De lo que se dice de la muerte de Mun y lo que Ventana y Llama hicieron en consecuencia.
La mansión, que en su día había sido un castillo lo bastante grande como para que alguien se perdiera buscando el baño, yacía ahora en un estado que podríamos describir generosamente como "redecorado por un huracán particularmente enfadado". "Las 5" y "Los Buenos Testigos" habían decidido que las palabras eran para los débiles y se habían lanzado todo lo que tenían: magia, puños y, en el caso de Leti, un hechizo con forma de tsunami que habría hecho sonrojar a un dios del clima. El resultado era un paisaje de escombros y paredes rotas, con los supervivientes esparcidos como migajas tras un picnic especialmente violento. Mun apareció entre los restos, luciendo su forma de sueño —una niña de quince años con un traje de DSGI que parecía gritar "me obligaron a ponerme esto"—, los brazos colgando como si hubiera olvidado qué hacer con ellos y la respiración cortada como si alguien hubiera intentado ahogarla con un manual de instrucciones. Sus ojos f...