Creepypasta: Sin nombre | Remake 2023.


Interludio primero: Sin nombre.

Bueno, aunque no me crean, no me interesa, solo quiero que mi historia sea historia.

Sin más que decir, comencemos.

Soy un chico normal, o por lo menos lo era, ya sabes, de allá de América Latina, pero no revelaré de adónde. Mis padres trabajaban en la mañana, todos los días, y un sábado que pasó, no sabía a qué jugar, pero recordé mi DS Lite (la habían reparado hace poco porque la pantalla de arriba se había echado a perder).

Bajé al salón, guardaba la consola en un armario bajo la tele. Hacía buen día y las ventanas me permitían ver a través, y así noté la otra calle, había una sombra, y no hablo de una sombra normal, como de un pájaro o un árbol, era un niño, y por su altura, sería de mi edad. Desapareció cuando pestañeé, y me quedé pensando que sería solo un juego de luces por mi reflejo en la ventana.

Pensé en no darle más importancia, tenía mi DS e iba a jugar a mi juego favorito, “Pokémon Mundo Misterioso: exploradores del cielo”, mi avatar era un Riolu, el Pokémon que me representa, y mi compañera una bulpix porque es bonita. Al abrir la pantalla de la consola, vi en mi propio reflejo una sombra detrás de mi, pestañeé y ahora estaba al lado mío.

“O mierda”, pensé cerrando los ojos y respiré hondo. Cuando los abrí la sombra desapareció.

Prendí el DS, haber si así se me iban las malas sensaciones, entonces recordé que la partida donde tenía todo completado al 100 la había borrado días antes de que se me rompiera la pantalla, así que me llevó un par de intentos que me saliera el equipo de Riolu/Bulpix que quería.

Cuando eso ocurrió la DS emitió un sonido, pero pensé que solo era un error por la reparación. Bueno, aunque no lo creas, tenía más ganas de jugar a la DS que de asustarme y dejar de jugar por unos pocos eventos sin explicación. El resto de la campaña principal del juego me llevó toda la mañana y parte de la tarde, serían como las 18:30 cuando lo pasé completo, y cuando estaban saliendo los créditos la DS se apagó.

Me asusté, no por si era un evento paranormal, sino porque podría haberse roto, ya que tenía toda la carga en ese momento. Pensé; “relájate, a lo mejor lo apagué por error”. Lo cierto es que estaba más encabronado que asustado, porque había tenido que leer mucho texto en la parte de la torre del tiempo y ese fue el último lugar donde grabé la partida, tendría que empezar de cero.

Encendí la DS otra vez, el juego se había borrado pese a que el cartucho no había dado problemas antes, y la pantalla superior se puso roja.

- Ay, ay, ay, mamá me va a matar si le pido que me pague una reparación de nuevo - dije.

Pero la pantalla parpadeó, y mostró un escenario nuevo, un lugar oscuro donde solo estaba mi Riolu. Pensé que sería una pantalla secreta, y aunque tenía miedo, me forjé de valor y empecé a jugarlo. No ocorrió nada por dos minutos hasta que Riolu giró su cabeza hacia cámara para mirar directamente a mis ojos, salió un cartel que ponía; “Te has encontrado un terrible destino, ¿Verdad?”.

“O mierda, se han cruzado los canales”, pensé a punto de apagar la consola.

- No apagues la consola o te joderé a ti, tus padres y amigos - me dijo el cartel bajo Riolu.

No puedo decir que estuviera asustado, bueno, algo si, pero estaba más sacado de honda. Así que no reaccioné a tiempo cuando ambas pantallas oscurecieron por completo. Pensando que se había apagado y que podría darme problemas fui a perderla rápido, pero solo solté un grito cuando en la pantalla salió el rostro de mi amigo muerto al mismo tiempo que las puertas y ventanas se cerraban solas en menos de un segundo.

Ahora si estaba teniendo un ataque de pánico, no podía respirar con normalidad y la pantalla seguía mostrando esa cara, la de mi amigo de la infancia, alguien con quien jugaba mucho al “Pokémon Silver” de la Gameboy antes de que muriera. Solo tenía 12 años, mis padres nunca me quisieron decir de qué murió, y en ese momento tenía 14 y tampoco sabía, pero había escuchado que lo encontraron muerto de un ataque epiléptico jugando con su DS, no quería que me pasara eso.

Recuerdo que poco después desperté, ¿Era un sueño? No, ahí estaba la consola, con un mensaje que decía; “la guardaré para siempre”, se refería al alma de mi amigo, “ahora apaga la consola y escóndela o tu vida se agotará poco a poco”. Así hice.

Pasaron 3 días en los que no pude pensar en otra cosa, hasta mi padre se preocupó porque ya no me veía feliz, y mi madre también por eso y porque no comía bien. Yo no les dije nada, solo que estaba preocupado por los exámenes, y que por eso tampoco usaba el DS. Pero ya no pude aguantar más, ese Riolu maldito estaba jugando con mi mente para provocarme, y yo caí como un estúpido.

Esa tarde, a la misma hora que la otra vez, encendí el DS para jugar al “Pokémon Esmeralda”. Pensé que no ocurriría nada, pues al ser un juego de cartucho grande se jugaba solo con una pantalla. Me lo pasé, recordando al último minuto que el juego me lo regaló mi amigo muerto un mes antes de fallecer.

Cuando estaba pensando en eso durante los créditos, la consola explotó, más bien el juego, pero la detonación me dañó las manos y me dejó inconsciente por dos días. Cuando desperté en la pared estaba escrito con sangre; “imbécil”. Todo cerrado de nuevo, y por mucho que grité no venían mis padres.

Una figura hecha de sombras empezó a apretarme el cuello y empujarme hacia la consola, yo lloraba y suplicaba por ayuda, creo que incluso me puse a rezar. Cuando notaba las fuerzas de mi cuerpo irse, solo alcancé a tomar la consola y jugar, solo me quedaba esa opción. Pero eso no detuvo su fuerza y cuando quedé sin aire, noté mi corazón detenerse.

Desperté en un lugar donde todo estaba oscuro, al mirar hacia el techo, pude ver un reflejo enorme, como si fuera una pantalla. A los lados de mi estaban extensiones enormes de paredes rocosas, estaba dentro del DS. 

- Esto tiene que ser un sueño, nadie puede quedar atrapado en un DS - me dije.

- Hola - me dijo Riolu, que apareció delante de mí.

***

Desperté de nuevo en el mismo lugar, la sombra más clara frente a mí, era el alma de mi amigo.

- ¿Qué quieres de mí? - le pregunté.

- Sácame de aquí - me respondió.

Eso me dio pena, hablaba con la tristeza del mártir que pierde toda esperanza, pero yo no sabía cómo sacarle. Quizás si volvía a despertar y estaba en mi cuarto podría romper el cartucho y su alma descansaría para siempre, pero no tenía forma de escapar, y ya no volvía a despertarme.

- Toda historia se repite - dijo el Riolu que apareció frente a mí. - Tú amigo no quería conformarse con los juegos normales, no, necesitaba más, e invocó una fuerza maldita que no controlaba.

» Pensó que darte su juego más querido sería un buen gesto de amistad, pues tampoco pudo resistir estar separado de su consola para siempre, y jugó aún sabiendo la maldición.

» Y tú, que también estás maldito por tocar el cartucho, has hecho lo mismo, tu alma me corresponde.

Empezó a cargar un puño certero en su mano, en un instante vi reflejados en sus ojos la agonía de 30 almas, mi amigo y yo no éramos los primeros tontos a los que engañaba, casi que los coleccionaba, y si lo hacía cuando alguien tocaba los cartuchos, los siguientes serían mis padres, pero se me ocurrió un plan.

- Espera, por favor - dije cubriéndome la cara con los brazos. - Tú solo quieres seguir consiguiendo almas, ¿Verdad? Pero no podés hacerlo encerrado en los cartuchos, ¿Y si yo las capturase por ti?.

Riolu bajó el puño, quizás le interesaba mi propuesta. - ¿Me entregarías a más almas para salvarte?

- Si, bueno, no, no quiero entregarte otros niños, pero puedo buscar espíritus… es bien sabido por mí colonia que la escuela fue construida sobre un panteón - le dije, hasta ese momento nunca había creído en los fantasmas de la escuela, y ahora imploraba por qué fueran reales. - Solo quiero que esto sea un beneficio para los dos, yo sigo vivo y tú consigues más almas en pena, ¿Te parece?

Riolu se lo pensó, y el jodido aceptó, ese día escapé de mi casa y no he vuelto desde entonces. Para mis padres yo desaparecí dos días antes, el tiempo que Riolu me encerró en la ilusión por aceptar su juego y luego en su dimensión de cueva dentro de la consola. Así vivo, Riolu me crea dinero y cubre mis necesidades básicas, además me da la capacidad de rastrear cosas sobrenaturales, yo le consigo fantasmas y los encierro el DS para que él esté satisfecho.

Riolu en realidad no tiene esa forma, solo la tomó para transformar todo lo que yo llamaba noble y justo en algo malvado y terrible. En homenaje al personaje que verdaderamente aprecio, yo visto como Sir Aaron, de la película “Pokémon: Lucario y el misterio de Mew”.

Perdón si la explicación quedó como la mierda, es así como me acuerdo que pasó. Llevo 12 años entrenando en cualquier gimnasio que encuentro, debo estar en forma, pues muchos fantasmas no saben pelear, pero si tienen habilidades sobrenaturales. Afortunadamente Riolu también me da parte de su poder maldito en esos casos, y por si no fuera suficiente, tengo el poder de un alma en pena a mí disposición.

¿Pero quién soy yo? Mi nombre es algo que jamás se sabrá, pero llámame TheCreepyZone, o “Zone”, solo, si gustas.

 

Fuente.

Interludio segundo: La leyenda de Samantha.

- O, Morelia de mis amores, antigua Valladolid, eres tan hermosa como imaginaba - dijo Zone, quitándose el sombrero en señal de respeto a la entrada de la catedral del centro histórico de la ciudad. - ¿Será que encontraré aquí el alma de la hija de Guadalajara que cuenta la historia?

Procedió a ajustarse los guantes, azules como el agua y de tela fuerte para no abrirse los nudillos al lanzar putazos. El sombrero lo echó hacia atrás para que colgara de su cuello y tapara su nuca, mientras el resto de su cuerpo lo tapaba con un poncho de bordes marrones y diseño de rayas variopintas del grosor de un brazo, donde se intercalaban los colores café, azul y granate.

- Menos poesía y más acción - le reclamó la voz mental de Riolu. - La presencia de espíritus en esta zona es escasa.

Zone palpó la consola en sus pantalones grises, sólo él escuchaba sus ruidos, pero quería asegurarse de que no sonara, seguramente pedirían tener todos los dispositivos apagados para entrar al lugar con el mayor respeto.

- Cálmate, si, no quiero que me tomen por loco si me ven hablar solo - le dijo Zone al aire, ganándose la mirada de no pocos transeúntes.

- ¿Por qué me traes a una catedral? - pregunta Riolu.

Zone se santigua antes de pasar siquiera la primera reja de la entrada oeste, esta da a un pequeño patio de piedra con tres o cuatro naranjos. Hay algunos turistas sacándose fotos, pero no llegan a la decena, para ser de las 10 iglesias más grandes del país, parece tener poca gente a su alrededor.

- ¿No pensarás que entrar en un edificio santo me dañará, cierto? - le transmitió Riolu a su mente. - Para tu mala fortuna, fue tu libre albedrío el culpable de que te atrapara, esto no es una maldición.

- Ya se - susurro Zone encabronado con los dientes apretados. - Dices la misma chingadera en cada lugar de rezo que visito.

- Es solo para que recuerdes quién eres y a quien perteneces.

Zone no había sido especialmente creyente de niño, iba a misa porque sus padres le obligaban, poco más. Pero cuando hizo un pacto con el alma maldita de un cartucho demoníaco de “Pokémon Perla” que le regaló su amigo, agarró la costumbre de ir a visitar los templos, así sea solo por joder a Riolu.

La arquitectura barroca lo maravilló al entrar, las enormes columnas que separaban tres naves, las enormes bovedas decoradas con vidrieras de los santos y las lámparas de araña que colgaban a dos o tres metros sobre los bancos de rezo, estaban apagadas, pero debía ser un espectáculo maravilloso verlas encendidas en la noche, cuando la luz del día que entraba por las cristaleras que coronaban los arcos de las columnas se acababa.

Zone tomó asiento en el banco más alejado del altar, a espaldas de un gigantesco órgano (ya en desuso) que podía verse de lejos incrustado en la pared sobre las cabezas de todos los visitantes de ese día, tanto las personas que habían ido a escuchar misa como quienes grababan el lugar para llevarse un recuerdo a casa.

- Aquí podemos hablar sin llamar mucho la atención - dice Zone mientras se tapa la boca con ambas manos, como si rezara. - Ya sabes que hacer.

La entidad sombría que vivía en la DS Lite de Zone dispersó 60 sombras de su interior, sesenta espíritus de los que se había alimentado. 6 años atrás, Riolu manifestó una de estas para atormentar a Zone, el alma de su amigo de la infancia.

Estas sombras rastrearán toda la ciudad en busca de actividad espiritual, este proceso puede llevar algunas horas. Riolu a veces le daba la capacidad de encontrar entidades sobrenaturales cercanas a él, más solo funcionaba en el rango de una habitación, estas sombras eran más efectivas rastreando grandes superficies y luego trayendo información de vuelta.

“60 sombras, no 30 como era cuando le conocí”, piensa Zone, arrodillado en la banca como corresponde. “Yo le he dado las otras 30, no tengo perdón”.

6 años había estado viajando de este a oeste, rastreando espíritus y fantasmas para alimentar a Riolu a cambio de que le perdonara la vida.

“Tengo suerte de que este cabrón solo pueda hablar a mi mente, y no leerla, este es mi único lugar seguro”.

Riolu si podía leer la mente de Zone, pero la mayoría del tiempo solo pensaba en “jevi metal”, Mortal Kombat y pornografía mágica, demasiada pornografía mágica, a Zone le prendían las Hadas de metro noventa con figura fina y faldas cortas hechas de hojas.

Las sombras regresan al cabo de media hora, no traían nada de información relacionada a espíritus en la zona. Zone se santigua una vez más, y decide que estar rezando sin hacer nada no sería bueno para ir a luchar después contra fantasmas, por lo que les pidió a las sombras un favor, que fueran a buscar un gimnasio de boxeo, entrenando podría matar el tiempo mejor.

***

La sombra de su viejo amigo se manifiesta al cabo de 10 minutos, ha encontrado uno a 40 minutos de caminata. Él asintió sin mirar, aunque la silueta no tenía rostro, no pudo evitar notar que lo juzga con el coraje de las últimas palabras de súplica que le lanzó; “sácame de aquí”.

Zone termina un “Padre nuestro”, se santigua una última vez mirando a la capilla principal, y se va del lugar mientras se sube el sombrero.

Sale por otra puerta, la que da justo al Paseo Benito Juárez, prácticamente un pasillo de antiguas casonas de cantera, hechas del mismo material semi-rosado de la catedral, pegadas una al lado de la otra con la decoración floral de algunas macetas puestas por los dueños. Estas construcciones eran de tiempos del virreinato, así como lo era la leyenda que hoy buscaba; “Samantha, la mujer de ojos profundos”.

***

Cuenta la historia que una familia española vivía en Guadalajara, México. Era una familia tradicional, un padre, una madre y una única primogénita, Samantha.

Eran familia de buen dinero para ser clase media, pero cuando padre enfermó, solo tardó unos meses en morir y lo único que le quedó a la viuda y a su hija en la herencia, fue una granja, que tuvieron que vender por no saber cómo mantenerla.

Con el dinero obtenido, viajaron a Valladolid, lo que hoy es Morelia, gracias a un amigo de la familia, que les ofreció el transporte a cambio de un precio justo en monedas de oro que cubrirían los gastos del viaje.

Se dice que Samantha y su madre, al llegar, se quedaron en los hoteles más caros que hoy día pueden encontrarse en la zona histórica de Morelia. Allí, Samantha conoció al hombre que sería su marido y se casó con él apenas pasado un año de su llegada.

Tras este tiempo, y unos meses que pasaron, el amigo de la familia fue a ver qué tal les iba a Samantha y su madre, que no habían escrito desde su llegada. Buscando por las calles que iban a dar al hotel, se encontró la espalda de quien él, sin duda alguna, creía que era Samantha. Se acercó a ella con brío, tocó su hombro para que girase y dijo; “¿A dónde le llevo mi estimada?”.

La mujer, más bajita que él, giró para revelar una cara sin ojos, en sus cuencas vacías solo había dos hoyos profundos llenos de agua, como dos pozos profundos y negros. La chica tomó al hombre de la muñeca con un fuerte agarre, y el hombre palideció cosa mala, porque efectivamente era el rostro que recordaba de Samantha, pero esos ojos no eran de este mundo.

El hombre se desmayó, y fue atendido por algunas buenas gentes que pasaban por allí. Terminó despertando en un hospital, y aunque juraba que había visto a esa chica, los médicos le dijeron que sería una alucinación, que los turistas no aguantan bien el calor de la zona y con frecuencia creían ver cosas que no eran ciertas.

Pero el amigo de la familia no se dio por convencido, investigó el paradero de Samantha y descubrió al esposo de esta, que se echó a llorar en cuanto le preguntó por su mujer;

“Sepa usted, buen caballero, que Samantha y su madre, fueron asesinadas una noche que yo me tuve que ir a trabajar a la ciudad vecina”, dijo el hombre cuando acabó de llorar. “Encontré sus cuerpos ahogados en la tina, y ya con signos de descomposición. Algún ruin cobarde entró en la noche en su habitación, robó todo el dinero que tenían, y mató a la madre ahorcándola mientras dormía, y a mí dulce Samantha, le sacó los ojos, ¿Creé usted que ser tan cruel exista en este mundo? No hay quien lo encuentre, y siento que hasta que el misterio no se haya resuelto, Samantha no podrá descansar en paz, por más que su cuerpo ya descanse con su santa sepultura”.

***

Serían las 6 de la tarde cuando Zone llegó al gimnasio, en la puerta había un cartel que ponía “avierto de 10:00 am hasta 14:00 pm y de 16:00 pm hasta 20:00 pm”. Zone sacó una diminuta carcajada, hasta él, que había ido poco a la escuela, sabía que “abierto” era con “b” de burro.

El gimnasio era el típico local informal que contaba con suelo acolchado, un cuadrilátero, y unos cuantos sacos para golpear (desde peras, a costales, y uno de pared que era pura decoración porque nadie lo usaba). Ese típico sitio donde cada dos o tres semanas llegaba un supuesto luchador callejero invicto o un culturista para probar suerte en un sparring y se volvía a casa calentito. Las únicas condiciones para practicar allí eran pagar la cuota de un mes por adelantado, moverse dentro descalzo y hacer caso al instructor.

De una ojeada desde la recepción, Zone vio que allí habían 14 personas entrenando, todas menores de 26 años, y solo 3 mujeres, un número que parecía bajo para los tiempos que corren. Se acercó más al atril de recepción, detrás estaba una joven mirando el móvil; morena, ojos oscuros y pelo con algunas greñas, también estaba algo subidita de peso, pero no por encima del promedio de la población estatal.

- Buenas - dijo Zone, que comenzó a presentarse con un nombre falso. - Vengo acá para ver si me pueden hacer un favor.

La chica bajó el móvil y con agrado saludó de vuelta. - Mande, ¿Qué necesita?

Zone sacó una carta doblada de un bolsillo dentro del poncho, al sacar su contenido mostró un papel con una licencia de boxeo verificada. - Pasa que dentro de poco tengo una competencia de box muy importante, quería saber si hay precio para sparring de un solo día.

La chica toma los papeles, examina solo las hojas importantes, todo estaba en orden. Zone sonrió mentalmente, era una falsificación muy convincente, Riolu se había lucido con ella.

- Todo parece estar bien, pero no tenemos un modo de cobro para las clases que pides - ella se levantó papeles en mano. - Iré a preguntar.

Zone esperó sentado en una molesta silla de madera, se notaba barata y mal pulida, las astillas se clavaban en su ropa, deberían de llevar bastante tiempo sin ser usadas.

Más al cabo volvió la chica con quien parecía ser el dueño del gimnasio, hombre adulto de 30 años a la alta, y con un cuerpo propio de Óscar de la Hoya en su prime. - Buenas compadre, ¿Buscas un sparring duro?

- Si es posible - Zone asintió con el sombrero.

- No es un servicio que solemos dar - dijo el jefe como si ya lo hubieran dado alguna vez, así no le pediría fiado. - Y además cerramos pronto, así que serán 1000 pesos la hora, ¿Qué opina?

Zone solo metió las manos en los bolsillos y puso varios billetes en el mostrador de la recepción. - Hay una propina por si me dan cintas, guantes y un bucal.

El jefe asintió convencido.

***

Tras un entrenamiento intenso y unos descansos para beber agua, eran cerca de las 19:30, cuando Zone empezó un sparring fuerte contra el jefe. Los espectadores eran los propios jóvenes que habían estado entrenando antes, de los cuales ya solo quedan 4, que se habían quedado para ver al dueño en acción.

- Jefe - dice Zone ajustándose los guantes.

- Mande, joven. 

- No se contenga, ¿Si?

Chocaron los guantes, y fueron con la mitad de su potencial para empezar.

Se notaba que el dueño había sido un buen boxeador de más joven, no solo lanzaba buenos golpes midiendo siempre la distancia, también avanzaba presionando, buscando acorralar a Zone en las esquinas. Zone se hizo el torpe, parecía tener problemas con la guardia zurda del rival y su buena capacidad para buscar ángulos. Se la pasaba cabeceando y moviéndose por el ring, esperando un contragolpe apropiado.

Llegó.

El dueño lanzó un recto de izquierda con todo lo que tenía, Zone se movió en ángulo a su izquierda, soltó un combo rápido de dos golpes al cuerpo que el dueño protegió bien bajando su brazo derecho, pero dejó totalmente expuesta la quijada para un perfecto gancho de izquierda que pegó con gracia mientras Zone ya había terminado de pasar a su lado derecho.

El jefe reculó con guardia alta, sacudiendo un poco la cabeza para permanecer consciente, si no le sacara 20 kilos a su oponente, ese golpe le hubiera apagado las luces.

- ¡Aaa! - grita el jefe, cubriéndose la cara antes de que Zone siquiera pensara en entrar nuevamente.

No había sido un grito muy varonil, y los pupilos miraron juzgando, hubo quien se atrevió a pensar; “valla grito de puto por un simple golpe”. Zone se detuvo y bajó la guardia, el dueño se secó la frente con una mano, y en la medida que pudo se frotó los ojos para mirar bien.

- ¿Qué sucede? - pregunta Zone.

- Yo… bueno, juraría que he visto una sombra horrible tras de ti - respondió el jefe.

Zone volteó con sorpresa fingida, y se rascó la cabeza con el guante. - Tal vez le golpeé muy fuerte.

“No es eso imbécil, era una sombra mía. Han encontrado algo”, manifestó Riolu en su mente.

- Ya sé - responde Zone, escuchado por todos. Y como si se hubiera dirigido a ellos en primer lugar siguió. - Me excedí, lo lamento, tengo la mala costumbre de usar mucha fuerza hasta en los entrenos, si se lo tengo que compensar pagando más…

- No, mijo, no mames - dice el dueño restableciendo su guardia. - Hasta los mejores reciben golpes si no se cubren bien, aprendan eso, jóvenes. Podemos seguir.

Con el interés del público ganado, y con aún veinte minutos por delante, Zone se repuso y gastó el tiempo de entreno que le quedaba.

***

8:10 de la noche.

Zone entra a una cantina donde los hombres no se miran y hablan de sus cosas en las mesas, algunos juegan cartas y otros cuentan sus penas, pero solo conversan entre amigos. Era uno de esos bares donde si pides con huevos te ponen unos uchepos de res con una promoción de cerveza, y si le pides con más huevos, te ponen un putazo en la cara para que vayas a gritar a tu casa hijo de tu chingada madre.

Zone entra llamando la atención de todos, pero siente a la perfección la esencia de quien busca. En una mesa esquinada entre dos ventanas, con una cerveza en la mano y nada en la otra, un joven miraba hacia el suelo como si fuera un ente que llevaba ya 12 años sin dar señales de vida.

Zone pidió una cerveza de barril, y tras pagar la jarra llena, camina hacia su mesa, se sienta a su lado de lateral y mira al frente tras hacer sonar la jarra al ponerla. Eso llama la atención del chico más que su apariencia o el humo de todos los cigarros concentrado en ese local cerrado.

El chico tenía los ojos marrones, el pelo era gris, por efecto del tinte, no natural, llevaba puesta una camiseta negra de mangas cortas y encima una chamarra de un diseño peculiar, pues simulaba la estática de una vieja Gameboy color. Al verlo, Zone pensó que así se vería Missingno si tuviera forma humana, quizás un poco más alto y pálido, pero sin duda de ese estilo. Aunque parecía joven, debían tener poco más o menos la misma edad, y se podría apostar que, sino los mismos gustos, si muy parecidos.

- ¿Quién eres? - pregunta el chico.

- Vengo a corresponder tu mensaje - responde Zone, descubriéndo la cabeza al echar su sombrero hacia atrás.

- ¿De que hablas? Yo no he mandado un mensaje a nadie, y menos a alguien que luce como un charro multicolor.

Zone le mira de medio lado y ríe. - ¿Cómo te llamas?

- Solo le digo mi nombre a mis amigos y familiares, no ha gente que no conozco - El chico le echa una mirada desdeñosa. - Si tanto te interesa pregunta por aquí quién soy, todos me conocen, así que no diré mi nombre.

Este chico solía frecuentar la zona, nunca hablaba de su trabajo, pero no parecía que le estuviese yendo bien, tampoco parecía que le estuviese yendo mal, pero cuando la gente no sabe la información, tiende a imaginar lo peor.

- Muy bien, no me interesas, Missingno - dice Zone.

- ¿Cómo me has llamado?

- Así como escuchaste - a Zone se le termina el tono amigable. - Me pareces un pobre tipo necesitado de atención, de estos que te apoyarían en algo y te lo recordarían tres veces para que les dieras las gracias, ese tipo de persona me pareces.

- Chinga tu madre, no tengo porqué soportar esto.

- Lo harás.

- ¿Por qué?

- Porque te estoy apuntando con una fusca - los dedos de Zone se vuelven duros bajo la mesa, y al tocar la rótula de Missingno, este lo siente como si verdaderamente fuera el cañón de un arma. - Así que me da igual si te caigo bien, si me crees o no, vas a decirme lo que quiero escuchar, o no vas a vivir para contar esta anécdota más al rato.

De pronto, Missingno ya no parecía tan ebrio, sus ojos desencriptaron una lucidez vívida y con algo más de miedo miró a Zone.

- Si gritas, te dispararé antes de que te ayuden, primer y único aviso - sentencia el hombre del poncho mirando al frente, como si verdaderamente se asegurase de que ningún hombre viera su arma.

- Pues ya dime qué quieres - exige Missingno.

- Samantha, te encontraste con ella, ¿Donde?

Missingno quedó en silencio, como si contemplara un cuerpo flotando en un río. - ¿Quién vergas es Samantha?

- ¿Cómo no la vas a conocer? Te encontraste con ella - dado que la expresión del chamaco con la chamarra no cambiaba, Zone matizó. - Es la leyenda más famosa de la ciudad, hablo de la mujer sin ojos, llena de agua, con dos hoyos profundos y negros.

Missingno al fin cayó en la cuenta, y por ello desvía un poco la mirada. - No es una leyenda tan conocida.

- Mi madre me la contó de chico, y ni soy de acá - Zone arrugó un poco la frente mientras pensaba; “a la mierda, ¿De veras soy el único en México que sabe de Samantha?” Exageraba sus pensamientos como si fuera un deporte. - Bueno, responde, ¿Donde encontraste a Samantha?

- Yo no es que crea en lo mágico - dice de inmediato Missingno. - Cómo sabemos los ataques de calor se pueden dar hasta en verano, solo fue una alucinación. Si vienes porque alguien te contó que la vi, fue solo eso, neta lo juro. Ya me llamaron loco la primera vez que dije verla, fue todo un invento de mi mente.

- Qué poca fé - Zone niega con la cabeza y luego desliza su mirada hacia Missingno. - Has soñado con ella, te despiertas sintiendo algo al lado tuyo, y por el miedo te encierras en una fantasía donde tu solo lidias con cuánto demonio te cruzas, desde muñecos con gemas que causan epilepsia hasta los fantasmas malditos de la Torre Lavanda, pero pasan los años y no olvidas esa experiencia, y no puedes seguir tu vida como era normal, ¿O no?

Al terminar la charla, Zone se traga todo el contenido de su jarra de una sentada, y Missingno solo lo mira sin atreverse a acabarse su chela, ¿Y si ese wey también era una ilusión suya?

- ¿Pero como sabes? 

- La espiritualidad también existe en las ciudades - responde Zone al acabar su trago. - Y yo llevo viviendo con un demonio desde hace bastante.

Zone movió la mano de debajo de la mesa, la tumbó relajada y extendida, con sus guantes bien sosegados para mostrar que no había truco, eso relajó un poco a Missingno.

- Yo, no es por putear la fé, respeto toda comunidad social en el mundo - Dice el de la chamarra dando un buen trago a la cerveza que ya había perdido frío. - Solo hablo y critico desde la actualidad y la historia, y todo me parece una gran mentira, sobretodo eso de ángeles o demonios, y del cielo y el infierno, que si no sabías, el infierno es solo un invento de la iglesia para ganar seguidores con el miedo.

- “Dice el necio en su corazón: no hay Dios”, Salmos 53:1 - citó Zone para ser escuchado. - Además, los judíos si creían en una especie de infierno, el Sheol le dicen.

- Las creencias en demonios son más antiguas que el cristianismo, que el judaísmo incluso - insistió Missingno, cerrado en su punto. - El fantasma que vi, si es que era real, pudo también venir de una maldición india.

- Se llamaba Samantha y era española - matiza Zone al punto.

- Bueno, que importa ya - Missingno mira la mesa y aprieta los puños encima de la misma. - Yo me creía valiente, y eso me asustó mucho, perdí toda mi credibilidad ese día, ¿Para que quieres saber dónde me la encontré?

- Ay, ay, ay - Zone se masajeó la sien. - Ya te dije, tengo un demonio. Bueno, digamos que la encontraré y se alimentará de ella, si me dices en dónde está, nadie más volverá a pasar lo que tú.

Missingno lo pensó un momento, miró por todo el bar, pero ya nadie le prestaba atención… Chale, llevaba tanto tiempo pensando que el mundo se reía de él que olvidó que para los demás solo había pasado a ser otro adorno del bar, como el típico vagabundo que siempre duerme a las afueras de una estación de autobuses. Si Zone era real o no, no cambiaría las cosas, así que le dijo la información que quería saber, Zone hizo una inclinación en agradecimiento, y se fue por donde había venido. Se fue a buscar a una mujer que bagaba por las calles de Morelia y aparecía todas las noches en el casco histórico, a la una y veinte de la noche.

***

No cabía duda de que Samantha era un espectro distinto de los demás, no iba gritando “¡Ay, mis hijos!”, como se dice que grita la llorona, tampoco buscaba hombres incautos a los que arrebatar su alma, como hacia el charro negro. Ella solo bajaba sin rumbo por la zona histórica, a horas en las cuales nadie estaba despierto y si no la mirabas al rostro, jamás verías lo raro en ella.

Zone la vio de espaldas, aquí era el lugar, la zona de antiguas posadas y hoteles caros, ahora transformada en un albergue para personas de la tercera edad. Pocos coches circulaban, por no decir que no había ninguno a la vista. Las únicas luces encendidas en los albergues serían de algunos guardias que hacían su turno o de personas que se encargan de estar pendientes de cualquier necesidad de las personas mayores.

“Lo reconozco”, le dice Riolu a su mente. “Es un espíritu tan poderoso como prometiste, ahora, ve por ella”.

Zone no puede evitar pensar que es demasiado fácil, solo acercarse por la espalda, apuntar al espíritu con la pantalla de la DS Lite, y ser absorbida. Suspiró y empezó su caminata hacia ella.

“Relájate, Zone, solo es un espíritu, has hecho esto decenas de veces”, empezó a decirse ya a cinco pasos de ella. “¿Y qué si es un alma atormentada e inocente de cabellos bonitos? Al final Julia la de tercero B también lo era, murió de un infarto en clase por no salirse de un examen, y la capturaste sin remordimiento, ¿Qué te importa esta española que ni conoces?”.

Zone le puso una mano en el hombro al espectro de Samantha cuando llegó a su altura. - Hola - solo eso le nació.

El espíritu giró el rostro, verdaderamente tenía dos fosas por ojos, no había visto tanta oscuridad desde que Riolu lo encerró en su propia consola, pero tampoco fue tan traumático como esperaba. Cerró el puño, el pulgar por fuera, dio un giro de caderas impulsado por sus piernas, y su puño salió con toda la intención de tumbarla de un certero golpe en la mandíbula. No es que fuera a costar mucho, le sacaba como 20 kilos.

¡Scraz!

El golpe sonó como si hubiera golpeado nieve congelada, gotas de agua le saltaron a la cara y los nudillos le ardían. Zone miró entonces a Samantha, tan quieta y espectral como al principio, aunque su figura parecía ondulante. Tardó solo medio segundo más en darse cuenta de que no había pegado a la mujer, sino a una fina superficie de agua del grosor de un folio doblado 3 veces, que cuál si fuera una capa flotante, había retenido el golpe.

“Mi puño acaba de quedar como la mierda”, piensa Zone, retirándose dos pasos y sacudiendo su muñeca. “Bueno, la tipa esta manipula el agua, Riolu, si estás leyendo mi mente, sería buen momento para que hicieras algo”.

El agua empezó a arremolinarse frente a Samantha, como si alguien jalara de la cadena del bater, y ese pequeño tornado se concentró en el centro de la capa de agua hasta volverse una pequeña aguja de casi medio metro de largo y el mismo grosor que antes.

El ataque salió disparado a por Zone, este lo evitó a medias con una finta que terminó en él deslizándose sobre su hombro en el suelo, pero el ataque cambió su trayectoria con un zumbido, en un zigzag tan veloz como un abrí y cerrar de ojos, la flecha de agua bajó, subió y atravesó el hombro izquierdo de Zone, que cayó al suelo con un breve y sonoro “Aaa”.

¿Samantha sabía defenderse? Claro que sabía defenderse, ¿Una mujer de hermosa figura que merodeaba sin rumbo por la noche? No importa que parte del mundo sea, siempre corre peligro. Normalmente su apariencia bastaba para alejar a quien fuera, pero si hacia falta usar la fuerza, no eran pocas las personas que llegaban con un brazo perforado al médico al día siguiente.

¿Por qué no se había corrido la voz? Puro ego, cuando atracas a una mujer con una navaja, y resulta que al final al que rajan es a ti por jugarle al vergas, no es algo que se suela presumir.

“¿Ya te moriste?”, preguntó Riolu a Zone.

Zone dio un suspiro de resignación, algo que venía a decir, “no, pero a veces me gustaría”.

“Te daré más fuerza, úsala bien”, dice Riolu con poca gracia, como si le escupiera.

- Bien - Zone pone su centro de gravedad en su espalda, gira sobre sí y se pone de pie de inmediato con energías renovadas. - Ya a la mierda todo.

Metiendo un rápido esprín, evade un proyectil de aguas negras que sale desde el ojo contrario de Samantha con la velocidad de un látigo. Avanza en una diagonal paralela a su flanco derecho, al mismo tiempo que saca la DS de su bolsillo, solo tiene que abrirla, cuando Samantha vea la pantalla todo acabará, su alma será arrastrada hacia el interior.

¡Zast!

El primer proyectil de agua regresó, perforando la muñeca de Zone y haciendo que la DS caiga al suelo resbalando calle alante, por lo menos a 23 pasos de Samantha.

- ¡Mierda! - grita Zone dando un salto hacia atrás, evitando dos chorros de agua que ahora salían de sus pies como dos géiseres finos.

El salto de Zone, con las fuerzas obtenidas gracias a Riolu, le deja encima de la tapia de la actual residencia, sobre una pequeña columna de ladrillos en la que solo caben sus pies, con dos verjas a ambos lados, todas coronan su cima con picas que le harían mucho mal a sus plantas si las pisara.

“Al final va a escaparse”, maldijo Zone. Si lo que Missingno le había dicho era cierto, Samantha no rondó por su lado por más de 50 segundos, y ya habían pasado 30.

Samantha dejó de considerar a Zone una amenaza en el mismo instante que salió de su rango, solo gira con desgana, dispuesta a seguir deambulando en esa noche cerrada. Sin hacer daño a nadie, pero sin dejar que se lo hagan a ella.

“Relájate”, se dice Zone mientras se agacha, poniendo su mano en la superficie lisa. “Solo fue un error, toca aprender y mejorar”.

Agudizó sus sentidos todo lo que la reserva de poder de Riolu que aún tenía le permitió, era como usar doble equipo en los juegos de Pokémon. Si quería salir vivo de ésta tenía que aumentar su evasión y velocidad, estos 20 segundos debían volverse un minuto si era necesario.

“Relájate”, con la armonía de una sonrisa sosegada y unos ojos que se abrían para revelar su objetivo, Zone percibió el mundo más lento, como aquella vez que despertó de estar inconsciente por dos días.

Entonces saltó.

La repisa donde estaba reventó al ritmo de una canción de Blessthefall, pero los pedazos quedaron suspendidos en el aire el tiempo que él se movía. Los ojos vacíos de Samantha percibieron su movimiento, la primera saeta de agua a presión se disparó contra él, y a centímetros de su cara levantó la mano.

¡Bum!

Una explosión de poco más de 20 centímetros de radio evaporó el proyectil, y el humo salió disperso cubriendo todo frente a él y Samantha. Zone salió de algún punto ciego de la nube, con un ensayado giro de caderas, mientras torcía el pie sobre el que no ejercía fuerza para tomar base e impulso, le ayudaba a ganar potencia en un puño derecho que chocó con la capa de agua de Samantha. El impacto frenó parte del momento, pero no la totalidad de la energía cinética, y con la fuerza de un puño certero, el golpe de Zone traspasó las defensas rivales, impactando en lo alto de la frente, y abriendo una brecha que no podría ser cerrada.

El golpe fue contundente, Samantha, aturdida, extiende el brazo, como si esperase tener la fuerza suficiente para separar a Zone de ella. Él pisa hacia delante, tiene que cerrar distancia antes de que el agua llegue por su espalda. Tira un uppercut rápido, movimiento semicircular sin cerrar el ángulo del codo, casi cómo si golpeara en 90 grados. Samantha echa toda la cabeza hacia atrás cuando el golpe empuja su mentón, incluso un diente sale volando.

Desde la larga distancia Zone le clava tres golpes en la boca del estómago sin dejar de moverse en línea recta hacia la derecha, saliendo a tiempo cuando los dos chorros de agua caen con la potencia de una cascada de granito. Allá donde las aguas impactan en el suelo generan un cráter, la roca que no se parte salta dejando muescas y rotos en todo lo que pilla, cristales, paredes y ventanas, tanto de autos como edificios.

Aunque Zone se cubre con los brazos en cruz, varios guijarros le rasgan las mangas, una roca del tamaño de un puño le impacta a la altura del hígado, se volverá un hematoma cuando la adrenalina pase su efecto y, afortunadamente, para con la mano derecha una roca que a poco estaba de quitarle el ojo izquierdo de la cara.

Zone echa una mirada a su consola, no ha sido dañada, pero si será empujada cuando deje de percibir el mundo tan despacio. Pulveriza la roca con la mano.

El único chorro de agua que le queda a Samantha se transforma en la cabeza de un hacha, intenta clavarse en la frente de Zone, pero este lo evita reculando hacia atrás, mientras con la otra mano palpa lo que hay a su espalda, es la pared del jardín del asilo. Sigue un corte en horizontal, él se agacha de rodillas, y la hoja acuática se abre paso entre las barras de la reja sin detenerse, partiendo cuatro. Zone da una doble patada en el suelo, impulsándose como un joven en una piscina, rasgando el espaldar de su poncho y regando sangre en el suelo que cicatriza de inmediato por la fricción.

Se pone de pie con una voltereta hacia atrás que ha ensayado por años, calculando de cabeza como recorrer ese medio metro que los separa. Samantha atrae el agua a ras del suelo, y lo señala cuando está en el agujero a sus pies, en todo el lugar se levanta tierra y piedra de nuevo, como si hubieran tirado un cartucho de dinamita a un pozo.

Zone da saltos largos de acá para allá, líneas rectas y fintas, pulverizando cada escombro que pilla. El daño colateral traerá demasiadas preguntas después, hay que minimizar costes. Tira entonces el polvo que antes era una piedra, y generando una explosión, vuelve incandescente todo el aire en un rango de casi dos metros, al este mezclarse con todos los restos de polvo que va dejando.

Samantha redirige de nuevo la saeta, ahora es disparada, dividido en pequeños proyectiles, como una lluvia de navajas. Todos se evaporan, y Zone pasa la nube de calor, tapando sus ojos con el sombrero y descubriéndose una vez todo es seguro. Llega a Samantha en ángulo, metiendo una mano derecha recta, pega en el centro del rostro de la mujer sin ojos a la par que le hace tambalearse, le sale un gancho en arco en mitad de hígado y costillas. Si aún siguiera respirando le hubiera cortado la respiración.

Samantha da un traspié, cae al suelo como una cabra asustada, y pone las manos delante del rostro. Zone alza el puño, y lo descarga con toda la rabia de un puño certero, dejando la marca de sus nudillos entre el puente de la nariz y la frente. La nuca de Samantha choca contra el asfalto, rebotando dos veces como una pelota de baloncesto sin fuerza.

Finalmente, la percepción retoma su cauce, todos los sonidos regresan, desatados a la vez. Un anciano grita porque alguien desde fuera le ha tirado una piedra que le ha roto la lámpara, a varios coches les salta la alarma, y esas abolladuras de piedras en capós y paredes van a dar tanto de que hablar como el agujero en el suelo o la columna rota.

Zone suspira, trata de obligarse a estar calmado, y mueve sus pies hasta la maldita consola. “Ojalá no se haya echado a perder la pantalla de arriba, lleva años sin ser reparada otra vez”, pensó al tomarla.

La abrió, sonaba como normalmente sonaba, pero algo dejó a Zone quieto en el sitio. Fue una coincidencia, de esas que solo pasan en las leyendas de fantasmas, abrió la pantalla al mismo tiempo que Samantha retomó conciencia y empezó a sollozar. Zone vio solo reflejada su sombra, la luz nocturna de la luna y las farolas no enfocaron otra cosa, y en su oscuro y profundo reflejo, notó una cruel realidad, él no era distinto de las sombras de Riolu.

Ya había vivido esto, él llorando y suplicando en una cueva, una sombra y él. . . La pantalla siguió apagada, pero en los ojos delirantes del portador, mostraban a Riolu y un mensaje grabado; “te has encontrado con un terrible destino, ¿Verdad?”.

Zone miró sus manos, sus guantes rasgados y sus viejas quemaduras de el día que fue maldito por no hacer caso, le estalló un cartucho de "Pokémon Esmeralda" y quedó atrapado e inconsciente en la dimensión de Riolu por dos días.

“Sácame de aquí”, pareció decirle la sombra de su amigo, y Zone siente pena de ese lamento desconsolado que ahora escucha.

“Imbécil”, gritó Riolu en su mente, “¿Esperas que ella escape o vas a terminar el trabajo?”.

Zone cerró los ojos, miró con firmeza a la pantalla y pronunció una palabra; “perdónala”.

No hubo una respuesta inmediata de Riolu, el silencio era su forma de reírse de él. Zone solo escrutó todo el suelo y los destrozos antes de reparar en Samantha, que seguía sollozando en el suelo.

- Perdónala - vuelve a decir.

- No - esta vez Riolu habló. - No tienes elección, tráeme su alma, o…

- O me joderás a mí, mis padres y amigos - interrumpió Zone. - Si, recuerdo esa amenaza de hace 6 años, que es exactamente la misma cantidad de tiempo que me llevabas atormentando, y te digo que ya no má, aja, agh.

Zone sintió un quiste en su corazón, como si bloquearan su respirar con un cincel. - Tu vida me corresponde, lo ha hecho desde que rompiste el trato.

- Si me matas, romperé la consola con mis últimas fuerzas - dice Zone, casi atragantándose con la sangre de sus encías. - Buena suerte trando de encontrar otro jugador de Nintendo Lite en mitad de la calle e interesado en un juego que se puede piratear de forma segura desde hace media década - da una bocanada forzada. - Me necesitas cabrón, escucha mi trato.

Zone casi podía sentir la neurisma, la sangre no le llegaba al cerebro. Levanta la consola, dispuesto a estallar contra el suelo, pero en ese momento su cuerpo vuelve a su circulación normal, y él cae sobre una de sus rodillas. - ¿Qué propones? - pregunta Riolu.

- Solo a ella, quiero que le perdones el alma solo a ella - Zone resopló para recuperar aliento. - Recuerdas el juego del cual llegaste, ¿Te acuerdas de esa compañera linda que te acompañaba?

- Bulpix - responde Riolu.

Zone sonríe, aunque en su cara aparece una sonrisa boba, no esperaba que un demonio memorizara esas cosas. - Ella será mi compañera, no la encerraré en la consola para que sea otra de tus sombras en pena.

La pantalla superior tembló, Riolu veía poco beneficio en ese trato.

- Pero - Zone piensa rápido antes de que las cosas escalen. - Te daré todas las demás almas que encuentre, por lo que me queda de vida, y será de todos lados, desde Tepito a Nicaragua, carajo, si quieres voy a Japón y te consigo el alma de la mujer de la boca cortada. Lo que sea, pero la suya no.

- ¿Por qué tanto interés en la chica?

- Tiene poderes - mintió Zone. - Estoy cansado de depender de mis puños y tus explosiones, quiero más, míralo como una evolución mía, de tipo lucha a lucha agua, todo son ventajas.

Riolu se tomó en serio esa propuesta, le serviría para tener que dejar de depender de que Zone llegara a tomar la consola a tiempo, o de la transmisión y mejora de sentidos que se limitaba a estar en su posesión, el alma de Samantha podría seguirlo y protegerlo con su agua de manera más disimulada.

- Solo a ella - sentenció Riolu. - La volveré tu sombra, estará cerca para protegerte, pero solo a ella.

Zone se acercó a Samantha. - ¿Ya oíste, o no? - extendió una mano, pero Samantha con las manos tapándose los ojos rodó y le dio la espalda. - Oiga, lamento que nos hayamos conocido así, de verdad que no había otra forma.

El lamento de Samantha no terminaba, y con razón, menos mal que la gente estaba demasiado dormida por toda la zona, las alarmas de los coches se habían apagado hace 20 segundos y los guardias de la residencia ya empezaban a encender más luces y a organizarse, pues reportaban varias ventanas rotas por las piedras, desafortunadamente, también hubo un anciano herido en la pierna, aunque eso Zone no tuvo forma de escucharlo.

- Máteme también - dice Samantha, su voz suena raspada y descompuesta, como si hablara con la garganta descompuesta, seguramente era el caso. - No se que mal le hice, o que mal estaré pagando, pero al diablo con todo, llévese mi alma y duerma tranquilo, ¿Qué importa ya?

Zone traga saliva, y algo de sangre también. - Mire mis manos - dice ofreciendo su derecha sin guantes. - También estoy marcado, maldito, pero yo no me limito a la misma calle las mismas horas.

Samantha miró sus heridas pese a no tener ojos, ella sentía el mundo, la respiración, el aire, la sangre fluyendo, las motas de polvo que se movían por las cicatrices de la piel. - ¿A usted también lo mataron en su casa?

- Je, algo así - Zone recordó el rostro de sus padres, cada vez le costaba más. - No se que decirle, quizás no haya palabras apropiadas, no puedo ofrecerle mejor sepultura de la que le ofreció su marido en su día, ni los lujos que en tiempos pasados le ofreció su oro, ¿Y como le podría ofrecer seguridad si yo la he dejado así? A la mierda, si soy un desastre.

- Eso me parece - dice Samantha con la expresión más sincera que puede gesticular.

- ¿Me permite mostrarle que se equivoca o prefiere deambular por estas calles fuera de su horario?

- Prefiero deambular.

- Respuesta incorrecta - Zone le extendió aún más la mano. - Pruebe otra vez, tiene derecho a un comodín del público.

La puerta del lugar de ancianos se abrió, varias linternas se encendieron. Zone agarró una de las manos de Samantha con fuerza, y ella notó temor en su aspereza y su pulso, tuvo un fugaz recuerdo, así se sintió antes de perder el aire y morir.

“Por favor, Samantha, levántese, o Riolu le hará daño por la fuerza”, dice Zone, pero no hablando, solo moviendo los labios. Ella lo notó por las bifurcaciones del aliento, y se aferró a sus manos con fuerza, quizá por confianza, quizá por miedo, poco importaba, ya habían salido corriendo calle abajo cuando las linternas empezaron a apuntar en su dirección.

***

Zone salió de la ciudad ese mismo día, no miró las noticias, no quería saber nada de esas actividades vandálicas que se habían hecho en el centro histórico cerca del asilo de ancianos. Solo llevaba su consola, su sombrero, el polvo de sus zapatos y una sombra con conciencia propia gracias a la cual nunca más tendría que volver a preocuparse por el agua.

¿Próxima parada? Quizás Madrid, quizás Pekín, quizás Moscú, quizás Tokio. Fuera donde fuera, sería lejos de Hispanoamérica, y así sería por mucho tiempo más.


Interludio tercero: la mujer de la boca cortada.

Seis años después.

“Tokio no es para nada como lo retrata el anime”, piensa Zone, sentado en el banco de la estación número 42.

No había gente con él, hay que decir que no era un día de trabajo, y que la estación número 42 normalmente estaba vacía. Aunque Zone estaba quieto, y aparentemente relajado, entendía porque la ausencia de personas, todos sus sentidos lo alertaban de presencia paranormal, y no poca.

- ¿Por qué no hay personas en este lugar? - Pregunta Samantha, su sombra. - Vimos mucha por las calles, e íbamos muy agolpados en el tren.

- Es Tokio, ciudad capital, sea por turistas o por trabajo, esto siempre está lleno de gente - Zone se subió el sombrero con dos toques de sus dedos, miraba las vías y el andén contrario, debía llegar otro tren en 20 minutos máximo. - Si esta estación está vacía es solo por la fama que le da su nombre, “la estación 42”, en japonés, “42” se pronuncia igual que “hacia la muerte”.

- ¿Es un número maldito como el viernes 13?

- No creo que existan números malditos, pero existen números a los cuales la gente les asocia una maldición, y al evitarlos, al final termina volviéndose así - Se frota un poco el mentón pensando un ejemplo. - Piensa que es como un lugar al que nunca vas porque piensas que siempre te ocurre algo malo, un día te ves forzado a ir y te ocurre algo malo, no es culpa del lugar, es que tu mentalidad trata de dar por cierto lo que sabes.

- Lo que mencionas se llama sesgo de confirmación, imbécil - le dice el fuerte eco de Riolu desde el micrófono de su DS Lite. - No te hagas el entendido y céntrate, me prometiste esto hace 6 años, y quiero ver cómo cumples.

Zone se encabronó, odiaba dos cosas, leer mucho texto, y que alguien le dijera que hacer, y Riolu era las dos cosas.

- Ay, ay, ay - estira los brazos con los dedos entrelazados, palmas hacia fuera y un leve crujido de nudillos antes de murmurar. - Hasta la copia de la estación Kisaragi es pacífica acá.

Según los reportes, la estación número 42 del metro principal de Tokio estaba maldita, y aparecían fantasmas sin importar el horario. El había ido a buscar a la mujer de la boca cortada, y este lugar decía a gritos que estaría por allí. Solo un carril de vías en una dirección, este era un desvío que pocos tomaban, que nadie necesitaba, mejor dicho, ¿Quién querría ir “hacia la muerte”? Todos los andenes estaban limpios, no había basura por el suelo, ni papeles publicitarios en las paredes, lo único que había eran las tres luces del techo que casi no iluminaban el lugar, y una perpetua sensación de que alguien te observaba desde las sombras de las columnas.

A muchos este lugar les parecería aterrador y frío, a Zone no, de hecho pensó que si no fuera por los espectros, sería un refugio perfecto para vagabundos y drogadictos, porque había visto unos cuantos durmiendo en las calles mientras venía hacia aquí.

“Estos villanos me resultan extraños”, le había dicho Samantha mientras deambulaban camino a la estación. “Por allá en Nueva España, la gente que vive pidiendo limosna en las calles son borrachos o ladrones, gente que no puedes mirar a los ojos o querrán cantarte un tiro. Pero por acá solo hay gente triste, que duerme en extraños capullos de tela inchable como las crisálidas, y consumen tabaco mientras piensan en la gran deshonra que son para sus familias”. Pese a que Samantha no tenía ojos, la percepción de todos los estímulos que la rodeaban, hacía que diera descripciones bastante cercanas a la realidad. “No entenderé porqué mi rey, el gran Felipe III de España y II de Portugal, Sicilia y Nápoles, le donó el atesorado reloj de Kunozan Toshogu a esta gente”.

“Samantha, solo estamos yendo por la peor parte de la ciudad”, le había confesado Zone. “Estoy buscando alguna pandilla de rebeldes sin causa con la que pelear antes de ir a cazar almas”.

No encontró nada, y ahora se sentía oxidado mientras hacía estiramientos en un banco de metal que al menos era comodo, y no como la reciente “arquitectura hostil” que se había popularizado en parqués y estaciones de todo tipo. Sea como fuere, hoy debía capturar a la llamada “mujer de la boca cortada”.

***

Cuenta la leyenda que desde hace 330 años, el espíritu de una mujer ronda las zonas suburbanas de Tokio. El alma en pena de una gueisha cuya bella cara había sido cortada y desfigurada por su señor, celoso de su belleza.

Se dice que camina por las calles con un abrigo largo y una máscara quirúrgica. El espíritu de esta mujer se acerca a sus víctimas, barones jóvenes a los que pregunta; “¿Yo soy bonita?”, si la respuesta es afirmativa, se quita la máscara, revelando una cara rota con un corte de catana que va de punta a punta de sus mofletes; “¿Y ahora?” Vuelve a preguntar. No importa la respuesta, todas conducen a una muerte violenta, rostros destruidos por unas tijeras y una fuerza irreal para este mundo.

Se dice que ahora los jóvenes que también esperan en la parada 42 desaparecen uno por uno.

***

Zone se golpea en la frente al recordar ese detalle, la mujer de la boca cortada, o también llamada Kuchisake-ona, solo atacaba a jóvenes guapos, ¿Le habría traicionado su ego y por eso no aparecía? Afortunadamente los pasos que escuchó tras él le dijeron lo contrario, y cuando vio el abrigo largo que casi se arrastraba por el suelo, así como los ojos pálidos sobre la máscara quirúrgica, supo que tenía a la mujer que buscaba. Se sintió como un funcionario que se topaba cara a cara con los oscuros secretos expuestos de una ciudad. Si, era eso, la había encontrado por sus propios méritos, el sexto sentido que Riolu le daba no había tenido nada que ver, entiéndase el sarcasmo.

La mujer se acercó a su altura disimulando perfectamente, escondiendo la mano armada en una de sus mangas, como si realmente fuera una trabajadora cualquiera que espera el tren con frío.

- Las temperaturas han bajado mucho últimamente, ¿No creé? - pregunta Kuchisake-ona. Su acento se nota atascado en décadas pasadas, pero no ha perdido el encanto y la confianza en si misma.

- Si, menos mal que traigo esto - Zone tira hacia arriba con los pulmones de las hombreras de su poncho para señalarlo. - A veces uno solo quiere que esto sea como el verano en todas partes, pero el clima cambia cada rato.

- Sabe lo que no cambia - la mujer dalea un poco la cabeza para verlo. - Mi belleza, hay quien me odiaría solo por ser así de hermosa.

Zone hizo una mueca agraciada, una de esas que parecen decir; “amiga, usted no necesita abuela”. Con movimientos lentos, fue estirando los brazos al mismo tiempo que asentía.

- Dígame, ¿Creé que yo soy bonita?

- Tanto como un lucero.

La mujer se arrancó la máscara de un tirón, revelando una boca de mofletes abiertos y cicatrizados con sangre seca en una línea disconforme. El mexicano del poncho ni se sorprendió, así es como se imaginaba él a Jeff the Killer. - ¿Y ahora?

- Yo no sabía que, aparte del sol, podían salir estrellas de día - Zone le ofrece la sonrisa más empática que tiene.

Desgraciadamente los cumplidos no sirvieron de nada, Kuchisake-ona levantó el brazo derecho, sacando la mano de la manga y de la misma unas tijeras gruesas preparadas para cortar laminas de metal, pensar de dónde había sacado esa herramienta le daba más curiosidad que miedo. Kuchisake-ona dejó caer su brazo, arremetiendo con el impulso de sus caderas en un corte descendente hacia la boca del hombre. El impacto sonó como un hierro que es golpeado al rojo vivo en una fragua, pero la tijera no estuvo ni a 10 centímetros de segar la boca de Zone.

Kuchisake-ona abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma, uno más aterrador y peligroso que ella, porque de hecho, lo había visto. La sombra de Zone abrió los párpados, sólo para revelar dos fosas oscuras de las cuales habían salido dos capas de agua que, a modo de escudo, habían frenado las tijeras sin que él tuviera que pensarlo.

Zone solo se puso de pie con el giro más básico de tobillos, su mano parecía salir con toda la intención de conectar un gancho contra la cara de Kuchisake-ona, pero no desde un punto ciego, estaba totalmente a la vista. Cuando la mujer de la boca cortada se fijó en el puño, sin velocidad suficiente para esquivarlo, este subió todos los dedos mientras desplegaba la pantalla superior de una consola.

- ¿Qué? - pregunta Kuchisake-ona cuando la pantalla queda a 5 milímetros de sus ojos.

- Bueno, sabía que eras intangible por ser un espíritu, todo menos tus tijeras, he tratado antes con seres oscuros como tú - dice Zone, encogiendo solo un hombro. - Mejor solo te acerco la pantalla para que le saludes.

La pantalla se puso en rojo al instante, mostrando un lugar lúgubre, cual si fuera una catacumba sin huesos. Lo próximo que supo Kuchisake-ona era que estaba en una oscura cueva, y no había terminado de procesar ese hecho cuando un puño de chacal antropomórfico le atravesó desde la mitad de la columna hasta el centro del plexo solar.

- Te has encontrado un terrible destino peor que tu señor, yo - le susurró una voz de la que solo pudo ver la sombra en el suelo.

Sin nada con qué gritar, el alma de Kuchisake-ona fue transformada en una sombra, y oculta en uno de los ojos de Riolu, allí permanecería eternamente, igual que las otras 84 entidades espectrales que Zone le había conseguido.

Mientras tanto en el andén, Zone toma las tijeras de la entidad espectral, se las guarda en el bolsillo trasero del pantalón, cuál si fuera una pistola secreta.

- ¿De veras le vas a quitar su arma a un espectro? - pregunta Samantha.

- Ahí dice gratis - con esa respuesta se conformó él.

***

Zone salió del metro desperezándose, dando una mala imagen a todo el que lo miraba. Se rascó detrás del cuello y pensó que ya llevaba bastante rato sin comer, se retiró a una esquina, fuera del ojo público, y agitó su consola como si fuera una caja de chicles vacía. - Oye, hazme paro y dame dinero, ya llevo 20 horas sin comer - habló en español, no sabía si habría alguien escuchándole, pero de ser el caso, lo mejor sería que no le entendiera.

“Te comportas como un morro de 14 años” manifestó Riolu con rabia en sus pensamientos.

- Soy el cuerpo que te mantiene, solo exijo el mínimo - dijo Zone, dejando que las palabras de tono encabronado salieran de entre sus dientes. - Podrías hacer esto sin que te lo pidiera, pero te encanta que suplique.

- Si, es cierto - le susurró Riolu al oído, con el timbre roto de un error de consola. - Solo ve a un lugar barato.

Zone hizo una mueca de repudio, ahora le pitaba una oreja. Se tuvo que quitar el guante izquierdo, dejando al descubierto su mano de quemaduras cicatrizadas, y con el dedo meñique se rascó el canal auditivo, como odiaba al pendejazo de Riolu, si 100 años vivía, 100 años lo mandaría a chingar su madre.

Se agachó a atarse las botas, su sombra cambió, era Samantha, hablándole con rápidas gotas de agua que formaban letras antes de secarse en el suelo.

“Es tu oportunidad, lanza la consola a las vías y corre”.

Zone negó con la cabeza, Samantha se preocupaba por él, pero no entendía que su pacto con Riolu no era solo físico, también era una unión psíquica y espiritual, Riolu podría destruir su corazón y su alma incluso si los separasen dos continentes de distancia. Eso fue algo que Zone aprendió a la mala, porque casi se muere de un infarto 11 veces.

***

Zone salió del subterráneo con más dinero en los bolsillos del que tenía antes de entrar, caminó por las calles de Tokio, pero esta vez no iba por zonas suburbanas, sino por las amplias, esquivando gente que llevaba su propio ritmo, hombres que vestían de etiqueta y trabajadores de pequeños negocios que repartían folletos en las calles.

Perdió el tiempo acariciando a un perro Akita que encontró sin correa, pasando su mano por arbustos decorativos mientras nadie miraba, y mirando los precios en un puesto de giosas de la calle, compró 4.

En el centro de la ciudad, todo eran grandes pantallas y ríos de gente que iba inmersa en sus asuntos. Nadie giraba para ver al extraño extranjero con sombrero, aunque un grupo de chavales con pelos teñidos de rubio le señalaron y rieron, Zone solo los ignoró, había visto Dragón Ball y sabía reconocer a un delincuente por su pelo.

Finalmente llegó a una zona de pequeños establecimientos emergentes, iba a pasar de largo por los cibercafés y los restaurantes de fideos, pero todos los pelos de su cuerpo despuntaron en una dirección.

“Tengo miedo”, le susurró la voz de Riolu en sus pensamientos.

- ¿Cómo dices? - preguntó Zone en alto, ganando la atención de un grupo de tres chavalas que iban a pasar delante de él.

Una de las tres muchachas se adelantó con los brazos en jarras, las manos muy pegadas en las caderas. Con solo verla ya podías saber que se había sentido ofendida, lo que zone no entendía era porqué. Pelo rubio con una mecha rosa, piel bronceada artificialmente, y dos ojos remarcados con sombras blancas.

- Oye, tú, ¿Nos has dicho algo? - la chica casi se puso de puntillas para compensar los 17 centímetros que le faltaban.

- No - respondió Zone, confundido.

- Eso pensaba - se fue escupiendo al suelo.

Las otras tres zagalas no es que fueran muy distintas, y Zone no entendió porque parecían llevar calcetines inflados que les quedaban grandes.

- ¿Le tienes miedo a las adolescentes rebeldes? - preguntó Zone. - ¡Puaj! - fue lo siguiente que pronunció escupiendo sangre.

“Otra broma así y conoces a Cantinflas en persona”, le advirtió Riolu. “En ese establecimiento detecto una fuerza que sobrepasa con creces a la mía, quiero verla, entra ahora mismo”.

Zone entra de mala gana, había aprendido a hablar japonés hace exactamente 6 días, cuando Riolu consideró que ya iba siendo hora de abandonar a los fantasmas de castillos abandonados europeos y buscar almas de Asia. Era Japón o China, y Zone, Otaku que no se ducha de primera, eligió el país del Sol naciente. Así que Riolu le traspasó todo el conocimiento del idioma, después de todo, él como demonio primordial, sabía todas las lenguas del mundo, por si era invocado en cualquier lugar del mundo, claro está.

Zone entró al local, sus botas pisaron la alfombra, y se ganó la mirada enfadada del chico de recepción. Afortunadamente no tenía las botas sucias, Samantha las limpiaba con su agua 16 veces en semana, una más si ese día había pelea. Aún así, ese par de botas había visto tiempos mejores, y daban la impresión de soltar polvo a cada paso.

Zone se descubrió, caminó por un suelo de baldosas romboidales con el patrón de un tablero de ajedrez, y al llegar a la barra saludó al encargado. Era un supervisor, decia que habitaciones aún estaban sin usar, recomendaban libros, series, etc, y la empresa se lo agradecería con un salario mínimo.

Zone preguntó por una sala libre, y alquiló también una película sobre hadas muy subida de tono, ni siquiera el mismo se creyó eso de que era para que su tapadera fuera más creíble. Pagó, y se fue a buscar la sala que había alquilado, pero antes de llegar, sus pelos volvieron a alertarlo con más brío que las antenitas de vinil al Chapulín Colorado.

“Esto es malo”, le dijo Riolu en sus pensamientos. “Es un poder muy fuerte liberado en un rango muy corto y en un tiempo aún menor. Echa abajo esa puerta y mata a lo que hay detrás”.

- No voy a hacer esa mamada - dijo Zone, mirando de lado a lado cada extremo del pasillo, asegurándose de estar solo.

“Te mataré”.

- No, no lo harás - Zone estuvo a poco de dar un zapatazo para matizar su enfado. - No recurras a amenazas a lo bruto, no grabas ningún miedo en mí si dices lo mismo ahora, y al rato, y 30 minutos después. 

Aunque nadie le estaba prestando atención, Samantha asintió orgullosa, Riolu no tenía derecho a tomarse tantas libertades con sus amenazas, fuera de su dimensión de bolsillo, solo era un demonio inferior que podía manipular sobras, crear papeles y copiar frases de demonios más famosos.

Riolu estaba por provocarle una neurisma a Zone de puro despecho, ahí mismo, pero Zone se adelantó a su enfado, y con sus nudillos golpeó la puerta donde había notado tal energía. Le pareció notar movimientos dentro, así que estarían prestándole atención.

- ¿Hola? - preguntan desde dentro.

- Bueno, amigo, ¿Te puedo molestar un momento con una pregunta de mantenimiento? - Zone afinó sus cuerdas vocales para conseguir que su acento norteamericano sonara más asiático.

- ¿Si?

- ¿De casualidad no tendrás algún problema con el internet, o los dispositivos?

- No.

- Andamos habladores, ¿O No? - Zone sonó un poco encabronado sin quererlo, pero le sacaba de sus casillas la gente que tardaba meses en responder cosas sencillas. - Que bueno, no importa, algunos clientes se han estado quejando de que les falla el “waifai”, la cobertura, y demás cosas. A nada que veas que hay problemas, incluso síntomas de malestar, ve a recepción y se te atenderá.

Empezó a caminar como si se fuera, pero se quedó pegado a la puerta, si el chico que estaba dentro salía, lo iba a aplacar y a quitarle cualquier elemento sobrenatural que detectara.

“Samantha, puedes ir a ver”, dijo Zone sin Pronunciar palabras, solo gesticuló con los labios, pero su sombra entendió perfectamente.

Se metió bajo la puerta y salió; “solo es un joven jugando”, dijo con su sistema de agua y letras.

Pero pasó un minuto y el chaval no salía, luego pasaron cinco, y Zone tuvo que disimular con una pose, apoyado en la pared de brazos cruzados y con ojos cerrados, como si no viera al chico con tres mangas pornográficos que cruzaba el pasillo hacia su propia sala y le miraba como si él fuera el raro.

“Aaaag, está pasando, está pasando ahora”, Riolu agonizó, y Zone agonizó con él, como si le pegaran en la cabeza con un martillo. “Entra imbécil, hazlo”.

Samantha actúa en favor de ellos, su agua toma las tijeras del bolsillo de atrás, y de un movimiento firme, cual si diera la última puntada en una tela, Samantha clavó las tijeras cerradas en la cerradura de la puerta, partiendo el mecanismo ipso facto. Zone con aún menos delicadeza, dio una patada a la puerta, y entró antes de que la misma rebotara con la pared y se entrecerrara.

La habitación estaba totalmente vacía, o casi, solo había un móvil en el suelo con un brillo turquesa que le dañaba los ojos a Zone con solo verlo.

“¡El brillo! ¡Páralo! ¡Aplasta esa pantalla!”, Riolu era severo, como un loco de cantina que amenaza con una botella rota. “Ese alma, lo quiero, tráelo a mí”.

Zone dio un puñetazo en picada, cayendo de rodillas sin saber muy bien si estaba atacando o no. Luego sintió unas manos junto a la suya, después una cadena, y antes de ser consciente, estaba apuntando con su pantalla a una súcubo, y luego regañando a un tipo de más o menos su edad diciendo; “¡Ay, ay, ay! Ahora si que estoy encabronado, esta pared la voy a tener que pagar yo, ¿No te dije que a cualquier problema fueras a recepción?”.

Pero esa historia, ya la contaremos con detenimiento otro día.


____

Notas sobre escritura:

Canal de creepypastas de referencia:

- https://youtu.be/sxCBfXCPkWY?si=nY9gnMDj2MmGZfBG 


Zone: 26 años, 1'75 metros, tiene una DS Light, le sigue una sombra, su Pokemon favorito es Riolu, puede generar pequeñas explosiones, manipula las sombras para ahorcar, puede meter a gente en la DS, // "aunque no me creas, no me interesa", "solo quiero que esto, sea esto", "como era normal", "quedó como mierda", "al lado mío", // "salir", "yo no sabía", "recordé", "jugarlo", "tuve que hacerlo", "prender", "grabar", "eso creo", "topar", "sentí", "se había", // "más al rato", "pero al final", "después", "ay, ay, ay", "pero no importa", "encabronado", "en fin", 

////

Lleva trabajando para Riolu desde los 14 // "colonia", "si gustas", "¿O no?", "¿Cómo no?", "mañana", 

Riolu: tiene 114 almas.

Samanta: origen en Guadalajara, padre muerto con granja, vive en Morelia, // 

Kuchisake-ona: tiene tijeras.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Creepypasta: Nina the Killer (Remake 2024).

Minecraft c0nsci0usne33 ARG español.

Borrador de Yume Nikki.