Creepypastas: Las lágrimas del cielo son de mármol rosa - parte 3.

 

Capítulo 31: Padre rico, hija pobre.

Nanami Mami todavía no salía de su estado de conmoción, habían jugado con ella.

"Kazuya, tu maldito mentiroso repugnante, alquilaste a una chica solo para darme celos", pensaba con frecuencia. "Pero vivías obsesionado conmigo, aún guardabas la única foto que teníamos, ¿Cómo se puede ser tan rastrero?".

El lunes en su clase de literatura, Mami vio algo que le hizo delirar, unas filas delante de ella estaba una chica demasiado parecida a Chizuru Mizuhara, la única diferencia era la forma del cabello y que la chica de la universidad usaba gafas. Mami se escondió rápidamente tras la pantalla de su ordenador cuando la chica giró en su dirección.

"No, no puede ser ella", se dijo. "A no ser que ese policía no se equivocara, ¿Mizuhara Chizuru realmente estudia en mi universidad?".

La duda se apoderó de ella, casi la mantuvo despierta toda la noche, el martes, Mami hizo todo lo posible para toparse con la chica de gafas por los pasillos.

Finalmente la encontró, venía caminando sola, su vista centrada en un paquete de hojas sobre apuntes de la escuela que había impreso. Mami se hizo la tonta, abrió repentinamente una ventana, el viento entró en un soplo que parecía lanzado por el mismo Fugin, una de las hojas de Chizuru salió volando hasta dar a parar en los pies de Mami.

- ¡Oh, lo siento! - dice Mami agachándose de inmediato.

- No, no pasa nada - Chizuru también se agacha lo más rápido que puede.

Ambas toman la hoja a la vez, entonces se miran. Chizuru abre sus enormes ojos de distinguido marrón claro y Mami finge sorprenderse con su añil.

- ¿Esa voz? - pregunta Mami. - ¿Eres acaso Mizuhara Chizuru-san?

Chizuru no contesta, solo mete su hoja junto al conjunto y no tarda en erguirse mientras amarra el resto con sus brazos en "X".

- Oh, lo siento, ¿Me confundí de persona? - pregunta Mami aún de cuclillas. - ¿O acaso, estás actuando?

Chizuru no contestó, siguió su camino sin si quiera despedirse. Mami le dedicó la mirada más despectiva que la ley le permitía.

***

"Maldita sea, ¿Cómo se ha atrevido a ignorarme así?", pensó Mami al mismo tiempo que cerraba la puerta de su cuarto de un portazo. "¿No quieres hablar por las buenas? No importa, se de un lugar donde puedo conseguirte siempre que quiera", sacó su celular, buscó la aplicación de citas de alquiler y se calmó medio segundo antes de dar a descargar. "¿Qué estoy haciendo?".

Se tiró a su cama, encadenó el cojín con sus brazos y se puso a pensar. "Ella no solo me ha ignorado, directamente ha huido. ¿Y por qué se viste así? ¿Por qué actúa? Kazuya está muerto, no tiene porqué seguir con esta mentira, ¿Quién la va a reconocer por su trabajo? Solo los vírgenes sin afecto usan ese tipo de aplicaciones. A no ser que intencionalmente esté ocultando su identidad, ¿Qué ocultas, Mizuhara Chizuru?, Si es que ese es tu verdadero nombre".

Se puso en marcha al momento, sentó su culo en la silla y abrió su portátil, necesitaba más información sobre "Chizuru Mizuhara", y sobre todo de la empresa para la que trabajaba.

Tres click fueron suficientes para ver el titular que alteró su perspectiva, como un bate de “beisbol” contra un cristal fino, decía así; "Cuatro jóvenes mueren atropellados en un almacén después de intentar secuestrar a una joven de 19 años".

» Hoy, a las 16:30, un grupo de cuatro hombres armados intentó secuestrar a una joven de 19 años que trabajaba como novia de alquiler para la agencia Diamond. Afortunadamente, algo falló en el plan de estos individuos, y murieron atropellados en un accidente de coche que ellos mismos provocaron, cada cuerpo estaba debajo de una llanta".

La noticia daba más detalles, como el lugar o las notas de advertencia que decían que la agencia había empezado a tomar cartas en el asunto, pero Mami no necesitaba saber más, solo se tapó la boca con la mano y reflexionó sobre lo ocurrido.

"Dos accidentes automovilisticos, en la misma semana, y los dos involucran a una joven de "Diamond", no hay forma de que esto sea una coincidencia".

Mami buscó rápidamente la noticia sobre Kazuya, era muy similar en escritura a la que había encontrado; un titular llamativo, información superficial y pocos detalles escabrosos, aunque en el caso de Kazuya si habían puesto el nombre.

"No, no tiene sentido, ¿Por qué permitir esto? ¿Qué ganaba Chizuru?".

Mami se puso a buscar más noticias relacionadas a la empresa, creó su propio Word y empezó a guardar información de todas las polémicas, relaciones, inversiones, etcétera.

***

Una semana después, primer titular que resalta; "La agencia Diamond y sus compañías pierden dinero por millones tras los últimos incidentes".

"Perdidas multimillonarias de una multinacional de Tokio, ¿Me pregunto a quien beneficia esto?" Pensó Mami al mismo tiempo que de dos rápidos click abría el Word.

Miró todas las relaciones públicas que tenía la empresa, casi todas multinacionales que entre unos meses y otros habían perdido contacto y habían cambiado a apuestas más seguras, nada llamaba mucho la atención, hasta que se fijó en una empresa en particular, el monopolio millonario de la Familia Shinomiya.

La familia Shinomiya era una gran empresa venida a menos desde que su líder murió por una rara enfermedad, exceso de hierro en el torrente sanguíneo, sus herederos desaparecieron después de robar una gran cantidad de dinero y en pocas palabras ahora todo recaía en una heredera joven que dependía de consejos para las finanzas.

"Una chica de 17 años a la cabeza de una familia millonaria, pobre, debe ser una marioneta", pensó Mami.

Las inversiones financieras de la familia Shinomiya se retiraron dos semanas antes de todos estos incidentes junto a las inversiones en otras multinacionales, la agencia Diamond solo era mencionada en un pie de página junto a otras más importantes.

"Qué curioso, la empresa con un poder adquisitivo más inestable retiró su inversión con tanta antelación, ahora que los activos han bajado, podrían apostar por ellos esta semana o la siguiente mientras se recomponen", Mami abrió los ojos de par en par. "En realidad esa sería una muy buena estrategia, ¿Quién sospecharía de la familia millonaria con múltiples fugas de dinero? Si los hermanos fueron capaces de robar dinero de su propia familia y desaparecer, no me extrañaría si la hermana contratara a dos chicas para que armen un poco de revuelo; “tú mata a este virgen sin amigos”, “tú ve a dar vueltas por un barrio peligroso, nosotros fingimos un accidente”. Así en sencillos pasos, hasta que vuelvan a tener el mercado en su palma, la heredera ni siquiera es de esta ciudad, nadie sospecharía nada".

Mami buscó dentro de sus cajones una tarjeta con el número de un policía al que quería hacer una llamada, "Chizuru, maldita desgraciada, mataste a Kazuya solo por un par de monedas extra, ¿Cierto? Total, quién sospecharía de una novia de alquiler con cara de no haber roto un plato en su vida".

¡Toc toc!

La puerta de su habitación se abre repentinamente causando que Mami de un salto hacia atrás por la sorpresa que casi la tira de la silla. Es su hermano, que acaba de abrir la puerta de par en par.

- ¡Jajaja! Tendrías que haber visto tu cara - le dice su hermano.

- ¡Eres un idiota, ¿Lo sabías?! - le reprocha ella.

- ¡Oye! Llamé a la puerta.

- Tienes que esperar a que te dé permiso para pasar.

- Si, si, como sea, dice mamá que bajes a comer.

- Dile que ya voy.

- Díselo tú - su hermano abandona el lugar dejando la puerta abierta. Mami sopesa sus opciones, con su fuerza y su puntería tal vez le da si le tira el cojín por la espalda.

"Será mejor que llame después de comer, no quiero que alguno de los fenómenos de mi familia me interrumpa", pensó Mami.

***

La comida fue rígida, fría y triste, como todo en la casa de los Nanami.

- ¿Y qué has estado haciendo hoy, hija? - le pregunta su madre.

- No mucho - responde Mami mirando su comida.

- Para no variar la rutina - dice su padre.

Por ese comentario se gana una mirada de odio de su hija que no va a ninguna parte.

- Yo he conocido a una chica - empieza a decir su hermano.

- Tú déjate de mujeres, a esta edad solo te darán dolor de cabeza - arremete su padre. - Cuando tengas que casarte ya te buscaremos a alguien.

Mami se levanta y aparta la comida, le pone una falsa sonrisa a su madre. - Gracias por la comida, me subiré a seguir estudiando, no me molestéis.

***

Nacho estaba terminando su última repetición, apenas sentía ya su bíceps, pero si no dolía era porque no lo estaba haciendo bien, o eso se decía para motivarse.

Su móvil empezó a sonar en su pantalón del chándal, era una llamada de Nanami Mami, se extrañó por ello, pensaba que no tenía más asuntos pendientes con ella.

- Agente Sabina, policía nacional, ¿En qué puedo ayudarle? - pregunta Nacho.

- Hola, soy Nanami Mami, ¿Se acuerda de mí? 

- Por supuesto, registré tu número, ¿Qué sucede?

- Creo que tengo más información para el caso, el de Kazuya digo, tal vez algo relacionado con la fotografía que me enseñó.

- Interesante, ¿Quieres pasarte por comisaría para hablar?

- Yo, en realidad, estaba pensando en otro sitio, ¿Sabe? Tengo un cupón de descuento para Mister Donuts y sería un desperdicio ir sola.

- ¿Y quieres ir con un policía?

- ¿No hay nadie que me pueda dar más protección, no? Qué le parece si nos vemos allí hoy sobre las 6.

- De acuerdo, solo una duda, ¿Dónde está ese lugar?

- En el centro de la ciudad.

- ¿Puedes ser más específica?

- Solo hay uno de esos en el centro.

- De acuerdo, allí estaré.

"Joder, casi podía escuchar sus ojos en blanco", piensa Nacho. "Tengo que moverme más por estos lugares, cada vez siento que hay más cosas que han aparecido de la nada, el bosque, los almacenes, las monedas, es como si lo hubieran escrito desde cero, va, yo que sé".

*** 

Una hora antes de cerrar, una persona entró por la puerta buscando a Nacho. Su corto pelo negro aún está plano por llevar la gorra todo el día y sus ojos marrones se sorprenden al ver, otra vez, a Nacho tirado de boca contra el suelo. Es Ninoroki y tiene que suspirar profundamente para no decir lo que piensa.

- De verdad que esperaba no encontrarte así, de nuevo - dice.

Nacho gira la cabeza y se pone de pie con una flexión.

- Y yo no esperaba verte aquí tan tarde - responde el hispano.

- Me ha pasado como la otra vez, papeleo, al menos el caso del coche del bosque ya está cerrado - dice encogiéndose de hombros.

- Se han tardado - dice Nacho rascándose detrás de la oreja. - ¿El plazo no acabó la semana pasada? ¿O lo estoy recordando mal?

- ¿Qué más da? Todo ha quedado como un accidente, no pudimos alegar otra cosa.

- Si, ya veo.

- Y el que te toca prescribe esta semana como incidente de tránsito, ¿Lo sabes, no? - Ninoroki pregunta alzando las cejas.

- O, si, esto, colega - Nacho se frota con la mano hasta llegar a la nuca. - ¿No hay alguna posibilidad de que me extiendas el plazo? Hoy he quedado con la ex, otra vez.

- ¿En la comisaría?

- En una tienda de algo.

Ninoroki sólo permanece mirando a Nacho hasta que este se recompone.

- Creo que tiene más datos de la vida de Kazuya - decide agregar Nacho.

- ¿De, la vida, de Kazuya? - pregunta Ninoroki lentamente. - Mira, sabes que valoro mucho la dedicación que le tienes a tu trabajo, pero usa un poco la lógica, no hay nada en los factores internos de este caso que indiquen que es algo más que un accidente.

"Excepto todos los factores externos que indican que no lo es", pensó Nacho.

- Esta semana prescribe, tenemos que invertir tiempo en casos más importantes, como averiguar de dónde venían esos cuatro chicos que intentaron realizar un secuestro - concluye Ninoroki.

- Vale, está bien.

- Ahora si, ¿Sale un sparrin?

- Ya estás tardando.

Juntos practicaron los derribos de Judo.

***

Mami había tomado un sitio al lado de la salida de emergencias. Se sentó en un sofá que hacía esquina justo con ese punto y un saliente con cortinas de tela fina, era un sitio mucho más cómodo que la silla de enfrente que era más un sillón en miniatura que una silla.

Tenía la ventana de doble cristal justo detrás de ella, el sol se reflejaba, pero ya no hacía tanto calor, por eso se había puesto un jersey rosa de tela fina, un pantalón holgado y unas deportivas. Su único complemento externo era su bolso de la universidad donde había llevado el portátil antes de desplegarlo en la mesa.

"Este es el punto más alejado de la entrada y el más cercano a una salida", pensó Mami. "Además, es el punto ciego de las cámaras".

El hombre al que esperaba entró por la puerta, camiseta blanca, gabardina marrón y sombrero de ala ancha a juego. En su departamento, no había otro como Nacho. Mami le hizo un gesto de saludo con la mano y el agente se acercó.

- Buenas tardes - dice él dejando su sombrero enfrente del portátil.

- Buenas tardes - responde Mami con una sonrisa de oreja a oreja. - Me alegra que haya podido venir, el cupón caducaba hoy, ¿Qué va a querer?

- No, no ha sido nada, solo hago mi trabajo - dice Nacho alzando una palma con desinterés. - No voy a querer nada, gracias.

- O, por favor, insisto, no es ninguna carga para mí pedirle algo a usted.

- No, no, de verdad, estoy bien, no quiero usar mi estatus para conseguir comida gratis - Nacho agita un poco la mano para matizar la negación. - Y por favor, no me hables de usted, me hace sentir mayor, jeje.

"Pensé que mínimo se pediría un café negro para hacerse el interesante", piensa Mami antes de alzar la mano para llamar a un camarero.

Se pidió un donut old fashioned, y un café espresso. A Nacho le hizo gracia porque el donut en cuestión estaba muy inflado en los lados y parecía el collar de perlas de Marge Simpson.

- ¡Buen provecho! Cham, cham, cham, ¡Está delicioso! - dice Mami. - ¿De verdad que no quieres nada?

- No quiero comida, sabes a qué vengo - dice Nacho cruzándose de brazos en la mesa. - ¿Qué información nueva tienes sobre Kazuya? 

- Sobre él, nada nuevo, me temo - Mami sube su taza de café con tres dedos en el asa y sorbe. - Sobre su novia en cambio, es diferente, para empezar porque ni siquiera es su novia, era todo actuado, ella era una novia de alquiler.

- ¿Enserio? - Nacho alza ambas cejas en sincronía con la duda de su cara.

- Jaja, eso ha sido increíble - dice Mami cerrando los ojos y colocando una gran sonrisa en su rostro. - ¿Cómo lo haces para fingir tan bien estar sorprendido?

Nacho frunce el ceño ante este comportamiento.

- Lo siento, no pretendía ser maleducada - dice Mami mientras coloca la taza en su plato. - Estoy segura de que eso ya lo sabías, así como sabías que Chizuru va a la misma universidad que yo, ¿Por qué no lo admites?

- Secreto policial - dice Nacho en automático.

- Ya, supuse que dirías eso, hay que mantener coartadas y mantener el perfil bajo para evitar dar pistas a los sospechosos, ¿No es así? - Mami baja la mirada para guiar bien el cursor por la pantalla de su portátil.

Nacho instintivamente tensa los músculos, llevaba sin sentir esto desde que se sorprendió por escuchar a Mei abrir la puerta, no le gustaba que le sacaran ventaja en terrenos donde jugaba sobre seguro.

- O, por favor, no te quiero molestar - dice Mami alzando las palmas a la altura de su cara y cerrando los ojos. - Lo que tengo no es la gran cosa, pero puede arrojar un poco de luz a todo este asunto - Mami hace un doble click en un archivo Word.

- Más te vale tener razón, chica - dice Nacho con un semblante más serio. - Porque el caso de Kazuya prescribe esta semana.

¡Clan!

Mami abrió los ojos todo lo que le era posible mirando a la pantalla, ¿Qué acababa de escuchar? El caso prescribía al mismo tiempo que los Shinomiya podían empezar sus nuevas inversiones.

- No, no puede ser - el vacío que una vez tomó los ojos de Mami vuelve a dominar sus pupilas. - Escucha, no puedes permitir eso.

- ¿Por qué? - pregunta Nacho de una forma seca y contundente.

- Porque entonces ganarán.

- ¿Quienes? ¿De qué estás hablando?

Mami gira el portátil en la mesa, el Word de 20 páginas se presenta ante los ojos verdes de Nacho, él cual solo lee el primer titular; "La familia Shinomiya retira sus inversiones en varías multinacionales".

- Muy bien, ¿Quienes son esos? ¿Y que tiene que ver con la muerte de Kazuya? - pregunta como si hablara con una loca.

- Ellos la orquestaron - Mami gira el portátil de nuevo hacia su persona. - Han tenido muchos problemas con el dinero y retiraron sus inversiones dos semanas antes de los incidentes automovilísticos.

- Vale, detente ahí - Nacho da un golpe seco con la palma en la mesa que afortunadamente solo llama la atención de la rubia de mechas rosas. - ¿Cómo que "los" accidentes?

- No te hagas el tonto conmigo, eso es un poquito molesto - dice Mami con un porte sombrío en su mirar, como si ella fuera la autoridad de este caso. - Hace dos semanas ocurrió un accidente con un coche que también involucraba a Diamond, un fallido intento de secuestro con cuatro atropellados, vi la noticia.

- Son casos distintos - Nacho se echa hacia atrás y se cruza de brazos. - Ni siquiera la forma de morir fue similar, solo estás buscando patrones que confirmen tus teorías sin fundamentos.

"Joder, ya sueno como Ninoroki", piensa Nacho. "Pero no puedo dejar que esta chica se involucre más en esto, le puede pasar factura".

- Casos distintos, en una misma empresa que involucran a una chica de 19-20 años y todas víctimas de atropello - insiste Mami mientras empieza a bajar con el cursor. - El titular es muy claro, "Cuatro jóvenes mueren atropellados en un almacén después de intentar secuestrar a una joven de 19 años".

- ¿Qué? No fueron cuatro los que murieron atropellados - dice Nacho, pensando en voz alta. - Fueron tres, el otro murió en el choque mientras conducía.

Mami abre ampliamente los ojos y mira al policía que la contempla de vuelta. Ella solo gira el portátil para que vea la noticia, el texto no da lugar a dudas, “murieron atropellados en un accidente de coche que ellos mismos provocaron, cada cuerpo estaba debajo de una llanta”.

- No, esto, esto no fue así - murmura Nacho. - Ninoroki se encarga del papeleo y las noticias, él no dejaría pasar un error así.

"No me jodas, ¿Qué es esto? Normalmente suelo leer las noticias de los casos, leí la de Kazuya, pero la coincidencia de la moneda me distrajo y se me olvidó, joder", se reprochó Nacho mentalmente.

- ¿La noticia está amañada? - pregunta Mami casi susurrando.

- Secreto policial - contestó Nacho por automático.

- No, ¡No me diga eso, no ahora! - Mami alza la voz, la gente la mira. - Perdón, perdón - agita ambas manos delante de su cara sonriente. - ¿Podría decirme que pasó de verdad?

- No es el momento ni el lugar, chica - responde Nacho.

- ¿Y cuánto tiempo más va a dejar que pase? ¿El suficiente para que sigan falsificando pruebas?

- Puede ser un error, los periodistas también son humanos.

- Humanos que trabajan para los intereses de millonarios - Mami sonríe. - ¿Se da cuenta de que cada minuto que malgasta ellos ganan dinero? ¿Creé que les temblaría mucho el pulso para pagar a un par de personas y unos accidentes contal de seguir ganando?

Eso le trajo recuerdos a Nacho, "la gente así solo quiere invertir poco y ganar mucho", las palabras de su madre.

- Créame señor agente, mi padre es inversionista de hoteles, ¿Le suena el hotel Sheraton? - pregunta Mami.

Nacho niega con la cabeza.

- No importa, conozco a la gente como mi padre, personas infelices que serían capaces de vender la virginidad de su hija de 12 años para garantizar un plan a futuro - Nacho alza ambas cejas de inmediato. - ¡Ay! Perdón, perdón, no quería decirlo así, el solo firmó un contrato de matrimonio para el futuro con mi vecino, no hubo nada... - Mami aprieta los puños debajo de la mesa. - Bueno, no importa, no es la gran cosa, tuve un novio y mi padre lo intimidó para que cortara conmigo, luego hubo problemas y mi casamiento a los 18 no llegó a nada.

"Así que Kazuya fue prácticamente su segunda experiencia seria con un chico, y no es que fuera muy bien", pensó Nacho.

- Seré sincera, creo que Chizuru solo era parte de un plan mayor, una novia de alquiler que vio que podía aprovecharse de un pobre tonto que seguramente le pagaba hasta por fingir ser su novia en la universidad, en otras palabras, un perdedor que no le importaría a nadie si un día moría a la salida de un acuario - Mami cierra un poco más los ojos. - No le importaría a nadie que no fuera una familia millonaria que solo tenía que crear mala fama con esa y otra noticia para generar pérdidas económicas, ¿Me entiende?

"Eso podría explicar muchas cosas, porque Kazuya estaba tan tranquilo, porque todo parecía tan bien organizado, una explicación fácil y muy conveniente", piensa Nacho. "Ya es la segunda que me ofrecen".

- Básicamente estás diciendo que Chizuru aceptó un soborno para distraer a Kazuya y que le aplastaran la cabeza - comenta Nacho.

- Una conclusión muy directa, pero si, eso es lo que creo que pasó.

Nacho tomó aire y volvió a reclinarse en su asiento. Se frotó con la mano la barba de nueve días, respiró y espiró.

- Tal vez no te interese, chica, pero yo no debería apellidarme Sabina Ortiz - dice finalmente. - Los dos apellidos son de mi madre, nunca conocí a mi padre.

- ¿Por qué dices eso ahora?

Nacho levanta un dedo para pedir silencio. - Mi madre es hija de uno de los hombres más ricos de España y trabaja en una oficina, tal vez decir que trabaja es decir mucho, da órdenes desde una piscina privada a todos los que dirigen la oficina, y pese a eso, prácticamente nunca ha tenido tiempo para mí.

» Atendía a su hijo como atendía a su trabajo, mediante otras personas, tutores privados, y demás, ya te haces una idea. Tengo una carrera universitaria, un trabajo como policía y no se pagar impuestos ni hacer una declaración de la renta.

» He vivido pocos recuerdos divertidos junto a ella, pero no sé borra de mi memoria como guardaespaldas armados nos sacaban del Rolls, o como un amante alquilado le calentaba la suite a mi madre.

Mami está tan perdida que no le salen palabras.

- Mi punto es que yo sé lo que es tener una vida dura por culpa de un progenitor muy adinerado, se que pueden comprar y a quienes - Nacho suspira antes de concluir. - Agradezco tu aporte, pero deberías mantenerte al margen en este punto, solo te puedo decir que Chizuru es inocente, todo esto no es más que una gran confusión.

- ¿Eso es todo? ¿Eso es todo lo que me vas a decir? - replica Mami. - ¡Que me mantenga al margen cuando hay gente inocente, literalmente muriendo y policías dando malas noticias! - Mami dice esto entre dientes, pero si por ella fuera lo diría gritando. - ¿Cómo sabemos que esto no viene de antes? El patriarca de los Shinomiya murió de una enfermedad rara, exceso de hierro en la sangre, ¿Y si fue provocado? 

- Vale , será mejor que te relajes - Nacho pone la voz más seria que puede ofrecer. - Te haré caso, investigaré, pero mantén a Chizuru al margen de esto, ella es inocente.

- ¿Cómo lo sabe?

- Porque alguien con la sangre fría, capaz de matar a su amigo por dinero, no reconoce sus errores y traumas personales delante del policía que la interroga - Nacho se pone el sombrero. - Porque alguien que tiene que defender su inocencia no aceptaría contarme la verdad a solas y, sobre todo, porque alguien que acepta sobornos no me llamaría para hablarme de sus aportes para resolver el caso, ¿Te suena esa historia? No sois tan diferentes, Nanami Mami-chan, no le compliques más las cosas a la pobre chica - Nacho se pone de pie y deja dinero sobre la mesa. - Yo invito.

Nacho dio media vuelta y se fue, Mami solo frunció el ceño mirando como el policía se marchaba, solo podía pensar una cosa, “¿Eso ha sido una amenaza?”.

***

Nacho llegó a comisaría, directamente a su lugar de trabajo, solo se sentó, sacó los documentos que tenía y los miró con la esperanza de que el caso se resolviera solo.

"Muy bien, muy bien, no hay razones para alterarse, es solo un titular mal puesto y datos erróneos, eso no prueba nada", Nacho pone su libreta abierta en la mesa y saca un bolígrafo. "No hay razón para pensar que Ninoroki está involucrado en esto, el es el agente perfecto por excelencia, me ha enseñado a pelear, el idioma, me hace el papeleo, no voy a pensar que está ocultando cosas para ayudar a una millonaria, es ridículo, le conozco bien, tal vez no me sé su apellido, pero le conozco mucho".

Nacho tamborilea con el bolígrafo en la tapa de la libreta. "¿Cuándo fue la última vez que Ninoroki me enseñó el papeleo terminado de cualquier caso? ¿No tengo que firmar nada del caso del bosque? Yo estuve allí, fuí testigo".

Toc, toc, toc.

- Adelante - dice Nacho.

Ninoroki entra con su porte formal y su uniforme.

- Buenas tardes - dice Ninoroki.

- Buenas colega, ¿Qué te cuentas?

- Eso venía preguntarte yo - dice él con un gesto de extrañeza. - ¿Cómo ha ido la entrevista con la joven?

- A, si, ha estado bien - Nacho asiente. - Solo me ha contado detalles de su infancia que creía que me ayudarían a entender el perfil de Kazuya.

- ¿Enserio?

- Si, bueno, no hay mucho que investigar y hay mujeres que solo quieren atención, tienes que saber sobre eso, estás casado - Nacho da una carcajada que lo deja solo.

- ¿Eso era un chiste? - pregunta Ninoroki.

- Uno que solo funciona con solteros, si.

- Bueno, supongo que esa es la última prueba que necesito para que me des la razón y dejemos que el caso prescriba, ¿No es cierto?

- Si, creo que será lo mejor.

- Es mera lógica amigo - Ninoroki se encoge de hombros. - Me voy a ir ya a mi casa, se acabó mi turno, Takada se queda a cargo.

- Si, creo que yo también me iré - Nacho deja su sombrero encima de la mesa y se quita el sudor de la frente. - Hoy ha sido un día largo y estoy cansado.

- Pues nada, hasta mañana.

- Oye espera, Ninoroki.

- ¿Si? - su compañero se detiene a medio giro.

- ¿Cuál era tu apellido? Tanta confianza hace que no me acuerde.

- El día que tu te acuerdes bien de algo la luna será roja - su compañero se ríe. - Kimishima, Kimishima Ninoroki, licencia de poli malo a tiempo parcial.

***

Nacho regresó a comisaría una hora después de haberse ido, iba de prisa, su gabardina ondeando a su paso. En la recepción había un joven policía revisando notas, flaco, apenas 54 kilos, un corte de pelo reglamentario y la voz menos intimidante de la comisaría, era Takada, el segundo a cargo.

- ¿Nacho-san? - preguntó cuando lo vio pasar. - ¿Qué sucede, no te habías ido?

- Takada-chan, colega - dice Nacho acercándose más a él.

- Es Takada-san, tenemos el mismo estatus - replica el policía tras la recepción.

"Y mi nombre sería Ignacio-san, pero llevo meses aquí y no te lo aprendes", piensa Nacho mientras pone una sonrisa.

- Si, perdón, mira esto es un incidente muy tonto, se me ha olvidado el sombrero en mi despacho, voy por el y ya me voy, ¿Vale?

- Está bien, pero no corras por los pasillos - dice él riéndose por lo bajo. "Estos occidentales, siempre tan despistados", piensa.

"Estos orientales, siempre tan confiados del prójimo", piensa Nacho mientras marcha por los pasillos.

Antes de llegar a su departamento, para en la puerta del departamento de Ninoroki y tira del manillar, está cerrado.

"Claro, el agente perfecto no dejaría abierta la puerta de su despacho", Nacho lo intenta abrir tres veces más, sin éxito. "Menos mal que cuento con la herramienta secreta".

Nacho asesta una patada frontal contra el manillar, rompiendo parte del encaje de dentro, lo que le permite entrar solo haciendo un poco más de fuerza.

"Espera, ¿Este pasillo tenía cámara de seguridad?", Nacho entra sin comprobarlo, lo último que quiere es parecer sospechoso.

Actúa rápido, antes de que alguien se acerque atraído por el ruido de la patada, "Venga Nacho, sin prisas, no te luzcas ahora, vi a Ninoroki guardar los documentos de los casos por aquí".

Abre uno de los cajones del escritorio mientras le agradece al cielo que no estén cerrados con candados. Consigue los que buscaba, los del incidente del bosque y los del caso Kazuya. Revisa primero el caso del bosque, no todos los datos, solo los más superficiales, aquellos datos menores que le pueden haber ocultado.

- Autopsia - empieza a leer susurrando. - Causas de la muerte más probables, impacto por un coche, cabeza destruida por un proyectil de gran calibre balístico y... - Nacho se paró, sus ojos no daban crédito al último dato. - ¡El conductor murió por intoxicación de plomo!

El documento relataba cómo habían encontrado una gran cantidad de ese elemento en todos los tejidos musculares que rodeaban la caja torácica.

"Joder, esto es nuevo", Nacho se rasca la barba de nueve días preocupado. "¿No dijo Mami que el patriarca de los Shinomiya había muerto por exceso de hierro también?".

- ¡Nacho-san!, ¿Te encuentras por ahí? - preguntó Takada por el pasillo. - Me ha parecido oír un ruido raro.

"¡Joder! Ya viene", Nacho se obligó a pensar rápido, tiró el documento del accidente al interior del cajón mientras se agachaba con el otro. "Esto va a doler".

Nacho subió la cabeza lo más rápido que pudo, golpeando el duro material de la mesa con la nuca. - ¡A, joder! - gritó.

- ¡Nacho-san! - Takada se asoma a la puerta desde el pasillo. - ¿Qué ha ocurrido?

- ¿Qué ha ocurrido? Qué me has asustado mientras miraba debajo de la mesa buscando mi sombrero - dice él rascándose detrás de la cara. "Joder, eso ha dolido", pensó.

- ¿Pero que haces buscándolo en el despacho de Kimishima-san? 

- ¿Qué? Este es mi despacho.

- No, no lo es, ¿Cómo has entrado?

- La puerta no abría con mi llave así que... - Nacho pone una mueca de resignación. - Creo que tienes razón, este no es mi despacho.

- ¿Has roto la puerta?

Nacho se fue acercando a él con los brazos en el bolsillo, de uno saco la cartera y un puñado de billetes. - Lo lamento mucho, toma, cóbrate.

***

Nacho regresó a su casa y entró prácticamente corriendo, directo a la mesilla del salón, se sentía muy orgulloso de la gabardina, ese bolsillo del tamaño de un dina tres le había salvado. "Y yo que pensaba que solo lo usaría para guardar denuncias".

Pasado el estado de euforia, escuchó ruidos en su cocina, Mei seguía trasteando por ahí, normal, su turno acababa en quince minutos, prefirió no molestar, simplemente colocó todas sus cosas en su sitio y la carpeta del caso Kazuya en la mesa. 

Lo abrió y empezó a ojear las hojas detenidamente, todo en orden, el documento era básicamente igual que las copias que Ninoroki le había dado. 14 minutos estuvo mirándolo, hasta llegar al final, allí todo cambiaba.

- No me jodas - Nacho abrió los ojos tanto como pudo. - Este caso tiene fecha de resolución, pone que es este sábado, atraparon a la culpable en su casa, una tal Rebeca Shirosaki, ubicada después de descubrir que la rueda de repuesto de su vehículo tenía la sangre de Kazuya, ¿Qué cojones?

Nacho pestañeó dos veces y se llevó la mano a la frente, esto era inaudito para él, ya tenían el caso listo y resuelto, con una clara culpable.

Con su móvil a mano buscó el nombre de la implicada, nada, ese nombre no daba el resultado de alguien especialmente famosa o destacada, de hecho, casi no había personas en la red llamadas así.

"Voy a tener que pensar en algo, y lo voy a tener que pensar ya", se dice a si mismo preocupado.

Pasos salen de la cocina y van hacia él, es Mia. - Sabina-san, he terminado mis tareas, ya me despido.

- Ayako-san - dice Sabina girándose con una cara de intenciones difusas, como si hubiera tenido una idea en ese preciso momento. - ¿Tú sabes hacer un testamento?


Capítulo 32: Es lo que queda.

- ¡No me lo puedo creer! - exclama Ruka. - ¡Otra vez este libro! Todos los días sale.

El cuarteto de conspiradores contra Mika había tenido una semana larga buscando algún libro para acabar con ella. De momento, solo habían apartado 6 que podrían ser útiles. Tenían que dejarlos en el suelo recopilados, pues si se quedaban en las estanterías desaparecerían a las 3:33 de la noche.

- ¿Cuál es? - pregunta el bibliotecario.

- El de "Libros sobre cómo fabricar tus propios productos químicos" - dice Ruka mirando frustrada la portada. - Solo que esta vez es en polaco, ya nos ha salido en japonés, en chino y en kinyarwanda.

- Quizás es una señal del silencioso destino - dice Carlos encogiéndose de hombros. - ¿No hay nada en él que pueda ayudar?

- Hay recetas de como combinar distintas cosas para tener cosas como más fuerza, regeneración y así - dice Ruka ojeando las hojas a toda velocidad. - Pero también pide pasos ridículos, por ejemplo, aquí pone que si quieres replicar un químico de un tercero, puedes hacerlo a partir de su saliva.

- Eso nos puede servir - apuntala Iris. - Carlos, ve a pedirle a Mika que te escupa en la boca y recreamos los químicos de su cuerpo.

- ¿Esa puta perra mamada que? - reprocha Carlos en español.

- Pues eso es lo que te gustaba ver de Dragon Ball, ¿No? Eran las escenas que encontré en mi móvil aquel día - responde Iris también en español.

- ¡Solo fue una vez!

"¿Debería decirles que ahora también los entiendo gracias al hechizo?" Se pregunta Ruka mientras deja el libro de nuevo en su sitio.

- Tal vez no deberías descartarlo - sugiere el bibliotecario. - Podríamos encontrar allí un producto químico que te otorgue la fuerza suficiente para vencer a Mika.

- No lo creo - dice Ruka negando con la cabeza. - Los materiales parecen fáciles de conseguir, pero estas cosas traen efectos secundarios muy dañinos, como generar mucosidad en manos y pies, o más dañinas, como aumentar la cantidad de plomo en una persona si la miras muy intensamente.

- Eso parece más magia que ciencia - dice Carlos.

- La magia muchas veces es solo ciencia que no entendemos - dice Iris. - Trabajé con feriantes, sé de lo que hablo.

- Además, puede ser letal - agrega el bibliotecario. - Necesitarías una persona excesivamente paciente para que no vaya por cualquier lugar intoxicando a la gente contra la cual descargue su ira.

***

Ruka empieza con la última estantería del día, después de cinco minutos se detiene en un libro, no está escrito en un idioma terrestre, por las palabras que dice está a muy poco de descartarlo como un libro de fantasía oscura, pero recapacita y mira a su amigo de apariencia anciana cubierto con una túnica.

- Bibliotecario, ¿Podrías mirar este libro? - dice estirando el brazo.

- Por supuesto, traelo aquí.

El bibliotecario tardó sus buenos 7 minutos en mirarlo y asegurarse de lo que leía.

- ¿Creés que pueda ser real? - pregunta Ruka. - De serlo... Podría ser nuestra esperanza para acabar con Mika.

Esas palabras hacen que Carlos e Iris alcen la cabeza.

- ¿He oído bien lo que he oído? - pregunta Carlos.

Iris se acerca al bibliotecario y Ruka la mira a la vez que asiente.

- Ese idioma no parece ser de ningún país que conozca - dice Iris viendo las dos portadas. - Ni siquiera parece de este mundo.

- A lo mejor es chileno - dice Carlos acercándose también. - O tal vez lo ha escrito un médico chileno.

Iris solo niega con la cabeza y Ruka no tiene expresión facial, no lo ha entendido.

- Uuuum - reflexiona el bibliotecario con los dedos en la barbilla. - Todo esto podría ser verídico.

Iris abre los ojos, Carlos se baja las gafas y Ruka sonreía, ¿Era acaso cierto? ¿Algo con lo que poder librarse de Mika?

- ¿Vais a decir ya de que se trata? - pregunta Iris impaciente, como si le fueran a dar las notas de fin de curso.

- Es un hechizo para invocar a una entidad de poder sobrenatural - relata el bibliotecario. - Encriptada tras el espíritu de varios cristales en un código GBR.

- ¿Y ya está? - pregunta Iris bastante incrédula. - No me gustaría joderos las expectativas, pero vi a Mika matar a un demonio con un hacha.

- Si, y yo os recuerdo que sobrevivió a la explosión de la antigua base de operaciones sin problemas - agrega Carlos ajustándose las gafas con el pulgar. - Esos espíritus chocarreros que invoques ya pueden tener la potencia de una bomba nuclear o no vamos a ninguna parte.

- Si, además, ¿Qué son esos cristales GBR? El libro está en un idioma extraterrestre, no puede ser que tenga esas letras - termina Iris de manera contundente.

El bibliotecario cierra el libro de golpe y mira a Ruka, ella asiente. - Explícalo - le dice.

- Tenéis que saber, que si os lo digo, vuestras almas le pertenecerán a este libro - dice el bibliotecario agitándolo frente a sus ojos. - Una vez se pronuncia el hechizo en voz alta debe ser llevado a cabo en el plazo de una semana, o de lo contrario moriréis, vuestra esencia saldrá del cuerpo y seréis solo bolsas de carne sin alma.

- Si lo que he leído es cierto, esa entidad es mucho más poderosa que cualquier demonio o cualquier bomba nuclear - dice Ruka mirándoles a los ojos. - Pero si queremos su ayuda, tenemos que superar sus pruebas, en su mundo.

- GBR no es una palabra con traducción comprensible para la mente humana, de hecho, no sería comprensible para muchos niveles espirituales - continua el bibliotecario, su túnica está rígida, como si tuviera miedo. - Los cristales GBR son cuatro fuentes energéticas que conectan la realidad de esta entidad con el resto de planos indescifrables para las ideas convencionales.

- No puedo negarlo, no estoy entendiendo ni una sola palabra - dice Carlos.

- Yo creo que sí, ¿Es como un limbo del pensamiento? ¿Algo que se puede alcanzar con un estado de iluminación al estilo budista? - pregunta Iris.

- No exactamente, pero yo diría que es una explicación bastante cercana - responde Ruka. - El libro tiene palabras que hasta a mí me cuesta comprender.

- Espera, estoy confundida - le detiene Iris. - Me puedo creer que el señor espíritu sin alma de la biblioteca entienda lo que dice ese libro, ¿Pero cómo lo sabes tú?

- ¿No me ves capaz? - se queja Ruka con los brazos en jarras.

- Eres una niña de 17 años que aprendió todos los idiomas de este universo y del resto apenas hace una semana - le reprocha Iris. - Disculpame si soy escéptica, pero no me voy a meter en un estado de iluminación solo porque un libro que no puedo leer me lo dice.

- La desconfianza te matará antes que Mika - le reprocha Ruka.

- ¡No mames! Lo que te ha dicho - Carlos mete baza desde fuera.

- ¡Cállate! - le dicen las dos, haciendo que el mexicano se repliegue hacia atrás.

- Iris, no te lo puedo explicar, pero es una corazonada y me parece acertada - dice Ruka con el corazón en el puño antes de señalar al resto de libros. - Esas otras opciones solo hablan de robar poderes o de opciones más arriesgadas que implican un enfrentamiento directo con Mika, esta solo implica superar unas pruebas para que una entidad más fuerte acabe con Mika.

- ¿Y cómo sabes que esa entidad cumplirá su palabra?

- No lo sé, pero desde que estoy aquí, la confianza me ha abierto más puertas de las que me ha cerrado - Ruka frunce el ceño y asiente. - No te puedo mentir, tampoco querría hacerlo a ciegas, pero lo único que podemos perder es una vida que ya prácticamente le pertenece a Mika, al menos podríamos pensarlo.

Iris hace una mueca de resignación, ese ha sido un discurso convincente.

- Pues yo no puedo pensar con la panza vacía - dice Carlos golpeándose la tripa. - Así que hagamos de cuenta que si no comemos, no nos iremos a ningún lugar.

- Esta vez estoy de acuerdo con el rubio - dice Iris. - Comamos y explícanos allí sus pros y sus contras.

- ¿En el comedor? - pregunta el bibliotecario. - Allí Mika os detectará mejor.

- Aquí tampoco estamos a salvo - le responde Iris. - ¿Cómo creés que supo Ichika el otro día que estábamos aquí? En esta caja de zapatos ningún puto rincón es seguro, y si voy a morir que sea comiendo.

"Al final, los presos dejan de tenerle miedo al panóptico, aunque no se rían en su cara, le pierden el temor a ser señalados", piensa Ruka.

***

Hoy el escuadrón 70 les había traído sushi, se había conservado fresco, aunque Ruka no se lo estaba comiendo con mucho entusiasmo.

- ¿Qué te sucede? - le pregunta Carlos.

- No soporto ese ruido - dice mirando con cara agria hacia la puerta.

El trío estaba en la mesa del final que usaban siempre, esta vez Ruka estaba en el lateral derecho junto a Iris y Carlos solo a la izquierda. 

Por la puerta del comedor entra ese hombre común entre los mortales asiáticos salvo por su piel rosada. Sus zapatos de suela ancha empanados resuenan en el suelo, chirrían como si frotaran un tenedor en un plato.

- A mi también me parece jodidamente molesto - le dice a Ruka en un susurro.

- Estoy cansada de escuchar el resonar de sus pies mojados en la periferia de mis oídos - dice Ruka. - No es un sonido natural y se agudizan instintivamente, aún más desde que los mejoré en los entrenamientos.

- No te quejes, es un bastardo sensible muy sensible, si le insultas irá llorando a Mika.

El hombre rosado abre la nevera, revisa y no ve nada que le interese. Gira su cabeza y se va por donde ha venido.

- Ja, si que es sensible - dice Carlos. - Acaba de sentirse triste por los... - rebusca entre sus recursos de japones - pescados muertos crudos envueltos en algas.

- ¿Por qué no simplemente dices sushi? - le cuestiona Iris.

- No se cómo se dice esa palabra en japonés.

Iris le mira con los ojos entrecerrados al igual que Ruka que deja a medio camino el alimento que se iba a llevar a la boca.

- Sushi ya es una palabra en japonés, tonto - le contesta Iris.

- ¿A si? - Carlos parece genuinamente extrañado.

- ¡Ahh! - Ruka suspira para reclamar atención. - No quería decirlo, pero si tenemos que actuar como un equipo funcional tenemos que comunicarnos bien - los mira a ambos para asegurarse de que la escuchan. - Ya puedo entenderos cuando habláis en español.

- ¿No mames, enserio? - dice Carlos en el idioma antes citado.

- Totalmente - responde Ruka en japonés. - Es gracias al hechizo que puedo entender cualquier idioma.

- ¿Geleom dangsin-eun eotteon eon-eolado ihaehal su issnayo? - pregunta Iris.

- Si - responde Ruka. - Puedo entender cualquier idioma, y si lo estudio creo que también podría hablarlo, pero no estamos aquí para eso.

- Si lo piensas, estudiar es lo que deberías hacer a tu edad - le dice Carlos mientras mastica. - Tendrías que estar corriendo con una tostada en la boca porque llegas tarde al colegio, no tratando de descifrar hechizos para matar a la mayor criminal de guerra que conozco.

- Sigo portándome como una chica normal - dice Ruka con una cara de berrinche. - trabajo a medio tiempo, entreno y leo como una chica normal.

"Esquivas balas de francotirador sin mirarlas, eso no es un entrenamiento de chica normal", piensa Carlos.

- Hablando del trabajo, ¿Te vas en dos horas, no? - pregunta Iris.

- Si, hoy tengo turno de tarde - responde Ruka.

- Bien, entonces tratemos el tema del libro antes - dice apartando su plato ya vacío. - ¿Exactamente que tenemos que hacer?

Ruka toma aire, come lo poco que le queda en dos movimientos y también aparta su plato. Carlos es el único que se está tomando su alimentación con tranquilidad.

- ¿Habéis jugado algún juego de exploración o de roll? - pregunta Ruka. - Como lo serían, por ejemplo, The Legends of Zelda o Leage of Legends.

- No - responde Iris.

- Si - pronuncia Carlos tapándose su boca llena. - Pero de Zelda solo el clásico, el de arcade.

- Es un ejemplo válido - Ruka asiente con la cabeza. - El libro narra el proceso a seguir, debemos encontrar los cristales que mantienen estables determinadas zonas de un mundo, con los cuatro, la entidad más poderosa de ese reino nos concederá un deseo.

- Es demasiado simple - dice Iris con una mirada de desconfianza. - ¿Dónde está el truco?

- No sabemos nada de ese mundo. Los cristales varían sus pruebas según llegan los visitantes, se ajustan a pruebas donde nuestras posibilidades de aciertos son las mismas que de fallos.

- No, no me refería a eso, me refiero al deseo, nadie te da algo como eso a cambio de unos cristales que ya tiene, ¿Qué quiere a cambio?

- Nuestra historia - murmura Ruka. - La entidad tiene un nombre, S R I, o más bien ese es el nombre que tu mente puede comprender de ella, Sirvienta Real de la Información, nunca se sacia de tener historias nuevas que leer o que escuchar, si somos de su interés nos concederá el deseo... - Ruka solo mira a su compañera coreana a los ojos. - Si no es el caso, cristalizará hasta el aire que respiramos, tomará nuestras almas y seremos transformados en estrellas, seremos la luz en la noche que inspira relatos mejores.

- Eso suena muy bonito para ser una amenaza - dice Carlos. - En mi país son más de decir, "o haces bien las cosas, o contamos tus dedos para ver si alguno te sobra".

- No creo que sea una amenaza, es más una advertencia - dice Ruka. - El libro termina con una frase, "En las noches más oscuras, se aprecian mejor las estrellas".

- ¿Qué se supone que quiere decir? - pregunta Iris.

- No lo se, yo puedo leerlo, no entenderlo - dice Ruka encogiéndose de hombros.

- Haz de cuenta que hace referencia a que hasta en los peores momentos, siempre verás una luz que te guíe si sabes dónde mirar - dice Carlos con una sonrisa. - En cualquier caso, yo le entro.

- Te voy a ser sincera, niña - dice Iris mirando a Ruka. - No confío en muchas cosas, la magia es una de ellas, me gustan las cosas que entiendo y evitar las posibles amenazas. Si te creo, sería la primera vez en años que veo una oportunidad factible de acabar con Mika y eso me gusta. Mika no me dejará vivir ni morir como yo quiero, esto es lo más cercano que tengo a la libertad - Iris hace una mueca viendo como Ruka parece feliz de escucharla. - No te hagas ilusiones, el plan me sigue pareciendo ambiguo y arriesgado, pero lo haré.

- Ya que mencionamos eso - apunta Carlos. - ¿Cuándo vamos a hacer el hechizo?

- No lo sé - Ruka traga saliva. - Hay un requisito más.

- ¿Cuál? - pregunta Iris con el ceño fruncido.

- Todos los implicados deben estar listos - Ruka se mira el corazón y siente que se acelera dos latidos. - Yo creo que no lo estoy.

- No mames, ¿Es neta? - pregunta Carlos. - Pero si las emociones nunca han sido un problema para ti.

- Es que creo que hay alguien que también debería ser parte del plan, y dejar fuera a esta persona me pone nerviosa.

- No me digas que hablas de Ichika - dice Iris rasgando aún más los ojos.

Ruka solo asiente.

- ¿Por qué tendría que estar para esto? - pregunta Carlos que siente que ha perdido el hilo de la conversación.

- Porque si fallamos en el otro mundo, ella le puede explicar a Mika la situación - Ruka desvía la mirada. - Tengo miedo de que si desaparecemos, Mika busque a mi familia y le haga algo malo pensando que así podrá extorsionarme para que aparezca.

Carlos se puso un poco pálido, involuntariamente piensa en Mika matando a sus padres delante de su hermano mientras pregunta por él. Iris en cambio no modifica su gestión facial, a ella ya no le queda nada que perder.

- Confías demasiado en ella - dice Iris. - No nos ha traicionado, pero tampoco nos ha revelado el secreto de tu corazón.

- Tú has aceptado mi plan - le reprocha Ruka. - También estás confiando demasiado en mí, no hace ni dos meses que nos conocemos.

- Cómo sabía que usarías mi argumento en mi contra - dice Iris con una cara de disgusto a la par que Ruka pone una sonrisa orgullosa. - Haz lo que quieras, no podríamos ir al otro mundo sin ti de todos modos.

- Bien - Ruka aprieta los puños y los agita decidida. - Pensaré cómo decírselo.

"Estoy algo feliz", piensa Ruka. "Pero lo cierto es que si me gustaría vestirme de colegiala, pero es lo que me ha tocado, no puedo tener esta maldición corriendo por mis venas y divertirme con disfraces al mismo tiempo".

***

¡Achus!

A varios kilómetros de la caja de zapatos, una joven tímida estornuda, su cabeza delicada se agita junto a sus cabellos ambarinos y la gente que pasa por allí y la ve se maravilla y sonroja, un niño se ríe y en su inocencia dice; "jeje parece un conejito".

La chica es Sumi Sakurasawa, y se sonroja de solo pensar en ser el centro de las miradas, así que agacha la cabeza, los ojos en dirección a su falda recta. Acelera el paso para alejarse de la multitud. "Todos me estaban mirando, que vergüenza", piensa.

Cuando respira para aclararse las fosas nasales, tiene que parar progresivamente, detecta un olor particular en el aire, es un perfume que le transmite seguridad y viene de lejos, mínimo a dos kilómetros de distancia.

"Ese aroma, se parece al de las flores del hospital", piensa deteniéndose bajo una farola donde no molesta. "No, es más como algo que encontré allí, a, sí, es el perfume de Chizuru". Vuelve a olisquear el aire, sus receptores nasales agradecen lo limpia que es la ciudad en general y ya se ha acostumbrado al humo de coches y chimeneas. "Si, es ella, está en el centro comercial". 

Mira su teléfono, ha quedado con su padre para comer dentro de tres horas, aprieta los puños, frunce el ceño y sonríe, como si hubiera tomado la decisión repentina de ir a la playa para ayudar a un amigo. "Me pasaré a verla, así podré asegurarme de que está bien", se ajusta su rebeca morada abrochada de solo un botón y allí donde estaba queda una brisa, los ojos humanos no son capaces de ver a la chica que ha salido corriendo hacia el tren.

***

Chizuru mira las prendas de la tienda, un uniforme de instituto con chaqueta a juego, incluso tiene el logo bordado en el hombro.

Está en una tienda de ropa cara, en el segundo pasillo de una tienda de seis metros cuadrados con tres probadores que están ocupados.

"Este podría servir", pensó Chizuru. "Al menos es más barato que un cosplay, lo cual no tiene mucho sentido".

Chizuru lo tomó de la percha, lo iba a llevar a la recepción cuando se escondió detrás de la fila dando varios pasos hacia atrás. Por la puerta de la entrada acababa de aparecer Sumi, parecía estar bastante contenta con el lugar y se dirigía a las filas del primer pasillo.

"¡Cielos, qué vergüenza! ¿Qué hace ella aquí?", pensó Chizuru. "Vale, no pasa nada, solo habrá venido a comprar algo, este lugar es muy popular y tiene buenas prendas, cuando se distraiga pasaré de largo y entonces...".

- Buenos días, Mizuhara-san.

Chizuru da un bote repentino en el sitio, sus pensamientos se cortan, se siente sacudida pese a que reconoce la voz. Al girar, ve a Sumi Sakurasawa haciendo una reverencia formal.

"¿Cómo ha ido tan rápido? Ni la he visto", piensa Chizuru. - ¡Ay!, Que susto me has dado dice Chizuru llevándose una mano al corazón.

- Lo-lo siento mucho, no era mi intención - Sumi hace rápidamente una reverencia de disculpas.

- No, no, no hace falta que te disculpes - dice Chizuru agitando su mano libre avergonzada. - Solo fue un susto inocente, buenos días Sumi-chan.

Era difícil no analizar a Sumi a primera vista, su cara era un optimismo radiante y parecía no estar enfadada con nada en el mundo, desprendía un aura fuerte sin una sola gota de sudor, aunque su ropa parecía un poco arrugada, como si hubiera sido azotada por un huracán.

- ¿Qué estás haciendo por aquí? - pregunta Chizuru.

- Vine a comer con mi padre - dice Sumi mirando a Chizuru a los ojos, antes de avergonzarse y desviar la vista a la estantería de su derecha. - Pero aún faltan dos horas hasta que salga del trabajo, así que decidí pasarme a mirar algo de ropa.

- O, si, este lugar es muy popular y tiene buenas prendas, incluso las réplicas son caras - dice ella alzando con su mano la percha. - Es un poco vergonzoso que me atrapes comprando eso.

- ¡O!, yo lo lamento mucho - Sumi volvió a hacer otra reverencia de disculpa.

- No, no, de verdad, no hay problema - dice Chizuru intentando calmarla. "Creo que esto me está avergonzando todavía más", pensó.

Sumi trata de volver a incorporarse, aunque arrastraba los pies y tenía la cara bastante roja. "Pensé que sería agradable verla, pero tengo la ropa hecha un desastre y la estoy avergonzando, soy la peor amiga que puede existir", se regañó Sumi mentalmente.

- ¿Y-y que te trae a ti por aquí? - dice tartamudeando, como si no estuviera viendo el conjunto de camiseta, minifalda y chaqueta que lleva Chizuru en una percha.

- O, un pedido particular - dice mirando la ropa que planea comprar. - Es para una cita en el trabajo, me han pedido que sea como una fiesta de graduación en un karaoke, creo que es la petición más extraña que me han pedido, pero puede ser divertida.

"¡Oh puede ser un pervertido con peticiones fetichistas!", pensó Sumi sin atreverse a decir nada.

- En fin, espero que te vaya bien, Sumi-chan, buen provecho, yo iré a pagar esto - dice Chizuru mientras se despide agitando la mano libre.

- Si, eso espero - dice Sumi con una tímida sonrisa. - Que te vaya bien, Chizuru-san.

"Yo no debería preocuparme, no debería", piensa Sumi. "Pero aún así, no estaría mal si me pasara por ese karaoke, solo para tener la certeza de que quien le ha pedido eso a Chizuru es una persona normal y no un pervertido, si, eso haré". Cuando Sumi tomaba una opinión así de decidida era capaz de todo, ella abrazaría a su novio delante de la exnovia del chico sin dudarlo.

***

El sol de la tarde despuntaba en el horizonte, era un viernes por la tarde tranquilo para Ruka, solo tenía una cliente esperando en la recepción de su karaoke. Era Chizuru esperando a su cita, pero eso ella no lo sabía, solo veía a una chica de 20 años que aparentaba 17, sentada correctamente en una silla con un café negro. Miraba el móvil con tranquilidad mientras esperaba los 10 minutos que faltaban para que llegara su cita.

"Por fin paz y tranquilidad", todo lo que necesitaba.

Ichika hoy no estaba, como no estuvo el día que Mika hizo su visita, más que un motivo de alarma, era una oportunidad de descanso para Ruka; "Con ellas lejos, hay menos posibilidades de que alguien muera aquí", piensa la japonesa de cabello negro con el lazo azul. "Aunque hoy no hay mucha gente a pesar de ser viernes, solo está ella".

Ruka alzó la cabeza, esa chica parecía tranquila, con su cabello sobre los hombros y bien acondicionado, no como Ruka que solo tenía para cuidarse el champú anticaspa del cuarto de duchas. Esa chica también miraba su teléfono despreocupada, estaba en un perfil de Twitter que trataba sobre vinos, tenía fotos diversas, perfectas para acompañar los hilos de 40 comentarios y fotos de la portadora de la página posando con las botellas y también con...

Ruka fijo los ojos en la pantalla, por primera vez en mucho tiempo sintió que el mundo iba a cámara lenta mientras analizaba los píxeles de la foto que tenía a tres mesas de distancia, lo veía como si la tuviera delante de sus ojos. Reconocía el rostro del chaval que estaba junto a la anciana posando con un vino, era él, el chaval con el que se encontró hace tiempo, el que casi la tira por las escaleras... El único hombre que había alterado su corazón.

- ¡Disculpa! - Ruka alza mucho la voz, Chizuru se ruboriza, girando la cabeza en automático.

"¿Qué? ¿Qué pasa?", piensa Chizuru. "¿Por qué me llama la atención la recepcionista? ¿Es por el café? Digo yo que tengo derecho a tomármelo a la velocidad que me apetezca".

- Perdón, no era mi intención molestar - Ruka hace una reverencia con la cabeza al llegar a la altura de Chizuru. - Ese chico, el de la foto de tu móvil, ¿Le conoces?

Chizuru pestañeó dos veces antes de tratar de conectar los puntos de lo que estaba pasando. Miró la pantalla de su móvil, estaba la foto de Kazuya y su abuela, una foto de hace un año para celebrar el aniversario del perfil. Chizuru volvió a mirar a la recepcionista, la estaba contemplando como si fuera un robot servicial aprendiendo a gestionar las emociones.

- No la estaba espiando si es lo que piensa - dice Ruka con una voz monótona. - Solo levanté la cabeza y lo vi.

"¿Desde la otra punta de la recepción?", piensa Chizuru mientras su mueca de extrañeza le impide pronunciarse.

- ¿Y bien, quien es? - Ruka está ignorando todo, su curiosidad es más fuerte que su sentido de la vergüenza.

- Él es, bueno, solo es un viejo amigo - dice Chizuru cuando encuentra las palabras.

- ¿Tienes su número? - pregunta Ruka cruzándose de brazos.

- ¿Por qué lo quieres?

- Hace un tiempo me rompió un vestido - Ruka intenta hacer un esfuerzo por sonar natural. - Me choqué con él, caímos por unas escaleras y se me rompió la falda por su culpa, es un pervertido, estoy seguro de que miró mi ropa interior.

"Si, eso suena a algo que Kazuya haría", piensa Chizuru con una mueca de resignación.

- En ese momento no dije nada porque estaba muy avergonzada, pero ya ha pasado un tiempo y quiero que me pagué el descosido - termina de decir Ruka. - Así que, por favor, ¿Me darías su número?

- No creo que te vaya a servir de mucho - dice Chizuru en un suspiro melancólico.

- ¿Por qué?

- Porque está muerto - Chizuru traga saliva para disimular el nudo en la garganta. - Murió hace unas dos semanas en un accidente de tránsito.

Ruka tarda un milisegundo en analizar el rostro de Chizuru, es todo tan genuino que le asusta y le hace sentir una horrible persona por obligar a esta pobre chica a recordar algo así.

- Lamento que mis palabras la hayan molestado - Ruka hace una reverencia perfecta con una espalda que casi parece de goma. - Volveré a meterme en mis asuntos, disculpe las molestias.

- No, no es nada - dice Chizuru con una sonrisa dura, un gesto que refleja un mal trago que poco a poco asimila.

***

Nueve minutos más tarde Chizuru ya se ha terminado el café, Ruka está tras su cuadro gris, sigue dándole vueltas al tema del chico muerto, su mente solo deja de pensar en eso cuando pasa un cliente.

"Espero que no se queje por eso al gerente", piensa. "Maldición Sarashina, otra vez hablando de más, con lo fácil que era memorizar el nombre del perfil y buscarlo después, o incluso ahora mismo con el móvil que Carlos me alteró, ajg, esto me pasa por ser tan impulsiva".

Una chica entra por la puerta, lleva desabrochada una chaqueta amarilla larga que le llega hasta la mitad de los muslos, junto a una falda negra que corta a la altura de las rodillas y lleva hasta la mitad del estómago, unida por botones a una camiseta de seda blanca con un enorme lazo verde en el centro del pecho. Es una ropa cara, algo que pocas personas, a parte de esa chica que entra por la puerta y mira a Chizuru, se podrían permitir.

- ¿...eh? - dice Chizuru al no dar crédito a la cara sonriente de ojos añil que reflejan sus pupilas. - Mami-san - murmura.

Quién la ha alquilado es la exnovia de Kazuya, la chica de amplia sonrisa que no le transmite ni un gramo de seguridad.

- ¡Qué puntual eres! - la felicita Mami mientras agarra las palmas a la espalda. - Eres Mizuhara Chizuru, ¿No?

Chizuru sintió un frío antinatural surcar su espalda, "¿Qué está pasando?" Piensa. "¿Cómo ha descubierto...? ¿Debería decirle que no soy yo".

- Jejeje, es solo una pregunta retórica - Mami saca el teléfono de una de sus mangas y muestra a Chizuru su pantalla mientras se acerca. - Le hice una captura a tu perfil para asegurarme de que te reconocería cuando te viera, eres una persona difícil de reconocer, en mi universidad hay una chica igualita a ti, solo que ella lleva gafas.

Deja su teléfono encima de la mesa, Chizuru mira su propia pose y se siente atacada, recuerda el día que se la hizo, los focos, el escenario, la cámara profesional... Todo para que se viera lo más auténtico posible. Ahora que se lo están mostrando a la cara le parece todo tan falso como las relaciones que finge.

- O claro, que mal educada - Mami retira la silla y se sienta delante de Chizuru. - Primero que todo aquí está el dinero por la cita de hoy, he metido un extra, te agradezco que hayas venido con el traje de instituto que te pedí, te ves como una auténtica colegiala.

Ruka está escuchando toda la conversación desde el mostrador. Por supuesto, también es capaz de captar la pantalla del teléfono pese a ver solo la mitad.

"Esa chica es una novia de alquiler", piensa algo maravillada. "No tiene buena cara, supongo que no se esperaba que una mujer pudiera alquilarla también".

Chizuru no lo estaba interpretando así, ella entendía el tono de Mami, sabía que iba con segundas intenciones, que ese "te agradezco que hayas venido con el traje de instituto que te pedí", en realidad quiere decir, "verdaderamente te disfrazas bien para cualquier espectáculo, payasa".

- De verdad lo siento - dice Chizuru, con la mirada baja y una gota de sudor en la mejilla. - No puedo aceptarlo.

Mami se muerde un poco el labio, pero retoma la sonrisa de inmediato. - O venga, no seas humilde, me he leído todos los términos y condiciones, no hay nada en contra de las propinas.

"me he leído todos los términos y condiciones", repite la mente de Chizuru, "Eso quiere decir, "puedo hacer que te despidan si no haces lo que yo quiero", ¿Está jugando conmigo?".

- Disculpe - Mami se pone de pie, alejándose de la mesa y el sobre para ir a la recepción donde está Ruka. - Reservé la sala cinco para dos horas de karaoke a nombre de Nanami Mami, ¿Me puede dar la llave?

- Por supuesto - dice Ruka con una sonrisa servicial. - Solo espere, revisaré que es correcto lo que dice - solo fueron necesarios tres click. - Efectivamente, todo en orden, disfrute de su estancia - dice Ruka poniendo las llaves sobre la mesa.

- Muchas gracias - dice Mami, al girar su cuerpo estira con él su mano. - Vamos, ¡Disfrutemos de esta noche de graduación!

Chizuru le da la mano a Mami, la rubia no la suelta pero tampoco está apretando, por contrato, Chizuru no puede retirar la mano sin una causa justificada. 

- Si, hagamos de esta una noche inolvidable - dice Chizuru con un nerviosismo minúsculo, una gota de sudor cae y se disuelve en el suelo.

- No olvides el dinero - Mami lo toma de la mesa. - Mira, lo pondré en tu bolso y listo, divirtámonos.

***

Cuando la puerta de la sala cinco se cierra, una nueva chica entra por la puerta principal con un solo pensamiento en su mente, "He olido el sudor de Chizuru, está nerviosa, algo le pasa". Es Sumi Sakurasawa, está aquí por puro instinto, para asegurarse de que todo vaya bien.

Ruka también levanta la cabeza, la chica que acaba de entrar parecera tranquila, pero su rostro parece más avergonzado que valiente en el movimiento que ha hecho para abrir la puerta.

- Buenas tardes - dice Ruka. - ¿Qué puedo ofrecerla?

- ¿Eh? ¿Eh? - Sumi agita la cabeza mirando por todos lados hasta que ve a Ruka. - ¿Me-me-me lo pregunta a mi? - se señala tímidamente con el dedo.

- Si, ¿Es que no quiere nada? - Ruka no sabe diferenciar si la chica está nerviosa o simplemente se metió a este lugar por error.

- O, claro, si... Tiene, ¿Tiene algo de té con hielo que me pueda tomar aquí? - pregunta Sumi señalando la mesa donde había estado sentada Chizuru.

- Por supuesto, tome asiento, se lo traeré enseguida - dice Ruka con una reverencia.

Sumi se sienta, en el lugar reina la calma, eso le gusta, solo necesita concentrarse hasta empezar a notar todas las habitaciones. Produce un suspiro hondo. "Tengo que concentrarme", piensa hasta reconocer una voz en una habitación. "Si, es Chizuru, y la otra voz... La otra voz es de mujer también".

***

Chizuru se sienta en el sofá de cuero rojo, está acostumbrada a este tipo de cosas, pero es la primera vez que no se siente cómoda en un karaoke. Mami está a su izquierda, está mirando las canciones que hay en el catálogo de una tableta digital. La misma está conectada a una gran pantalla enfrente de ellas, su luz es predominante en la sala mayormente a oscuras, allí irán apareciendo las letras de la canción que cantarán con los dos micrófonos que esperan en cruz, uno sobre otro, encima de la mesa.

- ¿Desde cuándo lo sabes? - pregunta Chizuru desviando la mirada hacia un lateral. - Sobre todo esto.

- Hace una, quizás dos semanas - Mami rasga sus ojos perdidos en la pantalla. - Te busqué por internet para ver si tenías alguna red social con la que contactarte, quería darte el pésame por la muerte de tu novio, ¿Y que me encuentro? Que eres la novia falsa número uno, eso es genial.

Mami pronuncia esas palabras como si masticara hierro, lo que causa aún más incomodidad en Chizuru que desviando la mirada junta sus manos en su regazo.

- No erais pareja, ¿Cierto? Nunca lo fuisteis - pregunta Mami aún sin mirarla.

- No, solo éramos buenos vecinos - responde Chizuru.

- ¿Y alguna vez vinisteis a un lugar así? - pregunta con una sonrisa de oreja a oreja. 

- No.

- Es una lástima, era un chico muy risueño, un lugar así le hubiera encantado - Mami clava los dos codos en la mesa mientras se encarama hacia Chizuru. - Pero la vida tiene que seguir, pasemoslo bien por él, ¿Qué tipo de música te gusta?

- Sería mejor si solo vas al grano, ¿No? - Chizuru la mira por primera vez desde que entraron. - ¿Por qué me has traído a este karaoke?

Mami se levanta sin decir palabras, toma el micrófono mientras camina al rededor de la mesa y Chizuru la sigue con la mirada hasta que la sombra de la rubia tapa completamente a la castaña. Su rostro tapado por su pelo y una sonrisa invertida, cambian cuando pone el micrófono encima de la mesa. 

- ¿Vas a cantar o no? - pregunta Mami con los ojos cerrados y sonriendo.

- Si - dice Chizuru tomando el micrófono y poniendose de pie.

Mami regresa a su sitio, pero ahora se sienta en la esquina más alejada mientras selecciona una canción popular.

- Toma mi mano y salgamos corriendo - canta Chizuru mientras las letras de la canción brillan en la pantalla.

***

"¿Qué clase de conversación ha sido esa?", piensa Sumi desde fuera mientras mira su bebida con el ceño fruncido.

"¿Pero esa chica tímida no podría actuar de una forma más sospechosa?", piensa Ruka, girando la esquina y entrando en la cocina a dejar una bandeja. "Lleva dos minutos mirando a su bebida con mala cara".

- ¿Señor gerente? - pregunta Ruka dentro de la cocina. 

El hombre adulto de bigote fino sale a la cocina, estaba dando instrucciones a los dos cocineros que trabajan para él.

- ¿Si, Ruka-chan? - pregunta.

- ¿Hay algún tiempo estimado en el que pueda llamar la atención a un cliente que está ocupando un sitio con su pedido pero no lo está consumiendo?

- Esa es una pregunta muy específica - dice el gerente con la mano en la barbilla. - No lo se, pero tienes el libro de instrucciones y reglamento debajo del mostrador.

- De acuerdo, muchas gracias señor gerente - Ruka hace una reverencia antes de abandonar la cocina.

***

- ¡WoW! Eso fue increíble, eres muy buena para cantar - dice Mami totalmente boquiabierta mientras aplaude. - Se me hace difícil creer que nunca estuviste con Kazuya en un karaoke.

- No, yo con él no hacía estás cosas - Chizuru vuelve a bajar la mirada, la música se ha detenido y de fondo solo suena la melodía del estribillo. - Yo con él iba a sitios como el acuario, o al...

- A, ¿Me lo vas a decir? Eso es ilegal, lo leí en los términos y condiciones, confidencialidad del cliente - Mami solo muestra el perfil, aún con su ojo cerrado y su sonrisa.

Chizuru se traga su ego y sus ganas de responder, solo deja el micrófono sobre las mesa y se sienta en la otra punta.

- Pero lo legal y lo ilegal no es algo que te importe mucho, ¿No? - pregunta Mami ladeando la cabeza en su dirección. - Solo te importa el dinero, quiero decir, le acompañaste a la universidad fuera del horario de trabajo, ¿No es cierto? Y mira como vas vestida, es más, ¿Esto no te incomoda? Tener una falsa cita con la ex de tu "novio", ¿Nunca aceptarías algo así sin dinero de por medio, ¿Verdad?

- No, yo no...

- Es una pena, hay tantas chicas que se sienten solas ahí fuera - dice Mami mirando el techo. - Pero todos nos sentimos solos en algún momento, desesperados, lo suficientemente inseguros como para pensar que alguien nos quiere a pesar de que solo estamos comprando su amor.

Chizuru aprieta los puños, los descarga contra el sillón mientras se pone de pie con el ceño fruncido. La cara de Mami poco a poco toma un rubor más ensombrecido.

- ¿Quién te creés que eres? - pregunta Chizuru, en una simple pregunta almacena todos los sentimientos que tiene. - ¿Me contratas para esto? ¿Para reírte de mí y mi trabajo?

- Jajaja - Mami se ríe de nuevo.

- ¿Qué te resulta tan gracioso?

- Lo bien que lo haces - dice Mami agitando las palmas a la altura de su cabeza para pedir tranquilidad. - Verdaderamente actúas como si esto se tratara de ti.

***

Ruka se ha leído el manual de una rápida ojeada. Se puede hacer un llamado de atención a los clientes que no consuman nada después de tenerlo por más de diez minutos.

"Esa chica sigue en su mundo, le voy a llamar la atención", piensa Ruka.

Mientras tanto Sumi está lamentando no haber practicado más su precisión auditiva, era fácil oír sirenas ruidosas de policías a un kilómetro, pero no era tan sencillo distinguir conversaciones cuando había varias habitaciones al lado donde la gente reía, cantaba y comía.

- Disculpe señorita - las palabras de Ruka sacan a Sumi de su ensimismamiento. - Lleva 10 minutos sin probar lo que ha pedido, tengo que pedirle que lo consuma o que se marche, está ocupando un espacio que alguien más puede usar.

- ¿E-e?, a, sí, lo siento mucho - dice Sumi con una reverencia de disculpa. - Estaba esperando a, a un amigo, pero no viene, ya empiezo.

Sumi empezó a tragar su bebida helada que ahora era temperatura ambiente. Ruka sospecha de esa actitud, así que frunce un poco el ceño mientras se retira.

"Menuda cara, más que esperar a alguien parecía concentrada en escuchar, pero no es posible, aquí todo está prácticamente en silencio y no podría escuchar algo a no ser que", Ruka abre un poco los ojos, aunque no se gira. "A no ser que esa chica tuviera sentidos superiores como los míos".

***

El comentario que ha lanzado Mami descuadra el esquema mental que Chizuru había formado. 

"¿Actúas como si esto se tratara de ti? ¿No se trata de mí?", piensa. "¿Pues de quién se trata si no? Yo no la he hecho nada a ella, solo nos vimos una vez".

- Así es, Chizuru-san, ya se todo lo que ha involucrado tu trabajo - Mami también se pone de pie y se ajusta la chaqueta. - Tu actitud de falsa ignorancia sobre todo el asunto me molesta, un poquito - mueve la mano derecha a la altura de los ojos mientras simboliza esta cantidad apretando el índice contra el pulgar en un círculo.

- ¿De qué estás hablando?

- No juegues conmigo, ni con mi paciencia - Mami alzó un brazo y clavó un dedo en Chizuru que la marcó hasta el esternón.

- Si me vuelves a tocar te denuncio - dice Chizuru sin permitirse retroceder un paso.

- Claro, recurre a la policía, también están contigo en esto, ¿Verdad? - dice Mami con un tono sarcástico, llevando las manos al cielo. - Manipulan pruebas, cambian titulares, matan personas - frunce el ceño dejando que solo la sombra de sus ojos permanezca. - Matas personas, ¿Duermes bien sabiendo que Kazuya está ocho metros bajo tierra por tu culpa?

Ella solo puede mirar a Chizuru, pero en sus ojos casi granates de la acusada sólo se refleja confusión camuflando un resquicio de culpa que se va cuando la mira de frente, su confianza la hace parecer más alta.

- Yo no maté a Kazuya - dice Chizuru estoicamente.

***

"Esa recepcionistas me sigue mirando, ¿Verdad?", piensa Sumi. "No, no tengo que pensar en eso, céntrate en Chizuru".

Ruka estaba sacando cálculos en el ordenador de las facturas de los clientes, pero de una manera casi instintiva miraba a Sumi de refilón cada que se detenía para concentrarse. Eso hacía que Sumi alterase su respiración, y Ruka tomaba nota cada vez que lo hacía.

"¿Pero en qué está pensando?", se comenta Ruka a sí misma. "¿Qué hay en esas habitaciones que le llame tanto la atención?", Ruka se sintió amenazada y aumentó tres latidos sin querer.

***

- A no, no lo mataste - le responde Mami. - Supongo que tú solo tenías que distraerlo, ellos le aplastaron la cabeza.

- Mami-san, ¿De qué estás hablando? - dice Chizuru, el ceño fruncido. - Me estás acusando de matar a tu exnovio y de, de, ¿De manipular a la policía? ¿Esta cita se trata de él?

- ¡Todo se trata de él! - Mami grita en la cara de Chizuru echa una fiera. - ¡Se trata de que me engañaron!, Kazuya sabía mis problemas en el amor, le dije que antes de él tuve dos relaciones que acabaron mal, solo era la chica fácil a la que consentir hasta llevarme a su cama, y no le funcionó, así que pagó a una chica para ponerme celosa y que volviera a sus pies rogándole. ¡Y ahora no le puedo sacar de mi cabeza! ¡Cosa que no sirve de nada porque está muerto!

Chizuru tragó saliva, Mami apretaba los dientes con tanta fuerza que parecía querer romperlos en pedazos para no poner una sonrisa falsa nunca más.

- Lo siento, Mami-san, no se de que estás hablando - dice Chizuru bajando la mirada y agarrándose un brazo por el codo. - Mi relación con Kazuya no tenía ningún interés en hacerte daño, ni a ti ni a nadie, todo ha sido una bola de nieve que no hemos sabido detener a tiempo.

Las palabras de Chizuru eran sinceras, dolorosamente sinceras.

- No te contactó la familia Shinomiya, ¿Verdad? - pregunta Mami.

- No he escuchado ese nombre en mi vida - susurra Chizuru.

Mami se trata de contener, pero no puede, está cargando contra una chica que solo es una presa de las circunstancias, igual que ella. Entonces llora.

- Mami-san, yo - empieza a decir Chizuru.

- No, déjame - Mami va a apartarse.

"No puedo, no puede acabar así, se martirizará toda su vida como yo me estuve martirizando una semana", piensa Chizuru.

Entonces estira el brazo y agarra la muñeca de Mami. - Por favor, déjame hablar contigo sobre esto, la cita aún no ha terminado.

"Cita", esa es una mala palabra en un mal momento. Mami da un manotazo a Chizuru para soltarse, no calcula bien su fuerza y en el impulso golpea el micrófono que estaba en el pico de la mesa, que cae con la parte del altavoz al suelo.

***

¡Piiiii! 

El pitido del micrófono al golpear la zona de contacto hace que desde fuera de la sala, Ruka y Sumi, giren la cabeza al unísono en la misma dirección. La japonesa del lazo azul se da cuenta de que Sumi también se ha girado.

- ¿Sucede algo, señorita? - pregunta Ruka mientras clava su vista en su lenguaje corporal.

- No, nada en absoluto, ya terminé mi bebida, ¿Pero podría ir a buscarme otra? - pregunta Sumi retomando la compostura.

"¿Creés que soy estúpida?", piensa Ruka mientras sonríe. "Ese sonido ha ocurrido en una habitación insonorizada y tú lo has escuchado, quieres que me vaya porque hay algo en esa sala que te interesa y vas a ir a mirar".

Ruka fingió girarse pero en realidad rotó en su propio eje y lanzó una de sus uñas como un proyectil de tirachinas. Sumi estiró su mano y lo atrapó al vuelo sin mirar. No se dio cuenta de lo sucedido hasta que notó el escozor en la palma de la mano.

Abrió lentamente la palma y la puso a una distancia prudencial de sus ojos, luego su mirada fue poco a poco hacia Ruka que la señalaba con el índice y el pulgar estirado, como si hiciera una pistola con los dedos.

- 250 kilómetros hora No es poca cosa - dice Ruka. - Pero ya veo que para ti si.

Sumi tiene miedo, el proyectil que hay en su mano, ahora sana, es una uña perfectamente arrancada. "Hay más como yo", pensó. "Ha esta chica también le ha visitado un ángel".

Ruka se movió más rápido de lo que el instinto de Sumi pudo avisarla, puso sus dos manos en sus hombros y neutralizó con un simple empujón cualquier movimiento de escape que Sumi pudiera intentar.

- Tú mataste a esos hombres aplastándolos con un coche, ¿Verdad? - pregunta Ruka.

Sumi no puede moverse, ni siquiera puede enfadarse, solo está confundida y muy nerviosa.

- No voy a hacerte daño, pero necesito que respondas - Ruka suelta un poco los brazos de Sumi. - Tu vida está en peligro, y no precisamente por mí, ¿Lo hiciste o no?

Sumi asiente - E-ellos eran malas personas.

- No lo dudo - dice Ruka. - Si eres enemiga de alguien como Mika es que eres de los buenos, o eres aún peor, y tú no me pareces una criminal de guerra buscada en 78 países.

- Los dos grupos secuestraban personas - continúa Sumi, ahora los nervios le hacen justificarse. - Tres intentaron secuestrarme a mí, cuatro a esa otra chica.

- Espera, espera - Ruka le suelta los hombros y le pide calma. - ¿Hubo otro secuestro antes del de el almacén?

- Era el mismo grupo - dice Sumi mirando al suelo, avergonzada. - Intentó secuestrarme porque creían que era linda y débil, solo enviaron a tres.

- ¿Esos tres eran como tú o como yo?

- No, eran hombres normales y malvados.

Ruka ve que tres clientes salen de la sala de karaoke, le dice; "espera aquí", a Sumi mientras los atiende y despide.

Sumi aprovecha ese pequeño momento para reflexionar, hay más personas como ella, personas que no la conocen y tienen el poder para hacerla daño. Eso le ruboriza hasta el último pelo de la cabeza.

***

Mami se lleva las manos a los oídos, el sonido del micrófono ha sido muy estridente.

- Ten cuidado - le dice Chizuru destapándose un oído. - Si lo rompes vamos a tener que pagarlo.

Mami no puede más, su mano sale lanzada atrapando a Chizuru por el cuello de la camisa. - ¡Ahora si te importa el dinero! - le grita.

- Claro que me importa el dinero, como a cualquier persona - responde Chizuru, sin sentirse siquiera algo amedrentada. - Pero si piensas que mataría a Kazuya solo por un pago extra, estás muy equivocada.

- Pero, pero - la mano de Mami hace más fuerza. - ¿Cómo sé que no estás actuando? Qué tu plan no era seducirlo para luego a mí...

- No tienes derecho a reclamarme nada - dice Chizuru contundentemente. - Ni siquiera te conozco, ¿Acaso conociste tú a Kazuya, o solo tienes de él la primera impresión?

- ¿Perdón? ¿Ahora quieres decir que yo tengo la culpa?

- No - Chizuru es firme y tranquila. - Estoy segura de que no tienes la culpa de nada, simplemente estás en medio de un caso que te supera, una inmensa bola de nieve que te afecta a nivel físico y emocional - Mami-san pierde fuerza en su agarre - entiendo que te sientas así, es como me siento yo, pero no puedes anotar a una culpable, dar un carpetazo y hacer que esto termine. La vida no es así de fácil.

Mami retira su mano, su cara está roja por los nervios, la vergüenza y la conmoción. - ¿Él era bueno contigo?

Las palabras de Nacho repercuten en la memoria de Chizuru antes de responder; "hay quien lo consideraba un virgen repugnante, bastante obsesionado con el sexo". - A veces se portaba bien, a veces daba grima - dice Chizuru buscando la mirada de Mami. - Supongo que era como cualquier adolescente de su edad, pero hizo mucho por mí, más de lo que le pedía, ahora que no está, solo me queda agradecer su ayuda y ser fuerte. Lo siento, Mami-san, lamento que las circunstancias te hayan atrapado en medio, nunca fue nuestra intención, pero obsesionarte con Kazuya no va a cambiar las cosas, tienes que saber dejar ir, aprender de los errores y seguir adelante. Este donde este Kazuya, estoy segura de que eso es lo que hubiera querido.

Otra lágrima resbala por el rostro de Mami, tal vez es de vergüenza, o de rabia, pero parece de aceptación. - Lo siento - dice llorando. - Lo siento de verdad.

Chizuru avanza y la abraza, le ofrece su hombro para llorar, es su soporte como la abuela de Kazuya lo fue para ella.

***

Ruka se acerca de nuevo a Sumi, que la espera con mil excusas y justificaciones en la cabeza.

- Voy a ser muy directa contigo - le dice Ruka. - No sé quién eres, no sé de dónde has salido o porque tienes el poder que tienes, y no me interesa, ya tengo que lidiar con demasiada información como para preocuparme por ti. Pero ahí fuera, hay gente que te quiere muerta, has dado mucho de qué hablar. Por suerte para ti no pueden encontrarte.

"No pueden", a Sumi se le llenan los ojos de esperanza al escuchar eso. "Seguramente el ángel me está protegiendo de ellos, a lo mejor ha ido a distraerlos, por eso ya no se me aparece".

- Y así seguirán las cosas mientras no llames la atención - prosigue Ruka. - Solo dime qué te ha traído hasta aquí, porque es la última vez que vas a pisar este lugar.

- Mi amiga está en esa habitación - dice Sumi mirando a la sala 5. - Creo que la están acusando de una muerte o algo así, está nerviosa y no quiero que le pase nada.

Ruka agudizó el oído y entrecerró los ojos mirando a Sumi. - ¿Está llorando?

- No, ese no es su tipo de respiración, está llorando la chica con la que está - Sumi vuelve a dirigir su mirada a Ruka. - Parece que es algo duro, era un amigo suyo y murió en un accidente de coche.

- En un accidente... - Ruka recuerda las fotos que Chizuru miraba.

- Se que no quieres que esté aquí, pero por favor, déjame verla antes de que me marche.

- Iré contigo - dice Ruka. - Esta clase de escándalo no va contra las reglas, pero casi.

***

Mami llora en la esquina del sofá mientras Chizuru le da unos pañuelos que tenía en su bolso.

- Lo siento, lo siento mucho - dice mientras se limpia.

- No hace falta que te disculpes tanto, es solo un error y solo los tontos se repiten - le responde Chizuru.

- Debo ser una gran tonta ahora mismo.

La puerta de la habitación se abre, Chizuru se sorprende por ver a la recepcionista de lazo azul, pero más se sorprende de ver a Sumi detrás de ella, como si se escondiera.

- Sé que es muy insensible de mi parte decir esto, pero su llanto está molestando a los clientes, ¿Se encuentran bien? - pregunta Ruka.

Mami se aparta las lágrimas de los ojos antes de mirar a Ruka. - Si, simplemente elegí un mal lugar y un mal momento para desahogarme.

- Siempre es un buen momento para reconocer que tienes un problema, así se pueden buscar soluciones - le dice Chizuru antes de girar la cabeza. - Lamentamos las molestias.

- No hay problema, no eran tan molestas - dice Ruka restando importancia con un ademán. - Es solo que su amiga aquí presente me dijo que si podía pasar a mirar.

- Ya veo, ¿Qué estás haciendo aquí Sumi-chan?

- Yo, e, vine a probar el té con hielo de este lugar, nunca lo había probado - dice Sumi tartamudeando un poco.

- ¿Es amiga tuya? - pregunta Mami.

- Si - responde Chizuru. - Sumi-chan, ella es Mami-san, una compañera de la universidad.

- Un gusto conocerte - dice Mami con una sonrisa honesta. - Aún nos queda una hora y media de reserva, ¿Te quieres unir a nosotras en el karaoke?

- Si, es un plan divertido - responde Sumi sonriendo también.

Ruka entonces tiene una corazonada, no sabe cómo explicarlo, pero el hecho de que estén las cuatro reunidas le hace sentir una especie de melancolía, igual que sentía por su pasado, como si fuera un ending triste para un anime de comedia. Hay una fuerza que parece regir esta historia y solo su corazón lo sabe.

- ¿Yo podría unirme también? - pregunta Ruka, lo que provoca que todas la miren. - Hace un rato me estaba leyendo las reglas y dicen que tengo que revisar que todo este bien en las salas de karaoke, puedo decirle al gerente que necesitáis mi ayuda por aquí.

- Bueno - dice Mami encogiéndose de hombros. - Supongo que un descanso no le viene mal a nadie.

Así que Ruka habló con su jefe, y él la dejó estar media hora. Entonces las cuatro rieron, comieron y cantaron hasta que se tuvieron que despedir, fue una experiencia agradable.

***

Ahora, tumbada boca arriba en su cama y mirando al techo como una tonta, Mami piensa que no tiene tan mala vida. Toma su teléfono y pone el contacto de Nacho el primero, su investigación no ha terminado, pero le llamará lo antes posible para comentarle sus avances y para decirle que tenía razón, Chizuru no hizo nada malo.

Capítulo 33: Se te va el tren, Mami-san.

Miércoles por la mañana.

Nacho se ha arreglado hoy más que nunca, lleva su uniforme policial, su gorra de policía e incluso se ha cambiado el peinado. Camina por la comisaría con el ceño fruncido, como si todos le debieran dinero.

Llega al despacho de Ninoroki, hay unos hombres cambiando la puerta, la están reparando después de que Nacho rompiera la cerradura.

- Buenos días - dice Nacho en un tono autoritario mientras pasa.

Los hombres le saludan de vuelta, pero Nacho no tiene intención de quedarse a hablar. Pasa entre ellos, directo al escritorio, lo abre y deja en su sitio el archivo con el informe. Luego se va, despidiéndose de los trabajadores. Nadie sospecha, ni le conocen, y si lo describen, no se ajustarán al hombre de gabardina y sombrero de ala ancha que acostumbra a ser.

Nacho regresa a su coche luego de salir de comisaría, su viejo Mustang GT, viejo era solo una forma de hablar.  Su gabardina y su sombrero le esperan en el asiento del copiloto.

- Te estoy fallando, ¿Verdad? Cuando me comprometí a trabajar como policía juré que me esforzaría en resolver los problemas, y ahora solo estoy esperando a que vengan para hacer, ¿Algo? Joder, me estoy luciendo - le dice a su sombrero. - Solo espero que hoy pase algo patrullando, o entrenando, porque sino no voy a ninguna parte.

***

8 de la tarde, el turno de Nacho a terminado y está en su despacho, sentado en la silla tras su escritorio, recogiendo.

Toc, toc, toc, llaman a la puerta.

- Adelante - dice Nacho sin mucho ánimo, ya se imagina quién es.

La figura de metro setenta y cinco y pelo oscuro que es su amigo policía no parece muy feliz cuando entra.

- ¿Podemos hablar de cómo has roto la puerta de mi despacho? - pregunta Ninoroki.

- Lo siento - dice Nacho encogiéndose de hombros. - Era tarde, estaba cansado y me equivoqué de puerta, ya te han puesto una nueva, los japoneses sois muy rápidos para eso.

- No quiero estereotipos por tu parte - dice Ninoroki con los ojos en blanco. - Eso que has hecho ha sido muy irresponsable, voy a tener que encargarme del papeleo y de las reparaciones solo porque no has sabido diferenciar una puerta que ves todos los días.

- Venga, colega, un fallo así lo tiene cualquiera, ni siquiera es el más grande que está a mi nombre.

- Vas a bajar esos humos ahora mismo - Ninoroki es severo. - La destrucción de un material inmueble va en contra de la ley, además, tú has usado tus piernas, y eso que estás federado como artista marcial, se puede considerar un crimen con arma blanca, no vuelvas a hacerlo.

- Está bien, lo lamento - dice Nacho poniendose de pie. - ¿Quieres que me tire al suelo y me ponga a tus pies como si pidiera limosna para que me perdones.

- Prefiero conformarme con que dejes de usar tus piernas para todo menos para hacer buenos derribos de judo - dice Ninoroki tratando de no poner una sonrisa burlona.

- En el último sparrin te derribé dos veces - dice Nacho alzando una ceja. - No me digas que esas eran por la caridad.

- Abusar del poder está mal siendo policía - dice Ninoroki antes de despedirse.

"No te has mordido la lengua, cabrón", piensa Nacho mientras lo ve retirarse.

***

Sábado por la mañana.

Nacho va camino al trabajo, aparca su coche con cuidado en el estacionamiento y piensa, "hoy es el día".

Puede notar las dos monedas romanas en el bolsillo derecho de su gabardina, las ha traído consigo sin ninguna razón en particular, prácticamente hoy solo viene a demostrar lo que ya sabe para que le tomen por tonto.

"Tal vez estas monedas sean una especie de marca de identidad entre los Shinomiya o tal vez solo estoy desesperado, pensando que algo de esto tendrá sentido", piensa mientras se dirige a su despacho.

Pasa una hora haciendo nada, tiene una moneda en la mano, la mira y sopesa elevándola ha contra luz con el pulgar y el índice.

"Cómo me gustaría que el cielo me diera mágicamente el significado de esto", dice mientras la guarda. "O el infierno, no me importa, solo quiero la verdad".

Nacho deja caer su cabeza, pone su frente en el escritorio, esta presión le está consumiendo. 

"Algo así debería ser llevado ante la policía, pero yo soy la policía y no sé que hacer, o cuántas personas hay detrás de esto. Estoy jodido".

Toc, toc, toc.

Nacho tiene que regresar del paraíso de sus cábalas mentales. - Adelante - dice imaginándose ya quien es y a que viene.

- Buenos días - dice Ninoroki nada más entrar.

- Buenas, colega - dice Nacho levantando la cabeza y cambiando su cara de alicaído.

- ¿Estás bien? - pregunta Ninoroki.

El aspecto de Nacho no era el mejor, tenía el pelo alborotado y muy marcado en las zonas donde el sombrero había dejado su surco, estaba a dos malas noches de desarrollar ojeras permanentes y seguramente había engordado, porque no había estado yendo al gimnasio. Hoy ni siquiera se había duchado.

- No se, este caso es un callejón sin salida, cuanto más me esfuerzo menos encuentro, ¿Sabes? - Nacho suspira. - No importa, ¿Querías algo?

- Si - dice Ninoroki con una sonrisa comprensiva. - Te traigo buenas noticias, hemos atrapado al responsable, mejor dicho, la responsable, de la muerte de Kinoshita Kazuya.

- ¿Qué? - Nacho se impulsa con una fuerte palmada en la mesa. - ¿Quién era? ¿Donde está?

- Parece que se llama Shirosaki Rebeca, una oficinista cualquiera, no trabajaba cerca de esta zona - dice Ninoroki.

- ¿Pero cómo la habéis identificado? ¿Cómo sabéis que lo hizo ella? - dice Nacho. "Si tengo que abrir más la boca para fingir sorpresa se me va a desencajar la mandíbula", piensa al mismo tiempo.

- Prácticamente fue pura casualidad, ¿Sabes quién es Yuiga Ko? 

- ¿El chico medio calvo de tres despachos a mi izquierda?

- No, ese es Tanaka Takuma - dice Ninoroki bajando los ojos algo decepcionado. - Yuiga-san es el oficial que ascendió hace tres meses.

- No me acuerdo - dice Nacho rascándose la barba de nueve días. - Da igual, no importa, ¿Qué hizo?

- Encontró un coche todoterreno sin la rueda de repuesto en frente de una casa, cuando estaba poniendo la denuncia pertinente la dueña salió de la casa a reclamarle se puso muy violenta porque pensaba que la estaban revisando y atacó a Yuiga-san, este la sometió y llamó a refuerzos con una orden de registro - Ninoroki prepara una sonrisa de tinte sarcástico. - Menos mal que Yuiga-san tenía conocimiento de judo, si la hubiera noqueado de un rodillazo...

- No te entretengas, ¿Qué descubristeis? - dice Nacho haciendo un rápido gesto con la mano que incitaba a una explicación rápida. "Así que para una puta orden de registro de una casa de una sospechosa tengo que esperarme hasta la tarde, pero para una loca que se enfada por su coche la tenéis en tiempo record. Tu jodida mentira se cae a pedazos", piensa Nacho aguantándose las ganas de apretar los puños.

- Vale, ya veo que hoy no estás de humor - dice Ninoroki frunciendo un poco el ceño. - Orden en mano revisamos la casa, en el sótano encontramos un neumático de repuesto lleno de sangre, era la sangre de Kazuya.

Nacho mira a Ninoroki y este le mira de vuelta. El hispano pestañea y nipón hace lo mismo.

- ¿Y ya? - pregunta Nacho tan atónito que se sale de la actuación. - ¿Cómo sabíais que era la sangre de Kazuya?

- La contrastamos con la muestra que tomamos de su cuerpo y el neumático tenía una forma idéntica a la de la marca que había junto a su cadáver - Dice Ninoroki con un aire solvente, como si estuviera a punto de frotarse las manos para quitarse el polvo y dar el trabajo por concluido. - Así que la hemos arrestado, le haré el interrogatorio ahora.

"No me jodas así, Ninoroki, no me tomes por tonto de esta manera", piensa Nacho. "Esto no es una puta película de Hollywood, no puedes tomar sangre de un neumático y compararla en menos de una hora, evidentemente estaría contaminada por su contacto con el suelo, además estaría seca por el paso del tiempo".

- ¿Lo hacemos rollo poli bueno poli malo? - pregunta Nacho alzando una ceja.

- Me temo que no, compañero - dice Ninoroki cruzándose de brazos. - No es un interrogatorio cualquiera, buscamos una confesión, iré yo solo y seré profesional, porqué parece no querer hablar sin su abogado presente.

"Te estás luciendo con el perfil psicológico, colega", piensa Nacho mientras pone un sonrisa de aceptación. "Entonces me estás diciendo que una mujer que tiene la sangre fría para matar a un chico por accidente, frenar a tiempo y darse a la fuga, ha sido tan jodidamente estúpida que ha atacado a un policía y ha guardado una rueda de repuesto que la incriminaba, pero que aún así, tiene la paciencia para no hablar sin un abogado presente".

- ¿Entonces por qué no voy yo? - pregunta Nacho. - ¿O qué? ¿El señor sarcástico traumatizador de jóvenes criminales es más serio que el policía principal del caso?

- El policía principal se olvida la agenda de notas antes del interrogatorio - dice Ninoroki desligando su cruce de brazos mientras niega.

- Si, pero tú...

- Ignacio, no voy a empezar una riña sin sentido - Ninoroki impone su palma pidiendo calma. - Yo soy el que lleva el papeleo del caso y yo haré el interrogatorio.

- También eres quien le da las noticias a la prensa, a mí no me toca nada - dice Nacho refunfuñando.

- No discutiré contigo - dice Ninoroki con un tono que indica el final de la charla.

- Espera, ¿Puedo ir a ver a la sospechosa al menos? Quiero ver a la mujer que me ha quitado el sueño esta semana.

Ninoroki lo sopesa mentalmente, pero accede con la condición de que Nacho solo mire desde la puerta.

***

Nacho no daba crédito a lo que sus ojos veían a través del cristal, para cualquier otra persona, eso sería una mujer normal, para Nacho, era solo una bolsa de carne sin alma, un impulso que parecía solo estar presente en él le hacía ver a esa mujer e identificar automáticamente que no era real. La rabia era mucha y aún con la mano en los bolsillos, apretaba con fuerza las monedas dentro de uno de ellos, como si quisiera hacer que su palma sangrara para centrarse en el dolor y no en el hecho de que le estaban tomando por un jodido tonto.

- ¿Ocurre algo? - pregunta Ninoroki mientras mira su cara de incredulidad.

- No, no, es absurdo - dice Nacho aflojando su agarre. - Es solo que se ve tan tranquila y ha hecho algo tan horrible. Nunca pensé que una mujer pudiera ser tan malvada, se que a ti no te sorprende mucho porque estás casado.

- ¿Acabas de comparar mi matrimonio con mi mujer con una asesina sin emociones? - pregunta Ninoroki en una tonalidad que no distingue sarcasmo de amenaza.

- No, bueno, no iba a malas, era un comentario de humor - dice Nacho algo incómodo rascándose detrás de la cabeza. - No se, no importa, ¿Tengo que firmar papeles o algo? Yo también he sido parte de la investigación.

- No, realmente creo que yo solo podré ocuparme de todo el papeleo.

- Si, lo entiendo, pero yo he tenido el caso por dos semanas, tal vez debería poder ver los informes aunque sea - Nacho hace una mueca que trata de ser una sonrisa no muy convincente. - No quiero que mi trabajo quede solo en una nota a pie de página, se datos de la vida del chico...

- Ignacio - le interrumpe Ninoroki de la forma más amable que puede. - No me gustaría ser yo quien te lo diga, pero sabes que yo soy quien trabaja en el papeleo y he tenido razón al final de cuentas, si fue un accidente, la opción más lógica, por lo que me encargaré yo solo.

"Gracias por decirme "jodido inútil" de la manera más sutil que has podido", piensa Nacho.

- Ya veo, sabes, ahora que lo pienso tengo que hacer papeleo en el banco así que creo que me iré - dice Nacho señalando detrás de él con el pulgar.

- De acuerdo, buena suerte - se despide Ninoroki con una sonrisa formal.

***

Nacho está tan enfadado que simplemente sale fuera de la estación de policía por la puerta de atrás, aprieta tanto el puño en su gabardina que termina haciéndose sangre con la moneda.

- A, coño - se queja, abandonando la puerta para ponerse tras una esquina de los dos callejones que hay tras comisaría. - Me cago en todo, mira dónde me ha traído la amargura y esta puta moneda, joder.

Nacho sucumbe ante el estrés de la semana, se derrumba totalmente espatarrado, como si se hubiera caído de espaldas estando borracho. "Es la primera vez que me alegro de que los japos sean tan limpios", piensa mientras se envuelve en su gabardina. "Ni cristales, ni mucha basura, solo suelo para mi cuerpo agotado y dolorido".

La puerta de atrás de la comisaría se abre, Nacho escucha varios pasos, pero solo deben ser dos personas.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué te detienes? - dice una voz femenina.

- Estoy oliendo algo - dice una voz de hombre. - Hay alguien detrás de esa esquina.

Nacho abre los ojos como platos, es imposible que le haya visto, estaba muy adentro del callejón, ¿Y cómo demonios iba a olerlo desde tan lejos?

- Será un vagabundo, no importa - retoma la voz femenina. - Date prisa con el cuerpo, puede despertar en cualquier momento y el coche de los Shinomiya está lejos.

Nacho escuchó eso perfectamente y se acurrucó un poco más en su gabardina, lo más rígido posible para no hacer ruido.

- Su respiración ha aumentado - dice el hombre. - Nos está escuchando y se está poniendo nervioso, debería matarlo.

- Sois 70 y todos decís las mismas palabras - dice la mujer frotándose la sien.

- La jefa dijo que nada de testigos potenciales.

- ¿De verdad creés que es un testigo potencial y no un simple malviviente que hemos despertado? Dime todo lo que identificas de él.

- Varón, metro ochenta y dos, 83 kilos, se revuelca en algo que huele como algodón de la marca Trinchera, seguramente una gabardina. Él huele mal, lleva un día sin ducharse y una parte de su cuerpo sangra - el hombre hace una pausa. - Ahora está respirando más rápido, está nervioso.

- Eso que acabas de describir es un vagabundo con una apuñalada - dice la voz femenina. - Vámonos, ya tenemos un cuerpo y no me llevaré otro.

- Lo mataré y lo meteré en una caja - el hombre gira en dirección a Nacho doblando las rodillas, tiene intención de saltar y atravesar dos paredes, dejando en nada el cuerpo del oficial.

- Si tienes la brillante idea de hacer eso, te sacaré la piel con una aguja - dice la mujer en un tono tan calmado que aterra. - Avanza hasta el coche de los Shinomiya sin tener la osadía de retroceder o mirar atrás.

No hizo falta repetirlo, el hombre obedeció y siguió a la mujer que iba en cabeza. Cuando Nacho escuchó los pasos emprender rumbo hacia la otra esquina del callejón sacó su teléfono, frotó los dedos por la pantalla y le dio a grabar, luego se levantó todo lo malamente que pudo y se dejó caer imitando lo mejor que podía un cuerpo que caía sin fuerzas tras ser apuñalado. Solo se levantó cuando dejó de escuchar pasos.

"No se que cojones acaba de pasar, pero espero tener pruebas de algo", piensa al mismo tiempo que se limpia el polvo, "veamos".

El video dura poco más de 10 segundos, mientras se cae y antes de tapar la cámara con un brazo se ven unas figuras en los fotogramas. 

- No me jodas - dice Nacho.

Un hombre de espaldas vestido totalmente de etiqueta, cargaba en brazos una mujer, esta era tapada casi en su totalidad y solo se veía de ella lo que sobresalía de los costados, dos piernas y una cabeza, totalmente echada hacia atrás, básicamente colgando. Nacho tragó saliva al ver que la mujer tenía la boca cosida de forma extraña, parecía que habían usado su propio labio como un hilo para sellarla.

- No me jodas - volvió a decir Nacho tras rebobinar el vídeo.

Mirando la figura femenina que acompañaba al hombre estaba una mujer de pelo corto y rosado, un cuerpo que debía tener entre 17 y 22 años, vestida totalmente de negro con un traje que le tapaba los brazos hasta las muñecas y los pies hasta los tobillos.

Nacho empezó a sudar frío, desde el segundo 7 al segundo 9, la mujer se giraba muy levemente para llevarse el índice a los labios y pedirle silencio mientras guiñaba un ojo. - ¿Qué coño es todo esto? - Murmura.

***

Al final Nacho termina yéndose a su casa, abre la puerta tan de golpe que hace gritar a Mei. La pobre mujer de la limpieza solo estaba fregando el pasillo de la entrada.

- Joder, lo siento mucho, Ayako-san - dice Nacho haciendo una reverencia.

- No, no se preocupe Sabina-san, en ocasiones exagero - dice Mei con una mano en el corazón, midiéndose el pulso. - ¿Qué le trae por su casa tan temprano? Apenas son las 8:30.

"La muerte", pensó su cabeza. - Había poco trabajo y han resuelto el caso en el que trabajaba - dice su boca. - Así que me voy a subir a mi habitación a trabajar, solo, no me molestes, por favor.

- Ni siquiera notará que estoy aquí - dice Ayako-san haciendo una reverencia.

Nacho agradece y sube a su cuarto.

***

Lo primero que hace es sacarse la gabardina, la hace un gurruño y la tira encima de la cama, como si tirase un papel arrugado a la papelera. El sombrero lo tira como si praticara lanzamiento de disco contra una de las esquinas de su cuarto.

- ¿Qué cojones hago ahora? - dice apretando los dientes.

Decide dejarse caer en la cama. "Ya, dejarme caer, esa es tu respuesta para todo, ¿No?", se martiriza. "No puedo hacer frente a la situación, mejor me tumbo hasta que se me olvide".

Sus pensamientos autodestructivos se ven interrumpidos con una llamada a su teléfono. Mira la pantalla y las letras le dan un nombre que ya le llama por tercera vez, es Mami Nanami. Nacho tiene que aclararse la garganta antes de responder.

- Agente Sabina, policía nacional, ¿En qué puedo ayudarle? 

- Buenos días, soy Nanami Mami - dicen del otro lado.

- Si, si, lo sé, te tengo guardada en los contactos - Nacho se pasa un dedo por los límites del ojo para quitarse las legañas, necesita estar sereno. - Perdón si te confunde mi saludo, es solo mi respuesta genérica, ¿Qué sucede?

- A, si, verá ayer me encontré con Chizuru-san en un karaoke, ya sabe la "novia" de Kazuya - Mami pronuncia la palabra novia a regañadientes para destacar que era todo mentira. - Estuvimos hablando, y aunque me siento tonta por haber dudado de usted, ciertamente creo que tiene razón, Chizuru solo parece una víctima de las circunstancias, igual que yo, pero aún así creo que el caso puede continuar porque...

- No importa, el caso ya se ha cerrado, han detenido hoy a la culpable - dice Nacho con una voz que le sale inherentemente robótica y desganada.

- ¿Cómo dices? - le pregunta Mami con una voz tan fría que hasta Nacho siente un soplo de escarcha a través del teléfono.

- Si, era una mujer de mediana edad, encontraron una prueba incriminatoria en su casa, era la rueda que atropelló a Kazuya - Nacho suspira. - Eso es todo, se acabó, solo fue un accidente de tránsito, un frenazo a tiempo y una mujer irresponsable.

- Dímelo bien - las palabras de Mami suenan como una amenaza.

- ¿Perdona?

- Me vas a decir ahora mismo, alto y claro, que lo que le ocurrió a Kazuya fue un simple accidente y que no hay nada extraño detrás.

- No estás en tu derecho de exigirme nada, yo soy el policía aquí.

- ¿Y por qué no te comportas como tal? - de alguna manera, Nacho escuchó como Mami fruncía el ceño. - Dime la verdad y te creeré, pero dila bien, no como si estuvieras cansado de ocultar algo.

Nacho pierde la vista en las paredes de su cuarto, su habitación cada vez se va haciendo más pequeña. "¿Qué está pasando?" Se pregunta, "Acaba de decirme que ayer descubrió que Chizuru no tenía nada que ver con esto, le he dado la respuesta que buscaba, ¿Por qué insiste? ¿Por qué se comporta...? ¿Por qué se comporta como yo?".

- ¿Y bien? - sigue insistiendo la chica.

"Un policía puede mentir, es legal", piensa Nacho para si mismo. "Pero ella no se va a creer esa mentira, va a luchar por buscar la verdad, aunque sea sola".

- ¿Es eso lo que pasó? ¿Una mujer atropelló a Kazuya y ya?

- No, esa historia no tiene sentido - responde Nacho con una voz firme. - La mujer a la que acusaban ni siquiera me pareció humana.

- ¿Qué?

- No lo sé, hay muchas cosas que desconozco en este caso - dice Nacho masajeandose la sien. - Una cosa es segura, esto me supera, y te supera a ti también, no te daré detalles pero me conocen, no sé cómo pero me conocen.

- Claro que te conocen - Mami reprime el "idiota" que su cabeza piensa. - Trabajas para la policía y ellos controlan la policía.

- Ya lo sé, ¿Sabes? Pero creí que no me darían importancia, que sería solo un número más, pero no es así - Nacho se aprieta más fuerte la frente. - Joder, ni siquiera te puedo asegurar que no estén pinchando esta llamada.

Se hace el silencio, la respiración de Mami se agita un poco, Nacho en cambio se calma un poco más y se acaricia la barba de nueve días.

- No quería asustarte, si fuera una opción que viera viable ni siquiera te hablaría - dice Nacho en un suspiro. - Mi móvil, mi coche y mi ropa son las únicas cosas que tengo a mi nombre y me aseguro de que nadie las toque.

- Pero este es el número que das en tu tarjeta - murmura Mami preocupada.

- Si, tarjeta que yo mismo fabriqué, se supone que sólo puedes dar el número de la comisaría, pero a mí me concedieron el permiso de dar mi número personal el mismo día que saqué licencia para llevar gabardina y sombrero - Nacho recuerda nostálgico. - Una bonita época antes de todo este caso.

- ¿Entonces yo que debería hacer? - pregunta Mami ahora que es más consciente del peso de sus actos.

- Tienes que mantenerte al margen, no irán a por ti, no han ido por Chizuru en todos estos días y está mucho más involucrada, pero de verdad te lo digo, ahora solo podemos aspirar a que se olviden de todo, que cometan un pequeño error y entonces, romper sus defensas con un golpe que lleve todo lo que tenemos.

- ¿Puedo poner tu número como mi primer contacto? Para llamar en caso de que cualquier cosa ocurra.

- Si, está bien, será lo más seguro - Nacho asiente como si le vieran.

- ¿Y me puedes pasar tu correo electrónico? Así te enviaré el archivo con mi investigación antes de alejarme de ella, es lo poco que puedo hacer.

- No te puedo asegurar que mi correo sea seguro.

- Nada en estos momentos lo es, ¿No?

- Tan bien es cierto, toma nota - dice Nacho antes de decir su correo luego de mirarlo en el teléfono, no se lo sabía de memoria.

- ¿Y qué harás ahora? - pregunta Mami sin perder su tono de preocupación.

- ¿Yo? No lo sé, tal vez lo medite con la mente más fría, tal vez piense en otra forma de encararlos - Nacho mira sus bolsillos, sin necesidad de tocarlos sabe que ahí están las monedas y su placa. - Sea como sea, no te preocupes chica, solo hago mi trabajo.

***

Después de colgar, Nacho estira su ropa en una silla y deja el sombrero sobre una de las repisas clavadas a la pared, el lugar donde estaban antes las monedas.

Toc toc toc.

- ¿Sabina-san puedo pasar? - preguntó Mei desde el otro lado de la puerta.

- Si, adelante.

Mei abre la puerta, trae un cepillo y una fregona, uno en cada mano, a sus pies los respectivos objetos complementarios.

- Tenía intención de fregar su cuarto, si no es mucha molestia - dice ella.

- Si, si, adelante, yo he terminado aquí - Nacho hace un ademán, resta importancia con un movimiento de mano, como si limpiara el polvo de una estantería invisible.

Mei abre los ojos y se ruboriza casi con un temblor de piernas cuando ve la palma libre de Nacho, el círculo sanguinolento ya cicatrizado que se ha hecho con la moneda al apretarla.

- ¿Qué le ha ocurrido en la palma de la mano? - dice Mei dejando la escoba y la fregona apoyadas en el marco de la puerta.

- ¿Oh, esto? - pregunta Nacho mirándose la palma con todos los dedos desplegados. - Es de una botella, abrí con mucha fuerza la chapa y se marcó, no importa.

- Si, si que importa, mire hasta tiene restos de tierra y óxido - responde ella, examinando la mano de cerca. - Esto podría infectarse, sientese ahí, iré por el botiquín.

- Ayako-san, de verdad que no es necesario.

- No me haga insistir, por favor - dice en un tono tan dulce que logra hacer que el agente se avergüence de reprocharla.

***

Nacho se sentía como un niño pequeño, meciendo sus pies en el borde de la cama mientras su madre le curaba una herida que se había hecho en la rodilla jugando fútbol. O así se lo imaginaba, eso nunca le había pasado, lo más cercano a esa situación fue cuando un guarda espaldas de su madre le hechó alcohol en una herida que se había hecho con la bici y luego le dijo, "no llores, aguanta como un hombre".

"Malditos traumas de la infancia", pensó Nacho. "Por eso yo no patrullo con bici, no hay cosa mejor que caminar o el coche".

- Si le duele lo puede decir - dice Mei mientras aplica yodo en la herida de Nacho con una esponja.

- No, estoy bien, no te preocupes - dice Nacho negando con la cabeza.

Mei sigue un rato en su tarea y al terminar, sopla, eso altera un poquito a Nacho, pero lo resiste.

- Se que no es de mi incumbencia - empieza a decir Mei. - Pero, ¿Qué le sucede Sabina-san, por qué se ve tan decaído?

- Son cosas del trabajo - responde. - De la vida en general, no quiero aburrirla.

- También me pagan por escucharle - dice Mei limpiando la herida. - Dígame, si quiere.

Nacho respira, este momento es seguramente lo más cercano que ha tenido a paz y tranquilidad en mucho tiempo.

- Ayako-san, me siento vacío - confiesa. - Soy lo que siempre quise ser de niño, pero todo se siente como una fantasía escapista.

- ¿Y de qué está escapando?

- De la realidad, de las responsabilidades. Tengo 36 años, a esta edad me imaginaba con una familia formada, un perro y una vida feliz derrotando a los malos. Pero solo soy un niño rico en una casa que no se ha ganado, con un trabajo que no valora y una estabilidad mental que flaquea minuto a minuto.

- Al menos usted tiene opciones - Mei se levanta y se sienta a su lado. - Yo no tengo a nadie conmigo, mi marido murió, mis padres también y mi hermana vive en otro país, por lo que solo nos podemos contactar por teléfono - Mei se encoge de hombros. - Yo tengo 52 años, me falta poco para ser una anciana menopáusica a la que nadie quiere y mi única fuente de ingresos es este empleo.

- Ayako-san, yo... - Nacho no sabe cómo seguir.

- No digo esto para tratar de darle pena, o para resolver tus asuntos policiales - dice ella mientras pone una cálida sonrisa. - No se lo puedo negar, para mí sería una fantasía que se casara conmigo, me resolvería la vida, ¿Pero luego que? Estaría la boda, los papeles, la casa y mil tareas más, la única diferencia con mi situación actual es que tendría que hacerle las tres comidas del día.

Ese parece un comentario gracioso, los dos se ríen.

- ¿Estás intentando usar un momento de vulnerabilidad emocional para que me case contigo? - pregunta Nacho sonriendo.

- No, es solo un ejemplo cercano para que entienda la situación - remarca Mei sin perder la sonrisa. - Aspirar a una fantasía no resuelve todos los problemas, pero recluirse y lamentarse, no resuelve nada de nada, ¿Entiende?

- Creo que sí - dice Nacho encogiéndose de hombros. - Muchas gracias, Ayako-san, por todo.

***

Mami cuelga y se abraza con fuerza a uno de sus cojines mientras traga saliva, es demasiado temprano pero ya tiene demasiado miedo.

"Y ahora qué hago", piensa.

La situación se había puesto muy difícil y desayunar en su casa con su padre y su hermano no estaban solucionando las cosas.

Había apartado su bol de cereales y miraba el número en sus contactos, el primero era Ignacio Sabina, solo con apretar el botón de encender y un toque fuerte en la pantalla podría llamarle para cualquier problema.

- ¿Vas a dejar el móvil un rato mientras estás desayunando? - le pregunta su padre.

- Déjala papá - habla su hermano preparando una sonrisa de burla. - Estará organizando una lista de cosas que hacer con su novio.

- ¡Eres un idiota insolente! - le grita ella.

- ¡Mami! - Su padre es la voz con más poderío. - ¿Lo que dice tu hermano es cierto?

- Por supuesto que no, es un idiota que quiere molestarme - Mami le echa una mirada asesina a su hermano y este se ríe sacando la lengua.

- ¡Oye! - su padre alza todavía más la voz. - No te he educado para que insultes, pídele perdón a tu hermano ahora mismo.

"No me has educado en absoluto, tu trabajo siempre fue más importante que yo", piensa Mami mientras se disculpa con su hermano.

***

Nanami Mami se recluye en su habitación de nuevo, ya han pasado dos horas desde que habló con el agente y su cabeza le sigue dando vueltas a todo. 

"No puedo dejar las cosas como están", piensa. "No puedo dejar que la gente como mi padre se salga con la suya, tal vez no pueda hacer nada con mis manos, pero mi investigación aún no ha terminado". Mami tragó saliva, "Pero no puedo hacerlo aquí, es mi casa, es un lugar muy fácil de rastrear y si conocen al policía, me conocerán a mi, necesito un lugar público donde buscar una noticia no destaque, un lugar como... Cómo aquél karaoke de ayer".

Mami tardó poco en preparar sus cosas, se llevaba lo mínimo en el bolso, la cartera y el portátil, el móvil en el bolsillo para tenerlo a mano lo más rápido posible en caso de necesitar hacer una llamada.

Cuando se disponía a bajar las escaleras para marcharse, su hermano salió de su habitación y la detuvo con unas palabras.

- Oye, espera, ¿A dónde vas? - le dice.

Mami se detiene mirando hacia el final de las escaleras, da un paso en esa dirección con total intención de ignorar a su hermano.

- Oye, pero contéstame - vuelve a decir él.

- ¿Qué más te da? - le dice ella aún sin mirarle.

- Bueno, últimamente has estado muy rara, y te pasas todo el rato sola o fuera de casa...

- ¿Y te importa ahora? - manifiesta Mami con disgusto. - Porque parte del problema también eres tú y todo lo que hablas.

- No lo hago a mal, es solo que tú tampoco haces por intentar llevarte bien conmigo.

"Llevarme bien contigo", Mami frunció el ceño mientras repetía esas palabras en su mente. "¿Con qué derecho me dice eso?".

- Tú nunca has hecho nada para llevarte bien conmigo - Mami sube los escalones de vuelta, camina con furia en dirección a su hermano. - Sin ir más lejos, hace unos días mientras lloraba me dijiste que dejara de llorar porque no podías estudiar, yo ni te importaba.

Algo dentro de ella es consciente del peligro que corre, de lo fácil que puede abandonar este mundo por hablar de gente peligrosa, así que ya no hay razones para callarse, si tiene que gritar lo hará donde sea escuchada.

- Te pregunté qué te pasaba - responde él con menos confianza.

- Después de considerar un gran consejo ser altivo para que no te contara mis problemas - dice Mami con los dientes apretados.

- Eso era una broma - dice él gesticulando con los brazos.

- ¿Y lo de sacar el tema de mi novio también? - Mami lo mira con tanto rencor dentro de ella que su hermano casi da un paso atrás.

- Si- ¿Si? - ni él está seguro. - Vale, lo admito, me paso un poco, pero no es con mala intención.

- Pues tiene malas consecuencias - Mami clava un dedo en el pecho de su hermano. - Así que empieza a controlarte un poco o algún día abriré la puerta para no regresar jamás a esta casa que no me ha dado más que traumas y disgustos.

La voz de Mami ni siquiera es de enfado, es una declaración justa, como el veredicto de un juez, palabras que debieron decirse hace mucho en lugar de permanecer recluidas.

- Lo siento - es lo único que puede decir su hermano.

- Tus disculpas no me sirven de nada ahora - con esa respuesta, Mami da por terminada la conversación.

***

10:30.

Ruka termina de limpiar las mesas de la entrada, se limpia la frente por costumbre, pero no está sudando. Se recoloca el lazo y piensa, "ayer me lo pasé tan bien que no quise arruinar el momento hablando a Ichika de hechizos y traiciones, y hoy por la mañana era poco seguro, Mika estaba por ahí rondando antes de irse a su trabajo".

Regresa detrás del mostrador, mira en el ordenador, no hay reservas para esta mañana en las salas de karaoke, así que las mismas pueden ser usadas para otras actividades, como comer, celebrar fiestas e incluso, había visto a algunos universitarios usarlas para estudiar.

¡Din don!

El timbre de la puerta corredera suena, entre el plástico grueso del marco, el brillo del cristal y el sol de fondo que está a una hora y media de marcar el medio día, está la chica rubia de mechas rosas que ayer le invitó a pasar un rato en el karaoke.

- Buenos días, Ruka-chan - dice Mami saludando con la palma.

- Buenos días, Mami-san - dice Ruka con una reverencia. - Un gusto verte de nuevo, ¿Qué te trae por aquí tan temprano? 

- La universidad, un informe que terminar, te puedes hacer una idea - Mami levanta su mano para que se note que carga el portátil en su bolso. - ¿Qué haces tú en el turno de mañana?

- Los sábados termino temprano y así la tarde la puedo pasar con mis amigos - dice Ruka imitando a la perfección una sonrisa. - En fin, ¿Qué sala vas a querer? Hoy están todas sin reservar, así que tienes para elegir.

Mami lo pensó un momento, ahora mismo no se sentía en peligro, quizá quedarse cerca de la entrada fuera buena idea, pero podría ser vista por cualquiera. Las salas de karaoke eran un lugar donde podrían hacerla una encerrona en cualquier momento, pero si la podían encerrar en cualquiera lo mejor sería estar en la más cercana a la salida, ¿No?

- Quiero la sala de ayer, era muy práctica - responde finalmente. Para no levantar sospechas, Mami también pidió algo de comida.

"Todas lo son, porque son iguales", pensó Ruka mientras asentía y empezaba a escribir. "La única que cambia es la 13, y solo porque allí ocurrió un suceso crucial, bueno, tal vez esa no es la palabra que busco, pero en ella Mika mató a un hombre y rompió una cámara", se empieza a mirar las manos y deja de escribir. "Allí manché mis manos de sangre por última vez".

- ¿Ocurre algo? - pregunta Mami ladeando la cabeza.

- En absoluto - Ruka niega y se vuelve a concentrar. - Ya puedes ir si quieres.

Mami agradeció con una reverencia y se dirigió a su respectiva habitación.

***

Mami se sienta en la esquina que sirve de punto muerto para la cámara, solo se la verá a ella escribiendo. Lo primero que hace es ir al portal de noticias más actualizado que encuentra, la información que Ignacio le dio era cierta, sale el titular como noticia de última hora; "Se encuentra a la culpable de un asesinato que se había confundido con un accidente de tránsito".

"Maldita sea, han sacado la noticia lo antes posible para que la gente no preste atención o se olviden rápido", piensa mientras abre su documento.

En la noticia decía;

» Después de dos semanas de un trágico accidente que acabó con la vida de un joven universitario llamado Kinoshita Kazuya, la policía da con la mujer responsable de su muerte.

» Se llama Shirosaki Rebeca, una mujer oficinista de Yokohama que parece ser que vino aquí de vacaciones, y conduciendo borracha acabó con la vida del universitario tras arrollarlo con su coche a la salida de un acuario.

» La culpable fue arrestada por la policía después de que atacase a un oficial que patrullaba cerca de su casa. Dentro de la misma encontraron las evidencias que la señalaban como culpable.

» Shirosaki Rebeca se confesó culpable de todos los cargos en el primer interrogatorio policial.

- Pero esto... Pero esto no tiene ningún puñetero sentido - manifiesta Mami apretando los dientes con rabia. - Una mujer que viene de vacaciones y mata a alguien escaparía lo antes posible, no se quedaría aquí guardado pruebas en su casa.

Esa era la última incoherencia que Nanami Mami iba a tolerar, tenía un documento con mucha información que ordenar, estimaba no tardar más de dos horas, tal vez fuera su último aporte a la investigación, pero iba a ser el mejor.

***

11:40.

"En 20 minutos termina mi turno", piensa Ruka. "Tengo que ir pensando en que le diré a Ichika".

Las puertas se abrieron acompañadas de esa campanilla electrónica, unos cabellos rosados avanzaban con un movimiento de cabeza inocente perfectamente actuado. Todos los sentidos de alerta de Ruka se dispararon solo con escuchar esa forma de caminar. Su mirada se clavó en la pantalla, revisando fechas y facturas, no quería girar la cabeza, no quería ver a quien la había obligado a estar allí, a la única persona capaz de actuar sin sentir las consecuencias, su autoproclamada jefa, Mika Fujilino.

- Deberías saludar a los clientes con un "Buenos días" - dice Mika mientras sus mejillas coloradas se expanden con una sonrisa de oreja a oreja. - Así le darías mayor agrado al lugar, estoy segura de que más de uno pensaría que eres una Idol famosa.

Ruka sonríe y saluda, pero no puede evitar notar el odio creciendo como un aura maligna que se proyecta a su alrededor. Ella que nunca tenía emociones, no podía controlarse cuando Mika y su estúpida voz infantil forzada aparecían.

- Bueno, bueno, ya llegó por quien lloraban, así que puedes ser menos educada conmigo - dice Mika mientras apoya uno solo de sus codos en la mesa gris de la recepción. - Tal vez te estés preguntando cómo he llegado hasta aquí - Mika miró fijamente a Ruka, esta solo se esforzó por no alterarse, no estaba funcionando, su corazón aumentó seis latidos. - ¿Venga pregúntatelo?

- ¿Qué estás haciendo aquí? - dice Ruka con las ganas de quien lee un guión mal escrito.

- Pues hoy había que atender asuntos policiales, así que he mandado a Itsuki que sabe de esas cosas, es mucho más diplomática. Yo mientras he pensado en venir a visitar a mi "recoge dátiles" favorita, para que no vuelva sola a casa, no quiero que se pierda o que se escape - Mika ni siquiera hace el esfuerzo de disimular la intención de burla.

"Cómo si eso te importara, seguro que tendría que alejarme 10 kilómetros de ti para no estar en el rango de tu olfato o tu oído", piensa Ruka.

- Aunque lo cierto es que he pensado que tal vez me he pasado mucho contigo y que lo único que necesitas es una disculpa - dice Mika mientras se mira a sí misma con pena.

- ¿Enserio? - Ruka emana verdadera sorpresa, por un momento disipa el aura negativa.

- Si, así que pídeme perdón por no haber atrapado a quien te pedí todavía - dice Mika mientras la mira con los labios juntos y apretados.

Ruka lo siente como si le hubieran golpeado por la espalda con una pala, está más enfadada que si hubiera descubierto a su novio ocultando a su ex en el trabajo. Su corazón aumenta cuatro latidos de golpe.

- ¿Qué pasa? ¿Por qué tu bombeador de sangre se acelera? - dice Mika mirando directamente el corazón de la chica japonesa.

- ¿Eh? No, es solo que yo - Ruka tiene que tragarse su orgullo. - Lamento mucho mi incompetencia - hace una reverencia de la forma más natural que puede.

- ¡Uff! - dice Mika apartando la cabeza hacia atrás de golpe. - Ese farol ha estado cerca, de no ser tan experimentada me hubiera dado de lleno.

- ¿De qué estás hablando?

- Alguien con tu prepotencia no me daría la razón tan fácilmente, eso está muy fuera de lugar, así que dime la verdad, ¿Encontraste el dátil que buscaba?

5 latidos más rápido. 

- No - responde Ruka frunciendo el entrecejo, tiene que centrarse en no sudar ni temblar, no puede delatarse. "Vamos Sarashina, solo resiste 19 minutos y podrás irte".

Mika no se lo cree, cierto era que no podía desconfiar de Ruka solo porque se le acelerara el corazón, ese efecto le causaba en todo aquel que la conocía por más de tres horas, pero esa actitud tan sumisa por parte de la chica que se jugó la vida dos veces para tratar de engañarla no era creíble en lo absoluto.

"Los perros aprenden a golpes, pero no tan rápido", piensa.

La mujer pelirrosa agudiza los sentidos a la mitad de su capacidad, escucha a uno de los empleados quejarse porque se le ha caído parte de la corbata en la freidora, escucha al gerente dejando de escribir y acelerando el paso para ir a ver qué ocurre. Se centra en la recepción, nada resaltable, Ruka va 15 latidos más rápido que de costumbre, una de las baldosas del suelo va a romperse por el paso del tiempo, es de mala calidad y la podría sacar de un puntapié, además huele como en una de las sillas hay un chicle marrón tan bien pegado que a simple vista no se diferenciaría del asiento en sí. 

Ahora va a las salas del karaoke, todas vacías menos dos, en una hay un hombre, 87 kilos, seguramente adulto, está solo pero escucha su ropa moverse junto al viento que produce, parece que se divierte cantando una canción sobre un amor no correspondido. La otra habitación no tiene música, tiene que estar una mujer, huele a perfume caro junto a restos de comida que ha ido consumiendo en el lapso de una hora. Tiene que ser joven, se mueve poco pero por los delicados movimientos que hace no debe medir más de 1'60 y pesa alrededor de 50 kilos. Está escribiendo, y va muy rápido, solo deja de escribir para mover el ratón y cambiar de pestaña.

Mika abre los ojos y gira la cabeza en dirección a la sala 5. Ruka se esfuerza todo lo que puede en no alterarse. Su autoproclamada jefa ha notado un patrón en la respiración y la forma de escribir de la chica, cuando presiona tres caracteres, hunde más los dedos y da un pequeño resoplido.

"Tres caracteres en kanji no es mucho, puede equivaler a un lugar, a una persona o a un apellido... A un apellido", reflexiona Mika mientras gira su cuello tan lento como puede hasta mirar a Ruka.

- En esa habitación hay una chica - dice señalando la puerta 5.

- Si - dice Ruka.

- No era una pregunta - le corta Mika de inmediato. - ¿Esa chica es la causante del accidente?

- No, por supuesto que no - dice Ruka frunciendo más el ceño.

No hay cambios en sus latidos, no miente. Pero no es suficiente, Mika desaparece medio microsegundo y de inmediato se vuelve a hacer visible para Ruka.

- Acabo de verla por la puerta, tiene la misma complexión física que tú, está en un punto ciego de la cámara y muy concentrada escribiendo un documento, ¿De verdad que no tiene nada que ver con el accidente? - dice Mika con un rostro frío, sin pestañear.

"No te pongas nerviosa Sarashina, no es omnipresente, no es omnisciente, y esa chica solo es la amiga de una amiga de la chica que busca", piensa Ruka al mismo momento que dice; - Ella no tiene ninguna relación con el accidente.

Mika no le quita la mirada, la divisa como un puma acecha a su presa, lista para saltar en cualquier momento. Mika también está escuchando en la sala, mientras Mami da los últimos retoques a su documento.

- No me importa, es demasiado sospechosa para mí gusto - dice Mika encogiéndose de hombros. - Mátala.

- ¿Cómo dices? - pregunta Ruka, un latido más rápida.

- Vi en el reflejo de sus pupilas el título del documento que está escribiendo, está investigando sobre algo que no me gusta, así que te voy a decir lo que va a pasar - Mika se acerca tanto a la oreja de Ruka que solo les separa la distancia de un meñique. - me voy a ir de aquí, tú te vas a esperar a que esa chica salga, la acompañarás fuera, después le agarrarás de la columna vertebral con tus manos y la vas a lanzar hasta la última parada de tren, ¿Capichi?

- Yo no, yo no puedo hacer eso - replica Ruka.

- Bueno, no tiene que ser literalmente a la última parada de tren, con que la entierres en el bosque me sirve.

- No voy a matarla - dice Ruka apretando los dientes y los puños por instinto.

- No tienes opción de negarte niñata - le dice Ruka separándose de nuevo. - Porque si no haces lo que te digo con esa rubia, lo haré yo con tus padres.

Mika se cruza de brazos a la espalda y se va caminando hasta salir por la puerta, no hay desaparición dramática, nada de amenazas vacías, ahora mismo Mika podría estar caminando tranquilamente en dirección a la casa de Ruka para matar a los padres de la misma. Ni siquiera atacando por la espalda podría detenerla, esa era Mika, eso era lo peor, que no podía hacer nada, no de momento.

Mientras pensaba esto y su corazón volvía a su ritmo natural, Mami salió por la puerta del que había sido su habitáculo.

- Bueno, ha sido un informe complicado pero ya está terminado y enviado - dice Mami mientras termina de guardar el portátil y se acerca a Ruka. - ¿Cuánto es?

Ruka se gira en su dirección con la expresividad de una estatua de hielo. Sus ojos muertos ocultan su deseo de sangre y una voz que le susurra; "Mátala, es ella o tus padres, no puedes salvar a ambos", ese pensamiento le llega cuando deja de oír y oler a Mika en su radar natural de un kilómetro.

- ¿Pasa algo? - pregunta Mami borrando poco a poco la sonrisa de su cara.

"Mátala, que sea rápido, solo rómpele el cuello y tira su cuerpo al contenedor, es lo más fácil, Iris te enseñó sobre las vértebras vulnerables, ¿No lo harás?", Ruka quería ruborizarse, era la primera vez que su voz mental era tan clara.

- No - susurra Ruka sin quitar la mirada de Mami. - No soy el perro de caza de nadie.

- ¿Qué has dicho? No te he escuchado bien desde aquí - dice Mami sin atreverse a acercarse todavía. - Mira, solo dime el precio, ¿Vale?, tengo un poco de prisa.

- Corre - le dice Ruka. - Corre hacia tu casa, enciérrate allí y no salgas.

- ¿De qué estás hablando, Ruka-chan?

- Alguien te busca, alguien de quién no puedes escapar, no intentes huir de ella - Ruka recita estas palabras como si fuera uno de los hechizos que había estado leyendo por semanas. - Sabes a quién me refiero, si intentas correr te encontrará, si intentas pedir ayuda liquidará a tus refuerzos, ni siquiera te puedo asegurar que no nos esté escuchando ahora.

"¿Qué dice? ¿Por qué tiene tanta confianza en sus palabras? ¿Acaso ella se refiere a la heredera de los Shinomiya?", piensa Mami mientras una gota de sudor resbala de sus mejillas.

- Veo que sabes a quién me refiero - dice Ruka que no ha dejado pasar desapercibida esa reacción natural. - No la provoques, sigue tu rutina de siempre, finge que esto no ha pasado y tal vez se olvide de ti.

- Yo-yo no se...

- Ni una sola excusa - dice Ruka sin inmutarse. - Solo corre, corre, es mi última advertencia.

Mami sintió un escalofrío desde su nuca hasta el final de su espalda, tira el puñado de billetes más grande que tiene al suelo y se va corriendo, lo único que alcanza a decir es, "lo siento mucho".

***

Mami está sentada en uno de los asientos del tren, un grupo de tres chicos cuchicheaban cosas sobre ella, solo alzó la vista en su dirección y de inmediato se retiraron, lo que le forzó a bajar la cabeza de nuevo.

"¿Qué puedo hacer ahora?", piensa. "No puedo llamar a Sabina Ignacio-san, seguramente ya han pinchado su número y todo lo que podía hacer era enviarle el documento por correo electrónico, eso ya lo he hecho, pero nada me asegura que los Shinomiya no lo hayan interceptado y borrado".

Mami se llevó las manos a la cabeza, se forzó a controlar su respiración, no quería montar un numerito en el vagón del tren.

"A lo mejor ya se sienten satisfechos con eso y no hacen nada más, Ruka-chan dijo que me fuera a mi casa, que no hiciera nada sospechoso. Si, puede que solo quieran que todo vuelva a la normalidad, no tengo que molestarme ni un poquito, si no hay resultados aún, todo puede cambiar de un momento a otro, como mis sospechas con Chizuru, ¿Cómo dijo ella? Esto solo es una gran bola de nieve, no me hará nada si me quito de enmedio, espero". Las piernas de Mami temblaron todo el viaje.

*** 

Su casa la estaba esperando, pero antes de entrar ya veía todo mal. Las ventanas estaban cerradas y las cortinas y persianas también, no se escuchaban ruidos ni fuera ni dentro, y la puerta principal estaba abierta. Los mensajes eran claros, alguien la estaba esperando y si lo que Ruka había dicho era cierto, lo mejor era verlo de frente, una forma sutil de decir que tendría que suplicar de rodillas.

Estaba sola, como lo había estado gran parte de su vida, sin familia en la que apoyarse, sin amigos con los que divertirse y sin novios en los que confiar. Ni siquiera la policía podía ayudarla, pues trabajaban para quien era su enemigo.

Mami se ajustó el bolso al hombro y tocó los bolsillos de su falda para ver que aún estaba todo en orden, luego abre la puerta y lanza una pregunta; - Ya he llegado, ¿Hay alguien en casa?.

Silencio y oscuridad, Mami se sintió incómoda, como si hubiera sido atrapada en una de esas miradas vacías que le lanzaba ella a la gente.

Dio al interruptor, pero no había luz, y una fuerza que sus ojos eran incapaces de ver por su velocidad cerró la puerta tras ella.

"Ahora no hay vuelta atrás", piensa mientras deja su bolso en un lateral.

Algo se rompe en la cocina, se escucha como una silla chocando con la pared y astillándose en mil pedazos. Mami da un paso atrás, instintivamente tira del manillar de la puerta, "esto ha sido una idea de locos, tengo que irme de aquí", aunque su mano usa toda la fuerza que tiene la puerta está cerrada.

En el único pasillo que separa la entrada de la cocina se empieza a escuchar una súplica ahogada, un "por favor" que no puede terminar de concretarse porque algo se está aferrando a su cuello. Pero entre esos gemidos de ahogado se distingue perfectamente el tono de una voz masculina y joven, la voz que ahora suplica es la misma que le pidió perdón antes de irse de casa, es la voz de su hermano.

Por razones que le costaría explicar si le preguntaras, Mami hace acopio del poco valor que tiene y corre hacia la cocina, lo primero que ve son unos pies colgando a ras del suelo, la figura de su hermano está de espaldas a ella y cuelga del marco de la puerta.

Mami lo rodea, se pone de frente a él, la falta de luz hace que sea difícil de reconocer, pero no hay duda de que es su hermano, tiene ambas manos en el cuello y hace fuerza contra una soga que está empezando a dejarle una marca morada.

- ¡Oh no! - grita Mami. - Espera, buscaré algo con lo que cortarla.

Mami se tira al primer cajón de los cubiertos, lo abre y busca el cuchillo más afilado, ya pensará después como subirse y cortar la cuerda.

Su hermano se retuerce, parece que quiere decir algo, algo distinto. - De-detras ti - es lo único que alcanza a murmurar mientras se ahoga.

¡Siiis!

Mami se congela con un cuchillo en la mano, en la otra punta de la cocina, se acaba de escuchar como un fósforo se enciende al frotarse en la mesa. Hay una tercera persona en esa habitación.

"Imposible", piensa Mami con miedo de girarse, "No he visto a nadie más al entrar".

- No cortarás la soga con un cuchillo tan pequeño - le dice esa tercera persona.

Mami se asusta, gira de golpe y apunta a quien sea que esté. Es un agarre firme, los nervios hacen que su musculatura se enderece y aunque su fuerza es poca, tal vez intimide. Esa esperanza se esfuma como el humo de un cigarrillo cuando ve el perfil de quien la está amenazando.

La tenue luz de una cerilla ilumina los dos dedos que la sostienen y el filo de la cabeza del hacha que está clavado en la mesa. Rodeada de oscuridad, esa figura femenina solo muestra una porción muy pequeña de su cara, como una luna en cuarto creciente. La penumbra refleja unos cabellos rosados y unas mejillas pulidas en una piel extrañamente clara, cualquiera diría que esa mujer pasó los primeros 25 años de su vida sin ver la luz del sol. Mika Fujilino ya había elegido nueva víctima.

- Tienes 20 segundos antes de que se quede sin aire - dice, de un meneo simple apaga la cerilla - Elige, él o tú.

En completa oscuridad y sin un punto de apoyo, Mami sabe que no puede hacer nada para llegar hasta la soga de su hermano. Aunque mira al marco no ve las cosas con claridad, seguramente su hermano morirá antes de que sus ojos terminen de adaptarse.

"¿Y si lo dejo morir?", se pregunta inconscientemente. Después de todo, ¿Qué había hecho su hermano por ella? Burlarse de sus amores fallidos, burlarse de sus lágrimas y estar del lado de su padre... Su padre, la gran piedra en el zapato de su vida e indirectamente, las agujas de su brújula moral, ¿Qué haría él? Sopesar sus opciones, tomar la que de mayor beneficio, matar a un par de personas para seguir ganando dinero, sin importar si hace daño a una empresa o a su propia hija. 

"Es el chantaje definitivo", pensó Mami, ¿Por qué no aceptar? No quiere a su familia de todas maneras. "Si acepto, seré como ellos, más nieve en la bola, más gente involucrada, más intereses para más dinero".

- ¡Llévame a mi! - le grita Mami a la oscuridad. - Él no tiene nada que ver con esto.

El hacha surca el aire en lateral, lanzado a 56 km/h hasta incrustarse en lo alto de la puerta, la cuerda se rompe y el hermano de Mami se da de bruces contra el suelo.

Mami se lanza hacia él, el nudo de la soga es demasiado fuerte pero lo afloja con un corte limpio y lo deshilacha mientras su hermano empieza a tomar bocanadas más hondas y más tranquilas.

- Gracias - le dice su hermano llorando. - Perdóname, y gracias.

- No te involucres en esto - es todo lo que Mami puede decir.

Mika aplaude detrás de ella, con el índice finge quitarse una lágrima del ojo. 

- Ha sido un interludio maravilloso, digno de una gran obra dramática - Mami ajusta su visión a tiempo para ver a Mika tomar una mala pose de Kung Fu. - Ahora pasemos al acto final.

Entonces Mika acelera de cero a mil con tanta fuerza que los azulejos del suelo de la cocina estallan por su acometida. Aún así, detiene su mano antes de impactar, solo empuja a Mami del pecho con un suave toque de las yemas de su mano derecha. Mami lo siente con más fuerza que el gancho de un boxeador profesional, sus pies se despegan del suelo y su cuerpo rebota contra una de las paredes.

Su hermano intenta moverse, ayudar, lo que sea, pero Mika lo deja inconsciente de una simple bofetada.

¡Puag! 

Mami vomita toda la comida del karaoke al mismo tiempo, su pelo tapa su cara y su cabeza no es capaz de comprender de dónde ha salido tanta fuerza. Tumbada en el suelo todo su cuerpo tiembla, con miedo solloza y con sus codos intenta arrastrar su cuerpo hasta llegar de nuevo al pasillo de la entrada principal, allí ya está Mika, sonriendo de oreja a oreja, una oportunidad única para desahogarse.

Mika agarra a Mami de una muñeca, levanta su cuerpo hasta ponerla de rodillas, su ropa está manchada de su propio vómito y apesta, su respiración es mucho más pesada y la adrenalina dejará de hacer efecto cuando le salga el hematoma y repercutan las heridas internas.

Mika la balancea por el aire como a una bandera de derrota, luego la lanza contra la puerta, era de madera de pino tallada de forma artesanal, en el centro una vidriera multicolor. Todo eso se vuelve un montón de astillas y cristales rotos cuando la columna vertebral de Mami choca con ella a 43 kilómetros hora.

Mami se revuelca por el suelo sin fuerzas, sus manos se cortan con los cristales y se llena de sangre. "¿Y el cuchillo?" Le está costando pensar, lo habrá soltado en el primer lanzamiento, no importa, ya nada importa.

Mika aún no ha terminado, la levanta con una mano agarrándo su axila y empieza a correr. Al mismo tiempo, Mami empieza a sentir una gran presión en su cara, como si estuviera sacando la cabeza por la ventanilla de un coche, coche que va a 100, 150 o hasta 200 kilómetros hora. Mami quiere vomitar de nuevo pero su estómago está vacío, las heridas internas están ganando y la adrenalina se termina, deja que la oscuridad se apodere de ella.

***

¿Qué hora es? 

Mami despierta, abre los ojos como puede, aún nota las astillas y cristales desgarrando su espalda, sus rodillas están raspadas, no aguantarán su peso y la zona lumbar la arde tanto como las costillas, respirar es equivalente a tragar agujas.

Toda esta conmoción hace que su piel no note el suelo, que no note las vias donde está apoyando las manos y las tablas del tren donde está arrodillada. Delante de ella, con los brazos cruzados a la espalda y cara de no haber roto un plato, está la mujer que la trajo hasta aquí, Mika erguida en toda su plenitud, su metro sesenta y tres se ve incluso más imponente con el sol alumbrandole desde el este, hace apenas una hora empezó su caminata hacia el oeste para ocultarse.

- Si fueras un hombre, te diría que los tienes bien puestos - dice Mika encogiéndose de hombros. - Pero no lo eres, así que me limitaré a felicitar tu valentía, no todo el mundo está dispuesto a morir por nada. Pero ya sabes lo que dicen, disfruta de la vida, no sabes cuándo me tocará matarte.

Mami tiene un vaivén de ideas en la cabeza y antes de que pueda plasmar alguna con palabras escupe saliva y sangre seca al suelo. - ¿Qui-Quien eres? - es todo lo que puede preguntar.

- ¿Por qué necesitas saberlo? Vas a morir dentro de - Mika se mira la muñeca vacía, en realidad escucha al tren llegar. - 5 minutos aproximadamente, y hablo de cinco minutos reales, no 5 minutos tipo "Friser".

5 minutos, solo 5 minutos de vida. Mami pierde la vista en el suelo, no escucha ningún tren, pero tampoco está oyendo bien a Mika, seguramente también tiene un tímpano roto.

"Y así acaba todo", piensa.

El aire pasa por su cara, es agradable sentir algo que le haga perder el foco en el dolor de su carne y la sangre que le escurre. Apenas nota su ropa, solo puede sentir dolor y también... Algo compacto cerca de su pierna. Era su teléfono.

"Espero que aún funcione", piensa mientras apreta los dientes.

- ¡Bueno pues vete a la mierda! - grita Mami presionando muy fuerte su pierna antes de tropezar y caer.

- No te esfuerces - dice Mika con desgana. - Me ha costado arrastrarte hasta aquí puta gorda, no eches a perder el plan con un paro cardíaco.

"¿Así que tengo que esperar al tren?" Piensa Mami sin fuerzas para reír. "No voy a morir desangrada".

- ¿Me has llamado gorda? - Mami vuelve a poner su pierna como punto de apoyo, pero esta vez aprieta más fuerte con los dedos, las costuras no pueden ofrecer más resistencia, los dedos de Mami atraviesan y rasgan su ropa mientras cae de boca contra una de las vías.

- ¿Has acabado ya de hacer el ridículo? - pregunta Mika mientras niega con la cabeza.

Mami nota una pequeña pero oportuna vibración, es ahora o nunca.

***

Nacho estaba comiendo en su casa, solo, el turno de Mei había terminado hace escasamente una hora y solo quería reflexionar tranquilo.

Su móvil sonó, ni siquiera tubo que mirar quién era para contestar, vio la M- reflejada en la pantalla y supo de inmediato que solo había dos opciones, y "Madre" no era una de ellas.

- Cállate la puta boca y escucha, ¿Quieres? - gritó la voz desde el otro lado de la línea... Era la voz de Mami.

***

Cállate la puta boca y escucha, ¿Quieres? - volvió a repetir Mami antes de escupir sangre. - Sé perfectamente quien eres, una jodida sicaria al servicio de la familia Shinomiya.

- ¿Esa es la conclusión más lógica a la que has llegado después de ver mi super fuerza y mi super velocidad? - pregunta Mika con los brazos en jarras. - ¿No te parece más lógico que ellos trabajen para mí? ¿Qué has venido a tocarme los cojones en un mal momento y este es el resultado?

- Vete al infierno - escupe Mami.

- Ya he estado allí, no es para tanto.

"Necesito que hable, necesito información", piensa Mami.

- Y, y dime, ¿Te sientes bien? - dice antes de toser sangre.

- Quieres dejar de hablar - dice Mika negando con la cabeza. - Cada palabra te abre una herida nueva en los pulmones.

- ¿Pero-pero cómo te sientes?

- ¿Sentirme de qué?

- ¿Cómo te sientes siendo un perro bien pagado?

- ¿De quién? - dice Mika con los ojos en blanco.

- ¡De-de la familia Shinomiya! - grita Mami, apenas con fuerzas para mover sus brazos.

- Esa familia tiene muchos herederos y los nombres se parecen, vas a tener que ser más específica, no me puedo acordar de todos los nombres - dice Mika sonriendo.

Mami odia esa sonrisa, esa prepotencia que se genera cuando alguien sabe de que hablas y se hace el tonto. Algo dentro de su ser se retuerce, así es como debió sentirse Chizuru en el karaoke.

- ¡No juegues con mi paciencia! - grita, su voz totalmente rota termina en una tos pesada. - Hablo de la única heredera, hablo de Shinomiya Kaguya.

- ¡Aaaa, ella! - dice Mika dándose un golpe en la frente con la palma. - Haberlo dicho antes, si sé un par de detalles, por ejemplo.

Mika estuvo dos minutos de reloj soltando datos, la edad, el nombre, el lugar en el que estudiaba, su código postal, la dirección de su casa, sus horarios de lectura, estudio y deporte, etc.

- Y eso no es lo mejor, tiene una fuerza increíble, una vez lanzó una flecha a tal velocidad que generó aire a presión, eso son mínimo unos 575 kilómetros por hora, es muy buena en eso - así termina el monólogo de Mika.

- ¿Todo eso sabes de ella? - dice Mami atónita.

- No es lo único que sé, también sé que es alguien que no tolera que la molesten, ahora mismo es su hora de descanso en el instituto en el que estudia, y le gusta estar sola, únicamente acompañada de su maid personal, si alguien la quiere vulnerable, ahora es el mejor momento - Mika se vuelve a mirar la muñeca y empieza a levantar la punta del pie mientras la deja caer pisando la tierra. - Oye, ese tren se está retrasando mucho, ¿No? ¿Tú no oyes nada?

Hacía rato que Mami se había quedado totalmente sorda de un oído. Le ardía el pecho respirando y los ojos le dolían si se forzaba mucho tiempo en mirar un punto. Aún así, había prestado toda la atención que había podido a la historia de Mika, y esa última información le hace sentirse útil, por lo que antes de rendirse, sonríe un poquito.

- ¿Y eso? ¿He cantado acaso una canción sobre pasarlo bien y divertirse juntos para que pongas esa minúscula y milimétrica expresión en tu cara? - dice Mika acercándose a zancadas. - ¿Por qué sonríes? ¿Es que acaso crees que no me he dado cuenta de cómo fingías tropezarte para llamar por teléfono?

Mami levanta la vista, lo único que no necesitaba escuchar antes de morir era que su plan había fracasado.

- ¿Pero-pero cómo? - murmura, ya sin fuerzas para alzar la voz.

- Estás oregitas escuchan cualquier cosa en seis kilómetros a la redonda - responde Mika estirándose los lóbulos. - Ahora solo necesito saber a quién has llamado, a ver déjame pensar, no es nadie de tu familia, salta a la vista que no te llevas bien con ellos, meteré la mano en el fuego y diré que tampoco es una amistad cercana, no creo que quieras meter a nadie más en este lío - chasquea los dedos con toda la actitud de una "eureka". - Solo puede ser la policía, pero doy por hecho que eres alguien inteligente y ya sabes que los tengo comiendo de mi mano, así que solo queda el único policía con el que has tenido relación, ¡Buenas tardes agente Sabina!, ¿Cómo le va?

***

Casi 12 kilómetros de distancia, escuchando todo por un altavoz, Nacho boquiabierto, deja caer el bolígrafo con el que estaba escribiendo en su libreta toda la información que Mika había dicho.

***

Mika ni siquiera da la opción de responder, de un puntapié que apenas roza el cuerpo de Mami, parte el teléfono móvil. Vuelve a cruzarse de brazos a la espalda, se gira y empieza a caminar por las vías en dirección contraria.

- Supongo que ya he ganado - dice con un tono arrogante y seguro.

Esas palabras desgarran los oídos de Mami, son tan agradables como escuchar unas uñas arañar una pizarra. Nanami Mami conocía ese tono, era el mismo jodido tono arrogante que su padre ponía cuando sabía que hacía una apuesta segura en una fianza, cuando le decía a su hermano que no se centrara en mujeres porque solo dan dolor de cabeza y cuando prometía la mano de su única hija en un matrimonio que jamás se concertó.

- Jaja, jajaja - Mami empezó a reírse con las pocas fuerzas que le quedaban. 

- ¿Qué te sucede ahora? - dice Mika girandose de medio lado para verla.

- Nada, nada, no te preocupes - Mami pone una sonrisa entusiasta pese a su labio roto por el golpe contra las vias, alza sus manos y las agita pidiendo calma como si no las tuviera cortadas y llenas de astillas. - Es que me resulta verdaderamente gracioso que creas que apostar sobre seguro te garantiza algo, ¿Y sabes que? Dar por ganado el juego antes de que acabe, me resulta un poquito molesto - pone su mano a la altura de sus ojos, las yemas de sus dedos sangran y con su pulgar e índice forma un pequeño círculo mientras estira el resto de dedos.

Era así, una cantidad minúscula de esfuerzo y sangre fría, eso le había hecho ser quien era, una gran tonta que estaba a segundos de ganar. Era la prueba viviente de que nunca se debe cantar victoria antes de tiempo.

- ¿De verdad piensas que vas a ganar algo con esto? - pregunta Mika entrecerrando los ojos.

- Gracias por la puta comida - Mami escupe al suelo restos de saliva, sangre y vómito.

- Estás muerta, ¿Lo sabes, no?

- Desde el momento en que me dejaste vivir - es la última respuesta.

Mika ve algo que no le gusta en ese rostro, ve esperanza, oportunidades, ¿Quizás una emoción que también le hace sentir algo a ella? No le importa, es algo que no controla y no le gusta, pero solo puede limitarse a fruncir el ceño, el tren ya se escucha llegar.

"¿Es eso la luz del más allá o solo es el tren?", Mami cierra los ojos, su cuerpo ha dado todo lo que tenía, el sobre esfuerzo es demasiado y su corazón finalmente se detiene. sin vida, cae a las vías igual o más frío que el metal que las conforma.

Mika se aparta segundos antes de que el maquinista la vea, el tren parte el cuerpo de Mami por la mitad.

Mika la había colocado en un punto ciego, con el tren a toda velocidad, no sería vista, pero aún así, eso le parece a Mika un castigo insuficiente. Se ensaña con el cuerpo, le arranca la tibia de la pierna y levanta la otra mitad de la cabeza. Con una fuerza mínima la lanza, el cuerpo choca con el último vagón en una explosión de sangre por su dorsal, antes de que el cuerpo se despegue por la inercia, Mika lanza el hueso que sostiene y lo clava en el ojo derecho de Mami, atravesando también la chapa del tren y clavándolo como si fuera un turbio ángel de navidad.

Mika no tiene ningún chascarrillo que agregar, el único que tenía ya no le hace gracia, como ese pequeño sentimiento de derrota que parece estar agolpándose en su cabeza. "Qué le den, voy por ti, Ignacio Sabina Ortiz".

Capítulo 34: ¿Y si no puedes?

11:43.

Ya no importaba la hora, Ruka tenía que irse del trabajo en ese preciso momento. Su corazón le dio una señal cuando vio a Mami irse por la puerta, si quería salir antes del trabajo tendría que tener un buen motivo y un vómito repentino era motivo de sobra.

Sus pies fueron ligeros dirigiéndose a la sala de la limpieza, buscó el producto más tóxico y corrosivo que pudo encontrar, hizo gárgaras y se lo tragó.

"Maldición, no siento nada", pensó mientras le bajaba por la garganta. "Tendré que improvisar con actuación y fuerza".

Ruca cerró su puño, se centro y calmó, mirando el dedo de su mano contraria para forzarse a distraerse haciéndose la bizca, no solo luchaba contra la dureza de su cuerpo, luchaba contra su propio instinto.

Ruka descarga su puño contra su estómago, no ha dolido lo suficiente y la regeneración ya está haciendo efecto.

"Demonios, tengo que pensar otra cosa", Ruka recuerda las palabras de Iris. "Tengo que buscar los órganos blandos".

Se levanta la camisa un poco, dejando al descubierto una parte de su tripa. Toma impulso alzando el codo y se atraviesa a sí misma, golpeando el hígado y un riñón.

"Bueno, eso bastará", Ruka fuerza a su propio cuerpo a no regenerarse, pero la herida abierta se cura incluso antes de que la sangre toque la minifalda del uniforme.

Haciendo la entrada lo más dramática que puede y forzando sus piernas a temblar, Ruka entra en la cocina para ver al gerente que le está cambiando la corbata a un empleado que la había metido en la freidora.

- ¿Ocurre algo, Ruka-chan? - pregunta él con una mirada atónita.

- Si, me temo que sí, señor gerente - Ruka se aprieta el estómago con las uñas, clava sus dedos con la fuerza suficiente para marcarse sin perforar el uniforme. - Creo que algo de lo que he desayunado me ha sentado mal, ¿Me podría ir a casa un poco antes?

- ¿Tan mal te encuentras? 

Lo cierto era que Ruka actuaba bien, pero su cara no reflejaba ningún síntoma de malestar.

- Creo que es solo un po-puaaag - Ruka vómito todo el mejunje de su estómago en el suelo. - ¡Oh no! ¡Lo siento mucho señor gerente!

- ¡No puede ser, Ruka-chan! - dice el gerente llevándose las manos a la cabeza. - ¡Esto es grave, ese vómito es azul! Debés estar muy enferma, siéntate, llamaré a una ambulancia, y a tu hermana también.

- No, de hecho ya estoy un poco mejor - dice Ruka alzando su figura como si hubiera terminado un estiramiento. - Perdone las molestias, me iré a casa antes de causar más.

Al gerente ni siquiera le da tiempo a levantar la mano para decir; "espera por favor". Ruka hace una reverencia y se despide con una cara de preocupación que no puede disimular.

Al salir por la puerta ignora el sonido de la campana, las miradas de los hombres y los ruidos del tráfico, tiene prisa y hay vidas en juego. Empieza a correr, con los reflejos al máximo, apartándose de la gente e incluso saltando a algunas personas. 

"Voy demasiado lenta", empieza a hacer más fuerza con sus pasos. Tiene que tener cuidado, si pisa demasiado fuerte no sólo destruirá el suelo, también sus zapatos y la ropa, además podría matar a una persona si la choca girando una esquina. "Espero que no haya nadie grabando".

“Sábado por la mañana, no hay mucho tráfico, ¿Una niña corriendo más rápido que los coches puede llamar mucho la atención? Habrá que comprobarlo”.

Ruka salta a la carretera al mismo tiempo que se quita los zapatos y los atrapa con la mano. "Tampoco me gustaban mucho estos calcetines ", piensa antes de desgarrarlos en el asfalto.

Entonces corre, corre como no ha corrido antes en su vida. Tiene que sujetar su diadema con una mano, al rebasar los 300 kilómetros por hora casi sale disparada hacia atrás.

No sabe cuando ha tardado, pero ya está en el bosque, no hay tiempo para frenar, hay que aprovechar el momento. Ruka se estampa contra las puertas de seguridad de la caja de zapatos y las echa abajo arremetiendo con el codo. Las dos láminas de 10 centímetros de acero se doblan y desprenden, como si un toro hubiera echado abajo dos puertas de ascensor.

Mika desacelera en los escasos cuatro segundos que tarda en llegar a la biblioteca, allí se ajusta el lazo, se calza y abre la puerta de golpe. El bibliotecario, Carlos e Iris la esperaban dentro.

El bibliotecario levanta la mirada de su libro, era el elegido para la invocación de S R I. Iris tenía entre sus manos un catálogo de moda coreana y Carlos solo fingía leer una biografía de Emiliano Zapata.

- ¡Aj! ¡Aj! - Ruka respira con fuerza, no es cansancio, es rabia. - Mika tiene que morir, ahora.

- ¿Qué ha hecho? - pregunta Carlos, al notar las cabezas empezar a girar matiza. - Aparte de todo lo que ya sabemos.

- Va tras una amiga mía, es inocente, pero parece que ha investigado algo relacionado con Mika - Ruka suspira. 

- Todo me recuerda a mi hogar - susurra Carlos.

- Sabe demasiado, me ordenó que la matara y me negué, dado a que yo estoy aquí ilesa, es evidente que ha ido por ella.

- Si Mika ha ido personalmente a por ella tenemos mínimo una hora hasta que termine de torturarla - Iris mira al suelo recapacitando, maldiciendo el haber estado presente en tantas de sus torturas. - Ella incluso monta sus propios escenarios, es muy macabra si se lo propone.

Carlos asiente, pero su rostro dice a gritos, "ninguno aquí está libre de pecado".

- ¿Entonces estás preparada? ¿Inicio ya el ritual? - pregunta la voz de ultratumba del bibliotecario.

- Aún no, quiero hablar con alguien más - responde Ruka.

- Voy contigo - dice Iris.

- No es necesario.

- No te lo estoy pidiendo, se donde vas así que no salgas corriendo - dice mientras deja el libro que leía en la estantería.

- Yo también voy - dice Carlos ajustándose las gafas con el pulgar. - ¿Y tu bibliotecario? ¿Te apetece morir?

- Si - responde el joven anciano, acercándose también.

Ruka piensa que debería quejarse, pero en lugar de eso sonríe, al menos ya no está sola.

***

Llegan al cuarto de Mika en una formación que parece ordenada por alturas, Ruka delante, Iris a su izquierda, Carlos a su derecha y el bibliotecario detrás, si se hubiera puesto delante les haría sombra a todos.

De cualquier manera, el lugar no ha cambiado, los pasillos blancos y monótonos alumbrados desde el techo solo cambian su tono en la parte superior del marco de la puerta, donde está ese letrero con luces de neón que sigue remarcando el territorio de Mika. Ruka contiene las ganas de arrancarlo mientras toca con sus nudillos en la puerta, nadie responde.

- No está dentro - dice Ruka en un murmullo de enojo. - No noto su respiración ni la escucho en la habitación.

- ¿Y dónde estará entonces? - pregunta Carlos.

Ruka tenía miedo de responder a esa cuestión, cabía la posibilidad de que Ichika estuviera todavía resolviendo asuntos policiales, de ser ese el caso, no tenía forma de contactarla.

- Seguramente esté en la sala de costuras - dice Iris. - es el único otro lugar que visita.

- ¿La sala de costuras? - pregunta Ruka.

- Sip - dice Carlos. - de las 167 habitaciones que hay aquí y de las 63 que puedes visitar, esa es la única que Ichika usa solo para ella, os llevaré hasta allí, está cerca de la habitación donde fundo y renuevo munición - Carlos avanza haciendo un gesto de "adelante" con la mano.

***

Hicieron el camino andando, Ruka propuso correr, pero la propuesta cayó en saco roto, esas habitaciones ya eran las zonas más complejas de la caja de zapatos, por allí rondaban los miembros más activos del escuadrón 70, si llamaban mucho la atención o actuaban de forma sospechosa, serían neutralizados sin la posibilidad de explicarse.

Ruka afina su oído, no puede evitar la mueca de asco cuando escucha los pies mojados arrastrarse por el suelo, era ese hombre rosa, tuvo que escucharlo hasta que giró la esquina.

El hombre rosa vio a todo el cuarteto caminando a buen paso hacia él, así que puso las manos en alto y se pegó contra la pared. Ellos pasaron de largo, no podían perder tiempo, Ruka escuchó al hombre rosado suspirar de alivio.

***

En la sala de costuras, Ichika fabricaba un traje nuevo, uniendo sus partes con una máquina de coser. Estaba en completa oscuridad, solo acompañada del sonido que hacía el pedal de la máquina, para ella, eso era más que suficiente.

- ¿Qué creéis que está haciendo Fuutarou? - pregunta su pierna derecha.

- Seguramente está internado en un hospital psiquiátrico con un trauma irreparable - dice la mano derecha.

- No creo, puede sonar cruel, pero su padre no tendría para pagar un tratamiento así - dice su pierna izquierda.

- ¿Creéis que, tal vez, le haya pedido una compensación económica a papá? - pregunta la mano izquierda.

- no, no lo ha hecho - susurra Ichika. - Busqué noticias y no hay nada, un padre que acusa a un millonario de que su hija secuestró y violó a su hijo hubiera dado la vuelta al mundo.

- ¿Y cómo creéis que estará llevando este asunto papá? - pregunta la pierna derecha. - Ya ha pasado más de un año.

- Estoy segura de que hasta el mayordomo lloró más nuestra muerte que él - contesta la mano derecha.

- No digas eso Nino, sabes que papá nos quería - dice la pierna izquierda.

- Lo demostraba poco.

La puerta se abre, Ichika tiene que levantar la cabeza con una mano en la frente para que no le deslumbre la luz artificial del pasillo. Bajo el umbral de la puerta están Ruka y sus amigos.

- ¿Puedo pasar? - pregunta la chica de lazo azul.

- Adelante - responde Ichika. - Cierra la puerta y da la luz - señala el interruptor a su izquierda.

El cuarto se ilumina con un "click", no es una sala espaciosa, apenas caben los 5 y todo lo que hay es una mesa con herramientas de costura y tres filas de percheros con trajes terminados.

- ¿En que puedo ayudaros? - pregunta Ichika extendiendo sus labios con una sonrisa.

- Vamos a traicionar a Mika, y la vamos a matar - dice Ruka mientras golpea su palma con un puño.

Ichika la contempla con su sonrisa cálida, lo siente como si hubiera escuchado a su hermana pequeña decir que de mayor será un hada pirata del espacio.

- Se que suena muy descabellado, soy el primero en admitir esta locura - dice el bibliotecario a espaldas de todos. - Pero encontramos un libro de hechizos, Ruka lo encontró, y con el podríamos acabar definitivamente con la tiranía de Mika.

Ichika mira a Carlos y luego a Iris, para saber si ellos tienen algo más que agregar, no es el caso.

- ¿Os habéis puesto de acuerdo todos para la broma? - pregunta Ichika finalmente.

- Bueno, va a delatarnos - sentencia Iris. - Carlos, mátala.

Carlos gira la cabeza sorprendido, el bibliotecario y Ruka mantienen la calma e Ichika solo suspira.

- No voy a delataros - dice Ichika. - Es solo que me parece una idea ridícula, de esta habitación, sólo el bibliotecario podría conmigo.

- Yo creo que Ruka también te gana - dice Carlos desviando un poco la mirada.

- No, no podría - Ichika está demasiado segura de sus palabras, aún si fuera mentira, logran el efecto deseado. - Pero supongamos que sí, ¿Qué haríais después? Yo apenas podría con dos miembros del escuadrón 70 a la vez, y sabéis de que son capaces, ¿Se lo habéis dicho a Ruka? ¿Le habéis contado cómo 3 de ellos partieron un avión comercial? 

- Era un modelo de hace 15 años - susurra Carlos por lo bajo.

- Nada de eso importa - dice Ruka dando un paso al frente. - Nuestro plan...

Ichika levanta un dedo para pedir silencio, todos se quedan quietos. Incluso la túnica del bibliotecario se endereza como los pelos de los gatos.

- Os aviso que en esta sección hay 45 de los 70 miembros del escuadrón, las paredes literalmente ven y escuchan, ¿Creéis que es seguro contar vuestro plan? - cuestiona Ichika. - Serían palabras perjudiciales, solo un tonto se metería a la boca del lobo dormido para quejarse de su olor.

- El escuadrón 70 no tendrá en cuenta esta sala como no tiene en cuenta la biblioteca - sentencia el bibliotecario.

- La maldición del viento nuevo, ¿Cierto? - le pregunta Ichika.

- Efectivamente.

- ¿Qué es eso? - le pregunta Iris al bibliotecario.

- Mika hizo un trato con el libro maldito al que le vendió mi alma - empieza a decir el bibliotecario, el rencor de su voz no se esconde. - Ella permitirá mi biblioteca a cambio de un aura de protección, el viento nos protege, mi esencia lo impregna, por eso toda respiración profunda huele a libro viejo para los demás, menos para ella y para mí. Además, el aire es amigable con Mika, se nivela a como quiere y transmite los sonidos que considera en esta caja de zapatos.

Iris y Carlos están totalmente perdidos, este último incluso se rasca la coronilla.

- ¿Esa es la razón por la cual no rompe la barrera del sonido pese a lo rápido que se mueve? - pregunta Ruka. - ¿Por qué el viento a su merced no transmite esos sonidos?

- Efectivamente - dice el bibliotecario. - El escuadrón 70 identifica esas señales en el viento como autoritarias, y no van a ellas a no ser que sean llamados.

Ahora que lo piensa, Ruka no recordaba haber visto a Mika y algún miembro del escuadrón 70 compartir habitación o pasillo, claro que tampoco veía a Mika muy a menudo.

- Supongo que eso os mantiene un poco a salvo - Ichika clava los codos en la mesa, entrelazando los dedos, pone su barbilla encima. - Pero el sonido, el olor y el escuadrón no son las únicas formas de control que Mika tiene sobre vosotros.

"Cómo diga que sí es omnipresente me mato", piensa Iris.

- ¿Entonces qué otra actividad consuma sobre nosotros? - pregunta el bibliotecario.

- Vuestros corazones tienen un chip, un pequeño apartado de tecnología que os he introducido en alguna de las ocasiones que os he operado - dice Ichika haciendo el gesto de coser en el aire. - Está en una zona no letal, pero todos lo tenéis sin saberlo, excepto Jirei, él se lo puso voluntariamente.

- Ese jodido lameculos - dice Iris entre dientes.

- ¿Quién es Jirei? - pregunta Ruka.

- El hombre rosa - dice Iris. - No me puedo creer que hicieras eso, yo no noto nada y tu solo puedes unir músculos y huesos.

- Que eso sea todo lo que sabes de mí no quiere decir que sea todo lo que sé - dice Ichika con una sonrisa casi coqueta.

“Tiene sentido, en sus cicatrices también une grapas e hilo con su piel”, piensa Ruka.

- ¿Tengo un dispositivo electrónico dentro de mí? - dice Carlos palpándose el pecho con las uñas que salen de sus guantes con mitones.

- Si, pero es normal que no lo notes, debido a tus poderes Mika se aseguró de que la frecuencia fuera muy baja, sabemos que si lo notaras podrías reducirla a cero - dice Ichika ladeando un poco la cabeza. - No podréis negar que Mika tiene talento en todo lo que se propone.

Carlos se concentra en su propio corazón. Cierra sus ojos y piensa en él, es un momento de tranquilidad, todos a su alrededor parecen guardar hasta la respiración, entonces lo nota como un pequeño zumbido. - Chinguesu... Es cierto, lo noto como un "piiii" - dice en un idioma que todos entienden menos Ichika. - y yo en las noches pensando que eran los moscos.

- Por eso Mika te amenazaba con tu familia - dice Ruka especulando en voz alta. - Si tú escaparas de su rango y apagaras tú chip, serías potencialmente imposible de encontrar.

"Igual que Sumi-san", remata en su mente. "Pobre de ella, espero que pueda suprimir sus emociones igual que yo, hasta cierto punto mi alma la entiende, vivirá con miedo de ser observada desde cualquier lugar, como yo y mis manos llenas de sangre".

- Es imposible que yo tenga uno de esos - dice el bibliotecario. - Estaba aquí mucho antes que tú.

- ¿Recuerdas quién te curó la cicatriz cruzada en el pecho tras el disparo del tanque? - Ichika ladea la cabeza hacia el otro lado.

- ¿Y cómo es que Carlos no se ha dado cuenta de los chip hasta ahora que lo dices? - pregunta Iris.

- Son de frecuencia baja, hasta la electricidad de vuestras neuronas los opacan.

- ¿Y entonces para qué coño sirven? No creo que se puedan rastrear así.

- Con la tecnología adecuada, y Mika tiene la tecnología adecuada, si - Ichika asiente. - Además, también los puede activar el cerebro cuando os morís, ese último impulso de vida le servirá para encontrar vuestros cuerpos.

- ¿Y para qué los querría?

Ichika no responde a la pregunta de Iris, solo mira a Ruka más fijamente.

- A, ya, claro - dice la coreana entre dientes. - Bueno, no importa, no hay nada más que hablar, está claro que la mano derecha de Mika no se pondrá del lado correcto de la historia.

- Jeje, lado correcto, que bonita palabra - dice Ichika acentuando su sonrisa. - E irónica también, viniendo de quién viene.

Iris da un paso al frente, pero Ruka la detiene estirando un brazo, sabe que no merece la pena discutir con Ichika cuando se pone a reflexionar sobre el significado de las palabras.

- Aún no has escuchado nuestro plan - dice Ruka.

- ¿Y de qué se trata? - Ahora Ichika apoya su mejilla en su mano izquierda.

- Vamos a ir a otro mundo, vamos a traer un poder que no te imaginas y vamos a borrar a Mika del mapa - Ruka apreta los puños decidida. - Pero si no regresamos, dile a Mika lo que tratamos de hacer, para que deje en paz a nuestros familiares vivos en paz, no te pedimos nada más.

"No se si es muy optimista o muy estúpida", dice la mano derecha de Ichika, aunque solo ella la escucha.

"Me recuerda a nosotras", dice la pierna izquierda.

El silencio del resto de articulaciones se siente como una confirmación grupal para la mujer de las extremidades cosidas.

El grupo se da la vuelta, ni siquiera tiene intención de despedirse.

- Espera Ruka-chan, quiero decirte algo - Ichika estira la mano en su dirección, como si esperara poder detenerla atrapandole la muñeca.

- Pues a lo mejor ella ya no quiere oírte - dice Carlos con un meneo de cabeza.

- Cállate, Carlos - le regaña Iris.

Cuando el resto de miradas acusativas cesan hacia el mexicano, Ruka vuelve a mirar a los ojos de Ichika.

- ¿Qué quieres? - pregunta Ruka.

- ¿Sabes cuál es la diferencia entre follar y hacer el amor? - pregunta Ichika mientras vuelve a entrelazar sus dedos.

- El precio - dice Carlos antes de que su boca sea brutalmente cerrada por los poderes del bibliotecario.

- Jeje, no, aunque esa es una buena respuesta.

- ¿Cuál es? - pregunta Ruka lanzado una mirada de soslayo a su amigo rubio.

- La confianza - dice Ichika asintiendo. - No se cómo lo has hecho, pero ellos confían en ti, y eso lo has logrado en menos de un mes con amor y trabajo duro. Has triunfado allí donde el temor de Mika y sus 77 crímenes de guerra fracasó, eso es admirable.

- Admirable es solo una palabra - responde Ruka con una frialdad impropia de ella.

- Lo es, como todo lo que comunicamos normalmente, pero tú has logrado transmitir algo más, unes almas a destinos, metafóricamente hablando - Ichika se lleva una mano al pecho. - Aunque puede que literalmente también.

- Oye, muy bonito este discurso de Manos Unidas, pero tenemos cosas que hacer, hay vidas inocentes en juego - A Iris solo le falta llamar a Ichika cobarde en su cara para ser menos sutil. - Así que al menos se una buena perra y déjate de discursos sentimentales, los buenos sentimientos no detienen guerras.

Ichika ignora olímpicamente a Iris. - ¿Lo has entendido Ruka? Unir almas, eso vale más que cualquier hechizo.

Ruka solo se limita a asentir.

***

Caminando por el pasillo de regreso ven los zapatos de Jirei al girar la esquina. Las suelas estaban chorreando en una masa viscosa similar a sudor diluido con mocos.

- ¿Estos no son los zapatos del hombre rosa? - pregunta el bibliotecario.

- Nos habrá visto como un comité de enojo que lo iba a mandar directo al panteón y habrá dicho; "no, chingue su madre, no hago más ruido" - dice Carlos buscando hacer reír al personal. - Y viendo como levantó las manos con miedo, haz de cuenta que puede que esos zapatos no estén solo mojados por agua.

Cuando todos iban a seguir su camino, el bibliotecario aún así giró la cabeza para volver a mirar los zapatos. - ¿No deberíamos sospechar de ese comportamiento?

- ¿Por qué? - pregunta Iris. - Es solo un puto cobarde, la primera vez que le llamé la atención por mirarme las tetas fue llorando a Mika.

- Iris, cuenta la historia bien - le dice Carlos.

- Es posible que le metiera una patada en los testículos - detalla Iris a regañadientes. - Fue puro instinto de taekwondo. No importa, ¿Qué iba a hacer de todas maneras sin sus zapatos? 

- Podría habernos seguido en mayor silencio para delatarnos ante Mika - responde el bibliotecario.

- No podría haber hecho eso - dice Ruka sin desacelerar el paso. - Estaba agudizando todos mis sentidos en esa habitación por si alguien del escuadrón 70 llegaba a nosotros desde algún punto muerto, no escuché nada fuera de lo normal. Ahora, por favor, démonos prisa, la vida de una chica inocente está en juego.

"Y puede que la de tus padres también", agregó en su corazón.

***

Llegaron a la biblioteca con lo que tenían en los bolsillos y un poco más. Carlos cargaba su francotirador en la espalda, pasaba su pecho con una cinta de cuero negra, Iris llevaba su cuchillo en un bolsillo y vestía totalmente de paisano (camiseta blanca de manga corta, chándal de marca blanca y deportivas). Ruka solo había tomado su cinta de neografeno, ni siquiera se llevaba su teléfono.

El bibliotecario sacó el libro maldito de caracteres incomprensibles y lo puso en el suelo, justo en el epicentro de la sala, abierto por la página que serviría de guía para el ritual. Invoca cristales, salen del suelo como estalagmitas de hielo fino hasta formar un pentagrama con una estrella de cuatro puntas en el medio, cada uno de ellos ocupa un lugar en las terminaciones.

- Antes de empezar, os recuerdo que esto solo será posible si vuestras almas y vuestra mente están preparadas - dice el bibliotecario. - Si alguno tiene algo que agregar, que hable ahora.

- ¿Podrías hacer un repaso rápido del lugar al que vamos? - pregunta Carlos. - Se que va a cambiar por los cristales y su influencia, pero cuál es la información que sabemos de adeveras.

Ruka e Iris lo contemplan en silencio, la japonesa le asiente al bibliotecario, le parece una buena idea.

- Seremos transportados en cuerpo y mente a una estancia media de la realidad, primero iremos a un limbo, un punto intermedio entre ambas realidades, allí se dará nuestra primera prueba, si sobrevivimos, podremos entrar al mundo de S R I, allí nos podrá pruebas ajustadas a nuestras capacidades para buscar unos cristales, si los conseguimos, escuchará nuestra historia y luego nos concederá un deseo.

- ¿Y nada nos asegura que vayamos a regresar todos, cierto? 

- No - le responde Ruka. - Si quieres echarte atrás, es un buen momento, no te reprocharemos nada.

Ruka lo dice con una parte de su alma resquebrajandose, Carlos no es como ella, él no puede reprimir sus emociones por instinto como le pasa a ella, tiene que hacerlo con pura fuerza de voluntad. Tiene que recordar a cada persona que mató, a cada amigo que perdió y a cada familiar que puede perder y decirse a sí mismo, "chanfle, pues son cosas que pasan".

- No, huir es de putos - dice ajustándose las gafas con el pulgar. - Solo os pediré que si no regreso miréis dentro de mi almohada, escribí una carta de despedida para mis padres y me gustaría que se la llevarais, digo, Mika ya estará muerta si regresais, ¿No? Nada os lo impide.

- Está bien, yo lo haré - le dice Iris asintiendo. - Y si yo muero no quiero que me lloréis.

“Iris, eres dura, pero tienes buen corazón", piensa Ruka.

- Y si yo muero - empieza a decir la japonesa.

- Ruka, tú eres la más versátil del equipo, si tú mueres, todos moriremos contigo - asevera Iris sin dejarla terminar.

Ruka frunce un poco el ceño, era cierto en gran medida, pero ella también tenía que tener derecho a un último deseo.

- Empecemos - dice el bibliotecario.

Son las únicas palabras que Carlos e Iris pueden entender, las luces se apagan cuando habla en un idioma que ni siquiera podría ser narrado. Los cristales del suelo se iluminan y el libro empieza a pasar sus páginas a gran velocidad, ahora hay más páginas de las que son posibles. 

El bibliotecario estira sus manos, Ruka toma una y Carlos la otra, Iris toma de la mano libre a sus dos compañeros.

Un fogonazo de luz boreal se manifiesta en los cristales y todo desaparece para volver a aparecer en un vacío pálido que no era blanco pero se asemejaba, donde la escasa luz tenía problemas para moverse entre las neblinas húmedas que el suelo emanaba.

- ¿Ha funcionado? - pregunta Carlos.

- Podemos confirmar que la primera parte es un éxito - dice el bibliotecario. - Ahora busquemos el portal.

- Él nos ha encontrado primero - sentencia Iris señalando a un brillo en el horizonte.

Se podría definir como un asterisco roto de bordes morados, de él destellaban cristales que empezaban a tomar forma y movimiento. Estos mismos se clavaron en el suelo, rápido y en orden, hasta formar un esqueleto.

- ¿Qué coño hacéis mirando solo? - les grita Iris. - ¡Carlos, dispara a esa cosa antes de que termine de formarse!

- ¡Ay, cabrón! Si cierto - dice Carlos tomando el francotirador de su espalda y apoyándolo rápido en su hombro como si fuera un rifle de caza.

Apretó el gatillo solo una vez, es todo lo que le dio tiempo. Los cristales ya habían terminado de unificarse en una gigantesca criatura de aspecto saurópodo, más bien dragonesco, al cual la bala ni le rasguñó la carcasa.

La boca de aquel dragón cristalino empezó a almacenar electricidad, cientos de rayos y chispas que rebotaban dentro de el tomando un color azul, amarillo y morado. Los ojos se fijaron en el equipo de cuatro.

- ¡Detrás de mí! - dice el bibliotecario que en ese mismo momento avanza hacia delante.

El dragón dispara el rayo de su boca, pero el bibliotecario extiende ambos brazos hacia delante, a dos metros de él se forman dos láminas gruesas de cristal que detienen el impacto eléctrico y lo disipan, pero el vidrio se agrieta y destruye.

- ¿Cristales anti-magia? - pregunta Carlos.

- No, son normales, son aislantes de la electricidad, pero su potencia es demasiada - responde el bibliotecario. - Es como tratar de apagar una embestida de un coche en llamas con una cubeta.

El dragón vuelve a entrecerrar la boca, recargando otro rayo. El bibliotecario alza una mano al cielo, tres capas de estalagmitas forman una pirámide protegiendo a todos.

- No mames, no detecto mente en esa cosa - dice Carlos enojado. - ¿Y cómo puede almacenar electricidad si no la conduce?

- No la almacena - dice Ruka que lo ve como si lo tuviera delante. - La electricidad rebota entre sus dientes y luego lo dispara cuando acumula mucha fuerza.

- ¿A que distancia está de nosotros? - pregunta Iris mientras empuña su cuchillo.

- 50 metros - responden Ruka y Carlos a la vez.

- Tú - Iris señala al bibliotecario. - ¿Puedes crear un cristal que lo parta desde aquí?

- No, necesito estar mínimo a 20 metros.

- Bien, tengo un plan, vamos a avanzar replegados, yo soy la más lenta - Iris empieza a señalar a su equipo. - Ruka, tú avisas dos segundos antes de que dispare, escapas la última por ser la más rápida desplazándote de nosotros. Carlos, tú corres a mi izquierda, bibliotecario tú detrás de nosotros, defiendes...

El dragón suelta su segundo disparo en ese momento. Parte dos capas de la pirámide y agrieta la tercera.

- ¡Maldición! - dice Iris.

- Solo ha tardado siete segundos esta vez - dice Ruka.

- Pues toca improvisar, vamos, vamos.

El bibliotecario dispara los laterales de la pirámide y los lanza sin necesidad de tocarlos empujados por el viento y la neblina. Aunque dan al dragón, no hacen fisuras.

Entonces corren, tienen una formación de tres uno, entre Carlos e Iris hay 7 metros, pero Ruka toma mucha más distancia lateral. Retiene sus cuatro dedos con el pulgar y al soltarlos con fuerza sus cuatro uñas salen disparadas hacia el dragón, nada sucede en el impacto.

Iris corría entre la niebla puñal en mano, se sentía jodidamente inútil, ni siquiera veía las cosas claras y aún así notaba al dragón mirándola, era la presa más fácil, no tenía poderes, no tenía fuerza, solo tenía un cuchillo venenoso y muy mal carácter.

- ¡Iris, salta a la derecha, ahora! - le grita Ruka.

Al hacerlo, nota cómo en menos de medio segundo, el aire a su alrededor se calienta y todos los pelos de su cuerpo se erizan en una sola dirección, como si se hubiera frotado un globo con electricidad estática.

El suelo explota fruto del impacto, de aquel lugar no salta piedra ni polvo, es más bien gravilla y humo. Tiene que taparse con una mano para protegerse los ojos.

El bibliotecario hace rápido su papel de soporte, como si lanzara un dardo invisible desde su mano, forma una lámina de cristal de 7 centímetros que protege a la coreana de los rayos residuales.

"Hice bien confiando en ti, en todos", piensa Iris, moviéndose para plantar las suelas de sus deportivas correctamente y no partirse los tobillos. "También hice bien en no traerme tacones".

Carlos tomó las pistolas de su cinto y las martilleó, Iris lo miró y de inmediato ya estaba enfadada.

- ¿Pero qué haces? - le grita.

- Pues te creés que las balas de francotirador son eternas, estoy ahorrando - le responde.

- Con esas no le harás ni cosquillas.

- Pues con las otras tan poco - dice Carlos remedándola. - Mira no más lo inútiles que están siendo las uñas de Ruka.

Ya a treinta metros, veían como la niebla se despejaba en pequeños surcos rectos de los que salían cristales como dagas lanzados por el bibliotecario y las uñas de Ruka, no fallaba ninguna, pero tampoco es que sirvieran de algo.

"Su piel parece totalmente impenetrable, no tiene puntos débiles", piensa la japonesa.

- ¡Carlos a la izquierda! - grita cuando ve el primer movimiento milimétrico de mandíbula abriéndose.

El salto del mexicano es un poco tardío, la electricidad le quema superficialmente la ropa a la altura del brazo.

- ¡Aaah, no mames! - Carlos tropieza en la caída y se tira cuerpo a tierra girando.

Justo cuando nota los voltios desgarrando los tendones de su brazo, este encuentra fuerzas para levantarse y correr, no son suyas, es el bibliotecario quien lo obliga a levantarse.

"Este hijo de la chingada si le sabe", piensa Carlos, sintiéndose como una marioneta que danza movida por hilos.

15 metros, el dragón ahora cierra la boca más.

- ¡Todos quietos! - grita el bibliotecario.

Sus compañeros se detienen repentinamente. 

- Ruka, dame la señal.

No es un mensaje muy específico, pero la joven sabe interpretar. Cuando el dragón abre la boca para soltar su carga Ruka grita. - ¡Ahora!

¡Cras!

Una placa de cristal sólido partió la mandíbula superior del dragón, separando la cabeza del resto del cuerpo. Parecía el maxilar superior de un cocodrilo colocado en una bandeja de plata.

El cristal reventó disipando la energía y vaporizándose en pequeños fragmentos tan finos e inofensivos que no se diferenciaban de la niebla. La parte arrancada se deslizó, al estamparse contra el suelo se deshizo como la arena de un reloj.

Todos dejaron de correr, aunque mantuvieron una distancia prudencial de 10 metros.

- Esta criatura ni siquiera alberga carne en su composición - dice el bibliotecario. - Parece una variante del diamante, totalmente macizo.

- Debe ser incluso más duro que el titanio si ni mis balas perforantes lo rayaron - dice Carlos encogiéndose de hombros. - Afortunadamente ya está muerto, para ser el primer ser vivo que matamos no lo hemos hecho nada mal.

- No lo llamaría ser vivo - le rectifica Iris. - Está totalmente hecho de cristales y ni siquiera parecía moverse, era más bien una torreta teledirigida.

Ruka se coloca detrás, entre Carlos e Iris, trayendo algo de aire residual que los refresca. Ella no muestra ni el más mínimo signo de agotamiento.

- Debemos pasar ya - les dice. - Tengo una corazonada, y este es el momento oportuno para entrar por ese portal.

- Perdón si me gusta pecar de desconfianza, pero con esa cosa en medio aún no me animo a pasar - Iris señala las patas traseras del dragón con la punta de su cuchillo, su enorme cola de proporciones megalíticas acabada en filo está dentro del portal. - Deberíamos asegurarnos de que está muerto.

Un segundo después de esas palabras el cuello de la criatura se partió en una vertical perfecta, similar a lo que un chef de alta cocina le haría a un salmón.

- Eso puede servir - señala Carlos con un movimiento cómico de su índice. - Muchas gracias bibliotecario. 

- Yo no he hecho nada - responde el joven anciano con temor.

Ruka toma a Carlos y a Iris del cuello de sus camisas, no es fácil ya que son más altos pero no es nada que un buen acelerón no pueda arreglar. Los lanza a ambos por el aire, recorren los diez metros que los separan del portal y caen dentro.

- Hija de... - Iris rebota y se golpea el lado malo de la pelvis, se mancha todo el pantalón de barro y pasto. - Mi puta cadera.

Carlos retoma conciencia más rápido y usando su poder reduce la intensidad de los receptores de dolor de Iris, "No es mucho, pero es trabajo honesto".

Ruka no ha tenido tanta suerte, la cola se ha movido de último momento como un látigo, empalandola por las costillas y volviendo a tirar su cuerpo entre la niebla y el bibliotecario.

La criatura dragonesca ahora tiene un aspecto diferente, dos cabezas le salen de la terminación del cuello y más que parecer un dragón, parece un águila con melena cristalizada en fucsia. Se mueven con el contoneo de una serpiente en un ritmo discordante y relamen sus dientes con una nueva lengua, como si pulieran zafiros con forma de estacas.

- Maldición - dice Ruka golpeando el suelo. - Se me olvidó que los jefes difíciles de los juegos de rol siempre tienen dos fases, o hasta tres.

La criatura se había hecho más larga y ancha, podrían poner dos furgonetas a su lado y sería más robusto. Al caminar desencajó las patas del suelo y adoptó la pose que toman los leones antes de atacar.

- Esa criatura no se trata de un dragón - murmura el bibliotecario con una voz de ultratumba. - Es un grifo unido a una hidra, si lo decapito, saldrá otra cabeza.

- ¿Cómo lo sabes? - pregunta Ruka, tomando por instinto una guardia ortodoxa.

- No solo tengo libros de mitología china en mi biblioteca - dice él.

Ruka prefirió no llevarle la contraria, los libros de mitología que vio los descartó por automático, no necesitaba mitos para acabar con Mika, necesitaba hechos, actos y consecuencias. 

- Bueno, no voy decapitarlo para dejarlo fuera - Ruka hace fuerza en las piernas acuclillándose. - Dame una base, voy por su cabeza.

Ruka salta hacia su diagonal izquierda cuando una de las cabezas cae en picado para morderla, con una sincronización que parece coreografiada, la otra cabeza se lanza por ella. Ruka nota una lámina a sus pies sostenida por el aire, sin pensarlo salta y el cristal estalla, ella llega justo a la coronilla de una de las cabezas.

Dispuesta a no soltarse, agarra con fuerza la melena fucsia y echa su cabeza hacia atrás para agarrar inercia. La cabeza contraria serpentea en el aíre, recargando un rayo en su pico que es incapaz de efectuar cuando el bibliotecario con una sola mirada hace que la propia lengua de la criatura se enrolle en su pico y lo cierre.

Ruka entonces deja caer su cabeza como una maza, su frente contra el cráneo de grifo cristalino.

"¡Venga, por favor funciona! Si ahora tiene músculos en la lengua debe tener terminaciones nerviosas en la cabeza!", piensa.

La criatura sacude su cabeza frenéticamente, parece que el daño ha sido mínimamente eficaz. Ruka no suelta los pelos, se siente como una borracha en un toro mecánico. Clava los talones y la criatura grita mientras ella vuelve a echar la cabeza hacia atrás.

La otra cabeza consigue rugir partiendo la atadura de su propia lengua y lanzando un rayo que impacta a pleno con la espalda de Ruka. Es un dolor como nunca antes había sentido, 5.000 grados en piel y huesos que además le empujan fuera de la cabeza confundiendo todos sus sentidos, no sabe a dónde dirigirse porque en todo su tejido nervioso se desplaza una electricidad peligrosa.

Así, mientras su cuerpo va en caída libre y su corazón deja de latir, no puede notar como la cabeza sobre la que estaba parada, ahora le muerde una pierna y la empuja hacia abajo hasta estamparla contra el suelo.

"No siento nada", piensa Ruka con sus ojos totalmente inmóviles y la espalda sangrando.

Algo cercena su pierna, es un cristal, fino y desgastado, verlo la hace volver en sí, junto a unas palabras; "los cristales viejos son los que mejor cortan".

Ruka saca fuerzas de su dorsal, y gira hacia atrás hasta poner su pie delante de donde estaba su cabeza, con una sola pata se impulsa en un salto y cuando llega a su objetivo su rodilla ya está regenerada. Su hueso se clava en el ojo de la cabeza que aún sujetaba su pierna, la córnea estalla por la fricción y la sangre se hierve y evapora antes de tocarla. Entonces Ruka gira y pisa el final de la boca del grifo, justo donde el pico acaba, allí se impulsa para ser despedida hacia atrás.

El bibliotecario aparece a la espalda de Ruka, la envuelve por la tripa en un abrazo y gira creando más cristales piramidales en el momento exacto en que la cabeza que no está tuerta lanza un ataque rápido y de baja potencia.

El bibliotecario suelta a Ruka y esta da dos pasos con piernas temblorosas dentro de ese reducido espacio con una mano en el pecho.

10 latidos, no es mucho, pero es un ritmo constante, no es miedo, es felicidad lo que siente. Se voltea para ver a su anciano amigo, la sonríe con confianza, una media luna honesta en esos labios viejos que hacía tiempo que no sonreían igual.

- No han hecho falta palabras - susurra Ruka. - Solo confianza, Ichika tenía razón, ¿Cuando nos hemos vuelto un dúo tan competente?

- No sabría decírtelo - responde el bibliotecario. - Hasta un viejo cuerpo sin alma como el mío sentía que eso era lo que había que hacer y lo hice.

Un nuevo impacto eléctrico da de frente contra la pirámide cristalina, lanzado por la cabeza ilesa mientras la tuerta recarga, está vez vuela la protección en mil pedazos. Ni el bibliotecario ni Ruka se inmutan, solo se miran y asienten.

El rayo sale disparado del grifo tuerto, electrones raviosos a 700 metros sobre segundo que cortan la niebla y evaporizan todo con su brillo fosforescente. El bibliotecario y Ruka mueven las caderas en sincronía hacia lados opuestos y la energía pasa entre ellos sin rozarlos si quiera.

La criatura los miró con sus tres ojos, casi doce metros de puro diamante en bruto y electricidad y aún así estaba atónito mirando a una adolescente de 17 años y un anciano de 25. El dragón/grifo entendió muy rápido su situación, ambas cabezas desataron su instinto animal y atacaron al final del cuello contrario, lo hicieron tan rápido que cuando Ruka y el bibliotecario quisieron procesar lo que pasaba ya se habían decapitado de un mordisco.

Los dos compartieron una mirada, sabían exactamente lo que acababa de pasar, no era un suicidio, era una forma de supervivencia, una evolución.

Fue solo un segundo, puede que menos, cuando la dorsal del antiguo grifo se abrió con el surgir de ocho alas tan oscuras como el mar de noche. Cómo si fuera un parto grotesco, una musculatura echa de roca y cobalto negro destrozó los restos de esa carcasa cristalizada para formar un cuello aún más robusto y una cabeza de ojos morados similar a la de un aligátor.

"Odio los jefes secundarios que tienen tres fases", pensó Ruka apretando los puños y los dientes.

La nueva criatura sí que parecía un dragón con todas las de la ley, los esperaba volando a 5 metros del suelo, con cada batida de sus pares de alas se generaba viento de altas presiones para levantar sus 16 toneladas de peso junto a una electricidad estática que impregnaba el lugar y despuntaba hasta los pelos de la túnica del bibliotecario que ya no parecían tener voluntad propia.

- Confía en mí - dice el bibliotecario.

Pese a la voz de ultratumba, Ruka no teme, ni siquiera cuando sus músculos pierden la autonomía y lo único que controla es su cerebro y corazón.

Con una guardia alta empieza a correr mientras la bestia de ocho alas deja que el voltaje rebotando en sus colmillos hasta que su maxilar se abre. Estalla como los fuegos artificiales en una noche de verano, Ruka se siente un personaje de videojuego, danzando en una lluvia eléctrica mientras su jugador ve el terreno desde su espalda con más perspectiva. Son pocas las chispas que la rozan pero con sus músculos semi-muertos, sus receptores de dolor no se activan y se regenera a tiempo para pasar por el portal antes de que el dracomorfo le caiga encima con intención de aplastarla.

Ruka entra a través de la luz del portal dando una voltereta perfecta, se gira con una sonrisa para agradecer al bibliotecario pero solo ve su rostro reflejado en tres capas de vidrio que la protegen de la polvareda que el dragón causó en su caída.

Ruka espera de pie, contemplando su reflejo deformado y la escasa luz violeta que viene del otro lado. Espera un segundo, dos, tres, incluso cuatro, pero el bibliotecario no viene aunque los cristales se siguen acumulando en la entrada del portal.

- No va a venir - susurra Ruka tragando saliva. - Se va a quedar luchando para que la criatura no nos siga.

- ¡Felicidades puta, no puedes decir algo más obvio! - le gritan en coreano.

- ¿Qué layos dijo? - pregunta Carlos.

Ruka entonces se da la vuelta, con toda la conmoción de la pelea no se había podido percatar del paisaje que la rodeaba. Un extenso prado verde y frondoso, adornado por un cielo rosado y planetas en el cielo igual o más grandes que la luna.

Iris y Carlos estaban unos metros adelante, descansando bajo la sombra de un árbol. Iris estaba muy cabreada, sus ojos rasgados más cerrados de lo normal con un entrecejo muy fruncido y las manos en la pelvis. Ruka la miró con cara de poker, recordando cómo hace menos tiempo del que le gustaría también se encontró a Iris en una pose similar frenando el sangrado de una bala.

- Lo siento mucho, Iris - Ruka hace una reverencia de disculpas inmediatamente.

- Tú lo siento no me va a ayudar a caminar, acércate.

La japonesa de lazo azul se acerca, parece casi un milagro que solo uno de los lados de la diadema se haya quemado superficialmente. Se pone a los pies de iris y la mira, Carlos tiene una rodilla incada en tierra y la está mirando, es lo único que puede hacer luego de haber inhibido el dolor.

- A ver, a la de tres, los dos me ponéis la espalda bajó los brazos y me levantáis - ordena Iris. - ¿De acuerdo?

- Si - contestan sus dos compañeros a la vez.

Ya en posición, y uno y dos, Iris se tira al suelo antes de tiempo a propósito, arrebatando a Ruka la diadema de su cabeza.

- ¿Estás bien? ¿Te has resbalado? - pregunta Ruka.

Iris no responde, en lugar de eso parte la diadema de plástico duro de Ruka, rasgando los hilos quemados del lazo central.

- ¡Oye! - le grita Ruka. - Ese era un regalo de Ichika.

- ¿Si? ¡Esto también! - dice Iris señalándose la cadera con ambas manos. - ¿En qué coño estabas pensando? ¡Me lanzastes por el portal a 100 kilómetros por hora, me podrías haber roto la espalda.

- ¡Fue instintivo! - se defiende ella también gritando. - Quería protegeros, dejaros fuera de la zona de peligro.

- ¡Pues que te quede claro jodida estúpida, no hacemos cosas por el equipo sin contar con el equipo! - Iris se golpea fuertemente la palma con un dedo. - ¡Por qué yo no tengo ni superfuerza, ni instinto ni la mentalidad de buda!

- Emm, chicas - dice Carlos levantando un dedo para pedir su turno.

- ¿¡Qué!? - le gritan las dos a la vez como si quisieran romperle un tímpano.

- Calma, calma, que no panda el cúnico - dice pidiendo tranquilidad con las manos. - Ruka, ¿Por qué tú instinto no se ha activado cuando Iris te ha quitado el moño de la cabeza?

Una brisa meció el pasto del suelo mientras Ruka trataba de encontrar una respuesta con su cerebro 2 veces más rápido que el promedio, pero no encontró nada que sirviera.

- No, no lo sé - dice Ruka ladeando la cabeza, si tuviera emociones se preocuparía. - Creo que simplemente no he reconocido la rabieta de Iris como una amenaza.

- Qué cosas más bonitas me dices - Iris lo pronuncia con un sarcasmo robótico. - Que le jodan a todo, yo y mi cuchillo solos contra el mundo.

Iris se pone de pie, hace una pequeña mueca al caminar, Ruka le extiende una mano. Es un gesto silencioso, Silencio que puede decir palabras; "pero no estás sola".

- ¡Ag! Vale, lo admito, me siento inútil en esta misión - termina confesando Iris a regañadientes.

- No eres inútil, Iris - dice Carlos.

- He dicho que me siento, no que lo sea - responde más cortante que su cuchillo.

Mientras Carlos se disculpa, Ruka contempla el paisaje más detenidamente ahora que todo se ha calmado. Están sobre una colina, a 15 metros de un bosque relativamente frondoso. Más allá se ven montañas en forma de medias espirales donde florecen enredaderas. Encima de dos de éstas hay dos imponentes fortalezas, una más grande que la otra, les separará 25 kilómetros y aún así ve la punta de la cima de una.

También puede escuchar mucho movimiento dentro del bosque, en su mayoría nota pájaros entre las ramas, también hay cuadrúpedos, no puede saber si son intensivos, pero en sus movimientos frente al escaso viento delante de ellos, no deben pesar más de 27 o 30 kilos. Escucha gruñidos, algunos beben de charcos y otros se pelean, en general, solo escucha a la fauna dentro de su ciclo.

Hay dos sonidos que no le cuadran, el primero es un desplazamiento viscoso, como un pez que se revela por la tierra o un slime. El segundo es de un gran peso que además corta el viento por donde pasa, suena aerodinámico, como un parabrisas picudo. A esos pasos se le suman más, calcula unos 40 pies, 20 hombres que además cargan objetos pesados que suenan al raspar sus manos y armaduras.

- Viene una pequeña tropa hacia nosotros - dice Ruka. - Están lejos, acaban de entrar en mi rango auditivo así que nos separan unos 900 metros.

- ¿Cómo lo sabes? - pregunta Carlos.

- Escucho 40 pasos en nuestra dirección.

- Eso no quiere decir mucho, pueden no estar sincronizados, o corriendo muy rápido, o puede que sea una sola criatura de 40 pies - se encoge para responder al rostro inexpresivo de Ruka. - Primera regla de la cacería, nunca des nada por hecho.

- ¿Cacería? ¿Has llamado a esto cacería? - los ojos de Ruka, tan ajenos a las emociones, parecen reflejar una chispa de frustración. 

- Si, digo, no mames, ¿No lo es?

Ruka evadió la pregunta y se miró las manos, si mataba a alguna criatura, Mika habría logrado indirectamente que se manchara de sangre de nuevo.

- Si son un ejército - dice Ruka, sabiendo que lo son. - ¿Podríamos no matarlos?

- Claro - dice Iris adecuando su cara a la sonrisa sarcástica que está por poner. - También podemos ofrecerles piruletas, mi padre me dijo que si le ofreces piruletas gratis a la gente suele estar más dispuesta a ofrecer su dinero a las estafas de la feria - se lleva la mano a las caderas y pone una sonrisa boba de comercial.

- Lo digo enserio - dice Ruka frunciendo el ceño.

- Y yo te creo, pero también te creí cuando dijiste que esto serían pruebas ajustadas a nuestro nivel, de por sí dudo que esto sea real, así que por favor, amabilidades las justas. - Iris apunta con su cuchillo todas las zonas donde su ropa está hecha gironés. - Solo mírate, eso te lo hizo el primer animal raro con el que luchamos, ir ofreciendo piedad a rivales que pueden ser más peligrosos no es algo que nos podamos permitir - de un toque, la punta retráctil de su cuchillo se guarda. - No es algo que me pueda permitir.

Carlos odia el silencio incómodo que se forma, solo llevan tres minutos de reloj en ese mundo y ya detesta la luz que rebota mal en sus gafas y el aire del trópico en esta zona que parece de todo menos tropical.

- Te puedo dar un metal si lo quieres - dice Carlos refiriéndose a la pistola de sus caderas. - Son de 40 tiros y tengo 20 cartucheras en el chaleco más las de repuesto.

- No, no me gustan las armas de fuego - dice Iris con un chasquido de su lengua. - Me traen recuerdos amargos.

- ¿Y tú no podrías arrancarte un hueso y hacerle un cuchillo mejor? - le pregunta a Ruka.

- Mis huesos se deshacen si están 10 minutos fuera de mi cuerpo - responde Ruka. - ¿No recuerdas lo que le pasó a mi brazo?

- A no mames, si cierto perdón - responde Carlos. "No hay forma de que lo olvide, a poco me explota en la cara cuando estaba tratando de sacarlo de la pared... Pero eso no tiene por qué saberlo nadie", piensa.

***

Llegaron ante la entrada del bosque, no había variedad en los árboles, todos eran robles, sus copas eran de formas varias, pero sus troncos y raíces no eran muy diferentes entre sí. El suelo que pisaban tenía ramas caídas y alguna que otra hoja, así como flores naranjas y violetas entre el pasto verde, su aroma era una fragancia agradable. En la línea del horizonte más allá de los árboles se veía una escalera excavada en la roca, y arriba de ella estaba la primera de las dos fortalezas que Ruka había visto.

- Muy bien - dice Ruka mientras pone sus brazos en jarras y sus piernas en compás. - Evidentemente esta tiene que ser nuestra primera prueba de exploración, guiarnos en este bosque sin un mapa hasta llegar al castillo y en el camino deberíamos ver los cristales.

- ¿Estás segura de que los encontraremos en el camino? - Carlos se baja las gafas tirando de una patilla para mirar a Ruka a los ojos.

- Deberíamos, e incluso si está perdido en este bosque seguramente lo puedo localizar si emite algún sonido o brillo fuera de lo común.

- ¡Ay Ruka! - dice Carlos negando con la cabeza. - Como dice el dicho, estás mirando el bosque y te estás perdiendo los carteles.

- El dicho no es así - se lamenta Iris tapándose la cara con la mano.

- ¿No?

- No, dice; "Estás mirando el árbol y no estás viendo el bosque" - Iris se encoge de hombros. - Por lo menos así lo decía mi madre, y nadie sabe más de refranes que un feriante.

- También puede decirse así pero creo yo que mi forma también es buena.

- El punto se pierde si dices cartel, no hay carteles en todos los bosques.

Ruka se extravía en el intercambio de palabras de sus dos compañeros, solo infla un poco los cachetes en una pequeña rabieta. - ¿Qué tiene eso que ver con este asunto? - pregunta.

- A no mames, si cierto - dice Carlos colocándose las gafas con el pulgar antes de señalar. - En ese cartel de señalización de tres metros a tu derecha está brillando el primer cristal.

- ¿Cómo? - Ruka tiene que girar la cabeza totalmente incrédula.

Era cierto, en un punto muerto que Carlos si veía por estar un poco más a la derecha que ella estaba ese resplandor boreal de un cristal, con forma de flor de loto, clavado superficialmente en un astillado cartel que decía "Felicidades por superar la primera prueba", en solo cuatro caracteres.

- No quisiera hacerme el que se las sabe todas, nunca he visto uno de esos cristales, pero ese diría que tiene bastantes chances de ser el que buscamos - dice el rubio encogiéndose de hombros.

- ¡Si es! - grita Ruka.

Corre directamente hacia el cartel, como si fuera una colegiala que llega tarde a su primer día de clase, tan emocionada que hasta parece que se le ha olvidado que puede moverse a 200 kilómetros por hora.

- ¡Si es! ¡Si es! - Ruka lo toma, el pétalo cabe entre sus dedos y es frío como la escarcha. - ¡Es el primero, amigos, el primero! Nos lo da por haber sobrepasado al dragón.

Parecía una niña feliz por recibir un regalo nuevo en navidad, pero Carlos e Iris se acercaban a ella con caras de preocupación.

- Perdón, lo entiendo - Ruka vuelve a su rostro de estatua gélida. - Es demasiado temprano para celebrar, un cristal no significa nada, aún lo podemos perder, o los enemigos pueden destruirlo...

- No, no es eso lo que nos preocupa - Carlos hace un ademán para captar la atención de la japonesa. - Es más el hecho de que no lo hayas visto, ¿No tenías una supervisión? El cristal estaba prácticamente enfrente de ti y yo lo vi incluso con las gafas puestas.

- Tampoco es como si tuviera visión de 360 grados - replica Ruka con un pequeño puchero. - Además estaba pendiente de los sonidos del bosque, aún estoy centrada en los pasos de esos soldados.

- Eso tiene sentido para mí - dice Carlos rascándose el lado izquierdo de la cabeza. - Es solo que esta situación es nueva para ti y cualquier cosa fuera de lo normal me altera, ¿Neta me juras que tú instinto está bien? 

- Por supuesto que sí - Ruka pone sus brazos en jarras.

¡Crasf!

La joven se da la vuelta y gira con la guardia ya lista cuando nota ese fuerte sonido estallar a su espalda. Tras ella, a una distancia prudencial, está Iris, y a sus pies la rama seca que acaba de estampar en la nuca de la japonesa.

- ¿Por qué has hecho eso? - dice Ruka sacudiéndose el pelo para quitarse las astillas y el polvo. - Mi ropa ya de por si está sucia y no voy a tener con que cambiarme.

- ¡Coño! - dice Iris en una queja que se siente como un gruñido. - Incluso tu inteligencia táctica parece haberse reducido.

- ¿E? - Ruka se sorprende y empieza a mirar a los dos intermitentemente. - No, yo no, ¿Qué está pasando?

Iris suelta el palo, ahora inútil, que cargaba y se acerca a Ruka de la forma más calmada que puede.

- Respira y expira, nadie te está presionando - le dice. - Pero esto si que es demasiado extraño, la Ruka que conozco esquiva balas con los ojos cerrados, ¿Cómo te puedo dar con una rama?

- Yo... No, yo no, no lo sé - Ruka se lleva ambas manos a la cabeza, aunque su corazón no acelera. - ¿Qué puede estar pasando?

- Es un vacío legal, seguro - dice Carlos cruzándose de brazos. - El mundo se ajusta a nuestras capacidades, pero nadie dijo que nuestras capacidades no podían ajustarse al mundo.

- No, pero eso no es lo que ponía - dice Ruka, casi tartamudeando. - Creo, yo, creo que no lo ponía.

- Por eso no confío en cosas que no entiendo - dice Iris.

Ruka cae de culo contra el suelo, pese a la dureza antinatural de sus músculos sus piernas le tiemblan más que cuando fingió delante del gerente. Sus emociones parecen regresar con la fuerza de un trauma de guerra y ya no recuerda tantos detalles, ni tantas palabras, y su corazón se está alternando a un ritmo que no debería. - Yo... Lo siento, lo siento mucho - empieza a decir Ruka mientras solloza.

Iris mira a Carlos, a este le están escurriendo las gafas por el puente de la nariz. Tiene cara de que se acordará de esto y hará algún chiste al respecto más tarde. Iris en cambio no sabe cómo reaccionar, Ruka se está limpiando las lágrimas con las muñecas hasta que apoya ambas manos en el suelo y mira al cielo llorando.

"Qué forma más rara de llorar", piensa Carlos.

- Oye, cálmate - Iris inca una rodilla en la tierra al mismo tiempo que pone una mano en el hombro de Ruka.

- Lo siento, es que acabo de darme cuenta de la estupidez que estoy haciendo - aunque se frota los ojos, las lágrimas no paran. - La verdad es que mi alma no está lista, tengo miedo por Mami-san, pero también por mis padres, Mika dijo que los mataría y me obligaría a mirar o algo así, no lo sé, todas sus amenazas se parecen.

"¿No hemos tenido esta conversación antes?", dice Carlos mirando a una cámara invisible.

- Ey, escucha - Iris empuja muy levemente el cuerpo de Ruka para que la mire. - No te fuerces, ¿Vale? Y no te culpes por llorar, eres una niña de 17 años viviendo algo que ninguna niña de 17 años debería vivir, ¿Sabes lo que hice yo en mi primera misión? - Ruka niega. - Cuéntaselo, Carlos.

- Se orinó encima cuando le apuntaron con un arma - dice sin esbozar una sonrisa. - Sus tres siguientes misiones las hizo con un pañal de adulto.

- Si, eso pasó.

Ruka se imaginó eso, era desagradable, ridículo y grotesco, pero de algún retorcido modo también era gracioso. Se imagina a Iris haciendo un baile de karateka hasta que le apuntan con un arma y se mea encima, le recordó a la típica escena de algún dibujo de su infancia, que en retrospectiva, no había sido hace tanto.

- Si vas a seguir tirando la corona, me la voy a quedar - le dice Carlos en un comentario que solo ellos dos entendían.

"Tienen razón", Ruka controló su ritmo cardíaco junto a su respiración. "Es como dijo Ichika, ni siquiera soy la misma yo de hace 5 minutos, ¿Qué más da si ya no soy la asesina perfecta? Nunca quise serlo en primer lugar". Aprieta los puños y marca sus venas, había perdido potencia, pero seguía siendo fuerte.

Toma unos segundos más para calmarse y para ponerse de pie con algo de ayuda de Iris, esta última pone buena cara, pero Ruka puede notar la mueca que hace al apoyar algo de peso en su cadera, se siente culpable de nuevo.

- ¿Te encuentras mejor? - pregunta Iris.

- Si, solo necesitaba desahogarme un poco, pero ya estoy preparada para lo que sea - Ruka dirige su vista al bosque consciente ahora de sus limitantes. - Habrá que tener cuidado entonces, si mi oído ya no es tan fino eso quiere decir que los guerreros armados que vienen hacia nosotros no deben estar a 900 metros, sino menos... Perdón por ese fallo.

- No importa, también es una buena señal - Carlos se encoge de hombros mientras toma sus dos pistolas. - Si aún con malos sentidos podías oírlos, eso quiere decir que no son silenciosos, los escucharemos llegar también.

Ruka asiente.

- A todo esto, ¿Eso nos servirá de algo en la pelea? - pregunta Iris refiriéndose al cristal GBR.

Ruka lo sostenía entre sus dedos como si fuera una delicada hoja, pero en realidad era un objeto tan pesado que le fracturaría la muñeca a un gorila adulto.

- No creo, tal vez si se lo lanzamos a alguien le duela - queriendo comprobar la dureza, Ruka lo aprieta un poco y una grieta se forma. - ¡Ay!, espera, no he apretado tan fuerte.

La pepita se le cae de entre los dedos, justo a los pies de Iris. Consciente de su error, Ruka se tira al pecho de la coreana empujándola con un codazo que la deja sin aire cuando las dos caen al suelo.

- ¡Me cago en la...! - grita Iris.

Del cristal sale una luz que no tarda en solidificarse, hasta formar un puente violeta en una diagonal perfecta que conectaba al cristal con el portal por el que habían entrado. Tan reluciente como el jade pulido y tan directo como unas escaleras mecánicas, los tres miran atónitos hasta que Ruka recuerda donde está apoyada.

- ¡Lo-lo siento mucho, Iris! - dice apresurándose a hacer una reverencia. - Ha sido un error tonto y se que siempre dices que hay que esquivar, y pensándolo ahora era mejor patear el cristal un poco más lejos pero no sabía su efecto, entonces...

- ¡Ruka! - manifiesta Iris haciéndola callar. - No importa, estás nerviosa y confundida, solo quítate de encima, ¿Vale?

- Si, lo siento.

Carlos solo puede contener la risa mientras Iris se levanta y se quita varias flores del pelo. 

- Pareces un cuadro de Frida Kahlo - le dice.

- Si me vuelves a insultar así, te mato - dice Iris centrada solo en su chándal.

- ¡Era un cumplido! 

- No importa, centrémonos -  Iris tira su cuchillo contra el cristal GBR, rebota al chocar de punta y lo atrapa en el contrafilo. - Tengo la sensación de que esto solo sirve para facilitarnos el camino de regreso, ¿Cómo se supone que lo vamos a llevar ante S R I?

Ruka lo analiza a simple vista, no tarda en darse cuenta de lo que pasa. - Tengo un plan - dice mientras saca su cinta de neografeno. - Como veis, el cristal emite luz que se solidifica a varios metros de su origen, por lo que si cortamos su fuente de luz con un buen material aislante...

El plan de Ruka es un éxito, el neografeno retiene ese brillo morado y tiene la extensión suficiente para envolver el cristal y que sobre espacio.

- Ya veo, es como apagar el fuego de un tanque de gas tapando directamente la boquilla - las dos féminas le miran con cara de no haber entendido. - Es una prueba militar en mi país, olvídenlo, su primer mundo no entiende de esos riesgos.

***

Las criaturas del bosque se alejaban del trío, la mayoría eran herbívoros y los pequeños carnívoros preferían no probar suerte contra esos extraños animales que les sacaban tres cabezas.

- La neta camioneta, me esperaba esto más peligroso - dice Carlos mientras guarda una pistola para quedarse solo con la de su brazo no quemado, el izquierdo. - Digo, tampoco estoy esperando que salga un trigre, pero mínimo algún felino que de problemas, ¿No?

- Los niveles de exploración no suelen empezar con los enemigos más difíciles - dice Ruka. - La mayoría se parecen más bien a eso.

Señala con el dedo un movimiento en la maleza, de él sale una criatura con forma de gota de agua demasiado redonda y viscosa, era un "eslaim" con un rostro y branquias de pez lungfish.

- Wop - mugió la criatura antes de saltar hacia Iris.

La coreana lo interceptó a medio vuelo lanzando el filo de su cuchillo al mismo tiempo que se apartaba con tres pasos atrás. 

La hoja lo partió por la mitad exacta antes de clavarse en un árbol. Aunque el slime estalló en un pequeño charco, Iris ya se había movido de esa posición y no le dio ni una gota.

- ¿Qué era eso? ¿Veneno? - pregunta Carlos.

- No huele a veneno - dice Ruka de cuclillas mientras lo examina. - Parece más ácido, está deshaciendo un poco el suelo.

- ¿Y es seguro? A impregnado el filo de mi cuchillo con eso - dice Iris cerca de la punta de su cuchillo.

- Si, al ritmo al que esto va apenas seria capaz de deshacer tela - Ruka se unta el dedo con ello y lo desmenuza. - No sería letal ni aunque te explotara en la cara.

- ¿Es básicamente una bomba creada para desnudar? - pregunta Carlos.

- Típico de los juegos japoneses, son así desde que los tigres fumaban - dice Iris negando con la cabeza.

- ¡Oye! - Exclama Ruka frunciendo el ceño. - Yo no he creado esto.

Iris solo se limita a poner una sonrisa de medio lado mientras retira su cuchillo y lo vuelve a incrustar en el mango. Espera, quizás, otra réplica de Ruka pero esta ha perdido la mirada en el bosque y se está llevando el índice a los labios.

- Escucho pasos pesados - susurra al mismo momento que Carlos e Iris se acercan más a ella. - Están cerca, 30 metros como mucho.

- Bueno - Carlos suspira. - Regla número uno de la caza y para sobrevivir a las brujas del cerro, si puedes escucharlo es porque ellos ya te han oído, ¿Se dirigen hacia aquí?

Ruka asiente. - Son menos pasos, solo escucho 10 botas - susurra.

- Mejor, menos objetivos son menos riesgos - dice Carlos mientras sus llamas dibujan un mal mapa en la tierra. - Nos acercamos lo máximo posible, Ruka, tú y yo nos subiremos a un árbol...

- No podemos negociarlo - Dice ella causando que Iris y Carlos se miren el uno al otro. - Creo que son criaturas inteligentes, podría simplemente dejarlas inconscientes. 

- Ruka - dice Carlos con una mueca algo apenada. - No detecto inteligencia avanzada aquí, ni en 70 metros a la redonda.

Ruka intentó dar una réplica, pero había visto de primera mano como Carlos reconocía que el dragón cristalino no tenía inteligencia a 50 metros de distancia, no había razón para que la mintiera en esto. 

- Ruka - Iris le pone una mano en el hombro. - No estamos aquí matando por gusto, pero tampoco es que esas criaturas sean reales, ya lo dijo el bibliotecario y hasta tú misma, todo esto es una prueba de los cristales. Esos guerreros que vienen a atacarnos, solo tienen el propósito de matarnos, nada más, no puedes negociar con ellos una tregua o la paz.

Ruka tubo que morderse la lengua, Iris y Carlos tenían razón, pero aún así, eran criaturas vivas, tal vez no sé diferenciaban en nada de los animales, ¿Pero acaso ellos sí? En estos momentos solo eran perros de caza que habían huido al bosque para regresar con intenciones de matar a su dueño. 

"Son ellos o mamá y papá", se forzó a pensar Ruka.

- Olvídalo, yo lo haré - dice Iris.

- ¿Qué? - pregunta Ruka.

- se te ve en la cara, no estás preparada para esto - Iris niega con la cabeza. - pero el plan de Carlos es algo que debemos llevar a cabo, somos nosotros o ellos, y nosotros tenemos la oportunidad de dar el primer golpe. Así que vamos a llegar hasta ellos desde un punto ciego, arráncate el fémur por el camino y haz un par de cuchillos con él. Si lo que dices es cierto no están ni a diez minutos de distancia de nosotros, podré usar tus huesos como arma antes de que se deshagan. 

Ruka tubo que estar de acuerdo con ese plan, tampoco le agradaba la idea de usar su esqueleto como arma arrojadiza, pero era mejor que matar a soldados distraídos de primera mano. 

***

Llegaron en 5 minutos al lugar que Ruka estimó. La posición de los soldados enemigos fue fácil de triangular, habían encendido una hoguera y estaban cocinando lo que parecía un gato montés de seis patas.

Iris y Carlos treparon a unos árboles que estarían a poco menos de 7 metros del pequeño círculo descampado donde 4 soldados enemigos usaban unos troncos que habían cortado como asientos al rededor del fuego y otro montaba guardia caminando en círculos en la zona periférica.

- ¡Hijue de la verga! Están mamadísimos - Exclamó Carlos en un susurro.

Eran 5 soldados solo, pero cada uno tenía el ancho de tres hombres. Brazos y patas de gorila, totalmente acorazados con armaduras de esa extraña variante del diamante que también formaba al dragón en su primera fase. No tenían cuello, pero sí una pequeña abertura circular donde debería estar su cabeza, sobre ella flotaba un romboedro de cristal que reflejaba la luz en cuatro direcciones mientras giraba.

Apoyados en árboles cercanos estaban sus hachas de guerra, armas de fina artesanía también de aquel material cristalino, con un filo que podría cortar hasta el aire. Solo la cabeza ya debería medir medio metro y con el mango llegaba a los tres sin problemas.

"No veo ninguna fisura en esas armaduras", pensó Carlos.

Iris tenía 10 cuchillos tallados a partir de los huesos de Ruka, el tiempo pasaba y tenía unos minutos antes de que estallaran. Estaba esperando indicaciones sobre como atacar, miró desde su árbol a Carlos, sus ojos apenas se veían entre las hojas que la tapaban. Carlos hizo un par de gestos con las manos, indicando que no veía fallos en las armaduras más que el hueco sobre la cabeza.

Ruka solo esperaba detrás de unos arbustos un poco más adentrados, si descubrían a Iris o Carlos, su misión era salir a toda velocidad y ganar tiempo para que ellos pudieran bajar y unirse al combate, o huir, eso ya quedaba a su decisión.

Uno de los soldados menos corpulentos se acercó a la comida y la pinchó con un palo.

- ¿Aún no está listo? - pregunta otro soldado sentado en un tronco.

Lo hizo en un idioma que Carlos no entendió, así que buscó a Iris, esta le asintió, empezó a mover sus labios para que Carlos los leyera.

"Están hablando griego", le dice.

Carlos asiente antes de volver a poner el ojo en la mirilla del francotirador. Antes de Ruka, Iris había sido de confianza para estos asuntos, después de todo, habla 11 idiomas.

- Por fin te dignas a hablar, Alexis - le dice el soldado que montaba guardia. - Llevas todo el viaje en silencio.

Ruka no necesitó agudizar el oído, las voces de estos guerreros eran transmitidas por sus cristales, sonaban con el tono con el que sonaría una comunicación con intercomunicadores.

- La profecía me tiene preocupado - dice el llamado Alexis.

- La profecía son cuentos de viejas - le dice el soldado sentado frente a él.

- No digas eso, Apolix - pese a que suena con la frecuencia de un mensaje transmitido por una radio antigua, se nota el cabreo en el tono de Alexis. - Tú eres joven, esa profecía es más antigua que tú y que yo, incluso más que estos árboles.

- Tonterías de viejas - dice Apolix aún más alto. - Un resplandor sale en una colina, ¿Y ya por eso van a venit tres seres malditos de otras tierras a destruirnos a todos? Hasta sus descripciones son ridículas, ¿Una niña con nuestra fuerza, una mujer armada con huesos y un hombre con cristales oscuros en los ojos? Si, claro, ¿Por qué no un anciano mágico también?

Ruka se ruboriza un poco escuchando esas palabras, eso le alivia, extrañaba sentir emociones.

- Esa profecía podría ser cierta - dice el que hace guardia. - ¿Cómo explicas si no el brillo? ¿O los rugidos del dragón tormenta? Se ha escuchado en todo el reino el batir de sus alas.

- No empieces tú también Amenoxis - dice Apolix acusándole con el dedo. - Los nuestros llevan milenios defendiendo ese castillo sin interrupción, no va a llegar el fin del mundo de un día para otro, y menos con amenazas tan ridículas. ¿Y la comida está lista ya o no?

"¿Somos el fin de su mundo?" Se pregunta Ruka. "No, no, céntrate Sarashina, esto es una prueba, los cristales están jugando contigo, han creado este mundo para que te sea difícil ganar... Es solo la típica conversación de N P Ces sintiendo nostalgia para que te cuestiones tus acciones". Se mira las manos, en lo que dura su pestañeo, las ve cubiertas de sangre, "maldición, está funcionando". De repente echa de menos su capacidad de ser una estatua de hielo sin sentimientos.

- Si, ya está - dice el soldado que mira la comida. - Tendremos menos de 2 minutos para comer.

- Empezar vosotros - dice Amenoxis. - Yo seguiré en guardia un poco más, será mejor no quedar desprotegidos comiendo.

- Sobrepiensas demasiado - le dice el que faltaba por hablar.

- Demasiado poco - dice Amenoxis, agarrando el hacha del final del mango y de la cabeza mientras la sopesa. - No lo entendéis, esto es importante - continua mientras gira en su marcha militar mirando su propio reflejo en la cabeza del hacha. - Todo debe ser por el rey, por su gloria, ¿Qué sentido tendría la vida si no? ¿Qué sentido tendría esta lucha?

"Eso es, no sé qué mamada estarás diciendo, pero continúa tu discurso", piensa Carlos mientras inclina un poco más el francotirador para la trayectoria perfecta. "En cuanto te gires te meto un tiro en tu agujero carnoso sin cuello, compadre".

Iris desde su árbol, vio los movimientos de Carlos para mejorar su precisión, también miró a Ruka que parecía estar muy atenta a lo que esos gorilas de cristal decían, "Claro, ella también puede entenderlos", piensa Iris acercándose de cuclillas un poco más al final de su rama, la parte donde tapaban menos las hojas. "Espero que no se le ocurra hacer ninguna estupidez, eso de que somos el fin de su mundo claramente lo han creado los cristales para provocar a su lado empático".

La desconfianza de Iris afloró un poco, y no le quitó el ojo de encima a Ruka. La japonesa en cambio tenía su vista puesta en el gran soldado que era Amenoxis, mientras le veía caminar buscaba algún punto flaco en su armadura. "Sus hombros, codos y rodillas tienen aperturas para su articulación, son como figuras de colección. Lo que no entiendo es como ven sin ojos", piensa ella.

- Así que nuestro deber será siempre luchar… - Amenoxis detiene su discurso cuando se inclina un poco más hacia el reflejo de su hacha.

“Vamos, termina de girar”, piensa Carlos, está a muy poco de acertar, ya tiene el dedo listo para apretar el gatillo.

- ¿Qué sucede? - pregunta Alexis.

- ¡Hay otro reflejo en mi hacha! - grita Amenoxis. - ¡Viene de allí!

La mirilla de Carlos había reflejado parte de la luz del sol en el hacha cristalino de Amenoxis, un detalle casi imperceptible del cual el soldado se había dado cuenta. Carlos no entiende nada, solo ve como Amenoxis grita y lo señala.

Amenoxis ni siquiera espera a que Carlos entienda lo que pasa. Lanza su hacha hacia delante y lo agarra del final del mango. Clavando su talón derecho empieza a girar sobre su eje, como si se dispusiera a hacer un lanzamiento de martillo.

“No mames, ¿Qué hace?”, piensa Carlos mientras le ve girar. “No puede haberme visto, no noto cambios emocionales en él”. Esa opinión de cambió en milésimas cuando vio el hacha volar hacia él en una línea recta que parecía imparable.

¡Plas!

Sonó un estallido y parte del suelo se levantó, sacando un arbusto de raíz. Ruka salta cuando el hacha lleva 5 metros recorridos. Choca con él, agarrándolo y tirando de los 600 kilos de peso. Sus muñecas se resienten un mínimo mientras lo redirige, gira entre sus dos manos como si fuera las banderas que dirigen un desfile y finalmente lo suelta, el filo a sus pies y el mango apuntando a los árboles.

Todo permanece en silencio por esa demostración de fuerza, incluso la naturaleza parece haber cesado su ciclo solo para ver a Ruka hacer esa acrobacia. Ella se siente observada pese a que esos gorilas cristalizados no tienen ojos para verla. Las luces en los rombos de los soldados han parado de girar y ahora le apuntan, se siente como un gato señalado con punteros láser.

- “Geia sou” - dice mientras levanta una mano. - “Thelo eiríni”.

Con eso trataba de decir, “Hola, busco la paz”, en griego. El único problema es que ella solo entendía los idiomas, no los hablaba, y haber leído dos o tres libros de hechizos en griego le había servido para aprender palabras, no para pronunciarlas.

- ¡Es la niña! - grita el menos corpulento.

Dos se incorporan como tirados de ilos, esa es una señal de guerra.

- Matarla antes de que traiga refuerzos - grita Alexis.

Dos orren hacia sus hachas, pero el menos corpulento no hace eso, él aplaude y al hacerlo agacha el torso.

"Ahí tienes, pendejo", piensa Carlos en el momento en que aprieta el gatillo.

El sonido del disparo se tapa con el del aplauso y para cuando los soldados quieren ser conscientes, su compañero menos corpulento cae de espaldas contra el suelo con una herida de bala que hace escurrir un fino río de sangre.

Tantas cosas en apenas dos segundos hacen que ni siquiera Ruka se centre en lo que está pasando. Su cabeza trata de buscar palabras en griego que pidan calma cuando su cuerpo flexiona las rodillas sin ser ella consciente y esquiva un guante cristalizado que casi le roza la cara. Es Amenoxis que descontento con su fallo, vuelve a alzar los puños sobre la zona donde debería estar su cabeza y los deja caer como un martillo.

Ruka si es consciente de este movimiento, pero es lento y ella de un paso se pone en una zona segura entre sus brazos entrelazados y el cuerpo del soldado. Visto desde fuera parecía que Amenoxis estuviera abrazando el aire tras intentar rodear a Ruka con sus inmensos brazos.

Posiblemente el soldado hubiera querido juntar los brazos y aplastar a Ruka contra su pecho, pero esta lanza su mano totalmente recta, su palma con sus uñas por delante, fina y aparentemente delicada, atraviesa la apertura en las axilas de Amenoxis y llega hasta el hueso, partiéndolo con un sonoro ¡Crack!

El brazo de Amenoxis cae prácticamente inerte, él se lleva la mano contraria a la bola del hombro izquierdo, pero está roto, no hay nada que se pueda recolocar. Ruka lo mira con el ceño a medio fruncir, pensando en alguna palabra en griego con la que pueda decir, "no quiero guerra".

- ¡Yiaa! - grita Alexis corriendo a por Ruka, hacha en mano.

Ruka empuja a Amenoxis del pecho, agrietando el cristal que hace de peto, le lanza contra él. Alexis no se detiene en su carrera, salta por encima del cuerpo que se revuelca levantando polvo, tierra y pasto. Cómo si hiciera un mate de baloncesto, lleva el filo hasta el final de su espalda y lo echa hacia delante aún en caída libre.

El arma cristalina perfora el viento, sonando como una turbina a toda velocidad, eso tapa el movimiento de las hojas y el crujir de una rama, que suenan al mismo momento que Iris salta desde su árbol con las piernas encogidas luego de tomar algo de impulso.

Ruka prácticamente ve el golpe de Alexis en camara lenta, esquiva el ataque en arco descendente moviéndose un paso a la izquierda. Cuando el filo se clava en el concreto, Iris ya está posada en el mango del hacha de Amenoxis.

Con dos puñales de huesos en las manos corre por el mango mientras Alexis está subiendo el torso, dejando totalmente expuesto el agujero en la cima de su armadura. El rombo gira y su luz no consigue deslumbrar a Iris que da otro salto de metro y medio hasta que sus pies se posan en los hombros del soldado.

- ¿Ella también es real? - pregunta Alexis con su voz de locutor de radio.

- "Alithis" - exclama Iris.

En ese mismo momento, lanza sus dos puñales por la apertura del cuello. Las armas óseas se abren paso por la piel de Alexis, cortando músculo y hueso como mantequilla, incluso se escucha como se clavan en los pies al tocar el fondo del soldado.

Alexis cae a plomo, su espalda contra el suelo levanta una nube un poco más grande de polvo mientras gotas de sangre empiezan un goteo diminuto al salir de las dos fisuras en el cuerpo del soldado caído.

- Tú hablas griego, ¿Verdad, Iris? - pregunta Ruka viendo como su amiga empuña ahora su cuchillo en una mano y un hueso tallado en la otra.

- No les voy a pedir que nos sentemos a hablar - le dice a Ruka mientras se pone en guardia.

- ¿Por qué no? 

Ruka se agacha en el momento en que otro hacha vuela a por ella buscando su cuello. Pasa de largo y se choca con el árbol en el que Carlos está, desestabilizándole.

Iris solo mira a Ruka antes de lanzarse a por los soldados. Ruka odió esa cara, era la cara que Iris ponía cuando le protestaba y al final tenía razón, la tenía marcada a fuego desde el día en que la dijo "Gracias por joderme el puto desayuno también".

Ruka quiere detener al soldado que está recorriendo los 5 metros que le separan del árbol de Carlos, pero sus instintos le avisan de un cambio fuerte en el aire. Amenoxis se levanta a una velocidad imposible, fuera del nivel mostrado. Aún y con su brazo Roto, endereza su figura frente a Iris tan rápido que la coreana ni siquiera lo percibe.

Ruka se pone delante, levantando una ráfaga de viento al desplazarse. Con sus dos manos detiene el titánico brazo de Amenoxis, pero este parece despuntar una nueva luz desde su pecho que lo impulsa en un pequeño voltaje. 

Igual que dos imanes de polos opuestos, ambas fuerzas se repelen, y los talones de ambos dejan surcos en el suelo que despejan el camino por el que Iris corre con sus deportivas rumbo hacia Apolix.

"¿Pero qué?" Piensa Ruka, más preocupada por haber perdido totalmente su calzado en ese choque, que por las cicatrices de sus manos curadas casi instantáneamente. "¿De dónde ha sacado tanta fuerza nueva?".

Amenoxis detuvo su retroceso clavando su mano en la tierra, parecía un gorila que se había golpeado el pecho para marcar territorio. Recargando fuerza en sus rodillas, luz relampagueante empezó a despuntar de manera innatural.

"¡Oh no!", pensó Ruka mirando a Iris que apenas se había alejado tres pasos. "Si salta así, romperá la barrera del sonido".

Ruka imitó la pose, tenía que saltar antes. Iris ya había estado frente a grandes impulsos antes, las pruebas de tiro las hacían sin protección en los oídos, pero era en habitaciones preparadas. El salto de Amenoxis en cambio, era de una proporción abismalmente distinta, semejante onda de choque podría dejar el cerebro de Iris hecho puré sin necesidad de tocarla.

Ruka salta, taclea a Amenoxis del pecho antes de que termine su impulso. Aunque le hace perder el momento, a duras penas lo mueve un centímetro, la mano colosal y titánica del soldado sube y baja con fuerza hecha un puño contra la espalda expuesta de Ruka.

¡Crack!

Las vértebras crujen al mismo tiempo que sus piernas, sus huesos son sacudidos tan fuerte que están a muy poco de salir de su cuerpo.

Con un impulso que hacía mucho tiempo que no sentía, Ruka baja sus manos todo lo que puede hasta aferrarse a las aberturas de las fosa poplítea. Tira de ellas al mismo tiempo que Amenoxis vuelve a subir su puño, el soldado se desequilibra y cae de espaldas, abriendo aún más las grietas de la armadura.

Ruka agarra las dos piernas con sus brazos, sus pies descalzos casi hundidos en la tierra al mismo tiempo que empieza a girar en su eje, hasta que la fuerza centrípeta extiende los brazos del soldado a la larga.

Ruka siente algo, algo que no sentía desde su pelea con el gordo bastardo. No es solo el hecho de que gira como el fontanero que vencía a la tortuga dragón en uno de los juegos de su infancia, es una fuerza que hace latir su corazón y le da dos cucharas de energía por cada una de fatiga.

Mientras Ruka suelta las piernas de Amenoxis y le hace salir del descampado, en la otra punta Carlos salta del árbol con sus dos pistolas desenfundadas y el francotirador atado al pecho. Apunta al agujero del soldado sin nombre, pero este logra poner su hacha como tapón antes de que apriete el gatillo, las balas se parten en la cabeza del arma sin lograr el efecto deseado.

Carlos cae al suelo y rueda debajo de las piernas de su oponente hasta llegar a su espalda totalmente acorazada.

- No mames, cabrón, ¿Nadie te ha dicho que nunca lleves un hacha a un tiroteo? - Carlos busca la larga distancia mientras esquiva un hachazo a las costillas. - Solo conocí un hombre capaz de ganar con un arma blanca, y le llamábamos "el idiota".

El soldado no le entendía y tampoco le interesaba, blandía su arma con destreza y soltura, como si no pesara nada. Carlos tenía que retroceder moviéndose de espaldas y esperando no ser acorralado.

"¿Pero esta mamada tampoco tiene mente? No noto cambios en él", pensó al mismo tiempo que retrocedía de un revés.

Su espalda dio contra un árbol, el soldado levantó su hacha en diagonal a la cabeza de Carlos. No había donde retroceder, el arma llegaría a él antes de que se agachara y apartarse no serviría, si no queda entre el mango y el árbol (cosa que le aplastaría), quedaría a merced del filo, que pasaría entre el árbol y él como un machete pasa entre los cultivos.

"Tendrá que ser un tiro de suerte", piensa mientras mueve la pistola, hasta que ve las pequeñas aperturas en el guantelete, usadas para la articulación de los dedos. "Pues ya se chingó".

¡Bang!

El disparo es preciso, pero la bala es muy grande, da en la apertura de los dedos y se parte en docenas de perdigones, restos de fierro que golpean la cara de Carlos y le parten los cristales de las gafas. Estos mismos perdigones destrozan los dedos, y el soldado pierde el equilibrio al retirar la mano como si la hubieran metido en agua hirviendo.

Carlos no le deja tiempo para que procese y tome su hacha de nueva cuenta, salta en la rodilla blindada que apenas tambalea por su peso y ya con más altura, descarga 6 tiros en la apertura de la cabeza, tres con cada pistola. 

El soldado cae de boca, mientras eso pasa, Iris corre a por Apolix, él apenas sabe cómo ponerse, aún no se ha levantado del tronco y para cuando lo va hacer, Iris lanza su cuchillo de hueso a la apertura de la rodilla derecha, causando un efecto palanca que evita su correcta flexión.

Apolix se maneja como puede con una pierna tratando de realizar una pose muy primitiva de boxeo mientras lucha con su repentina cojera. Iris acerca más su puñal a ella y lo sostiene con si sosteniera un pica hielos, solo va a tener una oportunidad.

Apolix avanza, pone un pie delante pero no lanza un recto, es un gancho que Iris ve llegar, telegrafía el movimiento y lo esquiva de manera muy justa. El golpe pasa sobre su cabeza y ella en dos zancadas ya está donde desea.

¡Scraf!

La fina hoja del puñal entra por la rendija de la armadura, en circunstancias normales no sería más que un pequeño picotazo, molesto pero resistible. Eso piensa Apolix, seguro de su victoria, pero su brazo no se mueve, toda su musculatura está recta y ni siquiera puede estar consciente de su parálisis y náuseas cuando el veneno hace efecto.

En el momento en que Apolix muere, Ruka ha esquivado unos 50 puñetazos que Amenoxis la ha estado lanzando, derribando árboles finos en el proceso. Los instintos de Ruka están disparados y sus sentidos tan agudos como sus nuevas limitaciones le permiten, pero el soldado ha cerrado demasiado su guardia y su fuerza se hace cada segundo más descomunal.

"No hay forma en la cual me acerque sin recibir un golpe", maldice Ruka. "Su fuerza aumenta conforme aumenta su agresividad, y yo no sé si mi adrenalina se mantendrá constantemente en las nubes, si quiero hacer algo lo tengo que hacer ya".

Observa mejor esos movimientos incansables, no son inteligentes, no son calculados y todos van hacia árboles que caen después de tres o cuatro impactos. Cada pegada suelta chispas y las grietas de la armadura, más que hacer mella, parecen liberar más descargas que impulsan a Amenoxis.

"¿Por qué pelea tan a lo bruto? Un soldado profesional en un cuerpo a cuerpo sería más cuidadoso, aún más si tuviera un brazo roto", con los nervios a flor de piel la chica nota como todos los animales del área están huyendo por el ruido de la pelea. "Con esto solo está consiguiendo formar un alboroto. A no ser, ¡Que ese haya sido su objetivo todo este tiempo!".

Ruka salta sobre el puño de Amenoxis, este sacude su palma y lanza a Ruka sobre la copa de un árbol para evitar que pueda llegar a su apertura. En la cima, la japonesa se clava a la rama hasta con las uñas de los pies ahora al descubierto.

"Vamos Sarashina, esto es una trampa de manual, concéntrate", tiene que ser firme para que el sonido de la fauna y los puños de Amenoxis contra el árbol se vuelvan ruido blanco.

En el segundo en el que eso pasa, escucha algo más, son pasos, pasos que van hacia un punto y dan una formación, son los quince soldados restantes reagrupandose. 

"Está delatando la posición para que vengan, ¿Pero por qué todos?". Ruka recuerda entonces el aplauso de aquel soldado menos corpulento, eso debió ser una señal de socorro. "No estarán a más de 13 minutos de aquí, no puedo seguir alargando esta pelea".

Ruka recarga cuatro uñas con el pulgar cuando Amenoxis está retirando el brazo hacia su pecho, entonces dispara, sus dedos sienten cosquillas cuando rompen la barrera del sonido. 

Amenoxis las aparta de un manotazo, saliendo desde su pecho y golpeando con el revés de la mano, devolviéndo las uñas como si fueran una pelota de pimpón tras un buen raquetazo.

La mano termina muy alejada del cuerpo, Ruka aprovecha ese momento, se tira en picada hacia su brazo roto y colgante, aferrándose a él como un gato a una cortina que pretende desgarrar.

Planta sus pies con todas sus fuerzas y cargando el peso de Amenoxis en su espalda consigue un exitoso lanzamiento de brazo, con la gracia de una judoka olímpica. 

Amenoxis cae en vertical, el cristal que flotaba en su cabeza también gira, unido a su propia órbita invisible, y se parte en mil pedazos cuando el cuerpo del soldado lo aplasta, liberando una carga relampagueante que trae recuerdos a Ruka cuando se libera superficialmente en su piel antes de apagar su luz.

- Esta es... Esta es la misma electricidad que tenía el grifo - dice con los ojos muy abiertos.

Ese momento de impacto le sale caro, por la distracción, Amenoxis la agarra de la pierna, la levanta como si fuera un muñeco y la estrella contra el suelo, pero su golpe no es para tanto, parece más débil.

Aún así, el medio milisegundo que Ruka tarda en regenerarse el puño enguantado vuelve a caer como una maza, reventando las dos piernas de Ruka en un charco de sangre que también le empapa la cara y el pecho.

Antes de que Ruka piense en gritar, esquivar otro golpe descendente moviéndose a la derecha impulsada con sus codos. El choque levanta superficialmente el suelo, Ruka agarra una roca, es lo más contundente que tiene, sus uñas y dientes ni rasguñarán esa armadura que ahora suelta chispazos en todas direcciones, como un robot empapado de agua.

La mano de Amenoxis es errática, es como si tanteara el terreno sin un ritmo, como si alguien tocara los bongos con los ojos cerrados y a puñetazos. 

"Es como si estuviera ciego", piensa Ruka, eso era una oportunidad que aprovechar.

Tira su roca hacia el hombro sano de Amenoxis, este suelta un revés con la palma en esa dirección, pero Ruka ya ha regenerado sus piernas y con ellas salta hasta aferrarse a la parte superior del peto de Amenoxis, se aferra a él con uñas y dientes, tirando con todas sus fuerzas. La mano del soldado la atrapa, envolviendo completamente su espalda y costillas, se clava y aplasta el plexo solar, pero no puede arrancar a Ruka por más fuerza que hace. La joven, con la adrenalina por las nubes y el cansancio al mínimo tira con tanta fuerza que hasta las plantas de sus pies hacen mella.

¡Plas!

El peto revienta, la base en la que Ruka se apoya es fragmentada y ella cae de espaldas a centímetros de Amenoxis recibiendo todo el voltaje. 

Su cuerpo se siente alterado de nuevo y su instinto falla, pero hay algo que si siente, miedo. Miedo cuando ve dos enormes ojos en el lugar donde deberían estar los pectorales de ese soldado, miedo porque Amenoxis ha perdido el equilibrio y su figura está por tambalearse hacia delante, preparada para aplastar el cuerpo paralizado de la japonesa.

Sus oídos se afinan, todos sus instintos se agudizan en un último intento de hacer algo. Entonces capta esa sensación tan particular en el viento, y algo dentro de ella se alivia sabiendo que ha ganado.

¡Bang!

Una bala perforante entre ceja y ceja de Amenoxis, se parte al final de su espalda y es un impulso valioso para hacer que el soldado ya no caiga encima de ella, quedando tendido bocarriba en el suelo, en una polvareda que él mismo provoca.

Carlos recoge el casquillo del suelo luego de recargar, Iris se acerca a tenderle una mano a Ruka que ya está recuperando la movilidad de sus nervios.

- Tres a dos y a cero - dice Carlos soplando el cañón de su arma. - México se pone a la cabeza.

Iris se resigna a contestar, solo mueve la cabeza en negación. Ruka mira a Carlos con los ojos en blanco, aunque se le hace raro ver ahora la cara de su amigo sin gafas y superficialmente cicatrizada por su propia metralla.

- ¿Qué pasa? ¿Están chéveres mis ojos? - le dice a Ruka mientras sonríe y ella se sorprende. - Jaja, ahora que tu cerebro no es tan rápido eres un libro abierto para mí.

- No, no es eso, no importa - Ruka desvía la mirada hacia el cadáver de Amenoxis. - No podías leer su mente, ¿Cierto?

- No, la de ninguno de ellos - responde él encogiéndose de hombros. - Supongo que las criaturas aquí son autómatas poco independientes.

- No, no es eso, su armadura es del mismo material aislante que ese dragón que está luchando con el bibliotecario, deben aislar las ondas electromagnéticas de su cerebro de alguna manera - Ruka dirige ahora su mirada a su compañera. - Pero tenían emociones y conciencia, tú los escuchaste igual que yo, ¿No?

- Son solo una prueba - dice Iris de inmediato, su tono carece de emociones. - No pienses mucho en ello, estas criaturas no son reales, ¿Recuerdas?

Ruka asiente en silencio, ahora sí le gustaría ser esa Ruka de hace 20 minutos, la que no tenía emociones y calculaba fríamente como abrir la sien a un grifo cristalino. Pero ya no era esa Ruka, ahora era la niña de 17 años que sentía pena por cinco guerreros, de dos de ellos jamás sabría el nombre, y los 5 murieron por nada, creados solo para una misión.

"Igual que tú", le dice un latido de su corazón.

- Estos soldados no estaban solos - dice tratando de no pensar en esa voz intrusa en su cuerpo. - El que aplaudió, en realidad dio una señal de aviso, una tropa de 15 más viene por nosotros, seguramente lleguen en 12 minutos.

- Bien, pues planifiquemos - dice Iris indicándoles que se acerquen. - ¿Qué sabemos exactamente de estas criaturas más allá de las aperturas en sus extremidades que requieren flexión?

Ruka hizo una lista con las características que los cristales demostraron en su pelea contra el dragón y contra el soldado, hizo algunas teorías rápidas como que las grietas superficiales solo hacen que la electricidad rebote más fuerte y por ende estimule su sistema nervioso dándoles más velocidad y fuerza en unos músculos más acelerados, en cambio grietas demasiado grandes, liberan toda su energía fuera y solo les deja dentro de armaduras muy pesadas.

- Además, creo que de alguna forma, usan esos cristales sobre sus cabezas para ver, me apuntaron cuando aparecí, y cuando se lo rompí a este empezó a golpear como un loco porque no podía localizarme - concluye Ruka señalando el cuerpo tumbado de Amenoxis.

- Es posible que también usen ese cristal como una fuente de radiofrecuencia - dice Carlos. - Transmitirá sus pensamientos directamente desde su cuerpo a él y los transformará en ondas de sonido, igual que una radio.

- Y por eso tienen un agujero arriba, si se taparan más se aislarían demasiado y no podrían comunicarse - teoriza Iris en voz alta, todos parecen estar de acuerdo. - Bien, tengo un plan, dado que el jodido este - señala a Amenoxis de un movimiento de cabeza - ha asustado a toda la fauna, será fácil de hacer, los “eslaim” habrán salido de sus escondites y los mamíferos se habrán ido lejos.

- A huevo, ¿Pero los "eslaim" para qué o qué los necesitamos? - dice Carlos recargando el francotirador.

- ¿Conoces alguna radio que funcione mojada?

Carlos e Iris compartieron una sonrisa cómplice, aunque a Ruka le costó un poco captar el ambiente.

- Necesitaremos "eslaims", una ubicación alta y varios cuchillos - Iris mira a Ruka con una sonrisa que ambiciona una fácil victoria. - Por favor.

***

Los soldados habían tomado buen ritmo y llegaron tres minutos antes de lo que Ruka había predicho. Venían en una fila india, 7 en una recta, 7 en la otra y al frente un líder de tropa que sostenía el arma en una posición de guardia, igual que lo había hecho Amenoxis.

- ¡Por todos los cristales del reino!, ¿Qué ha pasado aquí? - exclama el jefe de la tropa.

El escenario refleja los restos de unos eventos que parecían no tener sentido. Lo primero que les daba la bienvenida era un hacha de guerra enterrada, con el mango apuntando hacia ellos y los árboles más cercanos. Donde terminaba su cabeza, había otra también clavada, está con más ganas, debajo de donde terminaba su mango estaba el cuerpo de un soldado caído, el primero de cinco, con dos hendiduras profundas en la apertura de su conexión estática con su cristal de conciencia, cristal que no estaba.

- Esto ha sido una masacre - dice uno de los tantos soldados, su voz de estática temblorosa se esparció por el viento sin recibir respuesta. - ¿Será que es real? ¿Estamos destinados a morir hoy?

- Relájate - dice una voz más imperante. - El mal momento de ahora solo será una anécdota que le contarás mañana a tu familia, no dejes que el miedo tape tu mente.

Las tropas rompieron filas y empezaron a examinar. Miraban los restos de una hoguera que había quemado un felino. Miraban los dos cuerpos cerca de ella, uno joven abatido con una abertura en la cabeza y otro con una herida distinta en cada rodilla, una con restos de veneno y otra sin nada más que un corte solo de entrada, como si el arma se hubiera deshecho en lugar de haber sido extraída.

- Jefe, hay dos cuerpos más, uno está junto a esos árboles, tiene 6 aberturas profundas, el otro está perdido en lo profundo de la maleza, le han partido un brazo, el peto y le perforaron la cara - informa un soldado. - Eso no es lo peor, sus cristales de conciencia, los de todos, están amontonados y muy dañados, tienen agujeros de impacto, perforaciones, incluso parece que los han apuñalado y rallado con las uñas. Hay otro dato, ¿Recuerda a Amenoxis, jefe?

- Si, pobre muchacho, iban a ascenderle mañana, era nuestro mejor hombre.

- Le han aplastado la cabeza con su cristal de conciencia, hay algo muy peligroso ahí fuera, jefe.

- ¿Tenemos una mínima idea de que puede ser? - reflexiona un poco más. - ¿O de quien pueden ser?

- Hay huellas por todo el área, jefe. Son de un pie joven, pero no llevan a ningún lado.

- Seguramente la niña de la profecía - masculla el jefe de tropa con un resquicio de temor. - Puede que haya corrido descalza y en círculos para despistarnos.

- Es posible, jefe, sus huellas parecen adentrarse profundo en el bosque, pero al final regresan y rodean todos los árboles.

El jefe alzó el rombo tridimensional que tenía por ojos, las luces que emitía miraban todas las copas de los árboles en un rango casi perfecto de 360 grados. Odiaba los árboles y los arbustos, siempre con tantas hojas y tantas sombras que se superponían si no las enfocabas directamente.

- ¡Reuníos todos! - gritó a su tropa. - Hay que planificar.

Los soldados van al centro del sitio, donde se había hecho la fogata. Todos empuñan su hacha de guerra, alguno tiembla, pero disimuladamente. Están en guardia y preparados para cualquier peligro que venga de frente. El jefe va a dar una orden, pero eso no sucede.

¡Splas!

Algo cae del cielo, revienta como un globo de agua en una aguja cuando choca contra la punta del romboedro de uno de los soldados principales. El único punto ciego del que no sale luz.

Sus gritos de alerta se tapan por una estática imprecisa, suena como una radio descompuesta que no puede alcanzar señal.

El jefe en el centro, se quita un resto de este líquido que ha salpicado su armadura. - Esto es... ¡"Eslaim"!

Ruka sale de una de las copas de los árboles más lejanos, con 5 "eslaims" agarrados de las branquias en cada mano. De un salto imposible se pone sobre las metafóricas cabezas de los soldados y abienta la carga con la precisión de un bombardero en una misión de barrida.

Algunos soldados se cubren de inmediato con sus armas, pero los proyectiles revientan igual, ese veneno pegajoso y casi inofensivo se impregna en los cristales e impide la comunicación entre todos en mayor o menor medida.

Ruka cae a dos metros, se gira mientras retiene las cuatro uñas de cada mano con su respectivo pulgar, y suelta los dedos, los libera como si destensara múltiples cuerdas de ballesta, dejando a las flechas libres por fin.

Choques, cristales agrietados y entre todo ese alboroto y falta de organización.

¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Disparos de francotirador surcan el aire, balas perforantes que terminan de destrozar los cristales y apagan su luz. Pasan por ellos en ráfagas, sin detenerse. Vienen de algún punto perdido en los árboles.

Mientras el jefe y tres soldados se agrupan para ir por Ruka, unos cuchillos vuelan desde otra dirección, atravesando las aperturas. En solo dos segundos, hay 11 soldados muertos.

El jefe y sus tres hombres hacen una maniobra arriesgada, dos alzan sus hachas para formar una cobertura, mientras él y su mano derecha inflan el pecho y retiran las manos.

Ruka se da cuenta de lo que pretenden, flexiona las rodillas, pero está lejos, más lejos de lo que estaba de Amenoxis. Salta, pero no llega cuando los soldados bajo la cobertura terminan su aplauso al mismo tiempo.

La onda de choque se expande, los oídos de Ruka sangran cuando sus tímpanos se parten, y se podría decir que ella se lleva la mejor parte. Los árboles donde están Carlos e Iris se ven azotados por la onda de choque, y los dos perros de caza sufren mareos. Carlos cae desde lo alto, su espalda choca y es un milagro que no se la parta. Iris aunque se tambalea y tropieza, consigue clavar un cuchillo hoseo al árbol y sostener su peso el tiempo suficiente para retomar conciencia y caer de pie.

Ruka no sabe si actúa por impulso, instinto, desesperación, o la mezcla de los tres. Su puño choca contra el primer peto acorazado, lanzando a un soldado al fondo del bosque.

"Lo dejaré fuera a él primero", piensa cuando llega hasta su cuerpo a 300 km/h y empieza a tirar del peto.

Sus sentidos captan surcos de filos en el aire, pero no van por ella. El jefe de tropa y su otro soldado se han atacado mutuamente, agrietando sus propias armaduras para repotenciarse. Tiene que hacer un cambio de planes en una décima de segundo, agarrando al soldado sobre el que está de un brazo, lo lanza contra los otros dos, los tira y los empuja con la masa corpulenta de su compañero.

Lo que parece una buena idea, se vuelve un problema de inmediato, esas tres armaduras se agrietan más al chocar, salen chispas en todas las direcciones y más que de pérdida, son de ganancia de poder.

Mientras Ruka arremete contra tres soldados que parecen gorilas dopados, Carlos aún está tratando de recuperarse de la caída mientras escucha a un soldado de pies acorazados correr hacia él.

"No mames, ¿Así termina todo? Ni tengo últimas palabras", piensa.

Un cuchillo surca el aire, no es muy rápido y está tan afilado como el hueso permitió en el minuto y medio que tardaron en sacarle filo. Se clava superficialmente en el romboide del soldado y cuando se lo va a quitar explota, dejando solo calcio fino que se lleva el viento. 

Iris va corriendo a por él con tres más, el resto de sus reservas ya han explotado o están a punto. Los lanza, el soldado se cubre, el los huesos son incapaces de hacer mella en la armadura.

En cambio, al perder el tiempo girando y protegiéndose, ha descuidado a Carlos, que rueda por el suelo con su francotirador apoyado en la tierra. No hay tiempo para mirilla, dispara con la vista aún mareada y el disparo solo vuela en pedazos un cuarto de todo el rombo.

El soldado se ve superado en dos frentes, pero lejos de acobardarse, se impulsa hacia atrás, buscando aplacar a Carlos con la espalda. El mexicano se levanta a tiempo, tiene que saltar rodando sobre su brazo izquierdo para no terminar de joderse el otro.

"¡Ay wey, mi mente", piensa delirando por el dolor. "Creo que puedo escuchar colores".

Carlos recibe un puñetazo en su brazo malo, lejos de ir con fuerza es un toque que se podría considerar hasta amistoso. Es Iris, está a su lado y le ha golpeado con la mano libre mientras en la otra porta su cuchillo de forma horizontal.

- ¿Por qué esa tendencia de joderte los brazos? - le dice con una risa irónica. - No nos va a servir un francotirador que no puede disparar.

- Yo vivo sin rencores - dice Carlos desenfundando sus pistolas del cinto. - Nunca he dicho que viva haciendo bien mi trabajo.

Al mismo momento que Iris y Carlos unían fuerzas, Ruka trataba de mantener, sin éxito, una guardia que la protegiera desde los tres frentes. Lo único que podía hacer era retroceder por instinto, pero aquí la larga distancia no servía, no era como su pelea con Mika, aquí no había 3 centímetros en la diferencia de altura, los brazos de esas criaturas ya eran más altos que ella, y sus hachas parecen llegar desde todos sus puntos ciegos.

"Ataca a las esquinas, si golpeas al centro te llegarán golpes desde todos los lados", le dice su corazón.

Ruka esquiva un hacha que busca cortarla en horizontal tirándose al suelo de espaldas, con sus dos piernas como un resorte, golpea en la muñeca del soldado. Las plantas de sus pies consiguen mover la mano y el soldado azota sin intención al jefe de tropa.

En la confusión que dura un cuarto de segundo, Ruka gira en el suelo y ataca con una patada lateral la rodilla blindada del otro soldado que queda, haciendo que su pie resbale. 

El soldado en cuestión era el que había atacado a su jefe para recibir un golpe similar, su armadura relampagueaba en una grieta diagonal que dejaba expuesta parte de la piel.

Cuando el puño de Ruka consigue estrellarse, se hunde. La sangre la empapa, es pegajosa y caliente, es la vuelve a sentir con tanto detalle como aquella vez que atravesó al gordo bastardo hasta la columna. Su ropa, ya de por sí bastante rota, se quema aún más, de no ser porque tiene la adrenalina por las nubes se estaría muriendo de vergüenza.

Nota un cambio repentino en el aire que le obliga a ponerse en guardia mientras gira. Se protege la totalidad del cuerpo con una guardia alta, su cara detrás de sus puños. No necesita ver para esquivar la cabeza del hacha, ya se ha puesto en la parte más suelta del mango.

Clava sus pies en la tierra, maldice por el impacto que va a romper sus dos pares de cubito y radio.

¡Cras!

El mango del hacha se parte al chocar, como una vara muy fina contra un poste de luz. Ruka no lo sabe, pero su instinto si, en el milisegundo que tarda en reconstruirse, agarra el hacha de la cabeza, pone el ahora mango roto como una pica y la clava directamente en la herida abierta del soldado al que enfrentaba.

El mundo desaparece para ella, ahora solo hay un cuerpo caído y parcialmente empalado, no sabe ni cómo ha llegado a ponerse sobre él. Junta sus dos manos, como un martillo contra un clavo, y lo deja caer, golpeando la cabeza del hacha tan fuerte, que la sangre salpica desde la herida abierta. Ruka termina cubierta completamente de sangre, de pies a cabeza, como una tortilla de huevo adornada con ketchup, así está.

Sus sentidos vuelven a dispararse en todas las direcciones mientras su piel recibe la electricidad que sale junto a la sangre de la armadura. Ahora todo es un peligro, hasta su corazón parece latir más rápido. Pero ella no siente nada, solo mira sus manos, cubiertas de sangre otra vez, el cuerpo del soldado caído no se mueve y no lo escucha respirar.

¡Crack!

Lo que si escucha es el golpe que le llega por la espalda, su cuerpo no pone resistencia y se estrella contra un árbol cercano. Recibe otro golpe en el pecho que le hace escupir sangre, dientes y parte de la cena. 

Llega otro puño enguantado desde alguna parte, el mundo sigue sin existir para ella. La sangre de sus manos parece ser más importante que los dos guerreros blindados que atacan sin parar su caja torácica, como si fuera un medidor de golpes para boxeadores. 

Aún medio inconsciente e insensible, Ruka permanece de pie, espachurrada contra un árbol y liberando sangre por heridas nuevas. Se regenera más rápido de lo que los puños recargan otro golpe, pero eso ya no importa, nada lo hace, ni siquiera la cinta que ha salido expulsada de su bolsillo con el cristal envuelto.

"Todos los que pasan tiempo con Mika se corrompen tarde o temprano, una vez matas para ella no hay vuelta atrás", eso había dicho Carlos, era cierto, quizás su destino era ser un perro de caza. 

"También dijo "Trabajando para Mika nos volvemos o locos o cadáveres", y tú ya eres un cadáver", le dice su corazón acelerado.

Su mirada se fija al frente, nota sus 90 latidos rebotando en el tórax. Cuando le llega un puño blindado a milímetros de chocar, recuerda otra frase; "busca siempre golpear en órganos blandos y vulnerables con tus partes más duras, rodillas, codos y nudillos, en ese orden".

Gira repentinamente, y su codo choca contra los dedos blindados, ha tenido poca distancia e impulso, y aún así, escucha crujir las 4 falanges del soldado. 

Ruka salta sobre el puño del jefe de tropas y se posa en el medio cuarto de segundo para tomar impulso, llegar hasta el cristal que flota sobre la cabeza del soldado y sacarlo de un tirón de esa conexión estática que lo mantiene flotando, sin ella solo es un rombo pesado y puntiagudo.

Aferrada con las diez uñas de los pies a la armadura, Ruka piensa, "Ichika tenía razón, tengo talento para el baloncesto". Lanza el cristal por la apertura como si hiciera un mate profesional, el cuerpo es atravesado sin oponer resistencia.

Mientras Ruka provoca la cuarta muerte a su nombre, Iris y Carlos están prácticamente espalda contra espalda viendo como de un momento a otro, el soldado usa su propia fuerza para resquebrajar su armadura. 

- ¡No dejes que siga! - le grita Iris.

- Tú eres la que habla griego, ve y dile que pare - replica Carlos.

- No, idiota, tus poderes mentales - Iris apunta al cristal parcialmente partido. - Dale un ataque y haz que pare.

- A, Simón.

Carlos extiende una dramática mano en dirección al soldado, es más teatral que necesito, pero consigue que tenga una jaqueca repentina y se detenga en su camino para sacarse voltaje. El poder irascible de la armadura parece mirarlos desde las luces parpadeantes del cristal mochado.

- Ahora está tuerto y loco - Carlos apunta sus armas. - No hay más que pueda hacer, no seré capaz de atravesar su defensa mental sin quedarme pendejo.

- Con eso me sirve, cúbreme - dice Iris mientras avanza de frente a por el soldado.

Carlos pega tres disparos buscando atravesar las grietas que el propio soldado se ha hecho. Eran finas y no muy profundas, no llegarían a los tres centímetros, pero habían cumplido bien su función de estimular sus músculos. Los perdigones saltaban sin hacer mella, el soldado atacó a Iris con un golpe en caída que buscaba su pierna derecha. La coreana vio eso venir desde el momento en que el soldado levantó su hacha, cambia esa falsa guardia por una más funcional al mover su pierna izquierda y hacerla la dominante. Así, se mueve un segundo antes de que el hacha caiga en ángulo curvo, ya sin posibilidades de cambiar la trayectoria.

Iris está bajo la cabeza y el mango, aprieta su cuchillo y la punta sale disparada hacia la apertura bajo la axila, pero el soldado con una velocidad innatural, pega su brazo al resto de su cuerpo y la punta del cuchillo es doblada y aplastada sin llegar a su objetivo.

Eso era todo para Iris, ya no hay forma de escapar, no tiene armas y no le apetece romperse una pierna probando a derribar a esta criatura con una patada de taekwondo en la cintura. "La vida es una perra", es lo último que piensa afrontando su muerte.

Pero el brazo contrario de la criatura se desliza y falla, busca soporte en el suelo con la mano que antes tenía en el hacha, es como si le hubiera dado un mareo repentino, un bamboleo que le hace perder estabilidad y sirve para que Iris retroceda de espaldas hasta Carlos.

Su compañero está caído sobre sus posaderas, con una mano en la frente, como si quisiera hundírsela.

- La idea más horrible que he tenido - dice con los dientes apretados. - Me debes un favor.

Iris sonríe tomando a su compañero de debajo de sus hombros, salta hacia un lado con él y sus pies arrastras esquivando una acometida del soldado que le hace avanzar 5 metros sin detenerse.

- ¿Velocidad? - pregunta Iris mirando todo el perímetro.

- 45 kilómetros hora - dice Carlos tosiendo. - frena y desacelera en tres segundos.

- Perfecto.

Iris vuelve a saltar arrastrando a su compañero, esquiva el ataque medio segundo antes y la tacleada del soldado pasa tan cerca que por poco le rompe la pierna a Carlos.

- Ahora eran 72 kilómetros hora, desacelera en 5 segundos - dice Carlos. - ¿Vas a hacer esto todo el día? Porque la neta no creo que puedas.

- Todo el día no - dice Iris moviéndose unos pasos atrás mientras el soldado recarga todo su peso en las piernas. - Solo una vez más.

El francotirador de Carlos contra su cara, los 67 kilos de un cuerpo bien trabajado cargado en la palma de sus manos y solo una oportunidad más para esquivar un ataque de un soldado, tuerto, loco y con unas manos temblorosas que no le permiten empuñar un hacha.

Y el soldado embiste, la tierra se levanta bajo sus pies, el aire choca con su armadura a 120 km/h , Iris tira a Carlos a un lado al mismo tiempo que ella salta hacia el contrario, medio segundo más lenta y sus tripas estarían regadas por el suelo, pero el ataque pasa de largo en línea recta y el soldado no puede frenar su embestida en ocho segundos. Cruza el descampado y los cadáver de sus compañeros caídos, así termina empalándose a sí mismo con el primer hacha que estaba clavado en el suelo, al lado del cuarto de Alexis.

No grita, más bien, gime por el esfuerzo. Su armadura atravesada y sus fuerzas abandonándole por cientos de aperturas en el cristal, pero aún no se da por vencido.

¡Bang! ¡Bang!

Dos tiros certeros y el cristal sobre su cabeza salta en pedazos.

- Así por lo menos estará en silencio mientras se muere - dice Carlos limpiándose el barro de sus pantalones. - ¿Tú todo bien?

- Si, espero - dice Iris apoyándose en su cadera. - No es una experiencia que quiera repetir.

- ¿Y a quién le atribuimos esta baja?

- ¿Estás de broma, no?

- Vale, ha sido tu plan para matarle, pero yo he gastado 3 balas en él, ahora solo me quedan 10, y también han sido mis poderes lo que nos permitieron volverle esta máquina tonta de bamboleos que no sabe ni dónde está parado.

- ¡Mi plan le mató! - grita Iris señalándose con el pulgar.

- Gracias a que yo le dejé así - dice Carlos alzando las cejas. - No es tanto el que lo mata sino gracias a quién se muere.

- Esa regla te la acabas de inventar.

Mientras Carlos e Iris discutían, a solo 10 metros de allí, Ruka acababa de partir el filo del hacha del jefe de armas de un rodillazo, para luego, a una en el aire, mandarle rodando hacia atrás de una patada recta que rompió todavía más su armadura.

Si es que la pelea había estado igualada en algún momento, ya no lo estaba, no era que la balanza se inclinara en favor de Ruka, es que solo existía esa opción de victoria. Pero el jefe de tropas no quiere ceder tan rápido, su puño sale disparado en línea recta, un golpe perfecto que pega.

¡Crack!

El charco de sangre se forma en la frente de Ruka y bajo la mano del soldado, todo su brazo se ha roto, sus huesos se han salido y astillado dentro de su propia armadura cuando Ruka ha parado su puño con un golpe de su frente.

Sin tiempo para reaccionar, Ruka avanza hasta un punto ciego y golpea al jefe con toda la fuerza que tiene directamente en su brazo, que es separado de carne y hueso junto a un intento de grito agónico por parte del jefe. Lo agarra en el aire y cuál bola de demolición, lo usa para romper el cristal romboidal sobre su cabeza.

Un barrido de piernas, la espalda del jefe contra el suelo. Ruka agarra el peto con las dos manos, tira de él como si arrancara una tela con polvo, el cristal se deshace, no hay nada en su material que sirva para frenar a Ruka.

Un pie en el centro del pecho, a la altura del plexo solar, pisa dejando al jefe de tropas casi sin aire ni fuerzas. Eleva su puño detrás de la cabeza, como si alzara un cuchillo ceremonial. Los dos ojos de la criatura abiertos de par en par, Ruka se refleja en ellos.

Entonces se detiene, se mira a si misma cubierta de polvo y sangre, y esa mirada se le hace familiar a pesar de que nunca la ha visto. Si, como no va a reconocerla, si es la mirada de miedo que puso cuando Mika la amenazaba y le gritaba; "Vamos, respira ahora". Su corazón vuelve a su ritmo normal en ese momento.

Ruka baja un poco el puño, error que el jefe de tropas aprovecha, suelta un puñetazo al cuerpo ahora más flácido de la japonesa. Ruka rueda por el suelo hasta el árbol donde había estado, la cinta de neografeno cerca de sus manos cubiertas de sangre.

- ¡Esto es por Amenoxis! - grita, de alguna manera, el jefe de tropas mientras corre hacia ella.

Entonces Ruka, por puro instinto que no puede frenar, tira de la cinta desenvolviendo el cristal de dentro, que sale, su luz apunta en dirección al jefe. Para cuando quiere ser consciente, un puente se ha formado, alzado y desplegado atravesando y reventando las entrañas del soldado. Su cuerpo atravesado y colgando, como un cadáver empalado en el mástil de un barco que se extiende hasta el horizonte.

"Amenoxis, ha dicho Amenoxis, el nombre del soldado que maté. Este hombre estaba luchando por su honor... Todos luchaban por su destino".

Un cartel aparece unos segundos en el cielo al que mira; "Prueba superada, has subido de nivel". La ropa de Ruka se repara como por arte de magia, su corazón alcanza una frecuencia constante de 75 latidos y delante de ella flota un nuevo cristal GBR.

Entonces Ruka cae sobre sus rodillas y llora, era como si el destino se riera de ella, la recompensaban por ser igual que la mujer a la que buscaba matar.

- Bien, uno más, ya solo faltan dos, ¿No?  - dice la voz de Iris mientras avanza hacia ella. - ¿Estás llorando?

Ruka ni siquiera hace el esfuerzo de balbucear, sus lágrimas se escurren y resbalan con la misma fluidez que la sangre salía de los cuerpos apuñalados que había dejado en el bosque.

- Va, no te sientas mal, no importan...

- ¡Sí que importan! - grita Ruka, clavando sus puños en el suelo antes de ponerse de pie. - ¡Esta prueba no es solo física Iris, es también mental! No digas "va", con desprecio, para restarle importancia, estos soldados luchaban por honor y por su gente, venían de ese castillo en nombre de su rey. Los oíste, hablaron de mujer y niña, no son conceptos ajenos a ellos, ahí gente esperándoles en sus casas y no van a regresar. Tal vez tú estés acostumbrada a dejar viudas y huérfanos por el camino, ¡Pero yo no!

La sangre del cuerpo empalado en el puente de regreso escurría por los peldaños, y Ruka ahora escuchaba con más calidad su goteo al pasar de escalón a escalón.

- No me vuelvas a decir eso en lo que te queda de vida - dice Iris con un semblante que grita; "como me gustaría sacarte los dientes de una patada, puta zorra prepotente". - Escúchame y escuchame bien, nunca te acostumbras a esto.

- ¡Pero si me dijisteis...

- ¡No importa! - grita Iris más alto. - Digo muchas cosas que a veces no me convencen ni a mí, ¿Pero quieres la verdad? Nunca te acostumbras a esto, acéptalo y vive con ello, por más contradictorio que suene.

Ruka no necesitaba oídos amplificados ni visión microscópica para ver la sinceridad de Iris en esas palabras. Está escuchando a la mujer más desconfiada del planeta abrirse en confianza con ella y ni siquiera su instinto podría decirle qué hacer.

- Esta fue tú idea, eso es tu culpa - dice señalando al cuerpo del puente. - Ahora saca pecho y disfruta el resto de tu puta vida con esa carga.

Ruka no puede responder, solo mira como Iris le arrebata la cinta de las manos y envuelve los dos cristales. El cuerpo del jefe de tropas se revienta aún más contra el suelo al caer.

- Y ahora andando, vas a terminar lo que has empezado - apunta al castillo. - Algo me dice que el próximo cristal está por allí.

Carlos recién llega, pero solo notando las sensaciones del ambiente prefiere agregar otro tema.

- ¡Chanfle! Me hubiera gustado que me dieran ropa nueva también - dice mirando su ropaje desgarrado. - O al menos más balas.

"Él no va hablar, nosotros no seguiremos con el tema", Ruka mira a Iris a punto de perderse en la maleza.

- ¡Iris, detente! - grita con la voz un poco rota, los dos la miran. - Tienes razón, esto fue mi idea, y yo debo solucionarlo, pero no puede ser de esta manera - apunta con la palma lo que alguna vez fue el cuerpo del jefe de tropas. - No podemos ser iguales que la perra que queremos matar.

- No hay otra manera - dice Iris negando, aún de espaldas.

- Eso era antes, cuando tenías la sombra de un hacha a tu espalda. Pero Mika no está aquí, y no podemos hacer que nuestros actos se materialicen en lo que ella nos enseñó - Ruka se gira para ver los restos de la pelea, los hachas enterrados, los cuerpos abatidos, la violencia sin sentido. - No somos una profecía del fin del mundo, no podemos ser una maldición del destino, no importa si eso es bueno, malo o solo palabras, tenemos que ser mejores.

Iris se da la vuelta, más dispuesta a escuchar. - La opción pacífica no funcionará en todas las ocasiones.

- Pero funcionará en algunas, solo por eso merece la pena intentarlo. - Ruka mira a Carlos y a Iris, ¿Qué sería de ellos si Ruka hubiera hecho caso a su corazón cuando les pedía que los matara? - Intentemos hacerlo, como un equipo, hagamos un plan, los tres.

Carlos sonríe con mucho orgullo totalmente convencido, Iris pone morros de pato, pero también se acerca. - Está bien - dice mientras le tira la cinta a Ruka. - Pero si morimos, espero que sea algo que pese en tu conciencia.

- No lo hará, porque no pasará - dice Ruka segura de sí misma, atrapando los cristales al vuelo. - Ahora hacerme caso, vamos a asaltar un castillo, pacíficamente.

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