AfterQuake - K-On! Fanfic transcrito al español.

 

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Nota: After Quake es un fanfic que mezcla el genero de desastres naturales con la trama de K-on. La historia original se encuentra borrada.

La única evidencia que queda de su existencia es la narración del canal Steel Donut Collective, pero ellos lo narran con intervenciones cada tanto, así que he limpiado el fic lo más que he podido y es lo que aquí les traigo. Espero lo disfruten.

***

AFTER QUAKE.

Autor: Stefano Fred.

El único camino antes del desastre.

Centro de Geología de Japón, Tokio.

11:20 P.M. – Después del terremoto.

Era un día hermoso después de que el terremoto invadiera Tokio. Afortunadamente, nadie murió y la ciudad no sufrió daños graves, a excepción de un pequeño accidente automovilístico que no pasó a mayores.

Dentro del Centro de Geología de Japón, todo parecía estar en orden. La gente seguía trabajando y el edificio permanecía en pie. Lo único inusual eran los botes de basura, que se habían volcado por todas partes, obligando al personal de limpieza a trabajar duro para dejar el suelo impecable de nuevo.

—¡Hey, miren esto! —exclamó uno de los presentes—. Me he dado cuenta de que el terremoto va a invadir la prefectura de Shiga, pero no tenemos ningún número para comunicarnos con esa ciudad.

—Es cierto —respondió el experto en terremotos, Tokusama Kudo—. No tenemos ningún número para alertar a ese pueblo. Solo nos queda esperar que todos allí estén a salvo.

Kudo comenzó a analizar los datos para comprobar qué tan potente sería el sismo que golpearía Shiga al día siguiente. Cuando finalmente obtuvo la respuesta, se dirigió rápidamente a su jefe con el rostro pálido.

—¡Jefe! La magnitud del terremoto que se ha predicho es de 9.8 en la escala de Richter.

—Mucha gente morirá allí... —respondió el jefe con gravedad.

Escuela Preparatoria Sakuragaoka, Prefectura de Shiga.

11:29 P.M. – Antes del impacto.

Faltaba poco tiempo para el desastre. A pesar de ser casi la medianoche, las luces de la escuela seguían encendidas y el ambiente era inusualmente activo para esas horas. El destino de Yui y sus amigas estaba a punto de cambiar para siempre bajo la sombra de un apocalipsis de categoría mundial.

Club de Música Ligera – Escuela Sakuragaoka.

Yui y su amiga (Mio) se encontraban en el salón del club, sumergidas en una conversación que parecía una pesadilla real.

—Anoche, cuando intentaba dormir, sentí que la tierra pulsaba —confesó Yui con tono sombrío—. Me forzaba a dormir, pero al mismo tiempo la vibración era tan fuerte que me despertaba a medianoche. Es terrible, el suelo se mueve tanto que destruye mis sueños.

Mio asintió con preocupación. El fenómeno era real: muchos estudiantes habían llegado tarde o faltado a clase porque el asfalto "pulsaba" en el camino a la escuela. Al caminar hacia el instituto, Yui había notado que muchas tiendas locales habían cerrado sus puertas temporalmente como medida de precaución.

A pesar de que solo unos pocos alumnos habían logrado llegar a la escuela y el resto estaban ausentes, las clases no se cancelaron.

—Bueno, de cualquier forma, ¡vamos a practicar! —exclamó Ritsu, intentando romper la tensión del ambiente.

12:00 A.M. – El regreso a casa.

Tras terminar el ensayo, Yui caminaba sola por la calle. Sus pensamientos estaban divididos entre la música y la extraña sensación de la tierra bajo sus pies.

—Espero que mañana la tierra siga ahí para nosotros —pensó Yui con cierta inocencia.

De pronto, vio a un grupo de personas amontonadas en mitad de la calle, observando algo con horror. Al acercarse, descubrió una enorme grieta que partía el asfalto en dos. Yui recordó de inmediato la "pulsación" que sintió el día anterior; todo estaba conectado.

—¿Qué ocurre? —preguntó Yui a uno de los hombres que parecía más aterrorizado.

—¡Va a haber un terremoto! ¡Va a destruir el pueblo y a matarnos a todos! —respondió el hombre desesperado.

—¿Un terremoto? —pensó Yui—. Pensé que ya había "invadido" Tokio la semana pasada sin dejar víctimas. Pero esta grieta... esto es diferente. Esto tiene que ver con el pulso de la tierra.

Tratando de mantener la compostura, Yui miró al hombre y le dijo con suavidad:

—Debería mantener la calma.

—Está bien... —respondió el hombre, extrañamente convencido por las palabras de la chica.

Residencia Hirasawa.

Yui llegó a toda prisa a su casa.

—¡Ya estoy aquí! —gritó al entrar.

—¡Yui! Hay un problema grave en el jardín —respondió su hermano mayor (quien parecía estar esperándola).

Ambos corrieron al patio trasero para ver qué ocurría. El jardín estaba irreconocible: el suelo se había quebrado completamente y la tierra se había doblado hacia arriba en ángulos imposibles.

—Es verdad... —susurró Yui al ver el desastre—. Lo que dijo aquel hombre es cierto. El terremoto está aquí.

11:40 P.M.

Yui observaba el jardín destruido junto a su hermano. La situación era crítica.

—Papá y mamá llegarán tarde —dijo su hermano con tono sombrío—. Todas las carreteras hacia Shiga han sido bloqueadas y los vuelos están cancelados. Es probable que tengan que quedarse en Tokio por tiempo indefinido.

Yui sintió un escalofrío. La conexión entre la tierra pulsante y las grietas era innegable.

—¿De verdad este terremoto va a destruir Shiga? —se preguntó en voz alta.

Encendieron el televisor para buscar respuestas. En las noticias, el presentador informaba con urgencia:

"Se confirma la predicción: un terremoto masivo devastará la prefectura de Shiga a partir de hoy. Ya se reportan grietas profundas que cortan las calles en Toyosato. El pánico se extiende. El equipo de Búsqueda y Rescate Urbano de Japón (SAR) ha sido desplegado y dos científicos del Centro de Geología se dirigen a la zona para investigar el fenómeno que amenaza con borrar la prefectura del mapa."

Centro de Geología de Japón, Tokio – 1:15 A.M.

Kudo analizaba las fotografías de las grietas en las carreteras de Toyosato. El sudor corría por su frente; si Toyosato caía, toda la prefectura de Shiga caería con ella. La magnitud del desastre era incalculable.

—Si Shiga va a ser destruida, debo ir personalmente a Toyosato —declaró Kudo—. Tengo que obtener muestras del magma que está emergiendo de esas grietas antes de que la situación empeore.

Sin perder un segundo, Kudo salió del edificio y subió a su vehículo oficial: un Honda Accord 2015 plateado.

—Esto es muy grave. Debo llegar a ese pueblo antes de que el terremoto principal golpee.

Tras conducir durante todo un día por autopistas colapsadas, Kudo finalmente llegó a los límites de Toyosato. Se bajó del coche y caminó hacia la enorme grieta que dividía la ciudad. Al asomarse al abismo, vio un resplandor naranja y viscoso fluyendo en el fondo.

—Esto va a ser terrible... —dijo Kudo al ver el magma hirviendo bajo sus pies. El terremoto no era solo de escala 9.8... era un evento que desafiaba toda lógica geológica.

El sol comenzaba a salir sobre el horizonte de una ciudad herida. Kudo, el experto en geología, se encontraba al borde de la gran grieta. Con una determinación científica cuestionable, ató una roca a una cuerda y la lanzó directamente al magma hirviente que fluía bajo la calle.

Tras unos segundos, tiró de la cuerda. La roca se había derretido, transformándose en una muestra perfecta de lava incandescente. Sin perder un segundo, Kudo sacó su iPad y tomó una fotografía de la muestra.

—Enviando muestra de magma al Centro de Geología.

En Tokio, sus colegas recibieron la imagen al instante.

—Buen trabajo, Kudo —respondió su jefe a través del dispositivo—. Podemos examinar esta muestra de magma a través de tu foto muchas veces más. Tu muestra es bienvenida.

—Volveré tan pronto como esta muestra me lo permita —contestó Kudo, aunque no estaba muy claro cómo una foto le permitiría viajar.

Escuela Preparatoria Sakuragaoka – Salón del Club.

Mientras tanto, en la escuela, el ambiente era de pura frustración. Los estudiantes querían irse a casa, pero no por miedo a morir, sino porque las constantes "pulsaciones" de la tierra estaban distrayendo sus estudios.

Mio suspiró, mirando las paredes del salón del club.

—Mi habitación en casa también es muy incómoda ahora. He encontrado grietas en la puerta de mi cuarto, ¡y eso que la cambiamos hace apenas una semana!

—La tierra no deja de pulsar —añadió Ritsu con irritación—. ¡El alcalde de esta ciudad debe estar loco! ¡Es su culpa por permitir que esto pase!

Mugi, siempre tratando de ser la voz de la razón, intervino:

—Ritsu, no creo que sea culpa del alcalde. Yo diría que es cosa de la Madre Naturaleza. Intenté llamar a la policía, pero me dijeron que estaban demasiado ocupados atendiendo a otras personas que tienen el mismo problema que nosotras. No pueden venir a ayudarnos con las grietas.

En ese momento, la puerta del club se abrió de golpe. Sawako-sensei entró en la sala con el rostro desencajado por la frustración. Parecía que ella también tenía problemas con la logística del apocalipsis. Sin decir una palabra, encendió una vieja radio. El sonido era puro caos: entre estática y gritos de fondo, un locutor informaba con voz temblorosa sobre edificios colapsando.

—¡Escuchen esto! —exclamó Sawako.

La radio emitía un mensaje de emergencia:

"¡Ciudadanos, manténganse alerta! Expertos del Centro de Geología confirman que el terremoto es de escala 9.8. Es un evento mortal. Las carreteras se han reblandecido por completo y están 'tragándose' a los ciudadanos y los edificios".

Al escuchar esto, Mio se puso pálida (sentía un mareo, como decía el reporte). Sacó su teléfono de inmediato para llamar a su familia.

—¡Mio-chan! ¿Qué haces? —preguntó Sawako confundida.

—¡Tengo que decirles que salgan de casa ahora mismo! —gritó Mio.

De repente, el suelo dio una sacudida extremadamente fuerte. Las alarmas de emergencia de la escuela empezaron a sonar con estruendo.

—¡Mantengan la calma y salgan del edificio ahora! —ordenó Sawako.

Mientras bajaban las escaleras, el escenario era dantesco: la electricidad se cortó, las luces estallaban y la estructura se volvía inestable. Vieron a otros estudiantes y profesores corriendo hacia la salida; algunos, lamentablemente, eran golpeados por los escombros que caían del techo.

—¡Esperen! ¡Tenemos que salvar a Azusa, Ui y Jun! —gritó Yui desesperada—. ¡Están en peligro!

—¡Está bien, Yui! ¡Ellas ya han logrado salir! —respondió Sawako para tranquilizarla mientras corrían hacia el exterior.

Mientras tanto en Toyosato – La Zona Cero.

Kudo sintió cómo la tierra empezaba a rugir de verdad. A su alrededor, el pánico era total. La gente gritaba y, en un arranque de histeria colectiva, los conductores empezaron a estrellar sus coches unos contra otros. Algunos vehículos, impulsados por la fuerza del sismo, terminaron incrustados en los edificios o sobre las pilas de escombros.

—¡Maldición, esto es el fin! —exclamó Kudo.

Corrió hacia su fiel Honda Accord, encendió el motor y pisó el acelerador a fondo para escapar de la zona de derrumbes. Por el retrovisor veía cómo los edificios empezaban a ser devorados por incendios masivos que se propagaban uno a uno.

Mientras maniobraba entre el caos, llamó a su jefe:

—¡Jefe! El terremoto ha comenzado. ¡Envíe ayuda a este pueblo ahora mismo!

El jefe recibió la llamada y, con una eficiencia asombrosa, marcó al servicio de rescate.

—Aquí el Centro de Geología. Necesito que desplieguen todas sus unidades en Shiga de inmediato.

—Entendido —respondieron desde el SAR (Búsqueda y Rescate Urbano)—. Las unidades de refuerzo llegarán a Shiga en un tiempo estimado de 30 minutos.

El jefe colgó y se giró hacia su computadora para monitorear el fin del mundo en tiempo real. Observaba horrorizado los monitores. Los distritos de Otsu e Ichi habían sido borrados del mapa. El pánico se apoderaba de cada rincón de la oficina mientras el personal intentaba asimilar que la prefectura de Shiga estaba desapareciendo.

Toyosato, Shiga – 7:20 A.M. (El Impacto).

Kudo conducía su Honda Accord 2015 como un profesional del drift, derrapando por callejones y girando a la izquierda hacia una pequeña ruta de seguridad. No dejaba de tocar la bocina para evitar atropellar a los peatones que corrían desesperados en todas direcciones.

Pero la tierra "pulsaba" con una violencia incontrolable. Las grietas se hacían más grandes, devorando lo que quedaba de los edificios. De pronto, un enorme bache provocado por el sismo hizo que Kudo perdiera el control. Su coche salió disparado y chocó frontalmente contra un sedán blanco.

El impacto fue fatal. El Honda Accord explotó violentamente, acabando con la vida de Kudo en el acto. El hombre que había analizado el magma con su iPad ya no estaba.

Estacionamiento de la Escuela Sakuragaoka.

—¡Suban todos a mi coche! —gritó Sawako-sensei desesperada.

Sin embargo, el coche de Sawako era demasiado pequeño para todas. Yui, Azusa y Ui lograron entrar, pero Mugi, Mio, Ritsu y Jun se quedaron fuera, mirando el vehículo con angustia.

—¡Tenemos que encontrar otro coche! —exclamó Ritsu.

De repente, Sawako divisó un Toyota Fortuner 2012 negro aparcado justo enfrente. Parecía un milagro enviado por el destino (o por la falta de seguros en las puertas).

—¡Usen ese Fortuner! —ordenó Sawako a las cuatro chicas—. ¡Muévanse!

—¡Entendido! —respondieron al unísono.

Corrieron hacia el todoterreno y, para su suerte, las puertas estaban abiertas. Ritsu saltó al asiento del conductor mientras la tierra seguía saltando y haciendo que las alarmas de los coches sonaran en un coro ensordecedor.

Ritsu, poseída por un instinto de supervivencia criminal, arrancó el panel del salpicadero dejando al descubierto los cables.

—¡¿Qué cable corto?! —gritó Ritsu nerviosa, viendo los cables rojo, amarillo y azul.

Mientras dudaba, el estruendo de los edificios colapsando a su alrededor se hacía más fuerte. Sabían que si no arrancaban el motor en ese preciso instante, el Toyota Fortuner se convertiría en su tumba de metal.

Mio observaba con terror cómo las grietas se tragaban el asfalto.

—¡Ritsu, corta el cable azul! —gritó Mio.

Ritsu cortó el cable y, de inmediato, el motor rugió con la potencia de un V8. Sin perder un segundo, el coche de Sawako aceleró a fondo, realizando un salto espectacular para salir del recinto escolar justo antes de que el edificio colapsara.

—¡Casi no lo contamos! —exclamó Jun mientras Ritsu pisaba el acelerador, imitando la maniobra de Sawako. El Fortuner voló por los aires, aterrizó con estruendo y comenzó a seguir al coche de la profesora para escapar de Toyosato.

Yui, desde el coche de adelante, miraba por la ventana trasera con el rostro bañado en lágrimas. La escuela Sakuragaoka, su segundo hogar, se había desmoronado en pedazos. Estudiantes y ciudadanos corrían desesperados mientras la muerte acechaba en cada esquina.

Ritsu conducía con la mirada fija en la carretera, pero su mente estaba en otra parte.

—Esto es como en las películas —dijo Mugi suavemente—. ¿Han visto 2012 o Un pueblo llamado Dante's Peak?

—He oído hablar de ellas —respondió Mio—, pero esas películas daban miedo por el trauma de la catástrofe. Esto es real.

De pronto, un pensamiento golpeó a Ritsu como un mazo:

—¡Mi familia! ¡Satoshi sigue en casa! ¡¿Qué vamos a hacer?!

—¡Déjame conducir a mí mientras llamas! —gritó Mio.

En una maniobra suicida, Mio agarró el volante y Ritsu se desplazó al asiento del copiloto sin detener el vehículo. Ritsu marcó frenéticamente el número de su hermano.

—¡¿Satoshi?! ¡Dime que estás bien!

—¡No, Ritsu! —gritó Satoshi al otro lado—. La tierra pulsa demasiado fuerte... la casa se está cayendo... ¡la gente grita! ¡Mamá y papá están atrapados en los escombros, están muriendo!

Ritsu sintió que se le helaba la sangre. Entonces, a través del teléfono, escuchó el sonido de un motor acelerando.

—¡Hermana, un coche viene directo hacia mí! ¡Me va a atropellar! —gritó Satoshi.

Un estruendo de metal chocando y una explosión masiva silenciaron la línea. Alguien, en medio del pánico de la calle, pisó el teléfono de Satoshi, cortando la comunicación para siempre.

—¡Satoshi! ¡SATOSHI! —gritó Ritsu al auricular vacío.

Zona de Evacuación – Afueras de Shiga.

Finalmente, los dos coches alcanzaron la salida de la ciudad y se detuvieron en la zona de evacuación. Yui salió del coche y se desplomó en el suelo, llorando desconsoladamente.

—Lo he perdido todo... mi casa... mi guitarra... —sollozó Yui.

—Tranquila, Yui-chan —dijo Mugi con una voz extrañamente calmada mientras le acariciaba el pelo—. Esto es algo que "tenía que pasar". No llores.

—Pero mis padres... —susurró Yui.

Antes de que pudiera decir más, miembros del equipo de Búsqueda y Rescate Urbano (SAR) se acercaron para llevar a Yui a la unidad psiquiátrica y así intentar eliminar el trauma del terremoto de su mente.

Con el experto Kudo muerto en su Honda Accord y las familias de las chicas desaparecidas, la verdadera aventura por la supervivencia apenas comenzaba.


Solo que nunca comenzó porque el fanfic termina aquí.

Fin.

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