Creepypastas: Las lágrimas del cielo son de mármol rosa - parte 4.

 

       

Capítulo 35: La vida da y la vida quita.

1:45 de la tarde.

Los neumáticos derrapan en el pavimento, el Mustang GT verde aparca perfectamente en paralelo entre dos coches que hay frente al instituto y Nacho se baja tan rápido que solo le falta salir dando una patada a la puerta del conductor y moverse deslizándose por encima del capó. Está en el lugar en el cual Mika dijo que encontraría a Kaguya Shinomiya estudiando.

Nacho recorrió los pasillos, ese lugar era muy bonito, se notaba que era para gente de buen salario, aunque esa regla no estuviera escrita en ningún lado. Los grandes ventanales dejaban pasar una luz casi rosada que el policía no podía apreciar por estar pensando en que iba a decir cuando tuviera de frente a Kaguya.

"Muy bien, me tienen cogido por los huevos", piensa con un gesto de molestia. "No me tienen pinchado el teléfono, pero eso sirve de poco, lo único que he podido hacer ha sido avisar a Chizuru, y tal vez eso solo sirva para preocuparla cuando ella solo era un peón en todo este tablero... Igual que yo, pero total, ¿Qué pruebas tengo para culpar a Kaguya? Solo estas monedas de mis bolsillos".

Nacho se había traído los dos dinares romanos, tal vez eran una clase de sello para identificar aquellos trabajos donde la familia Shinomiya había estado involucrada, tal vez eran solo una estúpida y gran coincidencia, pero desde hace bastante rato Nacho no creía en las casualidades.

Lo cierto es que ahora que recorría los pasillos había caído en la cuenta de que no sabía a dónde iba, sólo sabía que Kaguya estaría aquí, pero no dónde.

Se topó con un chico de pelo negro en un pasillo, solitario, mirada baja y unos auriculares puestos. Llevaba el uniforme negro reglamentario y un corte de cabello emo que dejó de estar de moda en 2012. Nacho le detiene tomándolo del hombro, el chico de repente es consciente de la montaña de estrés que es Nacho tras esa gabardina y sombrero, solo le falta hiperventilar con espuma por la boca para parecer un coyote con rabia. El chico le mira con el único de sus ojos que no está tapado por su flequillo.

- Buenas tardes - se presenta Nacho, placa en mano. - Agente Sabina, una larga historia, busco a Shinomiya Kaguya, ¿Sabes dónde está?

- En-en el despacho del presidente del consejo estudiantil - dice el chico, le tiemblan las piernas. - Ella es la presidenta del consejo, allí estudia.

Nacho agradece y sigue su camino, no sabe dónde está el despacho, pero tenía la sensación de que si seguía haciendo preguntas el chaval se orinaría encima.

Tardó tres minutos en encontrar la puerta correcta, no se le hizo mucho tiempo porque no tenía reloj para verificarlo ni ganas para andar sacando el teléfono y comprobar. Cuanto más tiempo pasara quieto, más posibilidades había de encontrarse con un adulto "barra" profesor que le llamara la atención por su forma sospechosa de vestir.

Nacho abre la puerta sin llamar primero, la sala no era para nada lo que se esperaba de un despacho para estudiantes. La moqueta era roja y las paredes grises, en el centro de la sala dos sofás verdes con una mesa de madera muy compacta en el centro.

A su izquierda, dos armarios de medio metro donde reposaban fotos, premios de competiciones escolares y fotos de los premios de competiciones escolares. Un armario empotrado en el final de la pared izquierda y frente a él un escenario con una lámpara de mesa, un teléfono y una silla de oficina gris sobre la que estaba sentada una estudiante que miraba sus apuntes.

Fue la primera figura que Nacho vio, luego también observo a la joven rubia con una coleta en el lateral izquierdo de su cabeza, rodeada con una goma para el pelo azul que encajaba perfectamente con sus ojos azules de párpados cansados.

"¿Kaguya será la chica del escritorio? Tendría que haber buscado una foto de ella antes de venir", se maldice Nacho para sus adentros.

Centrándose de nuevo en la chica sentada, ella tenía los ojos rojos y un largo cabello negro suelto. Miraba sin interrupción a sus anotaciones y no parecía estar centrada en otra cosa, como si el mero hecho de plantearse ser superada en sus estudios le pudiera costar la vida a alguien. También tenía el uniforme de instituto, un vestido totalmente negro con cuello blanco y lazo rojo, mucho más ordenado que el de su compañera, que no solo tenía el cuello abierto sin lazo, también tenía un jersey de color piel atado a la cintura por un nudo en las mangas.

- Agente Sabina, policía nacional, vengo a hablar con Shinomiya Kaguya - dice Nacho, aún con la placa en la mano.

No hay mayor respuesta que el sonido de la pluma de Kaguya tomando anotaciones, la chica rubia en cambio sí parece mirar a Nacho con una expresión muerta.

- ¿Me estáis escuchando? - pregunta él.

Kaguya sigue sin levantar la mirada, al terminar de escribir deja la pluma y abre un libro nuevo, matemáticas.

- No voy a repetirlo - Nacho entra cerrando la puerta tras él. - Estás implicada en asuntos muy ilegales y más te vale cooperar.

La chica rubia sigue a Nacho con la mirada.

- Hayasaka - dice Kaguya al fin, sin quitar la mirada de su libro de cuentas. - ¿Por qué este hombre me está hablando sin permiso?

- A, no, no me vas a venir con el cuento de la chica rica intocable - Nacho se acerca a la altura del segundo sofá. - Vas a responder mis preguntas, aquí y ahora.

- ¿Quiere que me deshaga de él? - pregunta Hayasaka.

- Esas cosas no tendría ni que pedírtelas - responde Kaguya mientras sigue con el dedo una línea de texto.

- Escucha...

Lo que sea que fuera lo que Nacho iba a decir, es totalmente ignorado cuando Hayasaka se pone frente a él. Confiado tal vez por la diferencia de altura y peso, lo que menos se espera Nacho es que su cara acabe besando el suelo en el momento en que Hayasaka le hace un barrido de piernas.

"Joder, como odio el judo", piensa mientras su cara besa la moqueta del suelo.

Antes de que pueda revolcarse, Hayasaka atrapa su brazo derecho y lo presiona contra su espalda mientras clava sus rodillas en el cuerpo del agente.

- ¡Ahh! - Nacho grita, la chica es muy fuerte para ser tan pequeña.

"¿Esta cabrona es una ninja o que cojones? Sus brazos tendrían fuerza para romper drones de guerra con pelotas de "beisboll" ", piensa él.

El chirrido de la puerta abriéndose hace que tanto Hayasaka como Nacho miren al frente. Aplaudiendo, meneando su cabellera rosa y con un periódico bajo el brazo, entra Mika Fujilino a la habitación.

- Tendría que haber tardado un poco menos - dice Mika. - Al menos aún sigues respirando.

- ¿Qué? - pregunta Nacho.

Hayasaka no dice nada, solo se vuelve a poner de pie, deslizando silenciosamente un cuchillo entre las mangas de su jersey.

- Vosotras dos - dice Mika chasqueando los dedos. - Fuera, ya.

Kaguya no levanta la mirada, se va con su libro en la mano derecha y Hayasaka la sigue, cerrando la puerta al salir. Dejan a Nacho tirado en el suelo y a Mika que desdobla y abre su periódico.

- ¿Quién eres tú? - pregunta Nacho mientras se pone de pie y se quita el polvo.

- ¿No has reconocido mi voz? Hablamos por teléfono hace escasos 45 minutos - le dice. - Pero me volveré a presentar, soy Mika Fujilino, empresaria, mujer de gustos caros y carnicera a tiempo parcial.

Nacho abre los ojos de par en par mientras Mika le rodea y pasa para sentarse en el escritorio presidencial. Baja el periódico y lo deja sobre los apuntes que Kaguya no se ha llevado.

- ¿Qué te parece este titular? - Mika señala a un enunciado que dice lo que Nacho ya sabe; "Se encuentra a la culpable de un asesinato que se había confundido con un accidente de tránsito".

- Una farsa - dice Nacho entre dientes. - Habéis metido a una persona inocente en prisión para encubrir un juego sucio de inversiones.

- ¡Ja! ¡Inocente palomita! Si, si, si - se ríe Mika. - Esta mujer se dedicaba al tráfico infantil.

- ¿Qué?

- Era la hermana del cabrón que orquestó el secuestro de Hana en “El caso Hana” - dice Mika sin vacilar y con una sonrisa soberbia. - Tal vez te suene, esa niña que rescataron una década después de su secuestro, justo cuando su caso ya había prescrito, ya no se la puede imputar por esos cargos.

- ¿Cómo sabes eso? 

- Lo sé y punto - dice Mika con un ademán que resta importancia. - De todas maneras, no sufras por ella, quien está en prisión es un clon, la original, jeje, como decírtelo, hoy no es jueves.

Una parte de Nacho se sorprendió, pero otra no estaba tan sorprendida por esa revelación, solo ver aquella cara muerta en la sala de interrogatorios le hizo saber que era un cuerpo sin alma, clonado, y luego estaba el hombre con traje que se llevaba el cuerpo inconsciente, ¿Qué sentido hubiera tenido enseñar al mundo que habían atrapado a la culpable si luego la iban a secuestrar?

- No me creo ni una palabra - dice Nacho metiendo su mano en los bolsillos. - Tú vas a venir conmigo o si no... - Nacho empezó a palpar sus bolsillos, solo notó las monedas, la placa y el teléfono.

"No, no, no, no me jodas, me he dejado la pistola en la guantera del coche", pensó casi a punto de empezar a sudar frío.

- Ignacio, relájate - dice Mika fingiendo que bosteza. - Yo también lo he hecho mientras enterraba el cadáver de Mami antes de venir aquí.

Nacho tomó con disgusto esa noticia, pero había venido todo el camino sabiendo que Nanami Mami, la chica de los ojos vacíos, estaría muerta, solo quería que su sacrificio no fuera en vano.

- Además, Cristina estaría muy triste si encontrara el cuerpo de su hijo en una bolsa de basura - Mika se encoge de hombros.

Nacho abre todavía más los ojos, de todas las personas que podrían verse implicadas en el caso, el único nombre que no quería oír era ese.

- No es una amenaza, sé como hacerlo, aprendí en México - Mika pone una sonrisa aún más pícara. - A, pero a ti no te preocupa eso, te preocupa ese nombre. Cris, Cris, Cristina - canturrea Mika. - ¿No me digas que pensabas que la meritocracia funcionaba?

- ¿Por qué conoces el nombre de mi madre? - pregunta Nacho frunciendo el ceño.

- ¿Pues quien crees que está pagando para que mantengas tu trabajo aquí? - pregunta Mika con una soberbia tan genuina que se podría confundir con carisma. - ¿No pensarás en serio que a un cargo tan importante le darían siempre los casos fáciles de accidentes de coches y patrullero de calles?

Nacho siente un dolor muy agudo en la palma, de nuevo, está apretando una moneda con todas sus fuerzas, abre las heridas que Mei curó y sangra.

- Jejeje, no lo pensabas en serio, bueno, la verdad duele - Mika se encoge de hombros. - Y yo soy la persona más sincera que conocerás jamás. Así que demos esto por concluido, ¿Vale? No hay nada que puedas hacer, vete a tu comisaría a seguir fingiendo que eres Batman, si hasta te dimos un permiso para que vistas como un superhéroe, simplemente haz la vista gorda cuando me convenga, eso es todo, no te pido más.

- Eso es todo - repite Nacho en un susurro. - Creés que eso es todo.

- Lo es, ¿Qué vas a hacer si no? - Mika abre los ojos aún más que él mientras arruga el periódico con sus manos. - No estás en posición de negociar, y a mí no me gusta gastar saliva - empieza a mover sus manos sobre el periódico, ahora hecho una bola y pule sus esquinas.

- Así que me vas a dejar ir, ¿Pese a todo lo que sé?

- Lo dices como si fuera una amenaza - Mika se ríe sabiendo que si hubiera llegado dos segundos tarde, Hayasaka le hubiera atravesado la garganta. - ¿Qué es lo que tienes contra mí? ¿El archivo ese que Mami te entregó? Felicidades, publícalo Brayan, ¿Quién te va a creer? ¿El internet? Serás solo otro bloguero loco de izquierdas.

- No... No me llamo Brayan - dice Nacho con una tonalidad confundida.

Mika hace chasquear la lengua molesta mientras retuerce la bola en su palma como una naranja en un exprimidor.

- Era una referencia a Padre de Familia - dice Mika tornando los ojos.

"Soy más de los Simpsons", piensa Nacho. - No estoy aquí para hablar de caricaturas - dice tratando de reafirmar su autoridad.

- No estás aquí para nada importante, la verdad - dice Mika encogiéndose de hombros de nuevo.

- Vengo a resolver la muerte de Kazuya Kinoshita, el chico al que matasteis tirándole un neumático - las palabras salen con furia entre sus dientes, una jauría de coyotes que choca contra el muro sin emociones que es Mika.

- Su muerte beneficiaba a acciones futuras de la compañía, me lo dijo el mismo tipo que predijo la llegada de Rebeca a esa ciudad, era un truco simple, como matar dos pájaros de un tiro. Tolero muchas cosas pero las barbaridades hacia menores de edad no, es una forma de hacer justicia que si funciona - Mika coloca la esfera de papel sobre la mesa, está tan bien pulida que asusta. - Ahora ya lo sabes, puedes irte.

Nacho suspira, traga saliva sabiendo que está a punto de hacer la mayor estupidez de su vida. - Mika Fujilino, quedas detenida bajo los cargos de asesinato, cómplice de asesinato...

Mika empuja la esfera de papel con un dedo, de igual manera que empujaría una canica en un juego. 

¡Bang!

El trozo de papel rompe la barrera del sonido y entra en combustión al mismo tiempo que roza una mejilla de Nacho, sacando su sombrero y quemando parte de su pelo y gabardina.

Nacho no percibe el calor, solo es abrumador sonido con la potencia de cinco truenos que ha detonado cerca de su oreja. Se tira al suelo, gritando y casi sangrando, parece presa de un espasmo epiléptico.

- Añade desacato a la autoridad a esa lista - le dice Mika poniéndose de pie. - Te la devolveré marrón luego de pasármela por el culo.

- ¿Qué ha sido eso? - pregunta Nacho.

- Una bola de papel quemándose a 6.000 km por hora - Mika se inclina hasta llegar al oído sano de Nacho. - Imagínate ahora que yo intentara algo parecido con mi cuerpo, una bola en combustión imparable e imperceptible, recorriendo Japón de punta a punta, matando a toda persona con la que me encuentre. Eso puede pasar si no mantiene la puta boca cerrada, sea como su compañero, el "Nini Rocky" ese, y deje de jugarse la vida por nada. Ahora le recomiendo irse, Kaguya volverá y no le gustará ver que sigue aquí jodiendo sus estudios.

Mika abandona el despacho del presidente del consejo estudiantil, dejando la puerta abierta. Nacho recoge su sombrero, sus lágrimas y su orgullo hecho pedazos y sale corriendo del lugar.

***

Se encierra en su coche, se tapa la cabeza con su gabardina y su sombrero, y llora, llora sin tener nadie que pueda consolarlo. Al final, Ninoroki había tenido razón, si se enfrentaban a un demonio con super fuerza o lo que quiera que fuese Mika, y por supuesto su madre era tan corrupta como el resto de millonarios, ¿Y él? Solo un triste títere que jugaba a ser superhéroe en los escenarios que otros planteaban, ni siquiera su traje era tan genial como pensaba, solo era el payasito al que le habían dejado disfrazarse para hacer reír al resto. En pocas palabras, sus sueños habían muerto.

***

Empezó a conducir de vuelta a casa, tal vez para despejar la mente, tal vez para pensar un poco en el mismo, no sabía muy bien qué hacer.

"Podría meterme un jodido tiro entre ceja y ceja y dejar todas mis propiedades a nombre de Mei", pensó antes de descartar esa gilipollez de idea. "No, no tengo que ser estúpido, aún tengo el documento, podré hacer algo, solo tengo que conseguir concentrarme en ese objetivo en lugar de volarme la tapa de los sesos, pero me está costando pensar con estos japoneses tan putamente lentos".

Mientras maldecía el tráfico de la carretera, decidió tomar un desvío menos transitado. Le dejaría en las afueras de la ciudad, a 50 minutos o así del bosque.

"Podría llamar a mamá y decirle que lo sé todo, si la extorsiono a lo mejor", dio un golpe contra el volante con un puño. "Más gilipolleces, ¿Cómo coño matas a una chica que puede transformar bolas de papel en truenos?", pensó mientras olía su propia ropa quemada, aún le parecía un milagro no haber perdido el tímpano.

Nacho gira en una rotonda, va solo en la carretera, debe estar ahora por las afueras. su mirada se desvía para ver el primer recinto, es un cementerio de verja plateada, un muro blanco con tejas y un cadáver tirado a unos metros de la entrada, una mujer degollada, amarrada y flexionada de formas imposibles en la puerta.

Nacho pega un frenazo en el mismísimo momento que lo ve, marcando la carretera con las llantas que gimen como una burra desconsolada.

Baja la ventanilla y pestañea dos veces, ya no hay ningún cadáver. "¿Qué cojones?", piensa Nacho antes de aparcar donde primero ve hueco.

Al bajarse del coche, se acomoda bien su sombrero, tampoco quiere que el sol de la tarde le de en los ojos. Camina hasta la reja plateada y se detiene justo encima de un objeto que centellea.

"Esto tiene que ser una puta cámara oculta", piensa cuando ve una moneda llena de sangre en la entrada.

Ni siquiera podía identificar su origen, era solo una moneda cualquiera, de la que podría sacarse ahora del bolsillo, salvo que ahora no tenía precisamente una moneda normal en el bolsillo.

Nacho metió la mano y sacó su moneda más limpia, la que se encontró en la escena del accidente en el almacén, ese almacén que le pareció falso. Sostener la moneda a contra luz hizo que sintiera lo mismo del cementerio, y ya por más curiosidad que ganas, decide entrar al lugar.

La puerta está abierta, pero dentro no hay nadie, de hecho, incluso le parece raro el lugar para tratarse de un cementerio japonés. No hay tumbas budistas, son todo lápidas, al fondo incluso logra ver algunas tumbas marcadas con cruces.

"Será alguna clase de cementerio cristiano, no me esperaba uno de estos en Japón".

Guiado por su curiosidad, Nacho camina unos buenos 20 metros hasta llegar a la primera tumba, parece que fue excavada hace poco, de hecho parece que fuera quien fuera su propietario, subió rompiendo el ataúd y excavando hacia arriba.

"Tonterías, eso solo pasa en Hollywood", piensa mientras niega con la cabeza.

Se adentra un poco más, el sol iluminaba su camino y la gran extensión de tumbas se extendía en una proporción que asustaba, aunque prácticamente ninguna lápida tenía nombres, solo fechas que iban desde 1895 hasta 1898.

"Aquí hay tantos enterrados que podría ser el escenario de una guerra".

Nacho se acerca a la única tumba que encuentra vacía, "¿A cuánta distancia está esta de la entrada? Ni siquiera la veo desde aquí". Piensa mientras contempla un féretro abierto en el fondo no muy profundo de un agujero de tierra.

- ¡Oye! ¿Qué haces mirando mi cama?

Esa voz de mujer sale de la nada, y le grita en un reconocible acento español. Nacho no se esperaba eso, estando al borde de la excavación, se tambalea por el susto y cae metro y medio de culo en el fondo de la caja.

- ¡A joder!, mi espalda - dice masajeandose.

- ¡Ey figura! Ya estás saliendo de ahí.

Encima de él, una mujer visiblemente española con vestido lúgubre le mira con los brazos en jarras y muy cabreada. Tiene el pelo rubio y peinado en un gran montón hacia la izquierda, es claro en la superficie y muy oscuro en la raíz.

- Pero bueno, ¿Eres nuevo? ¿Hablas si quiera español? - no deja de bombardear a Nacho con preguntas.

- Yo, e, si hablo español - responde Nacho, apoyando sus manos en el borde de tierra para salir de un salto. - ¿Cómo es que lo hablas tú?

- Por ese acento, ¡ay! De Madrid tenías que ser - dice la mujer resignada mientras niega con la cabeza.

- Eso no tiene nada que ver - Nacho se sorprende de lo rápido que adivinó la comunidad autónoma en la que nació su madre. - ¿Cómo es que tú hablas español aquí? Para empezar, estamos en Japón.

- No, no lo estamos - responde ella sin dudar. - Tal vez tú has llegado aquí desde Japón, yo llegué aquí desde Cuba, eso no importa en nada, ya veo que eres nuevo y esto te va a costar asimilarlo, seguro que todavía crees que estás vivo.

- ¡Estoy vivo! - subraya Nacho ofendido.

La mujer mira su gabardina quemada, su cara magullada por el golpe contra el suelo y su rostro enojado. - No, cielo, no es verdad, a las lágrimas del cielo solo se llega estando muerto o pagando la entrada con sangre fresca y virgen, y tú no tienes pinta de tener una moneda con sangre virgen.

"¿Qué dice esta loca?" Piensa Nacho antes de caer en cuenta de su moneda manchada de sangre, eso hace que se avergüence.

- ¡O! ¿Será eso? ¡Mataste a una virgen!

- ¡No maté a nadie! - replica Nacho de inmediato. - Solo vine aquí por error, supongo, ¿Qué es esto?

- Ya te lo he dicho, una lágrima del cielo - dice la mujer rodando los ojos. - Estos madrileños son tan duros de mollera.

- Si, y también soy muy temperamental, si no me dice lo que busco me iré - dice Nacho con el ceño fruncido y poca paciencia.

- Bien, le entiendo, no se muere uno todos los días, sufre una confusión post-morten - la mujer se aliviana un poco más y empieza a caminar, haciendo sonar unos tacones de plataforma lisa que casi ni suenan. - Este cementerio no es cualquiera cosa, hay tumbas de duques, nichos de guerrilleros e incluso flores de colores cerca de los coches abandonados de la ermita, sígame, se lo enseñaré.

La mujer fue muy educada, y Nacho tenía un cuerpo muy preparado para las sorpresas hoy, incluso llegó a creer que Mika verdaderamente lo había matado con esa bola de fuego y ahora estaba en una especie de purgatorio.

El lugar no decepcionaba, tenía de todo, una tapia a la cual le faltaban algunas piedras, fosas comunes donde descansaban soldados negros cubiertos de tierra hasta los ojos, incluso había lápidas de mármol rosa que se habían permitido las familias más adineradas.

Nacho solo contemplaba y analizaba el lugar hasta donde le alcanzaba la vista con la percepción de la realidad totalmente apagada, su madre era una corrupta internacional, su trabajo una estafa, su mejor amigo un criminal, casi lo mata una mujer con super fuerza y por supuesto, a las afueras de la ciudad en la que vivía había un cementerio mágico, si, ¿Por qué no?

- ¡Santo cielo! ¿Dónde están mis modales? - dice la mujer deteniéndose a la entrada de lo que parecía un desguace para coches. - Me llamo María Torroja Cano, morí por fiebre amarilla en Cuba hace unos 15 años, ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?

- Soy el agente Ignacio Sabina Ortiz, creo que "he muerto hoy" - dice omitiendo sus ganas de hacer el gesto de comillas con los dedos. - Me mató una mujer super fuerte con una bola de papel.

María mira a Nacho como si hubiera visto un muerto caminar.

- ¡Cielo santo! - murmura ella. - ¿Esa mujer tenía el pelo rosa?

Ahora Nacho está igual de sorprendido que ella, se miran hechos unos pasmarotes el uno al otro.

- ¿Se llamaba... Mika? - musita María con un extraño brillo de esperanza.

- Esto es un sueño, ¿Verdad? - Nacho se pellizca, pero nada ocurre.

- No, no lo es. Aquí solo vienen a parar aquellas almas que tras morir se sienten insatisfechas - reflexiona María con los ojos cerrados. - ¿Hay algo por lo cual quiera seguir viviendo? ¿Algo que le haya dejado intranquilo y sin resolver antes de terminar aquí?

Nacho no contesta, pero su mirada refleja los deseos de su alma, jamás podría morir tranquilo sabiendo que estaba aún paso de poder llevar al culpable de la muerte de Kazuya ante la justicia. Pero la justicia ya no importaba, porque estaba del lado del asesino.

- No hace falta que responda - dice María poniendo una mano en su espalda para consolarle. - Yo estoy aquí porque nunca pude disculparme con mi madre, mi enfermedad ya era terminal, así que me escapé del hospital y me fui de camino a Cuba a vivir mis últimos días de vida. Me morí en el trayecto, nunca cumplí mi sueño ni me disculpé con mi madre, así que aquí la espero.

- ¿Y cómo sabe que vendrá?

- No lo se, de hecho, puede que ni siquiera esté en esta lágrima del cielo, o que ni siquiera esté ya en ningún plano conocido - María se llevó las manos al pecho con un gesto de pesar en su semblante. Conociendo su historia, ahora Nacho entendía porque parecía estar de luto. - Pero yo permaneceré aquí sin salir de la puerta hasta que pueda disculparme, el cielo por mí, se puede esperar.

- Tiene mucha esperanza y ánimo - le dice Nacho.

- Por supuesto, ser optimista es gratis y gratificante, la gente aquí suele estar deprimida, duerme todo el día y solo se despierta por la noche para cantar canciones de guerra, ¿Pero sabe que? Hoy me levanté temprano, porque algo me decía que me encontraría con alguien perdido a quien ayudar, ya veo que era usted - María pone una sonrisa de tarea bien realizada antes de echar a caminar. - Venga, le llevaré con el general Rodríguez, creo que él sabrá ayudarle con esos asuntos de esa tal Mika.

***

Nacho acompañó a María, se dirigían a la parte trasera de la ermita. Tienen que saltar entre rosas y coches oxidados de finales de los ochenta, Nacho solo había visto modelos así en catálogos de revistas que admiraban la técnica del pasado.

- ¿Y quién es ese tal general Rodríguez? - dice Nacho mientras se desliza por un maletero.

- Bueno, general es solo un término cariñoso, él solo era un guerrillero de un pueblo pequeño de por allá en Cuba - dice María poniendo sus pies finalmente sobre el jardín trasero de la ermita. - El sabrá explicar mejor su historia, lo encontraremos aquí, por los días lee y por las noches patrulla.

La ermita era un viejo edificio que parecía mantenerse en pie en contra de los designios del tiempo. No mediría más que 8 metros de largo, seis de alto y era una sola nave, una construcción compacta sin crucero donde lo único rescatable era la torre donde se encontraría el altar y la grandiosa cruz de plata que había en la cima. Tenía bastantes agujeros en la piedra y estaban reparados con trozos de tapia blanca que hacían su trabajo lo mejor que podían, aunque si los mirabas largo rato los verías temblar.

Nacho hizo esto último, el edificio le transmitía desconfianza, creía que se le caería encima si tenía la osadía de tocarlo.

- No te preocupes, no te pasará nada - dice María. - Si algo malo estuviera por ocurrir, un apóstol verde aparecería para salvarnos.

- ¿Un qué?

María le señaló a uno de los cipreses que eran visibles en el horizonte desde su posición. - Ellos velan los 12 meses del año por nuestra seguridad, también son los que han quitado algunas piedras de la tapia que nos delimita para hacer la ermita, en serio, todo estará bien.

Nacho afinó más la vista para darse cuenta que el viento no estaba moviendo las hojas del ciprés, eran más bien pelos de una túnica que se mecía por el viento.

"Ese apóstol debe ser enorme si es que puedo verlo desde tan lejos", pensó Nacho tragando saliva.

María llamó a una vieja puerta de madera, era la entrada trasera de la ermita, una voz habló desde dentro; "Pase", les dijo.

- O si, no te preocupes por el idioma, el general Rodríguez es un hombre del siglo pasado, pero también es muy culto, con lo que ha leído y con lo que le enseñé, entenderá tú jerga actual - dice María antes de empujar la puerta y entrar.

Nacho dejó que sus fosas nasales fueran invadidas por un mágico olor a libro viejo. Debajo de aquel techado de piedra con un solo tragaluz, estaban dos inmensas estanterías de libros y un solo escritorio en medio del pasillo. No era como otros escritorios que Nacho había visto, no era tan moderno como el de Kaguya, ni tan práctico como el de Ninoroki. Era un humilde escritorio de cuatro patas con un cajón, en él reposan tres libros y un vaso.

Sentado en una silla arrimada a ese escritorio, estaba un hombre calvo de cuarenta y tantos, alto, un poco flacucho y cara de saber apreciar la buena compañía.

- Buenas tardes, general - saludó María con la mano.

- ¡Ah, María! Siempre es un placer - dice poniéndose de pie.

Su voz era gruesa, su estatura de metro ochenta y cinco imponente, y sus ropas de finales del siglo XIX le hacían parecer un bibliotecario culto, seguramente eso era, no tenía apariencia de guerrillero.

- ¿Quién es nuestra nueva compañía? - pregunta mientras se acerca a Nacho para extenderle una mano.

- Ignacio Sabina, mucho gusto - corresponde el saludo con un buen apretón.

- A él también le mató Mika - dice María una vez terminan las presentaciones. - De hecho, acaba de morir hace poco.

Pronunciar ese nombre hizo que el general pusiera una mueca de desagrado que no pasó desapercibida para Nacho.

- A ver, muerto lo que se dice muerto, no estoy - Nacho saca de su bolsillo el dinar cubierto de sangre, María se sorprende, pero el general se sorprende más. - Llegué aquí por accidente, bañando esta moneda en mi propia sangre, yo no sabía...

- ¡Entonces aún estás vivo! ¿Y sabes dónde encontrar a Mika? - Rodríguez zarandea a Nacho de los hombros y este casi por instinto lo aparta de un empujón.

- ¡Joder! ¿Qué le pasa señor? ¿Qué hace?

- Disculpa, disculpa, creo que he visto una oportunidad única en mucho tiempo - Rodríguez se lleva una mano a la frente.

- ¡Válgame el cielo, Rodríguez! - exclama María. - Invitenos a sentarnos primero, y cuéntenos la historia con calma, no nos vamos a morir más de lo que ya estamos.

El general asintió. No había sillas para los tres, así que le ofreció la silla del escritorio a María, él se sentó sobre su chaqueta en el suelo para no llenarse de polvo, y Nacho hizo lo mismo con su gabardina.

- Verá mi estimado Ignacio, esta historia que estoy por contarle no es algo que no haya contado antes, aunque usted lo escuche por primera vez - dice antes de suspirar. - La historia de cómo conocí a Mika Fujilino se remonta al 10 de Abril de 1898.

» Antes de proclamarme guerrillero, fui un simple bibliotecario en un pueblo tan pequeño que seguro es que ya habrá cambiado su nombre.

» Cuando empezó la guerra de independencia contra España, mi pueblo se volvió una zona táctica dirigida por un suboficial, de un suboficial, de alguien más. Ya no me acuerdo, y no son de mis intereses sus decretos, pues en los tres años que viví esa fase de la guerra vi como llegaban mujeres y niños refugiados al pueblo, pero nunca se quedaban, siempre tenían que mandarlas a otro lugar.

» Sospechaba de eso, pero eran tiempos difíciles, en una emboscada quemaron mi biblioteca, así que entendíamos que este lugar tampoco era seguro. Pero aún con todo, la duda seguía, ¿Solo éramos un pueblo de paso para refugiados? ¿Pues donde más esperaban mandarlos? Cualquier sitio estaría igual o peor.

» Un día, que vive sin pagar renta en mi memoria es el 10 de Abril de 1898, allí el suboficial nos presentó a la llamada Mika Fujilino, una niña de a lo mucho 15 años, de cabellos rosados y una expresión totalmente muerta, no miento si digo que no había diferencias entre su rostro y una estatua de bronce.

» Nos dijo que ella era una niña que había venido desde Japón, que sus padres habían muerto en esta guerra y que él se haría cargo. 

» ¿Ves eso posible? Estábamos en una guerra, con pocos recursos, ¿No podíamos mantener a los refugiados que llegaban, pero si a una niña huérfana del extranjero?

» No fui el único que sospechó de eso, así que un pelotón de 49 hombres y yo nos preparamos, armamos y 15 días después, cuando se desplegó una operación que dejaba el lugar vulnerable, nos presentamos en la casa del suboficial a exigir explicaciones. No lo encontramos dentro, pero encontramos algo peor, mapas detallados con rutas complejas del tráfico de mujeres y niños, eran antiguas rutas para el comercio de esclavos. No éramos un refugio, éramos un centro de comercio.

» Más pasó de un segundo a otro, con la velocidad de un rayo, tenía una herida profunda en las costillas y todos mis compañeros estaban muertos. Yo era el único al que parecía haber rozado superficialmente. Alcé la cabeza, y allí estaba, Mika Fujilino, de espaldas a mí y confiada, como una marioneta que da la espalda al público tras terminar la función. No tenía ni fuerzas, pero moví mi revólver lo mejor que pude y disparé, separando su meñique del resto de su mano.

» El disparo no cambió su cara, tomó su dedo del suelo, y lo lanzó contra mi cabeza. Luego todo lo que vi era negro, hasta que desperté en este lugar, junto con mi biblioteca, el único tesoro que me arrepentía de no haber podido proteger.

- Entonces, esta es su biblioteca - dice Nacho mirando las estanterías que tenían libros en idiomas que no entendía.

- Lo fue, pero parece estar tan maldita como yo - susurra el general. - Los libros cambian por las noches, poco queda aquí que sea realmente mío. Aún así no me iré, esto es mío, y estaré aquí aunque se reduzca a cenizas, nadie me espera ni en el cielo, ni en el infierno.

Nacho guarda silencio un momento, decide procesar la información lentamente. - ¿Entonces me está diciendo que Mika es una mujer japonesa de mínimo 127 años que se dedica al tráfico de personas? - pregunta.

Si ese era el caso, ignorando que su apariencia era de 16 años a lo mucho y no de centenario y medio, podría tener un poco de sentido que acabara con la vida de esa tal Rebeca, estaría quitándose competencia.

- No podría responderte con seguridad ni aunque quisiera - se lamenta el general. - El paso del tiempo es confuso en este lugar, no se cuanto tiempo ha pasado desde que morí, lo único que me mantiene cuerdo son estos libros y el resentimiento hacia ese gusano putrefacto que me mató.

- La gente normalmente no espera tanto tiempo como nosotros para irse - dice María. - Ellos hablan con los apóstoles verdes, su función es velar por nosotros, así que cuando nos sentimos preparados nos abren las puertas y podemos ir al cielo, o al infierno, no tenemos forma de saber a dónde irá nuestro alma y ellos no nos lo dicen, no es su trabajo.

- Entiendo - Nacho se frota su barba de 9 días. - Lo que no entiendo es porque ese resentimiento contra Mika, ¿Cómo sabías que podía ser tan longeva? 

El general Rodríguez sonríe afablemente, estaba esperando esa pregunta. Su mano va hacia uno de los bolsillos de su chaqueta que ahora está a sus pies, de él saca un meñique pequeño, en el extremo contrario a la punta hay restos de plomo. Nacho sabe reconocerlo porque la carne con fricción se ve exactamente igual que el cuello de aquel cuerpo descabezado en el bosque.

- Lo sé por esto - dice poniendo el dedo a la altura de sus ojos. - porque Mica tiene la inmortalidad de las langostas.

María se echa a reír, y su risa saca de sus divagaciones a Nacho y al general.

- Cielos, lo siento, es solo que, jajaja - se lleva una mano al estómago y trata de controlar la risa. - Era todo una situación tan tensa, y dices algo tan gracioso como la inmortalidad de las langostas, perdón, ya paro.

- No es ninguna broma - el general se pone de pie cuando la risa de María se detiene. - Está todo aquí.

Rodríguez toma uno de sus libros de la mesa, sopla en la cubierta y lanza la nube de polvo a la cara de Nacho que tose. 

- Mil perdones - se disculpa el general. - Era para que vieras el mejor título.

- No, no es nada - dice Nacho haciendo aspavientos con una mano para que el polvo se vaya. 

"Curiosidades fascinantes de la vida animal", así se llamaba el libro. Rodríguez lo abre sobre la mesa, en una página exacta que se sabía de memoria. Allí ponía;

"Se dice de las langostas, que son uno de los pocos animales con inmortalidad biológica, esto se debe a que sus células casi no envejecen y están constantemente renovándose. Desafortunadamente, las langostas tienen un exoesqueleto muy duro que también tiene estas propiedades, eso quiere decir que en algún momento su caparazón externo es más fuerte que la piel que cubre, al no poder renovarlo, este mismo las aplasta y las mata.

» sin ese defecto la esperanza de vida de las langostas podría ser de cientos y cientos de años. 

Nacho cuando terminó de leerlo, no quería ser descortés con su gesto, así que solo asintió como aprobación. María no tenía ese problema y su cara de incredulidad era notoria.

- Puedo entender que tengáis dudas - dice el general. - No mentiré si digo que yo mismo las tenía, está claro que el dedo no envejece, pero yo tampoco, así que llegué a pensar que todo podía ser obra de este lugar. No obstante, una noche hace dos meses, me encontré a Mica en este cementerio, fui a encararla y busqué provocarla, si me atacaba uno de los apóstoles la atacaría a ella. Pero ese pequeño gusano repugnante sigue siendo inteligente, y no cayó en la trampa, así que me alejé derrotado.

Nacho sentía mucha lástima por este hombre, una parte de él seguía pensando que tal vez todo esto era una alucinación suya, pero otra parte ya había asumido esto como real, y le dolía ver cómo no era la única víctima de la capacidad de Mika para romper sueños y esperanzas.

- La vi destruir una lápida, abrir el suelo y lanzar un ataúd, no cabe duda de que el paso del tiempo solo ha hecho de Mika alguien más grande y fuerte - concluye Rodríguez. - Puede parecer que no hay nada capaz de detenerla, pero tal vez tú sí puedas.

María empieza a jugar con uno de sus mechones de pelo, enrrollándoselo en un dedo. Nacho solo se rasca detrás de la cabeza, esperando que no se refiera a él.

- ¿Qué sucede? ¿Acaso no quieres acabar con Mika para siempre? - pregunta el general, parece hasta ofendido.

- A ver, no quiero ser maleducado - responde Nacho. - Pero no me veo yo siendo capaz de matar a Mika.

- ¿Acaso quieres que más personas acaben en la misma situación que usted, o peor bajo tierra de verdad?

- Ni siquiera ha escuchado las razones por las cuales estoy aquí.

- He de suponer que vino buscando la ayuda sobrenatural de los apóstoles - dice Rodríguez con la calma de quien confía en una deducción acertada. - Pero no le ayudarán, la única magia que le ayudará está en estás estanterías, en este otro libro, en este baso y en este meñique.

"Con una voz así ya entiendo porque fue guerrillero al frente de un pelotón", piensa Nacho. - Solo deme un minuto para pensarlo - le dice.

Nacho levanta su gabardina del suelo, no lo ha hecho de manera muy brusca, pero una de las monedas sale de canto y rueda por el suelo empedrado hasta dar con un libro de la estantería que estaba a ras del suelo.

Aunque en un principio solo se pone de cuclillas para tomar la moneda romana, ve en el libro unas letras que le llaman la atención, están grabadas a fuego y parecen hechas con el brillo de dos pinzas para el pelo, no hay otra forma de explicarlo. El título dice; "Cómo invocar el silencio del todo", el nombre del autor está bordado debajo, simplemente pone "Roma".

Nacho lo toma, muy interesado, está en español y escrito como un libro profético, no sabría explicar por qué, pero en el índice del libro encuentra algo que le interesa. "Pasos para hablar con los muertos sin sacrificar a nadie".

- ¡Oh! Has encontrado un libro de hechizos - dice María sonríendo. - Yo leí uno igual hace tres meses, era donde se decía que para llegar aquí necesitas sangre virgen.

- Entonces, ¿Esta magia puede ser real? - pregunta Nacho.

- Estando donde estás, ¿Hay algo que te parezca imposible? - le pregunta Rodríguez.

Nacho lee los pasos a seguir, son muy sencillos, solo necesitas quedar inconsciente con dos monedas en tus ojos en tus manos, así viajarás al reino de Caronte y esas monedas serán el pago por tu estancia en lo que llaman la laguna Estigia. Le acompaña una descripción detallada de cómo es el lugar, un gran lugar de hielo totalmente oscuro y cuya luz proviene de una pequeña capa de agua en la superficie.

"Qué puta locura, no hay manera de que esto sea una coincidencia, de que haya llegado hasta aquí con las dos monedas que necesito por casualidad", piensa Nacho. "Pero si esto me permitiera hablar con el alma de Kazuya, todo esto valdría la pena, hay que intentarlo".

- Está bien general, hagamos un trato.

- Me complace escucharle - dice Rodríguez abriendo su libro también. 

- Hay un hechizo aquí que quiero hacer, está tan vinculado con mi deseo personal que es prácticamente imposible que sea una coincidencia, es muy posible que haya otro demonio detrás de esta historia, pero si es el caso, tengo claro que Mika no quería que llegara hasta él.

- ¿Cómo puedes estar seguro? - pregunta María.

Nacho recuerda a Ninoroki diciéndole que dejara de investigar, cada maldito avance que él hacía silenciado, igual que los detalles que no se alineaban con los intereses de Mika. Su investigación en Daimon, las monedas que no conocía, y que haya llegado a este preciso lugar donde Mika mató a alguien, tiró su cuerpo y no lo mandó investigar.

- Es una corazonada - dice Nacho, impasible y seguro. - Quiero que me impulse y me dé fuerza, pero no vivo en un mundo de héroes donde los buenos ganan y los malos pierden, si quiero vencer al imperio de Mika, ella tiene que morir primero, dígame cómo hago eso general.

Rodríguez asiente convencido. - Vamos a hacer alquimia, ofrece la mitad de tu alma y yo ofreceré la mitad de la mía, todo en un objeto que tengamos para un fin común, el dedo de Mika. Lo quemaremos, quedaremos inconscientes por el humo y cuando despertemos el poder de este dedo se habrá transferido a ti. Tendrás el poder de Mika y podrás usarlo para acabar con ella. 

- ¿En un mano a mano?

- Se que puede intimidar, lo he vivido en carne propia, pero es solo una pequeña desquiciada muy confiada de su poder. Siendo tú un hombre adulto, ¿No crees poder hacerle frente?

Nacho traga saliva, no era esa la solución que se imaginaba, pero al menos era una solución posible. - Habrá que intentarlo - afirma Nacho.

- A ver cielos míos - dice María. - No quisiera ser ave de mal agüero, entiendo que meterán el dedo de Mika en el vaso, y que este escritorio tiene madera de sobra que quemar, pero, ¿Estáis seguros de que el dedo de Mika cuenta como un objeto común para los dos?

- Lo es - responde el general sin un atisbo de duda. - Por él morí, con él me marcó y con él me quedé después de muerto, no es un dedo cualquiera, es el puñal con el que me desangro después de muerto.

- El vaso también está un poco sucio.

- Nos valdría hasta un tazón de cereales, no menciones más inconvenientes, hallaré solución para todos.

Nacho no sabe cómo reaccionar a esa repentina teatralidad, así que prefiere avanzar dejando su libro en la mesa y dos monedas en sus páginas.

- Hagamos esto cagando leches.

Interludio sexto: Ahora o nunca.

Fíjate, es el momento con el que siempre habías soñado, la bola recorriendo una trayectoria curva en el aire, un lanzamiento que incluso le daría problemas a Babe Ruth.

Todos nos sentimos alguna vez atraídos a una situación así y solo habrá una forma de resolverlo, mira tú cara de concentración y la fuerza con la que sostienes el bate.

Ya has fallado antes, pero esta vez será diferente, ahora tú mente puede estar un poco más en paz sabiendo que un ciclo ha terminado y que no le debes nada a nadie. Es el momento, dispara.

¡Bacnk!

"¡Jom ran!", grita la máquina cuando la bola que lanzastes, la bola de "beisbol" que Chizuru golpea en aquel terreno de prácticas, da en el pleno de la diana.

Se sube la visera del casco para ver orgullosa como la pantalla la bombardea con luces verdes y rojas, varios chicos que la miraban aplauden, y ella, aunque un poco avergonzada, hace una reverencia antes de abandonar el lugar.

Vuelve a por su bolso y zapatillas en la taquilla de la entrada, se despide del recepcionista y promete venir la semana que viene si tiene algo de tiempo libre. Ya en la calle revisa su teléfono para ver su horario, hoy sería un sábado al que sacar provecho.

Alguien llama, el número que sale en la pantalla dice; "Agente del C. Kazuya", ya sabe quién es.

- Moshi Moshi - dice Chizuru.

- Chizuru, ¿Has visto la noticia? - Nacho prácticamente grita al teléfono y ella tiene que retirarlo de su oreja.

"Ni un buenos días ni nada, que desconsiderado", piensa ella. - ¿La del caso de Kazuya? Si, ya me he enterado de que han atrapado a la responsable - responde.

- Es todo mentira - le suelta Nacho sin miramientos. - Pero la policía no va a estar de nuestro lado.

- ¿Qué? - Chizuru presta más atención a la llamada. - ¿Eso que oigo es un coche? ¿Estás conduciendo?

- Si, voy directamente al centro del problema y si quieres que te sea sincero creo que no saldré vivo - se escucha como aprietan más a fondo el acelerador. - Lo único que te puedo asegurar es que mi móvil no está pinchado, que tú y Kazuya solo fuisteis usados para encubrir una estafa más grande y que no te preocupes, no te irán a buscar.

- Eso es demasiada información de golpe - se queja Chizuru.

- Lo sé, yo no sabía nada de esto hace quince minutos - se escucha a Nacho suspirar. - Mira, no te lo diría si no fuera necesario, pero quiero dejarte claro que no tengo ningún problema, que no tengo ninguna intención de desaparecer ni ningún asunto pendiente contigo. Si muero, no les digas la verdad a los policías que vallan a interrogarte, diles que estaba medio tonto, que insistí en ti como sospechosa y que incluso fui a molestarte a tu apartamento sin pruebas fehacientes.

- Eso fue exactamente lo que hiciste - dice Chizuru entre dientes.

- Si, exacto, no hice nada y tú no tienes nada más que ver conmigo, ni mucho menos con la familia Shinomiya.

- ¿La fami... Qué? - Chizuru tardó un instante en recordar que ese nombre se lo había dicho Mami-san. - ¿Qué tienen ellos que ver?

- ¡Nada! - dice Nacho acompañado de un sonido de neumáticos quemando rueda.

- Mira no puedes decirme esto y colgar, hoy tengo una actuación por la tarde en el centro comercial, no lo haré bien con esto dando vueltas en mi cabeza.

- Lo harás bien, Chizuru, a partir de aquí solo te queda vivir tu vida, soy yo a quien quieren - Nacho detiene su conversación para sonreír convencido. - Solo hago mi trabajo, gracias por haberme ayudado con eso.

- De- de nada - termina de decir Chizuru.

Se cuelga la llamada, sostiene su móvil en la mano, con la tapa de su carcasa abierta. ¿Qué podría hacer ahora?.

*** 

2:00 de la tarde.

Chizuru está cambiandose de ropa en los vestuarios del centro comercial, se está poniendo el traje de Ranger Rosa, intenta pensar en lo bien que pagan por hacer ese trabajo y no en el hecho de que pasó una hora desde que habló con Nacho y no tiene noticias nuevas. Así va, distraída con el casco de lentes pintadas de oscuro y sus pensamientos.

- ¡Ay! - grita al sentir un pinchazo en la mano.

Delante de ella, sin ningún aviso aparente está Sumi, ¿De ahí le ha venido el dolor de chocarse con ella? Un momento, ¿Tiene los ojos lilas o es solo efecto del casco?

- ¿Sumi-chan? ¿Qué estás haciendo aquí? - Chizuru se quita el casco y Sumi parece sorprenderse también. - Vaya, ya es la tercera vez que apareces de la nada delante de mí, creo que me estoy empezando a asustar.

- ¡Ay! No, no, lo siento mucho Chizuru-san, no era mi intención molestarte - Sumi hace a toda velocidad tres reverencias de disculpas. Mirándolo bien, sus ojos son del mismo color de siempre.

- Bueno, no es para tanto, ¿Qué haces aquí?

- A, si, yo vengo a verte actuar algunas veces, lo haces muy bien.

- Muchas gracias, pero yo me refería a aquí mismo, en los vestuarios, ¿Te ha dejado pasar Nakano-san?

Sumi se puso muy nerviosa y asintió a pesar de saber que estaba mintiendo, ella no recordaba que había pasado, tenía la mente hecha un caos, recuerda que ayer soñó de nuevo con su ángel, que le dio las gracias y que luego él mismo le dijo que fuera a ver a Chizuru, ¿Tal vez algo más? No podía saberlo, era como si estuviera hechizada. Desgraciadamente no tenía a nadie a quien pedir ayuda para una situación así.

Interludio séptimo: El resurgir de Roma.

Kazuya se quedó mirando a Roma en lo que fue una eternidad efímera.

- ¿Quieres que tu voz le vuelva a decir algo a Chizuru? - pregunta Roma.

- ¿Puedo volver a verla? - pregunta Kazuya con los ojos muy abiertos.

- No, pero hay quien puede llevarle un mensaje para ti.

Roma raya aquella realidad con una uña llameante, el agua bajo los pies de Kazuya se derrite y en el hielo cristalino se de a un policía, tumbado sobre un escritorio con dos monedas en los ojos.

- ¿Qué es esto? - pregunta Kazuya, ya cansado de tanta sorpresa.

- Tú mundo - dice Roma dejando la guitarra a un lado. - De aquí te sacó silencio indirectamente, porque no quiere que la historia se repita, porque creé que puede detener la rueda si quita un par de engranajes, pero no tiene el valor de hacerlo por sí misma y cada vez que piensa en no hacerlo algo peor sucede, maldita jerarca con complejo de aspirante.

- ¿¡De qué estás hablando!? - grita Kazuya, llegando a pensar que esta vez Roma si le hará caso.

- Silencio es un desastre - dice obligando a Kazuya a mirarle a los ojos de cuencas vacías incluso si no quiere. - Por no querer destruir su mundo, dejó una pared abierta en cualquier plano por el que estés dispuesto a entrar consciente o inconscientemente.

En el suelo bajo sus pies, se ve a una niña con ojeras y greñas apuntar a Silencio con una Magnum 44, una onda en el agua lo cambia todo y se ve a Roma recibiendo un golpe en la cabeza que deshace una guitarra mientras ella no se inmuta. Kazuya se frota los ojos, quién ataca a Roma es una niña exactamente igual que ella.

- Así, y más ejemplos - Roma sonríe como Nerón viendo a gente arder. - Gracias a sus fallos pude crear las lágrimas del cielo, y ahora parece que siempre estuvieron ahí. Mis monedas son pequeñas pinceladas que forman rayas en la novela que escribes en contra de tu voluntad Silencio, porque se que me ves, se que me escuchas, pero no puedes narrarme. Estás más allá de los conceptos que todos entienden, pero las ideas perfectas te quedan muy lejos.

Kazuya mira para todos lados, pero Roma no desaparece de su vista, es como si fuera omnipresente en el centro de sus ojos.

- Ese policía, es quien investiga tu caso, él podrá decirle a Chizuru lo que tu desees - Roma señala al reflejo. - Ahora fluye en el mismo plano que tú, ahora hablarás con él, pero al hacerlo, Silencio será consciente de ti y te borrará.

- ¿Cuánto tiempo tendré antes de que eso ocurra? - dice Kazuya apurado.

- El que la trama requiera.

- ¿Y por qué me informas de todo esto? ¿Por qué me ayudas?

- No te estoy ayudando más de lo que los romanos ayudaron a los godos - dice Roma. - Considéralo un pacto por intereses comunes.

Kazuya no ha entendido nada, pero una parte de él se siente en paz a pesar de todo. - Gracias - le dice a Roma.

- tu es grata - le responde.


Capítulo 36: ¿Y si no merece la pena? Toca turno de cambio de guardia, uno de los soldados va tarareando una canción desde su cristal y hace la rotación correspondiente mientras otro descansa sus armas. Dos soldados en cada puerta como el protocolo dicta. - Buen día, Anexomires - dice el nuevo soldado. - Demasiada felicidad traes, Agáspito - responde el otro. - ¿No te has enterado de la noticia? - No hay fin del mundo que me desanime, hoy mi hijo ha dicho sus primeras palabras y han sido, "Quiero ser como tú, papá" - Agáspito ríe orgulloso. - ¿Qué más puede pedir un padre? Anexomires ni siquiera pensó en decir "vivir para contarlo", pues si lo pensaba su cristal lo diría y arruinaría el momento. Se empezó a escuchar un zumbido detrás de las paredes, algo parecido a un grito de una adolescente que regaña a una amiga entrometida en un baño público. Un fino y constante "aaaaah" que se detiene con un ¡Crash! La frente de Ruka choca con el muro al lado de la pared de la entrada a 460 kilómetros por hora, deja en la pared de 15 centímetros un agujero de sus proporciones y múltiples cristales rotos a su alrededor. Tanto ella como su ropa están intactas y cuando nota por el rabillo del ojo a los dos guardias, ya se está tirando sobre ellos. De una patada empuja ambos cristales de conciencia fuera de su órbita electromagnética, chocan como las bolas de un péndulo y caen al suelo con un tintineo estruendoso. Por el mismo agujero por el que entró Ruka llega una sombra que salta y se para sobre sus deportivas al mismo tiempo que dos cuchillos de cristal rosado despuntan en sus manos, los lanza y acierta en los cristales de conciencia fragmentados con la precisión de un arquero profesional. Los soldados caen al suelo, levantando cristales por el golpe, cuando entra el tercer invitado apartándose los mechones rubios, y con una sonrisa de emoción que no ponía desde que traumatizaba a sus amigos de 15 años. - Qué elegancia la de Francia - es lo primero que Carlos dice al ver ese precioso castillo por dentro. El suelo también era de cristal, pero parecía un iceberg reflejando toda una aurora boreal. Había decoraciones con triángulos y flores como en el rosetón de una catedral y todo el peso recaía en pilares y contrafuertes de diamante macizo. Gracias al sol en el horizonte, todos los collares azules y rosas de las paredes y los techos iluminaban el palacio haciendo que pareciera que estaban dentro de una bola de discoteca. - Lo que tiene de bonito lo tiene de silencioso - dice Ruka. - Todo aquí parece aislar el sonido, así que detrás de mí, será un camino complicado hasta llegar al trono. - Está bien - Iris miró orgullosa sus bolsillos. - Estoy lista. Antes de venir a este lugar, habían tomado todos los hachas de guerra, Ruka había hecho de las cabezas de los mismos 30 cuchillos finos y afilados, para que cupieran 15 en cada bolsillo de Iris. El resto del plan era muy sencillo, Ruka recorría el lugar a toda velocidad arrancando rombos, Iris los destruía y Carlos dejaba inconscientes a los soldados cuando perdían la protección mental. Era lo más pacífico que podían hacer. - ¡Venga, vamos! - grita Ruka como nueva voz de mando. Iris pone una mueca, va a tardar en acostumbrarse a recibir órdenes de Ruka, aunque ya no tenga tantas razones para odiarla. Carlos en cambio, echa a correr detrás de la japonesa con una sonrisa perceptible, esto es lo más parecido a una misión de “Hora de Aventuras” que vivirá en su vida. Ruka atrapa por la espalda al soldado que se retiraba tras el cambio de guardia. Aunque es incapaz de rodearlo con sus brazos, sus uñas se clavan en los 7 centímetros de cristal y consiguen hacerle un movimiento medianamente semejante a un suplex alemán. Su rombo rebota de lateral contra el suelo e Iris lo parte acertando un cuchillo. No es necesaria la intervención de Carlos, la ostia contra el suelo ya lo ha dejado fuera de sí. El trío corre hasta un cajón de escaleras empotrado en una pared, su función debería ser la de un callejón muy cerrado, para que sea sencillo hacer emboscadas desde arriba sin ser rodeado desde abajo, pero debido al descomunal tamaño de las criaturas de armadura cristalina, los tres caben donde cabría una. Ruka se detiene a los pies de la escalera, intenta escuchar algunos pasos, pero no oye nada. - ¿Qué sucede? - pregunta Carlos. - Estos cristales tan juntos, de alguna manera, también están bloqueando el sonido - dice Ruka. - Yo voy delante, no puedo asegurar que nadie nos esté esperando arriba. Iris tomó eso como una advertencia y empuñó tres cuchillos en cada mano. Lo sintió como un felino sacando sus garras, sus armas no se alejaban mucho de la forma precisa y eficaz de las dagas, parecían reliquias de algún imperio perdido, si pudiera llevárselas, segura estaba de que podría venderlas por más dinero que una entrada de BTS. *** Ruka detiene con sus palmas desnudas un golpe de un hacha, en la misma palmada que lo atrapa lo rompe. Ladea la cabeza a la izquierda y tres cuchillos hacen silbar el aire al pasar desde los escalones de abajo y clavarse en el cristal de conciencia del soldado atacante. Ruka le quita el mango del hacha de las manos y golpea en el costado tan fuerte que se parte junto al peto de la armadura. Los dos ojos en los pectorales del soldado se quedan en blanco cuando Carlos le lanza una onda mental. El otro soldado que hacía guardia con él tira el hacha y baja las manos y el pecho en señal de clemencia, dejando el cristal de conciencia a la altura de las manos de Ruka que lo toma y lo lanza escaleras abajo. - Iris, dile que se que puede hablar sin necesidad de ese aparato - ordena Ruka recordando al jefe de armas gritar para vengar el honor de Amenoxis. - y pregúntale por su rey. - Mira amigo - empieza a decir Iris en griego, tomando más dagas. - Aquí mi amiga es una zorra completamente loca, y ambos sabemos que entiendes este idioma, así que no compliques las cosas y dinos dónde está tu rey. Ruka frunció el ceño en dirección a Iris. La coreana la ignoró con la paz mental de un iluminado, ya sabía que la podía entender, nada más quería buscarle un poco las cosquillas. - Está en la sala del trono - dice el soldado con una voz suplicante que se entendía perfectamente. - Es la planta más alta, el rey vive allí, solo. Por favor, no me matéis, tengo mujer e hijos. - Si no te das la vuelta mientras nos vamos, me lo pensaré. - ¡Iris! - le regaña Ruka apretando los puños. Carlos deja al hombre inconsciente mientras la coreana se ríe burlonamente y Ruka infla ambos cachetes. - Venga, no importa - dice Iris con aire ausente, como si la conversación no fuera con ella. - ¿Qué pasa? - pregunta Carlos. - Iris ha dicho a este soldado que se pensará él si matarle o no - dice Ruka señalándola acusativamente. - Estamos haciendo esto de forma pacífica, eso no es necesario. Carlos mira al soldado que Ruka dejó inconsciente con un hachazo. Sus gigantescos ojos del tamaño de un balón de fútbol desorbitados y seguramente tres costillas rotas. Luego vuelve a mirar a Ruka que se está sonrojando un poco. - Pacíficos, pacíficos, no somos - dice él. - Es violencia en defensa propia - Ruka se cruza de brazos. - Bueno no importa, este también nos rogó en nombre de su familia. - Familia, ¿Eh? - Carlos vuelve a mirar al torso desnudo de la criatura. - Me pregunto cómo le harán estos gorilas para coger. Con un tamaño así... - Dejar de divagar - le regaña Iris con una mano en la sien. - Nos tienen que quedar unos tres pisos más, y son mínimo 3 soldados por planta, dos a la entrada, uno a la salida - desincrusta las tres dagas que lanzó y se las vuelve a guardar. - Cuanto antes consigamos el cristal, antes nos vamos de aquí, y dejamos a estas familias tranquilas, ¿Ese plan te gusta? - le pregunta a Ruka con las manos en las caderas. Ruka masculla y suelta un; "si, como sea", y empieza a correr en busca de más escaleras con sus dos amigos detrás. *** La carrera que esperaba durar 5 minutos y despacharse a 6 soldados, terminó durando 10 y dejando inconscientes a 23 soldados. Ruka tenía buen cardio, se sentía con más fuerza cada segundo que pasaba, Carlos no estaba en su mejor momento, pero tampoco se sentía mal. Iris en cambio estaba muy desgastada, ella solo era una humana con un entrenamiento por encima de lo regular, no le resultaba tan sencillo correr por cristales lisos, apuntar y disparar cuchillos, saltar entre hachas sin poder dar un contraataque, subir 7 tramos de escaleras y repetir el proceso. *** Iris se sentó en el último escalón cuando por fin llegaron a la cima, se paró a solo 20 metros de la sala del rey. Era fácil reconocer que esa sería la sala del trono, la puerta estaba enfrente y tenía tallado un escudo de armas; un corazón con dos hachas cruzados y un rombo cristalino en el centro. - Creo, uf, creo que podéis seguir sin mi - dice Iris dejando caer sus brazos sobre sus rodillas. - ¿No pensarás en quedarte aquí haciendo guardia? - le pregunta Carlos. - Tú sola y en ese estado, ni de chiste podrías con uno de esos. Carlos señala con la cabeza al final de la escalera, está un soldado al que habían dejado tonto luego de que Ruka le noqueara de un solo cabezazo. - Venga, no importa, tampoco agrego tanto - dice ella. - Ruka, puedes tomar mis cuchillos y hacer lo mismo que yo. - No hacemos planes para el equipo sin el equipo - le responde, la mirada serena y la altura extra que gana por estar de pie le dan aires de liderazgo. - Tú tienes mejor puntería que yo, eres una pieza útil y si necesitas descansar lo haremos. "¿En qué momento se volvió tan confiada en sí misma?", piensa Iris, mirando esa chisporroteante fuerza en los ojos de Ruka que la está impidiendo rendirse. "Je, como si no lo supiera, se volvió así desde el momento en que empecé a confiar en ella". Mirándo ahora la escena, a Ruka serenada esperando algún movimiento para saltar a protegerlos, a Carlos relajado con el francotirador entre los dos hombros moviéndolo con sus manos como si se hiciera un masaje y el tono anaranjado que está tomando el castillo por el atardecer, Iris piensa en qué dentro de las posibilidades, tal vez si está en el mejor de los escenarios. Mientras nota como Carlos usa su poder para aliviar su sensación de estrés y fatiga, recuerda el pasado. "Te vas a pudrir en esta puta caja de zapatos igual que el resto de nosotros, así que el hecho de que nos llevemos bien o mal no va a cambiar nada", eso le dijo a Ruka, si, a la única chica que había tenido el coraje de rebelarse contra Mika y cambiarlo todo. "Es la primera vez que me alegro de equivocarme", piensa. Seguidamente se da unas palmadas en las rodillas y se pone de pie. - Muy bien, estoy lista, ¿Cuál es el plan? - Es muy probable que este sea un jefe de zona - dice Ruka mirando la puerta con el ceño fruncido. - Eso quiere decir que irá con todo desde el principio, así que seguramente también luche con una armadura agrietada y un nivel muy superior a cualquier cosa mostrada por sus soldados, si no fuera el caso no me habrían dado más poder. - Pues a huevo, no es tan complicado - dice Carlos volviendo a colocar su franco en su espalda. - Bastará con someterle en el piso, le atravesamos las dos piernas y le hacemos preguntas hasta que nos diga en dónde está el cristal que buscamos. Ruka asiente, era una solución más violenta de lo que le gustaría y más peligrosa, si el rey luchaba solo, aplicaría la misma lógica que ella, acabar primero con los lados más vulnerables, y esos eran Iris y Carlos. Carlos nota perturbaciones en el cerebro de Ruka, pequeño destellos de emoción en un cerebro que poco a poco está volviendo a ser incapaz de descifrar. Ya casi no puede entender a la muchacha, pero puede entender a su amiga. - ¿Nos vas a decir que te preocupa, o te lo vas a guardar para ti solita? Iris también mueve la cabeza dándose por aludida, pero viendo que es Ruka la que se gira, disimula y se apoya de espaldas a la pared. - ¿Qué quieres decir? - pregunta Ruka. - No quieres entrar a ese cuarto porque algo te preocupa - dice Carlos señalando a la puerta del rey. - Si no, ya te habrías lanzado a 350 metros sobre segundo contra esa puerta y hubieras sometido al pendejo ese tu sola, ¿No te crees capaz? - No os creo capaces - confiesa Ruka mirando al suelo. - Antes de venir aquí estuve una semana preocupada por mi modo de 90 latidos, creía que sería la solución para nuestros problemas si me hacía más fuerte, os protegería mejor, pero ese estado solo me protege a mi misma, podría mataros como mero efecto colateral y no sentiría nada al respecto. Si el rey me hace llegar a ese nivel... - Son mamadas - dice Carlos haciendo rodar sus ojos. - ¿Cómo dices? - Son mamadas, te estás preocupando por cosas que todavía no son, ¿Y si en ese cuarto no hay un rey, sino una bomba que destruye todo el edificio y nos mata? ¿Y si el rey tiene el poder de absorber almas con la mirada y nos mata? ¿Y si la sala es una tormenta eléctrica donde nos da un rayo y nos mata? ¿Y si... - Carlos, para, ha quedado claro - dice Iris con los ojos entrecerrados. - Pues ya sabes, vamos a lo que vamos, y si nos morimos, pues nos echas cal - el tono de Carlos está al borde de lo cómico y lo serio. - Tienes que saber quien eres Ruka, aceptarlo y luchar por lo que quieres, ahí no más te lo dejo, no podemos tener esta conversación cada vez que corre riesgo nuestra vida. Ruka se pierde en los ojos marrones de Carlos, sus cicatrices de guerra y esa sonrisa que no ha perdido ni cuando ha estado a punto de partirse la espalda tres veces. Está mirando a un hombre que sabe lo que dice y que sabe que tiene razón en lo que dice. - Tiene que estar jodida la cosa para que sea Carlos el de los buenos consejos - Iris se ríe. - Pero tiene razón, así que vamos a hacerlo, ¿De acuerdo? - Si - Ruka asiente más motivada. *** La puerta del rey se abre, en un cuarto de segundo, Ruka extiende las palmas hacia delante y detiene una esfera centelleante que había estado esperando el momento para lanzarse nada más se abrieran las puertas. Carlos e Iris estaban a 10 metros de ella, se sentía bien tener razón, este ataque a muerte desde el principio era fácil de prever. Soportando todo el peso con una mano y haciendo su máximo esfuerzo, Ruka toma impulso con el otro brazo, y sus nudillos se hunden en el fondo de la bola, mandándola hacia atrás y destrozando un trono de cristal en el proceso. La sala del rey era una sala de jefe final de manual. Una habitación circular con un mosaico de flores lilas y naranjas en el centro. Múltiples ventanales y veinte pilastras adosadas que levantaban la cúpula de diamante macizo sobre su cabeza. La bola empezó a tomar forma, primero sacó los brazos, después las piernas y se retiró una capa de tela aislante que le cubría. Ese era el rey, una criatura igual a sus súbditos sólo que el doble de grande, cinco veces más brillante y con corona sobre la cabeza en lugar de un rombo. Se desabrochó la capa, la tiró y reveló dos enormes hachas a su espalda, cada uno era dos veces más alto que Ruka, un arma imposible de usar con una mano pero que el rey manejaba como si cargara dos plumas de faisán. Iris y Carlos llegaron a la altura de Ruka para ver sus pequeñas figuras retratadas en el pecho majestuoso y relampagueante del rey. Era como ver su reflejo en un pequeño lago durante una tormenta. La única razón por la que no tenían miedo era por la marca de los nudillos de Ruka en uno de los costados. "Perro que ladra no muerde", pensó Carlos tragando saliva. El rey se puso en guardia, Ruka no se lo pensó, saltó por él recargando un puño a la altura de su cara. Carlos la vió unas fracciones de segundo antes de que ella y él rey desaparecieran de su vista. "Qué me parta un rayo si ese no era el puñetazo con el que Julio Cesar Chávez noqueó a Mayweather", pensó. Ruka cae precipitada en diagonal, su puño por delante, cortando superficialmente la armadura del rey que la esquiva con una finta. La electricidad superficial, no hace ni cosquillas a Ruka. El rey descarga dos golpes en horizontal, Ruka salta quedando en medio de ambos hachas, su coronilla no roza el filo por el pelo de un calvo. Patea hacia abajo y la cabeza del hacha salta en todas direcciones cuando de él solo deja intacta la mitad del mango. El rey hace un rápido movimiento de palanca, el mango gira circularmente y lo agarra como un pica hielos, mientras intenta meterle un estacazo a Ruka con una mano, con la otra sube y baja el hacha, en una sincronización tan bien calculada que pareciera hacer picadillo con dos cuchillos sobre una tabla de madera. Ruka danza entre ambos ataques, la inmensidad de los brazos del rey deja demasiado espacio libre para esquivar y desplazarse. El rey cambia de estrategia, con la empuñadura del hacha en el hombro derecho y el ahora bastón picado en el izquierdo, posición opuesta a la mano que los sostiene, da dos estocadas al mismo tiempo, un solo golpe curvo en X. Ruka no consigue alejarse a tiempo de este ataque que golpea en gran extensión desde ambas direcciones, es un patrón nuevo que no ha podido telegrafiar y le ha costado su pierna derecha. Pero hace fuerza con el talón, flexiona la rodilla que aún tiene y ve una apertura en la guardia del rey, justo debajo de sus piernas, las ha dejado en compás cuando se ha adelantado. Ruka pasa como un torpedo, se aferra con sus uñas al suelo mientras gira para evitar la fuerza del impulso y cuando su pierna termina de regenerarse, parece una atleta que se prepara para el pistoletazo de salida. El rey avanza de nuevo, Ruka cierra sus ojos, siente el aire y trianguliza su posición, viene demasiado rápido, no se ha percatado del escenario, no como ella. Adelanta una pierna y Ruka en cambio echa una mano atrás, atrapando la capa del rey. Ruka la mueve y la lanza, al mismo tiempo que una estocada se abre paso cortándola y tapando parcialmente la visión de su majestad, Ruka ya se ha adelantado, ella está acostumbrada a moverse con los ojos cerrados. El hacha se clava en el suelo de cristal, en la posición donde estaba la japonesa, pero el rey solo ve cientos de esquirlas saltando, por qué a quién buscar ya está en su pierna. Ruka da un cabezazo contra una rodilla que es dos veces del tamaño de su cabeza, cuando hace saltar el primer trozo, clava las uñas y tira del hueso. La pierna es medio metro más alta y dos veces más ancha, pero ella se las apaña para torcerla y lograr hacer que el rey caiga. Lo que para Ruka está siendo la batalla de su vida, para Iris han sido tres segundos y para Carlos seis. Lo único que ven es como el rey está tendido frente a ellos con el cénit de la corona expuesto. - ¡Ahora! - grita Carlos. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Tres balas perforantes surcan el aire, al chocar con la cabeza reforzada del rey siete dagas de cristal chocan también, haciendo una buena fisura, aunque todavía muy superficial. El rey no es inmovilizado más de tres segundos, se revuelca por el suelo para tratar de soltarse de ese agarre en la pierna mientras Ruka sigue haciendo fuerza para convertir esa lesión en fractura. Está demasiado concentrada, se siente como intentar empujar un pilar de mármol con unos rastrillos de pala. El rey reverbera en poder cuando estrella su pie contra Ruka con una patada de bicicleta. La chica es empujada hacia atrás y recibida por un fuerte impacto contra un ventanal, se clava cristales, sus costillas arden más que nunca, solo Mika le había golpeado tan fuerte. El rey delante de ella, alza su único hacha completo con la izquierda, lo descarga en una diagonal descendente. Ruka sabe que si se mueve solo empezarán a dar vueltas en círculos de nuevo, salvo que el rey ya no está para moverse y la rodilla no es su único punto débil. Ruka rueda con su cuerpo hacia un lado, el hacha reduce el ventanal a cristales rotos y toda la luz entra para remarca el tono boreal de la armadura. En las pupilas de Ruka se delatan las partes menos reforzadas que permiten la movilidad de la misma. Sin pensarlo, lanza la uña de su dedo anular impulsada por su pulgar, 1200 kilómetros hora en dirección a la axila del rey. Una velocidad floja que el rey percibe, pega su brazo al cuerpo y la uña rebota dejando apenas un rasguño, no es importante, porque mientras el rey se centra en su axila, Ruka va el doble de rápido a por la muñeca izquierda, la que aún sostiene el hacha fuera de la ventana. ¡Esplaz! El puño de Ruka se hunde en las venas del rey por la pequeña abertura que permitía la movilidad de la mano. Esto hace que el rey suelte el hacha, que se precipita al vacío como el plomo en el aire. El rey grita, un rugido de primate desgarrador que lo detiene mientras Ruka saca el puño empapada en sangre de arriba abajo. Su magestad se detiene un segundo, un único segundo en el que otros cinco cuchillos cristalinos se clavan en él, ahora en la apertura de su axila a la que Iris llega desde su espalda. El rey gira su tren superior, mirando a la mujer coreana entre las grietas de su armadura, con los gigantescos ojos rojos de su pecho. El instinto de Ruka le dice que ataque a la otra pierna, pero Ruka va más rápido que los designios de su corazón, tirándose a por la otra muñeca del monarca con un salto. El rey vió este salto venir, y cambió la dirección de su puño, un recto que Ruka tuvo que bloquear con rodillas y codos. Solo tres dedos blindados de la mano del rey ya eran más grandes que ella, partieron todas sus articulaciones y en el choque de ambos momentos ella salió perdiendo, impulsada fuera, en caída libre por la ventana. El tiempo que el rey tarda en darle la pegada a Ruka, Carlos lo usa para descargar todo lo que tiene en un único ataque de ondas que consigue abrirse paso entre las fisuras de la armadura aislante. Lo que supone un kao instantáneo para el rubio, es solo un mal viaje para el rey. Ruka cayendo en caída libre busca rápido a que aferrarse, algo que le va a costar con las extremidades fracturadas. Ve entonces el hacha que cae delante de ella, está en horizontal, poniendo más resistencia al aire, eso servirá. Ruka toma una pose más aerodinámica, antes de girar para colocarse. En el cuarto de segundo que tarda en llegar al hacha, ya tiene los huesos unidos de nuevo, apoya los pies en el mango y salta con todas sus fuerzas. El hacha estalla hecho añicos, igual que la barrera del sonido, y Ruka con los brazos en cruz delante de su cara, entra por el ventanal que estaba a la derecha de donde fue expulsada. El rey ya de pie, con rayos en todo el cuerpo, ve llegar a Ruka, cambia la guardia y gira en su eje para golpear con toda la amplitud del dorso del brazo. Ruka no necesita ni verlo, se agacha cabeceando en el mismo instante que escupe un diente en dirección a la rodilla sana del rey. El incisivo entra y sale, dejando un agujero del tamaño de una cebolla en la rótula del monarca que lo obliga a caer. Entonces la rodilla de Ruka se impacta cual movimiento ilegal a la cabeza en M M A. El rey gira, más bien es volcado, y notando que está perdido, con toda su energía saliendo, acumula todas las fuerzas en sus brazos, se impulsa hacia atrás de espaldas. Su intención es aplastar a Carlos e Iris. - ¡Caeréis conmigo! - grita el rey. El mundo parece detenerse, Iris acudiendo a socorrer a Carlos, él está tirado de frente contra el suelo, su nariz sangrando. ¿Qué harás Ruka? No vas a llegar a tiempo, ¿Los vas a dejar morir? Tú no harías eso, esa no eres tú, pero, ¿Quién eres? El corazón de Ruka salta a 90 latidos de golpe, su puño empuja la espalda del rey de vuelta a su sitio antes de ser consciente al mismo tiempo que atrapa los cientos de fragmentos de cristales, grandes y microscópicos, de la misma manera que atrapaba los fragmentos caídos de las balas de francotirador. Siendo consciente de todo su corazón solo vuelve a su ritmo cuando todo acaba con ella estática, Iris levantando a Carlos por el brazo y un rey completamente parapléjico que solloza. - Joder - susurra Iris al ver la mano de Ruka llena de cristales rotos y ni un solo rasguño. - Se acabó - sentencia Ruka. - No - dice Carlos con una voz nasal. - Ahora más que nunca quiero el puto cristal. Llega el interrogatorio, dale la vuelta. A Ruka no le gustó ese tono en el mexicano, pero le hizo caso. Puso el cuerpo del rey boca arriba y con la fuerza de sus uñas abrió el fragmentado pecho. Los ojos del rey estaban desorbitados, miraban al techo dando vueltas y Ruka dudaba que pudiera articular palabra. - ¿Dónde está el cristal GBR? - le pregunta Iris. - Contesta zorra. Ruka tuvo un pequeño deja vu al escuchar esa frase. - ¡Jamás lo diré! - escupió el rey de alguna manera. Carlos recargó su francotirador, causando que Ruka girase a verle. - Vete de la habitación Ruka, ahora haremos esto a nuestra manera - se limpia la sangre de la nariz con el brazo derecho, aún quemado. - Dijimos que no haríamos eso - Ruka frunce el ceño. - Dijimos que no siempre funcionaría - sostiene el arma con sus dos manos con la misma firmeza que le sostiene la mirada a ella. - Estoy de acuerdo con Carlos - dice Iris mientras saca otra daga de sus bolsillos. - Deberías salir, no tienes por qué ver esto. - Pero... - Mientras nosotros hablamos Mika podría estar de camino a la casa de tus padres - es todo lo que Iris necesita decir. Ruka aprieta los puños en resignación, desgraciadamente para ella es cierto, no va a poder obtener lo que quiere por las buenas, para este rey ella es un augurio del fin del mundo, para colmo, le ha dejado paralítico, no le ha dado motivos para confiar. Ahora está fuera, con la puerta cerrada, agradeciendo que este lugar esté aún más insonorizado que la caja de zapatos. Carlos está sobre uno de los dedos del rey paralítico, Iris ya sabe lo que va a hacer. - Primer intento de diez - le dice al rey. - ¿Dónde está el cristal? - No os lo... - Dispara. ¡Bang! Un tiro a quemarropa, el dedo se separa de la armadura, incluso de la carne y el hueso. Los olores de metal y plomo empiezan a dejar su hedor. - Proveemos de nuevo. - Jamás os... - Dispara. ¡Bang! Ni meñique, ni anular. - Tercero. No hay respuesta. - Dispara. ¡Bang! Adiós al dedo corazón. La mano del rey parecen tres cañerías rotas de un desagüe. - ¡No! - grita el rey. - Si seguís así, moriré, no tendréis respuesta a vuestra pregunta. - Dispara - dice Iris. ¡Bang! El índice queda colgando en parte, este era más grueso que los anteriores. - No se si has caído en la cuenta - dice Iris, sus deportivas pisando el enorme plexo solar del rey. - Pero ahora mismo estás vivo, y tampoco tenemos la respuesta. Iris sube y baja mientras está de pie en el pecho indefenso del rey, su respiración acelerada infla y desinfla su base, la cabeza que está en sus pectorales, que raro le resulta hablar con una criatura sin boca. - Solo me quedan tres balas - dice Carlos en español. - ¿Y es que estás manco? - pregunta Iris alzando una ceja. Carlos pone una mueca que parece decir; "también es verdad", mete sus manos entre los músculos y huesos del rey. - Dispara. ¡Crack! El sonido del hueso resquebrajándose y siendo empujados como un tronco por la tormenta es aterrador. El rey llora sin consuelo y casi asfixiado, pues el peso de Iris también empieza a repercutir. - Está en el centro del mosaico - dice por fin. - En la flor que no brilla. - Dice que está en la flor que no brilla de este suelo - traduce Iris. Carlos por instinto intenta subirse las gafas antes de recordar que las perdió. Con la luz taciturna del lugar es difícil reconocer cuál es la flor que no brilla, pero Carlos la encuentra al lado del agujero causado por el hacha, sus fragmentos son los únicos que no están reflejando la luz del suelo y los ventanales. - Es ahí - Carlos señala. - ¿Le decimos a Ruka que entre? - Iris se baja del pecho del rey de un salto. - No, ya tendrá suficiente con saber que hemos torturado a un tipo - Carlos extiende su mano. - Dejemos su salud mental lo más intacta posible, dame un cuchillo, picaré aquí. *** Ruka tenía la mente completamente en blanco, calculando de cabeza, estimaba que llevaban 55 minutos en ese mundo, tonta de ella por creer que en menos de una hora habrían resuelto todo. Una corazonada le dijo que Mika ya había encontrado a Mami y le estaba haciendo cosas horribles. El suelo empezó a temblar y luego a descender, no fue de manera brusca, más bien fue como un ascensor que empieza su movimiento. "¿Pero qué habrán hecho estos?", piensa Ruka al momento de abrir la puerta de nuevo. El rey ya no estaba, solo quedaba el charco de sangre de sus dedos. Iris estaba al lado de Carlos con los brazos cruzados y este estaba al lado de la grieta en el suelo con un cuchillo que sostenía en la derecha, en la izquierda tenía un cristal GBR entre el dedo corazón y el pulgar. A diferencia del primero que vieron, este cristal parecía absorber energía, estaba drenando para sí la luz de todo el lugar desde sus cimientos, por eso el castillo perdía altura. - ¿Pero qué está pasando? - pregunta Ruka. - No lo sabemos - Iris se encoge de hombros. - Este cristal ha transformado al rey en luz y luego lo ha absorbido, ha seguido con el resto del sitio. - Esta chingadera es muy hipnótica - dice Carlos. En quince segundos todo termina, el castillo se derrite más rápido. Las pilastras, los pilares y los contrafuertes pierden su solidez y se deshacen como si se los tragara la tierra. Los soldados, sus mujeres y sus hijos pierden su brillo eléctrico, se transforman en luz pálida y son absorbidos sin decir palabra. Al final, el trío queda solo en un descampado más oscuro que una noche sin estrellas. Ya no hay bosque, ni pasto, ni flores, ni siquiera hay planetas en el cielo. A lo mucho despunta una luz al final del horizonte, es el portal por el que entraron, pero solo Ruka lo puede ver. - No se ve un carajo - dice Carlos. - Yo solo veo la luz del portal, allí - aunque Ruka señala, todo sigue igual para sus compañeros. - Al menos el puente brillará para indicarnos el camino de vuelta - se consuela Carlos en voz alta. - ¿Y para qué necesitamos un puente que brille de regreso? - pregunta Iris sin disimular la tonalidad desconfiada. - ¿Es que S R I no podrá llevarnos por su cuenta a nuestro plano? - A no mames, si cierto. - No desconfíes así - dice Ruka buscando una respuesta lógica lo más rápido que puede. - Debe ser por si queremos rendirnos ya y no queremos seguir, pero queremos seguir, ¿Verdad? Carlos e Iris se miran asintiendo, Ruka también se siente preparada mientras recuerda las palabras que leyó en el libro sobre esta situación y sobre S R I; "Una entidad sobrenatural, encriptada tras el espíritu de varios cristales". "Estos cristales ahora se han convertido en el contenedor de los espíritus del rey y sus soldados", piensa Ruka. "No hemos sido el fin de su mundo, ellos aún están aquí", intenta falsamente convencerse de eso. Un nuevo brillo se forma en el horizonte, este si es visible por los tres, una formación palaciega tan alta que si estuviera a cielo descubierto solo necesitaría doscientos metros más para tocar las nubes. Aunque el brillo era nuevo, la estructura no, se trataba del mismo castillo que había visto detrás del castillo del rey, ese que estaba a 25 kilómetros. Tras eso se formó una especie de cueva, llegó hasta ellos levantando la tierra y tardó un minuto completo en el que Ruka no dejó de estar alerta y delante de sus dos amigos. La entrada era aterradora, como la boca de un lobo, pero en lugar de colmillos y saliva, había cristales plateados en las paredes y un cartel en la entrada, eran solo dos líneas de aquel idioma indescriptible, pero demasiado específicas, no dejaban nada a la interpretación. - Última prueba: encara tus miedos, demuestra que luchas por lo que deseas a cualquier precio - leyó Ruka en voz alta. - ¿No sería más inteligente ir por fuera siguiendo el rastro del túnel? - pregunta Carlos mirando el lateral. - Eso sería demasiado fácil - dice Iris. - ¿Dijiste que quería de nosotros una buena historia, no? - Ruka asiente. - Pues este es nuestro culmen, la iluminación solo se alcanza superando tus miedos, tus arrepentimientos y todas esas tonterías que dicen los moralistas, así que hagamos que esto termine cuanto antes. Eso es lo más cercano a un discurso motivacional que pueden escuchar de Iris, es cruel, sencillo y directo, igual que sus puñales. *** Los espejos no eran superficies comunes, Carlos fue el primero en señalarlo cuando vio a sus padres reflejados en ellos. Iris y Ruka también vieron a sus respectivos familiares, cuanto más se acercaban ellos al interior de la cueva, más se alejaban los reflejos, rumbo a una oscuridad infinita. - ¿No tienes miedo, Iris? - preguntó Ruka. - Puedes decirlo si es el caso, yo estoy volviendo a carecer de emociones, Carlos puede reprimir su mente, pero tú... - Yo no tengo nada que perder - le interrumpe ella. - No sé cuántas veces voy a tener que decírtelo hasta que te lo creas. Hace apenas veinte minutos tenía delante de mí a un gorila que iba a partirme con un hacha, iba a morir y no sentí nada. Su tono era solemne, su cara inalterable, y su confianza sincera. Mirando atrás, Iris era prácticamente la única persona que Ruka conocía que hablaba siempre desde su punto de vista, aunque recurriera a insultos o aunque ocultara sus emociones para no tener que fregar. - Mira, ¿Ves ese cristal de allí? - Ella señaló a una roca rectangular y pulimentada. - ¿Qué ves? El cristal era para Ruka una sucesión de tres imágenes, una repetición en bucle de ella cayéndose en el deportivo de escalada y teniendo un ataque al corazón. - Está reflejando la secuencia de mi muerte - dice. - Yo veo a un demonio volcando una camioneta que no arranca, a la misma criatura saltando encima de la cabina y aplastando a mis padres, finalmente su cadáver, Mika encima cubierta de sangre y con un hacha - Iris niega con la cabeza. - No me da miedo, ese recuerdo lo revivo en mi memoria todos los días, ¿Fue un error acaso? ¿Debí dejar que Mika nos matara? - se encoje de hombros. - No lo se, y no quiero saberlo, porque lo que realmente importa es lo que haga ahora. Iris sigue avanzando, qué diferente es de las mujeres que ha conocido. Mika no se arrepiente de nada porque no siente que haya hecho nada de lo que arrepentirse, Ichika se martiriza todas las noches deseando que sus pecados fueran un sueño, pero Iris, la más mortal de todos, solo se levanta, toma un cuchillo y dice; "Pues habrá que seguir viviendo". - Yo veo a mi pelotón siendo masacrado en el cementerio - le dice Carlos, sacando a Ruka de su ensimismamiento. *** Hubo más cristales, mostraban cosas que no habían pasado, Mika matando a sus familiares, Ichika deshilachando sus músculos, Ruka atrapada y agonizando en un ataúd. Finalmente llegaron a tres puertas de vidrio fino, tras ellas las luces de un castillo, un recibidor de perlas y esmeraldas. - ¿Qué veis? - pregunta Carlos. - Por qué yo veo a Mika quemando la caja de zapatos y mi nota de despedida donde digo... - a Carlos se le traba la lengua, como si hubiera olvidado de golpe lo que iba a decir. - Bueno, es eso. - Mi cristal está vacío - dice Iris. - No me estoy haciendo la dura, no hay absolutamente nada, para mí es transparente. - Te creo - confirma Ruka. - El mío también lo es. - ¿Pues qué clase de cristal es si solo a mí me traumatiza? - se queja Carlos haciendo gestos con los brazos. - Uno que puede ocultar una trampa - en medio segundo Iris se arma con tres cuchillos. - Vayamos con cuidado. Carlos sopesa las opciones y se convence, tomando rápidamente su francotirador. Ruka pone una guardia ortodoxa, como si fuera a servir pegarle puñetazos a un reflejo. - Me estoy viendo reflejada en el cristal - dice Iris mientras avanza lentamente. - ¿Algo cambia en los vuestros? - No - dice Carlos. - En el mío... - Ruka entrecierra los ojos. - Es raro, no me veo a mí reflejada. - ¿Qué ves? - pregunta Carlos, apuntando al cristal. - Es una adolescente, no está muy desarrollada, debe ser una mujer, es muy alta y muy voluptuosa - Ruka se queda atónita mientras su corazón se acelera, es como si se reconociera. - Ella me está acercando la mano. Para Iris y Carlos, solo era una puerta de cristal. Pero para la chica más joven, era una cara conocida que correspondía a su corazón. - ¡Cuidado! - grita Carlos. Una mano sale del espejo de Ruka, pero ella parece hipnotizada y no se inmuta cuando le agarra de la muñeca. Carlos dispara, pero la bala atraviesa aquel brazo, era como intentar dispararle a un pensamiento. Iris no fue tan rápida, apenas captó como Ruka era arrastrada dentro del espejo de un momento a otro. *** Ruka cede todo su peso a sus rodillas, se cae sosteniendo todo su ser con los puños, está en un suelo totalmente blanco que no la refleja. Alza la vista, esperando encontrar algo o alguien, para el malestar de su instinto, lo encuentra. Lo primero que ve son unos mocasines rojos, unas enormes piernas de modelo con medias negras que ocultan su cima con una minifalda totalmente roja. Seguía un cuerpo de busto impresionante que tapaba la cara de su portadora desde la posición en la que Ruka miraba, solo estaba cubierta por una camiseta blanca de tela tan fina que transparentaba absolutamente todo. Ruka se puso de pie inmediatamente para ver, ahora sí, un rostro oriental que parecía tallado a cincel y conciencia por los mismísimos ángeles. Unos ojos enormes que la contemplaban treinta centímetros por encima de su frente, un cabello largo de un negro tan brillante que podría confundirse con morado y unos labios gruesos marcados por una sonrisa que parecía capaz de hacer 100 amigos. - ¿Quién eres tú? - pregunta Ruka. - ¿Es que acaso no te reconoces? Oírla hablar era una experiencia prácticamente inenarrable, una voz tan paradójica que era similar al sonido de Silencio. Su existencia era imposible y aún así, era. - ¿Qué dices? Tú no eres yo - dice Ruka con una mano en el pecho. - ¿Estás segura de eso? La mujer frente a ella avanzó más rápido que cualquier cosa, el instinto de Ruka le dijo que se cubriera la derecha, y cuando lo hizo, el golpe fue directamente al centro de su pecho. No pegó con un puñetazo, sino que atravesó con las uñas la piel, el tórax y el corazón de Ruka, para luego arrancarlo de todas sus venas y arterías, sosteniéndole con una mano. La cabeza de Ruka dio un golpe sordo contra el suelo, su cerebro funcionaba 7 veces más rápido, pero sin corazón, dejaría de funcionar de un momento a otro. "Mi instinto, ha fallado, nunca me había fallado", pensó. - Yo soy tu instinto - dice la mujer frente a ella, ha leído sus pensamientos. - Y esto es mío. Ruka está perdiendo visión, en sus escasos momentos de lucidez escucha el corazón latir fuera de su pecho, ahora va al ritmo de 90 latidos. También mira el rostro que la observa con un atisbo de malicia, algo tan hermoso transformado en algo tan profano, la vio agrietarse como si hubieran atravesado su cabeza con el pico de una mesa. Era injusto, tanta belleza y tan mal usada era un insulto al arte, era como arruinar una preciosa fotografía de un viaje en tren poniendo una escena de sexo explicito. No podía hacer nada más, ya empezaba a sentir el frío en el cuerpo y esa mujer no tenía emociones, no conseguiría nada rogándole, ni a ella ni a ese corazón que alcanzaba los 90 latidos, ese corazón que nunca fue suyo. - No - musitó Ruka moribunda. - Ese corazón es mío. - Nunca lo fue - sentencia su asesina. - Tú lo perdiste, me lo entregaron. - Te lo impusieron. - Yo lo usé, ya no te pertenece - Ruka aprieta los puños con las pocas fuerzas que le quedan. - Te cambió y te hizo ser quien no eras - la escupe en la cara. - Ni siquiera me serviste para matar a Mika. - Todos cambian, lo hacemos todo el tiempo. Si, todos cambian Ruka, ya no eres la paciente de los pediatras que eras a los 9 años, no eres el robot que eras a los 14, no eres la novia tsundere que eras el año pasado, y no eres la máquina de matar que eras ayer. ¿Quién eres? ¿Eres acaso tu instinto? ¿Un instinto que nunca fue tuyo? ¿Y qué hay de tu último esfuerzo contra el rey? ¿No eras tú quien se impulsó a salvar a sus amigos? ¿No era tuyo el corazón que cosieron a tu pecho y te sacó de esa tumba? ¿Fue siempre ella? ¿Acaso ella te dio fuerzas para ponerte de pie de nuevo contra Mika? ¿Fue ella quien generó confianza en los corazones de los otros? ¿Ella era quien unía almas y destinos? ¿O eras tú? Tienes que saber quien eres Ruka, así que dime, ¿Lo sabes? Ella mira al corazón latir, un corazón que da fuerzas a un cuerpo muerto que vuelve a ponerse en pie. "Venga Sarashina, sé fuerte, no puedes morir ahora, no aquí", Ruka escupe sangre, su sangre. - ¡Ey! Eso es mío - dice con rabia. El puño de Ruka se lanza directamente contra ella, la mujer cruza sus brazos, pero el puño de Ruka la atraviesa de lado a lado el pecho y no hay nada. - No sé quién eres, pero no eres ni una misera idea problemática para mí - Ruka saca su mano, no tiene que limpiarse de nada, ese ser, ese alma, esa idea, ya es nada. - Tengo demasiados problemas como para preocuparme de ti ahora. El corazón de las manos de ella cae, rebota en el suelo y vuelve al pecho de Ruka. - Perdoname, Komi-san - susurra la mujer antes de desaparecer. *** Ruka abre los ojos, está tendida en el suelo mientras Carlos e Iris discuten sobre quién debe hacerla el boca a boca. - Tanto asco os doy que no queréis tocarme - dice Ruka después de toser. - ¡Me cago en el infierno de sangre, niña! - Ruka casi se asusta, nunca había oído a Iris maldecir así. - ¿Qué ha pasado? Tú pulso se había reducido a 0, y ahora va a 90. - ¿Por cuánto tiempo? - Ninguno - responde Carlos rascándose la cabeza. - La verdad no sé lo que ha sucedido. Los tres amigos decidieron no darle más importancia, habían pasado las puertas de vidrio fino y era suficiente. Estaban en una habitación de aspecto onírico, era un fuerte contraste con la paredes sólidas y lisas de la caja de zapatos, pues era un suelo rosa y abundaban los colores pastel, como si hubieran transformado una tarta de cumpleaños en un castillo inflable y hubieran espolvoreado purpurina encima. Enfrente de ellos, había una puerta morada a una distancia de 18 pasos, su pomo era el último cristal que necesitaban. Fue Ruka quien se levantó a tomarlo, así lo envolvió en su cinta junto al resto. - ¿Se terminó? - pregunta Iris. - Supongo que lo averiguaremos cruzando esta puerta - Ruka suspira, Iris a su izquierda, Carlos a su derecha y el bibliotecario cubriendo sus espaldas en el horizonte más allá de la cueva. - Hagámoslo. *** Al abrir la puerta, entraron al castillo. Lo que contemplaron sus ojos parecía el sueño húmedo de cualquier coleccionista. Este castillo no era como el del rey, no había arcos, ni pilares, ni bonitos mosaicos con diamantes, no, solo había estanterías con millones y millones de libros. Ni siquiera eran necesarias las lámparas, ellas mismas emitían su propio brillo tenue y acogedor. Las estanterías también eran sus propios contrafuertes, pegadas unas a otras con la solidez propia de una casa. Los únicos huecos que había entre ellas daban origen a pasillos que seguramente llevarían a más bibliotecas. Había escaleras que llegaban hasta el techo y además, tenían ruedas en sus bases, para su mejor desplazamiento de una estantería a otra. Esas eran las estanterías de incontables dimensiones, si pudieran esperarse hasta las 3:33, verían como cambiaban de lugar. S R I estaba allí, sujeta con una mano a una escalera mientras con el otro brazo extendido, empuja un libro desde su parte superior para dejarlo en su sitio. - ¿Es ella? - pregunta Iris. "Ssss". La onomatopeya que pedía silencio salió de entre las paredes, alterando hasta el último pelo que Ruka tenía en el cuerpo, extrañamente, todo se sentía peligroso pese a la calma que evocaba el lugar. S R I giró la cabeza para ver a sus invitados, avanzaban hacia ella con paso decidido, la única que parecía estar más alerta era esa joven japonesa que estaría mejor con una diadema de lazo azul en la cabeza. S R I saltó desde lo alto de la escalera, su vestido lila casi plateado se infló de sus faldas, y descendió con la gracia de un pétalo de cerezo hasta que sus tacones lisos tocaron el suelo. No era una reina imponente, tampoco parecía un aterrador espectro, ni siquiera era una figura alta e intimidante. Sus 5'48 pies de altura, la hacían estar frente con frente con Iris, y ser solo 7 centímetros más alta que Ruka. Su piel brillaba con la misma efervescencia que la sala anterior, y su cara podría haber sido confundida con la de una modelo tailandesa de no ser por sus ojos turquesa de reina griega. En su piel pálida contrastaban fuertemente sus mejillas Rosas y sus labios finos. Su cabellera era del mismo tono lila que su ropaje, y solo la parte superior de su vestido era una armadura con detalles que parecían pinceladas. Dejaba sus brazos al descubierto y combinada con la tiara sobre su cabeza, una pieza compacta de aluminio con dos adornos que parecían alas en cada extremo. - Hablar sin miedo - les dice. Incluso Carlos se ha quedado sin palabras, Iris le da un toque a Ruka para que sea ella quien hable. La más joven no sabe qué decir, en cierto modo, no estaba segura de llegar tan lejos. - Su-su magestad - comenta al fin, haciendo una reverencia. S R I hace sonar su lengua en su paladar con pequeños toques, negando con la cabeza y los ojos cerrados. Los abre de nuevo y hasta sus pestañas parecen desplegar un aire que sugiere obediencia. - No quiero títulos condecorosos - el turquesa de su mirar deja atónitos a los tres. - No me considero especial, solo soy una herramienta de identificación para la obtención de documentos relevantes. Me desplazo entre el silencio y el ruido documental, porque la verdad guarda silencio donde otros gritan, y grita para el que sabe escuchar en silencio. Ella hablaba en un idioma que ninguno de los tres conocía, pero que entendían a la perfección, cada uno lo interpretaba como un dialecto muy cercano a su lengua materna. - ¿Cómo debería referirme a vos, a ti, entonces? - pregunta Ruka sin decidirse aún entre ser formal o muy cercana. - Tu mundo alberga muchos nombres hermosos, yo, como Sirvienta Real de la Información conozco todos - entrelaza sus dedos y los deja en su regazo. - Puedes llamarme Isabel, es, a mí parecer, el más bonito que tenéis. Iris no se fía un pelo de la actitud casi infantil de S R I, ve en ella una falsedad similar a la de Mika cuando hablaba preocupada por el bienestar de sus huesos solo para reducir la desconfianza de Ruka después de mandarle 5 sicarios. Fue cuidadosa y empezó a bajar la mano a por sus cuchillos. - De acuerdo, Isabel, tenemos aquí los 4 cristales GBR que pedían tus pruebas - Ruka saca del bolsillo de su falda la cinta con los cuatro cristales envueltos. - Pedimos pues, que se cumpla nuestro deseo. Isabel extendió una mano pidiendo la cinta, Ruka se la entregó, ella desenvolvió con cuidado todos menos uno, el que emitía la luz que formaría el puente. A Carlos tampoco le gustó su forma de actuar, era demasiado antinatural y robótica, como una inteligencia artificial tratando de verse humana. Su incapacidad para leer la mente de "Isabel", no mejoró la situación. Fingiendo aburrimiento, empezó a recolocarse la cinta que le ataba el francotirador al pecho. - Los cristales eran la llave, pero ahora que habéis abierto la puerta, tenéis que entretener al anfitrión - Isabel chasquea los dedos y los cuatro cristales se apagan. Contarme vuestras historias. Ruka toma aire, su memoria está un poco afectada por todo el viaje, pero trata de contar toda la historia con lujo de detalles, incluso detalla lo sucedido dentro del reflejo de su puerta. Isabel escuchó en silencio con ojos inocentes, como una niña pequeña a la cual le hablan de Santa Claus por primera vez, estuvo así hasta que Ruka terminó de hablar. - No es la mejor historia que he escuchado - soltó por su boca sin ningún tipo de remordimiento. - Parece que solo tu has aprendido algo, la acción ha sido aburrida y repetitiva, y pese a todo el mundo que puse a vuestra disposición, solo os habéis centrado en terminar la misión lo antes posible. Si en ese momento hubieras podido mirar la paciencia de Ruka, la hubieras visto como un fino cristal hecho añicos, saltando en mil pedazos con más brutalidad que la ventana que recibió el hachazo del rey. - Supongo que es una buena historia, cumple su función de entretener - dice Isabel con la vista perdida en el suelo. - Pero creo que necesita un último giro. - ¿Cómo cuál? - pregunta Iris cruzándose de brazos. - No lo sé, hay muchos tipos de giros - indicó Isabel moviendo su dedo meñique en un círculo con el rotar de toda su muñeca. - Alguno podría haber muerto por la causa y yo en su honor hubiera formado una constelación, para su memoria y la de generaciones futuras. Las estrellas siempre inspiran historias, guían a los marineros o dejan moralejas importantes - el tono de Isabel tomó un carácter más reflexivo, como las meditaciones de un viejo filósofo que fuma en una pipa. - ¿Sabéis dónde está la constelación de Orión? La he visto en vuestro cielo, la pondría dentro de mi listado de 1.000 mejores constelaciones de la Vía Láctea. Su historia rinde tributo a un guerrero al mismo tiempo que su estrella más brillante es una potencial supernova, que triste será ver morir, por segunda vez, una estrella en el cielo de Orión. Iris mira a la muchacha con unas ganas de sacarle los dientes a patadas que solo ella sabe disimular con una sonrisa de conformismo, Carlos se ha perdido y trata con todas sus fuerzas de retomar el hilo de la historia, y Ruka se está empezando a poner nerviosa, cada segundo que pasa era un segundo en el cual el bibliotecario luchaba por su vida contra un dragón, y era también un segundo en el cual Mika estaba más cerca de sus padres, porque a Mami-san ya la daba por muerta. - Creo que a vuestra historia le hace falta un giro trágico - comenta Isabel, mirando a sus visitantes uno por uno. - Una última vuelta de tuerca que deje al público sorprendido. - ¿De que estás hablando? - mascuya Iris. - Lo que Iris trata de decir - empieza a explicar Ruka adelantándose - es que tal vez nuestra historia no sea la más compleja u original, pero nos ha costado un gran esfuerzo, hemos aprendido sobre el valor, la aceptación y el trabajo en equipo, ¿No es eso suficiente? - Si hubiera estado bien hecho si - sentencia Isabel, una sentencia más fuerte que cualquiera que hubiera vivido. - Pero para que esta historia insípida y vista mil veces sea buena, merece acabar en tragedia, piénsalo así; después de aceptarte a ti misma, aprendes una valiosa lección... No conseguirás todo lo que te has propuesto, ese es el mejor giro. Cómo una historia de amor imposible que termina en un divorcio. Así que, citando a un refrán de vuestro mundo, este golpe te matará o te hará más fuerte. Isabel les tira el primer cristal a los pies, vuelve a chasquear sus dedos y el puente se forma frente a ellos, rompiendo una pared y perdiéndose hacia el horizonte. Iris transformó su sonrisa conformista en una finísima línea que sólo podía transmitir disgusto, los ojos marrones de Carlos estaban tan abiertos como dos ventanas y ni Ruka, ni su cerebro agilizado, podían entender el razonamiento de Isabel. - ¡Pero cumplimos nuestra parte del trato! - le increpa Ruka con el ceño muy fruncido. - Podéis interpretarlo así si os complace, por eso no os transformaré en estrellas - Isabel se toma el tono agresivo de Ruka como un simple comentario despectivo en una página de reseñas. - Yo no hice ningún trato con vosotros, no habéis cumplido mis expectativas, es todo, podéis marcharos. Ruka apretó los puños con rabia, una pérdida de tiempo, ¿De que otra forma llamar a esta aventura? Lo peor era la impotencia que le generaba saber que no podía hacer nada frente a Isabel, porque ella lo sabía bien, pero sus compañeros no. Cuando S R I se dio la vuelta, dando a entender que así despedía a los invitados, Iris solo suspiró, y ese suspiro parecía tener un mensaje grabado que Carlos entendió lanzando su Francotirador y atrapándolo al vuelo en la posición correcta. - Mátala - dice Iris. Vaya estupidez, la más grande que podría haberse evitado. Ruka sin problemas podría haber quitado el arma de las manos a Carlos, podría atrapar la bala o si no quería rasparse las manos, podría haberla interceptado con una uña, pero no lo hizo. Se sentía utilizada, igual que cuando Mika la explicó una lista de entrenamientos que no iba a seguir, igual que cuando juró no volver a llenar sus manos de sangre y aún así hizo desaparecer un cuerpo para Mika, igual que un perro de caza que después de hacer bien su trabajo es abandonado y echado a patadas. Su destino era la muerte, ya sea a manos de Ruka o a manos de Isabel, había fallado y no iba a poder proteger a nadie. Pues a la mierda, S R I había sido un asco como anfitriona, y si iba a morir, mínimo sería dando pelea. La bala se cristalizó en el mismo segundo que la explosión en su interior la expulsaba. Cientos de cristales como copos de nieve salieron de la bala tan rápido, que ni siquiera Ruka podría haberlos predicho en el momento que se esparcieron por cada átomo del aire. S R I cumplió esa promesa que estaba escrita en su libro, que si quisiera podría cristalizar hasta el aire que respiran y tomar sus almas. Iris y Carlos chocaron de frente contra el suelo, cómo si hubieran recibido un fulminante ataque al corazón. Se veían tan muertos, cristales con el grosor de un pez globo inflado salían de su pecho y espalda, se habían empezado a expandir desde sus pulmones. Solo Ruka permanecía de pie, con un intenso dolor en los pulmones, la columna y el corazón, solo podía pensar una cosa; “Esto ya lo he vivido antes”. Isabel caminaba sin rencor ni pena, no se dignaba a mirarlos, sus cuerpos solo eran motas de polvo en la cubierta del libro de su día a día, ya los limpiaría después si quería y si no, no importaban. Eso también lo supo Ruka sin necesidad de mirar los cambios faciales, hay contextos para los cuales no necesitas analizar cada mueca microscópica de una cara que gesticula, solo necesitas saber lo suficiente y tener una buena deducción. Así era como Ichika había interpretado que aquél chaval de gafas la había conocido por su trabajo de novia de alquiler. Ruka cae sobre sus rodillas, su mirada perdida apunta al suelo y su boca sangra, igual que su garganta atravesada por cientos de puntas de cristales más duros que el titanio. Aquel chaval tenía nombre, se llamaba Kuribayashi, así le llamaban sus amigos, que trágico era pensar que además de sus familiares, solo un chico que la había visto en una aplicación de citas de alquiler se acordaría de ella. Mika se olvidaría, solo otro juguete extraviado, como ese tal John, Sumi se forzaría a olvidarla para no tener nada que la vincule al escuadrón 70 y sus padres, bueno, no necesitaba una corazonada para saber qué Mika no tendría piedad alguna. ¿Quién le quedaba? Un bibliotecario que tal vez ya haya muerto luchando con un dragón y una mujer... No, una muchacha de extremidades cosidas que le había dicho tantas palabras. Si, "palabras, palabras, palabras", ¿Qué habían conseguido? "Confianza", pareció decirle la voz de Ichika en sus pensamientos. "Has triunfado allí donde el temor de Mika y sus 77 crímenes de guerra fracasó. ¿Lo entiendes Ruka? Unir almas, eso vale más que cualquier hechizo". Finalmente la cabeza de Ruka chocó contra el suelo, iba a morir, y como si fuera una broma macabra del destino, lo último que su instinto hizo por ella fue darle las manos a Carlos y a Iris, igual que en ese ritual que había forjado su destino, ese destino que decía que traería la destrucción a ese mundo. "Unes almas a destinos, metafóricamente hablando, aunque puede que literalmente también". Un último latido de un corazón muerto que hace cinco segundos llegaba a 90 de forma constante, con eso podría terminar esta historia, ¿Pero sabes? Si la gente creé en las profecías es porque a veces se cumplen. Ese último latido fue más que un grito de socorro, era un impulso para una unión más grande, igual que ese corazón había unido a Ruka con la mujer atravesada por el pico de una mesa sin que lo supiera, la confianza había unido a esos tres perros de caza, tres desgraciados con las manos llenas de sangre. S R I se gira poniendo un pie en la escalera en la que había estado, pero se tuvo que apartar en el mismísimo nanosegundo en el que vio un puño dirigirse a su cara con la fuerza de un coche que atropella a un ciervo iluminado por los faros. Ese puño partió el cristal de la escalera, no conforme con eso siguió su travesía para chocar contra una de las estanterías más cercanas. Libros y cristales se pulverizaron y salieron despedidos en una línea recta, como si tras ellos hubiese explotado una pequeña bomba de gas. Este impulso siguió hasta hacer colapsar un pasillo entero. S R I mostró emociones por primera vez en ese día, sus ojos abiertos como dos enciclopedias, incapaz de distinguir con exactitud el contorno de una figura de cabellos rubios y ojos con bicromía, uno azul y otro ocre. Era como ver una criatura antropomórfica cosida a partir de ideas abstractas, un amasijo de almas revuelto que formaba un cuerpo esbeltico, andrógino y con un corazón que latía a mil por horas sin exagerar. - Acércate, porque yo no tengo pensado huir, zorra - dicen las almas de Carlos, de Ruka y de Iris por la boca de ese nuevo cuerpo. Car-Ruk-Iris.

Este evento sin precedentes saca al exterior la sorpresa de Isabel, aunque no abre la boca por cuenta propia, si lo hace cuando Car-Ruk-Iris le atraviesa el muro de los dientes con el cristal que patea del suelo.

El cristal en cuestión era el que estaba en la puerta de su castillo, el mismo que debía sellarlo para evitar que se pudiera entrar a él bordeando la cueva de espejos o ignorando el castillo del rey para ir primero al suyo. Porque eso hacían los cristales, encriptaban los espíritus de alguna manera, se necesitaron tres para toda aquella dimensión, pero solo uno para el espíritu de Isabel, solo uno que iba a tragarse quisiera o no.

Porque todo eso lo dedujo Ruka, su cerebro ahora mejorado por la fuerza de los latidos de sus dos amigos y los poderes extrasensoriales de Carlos. Y esa memoria ahora le servía para medir cada movimiento, para sentir todo su entorno y para golpear con una fuerza que dejaría a Mika en pañales.

Car-Ruk-Iris hundió su puño izquierdo en la estupefacta Isabel, obligándola a abrir la boca, luego su codo cayó desde lo alto, igual que si fuera un enmascarado luchador mexicano aventándose desde las cuerdas, y el golpe obligó al cristal GBR a introducirse hasta el intestino delgado de Isabel.

Una patada a las caderas estrella a la Sirvienta Real de  la Información entre sus libros al mismo momento que Iris piensa; "Que ganas tenía de hacer eso". La diadema de Isabel tintinea en el suelo.

En un impulso de fuerza con los pies, Car-Ruk-Iris busca la cabeza de Isabel entre la nube de polvo, aunque la encuentra, un brillo rosa. Es una magia brillante y cristalina que se solidifica alrededor de la fusión de almas, se mete por cada poro de su piel, en su respirar y hasta por el espacio de sus átomos, detona como una bomba de astillas.

Cientos de cristales se solidifican, salen desde sus entrañas, repitiendo el mismo proceso que ya intentó antes. Isabel mira al cuerpo que la está agrediendo, le cuesta, pues el impacto con su propia estantería le ha inflamado un ojo y estos dolores son ajenos a su habitual forma espectral.

Ella era un espíritu, apasionado por el conocimiento, solo tomaba forma física para presentarse a sus huéspedes, ninguno solía tener la osadía de atacarla directamente, y si lo hacían, eran cristalizados de inmediato. ¿Cómo era posible imaginar que alguno de ellos podría tan siquiera sobrevivir a eso? Peor aún, usar su propio poder en su contra, sellandola en un cuerpo que antes consideró agraciado, y ahora ve inútil para una pelea.

Lo que también ve, para su horror, es una sonrisa en el rostro que tiene delante y tanto le cuesta describir. La fusión de almas tiene un cuerpo físico tan duro como sus ganas de hacerle añicos, y tan rápido, que es menos de un pestañeo lo que tarda en reparar todos los daños, destrozar todos sus cristales y pasar su mano de largo para golpear con un cruzado justo detrás de la nuca. Otro golpe que la zarandea por los aires, atravesando paredes hasta atravesar incluso la puerta de la entrada y acabar en medio de la cueva de cristales, revolcada en el suelo, llena de polvo, como un diccionario perdido de una biblioteca quemada.

Isabel siente que todo su mundo se hace añicos, que por mucho que haya leído sobre anatomía y primeros auxilios, no sabe que hacer ahora que le sangra la boca porque han roto sus dientes. Extrañamente, este momento funciona como un combustible, porque si no sabe, puede aprender, aprender cosas nuevas, nuevas historias, eso le maravilla y pone una sonrisa en su rostro antes de toser sangre.

- ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? Vamos ay, mija, ¿Nunca te habían dado un buen chingadazo? - expresó el alma de Carlos mientras Car-Ruk-Iris se acercaba a ella. - He visto a gente como tú antes, se aprovechan de las personas y no les dan ni las gracias, os creéis fuera de cualquier problema, ¿Pues adivina que? Soy las consecuencias de tus actos, y llevo aquí desde antes de que los tigres tuvieran cáncer de pulmón por fumar en pipa.

Car-Ruk-Iris ya está delante de Isabel, ella de rodillas y con las manos en el suelo, nada puede hacer cuando Car-Ruk-Iris atraviesa su brazo para tener un buen apoyo, luego descarga un puñetazo directamente contra los riñones.

La armadura de Isabel es totalmente inútil, ese titanio tan fino y pulido solo era decoración. Ahora ni siquiera ser lanzada puede salvarla, porque el agarre de las almas es tan firme como el clinch de un experto en muay thai.

Tras el segundo golpe Isabel empieza a rebosar de magia, y el tercero perfora su piel, pero no su ímpetu. Sus palmas se aferran a la cabeza de Car-Ruk-Iris, sus pulgares entran por sus ojos y en una oleada de luz, que se esparce en la cara de las almas como un balde de agua fría, más estacas cristalinas atraviesan cráneo, ojos y oídos, mientras los remanentes de luz iluminan toda la cueva e incluso llegan a las instancias más recónditas del castillo a sus espaldas.

Car-Ruk-Iris tiene que retroceder, no es solo que este ciego, es que también está sordo y aturdido. Ya no tiene la firmeza para ordenar un buen agarre a su mano, en dado caso, es mejor retroceder y guardar distancia.

Se balancea hacia la izquierda, no puede explicarlo, pero un sexto sentido le dice que por la espalda le llegaban proyectiles, y así era. Los cristales GBR recuperaron su luz e Isabel los atrajo hacia ella, no tenía poder para sacarse el que habían atorado con tanta rabia en sus intestinos, pero si para gravarse los otros al cuerpo y aprovechar su poder.

Los cuatro cristales encriptaban su cuerpo en esta forma física, pura y estable, es la forma que hubiera usado para viajar entre mundos y destruir a Mika si no hubiera faltado a su palabra.

Car-Ruk-Iris recuperó su vista a tiempo para esquivar, de un salto hacia atrás, un hacha rosado gigante de dos cabezas. Verlo le revuelve el estómago, pues distingue en el arma una naturaleza similar a la suya, múltiples almas amasijadas y transformadas para un propósito que no era la cooperación, sino ser una mísera herramienta de combate.

No era lo único que había cambiado, Isabel también usó ese poder para acorazarse, como una tortuga que regenera su caparazón, ella formó una armadura en todas sus partes blandas, incluso creó un casco de cuello rígido para no dejar vulnerable la articulación del cuello.

A Car-Ruk-Iris se le revolvieron las tripas, ella literalmente estaba usando las almas de soldados, mujeres y niños como una armadura sólida para su protección. En esa confusión momentánea, Isabel volvió a tomar el hacha, parecía un bebé cargando una cleimor, intentó dar una estocada con el ímpetu del rey, pero Car-Ruk-Iris se adelantó hasta internarse en el mango del arma y de un golpe en él, transformó el hacha bicéfala en un remo roto.

- ¡Tener la capacidad de usar algo no te vuelve experto en ello! - le grita, recorriendo los dos metros que los separan tan rápido que parecen dos milímetros.

Isabel no está para debatir sobre entrenamiento y práctica, sabe que en ese punto está a años luz de Car-Ruk-Iris, en conocimiento teórico en cambio, es ella quien se aventaja.

Sale expulsada hacia atrás, flotando con sus faldas al aire, sin dejar de mirar a su atacante mientras su luz pastel vuelve a iluminar el lugar. Car-Ruk-Iris tiene que llevarse un brazo a los ojos para bloquearlo, no puede esquivar la luz, pero puede protegerse las retinas antes de que Isabel la lance.

"¡Maldición, está huyendo!", grita Ruka dentro de ese vacío de conciencia donde estaba su alma y la de sus dos amigos.

"Se mueve a la misma velocidad que nosotros, no la atraparemos corriendo", dice Carlos, analizando las distancias a una velocidad de la cual hasta él se sorprende.

"Pues afinemos la puntería arrojándole algo, si consigue recuperar todo el poder de esos cristales, el mejor de nuestros destinos es ser mandados a otra dimensión sin retorno", sentencia Iris.

Los espejos de la cueva parecieron responder a una orden de la luz, se arrancaron de las paredes y las piedras del suelo, por una orden del viento que los movía, empezaron a lanzarse contra Car-Ruk-Iris. Los puños, codos y rodillas del cuerpo con tres almas empezaron a destrozar esos espejos que ahora reflejan los traumas de los tres sin orden ninguno, y sin efecto tampoco, no hay miedo, no hay rabia, solo un objetivo.

Pero eran demasiados, los 5 kilómetros de cueva tenían repertorio de cristales suficientes, Car-Ruk-Iris se sentía como un coche moviendo inútilmente sus parabrisas en una ventisca.

Carlos tomó la voz cantante, el cuerpo de la fusión que habían formado no tenía una forma destacada, solo la silueta, pero su ropa era imposible de percibir. No obstante, él se sentía tan cómodo como siempre, sabía que no tenía su francotirador, lo notaría en la espalda, pero indudablemente debía llevar sus pistolas al cinto, no podía ser el si no fuera el caso, y cuando fue a echar mano de las mismas, allí estaban.

Desenfundando las pistolas comenzó a disparar, hacía añicos microscópicos los trozos más finos, ninguno se escapaba a sus ojos, los más gordos los esquivaba o destruía con sus extremidades duras. También tenía que contar cada bala, tenía muchos cargadores atados al pecho, pero no eran inagotables.

Car-Ruk-Iris hizo un tirabuzón entre varios cristales que llegaron a él en un círculo, en todos ellos se veía su cuerpo empalado y su cabeza decapitada en una estaca. Las gotas que le resbalaban del cuello terminaban en endiduras del suelo que eran moldes para unas letras en español, las mismas decían: "Esto le pasará al siguiente".

"Bah, he visto amenazas mejores", piensa mientras las deportivas acolchadas amortiguan sus pasos.

"Velocidad estimada, 500 km/h", pensaba ahora Iris. "Esto es malo".

Ellos corrían con el viento en contra, en cambio, Isabel volaba viento a favor impulsada con sus propias corrientes. Además, su armadura aerodinámica luchaba mejor contra la resistencia dee el aire que el cuerpo antropomórfico de Car-Ruk-Iris. Aunque su esfuerzo fuera mínimo y la adrenalina pudiera aumentar su estamina instante a instante, no podría estar persiguiéndola para siempre, aquí perdía quién se cansara primero y en esa rifa, Car-Ruk-Iris tenía más boletos.

"Quiere llegar a cielo descubierto para estar aún más lejos de nosotros, no la atraparemos en el aire", dedujo Ruka. "Ahora está en reposo, por cada movimiento que haga perderá focalización en desplazarse, conozco esa sensación, es lo mismo que me pasa al agudizar mis sentidos, si me enfoco en una sola cosa no percibo nada más, si empieza a cristalizar todo el aire...".

"Nosotros por puro instinto nos seguiremos moviendo, la atraparemos y la sacaremos los dientes a patadas antes de que vuelva a centrarse en huir", complementa Iris.

"Exactamente".

Iris empieza a centrarse en el movimiento de las piernas y su estamina. Controlar el cardio es lo único que siempre ha hecho bien, le aseguraba saber dónde y con quién meterse, cuanta distancia recorrer antes de necesitar respirar y lo más importante, saber que tiene a su alcance y como llegar hasta ello.

"Bien, tengo un plan, agarraos".

Iris acelera con tal fuerza que las zapatillas se parten, era un milagro que no lo hubieran hecho antes, con la planta de los pies totalmente al descubierto y corriendo sobre vidrios rotos, se acerca a una de las paredes al mismo tiempo que dispara a una ráfaga que se había adelantado a sus movimientos. Entonces salta, salta como un campeón de salto olímpico, los pies por delante hacia el muro de la cueva, clava las uñas de los pies como garras de un gato en una cortina, como Ruka aferrándose al árbol en su lucha contra Amenoxis. Entonces sigue corriendo.

Isabel pestañea incrédula, luego sonríe de medio lado por tanto despliegue de ingenio. Car-Ruk-Iris la está alcanzando y ella mira hacia atrás, están a dos kilómetros de la salida de la cueva, el aire aquí entra con más ímpetu. Isabel lo redirige como un soplido que empuja las hojas de un libro, más cristales llegan por la amalgama de almas pero esta vez no frena, los vuela todos en pedazos hasta gastar la munición.

¡Click! ¡Click! ¡Click!

Los gatillos suenan, pero no salen balas, Car-Ruk-Iris echa mano a dos cargadores que tiene en el chaleco en su pecho, de los dos tipos de balas que carga, de esas le sobran. Los tira hacia delante, carga y descarga en el aire.

Isabel rasga los ojos y en el proceso en el que Car-Ruk-Iris hace eso, ella cristaliza todos los átomos del tambor de ambas armas, se ralentiza por tener que redistribuir la magia, pero ahora que está más cerca de la salida puede correr más riesgos.

Car-Ruk-Iris la apunta sin una explicación legible en su cara, los dos cañones de las armas como una extensión de sus brazos, mientras el aire silba contra sus cañones. Isabel ríe, porque sabe que serán inútiles con el tambor roto y Car-Ruk-Iris no se ha dado cuenta de eso.

¡Bang! ¡Bang!

El estallar de la barrera del sonido es lo que Isabel escuchará dentro de 10 segundos, ahora solo puede centrarse en las dos heridas profundas que las uñas de Car-Ruk-Iris le han hecho en los muslos. Estaba tan centrada en las armas de fuego que no vio como restregaba los meñiques en las palmas para poder soltarlos.

- Te has centrado tanto en el árbol que no has visto el bosque - le dice Car-Ruk-Iris con una sonrisa que anticipa su victoria. - Ese también es un refrán de mi mundo.

Isabel pasa a concentrándose en cristalizar las heridas en sus piernas para no desangrarse, tiene que bajar mucho más el ritmo, quedando a merced de una patada hacha en el hombro que Car-Ruk-Iris la calza en la herida que ya tenía.

La armadura se agrieta, Car-Ruk-Iris gira en ella con su talón y el empeine de su pie contrario llega en una perfecta horizontal contra la cabeza de Isabel, le destroza el casco, un tímpano y provoca una explosión de tanta electricidad acumulada que un rayo de tormenta sería un caliente baño con espuma en comparación.

¡Bang! Ambos cuerpos se revuelcan en el suelo.

Car-Ruk-Iris se lleva una mano a la cabeza, su instinto le indica peligro por todos lados, ese problema no estaba tan solucionado como creía. Isabel camina con una mano apoyada en la pared y arrastrando un pie. Tiene la sonrisa sádica de quien disfruta el dolor, solo tiene que llegar al final de la cueva y habrá ganado.

- ¡Aaaaah! - grita Isabel cuando una onda mental choca contra sus neuronas.

Car-Ruk-Iris viene corriendo por ella, parece un perro con espuma en la boca o un borracho que busca pelea. Tendría que haber usado eso desde el principio, pero la actitud predominante de Iris y Ruka les impulsaba a golpear como modo de defensa, no a lanzar ondas que paralizan neuronas. Carlos ahora tampoco puede dar todo de si, tiene que distribuir las sensaciones en los receptores nerviosos, no servirá una pierna funcional si su cerebro creé que le duele demasiado para moverla y el instinto ve peligroso hasta voltear la mirada.

Ruka clava las uñas en la bola del hombro a medio romper de Isabel. Cuando esta intenta cristalizarla, Car-Ruk-Iris la inclina, gira sobre el eje de su pierna derecha y le clava la rodilla izquierda en la zona acorazada de las costillas, busca desesperadamente reventarle un pulmón.

Isabel también se gira con rabia, alza su puño derecho sobre su cabeza y con las pocas reservas de sus cristales, forma una estaca similar a lo que fue el hacha partido del Rey.

Car-Ruk-Iris piensa en esquivarlo, pero no puede arriesgarse a tomar distancia con Isabel, así que la abraza y ella en respuesta le hunde la estaca cristalina en el hombro hasta su empuñadura.

Isabel está rabiando, y Car-Ruk-Iris más. Con cierta ligereza en la ventaja de altura, aprieta la espalda de la Sirvienta Real de la Información contra su pecho, agrietando todavía más su armadura cristalina, repercute el daño en tórax y pulmones. Luego echa la cabeza atrás, mirando la sonrisa chimuela de Isabel, se ríe porque así no podrá defenderse del forcejeo ni mordiéndole el cuello.

¡Zas!

La frente de Car-Ruk-Iris da en la coronilla de Isabel, ella ríe mientras las grietas por las que sangra despiden luz. Las retinas de Car-Ruk-Iris ya están cansadas de esos chispazos eléctricos y esos tonos pastel en una piel tan fina. No entiende los motivos de la risa de Isabel, de otro golpe va a matarla, pero esa confianza y concentración, hace que no note la luz que brilla en el pecho de Isabel hasta que es demasiado tarde.

Partiendo los 7 centímetros de armadura, y con su luz violeta, el puente del primer cristal golpea a Car-Ruk-Iris en el estómago. Al mismo tiempo que le eleva por los aires parte los 3 metros de roca sólida del techo de la cueva. El puente golpea con tal fuerza que arranca los brazos de la amalgama.

"Maldita", piensa Ruka por todos. "Bloqueó la luz del cristal con la armadura aislante sabiendo que la rompería de frente, su jodida luz natural hizo que no notara la violeta que salía de sus grietas para luego solidificarse".

Eso no es lo peor, en un estallido de viento, Isabel surge de entre la polvareda del agujero formado en la cueva, tiene el cristal en su único brazo funcional extendido hacia el cielo, y conforme sube, el puente se inclina.

"Quiere inclinarlo tanto que nos estrelle contra el suelo partiéndonos en dos", piensan los tres como uno solo.

Car-Ruk-Iris regenera los brazos, los clava en el escalón y se impulsa sobre el puente. Fija su objetivo en Isabel, corre por los peldaños a medida que se generan más, lo siente como si subiera por unas escaleras mecánicas que bajan.

No le queda mucho para llegar cuando Isabel le alcanza, prepara sus uñas, reteniendolas con los pulgares. El puente pasa a ser horizontal un breve momento antes de inclinarse en una diagonal descendente.

Car-Ruk-Iris suelta sus uñas, sus dedos reverberan a una velocidad que dejaría en ridículo a la más rápida de las explosiones de gas, pero la curvatura del puente le sirve a Isabel como escudo, y aunque las uñas pasan, todas pierden fuerza o se desvían, haciendo mellas superficiales en la armadura de Isabel, que sigue subiendo cada vez más y más rápido.

"Tus uñas son fuertes, pero no son aerodinámicas", le dice Carlos a la conciencia de Ruka. "No obstante, no es lo único que tenemos".

Car-Ruk-Iris mete sus manos en los bolsillos de su vestimenta militar, y no deja de correr clavando ahora las uñas de sus pies descalzos en una superficie vertical. Literalmente corre contra gravedad, viento y oscuridad, solo con una pequeña esperanza en el bolsillo.

Isabel sonríe, la sangre brillante escurre por su frente y sus heridas abiertas, pero ella sonríe como un ángel caído y desdichado que se consuela pensando que llevará a otros al infierno. Entonces suelta el cristal.

Car-Ruk-Iris hace un esfuerzo, un último acelerón, llega al último peldaño generado y salta. El impulso es fuerte, su puño detrás de su cabeza, pero no es para un puñetazo, lanza en polea todos los casquillos de bala de francotirador que tenía. Lanzarlos con tal fuerza hace que entren en fricción, el mismo calor los funde y afila, creando las balas de francotirador que siempre usa. Pero en un movimiento que ni siquiera el instinto de Ruka puede predecir, Isabel se abalanza sobre ellos con un estallido de viento a sus espaldas.

¡Puuum!

Isabel para todas las balas con el pecho, la armadura se quiebra como se quebró el casco y toda la energía acumulada se extiende en una explosión circular que envolvería dos veces a la Torre de Tokio y la reduciría a un charco de líquido metálico y humeante.

La explosión fue tan fuerte que solo dejó de Car-Ruk-Iris la mitad del tren superior, destruyó el cristal del puente por completo e impulsó a Isabel más allá de las nubes más altas.

El amasijo de almas retomó conciencia a solo 100 metros del suelo, el daño era muy severo y les costaba entender como es que aún estaban vivos. Todo el mundo era oscuro, no, no lo era, aún había un punto de luz al que dirigirse, la luz que emitía el portal seguía allí.

Ruka tomó la voz cantante, la pose más aerodinámica que pudo y se dirigió en picada hacia el portal. "Eso es todo, nos vamos de aquí", piensa antes de tragar su saliva metafóricamente. "Esto va a doler".

El impacto fue duro, partió la columna de Car-Ruk-Iris y sus órganos internos quedaron echos un puré humeante. Al chocarse contra el suelo no ocurrió nada, eso ya no era ni siquiera un pequeño montículo que podría haber reducido, o una explanada en la que dejar un cráter, solo era una superficie negra y dura, hecha de algún material que no podría explicarse con palabras.

La onda de choque destrozó todos los cristales reforzados que separaban el portal de ese mundo, pero ese mundo ya no importaba, solo quedaba una sombra en lo que una vez fue un gran santuario de naturaleza y planetas lejanos.

"Creo que nos vamos a morir", dice Ruka en el vacío de conciencia.

"Ya iba siendo hora, jaja", dice Iris con una risa amarga, como quien dice que se alegra de volver a trabajar.

"Coronel, no siento las piernas", dice Carlos, si pudieran, sus dos compañeras le mirarían con los ojos en blanco.

La adrenalina parecía abandonar el cuerpo de Car-Ruk-Iris, quitándole su mágico sustento, solo sería otro cuerpo muerto y frío en un hoyo oscuro. Ya no podía curar tanto daño acumulado, solo cierra los ojos, este parecía el final.

¡Tum! ¡Tum!

El latir de su corazón resuena en su pecho, es como si alguien le estuviera haciendo un RCP sin tocarlo. La luz del portal le obliga a ver sus propios párpados y sus oídos agudizados notan un batir de alas algo lejos, no lo puede escuchar bien porque algo está tapando el sonido.

Abre los ojos, no puede ver el cielo con nitidez, y no es culpa de su retina, algo fibroso está impidiendo el paso de la luz por ese sitio.

- ¿Carlos? ¿Eres tú? - pregunta la voz de la figura encapuchada que ha formado una pirámide de cristal para protegerlo.

- Oh, bibliotecario, no sabes lo feliz que estoy de verte - respondió Ruka por todos.

Nada más ver sus ojos, la túnica del bibliotecario ondeó confusa, como un perro que se confunde al ver a su dueño con otro peinado.

- ¿Iris? ¿Ruka? ¿Qué os a pasado? - pregunta el bibliotecario.

- Haz de cuenta que Ichika no es la única fusión de almas que conoces - dice Car-Ruk-Iris sonriendo. - Ahora, podrías seguir masajeando mis músculos, necesito recuperarme rápido.

El bibliotecario usó su control muscular para calmar los dolores de la fusión, manipuló la sangre para que dejara de perderla y en dos segundos, Car-Ruk-Iris estaba igual que cuando se unió por primera vez.

- Puedo suponer que el deseo no fue concedido - musitó el bibliotecario.

- Esa zorra ya se habrá perdido en el espacio - Car-Ruk-Iris miró al bibliotecario mientras se ponía de pie. - Por mi se puede pudrir allí junto a sus constelaciones.

- Es un final poco satisfactorio - dice en un suspiro. - ¿Qué haremos con él? - pregunta mientras mira al dragón.

La gran bestia de alas relampagueantes volaba por el cielo sin un objetivo preciso mientras rugía, como si llorara.

- ¿Qué está haciendo? - pregunta Car-Ruk-Iris.

- Va a reposicionarse, al tener un tamaño tan grande, necesita mirar de frente a su presa para atacar - dice el bibliotecario, casi mostrando una sonrisa. - Saqué mucha ventaja a eso durante las dos horas que estuvimos peleando, me situaba debajo de él, me cubría con una pirámide y así sus rayos no me alcanzaban en fuertes concentraciones.

- Es una gran historia, escuchemosla mejor en casa - escupió Iris a través del cuerpo fusionado.

- Aún estás débil - dice el bibliotecario. - Espera a que lance su ataque, aquí estaremos a salvo, la electricidad no le hará bien a tu cuerpo.

El bibliotecario tenía razón, se acababan de regenerar, tenían el cuerpo bien, pero estaban mentalmente exhaustos. No merecía la pena correr un riesgo innecesario cuando en dos segundos más serían hasta el triple de fuertes.

El dragón encontró por fin la forma adecuada de situarse de frente a el bibliotecario y las tres almas en su solo cuerpo. Empezó a recargar una gigantesca tormenta a 2 kilómetros de altura, su gigantesco tamaño hubiera ocultado una luna llena, pero en lugar de terminar su ataque, pareció atragantarse cuando algo se clavó en su espalda.

Car-Ruk-Iris abrió los ojos como platos al ver unas tonalidades pastel y un brillo boreal salir del pecho de la criatura.

- ¡Chingue su madre! - grita Car-Ruk-Iris al mismo tiempo que partía la pirámide del bibliotecario de una patada. - ¡Vámonos de aquí!

Un rayo impacta a centímetros de ellos y el portal estalla junto a todos sus cristales. Car-Ruk-Iris solo puede recoger los pedazos antes de que den al bibliotecario, había sido tan rápido que ni siquiera él lo había percibido.

El cielo entero se iluminó con un brillo turquesa, todo el dragón, con sus imponentes 8 alas, sus abrasadores rayos y sus músculos de roca y cobalto negro, incluso su alma. Todo fue absorbido hacia un solo punto, el cristal GBR que S R I traía consigo. Al caer desdé el cielo directamente en picada sobre el dragón, absorbió y encriptó su alma dentro de ella, igual que hizo con el rey y su castillo.

Isabel salió de ese espectáculo con las energías renovadas, igual que el dragón tras cambiar de fase. En todo el cielo centelleaban chispas que pasaban de blanco a morado y de morado a rosa. Isabel lloraba, no sabría decirse si era por la emoción o la adrenalina, pero ella llora, el cielo lo hace junto a ella, y las lágrimas del cielo son de mármol rosa.

Isabel tenía una reluciente armadura de placas que se extendía por el vestido y sus faldas. En el centro de su pecho brillaba el cristal que había dominado al dragón del cuál también había obtenido sus garras. A su espalda tenía dos alas de un metro cada una, y la forma de las mismas eran alargadas y majestuosas, como los adornos de su armadura.

Isabel señala al bibliotecario, el se paraliza, cristaliza y estalla en un montón de cenizas, más bien polvo, como mármol picado.

"Yyyy bueno, ya se chingó", dice mentalmente Carlos.

"Tendríamos que haber muerto hace dos minutos, supongo que ya no importa", comenta Iris.

Pero Ruka no se da todavía por vencida, sacando fuerzas de fatiga, como esas que sacó contra el gordo bastardo, empieza a correr. Cuando Isabel le apunta ya no está donde estaba y allí se cristalizan los restos de una explosión sónica.

Isabel se ríe, ese ímpetu de aferrarse a la vida le resulta divertido. En las cuatro garras de su mano genera una esfera de electricidad concentrada, gira como si hiciera un saque de balón mano y la lanza directamente contra Car-Ruk-Iris.

La fusión cierra los ojos, solo se deja guiar por la presión del aire, hasta Carlos e Iris guardan silencio. Sus pelos se encrespan en la dirección en la cual la electricidad estática llega. Una vez lo siente, Car-Ruk-Iris frena con un pie, retrozede rodando hacia atrás, el rayo impacta y aquella superficie negra que no es conductora parece neutralizarlo.

Ruka se ríe para sus adentros mientras vuelve a impulsarse hacia delante. Esto era como esquivar balas de francotirador, como danzar entre aquellos rayos con ayuda del bibliotecario. No podría escuchar algo más rápido que el sonido, no podría ver algo tan luminoso que la cegaría, pero podría percibir los efectos de la electricidad estática y actuar en consecuencia, igual que Iris y Carlos saltaban antes de que los rayos llegaran.

"Creo que sí vamos a morir hoy", expresó Ruka mentalmente. "No podremos correr para siempre, y nuestro esfuerzo será mayor y mayor a cada rato, pero tengo un plan, ¿Cuento con vosotros?".

"Yo tenía asumida mi muerte desde que hicimos el ritual", dice Iris.

"Chanfle, al final nadie dará la carta a mis padres", dice Carlos. "Eso que tenía... Bueno, no importa ya, ¿Cuál es el plan?".

Car-Ruk-Iris tiró de memoria fotográfica y empezó a correr en una dirección que parecía perpendicular al castillo de Isabel.

"He pensado que al igual que nosotros, ella también habrá fusionado su alma con la de el dragón, el mismo prefería el combate a distancia, pero le vi pelear físicamente si creía que su rival estaba acorralado, me mordió una pierna y me estrelló contra el suelo".

Car-Ruk-Iris nota una perturbación que hace temblar sus dos brazos, rápidamente clava los talones en tierra y retrocede corriendo de espaldas, en la zona donde estaba cae un rayo con forma de X que de haber impactado en un arrozal hubiera barrido 200 metros.

"Isabel está cansada, nuestro combate debió dejarla exhausta mentalmente aunque físicamente se encuentre nueva, si forzamos la situación de un encierro, seguramente el dragón tome la personalidad dominante y baje por nosotros".

Ruka tenía razón, Isabel ahora dependía de sus alas para volar, sus ojos no tenían una visión tan mejorada y lo único que veía de su oponente era su pelo rubio en el suelo negro, era como distinguir a un cocodrilo albino en un estanque de barro.

Pero verlo no implicaba predecirlo, y Car-Ruk-Iris era demasiado escurridiza, más aún por el detalle de que sus almas estaban sincronizadas, mientras que Isabel tenía que luchar contra el poderoso instinto del dragón. Este alma no era como los soldados cristalinos, sumisos y débiles porque creían su propia profecía y aceptaban su fin. Esta era una bestia que exigía sangre, su instinto de cazador le ordenaba acercarse antes de que su presa pudiera esconderse.

¿Esconderse? Eso parecía que intentaba Car-Ruk-Iris, corriendo decidido en una dirección, cada que derrapaba o esquivaba volvía a tomar un rumbo predefinido, pero el único sitio al que podía ir era el castillo. 

Isabel abrió los ojos como dos enciclopedias del siglo décimo. Entonces empieza a alzarse mientras arremolinaba los rayos y los lanza en todas direcciones sin un patrón definible.

Car-Ruk-Iris tuvo que frenar, se sintió en el ojo de un uracan, el epicentro de un tornado. Sus pelos encrespados en todas direcciones le decían que no había salida y el aire le decía algo más, algo que pronto le haría dar su último movimiento.

Isabel cae en picada, recorre en un segundo lo que el sonido tardaría cuarenta. Car-Ruk-Iris tiene que ver en total silencio como el castillo a unos dos kilómetros de ella estalla por completo. Lo ve desde un lugar hace escasa media hora había un descampado lleno de cuerpos de soldados caídos.

Car-Ruk-Iris se gira, parece que han conseguido adivinar sus movimientos y está calculando una vía de escape. Con un único batir de alas, Isabel ya esta justo detrás de la espalda de la fusión. Clava sus garras en los homoplatos y la estrella contra el suelo, valiéndose del impulso antes generado para rallarla por todo el terreno.

La nariz de Car-Ruk-Iris se ha roto, y su rostro se tapa con su propia sangre. Esta sensación no es ajena a Ruka, no dista mucho de lo que Mika le hizo al final de su primer encuentro. Tampoco es nueva la electricidad que Isabel le inyecta en todo su organismo, lo que si parece nuevo es un extraño olor.

Los cristales GBR encriptaban ese mundo, le daban forma para los aventureros que llegaran, por la misma razón, al sellarse en el cuerpo de S R I ya no había más mundo, solo la base espacial que se usaba para formarlo, esa que también estaba en el limbo y solo parecía contener suelo y aire donde se esparcía la niebla.

Por eso ahora Ruka se ríe desde dentro del nuevo cuerpo, porque ya no puede oler ni el pasto, ni las flores, ni los restos de la hoguera, pero sí puede notar ese aroma nocivo que no notó la primera vez que usaron contra ella porque en ese momento solo podía oler a libro viejo.

Car-Ruk-Iris suelta todo lo que tiene, una onda mental que da en la cara descubierta de Isabel, esto apenas le produce una sacudida de neuronas, pero se distrae lo suficiente para dejar de hacer fuerza. Así, al mismo tiempo que recoge algo que estaba doblado y tirado, Car-Ruk-Iris hace fuerza con su dorsal y rueda hasta conseguir hacerle una montada a la Sirvienta Real de la Información en su resplandeciente armadura.

Esta lanza electricidad por todo su cuerpo, voltajes que Car-Ruk-Iris deja que le quemen pues alzando el puño sobre su cabeza, Isabel ve ahora una figura muy clara. Car-Ruk-Iris, con un guante con mitones, usado para desviar todo lo que pueda la electricidad mientras sostiene un puñal doblado, el puñal doblado de Iris, el puñal cubierto de veneno que había tirado porque ya no servía en su empuñadura retráctil. El arma que no se había movido de su sitio, ni había desaparecido por no ser de ese mundo.

Car-Ruk-Iris profiere un grito de guerra y clava el puñal en el cuello desprotegido de Isabel, sus músculos sufren espasmos por la electricidad y eso impide que pueda perforar con precisión la vena yugular. - ¡Es que no sabías que el único ataque que no hace daño es el que no te toca! - le grita. - Pues ahí tienes un nuevo refrán de mi mundo.

- Gracias, me gusta aprender - dice Isabel sonriendo. - Te daré otro dato que seguro que te resulta de interés, el mármol no se desangra.

Mirando bien la herida, la única sangre que había en el cuerpo tumbado era la que salpicaba el rostro de Car-Ruk-Iris. El cuello de Isabel solo estaba parcialmente picado, como el suelo en la sala del rey cuando Carlos excavó con un cuchillo.

En un momento de shock, Isabel clava sus garras en el costado de Car-Ruk-Iris y la tira para que no esté encima de ella. Se prepara para emprender el vuelo, pero la fusión no lo permite, de un solo impulso en el suelo se hace con el dominio de su espalda, atrapa las dos alas con las manos e incrusta su rodilla en donde debería estar la vertebral cervical de Isabel.

Por más electricidad que libere ya no sirve, Car-Ruk-Iris está preso de adrenalina y sed de sangre. En un último tirón arranca las alas y las tira para que se pierdan por el suelo mientras él también sale despedido hacia atrás.

- ¡Aaaaah! - grita Isabel antes de empezar a reírse de manera desquiciada - ¡Jajaja! Tengo que darte mi más sincero agradecimiento por esto, la experiencia es mejor maestro que los libros - Isabel se relame los labios, saboreando sangre y veneno. - Es cierto lo que dice ese refrán, ningún mar en calma formó un experto marinero.

Car-Ruk-Iris escupe un diente que se clava en el suelo, es una declaración de intenciones mientras pone una guardia alta. Isabel se ríe y se acerca a ella con ambos brazos extendidos, como si buscara ser más grande para intimidar a un oso.

Car-Ruk-Iris sabe que este es el final, que ahora S R I solo busca divertirse, porque en cualquier otra circunstancia aprovecharía este momento para cristalizarlos, o para fulminarlos con un rayo, incluso para robar sus almas, pero no, va a pelear.

Eso tampoco era una ventaja para Car-Ruk-Iris, Isabel tenía los instintos y poderes de un dragón, si se pudiera ganar a los reptiles salvajes con boxeo, los cocodrilos del nilo habrían desaparecido hace siglos.

El corazón a mil por hora, por primera vez, no le decía nada a Ruka, sabía que solo estaban jugando con ella, Carlos estaba mentalmente exhausto por la onda mental lanzada e Iris parecía desear estar muerta. Con este percal se oponían a la fuente de poder más grande que habían conocido en sus vidas.

Isabel lanza un corte con su mano izquierda, Car-Ruk-Iris lo evade retirándo el abdomen. Al mismo tiempo lanza un contragolpe con la zurda que se encaja en el mentón.

Avanza un paso, cuando rota la cadera dispuesto a dar un volado hacia la nuca, Isabel cabecea por debajo y barriendo con la mano abierta clava sus cuchillas en el fémur derecho de Car-Ruk-Iris.

El no grita, solo responde con un rodillazo hacia el cuello, justo en la zona ya fragmentada por el puñal. En consecuencia Isabel sube la cabeza, Car-Ruk-Iris aprovecha para calzarle un golpe, le calza el empeine de su pierna contraria en el oído, una patada alta que a poco está de volarle el ojo a Isabel, pero esta gira para distribuir el daño y luego lo vuelve a hacer para clavar sus dientes llenos de electricidad en el talón de Car-Ruk-Iris.

Toda su pierna se duerme, Car-Ruk-Iris tiene que saltar y de una patada frontal directa al pecho deshacerse del agarre de Isabel. Pero esta última rota las caderas mientras desgarra y Car-Ruk-Iris se clava una de las placas puntiagudas de la armadura mientras es empujado hacia atrás por su propia fuerza.

Car-Ruk-Iris cojea mientras se arranca la placa de la pierna con la mano y la toma como un puñal, más bien un picahielos.

Pero Isabel no se preocupa en lo más mínimo por el nuevo arma, ni por la apertura en su armadura del tamaño de un brazo. Ella acamete hacia delante y aunque Car-Ruk-Iris se protege con una guardia alta, Isabel sigue lanzando ataques frenéticos, le corta los tendones de la mano y suelta la placa. Sus garras afiladas y su instinto de bestia la hacen totalmente impredecible, ella no tiene que preocuparse por hacerse daño al golpear, y cada corte que acierta, por más superficial que sea, supone una descarga de 5 millones de voltios para el cuerpo de la amalgama.

Aún así, en un miserable instante del que depende todo, Car-Ruk-Iris consigue pivotear, ve una apertura en las defensas y con toda la fuerza de su zurda, golpea con un gancho perfecto en ángulo muerto.

Ese golpe supone toda la fuerza que tiene, no se conforma con repercutir en el hígado, atraviesa el intestino grueso y el delgado de esa criatura rocosa.

¡Crack!

Algo se parte, Isabel se ríe, de un último zarpazo le arranca el brazo a Car-Ruk-Iris que está demasiado cerca como para poder esquivar. No contenta todavía, cristaliza a su oponente y le lanza toda la carga que tiene concentrada en mil rayos a la vez.

Car-Ruk-Iris cae tendido en el suelo, pero esto aún no acaba, escucha tintinear dos objetos al caer, dos figuras con la forma de unos pétalos de flor de loto. Isabel los pisa, rompiéndolos, mientras se saca el brazo clavado de las entrañas, ella misma rebusca en su interior y saca los restos de lo que Car-Ruk-Iris rompió, era el cristal GBR que S R I tenía incrustada.

Car-Ruk-Iris solo puede abrir los ojos para ver a S R I disolverse más allá del cielo de mármol rosa.

- ¿No te parece insólito este hecho? - le susurra la voz omnipresente de Isabel. - Al final si has sido la profecía autocumplida que no querías ser, si has sido el fin del mundo del que Amenoxis te habló. Que desperdicio de desarrollo.

Car-Ruk-Iris notó como una fuerza más allá de las cuatro dimensiones de ese espacio los dobla en una caja. Un pequeño cubículo que lanza por el aire hasta atrapar también las cenizas del bibliotecario.

***

Ruka se despierta respirando de manera pesada, está tumbada al lado de los cuerpos de Carlos e Iris, enfrente de ella el montón de cenizas que una vez fue su amigo, el bibliotecario viejo y joven.

Al erguirse en toda su figura descubre que todo es una habitación blanca de 4 metros cuadrados, el techo en cambio está a 5 metros de ella. Delante hay un cartel, en japonés pone; “Toda buena historia tiene un beso, solo saldrán de aquí con uno”.

En cualquier otra ocasión Ruka se hubiera reído, esta situación era exactamente igual a esos “doujin” cómicos en los que encerraban a dos personajes enamorados. Había leído alguno de esos, incluso llegó a fantasear con estar en uno encerrado con ese chico que la hizo llegar a 75 latidos, pero ya no era esa chica joven y fantasiosa, recayó en la apatía que sufría desde que revivió en contra de su voluntad.

Carlos se despertó, e Iris después, ambos leyeron el cartel y se contemplaron en silencio. Ruka solo estaba quieta mirando al frente, volvía a ser la estatua de hielo y decoración que adornaba la recepción del karaoke.

- Bueno, ese cartel no dice que tenga que ser en la boca - musita Carlos, buscando el vacío legal.

- Ni lo pienses, no estoy para que me toques - dice Iris limpiándose, como si tuviera polvo.

Carlos se pone de pie, nota el peso de su francotirador en la espalda, se alegra de tenerlo de vuelta, aunque si las cuentas no le fallan solo le queda una bala y no podrá hacer más, perdió todos los casquillos al lanzarlos contra Isabel.

- Bueno, empecemos de cero, ¿Dónde estamos? - pregunta Carlos.

- Una dimensión limbo, creada por S R I, es igual que la dimensión del espejo donde me metió - dice Ruka con una voz fría y robótica.

- Y saliste de allí cuando superaste tus miedos como dijo - dice Carlos rascándose la cabeza. - Como allí solo pone que necesitamos un beso - mira a la espalda de Ruka y luego a Iris. - Está claro todo, yo no miraré.

- ¡No voy a besar a Ruka! - replica Iris.

- Pues yo tampoco, soy hombre de trabajo honrado y no me junto con menores.

- ¿Y tengo que ser yo la que se bese con una menor de edad? Esto es enfermizo.

- No tiene que ser en la boca, seguro que si es en el cachete funciona.

- Pues hazlo tú.

Ruka se giró con violencia, sus ojos muertos se clavaron primero en Carlos y después en Iris.

- ¿Por qué no decís la verdad? - les pregunta. - ¿Creéis que no escucho vuestro corazón latir con fuerza de solo pensar en esa idea? 

- ¿De qué estás hablando ahora? - dice Iris haciendo rodar sus ojos.

- No quería decirlo cuando pasó lo del boca a boca, pero en ese momento ya lo sospechaba - Ruka aprieta los puños. - No queréis besarme porque sabéis que Mika no tolerará que toquéis a una menor, sabéis que podrá oler mi aroma en vuestra boca y os matará sin dar explicaciones.

El silencio tintinea por las miradas acusatorias de Ruka que no dejan a sus compañeros indiferentes.

- ¿Y tu punto con esa acusación infundada es...? - pregunta Iris cruzándose de brazos.

- No confiabais en mí para matar a Mika - dice Ruka con la misma voz robótica. - Fuisteis a este mundo pensando en morir para no regresar, y cuando visteis que ibais a regresar, preferisteis tratar de matar a S R I aunque os dije que nos volvería cristal antes de pudiéramos hacerle algo, ¿Habéis confiado en mí si quiera un poco?

Iris tenía los ojos con los párpados caídos, le parecía una estupidez tan grande lo que Ruka decía que no tenía interés alguno en rebatirlo.

- Vamos ay - suspira Carlos. - Ruka, teníamos plena confianza en ti, sabemos que tu eres la más chingona de aquí, hasta tú lo sabes. Los tres le hubiéramos dado una madriza a la Isabel esa si no tuviera esa electricidad y todo el pinche mundo a su favor.

- No os creo - dice ella con los ojos entrecerrados.

Esa era la desconfianza de Ruka, su método de defensa como novia tsundere, la razón por la que no había seguido a Mika a la primera, la razón por la cual estuvo sola tanto tiempo en la caja de zapatos antes de hablar con Carlos, la razón por la cual ya no creía en la justicia, ¿Para qué? No le ha servido esforzarse, gente como S R I o Mika pueden causar todo el mal que quieran, no habrá castigo, no habrá consecuencias.

Las cenizas del bibliotecario se movieron solas, todos miraron sin ningún cambio, pocas cosas podrían sorprenderlos ya. Él cumplió su palabra y se regeneró de sus cenizas para buscar su biblioteca.

Estaba de pie, con las manos en las mangas de sus brazos y mirándolos a todos. - ¿No nos hicimos con la victoria? - es lo primero que pregunta.

Iris se acerca a él sin mediar palabra, lo toma del cuello de la túnica y le obliga a bajar la cabeza. Entonces le da un beso en la frente.

Nadie puede procesar nada, ya están en la biblioteca de nuevo, pero no hay ni rastro del pentagrama o el libro.

Ruka abandona la habitación, va derecha a su cuarto y no le dice nada a nadie. 

- ¿Qué ha sucedido entonces? - pregunta el bibliotecario.

- Puras mamadas - suelta Carlos. - No más déjala un rato, no tengo ganas de hablar otra vez sobre el sentido de la vida con ella.

Él abandona la habitación acompañado de Iris, dejando al bibliotecario solo. El mexicano y la coreana tampoco se miran entre ellos mientras caminan por el pasillo, Iris va mirando al frente y Carlos al suelo. 

De repente Iris toma a Carlos por el brazo con fuerza, este alza la vista sorprendido, mira primero a Iris y luego al final del pasillo. Allí está Jirei, el hombre rosa, caminando hacia ellos.

- ¿Qué chingados haces? - pregunta Carlos.

- ¿Por qué no escuchamos sus pasos? - pregunta Iris.

Carlos mira los zapatos del hombre que se acerca, parecen nuevos y no están mojados, el resto de lo que va a pasar, no podrá recordarlo.

Capítulo 37: La verdad no es legal.

Los zapatos de Nacho pisaron una superficie mojada, era incómodo por como sonaba, pero no notaba el frío ni el agua en los pies, cómo si su esencia no estuviera del todo allí.

Delante de él, quieto y a unos pocos pasos, estaba un chaval que solo reconoció por haber visto su rostro en fotografías. Era tal y como se lo imaginaba, pelo castaño y revuelto, pose desgarbada, camiseta naranja con una espiral y unas bermudas blancas con rayas rojas verticales, ¿Por qué llevaba eso? 

El joven en cambio se acercaba a él un poco tembloroso, era lo que Nacho esperaba que pasase, la gente inocente e introvertida se solía poner nerviosa frente a una figura de autoridad, y para Nacho, todo Japón estaba lleno en un 90% de gente inocente e introvertida.

- ¿Tú eres Kinoshita Kazuya? - pregunta Nacho.

- Si, ¿Tú eres el policía que está investigando mi muerte?

- Ams, si - Nacho frunce un poco el ceño. - ¿Cómo sabes tú eso?

La boca de Kazuya se hace una x y palidece, su primer encuentro con la ley y ya estaba cometiendo errores.

- Yo, a, e, bueno, había un demonio en un tronco por allí - Kazuya señala el horizonte, Nacho le mira por encima del hombro y divisa un tronco de ciprés cortado sin nadie a su alrededor. - Si, bueno, ahora no está, pero estaba y se llamaba Roma y también...

- Vale, detente ahí - le dice Nacho pidiendo calma con una mano. "Roma, ¿Eh? Cómo el autor del libro, al menos este demonio es directo", piensa. - Vale, supongamos que si eres el alma del verdadero Kinoshita Kazuya, te haré una pregunta que solo él sabría, ¿Bien?

- Ah, si - Kazuya se puso aún más nervioso.

- ¿Qué hizo Mizuhara Chizuru en la segunda cita contigo después de que le pusieras una mala reseña? 

- A, esa es fácil - suspiró de alivio y cerró los ojos como un bobo. - Se compró un libro de biología marina, investigó sobre las anguilas de jardín, me dijo de ellas que ella se suelen ocultar, pero yo le dije que dejara de jugar con mis sentimientos, que como podía ser profesional en eso - Kazuya va bajando un poco la mirada mientras habla más pausado. - Luego me sacó del acuario y me regañó por no leer los términos y condiciones y haber bajado su promedio dos décimas.

Nacho pestañeó, atónito, la verdad es que esa era información más precisa y detallada que la que Chizuru le había dado, de hecho, era más de la que recordaba.

- Bien, eso es correcto - asintió para disimular su confusión. - Pero yo sé todo eso y no soy Kinoshita Kazuya, ahora di algo que solo yo sabría.

- ¿Qué? - la cara de susto de Kazuya era un cuadro en si misma. - Pero yo no tengo nada que decirte, te acabo de conocer.

Nacho sonrió, esa era una pregunta trampa y esa era una reacción que esperaba de un adolescente. No podía tener una certeza al 100% de que ese verdaderamente era Kazuya y no un demonio haciéndose pasar por él, pero a estas alturas de la película, correría el riesgo.

- Ya veo, muy bien te creeré - Nacho se encoge de hombros.

- No parece muy sorprendido por estar hablando con un alma - musita Kazuya.

- Venga chico, lo dices como si fueras muy intimidante - Nacho se rasca la barba de nueve días y ve a Kazuya poner ojos de decepción. - Sin ánimo de ofender, es solo que te imaginaba más alto y, bueno... - Nacho pensó en como decir amablemente; "No eres muy distinto al estereotipo de pajero pagafantas que tenía en mente". - Ya sabes, quizás algo más fuerte... ¿Te está desapareciendo el dedo?

Los ojos de Kazuya siguen la mirada de Nacho hasta su mano derecha, Kazuya se la lleva más cerca de los ojos.

- O, si, Roma me dijo que me pasaría esto - dice sin ningún sobresalto. - Al menos duele menos que sus llamas.

- ¿Roma te está haciendo eso?

Kazuya toma aire aunque no lo necesita, puso una mirada firme, como si le fuera a confesar a su abuela una mentira, y con todo el valor que logra reunir, mira a Nacho. - ¿Ha venido aquí a preguntarme eso o hablar sobre mi caso? 

Nacho se sorprende por ese comentario, casi duda de que esté realmente frente a Kazuya, no imaginaba esa personalidad en él. Pero entonces ve mejor el reflejo de sus ojos, la forma en la que gesticula, esa es la cara de un chico que, aunque sea muy vergonzoso, estaría dispuesto a saltar de un barco en movimiento para salvar a quien ama.

"Si, es él", deduce Nacho, ya sin ninguna duda.

- Tienes razón, chico, no podemos divagar, pero entenderás que no se mucho de este mundo en el que estamos - Nacho pone su mejor voz de interrogatorio. - ¿Sabes cómo acabaste aquí, o cuánto llevas aquí?

- Se que he terminado aquí después de morir - Kazuya frunce un poco el ceño. - Ese es un hecho que tengo muy reciente, aún me duele la nuca, o es solo mi mente recreando los hechos, no lo sé, pero diría que no llevo aquí más de, ¿15 minutos?

Cuando Kazuya pregunta con inseguridad Nacho pone una cara de circunstancias, se rasca la nuca por debajo del sombrero y vuelve a mirar a Kazuya.

- Supongo que en realidad es más tiempo, pero no creo que haya sido tanto, la cabeza me da vueltas, pero estoy seguro de que aparecí aquí un instante después de morir - afirma Kazuya.

- Tres semanas - dice Nacho con la mano descansando en el cuello.

- ¿Qué?

- Llevas muerto tres semanas.

Primero, Kazuya abre tanto los ojos por la sorpresa que su pupila parece una mota en una mesa blanca. Luego pone unos morros de pato, como si esperase el remate de un chiste.

- Quiero decir, no puedes estar tan sorprendido, ¿No? No creerías que podría haber organizado una investigación policial a solo 15 minutos de tu muerte.

Kazuya quería ponerse las manos sobre la cabeza, enterrarse en una manta y gritar. ¿Tres semanas? ¿Llevaba muerto tres semanas? ¿Y qué había pasado con su abuela? ¿Sus padres? ¿Chizuru? O hasta sus peces.

Cuando va a alzar las manos para cubrirse ve que le falta ya otro dedo, está perdiendo el tiempo en cosas que seguramente ya tendrán solución. Roma no podía tener razón en su discurso, él no era tan importante, el mundo seguiría girando con o sin él.

Vuelve a mirar a Nacho, su cara de poli bueno esperando a que se le pase el mal viaje. "Supongo que algo de importancia si tendré, si hasta la policía ha hecho un ritual mágico para hablar conmigo. Está bien, tengo que ayudar".

- ¿Estás mejor? - pregunta Nacho.

- Si, es solo, mucha información - se lleva la mano de tres dedos a la frente y niega. - No importa, si ha llegado hasta aquí para tener información de mi, dígame, ¿Que quiere saber?

Esa era una pregunta muy obvia, para la cuál Nacho ya tendría que estar preparado, pero claro, no hablas con un muerto todos los días, así que antes de hacer la pregunta, Nacho se queda meditando en su cabeza.

- Ufff, me agarras con la guardia baja, chico - Nacho se maldice a sí mismo, Mika tenía razón, estaba demasiado acostumbrado a casos fáciles. - Empecemos por el origen de todo, lo que desató tu conflicto con Chizuru en esa lavandería, ¿Qué hacías allí el mismo día que ella? Y más importante aún, ¿Qué viste en su teléfono?

Kazuya se puso rojo de solo pensarlo, retrocedió su cabeza y sus labios se hicieron una “x” otra vez.

"¿Por qué tengo la sensación de que va a contarme una historia que me hará conocer nuevos niveles de vergüenza ajena?", piensa Nacho.

- Pues, verá, todo ocurrió esa mañana, si... Sabe que está empezando a hacer algo de calor y yo, pues, dormía solo en calzoncillos pero esa noche, no sé, me dio algo fuerte en el cerebro y decidí dormir sin calzoncillos - Kazuya se está avergonzando mucho y su mirada se desvía por el suelo mientras sus 8 dedos se entrelazan. 

- Chico, ¿Qué me vas a contar para avergonzarte tanto? - pregunta Nacho un poco desesperado. - Porque si es sobre tu manía por meneártela no me va a sorprender, ya vi tu colección y todos los pañuelos que dejaste.

A Kazuya se le cae la cara de vergüenza, ahora sí que desearía gritar donde no fuera escuchado.

- Yo, solo, ajj, muy bien, me dormí sobre una camiseta y cuando desperté había eyaculado mucho sobre ella - Kazuya pone una mueca y la mandíbula de Nacho por poco se repliega por el suelo. - No sabría explicarlo, es solo que tuve muchos sueños húmedos esa noche, y muy raros, raros del tipo; "yo llorando en una piscina con una erección mientras dos tipos hacen el amor con mi novia", y también...

- Vale, vale - Nacho agita una mano y con la otra se tapa la cara. - Ya veo por donde vas, no sigas, está bien, eres joven y eso pasa a veces.

- Si, es que hay veces que no puedo controlarlo.

- Ya, lo sé, encontré restos de tu "esencia" - Nacho hace el gesto de comillas con las manos - hasta en uno de tus botes de comida para peces.

- ¿Cómo dices?

- Si, a ver si te limpias mejor las manos.

- ¡Oye, yo jamás daría de comer a mis peces con las manos sucias! - le recrimina Kazuya, pero al señalar ve que ya le falta otro dedo. - No importa, le digo que eso solo me pasó ese día, y me preocupé mucho porque era mucha cantidad, por eso decidí hacer ese día la colada, me dio demasiada vergüenza y tenía ya otra ropa que limpiar.

"Normal, tú casa estaba hecha un desastre", piensa Nacho, recordando lo mal que olía la primera vez. "Aunque es un testimonio fiable, si que le vi con la ropa ordenada y seca".

- Cuando fui a la lavandería - prosigue Kazuya. - me encontré con Mizuhara-san allí, parecía distraída, pero era bastante temprano y ella es alguien muy responsable, así que supuse que se había quedado leyendo hasta tarde, incluso traía un libro consigo. Le pregunté por eso, hablamos un rato - Kazuya vuelve a avergonzarse. - La verdad es que solo habló ella, yo estaba tratando de actuar natural porque sobre sus hombros tenía línea de vista directa a su ropa interior.

- Chico, enserio - le corta Nacho. - Ni un solo detalle escabroso más, estoy aquí para investigar, no para escuchar tus calenturas.

- No, no, le juro que es importante, por más ridículo que le parezca - Kazuya junta las dos palmas apuntando hacia arriba a la altura de su cara, está dando todo lo que tiene para explicarse bien. - Mire, yo dejé mi ropa en mi propia lavadora, y Mizuhara-san se fue porque tenía cita en el hospital. Ahí fue cuando me volvió a ganar la curiosidad, y al mirar a su lavadora me sobresalté, su móvil estaba dentro y girando. Le diré la verdad, sí vi a Chizuru muy distraída, pero no me imaginé que tanto, tendría que tener una gran sacudida en las neuronas para introducir su teléfono en una lavadora pública por error.

Nacho puso una mueca y asintió, el testimonio de Kazuya era consistente con lo que sabía, el chico realmente estaba cumpliendo su papel, pero ya no tenía ningún dedo en una mano.

- Se podrá imaginar entonces que no me separé de esa lavadora - continúa Kazuya. - Esperé hasta que terminó y saqué su móvil lo antes posible, entonces, se lo juro por mi abuela que es la persona a la que más quiero, su celular empezó a dar pantallazos, se abrió su aplicación de notas y en ella tenía una sección que ponía, “Cumplir la promesa que le hice al abuelo, ser protagonista de mi propia película y que él sea el primero en verla”, después de eso la aplicación se cerró, además el teléfono también se apagó. Solo puedo suponer que fue un pequeño cortocircuito. Es todo lo que hice ese día, porque luego ella regresó, le di el móvil y no volví a verla hasta que alquilé una cita, nuestra última cita.

Nacho extiende la mano para pedir que pare, se rasca un poco la barba y reflexiona. Ese error en el teléfono no suena a algo natural, los teléfonos actuales están preparados para pasar por grandes cantidades de agua sin romperse. No obstante, el testimonio de Kazuya parecía verídico, el chaval no ganaría nada mintiendo y aunque Chizuru le dijo que no tenía esa nota, quién sabe si fue algo que apuntó un día borracha, y luego borró al estar sobria. 

Una cosa era segura, el fallo del teléfono era la única explicación plausible, de lo contrario no había forma de que Kazuya se hubiera enterado de esa promesa, pues la única otra fuente posible era la abuela de Chizuru. Nacho no la conocía, pero si tuviera que apostar, Chizuru hablaba de ella como alguien honesta, alguien que no ganaría nada ocultando que le reveló un secreto a Kazuya.

- Y luego pasó la cita - dice Nacho con una mueca comprensiva. - Donde moriste.

- Si - dice Kazuya, ya no tiene un brazo.

- ¿Qué recuerdas de eso?

- Le hablé a Mizuhara-san sobre mi plan para la película, iba a abrir un crowfunding, también hablaría con un amigo que es cineasta, incluso tenía pensado asistir a las clases por él mientras grababa. Se que suena como una locura, pero podría haber funcionado - Kazuya suspira derrotado. - Ya no importa, Mizuhara-san me dijo que no me metiera en su vida, que ella no tenía en su teléfono ninguna nota y que esa era una promesa muy personal.

- Si te sirve de consuelo, la entrevisté, ella se arrepiente de haberte dicho todo eso. Sabía que querías ayudar, pero no elegiste un buen momento - dice Nacho, metiendo sus manos en los bolsillos. - Chizuru es alguien muy fuerte, pero lucha constantemente con ella misma, como una actuación constante. Si no recuerdo mal, me dijo que ella sueña repetidas veces con ver ese deseo hecho realidad, pero es imposible, porque su abuelo está muerto.

Kazuya abre mucho los ojos. - Yo-yo no tenía ni idea de que había fallecido - tartamudea.

- No te martirices, chico - Nacho se encoge de hombros. - Volvamos a ese día, ¿Qué recuerdas exactamente de tu muerte?

- No mucho, salí del acuario, me quedé mirando al vacío, pensando en cómo podría solucionar lo que ocurrió y luego nada - Kazuya cierra los ojos, sufriendo la desdicha de quien olvida algo importante. - Fue todo demasiado rápido, ni siquiera me dolió. Incluso ahora, solo lo recuerdo como algo empujando mi nuca contra el suelo.

- ¡Espera! - Ahora es Nacho quien abre los ojos. - ¿No escuchaste ningún coche? ¿No sufriste ningún mareo? 

- No - Kazuya niega muy seguro. - Solo fue un golpe, seco y repentino, ¡Cielos! Me duele toda la cabeza solo de recordarlo, se sintió como si me aplastara un neumático.

- ¿Un neumático a 170 km/h? - piensa Nacho en voz alta. - Mika podría haber lanzado eso.

Nacho parece dar un salto involuntario hacia delante, Kazuya da un traspié hacia atrás. Al hacer eso, intenta llevar sus brazos hacia atrás, solo para descubrir que ya no tiene.

- ¿Quién es Mika? - Pregunta Kazuya.

- Secreto policial - responde Nacho en automático.

- ¿Cómo dices?

- Si, lo siento, se que no tiene mucho sentido ocultarle secretos a un muerto, pero es una historia larga… - Nacho hace sonar sus labios buscando las palabras correctas. - Bueno, no creo que lo vayas a entender.

- Es algo que influyó en mi muerte - responde Kazuya con cierta indignación. - Y estoy desapareciendo, ¿En qué influye que lo sepa o no?

- Es que es una historia muy larga y liosa, tú eres un chaval un poco despistado - Nacho se encoge de hombros como mecanismo de defensa. - Para ser japonés eres muy desordenado, incluso tenías la casa sucia y maloliente, tus pajas por todos lados, hasta en la comida de tus peces.

- ¡Qué yo no alimenté a mis peces así! - grita Kazuya, perdiendo la confianza cuando Nacho alza las cejas. - Quiero decir, lo admito, solo de pensar en la cita con Chizuru me excité mucho, quizás me hice una o dos, pero fue después de alimentar a mis peces. Tengo que alimentarlos todos los días dos veces, por la mañana y casi al anochecer, si no, no podrían aguantar más de 24 horas vivos.

Nacho sintió un sudor frío en el cuello conforme procesó dicha información, su cuerpo, que hoy no estaba para más sorpresas, sintió un pequeño temblor en las piernas mientras abría los ojos. - ¿No sobreviven 24 horas sin comer? - pregunta.

- No, son peces muy delicados - Kazuya también abre los ojos. - ¿Estaban muertos cuando fuiste?

- No, la primera vez que fui a tu casa me centré en la cocina y la sala principal - recapitula Nacho. - No recuerdo de memoria cuánto tiempo pasó hasta mi segunda visita, pero fueron mínimo 48 horas, y tus peces seguían vivos.

- ¿Cómo es eso posible? - pregunta Kazuya, por la cara que pone el policía, parece saber la respuesta.

- No lo sé - la cara de Kazuya se parte por la decepción. - Pero claramente alguien entró en tu cuarto y los echó de comer - Nacho se dio una ostia en la frente. - Joder, me estoy luciendo, ¿Cómo iba a ser tu semen? Se habría secado para ese punto.

La mente de Nacho tuvo que trabajar rápido; pruebas, certezas, ¿Qué sabía sobre esa habitación? Estaba muy desordenada de por sí, era el escenario perfecto para alterarlo y que no se notara. “De acuerdo, seguramente fue Mika, tal vez alguien que trabajara para ella, Ninoroki pudo acceder fácilmente a las llaves, pero nunca les dio importancia, incluso dijo que se las podría haber dado yo a la casera…”, Nacho aprieta los dientes. “Tenemos dos opciones, tal vez pudo haber entrado para hacer algo y que no se notara, ¿Pero cuál sería el propósito? Querían culpar a Rebeca, Kazuya solo tuvo la desgracia de ser el objetivo más fácil, su cuarto no tenía nada que ver. Así que tal vez fue alguien más quien cambió algo para que yo lo notara, ¿Pero qué puedes cambiar en un cuarto revuelto para que lo note un policía?”.

Una bombilla pareció encenderse en la cabeza de Nacho al mismo tiempo que sacaba su teléfono. Kazuya miraba incrédulo la velocidad con la que Nacho lo encendía e iba a su galería de imágenes. 

Retira rápidamente la cabeza cuando Nacho pone la pantalla y todo su brillo a un palmo de su cara. - ¡Esta fotografía! ¿La editaste tú? 

Tras el susto momentáneo, Kazuya mira mejor lo que le muestra. Una fotografía de un cuadro roto, personas de rostros tapados y deformes excepto uno, el de su exnovia. Casi se había olvidado de ella, no la veía desde el incidente en la playa, pero esa fotografía no era así cuando él la enmarcó.

- Esa es Nanami-san - dice Kazuya casi de inmediato. - Es una fotografía alterada de la primera vez que la conocí, ¿Por qué la alteraste? ¿Y por qué rompiste el marco?

- Yo no hice eso, así la encontré en tu casa - Nacho enfoca ahora la pantalla hacia sí. - Mejor dicho, así querían que la encontrara.

- ¿Qué?

Kazuya cae de espaldas contra el suelo, hace que todo el suelo salpique. Nacho se aturde por el repentino golpe, hasta que ve que Kazuya ya no tiene piernas y su torso se está borrando a un ritmo lento e imparable.

- ¡Ay, no! - dice Nacho al mismo tiempo que se agacha para incorporarle. - ¿Qué te está pasando, chico?

- No lo sé, Roma me advirtió, pero fue mucha información - Kazuya trata de recordar algo, pero solo recuerda todas esas escenas de su abuela, entonces empieza a llorar, abre tanto la boca que parece un bebé recién nacido. - ¡Voy a desaparecer!

- Oye, oye, tranquilo, escuchame - Nacho levanta el cuerpo con una mano y lo apoya en su rodilla flexionada. - No desesperes, seguro que en el libro hay algún, ¿Algo? Qué te hará regresar.

- No, no lo hay, creo que moriré, me reuniré con mi abuela, ya pensaré en cómo explicarle lo patético que resultó ser su nieto. Ya se que está muerta, Roma me lo mostró.

- No, no, Kazuya, ella no está muerta - Nacho lo mira conteniendo las ganas de llorar, es demasiado sentimental para este trabajo. - Chizuru fue a verla, le explicó todo y lo entendió, te puedo asegurar que ella está muy orgullosa de ti - Nacho se lleva una mano al pecho. - Y yo también, creeme, has tirado la primera piedra de uno de los edificios más corruptos del planeta, has hecho más por la justicia que cualquier policía con los que trabajo.

- ¿De verdad? - Kazuya solloza un poco menos. - Me alegro tanto. Una cosa más, no me queda mucho, Roma me dijo que podrías llevarle un mensaje mío a Mizuhara-san, ¿Podrías?

- Por supuesto, déjame anotarlo, tengo mala memoria - Nacho vuelve a encender la pantalla de su móvil, incluso piensa en llamar a Chizuru antes de darse cuenta de la estupidez que es esa idea, no hay cobertura donde está. - ¿Sabes que? Tengo una idea mejor, díselo tú.

- ¿Cómo? - pregunta Kazuya antes de que Nacho le ponga la grabadora del teléfono cerca de la cara. - Te tomarán por loco, estoy muerto.

- Ella lo entenderá.

Dicen que las verdades solo son verdades si salen del corazón, Nacho es la única persona que puede poner en tela de juicio esa idea, pues únicamente vio a la cabeza de Kazuya abrirse con todo lo que era antes de desaparecer. La única prueba que quedó de esa verdad fue un audio que él protegería con su vida. Luego lloró, por primera vez en años sentía que estaba haciendo bien su trabajo.

***

Nacho despierta, se quita los dos puños de los ojos, ya no hay monedas allí, pero si que tiene lágrimas. Dando un puñetazo en la mesa sobre la que tenía apoyada la cabeza, sorprende a María y al general Rodríguez que le miran como si hubieran visto a un muerto perder el juicio.

María y el general estaban en el suelo, habían frotado dos palos hasta hacer fuego, y luego con astillas y unos libros de idiomas incomprensibles, lo habían avivado para quemar el dedo de Mika hasta formar una pasta de carne que ningún estómago humano podría tomar sin intoxicarse y dar lugar a 7 enfermedades no reconocidas.

- ¿No funcionó el hechizo? - pregunta María.

- Funcionó demasiado bien - dice Nacho en un susurro. - Probemos ahora el otro.

- Me alegra escuchar eso - el general Rodríguez arrastra el vaso hasta ponerlo frente a él.

La situación era la siguiente, María alejada ocho pasos del escritorio, con las manos bajas y entrelazadas. Nacho en la silla, con una mano a punto de sangrar, se había abierto un nudillo por golpear la mesa. Frente a él, el general Rodríguez de cuclillas, con la mirada fija en Nacho mientras en la mesa reposan sus brazos hasta los codos, ambos separados para dejar en el medio el vaso con los restos de Mika, que empezaban a liberar un humo que no parecía natural.

- Ahora que ya prendimos el dedo, debe saber que no habrá vuelta atrás - dice el general Rodríguez. - ¿Está listo para entregar la mitad de su alma? ¿Para que cumplamos este objetivo común?

- Si - Nacho deja caer sus brazos y toma al general de las manos. - Solo hago mi trabajo.

El dedo se prendió a una velocidad antinatural, el humo salió de él como si fuera un volcán en erupción espontánea. Nacho y el general tomaron una gran bocanada y se desmayaron sobre la mesa con un golpe sordo.

***

Nacho abre los ojos, el verde de sus pupilas se enfoca en María, que le devuelve la mirada esperando cualquier cambio. Sonríe confiado, porque no solo ve su rostro, también ve su cara y sus facciones detalladas, nota los diminutos pelos de su bigote moverse. Sus ojos parecen haberse transformado en un microscopio de alta gama, se mira las manos, vuelta y vuelta, ya no tiene heridas en sus nudillos.

- ¡Cof! ¡Cof! - el general Rodríguez tose antes de levantarse. Cuando termina de incorporarse se rasca la calva. - Siento que he perdido 10,5 gramos, ¿Usted no?

- Yo siento que podría matar a un toro si le golpeara - Nacho se gira, lanza un puñetazo al aire, una pequeña onda de viento se forma en consecuencia y levanta el polvo de los 5 metros restantes de ermita. - Creo que incluso estoy escuchando el aire en la puerta de la entrada.

- Esa niña era un prodigio - murmura Rodríguez. - ¿Creé usted que podrá adaptarse al poder?

Nacho respira profundamente, huele a la perfección los muros de la ermita, pero también el aceite que gotea en los automóviles de fuera. Su cerebro también funciona a velocidades vertiginosas, lleva 10 segundos con ese poder en sus manos y ya lo comprende.

- No se preocupe, general, me acostumbraré - dice Nacho mientras se estira, la fatiga física y mental que tenía ha terminado. - De hecho, ya me he acostumbrado.

Al principio le cuesta un poco, pero parece que su propio cerebro le regula las acciones inconscientemente. Nota que tiene prácticamente total control de sus músculos. Agudiza sus oídos y olfato con la misma facilidad con la que reduce su rango.

El general sonríe y María también, solo se ha enterado de la mitad de la historia, pero se siente útil y con eso basta.

- Me alegro - el general asiente. - Ahora, recuerde que tiene el poder para acabar con Mika, pero tener el poder para hacer algo y hacerlo, son dos cosas que no siempre se compaginan, le deseo la mejor de las suertes, agente Sabina.

Nacho se despidió con un correcto apretón de manos y le pidió a María que le guiara hasta la salida, cosa que ella hizo encantada.

***

Llegan hasta la tumba de María y se detienen allí. Nacho mira ahora el féretro con otros ojos, parece cómodo, seguro que su piel estaría cómoda pese a que ahora sus músculos se han vuelto tan compactos como el hierro.

- De aquí en adelante puede seguir todo recto, así saldrá del cementerio - le indica María.

- Lo sé, mi memoria prácticamente se ha vuelto fotográfica - dice Nacho sonriendo. - Incluso mi cerebro parece reprimir emociones y traumas, me siento excesivamente eficiente.

"Y esto es solo el poder de un dedo", piensa Nacho. "¿De que debe ser capaz Mika ahora? Seguro que hasta controla sus propios sueños".

Nacho no puede descartar esa idea, pero también la ve irrisoria. Con toda la energía que tenía encima sentía y sabía que podía estar una semana entera lanzando puñetazos al aire y no se cansaría.

- Si ya lo sabía, ¿Por qué quería que le acompañara? - pregunta María con una sonrisa curiosa.

- Necesito pedirte un favor, es un favor bastante arriesgado y no creo que le hubiera hecho mucha gracia al general - dice Nacho, agachando un poco la cabeza para mirar a María a los ojos, y no a su gran mata de pelo.

- No me diga que va a pedir ayuda a los apóstoles verdes - susurra María tapándose la boca. Nacho sonríe porque puede escuchar ese susurro con total claridad.

- No, mi plan es un poco más teórico y menos práctico - Nacho se arrancó entonces el dedo índice de la mano derecha, antes de que la primera gota de sangre tocara el suelo, ya le había crecido uno nuevo. María se tapó la boca con la delicadeza propia de una mujer de su clase. - Quiero que guarde este dedo, que lo entierre si es preciso, porque por más que lo haya dicho el general, este poder que cargo no hará ni cosquillas a Mika.

María extiende las dos palmas como un cuenco y deja que el dedo caiga entre ellas, pero su cara no deja de estar estupefacta. - Lo que me dice no es cualquiera cosa, va a tener que explicarse mejor.

- Claro - Nacho asiente. - Verá, cuando tuve mi primer encuentro con Mika me lanzó un periódico tan rápido y tan fuerte que en proporción hizo de él una bala de cañón, ese es un nivel de poderío que simplemente no tengo y, pese a mi aumento de fuerza, es algo que no podré igualar - el timpano de Nacho parece pitar cual recuerdo de un suceso traumático. - En este lugar, sin embargo, me he dado cuenta de que solo se puede entrar y salir estando vivo, pues según me han dicho, si un muerto intenta salir solo puede ir al cielo o al infierno, ¿Es eso correcto?

- Lo es - responde María.

- Entonces, ¿No cabría la posibilidad de que si Mika me mata, yo pudiera regenerarme enteramente a partir de este dedo? - Nacho y María miran a la vez el índice arrancado. - Mi cerebro parece confirmar esa idea, de ser el caso, al estar yo vivo cuando te hago entrega de este dedo, mi cuerpo estará vivo, y por la misma razón podré volver a salir si me regenero a partir de este único dedo.

Nacho termina su explicación con una cara de pato, dicho en voz alta, el plan sonaba excesivamente ridículo.

- Creo que es usted el primer madrileño que veo pensando - dice María antes de poner una sonrisa pícara para los ojos en blanco de Nacho. - Creo que su explicación podría tener tantas posibilidades de acertar como de fallar, y también creo que a los apóstoles no les hará gracia la idea - Maria cambia su gesto a uno más comprensivo. - Por otra parte, creo que intentarlo no hará daño a nadie, así que no se preocupe, le guardaré el dedo hasta que regrese por él o hasta que salga de él con más ímpetu del que tuvo el general Rodríguez al conservar el de Mika.

Nacho agradece con una reverencia antes de despedirse. Ahora llega la segunda parte más dura de su plan, regresar a su trabajo, después de hacer una llamada.

***

Nacho está de pie, de espaldas a la puerta del cementerio, agudizando los oídos escucha pasos a unos 50 metros, aún no tiene tanta práctica así que no puede distinguir si son pasos de hombre o de mujer aunque si le parecen pasos de dos personas. También nota el viento pasar entre los árboles y algunas conversaciones de familias en las casas que hay a unos 150 metros del cementerio. 

No presta atención a nada de eso, solo sabe que está solo y que eso es lo que mejor le viene, porque no quiere a nadie escuchando la llamada que va a hacer, por primera vez en mucho tiempo, quería hacer esta llamada con intención total de desahogarse.

- Si, ¿Dígame? - dice la voz adulta de su madre luego de tres toques.

- Mamá, necesito hablar contigo.

- ¿Tiene que ser ahora? Estoy bastante ocupada, pero te puedo llamar cuando termine.

- No lo harás - sentencia Nacho con rabia reprimida, en un segundo recuerda esa frase, palabra por palabra, es lo que su madre siempre dice para cortar una conversación sin ser descortés. - Vas a escucharme ahora con toda la atención de la que dispones o me vas a escuchar frente a un tribunal cuando te denuncie por corrupción y malversación de fondos.

Hay un silencio de dos segundos con una pequeña perturbación en el aire que Nacho capta por el altavoz, seguramente sea su madre llevándose los dedos al puente de la nariz.

- Hijo, ¿De qué estás hablando?

- Te suena el nombre de Mika Fujilino.

- No - la respuesta es directa y natural, quizás demasiado rápida.

"Debí haber dado por hecho que mi madre estaría mentalmente preparada para una situación así, incluso de su propio hijo", piensa Nacho.

- ¿Quién es? ¿La mujer que te cobra los impuestos? ¿Se ha adelantado la declaración de la renta y no la sabes hacer solo? - su madre habla con tanta tranquilidad mientras oculta su desgaste mental que Nacho incluso duda de lo que está haciendo.

- No, más bien es la mujer a la que pagas ingentes cantidades de dinero todos los meses para que yo conserve mi trabajo.

- Hijo, ¿Has fumado marihuana incautada o por qué estás diciendo tantas gilipolleces juntas?

- Ríete si quieres mamá, sabes que tengo razón, voy a destapar todo este caso y después de Mika caerás tú - Nacho lo dice como si le estuviera apuntando con el dedo. - Así que consigue un abogado tan bueno como tu psicólogo, porque al ritmo al que voy vas a necesitar un milagro para salir bien parada de esta situación.

Hay otro silencio, este es un poco más largo. Nacho escucha un suspiro profundo, dos patillas de unas gafas de ver de cerca que se doblan y se ponen encima de una mesa.

- Muy bien, hijo, supongamos que sí, que soy una mala persona, corrupta, y que hago cosas horribles como encerrar a personas en una granja para que se maten a puñetazos con caballos - Nacho intenta examinar la voz de su madre, pero maldita sea, ni siquiera su corazón se acelera. - Obviemos que no puedes demostrar nada para suponer que si, ¿En qué te beneficia esto?

- ¿¡Beneficios!? - escupe Nacho al altavoz. - No quiero ningún beneficio más que la justicia.

- ¿Enserio? ¿También quieres luchar por la verdad y un mejor mañana? - Nacho parece poder escuchar a su madre levantar una ceja. - ¿Sabes lo que escucho cuando me hablas? A un niño de 14 añitos desesperado tratando de llamar la atención de su madre, ¿Es eso? ¿Quieres que ahora te haga caso porque he estado ausente la mayor parte de tu infancia?

Nacho contuvo sus ganas de aplastar el móvil con una mano. - ¿Cómo puedes decirme eso tan tranquilamente? Ni siquiera se te altera un poco el corazón, ni un nudo en la garganta.

- ¿Fui una mala madre? Nunca te faltó ni te falta, comida, techo, estudios o apoyo - replica su madre con modestia.

- ¡Pero me faltaste tú! - le grita Nacho. - Mis profesores suplentes disfrutaron mis logros académicos más que tú. Hasta tus guardaespaldas, han pasado más tiempo conmigo que tú. 

» ¿Te acuerdas de ese 29 de abril de 2002 cuando planeaste por toda una semana una escapada al cine conmigo para ver Spider-man? Estuviste un mes entero asegurándome que sería la mejor experiencia en familia, y al final tuve que ir con Guzmán, el vecino al que diste las entradas para que fuera también con sus dos hijos porque te salió un negocio financiero de última hora que no podías desatender, ¿Cómo vas a decir que no has sido una mala madre? Literalmente me vendiste a otra familia para terminar tus negocios, ¡Tus negocios! 

» Siempre tú, sois así, ¿Por qué demonios me tuviste si no pensabas hacerte cargo de mí?

Hay otro silencio, Nacho pensaría que su madre ha puesto mute en el móvil y se ha centrado en otra cosa de no ser porque todavía escucha su respiración calmada.

- Lo siento, ¿Es eso lo que quieres oír? - por primera vez, Nacho parece escuchar a su madre, no a Cristina la empresaria. - Sabes lo que te digo siempre, la gente como yo solo apuesta sobre seguro, no te haces una idea de la presión con la que vives tu vida cuando cada jodido movimiento que das tiene que estar calculado al milímetro, y aún así, tal vez aciertas o tal vez pierdes tantísimo dinero que la gente no vuelve a confiar en ti, porque estás rodeada de falsos que solo te conocen por tu tarjeta de identificación.

» Yo te he ahorrado todo eso, porque tú fuiste la primera apuesta que hice en la que tenía menos pros que contras. No te haces una idea de todas las veces que tu abuelo, osea se, mi padre, me dijo que debería abortarte.

» Pero no me arrepiento de mi decisión, ni por un solo segundo, porque se que salió bien. Aunque no tenga tiempo para ti físicamente, mantengo tu casa, mantengo a tus empleados y no pido nada a cambio.

» Yo sé mejor que nadie lo que es vivir bajo la sombra de la riqueza, ser tan pobre que solo tienes dinero, y a ti te he ahorrado todo ese proceso, ¿Y así me lo agradeces? ¿Acusándome de corrupción?

» Está bien, hazlo, solo recuerda que yo he sido la única persona que te ha dado todo sin querer nada a cambio.

Nacho tiene un nudo en la garganta, esto no está saliendo para nada como quería. Su cuerpo se había hecho más fuerte, pero su mente seguía vulnerable. Por primera vez desde que tiene memoria, es él quien cuelga a su madre.

- No le hagas caso - se dice Nacho a sí mismo, mirando la parte desgarrada de su gabardina, el lugar donde Mika le quemó con esa bola de papel. - Esa gente solo te manipula, cada segundo que pierdo ellos ganan dinero.

Abre la puerta de su coche, el coche que le regaló su madre. Pisa el pedal y quema llantas antes de acelerar, rumbo a la comisaría.

***

A 50 metros de donde había empezado su travesía, en la zona donde se empieza a abandonar el bosque por la derecha para dar paso a la ciudad, Nacho se topó con una rotonda de dos señales cuadradas a los extremos, eran carteles con las direcciones. La rotonda no tenía fuente, sus pensamientos intrusivos hubieran ganado de no ser porque había una persona en el centro de esa rotonda. Para ser más exactos, era un hombre de veinti-algo, pelo rubio, semblante militar y arrodillado sobre una sola pierna, le apunta con un francotirador similar al A M R-2 pero con unas balas capaces de perforar el refuerzo de un tanque de lado a lado.

- ¿Qué cojones? - se pregunta Nacho.

¡Bang!

Una única bala sale disparada, rompe la luna y está a segundos de acertar a la pupila de Nacho de no ser porque este la atrapa de último segundo con su mano desnuda.

Nota la bala haciendo fricción con su palma y sus huesos, era como si hubiera atrapado a un pequeño pez que no dejaba de chapotear en el sudor de su mano. Nacho estaba sorprendido, pero no nervioso, puso la otra mano firme en el volante y aceleró. El hombre no se movió, como si su memoria muscular se hubiera quedado atrapada en apretar el gatillo a pesar de que solo tenía la bala que acababa de gastar.

Los ojos verdes de nacho miraron fruncidos aquéllos ojos morados, da un volantazo de último segundo, el coche gira sobre su ruedas delanteras mientras levanta polvo y piedras, el cráneo del hombre se abre superficialmente al recibir una ostia contra el maletero.

Nacho frena con el freno de mano, el coche detenido en diagonal justo en el centro de la rotonda, lleno de polvo y con una marca de sangre en una de las luces traseras. Si los cálculos de Nacho no fallaban, y con la precisión de su nuevo cerebro era probable que no fallaran, ese golpe dejaría inconsciente al hombre 10 segundos, tiempo de sobra para registrarle.

"¿Pero este quien cojones es?", piensa Nacho, tirando su sombrero al asiento del copiloto y sacando su pistola de la guantera antes de bajar. Disipa la fina nube de polvo de un movimiento rápido de su mano. "¿Tal vez Mika me ha mandado un sicario después de perdonarme la vida? ¿Qué sentido tendría eso?".

Nacho se acercó más a ver el cuerpo, tenía el brazo derecho al descubierto, la ropa quemada alrededor, pero la piel no. Nacho miró aún más su cara, la herida que le había hecho con el coche ya se había regenerado, pero él parecía seguir inconsciente. No solo eso, miró hasta las células de su cara, en el rostro veía muchas células nuevas, se había regenerado unas cuantas cicatrices de la cara hace muy poco.

El golpe le había tendido boca arriba, pero no había soltado su franco, que descansaba tumbado en su pecho, atado a su espalda con una correa. En la pechera tenía múltiples cargadores, pero todos de balas que no servirían con su francotirador. Era como si se hubiera armado para librar una guerra con armas que había perdido.

Nacho podía escuchar la respiración del hombre que había tumbado, también su corazón, parecía latir el doble de rápido de lo que debería, como si se hubiera metido una sustancia de gimnasio experimental. Las venas estaban marcadas, en especial dos del cuello donde tenía varias perforaciones que dejaron tres marcas de una jeringuilla.

"No se parece en nada a uno de esos agentes trajeados que vi en comisaría, ni mucho menos a la mujer que me pidió guardar silencio", piensa Nacho mientras recuerda la grabación de su teléfono. "Creo que va siendo hora de retomar esa vieja teoría que hice de dos posibles mentes detrás de los crímenes".

El rubio abre los ojos de repente, intenta barrer las piernas de Nacho, pero este retrocede de inmediato. Él parece hacer un movimiento de break dance que le pone de pie.

Nacho opta por una pose de guardia alta, con las palmas abiertas para tapar más su cara y para no golpear con mucha fuerza al tipo este, porque tenía preguntas y quería respuestas.

Avanza, dobla el talón para tomar inercia y así potencia la patada baja que quiere dar con la derecha. El rubio en cambio no cae en su juego, retrocede al mismo tiempo que lleva sus manos al cinturón, hace como si agarrase unas pistolas invisibles y a tres metros de de Nacho le apunta con las manos engatilladas y vacías.

Nacho no pierde el tiempo, podría ser una falsa alarma, pero también podría no serlo. Vuelve a recortar distancia, un gancho sale con fuerza desde la izquierda y golpea la mano del hombre. Hueso, músculo y cartílago estallan por el choque, llevándose las manos de una arrastrada.

Nacho no tiene tiempo para sorprenderse de su nueva fuerza, el rubio trata de retroceder de nuevo, tapándose la totalidad de la cara con los brazos. Pero Nacho golpea con un uppercut de derecha, viene desde abajo tras girar con todo su torso, y se abre hueco entre los codos al mismo tiempo que le saca volando el maxilar al rubio antes de que caiga con la nuca contra el suelo.

"Joder, otra vez le he dejado inconsciente", piensa Nacho sin dar importancia a su cuerpo lleno de sangre.

Nacho siente el aire en la cara, pero extrañamente no puede notar el olor de la sangre del hombre al que acaba de dejar fuera de sí. Eso no es lo único preocupante, el tipo no se levanta. 

No hay nadie en la carretera, los coches y las personas los escucha bullir a 100 metros de su posición, pero este cuerpo en medio de una rotonda desangrándose será difícil de explicar, pues no vuelve a recuperar la conciencia ni cuando su propia mandíbula le cae en la frente.

"Qué curioso", piensa Nacho. "Su corazón sigue latiendo, pero como pierde más sangre de la que puede retener está formando músculo para coser la zona que sangra en lugar de formar una mandíbula nueva, como si le dirigiera un instinto de supervivencia inconsciente".

¡Bum!

Algo suena en el aire, como un pequeño petardo que Nacho nota estallar como si estuviera frente a él. Una mujer llega desde algún lugar entre los árboles, cae sobre Nacho con los pies por delante, una doble patada directa a su cara que le tumba.

En cuanto su espalda toca el suelo tiene que hacer un balanceo rápido, impulsándose con las palmas de las manos y lanzando las piernas para poder arquearlas. Las suelas caen perfectas y arqueando la espalda parece que sube por resorte, con una guardia a media altura ya lista para bloquear una patada con la tibia que le lanza esa mujer.

Ambos se recolocan, les separan 6 pasos, Nacho con su guardia alta tantea mientras que la mujer parece botar en el mismo sitio con un pequeño tic en la cadera, cómo si le doliera.

Esa mujer era china o coreana, Nacho siempre las confundía, pero dedujo que no era japonesa por sus ojos muy rasgados y morados, además se pasa por nueve centímetros del metro sesenta. Tendría que ser coreana, porque su pose era más parecida a la del Taekwondo que a la del kun fu.

Nacho es quien avanza con un suing de caderas al mismo tiempo que tira un recto con la diestra. La mujer logra girar con una finta, evitando la mano de Nacho al mismo tiempo que da un contragolpe, una patada media altura con inclinación hacia arriba, directa a la pelvis.

El golpe es eficaz, mientras Nacho maldice porque da un traspié, la chica le da un puñetazo en la vena yugular. El golpe duele, pero es soportable, lo ha hecho mal, ha sido un golpe de martillo con el puño cerrado, como si apuñalara sin cuchillo.

Nacho entonces gira directamente su tren superior con un buen crochet que le atraviesa la cadera con más fuerza que una bala de francotirador.

La mujer abre los ojos, pero no grita, su boca no emite sonido alguno más que un "ufff", por la pérdida repentina de aire.

Nacho aprovecha, hace un barrido de piernas como Ninoroki le enseñó. Cuando ella cae, él pone sus rodillas sobre sus brazos y se inclina lo suficiente para no apoyarse en su estómago.

Escucha todo de nuevo, la escena ya era rara cuando solo había uno, si viene un coche no va a poder explicar de buena manera porque está tumbado sobre una coreana sin media pelvis al lado de un hombre sin mandíbula. Los coches no vienen, es más, no están ni cerca de hacerlo. Lo único que Nacho escucha son giros y desvíos. Él sabía que era una carretera poco transitada, pero es que ahora parecía que nadie reconociera la posibilidad de circular por esa zona. 

Eso no es todo lo que escucha, la piel de la coreana se está moviendo y le están saliendo nuevos huesos para regenerarse de la herida que Nacho le ha hecho. En cambio su cara no refleja la más mínima emoción, ni siquiera hace el amago de retorcerse.

- Háblame, ¿Quién te envía? - le pregunta Nacho a su rostro inexpresivo. - Se que tienes lengua, la he visto cuando has hecho ese "ufff", puedes hablar y me vas a decir lo que quiero.

Sintió la inexpresividad de la coreana como reírse en su cara. Maldición, por algo Ninoroki era el poli malo. Tampoco tiene mucho tiempo para centrarse en eso, gira la cabeza en el momento en el que escucha una mandíbula morder el aire. El rubio ha recuperado la conciencia de un momento a otro y se ha vuelto a pegar el maxilar arrancado.

Mientras Nacho le mira, la coreana ya está regenerada y en un movimiento imposiblemente rápido le da un cabezazo en el centro del pecho que le saca el aire, sumado a un mareo muy repentino que parece llegar de la nada, el agente está demasiado aturdido y no puede esquivar el puñetazo que el rubio le suelta en el centro de la cara, haciendo que gire de espaldas con la nariz rota hasta chocar con la puerta trasera de su auto.

"¿Qué cojones? ¿Cómo se ha regenerado tan rápido un agujero en las entrañas si el otro no ha podido regenerarse la mandíbula? ¿ Y ese mareo de dónde ha salido?", piensa Nacho aclarando la cabeza lo mejor que puede.

Están separados 4 metros como mucho, la coreana había vuelto a tomar la pose de taekwondo olímpico y su compañero tenía una guardia media, imitaba una pose de boxeador mexicano que había visto varias veces pero no había practicado. Nacho en cambio se volvió a cerrar en su guardia alta, protegiendo mentón y costados.

"Calculemos a ojo, ella no pasará de 59 kilos y él no superará los 74, tengo que sacar partido a mis 83 kilos, porque no me servirá ser más fuerte si me rodean", piensa. "Esto no es un entrenamiento, aquí no hay golpes suaves que se pueden volver fuertes, esto es una pelea de callejón y gana el que caiga último".

Nacho suspira, ese es su pistoletazo de salida, para sus enemigos también. El rubio avanza primero, se mueve tanteando con las manos y haciendo fintas, quiere que Nacho retroceda para acorralarlo contra su coche. Está totalmente desincronizado, se pone enfrente de su compañera continuamente, sumado a su francotirador, ahora en su espalda, le dificulta la visión frontal a su compañera.

Tira entonces varios ganchos, un estilo más fajador que estilista. Nacho los esquiva, pivotea y evita un cruzado que pasa cerca de su cara, el cuál obliga al hombre a adelantarse con el pie derecho.

Nacho no permite ni un fallo, pisa el pie del rubio, un estacazo que lo clava al suelo. Su compañera sale desde algún ángulo muerto y golpea a Nacho con una patada en la mandíbula, la suela de la deportiva se marca en el mentón de Nacho, pero no le desconcentra. Este se sitúa perfectamente torciendo en pie con el que pisa al rubio, toma inercia, y con la pierna contraria asesta una patada baja en el tendón de Aquiles, doblando al hombre como un árbol en una tormenta.

La chica retrae su pierna, flexionando la rodilla en la pose de la grulla, cuando va a lanzar una patada de frente, Nacho agarra al rubio por el chaleco y lo pone en medio de él y la coreana.

Sus manos se llenan de balas aplastadas y plomo, que se pega en la sangre que ya tenía y en la nueva que salpica su pecho y su cara cuando la patada recta de la coreana parte en dos el francotirador de su compañero, su columna y el hueco entre su estómago, hígado e Intestino grueso.

Nacho mete las manos en la gigantesca herida abierta, la zapatilla de la coreana se ha atascado entre la musculatura y el rubio tira boleas de borracho a sus brazos para intentar que se aleje, mientras un mareo inexplicable se conecta en su cabeza.

Nacho entonces hace la función de una presa a la inversa, con una mano tira hacia arriba, con otra hacia abajo y cuando el francotirador toca el suelo, manda por los aires el tronco superior del rubio al mismo tiempo que tirando hacia abajo lo separa de sus piernas.

La coreana tropieza con un traspié mientras retrocede, Nacho acomete sin piedad, aún muy mareado. Ella intenta amagarle con la rodilla, pero Nacho no cae, es más alto y más fuerte. Intenta abrazarla para someterla, pero ella hace una buena finta al mismo tiempo que agarra uno de sus brazos.

Clava una rodilla en la clavícula de Nacho, intenta hacer presión al tomar el otro brazo y clavar sus uñas con fuerza atravesando las mangas y la piel. Pero Nacho hace un movimiento desesperado. Salta y se deja caer de espaldas con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo que nota a la mujer hundiéndose 7 centímetros en el suelo, nota como la rodilla le fractura las vértebras, como si se hubiera tirado de espaldas contra una verja de picos.

La mujer debajo de él ya no hace fuerza, Nacho consigue soltarse de su agarre con la mente mucho más clara, tiene que hacer un rápido estiramiento de espalda. "Cómo agradezco el día que aprendí a hacer esto en calistenia", piensa al mismo momento que se mejora.

La coreana sigue respirando, pero mucho más lento, no solo por la caída, estamparla tan profundo contra el suelo ha hecho que sangre por muchas articulaciones, no se va a recuperar de esta, se desangra más rápido de lo que puede curarse.

Nacho entonces cierra los ojos, aprieta los dientes y piensa en lo único que puede hacer, un último acto de misericordia. Ya que no podrá llevarla a un hospital, ni va a hablarle, lo mejor es darle una muerte rápida e indolora. Nacho sube la pierna y la deja caer, un zapatazo a plena máquina que revienta la cabeza de la coreana, deja de moverse de ipso facto.

"Oh, o no, santo cielo", dice Nacho aguantándose las ganas de vomitar. "Lo he hecho, he matado a alguien".

No solo sus manos, no solo su pecho, incluso sus pasos serían sobre la sangre de otros. Sangre de alguien que posiblemente merecía morir, pero sangre de un ser humano a fin de cuentas.

Hollywood le había mentido de nuevo, el protagonista de las pelis de acción no siente remordimiento al acabar con los villanos, los protagonistas de los apocalipsis zombis son héroes cuando matan a sus amigos infectados. Pero el solo se ve rodeado de dos cuerpos con corazones que no laten, uno decapitado y otro partido a la mitad. No era un héroe, solo era un asesino, y estaba pasando demasiado tiempo en la escena del crimen.

***

Aparcó su coche a dos cuadras de la comisaría, se metió las manos en los bolsillos, la gabardina cerrada, se tapó la cara lo mejor que pudo con la sombra que producía el ala ancha de su sombrero y como no tenía zapatos de repuesto, había restregado sus zapatillas en la tierra de la rotonda para quitarse la sangre. Había salido de allí a toda prisa, pero los cuerpos los había dejado en su sitio, no tenía tiempo para enterrarlos y podrían servir como aviso para los siguientes.

Tenía un cerebro capaz de centrarse en 20 cosas a la vez, que pena que 17 de ellas fueran traumas nuevos y viejos que tenía que explorar tarde o temprano, y si había algo que no se le daba bien a Nacho era lidiar con sus traumas, por eso siempre recomendaba ayuda profesional que él no usaba.

Callejeó en silencio y con la mirada baja, asustando a las tres o cuatro personas con las que se encontró. Nacho miraba de soslayo todo rostro, cualquier rasgo fuera del estereotipo le hubiera hecho establecer una guardia alta. Hasta ahora se había encontrado con un hombre trajeado, una mujer de pelo rosa, una millonaria apática, la sirvienta de la millonaria apática, otra mujer de pelo rosa, un francotirador con poderes mentales y una coreana voladora. De no ser porque sabía de primera mano que la policía trabaja para Mika, hubiera sospechado que solo controlaban fenómenos como sicarios. Suponiendo que todos hubieran sido mandados por la misma persona, cosa que dudaba.

"Ni siquiera el modo de actuar es el mismo", pensó Nacho. "Solo puedo asegurar que Mika está involucrada en la muerte de Kazuya, y su modo fue atacar desde las sombras, todo con un malicioso plan de segundas para ganar dinero en inversiones. En cambio, los dos accidentes de coche de después fueron ataques bruscos, realizados por alguien que solo buscaba matar, no había organización. 

» La muerte de Kazuya tenía sus fallos, si, pero eran justificables con un frenazo y una loca. Los otros dos accidentes en cambio... No hay como entenderlos, una persona no puede tener exceso de plomo en el corazón por un choque de auto, y mucho menos puede empalarse accidentalmente con una palanca de cambios. Y del segundo caso ya ni hablar, hasta Ninoroki estaba nervioso, ¡Y había disparos en las paredes!" Recuerda Nacho de golpe.

» "¿Pero si Mika no tuvo nada que ver, por qué encubrirlo? ¿Por qué matar a Mami?", Nacho se rasca la barba de nueve días mientras camina a paso ligero hasta la parte trasera de su comisaría. "Me estoy machacando mucho la cabeza, Mika parecía actuar solo por razones sencillas, ocultó información para que no hubiera mucha difamación hacia la empresa en la que invertía, así se aseguraba más ganancias. Pero si eso es cierto, eso quiere decir que hay alguien muy cercano a Mika tratando de joderla el negocio, alguien que dejó una pista falsa en la habitación de Kazuya y que alimentó a sus peces por alguna razón. Alguien que trabaja para un segundo demonio llamado Roma que va dejando monedas que lo representan... ¿Quizás para que yo las encuentre?

» Si doy por hecho que el rubio y la coreana eran parte de esta segunda mente caótica, entonces entiendo el porqué de esos ataques tan desorganizados. Sus esbirros parecían marionetas con la mente embotada, sus poderes no eran más que una mala copia de los de Mika, pero tenían otras habilidades, uno me revolvió la mente, ¿Quién sabe si hay por ahí otro que crea plomo en la gente?".

Nacho entra por la puerta trasera de la comisaría, tenían la mala manía de siempre dejarla abierta, confiaban demasiado en el carácter pacífico de Japón. Aunque por otro lado, ellos parecían ser la empresa criminal y corrupta más grande del país, por lo que podrían lidiar con alguien que se colara en una comisaría.

"Bueno, eso creen ellos", dice Nacho, avanzando con una media sonrisa autoritaria.

- ¿Sabina-san? - una voz le llama la atención en el pasillo. - ¿Eres tú? ¿Qué le ha pasado a tu ropa?

Nacho se gira, le está hablando un hombre joven, mínimo 8 años más joven que él. Nacho está seguro de que podría conocerlo, no era Takada, y desde luego no era Ninoroki... Pues ya está, esa era toda la lista de los oficiales que recordaba. Al parecer su cerebro mejorado no era mágico, y aunque recordaba otros nombres, no le servía si no les ponía cara.

- Nada importante, colega - opta por decir Nacho mientras se encoge de hombros. - Me caí en la carretera y poco más.

- ¿Y poco más? - pregunta el hombre acercándose a él. - ¿Te está sangrando la frente?

Nacho se acordó de pronto de lo bajitos que eran los japoneses en comparación con él, su sombrero no le tapaba nada porque el hombre le miraba desde abajo.

- No, quiero decir, esta sangre no es mía - Nacho niega con la cabeza mientras siente el líquido escurrir por su rostro hasta el cuello de la camisa bajo su gabardina.

- ¿Y... Y de quien es?

"Un cerebro superdesarrollado y lo mejor que se te ocurre es actuar de la forma más sospechosa posible, te estás luciendo", se regañó mentalmente.

- De nadie, es diesel - Nacho se pasó la mano más limpia por la frente. - de mi coche, he tenido que revisar el motor porque daba fallos, incluso lo he tenido que aparcar a dos cuadras de aquí - Nacho extiende su mano en dirección al hombre. - Mira, huele, no es sangre, incluso ha perdido el olor a diesel y ya no huele a nada.

El hombre solo hizo un gesto de desagrado y se alejó un paso de él. - No, no es necesario. Por cierto, ¿Viste el último caso resuelto a mí nombre? No está mal para alguien ascendido hace 3 meses, ¿Verdad?

Nacho lo entendió de pronto, no reconocía la cara de aquel hombre porque no recordaba haberlo visto y no se puede sacar de donde no hay. Pero sabía quién era porque hoy solo se había resuelto un caso importante por una persona ascendida hace tres meses. Aquel policía era Yuiga Ko, el hombre que había arrestado a Rebeca.

- Si, un trabajo increíble - Nacho mide sus palabras, tendrá que andar con pies de plomo con aquel hombre.

- Gracias, significa mucho viniendo de ti - dice él haciendo una reverencia.

- ¿Viniendo de mí?

- Eres un veterano en esto después de todo, todos vimos como el caso te consumía - Yuiga le echa una mirada de comprensión. - Y ahora parece que yo me he llevado todo el mérito por resolver tu caso.

Nacho trató de digerir eso, el corazón de Yuiga bombeaba con normalidad, parecía estar siendo sincero. Ese "vimos como el caso te consumía", sonaba como genuina preocupación y no como una amenaza de "estábamos observando cada movimiento".

- Ja, no te haces una idea - Nacho sonríe de medio lado. - ¿Te contó Ninoroki como rompí su puerta por error? Estaba con los nervios hasta el cuello ese día.

- Si, jajaja - hasta la risa de Yuiga se escucha educada. - De hecho acabo de hablar con Kimishima-san, necesitaba mi testimonio de cómo sometí a esa mujer tan loca.

- Me dijo que lo hiciste con judo, eso es increíble, yo apenas domino el aikido y eso que en su mayor parte es teatro.

- Si, lo he entrenado desde pequeño - Yuiga tiene un rubor orgulloso. - Aún así, tendrías que haber visto a esa mujer, su locura no era normal, como si...

- ¿Cómo si alguien la hubiera metido demasiada euforia en su cerebro? - completa Nacho con una pregunta.

Yuiga lo mira extrañado, Nacho tiene que fingir su mejor cara de persona normal, había sido demasiado específico involuntariamente, pero si existía un rubio capaz de generar mareos, podría existir uno que vuelva loca a la gente.

- Yo iba a decir cómo si estuviera drogada - musita Yuiga.

- O si, también he visto gente así, ¿Has oído la historia del chico al que dejé inconsciente de un rodillazo?

- Un poco, Kimishima-san me lo presentó como un ejemplo de lo que no debería hacerse.

"Gracias, Ninoroki, tú siempre apoyándome", pensó Nacho con los párpados caídos.

- Bueno, ya que hablamos de él, ¿Le has visto? Le estoy buscando.

- Si, como te digo, vengo de hablar con él, estaba en su despacho - dice Yuiga mirando en esa dirección. - Supongo que ya habrá terminado el papeleo y podrá atenderte.

"Me iba a atender quisiera o no, de lo contrario, la puerta rota sería el menor de sus problemas", piensa Nacho mientras agradece a Yuiga por la información.

***

Ninoroki está apilando unos papeles, cierra el portafolios donde los guarda y suspira de alivio cuando da el carpetazo y mete el documento en su respectivo cajón.

"Por fin se acabó", piensa aliviado.

Deja la pistola reglamentaria sobre la mesa, se quita la chaqueta del uniforme y la gorra del trabajo, dejando sus cabellos mecerse con el meneo de su cabeza, el cuero y el sudor se lo habían encrespado un poco, pero ya podía relajarse e irse a comer.

Las bisagras suenan muy silenciosamente cuando la puerta se abre, cómo se nota que son nuevas. Es Nacho quien la ha abierto, pero Ninoroki nota algo distinto en él, no es solo su rostro ensombrecido por las dos únicas luces fosforescentes del techo, tampoco es la falta de respeto que supone que vaya con los pies sucios caminando por la comisaría, ni siquiera es la sangre ya seca que deja en el manillar de la puerta. No, es más bien el semblante con el que lo mira, la mandíbula rígida y una pose que indica problemas, como esa guardia perfecta que hace un boxeador antes de chocar guantes.

- Te voy a hacer una pregunta muy sencilla Ninoroki - dice Nacho antes de desabrocharse la gabardina. - ¿Qué sabes de Mika Fujilino?

La puerta hace click al cerrar, pero Ninoroki no se centra en eso, solo ve la gran mancha de sangre que hay en el pecho de Nacho.

- No se, no... - no le salían las palabras.

- ¿Sorprendido? - Nacho se mira su propio pecho. - Es de dos de sus sicarios - Nacho da dos pasos en dirección de su amigo, sus mocasines sonando como las agujas del reloj antes de marcar la hora del juicio final. - Hoy me he cargado a dos personas que no me han dicho lo que quería, y no voy a tener ningún problema en hacer que ese número suba a tres.

Ninoroki lo miró, de pies a cabeza, y luego miró de refilón el arma sobre la mesa. Nacho leyó su movimiento antes de que lo hiciera, cuando se tiró a la esquina de la mesa para tomar la reglamentaria solo tenía aire entre sus dedos.

- Mala idea - dice Nacho, sosteniendo la pistola con dos dedos por el cañón.

Ninoroki le mira cómo si hubiera visto algo imposible, era algo imposible para un humano normal, pero para Nacho en su nuevo estado, ser imperceptible al ojo humano era un juego de niñas de 15 años.

- ¿Te has vuelto loco? - musita Ninoroki, sin atreverse a gritar.

- Si, Ninoroki, Estoy como una puta regadera - Nacho aplasta la pistola entre sus dos palmas antes de frotarlas y dejar caer migajas de polímero reforzado.

- ¿Qué quieres? - Ninoroki retrocede hasta pegar la espalda a la pared.

- La verdad, colega, porque resulta que mi amigo policía no es mi amigo, y seguramente tampoco es policía, estoy seguro de que la ley prohíbe aliarse con mafias - Nacho no se ha movido más de sus dos pasos, pero no deja de sostenerle la mirada, está claro que quiere algo y ese algo es respuestas.

- No entiendo esa lógica - Ninoroki estaba raro, no raro en plan asustado, raro en plan el corazón a mil por hora con sudores fríos.

- Mi lógica favorita es la que me paso por los huevos - dice Nacho, ya cansado de tanta parafernalia.

Le estaba amenazando de muerte, pero era Nacho, el poli bueno, el tipo que tenía que controlarse para que no le temblaran las piernas después de haber matado a dos asesinos en defensa propia. Por muy intimidante que parezca, hubiera sido incapaz de siquiera romper un hueso de Ninoroki. Si el japonés estaba así, no era por la fuerza de Nacho, sino por el recuerdo que esa fuerza evocó, el recuerdo de una mujer de metro sesenta y tres de pelo rosa.

- Lo sabes, ¿No es así? - pregunta Ninoroki, mirando al cajón donde había dejado el portafolios.

- ¿El qué? ¿Los documentos falsos? ¿Qué siempre me dabais las pruebas más fáciles para que no me sintiera inútil? - Nacho entrecierra los ojos con rabia. - Pues si, si lo sé, lo averigüé todo el día que eché esa puerta abajo - señala a la puerta con un meneo de cabeza.

Ninoroki suspira, ¿Estaba aliviado? Incluso su figura parecía relajarse en lugar de quedarse pegada a la pared.

- Está bien, entonces mátame - Ninoroki relaja los hombros mientras Nacho le mira forzando un rostro sin emociones. - ¿Qué sucede? Siempre hablas de los japoneses y cómo son, sabes que por mi honor no puedo traicionar a nadie, no diré ni una sola palabra sobre Fujilino Mika, ¡Así que mátame!

El grito final no hizo que Nacho cambiara, pero tampoco hizo que se moviera. Solo estaba quieto mientras esa sangre sin olor se escurría por su ropa.

- ¿No harás nada? - pregunta el compañero. - Está bien, lo haré yo mismo.

Ninoroki empuja su cabeza con toda la fuerza de su cuello al grito de “¡Harakiri!”, un golpe en picado hacia la mesa que si no se le rompe el cráneo, mínimo le dejará una contusión. Nacho lo detiene por los hombros de inmediato, empujándolo contra la pared, no muy fuerte, había recibido patadas peores en los sparrings.

- ¡Serás cabrón! - dice Nacho entre dientes. - No te dejo que te mates porque quiero respuestas.

- Si, supongo - Ninoroki hace nulo esfuerzo en ocultar su sarcasmo. - Al final sí que vamos a ser amigos.

- ¡Bueno ya basta! - Nacho le increpa con el dedo. - Sabes lo que quiero, ¿Por qué habéis hecho todo este teatro, Ninoroki?

- ¿Habéis? - su colega arruga la frente.

- No es un error, hablo de tú y todos los policías implicados.

Ninoroki ensancha sus ojos, empuja suavemente a Nacho para tener más espacio y este retrocede por cortesía.

- Ignacio, ¿Cuántas personas creés que están involucradas en esto?

El policía de rostro hispano descuadró un poco la cara, la verdad es que no lo sabía, tenían que ser bastantes, porque Mika dijo que los policías trabajaban para ella, pero nunca especificó cuántos. Tampoco podían ser todos, Yuiga parecía estar genuinamente orgulloso de su logro, alguien que actuara no se pondría tan feliz con algo que ya sabía que iba a pasar.

- No lo sabes - dice Ninoroki, una conclusión acertada. - Solo somos diez al servicio de Mika.

¿Diez? ¿Solo diez? En realidad tenía sentido para Nacho, si fueran más, no hubieran tenido necesidad de llevar un clon de rebeca hasta la comisaría cuando alguien se llevaba a escondidas y por la puerta de atrás a la original, hubieran dado el cambiazo antes.

- ¿Por qué lo hacéis? - pregunta Nacho con tono autoritario.

- Por qué sabemos lo que Mika hará si no lo hacemos - Ninoroki suena apesadumbrado. - No hablo solo de nosotros, o nuestras familias, hablo de gente inocente, Ignacio.

- ¡Gente inocente ya muere por esto! - grita Nacho mientras su brazo extendido señala el escritorio.

- Pues morirán más - dice Ninoroki entrecerrando los ojos aún más. - Es la primera vez que esto nos ocurre, no lo supe hasta que un hombre trajeado me dio el informe con los datos completos y me dio otra copia para ti, iba a ser un pequeño teatro para distraerte, como el resto de casos de accidentes automovilísticos, no pensé que iría tan lejos.

- ¿Tan lejos? - Ninoroki recuerda el discurso de Kazuya, su vida escapando entre sus brazos, y Ninoroki sólo consideraba eso un trámite de papeles. - Dame una buena razón para no dejarte parapléjico ahora mismo.

Ninoroki le sostiene la mirada, pero Nacho ya está apretando los puños, solo hará una pregunta más.

- ¿Por qué lo aceptaste? Todo esto - pregunta Nacho, apretando su decepción entre sus dedos.

- Me pagan 5 veces más - Nacho levanta la mirada, ahora Ninoroki debería tratar de protegerse la cara, pero en lugar de eso solo mira al suelo, como si buscara el honor que sabe que está perdiendo. - Lo siento, Ignacio, se que no es excusa, es mucho peor, es cierto. Tu madre me paga el quíntuple de mi salario solo por hacer tu papeleo y dejarte andar por ahí con tu gabardina y tus códigos. Es una escusa miserable, pero no todos tenemos las mismas oportunidades que tú, mi familia necesita ese dinero. Si no lo hago yo Mika me matará por todo lo que sé y engañará a otro, quizás a otro cabrón con menos escrúpulos que yo.

Nacho evaluó a su amigo, de nuevo se centró en su ritmo cardíaco, y en su sudor. Ninoroki parecía un poco aliviado, cómo si por fin pudiera compartir parte de una pesada carga que le retorcía por las noches. Nacho apretó los puños aún más y se dio cuenta de que no podía culparle.

Ninoroki seguía siendo él, aquel policía estricto que respetaba la ley, el hombre trabajador que hacía todo lo que podía y más para llevar pan a la mesa, el hombre que se retorcía en remordimientos si no era capaz de ayudar a una chica después de un evento traumático.

¿Tenía derecho a juzgarlo? La verdad es que no, él mismo se había sentido impotente después de una sola conversación con Mika, y eso que gozaba de cierta impunidad ya que Mika no iba a matarle por respeto a su madre. Pero, ¿Cómo debía sentirse Ninoroki sabiendo que era un peón perfectamente sustituible?

- Por tu cara, veo que lo entiendes - dice él.

- Todavía me parece injustificable - admite Nacho.

- Lo es - Ninoroki asiente. - No duermo tranquilo sabiendo que mi hija puede ser la siguiente, una muerte para Mika con un propósito secundario, y duermo todavía peor desde que hay otra fuerza del caos que Mika no controla.

Nacho alza aún más la cabeza, aunque no lo necesita por ser más alto que Ninoroki, antes de que le pueda preguntar un "¿Cómo dices?", su compañero se acerca a la puerta y le indica que le siga.

Salen por el pasillo y lo sigue en silencio hasta llegar al callejón que hay en la puerta de atrás de la comisaría. Un lugar alejado de las otras 9 personas que le pueden decir algo a Mika.

- Los dos últimos casos de accidentes de coches no tienen nada que ver con Mika - confiesa Ninoroki. - Pero tampoco sabemos quién o cómo se hizo, Mika nos pidió la ayuda superficial, pero del resto se está encargando ella.

Esa información era algo que Nacho ya medio sabía, pero se quedó satisfecho al resolverlo. Eso quería decir que había una fuerza antónima a Mika que como mínimo quería distraerla, poniendo nuevas pistas en sus casos y generando otros, ¿Pero con qué propósito? ¿Tenía eso algo que ver con las monedas de Roma? ¿Y en qué medida? Mika conocía a Roma, el general se la encontró en una lágrima del cielo haciendo... ¿Algo? Nacho maldijo su suerte, tendría que haber preguntado al general Rodríguez que hizo exactamente Mika allí a parte de evitar su trampa del apóstol.

Mientras Nacho anota en su lista mental de necesidades "hacer más preguntas obvias", junto a "comprarse un reloj de pulsera", escucha unos pasos en el callejón.

Alza la mirada por encima del hombro de Ninoroki, parece ser que viene hacia ellos una estudiante de 17 años, de pelo corto, negro y que parece encajarle en la cabeza como un casco de aviación, de esos de cuero. Tiene los ojos azules y aprieta mucho los puños, pero su ritmo cardíaco no llega ni a 70 latidos.

Aún así, Nacho no se extrañó mucho, al menos no era una coreana con cuchillos invisibles o un rubio con un francotirador de una sola bala. Era solo una estudiante japonesa enfadada porque el novio habría hablado con su ex delante de ella o algo así.

Ninoroki también se gira al ver la mirada de Nacho, pero él no tiene oportunidad de contemplar a la estudiante cuando unas uñas capaces de atravesar titanio le toman de la camiseta, levantando su piel y sus huesos. Luego le estrella la cabeza contra el muro, alza su pie, pisa hasta reventarle medio cráneo y luego empuja hacia delante, dejando solo un cuarto de la cabeza de Ninoroki, el resto es un surco en el muro de hormigón.

Nacho está atónito y paralizado, todo lo anterior ha ocurrido en medio microsegundo, y él había sido incapaz de reaccionar. Ahora que la chica le mira de frente, distingue algo entre sus uñas, es un olor, su olor, de alguna manera, la chica tiene entre sus manos los restos de gabardina que ha podido extraer de las uñas de Iris, la coreana a la que aplastó la cabeza.


Capítulo 38: Pero... ¿Y si lo consigues?

Ruka cayó a plomo y de boca en su cama, eso no le hizo sentirse mejor. Así debía ser, una roca sin emociones, un muerto sin alma. Recordó sus primeros días en la caja de zapatos, tardes enteras mirando al techo sin sentir nada, pensando que así sería el resto de su existencia.

Luego se hizo amiga de Carlos, Iris y el bibliotecario, y entonces habían empezado a aflorar emociones, no muchas, como las plantas que crecen poco en invierno, pero ahí estaban. Recordó la emoción con la que hilaron el plan, ¿Emoción? ¿Podría llamarse así? Eso le puso alerta, tenía un propósito, dormía y comía pese a que no lo necesitaba solo por la creencia de que no podía sobresforzarse o sería ineficiente en caso de tener que luchar con una Mika que les descubriera.

¿Luchar con Mika? Ahora la mera idea le parecía un chiste, jamás tuvieron la más mínima oportunidad contra la pelirrosa, esa mujer podría con el escuadrón 70 con una mano atada a la espalda.

"Si tan solo S R I hubiera cumplido su parte del trato", maldice Ruka entre dientes, con la cara hundida en el frío de la almohada.

Solo alguien así podría haber destruido a Mika, incluso en su forma más débil tenía más poder que la pelirrosa. O eso creía, en esa idea confiaba, ¿Pero a donde le había llevado la confianza?

"A tener un alma más fuerte de lo que Mika ha sido jamás", le dice una corazonada.

Car-Ruk-Iris había sido una experiencia única, confianza concentrada esforzándose en seguir su función, como el corazón de un jugador de baloncesto que aguanta hasta el último minuto, pero luego falla el tiro de triple y en el segundo tiempo les remontan 50 a 0, o algo así.

Car-Ruk-Iris había nacido de una falsa confianza, de dos amigos que creyeron en todo momento que iba a fallar, y esa idea nadie podía sacarla de su cabeza.

Así que decidió que la cama, el frío colchón de ese cubículo de contención al que llamaba habitación, era el único lugar donde nadie más le haría daño.

Toc, toc. 

Alguien llama suavemente a su puerta después de, ¿Cuánto? Ruka había perdido la percepción del tiempo.

"¡Aaaaag!", reniega Ruka para sus adentros. "No contestaré, no quiero hablar con nadie".

La puerta se comprime por el centro, aplastada y retraída por la fuerza de los dedos de una mano derecha muy molesta. De un solo tirón la saca de sus bisagras y hace que se pierda en el pasillo.

Ruka ya está de pie en contra de su voluntad con una guardia ortodoxa, entre el espacio de sus brazos ve la figura femenina de extremidades cosidas que hace unas horas estaba cosiendo en solitario mientras hablaba con el alma de sus hermanas.

- ¿Qué diablos quieres? - pregunta Ruka, más molesta por la puerta que iba a tener que arreglar sola que porque le hubieran obligado a despertarse. - ¿No sabes que si alguien no responde la puerta es porque no quiere hablar?

- Carlos e Iris están muertos - le dice.

Esa afirmación dolió el triple de lo que Ruka se esperaba, lo sintió como un disparo a quemarropa, uno de esos que te deja consciente el tiempo necesario para que veas tus entrañas y sepas que vas a morir.

- ¿Qué-qué? - pregunta Ruka paralizada. - ¿Cómo sabes eso?

- Soy la mano derecha de Mika, me saltan las alarmas cada que uno de vosotros muere, lo miré en la sala de los localizadores - explica Ichika rápidamente. - Pensé que tú también estabas muerta, tu chip no saltaba. No importa, le pregunté al bibliotecario y me dijo que estabas aquí.

"¿Yo no tengo mi chip?", se cuestiona Ruka. Recuerda entonces a aquella mujer alta arrancándole el corazón, este cayendo con fuerza en el suelo y rebotando, seguramente eso lo rompió, otro sentimiento abordó a Ruka. "Entonces ahora soy libre".

- He pensado que tal vez el escuadrón 70 tenga algo que ver con esto, que les escuchara hablar cuando os separasteis y que les sacara de aquí para matarlos - continúa hablando Ichika. - Es solo una idea lanzada al aire, pero no te preocupes, tengo la dirección de sus cuerpos, podrías mirar este perímetro, aunque sea de lejos, y ver qué ha ocurrido. 

- ¿Yo? - Ruka hace un ademán apuntando a su propio pecho. - ¿Por qué tengo que ir yo a enfrentar sola al escuadrón 70?

- Ya no estarán, los vi en las misiones, llegan, matan y se van. Carlos e Iris llevan 3 minutos muertos y no están muy lejos, podrías...

- ¡No me estás entendiendo! - le interrumpe Ruka con un grito que hace que Ichika se enderece. - ¿Por qué tengo que hacerte caso ahora a ti o a cualquiera? Es mi oportunidad de escaparme, si huyo de esta ciudad y del rango de Mika podría vivir sin preocupaciones, Mika no pudo encontrar a una niña que rompió un coche y no podrá encontrarme a mi si me escondo en cualquier otra parte del globo.

Ichika mira a Ruka, no le quita la mirada, ni siquiera pestañea. Su sonrisa de hermana mayor ha desaparecido como una aguja en un pajar y solo queda una expresión de neutralidad absoluta.

- No vas a huir - sentencia.

- Tú no puedes decidir eso - dice Ruka apretando los puños. - Ya habéis decidido muchas cosas por mí, para empezar, traerme a la vida en contra de mi voluntad.

- Tú no vas a huir - repite Ichika, ahora más decidida. - Porque sabes que si desapareces sin dar explicaciones, Mika hará picadillo a tus padres, los guardará en un táper y te obligará a comértelos cuando te encuentre.

- Mika ya ha matado a mis padres - dice Ruka apretando los dientes.

- No lo ha hecho - niega Ichika. - Porque si ese fuera el caso, no estarías aquí.

Ruka trastabilla en sus argumentos, de nuevo Ichika con esa certeza inquebrantable que no necesita pruebas para sonar verídica.

- Mika sabe que tus padres son lo único que te ata a ella, porque es lo único que defenderás con tu vida - prosigue Ichika. - ¿Te ha amenazado con matarlos? Muy bien, una amenaza son solo palabras, te hace emocionalmente dependiente de ella y una vez caes a ese abismo, solo te quedan dos opciones, obedeces a Mika hasta que te mueras o te enfrentas a ella hasta que te mata a ti y a todos tus seres queridos.

Ruka tiembla, no da abasto a si misma y un escalofrío recorre toda su médula mientras Ichika le sigue mirando, ahora con algo más de resentimiento interno, porque se está propasando.

- Bueno, ya basta - dice Ruka con un movimiento tajante de mano. - Cada vez que he necesitado tu ayuda me has dicho mil palabras sin sentido, y ahora eres totalmente directa para que me haga cargo de problemas que no he elegido.

- ¿No has elegido esto? - Ichika ladea la cabeza. - ¿Adivina que? Yo no pude elegir tener hermanas, tampoco elegí ser la mayor de las cuatro, pero son cosas que ocurren, no puedes elegir las circunstancias que te rodean y no puedes elegir rendirte.

- ¿Y por qué no?

- Porque si te rindes, Mika gana.

Esa frase termina con algo de mudez, como un orgasmo fingido, esa situación incómoda que lleva a dos personas a un punto de no retorno.

- ¿De que estás hablando? - pregunta la más joven.

- Ruka-san, ¿Sabes cuantas personas han sobrevivido a una pelea con Mika? - Ichika alza dos dedos con una mano izquierda comprensiva. - Solo tú y yo, pero no es lo mismo, yo sobreviví porque Mika no mata menores, tú sobrevivis casi por pura suerte, en los papeles de tu defunción ponía que tenías 18 años, Mika no tenía razones para dejarte viva.

Ruka no le quita la mirada a Ichika, todavía le cuesta creer que sólo tenga 17 años, 16 cuando Mika la conoció, posiblemente menos cuando pasó por todas esas cosas horribles que no se atreve ni a pensar aunque sean solo palabras.

- Eres una prueba irrefutable de que todo lo que consideraba una certeza tambalea - continua Ichika. - Pensé que matarías a Carlos y a Iris cuando Mika te dejara a solas con ellos, pero te ganaste su confianza, pensé que tratarías de escapar cuando fueras al trabajo, pero ni siquiera hiciste un amague, y pensé que morirías en ese mundo fantástico al que ibas, pero aquí estás - Ichika traga saliva para deshacer el nudo en su garganta. - Sigo creyendo que no puedes matar a Mika, pero ya has demostrado antes que me equivocaba, ¿Y ahora me dices que te quieres rendir y escapar? Ja, eso sí que no me lo creo.

Ruka todavía mira a la joven de las extremidades cosidas con los ojos entornados y los puños cerrados, pero algo cambia, sus puños tiemblan aún más y sus pupilas buscan el techo cuando empieza a llorar.

Hasta las extremidades de Ichika parecen temblar y sentir compasión por Ruka, era un llanto de un alma rota, la última vez que vieron algo así fue de un chico atado a una silla, le pasaba todos los días después de un tercer asalto, excepto ese último en el cual la puerta se vino abajo por el golpe de un hacha.

Ichika se encamina y envuelve a Ruka entre sus brazos. Un abrazo que tiene la calidez de 5 almas arrepentidas, como el calor de una hoguera ritual que quema cinco objetos importantes.

- Lamento pedirte tanto - dice Ichika. - Yo no puedo hacerlo, Mika es la última excusa que me queda para seguir viviendo, no me quiero morir sin pedirle perdón a Fuutarou y a mí padre, no podré hacer eso si Mika me mata. Lo único que sé es que tú si serás capaz de hacerlo Ruka, porque tú eres una buena persona, eres la persona más indicada a la que aplicaría esas palabras.

A Ichika se le corta la voz, consciente del egoísmo que reflejan sus palabras. Ruka se aferra más a su cintura y llora más fuerte. Empieza a recordar a Carlos, sus clases sobre disparos, a Iris y sus consejos de disciplina, aquellos en quien confió, aquellos que le habían hecho ser quien era, y por los que ahora solo podía llorar.

En esta conversación faltan palabras, faltan detalles, quizás hasta falten abrazos, pero nada de eso importa, porque ahora cada segundo vuelve a ser una carrera contra el tiempo, el tiempo que Mika va a tardar en meter sus manos en estos asuntos.

- ¿Dónde están? - pregunta Ruka.

- Los encontrarás en la rotonda que siempre tomamos, en el desvío que va hacia el cementerio, no el que va hacia la ciudad.

Ruka asiente, acelera con toda velocidad hacia su armario y cambia su vestimenta en un segundo. Zapatillas de escalada, calcetines blancos, una minifalda azul y una camiseta blanca tapada por un jersey amarillo fino, el conjunto de ropa que Ichika le regaló. Se pone en posición.

- Espera - dice Ichika sacando algo de un bolsillo. - No es azul, pero te quedará bien.

Le pone en la cabeza una diadema con lazo verde que se ajusta al pelo como un casco de aviación. Ruka sonríe y lo agradece antes de acelerar y salir por esa entrada cuyas puertas derribadas siguen en el suelo.

***

Ruka llega a esa rotonda sin fuente, ve marcas de llantas en la tierra y la zona donde un coche ha hecho un derrape perfectamente calculado, ignora eso igual que ignora que no huele la sangre del lugar.

Va a por lo primero que le llama la atención, el cuerpo de Carlos partido a la mitad, totalmente inerte y con unos ojos sin brillo mirando al cielo.

Se traga sus sentimientos y lo revisa, lo único que ve diferente es su cuello, tiene un picotazo nuevo, ¿Por qué? Cómo una cruel broma del destino, averigua la respuesta cuando intenta levantar el cuerpo de Carlos y se deshace entre sus manos, dejando solo la ropa.

- ¿Qué? - le pregunta Ruka a nadie.

Sus ojos se centran entonces en el agujero de 7 centímetros en el suelo, el que tiene la silueta con las medidas de Iris y su ropa informal perfectamente colocada, como si su cuerpo hubiera desaparecido.

"Se han desecho, explotado", piensa Ruka. "Se han ido igual que se iban mis huesos después de 10 minutos".

La respuesta aquí parece ser evidente para ella, han matado a Carlos e Iris, les han inyectado los mismos químicos que a ella y sus cuerpos se han deshecho tras de su muerte.

Ruka apresa todas sus emociones con una llave, las reprime con tres latidos y las encierra en lo más profundo de su mente cuando nota un olor nuevo en el aire. En el lugar donde Iris dejó reposar sus manos tras morir hay una extraña tela, tela que está manchada de tierra y polvo fino, como si le hubieran caído uñas deshechas, las uñas de Iris.

Ruka toma esos filamentos, son microscópicos, pero también huelen a carne y sangre de un hombre que debe llevar unos días sin bañarse.

Ruka apresa eso en su puño, es su única pista, pero a su vez, descarta completamente a sus principales sospechosos, los miembros del escuadrón 70 no visten con eso. Solo se le ocurre un posible sospechoso más que ha visto seguir las órdenes de Mika, esto debe haberlo hecho algún policía.

Con el olor a neumático en una carretera poco transitada, básicamente le han puesto un caminito de migas de pan para señalar al culpable, por lo que acelera el ritmo en dirección a la ciudad.

***

Ruka encontró un coche verde donde terminaba el rastro de los neumáticos. Agudizó su nariz mientras olía de nuevo la tela entre sus dedos, estaba aproximadamente a 300 metros de su objetivo, pero su olor se entremezcla con otros materiales, como concreto o polímeros, debía estar dentro de algún edificio.

La sorpresa de Ruka fue nula cuando después de callejear llegó a la parte trasera de una comisaría de la cual salían dos hombres, uno vestía de uniforme y el otro... El otro tenía una jodida gabardina rota y estaba bañado en una sangre sin olor.

Ruka no se percata de esto, tampoco de las palabras que dicen, sus sentidos se embotan cuando ve el rostro del oficial. Era el mismo policía que Mika mandó aquel día a las puertas de su trabajo.

Su instinto se altera aunque no escucha ninguna voz en su corazón, se deja llevar como se dejó llevar contra Tadomi al romperle una mesa de cristal en todo el cuerpo, contra Santi al abrirle la cabeza con un mando y contra el gordo bastardo sacándole la columna. No necesitaba 90 latidos para ser una máquina de matar sin emociones ni pensamientos.

Cuando volvió a ser consciente, su puño estaba atravesando el corazón del agente de la gabardina. Ruka estaba casi tan atónita como Nacho.

Saca la mano cubierta en sangre, ya no siente nada, es como si todas las emociones se hubieran neutralizado mutuamente, como un cortocircuito en la nevera que mantenía fría su faceta de estatua.

Pues ese hielo se parte cuando Nacho le arrea un gancho en 45 grados con la zurda, directo a la mandíbula. En lo que Ruka tarda en ser consciente del golpe Nacho le pega con un recto de derecha, su puño impacta en todos los dientes, es hasta milagroso que no salgan volando cuando Ruka y sus 57 kilos si salen despedidas hacia atrás, casi dos metros con los pies a 7 centímetros del suelo.

“¿Qué acaba de pasar?”, el cerebro de Ruka procesa información 9 veces más rápido. “¿Él acaba de lastimarme?”

La mirada de Ruka ni tiembla al momento de ver como Nacho, con el pecho regenerado, desenfunda su arma reglamentaria con una sola mano. Tres tiros en ráfaga, la mano firme inmune al retroceso y una puntería impecable.

Ruka puede romper esas balas hasta con la retina, pero “el único ataque que no hace daño es aquel que no te toca”. Las evita con movimientos en zigzag hasta volver a estar dentro del perímetro de Nacho.

Este hombre no era nada parecido a lo que había visto antes, no tenía la apariencia de alguien del escuadrón 70, y mucho menos su fuerza. Pero parecía tener algo familiar corriendo por sus venas, algo que le recordaba peligrosamente a Mika.

Los ojos de Nacho parecen adelantarse un segundo, un mísero segundo lleno de posibilidades, recargando todo su peso en su pierna derecha, consigue adelantarse en un ángulo muerto, y cuando Ruka sitúa su pie, él entierra su rodilla izquierda en el estómago de la joven. Esta vez Ruka no retrocede, no se permite ese lujo, pero Nacho si, fallando un jab al mismo tiempo que sale de su alcance.

Toca tantear terreno, Ruka se siente extraña, su instinto le alerta de ese hombre que sube los brazos en una guardia casi profesional mientras ella establece su guardia ortodoxa. No es que su instinto falle, es que aquel hombre lo hace ver inútil, no le pasaba eso desde su pelea previa a los 90 latidos, definitivamente este hombre tenía algo que ver con Mika más allá de trabajar para ella.

Nacho no entiende como su corazón todavía no ha reventado en su pecho, figurativamente hablando, entiende la velocidad de su regeneración, pero los niveles de dopamina que circulan por sus venas son una sensación a la que podría acostumbrarse.

"Será esta la segunda mente maestra", piensa Nacho. "¿Acaso todas las líderes de mafias en Japón tienen apariencia de niña?"

Ambos acortan distancia para un intercambio directo, Nacho lanza un aluvión de puños con una guardia zurda, sus pies lo más firmes y alejados que puede. Ruka instintivamente pivota y contragolpea entre ellos, acierta más golpes de los que falla, recibe pocos, la mayoría al cuerpo, pero los que impactan retuercen su piel y sus huesos.

Ruka danza bien, Nacho no puede pisarla para que se esté quieta, como si ese truco ya se lo supiera. Sin embargo, cada golpe de Nacho equivale a diez de Ruka, y con esa ventaja sumada a la altura a su favor, Nacho empieza a comer terreno, buscando en todo momento acorralar a Ruka en el muro contrario a la pared de la comisaría.

Ruka hace una finta cabeceando, esquiva una mano izquierda que viene en crochet y destroza el hormigón donde reposa la sangre de Ninoroki. Nacho ya ha telegrafiado ese movimiento, su pierna derecha sale desde el ángulo contrario, una patada alta perfecta que Ruka se come a pesar de su guardia cerrada.

Con un oído pitando y la pared detrás, tiene que retroceder hacia su izquierda en 45 grados.

Nacho no se mueve del sitio, en lugar de eso se estira con todo su alcance buscando un recto de derecha que casi roza la mandíbula de la joven, ella como contragolpe tira su mano derecha, pero la diferencia de altura rango es mucha, su mano queda a 20 centímetros del cuerpo de Nacho.

Este está a punto de sonreír, por fin algo le está saliendo bien, pero el atisbo de sonrisa se le borra de la cara en cuanto nota a Ruka reteniendo sus cuatro dedos con un pulgar que apunta hacia el cielo, como si fuera la pieza que tensa cuatro flechas en una ballesta. Entonces los suelta, y cuatro uñas a velocidades superiores a cualquier otra cosa que Nacho haya presenciado, atraviesan su caja torácica y se incrustan en su cuerpo en lugar de salir por la espalda.

Los pulmones de Nacho sienten un dolor inimaginable, como si después de clavarle una navaja estuvieran retorciendo la hoja. Mientras piensa en eso, una patada derecha de Ruka llega a sus costillas, le saca el poco aire que le queda, pero no es suficiente para hacerle perder el conocimiento. Retuerce el talón, gira las caderas, y antes de que Ruka plante el pie, Nacho tira una patada al tendón de Aquiles de la muchacha con tanta fuerza que la despega del suelo.

Ella no se concede ni un segundo de dolor, maniobra un giro en el aire y clava su pierna afectada en la pared de hormigón. A Nacho le cuesta creer lo que ve, pero más le cuesta reaccionar a una patada de futbolista que Ruka le da en la cabeza desde un ángulo que no se imaginaba posible. El empeine choca contra su tabique y su boca, da unos cuantos traspiés que llegan a los cinco pasos.

Cuando recupera la visión, Ruka parece haber desaparecido de la pared, pero nota una fuerte ráfaga de aire que levanta su gabardina. Nacho entonces da una patada circular hacia atrás, golpeando a Ruka en el plexo solar cuando esta iba a golpear sus riñones. Toda la marca del zapato se queda en la ropa de Ruka mientras esta se ahoga en su propia sorpresa. "No puede ser, no debería poder responder tan rápido, ¿Es que acaso se está volviendo más fuerte?", piensa.

La mandíbula de Ruka se come una seguidilla de golpes, más un “uno dos” a la cabeza, con un cambio de guardia constante para confundir al instinto de Ruka.

La joven apenas consigue telegrafiar el último golpe, un recto de izquierda que le corta parte de la frente mientras ella acomete hacia delante, su propio puño izquierdo consigue golpear en un ángulo muerto con una volea que impacta y saca la bola del hombro izquierdo de Nacho.

La rabia de este último hace que descargue toda su fuerza con la cabeza, Ruka también se adelanta con la frente cubierta de sangre. El golpe duele, pero Ruka se lleva la peor parte, es como un choque de un coche contra un camión, ambos se dañan, pero el pequeño prácticamente se destroza. Aunque intenta retroceder, no sale del rango de las piernas de Nacho y se come una patada frontal que la echa hacia atrás de nuevo, levantando el suelo con el surco que deja a sus pies.

Nacho aprieta los dientes, su mirada pide muerte, está sangrando y sudando más que en cualquier momento de su vida y su sombrero se ha pegado a ese mejunje, no se suelta de su cráneo.

Ruka no está sudando, aunque su ritmo sube a 75 latidos inconscientemente, no se permite ni siquiera una sonrisa de confianza, solo descansará o victoriosa o muerta.

Nacho se abalanza a por Ruka, esta lanza un contragolpe, un gancho de izquierda mientras se impulsa con un salto en un ángulo muerto. Pero Nacho es más rápido, con un buen juego de pies, choca contra la pared que le rasga la espalda y al mismo tiempo le recoloca el hombro en la zona donde el hormigón se agrieta.

Mientras Ruka gira sus caderas, Nacho se sorprende alcanzando una velocidad nueva, con ella, da un gancho justo en la coronilla de Ruka, una potente mano que le parte la diadema y el lazo al mismo tiempo que le abre la cabeza. Ruka tambalea, esa fuerza es ajena a cualquier otro golpe que haya experimentado en carne propia. Entonces otra mano sale disparada en un recto, perturbando el aire más que una paloma volando a la carrera. Los 4 nudillos de Nacho le parten superficialmente un cuarto del cráneo al mismo tiempo que le sacan un ojo.

Ruka escupe sangre, retrocede lo más que puede hasta que su espalda toca la pared de comisaría, entonces Nacho tira un crochet, justo en el punto ciego de Ruka, ella le sorprende, salta y cae interceptando ese golpe con el codo.

Mientras los dedos se parten y Nacho experimenta cada gramo de dolor, Ruka aferra todo los dedos de su mano izquierda con el pulgar.

Apunta, pero esta vez no consigue nada, Nacho se adelanta a ese movimiento golpeando con un puntapié el reverso de la palma de Ruka, redirigiendo su ataque, suelta el dedo cuando se está apuntando a sí misma. Ruka ni siquiera se lo creyó cuando consiguió cabecear hacia atrás, dejando que esas uñas apenas pasaran rozando su cabello hasta perderse en el cielo en tres segundos.

Nacho debería estar pensando en un par de cosas, como que ya es la segunda vez que las uñas de Ruka generan una explosión al ser lanzadas, como que este alboroto puede llamar la atención de civiles que se acerquen a mirar, o peor, llamará la atención de los policías de la comisaría que tiene literalmente a un paso a su espalda. Pero ver el cuerpo muerto de su amigo, hace que solo focalice sus 5 sentidos en la chica japonesa y su ojo que aún chorrea sangre.

Ruka en cambio si se está percatando de los pasos dentro del edificio, los oficiales que preguntan por el origen de esos dos ruidos y lo que han parecido tres disparos. Alguien bromea con que podría ser un aire acondicionado roto que ha explotado, y otras personas más serias parecen señalar que vienen del exterior. Tiene unos dos minutos antes de que salgan a investigar.

"Esto será hasta que uno de los dos se desgaste", piensan los dos.

Ruka se arranca su otro ojo al mismo tiempo que se dice, "bien, porque no tenía pensado huir".

Nacho avanza sin miedo al mismo tiempo que se dice, "está bien, chica, solo hago mi trabajo".

Ruka siente el viento, derecha, izquierda, abajo, retrocede... Sin ojos, todo se ha vuelto un ángulo muerto, y por ende, todo lo que se acerca es peligroso. Nacho no entiende cómo ahora Ruka puede verle mejor.

Ella hace cambio de guardia constante, entra y sale, un puño llega a su cabeza medio segundo tarde. La patada baja pasa de largo frente a un cambio de guardia, y el zapatazo recto hacia la rótula ni siquiera roza los pliegues de su falda.

Ruka empieza a dar golpes entorno a un solo punto, gira entorno a él mientras avanza con pies ligeros para evitar que Nacho pueda tomar distancia y tenerlo situado en todo momento.

"¿Qué cojones?", piensa Nacho desviando un gancho que casi le acierta en la boca del estómago. "¡Lo está esquivando todo! ¿Pero cómo? Es cómo si estuviera pendiente de tres rivales a la vez y esquivara los tres."

Nacho hace un amague, dura apenas un microsegundo, pero ve a Ruka moverse antes de contrarrestar ese movimiento con un eficaz gancho al hígado.

Nacho acomoda ese golpe en sus entrañas junto al aire residual que se expande desde dentro y le empuja la columna, tres más de esos y no va a poder contarlo.

"Joder", se maldice Nacho. "¿Cómo mierda ha pasado tan rápido de counter a out-boxer? ¿Y cómo predice mis movimientos?".

Nacho gira los pies, va a tratar de correr para tomar distancia, pero el girar de sus talones perturba el aire y Ruka le ataja una patada en la espinilla obligándole a quedarse quieto.

Nacho se agacha y ya está ahí la rodilla de Ruka rompiéndole la nariz. "Ni siquiera me he movido del puto sitio", piensa él cuando otro golpe que debería ir contra su pecho choca contra los codos de su guardia. "Es como si...", algo en su cerebro hace click. "Cómo si sintiera el aire y la dirección".

Es una suposición un poco basada en nada, pero eso explica porque esquiva los amagues sin verlos y porque golpea en la guardia que no ha movido.

Nacho entonces da una patada diestra en horizontal, Ruka naturalmente retrocede dos pasos, entonces Nacho saca su puño a máxima velocidad directamente desde atrás y lanza toda la ráfaga de aire acumulada en dirección a la chica, como aquella que lanzó para despejar el polvo de la ermita.

Ruka se protege toda la cara con una guardia cruzada, el aire resuena en sus oídos como si estuviera dentro de un tornado, entonces esperando un golpe alto, es sorprendida con una barrida de judo que la manda directamente al suelo.

Para ser justos, hasta Nacho se sorprende, pero no da oportunidad de réplica, sus dos rodillas se clavan como cuñas en los codos de Ruka para evitar que los mueva y él con todo su peso aplasta su estómago.

Ha salido bien, el único movimiento que ha experimentado en carne propia y que sabe que es perfecto para luchar con los que confían su fuerza en pelear de pie. El movimiento que le enseñó su amigo muerto, cuyo único ojo todavía acoplado en su piel le mira inexpresivo.

Otros ojos le ven, Ruka ha recuperado sus globos oculares y le mira con la expresividad de la decoración de los cementerios. No siente nada, acaba de matar a un hombre y no siente nada. Esa chica no podía ser como Nacho, él que aún temblaba si pensaba en la mujer que mató, no podía ser como este pseudo cadáver sin emociones.

- Habéis fallado, tú y tus amiguitos de ojos morados habéis fracasado intentando detenerme - le dice con los dientes muy juntos, el corazón en un puño. - Cuando vayas al infierno, espero que recibas a Mika con los brazos abiertos, no tardaré en mandarla allí también.

Ruka abre los ojos, Nacho creé que es por miedo, pero es por lo rápido que ha procesado dicha información, información que lo cambia todo.

Ruka deja de apretar uno de sus dientes con la lengua, casi dispuesta a lanzarlo contra la frente de Nacho y empieza a tirar con fuerza de sus propios brazos.

Empuja con todo lo que tiene, pero Nacho solo hace más fuerza, entonces tanto el suelo como la rodilla ejercen más presión que la boca de un cocodrilo y Ruka tira con fuerza de su brazo derecho, arrancando la mitad y dejando al aire un resplandeciente hueso.

Nacho no se esperaba eso, y menos aún lo poco que Ruka tarda en regenerarse, justo a tiempo para darle un puñetazo en el cuello, en la misma nuez de Adán que es donde llega.

Nacho se lleva una mano allí como acto reflejo mientras se atraganta. Ruka puede salir de encima con un efectivo giro de caderas, con otro se pone rápidamente de pie.

Nacho maldice a sus muertos y se vuelve a poner de pie y en guardia, seguro de que la misma estrategia no funcionará dos veces. Pero la chica delante de él tiene cara de no querer seguir peleando, es la primera vez que muestra emociones claras desde su cara de cabreo.

- ¿Has dicho... Mis amigos de ojos morados? - pregunta Ruka.

- No te hagas la tonta, chica - responde Nacho con aires de guerra. - Hablo del rubio ese y la coreana, los que enviaron antes que tú para matarme.

¿Matarle a él? ¿Este hombre estaba hablando enserio o solo se estaba creyendo la película de la que parecía haber salido?

- ¿De qué estás hablando? - Vuelve a preguntar Ruka casi indignada. - Carlos e Iris tenían los ojos marrones y ocres respectivamente.

- ¿Quiénes son Carlos e Iris? - pregunta Nacho con una cara descuadrada.

- Las personas a las que mataste y luego inyectaste el mismo químico de mis venas para que explotaran.

- Yo no hice eso.

- Carlos tenía tres picotazos en el cuello cuando lo encontré, se perfectamente que tenía dos - Ruka frunce el ceño y hace aspavientos. Esta conversación le está sacando más de sus casillas que la pelea.

- El guaperas rubio ya tenía tres inyecciones cuando me enfrenté con él - dice Nacho entornando los ojos. - Esto no importa, ¿Tú trabajas para Mika o has venido a matarme por tu cuenta?

- ¡Tú y él sois los que trabajáis para Mika! - Ruka sube la voz mientras señala el cuerpo de Ninoroki. - Sé que la policía trabaja para ella.

- No, idiota, solo 10 policías trabajan para Mika - Nacho suspira resignado. - Por tu culpa ahora solo 9.

Ruka mira a Ninoroki, ahora que vuelve a ser consciente de sus actos, escucha las gotas de sangre resbalarse entre sus dedos y caer a sus pies. Indirectamente estaba trabajando para Mika, volviendo a manchar sus manos, y todo por no hablar las cosas.

- Ni siquiera trabajaba para ella por gusto - añade Nacho refiriéndose a Ninoroki. - Mika tenía amenazada a su familia, acabaría con ellos si ya no le era útil, ¿Cuál es tu excusa?

Ruka respira más pesadamente, su mirada se encuentra con la de Nacho. - También tiene amenazada a mi familia - es todo lo que puede decir.

Nacho entonces reconoce la cara de Ruka, ya ha visto antes esa cara, la de alguien cansada de levantar una carga que le supera, la ha visto en Chizuru, la ha visto en Mami y también la ha visto en su espejo estos últimos días.

- Solo eres una chica de 17 años que mata por miedo, ¿Verdad? - pregunta Nacho bajando su guardia definitivamente.

- Miedo no es la palabra que usaría - responde Ruka. - Pero tampoco sabría qué otra palabra usar - Ruka se adelanta un paso para estar cara a cara con Nacho. - Lamento mucho haber matado a tu compañero, se lo inútil que son las palabras en este caso, pero si quieres desahogarte adelante, no me defenderé, solo te pido que me dejes viva, necesito explicaciones.

Se queda quieta, rígida, notando el corazón de Nacho latir con fuerza, esperando que cierre los puños y se desahogue con ella.

- Así no funciona mi trabajo - dice Nacho en un suspiro. Un suspiro que contiene una ira que no aguanta, pero no volverá a centrarse en la víctima por conclusiones precipitadas. - Tengo preguntas, y tú pareces tener respuestas, acabemos con esto antes de que alguien más llegue con sus respectivas preguntas.

Ruka le mira, nota su mandíbula apretada y sus ganas de sacarle los dientes a patadas, ha visto ese rostro ya antes en Iris, en alguien en quién debió confiar más. - Responderé cuánto sepa.

- Estoy investigando un asesinato, uno que implica a un chico al cual le aplastaron la cabeza tirándole una rueda. Creí que la culpable era evidente, pero viéndote a ti, parece ser que Mika tiene a múltiples personas con fuerza sobrenatural a su servicio, ¿Cuántas?

- Que yo conozca, a parte de mi y de ella, 45 hombres y 45 mujeres, les llama el escuadrón 70 - ningún solo gesto sospechoso en la cara.

"Animándome a pensar que esa información es correcta, seguramente el hombre y la mujer que se llevaban a Rebeca formaban parte de ese grupo", piensa Nacho.

- ¿Sabes si alguno de ellos tiene alguna característica que le haga generar mucosidad? - pregunta en voz alta.

- ¿Mocos? No, no que yo sepa, de hecho nadie que trabaje para Mika tiene algo así - Ruka lo piensa mejor. - Quizás Jirei, pero no lo llamaría mucosidad, es más bien mucho líquido, incluso tenía sus zapatos siempre mojados y ruidosos - Ruka niega con la cabeza. - Pero no, eso no tendría sentido, ese hombre es solo un vidente muy asustadizo y sensible, incluso llora por unos simples peces hechos sushi.

La mente de Nacho se ilumina como un cielo de noche por un rayo de tormenta. - ¿Es alguien preocupado por los peces? ¿Dirías que sería capaz de alimentar peces ajenos si ve que están en riesgo de morir porque se pasó su horario de alimentación?

- Tal vez - Ruka pone una mueca de extrañeza. - No te centres mucho en él, no tenía fuerza sobrehumana o algo parecido, Iris una vez le pateó en la entrepierna por pervertido y me han dicho que siempre estaba buscando la protección de Mika. Qué yo sepa, lo único que hacía era caminar por la base de operaciones de Mika y leer en la biblioteca.

- ¿Y qué leía? - Nacho ensancha los ojos, sabe que está cerca de algo.

Ruka empieza a recordar, no sabe exactamente que leía Jirei, pero entonces recuerda las conversaciones con el bibliotecario. Jirei era la única persona además de ella que lo visitaba frecuentemente para mirar libros, porque Iris y Carlos solo iban a ese lugar para sentirse lejos de la mirada de Mika.

Ruka se siente muy estúpida de golpe, su cerebro recordando los títulos de los libros que el bibliotecario la presentaba, libros que se repetían y tenían poderes como; "Magia china para caminar sin hacer ruido", "Como sustraer talentos de otros", "Como moverte por un lugar sin dejar olor", y el más claro de todos, el primero que le presentó el bibliotecario; "Libros sobre cómo fabricar tus propios productos químicos", dijo que era un éxito del verano.

- Morados... - dice Ruka tontamente.

- ¿Cómo dices? - pregunta Nacho.

- ¡Morados! - exclama Ruka. - ¡Dijiste que Carlos e Iris tenían los ojos morados! ¿No es cierto?

- Si, así los tenían.

- Es un hechizo de control mental - dice Ruka como si se le fuera a salir el alma del cuerpo.

"¿Control mental?" Piensa Nacho. "¿A estas alturas de la película? Si, ¿Por qué no? Eso explicaría porque parecían tener la mente tan poco clara y con movimientos casi preprogramados".

- Esto puede ser todavía peor - prosigue Ruka llevándose las manos a la cabeza. - Si Carlos e Iris tenían mis poderes eso quiere decir que Jirei consiguió replicar exitosamente los químicos de mi corazón, o al menos parte de ellos.

Ruka recuerda entonces la vez que le dio su bolt del desayuno, donde había dejado la marca de sus labios, su saliva. Eso podría replicarse con el libro de químicos, Iris tuvo la idea de replicar el poder de Mika con su saliva, alguien más podría haber pensado eso.

- Pero esto no tiene sentido - concluye Ruka. - Jirei siempre estaba a la tutela de Mika, ¿Por qué poseería a Iris y Carlos?

- ¿Cómo sabes que lo hizo sin el consentimiento de Mika?

- Mika no deja que sus mejores hombres se dañen entre sí, ella ya nos tiene comiendo de la palma de su mano - recuerda a la "jefa" partiendo uno de sus dientes proyectiles que iba hacia Iris y regañando a Carlos por apagarle las neuronas a su compañera. - Mika ahora ni siquiera está en la base de operaciones, ¿Por qué le pediría algo así?

- Porque ese tal Jirei va por libre y está tratando de traicionarla, a eso apuntan todas mis suposiciones - Nacho se encoge de hombros antes de que le embriague una preocupación genuina. - Si planeó todo esto y mandó a tus dos amigos a matarme, es porque me quiere muerto, pero yo no soy importante para esa comisaría salvo para un caso, un caso donde una de las implicadas está ahora sola actuando en un centro comercial.

- ¿Quién es esa persona? - pregunta Ruka.

- Se llama Mizuhara Chizuru, bueno no, se llama Ichinose Chizuru - Nacho niega con la cabeza. - Es complicado, tengo que ir a verla, puede estar en peligro.

Ruka repasa nombres de memoria, ¿Ichinose Chizuru? Si, lo recuerda, así se llamaba la chica con la que pasó una tarde de karaoke ayer. Pero repasando de memoria también llega a otra conclusión, no ha cumplido la última voluntad de Carlos, esa que le pedía entregar una carta a sus padres, parecía olvidadizo al referirse a ese tema, una corazonada le dice que será importante.

- La conozco, estuve con ella en el karaoke, pero ahora no puedo acompañarte - dice Ruka. - Hay algo importante que tengo que mirar, algo que puede aclararlo todo.

Nacho no tenía intención de llevarla de todas formas, demasiada confianza estaba depositando en la chica que hace un minuto trató de matarle. Maldición, sentía que si pudieran hablar más todo encajaría en su sitio, pero como ya empezaba a ser costumbre, no había tiempo.

- Bien, no importa, ¿Podrás localizar mi rastro de todas formas, no? ¿A qué velocidad te mueves?

- Creo que 300 kilómetros hora es lo máximo que alcanzo.

- ¿Sólo? Pero si te he visto esquivar balas corriendo.

- No es lo mismo - Ruka frunce un poco el ceño. - Puedo dar acelerones muy repentinos para esquivar, pero no es una velocidad que pueda mantener eternamente corriendo, ¿Cómo es que no lo sabes? Si mi intuición no falla, tú tienes los mismos poderes que Mika.

- Los he conseguido hace apenas 20 minutos - musita Nacho. - Aún me estoy adaptando, aunque voy bien, ¿Cuánto hace que tienes tú los tuyos?

- Hace apenas un mes - responde Ruka. - Mika me revivió en un extraño cementerio con este corazón nuevo, ¿Qué importa eso?

Nacho se da una hostia en la frente. - Claro, tú eras lo que Mika estaba haciendo en esa lágrima del cielo.

- ¿Qué?

- Cementerio mágico, larga historia, allí fue donde conseguí estos poderes - Nacho se da la vuelta, dispuesto a seguir su camino. - Será mejor que dejemos de hablar, hay una vida en juego.

- Un momento - Ruka estira la mano en su dirección y Nacho voltea la cabeza. - De nuevo, lamento mucho lo de tu amigo - Nacho obliga a su cerebro a reprimir las emociones y no mirar al cuerpo inerte de Ninoroki. - Pero si sabes dónde está ese cementerio, tal vez puedas llevar allí su cuerpo y revivirlo, Mika hizo eso conmigo.

- No funcionará - dice Nacho en una voz modesta y fría. - Me dijeron que de allí solo puedes salir vivo si entras vivo.

- Pero yo entré muerta.

- ¿Con unas células similares a las de Mika dentro de tu cuerpo, no? - pregunta Nacho alzando una ceja, Ruka se mira el corazón. - Las células de Mika parecen tener una inmortalidad biológica, una parte de ti nunca estuvo muerta.

“Así es como pretendo revivir yo a partir de un dedo si esto termina en el peor escenario posible”, piensa Nacho.

"Una parte de mí, ¿Este corazón es mío y late para mí?", se pregunta Ruka mentalmente. "Tienes que saber quien eres", parece decirle la voz de Carlos.

- Ya pensaremos en Ninoroki si salimos vivos de todo esto - dice Nacho con una rabia que le obliga a ocultar las lágrimas. - Ahora no te preocupes, ahí dentro hay nueve personas que trabajan para Mika y un agente ascendido sabía que iba a verle - Nacho aprieta los dientes. - Solo se encargarán de hacer que parezca que me volví loco y le pegué tres tiros a mi amigo, en el suelo están las balas y ya escucharon los disparos.

Ruka siente una oleada de emociones donde la culpa y la pena predominan. - Una cosa más, ¿Ha tenido noticias de una chica llamada Nanami Mami? Creo que ella podría estar en problemas con Mika también.

- Está muerta - suelta Nacho sin reparo alguno. - Mika la mató hace más o menos una hora y después fue hasta otra puta ciudad para decírmelo.

Ruka quería seguir haciendo preguntas, Nacho en cambio la deja allí sola con sus manos llenas de sangre, no hay más que hablar y no va a centrarse en las vidas que no ha salvado cuando puede centrarse en las que debe salvar.

Él corre en dirección a su coche y Ruka solo se mueve cuando nota pasos y un temblor en el manillar de la puerta de comisaría. Podrá llorar luego, ahora tiene que cumplir una promesa que le hizo a un mexicano rubio.

***

Ruka entra pisando las puertas que aún siguen tiradas en el suelo, tal vez eso sea buena señal, no se imagina a Mika regresando, viendo eso y no exigiendo explicaciones.

Con la ropa hecha girones, corre sin descansar hasta la habitación de Carlos, echando la puerta abajo con la frente. Respira todo lo hondo que puede, como si quisiera aspirar todo el aire de la habitación, hasta que deja de oler a libro viejo y nota algo parecido al papel dentro de una almohada que hace pedazos con un corte limpio de sus uñas.

Ruka sostiene entre sus manos un sobre, en el mismo pone con bolígrafo azul; “para mamá y papá”. Hasta Ruka, que está emocionalmente rota y exhausta, eso hace que suelte un atisbo de lágrimas antes de abrir el sobre. Empieza a leer;

“Hola mamá, hola papá, soy Carlos, vuestro hijo. Escribo esto con las pocas fuerzas que tiene mi mano en un papel robado, con un bolígrafo robado, dentro de una trinchera”.

“Si leéis esto quiere decir que estoy muerto, o que estoy tan lejos de casa que he perdido toda esperanza de volver a veros”.

“Os quiero a los dos, más de lo que pueden decir mis palabras, así que no perderé el tiempo con cumplidos vacíos y esas chingaderas”.

“Mamá, gracias por corregirme si me portaba mal, lamento decirte que era cierto lo que decían de mí en los barrios, los niños no querían juntarse conmigo porque les asustaba, no lo hacía con mala intención, era mi forma de no hacer amistades que me dolerán cuando las perdiera”.

“Papá, gracias por traer siempre dinero a la casa, aunque te veía poco, siempre fuiste un referente para mí, perdóname por no decirte”.

“Y si alguien más está leyendo esto, quiero que sepas que estoy maldito, al parecer espa maldición me impide hablar de ella, se me olvida cada vez que trato de sacarla de mis pensamientos, pero se que alguien me ha picado en el cuello y desde entonces no soy el mismo. Parece ser que hasta han extraído mis poderes, porque a veces me fallan, y no puedo decírselo a nadie”.

“Si lo intento hablar, se me lengua latraba, si lo intento escribir, se me olvida dar el papel. Lo único que puedo hacer es este vacío legal, esta parte de la carta no va dirigida a nadie, por eso no creo que nadie la encuentre, son mis pensamientos plasmados y ya que puedo pensar en la maldición que se que tengo, puedo dejarla aquí por escrito, espero que sea suficiente”.

Ruka termina de leer la carta, su mirada se eleva hasta la pared frente a ella, la deja caer en la cama y aprieta los puños con toda la rabia que alberga. Siempre fueron los picotazos del cuello, debió haber sospechado antes, Iris también tenía uno, a ella también la poseyó como ya sabía.

Ese Jirei era un cabronazo de primera, había estado haciéndose pasar por un débil lame culos mientras conspiraba a la vista de todos. Sin dejar olor, sin dejar sonido, y disimulando con unos zapatos mojados para que pareciera que siempre podría ser localizado. Pero esto era peor, porque aún no había terminado, ¿Y si usaba ese poder contra alguien más? ¿Alguien cómo Chizuru? En el momento en que ese pensamiento cruza su cabeza, Ruka sale escopetada hacia la biblioteca.

Toca a la puerta antes de entrar, aunque no espera a que le den permiso para pasar. El bibliotecario levanta la vista de su libro, en la portada se lee: "Comunicación para tontos", es lo más cercano que ha encontrado como guía para hablar con alguien después de una situación incómoda.

Ruka no le dirige la palabra, lo de llamar era pura cortesía, ya sabía cómo se ponía el bibliotecario si no cumplían las reglas. Mueve la cabeza en todas las direcciones, buscando el libro que hablaba sobre hechizos mentales o sobre los productos químicos, pero no lo ve en ninguna de las portadas.

"Mierda, leí tanto y de manera tan superficial que ahora no sé lo que hay que hacer para neutralizar ese hechizo", el estrés y presión en su pecho están haciendo que Ruka no pueda pensar nítidamente. "No me servirá ayudar a Chizuru si no puedo revertir el efecto, pero ya estoy dando por hecho que podría estar afectada, quizás muerta, no sé qué hacer".

Siente aún más presión que cuando perdió sus poderes en el bosque del cristal GBR, iba a fallar a Chizuru como había fallado a Mami. Maldita sea, ¿Es que no iba a poder salvar a nadie hoy?

Los libros habían desaparecido, se habían cambiado como hacían todas las noches, ya no podía tomarlos. La pobre chica quería llorar, tirarse al suelo y consumirse sola, dejar que el tiempo pase a su alrededor y no hacer nada al respecto.

- Ruka, ¿Qué te sucede? - pregunta el bibliotecario, los pelos de su gabardina moviéndose en una armonía pausada.

"Pero no estás sola", le susurra su corazón.

- Estoy buscando unos libros que no están aquí - dice Ruka.

El bibliotecario asiente sin exigir más explicaciones. - Y cómo pretendes encontrarlos.

- Con tu ayuda - Ruka casi sonríe con unos ojos centelleantes.

***

Ruka y el bibliotecario corren por los pasillos, buscando la habitación de Jirei en el sector más peligroso. La japonesa da cada paso firme y segura, el escuadrón 70 no la buscaría con el bibliotecario al lado, eso dijo él, y tenía total confianza en su amigo de 25 años con apariencia de 78.

Supieron fácilmente cuál era la habitación de Jirei, era la única con un manillar pegajoso. Ruka pensó en echarla abajo, pero eso sería demasiado ruidoso.

- Necesito pasar - le dice al bibliotecario señalando la puerta.

Este simplemente la mira, asiente y luego observa la cerradura. Un cristal fino y eficiente parte las clavijas y la puerta se abre casi sin hacer ruido.

"Los cristales viejos son los que mejor cortan", piensa Ruka mientras sonríe.

La habitación de Jirei era un estropicio minimalista, solo tenía una cama, un cubo con agua para los zapatos y un armario. Sobre la cama todos los libros que había usado en su versión china, todo para despistar, pues él era japonés.

Ruka toma el libro que busca, no lo pasa a toda velocidad, lo examina a conciencia. En él hay anotaciones, notas de prueba y errores, incluso coordenadas donde guarda los objetos básicos que utiliza y cómo llegar a ellos. También horarios detallados del comportamiento de Mika, de Ichika, e incluso de ella. Los hechizos que ha realizado para no ser escuchado ni oído y los lugares por donde ha estado, pero lo que no encuentra, son las páginas donde se explica la forma de revertir el hechizo, las mismas han sido arrancadas.

Ahora Ruka debería perder la calma, lanzar el libro contra la pared y proceder a insultar a los muertos de Jirei en orden alfabético, pero en lugar de eso solo cierra el libro y se lo entrega al bibliotecario.

- Te leíste este libro, ¿Verdad? - le pregunta.

- Por supuesto, ¿Qué clase de bibliotecario recomendaría un libro que no se ha leído? - dice él asintiendo.

- ¿Recuerdas cuál es la cura para el control mental? 

- Si - la túnica danza feliz de ayudar. - Lo único que rompe el trance es la voz de un ser querido que te recuerda quién eres, una solución muy predecible, si quieres mi más sincera opinión.

Ruka asiente, no es que pueda hacer mucho con esa información, pero ya es más de lo que podía hacer antes de llegar. - Dale este libro a Ichika, explícale lo que pone, que Jirei intentó traicionar a Mika - susurra Ruka pensando en el mapa de la ciudad.

- ¿Y qué vas a hacer tú ahora? - pregunta el bibliotecario.

- Voy a manchar mis manos de sangre inodora - Ruka se pone en posición para salir corriendo. - Pero ahora mismo, solo estoy confiando, en ti, en Chizuru y en la eficiencia de un policía que he conocido hace unos 10 minutos. Tendrá que bastarnos con eso.

Entonces corre por los pasillos, ignora la somnolencia, la escasa fatiga y el viento, que gracias al bibliotecario le sigue el juego y no alerta al escuadrón 70.

"Bueno Carlos, ahora pondremos tus palabras a prueba, porque la única forma de que no me vuelva loca al terminar esto es que me vuelva un cadáver".

"Ya lo eres", le dice su corazón.

Ruka sonríe, si, eso era ella, un perro de caza que seguía los designios de su propio corazón.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Creepypasta: Nina the Killer (Remake 2024).

Minecraft c0nsci0usne33 ARG español.

Borrador de Yume Nikki.