Doki Doki Figth Club - parte 3.

 

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Capítulo 31: esos ojos.

Sentir el viento en la cara mientras eres el copiloto de una chica que va a 100 por hora es una experiencia más agradable de lo que pensaba. Nos dirigimos al hospital a ver a nuestra chica sin piernas favorita, hoy le daban el alta.

Émili parecía Terminator al final de su película, por cada paso resonaban las muletas y el metal de sus piernas. La fractura no había sido excesivamente grave, pero tendría los lumbares inflamados por toda una semana, así que su plan era limitarse a ver los combates del club de literatura mientras se ponía mejor. Esta chica se metería en la boca del lobo para cerrarla personalmente.

- Mírala - digo cuando la enfermera nos deja a solas en la habitación. - Andando en malos pasos.

- ¿Estás graciosilla, eh? ¿Se la chupaste a un payaso? - me responde Émili con una risa entre los dientes. 

Se dirige con zancadas metálicas hasta el borde de la cama y se sienta con las muletas al lado.

- ¿Qué tal andas? - pregunta Natsuki.

- Bueno ¿Ya vale, no? - frunce el ceño.

- bien, ya paro - me acerco y me siento junto a ella. - ¿Cómo te sientes?

Natsuki se sienta en un banco fosforito enfrente de la cama.

- Mal - se sincera Émili. - Es como si tuviera un ladrillo con clavos entre los lumbares.

- ¿No estás tomando nada?

- Un antiinflamatorio cada ocho horas - se encoge de hombros. - No te preocupes, me las he visto en peores.

- No que va - dice Natsuki. - No te hagas la fuerte, esto es preocupante podrías haber quedado paralítica.

- Si, no es como que una vez sobreviviera a un accidente de tráfico - dice Émili mirando sus piernas.

- No es lo mismo - Natsuki se cruza de brazos. - Aunque tus piernas sean de hierro tu persona no y el club de literatura se está volviendo preocupante.

- Valla Natsuki - atajo yo. - Si tienes sentimientos y preocupaciones, chica dura.

- Encima - Natsuki se ruboriza. - Le he traído cupcake aquí casi todos los días mientras tú estabas por ahí andando zombie.

- Oye mis problemas de insomnio no tienen nada que ver con esto.

- Bueno ya - nos corta Émili. - Si queréis besaros hay hoteles para eso.

Suspiro. Hay silencio en la sala, el silencio es hermoso cuando es necesario. Fuera de la habitación se escuchan los pasos de doctores, en las habitaciones circundantes hay gente tosiendo, sufriendo o a punto de respirar por última vez. Aprecio el silencio de los hospitales, pero no me gusta, es como escuchar a la muerte.

- ¿Puedo hacerte una pregunta bastante personal? - digo mirando a Émili.

- Adelante - responde.

- ¿Por qué sigues luchando? - la miro sin emociones en el rostro.

- Tu lo dijiste - me dice con el rostro confundido. - Aquí solo luchan quienes perdieron la fe en el destino. Quiero ser fuerte y el esfuerzo para ello es estar lista para todo.

- Émili, eso solo lo dije para sonar bien, esto es serio - digo mirando sus muletas.

- Ya te lo he dicho, ¿He estado en peores? - Émili se está enfadando.

- Émili - me estoy odiando a mi misma, se exactamente lo que estoy haciendo, es lo que hacía cuando quería dormir. - ¿Cómo fue realmente ese accidente de tráfico? 

- ¡Esa historia ya la sabes! - grita, se está alterando.

La verdad es que no me sé esa historia, tal vez me la contó, tal vez sí no hubiera sido una mala persona la hubiera hecho caso, pero sea como fuere, ahora necesito que hable. 

- Yo no la se - dice Natsuki.

Émili la mira y luego me mira con los ojos cansados, casi en blanco.

- Va está bien, no es que me importe - dice con un ademán de mano. - Es algo de mi vida que he aceptado y superado.

» Ocurrió cuando tenía seis años, mi padre y yo íbamos por una autopista a unos 70 kilómetros hora, hasta que sin previo aviso empezamos a acelerar, mi padre trató de frenar pero los frenos se partieron y no respondían. 

» Tiempo después le dijeron a mi madre que la palanca de cambios se había atascado, por eso él coche empezó a acelerar sin control, los frenos estaban gastados por el uso, fue todo un cúmulo de malas circunstancias.

» Cuando ya íbamos a 120 kilómetros hora y contando, mi padre trató de desviarse por un carril, las ruedas patinaron y el coche dio vueltas de campana. Para ese punto yo ya estaba inconsciente. Lo único que recuerdo es abrir los ojos y ver a mi padre colgando del cinturón de seguridad con una brecha en la cabeza. Esa imagen me persigue hasta el día de hoy.

- ¿Y las piernas? - pregunta Natsuki. - ¿Cómo perdiste las piernas?

- Se las dimos de propina al hospital - dice Émili con los brazos en jarras. - ¡Me las amputaron chica lista! Tenía ambos fémures fracturados, era insalvable.

Sin darme cuenta mis brazos ya están envolviendo la cabeza de Émili.

- No fue tu culpa - le digo.

- Ya lo sé - me dice e intenta apartarme sin mucha fuerza.

- No, escucha - muevo mi cuerpo y mis brazos para que su cabeza se apoye en mi hombro. - No fue tu culpa.

- No, no fuerces un melodrama por esto.

- Veo tus ojos - le digo en un susurro de poeta. - esos ojos me hablan, lo han hecho desde el primer día. Se que no luchas contra tu rival, lo haces contra tus traumas - Arrimo más su cabeza hacia mi. - Tus ganchos van dirigidos hacia el hígado, puedo suponer que se inflamó por los golpes. Cuando te diriges a la cabeza lo haces hacia el lóbulo frontal, porque sabes que tu padre murió por un fuerte golpe en esa zona - la empujo con suavidad de los hombros y veo que está a punto de llorar. - Está bien, no fue tu culpa.

Ella me abraza, es un abrazo recíproco. Émili es muy buena persona, es mejor persona que yo, no puedo dejar que Monika la haga tocar fondo. Ambas estamos llorando, Natsuki está de brazos cruzados, también está emocionada pero no puede evitar pensar "por mi solo lloró mi madre cuando me apuñalaron".

"Qué haya desgracias más grandes en el mundo no quiere decir que la mía no importa".

Estoy en el nuevo club de literatura, es lo que te esperarías del sótano de un bar, suelo de piedra, techo de madera y paredes tapizadas. Para ser un restaurante de cuatro estrellas parece la taberna de Mou.

Las chicas se reúnen en un círculo, ya no hay límites de personas, pero según parece no suelen reunirse más de 24 chicas, un combate por persona.

Esto no son peleas, son masacres. Hay tirones de pelo, golpes en el suelo y en los ojos, de vez en cuando algún que otro diente vuela, pero nadie le da importancia. Las dentaduras se tuercen al impactar con el vendaje de yeso y escayola, pero cuando acaba el combate se abrazan y se ríen.

Esos ojos me miran, los ojos tras el casco, los ojos del muro, los ojos de Reichel. Me hace una señal y da un paso al frente, seremos la última pelea de la noche.

Hoy estoy sola, Monika está aquí porque ella siempre controla estás cosas, pero se que si hay problemas no intervendrá. Mis ojos también reconocen a tres chicas que no se separan, no se sus nombres pero estoy segura de que son las veteranas que estaban el día que el padre de Natsuki respiró por última vez.

Está confiada, no se por qué quiere verme muerta pero no tengo intención de darle el gusto.

13 kilómetros hora, esquivo el puñetazo. Paso al frente, mano ligera, intenta golpearme con el hueso del codo, lo bloqueo con los brazos en cruz. Antes de que se retire le atrapo la muñeca, nunca intentéis someter a alguien así porque solo funciona si la diferencia de fuerza es mucha, empujo su propio brazo contra su pecho y la desequilibro haciendo que caiga sobre sus posaderas.

La estoy educando como se educa a los perros cuando les golpeas con un periódico.

Se pone en pie, ya no está tan confiada, lanza dos cruzados pero me aparto de ellos y mis nudillos le alcanzan la mandíbula, la cual resuena, finjo lanzar un golpe a lo alto y cuando se agacha se encuentra mi rodilla fracturando su nariz. Se lleva las manos a la nariz por la sorpresa.

Mala idea.

Su estómago queda despejado y descargo mis puños en él sin compasión, quince golpes en tres segundos que se le hacen eternos.

Sus movimientos se están volviendo torpes, lanza patadas que no me alcanzan y golpes que no llegan, intenta embestir para agarrarme de la cintura y mi codo en un golpe descendente la tumba boca abajo.

En el silencio del lugar escuchar su cabeza rebotar contra el suelo es hasta cierto punto triste.

Acaba con ella, parece decir el ambiente.

Dejo que se ponga de pie una vez más, sus encías están sangrando y tiene un corte en la frente, ¿Hace cuánto que no tengo una pelea pareja? Desde Rumina no recuerdo a nadie que me halla dado problemas.

Reichel intenta lanzarme un golpe en parábola, lo evado girando sobre mi talón, mi zapato llega a media altura y finalmente mi pie se estira, llega hasta la boca del estómago de Reichel, profundiza en sus tripas con la delicadeza de un hacha. Entonces ella vomita sobre mi pierna y cae de espaldas para no volver a levantarse. Solo cuando la veo en el suelo empiezo a notar el agua de su entrepierna que está manchando todo el suelo a su alrededor.

Los accidentes de tráfico son la principal causa de abortos forzados de manera involuntaria.

Capítulo 32: mujer fatal.

Mientras mi cabeza trata de procesar el echo de que estaba golpeando a una embarazada se escucha un fuerte estruendo que hace resonar las maderas del techo. Miro a mi alrededor, solo esta Monika y veinte caras inexpresivas, dos dan un paso al frente, son las veteranas de la otra vez que toman a Reichel de brazos y piernas para cargarla, abandonan el lugar.

Cuando voy a dar un paso en su dirección Monika me pone una mano en el hombro y niega con la cabeza.

El club de literatura ha terminado su sesión por esta noche.

Monika se sitúa la primera en las escaleras y con forme las chicas van pasando le entregan papeles, son hojas arrancadas de cuadernos, no más grandes que una libreta. Son poemas, Monika recoge y clasifica los poemas que cada miembro del club de literatura está obligada a escribir.

"Accidente de tráfico cerca de un restaurante de cuatro estrellas, la mujer implicada se encuentra en estado vegetativo, por lo visto no tenía licencia".

No puedo decir que lo siento por Reichel, quedar en coma luego de un aborto espontáneo es lo más parecido al karma que va a recibir por haber apuñalado a Natsuki. Me leí detenidamente la noticia y los informes, las chicas del club se aseguraron de dejar su cuerpo de tal forma que verdaderamente parecía un accidente de tráfico. Sus padres también declararon al respecto, pese a que Reichel no tenía licencia de conducir, la habían visto manejando motos desde los dieciséis cuando salía con maleantes, o eso dice su madre.

Monika está formando un ejército de femfatales, ha tomado a hijas de policías, abogados, médicos y albañiles para transformarlas en mujeres seductoras del cine en blanco y negro. Pelo largo, labios rojos y mirada capaz de ruborizar al más valiente, más que adolescentes de 18 parecen mujeres a principios de sus veintitantos dispuestas a comerse el mundo.

No podrás distinguirlas del resto, tienen tanto maquillaje encima que es imposible ver sus ojos morados, sus hematomas e incluso, de alguna manera, pueden ocultar un labio partido con tiritas y pintalabios.

Monika las usa como herramientas, tal como si fueran espías de la realeza del siglo XVII. Si necesita acceder a la clave de seguridad de algún sitio, allí verás a una joven atractiva medio despistada preguntando cómo se usa la caja registradora, o como se enciende un ordenador, cuando menos te lo esperes ya habrá memorizado el proceso y Monika desde su portátil tendrá total acceso a lo que sea. Así consiguió el correo de los profesores.

Hora de los treinta minutos de descanso, estoy con Natsuki y Yuri en la puerta de la entrada, tengo un zumo de manzana en una mano y un bocadillo triangular de la máquina expendedora en la otra.

- Es que no tiene sentido - dice Natsuki, lo cual me hace volver a la conversación.

- ¿Qué pasa ahora? - pregunto.

- Pues lo que han explicado hoy en clase de informática - insiste Natsuki. - ¿Cómo es posible que si el Sol mandara una llamarada los satélites se rompen y a la atmósfera no le pasa nada? 

- Es por el efecto de ondas magnéticas - dice Yuri.

- En la atmósfera también hay de eso - Natsuki se señala la palma. - Así se forma la electricidad en las tormentas -.

- Son tipos distintos de electricidad - digo.

- ¿Cómo va eso? La electricidad es electricidad y punto.

- La electricidad en los satélites es más como luz o así - dice Yuri. - La luz en el espacio va más rápido, además los satélites se protegen con aluminio para estos casos.

- ¡Ay por favor! - dice Natsuki con los ojos en blanco. - Me estás diciendo que si dejamos en el espacio un cacharro de 60 toneladas de hierro y un bocata chope en alval, y si el Sol ataca, ¿El bocadillo en aluminio es inmune?

- Tiene razón - atajo. - La ciencia no existe.

Viene alguien corriendo, mis ojos lo analizan de pies a cabeza, es Rumina.

- ¡Tenemos un problema! - grita mientras se aparta el pelo sudado de la cara. - No hay tiempo para explicaciones, ¡Seguirme!

Dicho y hecho, llegamos al centro del patio, MC se está tapando la nariz con un pañuelo mojado mientras Diego trata de revolcarse por el suelo aunque no puede, Honoka lo tiene sometido por el cuello con un brazo, lo que se conoce como una guillotina en M M A.

Me acerco corriendo a MC, las demás me siguen.

- ¿Qué ha pasado? - pregunto.

- Este loco ha venido hacia mí por la espalda mientras hablaba con ellas - hace un gesto de cabeza para que entienda que habla de Rumina y Honoka. - ¡Santo cielo que dolor!

- Echa la cabeza atrás - le digo mientras dirijo sus movimientos. - No te preocupes si tragas sangre, puedes tragar medio litro antes de que empiece a ser dañino.

- Gracias.

- No, no hables - recoloco su cabeza. - Céntrate en no moverte o no se cortará.

Diego se defiende como gato panzarriba, pero Honoka es demasiado fuerte y ni siquiera lo deja hablar, solo gruñe como los animales.

- Tú - balbucea Diego. - ¿Como te atreves a actuar como si nada hubiera pasado?

Le miro sin contestar, luego centro mi atención en MC, está sangrando mucho.

- ¿Exactamente como te golpeó? - le pregunto.

- No lo se, me empujó hacia atrás y me golpeó con el puño dentro de la chaqueta.

- Natsuki mira sus bolsillos - ordeno.

Mientras Rumina le sujeta un brazo, Natsuki saca el reverso del bolsillo, la tela está compacta y es difícil de manipular.

- Cemento blanco - digo. - Más duro que el yeso y de secado más rápido.

Diego intenta revolcarse con más ganas y Honoka aprieta con más fuerza.

- A valla - dice Diego con pocas fuerzas. - Ahora resulta que esto te importa, ¿Pero cuando hiciste abortar a Reichel era una experiencia acojonante, no?

- Yuri - la señalo - ve a buscar a Rebeca. - Natsuki, dile un par de verdades.

Natsuki tiene un don para insultar, es una de las pocas cosas que ha heredado de su padre, cuando empezó su discurso diciendo "tú no fuiste un embarazo planeado, fuiste un tumor que respiraba" no pude evitar reírme, incluso en una situación tan seria como esta.

Billy Collins, boxeador de 21 años, terminó con la cara deformada y su carrera arruinada cuando luchó contra un rival que usaba guantes de Yeso.

Rebeca a expulsado a Diego por tres semanas por agredir a un alumno y por acusarme de fomentar el "boxeo ilegal" entre las estudiantes. Naturalmente no ha podido demostrar nada y no ha conseguido testimonios fiables.

Tres de la tarde, MC ha venido a la sala del club de literatura para hablar conmigo.

- ¿Puedo preguntar porque te han acusado de golpear a una embarazada? 

- Acabas de hacerlo - respondo.

- No es tiempo para bromas - sus labios son una línea y sus ojos ensombrecidos por su cabello le dan un toque extra a su seriedad.

- Tienes razón - camino un poco por la sala hasta apoyarme de espaldas al pupitre. - Austin, Reichel y Diego me la tienen jurada, me odian porque delaté a Austin, tenía una réplica ilegal de las llaves de seguridad.

- Si, esa historia la se, igual que el resto del instituto - me dice MC acercándose a mí.

- Bien, quizás lo que no sepas es que Diego y Reichel creen que yo tengo algo que ver con la desaparición de Austin - MC se detiene.

- ¿Por qué lo dices con tanta calma? - MC me habla con la seguridad de un abogado. - Eso es preocupante, y el resto de cosas que van diciendo no te deja en mejor lugar, ¿Peleas ilegales? ¿Implicada en una desaparición? ¿Provocar abortos? - MC resalta un par de problemas más contando con los dedos. - Entiendo que te sueles tomar las cosas con calma pero esto es muy grave, tienes que decirlo en dirección y frenarles los pies de inmediato.

- Escúchame MC - le digo con una mirada de Águila. - No me preocupa lo que digan de mí, se que no se atreverán a decírmelo a la cara, me preocupa más lo que pueda pasaros, hoy Diego te ha intentado partir los dientes porque sabía que eras mi amigo de la infancia, van a por gente que no puede defenderse, como la otra vez.

- ¿La otra vez? - MC alza ambas cejas.

- ¿Creés que la apuñalada a Natsuki fue casualidad? - mi mirada se mantiene fría. - Diantres MC, no soy estúpida, simplemente no tengo pruebas, no puedo ir acusando a gente de cosas tan graves sin nada. Escúchame, Rebeca nos prendería a todos fuego para mantener el reglamento y la reputación de este lugar en calma, después de la muerte del padre de Natsuki, la desaparición de Austin y la puñalada dudo que esté el horno para bollos, ¿Capichi?

MC asiente. - Entonces vas a tener que enseñarme a dar patadas, porque si van a atacarme otra vez tengo que estar preparado.

Mi rostro compone una media sonrisa. - Eso está hecho figura, mira, imita mi posición y presta atención.

Después de una hora de prácticar patadas al aire fuimos al club de repostería con Natsuki, se me quemaron las galletas pero me las comí igual.

Capítulo 33: propaganda.

Todo el sótano está en silencio antes de que Monika hable. El color verdoso de las paredes entra en contrapunto con las ropas sencillas que todas llevan, la única persona con falda es la sala en Monika.

- Miro a mi alrededor y solo veo caras nuevas - dice Monika, algunas se ríen. - silencio, por favor - los sonidos de risas y murmullos cesan en ese mismo instante. - significa que muchas habéis ignorado las dos primeras reglas - Monika se empieza a pasear entorno a las femfatal con las manos entrelazadas a la espalda. - Quiero en el club de literatura a toda aquella muchacha que no sepa que hacer con su vida, no a la primera oportunista que venga aquí para poder golpear a la gente. Lo único que veo es potencial desperdiciado, una generación trabajando en restaurantes de comida rápida, prácticas de enfermería y supermercados - los ojos de Monika limpian el lugar y varias se dan por aludidas. - Estamos aprendiendo asignaturas que no necesitamos para situaciones que no viviremos. Somos las hijas bastardas del destino. Todas pertenecemos al mismo agua estancada y aún así nos importa la opinión de los peces.

Nadie se atreve a agregar ni una sola palabra.

- ¿Habéis escuchado la historia del leñador pobre y el rico? Es un cuento de mi infancia, dice así; "Era se una vez un leñador más pobre que las ratas, con una mujer y dos hijos, niño y niña. Un día cuando iba de camino al trabajo se encontró con un rico que se había quedado atrapado debajo de su propia carreta, el leñador al ver esto alzó su hacha y de un golpe partió en dos la carreta, lo cual liberó las piernas del hombre rico.

» "Muchas gracias" le dijo el hombre rico. "Por haberme liberado te hago entrega de esta bolsa de oro".

» "Solo cumplía con mi deber mi señor, no puedo aceptar el oro.

» "Tonterías, tome la bolsa y en una semana volveré para darle otra. Lo que ha hecho para salvarme la vida debe ser recompensado".

» El leñador aceptó la bolsa y se fue con ella a su casa, pero conforme pasaban los días él, su mujer y sus dos hijos se volvieron temerosos, creían que cualquiera los hablaba solo por intereses, para robarles su oro. Cuando una semana después el hombre rico llegó para traerle más dinero, el hombre pobre le devolvió la bolsa con oro y le dijo que no lo necesitaba, que prefería vivir pobre y feliz, que rico y con miedo".

» Pero que gran montón de patrañas. La gente que más sufre de robos son los pobres, la gente que más sufre de miedo son los pobres, esta historia es solo propaganda, "mantente feliz y conformista, alejado de la codicia", ¿Queréis saber cómo acaba la historia? Estalla la primera mundial, el leñador es obligado a luchar por su patria, su mujer queda viuda, su hijo se muere de hambre y su hija se prostituye desde los 18 para tener dinero y la posibilidad de algo que llevarse a la boca. Ahora mismo todas sois hijas de una viuda de guerra, deducir el resto vosotras solas.

Monika termina su discurso con un aplauso y dos chicas se ponen en el centro del círculo, listas para luchar.

Hoy es la penúltima semana de clase y creo que voy a arrancarme los pelos a causa del estrés, por culpa del insomnio, el club, los club y todo lo demás. No estoy preparada para los exámenes finales.

- Che, te noto medio estresada, que se yo, ¿Está todo correcto? 

- No Rumina, no lo está - digo. - A este paso voy a repetir año.

- Es que también vos tenés malas ideas, ¿Por qué no estudiaste hasta las dos últimas semanas?

- Porque soy muy vaga - dejo caer mi cabeza encima de un libro de latín abierto. - Se acabó, voy a dejar los estudios.

- No seas boba, lo peor que te puede pasar es reprobar el año y eso no es tan malo.

- Oye es verdad - digo levantando la cabeza. - ¿Tú cómo repetiste curso?

- Matemáticas, no te puedes graduar si no las pasas - Rumina echa la cabeza atrás mirando al techo hasta que su nuca casi toca el espaldar de la silla. - Tendría que haber hecho un curso especializado, este instituto mixto es un quilombo que va a acabar conmigo.

- Lo mismo digo.

El instituto acabó hace una hora, Rumina y yo estamos en la biblioteca compartiendo penas.

- ¿Puedo llorar con vosotras? - la bibliotecaria se acerca a nuestra mesa.

- Faltaría más - digo retirando una silla para que se siente a mi lado.

- ¿Vos no sos la bibliotecaria? - pregunta Rumina descaradamente. - ¿Tendrías que estar laburando, no?

- No tengo turno de tarde - dice ella dejando un libro de filosofía en la mesa y acomodándose al asiento. - como el trabajo en la biblioteca me da puntos extra tampoco tengo que ir a algún club, ay, ojalá existiera un club de literatura, podría pasar las horas allí y no aquí como un ratón de biblioteca.

- Si, estaría bien - Rumina me mira con una sonrisa cómplice. - Soy la primera a la cual le gustaría hablar de Borges o Cortázar en algún lado.

- Siempre puedes hacerlo en algún foro de internet - le digo. 

- ¿Vos probaste a dar tu opinión en internet alguna vez? Si digo que me gusta Cortázar siempre saltará uno a decirme "¿Vos te crees demasiado lista para apreciar obras de fantasía, no?". 

- Opinar últimamente es difícil - dice la bibliotecaria. - Parece que todos saben más que todos, ya no quedan unión y buenas amistades.

- Hablar por vosotras, con todo respeto pero a mí cada vez me importa menos lo que piense el mundo - digo yo.

- ¿Y por qué estudias entonces? - pregunta la bibliotecaria.

- Porque me importa lo que diga mi cuenta bancaria.

Las tres nos reímos.

Media hora estudiando, silencios interrumpidos por leves comentarios sobre los apuntes, nunca he sido especialmente inteligente pero tampoco me va mal, estoy dentro del promedio por más que ciertas personas digan que soy demasiado perfecta.

- A - dice Rumina. - Rápido, digan un número.

- tres - digo yo.

- Once - dice la bibliotecaria.

Rumina empieza a contar con los dedos.

- N - dice ella. - La persona que está hablando de mí tiene un nombre que empieza con N.

- a ver, elabora tu argumento - le digo.

- Bueno, me ha empezado a pitar el oído derecho, hay una leyenda que dice que si te pita el oído derecho es que están hablando bien de ti y si es el izquierdo hablan mal.

- Ajá, ¿Y lo de los números?

- Pides dos números, los sumas y de ellos sacas la letra de la persona que habla de ti en el orden del abecedario.

- Eso suena divertido - dice la bibliotecaria. - ¿Quién tendrá un nombre que empiece por N y hable de ti?

- Nachín - dice Rumina con cara de "Acaso no es obvio". - Mi novio, ¿Quién si no?.

- Uy, ¿Tienes novio? - pregunta la bibliotecaria con brillo en los ojos. - Va a nuestro instituto.

- Si - digo yo. - ¿Tú vas al A, no? Con Natsuki y Yuri.

- Así es.

- Él también va a esa clase.

- Nooooo - dice la bibliotecaria girando la cabeza hacia Rumina. - ¿Sales con Nacho "puños sin sombra"?

- Así es - dice Rumina con orgullo. - ¿Cómo conoces su apodo?

- Estuve hablando con él hace una semana o así, vino a llevarse la biografía de Muhammad Ali, le pregunté que si le llamaba la atención el boxeo y me dijo que era boxeador amateur, ¿Es verdad que se ganó su apodo a los 10 años?

- Si, cuando era pequeño se cayó en el área de los Causarios en un zoológico, pájaros extremadamente territoriales, su padre dice que se pegó con un ejemplar adulto tan rápido que no se veía ni la sombra de sus puños, o eso me ha dicho.

- Fue una conversación agradable, de hecho creo que tú estabas allí - dice la bibliotecaria señalándome.

- ¿Fue cuando Diego me puso cara de asco? - pregunto.

- Si, hablábamos bajito porque no se puede hablar muy alto en la biblioteca.

- ¿Tal y como hacemos ahora?

- No es lo mismo, ahora solo estamos nosotras tres y la señora Johnson, ella nos deja hacer esto.

La señora Johnson es la bibliotecaria que se encuentra entre los setenta y la muerte, trabaja aquí porque a su edad puede hacer lo que quiera, además es la dueña de la biblioteca, eso también influye.

- En realidad - dice Rumina. - Nacho práctica kick boxing, pero como aún no ha luchado en un torneo oficial no lo dice - Rumina disimula una sonrisa. - Además le da un poco de vergüenza, porque un amigo suyo llamado Jack le dio alta patada en la boca y le dejó un labio sangrando una vez.

- ¿Entonces también sabe dar patadas? - pregunto.

- ¿Pues quien creés que me enseñó? 

- ¿Tú sabes boxear? - pregunta Sayori.

- Muy poco - miente Rumina. - El boxeo, no está mal, pero yo no me pegaría con alguien por gusto. Eso sí, Ringo Bonavena el mejor del mundo papá, le duela a quien le duela.

- A mi me gusta más Sony Liston - dice la bibliotecaria. - Su vida es tan trágica como su estilo de combate, y en su tumba su epitafio se despide con "a man", "solo un hombre", es tan trágico como glorioso.

- Qué poético - le digo. - Yo soy más de la vieja escuela, Sugar Ray Robinson es un antes y después en mi vida. 110 victorias por kao no es algo baladí, era un grande, contra él las peleas duraban lo suficiente.

- ¿No son así todas las peleas? - pregunta la bibliotecaria.

- No necesariamente, ¿Has visto alguna vez una pelea de karate? Prácticamente termina cuando los rivales se tocan.

- Creo que sigue requiriendo valentía exponer tu cuerpo a cualquier deporte de contacto, ojalá hubiera un lugar así por aquí cerca para practicar.

- Sería un quilombo - dice Rumina. - Además seguro que te sacarían baro por cada pelea.

- Mejor nos concentramos en sobrevivir a los exámenes, eso sí va a ser una pelea digna de ser grabada - digo yo.

"La segunda regla del club de literatura es que no se habla del club".

Capítulo 34: el chiste de una vaca.

¿Por qué Monika necesita modificar sus notas? ¿Por qué Monika necesita aprobar sus notas en primer lugar?

Monika me ha dicho que puede hackear mis notas si quiero para que me suba la media y la he dicho que no, que eso de hacer trampas no va conmigo, la verdad es que me da miedo que todo el chiringuito que Monika tiene montado se caiga a pedazos y yo me encuentre en medio.

- Esto es una pistola - dice Monika a la luz del sótano levantando la mano y enseñando un arma de fuego que seguramente sacó de su armario. - Una persona normal tarda cero coma tres segundos en apretar el gatillo, aprietas un gatillo a la misma velocidad a la que pestañeas - Monika le da la pistola a una "hija de viuda" y deja que se la pasen entre ellas. - No se puede parar una bala con los dientes, no se puede esquivar una bala y no importa lo que digan los libros, una bala no la para ni el mejor de los poemas. En Brasil mueren más personas por armas de fuego que por cáncer, y en Estados Unidos mueren más menores por armas de fuego que atropellados. Las armas de fuego son tan destructivas como inútiles, igual que todas vosotras.

El año pasado, la tasa de suicidios en el ejército subió 16 un por ciento, mientras que la tasa de suicidios en el país bajó un 6 por ciento. 

- ¿Quieres venirte de vacaciones conmigo? - me pregunta Honoka a la salida del instituto. - También he invitado a Natsuki, Yuri, Émili y Rumina.

- Suena bien para mí, ¿Donde vamos? - pregunto.

- Serían seis días a un piso en la playa que tiene mi familia, al parecer tomar el sol puede ser bueno para mí proceso de desintoxicación.

Tengo la seria sospecha de que Honoka no se está desintoxicando eficazmente y sus padres solo intentan curarla con un extraño efecto placebo, pero eso es algo que no diré.

- Me encantaría - le digo. 

- Solo tendrías que coger algo de ropa para el viaje, estarán todos los gastos pagados.

- Segura que no eres super rica en secreto - digo sarcásticamente arqueando una ceja.

- Venga por favor - contesta con media sonrisa. - Puedes invitar a MC si quieres, Rumina seguramente vendrá con Nacho.

- Si, puede que le interese.

- Una cosa más - me dice Honoka apuntándome con el dedo. - No puedes darle un beso a no ser que esté presente.

- Como te decía, no puedo ir, ese día me viene mal - la saludo con la mano y finjo que me despido.

- Ay por favor - Honoka me toma de la muñeca. - Esta bien, te prometo que no haré ni diré nada que os comprometa si lo traes, pero tienes que venir, eres el vínculo que nos une - Honoka me pone ojos lastimeros.

- Esto es chantaje emocional, que lo sepas - le digo, aunque mi cara dice "si joder, vacaciones por fin".

MC ha aceptado venir, Monika en cambio me ha dicho que si quisiera quemarse gratuitamente metería la cabeza en el horno. Me alegro de que no haya querido venir, a ella no la han invitado y ciertamente después de ver en lo que está convirtiendo el club de literatura entiendo que las chicas quieran alejarse de ella.

Ya solo queda un día antes de irme.

- Así que no vienes, ¿Eh? - le pregunto.

- No me eches mucho de menos o tendré falsas esperanzas - responde.

- Ay Monika, como eres.

- ¿Te vas a llevar todo en tu mochila? - Monika pone una cara de repulsión disimulada.

- Si, supongo, ¿Qué tiene?

- Deberíamos ir a comprar una maleta al centro de la ciudad, ya sabes, no es como que nos falte dinero.

Monika tiene razón, mi mochila ha aguantado bien el paso del tiempo pero también hay que ser ciego para no ver su desgaste, ahí no cabría toda mi ropa aunque no tenga tanta.

Hemos llegado al centro comercial, Monika camina erguida y natural, como una jugadora de baloncesto. Yo en cambio voy con la espalda algo más encorvada y mi cara recién lavada con agua de los baños públicos podría asustar al Yeti. Actualmente duermo unas cinco horas al día, no es mucho pero menos da una piedra.

- Buenas tardes mi señora, ¿Le interesa algo? - dice una voz proveniente de una tienda de ropa y accesorios. - Está de suerte, hoy invita la casa.

Puedo reconocer a la perfección la cara de la recepcionista, es una de las tres veteranas que estaban aquel día.

- Busco una buena maleta y estar sola - dice Monika.

- Sígame - le responde.

Caminamos por los pasillos laberínticos de las tiendas de ropa hasta llegar a la sección correcta, luego la chica nos deja a solas.

- ¿Quién era esa? - le pregunto.

- Las hijas de viudas no tienen nombre - me dice Monika.

"Hija de viuda" es un término acuñado por Monika, hace referencia a las mujeres que son hijas de madres mayores sin marido que tienen que recurrir a la prostitución para vivir. Para Monika no hay mayor ejemplo de cómo se debe tocar fondo, ninguna opinión te importa, ni la tuya ni la de los demás, solo trabajas para estar viva.

"Si sigues respirando es porque no has tocado fondo". Hay como cuatro contradicciones en todo lo que he dicho.

- ¿Qué te parece esa? - Monika señala a una maleta de buen tamaño con estampado de cebra.

- No creo que esa vaya a ser gratis - le digo.

- Todo es gratis si nadie te ve.

Miro a mi alrededor y no puedo evitar notar como efectivamente estamos solas en esta sección. También es día de diario en una semana que no es festiva para todo el mundo, así que no me extraña tanto.

- ¿Siempre tienes que hablar como si cada una de tus frases fuesen a ser bordadas en un cojín? - le digo a Monika.

- No, solo lo hago cuando tengo gente dispuesta a escuchar - me confiesa. - Te seré sincera, mi vida no es la misma desde que estoy contigo.

- A ja.

- Eso es un cumplido.

- Lo sé Monika, es solo que a veces me cuesta seguirte el ritmo, lo del club de literatura fue muy desestresante, pero lo que estás haciendo ahora es básicamente una secta.

- ¿Qué estás insinuando? - Monika se detiene.

- Tarde o temprano esto se te va a ir de las manos Monika y no quiero estar en medio cuando eso pase - yo también me he detenido.

- Una vez me gané tu confianza, ¿La he perdido? ¿Me odias? - Monika está más seria que de costumbre.

- No Monika, no te odio, me molesta que a veces me tires más fichas que el casino, pero no creo que seas mala persona - hago una pequeña pausa para suspirar y rascarme detrás de la cabeza. - Solo te pido que no transformes el club de literatura en una secta, ¿Vale?

- No somos una secta - me dice mientras sus labios contornean una sonrisa. - Somos un grupo clandestino fuera de la jurisdicción.

- Ay, no tienes remedio.

- No fui yo quien hizo el mundo, fue el mundo quien me hizo así.

- Aaaa se acabó, me voy de vacaciones - digo disimulando una sonrisa. - Por favor, no quemes la ciudad hasta que vuelva.

- Como usted mande mi señora - Monika hace una reverencia exagerada tan bien elaborada que las dos nos reímos.

Aunque la hija de viuda insistió, de todas formas pagué la maleta así que me regaló sus gafas de sol, prefiero no cuestionarlo.

Para ir a comprar un bikini Monika se muestra más interesada. En la tienda a la que vamos hay una chica perfectamente maquillada sin tres dientes que llama a Monika mi señora e insiste en dejarnos probar varias prendas que también serán gratis. Me gustaría ser modesta y quejarme pero la verdad los precios de bikini han subido por lo que si quieren pagarlo por mí eso que me llevo.

Mientras me voy probando distintos trajes de baño entero y salgo de los probadores para saber la opinión de Monika. Ella actúa como una secundaria de una serie animada cómica de finales de los noventa y niega frenéticamente cada prenda que le desagrada hasta que me pruebo uno azul con estampados oscuros, entonces afirma con la cabeza y alza dos pulgares. La verdad es que es bastante bonito.

Mediocre es todo aquel que pudiendo mejorar prefiere no hacerlo.

Capítulo 35: el día casi perfecto.

Es la primera vez que me subo a un avión y lo que dicen de la comida de los aviones es totalmente cierto. Casualmente me tocó sentarme al lado de MC, Honoka insistió muchísimo en decir que fue una coincidencia.

MC está pegado al asiento tan rígido que parece una estatua, además está clavando las uñas en el reposabrazos lo cual es un problema porque en los aviones hay más brazos que reposabrazos y yo no puedo ponerme bien.

- No sabía que tenías miedo a volar en avión - le digo mirando su mano.

- Yo tampoco - me responde él.

- ¿Te imaginas que ahora se cae y nos matamos? - digo metiendo el 100% de mi cabeza en su campo visual.

- ¿Qué?

- Wououo turbulencias - digo agitando los asientos.

- ¡Para! - grita MC apretándome la mano lo más fuerte que puede. Está más frío que los cadáveres.

- Okay, perdón - digo acomodándome en mi sitio. - Si tienes mal de altura deberías tomarte una pastilla o algo.

- No puedo - dice él tratando de relajarse. - Eso me pone más nervioso y me revuelve el estómago.

Mi periodo ha llegado puntual y me he subido con retortijones al avión, no puedo decir que MC este peor pero ciertamente no tiene buena cara. Cuando era niña nunca me imaginé subida a un avión, me daba miedo pensar que un cacharro de varias toneladas pudiera sucumbir a su peso y se precipitara a su fin, MC debe pensar igual. Yo en cambio tengo sentimientos encontrados, no me disgusta pero ciertamente no es algo que quiera repetir todos los fines de semana.

Nunca hay ateos en un avión que se cae.

- Ayyy, que ganas de estirar las piernas - dice Émili nada más bajar del avión.

- Jeje - Yuri tapa su sonrisa con el dorso de la mano.

- ¿En serio has esperado todo el viaje para hacer ese chiste? - cuestinó Natsuki.

- No lo sabes tú bien - responde Émili.

- Empezamos con buen pie - complemento, mientras nos reímos vamos caminando hacia la recepción de las maletas.

Un agente del aeropuerto llama a Nacho y se tiene que separar del grupo, al parecer el detector de metales ha confundido su maquinilla de afeitar eléctrica con una bomba. Lo han llamado en privado porque en ocasiones lo que se confunde con una bomba es un consolador a pilas y eso no es algo que se pueda decir en público, pero claro ese dato se lo ha dicho a Rumina y Rumina nos lo ha dicho a nosotras.

Los padres de Honoka también nos están acompañando en este viaje, son básicamente lo que me esperaba, él parece un miembro de la yakuza sin tatuajes y ella una aidol a finales de carrera. Los dos me parecen personas agradables pero se nota el matiz estricto en su figura oriental.

Su casa de la playa es como me imaginaba un chalet en linea de playa, como no se nada de arquitectura diré que parece una casa victoriana de dos pisos a la que le han agregado piscina. Hay tres dormitorios, uno principal y dos de invitados. Hemos nombrado las habitaciones por letras, en el A que es el principal duermen Honoka y sus padres, en el B duermen Natsuki, MC, Émili y yo, en el C duermen Rumina, Yuri y Nacho.

Mientras estoy reunida en la cocina con Émili tomando algo Yuri acerca se mí.

- ¿No querrías cambiarme la habitación? - me pregunta.

- Pues estoy bien donde estoy - respondo. - ¿Por qué lo dices?

- Es que me da un poco de vergüenza estar con Rumina y su novio a solas, imagina que quieren intimar, a mí me ponen muy nerviosa esas cosas.

- Pruff - Émili se atraganta mientras bebía. - jajaja ¡Por favor Yuri no digas esas cosas que me matas! - Aunque Émili se sigue riendo a Yuri no le está haciendo gracia.

- Lo digo enserio - Yuri me mira otra vez. - Tú eres una persona a la que no le importan estas cosas, ¿No te importaría no?

- Yuri - le digo con calma. - No creo que se vayan a poner a cortejarse el uno al otro contigo en el mismo cuarto... Creo - no puedo evitar pensar en cómo ligaban en el hospital.

- ¿Qué harías si te propusieran un trio? - pregunta Émili. A Yuri se le ruboriza hasta el último pelo del cuerpo.

- Rubia cállate que me traumatizas a la niña - la riño yo.

- Yo no pienso en esas cosas - dice Yuri con la calma de una monja. - Y tú tampoco deberías, eres muy joven.

Émili me echa una mirada complice y yo niego con la cabeza.

- Como empieces a molestar a Yuri hablando de más se lo voy a decir a tu madre - digo mientras me cruzo de brazos.

- Oye - dice Émili apoyándose en la mesa y acercando su cara hacia mí. - Ese tipo de amenazas no son legales.

- Ja, vale, estoy algo agresiva, un periodo difícil, ya sabes.

- ¿A ti también te ha bajado esta semana? - pregunta Yuri.

- Es el primer día, pero si.

- Joder, se nos ha sincronizado - remata Émili.

Unos segundos después MC pasa por la puerta rascándose la cabeza.

- ¿Estáis hablando de algo importante? - pregunta.

- Cosas de chicas - dice Yuri desviando la mirada.

- A, entiendo - no lo entiende. - Quería preguntaros si habíais visto mi maleta, me iba a dar un baño con Nacho y Rumina.

- ¿De que color era? - pregunta Émili.

- Era la roja, manillar dorado, como de medio metro.

- ¿Manillar? - pregunto.

- Si, donde se agarra la mano y se eleva para tirar - dice MC mientras finge que agarra algo invisible y lo estira.

- Eso es un asa replegable, manillar es para las puertas.

- Bueno, como sea - MC pone los ojos en blanco. - ¿La habéis visto o no? Estaba en la entrada y ya no está.

- Tal vez se la llevó Natsuki - dice Yuri. - Su maleta también era roja, podría haberla tomado por error.

- Gracias, le iré a preguntar - MC se va.

De todos los presentes, el único apellido que conozco barra recuerdo es el de Honoka, se apellida Misumi y lo se porque a sus padres los llamo señor y señora Misumi.

Son las 15:00 y estamos en la playa, se que el mito de "no puedes nadar en el mar durante la etapa menstrual" es falso, pero aún así prefiero no mojarme. Tengo unas gafas de sol en forma de corazón que una hija de viuda me regaló, el bañador azul y me he untado tanta crema solar que parezco un cristal reflectante.

Las tres de la tarde es la hora perfecta para descansar, es demasiado tarde para preocuparse por los problemas de la mañana y demasiado pronto para preocuparse por los problemas de la tarde. Amo esta hora y amo descansar tirada en una toalla (que es mi única toaya de las duchas) con piernas y brazos cruzados.

- ¿No vas a bañarte? - me pregunta Honoka, llegando y parándose de pie a mi lado.

- Nop, estaba pensando en cosas más importantes.

- ¿Por ejemplo?

- Lo extraño que me parece que Natsuki y tú le quitarais la maleta a MC - giro la cabeza y bajo mis gafas para mirarla.

- ¿Qué? No hicimos eso.

Me limito a seguir mirándola sobre los cristales.

- No puedes probar nada - me dice cerrando los ojos y encogiéndose de brazos.

- Siéntate, hablemos un rato.

Honoka se sienta con las piernas recogidas entre los brazos. Ella lleva un traje de baño de una pieza totalmente morado con rayas lilas en lateral, es parecido al traje de protocolo de las nadadoras olímpicas. Honoka tiene el pecho tan reducido que parecen los pectorales de Michael Phelps. Tiene un cuerpo hermoso y esbelto, parece sacado de las estatuas de Phidias.

- Sabes que no me fío ni de mi sombra, estuve analizando las maletas, la de Natsuki tenía las asas negras y se que ella lo vería perfectamente porque le llega a la altura de la frente - no puedo evitar sonreír junto a Honoka. - La maleta de MC también debe pesar y en cambio desapareció relativamente rápido de manera silenciosa, ¿A quien conoceré yo que pudiera cargar maletas pesadas sin esfuerzo y sin hacer ruido? Rumina y Émili no podían ser porque Émili estaba conmigo y Rumina con Nacho, luego solo faltabais vosotras y Yuri, pero Yuri es demasiado vergonzosa para algo así - me vuelvo a ajustar las gafas a la cara con el índice. - ¿Así que por qué lo hicisteis?

- ¿Prometes que no te reirás? - me dice.

- ¿Prometes que no te importará lo que opine? 

- Me temo que esta vez no.

- Entonces no prometo nada.

Honoka se queda en silencio mirando el horizonte igual que yo, hago bailar un pie sobre mi rodilla inclinada mientras espero pero Honoka no va ha hablar.

- Está bien - digo al fin. - Prometo hasta por la última puerta del infierno que no me voy a reír.

- Natsuki quería ver si era cierto que se había traído unos mangas, habló de eso en el aeropuerto, tú no estabas - Honoka me mira y yo por el rabillo del ojo puedo ver su expresión solvente. - Yo quería probarme sus calzoncillos. 

Mi pie deja de bailar y mi cabeza gira para reposar sobre uno de mis hombros, no estoy muy segura de haber oído lo que he oído.

- Esta bien, puedes reírte si quieres - me dice.

- No me parece gracioso - contesto. - ¿Por qué querías eso?

- Bueno, así a primera vista diría que usamos la misma talla y luego pensé, las bragas me aprietan mucho, ¿Cómo serán unos calzoncillos? Así que le pregunté a Natsuki que si le apetecía cotillear, ya sabes el resto.

- ¿Y estás más cómoda con calzoncillos?

- En realidad no se diferencian mucho, además me da picor en los muslos, no repetiría la experiencia - Honoka espira con alivio. - Tiene unos de Ben 10.

- Jaja, esa no me sorprende - recoloco mi cabeza sobre mis muñecas. - Cuando éramos pequeños le gustaba jugar conmigo a fingir que éramos los personajes de la serie, yo siempre era 4 brazos, supongo que viene de ahí mi gusto por los golpes.

- A mi me gustaba Charmcaster, era como la gótica perfecta.

- Ja, Rumina con extensiones.

Ambas nos reímos cinco segundos exactos de un chiste tan sencillo.

- ¿Puedo hacerte otra pregunta? - dice.

- Dispara.

- ¿Qué se siente al ovular? 

- No lo notas, sin más, tal vez te sientes mejor porque el dolor del sangrado se reduce pero poco más. Ya que sacas el tema, no contestes si no quieres, ¿Tú puedes quedarte embarazada?

- No - los labios de Honoka se cierran como una linea. - incluso si mis trompas se arreglaran mi útero está demasiado contraído, no se extendería para dar cabida a un niño.

- No te sientas mal - digo incorporándome hasta sentarme de piernas cruzadas. - Ha habido mujeres estériles desde siempre.

Puedo ver como le escurre una lágrima por el rostro.

- Perdón - me dice. - Se que es una tontería pero yo creo que me hubiera gustado mucho ser madre - Honoka se limpia las lágrimas con el codo.

- No es una tontería - me acerco más a ella arrastrando mi culo por la arena. - Escúchame, lo que tienes es duro, sí, es importante para tu vida también, pero no te hace tener menos valor.

- ¿Qué me vas a decir? "Que haya desgracias peores no quiere decir que la mía no importa" o algo por el estilo - aunque está hablando bajo y a enterrado la cabeza en sus brazos y piernas, Honoka está empezando a perder el control.

- ¿Eso te lo contó Yuri? - le pregunto.

- No, fue Natsuki, pero no importa - me dice sorbiendo por la nariz. - Se que quieres consolarme y ayudar pero no puedes, es que esto es una desgracia muy grande para mí y mi familia, conservar y mejorar el linaje es lo más importante según la tradición y yo no voy a poder, creo que...

- Pues con todo respeto - la interrumpo. - Al carajo tu tradición, tus problemas y lo que quieran tus padres - mientras digo eso ya he peinado el perímetro con la vista, el resto está relativamente lejos y no nos oirán. - No puedes ver tu vida como un guion de novela, unas pautas a seguir, porque si te soy sincera yo no sé jugar, solo estoy rompiendo el mapa.

- ¿Qué? - Honoka sorbe por la nariz y tiene intentos de ataques de hipo. - No te entiendo.

Citar a Monika no ha sido mi mejor jugada, entre el no saber que hacer y la tensión del momento hago lo único que se me ocurre. Mis brazos rodean a Honoka, desde las piernas en posición fetal hasta la espalda, aunque no puedo juntar las manos, desearía tener brazos más largos. Honoka ve lo que estoy intentando hacer y retira las piernas para que pueda abrazarla bien. Ella también me devuelve el abrazo, sus brazos son como dos ramas de olivo y me abarca la totalidad de la espalda. Sus manos están frías, mojadas y llenas de mocos, pero no me importa porque se que la estoy ayudando.

Tal vez no soy una mala persona.

Capítulo 36: Manos de oro.

Qué bien he dormido hoy, estas camas parecen echas de bizcocho, te tumbas, te absorben y te puedes olvidar del mundo.

Abro los ojos y lo primero que veo es a Émili en primer plano.

- ¿Estás dormida? - me susurra.

- Ya no - le digo.

- Esto es grabe - Émili acerca su móvil y la luz de la pantalla plana me quema la retina.

- ¡Joder Émili! - digo mientras me incorporo y me llevo las manos a los ojos. Estos ricos con móvil táctil e internet creen que todos estamos acostumbrados a sus 60 linternas de potencia.

- ¿Qué coño pasa que no dejáis dormir? - Natsuki también se ha despertado frotándose un ojo.

- Sss - Émili la manda callar con el dedo en los labios, luego mira a MC que sigue roncando. - ¿Qué tío, no?

- Bueno, ¿Pero que quieres? - insisto.

- Sígueme - me parece increíble lo silenciosa que es Émili pese a que sus piernas son de metal.

Ya en el pasillo y a la luz semi-nocturna de las siete de la mañana, Émili me entrega el teléfono.

"Desaparece adolescente hospitalizada" dice la noticia en la pantalla del teléfono.

- Esa era Reichel - me dice Émili.

Natsuki abre sigilosamente la puerta y se asoma al pasillo con nosotras. - ¿Qué hacéis? 

- Reichel ha desaparecido - digo a punto de parafrasear la noticia. - Adolescente de 18 años escapa del hospital donde estaba interna por las heridas que sufrió en un accidente de auto, su paradero es desconocido. Por lo visto en las cámaras de seguridad, se levantó en la noche, noqueó a un médico y dos enfermeras, les robó la ropa y se fue corriendo por la puerta principal.

- Os juro que me esperaba cualquier cosa menos esto - dice Émili.

- Esto ya no es nuestro problema, yo llevo semanas sin pisar por allí, Yuri, Rumina y Honoka pueden decir lo mismo - dice Natsuki. - Tú has estado hospitalizada - señala a Émili - y no tiene pruebas de que tú estuvieras ahí - dice señalándome.

- Es una conclusión un poco precipitada asumir que esto lo está haciendo por el club - digo mientras le entrego el móvil a Émili. - Además, ¿Si quería dar declaraciones por qué atacaría a un doctor y dos enfermeras?

Las tres nos quedamos pensando y ya con la cabeza más despejada hago la pregunta obvia.

- ¿Émili por qué no llevas pijama? - Émili solo tiene puesta la ropa interior.

- Hace calor - responde. - No cambies de tema.

- Pero MC está ahí dentro - ataja Natsuki.

- No se va a volver loco por ver un par de tetas, ¿Queréis centraros? 

Yo duermo con una camiseta de algodón blanca de manga corta y un pantalón de seda. Natsuki en cambio duerme con un pantalón de algodón corto y una camisa de manga corta rosa con una cara de gato estampada en el medio.

- Lo siento, me acabas de despertar, realmente no se que quieres que te diga.

- Para empezar aclaremos las cosas, ¿Tú la hiciste abortar como dijo Diego? - me acusa Natsuki.

- No era mi intención, no sabía que estaba embarazada - digo yo susurrando. - Pero si, en parte yo causé eso.

- Santo cielo.

- No era tan buena como parece, fue ella quien te apuñaló - digo mientras doy un toque con el índice en la zona de la herida.

- Entonces que le jodan - responde Natsuki en automático.

- Oye, ¿Cómo sabes eso? - cuestiona Émili.

- Se partió el casco intentando huir y le vi los ojos - miro a Émili sin ningún atisbo de duda.

- Muy bien, no tengo idea de que pasa y no me interesa - Natsuki se vuelve a meter en la habitación. 

- Creo que opino igual, lo consultaré una horita con la almohada y luego te digo - le digo a Émili y me vuelvo a dormir sin aceptar réplicas.

Quién permite el caos para evitar la guerra, tiene primero caos y después guerra, frase atribuida a Maquiavelo.

Es increíble lo poco que me importa todo el asunto con Reichel, estoy tranquilamente en el salón de la casa, en un sofá de estos espumosos que le está haciendo milagros a mi espalda cuando llega MC y se sienta en la otra punta, también se espatarra en uno de estos, parece que la casa fuera nuestra.

- ¿Qué te cuentas amigo? - le digo.

- ¿Sabes a que club está unido Nacho? - me pregunta con una mirada que dice "la he cagado de manera absoluta".

- Ni idea, no he hablado casi con él.

- Pues hemos tenido una conversación hace un rato, me ha preguntado que rutina tenía y si estaba en alguna clase de club de boxeo o algo porque cree que tengo un físico de atleta, le he dicho que no y que el físico lo tengo cuidado gracias al club de atletismo - MC se tapa la cara con la palma. - Ay, entonces hemos seguido hablando y me ha preguntado porque estoy en tres clubes y yo le he dicho que me iba a unir al club de anime pero había solo hombres raritos puede que haya echo especial énfasis en burlarme de uno con cara de drogado. Él me ha mirado con una cara que podría haber matado a un muerto. Él es el presidente del club de anime y el resto de chavales eran sus amigos - MC se restriega la palma bajándola por su cara. - Me he intentado disculpar, pero se ha levantado y se ha ido, santo cielo segundo que ahora me odia.

- Jajaja, ay cabrón - expreso muy relajada. - Mira que ganarte el odio de alguien como Nacho.

- No lo he dicho a malas, cuando estuve ni le conocía y han pasado como 7 meses o así. Ni siquiera vamos a la misma clase, yo soy del A, él del B, no podía reconocerlo. Solo quería continuar con la conversación.

- Deberías retarlo sobre un cuadrilátero - MC me mira con cara de "¿Estás loca?". - Lo digo enserio, una buena pelea puede reforzar amistades.

- Él es campeón amateur de libra por libra, me destrozará.

- Tú mides metro setenta y cinco y pesas 65 kilos, el solo mide metro setenta y pesa 63 kilos, físicamente en teoría tienes un mínimo de ventaja - digo encogiéndome de hombros.

- En primera ¿Cómo sabes eso? En segunda, ¿De que sirve si no tengo técnica? El tío tiene una pierna que te pega una patá y te deja en la punta del campanario.

- No te preocupes, porque yo seré tu maestra - me doy un golpe en el pecho para reafirmar mi autoridad. - pero ya lo haremos cuando estemos de vuelta en casa, que ahora estoy de vacaciones - me vuelvo a reacomodar en el sofá.

- No tienes remedio - me dice MC mientras también se recoloca en su sitio. - ¿Enserio que sueles hacer? Desde que llegamos aquí solo te he visto descansar, no quieres ir a bañarte, no has querido ir a caminar por las afueras y no parece que hoy quieras hacer algo distinto.

- Le dijo la sartén al cazo.

- Es diferente, yo si he ido a los club todo el año, tú has faltado muchísimo, ¿De que estás cansada? 

- De la vida y sus rarezas, yo que se - pongo los ojos en blanco. - Tú tampoco te has ido a pasear con Émili o a bañarte con el resto, ya que tanto me criticas. 

- Porque no quería acercarme a Nacho después de esto, debe odiarme.

- Ouuu - pongo un acento como si hablara con un bebé. - ¿Quieres que te de la manita para hablar con él y que no te pegue? 

- No seas así mujer - ahora es el quien pone los ojos en blanco. - Pero si me acompañaras tampoco me quejaría.

- Venga vale, deja que me cambie - me incorporo de un salto.

- Si, haré lo mismo.

La playa en la que estamos es una gran línea de costa, tiene alguna que otra palmera dispersa con un par de matorrales, pero en general es un area despejada. El terreno hace esquina, si es que se puede decir así, con una zona de acantilados de unos 10 metros con rocas marrones de estás en las que se acumulan mejillones, cortan como cuchillo de carnicero pero en cierto grado son preciosas.

Estuvimos un rato esperando dentro del agua, me encanta cuando mis pies se llenan de algas, arena, el agua salada fría se mete en mi boca y todo es una mierda. MC me salpicó por la espalda y yo le hice un suplex que estoy segura de que no podré repetir en tierra sin romperle el cuello.

- Bueno a ver, y estos donde se han metido - estoy totalmente envuelta en mi toalla esperando a ver si viene alguien mientras me seco.

- Tal vez se han ido al otro lado de los acantilados - me dice MC secándose con una toalla que tiene el diseño de la bandera de Brasil.

- Vamos a ver - tendría que haberme comprado unas chanclas, caminar descalza es molesto.

Estamos girando lo que sería como el tercer saliente del acantilado cuando veo a Rumina y a Nacho venir hacia nosotros. Ellos están embobados el uno con el otro y no me prestan atención, de echo Rumina está más atenta a una medusa que acaba de ver.

- Para flaco - le dice. - ¿Tú dices que puedes mandar esto de vuelta al mar de un puñetazo? 

MC está a punto de girar así que le pongo una mano en el pecho y lo hago retroceder hacia atrás.

- Auch, para - dice él.

No me había fijado antes, pero la zona donde hace unos meses tenía un hematoma ahora ya está mucho más curada aunque se nota la marca.

- Echa un poco pa tras - le digo ocultándolo en un pico del saliente. - Rumina y Nacho están a punto de golpear a una medusa.

- ¿Qué? ¿Acaso están locos? - dice MC. - Las medusas pican incluso después de muertas, hay que detenerlos.

- No no - le digo. - Este es un ejemplar pequeño, solo les producira picor. Espera por favor, quiero ver que hacen.

A MC también le pica la curiosidad y asomamos la cabeza por los salientes como lo hacen el dueño asustadizo y el perro miedoso en las caricaturas cuando investigan casas abandonadas.

- Mirá esto es sencillo, yo la elevo de una patada y tú le das un derechazo que la mandás a Córdoba, ¿Dale? - dice Rumina.

- Dale - confirma Nacho.

Rumina mete su pie unos centímetros por debajo de la medusa, a través de la tierra mojada. Rápidamente eleva la pierna hasta la altura de los ojos de Nacho, entonces este descarga un derechazo contra el cuerpo flácido de la medusa que la manda casi un metro por el agua hasta el mar.

- Aaaaa - grita Nacho. - ¡La puta que me parió! Mi mano arde como el infierno.

- Toma nota, su mano predominante es la derecha - le susurro a MC.

- Vale eso ha sido gracioso, pero hay que ir a ayudarle - dice MC.

- No, quédate aquí - le detengo del brazo. - Si vas a hora pensará que estabas esperando a que se hiciera daño para luego aparecer y hacerte el héroe.

- Él no pensará eso - a su respuesta le acompaña mi ceja alzada.

- A ya se, mete la mano en el agua, la sal te cura - dice Rumina arrastrando a Nacho de la muñeca hasta el agua. - ¿Funciona?

- ¡Me arde la mano carajo! - dice Nacho.

- ¿Wacho y que querés que haga? - dice Rumina nerviosa. 

- Ay mamá no flalles. 

- Ya sé - dice Rumina como si se hubiera encendido una bombilla en su cabeza - la orina aliviana estos dolores.

- Pues yo ahora no tengo ganas de hacer pis - dice Nacho.

- No te preocupes, yo si - dice Rumina.

MC y yo que seguimos mirando de lejos nos miramos entre nosotros. 

- Le vamos a tener que llamar Nacho puños de oro a partir de ahora - me llevo las manos a la boca y MC también, estamos empezando a partirnos de risa por las cosas más simples.

- Che yo no soy de ese tipo de personas - dice Nacho frotando la mano en el agua.

- ¿Y que querés si no? Es por tu bien - Rumina se ha puesto con brazos en jarras, como si estuviera ofendidisima de que Nacho no quiere que le orinen la mano.

- ¡Me picó una medusa por tu idea chavona, soy yo él que se debería enojar!

- Fuiste tú quien aceptó dar el golpe a la medusa.

- Fuá, y vaya golpe, ¿Eh?

- Si, en verdad fue tremendo - Rumina se está sonrojando. No hay quien entienda el amor.

- Vosotros dos, quietos ahí mismo - corriendo a la velocidad de Hermes, Émili llega desde la otra punta de la playa con un tubo de crema para medusas en la mano. - Nunca salgo de casa sin esto.

Mientras MC y yo vemos lo que parece una escena de un comercial, también vemos cómo Yuri, Natsuki y Honoka vienen agotadas desde la misma dirección que Émili, tal vez debí advertirles que cuando Émili dice "salir a caminar" en realidad quiere decir "correr un rato como si entrenáramos para las olimpiadas". Nosotros decidimos retirarnos sin dar notorios.

Capítulo 37: y entonces, nada.

Fueron unas buenas vacaciones, al final no llegó a pasar nada más controversial. Bueno, la madre de Honoka atrapó a Émili semidesnuda cuando salía del baño y lanzó un grito que casi nos mata del susto. Honoka tubo que explicarla en japonés lo que pasaba porque su madre no atendía a razones. Para lo conservadora que es la cultura japonesa fue difícil explicar porque Émili estaba más salida que el pico de una mesa, a ver no tanto pero ya se entiende.

Hoy volvemos de las vacaciones, si por bien es este será mi último curso, luego no se lo que haré, tal vez alquile un piso con el dinero que Monika me deje y luego trabajaré en un trabajo de medio tiempo hasta que me muera, no suena bien pero es lo que hay.

El primer día que regreso me quedo a dormir en la casa de Natsuki, ahora que su padre no está era una opción que no me desagradaba. Tras la noche fui directamente a la biblioteca, Monika estaba en nuestro sitio de siempre, pero antes de ir ahí hablé con la bibliotecaria, me recomendó el nuevo tomo de poemas y por fin me puse al día con Monika.

Monika me preguntó por las vacaciones, quería que le contara todos los detalles, se mostró muy receptiva a la información. Ella también me contó lo que había estado haciendo, había convencido a las chicas para iniciar un nuevo trabajo, se llamaba el Proyecto troyano. Monika y sus habilidades de hackeo tendrían acceso a cualquier dispositivo virtual o electrónico, cambiar su funcionamiento era el más sencillo de los pasos, lo difícil era saber cuándo hacerlo, cajeros que se atascaban el día de pago, ascensores que no funcionaban en horarios importantes, máquinas registradoras que se rompían en hora punta... Todo era un caos bien organizado.

"Quién permite el caos para evitar la guerra, tiene primero caos y después guerra".

Hoy es el día del regreso triunfal de Émili luego de superar sus problemas de espalda, a la hora del club de atletismo le harán una pequeña ceremonia en su honor.

- Vendrás a verla, ¿Verdad? - me dice a las ocho la mañana, a la entrada del instituto.

- No creo - respondo. - Sabes que no me gustan esa clase de multitudes.

- Pero soy tu mejor amiga - Émili me pone ojitos lastimeros.

- Yo solo soy de mi casa y cuando pago la luz - respondo orgullosa. - Ahora enserio, no lo tomes a mal Émili, sabes que yo me enfrentaría a un alce para salvarte si es necesario, pero simplemente no quiero estar rodeada de gente en mi horario de descanso.

- Ahí, si ya decía yo - cuando Émili niega con su cabeza sus coletas rubias giran con ella con la gracia de un tío vivo. - Está bien, pero tras la ceremonia tienes que venir a comer con nosotras, eso no es negociable.

- Como desees majestad - respondo con una reverencia incluida.

Soy la esperanza de Sayori esperando un futuro mejor.

Han terminado las clases, ahora que tenemos dos horas hasta que empiecen los clubs me voy a hablar con Honoka. La encuentro en clase, está hablando con Rumina y MC, supongo que de las vacaciones. Me acerco y me uno a la conversación, tras quince minutos de charla MC y Rumina se retiran, irán a comer supongo. Honoka y yo nos quedamos a solas y la acompaño hasta su taquilla mientras saco un tema banal.

- ¿Te gustaría entrenar a MC conmigo? - pregunto.

- Lo siento, yo estoy a favor de la monogamia - por ese comentario se lleva un golpecito en el brazo.

- No empieces, lo digo porque MC estaba pensando en retar a Nacho - comento hasta que por fin nos detenemos en los casilleros.

- ¿Por qué querría hacer eso? - dice mientras abre la taquilla.

- Digamos que buscan reforzar la amistad - le echo una mirada complice, así fue como ella y yo nos hicimos amigas. - Tú sabes más de boxeo que yo, podrías ayudarme.

- Si, es... - Honoka no termina la frase, se lanza hacia mis hombros sin previo aviso y aparta mi cuerpo estrellandolo contra el metal granate.

Capítulo 38: cero coma tres segundos.

Se llamaba Honoka Misumi y tenía 18 años.

Se llamaba Honoka Misumi y ahora siempre tendrá 18 años.

"Dale a un hombre un pez y lo alimentarás un día, pégale un tiro en la cabeza y no tendrás que alimentarlo más".

El mayor sueño de Honoka era ser madre. Honoka me admiraba porque creía que yo no era un fraude, por eso daría la vida por mí, por eso dio la vida por mí.

Honoka murió atravesada por una bala de calibre 38, el proyectil pasó entre sus cejas y salió por la parte posterior de su cabeza, quemando cinco centímetros de cuero cabelludo. Honoka, la titan de metro noventa y ochenta y siete kilos, abatida por un disparo de revolver.

Antes de poder procesar la información giro la cabeza para ver cómo detrás de mí, Diego aprieta el martillo para girar el tambor y recargar un nuevo disparo de su arma, por más que lo intentara no podría llegar a él corriendo.

Cero coma un segundo.

Mi mano se aferra a la puerta de la taquilla, el dedo de Diego se desplaza.

Cero coma siete segundos.

Mi mano sangra cuando tiro con todas mis fuerzas y hago saltar una de las bisagras de la taquilla, Diego ya tiene cargada una bala en el tambor.

Un segundo.

Diego apunta a mi cabeza, yo desencajo la taquilla y me quedo con la puerta en la mano.

Cero coma tres segundos, eso es lo que tarda un tirador profesional en apretar el gatillo, la velocidad de un pestañeo. 

No puedes esquivar una bala.

Lanzo la taquilla con la precisión de una jabalina profesional, 57 kilómetros hora, una lámina de hierro que Diego detiene con el cenit de su cabeza, su equilibrio trastabilla hacia atrás pero por accidente aprieta el gatillo. La bala choca con el candado de una taquilla y se parte, el perdigón rebota y atraviesa su cuello, quedando a mitad de camino. Se tira de espaldas con una mano en el cuello, el golpe hace que suelte el arma, yo ya estoy allí y pateo la pistola lejos de su alcance, no quiero escusas ni preocupaciones.

"Una bala no la para ni el mejor de los poemas".

Alzo la taquilla sobre mi cabeza con la ira de Moisés a punto de destruir los 10 mandamientos. Qué le den a Diego, que le den a la compasión y que le den a todos.

"Habían puesto a Gilgamesh a desahogarse contra Héctor".

Le doy un golpeo con la taquilla de canto para partir su tráquea, luego le golpeo con la taquilla como si fuera una plancha, un golpe tras otro, una y otra y otra y otra vez.

"Quería quemar Troya con Eneas y Ulises dentro".

Su cabeza parece una sandía mustia aplastada por un camión monstruo.

"Había sido feliz de una puta vez por todas y me lo habían arrebatado".

Han llegado los profesores, uno de ellos grita como niña pequeña cuando me ve ensañarme con el cuerpo de Diego. No dejé de golpear el cuerpo hasta que llegó la policía.

"La segunda regla del club de literatura es que no se habla del club", alguien va a pagar muy caro el incumplimiento.

Capítulo 39: un juicio justo.

Es mi tercer día en prisión preventiva, tengo una abogada de oficio que se llama Cristina que ha prometido sacarme de esta. No he recibido visitas, creo que no está permitido.

El padre de Diego ha tratado de testificar en mi contra, pero no ha conseguido nada aunque el arma que su hijo usó era legal, la usaba en un campo de tiro (claro eso explica el libro sobre la buena puntería), no había forma de justificar el tiroteo escolar y la muerte de una muchacha inocente.

Se me acusó de asesinato en segundo grado pero Cristina pudo demostrar que fue en defensa propia y justificó el ensañamiento como un ataque de ira momentánea que no podría volver a repetirse. Mi reputación era demasiado sólida, solo una muchacha de 18 sin padres que trataba de seguir estudiando, parece que tenía el perfil psicológico de alguien que podría estallar ante emociones fuertes pero no era un problema para la sociedad o algo así, no se, estuve sonámbula el 75% del caso.

MC salió a testificar en mi favor, demostró que Diego le había agredido con anterioridad y que me la tenía jurada.

Rumina y Nacho también testificaron, lo identificaron como alguien problemático.

Incluso la bibliotecaria testificó a mi favor.

Tuve un cierto grado de miedo por creer que Reichel podría aparecer en cualquier momento para testificar y demostrar la existencia del club de literatura. Eso no pasó, fue como si hubieran borrado su existencia.

No se cómo lo hice pero gané, me pusieron una fianza excesivamente alta que alguien pudo pagar por mí de alguna forma y después de cinco días de juicios ya estaba fuera.

Estoy en el despacho de Cristina, tengo intención de agradecerle todo lo que ha hecho por mí en este juicio. Abro la puerta y me recibe una habitación bien iluminada, no es que haya muchas ventanas, es que el techo es de cristal. El lugar es tal y como me imagino un despacho de abogados.

- Muchas gracias por ayudarme Cristina - le digo serena, con unas ojeras que llegan hasta la otra punta de la ciudad y las manos en los bolsillos.

- De nada mi señora - Cristina pone de pie su cuerpo de mujer con 25 años y se inclina en un ángulo perfecto de 25 grados para hacer una reverencia, se reusa a elaborar y se va sin dar explicaciones. 

Se que no volveré a ver a Cristina jamás, porque si llegara a encontrarme con ella otra vez solo sería una hija de viuda, el nombre es solo una máscara, si volviera a encontrarme con ella no respondería al nombre. Cristina es solo una máscara, como lo era Alonso Quijano para Don Quijote, ella es una hija bastarda del destino, no necesita nombre, no tiene propósito, solo está rompiendo el mapa.

Alguien me espera a la salida de prisión, no es ni Yuri ni Natsuki, es una joven de pelo castaño y suelto que viste con el uniforme escolar mientras sostiene la cinta de seda de un lazo en su mano izquierda. Es la primera persona con la que peleé y aquella a quien nunca he podido ganar, es Monika.

- Una vez me gané tu confianza ciega en mí - comienza a decir. - Eso es lo que vuelvo a pedirte, si dices que no, me iré y jamás volverás a verme, si dices que si te enseñaré los mensajes secretos de este mapa roto - Monika extiende su mano hacia mí, el lazo de seda ondeando con el escaso viento de la calle.

Sí, fue Monika quién me consiguió un abogado de oficio, fue quien me salvó de dormir junto a drogadictos, fue ella quien pagó mi fianza y quien tenía a cargo a parte del personal que no haría preguntas cuando el dinero llegara desde un correo falso.

- Si Monika - le digo atándome la cinta. - Confío en tí.

"Cuantos quisieran tener mis problemas".

Capítulo 40: nada de preguntas.

Cuando Monika me retira la venda de los ojos casi me da un infarto, miro las paredes del lugar, las dimensiones del cuarto y la luz de las dos de la tarde que entra por la ventana.

- Esta - trago saliva. - Esta era mi habitación.

- Vuelve a serlo - dice Monika extendiendo el brazo para que vea mi caja en la otra esquina del lugar. - Hemos comprado la casa.

- ¿Hemos?

- Será nuestra base de operaciones para el proyecto Troyano, pero esta habitación será totalmente tuya, yo dormiré con las demás en el sótano.

Entre las ganas de llorar y la confusión, solo miro a Monika buscando más explicaciones.

- Compraremos literas de segunda mano, a ti te compraré una cama normal si prefieres - Monika para, está esperando que le diga algo.

- ¿Por qué te preocupas tanto por mí? - le digo.

- Porque veo a través de tus ojos, veo en ti que eres grande, eres más grande e importante que cualquier cosa - Monika señala a mi cabeza. - Siento que si no fuera por tí yo nunca hubiera empezado esto, eres la razón por la que mi historia sigue, gracias.

Extiendo mis brazos, Monika se acerca y fundimos nuestros cuerpos en un abrazo. Una parte de mí tiene miedo de que Monika intente llegar a algo más, pero Monika sabe leer el ambiente, es solo un abrazo de amigas, ambas estamos comprometidas en seguir adelante. Entonces lloro, lloro sobre los hombros de Monika, lloro acordándome de cómo mis padres me abandonaron, de cómo Honoka fue obligada a abandonarme. Tengo miedo, miedo de que Reichel me apuñale por la espalda cualquier día que esté distraída, miedo por no tener un plan para el futuro. Tengo miedo y eso es agotador.

Monika mece un poco su cuerpo y apoya su moflete junto al mio.

- Esta bien - me dice. - Puedes llorar, llora si eso es lo que necesitas. No necesitas ser la más fuerte, muchos quieren que lo seas y muchos creen que lo eres, pero somos de carne y hueso, si tuviéramos que ser perfectos tendríamos alas.

"Nadie es invencible, toda racha muere tarde o temprano".

La primera regla del proyecto Troyano es que no se hacen preguntas.

Hay una chica parada delante de nuestra casa, la veo desde la ventana. Tiene una gorra negra, una chaqueta negra y pantalones de chándal negros, sus deportivas y calcetines son del mismo color. Reconozco el color de su pelo, es una de esas veteranas que se llevó el cuerpo de Reichel.

La segunda regla del proyecto Troyano es seguir las órdenes sin protestar.

Monika ha salido al porche, a examinado a la chica y la a abofeteado sin lograr que cambiara la expresión. "Eres demasiado joven" le ha dicho, luego se ha vuelto a meter en la casa.

La tercera regla del proyecto Troyano es confiar siempre en Monika.

- ¿Por qué has echo eso? - digo bajando las escaleras.

- La estoy poniendo a prueba, si es joven le dices que es muy joven, si gorda muy gorda, si guapa muy guapa y así. Si se va está fuera del proyecto, si se defiende de la bofetada está fuera del proyecto, si no pasa el día entero esperando está fuera del proyecto - Monika habla con voz de sargento. - ¿Te queda claro? 

La cuarta regla del proyecto Troyano es que no se puede renunciar voluntariamente o habra consecuencias.

Una vez mesa, siempre mesa.

- Yo creo que será mejor que te vayas - le digo a la veterana que está de pie en mi porche, sus ojos mirando al frente, su cara sin expresión. - ¿Cómo te llamas, eh? 

No hay respuesta.

La última regla del proyecto Troyano es diviertete y ser tú misma.

- Si no te vas ahora mismo, llamaré a la policía - le digo a la veterana. - ¿Tú has estado en prisión? Yo si y te aseguro que tu culo no va a durar intacto ni cinco segundos allí, ¿Te han violado alguna vez? El 70% de las mujeres llegan al orgasmo cuando las violan, a lo mejor eso es lo que vas buscando ¿No?

No hay respuesta.

Monika sale, ahora hay dos mujeres en la puerta.

- ¿Lo has traído todo? - le pregunta Monika a la primera que vino. - A eso sí tienes que responder gilipollas. 

- Si, tengo mi teléfono con todos los datos borrados, he roto todo contacto con mi familia y solo me queda mi trabajo - no ha dejado de mirar al frente. - mi señora.

- Está bien, pasa - le dice señalando con el pulgar. - y tú tira millas, eres demasiado vieja - le dice a la otra.

He ido a visitar la tumba de Honoka. Si alguna vez dije que no me quedaban sentimientos mentí.

Se llamaba Honoka Misumi tenía 18 años y ahora siempre tendrá 18 años.

Ver sus letras grabadas en piedra hace que se me rompa el alma, casi no vi su cara cuando murió y ahora no la veré nunca más.

Oigo pasos detrás de mí y me giro a la velocidad de un tren bala. Hay una chica con un racimo de rosas, una cabellera corta y un lazo rojo en la cabeza, es la bibliotecaria.

- ¿Llego en mal momento? - pregunta.

- No - respondo. - Supongo que no, lo peor que podía pasar ya ha pasado.

- ¿Era amiga tuya? - pregunta mientras se acerca para dejar las flores en la repisa.

- Eso debería preguntarlo yo - respondo, jamás vi a Honoka y a la bibliotecaria en la misma habitación.

- No la conocía - es sincera. - El racimo lo hemos pagado entre todas, me he ofrecido a traerlo como gesto de buena voluntad - mientras habla saca un pequeño tiesto de plástico tipo ladrillo y lo deja en el suelo mientras coloca las rosas. - ¿No te parecen preciosas? 

- Hay muchas flores para los muertos y mucho odio para los vivos - es lo único que puedo decir.

- Que poético - ella deja el macetero lo más cerca que puede de la tumba. - ¿Has leído su epitafio? 

"Honoka Misumi, mejor estudiante, mejor amiga, mejor persona. Descanse en paz".

- Ella lo hubiera odiado - le digo. - Estaba cansada de ser perfecta, de que la consideraran perfecta, así nunca podrá descansar en paz en un lugar mejor.

Quería destruir esa lápida con un martillo, en ella tendría que poner "Aquí descansa Honoka Misumi, fue presionada desde pequeña para ser algo que no quería y cuando creció lo suficiente para intentar cambiar, la mataron por culpa de algo que no hizo".

- Puestos a ser sinceras - le digo mirándola con ojos de pez muerto. - Ni siquiera creo que esté en un lugar mejor. He estado en el infierno y está vacío, no hay tiempo en el que sufrir ni espacio en el que existir, somos nada para el todo y eso es todo a lo que podemos aspirar - me meto las manos en los bolsillos de la chaqueta. - Me encantaría mentirte, decirte que Honoka está en el cielo jugando con los angelitos, pero se que no es verdad, está muerta y de aquí a tres generaciones el mundo se habrá olvidado de ella como se olvidaron de las miles y miles de personas que llegaron antes que ella.

"Si miras hacia atrás en tu árbol genealógico tarde o temprano llegarás a un punto donde no hay nada más atrás, generaciones y generaciones olvidadas".

- Eres demasiado pesimista - me responde. - Tienes todo tu derecho a serlo pero no estás siendo justa, confundes pesimismo con realismo.

- ¿Quieres que me autoengañe? - le insisto. - Honoka era taoísta, no porque creyera en eso sino porque sus padres creían en eso. Honoka era luchadora amateur de boxeo y M M A, no porque ella quisiera sino porque sus padres querían que fuera la mejor y más fuerte. Honoka fue acusada de homicidio premeditado, no porque ella fuera culpable sino porque encajaba en el perfil. Honoka ha vivido toda su vida bajo las opiniones de otros y va a morir así, no puedo simplemente decirte "está en un lugar mejor" y creermelo, el dios que te crea depende de quién te cría y todos iremos a la tumba de todos modos, somos hijas bastardas de un destino que no queremos.

- Ese es un pensamiento muy hipócrita - insiste. - Todos tenemos la virtud de pensar libremente, pero muy pocos usarán eso para buscar la verdad. Si fuera cierto que Dios es solo cuestión de herencia aún seguiríamos rezando al panteón romano - ella se incorpora. - Honoka está en un lugar mejor, estoy totalmente convencida de eso y no puedes demostrarme lo contrario.

La contemplo un instante, el tiempo suficiente para ver su expresión serena, aún conserva una sonrisa incluso en las situaciones más complicadas.

- ¿Qué me quieres decir con eso? Tú ni siquiera la conocías.

- No importa lo que yo te quiera decir, importa como tú lo interpretes, quizás Honoka creía en el Tao por convicción, quizás ahora es parte de la naturaleza o quizás está en el cielo. No lo sé y no podemos saberlo, pero no te niegues a creer en circunstancias mejores solo porque ahora lo estés pasando mal, no intentes cambiar el mundo sin darte cuenta de que estás cambiando junto a él.

La bibliotecaria no tiene nada más que decir, se despide con un "espero que nos veamos pronto" y se va. Yo solo la observo, parece que es lo único que se me da bien, hablar y luego no hacer nada al respecto.

"No podemos cambiar el mundo a puñetazos, cuando esto termine tus problemas seguirán ahí así que mínimo hagamos que esto merezca la pena".

Capítulo 41: todavía seguimos aquí.

Cuando regresé del cementerio había otras dos chicas más en el porche.

- ¡Fuera de mi casa! - les grité, luego saqué una escoba y empecé a golpearlas mientras les decía que se largaran.

No hubo respuesta.

La nevera está llena, hay como cinco tipos de quesos de untar distintos, yogures y productos vegetarianos. Monika se ha hecho vegetariana, no se si lo era antes, creo que la vi comiendo carne una vez pero ya no me acuerdo.

Cuando me voy al instituto hay cinco caras nuevas delante de la puerta, ninguna me mira.

No todas las chicas pasan la prueba, algunas abandonan a las seis horas, otras aceptan la primera negativa y se van, y algunas tratan de responder con violencia, lo cual causa que sean repudiadas por completo. Ya no es Monika quién sale a recibirlas, les ha enseñado el proceso a otras y se van turnando.

Han pasado cinco días desde que volví a casa, no he hablado con Émili, ni con Natsuki, Yuri, Rumina o MC. Mi vida va a saltos y parpadeos. Esta pose de pasota me está matando por dentro.

Todas las hijas de viuda que forman parte del proyecto Troyano tienen una nueva marca, para demostrar que están dispuestas a tocar fondo tienen que dejar de respirar.

"Si sigues respirando es que no has tocado fondo".

Hay una soga en el sótano, la misma no es sostenida por nada, es como si colgara de una brecha en la realidad, es eso o que estoy tan cansada que ya no se lo que veo.

Un minuto y treinta segundos, la soga raspará tu cuello y dejará cortes poco profundos que luego podrás tapar con hielo, coloretes y ralladura de limón. El primero limpia y desinfecta, el segundo oculta y el tercero da buen olor.

Creo que ya han pasado dos semanas desde que Honoka murió. El sótano se ha llenado de caras nuevas, literas y ordenadores, las hijas de viuda trabajan ocho horas a la semana y después tienen el privilegio de regresar a casa y seguir trabajando para Monika. Monika es precavida, aunque es exigente, no permite que nadie trabaje más de la cuenta, no existen horas extra en las estafas piramidales. 

Todas tienen que ser hermosas, con el dinero de las estafas Monika ha comprado material de peluquería y ha montado un negocio ilegal de cortes de pelo en el salón. Hombres y mujeres de todas las edades vienen de cinco a seis por mi casa para que las hijas de viuda les apañen a nivel estético, todo cuesta un 95% menos que un negocio profesional.

"Si robas menos de un 5% nadie se dará cuenta".

Tenemos tanto dinero acumulado que podríamos comprar toda la ciudad de Manhattan y nos sobrarían ganancias. Monika ha invertido en su propio jardín personal, en el patio trasero las hijas de viuda han preparado la tierra con pelos, nutrientes y sangre menstrual para renovar las proteínas del suelo con agua y células muertas.

Las mujeres del proyecto Troyano no se pueden quedar embarazadas bajo ningún concepto, pero si se diera el caso porque fueron violadas, Monika ha garantizado que el resto de miembros debe sustentarla económicamente durante el primer año, el aborto está totalmente prohibido. "Somos revolucionarias, no asesinas" dice Monika, cuanta hipocresía hay en esas palabras.

Llevo medio mes durmiendo una media de cuatro horas y media por día, por las noches no se escucha ruido en la casa pero me cuesta conciliar el sueño sabiendo que una docena de mujeres con rostros de modelo profesional duermen en el sótano de mi casa mientras preparan un golpe de estado a través de estafas piramidales o algo así.

Doce mujeres, doce mujeres de entre 18 y 27 años dispuestas a hacer lo que sea por Monika. Ninguna de ellas tiene una familia que las extrañe o un lugar a donde ir si esto fracasa, son universitarias, trabajadoras a medio tiempo o explotadas laboralmente por un salario mínimo. Son mujeres que han tocado fondo.

Reunidas bajo el foco de un sótano viejo, todas guardan silencio dispuestas a escuchar a Monika.

- Ninguna de vosotras es especial, todas formamos parte del mismo agua putrefacta - sus ojos miran la multitud pero no encuentran emociones. - Nada es importante, ninguna de vosotras lo es, solo somos conejitos de ojos llorosos y la sociedad nos está poniendo a prueba con venenos solo para que gente más prestigiosa que nosotras pueda ser bonita. Aún así, dentro de nuestro escaso valor podemos cambiar el mundo entero - otra pausa. - Gavrilo Princip también era un don nadie antes de tirar la primera ficha de dominó que desembocó en la primera guerra mundial, John Wilkes Booth era un actor de poca monta antes de matar a Abraham Lincoln. Podría seguir y seguir, pero aquí todas me entendéis, vamos a tirar los cimientos de esta sociedad y luego nadaremos entre los pedazos, ¿Quién está conmigo? - todas gritan al unísono como los espartanos.

Ya no se si soy Sayori o busco serlo para librarme de esta triste realidad.

Tengo la mochila lista para irme al instituto pero Monika me detiene a la entrada y me da un trozo de papel.

- Hazme un par de copias de esto - me entrega la réplica de las llaves y se mete en la cocina.

Es el discurso de la otra noche, apenas son tres párrafos pero no es como que tenga algo que perder.

Me encuentro con MC de camino al instituto, hablamos de algo, de los viejos tiempos, de caricaturas y videojuegos. No quiere sacar el tema de Honoka y yo no quiero hablar, me dieron un tiempo para ver si se me pasaba y ahora quieren volver a ser mis amigos, pero soy yo la que quiere estar sola. Ninguno de ellos intentará hacerme entrar en razón por la fuerza, no podrían.

Así que ya estoy en el descanso, tengo la camiseta arrugada desabrochada y unas ojeras kilométricas. Esta impresora la compraron tres meses después de que se rompiera la otra, estamos que tiramos la casa por la ventana. Ya he hecho cinco copias cuando la puerta se abre detrás de mí.

- Espero que tengas una buena escusa - Rebeca lo ha averiguado.

Sus pasos de tacón resuenan en el suelo mientras se acerca y toma la copia del discurso, lo lee superficialmente, me mira como se mira a un cerdo que estás a punto de matar.

- A dirección, ahora - es lo único que dice.

La sala de impresoras no tiene cámaras de seguridad, la puerta está echa de roble y el cierre es de una aleación de metales baratos. Cierro la puerta de un portazo y echo el cerrojo.

- ¿Qué creés que estás haciendo? - dice Rebeca.

- Algo que debería haber hecho hace mucho tiempo - respondo con la calma sosegada de un cocodrilo.

En esta habitación hay quince formas de matar a Rebeca.

Cierro mi puño y con toda la fuerza centrípeta del mismo dejo que choque contra mi estómago. No puedo evitar recordar el primer golpe que Monika me dio.

- Aaa - suelto un gemido de dolor. - Lo siento, pensé que podía usar la impresora sin permiso - no dejo de gemir y llorar, lloro igual que las primerizas en el club de literatura, lloro como la hija de una viuda que tiene que prostituirse para seguir viviendo.

Me golpeo a mi misma en la cabeza y me tiro hacia atrás para hacer ruido contra la puerta. La vieja herida de mi ceja se abre, aquel viejo golpe que me dio Rumina. Me golpeo otra vez y ahora me sangran los labios y la boca.

Rebeca no sabe cómo reaccionar, ella nunca ha estado en una pelea, le tiene miedo a la violencia, me tiene miedo a mí.

- ¡Por favor pare, lo siento mucho! - me arreo otro puñetazo en la boca, mi labio se parte en diez y mis encías sangran.

Rebeca se echa adelante, creo que quiere salir, pero no puede, aún no he terminado. Escupo sangre en mis manos y me tiro de rodillas atrapando sus manos, ahora Rebeca tiene las palmas llenas de sangre.

- ¿Qué está pasando ahí? - grita una voz del otro lado de la puerta.

- ¡Por favor deje de golpearme! - grito mientras me sigo dando golpes en la cabeza, ahora con los dos puños.

- ¡No lo estoy haciendo, se está golpeando sola! - grita Rebeca.

- Si, si - mis lágrimas se escurren por mi cara y se mezclan con la sangre de mis labios partidos. - Soy yo, yo me estoy golpeando, abra la puerta por favor, no quiero seguir aquí. 

Unto mis manos llenas de sangre en la falda de Rebeca y me agarro a su pierna, ella se asusta y me patea las costillas.

- ¡Está loca! ¡Está loca! - quiere que la suelte y por miedo clava su talón en mi tripa y tira. Mala idea, ahora tengo la marca de tus golpes, tengo pruebas, puedo demostrarlo todo.

Rebeca abre la puerta y tiene a un comité de profesores esperándola. Yo en cambio estoy en el centro de la habitación, llorando en posición fetal y con la cara echa un desastre. No dejo de llorar, lloro como un recién nacido, como si fuera lo único que se hacer.

Soy el llanto desconsolado de Sayori.

¿Sabíais que hay una ley que dice que si un profesor agrede a un alumno hasta casi matarlo el alumno puede reclamar para que se le apruebe esa asignatura? Yo si lo sabía, lo ley el mismo día que leí las reglas del instituto y su sistema de puntaje.

Creo que está de más decirlo, pero sí, Rebeca fue suspendida y expulsada. Me hicieron radiografías que demostraban que Rebeca me había pateado con unos zapatos de tacón, las enfermeras incluso me mostraron documentos que demostraban que Rebeca me había abierto la cabeza a puñetazos, me lo entregaron con un estrechon de manos y un "es un placer hacer esto por usted mi señora".

Capítulo 42: referente.

Monika no es invencible pero se ha ganado esa fama a pulso. No podría sobrevivir a un disparo en la cabeza o a cuarenta puñaladas en el tórax. Monika ni siquiera es invencible físicamente, un profesional de la U F C podría derrotarla sin problemas, sería como enfrentar a Napoleón contra Billy el niño en un tiroteo.

¿Si Monika es tan insignificante y mortal como el resto de nosotros porque demonios la adoran tanto? Porque mueve a las masas, porque cuando habla hay verdad en sus palabras y eso es algo que admitirás incluso si no piensas como ella.

Me están dando puntos en una camilla de hospital, la enfermera no tiene cuidado al coser porque sabe que no me voy a quejar.

- Toc toc toc - dice una voz dulce en la puerta. - ¿Puedo pasar? - la puerta se abre un mínimo y la cabeza de Émili entra en escena.

La enfermera me mira y yo miro su marca en el cuello, las estrías que le ha provocado la piel abierta por culpa de la cuerda. Asiento con la cabeza y ella se retira.

Cuando la puerta se abre por completo veo que todos están aquí, Émili, MC, Natsuki, Yuri y Rumina.

- Le dije que no molestara pero insistió en preguntar - dijo MC acusando a Émili.

- Che MC, ¿No la ves algo cansada? - le pregunta Rumina.

- Supongo.

- Toma - Rumina saca un par de monedas de su bolsillo. - Se un buen caballero y ve a comprarla un refresco.

MC de pronto ve el resto de ojos femeninos perforando su nuca para que se vaya, ya me lo puedo imaginar pensando "mujeres, ¿Quién las entiende?".

- Está bien - se va.

- Sin rodeos, dinos la verdad - dice Natsuki mientras cierra la puerta y nos aísla a las cinco. - ¿De verdad Rebeca te dio una paliza? 

- Tú que crees - la respondo mientras miro al suelo.

- ¿Te golpeaste a ti misma por cinco minutos para denunciar a Rebeca? - pregunta Yuri.

Asiento con la cabeza.

- No me jodas - dice Émili. - ¿Tengo que explicarte porque eso está mal?

- No - digo daleando la mirada hasta que nuestros ojos se encuentran. - Tienes que demostrarlo, tienes que testificar en contra de los testigos de clase que confirman que Rebeca me odia y tienen que probar que no me suspendió una vez por hacer un trabajo "demasiado bien".

- ¡Has usado a las integrantes del club para meter a una persona en prisión! - grita Natsuki. 

- Tú los usaste para ocultar la muerte de tu padre - ahora la miro a ella. - Padre que tu mataste por cierto, ¿Qué fue lo que decías ese día? A sí, no puedes dejarme sola, somos parte del mismo barco. 

Natsuki quiere hablar pero de la ira no le salen palabras, solo se enfada y se echa atrás.

- Creo que lo que Natsuki intenta decir es que estás abusando de tu poder - dice Yuri.

- Exactamente - interviene Émili. - ¿Qué pasó con todo eso de "no fue tu culpa", no que te ibas a alejar del club? 

- Émili me señala. - Esto puede ser solo la primera pieza de algo más grande, podemos acabar muy mal.

- Émili tiene razón - dice Rumina. - Vos lo sabés mejor que nadie, ¿Cuantas leyes podés romper antes de que haya más consecuencias?

- ¿Quién será la próxima en desaparecer como Reichel o en morir como Honoka? - me pregunta Émili cruzada de brazos.

- Estoy a punto de averiguarlo - esa es mi última respuesta.

MC abre la puerta, nos ve a todas con caras de total seriedad, como si estuviéramos hablando de la mafia. Trae un refresco de manzana en la mano que me entrega y tomo con desgana, le quiere dar el cambio a Rumina pero esta le dice que se lo quede por las molestias. La expresión de todas a cambiado, todas fingimos que no pasa nada.

Mentirosas.

Si una mujer se lleva mal con otra mujer, es muy probable que no lo demuestre si hay un tercero en la sala. Las mujeres tienen la increíble habilidad de ser autoconcientes y odiarse en secreto.

Monika ya no se sitúa en el centro de la sala cuando da discursos, ahora camina entre las sombras y las chicas para hablar de cómo la vida no tiene sentido, la sociedad nos oprime o alguna otra estupidez así.

Hoy seré la última pelea de la noche, no fue por elección personal, fui elegida por alguien del público y no quería negarme.

Se alza con la grandeza de una montaña delante de mí, mide un metro ochenta y pesa 60 kilos, sus brazos parecen más gruesos porque los tiene envueltos en cintas remojadas en yeso. Su piel tiene moretones que exhibe sin miedo y sin dolor mientras lucha con un sujetador.

En su cabello albino de media melena se refleja la luz con la gracia de un ángel. Sonríe pensando que es imbatible.

Esta chica delante de mí, esta titán entre titanes, se hace llamar "la camionera" y hoy va a jugarse su título de invicta.

Empezamos a cinco pasos de distancia, ambas tanteamos el terreno, tengo una guardia baja, mis codos llegan hasta la altura de mis costillas, mis muñecas protegen mi mentón. Ella tiene una guardia alta, pone ambos codos en horizontal, sus puños protegen casi toda su cara, a eso se le llama guardia de cangrejo y se aprende en prisión.

Lanzo una patada baja y la defiende levantando la rodilla. La distancia se ha reducido a tres pasos la una de la otra, entonces descarga un puñetazo frontal que desvío con el codo, las cintas raspan y marcan mi piel. Tiene la defensa abierta y lanzo un jab común con la izquierda pero ella lo bloquea con la palma y estira el codo haciendo fuerza para empujar y separarnos.

Otra vez estamos a cinco pasos, me está probando, no quiere ir a lo bruto porque no conoce mi juego de piernas. Ella es más alta que yo, tiene más rango y ventaja pero mis golpes pueden llegar con relativa facilidad a su cuello.

A tomar por culo todo.

Me lanzo en carrerilla hacia ella, intenta pararme con una patada en el pecho, la resisto y lanzo un golpe en la trayectoria de una polea hacia su pelvis. Luego pongo mi pie derecho en una linea diagonal para que mi pierna tome inercia y logre llegar a las costillas. Intenta atraparme la pierna pero soy rapida y ya la tengo en el suelo lejos de su alcance. Aprovecho la corta distancia para dirigir repetidos golpes hacia su cara pero se está protegiendo con los puños toda la cabeza. La golpeo como si golpeara un esparrin, allí donde quiero que lleguen mis puños ella lo bloquea con las cintas.

Me arden los nudillos, no he tomado en cuenta el lleso de los guantes, me está raspando la piel. Intento agarrarla usando la corta distancia, pero ella se agacha lo suficiente para que mis brazos no puedan rodearla por completo mientras me empuja. Pone su puño en la cadera y gira con la gracia de un tío vivo, su codo se clava en mis costillas apartándome, un golpe parece salir de la nada y resuena en mi mandíbula, el dolor se transmite por todo mi cerebro. 

Entonces me abofetea con el reverso de la mano, como se abofetea a las putas baratas, no solo quiere vencerme, quiere humillarme.

Mi mano derecha busca aferrarse a cualquier cosa y atino a tomar el medio de su sujetador. Tiro de ella hacia mi y golpeo con mi cabeza en su oído.

- Ahora di un número - le grito.

Debido al pitido de oídos que estará sintiendo no se defiende cuando lanzo un cruzado directo a su cuello, lo que la hace retroceder tres pasos pero no tropieza.

Necesito tirarla al suelo.

"No importa lo fuerte que seas el suelo siempre será más duro".

Finjo que voy a ir por ella en línea recta, ella alza una patada alta que esquivo y luego en la bajada trata de flexionar la rodilla, a eso se le llama patada hacha. Lo mío es una respuesta en cuestión de un salto, un cambio de 45 grados que me mantiene lejos de su linea directa, el tiempo que tarda en reaccionar es demasiado y mi puño ya está repercutiendo en su mandíbula, un golpe de gacela.

No está aturdida en lo más mínimo, me lanza una patada baja que bloqueo a duras penas, luego otra, y otra, y otra, ahora con la otra pierna. Lanzo un golpe al pecho y le atino pero ella me devuelve un gancho directo a la cara que me nubla la visión. Me lanzo adelante, la abrazo clavando mis uñas en su piel, incrusto mi rodilla en su costado y me responde con lo mismo. 

Lanza un golpe a mi cabeza, una seguidilla de golpes tras la nuca, a eso se le llama golpe de conejo, son ilegales en boxeo porque pueden dejar contusiones, imagina ahora el daño incrementado por el yeso. Yo no me quedo atrás, muerdo su cuello y golpeo sus oídos.

No grita, no hay sonidos en el lugar más allá del que hacen nuestros puños al chocar con la piel.

Ella también quiere morderme pero yo aparto su boca a cabezazos. Esta poniendo sus pies entre mis piernas mientras trato de apartarme, un barrido y estoy en el suelo, ahí poco podré hacer. 

Entonces hago algo de lo que me arrepentiré mañana, en un rápido movimiento la desabrocho el sujetador y clavando mis uñas tiro de él desgarrando la parte sensible de la espalda hasta que se lo dejo colgando de los brazos, de pronto las ligas del sujetador dificultan el movimiento de sus brazos, es una confusión momentánea, apenas cero coma tres segundos, pero es suficiente. Abre la boca por la sorpresa y expone los dientes, así de un golpe hago que tres le salten. Su cuerpo sufre un vaivén, un tras pié en la pierna derecha que aprovecho y de una patada baja causo una zancadilla, su cuerpo cae con la gracia de un árbol derribado. Se defiende con el pataleo de un bebé, recibo tres patadas en las costillas mientras intento apartar sus piernas para girar su cuerpo.

Finalmente veo una falla en sus defensas, alzo el pie y la piso los pulmones, la pateo continuamente hasta que rueda y su cuerpo desangrado queda expuesto. Me tiro hacia su espalda de rodillas, la rodilla derecha en el centro de su clavícula, mis brazos al rededor de su cuello y todo mi cuerpo tumbado sobre ella. 52 kilos de pura adrenalina que tiran de su cabeza con fuerza, desde la gargantilla hacia arriba, con más fuerza que la orca, como si tratara de arrancarle la cabeza de cuajo. 

Da una serie de palmadas rápidas contra el suelo. No ha dicho "me rindo" pero todas hemos entendido el contexto.

La tercera regla del club de literatura es que las peleas duran lo suficiente.

Capítulo 43: problemas usuales.

No tengo que volver a pisar el instituto, mejor, no se me ha perdido nada allí. Se supone que me han dado un papel, un excedente, un soborno, llámalo como te de la gana, para que no denuncie. Como sea, no me importa, tampoco tengo ni tiempo ni ganas para denunciar.

Monika y yo estamos viendo la tele en el salón, es la una de la tarde y la casa está vacía. Estamos viendo una película sobre un perro valiente y una gata malvada que tienen que unir fuerzas para reencontrarse con su familia o algo así. Ocurre a una velocidad de un fotograma por segundo, si hubiera pestañeado me lo hubiera perdido, en un pantallazo hay un cartel en el que ponía "invierta en criptomonedas". Miro a Monika y la encuentro sonriendo.

- No sabes lo que has visto, pero lo has hecho - me dice.

Monika no podía conformarse con hackear institutos y cajeros, tampoco podía conformarse con darle de comer piezas de ordenador a la gente, ahora Monika había entrado en la programación de la televisión y la había llenado de mensajes subliminales para que la gente invirtiera en monedas virtuales y de estafa a estafa cayera en su juego.

Hoy han desaparecido todas las impresoras de la universidad principal del país. Al parecer fue por la noche, alguien abrió la puerta principal del centro con una réplica de unas llaves y posteriormente se llevó todas las impresoras, solo las cinco impresoras. Naturalmente yo no sé quién lo hizo, pero se quién tubo la idea de llevarlo a cabo, lo sé porque hoy el señor Johnson se ha comido una ensalada aderezada con el motor de posicionamiento de una impresora fabricada en 2011.

De esta forma el proyecto Troyano deja de ser una secta y empieza a transformarse en un grupo terrorista.

El número de hijas de viudas se ha duplicado, Monika les ha echo comprar materiales de construcción y crear una habitación adosada a la casa en el patio, todo pagado con dinero sacado de las estafas piramidales, salarios de profesores y reservas de un cajero automático. Aún así no hay ni una sola queja o cuestionamiento.

La primera regla del proyecto Troyano es que no se hacen preguntas.

El número de mujeres en el proyecto Troyano sigue creciendo, diría que me sorprende pero el 60% de las mujeres de este país son solteras, de ellas el 40% están desempleadas y de esas, un 4% están dispuestas a lo que sea. ¿Sabes cuánto es el 4% de 29 millones? Ya te lo digo yo, un número muy grande, lo suficiente como para que sea atraído por el club de literatura que a estás alturas del año ya debe estar en cada sótano vacío del país o en cada parte trasera de algún instituto abandonado.

Hace días que tiramos la primera ficha de dominó, solo estamos esperando a ver cómo acaba esto.

No se en qué mes estamos ni que día es, simplemente estoy viendo en las noticias que alguien a quemado un instituto el día de los exámenes finales, según la ley ahora todos los alumnos están aprobados.

Paso de esta mierda me voy a comer a algún otro sitio.

Mientras paseo por las calles solo puedo pensar, ¿Esto siempre ha sido así? No recuerdo haber pasado por aquí en ningún momento, mi rutina siempre era la misma, de mi casa al instituto y de este a mí casa. Creo que pasé por esta calle el día de navidad que fuimos a comer todas juntas, tal vez el día ese que regresaba de la biblioteca. Reconozco el cruce de calles por el que voy, aquí una vez me encontré a MC con un beso de Monika.

¿En cuántos lugares de esta ciudad he estado? En la biblioteca, el restaurante del centro, el centro comercial, la parte de detrás del instituto, el restaurante donde Monika trabaja, la casa de Émili, la de Natsuki, el hospital y el aeropuerto, de hecho ni siquiera recuerdo como pasé por el aeropuerto solo recuerdo que ya estaba en el avión, ese día ni siquiera estaba tan cansada.

- Buenas tardes - dicen delante de mí.

Alzo la cabeza, veo a Yuri y Natsuki que vienen de algún lado con un par de raquetas en las manos y unas pelotas de tenis en un frasco atado a la cintura. Es Yuri la que me ha saludado.

- Muy buenas - le respondo y sigo mi caminata.

- ¡Ey espera! - me dice Natsuki. - ¿A donde vas?

- A descubrir un poco del mapa - le respondo detenidamente y mirando sobre mi hombro.

Ambas se miran, como si no supiera leer miradas, creen que soy una causa perdida, ahora dirán "cuídate" y si por bien es no volveremos a vernos.

- Nosotras íbamos a casa de Yuri a preparar unos cupcake, ¿Te interesa? - me dice Natsuki. 

- Si - me encojo de hombros. - Si quieres que queme tu casa yo encantada.

- No serías la primera - Yuri mueve su melena y entre algunos de sus mechones muestra las puntas quemadas, donde su pelo a perdido el tinte y muestra el color castaño oscuro de debajo.

- Sí - dice Natsuki cruzándose de brazos. - Aquí la amiga se quemó el pelo usando un horno.

- ¿Cómo hiciste eso? 

- Es un truco solo reservado a profesionales - dice Yuri y Natsuki se lleva la palma a la cara.

- Muy bien, ahora voy a tener que superar eso - finjo estar molesta con un movimiento de cabeza y me voy con ellas mientras nos reímos.

No sabía que teníamos cancha de tenis en esta ciudad.

La madre de Yuri es como ella pero tres veces más grande en todo sentido, además bestia con un jersey blanco, abrazarla tenía que ser como abrazar a un oso. Su padre también mide casi dos metros y parece sacado de las estatuas clásicas de Grecia. 

Él estaba en el salón viendo un programa de ralis de carreras y su madre estaba preparando todo en la cocina para no molestar después, le da a Yuri un beso en la frente y le dice "estaré en el salón con tu padre por si luego necesitas ayuda", luego cierra la puerta y nos deja tranquilas.

Yuri se arremanga y se coloca un sombrero de cocinera a juego con su delantal café. Ya solo hay cicatrices microscópicas en lo que una vez fueron muñecas rajadas.

Natsuki también se arremanga, ya no hay moretones en sus brazos ni marcas en sus rodillas.

De un momento a otro todas empezamos a dar vueltas por el lugar, "pásame el azúcar", "no eso es demasiado azúcar", "más glaseado en ese", "¿Le echamos limón?", etc. Empiezo a batir la mezcla a mano, lo hago el doble de rápido que una persona normal, nunca creí que mis brazos tendrían tanta fuerza.

- Valla - dice Yuri.

- ¿Qué sucede? - pregunto.

- Has echo la mezcla demasiado rápido, vamos a tener que compensarlo - dice ella con tono lastimero.

- ¿Ya te vale, no? - me dice Natsuki con un contoneo de cabeza. - Anda, ve a preguntar a la madre de Yuri si tiene fijador para masas.

- Espera, ¿Por qué yo? 

- Por qué tú eres la que se ha pasado de bruta, vamos que tampoco te va a comer - dice Natsuki señalando para que vaya.

- Bieeeen - digo poniendo los ojos en blanco.

Salgo de la cocina y entro al salón.

- ¿Quieres algo cariño? - me pregunta la madre de Yuri.

- Nos hemos pasado batiendo, quería saber si tienes fijador para masas.

La madre de Yuri pestañea dos veces y el padre de Yuri suelta una carcajada sonora.

- Si que te la han liado en tu primer día - dice girando para mirarme.

Entonces caigo en la cuenta de que no existe fijador para masas, me trago mi orgullo y regreso a la cocina donde encuento a ambas riendo.

Es un viejo truco para principiantes, aquí lo llamamos "la trece catorce" porque cuando un albañil llega nuevo a la obra le piden que busque la llave "trece o la catorce", llaves que no existen porque el máximo es el doce. También está la de ir a pedir madera en aerosol o chupones de fierro.

No tengo tiempo para enfadarme cuando alguien llama a la puerta, Yuri va a abrir y se escuchan los inconfundibles pasos de Émili a la cual también acompaña Rumina.

- Departamento de bomberos, manos arriba, no permitiré que quemen esta casa - dice Émili mientras entra en la cocina.

Al final lo que empezó como una casualidad terminó en una reunión de amigas. Hicimos dos grupos, Natsuki, Yuri y yo terminaríamos los cupcake mientras que Rumina y Émili iban a preparar algo llamado mate, una bebida típica de Uruguay según decía Émili aunque Rumina se "enfadó" y defendió a capa y espada que era de origen argentino. Lo buscamos y todo, era de Uruguay, pero no pueden vencer a Rumina con lógica y argumentos.

Cuando todo estaba listo la madre de Yuri entró a la cocina.

- ¿Pasa algo mamá? - pregunta Yuri.

- Tú instituto está en las noticias cielo, ven a ver.

Todas fuimos a contemplar la caja boba, al parecer, dos alumnos anónimos habían informado al instituto sobre un club de peleas clandestinas que realizaban las alumnas del último curso en el cual también se habían visto envueltas mujeres adultas que trabajaban a tiempo parcial en negocios cerca de la institución. En la televisión salía una empresaria, o abogada, o investigadora, o como quiera que se llamen las mujeres con traje que dan noticias por la tele, diciendo que la policía ya estaba tomando cartas en el asunto pero que era difícil encontrar a los cabecillas porque las personas capturadas se negaban a hablar.

Soy la incredulidad de Sayori viendo como el mundo se desarma.

Hoy al llegar a casa no había nadie en el porche, la única luz encendida era la de la cocina. Entorno a una mesa redonda se encontraban 5 mujeres, Monika, la camionera y las tres veteranas. Se asustaron cuando vieron la puerta abrirse pero la camionera les gritó para que se centrarán e ignoraron el echo.

Mientras yo me dirigía a la nevera a tomar algo de queso Monika me echó una mirada fulminante así que entendí que no debía estar ahí, por lo que simplemente me fui a mi cuarto. Lo vi por el rabillo del ojo pero Monika estaba viendo el plano de la planta baja de un comedor.

Soy la depresión de Sayori.

Monika abre la puerta de mi cuarto mientras estoy tumbada en mi cama y se sienta en una esquina, yo me voy a incorporar pero me levanta la mano para que sepa que no hace falta, así que me quedo con el cuerpo daleado en vertical, como la venus del espejo.

- Supongo que ya estás al día con la noticia - me dice.

- Mucho habían tardado, la verdad - le digo.

- Vamos a hacer algo al respecto, pero te necesito - me mira con sus ojos verdes, me mira como si suplicara ayuda al infinito. - ¿Sabes la chica de abajo, a la que casi desoyas el otro día? - asiento con la cabeza. - Se llama Kotonoha.

- Pensé que las hijas de viuda no tenían nombre.

- No lo tienen, no responderá si la llamas así - prosigue. - Seguramente hayas oído hablar del caso del actor de porno homosexual que mató a su hermano junto a un puñado de neonazis en defensa propia y luego se suicidó - creo que esa noticia me la mostró Reichel. - Ella es su hermana y dado a que está donde está, supongo que sabrás a quién de los dos hermanos apoyaba y cuáles son sus ideales.

- Me puedo hacer una idea, sí.

- Entonces entenderás mi preocupación de que se revele en mi contra.

- No me jodas Monika - pongo los ojos en blanco. - Tú sola podrías con dos chicas como ella a la vez.

- Tal vez - Monika toma la pose de la estatua del pensador. - Pero no podría con cinco como ella, mucho menos podría con las 24 chicas del club, si tú vienes conmigo tal vez se lo piensen.

Miro a las esmeraldas que Monika tiene por ojos, le debo mucho a esta muchacha, más de lo que admitiré. - Está bien, iré contigo.

- Gracias - no agrega nada más y cierra la puerta.

La tercera regla del proyecto Troyano es siempre confiar en Monika.

Capítulo 44: no te metas donde no te llaman.

Su nombre completo es Estefanía Smith Dimitroba, es secretaria para la policía y se encarga de la prospección, estudios y análisis en la gestión de recursos humanos, así como la gestión, asesoramiento y apoyo, por eso es ella quien da la cara en las ruedas de prensa. Siempre ha sido de clase media y nunca ha tenido problemas en casa, cobra uno de los salarios más altos de su departamento y se identifica como socialista en sus redes sociales, redes las cuales no están vinculadas a ningún correo del trabajo. Todo esto lo sé porque Monika lo sabe y me ha puesto al día mientras nos dirigimos al restaurante "la cream de la mía mama" que es donde comería hoy por una reunión del trabajo. Digamos que Estefanía no es una persona muy atenta, mide un metro cincuenta y seis y pesa cincuenta kilos, pero no ha tenido una pelea en su vida. Su mayor preocupación es saber si le podrán dar las vacaciones una semana antes para irse con su esposo (un cirujano profesional) al Caribe.

Mientras Estefanía habla con sus compañeros no presta atención a la comida que consume, así mientras los demás mastican el plástico del cable de un ratón entre sus espaguetis, ella se traga medio bote de laxante en su lasaña.

- Tengo que ir al escusado- dice.

Mientras se mueve torpemente y con las piernas temblando para ir a cagar, no ve a las tres camareras veteranas con kilos de maquillaje y que la siguen a diez pasos de distancia.

El baño está en una planta baja, justo este día no tiene cámaras de seguridad porque alguien se las robó hace poco. Mientras va caminando por el pasillo, siguiendo el camino de baldosas amarillas, como Dorozy en el mago de Oz, llega hasta la puerta del baño, lo último que se espera es encontrarse con alguien de frente al abrirla.

- Buenas tardes - dice Monika antes de tirarse hacia su cintura y levantarla medio metro del suelo con un suplex que por poco la rompe la espalda.

Mientras Monika la arrastra tirando del cuello de la camisa y los hombros hasta el otro extremo del baño, las tres veteranas entran al baño y yo que estaba detrás de la puerta la cierro y echo el seguro. 

La camionera sale de uno de los baños cerrados y le pone cinta adhesiva en la boca a Estefanía mientras dos de las veteranas la quitan los zapatos, tiran de su falda y bajan su ropa interior, la otra se queda vigilando en la puerta por si viene alguien. 

Estefania está llorando, llorar es lo único que puede hacer alguien en su situación porque Monika se está asegurando de inmovilizarle los brazos con unas esposas sadomasoquistas de la marca Playboy que a saber de dónde las a sacado. Trata de lanzar patadas, patalea como un bebé pero las dos veteranas toman sus piernas y las separan. 

Tengo su vagina en primer plano, más abierta que el gran cañón. La camionera pasa el filo de un bisturí cerca de su clítoris mientras lo estimula con el pulgar.

Ocho mil terminaciones nerviosas, mil veces más sensible que el dedo meñique. Cortarlo no la mataría pero le generaría un daño similar al de una bola de demolición sobre el dedo chico del pie.

- Escúchame atentamente Estefanía - dice Monika de pie, erguida frente a ella con los brazos a la espalda, con la elegancia de Napoleón y la furia de César. - Lo diré de forma amable, pero solo lo diré una vez, desiste en tu investigación. Avisa a todos los periódicos de la zona, desde los principales hasta los más locales, me da igual si se llama el New York Times o Periódicos Manolo - Monika se inclina en un ángulo de 75 grados. - les vas a decir que no conoces ningun club de literatura y que eso de las peleas clandestinas son solo suposiciones, no hay nada que puedas demostrar. Se que lo harás porque te estaré vigilando, todas lo haremos, somos las encargadas de servir tu comida, de educar a tus hijos y de atender tus llamadas a emergencias - Monika se incorpora y pone una sonrisa de niña inocente. - No nos sigas jodiendo , ¿Vale? - Monika se da la vuelta y todas la seguimos. - una cosa más, puedes quedarte las esposas, son tuyas.

Monika tardó treinta minutos en conseguir el correo de Estefanía, veinte en encontrar la dirección de su casa y diez en enviar a un par de hijas de viuda para que tomaran algo personal con lo que chantajearla.

Los amigos de Estefanía no se preocuparon por ella hasta pasada una hora. La encontraron en la taza del bater, desnuda de cintura para abajo, la ropa tirada por el suelo, los ojos rojos y dilatados de tanto llorar, aún tenía la cinta adhesiva en la boca. A pesar de todo insistió en que lo había hecho ella sola, ella solita se había tomado un bote de laxante, se había quitado los zapatos, falda y bragas para luego taparse la boca y encadenarse las manos a la espalda. 

Todavía habrá quien no entienda porque Monika tenía tantas seguidoras, está bien porque se que no lo entenderá, para hacerlo tendrían que haber sido criadas como ellas, condicionar su mente como ellas hicieron y luego dejarse influenciar por todo lo que Monika es y representa.

Resumámoslo en que hija de viuda no se nace, se hace.

- Eso fue realmente impresionante mi señora - le dice la camionera a Monika de camino a casa.

- Si, tú también has estado muy bien - le dice mientras le estrecha la mano.

La camionera es diferente al resto de luchadoras, tías de su calibre solo pueden medirse con otras igual que ellas. Luchan en sujetador porque las glándulas mamarias son una zona sensible, pero no le tienen miedo a los impactos en el resto del cuerpo. Cuando se golpean no importa la sangre, el sudor o las lágrimas, sus combates empiezan con el silencio de un duelo a las ocho de la mañana entre forajidos y termina cuando una de las dos no se levanta del suelo. Luego las verás juntas el resto de la noche, como si siempre hubieran sido buenas amigas.

Las hijas de viuda son como una femfatal, agraciadas, seductoras y con mejores curvas que un circuito de motocross. La camionera y las mujeres de su tipo son una cara bonita y unos puños de piedra, hijas de mecánicos y albañiles, mujeres criadas con valores masculinos.

Las noticias ya no hablan del club de literatura.

La primera regla del club de literatura es que no se habla de literatura.

En mi instituto ya no se habla del club de literatura aunque sigue abierto de cinco a seis de la tarde solo tienes que saber cómo buscarlo.

La segunda regla del club de literatura es que no se habla del club.

Hoy me he reunido con MC y con Émili en el club de atletismo. Cuando hemos empezado éramos 19 personas, 9 chicas y 10 chicos. Cuando llegó la segunda hora éramos solo 4 chicas.

Seis de la tarde, se acabaron los club, todos hacemos como si no supieramos nada. Ya nadie quiere hablar del club de literatura, no desde que dislocaron la espalda a una secretaria, no desde que saben los edificios que queman y los robos que causan. El club de literatura se ha convertido en el narcotráfico mexicano, es un problema real pero nadie hablará al respecto.

- ¿Creéis que el club de literatura sea real? - pregunta MC, ageno a las consecuencias.

- Sí - respondo ante los atónitos ojos de Émili. - Había uno el año pasado, lo cerraron por falta de miembros.

- Sabes bien a lo que me refiero - dice MC sin perder la expresión de seriedad. - Tu misma me dijiste que sin protección pelear a puñetazos era peligroso.

- Lo es hasta con protección.

- Por eso siempre deben usar protección amigos - dice Émili interrumpiendo, pero solo ella se ríe.

- Tal vez nosotros podríamos investigar - dice MC.

- No - me detengo. - No te metas en esa madriguera.

- Bueno, yo no podría, he oído que no aceptan hombres pero tal vez...

- Que no - reafirmo mi posición.

- No deberías tocar el tema - dice Émili. - Gente inocente ha salido mal parada.

- Más gente acabará mal si no hacemos algo - dice MC.

- Espera - le detengo con una palma apuntando a su pecho. - ¿"Hacemos"? ¿Te crees que puedes hacer algo?

- Tal vez - se encoge de hombros.

- Te voy a explicar tu situación por si aún no te has dado cuenta, eres un chaval de 18 que no sabe pelear y que pretende enfrentarse solo a lo que es prácticamente una secta de artes marciales - mi voz está incrementando su tono.

- ¿Cómo sabes que es una secta? - sus ojos me encuentran.

- Un grupo amateur no somete a una mujer y la hace cagarse encima - dice Émili.

- ¿Y tú por qué la defiendes en esto? - le dice MC.

- Por qué tiene razón, es peligroso, podrían romperte la espalda - Émili es serena, pero está nerviosa igual que yo, nos estamos delatando solas.

- ¿Cómo sabes eso? - insiste él.

Alguien camina hacia nosotros, puedo reconocer el lazo rojo y quién lo porta. 

- Hola, ¿Llego en mal momento? - es la bibliotecaria, trae un libro entre sus brazos cruzados en el pecho. - Quería darte la nueva edición de la depresión de Sayori, últimamente no vienes por la biblioteca y...

- Espera un momento - la mando callar con la mano. - Está bien, no lo sabemos, pero es perfectamente factible. Es como el narcotráfico en México, no necesitas ser periodista para saber que te mataran si sabes demasiado.

- Pero buscar información está bien - insiste MC. - Por ejemplo, ¿Por qué las chicas que han faltado en la segunda hora de atletismo estaban igual o más maquilladas que las mujeres que de vez en cuando esperan en la puerta de tu casa? 

MC sospecha, por supuesto que sospecha. Vive prácticamente enfrente de mi casa, obviamente vería a las hijas de viuda así como vio el embargo.

- ¿A ti que coño te importa lo que pase en mi puta casa? - soy la ira de Sayori. - Como si estoy haciendo un puticlub para que trabaje la zorra de tu madre, no puedes arreglarlo todo y no todo gira en torno a tí.

- Relájate por favor - dice Émili. - Estoy segura que MC... 

- Yo estoy segura de que este debería empezar a meterse en sus asuntos - MC no me responde. - Perdoname por no tener una familia funcional, o por ser demasiado perfecta o por no tener un complejo de protagonista tan grande como el tuyo - estoy hiperventilando. - No, sabes que, no me perdones, no me importa. Que te jodan a ti, que le jodan a Monika y que le jodan a este instituto - alzo mis dos dedos corazón para que todos lo vean y me voy corriendo. Escucho los pasos de Émili tratando de alcanzarme pero la rabia y la adrenalina me hacen correr más rápido.

Un parpadeo, de eso depende mi salud mental.

Estoy en casa, encerrada en mi cuarto, serán como las nueve de la noche. Alguien abre la puerta, es la camionera.

- Mi señora, hay un joven en la puerta que no quiere irse.

Aunque ya se quién es me levanto para mirar por la ventana. MC está fuera del jardín, reconozco que lleva entre sus manos el libro de la depresión de Sayori, ese que quería darme la bibliotecaria.

- Mi señora, ¿Quiere que lo eche?

- No, simplemente no abras, se irá tarde o temprano.

- Como usted desee mi señora - la camionera se va cerrando la puerta.

MC se queda de pie en la puerta de la entrada por quince minutos, pero al final decide irse. En cuanto se aleja de la entrada yo me voy a dormir, aunque me paso toda la noche mirando al techo.

¿Me delatará MC a la policía? ¿Reichel aparecerá de la nada para declarar en mi contra? ¿Fue Reichel quien delató al club de literatura? Demasiadas preguntas y pocas respuestas, bienvenidos al mundo real.

Capítulo 45: cinco personas.

Hay una vieja leyenda asiática que dice que todos estamos a cinco personas de conocer a cualquier otra persona del planeta. Básicamente quiere decir que si te interesa conocer al presidente de tu país entre él y tú hay otras cuatro personas, osea se, tú conoces a alguien, que conoce a alguien, que conoce a alguien, que conoce a alguien, que conoce al presidente.

En esta ciudad donde en cada esquina hay drogadictos y prostitutas sabes que tarde o temprano se acabarán conociendo, el destino los forma y ellos se juntan.

Encontraron su cuerpo colgando de las puas de una verja, se clavaron en todo su costado desde el cuello hasta las rodillas, aunque una de ellas estaba rota y colgaba como una pata de pollo. Su cuerpo había caído desde lo alto de una fachada, un total de once metros, imagínate la fuerza que tenía que tener la caída para transformar a un joven de 18 en un pincho moruno. Ese joven tenía nombre, se llamaba Ignacio Ariel Francella, sus amigos le llamaban Nacho "puños sin sombra".

Nunca he visto una pierna rota en persona, pero no es la primera vez que escucho de una, la primera vez fue cuando le pregunté a Monika porque llamaban a Kotonoha "la camionera", es porque en su primera pelea le rompió la pierna a una chica a puñetazos y en el hospital dijeron que la había atropellado un camión, tal era el destrozo que se lo crelleron.

Nacho está muerto, me pregunto en que pensaría antes de morir, tal vez pensó en Rumina, tal vez creía que sobreviviría a la caída, lo dudo, la investigación demuestra que fue arrojado luego de que le dieran una paliza, apenas estaría consciente cuando lo lanzaron.

"Si una persona queda inconsciente más de 15 segundos luego de recibir un golpe en la cabeza es porque tiene una contusion cerebral o está muerto".

¿Estará Nacho en el cielo? Quizás está en el infierno de Espinosa porque en el de Sartre ya estamos todos. Quizás a sido reducido a la nada más absoluta, ha llegado al fin de su destino, todos llegaremos allí. No puedo evitar preguntarme, si el cielo existe y yo voy allí, ¿Me encontraría con Honoka? ¿Y de que hablaríamos? "Hola ¿Qué tal todo? ¿Te sirvió que te salvara la vida aquel día? No, me morí igual". 

Nunca llegué a conocer a Nacho en profundidad, solo se de él que se pegó con un pájaro de pequeño, que tenía una buena pegada con la diestra y que no decía públicamente que practicaba kick boxing porque una vez uno de sus amigos le rompió el labio mientras practicaban en el parque. Si Nacho se hubiera unido al club de literatura nunca hubiera tenido que preocuparse por eso, la primera lección que aprendes allí es que tú opinión es la única que importa.

Mentirosa.

Soy una mentirosa, estoy tratando de autoengañarme porque se que a mí me importaba la opinión de los demás, quería que me siguieran viendo como alguien invicta, poderosa e invencible.

"Eres demasiado perfecta".

Nacho jamás hubiera podido participar en el club de literatura, no solo porque era hombre, que también, si no porque le importaban las reglas, se preocupaba por los golpes. Detuvo una batalla porque se le abrió el labio, se preocupaba por Rumina y los golpes que ocultaba... Se juntaba con Diego y la bibliotecaria... Jum, hay algo aquí que me estoy perdiendo, estoy segura.

Hoy he decidido ir al instituto a ver a Rumina, increíblemente si estaba allí. Pensé que me la encontraría llorando o a punto de ello, pero Rumina siempre ha sido una persona fuerte, tenía en su rostro una mirada muerta, lo que en términos bélicos se conoce como la mirada de las mil yardas.

- Espero que quien yo se, no haya tenido nada que ver con esto - me dice.

Los crímenes han aumentado un 4% en todo el país y la gente no parece darle la importancia suficiente.

- ¿Quién crees que puede haber sido? - mi pregunta la ofende.

- Si no ha sido quien yo considero mi primer sospechoso - me mira largo rato. - Puede que haya sido Jack, siempre ha sido problemático.

Jack fue el tipo que le partió el labio a Nacho, sus amigos le llamaban Cracker Jack por dos razones, porque sus golpes eran tan fuertes que hacía crujir los huesos y porque había iniciado en el deporte para alejarse del consumo de crack, al parecer a uno de sus amigos le habían matado por eso. 

No se cómo sentirme al respecto, ni siquiera se que sentir a secas. Estoy sola sentada en las gradas de atletismo, se supone que pronto llegará el verano pero extrañamente hace bastante frío, ni siquiera se en que mes estamos o que día es. Si espero aquí lo suficiente podré ver salir a las diez luchadoras del club de literatura que lucharán hoy.

¿Cómo es posible que nadie nos viera luchar? Estábamos literalmente en el patio, en la parte de detrás de las gradas cerca de los baños, el equipo de atletismo entrena aquí. Monika diría que fue porque nos ocultamos a plena vista, que los club se centran en lo suyo como NPCs en una tarea, no exploran la totalidad del mapa.

- ¿Podemos hablar? - pregunta el eco de una voz.

No giraré la cabeza para ver a MC, no asentiré para decir que se siente, pero el vuelve a preguntar y yo le respondo con un "haz lo que quieras". MC se sienta cerca de mí, pero aún hay espacio entre ambos, el suficiente para que se siente otra persona.

- Supongo que ya te has enterado de lo que le pasó a Ignacio - no asiento. - Al final entre el y yo no se arreglaron las cosas, no he visto a Rumina hacer nada al respecto pero ambos la conocemos, si pudieras evitar que hiciera alguna locura te lo agradecería.

- ¿Algo más? - no le miro.

- Sayori ha desaparecido - ahora sí le miro. - Esta mañana no estaba en la biblioteca y no he podido dar con su localización.

- ¿Has perdido el libro o algo? 

- No estoy hablando del libro, estoy hablando de Sayori.

- A claro - digo con tono sarcástico. - Sayori la pobre niña con depresión fingida y órganos que piensan por si mismos ha desaparecido esta mañana, ¿Qué me vas a decir? ¿También han exhumado los cadáveres de Romeo y Julieta? ¿Se ha descubierto ya quién mató a Sherlock Holmes? 

- Te estoy hablando enserio - dice MC. - Hablo de Sayori la bibliotecaria, la escritora de esas obras, ¿Qué no leíste el nombre de la autora de los poemas?

"Las mejores historias siempre cuentan algo de nosotros".

Siento la presión de una soga en mi cuello, creo que me estoy quedando sin aire. Todo mi cuerpo cede hacia delante.

"Cuanto menos tiene tu cuerpo más se esforzará en sobrevivir", ahora mismo tengo toda la presión del mundo sobre mis hombros.

Desmayarse no se diferencia mucho de dormir o de tener un infarto. Mi mundo cambia en cuestión de pestañeos, primero los abro y veo a MC cargando conmigo.

Pestañeo.

MC me deja en la enfermería y la enfermera le agradece y lo echa lo antes posible.

Pestañeo.

La enfermera es una mujer muy atractiva y bien maquillada, pocos notarían la ceja rota tapada con puntos y polvos de talco.

Pestañeo.

El ángel albino de zapatos rojos quiere reclamar mi existencia pero aparto su cuchillo de un movimiento y el espacio entre nosotros se quiebra.

Pestañeo.

Me despierto sobresaltada con una inyección de adrenalina en el pecho.

- ¿Se encuentra usted bien mi señora? - dice la enfermera.

- Por supuesto, gracias - le estrecho la mano y ella no cambia la expresión.

- ¿Era ese su novio, mi señora? 

- No - digo paranoica. - Es solo un amigo de la infancia y además... - no tengo porqué darle explicaciones. Abandono el lugar de un portazo.

La enfermera conocía a alguien, que conocía a alguien, que conocía a alguien, que conocía a la camionera.

La primera regla del proyecto Troyano es que no se hacen preguntas, pero la segunda regla del club de literatura es que no se habla del club y de todas formas nadie las cumplía.

Cuando llego a casa la encuentro casi vacía, las hijas de viuda están trabajando. Monika está en la cocina comiéndose una hamburguesa vegana con el portátil al lado.

- Buenos días - me dice.

- Tú - la acuso con el dedo. - ¿El proyecto Troyano tiene algo que ver con la muerte de Nacho? 

Monika mira a ambos lados para asegurarse de que le hablo a ella. - ¿Quién?

- Nacho - insisto. - El novio de Rumina.

Monika se rasca la cabeza - no me has hablado de él en mi vida, ¿Cómo quieres que lo conozca? 

- No juegues conmigo - me acerco más. - Tu sabes todo de todas las integrantes del club de literatura.

- Jajaja - Monika se ríe. - ¿Pero tú crees que soy una inteligencia artificial avanzada o algo así? Una persona normal no puede memorizar tantos datos.

- A claro - brazos en jarras. - ¿Me vas a decir que no conocés los datos de las integrantes del proyecto Troyano? 

- Es diferente - Monika pestañea mientras prepara la pose para sacar su índice de la sabiduría. - En el club de literatura se apuntan mujeres con curiosidad, chicas que no han dado un golpe en su vida y quieren sentir el frenesí de una pelea. Algunas tienen un día de mierda, un salario mínimo, problemas con el marido o problemas con el alcohol, otras simplemente son estudiantes apasionadas por algo de acción. Son pocas las que realmente se la juegan porque no tienen nada que perder, solo esas entran en el proyecto Troyano después de ganarse el puesto, claro.

"Si sigues respirando es porque no has tocado fondo".

- Las tienes controladas - digo. - Eres una sociópata.

- No caigas tan bajo - me dice. - Es simplemente el poder de una autoridad, por ejemplo, ¿Perdonar a la camionera por tratar de humillarte para reclamar un nuevo puesto como líder? Está bien, cosas que pasan. ¿Echarla del proyecto después de atraparla teniendo sexo con su novio en tu habitación? Algo totalmente necesario.

- ¿Perdona? - le interrumpo.

- No te preocupes, no mancharon nada - me dice. - Quizás me pasé, no tuve que haber esperado hasta que estuviera en mitad del sexo anal para echarlos, el desgarre anal no es ninguna broma.

- ¡Monika joder! - le grito. - No necesitaba saber nada de eso.

- Yo si, porque las tradiciones comienzan con pequeños actos de anarquía, decir que confías en mí pero ocultar que eres neonazi, formar parte de un proyecto sin cumplir las reglas, ayudarme en lo que necesito y luego tener sexo para celebrarlo a pesar de que sabes que cualquier tipo de relación está prohibida - miro en sus ojos maquiavélicos la expresión de Napoleón y la ira de César. - Que te quede claro, quién te traiciona una vez puede volver a hacerlo.

"Quién permite el caos para evitar la guerra, tiene primero caos y después guerra".

Estoy llorando en mi habitación, estoy esperando el arcoíris pero no deja de llover.

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