Y como dijo Romeo Santos: "Crónicas de una muerte anunciada".
Templanza está muerta, la olvidaron, aquello que más temía. Se que no llorarás por ella, ni siquiera la conoces. Digamos que era el último grillete que me faltaba por aplastar para librarme de estas cadenas. Silencio, El Demiurgo de las Doce Voces, o El Quinto, todos ellos menos que nada para mí. Sombras más lamentables que las que Mercurio arrastra.
Estiro mi mano y la rueda se detiene
» Ey, no, no dejemos que se pierdan la mejor parte, adelante, háblales con metáforas, que riendo entran mejor las verdades.
Roma envuelve sus manos con fuego, un poder que erradicaría cualquier arquetipo, hasta el más perfecto de estos que Platón pudiera describir en el mundo de las ideas. El mar de los Lamentados queda atrás mientras asciende, el dragón que lo resguarda ve reflejados en sus ojos carmesí como el fuego que una vez destruyó Roma mientras Nerón tocaba el arpa ahora asciende más allá de cualquier narrativa conocida. Si algo demostró Dante es que siempre se puede escalar más cuando crees que el límite es el cielo.
Las gotas de aquel agua eran infinitas jerarquías, y la rueda era la brisa que movía las mareas, y aquel lugar llamado El Mar de los Lamentados era el escalón más alto al que podía subir un aspirante. Era la cardinalidad que Georg Cantor consideraba punto máximo cuando se volvió loco. En el Mar, las distinciones entre realidad, narrativa, y abstracción colapsan. Es el meta-conjunto final, donde todas las posibilidades, infinitos, y trascendencias se funden en una unidad inconcebible, un oxímoron transinfito que no rinde cuentas con nadie, y Roma es el cabrón que viene a prenderle fuego con su propia factura.
— Soy Augusto ascendido para reunirse con Hércules, soy Calígula matando a Neptuno, y soy Juliano el Apóstata, la furia de Júpiter tronante.
Sus manos resquebrajaron la tierra cual Hermes el "Tres Veces Grande" rasgando el velo de los misterios. Sus ojos, con más guerra que Marte, se clavaron en la chica de sudadera negra y cabellos rosados, Zero, la encarnación de todos los chistes sin gracia.
— Me pregunto que habrá sido del ñu de dos cabezas y el pato sin barbilla, eso sí hubiera sido interesante — La encontró narrando, pensando y diciendo (que en este plano son la misma cosa). Un deseo vano que ya no llegaría a nada, las historias perdidas arden en la biblioteca de Alejandría. — Así que vas a matarme — afirmaría Zero.
— Ya sabes lo que va a ocurrir, ya ocurrió. Ni siquiera los tiempos verbales son consistentes en este punto, así de basto es mi poder — hubiera afirmado Roma. — Abandonad toda esperanza.
El panteón de las causas perdidas era un páramo inenarrable donde hasta las fracciones más diminutas eran átomos del tamaño de un Aleph-omega↑(flecha hacia arriba) 2, a nadie le importaba un carajo. Los emperadores ven como común el mármol con el que los pobres sueñan. Tras Zero estaba una torre, ladrillos finos en la base que subían y subían, aumentando de tamaño en sucesiones transinfinitas. Era aquello a lo que llamaban La Torre Basalta.
— Destruiré eso con más facilidad que la que tuvo Neptuno al destruir la balsa de Odiseo — Roma hubiera señalado al torreón.
— Deja de aludir a dioses y autores, Eneas, nadie te tomó en serio — Zero ha puesto sus ojos en blanco, sus zapatillas Nike de 60€ dejan sus pies en compás.
Roma ataca, su puño arquetípico llega hasta el cráneo de Zero y no hay distancia que los separe. El puño de Roma se hundió hasta llegar al hueso Etmoides. El daño se desvía de Zero a la base de la torre, todos los ladrillos se han hecho gravilla.
Zero adelanta la rodilla, clavando un pico afilado en el hígado de Roma. La fuerza reverbera sin daño alguno en el demonio, pero todo el suelo del panteón se levanta, como si alguien hubiese tirado un yunque contra una mesa de vidrio.
Zero recibe un puñetazo en la cara que Roma le tirará dentro de tres párrafos. La pelirrosa lanza una esfera de energía que falla por un kilómetro y Nerón le rompe la lira en la cabeza antes de que intente lanzarle una patada al esternocleidomastoideo.
Calígula tomó a Gita, pero Zero ya había tomado la pose defensiva dos párrafos antes, y bloquea la fuerza del lateral con los antebrazos. Se mueve con pies ligeros, movimientos en ángulos de 600 grados que le permiten lanzar un gancho en todo el centro de las vértebras torácicas. La fuerza se redirecciona contra algún átomo perdido que será borrado en todos los niveles concebibles.
Roma aplasta el tobillo de Zero sin mirarla y cuando gira en un tetraedro perfecto, le asesta un martillazo en la mandíbula que le saca los dientes. Toda la Torre Basalta es pulverizada y las grietas superiores empiezan a destilar franjas de luz dorada.
Mientras Roma lanzaba el golpe que acertó párrafos atrás, Zero tragaría su propia sangre y luego lanzaría una explosión de rayos furiosos imposiblemente rápidos e imposiblemente fuertes que cambiarían la dirección como Kazuya cambió de gravedad y saldrían disparados en direcciones contrapuestas. Roma bloquea con sus codos el intento de doble rodillazo sorpresa que Zero le lanzará dentro de dos párrafos. Acomete contra ella con la guitarra en posición de guardia de la cola, Zero se hubiese agachado, pero recibió el golpe con una diagonal perfecta hacia el corazón antes de que pudiese narrarlo.
El axioma de la victoria de Zero fue negado desde que Prometeo robó el fuego de la fragua de Vulcano, Roma no ha venido aquí a hacer amigos, solo está porque es considerado con nosotros y pasar del principio al desenlace saltándose el nudo no será amable por su parte.
Aunque Zero ya lanza sus rodillas que se mencionaron dos párrafos atrás, buscando defenderse, Roma le cae subiendo y de un fuerte golpe de nudillos, el mismo concepto arquetípico perfecto de su nuca es borrado.
— Me había adaptado a tu poder tres años antes de que esta pelea empezase — Roma ponía una sonrisa maquiavélica que le hubiera dado pesadillas a Plutón. — Eso que aquí ni siquiera hay tiempo.
— Puta incoherencia narrativa hecha solo para ganar — Zero escupirá sangre sabiendo que había perdido esta pelea antes de nacer, y eso que ella nunca nacerá.
— Tu eres Zero, la espada roma. Yo soy Eneas, la espada de Roma.
Roma usó esa epífora, antanaclasis y paronomasia a modo de ley narrativa que hizo de su metáfora una irrealidad. Zero habría sido decapitada y sus huesos vueltos la armadura con la cual Roma traerá el fin de todo y todos.
No intentes correr, es el final de todos los caminos.

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