Relatos de vs.
Mario VS Kasai Rex.
La escena hubiera sido descrita como grotesca por cualquiera que lo hubiera visto, la cara estaba desfigurada, los ojos arrancados de sus cuencas y desperdigados, y el cuerpo iba dejando un reguero de sangre mientras Mario lo arrastraba de una pierna.
El imperio de koopa había caído, y su patético intento de salvar a la princesa Peach había fracasado. Podrías encontrar el cadáver de su rey aplastado por su nabe payaso, la cual acabó estrellándose después de que Mario la derribara lanzando sus propios robots contra ella.
Aún así, los koopas que habían sobrevivido al ataque de Mario se reunieron con los yoshis que sobrevivieron a ser encerrados en huevos. Su orgullo estaba herido, su reino destruido y sus esperanzas a punto de apagar su última llama, pero entre todos, avivaron el fuego lo suficiente para jugar una última carta.
Kamek, tercero al mando de los koopas y líder electo luego de la muerte de los koopalin, encontró un libro de magia en la biblioteca de los yoshis. Uno que hablaba de una gigantesca criatura de otro mundo, con cuerpo de saurio, pies de león y tan alto como una casa.
***
Mario regresó a la isla de los yoshis, solo para asegurarse de que nadie había quedado libre. Todo estaba en silencio, los arbustos y las montañas cerraban los ojos al ver sus manos llenas de sangre, él no sentía nada.
Caminó por un prado, mirando en todas las tuberías y golpeando los bloques interrogantes que ya no tenían nada que ofrecerle. Lo que si llamó su atención fue la tortuga antropomórfica de caparazón rojo que corría a esconderse a una pequeña casa de madera abandonada.
- Let's go - dijo Mario en alto antes de ir corriendo por él.
La tortuga cerró la puerta de golpe, Mario llegó tres segundos después, iba a tirar del manillar, pero notó que el suelo temblaba. Dio un salto hacia atrás justo a tiempo para esquivar una arremetida de un lagarto tirano que derribó la mitad de la casa con la misma facilidad que las orcas apartan el agua al saltar a la superficie.
Mario miró a aquel ave que parecía un reptil, tras él vio a Kamek teletransportarse junto al koopa rojo, le habían tendido una trampa, pero les había salido mal porque a Mario le encantaba esa mierda.
El fontanero se lanza corriendo a por el Kasai Rex, el mismo también avanza en acometida. Mario evade un intento de mordisco y con un salto hacia delante, cae pisando con sus dos pies la pata derecha del saurio. El golpe es de gran magnitud, podría haber partido una roca, pero a los macizos huesos del Kasai no le hacen ni cosquillas y para cuando Mario es consciente recibe de lleno una patada en los hocicos que lo manda rodando siete metros por el suelo.
Los pies del Kasai son rápidos, corre hacia Mario como un león. Con su envergadura de 13 metros adelanta la cabeza, buscando un mordisco directo al abdomen. Mario reacciona justo a tiempo, consigue dar un salto de tres metros con toda la fuerza de sus pies y caer girando justo sobre el hocico del Kasai, que gruñe por el impacto.
El mismo le permite adelantarse, Kasai rota de mala manera su torso, intentando aferrar a Mario con sus brazos, pero este maniobra en el aire y sus dos pies logran aplastar el brazo derecho del Kasai, partiendo sus huesos.
El Kasai grita, pero se recoloca en un rápido movimiento de sus patas antes de que Mario salga de su perímetro y acierta un tenaz mordisco en el brazo izquierdo del fontanero, que separa sin ningún problema carne y hueso.
Mario trastabilla a la hora de posarse, no logra pasar de largo y recibe un potente golpe de la cola del Kasai. 5 toneladas de musculatura que lo envían volando hasta una pequeña colina cercana, destrozando un bloque interrogante con la espalda en el proceso.
Clavado en la tierra, Mario escucha las pisadas del rex que van por él. Nota un calor inhumano, algo aún más cálido que su propia sangre, el fuego de su mano derecha.
Al salir volando rompió un bloque que contenía la flor de fuego, con este nuevo poder concentra una esfera de calor y la estampa en su brazo amputado, saturando su herida para que deje de sangrar y listo para el segundo asalto.
Pensando que estaba distraído, un topo intenta saltar hacia Mario por su espalda, pero este se gira y lo atrapa, aplasta su cuello con una mano y lo lanza cubierto de fuego directamente contra el Kasai Rex. El saurio esquivó el ataque, el topo rebotó en el suelo, quemando el pasto tras él.
A la luz del día, en esa gran extensión de terreno llano, esas llamas se avivaban por el aire y dieron una idea a Mario. Sabiendo que no podría escapar corriendo del Kasai, empezó a lanzar bolas de fuego de dos en dos en todas las direcciones, pronto, el ambiente se cargó de calor y fuego.
El Kasai ignoró todo, esa subida de temperatura fue poco más que una brisa de verano para un cuerpo acostumbrado como estaba al calor de África. Aún así, sus pisadas eran rápidas y precisas, tratando de evitar quemarse con el suelo.
Mario siente un escalofrío, lo único que calma su estado es el bloque a 20 metros a la espalda del Kasai, una caja dorada que flota a 7 pies del suelo, lejos de las llamas, esperando que Mario la golpeé.
El fontanero arremete contra el saurio, lanza varias bolas de fuego, pero estas apenas queman superficialmente la piel del Kasai, es como tratar de incendiar un árbol con un mechero.
El Kasai gira, Mario logra saltar por encima de su cola con esfuerzo. Lanza una bola de fuego que rebota en la espalda del dinosaurio e impacta de lleno en su ojo.
El Kasai ruje tocado pero no hundido, mientras sacude la cabeza para apagar el fuego de su ojo, Mario logra llegar al bloque que ansía, lo golpea y una estrella cae sobre él, dándole su poder.
30 segundos.
Mario dispone de tiempo limitado para hacer algo, corre ahora más rápido hacia el Kasai. Este lo considera un trabajo fácil, entre las llamas y su ojo herido, no nota que Mario va lanzando destellos, lo pilla a media carrera y muerde.
25 segundos.
Los dientes centrales del Kasai se parten, incapaces de atravesar la ahora piel invulnerable de Mario. Pero invulnerable no quiere decir invencible, atrapado entre los músculos de la mandíbula, Mario da repetidos golpes para tratar de salir.
18 segundos.
El puño aún sano de Mario consigue moverse lo suficiente para lanzar una bola de fuego dentro de la boca del Kasai Rex. Este último se levanta y se sacude, estrellando a Mario contra el suelo, arrastrándolo como si fuera un rinoceronte, buscando deshacerse de su gruesa piel.
Siete segundos.
El Kasai livera sus fauces antes de que Mario pueda lanzar otra bola de fuego a su interior. El fontanero tiene todo el traje hecho girones y nota como las fuerzas de la estrella lo abandonan.
Un segundo.
Mario arremete, salta hacia delante con una bola de fuego en la mano, el Kasai arremete también, notando de inmediato como Mario pierde su brillo.
¡Zas!
El lateral sano de la mandíbula del Kasai atrapa a Mario al vuelo por el abdomen, todos sus huesos se parten y Mario apenas vive el tiempo suficiente para ver como el saurio lo recoloca con un movimiento de cabeza y en el siguiente mordisco aplasta su cabeza, para así tragar su cuerpo.
El Kasai pisa la colina que tiene cerca, y ruje victorioso entre las llamas de un prado.
Fin.
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Pinkie Pie VS El chupacabras.
- Estamos esperando demasiado tiempo - dijo Apple Jack, golpeando con su casco en la mesa de reuniones. - Las desapariciones de 12 ponis ya eran preocupantes, pero esto no tiene nombre, 30 cerdos muertos en una sola noche, y Rainbow Dash sigue desaparecida.
Ponyville distaba de ser el pueblo seguro que una vez fue, por eso, los pueblerinos se habían organizado en el edificio de la alcaldía para tratar de encontrar una solución.
- Ángel y yo tenemos mucho miedo - dijo Flutershy lo menos tímidamente que pudo. - He visto a una criatura horrible y escamosa moverse cerca de mi casa, puede que venga a por mis animales, los he mandado a todos a refugios lejanos, pero no me puedo deshacer de Ángel, a él lo quiero mucho.
- ¡Hay asuntos más graves que un estúpido conejo! - gritó Bon Bon en tono exigente desde la otra punta de la mesa. - Lyra fue la primera en desaparecer, no hay ni rastro de ella ni en el pueblo ni en Canterlot, esto es una emergencia digna de la Princesa Celestia, hay que llamarla y que venga a hacer algo.
Twilight y la alcaldesa intentaron mediar entre los presentes sin éxito alguno.
¡Buum!
Todo quedó en silencio cuando reventó un cañón de confeti, las miradas se dirigieron hacia quien lo había hecho estallar.
- Parece mentira que tenga que ser yo quien lo diga, pero podemos ser serios por 5 minutos - espetó Pinkie Pie, su ceño fruncido revisando cada movimiento de la sala. - Lo creáis o no, yo soy la más perjudicada aquí, con tanto desorden ya nadie quiere hacer fiestas. ¿Sabéis qué es lo peor para estás situaciones? Llamar a una autoridad para que se preocupe también, ¿Es que no habéis escuchado nunca "mucha policía poca diversión"?
La tensión se hizo todavía más cargada, todo tenía que estar yendo muy mal si la pony que representaba las risas se estaba poniendo seria.
- ¿Qué sugieres que hagamos entonces, querida? - preguntó Rarity.
- No lo sé, pero esto no nos está ocurriendo solo a nosotros, ya sabéis de los incidentes que está sufriendo Ecuestria, incluso se ha reportado una desaparición en el reino de los grifos - Pinkie llevó su casco a la frente y frotó para centrarse. - Con Rainbow Dash desaparecida, ni siquiera podríamos usar los elementos de la armonía para encontrar una solución al problema, traer a Celestia para que ponga el lugar patas arriba, cuando ni siquiera nosotras sabemos que buscamos, puede ser peor.
- Pinkie tiene razón - dijo Twilight al frente de todos. - Apple Jack, Rarity, junto conmigo, iniciaremos una batida esta noche para tratar de encontrar a la criatura que está causando problemas. Pinkie, Fluttershy, ustedes quédense en el pueblo, investigando por si esa criatura ataca, ¿Os parece bien?
Todos aceptaron a regañadientes, no era un buen plan, pero era lo mejor que tenían.
***
Al caer la noche, la batida de caza partió para tratar de encontrar a la criatura responsable, nadie la había visto caminar sigilosamente por los tejados mientras seguía el ritmo de la pony más vulnerable que había encontrado, Fluttershy.
La criatura al acecho era el chupacabras, y miraba como la pegaso amarilla abrazaba a su pequeño conejo entre sus cascos mientras volaba lo más rápido que podía hacia una pastelería.
Pinkie estaba en la puerta esperándola y saludó efusivamente mientras miraba satisfecha en todas direcciones. - Me alegro muchísimo de que hayas podido llegar sana y salva, amiga.
- Si, tuve mucho miedo, el camino estaba oscuro y Ángel no quería abandonar la seguridad de su cama, pero le convencí de que conmigo estaría más seguro que solo en el bosque.
- Eso es maravilloso, entra entra - dijo Pinkie mientras la empujaba, dejó la puerta abierta.
- ¿Qué sucede Pinkie Pie? ¿Por qué estás tan emocionada?
- Tú solo espera aquí, no te muevas ni un solo paso hacia atrás - dijo Pinkie, disimulando una amenaza cuando clavó a su amiga en la alfombra de la entrada y luego se fue corriendo.
Fluttershy no entendió, abrazó a Ángel temblando por el miedo, y estuvo así diez segundos en los que no supo nada de su amiga rosa. Tal era el sonido de sus huesos temblando que no escuchó a la criatura que caminaba hacia ella por su espalda, agachada y segura de dar un golpe sorpresa que acabara con equino y conejo.
Cuando el chupacabras estaba a centímetros de la pegaso, listo para saltar, una trampilla se abrió a sus pies, se envolvió en la alfombra, y cayó 7 metros como si fuera una cesta para regalo.
Fluttershy pegó un grito, pero al girarse solo faltaba la alfombra bajo sus pies, la trampilla se había abierto y cerrado tan rápido que solo escuchó el clap.
- ¿Pinkie? ¿Has sido tú? - preguntó mientras temblaba y abrazaba a su conejo que también temblaba.
***
Si, había sido Pinkie, sabía que el chupacabras atacaría a Fluttershy y le tendió una trampa en su propia casa.
***
El chupacabras cae con un golpe sordo pero sin daños, sus garras cortan la alfombra y se libera para ver que se encuentra en un extraño cuarto donde hay una gran placa de metal, una mesa de costuras y varias herramientas de cocina y quiroprácticos en un armario empotrado en la pared.
- Vaya, vaya, así que tú eres la criatura que ha estado jodiendo a mis amigas - dice una voz desde algún lugar. - ¿Es que no sabes que tomar cosas de otro sin permiso está mal? ¿Tú mamá no te enseñó modales?
El sitio estaba demasiado oscuro. El chupacabras se para sobre sus patas traseras, escruta la oscuridad esperando su momento.
Pinkie acecha desde la oscuridad de una esquina, cubierta por unas cortinas, acercándose con paso muy lento a la espalda del chupacabras.
La criatura gira al detectar el mínimo paso y Pinkie escucha una perturbadora voz en su mente que dice; "Yo no soy la presa aquí".
El chupacabras salta, sus patas delanteras con sus garras por delante, pilla a Pinkie por sorpresa, que no puede moverse a tiempo y es alcanzada en su gruta.
El chupacabras clava las dagas de sus dedos a través de los músculos de Pinkie, perforando 10 cm y llenándose de sangre. La pony en lugar de asustarse sonríe y sin perder una gota de efusividad, salta hacia atrás, estrellando al chupacabras contra la pared.
Pinkie salta tres veces más, el chupacabras se aturde por los impactos, pero no suelta a su presa. Entonces alza la mano izquierda, y entierra sus garras en la pata zurda de la pony.
- ¡Ay, cabrón! - grita Pinkie enojada.
La pony consigue recolocar sus patas y efectúa una buena coz en el vientre de la criatura, sacándola por los aires y estrellándola en la mesa de madera donde dejaba las pieles de los otros civiles.
La mesa se vuelca y parte de ella se rompe mientras Pinkie se preocupa de poder plantar bien su pata. La puñalada fue superficial, aunque la sangre brota, no hay ninguna lesión o hueso roto.
Pinkie pone esto a prueba de inmediato, pues salta y cae desperdigando todas las astillas de la mesa. El chupacabras la imita, salta por ella pero pasa de largo tras darle un corte en toda la espalda.
Pinkie se muerde un labio por el dolor, pero gira con su cola, los pelos de la misma enredan al chupacabras, como si fuera un saltamontes en algodón de azúcar, y lo suelta para que se estrelle directamente contra el armario, tirando cuchillos, bisturís, sierras y jeringuillas por el suelo.
"¡Ya basta!", grita la voz mental del chupacabras causando una hipnótica parálisis en la pony que iba por él.
Pinkie empezó a notar que le fallaban un poco los cuartos delanteros y le dolía la cabeza, el chupacabras empezó a avanzar como un lobo hacia un cabritillo, ya era suya.
La criatura saltó, clavó sus garras diestras en la pata de Pinkie, las zurdas en la cara, y la estrelló contra el suelo entre sus herramientas y su sangre.
No le quitaba los ojos de encima a aquellos ojos equinos, adelantó la cabeza y clavó la trompa de su cara en el cuello de Pinkie, empezando a absorber rápidamente.
La pony pasó por un frenesí de emociones, hasta que con su único casco bueno tomó un bisturí del suelo, entonces soltó un grito gutural mientras que atacaba con un corte de cirujano a la boca de aquella criatura que subcionaba su sangre.
El chupacabras agoniza con un gemido, clava sus garras traseras en el estómago de Pinkie, pero no pasan de daños superficiales. En cambio, el pony cubierto de su propia sangre, toma un cuchillo del suelo y lo hunde en el hombro derecho de la criatura mientras lo empuja, sacándole de encima suya.
- Jajaja, esa ha sido buena - dice Pinkie, el pelo revuelto sobre su cara. - Pero no he contado mi último chiste.
Con la pata que menos le tiembla, Pinkie toma una jeringa de adrenalina del suelo y se la clava en el pecho a sí misma, recupera todas las fuerzas de golpe y su sonrisa se ensancha a niveles insospechados.
- Te voy a hacer puré - dice la rosada entre dientes. - Es una Pinkie promesa.
El chupacabras logra incorporarse a duras penas, su boca sangra y no puede mover un brazo, pero si va a caer, será llevándose a esa molesta criatura con él.
Salta con sus dos garras hacia delante mientras grita a la mente de Pinkie, ella se abalanza por él con mil ideas en la cabeza sin orden ni concierto. Los reflejos de la potra son mejores, atrapa a la criatura de su brazo herido y dice; "piensa rápido", antes de que se escuche como separa brutalmente carne y hueso.
El chupacabras se tambalea, sus dos patas traseras ya no le sostienen y cae de boca contra el suelo.
Pinkie se ríe, es una emoción que durará más que los 20 minutos que se divirtió con Rainbow. Levanta a la criatura, la pone en su mesa de metal, amarrando con correas su brazo y sus dos pies.
Ahora no piensa en Fluttershy ni en las sospechas que puede levantar, eso ya será problema de la Pinkie del futuro. Inyecta adrenalina en el pecho del moribundo chupacabras, solo para que se despierte y la observe enterrando un cuchillo en sus tripas.
- Ya no hay salvación para ti - dice Pinkie con una sonrisa macabra. - Eres ganado importado, y haré contigo el mejor cupcake que Ponyville verá en siglos.
Nunca más se volvió a saber del chupacabras, ni en Ecuestria ni en ningún lado.
Fin.
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Tails Doll VS el Yeti.
""Ven al Himalaya", decían. "Será divertido", decían. Puta mierda, me divierto tanto como un puma en el polo", maldijo el explorador para sus adentros. "Cómo esa puta cabaña no tenga electricidad, me voy a cabrear".
Abrió una pequeña casa que estaba a los pies de la montaña a ras del suelo, en una zona poco nevada cercana a un río y rodeada de yaks. Podría no parecer mucho, pero podría ser suficiente.
Dentro no había una chimenea, ni una nevera con comida, pero había un televisor de tubo, una cama cómoda en la que podría pasar la noche, todo iluminado desde una sola ventana. Era un lugar demasiado raro y específico, pero el explorador no tenía ni tiempo ni ganas de pensar.
Se tumbó en la cama, y pudo ver que sobre la madera del suelo estaba una videoconsola con un cartucho ya puesto. La consola era una Sega Saturn, y el juego en cuestión era Sonic R.
"Podría echar una partida antes de dormir", pensó.
Inició el juego, al parecer ya estaba completo, sólo quedaba una cosa por desbloquear, era un personaje de la pista Resort Island, esa donde sonaba la canción "Can you feel the sunshine?". Le dio a iniciar carrera.
Mientras tanto fuera, unos yaks empezaron a mugir y correr, una gigantesca bestia humanoide los atacó. Primero se lanzó a por el más grande, lo agarró por el cuello y le partió las vértebras.
Los yaks más jóvenes salieron despavoridos en manada, pero el yeti no tardó nada en acorralar a uno que se vio forzado a saltar a través de la ventana de la casa. Se quedó encerrado dentro y nada pudo hacer cuando el yeti saltó para seguirlo y lo partió en dos con un poderoso agarre.
El yeti empezó a digerir las vísceras del animal, mientras no dejaba de escuchar una melodía en bucle que salía de la televisión.
La sala empezó a llenarse de una luz muy fuerte, que no dejaba al yeti tranquilo. Entonces se giró y vio el cuerpo de un hombre muerto, ojos desorbitados y espuma por la boca. Lo último que había visto era la pantalla de la televisión, que seguía brillando y sacando sonido.
El yeti gruñó, no le gustaban esos colores, le hacían daño en los ojos, tomó la caja metálica que lanzaba esa condenada música y la estrelló contra el suelo, partiendo además la vídeo consola y el cartucho.
El abominable hombre de las nieves se giró para seguir con su comida, pero escuchó a su espalda como los restos de la televisión se movían, de ellos salió levitando una criatura nunca antes vista por sus ojos.
Era pequeño, como un peluche, parecía un oso de felpa con garras y ojos inyectados en sangre. Cargaba en una mano un machete y en la otra un hacha.
- Al fin libre - dijo el demonio. - ¡El reinado de T.D será imparable ahora! Para probarlo, acabaré contigo.
El yeti reacciona rápido, gruñe con todas sus fuerzas a aquél extraño peluche, que no esperaba un sonido tan alto. T D se distrae y el yeti le da un manotazo con el reverso de la mano, estrellándole contra la pared del fondo.
- ¡Aaaa! - Tails agoniza por la fuerza bendita del yeti.
El abominable hombre de las nieves lanza un puñetazo, pero Tails Doll lo esquiva volando hasta el techo. Apenas se aleja de los dos metros del yeti, pero cuando este salta para aferrarlo, Tails deja caer su machete con un golpe en ángulo, cortando el dedo índice del hombre de las nieves.
El yeti agoniza con toda su fuerza gutural, Tails embiste desde el techo, directo a por el pecho con el filo por delante, pero el yeti lo evita con una especie de finta.
Sin pensarlo mucho, agarra el cuerpo del jack de una pata, cuál si fuera un bate contra una piñata, lo estrella contra Tails Doll. El peluche maldito se cubre, el impacto apenas lo mueve del sitio, pero tiene que quitarse los restos de tripas y sangre de la cara para ver cómo el yeti sale corriendo por la ventana, al parecer ha tenido suficiente, pero Tails no.
Machete en mano, corre hacia el yeti, que escapa a cuatro patas dejando huellas profundas en la nieve. Tails está por atraparlo, flota a ras del suelo, dispuesto a dar un profundo corte en los tobillos, pero el hombre de las nieves levanta con todas sus fuerzas el pie, tirando nieve en la cara de Tails.
El zorro maldice, el yeti gira y se para sobre sus patas traseras. Tails esquiva un puño que le cae con la ira de un recto de boxeo, pero no puede esquivar el siguiente que parece salir de ninguna parte. El golpe va directo a la cabeza y estrella su cuerpo de poco peso contra un árbol cercano.
T D recupera la lucidez al escuchar el rugido del yeti abalanzándose hacia él que se tira con un golpe de dos brazos, como el golpe de un gorila. T D consigue posicionarse en medio, sin soltar el machete, cae y atraviesa todo el tobillo de la bestia peluda.
El yeti agoniza de dolor, su poderosa mandíbula encuentra venganza mordiendo la antena de Tails Doll. Mientras trata de soltarse, una aura divina desconocida le recorre todo el cuerpo hasta que el yeti da un tirón final y le saca la antena de cuajo.
T D agoniza, esquiva dos volados del yeti, pero no puede esquivar un tercero que le da en caída libre estampándole contra la nieve. Con el cuerpo sangrando y el pensamiento moribundo, nada puede hacer cuando el yeti sigue su lluvia de mazazos, uno tras otro, uno tras otro.
El brillo de los ojos de Tails empieza a desvanecerse, intenta lanzar su maldición contra el abominable hombre de las nieves, este levanta sus dos puños por detrás de la cabeza. La maldición falla, es como si el yeti fuera un ser divino, ya nada importa, el último golpe cae, T D revienta como un sapo contra un martillazo.
El yeti vuelve a poner en pie su imponente figura, ahora tendrá que buscar a otro yack, esta pelea le ha abierto el apetito.
Fin.
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El hombre lagarto de El Verde vs Hatsune Alfa.
Altas horas de la noche, luces largas, radio con canciones japonesas a volumen moderado y el motor a mil por hora. Quién condujera llevaba prisa, se saltaba los stop y tomaba con mucha inercia las curvas.
¡Bum!
Los neumáticos traseros y delanteros reventaron cuando pasó sobre una pesada rama espinosa que alguien había tirado en medio de la carretera. La bromita le iba a costar sus buenos dineros a quien conducía el coche. Aunque la economía sería el menor de sus problemas en esta situación.
- Hola, ¿Hay alguien ahí? - dijo una voz de niño que la persona al volante notó como si la hubieran implantado en su mente. - Me he perdido, ¿Podrían llevarme a casa?
La persona al volante dio un golpe contra la guantera, se abrió la cajetilla y allí encontró el instrumento de deporte que quería.
La noche estaba oscura como boca de lobo, los faros del coche no alumbraban a más de 5 metros en la lejanía, y de un lateral derecho de los árboles, empezó a acercarse una criatura con escamas verdes de reptil de solo tres dedos en cada mano. Andaba vacilante, casi al mismo ritmo que la canción que se escuchaba en la radio.
El hombre verde puso una mano en el cristal de la puerta trasera, miró a través de él y encontró un cuerpo envuelto en mantas. Sus uñas se frotaron en el cristal como un bisturí, apretó la ventana y saltaron cristales tanto hacia dentro como hacía fuera.
Los ojos de aquella criatura delgada y de dos metros se fijaron en la figura envuelta antes de respirar profundamente y notar un olor nauseabundo saliendo de una cabeza aplastada y teñida de rojo.
El verde no pudo procesar dicha información cuando sus sentidos se alertaron, la música de la radio subió a todo volumen por sí sola. Era una melodía arrítmica y desentonada de palabras en inglés que seguían el ritmo de "Levan Polka".
La puerta del piloto se abrió, la conductora salió girando, bate sujeto con ambas manos, le arreó un palazo a la criatura verde en todo el sacro coxis, causando que está espetara un alarido impropio de cualquier animal terrestre que haya pisado la tierra.
Pelo despeinado, ropa echa girones y una cara de loca que no puede ocultar, esa es Hatsune Alfa que retira su bate para que vuelva a tomar inercia. El hombre lagarto mete tripa saltando hacia atrás, y el golpe da contra la carrocería del coche, abollando la puerta.
La mano del hombre lagarto sale como un resorte, atrapa a Alfa del cuello y las tres garras aprietan. Ella muerde las escamas, pero él no lo siente. La levanta y, ¡Paz! Estrella su cara de boca contra el suelo.
La música se detiene en el instante en el cual múltiples de las esquirlas del cristal polimerizado se clavan en el rostro de alfa. Su cuerpo afloja fuerzas y suelta el bate.
El hombre lagarto, sin soltar su agarre, levanta el rostro sangriento y mira a ese pelo de fregona mal tintado, aún respira.
En el momento en que Alfa abre los ojos la música de la radio sube a un 200%, pero no solo eso, múltiples alaridos de dolor y lamento resuenan en la cabeza del hombre lagarto. El rostro de Hatsune Alfa cantando se graba en su retina a pesar de que no se corresponde con la realidad y por distraerse, ella patea con fuerza su rodilla, lo que hace que él de un traspié hacia atrás y buscando más equilibrio la suelte.
Su mano derecha va al suelo, pero su mano izquierda se clava en el tanque de gasolina. De un zarpazo al aire trata de tirar este líquido a Hatsune, que lo evita cabeceando hacia delante, al mismo tiempo que agachada toma el bate del suelo. Así retrocede para evitar un zarpazo ascendente que venía desde su derecha.
El hombre lagarto no para, como si sus manos fueran dos oces dispuestas a segar, da otros tres zarpazos mientras Alfa retrocede impulsándose hacia atrás. El tercero da contra el espejo retrovisor izquierdo, no solo lo corta, de plano lo arranca y lo toma entre sus tres dedos.
Lo pone detrás de su cabeza y lo tira como una bola rápida, alfa no desperdicia su oportunidad, batea y el espejo vuela directamente contra la cara del hombre lagarto. Mientras este gira la cabeza hacia atrás por el impacto en la frente, Alfa le enchufa otro palazo en las costillas.
La criatura retrocede tres pasos, notando que le faltaba el aire. Las voces en su cabeza aumentan su sonido, en todo este rato no ha dejado de sonar la música distorsionada de la radio, y su mente está bote con bote.
Alfa se recoloca en su posición tanteando la distancia. El hombre lagarto grita, si quiere ganar, necesita paz y tranquilidad, para ello primero tiene que lograr que esa música se detenga. Es entonces cuando nota la gasolina a sus pies.
Al hacer eso mira hacia abajo, Alfa cree que es el momento perfecto para entrar. Su golpe viene en arco descendente y el hombre lagarto con sus garras por delante saca una bolea desde el suelo que hace saltar chispas en el concreto.
¡Cras!
En el choque los dedos del hombre lagarto se parten, igual que parte de la cabeza del bate que alfa usaba, pero eso es lo de menos. En los cristales polimerizados del suelo empiezan a reflejarse chispitas de luz que se extienden a gran velocidad, es el fuego al contacto con la gasolina.
Alfa sale corriendo sin mirar atrás, el hombre lagarto también corre en dirección al bosque. Las chispas que ha provocado al raspar el suelo han prendido el combustible y entonces.
¡Bum!
El automóvil estalla por los aires, esa radio infernal por fin detiene su melodía, y ahora, entre los arbustos y los árboles, lo único que ilumina a Alfa es la escasa luz de su coche en llamas.
Hatsune notó su respiración pesada, entonces empezó a toser, fue tan frenético que tuvo que llevarse la mano a la boca, al quitarla tenía la palma llena de sangre.
- ¿E? ¿Qué? - parecía notar mareos y su piel brillaba un poco, era como si se hubiera frotado con radiación.
Lo que más le dolía eran las heridas abiertas del cuello, y no tardó mucho en unir los puntos, ese lagarto era radioactivo.
"Te puedo ver", le susurró una voz de su mente que venía de la izquierda.
Alfa se giró en esa dirección, el lagarto salió de los arbustos, justo desde un punto ciego a su derecha. Cuando Hatsune quiso apartarse del sonido de las hojas, la criatura le dio una tarascada en su brazo derecho.
Alfa proyectó con más fuerza los gritos en la mente, el lagarto intentó contrarrestarlos pero eran demasiados y no se pausaban. Aún aturdido, ya no quería dejar que Alfa escapara, dio una dentada hacia delante, ella se protegió con el bate en horizontal y él lo rompió, llenándose la boca de astillas.
El lagarto gimió y cabeceó hacia atrás, Alfa pateó donde debían estar los genitales, pero la criatura no se agachó, aunque sintió el golpe.
Volvió a tratar de morderla, esta vez ella bateó con los restos de su arma, todas sus fuerzas en un último golpe.
¡Crack!
Mandíbula y bate se partieron, el brazo de Hatsune resintió todo el golpe, por poco se le sale la bola del hombro. Pero el que peor estaba era el hombre lagarto, aún dolido, escuchando gritos y boca arriba, esperando a que esto acabara.
Alfa tomó lo poco que quedaba del mango de su bate en su mano izquierda, su único brazo que seguía sano y fuerte. Lo tomó como si fuera un picahielos y se puso sobre el lagarto. Mirando reflejaba un odio que hacía siete años que no sentía por nadie.
Hatsune Alfa descargó golpes repetidamente hacia la cabeza del hombre lagarto hasta que hizo de su cráneo un cuenco que servía para el recipiente de sus sesos.
Volvió a toser, así que estimó que ya había perdido demasiado tiempo, ahora buscaría un bar de carretera, una fosa o cualquier lugar donde descansar o poder caerse muerta, lo que antes ocurriera. No dejaría de sonreír hasta encontrarlo.
Fin.
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Gigante de Afganistán VS encapuchado.
Dos soldados cruzan el desierto de Afganistán montados en un yeet descapotable, en dirección a una cueva perdida que no sale ni en los mapas. Miran su posición constantemente en la pantalla del GPS, una tableta elevada en un gancho que les marca el camino.
Hacen un derrape y se bajan en la boca de la cueva, armados cada uno con una metralleta M-16.
- Así que, ¿Creés en eso de los gigantes? - preguntó el primer soldado estadounidense que se bajó.
- Eso son puras perras mamadas - respondió agresivamente el segundo, dejando brotar su acento hispano.
Años atrás, le había llegado un mensaje de muerte desde el averno, se enlistó en el ejército para estar lejos de casa, y ahora se arrepentía por haberse creído esas patrañas.
El gringo decidió no presionar, lo único peor que estar solo con alguien temperamental armado, es estar solo con alguien temperamental armado y perdidos en Afganistán.
Se adentraron 7 metros en la cueva, no muy lejos de la luz soporífera de la entrada, apuntaban a todos lados, siempre buscando cubrirse los puntos ciegos, pues dado que la luz entraba en diagonal por una sola apertura, era difícil ver algunas esquinas, tapadas por penumbras que llegaban hasta los seis metros.
Unas piedras se movieron a la entrada de la cueva.
- ¿Qué ha sido eso? - el gringo se giró y apuntó.
Un grito innaturalmente fuerte salió de la sombra a su espalda, un gigante de tres metros y medio apuñaló al soldado con un tronco afilado que usaba como arma.
El soldado hispano recibió un guantazo en el pecho que le estrelló contra la pared, rompiendo su metralleta. Ese era el menor de sus problemas, a contraluz de la entrada estaba un encapuchado que había venido para mandar su alma al infierno.
Sus dedos perforaron piel y hueso, y sacó las costillas del militar como si de simples ramas hundidas en barro se tratasen. Luego se limpió las manos en la tela de su propio pecho.
El gigante puso su lanza rudimentaria en una posición recta, la punta amenazando al encapuchado que parecía no albergar cara debajo de esas sombras.
- Me has visto, y también morirás - dice el recién llegado.
El encapuchado atrapó los dos pedazos del arma del soldado hispano y los lanzó contra el gigante. Este engañaba a la vista, pese a su descomunal tamaño, era ágil y en dos zancadas se desplazó para evitar los dos trozos y estar frente a su oponente.
Esgrimió el palo con una mano y dio una estocada, el encapuchado se apartó medio segundo antes, notando el aire residual empujar sus pantalones. Tuvo que tomar distancia a zancadas mientras evitaba ataques horizontales y descendentes desde fuera del perímetro.
El encapuchado terminó pisando el cuerpo del soldado estadounidense, se agachó esquivando un palazo que iba hacia su cabeza y tomó el arma del militar. El afgano intentó estocadas más frenéticas, buscando cabeza, costillas o piernas, pero el encapuchado retrocedió a gran velocidad corriendo de espaldas hasta estar a un metro de la salida de la cueva.
Entonces, con el dedo en el gatillo y el gigante gruñendo a dos metros, abrió fuego sin piedad alguna. El palo era el único atisbo de protección que el gigante tenía, y lo movió de derecha a izquierda en horizontal mientras las balas le impactaban, levantando mellas en su piel.
¡Chis! ¡Chis! Así sonó el cargador vacío.
El gigante gritó con rabia al mismo tiempo que lanzaba otra estocada directamente al abdomen. El encapuchado pivota para esquivarlo, pero parte de la punta roza y abre superficialmente su piel antes de incrustarse el la roca sólida de la cueva, quedando atorada.
Inmune a la posible hemorragia, el encapuchado acomete directamente contra la mano derecha del gigante cuando trata de retirar su arma. Aferra sus dedos a los tendones que había dejado expuestos por la lluvia de balazos y tira de la piel, despellejando parte de la muñeca mientras tiñe más de rojo su vestimenta.
Lejos de gritar, el afgano aprieta los dientes, soltando un recto con la mano contraria que abarca tres cuartas partes del tren superior del encapuchado. Toda su espalda cruje al chocar con la cueva, pivota con otra finta, evitando una patada frontal, se agarra a la rodilla y tirando de ella se impulsa, llegando justo en un ángulo muerto.
El afgano gira la cabeza, es incapaz de telegrafiar un gancho en las costillas. Gruñe, pero contra golpea con un volado de izquierda cuando el encapuchado le entierra un puño en los pulmones.
Todo el cuerpo del encapuchado es empujado como si no pesara más que una pluma. El afgano le ha enganchado bien, moviéndolo para que se estrelle de espaldas contra su palo atorado.
Cientos de astillas saltan en todas direcciones, el encapuchado se pierde más allá de la salida de la cueva, y choca contra el yeet militar.
El afgano sale a que le dé la luz del desierto, ambos brazos alzados para intimidar, pero no ve al encapuchado por ningún lado.
Entonces sus ojos se enfocan en una pantalla, en la misma salen varias imágenes de policías muertos, todo termina con el encapuchado y sus manos sangrientas mirando a cámara. - Sigues tú - le dice.
El afgano no entendió el idioma, pero si la amenaza, asique dio un puñetazo que atravesó toda la pantalla plana que era apenas tres pulgadas más ancha que su puño.
- ¡Aaargara! - grita cuando los cristales de la pantalla cortan su mano ya de por sí sensible por la muñeca abierta.
El encapuchado salió de detrás de los asientos, fuera de la visión centrada del gigante. La plastó la parte de arriba de la pantalla contra la mano, como si fuera un cepo para osos, así mismo se impulsó y dio un rodillazo en la mandíbula del gigante.
Este con su mano libre lo aplastó como a un bicho contra el suelo del yeet mientras gruñía ya cansado.
Volvió a alzar su puño bueno, iba a dejarlo caer como un martillo, pero el encapuchado fue más rápido, abrió la puerta de una patada y la misma le golpeó en la entrepierna y el esófago, obligando al afgano a retroceder mientras se quedaba sin aire.
Esto es un todo o nada.
El encapuchado salta, sus dos manos se incrustan en las costillas del afgano, no solo le atraviesa la piel, de plano le daña hasta el alma. El gigante corresponde la fuerza empujando con su única mano buena, abarcando el 50% del tren inferior.
Ambos empujan, el gigante se desangra de la muñeca y las mellas de bala. El encapuchado de sus astillas en la espalda y huesos rotos.
¡Spraff!
El encapuchado deja de hacer fuerza cuando el afgano consigue separarle de su piel, la rabia de sus ojos no se puede expresar con palabras, menos cuando lo levanta y lo revienta contra el vehículo, llevándose este mismo de corbata.
Partiendo este automóvil a la mitad, levanta una de las partes y, ¡Puff! Aplasta el ya de por sí cuerpo inerte de su adversario.
El afgano escupe en el charco de sangre que antes había sido su rival y se vuelve caminando a la profundidad de su cueva.
Fin.
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Hypno VS Mothman.
Ya eran muy altas horas de la noche, la luna brillaba en el cielo en su plenitud, haciendo de aquel bosque de árboles secos un espléndido claro por donde una niña corría tras haberse perdido.
Llegó hasta la periferia del bosque, una zona de pared montañosa, se alegró por ello, ahora solo tenía que seguir recta por la izquierda para llegar a su pueblo.
De pronto, de una gruta profunda en la cueva, se empezó a escuchar una canción que parecía meterla en un trance. "Y si paso la noche en esa cueva antes de volver a casa, así estaré asalvo".
La pequeña miró el largo camino que le quedaba por delante, pero en lugar de ver una caminata de tierra recta y segura, vio una criatura gigantesca, negra y que la miraba con unos ojos encendidos en tanto brillo que parecía fuego.
Ella pestañeó, eso tendría que haber sido una señal, no había visto a ese pokémon en su vida, quedarse por ahí sería peligroso, así que echó a correr en dirección a su pueblo sin mirar atrás.
Hypno sale de la cueva, mirando con odio como la niña se ha escapado antes de que pudiera atraparla.
Miró entonces a lo alto de una de las copas de los árboles, a 15 metros de altura, en la punta más alta y a contraluz de la luna, estaba una figura humanoide de 2 metros con más músculo que cualquier culturista, dos imponentes alas pegadas a sus brazos y la misma mirada roja que vio la chica. Era Mothman.
Hipno no sabía que era, pero lo consideró hostil, recargó una bola sombra en la mano contraria a la de su péndulo y la lanzó con una total intención asesina.
¡Pum!
En el impacto, la rama voló por los aires, el árbol tembló y se sacudió, levantando el polvo que había pasado por tanto tiempo en su corteza. Pero ningún cuerpo cayó de él, pues la esfera de sombras no dio en su objetivo.
En un simple batir de alas, Mothman ya estaba sobre él, en otro, cae en picada, su pierna por delante, llegando hasta el pecho del Pokémon y cortando su piel amarilla con las garras de sus patas.
Hipno se sorprende, con dos pasos se echa atrás, pero sigue al alcance de Mothman, que ataca con su pie como si fueran las patas de una garza, golpeando la rotula derecha del amarillo y haciendo que se tambalee.
Hipno echa un alarido de rencor, lanza su ataque de confusión pero falla pues no hay ningún enemigo delante de sus ojos. El Mothman no había desaparecido, estaba detrás de él, pateó su columna empujándolo hacia delante, y cuando el pokémon se giró tratando de golpear con su codo, el Mothman lo atrapó del brazo con una sola pata y echó a volar tan rápido, que lo próximo que notó Hipno a parte del aire a presión, fueron las ramas que se partían en su cara, mientras el hombre polilla vuela entre los árboles, estrellándole a propósito.
Volvieron a compartir miradas, Hipno con una nariz rota y cortaduras por las ramas no perdió el tiempo, lanzó una parálisis que tomó por sorpresa al hombre polilla. Todos sus músculos se engarrotaron y más que planear calló a plomo 12 metros contra el suelo.
En caída libre, Hipno lanzó una bola sombra, dio en el pecho del alado y la onda de choque los sacó volando a los dos en direcciones opuestas.
Hipno cayó a los pies de la cueva, y vio como Mothman salía de la nube de polvo generada, tomando altura de nuevo. Nunca le ganaría a cielo descubierto, tenía que cambiar el terreno a su favor así que corrió dentro de la cueva, buscando la ubicación más profunda.
No llegó muy lejos cuando toda la luz que entraba se fue, la enorme envergadura de Mothman con alas extendidas y las líneas irregulares de las rocas habían tapado completamente la luz, Hipno no veía prácticamente nada.
El hombre polilla se había mimetizado perfectamente con la oscuridad, temiendo un ataque sorpresa antes de que sus ojos se adaptaran, Hipno empezó a lanzar bolas sombras en todas las direcciones, hasta que vio como una sombra se desplazó, dejando que entraran unos pequeños rayos de luz a la cueva.
La sombra arremetió contra él, dándole un fuerte corte en el brazo y poniéndose a su espalda. Hipno lanzó varios puñetazos en bolea tan torpemente que estaban a kilómetros de acertar a Mothman, que se movía con gracia y se camuflaba con las sombras.
Eso fue suficiente, Hipno repitió su ataque, múltiples bolas sombra, contra las paredes y el techo. Cuando parte de la cueva se derrumbó, el hombre polilla quedó arrinconado, entonces Hipno usó su telequinesis, no contra él, sino contra múltiples cuerdas que había estado guardando para sus fechorías.
Mothman pudo esquivar algunas, pero al ser tan pequeñas y estar él en un espacio tan reducido, no pudo maniobrar, dos lo engancharon de las patas y lo azotaron contra el suelo mientras tres más inmovilizaban sus alas y su cuello.
Hipno empezó a sonreír, mientras movía su péndulo confundiendo a Mothman que empezaba a no saber ni dónde estaba, así preparaba un bostezo que dejaría al hombre polilla totalmente indefenso. Lo que no hubiera esperado jamás fue el potente chirrido que Mothman liberó por su boca, un alarido de 300 decibelios que se amplificó con el eco de la cueva y detonó los tímpanos del pokémon.
Hipno usa sus últimas fuerzas para apretar las cuerdas, fracturando un ala de Mothman, pero este con un fuerte aleteo, lleva la arena del suelo a los ojos del pokémon dejándolo ciego y aturdido el tiempo suficiente para darle un patadón en la cabeza que lo lanza contra el techo y lo deja tendido en la pila de escombros que él mismo provocó.
Hipno recupera la conciencia unos segundos después, pero Mothman solo está ahí quieto frente a él, por lo menos a 6 metros de distancia, juzgándolo con las dos linternas rojas que tiene por ojos.
Hipno toma su péndulo del suelo, polvoriento y lleno de las gotas de sangre que le caen de su cara con heridas abiertas, parece que quiere recargar otro bola sombra. Entonces nota la tierra que le cae del techo, mira arriba y ve todo fragmentado, a punto de derrumbarse.
Intenta echar a correr, pero su rodilla se disloca y cae de bruces contra el suelo, su propio peso le ha terminado de romper la rodilla que Mothman le dañó al principio de la pelea.
Él sabía cómo iba a terminar todo desde el principio, así que solo esperó hasta ver cómo las 5 toneladas de piedra caían sobre Hipno, aplastándole y dejando de él solo un mal recuerdo y una aterradora leyenda.
Una vez presenciado eso, Mothman emprendió su vuelo hacia la noche.
Fin.
Smile dog VS Skinwalker.
Había pasado un día entero desde que ella regresó de la ciudad y vio esa imagen en un correo, ese perro de mierda no dejaba de aparecer frente a ella cada vez que pestañeaba, por eso pensó que acampar una noche al aire libre sería una buena idea.
Había llegado a un lago interior con un agua tan cristalina que reflejaba el cielo y sus estrellas. Se había instalado a una corta caminata de la orilla con una hoguera y una tienda de campaña clavada al suelo.
"Supongo que me limpiaré la cara antes de ir por más ramas", pensó.
Se miró en el reflejo del lago, agradeció no ver a ningún perro sonriente, solo estaba ella, su pelo marrón y sus ojos brillantes... ¿Un momento, porque sus ojos brillan?
Ella se echó hacia atrás, cayó de culo y se asustó, mientras unas manos invertidas salían del lago. Una criatura, casi tan humanoide como un cadáver descompuesto, se puso frente a ella y la paralizó.
Empezó a notar cómo esa criatura se metía en su mente, registraba sus miedos y los consumía. Ella sabía lo que era, un skinwalker, ya no había forma de huir.
"Riégalo", dijo una repentina voz en la mente del trotapieles.
Este sacude la cabeza por la sorpresa, mira a sus alrededores, ¿Quién ha dicho eso?
"Riégalo", dice una voz aún más audible, a su espalda.
Ahora sí que gira completamente, entre él y la chica inconsciente, hay un perro siberiano con una sonrisa anormalmente grande que le vuelve a exigir una sola cosa: "riégalo".
El skinwalker se descubre incapaz de moverse, cada músculo de su cuerpo parece atado por cadenas invisibles, y ese perro no se calla mientras le sonríe.
"Riégalo", le exige el canino que se tira a él, directo a morder su yugular.
Pero cuando sus mandíbulas se cierran, el aire es el único receptor de las fauces. El skinwalker no está, es como si se hubiera desvanecido en el viento.
Smile dog cae de pie, sus cuatro patas firmes cerca de la orilla del lago, alza ambas orejas y se aparta cuando una garra sale del mismo y se clava en tierra.
Desparramando todo el agua a su alrededor, emergiendo como un colosal primigenio de las profundidades del abismo, un oso pardo de 2 metros de altura y unos ojos sin brillo, ruge al perro en una amenazadora pose a dos patas.
El oso embiste a 56 millas por hora, Smile casi consigue apartarse de su camino, pero una garra derecha le atrapa justo en el costado y lo hace revolcarse con un flanco sangrando.
La bestia parda gira para recolocarse y dar otra acometida, pero una mano pálida y carnosa que parece salida del borde de una fotografía desenfocada, le atrapa la pata y hunde sus uñas en la piel.
El oso ruge, la muerde y destroza el hueso, pero sale otra mano desde la esquina de su campo visual, clavándose está en el ojo.
De pronto, el trota pieles se ve envuelto por múltiples manos que le arañan y desgarran poco a poco. En su campo de visión, lo único que divisa es de nuevo al perro sonriéndole.
La bestia marrón entonces se revuelca por el suelo, aplastando todas las manos y rodando para que lo dejen tranquilo. Al volver a pararse sobre sus cuatro patas, alza la cabeza al cielo y aúlla como los lobos mientras toda su anatomía vuelve a cambiar y su mandíbula se aprieta.
Smile dog no le quita la vista de encima, esa criatura que se forma parece un cruce entre un lobo y un gato, altura de canino y garras felinas, esto será interesante.
Es Smile dog quien arremete, mordiendo la pata delantera hasta llegar al hueso. El trota pieles responde con un mordisco al cuello, una mandíbula tres veces más fuerte, que levanta al hasky y lo estampa contra el suelo.
Antes de que se pueda defender, el skinwalker empieza a desgarrarle el estómago con zarpazos continuos, pero al hacer eso deja descuidada su espalda, una mano similar a las de antes se clava en su columna y el lobo con rasgos felinos gime de dolor.
Smile dog consigue entonces clavar sus afilados dientes en la nariz del skinwalker, lo que hace que retroceda más lamentado.
Dos manos más saltan a su cuello, lo empujan y lo tiran panza arriba. El skinwalker cambia su pata delantera por una mano y la mete dentro de su propia piel mientras agoniza.
Smile dog se ríe de esto, pero voltea la cabeza extrañado. Esa distracción le sale cara, porque el skinwalker consigue lanzarle así una pócima que estrella en su cabeza.
Smile dog no solo gime de dolor mientras retrocede, también porque el skinwalker se levanta con las dos patas de un águila dobladas y da un potente patadón en las costillas a smile dog que lo saca rodando y desperdigando sus intestinos.
El perro parece agonizar mientras tiene convulsiones, el skinwalker está frente a él, aparece de la nada y lo mira decidido a dar el golpe de gracia, pero el perro solo hace más amplia su sonrisa.
"Riégalo", vuelve a decir.
La mente del skinwalker delira solo por esas palabras y empieza a convulsionar, presa de un ataque epiléptico incontrolable.
- Ñiaggg - grita el trota pieles.
Usa su magia contra si mismo, paraliza sus propios músculos, aparta sus propios miedos, y destrozando la otra mitad de su alma, vuelve a ponerse en pie con un cuerpo nuevo. Así, forma una garra de oso y de un zarpazo fino y potente, separa la cabeza de smile dog del resto de su cuerpo.
El pecho lo toma, y lo lanza contra la fogata encendida que los iluminaba escasamente. No quiere saber nada de ese perro, ahora va por la chica, pero... ¿Y la chica?
"Aaauuuuu", los restos del perro empiezan a gemir de dolor pese a no tener cabeza.
El skinwalker lo mira, pero solo ve esa sonrisa macabra. Lo ha entendido muy tarde, esto nunca fue una pelea real, ni siquiera fue una pelea, todo está en su mente.
De pronto se encuentra tumbado en la hierba, su cuerpo convulsionando y dándose cuenta de que la chica que iba a cazar ha salido huyendo hace mucho.
Nota todos sus sentidos embotados, solo una figura se pasa por su mente, ese perro se ríe de él, nada ha sido real.
Echando espuma por la boca cae de frente al lago, sin sentidos, sin fuerzas, sin mente, sin esperanza. El skinwalker se ahogó, hay quien dice que todavía se puede ver su cadáver en el fondo las noches que el cielo solo es iluminado por las estrellas. Eso es cierto, y si escuchas bien también notarás como su cuerpo susurra una palabra; "riégalo".
Fin.
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Zalgo VS Intraterrestre de Popocatépetl.
La Tierra se abrió cuando los heraldos de Zalgo terminaron de cantar, en aquella noche, tomó un mundo completo y lo volvió incompleto, para luego darle forma a su gusto.
Sacó de la tierra legiones forjadas con el llanto de los muertos y arrasó cuanto vio con sus bestias devoradoras de almas, pero al levantar la tierra, perturbó el descanso de las entidades que vivían bajo el monte Popocatépetl.
La lucha fue encarnizada, y legiones enteras se diezmaron. Se dice que en una playa de noche se dio el último encuentro, y así se narran los hechos:
El último de los intraterrestres lanza su esfera de metal, prendida en fuego y con la rabia para quebrantar mundos, destruye a 40 heraldos de Zalgo cuando choca con ellos, pero la esfera no regresa a él.
Una mano tan negra como la noche que se ciñe sobre ellos y con franjas tan rojas como la sangre que ha derramado, detiene aquel contundente objeto y lo destroza al aplastarlo. Era Zalgo, involucrándose personalmente en la guerra.
- "Él llegó", eso proclamaron cuando canté y dejé este planeta roto - dicen cada una de sus 7 bocas en un idioma distinto. - Solo la primera pieza caída en este tablero que hará del cosmos la mayor obra de caos conocida, toda interrupción será castigada con la muerte.
- No tengo temor alguno hacia ti, Zalgo - le contesta el intraterrestre. - por cada hermano mío que has matado, mil de los tuyos han caído. Haré que regreses arrastrándote al pozo putrefacto del que saliste y serás borrado junto a él para que jamás vuelvas.
- Tú lanzas amenazas, yo profecías, tu escueta rebeldía termina ahora.
Zalgo se proyectó en la mente del intraterrestre, este sintió dolores indescriptibles y una fuerza que arrancaba sus ojos. Los cuerpos muertos que le rodeaban cobran vida y sus espadas atraviesan a quien osaba imponerse a Zalgo.
El intraterrestre resiste estoicamente, enlaza su mente al mar y estirando su mano eleva una ola que supera los kilómetros de altura y choca apartando a todos los que lo agreden. A todos menos a Zalgo, que permanece quieto sin alterarse por ese oleaje que podría haber sepultado continentes.
El intraterrestre pisa el suelo con fuerza, levanta otra ola, un muro de agua entre él y Zalgo que evapora de inmediato, formando así una pared de niebla que impide la visión del ente demoníaco.
Zalgo solo extiende su mano izquierda, las llamas de la vela dejan desértico el paraje y parte la niebla. El terreno se despeja, poniéndose frente a frente con su oponente.
El intraterrestre sonríe, del centro de su pecho libera una luz que Zalgo para con el pecho, la misma hace que suelte un alarido desde sus 7 bocas. Esa luz transmite una calma espiritual que supone el antónimo de todo lo que Zalgo es.
En la confusión por el dolor repentino que jamás había sentido, el intraterrestre marcha frente a él con luz en sus dos puños. La mandíbula que Zalgo porta en la cara recibe un potente derechazo, la mano izquierda del ser brillante literalmente le parte la boca del estómago y cuando la mano derecha vuelve a acometer hacia la cabeza, Zalgo la atrapa con la palma de su mano izquierda.
- Desiste - ordena Zalgo.
De un instante a otro, la luz que el intraterrestre emana se vuelve sombra y su brazo empieza a derretirse, como si fuera hielo dentro de un volcán.
- ¡Jamás lo haré! - grita el intraterrestre tomando distancia.
Zalgo le lanza su mano derecha como si fuera un látigo, atrapa su cara desde la frente, deformando su forma para llegar pese a la distancia, y cuando está por arrancar el rostro, el intraterrestre se enlaza al aire y evapora su forma hasta un nivel inferior a lo subatómico, para seguidamente hundirse entre los agujeros de la tierra.
La misma se abrió para Zalgo, e impulsado por una gravedad impropia del planeta en el que estaba, fue consumido hacia sus profundidades. Cuando el terreno se cerró, en lugar de oscurecerse, empezó a brillar, esa luz, de nuevo, obligó a Zalgo a gritar y a retorcerse.
Múltiples manos, tentáculos y fauces salieron de la masa sin forma que era Zalgo, chocando contra las paredes y transformando en oscuridad todo lo que tocaba.
Ya cansado, la esencia misma de Zalgo se ligó a la cueva, y terraformó todo el lugar, volviéndolo una sala en un cristal torturado que no reflejaba la luz.
Zalgo entonces se desplazó evitando un destello que entró por un agujero en la cueva y salió por otro que se cerró a su paso. El ente demoníaco tomó rápidamente una forma más humanoide, un rostro calavérico y una altura que rozaba los tres metros. El calor que en él ardía, lo hacía inmune al frío del lugar que superaba el cero absoluto.
Un destello pasó y le perforó la pierna, Zalgo pareció dejarse caer, y cuando el destello cambió su curso para acometer desde la espalda en una dirección imposible, Zalgo giró con violencia, estrellando su codo en la cara semihumana del intraser.
Su morfología cambió, una boca de dientes grotescos salió y mordió la cara del ser de luz, que lejos de achicarse, reafirmó su postura, y al formar dos pies, estos traían dos punzones que lo clavan al suelo junto a Zalgo.
Con los puños vueltos luz, el intraterrestre pivota con constantes fintas, golpea los costados de Zalgo, buscando algún punto débil, y aunque la materia que forma el cuerpo de Zalgo se deshace, él contragolpea con la misma fuerza.
Ambos se aciertan un recto de derecha en el pecho y todo a su alrededor se destruye, hasta la luna se deshace por la onda expansiva, y solo ellos dos quedan vagando en el espacio.
"Necio, no importa cuánto golpees mi carne o rompas mis huesos. Soy la tormenta de caos en la mente colectiva, jamás podrás acabar conmigo", dice la mente de Zalgo.
"No estarás a la altura de tus palabras", respondió telepáticamente el intraterrestre.
Zalgo entonces se dejó de juegos, del interior de su ser se desató una aberración tan blasfema, que no se han inventado aún conceptos que la describan. Era un rostro redondo, tan oscuro como la cara oculta de la luna, con tentáculos alrededor de unos ojos que llanamente se podrían definir como vacíos.
Tal era el desorden a su alrededor, que el mismo espacio se retorcía y partía para tratar de alejarse de él.
Sus extremidades eran tan colosales que en cada una cabría una estrella muerta, y su ferocidad sería visible desde la otra punta de la galaxia, como un monolito negro en un paraje blanco.
El intraterrestre apartó todo temor de él, enlazó su naturaleza al cosmos y su brazo tuvo el poder de todas las estrellas que forman la Vía Láctea.
De las grietas que rodeaban a Zalgo salieron seres que brillaban emitiendo oscuridad, carecían de ojos y sus bocas sangraban, estaban armados con las espadas hechas de su esperanza muerta. El intraterrestre con tristeza reconoció en ellos el rostro de sus hermanos caídos.
Cargó contra ellos y los años luz se volvieron un paseo, hizo del espacio su espada y del tiempo su escudo. Esquivó una estocada y detuvo en el tiempo a uno de los cadáveres, desarmó a otro que le llegaba por la espalda clavando la garra de su pie en sus muñecas.
50 más lo embistieron a él, y al golpear su puño contra el vacío liberó una supernova que borró hasta los restos de los cuerpos que le atacaban.
La diestra de Zalgo cayó sobre él, estrelló su cuerpo con múltiples cuerpos celestes, Saturno, Júpiter, el Sol, hasta la constelación de Orión fueron destruidas más rápido de lo que se efectúa un parpadeo.
- ¡No me vencerás! - gritó el intraterrestre.
Todo el tiempo se detuvo, tomó un aire que no necesitaba para seguidamente enlazarse al gran atractor, un cúmulo que empujaba mil galaxias. Ahora esa fibra del cosmos era la fibra de sus venas, y con ese don golpeó a Zalgo en una detonación sin precedentes.
¡Big Bang!
Un cuarto del universo observable fue borrado en consecuencia. Pero la grieta en la realidad seguía revocando la mirada de Zalgo, no podía destruirlo, él vendría.
Notó la influencia de Zalgo arrebatando su alma, cerró los ojos y lo vio en su mente.
- ¡Esto termina para ti! - le gritó Zalgo.
- Iba a decir lo mismo - contestó el intraterrestre.
Ambos expandieron su influencia, presente, pasado y futuro se solaparon en un único punto y fluyeron allí donde el tiempo no llega. Uno de los dos se sintió abrumado, estaban en capas del pensamiento que darían un parraque al teórico más competente.
La luz y la sombra chocaron, pero solo uno logró imponerse.
- Se acabó - respondió una voz sin miedo.
El intraterrestre abrió los ojos, volvía a estar en la cima nevada del cerro que tanto amaba, y Zalgo había cerrado su boca para siempre.
Fin.

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