicas - les corto. - os prometo que no es eso, simplemente no me apetece, es todo.
- Pero si fuiste a buscarme para solicitar revancha, ¿Y ahora no quieres? - dice Honoka poniendo los ojos en blanco. - A no ser... - los ojos de Honoka se iluminan. - ¿No irás a aprovechar esa hora para practicar con MC?
- ¿Qué tú que? - se sorprende Natsuki.
- Para empezar, eso solo quedó como una idea, para seguir, ¿Tú cómo sabes eso? - digo.
- Vamos a la misma clase - dice Honoka encogiéndose de hombros.
- ¿Te estás ligando a MC? - insiste Natsuki.
- No Natsuki, no me estoy ligando a nadie, solo somos amigos y no hay más que hablar - estoy frunciendo el ceño y mi tono es agresivo.
Honoka y Natsuki se miran, Honoka tiene cara de perro lastimero y la cara de Natsuki dice "si, a esta le ha llegado la regla".
- Bueno está bien - comenta Natsuki. - Todos hemos tenido cambios últimamente, ¿Queréis ver en que he cambiado yo?
- Claro, que has hecho - dice Honoka.
Natsuki hace un ademán para que la sigamos hasta el parking, allí encontramos algo que desentona. Es una moto, no conozco el modelo pero parece sacada de la portada de un disco de Heavy Metal, además tiene una capa de chapa y pintura rosa.
- A esta monada la llamo Natashia - dice Natsuki con un ademán y una mano en el pecho, sus ojos cerrados y la nariz hacia el cielo, la mezcla perfecta entre arrogancia y orgullo.
- ¿Tienes carnet de moto? - pregunta Honoka.
- Tengo carnet hasta de autobús - dice Natsuki. - Mi padre me obligó a sacármelo, y no hagas más preguntas.
- ¿Puedo tocarla? - Honoka pone ojos de cachorrito, lo cual sumado a su altura la hace ver extrañamente linda, como un oso.
- Bueeeeno - dice Natsuki. - pero solo un poco.
Mientras Honoka pasa la mano por el sillón y la tapicería yo me acerco más a Natsuki.
- ¿A que viene esto? - pregunto.
- Mi madre - Natsuki se encoge de hombros. - No quiere que vuelva a casa tarde, creé que con esto podría escapar si alguien me sigue.
"Actor de porno homosexual asesina en defensa propia a su hermano neonazi junto a su pandilla de cinco amigos, después se suicida".
3:30 de la tarde, voy de regreso a la sala del club, no he visto a Monika en todo el día. Abro la puerta con gentileza, mis ojos se abren y asombran cuando observo una soga en el centro de la habitación, no está el pupitre de siempre, solo hay una silla a su lado.
- ¿Monika estás ahí? - pregunto entrando en la habitación.
No hay nadie. No se que está haciendo esta soga aquí pero la curiosidad me domina, me subo a la silla e inco el cuello en el centro. Es de mi tamaño.
Morir en la orca es la forma más dolorosa de morir, si no se te rompen las vértebras agonizarás hasta quedarte sin aire.
Soy Sayori escuchando la llamada del vacío, desde lo alto del edificio lo único que escucho es "salta".
Alguien patea la silla detrás de mí, cuando la escucho chocar con la otra esquina del aula mi cuello se aferra a la soga y el tirón alerta a todo mi organismo.
"Hoy se acabará mi desgracia y en el mundo seguirá habiendo desgracias peores, no hay cambios, mi desgracia no importa".
Capítulo 27: Soy aquella niña de la cuerda.
Mis ojos se abren de par en par mientras mis manos se aferran a la soga. Mi cuerpo busca zafarse de la atadura y mis uñas rasgan tan rápido la cuerda que la piel de mis llemas se pone en carne viva.
"Cuanto menos tenga tu cuerpo, más se esforzará por sobrevivir".
- Ya que pesas 52 kilos, tienes como un minuto y medio antes de morir - reconozco la voz que dice eso, mientras pataleo y me revuelco Monika se pone delante de mí.
- Ayúdame - le digo forzando mi garganta.
- No, te vas a salir de esto tu sola.
- Ayuda - le digo. - No sabes cuánto duele esto.
Monika no me contesta, solo estira el cuello para que vea la marca bajo su barbilla. Ella también ha pasado por esto.
Sadan Jusein murió ahorcado, el quería morir fusilado y lo ahorcaron para humillarlo, solo muerto tocó fondo.
No quiero pensar en eso, mis pulmones se comprimen carentes de aire, mi corazón bombea con fuerza. Treinta segundos, en solo un minuto más descubriré si hay vida después de la muerte.
"Cuantos quisieran tener tus problemas".
- A no - Monika patea mis piernas. - No vas a salir de aquí con mantras baratos.
El golpe de Monika eleva mi cuerpo flácido, puedo tomar una bocanada que luego se atrapa en mi gaznate. Es como comer algo delicioso y luego morderse la lengua.
- Deja de pensarlo todo - dice Monika, tranquila, amenazante. - ¿No era lo que querías, acabar con todo, colgarte de una maldita vez?
"Quería que Sayori se colgara de una puta vez".
- ¿Por qué seguir luchando? - pregunta Monika. - Estamos condenadas a respirar solo porque no queremos morir, pero tampoco podemos escapar del tiempo. ¡Somos las hijas bastardas del destino y el destino es la muerte!
Ahora me encantaría ser un cerebro en mitad del espacio.
- ¿Te rindes? - pregunta Monika.
"Si sigues respirando es que no has tocado fondo".
Si muero colgada jamás tocaré fondo, me quedaré en un punto medio.
- No - respondo.
Quedan treinta segundos.
Acomodo mi cuello y la cuerda me quema la piel. Tiro con fuerza de mi cuello hacia abajo, la madera cruje.
Veinte segundos.
Estoy sangrando, si no me mata la asfixia moriré desangrada. Tiro con más fuerza, las maderas del techo crujen una vez más. ¿Cómo ha hecho Monika para atarlo en el techo? Tendría que haber roto la realidad para que algo así pasara.
Diez segundos.
Voy a vivir aunque sea lo último que haga.
Hay un crujido.
Mi cuerpo cae en un giro frenético, mi cabeza para el golpe y mi cuello lo resiente. Estoy viendo las puertas del infierno y son más bonitas de lo que piensas.
Capítulo 28: el ángel albino de los zapatos rojos.
Espinosa fue un filósofo con un extraño ideal de dios. El dios de Espinosa era una entidad impersonal, una materia infinita carente de razones que era su causa primera, creador de todo lo visible y lo invisible, así mismo, el dios de Espinosa era la naturaleza y como humanos que somos parte de la naturaleza eramos parte de él.
Espinosa era pandeista, todo es parte de un único dios al que no le importamos un carajo, ¿Así que porque no mejor nos llevamos bien entre nosotros?
A la naturaleza no le importan tus sentimientos.
¿Te imaginas ahora como sería el infierno? Si el dios de Espinosa era todo lo material e inmaterial y el infierno por definición es un lugar donde van todos los que se alejan de Dios, ¿Qué habría allí?
Te lo puedo contar si quieres, he estado personalmente.
Para empezar, es un lugar totalmente oscuro pues no hay luz que lo ilumine, tampoco hay tiempo o espacio por lo que nunca caminarás sobre una superficie definida. Por no haber no hay ni sentido, así que no te extrañe darte cuenta de que tienes cuerpo o mente en un lugar que debería ser una nada absoluta.
Lo primero que te encontrarás al llegar es un ángel que brilla con luz propia, está guardando una puerta por la que no podrás pasar. La puerta es de madera, tiene un tapizado de dos cuadrados y un pomo gris. Acércate al ángel y descubrirás que pese a su forma andrógina tiene rasgos mayoritariamente femeninos, cuando dejes de acércarte ella se acercará a tí.
Corre.
Verás que lleva un cuchillo en la mano y te puedo asegurar que no lo trae para invitarte a tostadas. Aunque no tengas cuerpo empezarás a sentirte cansado, por más que las piernas te ardan, por más que el dolor te exija detenerte, no lo hagas. El ángel se ha dado cuenta de que has usado el sin sentido del lugar para darte sentido, tratará de reducirte a la nada a la que debes pertenecer.
"Si la única regla es que no hay reglas, no hay regla que me impida poner reglas".
Caminé por lo que parecieron horas en un bucle constante, aunque cuando quise darme cuenta el ángel ya no me seguía.
Sartre, el filósofo francés decía que el infierno eran los demás. Qué puto prepotente, si nadie te soporta tal vez el problema lo tienes tú, no el mundo entero.
El infierno es solo un pasillo que nadie recorre porque no tienen tiempo de hacerlo. Cada puerta está cerrada y aunque no se puedan abrir puedes ver a través de ellas.
He visto a personajes históricos, de todas las épocas y creencias hablar sobre los temas más cotidianos, pero no considero que sea el momento de dar testimonio.
Terminé llegando a una puerta distinta al resto, reconocería en cualquier momento la puerta del club de literatura, la puerta de Monika. Al ver a través de ella observé sus recuerdos, pude verla usando una sierra radial que no estaba conectada a nada, era los nudillos de Monika haciendo temblar la mandíbula de un padre y era las pupilas de Monika mirando a MC, viendo mi reflejo en sus ojos... Mi rostro se reflejaba, no el de Monika.
- oye que haces aquí - miro detrás de mi y encuentro a Monika. - Despierta, hey hey, despierta.
Abro los ojos.
Capítulo 29: horarios y honorarios.
- ¡ey despierta!
- Aaaa - me levanto con un grito afónico con mi garganta reseca.
- ¿Qué estás haciendo? - me pregunta Monika, de pie frente a mi cuerpo tumbado y retorcido de formas poco sanas.
- No se, ¿Qué hora es? - pregunto mientras me incorporo lo mejor que puedo.
- Las seis de la mañana - me dice Monika con los brazos en jarras.
- No jodas - digo restregándome la mano por la cara para quitarme las legañas.
- Pues si - Monika se cruza de brazos. - Si te jodo, deprisa que tenemos que irnos antes de que abran.
No le he contado nada de mi experiencia a Monika, se sintió tan real que aún estoy procesando que fue un sueño. Para ella solo tuve un colapso por el estrés y terminé así.
Estamos en la biblioteca a media hora de que empiece el instituto, creo que hoy es viernes.
- ¿Has pensado alguna vez en la mierda de horarios que tenemos? - me pregunta Monika sin quitar la cabeza del periódico.
- Supongo - digo sin muchas ganas, tengo la cabeza apoyada en la mesa y los brazos sobre ella.
- Tenemos tres horas, un descanso de media y dos horas otra vez, luego la pausa para la cual nos tenemos que buscar la vida porque no tenemos ni biblioteca ni cafetería... Es un despropósito - dice Monika.
- Aja - contesto.
Monika aparta el periódico, supongo que me está mirando, yo que se.
- Hemos cambiado de lugar, además ahora usamos cintas de boxeador con yeso - ahora sí que la estoy mirando. - Si, marcan más pero abarca menos y evitan fuertes fracturas, ¿No te lo contó Émili?
- Yo... - pienso en la última vez que hablé con Émili. - llevo una semana sin verla.
- Normal, está hospitalizada - me dice Monika encogiéndose de hombros.
- ¿Qué? - sacudo mi cabeza incrédula y la miro.
- Casi la rompen una vértebra - me explica Monika. - ¿Cómo no te has dado cuenta? Vais a la misma clase, es tu subdelegada.
- A sí... - pienso una escusa rápida. - Es solo que desde el colapso por estrés me cuesta pensar.
- Claro, debe ser eso - Monika no me creé en lo absoluto. - Deberías darte una vuelta por el club, despejar la mente.
"La primera regla del club de literatura es que no se habla de literatura".
No soporto la mirada incrédula de Monika, me he levantado, voy en dirección al escritorio de la bibliotecaria, hoy habrán traído el nuevo tomo de Sayori y su depresión.
La bibliotecaria está hablando con dos chavales, reconozco al primero, metro setenta y cuatro, ojos verdes y pelo que dice a gritos "aún estoy en mi etapa emo". Si, es Nacho, el novio de Rumina. Al otro no le he visto en mi vida, metro sesenta como mucho, cabello negro. Los tres están cuchicheando y paran cuando me ven llegar.
- Hola - digo de la forma más natural que puedo.
- Buenos días - dice la bibliotecaria.
- ¿Qué onda? - dice Nacho.
- ¡Puag! - dice el tercero, y se va con un libro, puedo leer en la portada "como mejorar tu puntería en tres sencillos pasos" en la portada hay un elfo con un arco.
- ¿Y ese flipao? - digo asegurándome de que me escucha.
- Diego lo ha pasado mal últimamente - dice la bibliotecaria. - No lo culpes por favor.
Solo por su cara de lame botas voy a suponer que ese era el "Dieguito" que salía con Austin.
- En fin - dice Nacho. - Muchas gracias por el consejo, que tengan un buen día - se despide con la mano.
- ¿Puedo adivinar que querías? - dice la bibliotecaria.
- Lo mismo de siempre, y para llevar - contesto.
La bibliotecaria se va y al rato regresa con un libro de tapa dura, la portada es completamente negra menos por una soga en el centro, colgando en un vacío en el que no debería existir, debajo, con las letras de una pancarta de Star wars pone "La depresión de Sayori. Volumen 1".
- Esta es una recopilación de todos los poemas hasta el momento - me dice y su uña resuena con tranquilidad en la portada. - Tal vez te interese.
- Bueno, tanto como poemas - le digo yo haciendo un gesto de "más o menos con la mano".
- Son de rima asonante - me dice ella con una sonrisa.
"Soy la sonrisa rota de Sayori reflejada en el espejo".
Capítulo 30: clases particulares.
A menos de una semana de haber empezado a trabajar Monika se convirtió en una terrorista culinaria, veía a sus clientes finos y estirados como NPCs programados y autómatas y los alimentaba como a tales. Empezó con algo sencillo, puso ralladura de cobre extrafina de los cables pelados que encontraba junto al queso chedar, trituraba pantallas de ordenador y las mezclaba junto a la pimienta. Así cuando el señor y la señora Johnson tomaban estofado, no notaban que la sal en realidad tenía restos de las teclas blancas de un teclado.
Rebeca me llamó al cuarto de la impresora, quería hablarme.
- La primera regla del club de literatura es que no se habla de literatura - dijo ella mientras sostenía un papel rosa fosforito. - La segunda regla del club de literatura es que... - Bajó el papel de golpe y me miró a los ojos. - ¿Esto va enserio?
La impresora desapareció hace un tiempo, pero supongo que esta copia de las reglas se me caería debajo del armario o algo. Lo habrán encontrado hoy porque han comprado una impresora nueva, seguramente salió al retirar el mueble.
- ¿Y bien? - me interroga con voz más seria.
- Pues si hay dice que no debemos hablar del tema, ¿Para que discutirlo? - le digo rígida.
Rebeca me analiza de pies a cabeza, busca inseguridades en mí, pero no le tengo miedo.
- Eso de ahí - señala el cuello de mi camiseta. - ¡Eso es sangre! Madre del cielo, ¿Esa sangre es tuya?
- La mayoría si - digo encogiéndome de hombros.
La ceja rota que me dejó Rumina, la sangre que me manchó Reichel y mi cuello con roces profundos a causa de una soga. Ya no se que fue real y que no.
- Esto es suficiente, voy a llamar a tus padres - me dice casi a punto de salir de la habitación.
- Adelante - le digo. - Yo también quiero hablar con ellos, después de que me abandonaran hace cuatro meses ya he empezado a olvidar sus voces.
Ella se gira para mirarme, incrédula de mis palabras.
- Tome - le digo ofreciéndole mi móvil. - Aquí tiene sus números registrados, bueno, en realidad solo el de mi madre, mi padre no quería verme ni en pintura.
No coge mi teléfono, solo me mira, todavía incrédula, espectante, como si esperase el remate de un chiste. Si supiera que mi vida entera es un monologo dejaría de hacerme perder el tiempo.
Finalmente extiende su mano y toma mi teléfono para llamar, nadie contesta, ni al primer ni al segundo ni al tercer intento. Evidentemente mis padres cambiaron su número telefónico para que no los localizara.
- Los llamaré desde secretaría, no entiendo esta broma, pero esto es suficiente - dice con enfado disimulado en sus palabras.
Rebeca me deja a solas, me pregunto cómo reaccionará cuando llame de nuevo y nadie la conteste. Tal vez va personalmente a ver mi casa con nuevos inquilinos, quizás localice los nuevos teléfonos de mis padres, quizás debería importarme lo que está a punto de hacer, pero ya tengo 18 años y legalmente puedo asistir al instituto sin permiso de mis padres.
"Cuando el dolor se vuelve rutina, deja de ser una molestia y se vuelve monotonía".
- ¡Ey! ¿Te pillo en buen momento? - dice MC mientras se acerca a mí. Acaba de salir de su clase y yo iba hacia la sala del club de literatura.
- Supongo, ¿Qué sucede?
MC mira a ambos lados del pasillo, como si fuera a confesarme el secreto de la vida eterna.
- Ya han terminado las clases y faltan unas horas hasta que empiecen los clubs - MC vuelve a dirigir la mirada sobre su hombro y acerca la mano para susurrarme al oído. - ¿Me enseñarías Kick boxing en este rato libre?
Si MC supiera que el 95% de las chicas de este instituto dominan medianamente bien el boxeo no andaría con tanto secretismo, pero decido seguirle el juego. Me llevo el índice a la boca para indicar que quiero silencio, miro a ambos lados, como si analizara las sombras del pasillo, asiento con la cabeza y hago un ademán con la mano para que me siga.
Ya en el club de literatura abro la puerta de un portazo que hace temblar las paredes, lo cual causa que MC salte hacia atrás. - Como dijo el hombre de la casa lila, ¡Bien venido a mi humilde morada! - MC se lleva la mano al pecho para medir sus latidos y yo no puedo evitar poner una sonrisa en mis labios.
- No hacía falta que gritaras - me dice.
- No te preocupes - le digo con un ademán. - Esta zona es la primera que se va cuando las clases acaban.
El club de literatura es el aula más insonorizada, se hizo así para que el ruido de fuera no interrumpiera la lectura.
- ¿Enserio vives aquí? - pregunta MC mirando el armario y luego la caja.
- ¿Enserio te creíste eso? - digo alzando una ceja, a lo que él niega con la cabeza. - Bien, hay reglas, no puedes golpear cuello, parte posterior de la cabeza o gargantilla, no puedes patear la cabeza del rival si está en el suelo y no te acerques al piano porque muerde.
- ¿Qué? - pregunta MC mientras apoya su mochila en la pared cerca de la puerta, yo simplemente la lanzo de un hasa hasta un lado de mi caja.
- Va a ser mejor si practicamos - adopto una pose con guardia alta.
- Así sin más, ¿Sin protección ni nada?
- Venga hombre que no voy a matarte.
- No lo veo yo muy seguro - MC se cruza de brazos.
- Tenía un par de guantes - miro al armario de Monika y me da escalofríos el mero hecho de pensar en abrirlo. - Pero no los tengo en este momento, así practicaremos flojito.
Me acerco a él y me pongo en guardia para que imite mi pose.
- No te preocupes, la primera vez solo duele un poco - le digo sin poder disimular la sonrisa. Juro por la divinidad en el olvido que yo no era así, es la influencia de Monika.
MC se ruboriza como si le hubiera pedido matrimonio. - Bueno, lo intentaré.
Empezamos con los jab, el puñetazo recto de toda la vida. Le enseño a como avanzar con un paso a la hora de golpear para tomar inercia, los movimientos de cabeza para salir de la linea de alcance y mi favorito, "el golpe de gacela", convences al rival de que vas a atacar avanzando con un pie y con el otro te desplazas hacia el lado contrario en un ángulo de 45 grados.
Llevamos ya quince minutos, MC sigue un poco perdido y suda como un camionero. Así que bajo los puños para que entienda que haremos una pausa.
Abro la puerta y me dirijo a la máquina expendedora, MC me sigue de cerca. Al llegar me doy cuenta de que me dejé el monedero con las monedas en la mochila, me restriego la cara con la mano.
- Aaagg - gruño. - Espera que no tengo monedas a mano.
- Da igual, yo invito - dice MC.
Así que estamos en el pasillo otra vez con un par de botellas frías de zumo de manzana. Dejo que el frío pase a mis llemas y pienso "¿Esto se siente familiar?".
- ¿Cómo aprendiste kick boxing? - me pregunta.
- Entrenando - respondo instintivamente.
- Bueno, ya - dice MC con los ojos en blanco. - Quiero decir, ¿Cuando empezaste a entrenar esto?
- ¿A que mes estamos?
- Principios de abril.
- Pues empecé hace unos cinco meses, más o menos - hago un gesto con mi mano para matizar. - Empecé con boxeo, pero tenía las piernas fuertes por los entrenamientos con Émili así que probé a patear y voy bien.
- ¿Me enseñarías ahora? - pregunta con determinación en sus ojos.
- no creo - me duele ver como su esperanza se rompe. - No sin protección para patear, parece fácil pero un mal golpe con el fémur, una patada tras la nuca o algo parecido y averiguaras que esconden las puertas sin tiempo en el infierno.
MC pestañea dos veces tratando de comprender mi metáfora.
- Mira te voy a dar el consejo más útil que tengo, nunca des una patada con el pie recto, tienes que torcerlo un poco para distribuir la potencia y que no sea vertical al suelo.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- A ver, un boxeador profesional puede golpear con una fuerza de 8 kilos a 33 kilómetros hora, una patada de un profesional va a 50 kilómetros hora con una fuerza de 10 kilos, ¿Entiendes?
Él asiente con la cabeza aunque lo veo un poco perdido.
- La potencia de tu pie depende de su fuerza cinética, si la distribuyes con el pie girando evitas lesiones - levanto un poco la pierna a la altura de su pecho. - Nunca pares un golpe así con la mano o te puedes quebrar la muñeca, y distribuye bien el golpe o si frena la patada con su rodilla puede hacer que tu pie parezca un fideo.
- Estoy ciertamente patidifuso - dice MC. - ¿Quién te enseñó todo esto?
- La chica con la que te morreaste la última vez - le digo con una media sonrisa.
- No me jodas, ¿Tu madre sabe pelear?
Le echo una mirada fulminante que le llega hasta los huesos.
- Perdón - dice rápidamente.
- Chis - suspiro. - Esta bien, esa me ha agarrado con la guardia baja. - le doy un toque amistoso en el hombro. - Bien hecho.
Ambos empezamos a reírnos de las cosas más simples. Después fuimos al club de costura y pasamos el rato con Yuri tejiendo una bufanda, fue divertido.
Créate un correo falso, adjúntalo al correo electrónico de alguien importante como un profesor o un director de banco. Vincula todo de manera que por cada pago un dos porciento del ingreso se desvíe al correo falso al que tienes acceso.
El 2% de 1.000 es 20, el salario promedio de los profesores es de 6.000 y algo.
Repite el proceso con más personas y vincula todo a un fondo común de un correo falso, ahora tienes una cuenta fantasma a la que llega dinero pero nadie lo usa porque ese correo no existe. Esa es la nueva manera en la cual Monika gana dinero.
"Si robas siempre menos del 5% nadie se dará cuenta".

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